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06 julio 2025

¿QUÉ HACER EN CULTURA, JEANETTE JARA?


Fuente: Archivo Arturo Navarro
Fuente: Megamedia

Un reputado columnista al analizar la amplia victoria electoral de la candidata comunista en las primarias de la centro izquierda, la atribuyó a la acertada lectura que habría hecho del clásico marxista "¿Qué hacer", de Lenin. Con ello, no solo reafirmó su militancia sino que -tal vez sin querer- hizo un guiño a la más relevante obra cultural de la izquierda en el último siglo: la Editorial Quimantú, que publicó entre sus más de once millones de libros, la masiva edición del texto en Chile.


El guiño al ícono de la cultura izquierdista permite preguntarnos por qué senderos transitaría hoy una política cultural en un eventual gobierno de Jara. 

Las  primeras señales nos orientan hacia dos universidades, la USACH, donde estudió y la UAHC cuyo rector es su compañero Álvaro Ramis.

Ella reconoce, al igual que Ramis, la influencia de la Pastoral Obrera de los 80 y su mentor, el sacerdote Alfonso Baeza. Esta universidad fue muy activa para la conmemoración de los 50 años del golpe cívico-militar, organizando entre otras actividades una mesa redonda sobre Quimantú en la que el sociólogo Tomás Moulian recordó uno de los episodios más bochornosos del PC: los intentos frustrados por impedir la publicación de la "Historia de la revolución rusa" de León Trotsky.

La USACH, sucesora de la UTE, exhibe en uno de sus patios una estatua del comunista Enrique Kirberg, primer rector elegido en claustro pleno (votación universal) de profesores y estudiantes durante la Reforma Universitaria  de 1967-1973.

Desde la creación del PC en 1922 y su antecesor, el Partido Obrero Socialista, se asocia al inspirador de ambos, Luis Emilio Recabarren, con la prensa obrera. Fundó innumerables periódicos y compró diferentes impresiones.

Desde entonces, el PC ha dispuesto siempre de medios escritos, como El Siglo, la revista Ramona o el tabloide Puro Chile. Por lo mismo, se caracteriza por tener cuadros sólidos en el entorno de ellos: tipógrafos, linotipistas, canillitas, periodistas, editores, dibujantes, diseñadores y por supuesto sindicalistas de estos oficios. 

No extrañó entonces que, al llegar al gobierno con Allende en 1970, pusiera selectos cuadros para contribuir al trabajo de la formidable empresa que sería la editorial estatal. Desde el destacado editor Joaquín Gutiérrez al sindicalista Sergio San Martín. Agregando militantes femeninas como Iris Lago Farías e Hilda López, y periodistas como Guillermo Gálvez, hasta hoy detenido desaparecido.

A través de Gutiérrez propuso la edición de grandes clásicos de la literatura marxista, como el "Manifiesto Comunista" o el "¿Qué hacer?".

También hubo influencia PC en libros de literatura, revistas periodísticas e ilustradas como las historietas Q y "La Firme".  

Entonces las discrepancias naturales en una coalición de gobierno, fueron resueltas por el debate, la discusión y, finalmente, la votación de un comité ejecutivo compuesto por un 50% de representantes laborales, elegidos por los trabajadores de la empresa.

Puede colegirse entonces que el trabajo cultural estaba vinculado a la participación, así como la meta que lo guiaba era la democratización de la cultura: que puedan leer aquellos a quienes no llegaba la lectura.

Ambos aspectos parecen seguir vigentes y posiblemente sean considerados en el programa de centro izquierda de Jeanette Jara para su campaña presidencial. 

En enero de 2025, el PC, en su XXVII Congreso Nacional acordó que:

" Las Culturas, las Artes y los Patrimonios son un medio de transformación social, por ello es fundamental promover y fortalecer las culturas que emergen de los territorios y profundizar el concepto de democracia cultural. La producción cultural debe trascender el modelo actual de concursabilidad, que limita la sostenibilidad de los proyectos, y orientarse hacia la promoción de políticas públicas robustas, articuladas entre los ministerios de cultura y educación deben garantizar el acceso de niños, niñas y jóvenes vulnerables a las artes y la cultura, fortaleciendo una identidad colectiva.  ".

Ello parece un giro respecto de la política cultural que el PC promovió desde 1958 y que lo llevará a tener exitosos comportamientos en el sector, tanto en el Frente Popular como en el Frap de 1964 y la Unidad Popular de 1970. 

De esa política de democratización de la cultura destacaron figuras como Violeta Parra, Pablo Neruda, Víctor Jara, Volodia Teitelboim y Raúl Zurita e iniciativas señeras como el Tren de la Cultura.

Podría decirse que el último grito en esa línea fue el vibrante llamado de Zurita, al mundo de la cultura, desde el Museo de la Memoria, para impedir el nombramiento -durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera- de un Ministro de la Cultura ex mirista y negacionista que gracias a ello, duró solo 4 días. Más tarde, el PC entró en la espiral revolucionaria de noviembre de 2019 y demostró, también en cultura, las banderas que ondeaba el Frente Amplio respecto de la democracia cultural, modificando su línea histórica al respecto.


Se entrampó entonces en la contradicción frenteamplista de, por una parte, desear que la cultura surja de la base, "todos somos creadores", y tener que instalar un Ministerio que evidentemente calzaba con su política de democratización desde iniciativas estatales.


Por más papers que produjeron las nuevas autoridades, no fue posible deshacer el entuerto y se inició una seguidilla de ministros sin políticas claras, a los que el Presidente Boric tuvo que salir a auxiliar más de una vez, con confusos anuncios del lema de moda: el 1%, que no se concretó


De este modo, a la candidata Jara le queda recuperar las provechosas políticas de la alianza PS y PC, que rindieron frutos tan notables como el mencionado Quimantú, el Museo de la Solidaridad, el Museo de los derechos humanos, y el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, por nombrar solo algunos.


