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03 febrero 2026

EL PASE CULTURAL DE DON OTTO



Una insospechada ayuda tuvo el ausente debate sobre políticas culturales en Chile. Algunos jovenes inexpertos se jactaron en sus redes sociales que habían utilizado el Pase Cultural que creó el gobierno Boric y luego habían podido reembolsar los dineros supuestamente gastados. La aparición de esta irregularidad en Teletrece hizo que, raudo, el futuro Ministro de Culturas anunciara la suspensión del programa que beneficiaba a jovenes de 18 y adultos de 65 de sectores vulnerables. 


La reacción no se hizo esperar y un académico comparó, en carta a El Mercurio, la actitud del futuro secretario de Estado con el chiste alemán de la saga de Otto y Fritz, según el cuál, Otto vendió el sofá en el que su esposa le era infiel con Fritz. 

Tuve a bien tuitear la carta, con el mismo titulo que encabeza este post y, para mi sorpresa, ha tenido más de 64 mil visualizaciones en un par de días. 

En el intertanto, ha editorializado La Segunda y se ha motivado hasta el caricaturista de El Mercurio, con el tema. También el ministerio respectivo ha puesto el caso en manos del Consejo de Defensa del Estado.

Pero fue Carlos Maillet, en carta al decano, que puso el dedo en la llaga: ¿se trata de financiar la oferta o la demanda cultural?

Hasta ahora, y desde el inicio de la aplicación de políticas culturales en democracia, se había privilegiado la oferta con un fuerte impulso de la infraestructura cultural, para acogerla; desde el Centro Cultural Estación Mapocho durante el gobierno de Patricio Aylwin hasta la magnifica Gran Sala Sinfónica Nacional, durante Gabriel Boric. 

En ausencia de políticas culturales significativas durante los últimos ministerios -Piñera 2 y Boric-  ha llamado mucho la atención este voucher que es el Pase Cultural y que aparentemente no conversa con las grandes líneas gubernamentales. Al menos hizo olvidar la mala decisión de uno de sus ministros de no participar en la Feria de Frankfurt 2025.

Lo positivo es que la opinión pública ha retomado el interés que antaño tuvo por la cultura, especialmente cuando existió el Consejo Nacional de la Cultura.

De esta oportunidad debiera salir una convocatoria del nuevo gobierno, que asume en marzo, para resolver si deberemos como país perseverar en la línea de la oferta o, en cambio, virar hacia un estimulo a la demanda.

El anuncio del futuro ministro Francisco Undurraga, de al menos suspender el Pase Cultural, abre una puerta para el necesario debate.

Por mi parte, estimo que, sin ser excluyentes, oferta y demanda, nada se logra en desarrollo cultural si la calidad de los escenarios no es la óptima. Y en ello, el Estado tiene mucho que decir. Por ejemplo en políticas de apoyo a la infraestructura, las organizaciones colaboradoras y las meritorias instituciones patrimoniales.

De lo contrario, solo se estimularía la demanda "de lo que hay".

 

12 diciembre 2025

¿ESCENARIO O PLATEA?

    


Hasta fines del siglo XX, la historia cultural chilena respondió “escenario” a la interrogante sobre si debemos preocupamos principalmente de los artistas o del público. Salvo los años del régimen militar, en que se desconoció hasta la pregunta, la inquietud de los sucesivos gobernantes fue por los creadores e intérpretes. Primaba así el desarrollo artístico por sobre el desarrollo cultural.


Con la decisiva participación del mundo de la cultura en la Campaña del NO, otros actores del proceso cultural comenzaron a recibir atención pública. En los años 90 se comenzó a hablar de gestión cultural, de financiamiento privado, de infraestructura cultural, de formación de audiencias…a entender que no basta con desarrollo artístico y que se debía pensar también en el público que disfruta de la creación: en la platea.

Nacieron fondos concursables; proyectos de infraestructura cultural; estudios de intereses culturales; organizaciones de gestores culturales; consejos de la cultura. En todos ellos, la participación de la sociedad civil es tan importante como inédita y derivada de ello, el papel de las audiencias, o la platea, es obvio.

Tal como ha quedado en evidencia con el anuncio de la construcción de un teatro municipal en Las Condes que ha hecho creer a muchos que su edificación acarrearía perjuicios al Teatro Municipal de Santiago. Pero, los previsibles daños no son responsabilidad del nuevo edificio sino un ejemplo de las consecuencias de una gestión más preocupada por el escenario que por la platea.

El nuevo proyecto es de carácter local, anuncia un plan de gestión profesional, carece de elencos estables y plantea la búsqueda de financiamiento a través de una programación variada. Su condición de teatro comunal contrasta con el concepto de un teatro -de hecho nacional por la excelencia de sus elencos y su financiamiento- que se entrega en administración a un ente municipal. La existencia de un plan de gestión que plantee un “sueño” de teatro es indispensable en todo proyecto de infraestructura cultural. La búsqueda de financiamientos concursables, municipales y privados más la taquilla, asegurarán a la nueva sala una programación libre y variada, no sometida a la obligación de presentar “sus” elencos estables. Éstos, en teatros líderes del mundo, constituyen corporaciones independientes de salas determinadas y gestionan presentaciones en diversidad de espacios.

Hay quienes sugieren que la cercanía de estaciones de metro atraerá a Las Condes a los públicos de otras comunas. Esta puede ser una condición necesaria pero no suficiente. Los habitantes de otros sectores asistirán sólo en la medida en que se desarrollen programas de creación de audiencias. Es decir, preocuparse no sólo del escenario, sino también de la platea y, además, de un aspecto que asegurará la calidad de la relación entre ambos, en ese o cualquier otro espacio cultural, la concursabilidad en la selección de sus principales gestores.


                                            (Publicado en el diario La Segunda, el 17 de abril 2007)


01 septiembre 2025

ESTE LUCHO HIZO MUCHO

 



A pocas horas de finalizar agosto de 2025, llega la noticia de la partida de Lucho Alvarado. Uno de los hombres de la transición. Lo conocí cuando, diversas organizaciones buscábamos afanosamente que los chilenos se inscribieran en los Registros Electorales para participar en el Plebiscito de Octubre de 1988. Allí vimos con regocijo que la señora Tencha Bussi viuda de Allende, vendría a Chile a unirse a la campaña y vimos también que parte de sus camaradas socialistas, dudaban de sumarse a ella. Lucho no tenía dudas y escoltaba a Ricardo Núñez que encabezaba a los socialistas renovados.


