09 agosto 2009

ALFONSO CALDERÓN, MAESTRO TODO TERRENO


















Existen maestros puertas adentro y puertas afuera. Los primeros, se limitan a derivarnos su saber entre las paredes de las salas de clases. Los segundos, enseñan además en los encuentros casuales, en la calle, en un café y en la vida. Alfonso Calderón fue de los segundos.

No recuerdo exactamente cuando comenzó a enseñarme o cuando se convirtió en maestro querido y respetado. Sólo sé que ese proceso me acompañó hasta ayer, cuando en una edición de domingo, los diarios de los que tanto nos hizo aprender, anunciaron su partida.

Tal vez las primeras enseñanzas fueron sus clases de redacción en la Escuela de Periodismo de la UC, en calle San Isidro, en los años sesenta, desde las que nos catapultaba a la Biblioteca Nacional, ubicada a sólo una cuadras, a investigar lo acontecido en algún momento histórico determinado, visto desde los archivos de prensa, sus avisos, sus titulares, las obras de teatro y películas en cartelera y hasta los remates. Entonces nos enseñaba a valorar al diario como testimonio y base de futuros reportajes y, porqué no, materia prima de la historia que estaba por escribirse.

Cercanamente, en el tiempo y la geografía urbana, ya en los setenta, seguí aprendiendo de él en las oficinas y pasillos de la editorial Quimantú, donde oficiaba de asesor literario y nos acribillaba con centenares de propuestas de títulos de libros para ser publicados en las diferentes colecciones. Todos ellos, debidamente leídos y prestos para ser prologados por el propio Alfonso con la extensión y plazo que determináramos. No escatimaba sus lecciones ni siquiera los días feriados en que emprendíamos jornadas de trabajos voluntarios. Amanecía de los primeros en la editorial con una pequeña radio portátil pegada a la oreja en la que escuchaba su programa de tangos favorito en radio Magallanes. Más tarde, acallado ya Gardel, nos hacía descubrir a un grupo de amantes del trabajo intelectual más que del físico cuales eran exactamente las diferencias de edad de cada uno y la cantidad de décadas que nos separaban, modo inequívoco de recordar las edades de cada uno. En mi caso, como me lo recordaba periódicamente, eran justo dos.

Poco después, golpe militar mediante, y hasta los ochentas, seguí aprendiendo al editar, en revista APSI, sus ajustados comentarios de libros: entregados en la extensión justa, sin faltas de ortografía y de contenido perfecto. El ideal de un editor que podía despachar casi sin leer el encargo. ¿Cuánto espacio tienes? Y llegaba en la fecha señalada con la cantidad de golpes de máquina precisos. Tal vez para aprovechar el tiempo no desperdiciado en el trabajo de cortes y corrección, nos enfrascábamos en una sabrosa conversación en la que revisábamos rigurosamente la situación de aquellos amigos de Quimantú para seguir con la ritual y jocosa pregunta: ¿Y como está tu lista de enemigos? Dando cuenta primero de los suyos, convenientemente actualizada, con alguna nueva anécdota. Porque Alfonso es de lo que pensaba que más vale tener enemigos que pasar por la vida inadvertido.

En los noventa, volvimos a encontrarnos en la UC, cuando nos invitaron a ambos desde la Facultad de Letras a exponer sobre Quimantú y nos esperaban con una sorprendente muestra de libros sobrevivientes de dicha editorial, jornada a la que pertenece la fotografía que ilustra esta nota.

Alfonso fue un amigo entrañable y querido, padre y abuelo de poetas, generoso ante cualquier llamado de sus discípulos, como hace 4 años, ya en el siglo XXI cuando lo llamé para proponerle que escribiera el “Memorial de la Estación Mapocho”, tarea que emprendió sin vacilaciones y con entusiasmo pletórico de anécdotas, con la colaboración armónica de Lila hija y Lila nieta.

La última vez que nos encontramos, merodeando ambos la Biblioteca Nacional, hablamos de la Tere, su hija, y por supuesto hicimos planes. Del último de ellos no alcanzó a enterarse: con Ofelia, la viuda de Mariano Aguirre, otro de los memoriosos de la literatura chilena, conversamos hace pocos días sobre la petición que le haría a Alfonso de escribir sobre Mariano en una recopilación que ella prepara. Ambos dimos por indudable que lo haría.

Será probablemente la primera publicación que nos recuerde el enorme vacío que deja Alfonso en las letras chilenas.

23 julio 2009

CALENTANDO MOTORES O AFINANDO EL FOCO


Debe ser por el invierno, pero las candidaturas presidenciales aún no muestran toda su potencia en el terreno de las propuestas culturales, según reconoce El Mercurio en editorial del 23 de julio. Es que parecen haber comenzado primero por el arte más popular entre los jóvenes: la fotografía. Pero no se trata de fotografías artísticas sino de fotografías con artistas.

