10 septiembre 2015

LA GESTIÓN CULTURAL EN 3D



Si hace algunos años, digamos quince, alguien me hubiese preguntado por mi sueño dorado (pregunta que suelo hacer a quienes demandan trabajo) habría respondido algo parecido a lo que hoy acontece. ¿Acontece? Al parecer sí. Estamos en la casa central de la Universidad de Chile, alma mater de un primero diplomado y luego Magister que me acogió como profesor desde sus primeros balbuceos de dos Luises emprendedores: Merino y Riveros, entonces decanos de Artes y Economía.


Estamos presentando un libro sobre Gestión Cultural, ni el primero ni el último, editado en Chile, con plumas tan entrañables -y formadoras en mi caso- como George Yúdice, Alfons Martinell, Sonia Montecino, Antonio Canelas, Nivia Palma, Eduardo Nivón o Jordi Tresseras, que son de aquellos colegas con los que nos hemos ido "haciendo al andar".

Estamos acompañados de un Ministro Presidente del Consejo Nacional de la Cultura -otro sueño hace 15 años- que amenaza además con despertarlo transformado en Ministerio, siempre bañado por las plácidas aguas de la bahía de Valparaíso.

Ministro, Ernesto Ottone, que además es casi el símbolo de un gestor cultural como el que soñaba, con formación sólida en esta universidad, en Francia y con una práctica acumulada en el Centro Cultural Estación Mapocho, Matucana 100, el Museo Salvador Allende y el CEAC.

Se trata de un libro editado por la editorial -el Fondo de Cultura Económica- de las primeras y básicas lecturas de sociología de mi generación y las más sobresalientes de literatura: Carlos Fuentes, Jorge Ibarguengoitía, Juan Rulfo…

Vine a esta Comala entonces con gran satisfacción y mucho entusiasmo porque sigamos soñando en esta área y sobre todo, construyendo como lo hemos hecho -todos o casi todos de los que aquí estamos- a pasos acelerados esta disciplina que nuestro coordinador de hoy, Mauricio Rojas, nos hace cuestionar acertando un dardo tan injusto como difícil de esquivar: ¿es la gestión cultural una herramienta de mercado? Y lo profundiza con otra pregunta espejo: ¿o un mercado de herramientas?

Honrando a nuestros anfitriones mexicanos debo responder con Cantinflas: ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.

Rojas, en la introducción, busca usar interesantes imágenes para atraer la atención sobre e el libro. Las 3D de la Gestión cultural. Una manera de usar lo especial que tiene la tecnología -la que acusa de no estar en las demandas estudiantiles chilenas y por tanto no ser relevante para los jóvenes (¿será lo mismo para el resto de la sociedad?) No obstante, la usa para titular su obra.

Se pregunta si la GC es ¿una herramienta de mercado o un mercado de herramientas? Disyuntiva no excluyente pero connotada ideológicamente pues obviamente mercado no es bien visto en este contexto. Pues podemos decir que es una herramienta que permite incursionar en el mercado (economía de mercado) a artistas y fenómenos culturales que de otra manera permanecerían al margen lo que no significa que no puedan ejercer o ejerzan de hecho una influencia para modificar ese mercado. La realidad es dinámica o dialéctico. Por ejemplo, el caso del fotógrafo de Benetton, Oliviero Toscani, que plantea severas críticas a la guerra y la sociedad capitalista o a la iglesia conservadora, que se pudo presentar sin censuras ante un público masivo, en Chile, gracias a una gestión cultural "mercado-compatible".

También es un mercado de herramientas o un conjunto de herramientas que no necesariamente constituyen mercado pues no se venden y, por el contrario, están al servicio de quienes lo necesitan como el Botiquín de Herramientas Culturales formulado por la gestora cultural argentina Victoria Alcaraz a partir de su angustiosa experiencia con el 27/F chileno, y que lo pone a disposición de sus colegas afectados por otros desastres naturales.