Lo volvió a encontrar como integrante del Directorio provisional de la que sería la gran obra cultural del Presidente Aylwin: la remodelación de la vieja estación Mapocho y su conversión en un revolucionario modelo de centro cultural.

El modelo era inédito: una corporación de derecho privado, sin fines de lucro, gestionaría el flamante espacio. El Directorio designado simbolizaba a todas las entidades públicas que debían lograr que, en los breves e intensos 4 años del primer gobierno democrático, se alcanzara la meta.

Lo presidía la máxima autoridad cultural: el Ministro de Educación, Ricardo Lagos. Lo acompañaba como Vicepresidente el encargado del territorio donde esta ubicada la estación: el Alcalde de Santiago, Jaime Ravinet. Como señal del interés presidencial, estaba también el Jefe de Gabinete de Aylwin: Carlos Bascuñan. Debido al interés del gobierno de España por incluir al proyecto entre las obras de la celebración del Quinto Centenario, estaba el Embajador Pedro Bermejo. Y el Ministro de Bienes Nacionales, Luis Alvarado.

Dirán ustedes por qué, ese secretario de Estado. 

Por una razón muy simple, la vieja estación no era propiedad fiscal. Había sido entregado, durante la dictadura, a la CORFO, en parte de pago de la cuantiosa deuda de los Ferrocarriles del Estado con esa corporación de fomento.

Y CORFO no la podía enajenar si no era a través de una venta. Y ese pago correspondería a quien sería el futuro dueño cuando se traspasara al Estado: el custodio de todos los bienes fiscales, el Ministerio de Bienes Nacionales.

De allí la presencia del Ministro Alvarado y la improbable tarea de buscar la forma de pagar a CORFO con recursos que ésta aceptará.

Pasaba el tiempo, la obra de remodelación avanzaba normalmente, en los plazos fijados; la Corporación Cultural se había constituido legalmente, gracias al esfuerzo del abogado municipal, Jorge Flisfish. Solo que continuábamos siendo okupas pues el edificio seguía perteneciendo a CORFO.

Finalmente, la tenaz búsqueda de formas de pago que había emprendido Alvarado llegó a buen final: CORFO ganó un valioso terreno fiscal en la región de Antofagasta. 

Durante mucho tiempo, debió recibir las andanadas del diputado -socialista como Lucho- Felipe Valenzuela (1990/2002), respecto de la "propiedad" antofagastina del floreciente centro cultural.

Antes de finalizar su gobierno, el 3 de marzo de 1994, el Presidente Aylwin y su entonces Ministro de Educación, Jorge Arrate, inauguraron el Centro Cultural.

La página web del Ministerio de Bienes Nacionales lo recoge así:

"Bajo el Decreto N°1290, el 30 de diciembre de 1976, la Estación Mapocho, fue declarada Monumento Nacional, en su totalidad, considerando los edificios originales y la estructura metálica que techa los andenes. En el año 1987, la estación se encontraba en un proceso rápido de deterioro, por la cual se decidió cerrarla. El 1991, el Colegio de Arquitectos, con la participación de la Municipalidad de Santiago, realizó un concurso público para realizar el Centro Cultural, que actualmente está albergado en el inmueble, cumpliendo con la finalidad de revalorar y remodelar la obra original. Para el 3 de marzo de 1994, se inauguró el Centro Cultural Estación Mapocho.

Luis Alvarado había cumplido la tarea encomendada.

Y los millones de visitantes al centro cultural se lo agradecen. 

18 agosto 2025

UNIVERSIDADES E INFRAESTRUCTURA CULTURAL

 



Como parece ser una tradición, nuevamente las principales universidades chilenas han dado, en distintas áreas, un fuerte impulso a la cultura. Ocurrió históricamente cuando la Universidad de Chile y la Universidad Católica tenían sendos grupos de teatro estables -ITUCH y TEUC-, los mejores del país y cuando se hicieron cargo de los primeros canales de TV en la década de los años sesenta, escoltadas esa vez por la pionera UCV.


Cuando parecía que la señera costumbre de que cada gobierno post dictadura dejaba una herencia en infraestructura de alcance nacional para las artes -allí tenemos el CCEM; el MIM; el CCPLM; el GAM- entraba en una sequía a partir del gobierno de Sebastián Piñera uno y hasta el actual, las universidades han salido al rescate.

La Universidad de Chile golpeó la cátedra con una Gran Sala Sinfónica Nacional que acogerá a sus elencos estables que gestiona el CEAC. Desde su ceremonia inaugural, tanto por los invitados -del Estado y de la gran empresa- como por el mensaje directo de la Rectora Rosa Devés, quedó claro que el sector privado tiene mucho que aportar en la administración del espacio. Lo mismo ocurre con la Arena Claro del club deportivo de la UC, que delata el aporte empresarial desde su nuevo nombre.

Es que desde el retorno a la democracia, quedó claro que el desarrollo cultural de Chile es una tarea de financiamiento mixto, entre el Estado, la empresa y la sociedad civil. El primero, tomando la iniciativa y poniendo recursos basales, la segunda aportando recursos operativos como lo requiere una obra de infraestructura y la tercera, a través de la devota compra de entradas, sea para un concierto o para un acontecimiento deportivo.

Veamos los elementos en común que tienen estas dos obras: 

Ambas poseen un elenco estable que ocupa gran parte de las fechas del año. La U de Chile, una Orquesta Sinfónica que atraviesa un gran momento, la UC un equipo de fútbol competitivo que espera recuperar sus posiciones cuando pueda volver a invertir en jugadores de nivel, una vez completada la inversión del estadio.

Ambas tienen vinculación a una "marca" tradicional y dinámica a la vez: las dos universidades más antiguas y prestigiosas en el país y el extranjero.