La más mediática de estas fotos es, sin duda, la persistente foto de uno de los candidatos con su esposa, animadora de TV, que desplazó rápidamente a una instantánea del mismo postulante en las escalinatas de un museo, precaria en recursos y figuras; la más clásica, la toma del candidato de la Concertación con rostros probados de teleseries; la más obvia, en relación al personaje, la foto de sí mismo besando a su mujer en París, ¿intentando emular a Cartier Bresson?

Por ahora, la “guerra de las fotos” la gana lejos la Ministra Presidenta del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Paulina Urrutia retratada con una multitud de creadores en el momento del anuncio de los resultados del Fondart el domingo 19 de julio en el Parque Forestal.

Es que “otra cosa es con guitarra”… y con fondos. Es muy diferente estar cosechando las ventajas de un modelo de desarrollo cultural como el creado e implementado bajo los gobiernos de la Concertación, que ha aumentado los recursos destinados a la cultura desde 13.835 millones de pesos, en 1998, a 86.395 millones en 2009, más de seis veces en once años, que intentar “inventar la rueda” a causa de los requerimientos de una campaña electoral.

Como señala la editorial de El Mercurio, “un adecuado equilibrio público-privado se logra… cuando el Estado crea las condiciones institucionales para que el sector privado tenga estímulos para financiar actividades culturales, sin que el Estado mismo decida cuáles reciben (o no) apoyo.”

Es lo que hacen los fondos públicos del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes: se ponen recursos públicos –crecientes en magnitud- para que la sociedad civil a través de jurados constituidos por pares de los postulantes resuelvan a quienes se debe favorecer. Estimulando a su vez que los privados hagan otro tanto por la vía de resolver ellos mismos a los agraciados con sus recursos y recibiendo a cambio descuentos en sus impuestos. Los tres candidatos comentados por el periódico comparten la idea de aumentar los incentivos a los privados para que apoyen a la cultura, ya que “la magnitud de los recursos aportados en la actualidad por los privados es muy inferior a la de otros países”.

Existen también coincidencias en la valoración que los postulantes hacen del papel de la educación y la televisión –ad portas de su digitalización- en el desarrollo cultural y en la necesidad de mejorar la legislación referida al resguardo patrimonial.

Se queja El Mercurio de que no hay propuestas todavía en la evaluación del Maletín Literario y “la existencia y desarrollo de museos”. La respuesta la dio la Presidenta Bachelet hace pocos días al enviar a la Cámara de Diputados, para su primer trámite, el proyecto de Ley que crea el Instituto del Patrimonio, entidad que sustituirá a la DIBAM, casualmente la responsable de los dos temas señalados como ausentes por el editorialista y que requiere sin dudas una adecuación, luego de 80 años de existencia.

Es decir, la falta de propuestas “novedosas y concretas” de los candidatos se debe también a que el país se ha dado una institucionalidad cultural de Estado que ha desarrollado y previsto los escenarios futuros y los está abordando tanto en el terreno práctico como en los avances legislativos.

De modo que quienes quieran conocer mejor qué nos depara el futuro del desarrollo cultural chilenos debieran prestar atención, además de los programas de las candidaturas, a la discusión parlamentaria sobre el Instituto del Patrimonio y a la Convención Nacional del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes que se llevará a cabo en La Serena, el próximo agosto, dónde esta estructura nacional y participativa debiera comenzar a esbozar las Definiciones de Política Cultural del 2011 en adelante, dado que su actual horizonte llega sólo hasta 2010.

No vaya a ser que, como ocurrió en la Persia de tiempos del Sha, cuando todos esperaban descubrir en palacio los cambios que vendrían a su caída, el futuro de Irán se estaba gestando en otra parte: en las mezquitas.

Y ¡por Alá! que han durado.

ERAMOS 18 Y HABÍA POCA LUZ...

Foto: Ignacio Bragado

Éramos 18 y había poca luz. Estábamos a un mes desde el inicio del invierno, afuera llovía y hacía frío.
No obstante, la invitación a celebrar el ingreso al Congreso del proyecto de ley que crea el Instituto del Patrimonio, formulada a autoridades y expertos de la mesa de trabajo que sustentó el proyecto, fue acogida con entusiasmo.


La cena, organizada por la Ministra Presidenta del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Paulina Urrutia, transcurrió con normalidad hasta que se cortó la luz.

Lautaro Núñez, Ilonka Csillag, Carlos Aldunate, Raúl Allard, el general ® Roberto Arancibia, la diputada Claudia Nogueira, Miriam Erlij, Mireya Danilo, Osvaldo Cádiz, por nombrar sólo a la mitad de los presentes, departían entre sí y con la otra mitad sobre los alcances de una legislación que había tomado mucho tiempo en cuajar, que había consultado a más de 150 personas a través de la Comisión Allard, que esa noche reunía a sus impulsores tanto del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes como del Ministerio de Educación y en las carteras de Obras Públicas y Vivienda. Funcionarios y expertos se reconocían en otra faceta, la de la copa en la mano y la espontaneidad en la voz, hasta que llegó la penumbra y la velada se convirtió en algo que vale la pena reseñar.

