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29 julio 2026

UN DÍA COMO HOY, 30 DE JULIO, HACE 50 AÑOS...




El ambiente era tenso, más que por el contenido del primer APSI -ya había sido aprobado por la censura previa de la dictadura- era por la espera del juicio de nuestros destinatarios, los lectores. Muchos de los cuales se habían suscrito sin aún conocer la revista. Eso significaba que, ademas de gustarles, debía llegar oportunamente a sus domicilios.


La pequeña oficina -la 625- de Matías Cousiño 150 hervía de nombres, direcciones y pequeños montículos de revistas de determinado barrio, pues nosotros mismos haríamos de repartidores. Las del centro las llevaría Helios Felipe, nuestro asistente. Me correspondió Ñuñoa y debía para ello trasladarme en mi "citrola" AX330.

Como se puede ver, en el colofón de la última página, nacimos con aires de grandeza  pues se "PROHIBÍA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL" e indicaba "Año 1 N°1", sin dudar de que tendríamos muchos años más por delante. Como realmente ocurrió. 

Se anunciaba el precio de la suscripción anual de 24 números: $480 en Chile y USD 55 en el exterior. El 24 escondía un pequeño ahorro, serían dos revistas por mes y no una publicación quincenal que implicaba 26 ediciones por año.

Los artículos no estaban firmados, solo figuraban los nombres del Director, el Editor y el Representante Legal, como lo pedía el instructivo oficial.

La portada, mostraba otra característico que iría configurando APSI: análisis predictivos de la actualidad internacional. En este caso, ya en julio de 1976 sugerimos la victoria de Jimmy Carter en las elecciones de noviembre de ese año, esbozando que el politólogo de origen polaco, Zbigniew Brzezinski, ocuparía un importante cargo en su eventual victoria; de hecho entre 1977 y 1981 fue Consejero de Seguridad Nacional . El artículo, de John Dinges, se acompañaba de un recuadro titulado "Elecciones turbadoras".

En el interior, en abigarradas 12 páginas, sendos artículos sobre el post franquismo español; las indefiniciones políticas en Africa; la crisis (otra más) del Líbano; el nuevo gobierno italiano que encabezaría Giulio Andreotti; las Olimpiadas de Montreal y el futuro de esta fiesta deportiva, simbolizado en la debutante gimnasta rumana Nadia Comaneci. Sin faltar su sección de Economía: CEPAL y el comercios exterior latinoamericano, ni la de Cultura, sobre el video arte.

Por todo ello, no podemos dejar pasar que ocurrió hace solo cincuenta años. 







                                       

11 diciembre 2025

SOLIDARIDAD: EL BOLETÍN DE LA ESPERANZA


 




Próximo a cumplir cincuenta años desde la publicación, en mayo de 1976, de su primera edición, conviene recordar los antecedentes, la estructura y el tipo de periodismo que desarrollo SOLIDARIDAD, conocido como "el Bole", el boletín informativo de la Vicaría de la Solidaridad.


Su antecedente más cercano está en el Comité de Cooperación para la Paz en Chile, allí hasta su cierre en diciembre de 1975, un pequeño equipo de comunicaciones elaboraba informes de prensa, que resumían lo publicado en los diarios nacionales respecto de las áreas de interés del Comité; realizaba análisis de prensa, que llegaba a los Obispos y dignatarios de las confesiones que integraban el Comité así como a los corresponsales extranjeros que se nutrían de información para responder a sus medios internacionales; publicaba estadísticas propias elaboradas en base de los casos de derechos humanos que llegaban hasta Santa Mónica 2338, y apoyaba a los directivos del Comité que eran víctimas de variadas campañas de prensa, inspiradas por la dictadura, como ocurrió, por ejemplo, con los ataques abiertos al Obispo luterano Helmut Frenz, o una despiadada entrevista "off the record" que un supuesto periodista realizó al Obispo Carlos Camus y que difundió mañosamente.

Estas tareas fueron asumidas por la Vicaría de la Solidaridad, a contar del 1º de enero de 1976, y sus diferentes departamentos: Jurídico; Laboral; Campesino; Zonas; Coordinación nacional; Educación solidaria y otros de apoyo. 

Uno de estos fue el Departamento boletín Solidaridad, que tenía por misión, reflejar el trabajo de cada uno de las áreas señaladas y sus obras mas señeras como las bolsas de trabajo, los talleres, los comedores y salud.

La idea del Cardenal era que, así como ideó una Vicaría en plena Plaza de Armas, con gran visibilidad, sus tareas también eran transparentes y comunicadas a cada parroquia a través de un medio interno creado para ese efecto. Así, la Vicaría instaló un aparato compuesto por periodistas, fotógrafos, diseñadores, distribuidores y otros profesionales indispensables para difundir un boletín de varias decenas de miles de ejemplares, que pudiera hacer frente a una grave situación de ausencia de libertad de expresión en el país.

Con algunos comunicadores del Comité, más periodistas de medios católicos como Radio Chilena o el Departamento de Opinión Pública (DOP) del Arzobispado más aguerridos y valientes fotógrafos que cumplían su riesgosa labor en las calles a rostro descubierto, la Vicaría constituyó un inédito equipo para un novedoso medio.

De este modo, actuando como Director responsable el propio Vicario de la Solidaridad, en diversas ocasiones en Cardenal Raúl Silva se reunió con el equipo del boletín para evaluar lo realizado y orientar el tipo de periodismo que debía implementar.


Leyendo recientemente al conocido autor español Javier Cercas, en su libro "El loco de Dios en el fin del mundo" (Random House, 2025) sobre la visita del Papa Francisco a Mongolia, encontré, en boca de una religiosa que trabaja en Radio Vaticano, una frase que calza a la perfección con lo que inspiraba a SOLIDARIDAD:

"- Nosotros intentamos transmitir esperanza. Esa es otra peculiaridad de los medios de la Iglesia.

