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04 diciembre 2025

SAN ISIDRO 562: TRES MIRADAS





Mi primer recuerdo de la casona de San Isidro, data de finales de los 60, está vinculada a la Reforma. La visité como dirigente estudiantil, pues Periodismo era una de las escuelas más cercanas junto a Arquitectura, Ingeniería Eléctrica y el Instituto de Sociología, cuyo centro de alumnos presidía. Entre los dirigentes estudiantiles de Periodismo de entonces destacaban colegas como Abel Esquivel; Francisco Castillo; Vicente Pérez; Rodolfo Gambetti (QEPD); Eugenio Rengifo; Jorge Andrés Richards; Jaime Moreno Laval (QEPD) Enrique Ponce de León (QEPD); María José Lecaros; Eduardo Santa Cruz y Pablo Portales.

La segunda visita fue, como ayudante de Cecilia Allendes, a inicios de los 70s. Quien me había encargado elaborar la bibliografía de un Taller que dictamos, titulado Periodismo de Familia.

Me llamó la atención la biblioteca, ubicada en la capilla. Al dirigirme a ella, vi a alguien que leía, en penumbras, detrás del altar que constituía su escritorio.

Era Mariano Aguirre, el bibliotecario de la Escuela. Su labor consistía, básicamente, en auxiliar a los alumnos de maestros como Clodomiro Almeyda, Alfonso Calderón, Luis Domínguez, Guillermo Blanco o Antonio Skármeta. De más está señalar que muchas veces el celebrante debía despacharnos a pocas cuadras, a la Biblioteca Nacional, donde era más factible satisfacer
la voracidad lectora despertada por ellos, ahora acrecentada por Aguirre. De seguro, Mariano había leído más volúmenes que los que albergaba aquella capilla.

Tales ayudantías, dictadas a primera hora, para no interferir mi trabajo en Editorial Quimantú, me permitieron, en la espera, tener largas charlas con el entonces Canciller, don Cloro, que perseveraba en su cátedra de Periodismo Internacional. Nos paseábamos conversando de lo humano (más) y lo divino (haciendo honor al entorno) hasta que una cantidad razonable de alumnos llegaban a las respectivas salas. Esos invitantes pasillos fueron testigos también de horas de diálogo con Lucho Domínguez, uno de los mejores conversadores de la literatura chilena.

Sin embargo, fue en la tercera condición en que acudí a San Isidro 560, la de alumno en 1972, cuando valoré la formidable e invencible flota de maestros de redacción que ofrecía la escuela: Calderón -también sub director-; Skármeta; Blanco y Domínguez...

No es extraño entonces que podamos celebrar hoy a colegas reconocidos escritores como el prolífico Hernán Rodríguez Fisse (“Prefiero Chile” sobre los inmigrantes judíos a nuestra patria) y Rodrigo Atria (“Las ataduras del silencio”, un testimonio periodístico), ambos, por obras previas recibieron el Premio Revista de Libros de El Mercurio (en 2017 y 2021, respectivamente), y Guillermo Hormazábal, que nos acaba de impactar con estremecedor testimonio de su detención en plena dictadura: “Entre la voz y el miedo”.

Pero no sólo de palabra escrita vive el comunicador; también era potente (de muchos watts) el equipo de Radio compuesto por Manfredo Mayol; Fernando Reyes Matta o Cachito Ortiz... O las experimentadas nociones de foto, cine y televisión que entonces entregaban Bob Borowicz; Juan Domingo Marinello; Rafael Sánchez, y Silvia Pellegrini.

No es de extrañar entonces que en 1993, 1997, 2005 y 2009, la Universidad de Chile se distrajese y se otorgaran Premios Nacionales a Pilar Vergara; Patricia Verdugo (QEPD); María Olivia Monckeberg, y Juan Pablo Cárdenas, en ese mismo orden. En una mucho mejor proporción a la habitual, un 25% de hombres, (recuerden que las postulantes en la primera generación, 1961, fueron 120 mujeres y sólo 12 hombres).

Proporción que se invierte si consideramos los Directores de Escuela en San Isidro -todos hombres- desde esa fecha: Patricio Prieto (1961/1966); Sergio Contardo (1966/1968); Luis Domínguez (1968/1972) y Alfonso Calderón (1972/1973). Luego del golpe asume José Ortiz Segundo.

Cabe también recordar que tuvimos nuestra propia legión extranjera, encabezada por el Premio a la Trayectoria José Carrasco; Rafael Otano Garde (natural de Pamplona) y Hermán Antelo quién llegó a ser Cónsul General de Bolivia en Chile (= Embajador).

Sería injusto no recordar hoy a quienes ya no están, que son muchos y sería imposible mencionarlos a todos. Me quiero centrar solo en dos más recientes: Augusto Góngora Labbé y Jaime Martínez Williams.

Augusto, tuvo una destacada carrera en la prensa audiovisual: Teleanálisis y recordados programas culturales en TVN. Pero su aporte en la prensa escrita dejó huella y ya se acerca a cumplir 50 años: Solidaridad, el Bole de la Vicaría, que tuvo entre sus fundadores a varios “Isidrones”, como Pablo Portales; Ramón Abarca; Guillermo Hormazábal, y el suscrito. Augusto me reemplazó como Editor a fines de diciembre de 1977 y tuvo un gran rol en los tres volúmenes de “La Memoria Prohibida”.

Jaime, periodista y abogado, fue Decano de esta Facultad, director de Qué Pasa y gran cronista gastronómico -a cuatro manos, con su esposa Laura Tapia- sin embargo se ganó un lugar en la defensa de los derechos humanos por su aporte presencial en la constatación del hallazgo de cuerpos de desaparecidos en Lonquén.

Permítanme también un reconocimiento personal: fui fundador y director de APSI hace 50 años (el 30 de julio de 1976, apareció el primer número). Debí dejar ese cargo en agosto de 1981, por clausura de la revista. Al recibir ese mazazo en las oficinas de DINACOS, en el entonces edificio Diego Portales, lo primero que hice fue ir a manifestar mi protesta a la asociación gremial que nos acogía: la ANP. Allí me recibió con cordialidad y dignidad, Jaime Martínez Williams, su Secretario Ejecutivo. Fue un remanso en el momento más complejo de mi carrera periodística. No estoy seguro de habérselo agradecido así de claro. Lo hago hoy, ante más de cien colegas de nuestra universidad. 



Intervención en el Encuentro de Ex alumnos de Periodismo UC, de las trece primeras generaciones, que estudiamos en la casona de San Isidro, desde su fundación, en 1961 y hasta 1973, el 4 de diciembre de 2025. 