Pero el mejor desmentido al carácter mercadista de la GC proviene de los propios empresarios, supuestos impulsores e imponedores del modelo: ellos explicitamente evitan apoyar manifestaciones "que hablan" (teatro, fotografía, danza, circo) y prefieren aquellas mudas (pintura) o en idiomas extranjeros lo más alejados posible. Es decir, la intervención empresarial es comparable con aquellas referidas a grupos potencialmente de riesgo como los sindicalistas, los indígenas, los ambientalistas... Todos sectores que forman parte de la sociedad sin ser calificados como "herramientas de mercado".

Otro argumento en contra de este mercadismo es aquel de la infraestructura cultural, concepto introducido en Chile el primer trimestre del siglo XXI por un Presidente que tenía en este terreno una auto imagen más parecida a Mitterrand que a otros estadistas (CCPLM) concepto que no es entendible en Chile si no se lo asocia al de Gestión Cultural (de hecho nacen de la mano y simultáneamente) surgidos al amparo de fuertes inversiones públicas muy distantes de lo que pediría entonces el mercado, que ofrecía, por ejemplo, para la vieja Estación Mapocho una bodega de la mayor empresa cervecera del país; sin embargo, el Estado asignó al edificio un destino cultural, le destinó recursos (10M USD), creó una entidad que lo gestionara, a la que concesionó el edificio remodelado, y le dio atribuciones para cumplir su misión de servicio público sin fines de lucro, exigiendo además su autofinanciamiento, fundando de hecho la GC en Chile.

Nivia Palma ahonda esta tesis agregando que los gobiernos post dictadura cívico/militar, en Chile, "escogieron a la gestión cultural y los fondos concursables como la mejor herramienta para disminuir el rol del Estado en materia cultural". Lo que habría constituido un milagro pues es imposible disminuir lo indisminuible, salvo que se use el subterfugio matemático del menos cero o el meteorológico bajo cero.

Por el contrario, los fondos concursables optimizados por la naciente (tan naciente como los fondos) GC solo pretendían optimizar, multiplicar, aumentar los escasos recursos que la dictadura destinaba a la cultura. Lo mismo que pretendió la Ley de estímulos tributarios o Valdés. Allegar más recursos al menguado presupuesto público en cultura.

La conclusión del libro es románticamente positiva al comparar al gestor cultural con aquel buscador o coleccionista de mercados de viejo (o populares) que hace de partes aparentemente inconexas y diversas un relato propio y colectivo y construye el universo desde el fragmento, es decir finalmente el GC es un creador -lo que comparto- indispensable.

Termina entonces negando la tesis de la GC como herramienta de mercado para adherir a su alternativa el mercado de múltiples herramientas -como cita de manera incompleta Carlos Villaseñor- dentro de las cuales las nuevas tecnologías y las redes sociales son parte tal como lo serán los adelantos que nos lleven, quizás pronto, a mirarlo en 4D .

En varios de los textos se traduce el error de creer que las únicas alternativas posibles para Chile son políticas culturales desde los intentos de influencias de Francia o EEUU.

Nuevamente Cantinflas, ni lo uno ni lo otro. Vivimos porque optamos democráticamente por él, un modelo mixto que tiene sus raíces mas en los dominios de la Reina más longeva de su dinastía: el modelo británico o de Estado Patrocinador.

Mixto porque recibe de Estados Unidos una débil legislación de estímulos tributarios, hecha en la medida de lo posible y considerando lo conservadores que son nuestros empresarios y recibe de Francia una gran preocupación por la infraestructura que comienza a mostrar sus debilidades cuando más que servir de acogida a manifestaciones artística, se la está usando como justificación para legislar y darle usos a posteriori. Si no, qué es el Palacio Pereira, iniciado por un gobierno, que no es el actual, para albergar una entidad que aún no existe.

La experiencia, los gestores lo saben bien, enseña que sólo se debe construir, restaurar o modificar espacios llenos. Es decir, que ya se sabe a qué se destinarán y respaldados por estudios de audiencias que miden exactamente quienes lo disfrutarán. Lo demás son espacios fantasmas.