- Es cierto -la respalda Andrea Tornielli, responsable de todos los medios Vaticanos-. Y esto significa que, incluso cuando estamos contando lo peor, la guerra de Ucrania, por ejemplo, buscamos siempre un punto de luz, por pequeño que sea, un atisbo de salida". 

Es exactamente lo que pedía el Cardenal al equipo, que, por negro que fuera el panorama de lo que estábamos reporteando, siempre había que finalizar con esperanza.

Idealmente, el periodismo debería ser completamente independiente, sin embargo en las circunstancias de censura y ausencia de libertad de expresión que padecía Chile en 1976, es legítimo que la Iglesia de Santiago sustente un medio que podríamos llamar de periodismo de esperanza. Y que cumplió su misión de salvar vidas y mantener viva, aún en las peores circunstancias, el derecho de la ciudadanía a ser informada.

Con verdad y esperanza.

04 diciembre 2025

SAN ISIDRO 562: TRES MIRADAS





Mi primer recuerdo de la casona de San Isidro, data de finales de los 60, está vinculada a la Reforma. La visité como dirigente estudiantil, pues Periodismo era una de las escuelas más cercanas junto a Arquitectura, Ingeniería Eléctrica y el Instituto de Sociología, cuyo centro de alumnos presidía. Entre los dirigentes estudiantiles de Periodismo de entonces destacaban colegas como Abel Esquivel; Francisco Castillo; Vicente Pérez; Rodolfo Gambetti (QEPD); Eugenio Rengifo; Jorge Andrés Richards; Jaime Moreno Laval (QEPD) Enrique Ponce de León (QEPD); María José Lecaros; Eduardo Santa Cruz y Pablo Portales.

La segunda visita fue, como ayudante de Cecilia Allendes, a inicios de los 70s. Quien me había encargado elaborar la bibliografía de un Taller que dictamos, titulado Periodismo de Familia.

Me llamó la atención la biblioteca, ubicada en la capilla. Al dirigirme a ella, vi a alguien que leía, en penumbras, detrás del altar que constituía su escritorio.

Era Mariano Aguirre, el bibliotecario de la Escuela. Su labor consistía, básicamente, en auxiliar a los alumnos de maestros como Clodomiro Almeyda, Alfonso Calderón, Luis Domínguez, Guillermo Blanco o Antonio Skármeta. De más está señalar que muchas veces el celebrante debía despacharnos a pocas cuadras, a la Biblioteca Nacional, donde era más factible satisfacer
la voracidad lectora despertada por ellos, ahora acrecentada por Aguirre. De seguro, Mariano había leído más volúmenes que los que albergaba aquella capilla.

Tales ayudantías, dictadas a primera hora, para no interferir mi trabajo en Editorial Quimantú, me permitieron, en la espera, tener largas charlas con el entonces Canciller, don Cloro, que perseveraba en su cátedra de Periodismo Internacional. Nos paseábamos conversando de lo humano (más) y lo divino (haciendo honor al entorno) hasta que una cantidad razonable de alumnos llegaban a las respectivas salas. Esos invitantes pasillos fueron testigos también de horas de diálogo con Lucho Domínguez, uno de los mejores conversadores de la literatura chilena.

Sin embargo, fue en la tercera condición en que acudí a San Isidro 560, la de alumno en 1972, cuando valoré la formidable e invencible flota de maestros de redacción que ofrecía la escuela: Calderón -también sub director-; Skármeta; Blanco y Domínguez...

No es extraño entonces que podamos celebrar hoy a colegas reconocidos escritores como el prolífico Hernán Rodríguez Fisse (“Prefiero Chile” sobre los inmigrantes judíos a nuestra patria) y Rodrigo Atria (“Las ataduras del silencio”, un testimonio periodístico), ambos, por obras previas recibieron el Premio Revista de Libros de El Mercurio (en 2017 y 2021, respectivamente), y Guillermo Hormazábal, que nos acaba de impactar con estremecedor testimonio de su detención en plena dictadura: “Entre la voz y el miedo”.

Pero no sólo de palabra escrita vive el comunicador; también era potente (de muchos watts) el equipo de Radio compuesto por Manfredo Mayol; Fernando Reyes Matta o Cachito Ortiz... O las experimentadas nociones de foto, cine y televisión que entonces entregaban Bob Borowicz; Juan Domingo Marinello; Rafael Sánchez, y Silvia Pellegrini.

No es de extrañar entonces que en 1993, 1997, 2005 y 2009, la Universidad de Chile se distrajese y se otorgaran Premios Nacionales a Pilar Vergara; Patricia Verdugo (QEPD); María Olivia Monckeberg, y Juan Pablo Cárdenas, en ese mismo orden. En una mucho mejor proporción a la habitual, un 25% de hombres, (recuerden que las postulantes en la primera generación, 1961, fueron 120 mujeres y sólo 12 hombres).

Proporción que se invierte si consideramos los Directores de Escuela en San Isidro -todos hombres- desde esa fecha: Patricio Prieto (1961/1966); Sergio Contardo (1966/1968); Luis Domínguez (1968/1972) y Alfonso Calderón (1972/1973). Luego del golpe asume José Ortiz Segundo.

Cabe también recordar que tuvimos nuestra propia legión extranjera, encabezada por el Premio a la Trayectoria José Carrasco; Rafael Otano Garde (natural de Pamplona) y Hermán Antelo quién llegó a ser Cónsul General de Bolivia en Chile (= Embajador).