Lenin o al menos el columnista que lo cita, estarán contentos de recuperar el tiempo perdido.


16 junio 2022

EL SISTEMA DE PRENSA EN CHILE (1973-1984)


Corría 1985 cuando dos ONG's opositoras a la dictadura organizaron un Seminario para debatir temas de prensa y cultura: CENECA y CED. En esa ocasión, me encomendaron un estudio sobre la situación de la prensa durante los primeros años  del régimen militar. En él, a partir de la presencia de la prensa en la Constitución de 1925, aún vigente, se analizó cómo el sistema completa había sido desbaratado, tanto por la clausura de medios escritos y radiales como por la intervención de los medios televisivos, a través de los rectores delegados de las universidades, propietarias de los canales existentes. El texto completo fue digitalizado gracias al trabajo del profesor chileno Tomás Peters y puede encontrarse en el siguiente vínculo:

http://www.archivoceneca.cl/2018/08/08/el-sistema-de-prensa-en-chile-bajo-el-gobierno-militar/


El año siguiente, 1986, junto a la investigadora María Elena Hermosilla, el presidente del Colegio de Periodistas de Concepción, Mario Aravena y cuatro colegas de la ciudad, realizamos una investigación sobre la situación de la Prensa y la Radio en la región del Bío Bío. Gracias al mismo esfuerzo de Peters, ese estudio puede encontrarse en:

http://www.archivoceneca.cl/2018/08/08/prensa-radio-y-television-region-del-bio-bio/


Parece relevante destacarlos hoy, que entramos en una nueva fase constitucional como país y, por tanto, en una nueva etapa del sistema de prensa nacional.

01 junio 2022

LA CULTURA EN EL PRIMER MENSAJE DE BORIC


1º de junio 2022, primera cuenta pública del Presidente Gabriel Boric. No había grandes trascendidos en material cultural, sus agentes y autoridades disfrutaban aún de una exitosa jornada del Día de los Patrimonios, acontecida el fin de semana anterior. Se vivía el ajuste de las nuevas designaciones de la Ministra Julieta Brodsky en las diversas corporaciones y fundaciones culturales que integra. Cuándo, ¡oh sorpresa!, llegó un contundente discurso presidencial con excelentes anuncios para el sector. Veamos.


Los párrafos correspondientes de la maciza Cuenta, comenzaron así: 

“La cultura es ese espacio donde se encuentra la creación de las y los grandes artistas, con el patrimonio y las prácticas cotidianas de los pueblos de Chile. La cultura es el trasfondo que da sentido a nuestra mirada y pone textura y color en los lazos que unen a nuestra patria. La cultura es en definitiva el espíritu de un pueblo, y como tal debemos tratarla".

Una definición correcta y un llamado a asumirla y bien tratarla.

Continúa:

"Y sabemos que lo han pasado mal. Por ello, a partir de julio, entregaremos un apoyo de 450 mil pesos a 30 mil trabajadores y trabajadoras del sector cultural, y además, desarrollaremos estrategias regionales que tengan como objetivo la reactivación económica del sector, con un tratamiento diferenciado en el plan paso a paso que se haga cargo de la realidad particular de la industria."

El tanto tiempo esperado reconocimiento a las enormes dificultades que trabajadoras y trabajadores de la cultura sufrieron por el estallido social, la pandemia y la desidia del gobierno anterior. Con una precisión justa: el objetivo -obvio pero invisibilizado hasta ahora- la reactivación económica del sector con particularidades, caso a caso y énfasis regional.

Lo que sigue es la mirada de futuro: "Pero debemos pensar también mas allá de la emergencia". La misión del estadista.

"Necesitamos revisar la forma en cómo nuestra sociedad concibe el trabajo cultural. Junto a sindicatos, gremios y trabajadores, elaboraremos un proyecto de ley que cree un Sistema Nacional de Financiamiento Cultural que junto con un futuro Estatuto del Trabajador Cultural, nos permitan transitar de la precarización de las y los trabajadores de la cultura a condiciones dignas que valoren como corresponde su esencial labor. Le he encargado esta tarea con mucho énfasis a nuestra Ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio".

Hace quince años escribí un libro  -"Cultura ¿quién paga?"  de Ril editores- cuya tesis central es que el desarrollo cultural de un país depende de quién o quienes lo financian. Hasta ahora marchábamos, desde el regreso a la Democracia, con dignidad por el camino de aportes fundamentalmente públicos, con asignación a través de consejos participativos y vinculantes integrados por pares de los beneficiados. Ese camino sufrió un retroceso con la creación, en 2018, de un ministerio que amputó las facultades vinculantes y reforzó la burocracia creando dos subsecretarías con duplicidades hasta ahora no resueltas. 

Por ello, la creación de un Sistema de Financiamiento augura ser una buena noticia en el que convivan y se coordinen los recursos públicos, privados y de las industrias culturales y puedan superarse las injusticias de centros culturales adscritos a millonarias glosas presupuestarias  anuales mientras otros agentes culturales son dejados a la suerte del autofinanciamiento y la concursabilidad, evidentemente creada para otros justos fines.

También constituye un gran avance el Estatuto del trabajador cultural, para prever futuras crisis que, como la pandemia, sorprendió al sector sin datos sobre sus integrantes y un ministerio sin capacidad de respuesta al respecto.

Termina, Boric con la reiteración de una promesa de campaña:

"Además reitero nuestro compromiso que durante nuestro período de gobierno llegaremos, al menos, al 1% del presupuesto destinado a cultura. Esto lo afirmo porque tengo la más profunda convicción de que el desarrollo de un país no puede medirse sólo en función de su acceso a bienes, servicios y consumos, sino también en cómo trata, respeta y apoya la cultura en sus más diversas expresiones”.