La exposición de la nueva ley debió omitir la presentación electrónica para convertirse en una amable charla de el abogado Daniel Álvarez, que manejaba al dedillo el articulado y sus objetivos, enseguida bastaron un par de preguntas evidentes para que se desencadenara una sucesión de intervenciones que mezclaban la alegría de haber llegado a esta etapa con reflexiones sobre la nueva legislación.

Desde el notable consenso de tres candidatos presidenciales recientemente entrevistados sobre sus programas culturales que coincidían en la necesidad de modificar la institucionalidad patrimonial vigente, a los recuerdos del DFL 5200 de 1929 con el que el General Ibáñez creaba la DIBAM.

A la curiosa condición de la Presidenta Bachelet, hija y madre de antropólogas, que cumple con el histórico deber de presentar al Parlamento la más importante legislación patrimonial de los últimos 80 años. O la mención de la estudiante de Magíster en Gestión Cultural que ese mismo día había recibido de su profesor guía la aprobación de su Tesis sobre los Museos del Siglo XXI, la que culminaba con la presentación de esta Ley y la consideraba entre sus anexos.

Algo mágico, quizás la oscuridad –acentuada por la rendición de los equipos de emergencia que nos dejaron literalmente a la luz de las velas- se fue produciendo esa jornada que nos iba dejando el sabor de estar aproximándonos a un momento histórico, quizás el número de los presentes, 18, fecha que ha acompañado a tantas gestas de la cultura nacional –en septiembre, por cierto, de diferentes años- como la instalación de la Universidad de Chile (1843), la inauguración del Teatro Municipal (1857) del Museo de Bellas Artes (1910) o el inicio de las transmisiones de TVN (1969).

La anfitriona fue captando ese algo que estaba aconteciendo y guió la conversación hasta que todos, los 18, expresáramos no un apoyo ni una satisfacción por lo hecho, sino un sentimiento. La sensación que se compartió por muchos instantes de que lo hecho era dilatado en el tiempo, colectivo en su elaboración y muy necesario aún en esa cena que pudo ser formal y se convirtió en entrañable e inolvidable.

Tal vez porque éramos 18 y había poca luz.

05 julio 2009

RECETA PARA CONSERVAR LA MEMORIA



Hay días que los editores de un periódico quisieran olvidar. Cuando titularon mal, cuando optaron para la portada por la noticia equivocada o cuando erraron el enfoque de un reportaje que pudo tener una mirada más feliz.

Quiero pensar que es lo que ocurrió con La Segunda del viernes 3 de julio con su reportaje sobre el Museo de la Memoria y su impacto en su vecindario museístico.

Recordemos que la Presidenta Bachelet, en su Mensaje al país del 21 de mayo 2009 había formulado “una invitación: para fines de este año, invito a todos los chilenos a visitar, frente a la Quinta Normal en Santiago, el Museo de la Memoria. Para que todos los chilenos, especialmente los más jóvenes, conozcan lo que pasó, reflexionen acerca de lo ocurrido; y sobre todo, lo más importante, para que todos podamos comprometernos en que algo así nunca más sucederá en nuestro país”.

El vespertino no encontró nada mejor que analizar este nuevo museo desde el punto de vista económico, enfoque que desafortunadamente recuerda a aquellos, cada vez menos –especialmente en tiempos de campaña electoral- que justificaban las violaciones de los derechos humanos comparándolas con el resultado en cifras de económico del período dictatorial.

Este infeliz contrapunto con los museos del sector, obviamente desfavorecidos históricamente de presupuesto público, no puede afectar un ápice el propósito de este Museo de la Memoria que será un icono más de una presidencia caracterizada por la preocupación social y una fuerte inclinación por la infraestructura cultural y deportiva.

Alemania acaba de anunciar la construcción en Berlín “con tres décadas de retraso y varios proyectos fallidos, el museo que albergará toda la documentación del régimen nazi de Adolf Hitler -informa La Tercera del 5 de julio 2009- con un presupuesto de 20 millones de euros, el proyecto deberá estar listo en mayo de 2010”.

No se conoce reacción de los otros museos de la capital alemana, que abundan en todos los géneros desde el clásico Pergamon hasta el conmovedor Museo Judío de Berlín, en el sentido que esos recursos podrían destinarse a mejorar lo que hay en lugar de un nuevo emprendimiento. Es que hay temas que superan la cuestión del dinero.

Ojalá no hubiese sido necesario construir ese museo en Chile. Pero aquello que va a testimoniar no merece olvido, aunque probablemente incorpore más de algunas portadas que a algunos diarios le incomodarán.

Lo que hace la Presidenta con este Museo no es más que reparar en parte el daño que agentes del Estado causaron a sus conciudadanos a través de una represión desmedida e incomprendida durante muchos años por algunos sectores –incluida la prensa- en medio de una conculcación de la democracia que hoy día –el golpe en Honduras nos lo recuerda- es repudiada unánimemente por todo el mundo.

¿Sería aquello posible sin la incesante denuncia que exiliados, organismos humanitarios y víctimas de tantas dictaduras de nuestro continente hicieron en interminables periplos por el mundo?

¿Será aquello posible en el futuro con generaciones que no vivieron en carne propia las consecuencias de las dictaduras, sin museos de esta naturaleza?