Sería injusto no recordar hoy a quienes ya no están, que son muchos y sería imposible mencionarlos a todos. Me quiero centrar solo en dos más recientes: Augusto Góngora Labbé y Jaime Martínez Williams.

Augusto, tuvo una destacada carrera en la prensa audiovisual: Teleanálisis y recordados programas culturales en TVN. Pero su aporte en la prensa escrita dejó huella y ya se acerca a cumplir 50 años: Solidaridad, el Bole de la Vicaría, que tuvo entre sus fundadores a varios “Isidrones”, como Pablo Portales; Ramón Abarca; Guillermo Hormazábal, y el suscrito. Augusto me reemplazó como Editor a fines de diciembre de 1977 y tuvo un gran rol en los tres volúmenes de “La Memoria Prohibida”.

Jaime, periodista y abogado, fue Decano de esta Facultad, director de Qué Pasa y gran cronista gastronómico -a cuatro manos, con su esposa Laura Tapia- sin embargo se ganó un lugar en la defensa de los derechos humanos por su aporte presencial en la constatación del hallazgo de cuerpos de desaparecidos en Lonquén.

Permítanme también un reconocimiento personal: fui fundador y director de APSI hace 50 años (el 30 de julio de 1976, apareció el primer número). Debí dejar ese cargo en agosto de 1981, por clausura de la revista. Al recibir ese mazazo en las oficinas de DINACOS, en el entonces edificio Diego Portales, lo primero que hice fue ir a manifestar mi protesta a la asociación gremial que nos acogía: la ANP. Allí me recibió con cordialidad y dignidad, Jaime Martínez Williams, su Secretario Ejecutivo. Fue un remanso en el momento más complejo de mi carrera periodística. No estoy seguro de habérselo agradecido así de claro. Lo hago hoy, ante más de cien colegas de nuestra universidad. 



Intervención en el Encuentro de Ex alumnos de Periodismo UC, de las trece primeras generaciones, que estudiamos en la casona de San Isidro, desde su fundación, en 1961 y hasta 1973, el 4 de diciembre de 2025. 




09 septiembre 2025

DOLOR, LIBERTAD Y PERIODISMO


Foto: Arturo Navarro




Parecía el testimonio de un valiente periodista radial que había sufrido -me consta- un aterrador secuestro a manos del COVEMA, el siniestro Comando Vengadores de Mártires, que asoló un tiempo nuestro país, en plena dictadura. En efecto, el libro de Guillermo Hormazábal lo es, pero es mucho más. "Entre la voz y el miedo" es un compendio de la vida del autor. Una vida nada fácil.


Además, tratamiento de periodismo radial, presentado la misma semana en que la destacada fundadora del Diario de radio Cooperativa, Delia Vergara, recibió el merecido premio Nacional de Periodismo. Sucedía, la presentación en la sede del Círculo de Periodistas, el Teatro Camilo Henríquez.

Uno de los presentadores, Alejandro Guiller, es también un hombre de radio.

Sin embargo, no bien uno se adentra en la lectura, un balazo rompe esas expectativas. Literalmente, un balazo, que se lleva la vida de la madre del autor cuando éste apenas se iniciaba a la vida. 

Desde allí comienza una sorprendente historia plagada de dolores, pobreza, frustraciones, que no obstante, iban formando un carácter indomable, que llevó a Guillermo a sobreponerse a aquellos y otros inconvenientes, hasta que decidió estudiar periodismo en la Universidad Católica de la Reforma, en 1969. 

Las facilidades que la Universidad del rector Castillo Velasco daba a los estudiantes sin recursos, permitieron a Guillermo terminar sus estudios e ingresar a un mundo también vinculado a esa universidad: el universo del Cardenal Silva Henríquez impulsor no sólo de esta reforma estudiantil, sino también de la Reforma Agraria y de otros cambios que experimentó la sociedad chilena en los años 60.

Así, Guillermo llegó a trabajar en Radio Chilena y luego asumió esa responsabilidad, la de director del DOP, el departamento de opinión pública del Arzobispado del Cardenal. Éste le advirtió que no sería un trabajo sencillo pues -ya en dictadura- muchos de los dardos que ésta hubiera querido apuntar a don Raúl, caían en sus cercanos.

Así fue como Guillermo fue víctima de un secuestro que aparece relatado magistralmente en el libro, mientras la sociedad y en especial sus colegas permanecíamos en vigilia en la radio, hasta que se supiera de su suerte.

Quiso esa suerte que, durante esos tensos momentos, levantara un teléfono que sonaba en la redacción y prorrumpiera en un grito esperanzador: 

-¡Es Guillermo! 

Pasé el auricular a Rosi, su esposa, Quien se enteró que el secuestrado había sido liberado y llevado por un taxista solidario y auditor de Chilena, a su casa. 

Esa misma suerte quiso que uno de sus vecinos, un colega de Cooperativa, fuera el primero en golpear con la noticia. Chilena solo la dio -muy profesionalmente- cuando vio a Guillermo en libertad. 

Ese es el segundo gran motivo del libro. Cómo un periodista la disfruta bajo la forma de libertad de expresión y también bajo el temor de perderla, junto a la vida, a manos de un Comando criminal. 

La nobleza del autor recuerda a todos los medios que junto a Chilena resguardaban difícilmente esa libertad para que los chilenos estuvieran informados. Tiene palabras de compañerismo para APSI, Solidaridad, HOY, Análisis, Cooperativa...

Todo aquello da fuerzas al autor para formar su familia, cuidarla y conservarla con aplicación. También, quizás por ella, rechazar algunos ofrecimientos académicos o laborales y aceptar otros.

Transita luego en Democracia y reflexiona sobre cómo todos los padecimientos tienen recompensa en una vida quieta que lo lleva a talleres literarios que despiertan y explotan un talento poético que hace que "Entre la voz y el miedo" se lea prácticamente, de una sentada.