Estas casas de estudio incursionan también, en los tiempos recientes, en otras áreas de la cultura, como lo demuestran la formidable invitación de honor a la U de Chile, a la más relevante feria del libro universitario de habla hispana, la de la UNAM mexicana, a fines de este mes de agosto. La UC lleva algún tiempo asumiendo gestiones en la radio Beethoven, el museo MAVI o el espacio Vilches, entre otros.

Es preciso también mencionar que universidades, como la UDP, han hecho un gran esfuerzo por crear la Biblioteca Nicanor Parra y nutrirla de variadas muestras de arte y comunicaciones. Como, por ejemplo, una exposición educativa sobre la revista Cabrochico, de editorial Quimantú.

Sin embargo, el Gobierno y su Ministerio de Culturas, desde su creación, a finales de Bachelet dos, ha brillado por su ausencia en el terreno infraestructural, quedando en nada la productiva Comisión al respecto que creó Ricardo Lagos que traspasó su ímpetu al entonces recién creado Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. 

Queda el amargo sabor de que el tránsito de Consejo a Ministerio, junto con perder el carácter vinculante del primero, aumentó su gasto en burocracia y desprotegió la tendencia a llenar el país de espacios culturales "con cemento" y no solo con pases de impacto aún no demostrado.

Junto con acercarse a una elección presidencial se abre la perspectiva de que cada uno de los candidatos y candidatas puedan ofrecer al electorado la perspectiva de, durante su eventual mandato, dejar al país una noble infraestructura cultural.

¿O será que esa tarea es solo de Rectores y no de Presidentes ?

11 julio 2025

VM 20, UN SUEÑO HECHO REALIDAD

Fotos: Arturo Navarro

 

Se respiraba la historia. En la misma fila, sentadas las máximas autoridades de los tres poderes del Estado, junto a dos Rectores de la Universidad de Chile. La actual, Rosa Devés y el iniciador del proyecto, Víctor Pérez. Muy cerca, una gran cantidad de Ministros y Ministras, parlamentarios además de la recientemente ganadora de elecciones primarias y la viuda del ex Presidente Sebastián Piñera. En el aire, las figuras emblemáticas de la Universidad y sus mejores proyectos... Andrés Bello, Juan Gómez Millas, Armando Carvajal... y en el escenario de conciertos, la Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Sinfónico de la Universidad de Chile animados por la batuta del maestro Maximiliano Valdés. 


En ese espíritu, estalla "Egresado, maestro, estudiante", el himno de la casa de estudios. Electrizante. Parecía que lo cantaron hasta quienes no estaban familiarizados con él.

Después, las generosas y agradecidas palabras de la Rectora que no dejaron sin reconocer a todos quienes desde 2014 fueron convirtiendo una idea en proyecto y ésta en realidad, a pesar del estallido social y pandemia, incluido el Rector Ennio Vivaldi .

Para culminar la ceremonia de media hora de historia, la intervención del ex alumno Presidente de la República, Gabriel Boric que reconoció, haciendo un guiño al ex Rector Pérez, su escepticismo juvenil respecto de este sueño.  

En lo musical, desafiando la calidad sonora de la flamante Gran Sala Sinfónica Nacional, la Obertura Festiva, de Juan Orrego Salas y la Novena Sinfonía, Coral, de Ludwig van Beethoven. Nunca más adecuada la Canción de la Alegría.

Entre el fascinado público se comentaba la calidad del espacio, se recordaba que es la primera sala pública para conciertos construida en Chile después del Teatro Municipal de Santiago.

Se lamentaba la oportunidad perdida por el proyecto similar del centro Cultural Gabriela Mistral, a dos cuadras de distancia, que aún espera su inauguración.

Se recordaba que, en algún momento del proyecto, en 2008 y 2009, esta misma Orquesta Sinfónica iba a ser elenco estable de esa postergada edificación. 

Fue Víctor Pérez quien avizoró las dificultades que vendrían y se lanzó con VM 20.

Pero no fue noche de nostalgias ni de tristeza. Chile había ganado una potente infraestructura cultural y se la brindaba su Universidad, la que durante muchos años fue la verdadera institucionalidad cultural del país.

Los asistentes, al salir, brindamos con entusiasmo. En lo personal, recordando esas visitas que -al llegar a Santiago desde la provincia- hacía a esa querida tía que daba clases en la Escuela de Química y Farmacia, en ese mismo punto de la ciudad, que, conservando su antigua fachada, el 10 de julio de 2025 se volvió inmortal.

17 junio 2025

LOS GRANDES EDIFICIOS CULTURALES HABLAN



No dejé de dar un salto cuando, en el reciente foro de candidatos a las primarias de centro e izquierda, la periodista Angélica Bulnes preguntó a los participantes qué libro recomendarían. 

¡Por fin, exclamé! 

Al mismo tiempo, mi fértil imaginación, voló hacia Quimantú deseando que, habiendo una candidata de apellido Jara, ella u otro recomendara el Minilibro que ilustra este texto. Duró poco mi alegría, ni ella ni los demás aprovecharon la oportunidad de pasar algún mensaje que revele su inquietud programática por el libro y la cultura.


Debo reconocer mi ingenuidad de que desde nuestra izquierda que tanto valora al Presidente Allende y su obra, hiciera, en plena campaña, una alusión a ello.

Luego vino la conformidad, la mención de un libro en TV va a reverberar algún tiempo en los comentarios y las redes y luego llegará el ansiado debate sobre el futuro de un sector tan vilipendiado desde el estallido y la pandemia.

Esperaré detectar algo en la prensa. Y me encontré con agradables sorpresas. 

En coincidencia con el inicio de la campaña electoral, han comenzado a destacarse lo que los franceses llaman los grandes edificios culturales. A los que cada Presidente galo ha querido asociarse.

Enumero: 

1. La crisis del Club de La Unión que ha llevado a valorar su colección de arte, con aviesas intenciones de vender parte de ella para pagar sus deudas.