Es verdad, el desarrollo de un país debe medirse en el trato, respeto y apoyo público a la cultura. 

Un camino a recorrer.

26 mayo 2022

EL PATRIMONIO DESDE LA ALTURA

Subsecretaria Paulina Soto Labbé y Directora del Museo Histórico Nacional en la presentación de los Días de los Patrimonios 2022


No hay caso, nuestro querido Museo Histórico Nacional es un símbolo ineludible, ubicado en el kilómetro 0 de Santiago, la Plaza de Armas; enfrentado al Conquistador Pedro de Valdivia; vecino de la alcaldía de la ciudad capital y cercano, muy cercano, a la catedral de los católicos, el museo sigue siendo el depositario de nuestra historia y vocero de nuestro futuro.


Así como simbolizó el derrumbe del atrabiliario proyecto de un museo de la Democracia que vociferó un gobernante anterior, expresado en un ridículo traslado hacia la vecina plaza de la "locomotora" que presidía su patio principal, empujada, como esclavos egipcios de una idea desorbitada, por las avergonzadas autoridades patrimoniales del momento, hoy, la nueva autoridad patrimonial, eleva la mirada, reinaugura su torre y mira la ciudad y la historia desde la altura que merece.

En efecto, nuestro patrimonio permanece en buenas manos, sobre todo en buenos ojos. Las autoridades del gobierno anterior solo miraron, sin altura, iglesias y vergonzantes "palacios" para demostrar su amor a lo antiguo y a su personal confort. Solo pueden mostrar un fracasado proyecto de ley de participación simulada pero propaganda pertinaz y la restauración de un discreto palacio de la capital, para ... sus oficinas.

Se justificaron en que estaban recuperando un espacio para acompañar y acoger a los convencionales de la futura constitución, sabiendo que sus discretos espacios solo podrían recibir fragmentos de los 154 constituyentes y su cafetería solo podría mal alimentar a un puñado de ellos.

No obstante, no hay mal que dure cien años y bastó un cambio de gobierno y de ministra, para que la nueva autoridad, Julieta Brodsky, descartara la restaurada oficina de Consuelo Valdés y regresara al lugar que la Ley le asignó: la sede principal en el edificio del ex Correo de Valparaíso y las modestas oficinas de calle Ahumada.

Paralelamente, la subsecretaria Paulina Soto Labbé, recoge y amplifica la tradición nacida de La Moneda del Presidente Ricardo Lagos y la Biblioteca Nacional de Marta Cruz Coke, para convocar a un par de días del Patrimonio, logrando una entusiasta adhesión post pandémica animada por la visión ampliada y contemporánea del patrimonio vivo, material e inmaterial, agregando los merecidos y valiosos testimonios de los pueblos originales de este territorio llamado Chile.

Mientras la mas impactante noticia patrimonial del período anterior fue el descubrimiento del robo de 20 piezas de colección histórica por parte de un empresario ladrón, más tarde apresado, liberado por la justicia y robado por quienes optaban a cien años de perdón. Ello dejó en evidencia el descuido con que se (mal) vigila el patrimonio estatuario en cementerios, plazas y otros lugares públicos, que terminan. alimentando la arcas de anticuarios inescrupulosos.

La mirada de la subsecretaria, el éxito de su convocatoria y la insistencia en que el patrimonio es tarea de todos y todas augura que, al menos desde el gobierno que se inicia, tendremos buenas noticias para vigilar y bien usar aquello que el tiempo, la tradición y el propio presente nos lega.

En ello, el Museo Histórico seguirá contribuyendo, acogiendo nuevas piezas, como aquel vestido que lució doña Leonor Oyarzún la noche en que, aferrada de la mano de su esposo, el Presidente Patricio Aylwin, cruzó en medio de un escrupuloso silencio de la multitud, por una alfombra roja que quedó horadada por sus tacos, en un estadio Nacional repleto de chilenos y chilenas que saludaban el retorno a la Democracia, a la espera de una inconmensurable bandera chilena que cubriría todo el césped del coliseo deportivo, mientras se escuchaba, la canción nacional.

Ese vestido, donado recientemente por la familia Aylwin, que hoy reposa en el museo, habla mucho más de Democracia que esa frustrada idea de un museo, luego sala, hoy solo un penoso y deshilachado recuerdo.

Así se escribe la Historia y así la acoge nuestro Museo Nacional.

03 mayo 2022

GOBERNANZA PARTICIPATIVA: BISAGRA NECESARIA


Tradicionalmente, en Chile, la cultura navegaba en aguas tranquilas, recibiendo recursos desde el gobierno, aferrada a dos sólidas instituciones: la Universidad de Chile y la DIBAM. La relación de los artistas con la sociedad era mediada por los partidos políticos y aquellos brindaban, con generosidad, su arte en las campañas electorales. 


Nunca faltaron aportes e incluso éstos se fueron reforzando a contar del gobierno de Frei Montalva que no sólo creó una Televisión Nacional, de gobierno, sino que también estimuló la alfabetización y la difusión artística hacia los campesinos (vía INDAP, SAG, CORA) y los pobladores (Promoción Popular). Reforzado por la llegada de la televisión que quedó en manos de las universidades: U de Chile, U Católica, UCV, U del Norte.

La coronación de esta tendencia se logró durante el gobierno del Presidente Allende que creó ChileFilms, Quimantú y el Museo de la Solidaridad. Con una diferencia, no tenían asegurado el financiamiento público, Quimantú debió autofinanciarse y el Museo recibía donaciones desde la solidaridad internacional.

De este modo, el mundo de la cultura llegó a tener una gran influencia en el acontecer político. Era frecuente ver a dirigentes de partidos que visitaban a Quimantú y solicitaban que publicara sus libros.