Lo que significa el Museo de la Memoria es precisamente asegurar que la voz de la humanidad que hoy respeta los derechos humanos sin excepciones, se mantenga por muchos años.

Por tanto, la pregunta adecuada no es ¿cuánto dinero se gasta en él? o ¿cuánto lo “envidian” los museos vecinos?, sino cuánto apoyo darán los futuros gobernantes a una iniciativa de esta naturaleza.

Sería apropiado que todas las candidaturas presidenciales se pronunciaran sobre este proyecto y que afirmaran categóricamente su respaldo a su subsistencia, tal como se apresuran a afirmar la continuidad, de ser electos, de las políticas sociales de Bachelet.

También esta Presidenta ha fijado líneas en derechos humanos. ¿Las respaldarán todas las candidaturas?

Así mismo, el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, durante su período, ha fijado líneas en gestión cultural: el retorno del Centro Cultural Palacio de la Moneda a su primigenia concepción de apoyo y divulgación de los museos nacionales diseminados en todo el territorio, como ocurre en la actualidad con una exposición de Rapa Nui; la reafirmación de la centralidad de las corporaciones culturales privadas sin fines de lucro en la administración de centros culturales de propiedad pública, como acontece con la recientemente creada Corporación Centro Cultural Gabriela Mistral; el perfeccionamiento de la institucionalidad cultural creada por gobiernos anteriores, mediante el envío del Proyecto de Ley que crea el Instituto del Patrimonio; la opción del propio Museo de la Memoria de crear una corporación que lo administre en lugar de formar parte de la DIBAM.

Es conocido que, al menos las comisiones respectivas de los Océanos Azules apoyan con entusiasmo la continuidad de tales políticas y los grupos Tantauco correspondientes han dado señales positivas en este mismo sentido. Falta escucharlos respecto al Museo de la Memoria.

Tampoco ahora es aconsejable olvidar.

26 junio 2009

LAS MARCAS Y LA CULTURA: UN DEBATE DEL SIGLO XXI



Un interesante estudio del académico Patricio Meller que señala la desproporción con la que empresas chilenas asumen su participación en la cultura al destinar mayor porcentaje de sus utilidades a sus directorios que a responsabilidad social corporativa ha abierto un debate que nos impele a incorporar cada vez más gestión y recursos privados al desarrollo social y cultural de las naciones.

El destacado empresario Roberto de Andraca, aclara para complementar lo afirmado por Meller respecto de su grupo, en carta a El Mercurio del 26 de junio, que CAP aporta el 0.67% de sus utilidades a tareas de responsabilidad social, sólo que a través de una fundación.

Un reportaje sobre el citado estudio fue publicado en páginas de Economía del mismo diario el 22 de junio recogiendo además algunas críticas de entidades que, a juicio de Meller, han malusado el concepto central de responsabilidad de las empresas con la sociedad que las acoge, creando estímulos y premios poco rigurosos (ver link en este mismo blog). Resulta impactante observar la diferencia de los aportes sociales y culturales corporativos que existe entre empresas chilenas, como CCU, Embotelladora Andina, CMPC o Banmédica y entidades internacionales como BHP Billiton, Chilectra, Movistar y Endesa, por citar sólo algunas.

Este debate debe prolongarse y convertirse en un verdadero y necesario estímulo para que el mundo empresarial chileno, más allá de la filantropía, cultive su participación en las políticas culturales y comprenda activamente la importancia que tiene para el desarrollo del país.

Afortunadamente, hay quienes comprenden la vitalidad de esta idea. Recientemente se ha anunciado la emergencia de una nueva sala teatral, ubicada en pleno barrio Providencia, vinculada a Nestlé -también corporación de capitales externos- para su marca Nescafé, en alianza estratégica con el experimentado gestor cultural Alfredo Saint Jean.

Este enfoque, que encuentra sumados a grades empresas y gestores culturales con práctica dilatada, es el tema que interesa a quienes nos preocupa el desarrollo cultural. No la curiosa insistencia del mismo diario en revivir una temática añeja, primero a través de una crónica de la semana anterior, que intenta comparar los que llama sistemas de Francia y Estados Unidos de desarrollo cultural. El mismo día de la carta de De Andraca, insiste en el tema a través de un comentario editorial titulado Financiamiento cultural. Lo más sorprendente es que instan a "la tradición cultural chilena" a "combinar lo mejor de ambos modelos".

Esta afirmación carece de novedad, es obsoleta. Ignora el periódico que los chilenos conocemos que en el mundo existen otros modelos de desarrollo cultural (la academia registra cuatro) y que desde 1990 se están aplicando en nuestro país políticas culturales que combinan "recursos públicos concursables" como el Fondart y los fondos del libro, del audiovisual, de la música, de las escuelas artísticas, del CNTV y otros, con "incentivos para expandir las contribuciones privadas" como la Ley de Donaciones Culturales. Que estos aspectos están enmarcados desde 2003 en un Consejo Nacional de la Cultura y las Artes que no responde ni al modelo del Estado Arquitecto (como se conoce a aquel que se aplica en Francia) ni al modelo del Estado Facilitador (como se conoce a aquel que se aplica en Estados Unidos), sino tiene grandes semejanzas con el modelo Patrocinador basado en los Art Council británicos y que constituye el tipo de institucionalidad más frecuente en el mundo, dado que existe en la casi totalidad de los países de África, Asia, Oceanía, en el Reino Unido, en Canadá y en excepciones de América Latina, como Chile.