2. La Fundación Salvador Allende no ha recibido trato equivalente para la colección de su Museo, que hizo lo mismo que planean frente al conocido bar La Unión Chica: pagar la compra de un inmueble al Serviu con parte de su patrimonio artístico. Incluso, aclara la Fundación, se planteó un destino digno para las pinturas en la Casa de la Cultura Anáhuac del Parque Metropolitano. Pero, para alguno usar arte para pagar deudas es legítimo, para Allende, no.

3. Esta doble situación motivó un reportaje de Artes y Letras donde se revela que la gran mayoría de las colecciones de arte están en manos del Estado, principalmente en bancos, tal como ocurre en Colombia, Ecuador, México, Bolivia y un largo etcétera.

4. Siguió a esta nota una reveladora crónica de El Mercurio que destaca el liderazgo femenino en grandes espacios culturales como el Museo de Bellas Artes; el Centro Cultural La Moneda; la Biblioteca Nacional y el Centro Cultural Gabriela Mistral. Una muestra de cómo gestionar edificios culturales sin distinción de si son públicos o privados, de si ésta la realiza el SERPAT o una corporación sin fines de lucro. Lo que recuerda la propuesta ante la Cámara de Diputados -cuando se discutía en 2016, la creación del Ministerio de Culturas- de un Consejo Nacional de la Infraestructura y Gestión. Ver  https://arturo-navarro.blogspot.com/2016/03/un-consejo-de-la-infraestructura-y-la.html

 5. La Universidad de Chile ha anunciado, dos hechos relevantes: la rehabilitación de la ex sede de la Facultad de Química y Farmacia, en Vicuña Mackenna 20, para instalar un teatro de excelencia para la Orquesta Sinfónica. Además, su Dirección de Extensión ha anunciado, al convocar a la primera actividad sobre Venturelli y Siquieiros, que desarrollará una cartelera cultural en la Librería Universitaria de su Casa Central, en Alameda 1050.

6. El Museo Precolombino -otro gran espacio cultural- ha anunciado que se asocia a una aplicación que da acceso a 900 organizaciones culturales del mundo, impulsada por Bloomberg Philantropies y que se podrá descargar gratuitamente a la entrada del museo.

7. La Cineteca Nacional, inserta en el Centro Cultural Palacio de la Moneda, ha homenajeado a la cineasta Alicia Vega, dándole su nombre al microcine tradicional. Otro ejemplo de complementación de grandes espacios con pequeñas iniciativas fructíferas en términos de políticas culturales, como testimonian, además de la sala Alicia Vega, su reconocido Espacio Lector y la valiosa muestra "Como diseñar una revolución, la vía chilena al diseño", quizás lo más destacado de la conmemoración de los 50 años del Golpe, en 2023, pronta a presentarse en Barcelona.

8. La antigua estación del ferrocarril Arica-La Paz será rescatada para acoger a la primera Biblioteca regional; un auditorio para 180 personas; oficinas regionales del Consejo de monumentos y la Coordinación de bibliotecas públicas, y una cafetería. Otro caso de grandes edificios aportando a las políticas culturales, en este caso, además, monumento histórico.



La enumeración debería bastar para que los candidatos y sus equipos programáticos consideren una política para la gestión de grandes espacios culturales como la mejor manera de atraer a las audiencias hacia las artes y el patrimonio.

Otro dato: el 16 de junio el Museo del Louvre amaneció cerrado por huelga de sus funcionarios que llamaban la atención sobre el exceso de visitantes...

Parece que los grandes edificios culturales hablan y señalan el camino.



27 julio 2024

PARÍS 2024: DEPORTES Y CULTURA


 

Las electrizantes más de cuatro horas de la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos 2024, en París, no sólo me mantuvo "permanentemente al borde del asiento" como muy bien describió una presentadora mexicana de televisión. También dejó una inquietud: ¿cuál es la relación entre deportes y culturas? Y ¿cómo ha evolucionado esta vinculación -si la hay- a lo largo del tiempo?



Sería simple decir que es una paridad que se ha mantenido a lo largo del tiempo. Bastaría recurrir a que los primeros juegos nacieron en Grecia y tenían un contenido cultural innegable y concluir que los últimos, los actuales de París, también derrocharon, en su inauguración, incontables muestras de cultura y arte.

Lamentablemente no es así. Mi experiencia demuestra que ambas disciplinas se han ido alejando, al menos en nuestro continente y país. 

Ya en mi formación escolar, la educación física contaba con distinciones respecto de los ramos artísticos como artes plásticas, literatura o educación musical. Desde luego, un simple justificativo maternal aludiendo un improbable resfrío, posibilitaba ausentarme de dichas clases, lo que terminaba en bajas calificaciones y el consiguiente descenso en el promedio final. -Ah, tienes cinco en gimnasia, no importa. Al final se mejoraba la calificación con una discutible evaluación del "esfuerzo", es decir, demorar, en las clases finales, menos en la vuelta al patio, que lo alcanzado al inicio del año escolar. Así, se consagraba un alejamiento de la actividad física, sin mayores consecuencias.

En esa misma época, los clásicos universitarios eran conformados por dos bloques, uno cultural: las barras de cada universidad que competían en ingenio y creatividad, y el partido de fútbol propiamente tal. Incluso se decía que quien ganaba en las barras, perdía en el partido y todos felices. 

Por los sesenta, también, llego la televisión a Chile y el gobierno entregó su concesión a universidades, debido al innegable aporte cultural que harían a través de sus pantallas, la U de Chile; la UC; la UC de Valparaíso; y la U del Norte. Lo que obviamente no impidió que la verdadera extensión del nuevo medio de comunicación a lo largo del país, se lograra gracias al Mundial de Fútbol de 1962.

Nuevamente cultura y deporte, de la mano, aportaban a la sociedad, Incluyendo varias universidades que competían con sendos equipos en los campeonatos profesionales de futbol y otros deportes.

Pero la "profesionalización", introdujo la relevancia del dinero en el deporte. Los jugadores se comenzaron a "vender", incluso algunos destacados, al exterior; más de algún empresario o publicista descubrió que poner su marca en las camisetas aumentaría sus ganancias. De ahí a las casas de apuestas auspiciando equipos y hasta selecciones nacionales, hubo solo un paso. Y se llegó a organizar un mundial de fútbol en Qatar, con un clima infernal y un estadio desarmable, hecho de contenedores.