No fue extraño entonces, que, muy tempranamente, la dictadura las emprendiera contra los libros (quemando miles de ellos, en cámara) y contra artistas emblemáticos como Víctor Jara, Pablo Neruda, Ángel Parra (e indirectamente a su familia). A lo que se sumaron exilios masivos de grupos musicales (Inti Illimani, Quilapayún), escritores, actores y artistas visuales.

La cultura volvió a ser acorralada, con el agravante que la Universidad de Chile fue fragmentada en una decena de pequeñas universidades regionales y la DIBAM dejó de comprar para sus bibliotecas y museos.

Lo natural es entonces que, una vez recuperada la Democracia, la cultura quiera salir del ahogo y organizarse en relación con otros actores sociales. Por ello fue muy fácil descartar la figura de un ministerio, una subsecretaría o una dirección nacional, tres opciones de diferente rango con una característica común: una dirección unipersonal, finalmente, presidencial.

Así, las primeras señales fueron transversales: un comité de donaciones integrado por artistas, empresarios y parlamentarios para aprobar -o no- los proyectos de la flamante política de estímulos tributarios a los privados que el Senador Gabriel Valdés introdujo en una ley de presupuesto. La Ley del Libro y la Lectura, comienza en su primer artículo con la creación de un Consejo Nacional plural (escritores, editores, profesores, bibliotecarios, distribuidores, libreros) que asignará los recursos que el Estado pone a su disposición. El primer centro cultural, establecido en la antigua estación Mapocho también es gobernado por un Directorio integrado por representantes de organizaciones permanentes de la República en materia cultural, esquema que se repite en los centros culturales creados a continuación. 

Subyace allí la necesidad de que la cultura conviva con otros sectores de la sociedad y así también quedó plasmado en dos comisiones asesoras creadas por los Presidentes Frei y Lagos, en las que artistas y gestores convivieron con parlamentarios y empresarios. Lo que también quedó establecido en la institucionalidad nacional post dictadura aprobada por el Parlamento: el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Sin embargo, la primera prueba de esta dirección colegiada, no dependiente de la DIBAM ni de la Universidad de Chile, fue la Corporación Cultural de la Estación Mapocho, donde se incorporó en su Directorio a autoridades públicas electas, como el Alcalde Jaime Ravinet, con personas representativas de la sociedad civil como la historiadora Lucía Santa Cruz; la intérprete musical Cecilia Echenique; el escritor Antonio Skármeta; el abogado de derechos humanos y coleccionista José Zalaquett; el arquitecto de la UC, uno de los autores del proyecto de remodelación ganador, Ramón López (en la foto). Todo, presidido por la máxima autoridad cultural del Estado, el Ministro de Educación.

A este directorio se le encomendó como misión preservar el edificio, monumento nacional, y divulgar la cultura junto con la necesidad de autofinanciarse. Tomando así el bastón que ya se había ensayado, con éxito, en Quimantú. 

Este colectivo debió tomar decisiones que habrían sido escandalosas en un período de una cultura dependiente de la política y los gobiernos: prohibir las actividades partidistas, religiosas y matrimonios, es decir aquellas que no eran abiertas a todo público. Un centro cultural es para todos, o no es. 

El imperativo del autofinanciamiento llevó además buscar alianzas con medios de comunicación (La Tercera); empresas donantes (BHP Billiton) otros espacios culturales (Teatro Municipal), con diferentes resultados, manteniendo también una relación privilegiada con aquellas actividades artísticas aprobadas por otros colectivos participativos asociados al gobierno: Fondart, Fondo del Libro, Comité de Donaciones Culturales, y actividades internacionales de gran impacto (Letras de España; Expo Cumbre de las Américas, o la reunión Anual de las Asambleas de Gobernadores del BID).

Así, a partir de la experiencia del CCEM se va constituyendo esa nueva forma de la cultura post dictadura, para enfrentar su inserción social: ser una bisagra que conecta diversos mundos desde una nueva forma de liderazgo. Los resultados fueron tan favorables que el centro cultural recibió el Premio Reina Sofía de Patrimonio Cultural, por su gestión y fue sede oficial de la Sexta Cumbre Mundial de las Artes y la Cultura, en 2014, la primera en América Latina y en un país de habla hispana.


25 abril 2022

ZIG ZAG, QUIMANTÚ Y LOS TRES SERGIOS


Mujica, San Martín y Maurín, son tres de los personajes relevantes de esta historia llamados Sergio: Mujica era el propietario de la editorial Zig Zag; Sergio San Martín (en la foto) era Presidente del sindicato de la misma, al momento de asumir el gobierno del Presidente Allende, y Sergio Maurín, fue el único gerente general de la Editora Nacional Quimantú. 


En los años 60 Zig-Zag estaba convertida en la editorial más importante del país y de los países de habla española del Pacífico. Sus revistas cubrían ampliamente las áreas informativas y de entretenimiento y, entre sus autores de libros, incluía a los mejores escritores chilenos y a varios premios Nobel. Muerto Gustavo Helfmann, su descendencia vendió la Empresa en 1968 al grupo Sergio Mujica Lois (editorialzigzagblogspot.com).


Zig Zag enfrentaba una grave crisis económica que derivó en un conflicto con sus trabajadores, quienes, hacia noviembre de 1970, acordaron un paro de actividades con el objetivo de que la editorial fuera integrada al área social de empresas del Estado (María Isabel Molina "Las prácticas editoriales en Quimantú" Grafito Ediciones, 2018).


La empresa estaba en situación de quiebra y acumulaba deudas generadas en los últimos años. Enfrentó huelga de casi 2 meses que exigía reajuste y pago de deudas previsionales. El gobierno de Allende, decretó reanudación de faenas el 1° de diciembre del 70 y el fallo arbitral se dictó el 9 de diciembre. A los pocos días, Zig-Zag ofreció en venta al Estado sus activos y se firmó acuerdo el 12 de febrero de 1971. (Sergio Maurín, Le Monde Diplomatique 13 de septiembre de 2013).