Esta excepción consiste justamente en haber extraído lo mejor de cada uno de los modelos señalados con una estructura central participativa, colectiva y estable. Este modelo no sólo lleva algunos años de funcionamiento sino que además está cercano a aplicarse al área patrimonial mediante el proyecto de Ley de Instituto del Patrimonio que acaba de ser enviado al Parlamento por el Gobierno de la Presidenta Bachelet.

En la inquietud que refleja la carta de Roberto De Andraca y en esta discusión parlamentaria, están los temas que afectarán el desarrollo cultural del país. Haría bien El Mercurio en hacerse cargo de ese debate.

No vaya a ser que los árboles del debate del siglo pasado no dejen ver el bosque del siglo XXI que nos impele a incorporar cada vez más gestión y recursos privados al desarrollo social y cultural de las naciones.

21 junio 2009

SEÑORA TENCHA, LA EXTRAÑAREMOS













Existe en Chile y aparentemente en otros países, una cierta relación entre la cultura y las "primeras damas". Michelle Obama acaba de asisitir a la inauguración de una nueva ala del Metropolitan Museum of Art, despertando natural optimismo sobre el papel que jugará en el apoyo a las artes en Estados Unidos. La señora Luisa Durán ha realizado, en nuestro país,una incansable labor de apoyo a las orquestas juveniles e infantiles, incluso más allá de su período como "señora del Presidente". La señora Marta Larraechea desplegó grandes esfuerzos para fundar el Museo Interactivo Mirador, otra gran iniciativa que, como las orquestas de doña Luisa, constituyen los más formidables esfuerzos desde el sector privado sin fines de lucro para formar audiencias culturales, en ciencias la una y en música la otra.


Sin embargo, existe un ejemplo de una ex Primera Dama que se convirtió ella misma en una entusiasta "audiencia" de la cultura y particularmente del Centro Cultural Estación Mapocho. Público constante, apoyador y participativo. Asistió regularmente a diversas actividades hasta que su salud se lo impidió.

No fuimos exentos de sus llamados matutinos -apenas terminada la lectura de los diarios- para comentar, estimular o simplemente espetarnos una de sus ya clásicas "adver tenchas"

Una de ellas motivó que, el 15 de octubre de 1998, escribiera para un texto que pretende preservar los grandes Hitos del centro cultural, la siguiente reflexión:

Muy a menudo nos visita doña TENCHA BUSSI DE ALLENDE. Normalmente, llama antes sea para protestar cariñosamente por no haber recibido la invitación o para anunciar con quienes va a venir. En caso de no haber sido invitada, también llama, para felicitar por tal inauguración, añadiendo: “me enteré por el diario”. Afortunadamente, siempre hay una segunda oportunidad a la que se la invita especialmente y acude entusiasta. Antes de la charla de Stephen Hawkins llamó con alguna malicia: adivinen con quién voy a ir... La curiosidad se despejó sólo cuando, pocos minutos antes de comenzar la Conferencia, la vemos caminar muy seria, de la mano de Volodia Teitelboim, padre de Claudio, organizador de la gira y que en medio de tanto ajetreo, olvidó invitar a su padre.

Desde esa fecha, doña Tencha ocupa un lugar en los 50 hitos de este centro cultural, compartiendo sitial con singulares visitantes como el propio Hawkins, David Copperfield, Ana González, Rubén Blades, Oliviero Toscani, Zubin Mehta, B.B.King y los Reyes de España, entre muchos otros.

La extrañaremos.

En la sala y en el teléfono.

06 junio 2009

INSTITUTO DEL PATRIMONIO: COMIENZA EL DEBATE


La gran pregunta respecto del futuro Instituto del Patrimonio radica en cómo se va a relacionar con un sistema de organismos culturales existentes, especialmente para la formulación de las políticas de Estado en su área. Es decir, cómo satisfacer la inquietud de un 63% de los lectores de este blog que respondieron a la encuesta de la semana pasada que su aporte debe ser "completar la institucionalidad cultural". Un 27% estimó que su mérito sería "incorporar la gestión privada a museos y archivos".

Tal vez desde estos dos ejes –institucionalidad y gestión- podríamos enfocar la nueva propuesta legal.

La Ministra de Cultura de España, Ángeles González-Sinde, pidió que se dé a las políticas culturales de su país el rango que merecen: que no estén sujetas a los vaivenes de cada gobierno y asuman carácter de políticas de Estado. Chile ya lo logró con la creación, en agosto de 2003, del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Curiosamente, en otro paralelismo que nos favorece en el tiempo, la Ministra anunció que el primer borrador de la nueva Ley de Patrimonio Cultural de España estará terminado antes de final de año. La nueva Ley sustituirá a la vigente Ley de Patrimonio Histórico, que data de 1985. En esto, llevamos también ventaja: nuestra Ley de la DIBAM es de 1929.