La última perla fue, en la reciente Copa América de fútbol, introducir directamente un show, un espectáculo televisivo en el entretiempo de la final, diletando al doble los tiempos habituales del descanso entre los primeros y los segundos 45 minutos. E introduciendo un factor disruptivo en el tiempo exacto que los aficionados usamos para alimentarnos, refrescarse y atender necesidades biológicas.

En esta vertiginosa danza de millones de dólares en los que bailan derechos de transmisión televisiva; arriendos de camisetas; corrupción de dirigentes... la cultura no llegó a competir. Y siguió por caminos muy alejados del deporte.

Es evidente que un actor, shakesperiano o no, se resistiría a poner un logotipo comercial un su vestuario; o que una orquesta no introduciría un jingle de Coca Cola entre el primer y segundo movimiento de una sinfonía. Tampoco que un escritor redactara, por encargo, una novela exaltando los beneficios de una pasta dental.

Pareció que la vieja sociedad de deporte y cultura se dio por perdida, incluso, en la construcción de una institucionalidad cultural, a inicios de siglo, se optó por el modelo británico de los consejos de las artes, sin siquiera considerar que la secretaría de Estado que los rige en Gran Bretaña, es la misma de los deportes y las comunicaciones.

Sin embargo, París 2024 vuelve el alma al cuerpo. La feliz integración de la historia de Francia; los símbolos urbanos (torre Eiffel); los grandes edificios culturales (museos, bibliotecas); destacadas artistas (Lady Gaga, Cèline Dion); notables elencos (orquesta y ballet nacional, bailarinas del Moulin Rouge), en la ceremonia inaugural mostró al mundo que el ensamble de cultura y deporte es posible y deseable.

La gran pregunta es la habitual: ¿Quién paga? Porque el deporte es capaz de generar recursos millonarios y la cultura apenas se sostiene con financiamientos mixtos entre Estado, privados y las audiencias. 

Quizás sea el momento de volver la vista atrás y recuperar para el beneficio ciudadano los aportes que en este matrimonio tan provechoso como necesario hicieron las universidades, la televisión y el Estado con sus diversas caras como infraestructura; patrimonio material; compra de obras de arte y ejemplares de libros; junto con una gestión dinámica y liviana aprovechando las ricas experiencias en ese terreno que acumulan diversos gestores culturales que han sido capaces de sostener grandes edificios -como en Francia- combinando recursos mixtos y sosteniendo elencos estables o temporales.

Incluso se podría soñar con recuperar ríos que, como el Sena, recorren la capital y otras ciudades, uniendo destinos monumentales. 

Pero eso, es "agua de otro costal".







01 junio 2024

CUENTA DE BORIC EN CULTURA: 1% = 100%



Un fantasma recorre el mundo de la cultura, desde hace años, sin respuesta. Fue reiterada por el Mensaje Presidencial del 1º (otro uno) de junio de 2042, fijada a las 11 horas (dos unos más). Se trata de insistir en que la solución a todos los problemas de la cultura se resolverían con una glosa presupuestaria equivalente a una centésima parte de lo que gasta anualmente el gobierno de Chile.

Hace algunos años, hacia fines de la dictadura se instaló en este mismo mundo otra cifra: la del IVA. Que si se eliminara el impuesto al libro se resolverían los problemas del sector editorial y Chile volvería a ser el país lector de los buenos tiempos de Quimantú.

Las autoridades de la época resolvieron de raíz la campaña que ya se hacía molesta: No se suprime el IVA al libro porque ello traería complicaciones al sistema impositivo imperante, dijo el Ministro de Hacienda, Alejandro Foxley. De acuerdo, dado que el IVA al libro no constituye una cantidad significativa de los impuestos, ¿lo devolverías para crear un Fondo de fomento a la lectura?, dijo el Ministro de Educación, Ricardo Lagos.

Santo remedio. El equivalente a la recaudación fiscal por IVA al libro se traspasó a un flamante Consejo Nacional del Libro, de composición transversal y representativa del sector que adjudicaría los recursos a quienes, mediante proyectos concursables, lo solicitaran.

Así, escritores, libreros, editores, profesores, bibliotecarios, distribuidores, importadores y un (otra vez el 1) representante del Presidente de la República reunidos en Consejo Nacional asignarían fondos a sus pares, girando contra un Fondo Nacional del Libro y la Lectura, creado por Ley. 

Del llanto de eliminar el IVA, nunca más se supo y el sector se llenó de iniciativas de fomento lector; concursos de escritura; creación de bibliotecas; ferias de libros, y cuánta idea naciera del creativo mundo editorial.

Hasta que una honrosa invitación a la principal feria mundial, la de Frankfurt, cayó en manos de una autoridad y no del Consejo del Libro. Y el propio Presidente de la República debió salir a reparar el pecado de ignorancia de su secretaria de Estado.

Para evitar un bochorno similar, aún es tiempo de determinar, participativa y transversalmente, a qué se destinaría la eventual triplicación -en menos de dos años- del presupuesto cultural de Chile.

El Presidente lanzó dos ideas:

"Entregar financiamiento directo a ferias, festivales y agrupaciones de trayectoria probada, como la Orquesta de Niños del Altiplano en Antofagasta, el festival de Jazz en Valparaíso, la Bibliolancha en Chiloé, la Furia del Libro en Santiago, Cielos del Infinito en Magallanes, Teatro Puerto en Coquimbo, o el Festival Internacional de Cine de Valdivia". Responde a la demanda por aportes directos a iniciativas de más de diez años de existencia.

"Un pase cultural ... al cumplir 18 años y personas mayores que tienen la PGU al cumplir 65 años, de 50 mil pesos para utilizarlos en salas de cine, teatro o librerías". Un aporte que puede ser significativo para las industrias culturales.

Sin embargo, el uso del 1% requiere de más análisis y la participación de los incumbentes que definió el propio Boric: 
"las y los artistas, cultores y gestores culturales que trabajan por mantener viva nuestra cultura, en conjunto con el apoyo del Estado y la sociedad civil en todas sus formas".