Sigamos a Maurín: el Gobierno compró oficinas y talleres de Zig-Zag en pleno funcionamiento, donde laboraban 780 trabajadores que conservaron sus cargos. Además se transfirió la propiedad de 14 revistas con bajo tiraje y algunos contratos de impresión que incluían las revistas norteamericanas Visión y Reader’s Digest.


El valor de la compraventa lo fijó la consultora estadounidense Price Waterhouse. Las fuertes deudas con Banco del Estado, SII, Cajas de Previsión y proveedores, se descontaron del precio de compra y se transfirieron a la Editora. CORFO depositaría los fondos para que Quimantú las pagara. Se firmó contrato de impresión por 2 años de las 16 revistas que Zig-Zag conservó. Es decir, se continuó imprimiendo lo de siempre.


Quimantú nació con las arcas vacías. Debía pagar sueldos y enfrentar gastos para cumplir con los clientes y sacar sus propias ediciones. Los ingresos llegaban con mas de 1 mes de atraso. La CMPC vendía el papel con pago al contado. Al poco andar exigió pagos anticipados y retrasaba los despachos. Incluso suspendió un mes la venta de papel para revistas. La vía ineludible fue el endeudamiento.


El fuerte déficit operativo, la falta de capital de trabajo, el endeudamiento necesario, la impresión de textos escolares a bajo precio, la inversión requerida para el inicio de masiva edición de libros con retornos tardíos, la escuálida y elitista red de librería y distribuidoras existentes, prefiguraban un complicado marco operativo inicial. No se podía abordar todos los objetivos, lo que significó atrasar el lanzamiento masivo de libros. Las fortalezas eran: el complejo industrial impresor con aproximadamente un 65% de capacidad ociosa; los activos fijos que respaldaban préstamos; la plena autonomía operativa otorgada, y la alta capacidad de sus 800 trabajadores, todos afiliados a un Sindicato único, destacado impulsor de cambios. A ello, se sumaba el interés del conjunto de quienes provenían de Zig-Zag, por mantener su fuente de ingresos.


A los trabajadores heredados, se sumaron 6 funcionarios directivos en representación del Estado dueño de la empresa, quienes constituyeron el primer Consejo Administrativo.


La gestión de la Editorial Quimantú, es recordada por su espectacular éxito en la edición de libros: 317 títulos y 11.7 millones de ejemplares en 2 años de los cuales se habían vendido cerca de 10 millones, además de imprimir textos de estudio para el Ministerio de Educación.


Una condicionante esencial poco conocida, fue que la Editora debía autofinanciar su operación y su desarrollo debido a carencias fiscales. Jamás recibió aportes financieros ni franquicia alguna. Se le dio trato similar al de una empresa privada, con la diferencia que su misión era maximizar su aporte al desarrollo cultural y no de maximizar ganancias.


Por ello, no extrañará que el aniversario de los treinta años del Quimantú, se celebrara en otra institución con el mismo imperativo de autofinanciamiento cuya misión es aportar al desarrollo cultural por la vía de conservar el edificio patrimonial y difundir la cultura: el Centro Cultural Estación Mapocho.


A esa celebración, conmemorada con una pequeña cajita de cartón que contenía las portadas de todos los títulos de Cuncuna -elaborada por ediciones Ekaré- asistió Sergio San Martín, con un notorio portadocumentos. En el momento adecuado, pidió la palabra -ese don que lo caracterizaba desde sus años de sindicalista- y emocionó a los presentes extrayendo del maletín diferentes publicaciones de Quimantú, refiriéndose con conocimiento y cariño a cada una de ellas. También a algunas de las presentes que aparecen en la fotografía: Iris Largo Farías, sonriendo, e Hilda López Aguilar, aplaudiendo.


Sergio San Martín, luego de el golpe militar se radicó en Gorbea, provincia de Cautín, donde trabajó como artesano, investigador e historiador autodidacta dedicado a la defensa de la etnia mapuche. Incursionó también la literatura infantil, escribiendo "Cuentos del abuelo". Falleció en 2018, fecha desde la que el Centro Cultural de Gorbea, lleva su nombre.


Esa tarde, en la ribera sur del mismo río Mapocho que, unas millas arriba, y en su ribera opuesta sorteaba el edificio de Quimantú, se brindó por aquella empresa que, según Maurín, alcanzó la madre de todos los logros: la participación plena de los trabajadores en la gestión: el derecho a participar en las decisiones a todo nivel.

23 abril 2022

METAMORFOSIS: DE CUNCUNA A MARIPOSA




Metamorfosis, es el proceso biológico que experimentan las crías de ciertos animales antes de llegar a la edad adulta. Se me ocurrió ocuparlo a propósito de una gentil invitación de la directora del Museo Violeta Parra, Cecilia García Huidobro, a exponer desde las redes de ese museo, sobre la Empresa Editora Nacional Quimantú.


Extraño, porque es un fenómeno de hace cincuenta años (1970/1973) que se ha resistido a pasar al olvido. Por el contrario, aparece cada vez con mas fuerza entre lectores nostálgicos, tuiteros de buena memoria, programas de gobierno y hasta en el debate de la Nueva Constitución. 

Siempre enfrentado a una especie de plebiscito entre el SI debe recuperarse y el NO es factible en estos tiempos.

Ambas opciones tienen buenas razones. 