COMPLETANDO LA INSTITUCIONALIDAD
Es evidente que el futuro Instituto del Patrimonio deberá integrarse de alguna forma con el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, sea a través de su Presidente, que tiene rango de Ministro, y/o de su Directorio Nacional, que tiene atribuciones para formular políticas de Estado en el terreno del “desarrollo de las artes, difusión de la cultura y conservar, incrementar y poner al alcance de las personas el patrimonio cultural” (Artículo 2° Ley 19.891).

Es muy posible que el nuevo servicio, poseyendo autoridad para ejecutar las políticas patrimoniales, tenga un Consejo del Patrimonio que diseñe tales políticas conforme a las políticas de Estado vigentes, que formula el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. El engranaje lógico para combinar ambos esfuerzos es el Ministro Presidente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Resuelto el tema de la formulación de políticas, será necesario ajustar la legislación vigente en términos de cómo la nueva estructura, en primer lugar, reemplaza a la DIBAM y al Consejo de Monumentos Nacionales -sin afectar en nada a sus actuales funcionarios- y se integra con el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, complementándolo. Por ejemplo, a nivel de los consejos regionales que debieran derivarse del Consejo Nacional del Patrimonio.

Los consejos patrimoniales deberían tener integrantes de la sociedad civil, pero a diferencia de aquellos del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, en una proporción que garantice la permanencia de la propiedad fiscal de los museos, archivos, bibliotecas y el patrimonio que custodian. Por ende, los funcionarios públicos debieran constituir mayoría y considerar entre ellos al Ministerio de Bienes Nacionales.

Los consejos regionales del Patrimonio son una buena manera de integrar a ese nivel a personeros de los Consejos Regionales y Cultura y viceversa.

MEJORANDO LA GESTIÓN
Protagonista central será el Director Nacional del Instituto que, junto con encabezar un servicio público descentralizado y territorialmente desconcentrado, deberá interactuar con el Consejo del Patrimonio para colaborar en la formulación de las políticas y a la vez ser responsable de aplicarlas.

Una buena manera de mejorar la gestión, debiera ser la selección por Concurso de Alta Dirección Pública tanto del Director del Instituto del Patrimonio como de los directores de los museos y bibliotecas de alcance nacional.

Así mismo, debiera crearse un fondo concursable con jurados idóneos y externos al servicio, supervisados por el Consejo Nacional, que apoyara fuertemente los proyectos de éste ámbito incluyendo la posibilidad de compra de bienes inmuebles de valor patrimonial y por cierto, su puesta en valor, la investigación, la difusión y la formación de audiencias patrimoniales.

También debiera facilitarse la interacción de este servicio con corporaciones y fundaciones privadas sin ánimo de lucro que han demostrado ser un aporte al –hasta ahora- insuficiente trabajo público de resguardo del patrimonio nacional. Por ejemplo, permitir la formación de corporaciones fuertes que se responsabilicen integralmente de los sitios declarados Patrimonio de la Humanidad, como Valparaíso.

LO QUE VIENE
A lo expuesto, se debe agregar alguna reflexión de la “coyuntura” en la que se estrena el proyecto de Ley. Estamos, qué duda cabe, en un año electoral, en el que las leyes asumen una particular cadencia. Ésta es, por tanto, una ley que quedará presentada por la administración Bachelet pero que será firmada por el próximo Presidente. Como los principales candidatos compiten por no cuestionar, sino incrementar “el legado Bachelet”, es esperable que el inicio del futuro mandato sea un buen acelerador de esta legislación. Por tanto, la suerte de esta Ley se está jugando hoy más en las aguas de los Océanos Azules y los grupos Tantauco que en el debate parlamentario. De los compromisos en este sentido que recojan los programas presidenciales depende que más tarde o más temprano estemos celebrando la creación –por fin- de una institucionalidad siglo XXI para nuestro patrimonio, tal como la tiene el arte y la cultura.

Esto comienza, señoras y señores.

21 mayo 2009

DISCURSO PRESIDENCIAL: AHORA EL PATRIMONIO


El Mensaje de la Presidenta Bachelet, sin abandonar su exitosa política de proteción social, incluso la profundizó, se dió tiempo para acrecentar también un aspecto que la ha caracterizado: el deporte. De la mano de íconos del Mundial del 62, como Humberto Chita Cruz y Manuel Rodríguez anunció programas sociales alrededor del deporte, vinculados, por vez primera, a una sólida infraestructura: estadios mundialistas y restauración hasta del Estadio Nacional. Algo semejante a lo ocurrido con la cultura.

Aparentemente, al deporte, con similares resultados, se está aplicando "el modelo" de la cultura: creación de institucionalidad (CNCA el 2003), formulación de política de Estado (Bases 2005-2010), apoyos regionales (2% del FNDR), programas de acceso y desarrollo de infraestructura (Programa de Centros Culturales en ciudades de más de 50 mil habitantes, con su cabeza de red: el CCGM).