No pongamos la carreta delante de los bueyes, o, como dijo Bárbara Negrón, el 2 de junio, en El Mercurio: "se requiere terminar de implementar la institucionalidad para poder recibir estos recursos y rindan lo que tienen que rendir. Si no, el ingreso de recursos puede mas bien desestabilizar".

Además del 1%, el Presidente anunció la recuperación de dos medidas nacidas en administraciones anteriores:

Completar el Centro Cultural Gabriela Mistral "como fue ideado e iniciado durante los gobiernos de la Presidenta Bachelet... un gran centro nacional de excelencia para las artes escénicas y musicales... tal como fue concebido durante el gobierno del Presidente Allende en 1971". Reconocimiento a quienes lo antecedieron con un plan que, como muchos países avanzados, destinan edificaciones inicialmente para relevantes eventos mundiales, que luego van a fortalecen la infraestructura cultural. Proyecto retomado en 2006 por la Presidenta Bachelet que implica instalar el Centro Nacional de Artes Escénicas y Musicales aprobado por la Convención Nacional de Cultura, cuando ésta tomaba decisiones vinculantes.

Y agregó una iniciativa que, desde los noventa, apoyó una veintena de producciones cinematográficas nacionales:"El Fondo de Banco Estado para el Fomento del Cine Chileno que se extenderá por primera vez al teatro". 

Anunció el envío de dos proyectos de ley: un necesario aporte a TVN, a través de un "Fondo de reserva para la modernización del canal estatal, fortalecer sus centros regionales, su canal cultural e infantil y su señal internacional, junto a la creación de una radio pública y desarrollo de su formato multi plataforma". Y una nueva legislación de beneficios tributarios, "a empresas extranjeras para posicionar a Chile como un lugar atractivo para las producciones y coproducciones audiovisuales".

Una Cuenta al país que deja tareas y esperanzas al mundo de la cultura, con una clave: el 100% de las preocupaciones seguirá siendo ese 1%.

Hasta que deje de ser un fantasma y se convierta en una feliz realidad.

20 diciembre 2022

ROBIN HOOD CAUGH BETWEEN A DICTATORSHIP AND A PANDEMIC

 











ROBIN HOOD, ENTRE DICTADURA Y PANDEMIA



CENTRO CULTURAL ESTACIÓN MAPOCHO, UN CASO DE GESTION CULTURAL AUTOFINANCIADO 1990/2020

Ponencia para el seminario "Cases for Culture", 2 y 3 de diciembre 2022 en DRCLAS de la Universidad de Harvard.


El plebiscito del NO , en octubre de 1988, en Chile marcó no solo el final de la dictadura de Pinochet, sino también el regreso del protagonismo del mundo cultural en la Democracia que se avecinaba.  

El gobierno del Presidente Patricio Aylwin quiso reconocer el aporte de la gente de la cultura a su campaña y al anterior referéndum, recuperando la abandonada estación Mapocho y convirtiéndola en un importante centro cultural.  

La situación económica del Chile de los 90 no era buena. La dictadura había privatizado todo lo que pudo y las arcas fiscales estaban muy deterioradas, por lo que el gobierno decidió invertir USD 10 millones en remodelar en la estación y esperar que ésta auto financiara su operación como espacio cultural.  

Para ello, entregó su administración a una corporación sin fines de lucro, creada para tal efecto, en la que había participación del gobierno nacional (ministerio de Educación), el municipio de Santiago y entidades culturales permanentes de la república (Universidad de Chile, Fundación Neruda, Teatro Municipal, entre otras).  

La gestión estaría a cargo de un equipo muy reducido (un poco más de una decena de personas) dependiente de esa corporación, que tendría por misión mantener el edificio remodelado, difundir la cultura, sin recibir aportes públicos.  

Ese modelo, novedoso y arriesgado, funcionó durante 30 años bajo una orientación que Doris Sommer califica como de Robín Hood: “obtener recursos de los ricos para servir a los pobres”. Es decir, arrendar el monumental espacio para actividades comerciales (ferias, congresos, seminarios) a buen precio y re invertir esos ingresos en actividades artísticas y culturales (ferias del libro y la música, festivales de cine y teatro, residencias artísticas, conciertos, exposiciones de artes visuales).  

Destacan reuniones internacionales como Letras de España (1993); Expo Cumbre, durante la Cumbre de las Américas (1998); Cena de gala de la 21º reunión de líderes  de APEC (2004); ¡Culturas en el aire! experiencias de radios de pueblos originarios con DRCLAS (2005); Cuarta reunión de la red de Centros Culturales de América y Europa (2005), y la Sexta Cumbre Mundial de las Artes y la Cultura de IFACCA (2014). 

Algunos shows: Monsters of rock (1994); Orquesta Filarmónica de Israel conducida por Zubin Mehta (1997); Davis Copperfield (1997 y 1999); Serrat sinfónico (2004), y Los náufragos de la loca esperanza, del Thèâtre du Soleil, dirigida por Ariane Mnouchkine (2011).

Y las conferencias de Steven Hawkins (1997) y la premio Nobel Nadine Gordimer (1998).

En 2009, el centro cultural recibió el Premio Reina Sofía de Patrimonio y difusión cultural.

Todas las actividades entre 1996 y 2020 pueden revisarse en estacionmapocho.cl/memoria-anual/


El largo éxito del modelo -expuesto en múltiples seminarios y conferencias internacionales- se debió, entre otras, a la estabilidad de su política; el estudio permanente de sus públicos; la sobriedad de sus gastos; la fortaleza de sus comunicaciones, y la habilidad de su programación, muchas veces simultánea de actividades artísticas y comerciales, lo que enriquecía culturalmente a los visitantes de ferias comerciales e interesaba a sus productores.  

La auto sustentabilidad se mantuvo hasta finales de 2019, cuando un estallido social perjudicó gravemente a muchos espacios culturales, incluso quemando algunos, y atemorizando a organizadores y productores que debían arrendar la estación. La crisis se profundizó con la pandemia mundial, así el 17 de marzo de 2020, el centro cultural se vio obligado a cerrar sus puertas. Con ello no había actividades ni ingresos posibles. 