Por el SI se argumenta que nunca antes, ni después, se leyó tanto en Chile. Que jamás se han repetido las tiradas semanales de colecciones como Minilibros (80.000 al inicio); Quimantú para todos (30.000) o Nosotros los chilenos (20.000). Que no es posible hoy encontrar ejemplares a precios tan alcanzables. Que hace falta aumentar los niveles de lectura que se habrían visto dañados por el IVA, la pandemia, el desuso lector, la adicción a las diversas pantallas, la falta de tiempo...

Por el NO, se argumenta que pasaron los tiempos del Estado empresario e impresor; que los lectores actuales no alcanzarían a consumir tales niveles de tiradas; que el gobierno de la UP controlaba precios de importaciones por lo que podía obtener materias primas y papel barato, a pesar del boicot de la CMPC; que el nivel de lucha ideológica de los 70 obligaba a estar muy alertas y por tanto leer mucho y rápido para no quedar "fuera de la historia"; que sería imposible imaginar hoy una empresa con el nivel de participación de sus trabajadores en la administración: cinco de once miembros del comité ejecutivos provenían de los talleres.

El resultado de este referendo parece estar en la mas pequeña de sus colecciones: Cuncuna. Reconocida por la "Antología visual del libro chileno", de Claudio Aguilera (Quilombo ediciones, 2013) como una serie cuya "riqueza se encuentra en la variedad de textos e imágenes que incorporó, además de un diseño pulcro y sobrio con tirajes de 20 mil ejemplares, impensables hoy, constituyéndose así como un primer antecedente del libro álbum moderno chileno".

Este antecedente podría metamorfosear a mariposa, es decir llegar a volar cincuenta años después, considerando sus principales características: además de que hay muchos lectores, que se formaron como tales leyendo Cuncunas, su formato y colorido duotono no requieren de grandes rotativas y puede resistir pequeñas prensas planas y tiradas más modestas.

De hecho, la editorial de la Universidad de Santiago está por publicar una caja conteniendo cinco títulos reeditados de Cuncuna, tarea que ya emprendió Amanuta con sendos libros ilustrados por Marta Carrasco, y Planeta, con los poemas de Floridor Pérez titulado Cielografía de Chile. Ekaré había editado hace unos años, La doña Piñones, de María de la Luz Uribe y Fernando Krahn.

Se podría afirmar entonces, como el tuitero aquel, que Quimantú vive, pero solo en sus publicaciones infantiles emprende vuelo.

Lo que se pretende, detrás del SI, es reeditar libros con tiradas tan altas, precios tan bajos y circuitos de distribución tan cercanos como los de la Quimantú de los 70. Y allí está la complejidad. 

De ese desafío se trata la conversación del martes 26 de abril solicitada por el Museo Violeta Parra, que, por lo demás, vive su propia metamorfosis.







23 marzo 2022

¿SON PELIGROSOS LOS BONOS CULTURALES?


 

¿Son peligrosas las platas regaladas para el consumo cultural? Es una pregunta que ha cruzado décadas de discusiones sobre las políticas culturales. El viejo dilema si estimular de la oferta o la demanda. Por cierto, en nuestro país se ha privilegiado ampliamente el apoyo a los creadores y no a los consumidores de cultura. Una información del 23 de marzo, que viene de España, señala que todos los jóvenes que cumplen 18 años en 2022 recibirán un bono de hasta $450.000 para "comprar entradas de conciertos, cines, museos y festivales además de libros, revistas, partituras, videojuegos y también para consumos en línea".


Habitualmente me inscribía entre quienes prefieren el apoyo a la oferta cultural. 

Sin embargo, la destrucción a que sometieron los "jinetes del Apocalipsis" -estallido social, pandemia, indolencia gubernamental- al mundo cultural, hacen reflexionar sobre la pertinencia de tales bonos.

Estamos en período de reconstrucción y así lo reconocen las autoridades que asumieron el 11 de marzo de 2022.

La política anunciada por la ministra portavoz española, Isabel Rodriguez, me parece bien enfocada.

En primer lugar porque va dirigida a jóvenes que se inician en la toma de grandes decisiones, como por ejemplo votar en las elecciones. Y solo a ellos. Tiene entonces cierto contenido formativo.

Luego, tiene un tiempo acotado: un año, lo que les da espacio para reflexionar sobre sus opciones. 

Está abierta a lo que se presume -habrá que hacer estudios al respecto- preferirán los jóvenes: conciertos, festivales, videojuegos y consumos digitales. Lo que reconoce que la digitalización ha llegado para quedarse. Amplía, quizás definitivamente, la lista de bienes culturales, considerando aquellos accesibles por internet y conciertos masivos en la misma condición de libros, partituras o museos. 

Desafía a otras actividades presenciales a mejorar su oferta y, sobretodo, su difusión en el mundo virtual.

Refuerza la necesaria idea que la cultura no es gratis y que debe ser pagada, aunque sea con dinero público. Un golpe necesario a la "gratuidad" que estimulan ciertas empresas, buscando justificaciones a sus prácticas dañinas al medio ambiente. Y una advertencia a algunos alcaldes que invitan a sus espacios culturales como si fueran propios, verbigracia el edil de Rancagua.

Reconoce la perspectiva -surgida del modelo Patrocinador que predomina en la comunidad Británica- que si bien el estado provee recursos, son otros (en este caso, los jóvenes consumidores) quienes deciden dónde se usa dichos aportes. Un paso hacia recuperar institucionalidad participativa vinculante, perdida en Chile con la creación del Ministerio de las Culturas.


Quienes desconfían de los bonos, podrán decir que se arriesga a las bellas artes, tan favorecidas hasta ahora por los dineros públicos. Me parece que más bien las insta a modernizarse y no celebrar con bombos y platillos, acciones tan poco juveniles como el mundialmente usual y antiguo debut de una directora mujer en el Teatro Municipal o la restauración de palacios por decisiones de autoridades "pala ciegas".

En definitiva, serán medio millón de jóvenes españoles quienes, rigurosamente estudiados, dictaminarán si estamos o no en presencia de una buena política cultural.