17 julio 2025

MAFALDA, CONDORITO Y ... CUNCUNA



 

Desde el heroico cruce de la Cordillera de los Andes del Ejército Libertador y el General San Martín,"llevando consigo su librería a través de montañas, campo y mar" (Mario Tesler "Con los libros de San Martín" editorial Dunken, 2014) Chile y Argentina han tenido mucho en común en el terreno del libro. Lo más reciente, la colaboración entre el MALBA de Buenos Aires y el Centro Cultural La Moneda de Santiago. El museo invitó al centro cultural a llevar la muestra "Huellas de Cuncuna" a su tradicional Fiesta del libro 2025 que se inaugura hoy 22 de julio. Como aperitivo, se realizó una conversación sobre la utopía lectora.



Al escarbar entonces entre los recuerdos de la infancia, aparece la revista Billiken (cuenta la leyenda que en homenaje a un señor llamado Billy Kent), la revista en español más antigua, creada por el uruguayo Constancio Vigil en 1919, autor de inolvidables cuentos como "La hormiguita viajera", "La moneda volvedora" o "El mono relojero".

También, clásicos de María Elena Walsh: "Manuelita, la tortuga"; "El reino del revés"; "Dailan Kifki", y "La sirena y el capitán"...

Más tarde, en la juventud, aparecen las ilustraciones de Oski (en las portadas de los primeros "Cabrochico") y de Quino, en la inmortal Mafalda. Mientras Chile universaliza al popular Condorito, aún a riesgo de ser confundido con colombiano y hasta mexicano.

Lo que no impidió que, en ambos países se escuchen reclamos respecto que "la historieta arrastra un problema de guión".

Con esa hipótesis, nos adentramos en Cuncuna, "la primera colección chilena de cuentos infantiles", nacida al calor de la democratización cultural que impulsara el Presidente Salvador Allende, con 30 mil ejemplares por publicación. Llegamos a la friolera de 540.000 ejemplares en menos de tres años.

Réplica a lo ocurrido poco antes al otro lado de la cordillera: el CEAL, Centro Editor Latinoamericano que publicaba, desde 1967, grandes tiradas de cuentos clásicos universales en su colección Cuentos de Polidoro.

Coincidimos con Judith Goiciol, la panelista argentina de este aperitivo, en que no era la presentación de los libros lo más importante, sino su masividad aunque hubiera que sacrificar algunos "detalles" para lograr un precio accesible.

Eso llevó a problemas con los derechos de autor debido a la cuestionada sinonimia, que significaba reescribir a los clásicos con sinónimos y así escabullir el pago.

Superada la sinonimia como un fenómeno de los sesenta, en Argentina han seguido publicándose colecciones como, por ejemplo, Libros del Quirquincho (1987).

Y han comenzado los homenajes. En Chile, Fondo de Cultura Económica ha publicado recién "El arte de Pepo" en conmemoración de los 25 años de su fallecimiento.

Y en este mismo diálogo "Trasandino", como reza el timbre que inmortaliza este encuentro, reconocí la solidaridad de Daniel Divinsky que acogió restos naufragos de Quimantú a inicios de 1974, cuando buscábamos seguir publicando para los niños de Chile.

Pero ese es un cuento largo. 



11 julio 2025

VM 20, UN SUEÑO HECHO REALIDAD

Fotos: Arturo Navarro

 

Se respiraba la historia. En la misma fila, sentadas las máximas autoridades de los tres poderes del Estado, junto a dos Rectores de la Universidad de Chile. La actual, Rosa Devés y el iniciador del proyecto, Víctor Pérez. Muy cerca, una gran cantidad de Ministros y Ministras, parlamentarios además de la recientemente ganadora de elecciones primarias y la viuda del ex Presidente Sebastián Piñera. En el aire, las figuras emblemáticas de la Universidad y sus mejores proyectos... Andrés Bello, Juan Gómez Millas, Armando Carvajal... y en el escenario de conciertos, la Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Sinfónico de la Universidad de Chile animados por la batuta del maestro Maximiliano Valdés. 


En ese espíritu, estalla "Egresado, maestro, estudiante", el himno de la casa de estudios. Electrizante. Parecía que lo cantaron hasta quienes no estaban familiarizados con él.

Después, las generosas y agradecidas palabras de la Rectora que no dejaron sin reconocer a todos quienes desde 2014 fueron convirtiendo una idea en proyecto y ésta en realidad, a pesar del estallido social y pandemia, incluido el Rector Ennio Vivaldi .

Para culminar la ceremonia de media hora de historia, la intervención del ex alumno Presidente de la República, Gabriel Boric que reconoció, haciendo un guiño al ex Rector Pérez, su escepticismo juvenil respecto de este sueño.  

En lo musical, desafiando la calidad sonora de la flamante Gran Sala Sinfónica Nacional, la Obertura Festiva, de Juan Orrego Salas y la Novena Sinfonía, Coral, de Ludwig van Beethoven. Nunca más adecuada la Canción de la Alegría.

Entre el fascinado público se comentaba la calidad del espacio, se recordaba que es la primera sala pública para conciertos construida en Chile después del Teatro Municipal de Santiago.

Se lamentaba la oportunidad perdida por el proyecto similar del centro Cultural Gabriela Mistral, a dos cuadras de distancia, que aún espera su inauguración.

Se recordaba que, en algún momento del proyecto, en 2008 y 2009, esta misma Orquesta Sinfónica iba a ser elenco estable de esa postergada edificación. 

Fue Víctor Pérez quien avizoró las dificultades que vendrían y se lanzó con VM 20.

Pero no fue noche de nostalgias ni de tristeza. Chile había ganado una potente infraestructura cultural y se la brindaba su Universidad, la que durante muchos años fue la verdadera institucionalidad cultural del país.

Los asistentes, al salir, brindamos con entusiasmo. En lo personal, recordando esas visitas que -al llegar a Santiago desde la provincia- hacía a esa querida tía que daba clases en la Escuela de Química y Farmacia, en ese mismo punto de la ciudad, que, conservando su antigua fachada, el 10 de julio de 2025 se volvió inmortal.

09 julio 2024

QUIMANTÚ Y LA REVISTA QUE NUNCA EXISTIÓ





Despertó tanta curiosidad que terminó exhibida en la muestra "Cómo diseñar una revolución, la vía chilena al diseño", atracción final del gran muro que mostraba la totalidad de las portadas de libros y revistas que Quimantú editó entre 1971 y 1973. Es la maqueta de la "Revista de los jóvenes trabajadores" cuya única diferencia con otros números cero es que fue impresa, en algunas pocas decenas de ejemplares. Que se perdió en el tiempo, dado que la revista nunca llegó a publicar su número uno.