05 septiembre 2025

DELIA Y PEPE, PREMIOS NACIONALES

 

Foto: Centro Global de Columbia

Foto: El Mostrador


Quiso el destino que dos grandes amigos recibieron su merecido Premio Nacional un mismo glorioso día, 4 de septiembre, cuando la Democracia chilena escogía también a un nuevo Presidente. Ambos marcaron mi vida en circunstancias muy diversas pero con una profundidad permanente.


Delia, Directora entonces del Diario de Cooperativa, me llamó un día de verano de 1977 para hacerme una propuesta inesperada: que asumiera los comentarios internacionales de su programa, mientras duraban las vacaciones del titular, don Alejandro Magnet. 

Con Pepe, me encontré de sopetón, un frío día de 2006, en el DRCLAS de Harvard donde él era invitado a homenajear a un connotado historiador estadounidense, que había sido su colega. La verdad que fue sorpresivo pero no imposible. Le pude espetar la pregunta que me perseguía. Si, en su trabajo de investigación sobre el pueblo mapuche se había topado con un tal Leandro Navarro, autor de un libro por allá por mil novecientos...

-Por cierto, me dijo, es uno de los oficiales democráticos de aquellos tiempos y lo he citado bastante en mis trabajos. 

Entonces mi bisabuelo, que eso es Leandro, se introdujo en mi vida con fuerza y ​​yo lo incorporé en mis búsquedas de textos en la enorme biblioteca Widener. Ya no me dirigiría solo a los estantes de financiamiento cultural, el tema que me llevó a Harvard, sino que, además daría una vuelta diaria por la sección mapuche.

Lo de Delia, se convirtió en una honrosa invitación, luego de "probarme" como analista internacional, a ser Conductor del Diario en reemplazo de Patricio Bañados.

Allí pude valorar tanto su gran ojo periodístico, como su valentía y firmeza para resistir y hasta enfrentar las amenazas de la dictadura que venían del propio Ministro del Interior, sin otra arma defensiva que el I'Ching.

Además de su heroísmo en los difíciles años 1976 a 1980, pude apreciar su impecable dirección periodística de Paula y Clan. 

Pepe, siguió su brillante carrera académica y sus logros para vencer dolencias que a cualquiera invalidarían. Pero no, él apareció como si fuese un adolescente, bien en el aeropuerto de París como en el cine Hoyts de La Reina, siempre una sonrisa y recuerdos de nuestro común pasado viñamarino.

Qué orgullo poder celebrar este reconocimiento de nuestro país a dos personas que no solo merecen ser Premios Nacionales sino que me han premiado generosamente con su amistad.

Gratitud y gloria a Delia y Pepe. 

01 septiembre 2025

ESTE LUCHO HIZO MUCHO

 



A pocas horas de finalizar agosto de 2025, llega la noticia de la partida de Lucho Alvarado. Uno de los hombres de la transición. Lo conocí cuando, diversas organizaciones buscábamos afanosamente que los chilenos se inscribieran en los Registros Electorales para participar en el Plebiscito de Octubre de 1988. Allí vimos con regocijo que la señora Tencha Bussi viuda de Allende, vendría a Chile a unirse a la campaña y vimos también que parte de sus camaradas socialistas, dudaban de sumarse a ella. Lucho no tenía dudas y escoltaba a Ricardo Núñez que encabezaba a los socialistas renovados.


Lo volvió a encontrar como integrante del Directorio provisional de la que sería la gran obra cultural del Presidente Aylwin: la remodelación de la vieja estación Mapocho y su conversión en un revolucionario modelo de centro cultural.

El modelo era inédito: una corporación de derecho privado, sin fines de lucro, gestionaría el flamante espacio. El Directorio designado simbolizaba a todas las entidades públicas que debían lograr que, en los breves e intensos 4 años del primer gobierno democrático, se alcanzara la meta.

Lo presidía la máxima autoridad cultural: el Ministro de Educación, Ricardo Lagos. Lo acompañaba como Vicepresidente el encargado del territorio donde esta ubicada la estación: el Alcalde de Santiago, Jaime Ravinet. Como señal del interés presidencial, estaba también el Jefe de Gabinete de Aylwin: Carlos Bascuñan. Debido al interés del gobierno de España por incluir al proyecto entre las obras de la celebración del Quinto Centenario, estaba el Embajador Pedro Bermejo. Y el Ministro de Bienes Nacionales, Luis Alvarado.

Dirán ustedes por qué, ese secretario de Estado. 

Por una razón muy simple, la vieja estación no era propiedad fiscal. Había sido entregado, durante la dictadura, a la CORFO, en parte de pago de la cuantiosa deuda de los Ferrocarriles del Estado con esa corporación de fomento.

Y CORFO no la podía enajenar si no era a través de una venta. Y ese pago correspondería a quien sería el futuro dueño cuando se traspasara al Estado: el custodio de todos los bienes fiscales, el Ministerio de Bienes Nacionales.

De allí la presencia del Ministro Alvarado y la improbable tarea de buscar la forma de pagar a CORFO con recursos que ésta aceptará.

Pasaba el tiempo, la obra de remodelación avanzaba normalmente, en los plazos fijados; la Corporación Cultural se había constituido legalmente, gracias al esfuerzo del abogado municipal, Jorge Flisfish. Solo que continuábamos siendo okupas pues el edificio seguía perteneciendo a CORFO.

Finalmente, la tenaz búsqueda de formas de pago que había emprendido Alvarado llegó a buen final: CORFO ganó un valioso terreno fiscal en la región de Antofagasta. 