Estaremos atentos.


 

17 marzo 2022

DERECHOS CULTURALES EN LA CONSTITUCIÓN


Esta es la redacción oficial según oficio Nº629 de la Presidenta de la Convención



El 16 de marzo de 2022, a altas horas de la noche -las 23:21- el pleno de la Convención Constitucional aprobó con 138 votos a favor y 3 en contra (8 abstenciones) el artículo 9º que encabeza esta nota. Significa que este texto pasa al borrador de la nueva Constitución, para ser revisado por la Comisión de Armonización y luego, sometido, junto a todo el proyecto, a Aprobación o Rechazo en plebiscito con voto obligatorio. Es entonces un buen momento para reflexionar sobre lo aprobado por el pleno de 154 constituyentes.


Una primera novedad, aparte de la obvia de incluir explícitamente a la Cultura -lo que no hacía la Constitucion anterior (C80)- es la incorporación, junto a las personas, de las "comunidades". Reconocimiento explícito de que la cultura expresa convicciones y costumbres de grupos de personas y que muchas veces su celebración y creación es colectiva. Como ocurre en las manifestaciones territoriales, barriales o de pueblos originarios.

El primer derecho explicitado es a "participar libremente" de la vida cultural y artística. Lo que muchos han descrito como libre acceso a la cultura. La palabra participación es más amplia y abarcadora que el solo acceso. Implica involucramiento activo de personas o comunidades.

Luego se agrega el derecho a gozar (disfrutar) de lo que significan las artes y las culturas. En su forma de "expresiones, bienes, servicios e institucionalidad". Se agrega al mero disfrute el derecho a acceder a los bienes de la cultura, como son sus productos materiales (libros, audiovisuales, musicales), los servicios (nótese que el Servicio Nacional del Patrimonio, recientemente creado en reemplazo de la DIBAM, conservó su denominación de Servicio público) e institucionalidad. Hay aquí un guiño al antiguo Consejo Nacional de la Cultura, reemplazado por el Ministerio de las Culturas, que fue mucho más generoso en la participación ciudadana que el nuevo ente, considerando que contemplaba consejos regionales, sectoriales y un consejo nacional con atribuciones vinculantes. Lo que hace pensar que la nueva Constitución, de aprobarse, reabriría las puertas a una institucionalidad más participativa.

En su segundo párrafo se recogen las justas aspiraciones de los pueblos originarios a mantener su identidad, educarse y expresarse en su propia lengua. Un deseo que se reconoce, declarativamente, en el nombre del Ministerio de las culturas, sin que tenga un referente real, como ocurrió en la frustrada Ley del Patrimonio impulsada por el gobierno anterior.

El tercer párrafo se refiere al derecho a crear, difundir y disfrutar de las creaciones de artistas e intérpretes. Relevante es la palabra "difundir" pues, hasta ahora, es muy poco lo que los entes públicos hacen por aquello, como lo testimonian los miles de proyectos apoyados por fondos concursables que permanecen en el anonimato o la obra de los ganadores de Premios Nacionales que nadie difunde más allá del galardón y el emolumento respectivo. Cuanto mejor sería que los premios del estado sean considerados una fuente de divulgación más que solo una pensión.

En este mismo párrafo, mereciendo uno aparte, se reconoce la "prohibición de toda forma de censura previa". Por dónde debimos haber comenzado. ¿Se imaginan qué habría ocurrido con un párrafo así en la C80?

Otro gallo habría cantado a nuestra cultura y no habríamos padecido 17 años de oscurantismo.

El cuarto párrafo garantiza el derecho a usar los espacios públicos para desarrollar actividades artísticas y culturales, cuestión muy anhelada por los artistas callejeros y muchos cultores de actividades teatrales o pictóricas. Por lo demás, es una tendencia universal el llevar las artes a los lugares por donde transita una ciudadanía cada vez más ajetreada.

El párrafo quinto asegura igualdad ante la ley a todas las cosmovisiones existentes en el país, junto con promover la interculturalidad y el respeto a todas las expresiones simbólicas patrimoniales, sean materiales o inmateriales. Este aspecto tendrá mucha relevancia para una nueva legislación sobre el patrimonio y eventuales proyectos inmobiliarios que afecten zonas simbólicas.

Todo lo anterior, cierra el artículo 9º, con el debido respeto a la diversidad, los derechos humanos y de la naturaleza. 

Redondito. 

11 enero 2022

50 AÑOS DE CUNCUNA EN LA BIBLIOTECA NACIONAL

El 14 de enero 2022 se inauguró esta muestra de portadas gigantes (no egoístas) de Cuncuna en los jardines de la Biblioteca Nacional de Chile. Permanecerá abierta todo el verano.







 

El día de la presentación de Cuncuna, informado por revista Mayoría, de Quimantú, el 26 de abril de 1972.  Hace solo 50 años:



Así lo informó el diario La Nación Domingo, el 30 de abril de 1972:











25 septiembre 2021

GESTIÓN CULTURAL DE LA DICTADURA A LA PANDEMIA


HISTORIA Y PRE HISTORIA DE LA GESTIÓN CULTURAL EN CHILE.

Charla inaugural de la segunda Escuela de Gestión Cultural de la Provincia de Petorca, convocada por la gestora Hilda Arévalo, el 22 de septiembre de 2021.