Es que al ser sometida a los Comités de producción de la empresa, despertó dudas, tanto por el alto costo que implicaban las cuatro tapas a todo color, como por la extraña definición de que debía tener algunos artículos escritos a mano pues la letra de imprenta era vista, por algunos, como ajena a los jóvenes trabajadores.

Se quería una publicación juvenil diferente a la "burguesa" revista RITMO, de Lord Cochrane -editorial de Roberto, el hermano de Agustín Edwards, propietario de El Mercurio- y distinta de ONDA, la respuesta de Quimantú dirigida al mismo público, con algunas temáticas similares pero sin perder Ritmo en portada, con una comprometida historieta cuyo guión fue encargado al escritor mapucista Carlos Olivárez y el diseño de portada al artista Carlos Rojas. Su lema: "Hoy es el primer día del resto de tu vida". 

Para graficar el proyecto del área de publicaciones infantiles y educativas se resolvió imprimirlo. En total había máquinas en cantidades y qué mejor que mostrar el producto final. En esas discusiones estábamos los trabajadores de Quimantú, cuando bajo nuestras narices, es decir en nuestras impresoras comenzó a aparecer RAMONA, revista juvenil del Comité Central de las Juventudes Comunistas. Que reunía varias de las premisas que se esperaban de la Juvenil Obrera. Como tantos sueños editoriales, el proyecto no avanzó ni se supo más de él, 

Hasta que el diligente arquitecto Hugo Palmarola, una de las cabezas creativas de "Cómo diseñar una revolución..." se empezó a obtener un ejemplar para su exposición, que permaneció varios meses en el Centro Cultural de La Moneda durante 2023, convirtiéndose en una de las muestras más relevantes de la conmemoración de los 50 años del golpe militar.

Se enteró, Hugo, que entre mis archivos reposaba un ejemplar. Ni corto ni perezoso llegó hasta mi casa y respetuosamente lo solicitaré ofreciendo el contrato y seguro correspondientes, como en las exposiciones internacionales; muy bien ejecutados por los eficientes equipos del CCLM.

Visité varias veces la muestra completa, siempre finalizando en el último de los impresos de la gran sala poniente, que ocupaba un lugar de honor. En uno de esos recorridos, me asaltó la pregunta: ¿Y después de esto? ¿Qué? 

Difícil imaginar un destino para una revista "estrella" tan poco conocida como reveladora.

Recordé que, en 2022, había donado parte importante de los documentos de mi trabajo como gestor cultural y elaborador de políticas culturales, al Archivo Nacional, los que fueron recibidos con entusiasmo pues, para mi sorpresa, no existía en el allí una sección de Cultura, debido a la ausencia de un órgano de la administración dedicado a ello, o sea, un ministerio (  https://arturo-navarro.blogspot.com/2022/06/el-dulce-encanto-de-donar.html  ).

Esperaba entonces que, a fines del verano recién pasado, me llegaría, cuidadosamente forrada en papel seda, el ejemplar famoso y lo ofreció a las gentiles profesionales del Archivo Nacional.

Por cierto, había que programar una cita formal, para hacer entrega, firmar el Acta de Recepción y relatar la trayectoria de éste sin documento.

Lo que ocurrió al mediodía de un frío martes 9 de julio de 2024, cuando me dirigí -Metro mediante- a Miraflores 50 a depositar la revista, en el mismo inviolado envase en que me la entregará el CCLM.

La recibió la archivera Geraldine Aracena, no sin antes enfundar sus manos en teniendo guantes celestes.

Los mismos que no le impidieron redactar, con respeto y devoción, el solemne acto que dejaría para siempre la revista que nunca existió en poder del Archivo Nacional de Chile, "institución pública del Estado, creada en 1927 con el fin de reunir y conservar los archivos de los Departamentos de Estado y todos los documentos y manuscritos relativos a la historia nacional, y atender a su ordenación y aprovechamiento".

Otro vestigio de la historia de una empresa de propiedad de sus trabajadores que aportó a nuestra cultura más de una década de millones de ejemplares de libros y revistas, en solo tres años de vida.


 

01 agosto 2023

RASTROS LECTORES EN CUNCUNA


Ilustración de Guillermo Tejeda en El gigante egoísta




Niños y niñas suelen considerarse destructores de libros infantiles. Este trabajo de Soledad Veliz, Ignacia Saona y Janos Kovacs, demuestra que, en el caso de la colección Cuncuna y su serie Pintamonos, editados en inicios de los años setenta por Quimantú, esta condición se revierte para convertir a los lectores en creadores de nuevas imágenes a través de sus marcas de uso y rastros lectores. Que lo disfruten.
¡Ojalá a pantalla completa!






 

02 junio 2023

TRÁIGANME LA CABEZA DE PEDRO RAMÍREZ

 



Aún en ascuas esperando el capítulo final de la única teleserie que he seguido de principio a fin, me ha venido a la mente el western de Sam Peckinpah, ¨Tráiganme la cabeza de Alfredo García", que bien podría haberse sustituido por el nombre del protagonista, Pedro Ramírez, pues en casi todos los capítulos alguien del Valparaíso de  1937 quería verlo muerto. Pero, afortunadamente, no fue así: los realizadores decidieron llamarla "Hijos del desierto", destacando así más el nacimiento que la eventual muerte del personaje.


La serie que transmite Megavisión, en horario prime (luchando contra el sueño) tiene notables elementos históricos como la matanza de Santa María de Iquique; la penetración nazi en Chile, desde Valparaíso; la intención del Presidente Arturo Alessandri de vender -si, vender- Rapa Nui al Tercer Reich y la valerosa acción de la policía de Investigaciones para detener, a través de un departamento especializado, la actividad terrorista de agentes de la Alemania nazi. Junto a pequeños guiños a personajes reales entrañables como Eloísa Diaz (¿la doctorcita?) y Vicente Huidobro (protagonista de la noche de Cartagena).

Todo esto, desarrollado en 163 capítulos, a través de entrañables personajes como 'la Gato'; la señora Williams; el capitán Sanfuentes; la mencionada doctorcita; el correctamente afeitado Pedro; el naviero cónsul alemán; la sensual cantante del Pirandelli (¿guiño al American Bar?), y la infaltable monja.

Para acogerlos se construyó una verosímil escenografía a los pies de un cerro de Curacaví que revive sectores del elegante Cerro Alegre porteño con cafetería Colonia incluido, sin desperdiciar la publicidad de marcas de la época, aún vigentes, como Farmacias Knopf y agua mineral Cachantún.

Lo que más capturó mi afición fueron tres aspectos:

El innegable contenido histórico de episodios poco enfrentados, como la matanza en Iquique y el muy probable secuestro por parte de los hechores, de huérfanos de padres víctimas de las fuerzas armadas. Masacre que inmortalizó Luis Advis y Quilapayún con su cantata.