Durante mucho tiempo, debió recibir las andanadas del diputado -socialista como Lucho- Felipe Valenzuela (1990/2002), respecto de la "propiedad" antofagastina del floreciente centro cultural.

Antes de finalizar su gobierno, el 3 de marzo de 1994, el Presidente Aylwin y su entonces Ministro de Educación, Jorge Arrate, inauguraron el Centro Cultural.

La página web del Ministerio de Bienes Nacionales lo recoge así:

"Bajo el Decreto N°1290, el 30 de diciembre de 1976, la Estación Mapocho, fue declarada Monumento Nacional, en su totalidad, considerando los edificios originales y la estructura metálica que techa los andenes. En el año 1987, la estación se encontraba en un proceso rápido de deterioro, por la cual se decidió cerrarla. El 1991, el Colegio de Arquitectos, con la participación de la Municipalidad de Santiago, realizó un concurso público para realizar el Centro Cultural, que actualmente está albergado en el inmueble, cumpliendo con la finalidad de revalorar y remodelar la obra original. Para el 3 de marzo de 1994, se inauguró el Centro Cultural Estación Mapocho.

Luis Alvarado había cumplido la tarea encomendada.

Y los millones de visitantes al centro cultural se lo agradecen. 

25 agosto 2025

LITERATURA Y DEPORTES EN LA REINA

 

Foto: Leonardo Olivares


La Reina tiene ese qué se yo, que encuentras, en el Tavelli de Príncipe de Gales, a Carlos Caszely leyendo y grabando en voz alta, para una entrevista, partes de su obra "Rayito de mi corazón" y al Premio Nacional de Literatura Manuel Silva Acevedo, conversando animadamente en una mesa vecina. De pronto, se produce el encuentro. La excusa, una señera entrevista en APSI, de septiembre de 1978, que casualmente llevaba en mi celular. Se la enseño a Carlos grabando el episodio y luego le presento al poeta. Se para, el rey de metro cuadrado, y se saludan. Raudo, el periodista Leonardo Olivares, que acompañaba a Caszely, inmortaliza la escena.

Era una mañana cualquiera de agosto, había sol y no hacía frío. El poeta recuerda sus inicios como publicista, en Quimantú, y yo agrega la frase que inventó para una colección de libros infantiles: "Carita de pena no queda ninguna, lágrimas en risa convierte Cuncuna". El futbolista agrega que está actuando en una obra para niños, que actúa de sí mismo y que aconseja a los protagonistas preferir un libro en vez de un celular.

Caszely agrega que está animado con el teatro, que serán cuatro funciones y que ha ido mucha gente...

No solo las tablas lo atraen.

En 2011 había escrito su biografía: "Calle larga con final de pasto", presentada por Antonio Skármeta como "de una prosa rápida, alegre, juguetona y eficaz", como su fútbol.

Esa dupla se había encontrado en junio de 1972, en el número 7 de La Quinta Rueda que, a decir de este mismo blog, en diciembre de 2009:

"Tuvo momentos notables como cuando Carlos Caszely y Lucho Barrios fueron entrevistados por Antonio Skármeta y Luis Domínguez, dos aguzados escritores emergentes, dando a luz la polémica intrínseca e irresoluta de Quimantú entre cultura popular y cultura ideológica, que vio quebrar tantas lanzas entre el académico Armand Mattelart y los intelectuales que entornaban al PC. ¿Se trataba de hacer cultura como lo hacía el pueblo o de hacer cultura como estimaban las vanguardias políticas –Marx, Engels y Althusser mediante- que era lo revolucionario? La Quinta Rueda sucumbió sin resolver la pregunta, pero dejándola en reveladora evidencia".

La pregunta aún no se resuelve. Estamos en 2025 hay una elección presidencial próxima y la candidata de la izquierda aún no anuncia su programa en cultura, mientras las diversas derechas lo han hecho.

Quizás el encuentro de esa mañana cualquiera sea una metáfora del camino a seguir. Se encuentran el Premio Nacional y el ídolo del deporte nacional, se saludan, intercambian experiencias y sin proponérselo aparece un lenguaje común, alrededor de un café: la preocupación por los niños. Que a la vez lean y hagan deporte parece ser la fórmula.

Así de simple, así de necesario.

11 julio 2025

VM 20, UN SUEÑO HECHO REALIDAD

Fotos: Arturo Navarro

 

Se respiraba la historia. En la misma fila, sentadas las máximas autoridades de los tres poderes del Estado, junto a dos Rectores de la Universidad de Chile. La actual, Rosa Devés y el iniciador del proyecto, Víctor Pérez. Muy cerca, una gran cantidad de Ministros y Ministras, parlamentarios además de la recientemente ganadora de elecciones primarias y la viuda del ex Presidente Sebastián Piñera. En el aire, las figuras emblemáticas de la Universidad y sus mejores proyectos... Andrés Bello, Juan Gómez Millas, Armando Carvajal... y en el escenario de conciertos, la Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Sinfónico de la Universidad de Chile animados por la batuta del maestro Maximiliano Valdés. 


En ese espíritu, estalla "Egresado, maestro, estudiante", el himno de la casa de estudios. Electrizante. Parecía que lo cantaron hasta quienes no estaban familiarizados con él.

Después, las generosas y agradecidas palabras de la Rectora que no dejaron sin reconocer a todos quienes desde 2014 fueron convirtiendo una idea en proyecto y ésta en realidad, a pesar del estallido social y pandemia, incluido el Rector Ennio Vivaldi .

Para culminar la ceremonia de media hora de historia, la intervención del ex alumno Presidente de la República, Gabriel Boric que reconoció, haciendo un guiño al ex Rector Pérez, su escepticismo juvenil respecto de este sueño.  