Si algo resulta bien, ¿por qué no sacarle molde?

Revisemos lo dicho por la Presidenta:

"Fue mi promesa y la estoy cumpliendo, como espero que podamos cumplir con el anhelo de contar con un Ministerio del Deporte y Juventud, para que el tema del deporte y de los jóvenes sean verdaderas políticas de Estado en Chile.

Sólo quisiera añadir que como los gobiernos regionales muchas tienen tantas necesidades, el deporte como la cultura quedaban a veces detrás a la hora de repartir los ingresos regionales. Y por eso, como lo saben muy bien los señores parlamentarios, en el proyecto de Presupuesto 2008 incluimos un dos por ciento para la cultura, en el FNDR de proyecto de Presupuesto 2009 incluimos un dos por ciento para el deporte, porque creemos que estas son las maneras de apoyar la voluntad también a nivel de las regiones.

Yo decía que algo similar puedo decir respecto de la Cultura.

Sentimos que como país habíamos avanzado mucho en institucionalidad a través de la consolidación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes liderado por nuestra Ministra.

Que habíamos avanzado y perfeccionado los instrumentos de promoción y fomento.

Que llegábamos crecientemente a regiones. Este año, de hecho, el programa de Acceso Regional irá desde Visviri hasta Puerto Williams. Ya decíamos, hemos dispuesto el dos por ciento para la cultura así como deporte en el Fondo de Desarrollo Regional. Y hemos llevado crecientemente la cultura a las calles y barrios de nuestras ciudades.
En definitiva, veíamos un claro avance hacia un ambiente cultural más rico y diverso.

Pero las bases materiales también son importantes. Por ello, hemos hecho el esfuerzo de implementar un plan de mejoramiento integral de museos y un programa de construcción y habilitación de bibliotecas públicas, esfuerzo que pronto llegará a todo Chile.

Y cumpliremos una promesa: el proyecto de ley que crea el Instituto del Patrimonio ingresará al Congreso la próxima semana.

Y nos pusimos una meta ambiciosa, que ya está próxima a ser cumplida: asegurar que en cada comuna con más de 50 mil habitantes haya un centro cultural de calidad, que permita que la gente se encuentre y se reconozca en torno a nuestro patrimonio.

Esta red de centros culturales, encabezada por lo que va a ser el Centro Cultural Gabriela Mistral en la capital, beneficiará de manera directa a más de nueve millones de personas".


La novedad, tratada con singular reserva hasta ahora, es el anuncio de que en los próximos días se enviará al Parlamento el esperado Proyecto de Ley que crea el Instituto del Patrimonio.

Si sacamos lecciones de lo anterior, el modelo cultura-deportes también debería aplicarse en este caso: proponer una institucionalidad renovada que reemplace a la añosa Ley de 1929 que creó la DIBAM, formulación de políticas de Estado en el área de Patrimonio, que tanta falta hacen, planes de infraestructura que apunten a renovar los museos, crear otros (¿cuántos años hacen que no se construye un museo público?) y políticas de acceso.

En este último aspecto debiera estar la clave: aplicar a los museos políticas de creación de audiencias, modelos de gestión que incorporen a la sociedad civil y corporaciones sin fines de lucro en su administración.

Como muestra, un botón. La propia Presidenta formuló una invitación a los chilenos, quizás la primera que un mandatario hace en un Mensaje Presidencial, a visitar un museo:

"Y quiero hacer una invitación: Para fines de este año, invito a todos los chilenos a visitar, frente a la Quinta Normal en Santiago, el Museo de la Memoria. Para que todos los chilenos, especialmente los más jóvenes, conozcan lo que pasó, reflexionen acerca de lo ocurrido; y sobre todo, lo más importante, para que todos podamos comprometernos en que algo así nunca más sucederá en nuestro país".

Un ejemplo de lo que debiera venir en Patrimonio: espacios vinculados a nuestras vivencias, orientados a la juventud, que provoquen reflexión sobre lo acontecido y, sobretodo, que generen compromisos de futuro.

Un patrimonio que implique enfrentar el pasado de manera dinámica, abierto a la gente y como fundamento de lo que vendrá.

Como si la historia la construyeran los pueblos.

14 mayo 2009

EL SUBMARINO, UN ALCALDE Y UN CONSEJO



Lejos estaba de las posibilidades, cuando escribí la columna anterior sobre la guerra de los recitales, el volver a referirme a temas bélicos.

Pero, la cultura es diversa y dinámica. Viva.




Ahora, un empeñoso Alcalde quiere remontar Calle Calle arriba un submarino en desuso para establecer un museo fluvial en Valdivia.

Nuestra paciente Armada ya trasladó un iceberg a Sevilla y ahora asume con buena disposición, junto a las autoridades civiles del Ministerio de Defensa y personeros de las otras ramas de las fuerzas armadas, el futuro traslado de esa secretaría de Estado a sus dependencias tradicionales. Pero, esto ya parece demasiado: poner a competir con la simpatía de los lobos marinos de la costanera valdiviana la mole inmóvil y –supongo- insumergible de un submarino dado de baja, con fines museísticos, llama a la reflexión.