El desconocido enfrentamiento entre servicios secretos alemanes y británicos en los años previos a la segunda guerra mundial y el poderío del espionaje nazi que conocía gracias al libro de María Soledad de la Cerda "Chile y los hombres del tercer Reich" (Catalonia, 2000) que narra con detalle que "la 'quinta columna' y la red de espías nazis contaron con el apoyo no sólo de los alemanes residentes en Chile sino también de otros civiles, al amparo de la neutralidad chilena durante la guerra".

La delicada reconstrucción de un Valparaíso pujante en lo económico, hermoso en su arquitectura, laberíntico en sus cerros, peligroso en su puerto y abundante en su vida y paisajes nocturnos, sin olvidar la presencia de los ascensores, cantinas, hospitales (el Alemán derivó en Británico, en el guión) que lo caracterizan.


Leo con admiración que la idea original pertenece a Rodrigo Cuevas -guionista de la serie "Los ochenta"-, que fue escrita en conjunto con Patricio Heim y Simón Soto, autor del libro ¨Matadero Franklin" (Planeta, 2018) que podría explicar las inocultables similitudes del protagonista con el mítico 'cabro' Carrera. Agrego que es dirigida por Patricio González, antes asistente del prolífico Vicente Sabatini y que cuenta con la siempre sólida producción de Quena Rencoret.

A todos ellos, mi agradecimiento por la entretención dispensada, las emociones vividas, aún enfrentando, en ocasiones, las dificultades de recibir la señal de Megavisión en sectores de la región de... Valparaíso. 


25 abril 2023

DIA DEL LIBRO EN NAVIDAD



Un acierto de las autoridades culturales de la región de O’Higgins celebrar el día del libro 2023 en la localidad de Navidad, la más aislada de la región. Junto con descentralizar dentro de la descentralización, se escogió para hacerlo un símil histórico que también busco, hace más de 50 años, llevar el libro a los sectores más desposeídos de su iluminación: editorial QUIMANTÚ.


Y de ella, la colección especialmente destinada a los niños: CUNCUNA. Para lo cual se convocó a los infantes de la comuna rural a dibujar, orientados por la artista Andrea Franco e inspirados en las ilustraciones de la época de Guillermo Durán, GUIDÚ, del cuento de Marta Brunet “La flor del cobre”.


El resultado fue una muestra en plena plaza de Navidad, frente al municipio, de trazos infantiles, expuestos en grandes tableros, que interpretaban a los personajes don Quejumbrenohacenada, doña Maria Soplillo, las semillas que sanaron a un hombre y dignificaron el trabajo o, simplemente, la palabra FIN. 


Lo culminante fue la llegada del propio Guillermo Durán que, emocionado -cómo no- recorrió la muestra y se retrató con dibujos y protagonistas de esta exposición.


Pero eso no fue todo, la municipalidad y la secretaria ministerial de culturas, que encabeza la gestora Flor Ilic, junto al potente equipo de patrimonio regional del mismo ministerio, encabezado por la directora regional de patrimonio, Leslie Araya, habían organizado, para culminar esta jornada, una conversación sobre la democratización de la lectura y la influencia de Cuncuna en la literatura infantil actual. En ella participó también Andrea Franco y Arturo Navarro, creador de la colección.


En un ambiente de interés, con presencia masiva de los equipos regionales de culturas, gestores, profesionales de otras reparticiones públicas, concejales y público en general, se dialogó sobre la permanencia de las obras de QUIMANTÚ y sobre todo de las enseñanzas que dejó su modelo de gestión como empresa de sus trabajadores.


Especial atención despertó el hecho de que haya sido una empresa de esas características en su propiedad la que editará precisamente un libro infantil que destaca fuertemente la importancia del trabajo, lo que revela la satisfacción de los trabajadores de su significativo rol en la sociedad. Es decir, una empresa de sus trabajadores que exhibe con orgullo el papel del trabajo. 


Inquietud manifestaron los participantes por la posibilidad de reproducir la experiencia de “la empresa” como era cariñosamente mencionada QUIMANTÚ por sus trabajadores. 


La respuesta es que, si bien el modelo de autofinanciamiento que impuso el Presidente Allende y que recientemente mostró su vigencia en el Centro Cultural Estación Mapocho, durante 30 años, hasta la tragedia del Covid, hoy Chile y el mundo no presentan condiciones para su implementación. Sin embargo, este extravío no quiere decir que se mantendrá eternamente.


Ya regresará el tiempo en que los hombres vuelvan a vivir colectivamente, sus esfuerzos sean compartidos, la sociedad sea más comunitaria y los desquicios del individualismo desbordado hayan sido superados.


En ese momento, el libro, la literatura, las publicaciones infantiles tendrán un lugar destacado, como el feliz momento que vivimos un ejemplar día del libro en Navidad.

20 diciembre 2022

ROBIN HOOD, ENTRE DICTADURA Y PANDEMIA



CENTRO CULTURAL ESTACIÓN MAPOCHO, UN CASO DE GESTION CULTURAL AUTOFINANCIADO 1990/2020

Ponencia para el seminario "Cases for Culture", 2 y 3 de diciembre 2022 en DRCLAS de la Universidad de Harvard.


El plebiscito del NO , en octubre de 1988, en Chile marcó no solo el final de la dictadura de Pinochet, sino también el regreso del protagonismo del mundo cultural en la Democracia que se avecinaba.  

El gobierno del Presidente Patricio Aylwin quiso reconocer el aporte de la gente de la cultura a su campaña y al anterior referéndum, recuperando la abandonada estación Mapocho y convirtiéndola en un importante centro cultural.  

La situación económica del Chile de los 90 no era buena. La dictadura había privatizado todo lo que pudo y las arcas fiscales estaban muy deterioradas, por lo que el gobierno decidió invertir USD 10 millones en remodelar en la estación y esperar que ésta auto financiara su operación como espacio cultural.  

Para ello, entregó su administración a una corporación sin fines de lucro, creada para tal efecto, en la que había participación del gobierno nacional (ministerio de Educación), el municipio de Santiago y entidades culturales permanentes de la república (Universidad de Chile, Fundación Neruda, Teatro Municipal, entre otras).  

La gestión estaría a cargo de un equipo muy reducido (un poco más de una decena de personas) dependiente de esa corporación, que tendría por misión mantener el edificio remodelado, difundir la cultura, sin recibir aportes públicos.  