Nivia Palma tiene un interesante análisis sobre la originalidad de nuestro modelo, de allí su carácter mixto, con los fondos concursables, es decir recursos que pone el Estado pero asignan los pares. (Esta ingeniosa manera de separar quién pone la plata de quien decide a quienes se entrega, que nos habría ahorrado tanta tinta pontificando sobre transparencia y probidad). Ella revela muy bien como allí también se reflejaban en un principio las presiones conservadoras (caso Iron Maiden, los Angeles Negros, Simón Bolívar bisexual o el Falo de Machalí). Presiones que ya no se imaginan. Nuestra sociedad aprendió -Fondart mediante- que las artes no son sujeto de censuras.

Hoy a nadie se le ocurriría titular con escándalo por una obra financiada por Fondart. Allí prima sólo la calidad y así lo reconoce y conserva la nueva indicación sustitutiva, incluso profundizando el número de miembros del Directorio Nacional del Consejo Nacional de la Cultura, tribunal supremo de los fondos concursables…

Como tampoco a nadie se le ocurriría descartar a la gastronomía como relevante vertiente cultural como sabrosamente nos recuerda Sonia Montecinos.

Hay un recuerdo que hace estimulante el libro, como aquel supuesto tránsito de "trabajadores de la cultura" a "gestores culturales" (75), que no es sólo de lenguaje.

Pero, nuevamente Cantinflas: todo lo contrario, ambos conceptos se reúnen en una única experiencia que se cita: Quimantú.

Fueron precisamente trabajadores de la cultura, de las prensas, el fototono, la corrección de pruebas y la encuadernación quienes se hicieron cargo de la principal empresa cultural que jamás en su historia ha tenido el Estado de Chile, me atrevo a compararla incluso con TVN de sus mismos tiempos. Eran sin duda trabajadores de la cultura, pero vaya que buenos empresarios y gestores que inundaron el país de libros en cifras que envidiaría hasta la querida colección de Breviarios del Fondo.

Lo que devela además que el concepto de desarrollo cultural desde la Universidad de Chile y la DIBAM se agotó antes de la dictadura. Mejor ejemplo es que Allende no las uso para ello, creo Quimantú, dando un nuevo rol de los trabajadores, como empresarios eficaces formulador es de políticas culturales y realizadores de las mismas...

Significa ello que debemos retornar a los desafiantes sueños de Allende. No, pienso con Carlos Peña que: "Para sacudirse de una vez (elaborarlo, diría Freud) el Gobierno y la Nueva Mayoría deben entender que continuar a Allende hoy día no significa empecinarse en concebir la realidad social como entonces se la concebía. Y es que así como la gente crece, los países también. Donde había una sociedad excluyente, hoy existe una que ha incluido como nunca antes a las grandes mayorías. Donde existía una clase pequeñoburguesa amenazada, hoy existe una amplia clase media aspiracional. Donde existía la memoria olvidada de lo indígena, hoy existe una conciencia multicultural creciente. Donde había una sociedad de minorías, existe hoy una de masas. Y donde la injusticia era tan flagrante que parecía justificar la violencia, hoy nada la justifica" El mercurio 30 de agosto 2015.

Pero, los invito a finalizar elevando la cabeza, no sigamos -aunque me gustaría- pensando sólo en nuestro pequeño país (tan pequeño que, en reciente edición de la revista Observatorio del Itaú Cultural de Brasil, en su número 18, dedicado a los modelos latinoamericanos de política cultural, Chile comparte un capítulo comparativo con Uruguay y Paraguay, mientras Colombia, Argentina y México tiene un capítulo para cada uno … y Brasil dos.

Recurro para ello al maestro George Yúdice: “Gestión y promoción no son simplemente el contexto de la cultura. Por derecho propio, gestión y promoción son procesos creativos. Esto quiere decir que la obra de arte o el patrimonio no son los únicos generadores de valor cultural. Voy a referirme a procesos altamente creativos que en algunos casos llegan a constituir verdaderos movimientos sociales. Gestión y promoción van más allá de la administración de la cultura como proceso burocrático, más aún, llegan a ser garantes del acceso y la democracia cuando dinamizan la sociedad y crean nuevos vínculos y redes”.

Más claro...