En lo musical, desafiando la calidad sonora de la flamante Gran Sala Sinfónica Nacional, la Obertura Festiva, de Juan Orrego Salas y la Novena Sinfonía, Coral, de Ludwig van Beethoven. Nunca más adecuada la Canción de la Alegría.

Entre el fascinado público se comentaba la calidad del espacio, se recordaba que es la primera sala pública para conciertos construida en Chile después del Teatro Municipal de Santiago.

Se lamentaba la oportunidad perdida por el proyecto similar del centro Cultural Gabriela Mistral, a dos cuadras de distancia, que aún espera su inauguración.

Se recordaba que, en algún momento del proyecto, en 2008 y 2009, esta misma Orquesta Sinfónica iba a ser elenco estable de esa postergada edificación. 

Fue Víctor Pérez quien avizoró las dificultades que vendrían y se lanzó con VM 20.

Pero no fue noche de nostalgias ni de tristeza. Chile había ganado una potente infraestructura cultural y se la brindaba su Universidad, la que durante muchos años fue la verdadera institucionalidad cultural del país.

Los asistentes, al salir, brindamos con entusiasmo. En lo personal, recordando esas visitas que -al llegar a Santiago desde la provincia- hacía a esa querida tía que daba clases en la Escuela de Química y Farmacia, en ese mismo punto de la ciudad, que, conservando su antigua fachada, el 10 de julio de 2025 se volvió inmortal.

19 marzo 2025

""LAS ATADURAS DEL SILENCIO" de RODRIGO ATRIA



Cuando Mario Vargas Llosa vino, a mediados de 1981, al teatro ICTUS a presentar “La guerra del fin del mundo”, contó una anécdota de un militar peruano, correctamente uniformado, que luego de una conferencia, lo esperaba insistentemente para hacerle una pregunta, muy importante. Sorprendido, Mario lo recibió y escuchó con estupor que el oficial necesitaba saber cómo se había enterado de su historia, que apareció tal cual en la novela “Pantaleón y las visitadoras” (1973).


Vargas Llosa ratificó el hecho en una entrevista, realizada una lluviosa mañana de domingo en un cálido hotel frente al Parque Forestal y publicada en APSI 101, ambos estábamos escoltados por sendas Patricias; él con su prima en primorosa bata, yo con mi esposa, camuflada como fotografía de la revista.

Tuve una sensación parecida leyendo “Las ataduras del silencio”. ¿Cómo Rodrigo Atria se enteró de los silencios (obligados) y las ataduras (legalizadas) que me correspondió vivir durante los 5 años y 105 ediciones que dirigieron APSI? 

El misterio comenzó a desarrollarse hacia el final del verano reciente.

Antes, había tenido días gloriosos de lectura -en estéreo- sobre el Libertador Simón Bolívar, dos biografías contundentes -las de Marie Arana y de García Hamilton-, y una serie de 60 capítulos en Netflix.

((Práctica que recomiendo, luego de haber hecho otro tanto con “Patria”; “El Gatopardo”; “Pedro Páramo”, y “Cien años de soledad”)) 
 

Me disponía a buscar un nuevo conjunto de lecturas combinadas con streaming cuando a las 16:40 del martes 18 de febrero, irrumpieron en WhatsApp, mensajes de Rodrigo Atria:

Sin pasar por fiscalía alguna, los reproduzco fielmente:

[16:40, 18/2/2025] Rodrigo Atria: Querido Arturo, ¿cómo vas? ¿De vacaciones o de regreso de vacaciones?... Quizás ninguna de las dos anteriores...

[16:41, 18/2/2025] Rodrigo Atria: Te cuento que en marzo saldrá un nuevo libro mío...

Agregó una imagen con un texto de editorial Planeta que describía la novela como “lo que significó ser periodista en la década de los ochenta, mientras trabajaba en la revista APSI, cuando el miedo gobernaba...”

Minutos antes, repasaba con mi nieto de 7 años, algunos episodios televisivos de Star Wars me permitieron, desde esa galaxia, una primera deducción: Atria hacía una secuela, 
de mi experiencia APSI, lo que convertía a ésta en una “precuela” de la novela que, como imaginarán, ya había aceptado presentar aún antes de responder los mencionados WhatsApp.
 

Cual no sería mi sorpresa cuando, ya inmerso en la lectura de Atria, en el capítulo llamado Encriptación, página 93, me encuentro con R2-D2 si, con Arturito, el compañero de C3-PO Citripio...

Pero no nos adelantemos.


“Las ataduras del silencio” es una novela que describe dos sensaciones impregnadas, durante la dictadura, en la piel de los comunicadores: el miedo y la censura, la censura y el miedo. 

Una siniestra pareja que supervigilaba -como la madre de Woody Allen, desde las nubes en “Historias de NY”– el trabajo que antes fuera informar de la manera más certera y con chequeo de dos fuentes, a lo menos, ahora debía matizarse pensando si pasaría o no la censura y, de no hacerlo, cuál sería el costo: una citación desde DINACOS; una golpiza; decenas de llamadas telefónicas en las que nadie estaba al otro lado de la línea; una visita de misteriosos señores a su domicilio, o una cabeza de cerdo en la puerta de la revista.

Creía que APSI ya lo había vivido todo, desde la censura previa -en 1976- que exigía revisar los originales antes de imprimirlos, luego contrastar lo impreso con lo revisado para finalmente recibir un permiso de circulación. 

Después vino la autocensura, con citaciones periódicas a la sede de los tres poderes del estado, el Edificio Diego Portales, al director responsable, reuniones en las que el censor indicaba -destacados en amarillo en su ejemplar de la revista- cuales eran los temas que no se debía aludir. 

En agosto de 1981, vino la amenaza más robusta en boga: expulsión el país, como lo registra el capítulo “Amigos”, en su página 32.