Los museos, por definición, deben ser espacios extensos, de fácil ingreso, de amplias circulaciones, con accesibilidad total para minusválidos… así al menos lo entiende el programa de infraestructura del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y la Política Cultural del Estado de Chile.

Semejante complicación para los turistas no excedidos de peso (muchos deberán conformarse con mirar desde el borde río aquellas escotillas confeccionadas para marinos esbeltos) emerge como la antítesis de otro proyecto de infraestructura recientemente conocido: el teatro Teletón.

Supuestamente, será el olimpo del acceso total, incluidos minusválidos, ancianos y, sin duda, obesos. Sólo que así como no es aconsejable establecer un museo en sitios inaccesibles, tampoco es razonable construir un teatro sólo para cumplir con el ritual anual de una campaña solidaria, por encomiable que ésta sea.

A menos que dicho proyecto esté respaldado por sólidos estudios de audiencias, planes de gestión y estudios de ingresos y costos que demuestren que la ciudad y el barrio en que está emplazado permitirán sustentar una inversión de tal envergadura.

Dichos estudios, que se exigen a las infraestructuras culturales con inversiones públicas, hasta ahora no son conocidos.

Espero que, si existen, se den a conocer y si no, que se hagan. Aún es tiempo.

Para que no terminemos con algún servicio público remolcando –como al submarino- a un teatro desproporcionado, en medio de un proceloso río de críticas que -como el de Valdivia- posee hermosos y consagrados espacios culturales en sus alrededores.

12 mayo 2009

RECITALES DE GUERRA



En los últimos días, los productores de recitales musicales han rugido como un solo hombre, amenazando con construir un recinto propio para sus producciones, ante la negativa de poder usar el Estadio Nacional para los eventos que producen.

Podría decirse que es un show más, aunque de menor calidad que los que habitualmente ofrecen al público chileno.

Primero, porque no son “un solo hombre”, a la inversa, son feroces competidores entre sí que luchan por lograr la representación de diferentes artistas y en ello están y han estado, dispuestos a jugar lejos del fair play que sugeriría un recinto como el Estadio Nacional.

Segundo, porque por más que el negocio coyunturalmente sea floreciente, está lejos de financiar una infraestructura nueva y exclusiva para mega eventos. Además, que el negocio siga siendo bueno depende de simples avances tecnológicos que permitan, por ejemplo, volver a proteger la propiedad intelectual de los fonogramas.

Tercero, porque el país dispone, en los últimos años de recintos capaces de acoger gran parte de los recitales que ofrece el mercado internacional. Son sólo una minoría los que requieren de estadios gigantescos y precisamente, en otros países se presentan en estadios de fútbol, como ocurre en Argentina, Brasil y México.

Por tanto, el falso dilema es sólo un tema de buena gestión y de afinada planificación. Tanto de los productores (que suelen ir a la zaga de fechas fijadas por otros mercado como el brasileño y el argentino) como los dirigentes del fútbol chileno debieran conocer con tiempo sus necesidades de usar “nuestro primer coliseo deportivo” y las autoridades de éste, debieran actuar como árbitros para distribuir las fechas según la mencionada planificación, sin tener que llegar tan frecuentemente al uso de las tarjetas rojas que han afectado recientemente a algunos grupos musicales.

Las autoridades deportivas deben ponderar que finalmente estos recitales entregan recreación a grandes multitudes, especialmente de jóvenes, que todos quisiéramos ver más en los estadios que en las garras de la droga. Además, son una fuente de ingresos no despreciables para subsidiar la propia infraestructura así como actividades deportivas o artísticas de menor convocatoria o recaudación más floja.

Cabría preguntarse si no sería bueno revisar la dependencia de los estadios principales que sean propiedad pública para que, manteniéndola, sean administrados por instancias privadas sin fines de lucro que tengan la misión de promover el deporte y la recreación.
En tales entes podríamos encontrar a universidades, clubes deportivos, gestores culturales, representantes del público, el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y por cierto Chile Deportes o su sucesor.

Esta medida es pertinente toda vez que el gobierno de la Presidenta Bachelet se ha empeñado en modernizar a lo largo del país la red de recintos deportivos, lo que nos ha permitido acoger ya a un mundial femenino de fútbol juvenil.

Como este tipo de eventos deportivos se multiplican, una especie de red de corporaciones administradoras de estadios podría encabezar además el aparato nacional de búsqueda de oportunidades de organización de campeonatos mundiales, olimpíadas, copas varias, cuyas sedes muchas veces deben obtenerse con gran anticipación, que escapa al horizonte de tiempo de un gobierno determinado.

Teniendo una suerte de Comité permanente de búsqueda y postulación a eventos universales de las más variada categoría –como lo es el Comité Olímpico de Australia, por ejemplo- no deberíamos esperar el tercer centenario para programar actividades de rango universal y comenzaría a ser familiar ver, como en la actual primavera española, a decenas de madrileños luciendo camisetas alusivas a la postulación a la Olimpíada Madrid 2016.