Ese modelo, novedoso y arriesgado, funcionó durante 30 años bajo una orientación que Doris Sommer califica como de Robín Hood: “obtener recursos de los ricos para servir a los pobres”. Es decir, arrendar el monumental espacio para actividades comerciales (ferias, congresos, seminarios) a buen precio y re invertir esos ingresos en actividades artísticas y culturales (ferias del libro y la música, festivales de cine y teatro, residencias artísticas, conciertos, exposiciones de artes visuales).  

Destacan reuniones internacionales como Letras de España (1993); Expo Cumbre, durante la Cumbre de las Américas (1998); Cena de gala de la 21º reunión de líderes  de APEC (2004); ¡Culturas en el aire! experiencias de radios de pueblos originarios con DRCLAS (2005); Cuarta reunión de la red de Centros Culturales de América y Europa (2005), y la Sexta Cumbre Mundial de las Artes y la Cultura de IFACCA (2014). 

Algunos shows: Monsters of rock (1994); Orquesta Filarmónica de Israel conducida por Zubin Mehta (1997); Davis Copperfield (1997 y 1999); Serrat sinfónico (2004), y Los náufragos de la loca esperanza, del Thèâtre du Soleil, dirigida por Ariane Mnouchkine (2011).

Y las conferencias de Steven Hawkins (1997) y la premio Nobel Nadine Gordimer (1998).

En 2009, el centro cultural recibió el Premio Reina Sofía de Patrimonio y difusión cultural.

Todas las actividades entre 1996 y 2020 pueden revisarse en estacionmapocho.cl/memoria-anual/


El largo éxito del modelo -expuesto en múltiples seminarios y conferencias internacionales- se debió, entre otras, a la estabilidad de su política; el estudio permanente de sus públicos; la sobriedad de sus gastos; la fortaleza de sus comunicaciones, y la habilidad de su programación, muchas veces simultánea de actividades artísticas y comerciales, lo que enriquecía culturalmente a los visitantes de ferias comerciales e interesaba a sus productores.  

La auto sustentabilidad se mantuvo hasta finales de 2019, cuando un estallido social perjudicó gravemente a muchos espacios culturales, incluso quemando algunos, y atemorizando a organizadores y productores que debían arrendar la estación. La crisis se profundizó con la pandemia mundial, así el 17 de marzo de 2020, el centro cultural se vio obligado a cerrar sus puertas. Con ello no había actividades ni ingresos posibles. 

El directorio hizo gestiones con el ministerio de las Culturas y la Presidencia de la República, para recibir, por primera vez, una subvención estatal para, al menos mantener el edificio. La respuesta fue negativa y la administración debió reducir salarios, dejar de pagar gastos mínimos y endeudarse: sobrevivir dificultosamente con préstamos con garantía estatal a Pymes. A diciembre de 2021 la deuda con personal, proveedores y la banca bordeaba el millón de dólares.  

Esta situación provocó daños sicológicos y físicos al personal y un acelerado deterioro al edificio.  Hoy, el centro cultural apenas sobrevive y espera que las nuevas autoridades, finalmente logren incorporarlo a una subvención permanente a través del presupuesto nacional, lo que al menos no se alcanzó para 2023. 

Durante 30 años, las flechas disparadas a la manzana sobre la cabeza de Robin Hood hicieron blanco en la fruta. La envenenada flecha del COVID, acertó al corazón del modelo de autofinanciamiento del centro cultural.  

Habrá que buscar otro camino. 

Muchas gracias.









05 julio 2022

CUNCUNA EN EL MOSTRADOR




"Fuimos pioneros en paridad de relevancia entre autores del texto y de ilustraciones, así como en la selección de autoras y autores, ilustradores e ilustradoras. Hace solo 50 años. Por ello la editorial de la USACH la califica hoy como “La revolución del libro infantil chileno”, así celebra la cuenta de tuiter @quimantúvive la publicación del 4 de julio de 2022 en El Mostrador titulada "Reeditan cuentos infantiles e ilustrados de Quimantú, la mítica editorial de la Unidad Popular".


En ella, dos especialistas en literatura infantil, autores del ensayo que acompaña a las reediciones ya mencionado, exponen: “Para el gobierno de Allende niños y niñas eran una de las máximas prioridades. Cuncuna es reflejo de eso. Escritores, editores, ilustradores y trabajadores estaban comprometidos para realizar los mejores libros posibles para aquellos que históricamente excluidos” señala Isabel Molina Valenzuela. 

 Por su parte, Claudio Aguilera dice: "Cuncuna es una colección pionera de lo que sucede a nivel editorial en la literatura infantil chilena. Fueron precursores de lo que hoy llamamos libro-álbum, en el cual interactúan texto e ilustración con la misma importancia en el rol de las ilustradoras”.

Muy recomendable la lectura del señalado artículo.

16 junio 2022

EL SISTEMA DE PRENSA EN CHILE (1973-1984)


Corría 1985 cuando dos ONG's opositoras a la dictadura organizaron un Seminario para debatir temas de prensa y cultura: CENECA y CED. En esa ocasión, me encomendaron un estudio sobre la situación de la prensa durante los primeros años  del régimen militar. En él, a partir de la presencia de la prensa en la Constitución de 1925, aún vigente, se analizó cómo el sistema completa había sido desbaratado, tanto por la clausura de medios escritos y radiales como por la intervención de los medios televisivos, a través de los rectores delegados de las universidades, propietarias de los canales existentes. El texto completo fue digitalizado gracias al trabajo del profesor chileno Tomás Peters y puede encontrarse en el siguiente vínculo:

http://www.archivoceneca.cl/2018/08/08/el-sistema-de-prensa-en-chile-bajo-el-gobierno-militar/


El año siguiente, 1986, junto a la investigadora María Elena Hermosilla, el presidente del Colegio de Periodistas de Concepción, Mario Aravena y cuatro colegas de la ciudad, realizamos una investigación sobre la situación de la Prensa y la Radio en la región del Bío Bío. Gracias al mismo esfuerzo de Peters, ese estudio puede encontrarse en:

http://www.archivoceneca.cl/2018/08/08/prensa-radio-y-television-region-del-bio-bio/


Parece relevante destacarlos hoy, que entramos en una nueva fase constitucional como país y, por tanto, en una nueva etapa del sistema de prensa nacional.

02 junio 2022

EL DULCE ENCANTO DE DONAR

Fotografía de Luis Navarro Vega, generosamente donada al autor.

 

El sabio consejo de amigos de mayor experiencia, el apoyo de colegas documentalistas y la generosa acogida del Archivo Nacional, conspiraron para que, luego de recibir una veintena de cajas con los documentos de treinta años de trabajo en gestión cultural, participación en dos períodos en el Directorio del CNCA, apuntes de clases, registros de viajes al exterior, seminarios, conferencias y asesorías varias me sumergiera -literalmente- en papeles, documentos, escritos, actas y grabaciones para preparar, razonablemente clasificados, una donación.