El directorio hizo gestiones con el ministerio de las Culturas y la Presidencia de la República, para recibir, por primera vez, una subvención estatal para, al menos mantener el edificio. La respuesta fue negativa y la administración debió reducir salarios, dejar de pagar gastos mínimos y endeudarse: sobrevivir dificultosamente con préstamos con garantía estatal a Pymes. A diciembre de 2021 la deuda con personal, proveedores y la banca bordeaba el millón de dólares.  

Esta situación provocó daños sicológicos y físicos al personal y un acelerado deterioro al edificio.  Hoy, el centro cultural apenas sobrevive y espera que las nuevas autoridades, finalmente logren incorporarlo a una subvención permanente a través del presupuesto nacional, lo que al menos no se alcanzó para 2023. 

Durante 30 años, las flechas disparadas a la manzana sobre la cabeza de Robin Hood hicieron blanco en la fruta. La envenenada flecha del COVID, acertó al corazón del modelo de autofinanciamiento del centro cultural.  

Habrá que buscar otro camino. 

Muchas gracias.









26 mayo 2022

EL PATRIMONIO DESDE LA ALTURA

Subsecretaria Paulina Soto Labbé y Directora del Museo Histórico Nacional en la presentación de los Días de los Patrimonios 2022


No hay caso, nuestro querido Museo Histórico Nacional es un símbolo ineludible, ubicado en el kilómetro 0 de Santiago, la Plaza de Armas; enfrentado al Conquistador Pedro de Valdivia; vecino de la alcaldía de la ciudad capital y cercano, muy cercano, a la catedral de los católicos, el museo sigue siendo el depositario de nuestra historia y vocero de nuestro futuro.


Así como simbolizó el derrumbe del atrabiliario proyecto de un museo de la Democracia que vociferó un gobernante anterior, expresado en un ridículo traslado hacia la vecina plaza de la "locomotora" que presidía su patio principal, empujada, como esclavos egipcios de una idea desorbitada, por las avergonzadas autoridades patrimoniales del momento, hoy, la nueva autoridad patrimonial, eleva la mirada, reinaugura su torre y mira la ciudad y la historia desde la altura que merece.

En efecto, nuestro patrimonio permanece en buenas manos, sobre todo en buenos ojos. Las autoridades del gobierno anterior solo miraron, sin altura, iglesias y vergonzantes "palacios" para demostrar su amor a lo antiguo y a su personal confort. Solo pueden mostrar un fracasado proyecto de ley de participación simulada pero propaganda pertinaz y la restauración de un discreto palacio de la capital, para ... sus oficinas.

Se justificaron en que estaban recuperando un espacio para acompañar y acoger a los convencionales de la futura constitución, sabiendo que sus discretos espacios solo podrían recibir fragmentos de los 154 constituyentes y su cafetería solo podría mal alimentar a un puñado de ellos.

No obstante, no hay mal que dure cien años y bastó un cambio de gobierno y de ministra, para que la nueva autoridad, Julieta Brodsky, descartara la restaurada oficina de Consuelo Valdés y regresara al lugar que la Ley le asignó: la sede principal en el edificio del ex Correo de Valparaíso y las modestas oficinas de calle Ahumada.

Paralelamente, la subsecretaria Paulina Soto Labbé, recoge y amplifica la tradición nacida de La Moneda del Presidente Ricardo Lagos y la Biblioteca Nacional de Marta Cruz Coke, para convocar a un par de días del Patrimonio, logrando una entusiasta adhesión post pandémica animada por la visión ampliada y contemporánea del patrimonio vivo, material e inmaterial, agregando los merecidos y valiosos testimonios de los pueblos originales de este territorio llamado Chile.

Mientras la mas impactante noticia patrimonial del período anterior fue el descubrimiento del robo de 20 piezas de colección histórica por parte de un empresario ladrón, más tarde apresado, liberado por la justicia y robado por quienes optaban a cien años de perdón. Ello dejó en evidencia el descuido con que se (mal) vigila el patrimonio estatuario en cementerios, plazas y otros lugares públicos, que terminan. alimentando la arcas de anticuarios inescrupulosos.

La mirada de la subsecretaria, el éxito de su convocatoria y la insistencia en que el patrimonio es tarea de todos y todas augura que, al menos desde el gobierno que se inicia, tendremos buenas noticias para vigilar y bien usar aquello que el tiempo, la tradición y el propio presente nos lega.

En ello, el Museo Histórico seguirá contribuyendo, acogiendo nuevas piezas, como aquel vestido que lució doña Leonor Oyarzún la noche en que, aferrada de la mano de su esposo, el Presidente Patricio Aylwin, cruzó en medio de un escrupuloso silencio de la multitud, por una alfombra roja que quedó horadada por sus tacos, en un estadio Nacional repleto de chilenos y chilenas que saludaban el retorno a la Democracia, a la espera de una inconmensurable bandera chilena que cubriría todo el césped del coliseo deportivo, mientras se escuchaba, la canción nacional.

Ese vestido, donado recientemente por la familia Aylwin, que hoy reposa en el museo, habla mucho más de Democracia que esa frustrada idea de un museo, luego sala, hoy solo un penoso y deshilachado recuerdo.

Así se escribe la Historia y así la acoge nuestro Museo Nacional.

03 mayo 2022

GOBERNANZA PARTICIPATIVA: BISAGRA NECESARIA


Tradicionalmente, en Chile, la cultura navegaba en aguas tranquilas, recibiendo recursos desde el gobierno, aferrada a dos sólidas instituciones: la Universidad de Chile y la DIBAM. La relación de los artistas con la sociedad era mediada por los partidos políticos y aquellos brindaban, con generosidad, su arte en las campañas electorales. 


Nunca faltaron aportes e incluso éstos se fueron reforzando a contar del gobierno de Frei Montalva que no sólo creó una Televisión Nacional, de gobierno, sino que también estimuló la alfabetización y la difusión artística hacia los campesinos (vía INDAP, SAG, CORA) y los pobladores (Promoción Popular). Reforzado por la llegada de la televisión que quedó en manos de las universidades: U de Chile, U Católica, UCV, U del Norte.