Ello implicó el cierre de la revista por ocho meses y su reaparición el 6 de mayo de 1982, con nuevo director y editor: Marcelo Contreras y Sergio Marras. También nuevos periodistas: Dionisio Hopper -nuestro protagonista- entre ellos.

Ese mismo año de 1982, en la Plaza de Armas, surgió otro proyecto periodístico de envergadura, al que se adscribió Hopper/Atria: escribir las memorias de la Vicaría de la Solidaridad. No cabía duda que no sería grato a la censura y que se arriesgaba quizás tanto o más que escribir en APSI. Encabezaba la iniciativa Augusto Góngora.

Su origen fue que se estimó necesario dejar testimonio escrito de la extraordinaria labor de la Vicaría. Entonces un grupo de sus funcionarios agregaron a su incansable trabajo el ir registrando su encomiable labor. A poco andar advirtieron que alguien tenía que redactar literariamente tales documentos: Góngora convocó para ello a Rodrigo Atria, joven periodista que había mostrado dotes narrativas, a inicios de los setenta en la colección Nosotros los chilenos de Quimantú; que de alguna manera ocupaba el lugar de esa "vieja guardia del periodismo que ya no está. Algunos han muerto. Otros han salido del país y los que quedaron subsisten sin hacerse notar mucho" Capítulo "Rumores" página 58.


Así, a las tensiones y “guatas apretadas” de APSI (pues la máscara de Dionisio Hopper había caído y dejó a la intemperie a Atria) se sumaron las propias de reuniones clandestinas con Eugenio 'Queno' Ahumada; Gustavo Villalobos; Carmen Quesney; José Manuel Parada; Gustavo Saball, Javier Luis Egaña... en lugares variados y variables según las sospechas surgidas de misteriosos sujetos parado en las esquinas; llamadas telefónicas imprecisas, actitudes sospechosas...


Testimonio de ello aparece en “Noticia urgente” (página 205) cuando José Manuel Parada se convierte de autor del libro en víctima de un feroz asesinato y por tanto, en parte de los momentos más desgarradores del libro. Costó no romper en llanto como ese 29 de marzo.


Eso es esta novela que me honra introducirles: un relato en primera persona de un profesional que vivió en carne propia el intento de hacer periodismo de verdad en dictadura; también un relato colectivo de decenas de colegas que en libros, radios, boletines, revistas se jugaron por reconstruir un sistema de prensa que había sido dinamitado el 11 de septiembre de 1973.

Hay en estas páginas una lección de periodismo en las perores circunstancias, pero también un descarnado relato del miedo, de esa sensación de que aquello para lo cual la sociedad lo formó y hace profesionalmente, que debería ser apreciado, puede ser usado en su contra y tener costo en vidas, exilio, torturas, cárcel. O simplemente, miedo persistente a cualquier chirrido nocturno de neumáticos, para el protagonista y su entorno.


Pocas veces, en la variopinta literatura sobre la dictadura de Pinochet, es posible encontrar esta forma narrativa de un testigo presencial, que se cuestiona a sí mismo, que da cuenta de sus sensaciones más primarias y que, finalmente, hace novela en primera persona para narrar, magistralmente, como se escribía otro libro: “La memoria prohibida”, mientras superaba sus temores trabajando para una revista nacida cuando Chile, a solo tres años del golpe militar, iniciaba el camino de reconstruir su democracia. 


Democracia que es posible conservar gracias a testimonios como el de Rodrigo.

Gracias, colega y amigo.

09 octubre 2024

LAS VUELTAS DE CUNCUNA


Quizás deba partir por explicar el sentido de la palabra vueltas, aquí usada. En primer lugar, pareciera normal que una cuncuna se dé vueltas para alcanzar ¿su estado de mariposa, alguna apetitosa manzana? Pero no es ese el sentido del título. Sino el de regresar, volver... y volver muchas veces, casi permanentemente, como ha ocurrido en el transcurso de mi vida, desde que me tocó bautizar con su nombre una colección de cuentos infantiles, en los 70s.


El regreso más reciente fue en forma de un nuevo cuento, narrado por Lina Peralta, lectora de Cuncuna, que conoció la colección cuando tenía unos 7 u 8 años.

El relato, que forma parte del libro "Zapatos con olor a mar", próximo a ser presentado en el centro Cultural ex Cárcel de Valparaíso, narra cómo ella fue motivada por su padre para ir a la librería más cercana y escoger un libro "que tuviera una cuncuna".

No es mi propósito contar el cuento -ya podrán leerlo en su próximo viaje a la librería más cercana- sino reflexionar sobre el significativo hecho que, una lectora precoz, motivada por su padre, impactada por los libros de esta colección de Quimantú, ya adulta, convirtiera esa experiencia en un nuevo cuento para niños, también ilustrado.

La historia continúa porque hace pocos días, su hijo, el periodista Javier Faúndez, me contactó para pedirme que presentara el libro en el centro cultural porteño, el 17 de octubre, o bien el 15 de enero de 2025, en el Museo de la memoria y los derechos humanos.

Obviamente, le interesaba el comentario de un partícipe de la Cuncuna original refiriéndose a esta creación de Lina. Pero, también deseaba mi opinión respecto de la permanencia en el tiempo -más de cinco décadas- de esta colección y sobre aquella mítica frase del Presidente Allende, "en mi gobierno, los únicos privilegiados serán los niños".

Convinimos una entrevista por zoom para la mañana de hoy, 9 de octubre. Mismo día -otra sincronía-, en que la Biblioteca Nacional, a través de las redes sociales -X para ser más exacto- y su página Memoria chilena, destaca el primer número de una segunda serie de Cuncuna: Pintamonos, llamado La leche.

Allí estaba la respuesta a Javier. 