Versión completa en:

https://web.facebook.com/arturonavarroceardi/videos/550776585984259


14 mayo 2021

GESTIÓN CULTURAL INTERNACIONAL EN PANDEMIA





Enlace a la Conversación del lunes 10 de mayo entre el doctor en Sociología de la Cultura, Tomás Peters y el Director Ejecutivo del CCEM 

https://www.youtube.com/watch?v=9qI1FLNn8Js


 

24 octubre 2020

UN CONSEJO DE LA CULTURA AUTÓNOMO

Aplaudo el debate sobre Constitución y Cultura, inaugurado recientemente en las páginas de La Tercera y me parece que éste aborda tres temas diferentes: los recortes presupuestarios 2021; la inminente desaparición de organizaciones culturales -en curso- debido a la falta de ingresos provocado por la pandemia, y el debate sobre la cultura en la nueva Constitución. El primero, se da en el debate del presupuesto 2021, con dos posturas: subir el actual 0.3% a un 1% y la de Hacienda: un mejor gasto para un presupuesto reactivador. El segundo aspecto -particularmente dramático- afecta a museos, teatros, centros culturales y artistas que no reciben aportes públicos, cuya situación solo es posible resolver con programas de emergencia. Y el tercero, es cómo debe aparecer la cultura en la nueva carta fundamental, en particular los verbos clave: protegerla, promoverla y garantizarla. Hay una fórmula capaz de resolver el aspecto Constitucional e incidir en los dos anteriores: Un Consejo de la Cultura, autónomo, como lo que hoy tiene el Banco Central, compuesto por personalidades destacadas (rectores, premios nacionales, artistas de experiencia, gestores culturales), representativos de los pueblos indígenas, empresarios y ciudadanos. Dicho consejo asignaría los recursos que la Ley determine, conforme a prioridades acordadas transversalmente en su seno. Así mismo, por su diversidad, tendría la sensibilidad para enfrentar emergencias como la que hoy nos asola y sería un asignador de fondos públicos aceptado. La idea no es original: surgió en el largo debate en el que participaron más de 600 personas, en 1996, en el Congreso Nacional, para crear el CNCA.

01 agosto 2020

EL SILENCIO DE LA CUENTA EN CULTURA

Foto Presidencia


Lamentablemente, la mascarilla que embozaba a los asistentes a la Cuenta Pública Presidencial de 2020 no fue solo, en el caso de la cultura, una precaución sanitaria. Fue además símbolo del silencio que -de manera inédita- evitó cualquier referencia en ella a las artes, la cultura o el patrimonio.


Como es habitual, el país se preparaba para escuchar algunos anuncios relevantes, sobre todo en un sector fuertemente afectado por la pandemia, en el que pocos reciben muchos recursos públicos y muchos carecen completamente de ellos.


Como en la música, los silencios son reveladores. 

Dicen: sigan arreglándose como puedan; gasten el 10% de sus ahorros en las AFP (los que tienen); no hay palabras de aliento para quienes se esfuerzan por mantener vivas las artes, y sigan con sus campañas de "no más recortes en cultura".

Para un mundo compuesto por personas particularmente sensibles es, quizás, la ignorancia lo que más duele.

Era esperable, al menos, unas palabras de aliento; día a día vemos como nacen nuevas formas artísticas vía zoom u otras aplicaciones, para mantener vivas las experiencias artísticas -en muchos casos- gratuitas- en una población asolada por enfermedades físicas y mentales.

Se esperaba que viniera un apoyo desde el Estado, en un especial momento republicano. Sin embargo, es preocupante y descorazonador que las autoridades culturales ni siquiera hayan lograda incorporar en la cuenta presidencial algunas palabras de estímulo a los enormes esfuerzos que se hacen, en el mundo de la cultura, por mantener viva el alma de Chile en esta pandemia.

Si ello no logró penetrar la sensibilidad oficial, mucho menos podía esperarse algún anuncio económico. El mensaje es nítido. Arréglenselas como puedan: endéudense, concursen, gasten sus ahorros, inicien "emprendimientos" como aquel actor que fundó la pyme "actor de reparto" para distribuir productos esenciales.

Cuesta entender lo ocurrido. La OPC preparó minuciosamente y distribuyó por sus redes sociales una pregunta sobre lo que se esperaba. También imaginó -y tuiteó luego- la respuesta: NADA.

En una doble lectura, la cultura nada en medio de un feroz naufragio para poder sobrevivir, en medio de la indolencia oficial.


Por si esto fuera poco, se han deslizado previamente anuncios de que se harán nuevos recortes al presupuesto 2020, que afectarán, en 2021, a las instituciones públicas que reciben -por glosa- aportes del sector público. 

Ante la amenaza, con justicia, surgen las voces de una nueva campaña para evitar tales recortes, lo que sin duda distrae a parte del mundo cultural -que tiene ingresos asegurados y no requieren ocupar su tiempo en "emprender"- convirtiéndose así una demanda mayoritaria de quienes nada tienen en el problema de algunos ya receptores de recursos públicos solo que disminuidos.


Poco antes de conocerse la silenciosa cuenta, una cincuentena de organizaciones que participaban de mesas de trabajo con el ministerio respectivo, anunciaron su retiro de las mismas, declarando que: “El débil liderazgo del Ministerio de las Culturas frente a la crisis, la falta de voluntad de hacer un trabajo participativo, la poca convicción en la defensa presupuestaria, junto a la invisibilidad en la que nos mantiene la política social, nos instala como un sector completamente abandonado.”

Y concluyen: “En este contexto, las organizaciones decidimos dejar de participar de la mesa interministerial y las sub-mesas, ya que no constituyen un espacio participativo, proactivo ni menos resolutivo.”


En definitiva, nos encaminamos al peor de los mundos, un gobierno ciego, sordo y mudo; mesas de conversación rotas, y un sector golpeado, dolido y creando afanosamente formas de mantener viva la llama cultural.

¿Hasta cuando? 

¿Y si la llama se apaga por unas horas para escuchar también el silencio de la cultura?


Algunos piensan que nuevamente, en este caso, será la voz de los chilenos -a través del parlamento- la que pondrá las cosas en su lugar.

Parece no quedar otro camino.