Es difícil explicar la doble satisfacción de revisar tantos momentos que resultaron de utilidad para diferentes trabajos en el ámbito de las políticas culturales y la gestión y a la vez sentir que podrán ser de utilidad para otros -estudiantes, colegas, curiosos- desde los pulcros archivos de un servicio público de excepción.

El primer inspirador fue el poeta Pedro Lastra que donó  parte de su rica biblioteca con originales, muchas veces dedicados por sus autores, a la Universidad Católica. Luego vinieron las visitas -pandemia mediante- de colegas estudiosos que valoraron el material y sugirieron acciones concretas para "ponerlos en valor". Así fueron dándose pequeñas donaciones a docentes del magíster y postítulo de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, dónde doy clases desde comienzos de siglo; a ganosos profesionales jóvenes que asumen, responsabilidades en el gobierno de la nueva generación; a la organización gremial en que participo, y al Museo Histórico Nacional, en algunos aspectos específicos (desde un antiguo teléfono a documentación familiar).

Reconozco que tengo prontuario: había donado antes, al Museo de la Memoria, los antecedentes de dos episodios en los que me toco participar durante la dictadura: la incineración, en noviembre de 1986, de 15 mil ejemplares de un libro de García Márquez editado por Oveja Negra, editorial que representaba en Chile, y la grabación de la dolorosa entrevista a Joan Manuel Serrat, realizada en vuelo, cuando intentó -sin éxito- ingresar a Chile para participar en la última concentración de los partidarios del NO, un par de días antes del 5 de octubre de 1988.

Comprobé que dicho Museo, conservaba con diligencia los materiales, los tenía a disposición de los miles de visitantes e incluso los utilizó, en parte, en algunas muestras temática fuera del recinto.

Además, me cacé en mi propia trampa. En este mismo blog y el libro sobre financiamiento cultural que publicó Ril editores en 2006, me he manifestado como un fuerte partidario de la filantropía. Pasión recientemente recordada por la hermosa restauración del edificio de la Bolsa de Comercio de Valparaíso acometida por la Universidad Federico Santa María en homenaje a su fundador, el filántropo que dio su nombre a la universidad porteña.

Vistas así las cosas, me resultó imperioso donar aquello que "puede servir algún día como apuntes al verdadero historiador", en palabras del bisabuelo cronista Leandro Navarro o, simplemente, para que otros no cometan los mismos errores.

De ahí esta incitación a donar. No se arrepentirán.


26 mayo 2022

EL PATRIMONIO DESDE LA ALTURA

Subsecretaria Paulina Soto Labbé y Directora del Museo Histórico Nacional en la presentación de los Días de los Patrimonios 2022


No hay caso, nuestro querido Museo Histórico Nacional es un símbolo ineludible, ubicado en el kilómetro 0 de Santiago, la Plaza de Armas; enfrentado al Conquistador Pedro de Valdivia; vecino de la alcaldía de la ciudad capital y cercano, muy cercano, a la catedral de los católicos, el museo sigue siendo el depositario de nuestra historia y vocero de nuestro futuro.


Así como simbolizó el derrumbe del atrabiliario proyecto de un museo de la Democracia que vociferó un gobernante anterior, expresado en un ridículo traslado hacia la vecina plaza de la "locomotora" que presidía su patio principal, empujada, como esclavos egipcios de una idea desorbitada, por las avergonzadas autoridades patrimoniales del momento, hoy, la nueva autoridad patrimonial, eleva la mirada, reinaugura su torre y mira la ciudad y la historia desde la altura que merece.

En efecto, nuestro patrimonio permanece en buenas manos, sobre todo en buenos ojos. Las autoridades del gobierno anterior solo miraron, sin altura, iglesias y vergonzantes "palacios" para demostrar su amor a lo antiguo y a su personal confort. Solo pueden mostrar un fracasado proyecto de ley de participación simulada pero propaganda pertinaz y la restauración de un discreto palacio de la capital, para ... sus oficinas.

Se justificaron en que estaban recuperando un espacio para acompañar y acoger a los convencionales de la futura constitución, sabiendo que sus discretos espacios solo podrían recibir fragmentos de los 154 constituyentes y su cafetería solo podría mal alimentar a un puñado de ellos.

No obstante, no hay mal que dure cien años y bastó un cambio de gobierno y de ministra, para que la nueva autoridad, Julieta Brodsky, descartara la restaurada oficina de Consuelo Valdés y regresara al lugar que la Ley le asignó: la sede principal en el edificio del ex Correo de Valparaíso y las modestas oficinas de calle Ahumada.

Paralelamente, la subsecretaria Paulina Soto Labbé, recoge y amplifica la tradición nacida de La Moneda del Presidente Ricardo Lagos y la Biblioteca Nacional de Marta Cruz Coke, para convocar a un par de días del Patrimonio, logrando una entusiasta adhesión post pandémica animada por la visión ampliada y contemporánea del patrimonio vivo, material e inmaterial, agregando los merecidos y valiosos testimonios de los pueblos originales de este territorio llamado Chile.

Mientras la mas impactante noticia patrimonial del período anterior fue el descubrimiento del robo de 20 piezas de colección histórica por parte de un empresario ladrón, más tarde apresado, liberado por la justicia y robado por quienes optaban a cien años de perdón. Ello dejó en evidencia el descuido con que se (mal) vigila el patrimonio estatuario en cementerios, plazas y otros lugares públicos, que terminan. alimentando la arcas de anticuarios inescrupulosos.

La mirada de la subsecretaria, el éxito de su convocatoria y la insistencia en que el patrimonio es tarea de todos y todas augura que, al menos desde el gobierno que se inicia, tendremos buenas noticias para vigilar y bien usar aquello que el tiempo, la tradición y el propio presente nos lega.

En ello, el Museo Histórico seguirá contribuyendo, acogiendo nuevas piezas, como aquel vestido que lució doña Leonor Oyarzún la noche en que, aferrada de la mano de su esposo, el Presidente Patricio Aylwin, cruzó en medio de un escrupuloso silencio de la multitud, por una alfombra roja que quedó horadada por sus tacos, en un estadio Nacional repleto de chilenos y chilenas que saludaban el retorno a la Democracia, a la espera de una inconmensurable bandera chilena que cubriría todo el césped del coliseo deportivo, mientras se escuchaba, la canción nacional.

Ese vestido, donado recientemente por la familia Aylwin, que hoy reposa en el museo, habla mucho más de Democracia que esa frustrada idea de un museo, luego sala, hoy solo un penoso y deshilachado recuerdo.

Así se escribe la Historia y así la acoge nuestro Museo Nacional.