Quimantú encabezó su serie para pintar con una alusión directa a las dos preocupaciones de Allende respecto a los niños de Chile: alimento material -el medio litro de leche- y alimento cultural, los libros.

Pero no libros cualesquiera, sino libros para ser intervenidos (pintados) por los niños, reflejando una de las bases del programa de la UP: la participación. 

Curiosamente, la idea de los Pintamonos surgió al comprobar que -sin que fuera un propósito original- los lectores de Cuncuna rayaban, pintaban, recortaban, rompían los cuentos que atesoraban.

Ese es quizás es secreto de las varias "vueltas" de Cuncuna, desde el recuerdo de sus lectores niños, que han llevado a reeditarlos, a organizar concursos de dibujo basados en sus ilustraciones o a exponer las "Huellas de Cuncuna", como acontecerá en noviembre, en el Centro Cultural La Moneda.

Secreto que esos lectores han heredado a sus descendientes que, como Javier, siguen motivando otro regreso, otra vuelta a Cuncuna.

Ya terminando la entrevista, le consulté a Javier sobre su trabajo. Me contó que daba talleres en la sede Valparaíso de Balmaceda arte joven.

Algo me impulsó a confesarle: - Yo nací muy cerca de esa sede, en el Hospital Alemán.

- Yo también, respondió.

Y no es cuento, sino otra sincronía.


29 julio 2024

EL 5 DE OCTUBRE 1988 Y EL 28 DE JULIO 2024



Duró poco el "estado de gracia" en que nos dejó (a muchos) la inauguración de los Juegos Olímpicos París 2024. Bastaron 48 horas para que, desde Venezuela, llegara un sabor amargo. Muy amargo y lleno de reminiscencias respecto del final de la dictadura que asoló Chile desde 1973, caída que se iniciara el 5 de octubre de 1988. Con una urna electoral y un lápiz.



Hasta determinada hora de la noche, justo cuando cerraban las transmisiones desde los Juegos Olímpicos, en Chile y Venezuela, se esperaba que la elección presidencial fijada para "el día del cumpleaños de Chávez" marcara el inicio del final de la dictadura de Nicolás Maduro.

Solo que Maduro no corrió solo, como Pinochet, sino que enfrentaba a un candidato opositor muy fuerte, al que los primeros datos daban una cómoda ventaja de dos a uno. Tampoco el sistema electoral es el mismo, el venezolano tiene un componente electrónico que permite que el "poder electoral" pueda acusar un hackeo . Mismo poder que carece de autonomía del gobierno y obedecer sus dictados.

Aproximadamente una hora antes de la medianoche se fue instalando la idea que venía el fraude. Frente al cual los resguardos de vigilancia de los votos organizados por el comando opositor, fueron inútiles. 

La felicidad de los venezolanos no fue un anuncio de que "ya viene" como en el octubre chileno sino que estalló antes de los cómputos. Millones de nacionales de Venezuela, en todo el mundo, salieron a la calle y expresaron su alegría por lo que parecía ser el final de un período oscuro. Algún canal de tv sumó en pantalla alrededor de cinco ciudades chilenas donde hubo celebraciones masivas y... anticipadas.

Por el contrario, los chilenos, en 1988, nos fuimos tranquilos y temprano a casa y desatamos la felicidad la mañana del 6 de octubre, cuando la victoria del NO ya estaba confirmada por nuestro Servicio Electoral y el Subsecretario del Interior del régimen, Alberto Cardemil.

Así, el lunes 29 de julio de 2024, tuvo un amanecer de tristeza y preocupación. Desfilaron por la pasarela de los recuerdos, venezolanas y venezolanos que ya se han hecho cotidianos en mi vida: el panadero que hornea la masa madre como si fuera su hijo; la amable vendedora de la panadería que persuade como nadie de la bondad de los productos que ofrece; los vocingleros "maracuchos" de la feria libre de Bilbao que ya habían anunciado que el martes 30 no trabajarían por estar celebrando la victoria del candidato opositor; las decenas de conductores de aplicaciones que interrumpían la siempre alta música radial de su auto para confesar su voto, en fin, todo tipo de prestadores de servicios que habían puesto en alerta su esperanza. El lunes 29, los productos por entrega llegaron con retraso... "hoy, los venezolanos no fueron a trabajar", explicó un repartidor chileno.

El martes 30 parecía que el tiempo retrocedía a 1983, año de las primeras protestas en Chile, que los venezolanos habían perdido el miedo y salían masivamente a la calle y derribaban los símbolos del chavismo para protestar por un evidente fraude. 

El mundo se alineó rápidamente entre países de gobiernos autoritarios, por un lado y aquellos que viven la democracia y exigen una explicación al gobierno venezolano y a su Consejo Nacional Electoral. 

La oposición a Maduro, segura de su triunfo en las urnas, actos en mano, comenzó a difundir sus resultados y el gobierno inició la represión, en las calles y a domicilio. 

Si quisiéramos mantener la similitud con nuestro 5 de octubre, diría que está aconteciendo lo que ese día temíamos y afortunadamente no llegó a ocurrir: un escamoteo de los votos y un auto golpe que prolongaría la dictadura, sin plazo.

Esperamos que, el meticuloso trabajo de formación de testigos, un sistema de conteo y transmisión rápida y verosímil de resultados que organizó el Comando de Edmundo González, rinda sus frutos tal como ocurrió en Chile.

Que está en el disco duro de nuestro país y nos permite solidarizar con los habitantes de Venezuela, expresar cariño a los exiliados que temen ver alejarse el ansiado retorno y apoyar al Presidente, Gabriel Boric, asumiendo un liderazgo internacional que vuelve a enorgullecernos. 

Como esa noche del 5 de octubre.