La coronación de esta tendencia se logró durante el gobierno del Presidente Allende que creó ChileFilms, Quimantú y el Museo de la Solidaridad. Con una diferencia, no tenían asegurado el financiamiento público, Quimantú debió autofinanciarse y el Museo recibía donaciones desde la solidaridad internacional.

De este modo, el mundo de la cultura llegó a tener una gran influencia en el acontecer político. Era frecuente ver a dirigentes de partidos que visitaban a Quimantú y solicitaban que publicara sus libros.

No fue extraño entonces, que, muy tempranamente, la dictadura las emprendiera contra los libros (quemando miles de ellos, en cámara) y contra artistas emblemáticos como Víctor Jara, Pablo Neruda, Ángel Parra (e indirectamente a su familia). A lo que se sumaron exilios masivos de grupos musicales (Inti Illimani, Quilapayún), escritores, actores y artistas visuales.

La cultura volvió a ser acorralada, con el agravante que la Universidad de Chile fue fragmentada en una decena de pequeñas universidades regionales y la DIBAM dejó de comprar para sus bibliotecas y museos.

Lo natural es entonces que, una vez recuperada la Democracia, la cultura quiera salir del ahogo y organizarse en relación con otros actores sociales. Por ello fue muy fácil descartar la figura de un ministerio, una subsecretaría o una dirección nacional, tres opciones de diferente rango con una característica común: una dirección unipersonal, finalmente, presidencial.

Así, las primeras señales fueron transversales: un comité de donaciones integrado por artistas, empresarios y parlamentarios para aprobar -o no- los proyectos de la flamante política de estímulos tributarios a los privados que el Senador Gabriel Valdés introdujo en una ley de presupuesto. La Ley del Libro y la Lectura, comienza en su primer artículo con la creación de un Consejo Nacional plural (escritores, editores, profesores, bibliotecarios, distribuidores, libreros) que asignará los recursos que el Estado pone a su disposición. El primer centro cultural, establecido en la antigua estación Mapocho también es gobernado por un Directorio integrado por representantes de organizaciones permanentes de la República en materia cultural, esquema que se repite en los centros culturales creados a continuación. 

Subyace allí la necesidad de que la cultura conviva con otros sectores de la sociedad y así también quedó plasmado en dos comisiones asesoras creadas por los Presidentes Frei y Lagos, en las que artistas y gestores convivieron con parlamentarios y empresarios. Lo que también quedó establecido en la institucionalidad nacional post dictadura aprobada por el Parlamento: el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Sin embargo, la primera prueba de esta dirección colegiada, no dependiente de la DIBAM ni de la Universidad de Chile, fue la Corporación Cultural de la Estación Mapocho, donde se incorporó en su Directorio a autoridades públicas electas, como el Alcalde Jaime Ravinet, con personas representativas de la sociedad civil como la historiadora Lucía Santa Cruz; la intérprete musical Cecilia Echenique; el escritor Antonio Skármeta; el abogado de derechos humanos y coleccionista José Zalaquett; el arquitecto de la UC, uno de los autores del proyecto de remodelación ganador, Ramón López (en la foto). Todo, presidido por la máxima autoridad cultural del Estado, el Ministro de Educación.

A este directorio se le encomendó como misión preservar el edificio, monumento nacional, y divulgar la cultura junto con la necesidad de autofinanciarse. Tomando así el bastón que ya se había ensayado, con éxito, en Quimantú. 

Este colectivo debió tomar decisiones que habrían sido escandalosas en un período de una cultura dependiente de la política y los gobiernos: prohibir las actividades partidistas, religiosas y matrimonios, es decir aquellas que no eran abiertas a todo público. Un centro cultural es para todos, o no es. 

El imperativo del autofinanciamiento llevó además buscar alianzas con medios de comunicación (La Tercera); empresas donantes (BHP Billiton) otros espacios culturales (Teatro Municipal), con diferentes resultados, manteniendo también una relación privilegiada con aquellas actividades artísticas aprobadas por otros colectivos participativos asociados al gobierno: Fondart, Fondo del Libro, Comité de Donaciones Culturales, y actividades internacionales de gran impacto (Letras de España; Expo Cumbre de las Américas, o la reunión Anual de las Asambleas de Gobernadores del BID).

Así, a partir de la experiencia del CCEM se va constituyendo esa nueva forma de la cultura post dictadura, para enfrentar su inserción social: ser una bisagra que conecta diversos mundos desde una nueva forma de liderazgo. Los resultados fueron tan favorables que el centro cultural recibió el Premio Reina Sofía de Patrimonio Cultural, por su gestión y fue sede oficial de la Sexta Cumbre Mundial de las Artes y la Cultura, en 2014, la primera en América Latina y en un país de habla hispana.


25 septiembre 2021

GESTIÓN CULTURAL DE LA DICTADURA A LA PANDEMIA


HISTORIA Y PRE HISTORIA DE LA GESTIÓN CULTURAL EN CHILE.

Charla inaugural de la segunda Escuela de Gestión Cultural de la Provincia de Petorca, convocada por la gestora Hilda Arévalo, el 22 de septiembre de 2021.

Versión completa en:

https://web.facebook.com/arturonavarroceardi/videos/550776585984259


09 julio 2021

BOCHORNO EN LA CONVENCIÓN CONSTITUYENTE


 "Con más de 30 años de experiencia como director del Centro Cultural Estación Mapocho, el gestor cultural Arturo Navarro destaca los principales errores en la organización de la primera sesión de la Convención Constitucional. "Hay una negligencia brutal", comenta a The Clinic, contando además que puso el recinto cultural que él dirige a disposición de la Universidad de Chile, a objeto de colaborar con el funcionamiento del órgano constituyente".


El texto completo de la entrevista en:

https://www.theclinic.cl/2021/07/06/las-lecciones-de-arturo-navarro-director-del-centro-cultural-estacion-mapocho-por-el-bochorno-tecnico-de-la-convencion-constitucional-sin-pandemia-esto-hubiera-sido-una-catastrofe/