23 mayo 2022

BABIECA, TIZONA y CUNCUNA

 


Prólogo al texto "La revolución del libro infantil chileno", de Claudio Aguilera y María Isabel Molina, que forma parte de la caja que editó le Editorial USACH, en mayo 2022, con la reedición de cinco ejemplares de Cuncuna de Quimantú.

Una de las lecturas favoritas de mi infancia fue ‘El cantar de mio Cid’, más por su persistencia y actos heroicos aún después de muerto, que por el contenido de su gesta. La imagen de don Rodrigo, su espada Tizona y su caballo Babieca, me impresionaron por esa dosis de inmortalidad que, aún, los acompaña.

Fue uno de los tantos personajes que se me cruzaron por la mente -junto con Papelucho y Naricita, de Monteiro Lobato; don Quijote y Sancho; Papelucho y tantos más- cuando, repentinamente, Tomás Moulian, en 1971, me espetó que deseaba que me encargara de los libros infantiles. 

Habría sido solo un buen consejo de un amigo y maestro, si está breve escena no hubiese acontecido en la oficina del director del Departamento de Libros de la Editora Nacional Quimantú.

Acepté de inmediato, casi sin apreciar la frase que seguía “y los textos escolares”. Tenía 20 años y me consideraba un conocedor reciente de aquellos pedagógicos libros, de dudosa utilidad, en algunos casos. Solo que la frase implicó que en tres años debí encargarme de la producción de varios millones de ejemplares. Pero ese es otro cuento.

Los cuentos que hoy nos ocupan, en estricto orden de publicación, son:

La flor del cobre

El gigante egoísta

La guerra de los yacarés

El tigre, el brahmán y el chacal

Los geniecillos laboriosos

Emergidos de las entonces clásicas plumas de Marta Brunet; Oscar Wilde; Horacio Quiroga; la sabiduría hindú, versionada por Linda Volosky, y los hermano Grimm. Todos encarnaban perfectamente los valores de Democratizar (así, con mayúscula, como le gusta a Gabriela Mistral) la cultura, que buscábamos en Quimantú.

Solo me correspondió editar los maravillosos textos y escogerl el pincel del ilustrador que los pondría en cariñoso vinculo con niñas y niños: Guillermo Durán, GUIDÚ, en dos casos; Guillermo Tejeda; Renato Andrade, NATO, y Jalid Daccarett. 

Tres de ellos eran de la casa, tal como los compañeros del taller que me aconsejaron sobre el tamaño y tipo de letra; el grosor y brillo del papel; el formado apaisado de los libros, y la forma de ahorrar tintas usando el color aplicado, en cuatro y dos colores por  lado.

También encontré en Quimantú, en manos de la diseñadora María Angélica Pizarro y su grácil manejo del Letraset, el logo y luego el inolvidable nombre de Cuncuna. Apelativo que muy pronto formó parte de las publicaciones favoritas de los trabajadores de la empresa, e incluso, me alcanzó como sobrenombre. 

Si, Cuncuna fue una gesta colectiva, en la que participamos muchos compañeras y compañeros de la editora estatal. Como toda gesta, como la de don Rodrigo Díaz de Vivar, permanece en el tiempo, reaparece -y reaparecerá- con la misma vitalidad de su nacimiento, recordándonos que había una vez en Chile, por allá por los años 1970, un Presidente que declaró que en su gobierno “los únicos privilegiados serán los niños”.

Hoy, Babieca vuelve a galopar, con Tizona convertida en una pluma generadora de cuentos y su jinete, inmortal, lleva ahora en su escudo, una Cuncuna.


25 abril 2022

ZIG ZAG, QUIMANTÚ Y LOS TRES SERGIOS


Mujica, San Martín y Maurín, son tres de los personajes relevantes de esta historia llamados Sergio: Mujica era el propietario de la editorial Zig Zag; Sergio San Martín (en la foto) era Presidente del sindicato de la misma, al momento de asumir el gobierno del Presidente Allende, y Sergio Maurín, fue el único gerente general de la Editora Nacional Quimantú. 


En los años 60 Zig-Zag estaba convertida en la editorial más importante del país y de los países de habla española del Pacífico. Sus revistas cubrían ampliamente las áreas informativas y de entretenimiento y, entre sus autores de libros, incluía a los mejores escritores chilenos y a varios premios Nobel. Muerto Gustavo Helfmann, su descendencia vendió la Empresa en 1968 al grupo Sergio Mujica Lois (editorialzigzagblogspot.com).


Zig Zag enfrentaba una grave crisis económica que derivó en un conflicto con sus trabajadores, quienes, hacia noviembre de 1970, acordaron un paro de actividades con el objetivo de que la editorial fuera integrada al área social de empresas del Estado (María Isabel Molina "Las prácticas editoriales en Quimantú" Grafito Ediciones, 2018).


La empresa estaba en situación de quiebra y acumulaba deudas generadas en los últimos años. Enfrentó huelga de casi 2 meses que exigía reajuste y pago de deudas previsionales. El gobierno de Allende, decretó reanudación de faenas el 1° de diciembre del 70 y el fallo arbitral se dictó el 9 de diciembre. A los pocos días, Zig-Zag ofreció en venta al Estado sus activos y se firmó acuerdo el 12 de febrero de 1971. (Sergio Maurín, Le Monde Diplomatique 13 de septiembre de 2013).


Sigamos a Maurín: el Gobierno compró oficinas y talleres de Zig-Zag en pleno funcionamiento, donde laboraban 780 trabajadores que conservaron sus cargos. Además se transfirió la propiedad de 14 revistas con bajo tiraje y algunos contratos de impresión que incluían las revistas norteamericanas Visión y Reader’s Digest.


El valor de la compraventa lo fijó la consultora estadounidense Price Waterhouse. Las fuertes deudas con Banco del Estado, SII, Cajas de Previsión y proveedores, se descontaron del precio de compra y se transfirieron a la Editora. CORFO depositaría los fondos para que Quimantú las pagara. Se firmó contrato de impresión por 2 años de las 16 revistas que Zig-Zag conservó. Es decir, se continuó imprimiendo lo de siempre.


Quimantú nació con las arcas vacías. Debía pagar sueldos y enfrentar gastos para cumplir con los clientes y sacar sus propias ediciones. Los ingresos llegaban con mas de 1 mes de atraso. La CMPC vendía el papel con pago al contado. Al poco andar exigió pagos anticipados y retrasaba los despachos. Incluso suspendió un mes la venta de papel para revistas. La vía ineludible fue el endeudamiento.


El fuerte déficit operativo, la falta de capital de trabajo, el endeudamiento necesario, la impresión de textos escolares a bajo precio, la inversión requerida para el inicio de masiva edición de libros con retornos tardíos, la escuálida y elitista red de librería y distribuidoras existentes, prefiguraban un complicado marco operativo inicial. No se podía abordar todos los objetivos, lo que significó atrasar el lanzamiento masivo de libros. Las fortalezas eran: el complejo industrial impresor con aproximadamente un 65% de capacidad ociosa; los activos fijos que respaldaban préstamos; la plena autonomía operativa otorgada, y la alta capacidad de sus 800 trabajadores, todos afiliados a un Sindicato único, destacado impulsor de cambios. A ello, se sumaba el interés del conjunto de quienes provenían de Zig-Zag, por mantener su fuente de ingresos.


A los trabajadores heredados, se sumaron 6 funcionarios directivos en representación del Estado dueño de la empresa, quienes constituyeron el primer Consejo Administrativo.


La gestión de la Editorial Quimantú, es recordada por su espectacular éxito en la edición de libros: 317 títulos y 11.7 millones de ejemplares en 2 años de los cuales se habían vendido cerca de 10 millones, además de imprimir textos de estudio para el Ministerio de Educación.


Una condicionante esencial poco conocida, fue que la Editora debía autofinanciar su operación y su desarrollo debido a carencias fiscales. Jamás recibió aportes financieros ni franquicia alguna. Se le dio trato similar al de una empresa privada, con la diferencia que su misión era maximizar su aporte al desarrollo cultural y no de maximizar ganancias.


Por ello, no extrañará que el aniversario de los treinta años del Quimantú, se celebrara en otra institución con el mismo imperativo de autofinanciamiento cuya misión es aportar al desarrollo cultural por la vía de conservar el edificio patrimonial y difundir la cultura: el Centro Cultural Estación Mapocho.


A esa celebración, conmemorada con una pequeña cajita de cartón que contenía las portadas de todos los títulos de Cuncuna -elaborada por ediciones Ekaré- asistió Sergio San Martín, con un notorio portadocumentos. En el momento adecuado, pidió la palabra -ese don que lo caracterizaba desde sus años de sindicalista- y emocionó a los presentes extrayendo del maletín diferentes publicaciones de Quimantú, refiriéndose con conocimiento y cariño a cada una de ellas. También a algunas de las presentes que aparecen en la fotografía: Iris Largo Farías, sonriendo, e Hilda López Aguilar, aplaudiendo.


Sergio San Martín, luego de el golpe militar se radicó en Gorbea, provincia de Cautín, donde trabajó como artesano, investigador e historiador autodidacta dedicado a la defensa de la etnia mapuche. Incursionó también la literatura infantil, escribiendo "Cuentos del abuelo". Falleció en 2018, fecha desde la que el Centro Cultural de Gorbea, lleva su nombre.


Esa tarde, en la ribera sur del mismo río Mapocho que, unas millas arriba, y en su ribera opuesta sorteaba el edificio de Quimantú, se brindó por aquella empresa que, según Maurín, alcanzó la madre de todos los logros: la participación plena de los trabajadores en la gestión: el derecho a participar en las decisiones a todo nivel.

23 abril 2022

METAMORFOSIS: DE CUNCUNA A MARIPOSA




Metamorfosis, es el proceso biológico que experimentan las crías de ciertos animales antes de llegar a la edad adulta. Se me ocurrió ocuparlo a propósito de una gentil invitación de la directora del Museo Violeta Parra, Cecilia García Huidobro, a exponer desde las redes de ese museo, sobre la Empresa Editora Nacional Quimantú.


Extraño, porque es un fenómeno de hace cincuenta años (1970/1973) que se ha resistido a pasar al olvido. Por el contrario, aparece cada vez con mas fuerza entre lectores nostálgicos, tuiteros de buena memoria, programas de gobierno y hasta en el debate de la Nueva Constitución. 

Siempre enfrentado a una especie de plebiscito entre el SI debe recuperarse y el NO es factible en estos tiempos.

Ambas opciones tienen buenas razones. 

Por el SI se argumenta que nunca antes, ni después, se leyó tanto en Chile. Que jamás se han repetido las tiradas semanales de colecciones como Minilibros (80.000 al inicio); Quimantú para todos (30.000) o Nosotros los chilenos (20.000). Que no es posible hoy encontrar ejemplares a precios tan alcanzables. Que hace falta aumentar los niveles de lectura que se habrían visto dañados por el IVA, la pandemia, el desuso lector, la adicción a las diversas pantallas, la falta de tiempo...

Por el NO, se argumenta que pasaron los tiempos del Estado empresario e impresor; que los lectores actuales no alcanzarían a consumir tales niveles de tiradas; que el gobierno de la UP controlaba precios de importaciones por lo que podía obtener materias primas y papel barato, a pesar del boicot de la CMPC; que el nivel de lucha ideológica de los 70 obligaba a estar muy alertas y por tanto leer mucho y rápido para no quedar "fuera de la historia"; que sería imposible imaginar hoy una empresa con el nivel de participación de sus trabajadores en la administración: cinco de once miembros del comité ejecutivos provenían de los talleres.

El resultado de este referendo parece estar en la mas pequeña de sus colecciones: Cuncuna. Reconocida por la "Antología visual del libro chileno", de Claudio Aguilera (Quilombo ediciones, 2013) como una serie cuya "riqueza se encuentra en la variedad de textos e imágenes que incorporó, además de un diseño pulcro y sobrio con tirajes de 20 mil ejemplares, impensables hoy, constituyéndose así como un primer antecedente del libro álbum moderno chileno".

Este antecedente podría metamorfosear a mariposa, es decir llegar a volar cincuenta años después, considerando sus principales características: además de que hay muchos lectores, que se formaron como tales leyendo Cuncunas, su formato y colorido duotono no requieren de grandes rotativas y puede resistir pequeñas prensas planas y tiradas más modestas.

De hecho, la editorial de la Universidad de Santiago está por publicar una caja conteniendo cinco títulos reeditados de Cuncuna, tarea que ya emprendió Amanuta con sendos libros ilustrados por Marta Carrasco, y Planeta, con los poemas de Floridor Pérez titulado Cielografía de Chile. Ekaré había editado hace unos años, La doña Piñones, de María de la Luz Uribe y Fernando Krahn.

Se podría afirmar entonces, como el tuitero aquel, que Quimantú vive, pero solo en sus publicaciones infantiles emprende vuelo.

Lo que se pretende, detrás del SI, es reeditar libros con tiradas tan altas, precios tan bajos y circuitos de distribución tan cercanos como los de la Quimantú de los 70. Y allí está la complejidad. 

De ese desafío se trata la conversación del martes 26 de abril solicitada por el Museo Violeta Parra, que, por lo demás, vive su propia metamorfosis.