03 septiembre 2015

LOS DIRECTORIOS DEL MINISTRO OTTONE



Al iniciar su intervención en el foro de detentores de Premios Nacionales con que se inauguró la reciente Convención Nacional de la Cultura -la número doce- Agustín Squella destacó que el Ministro Ernesto Ottone, en lugar de tomarse él la palabra, la entregara, para la relevante ocasión, a cuatro intelectuales chilenos. Deseó que fuese una señal. Y así ocurre al menos en lo que a la presencia del Ministro en los Directorios de los centros culturales que reciben aportes fiscales. Desde la designación de Ramón López en la Presidencia del GAM; de Alejandro Rodríguez en la del Parque Cultural de Valparaíso, y de María Inés Silva en el Directorio del Teatro Municipal de Santiago.


Con ellos, comenzó un proceso mediante el cuál el Consejo Nacional de la Cultura ha nombrado sus representantes en grandes centros culturales. Esta estrategia del Ministro de Cultura, busca cambiar la figura vigente donde el propio personero participaba como presidente de los respectivos directorios, con todas las limitaciones de tiempo que ello implicaba y eventuales dificultades en el traspaso de recursos pues son fondos que llegan desde el Consejo Nacional de la Cultura.


Corporaciones y fundaciones de derecho privado sin fines de lucro son gobernadas por directorios ad honórem elegidos por sus asambleas de socios y en ellos se garantiza la presencia de uno o más representantes del Estado, normalmente el principal es el Ministro Presidente del Consejo Nacional de la Cultura. En otros casos, como el Centro Cultural Estación Mapocho, es el Ministro de Educación. Estas corporaciones reciben, en comodato a plazo fijo, espacios de propiedad fiscal desde el Ministerio de Bienes Nacionales.

La creciente diversidad y cantidad de estos espacios culturales, desde 2000 a la fecha, hacen que sea muy complejo para el Ministro  participar en todos los directorios, que se reúnen con periodicidad trimestral y en algunos casos- hasta mensual.

"Hago hincapié en que estas personas no son representantes míos, o emisarios del Consejo, señala Ottone, esta decisión tiene relación con que como Ministro de Cultura tengo un espacio en cada uno de estos directorios, y esa es una tarea que me parece más sensata abordar desde una mirada más rica y diversa del medio artístico y cultural". El perfil de los elegidos ha sido "marcado por la experiencia profesional y su desafío va de la mano con el rol y espíritu público de su ejercicio,  y que tiene que ver con ser representantes del Estado en la gestión de estos espacios. Cada uno está donde está porque cuenta con las capacidades técnicas y profesionales para ejercer con autonomía la toma de decisiones necesarias en cada caso. Justamente porque nosotros como Consejo Nacional de la Cultura  no queremos influir en esa toma de decisiones, es que hemos pensado en estas personas".

En el Centro Cultural Palacio de La Moneda, Ottone designó en la presidencia a la geógrafa de la UC María Eliana Arnz, Directora Ejecutiva de Fundación Casa de la Paz, ex Coordinadora del Programa Conjunto de Pueblos Indígenas de la Oficina del PNUD en Chile, que fuera Subsecretaria General de Gobierno y Subdirectora del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, durante el período de Paulina Urrutia. Este centro cultural, por ser administrado por una Fundación, creada por el Ministro José Weinstein, es la única institución que permite a Ottone designar tres directores. A Arnz se suman el abogado Gonzalo Sánchez y el arquitecto Federico Sánchez, conductor de TV. 

Matías Rivas, director de ediciones UDP, llega a la Corporación Cultural Matucana 100; Loreto Bravo, secretaria ejecutiva de Acción AG y ex funcionaria del Consejo Nacional de la Cultura, a Balmaceda Arte Joven, que además tiene en su directorio a representantes de la Alcaldía de Santiago y del Ministerio de Educación.

La ex integrante del Directorio Nacional del Consejo Nacional de la Cultura y ex agregada cultural de Chile en México, Cecilia García-Huidobro, presidirá la Fundación Museo Violeta Parra, pronto a inaugurarse.

La ex Primera Dama, integrante también del Directorio del Teatro Municipal -por designación alcaldicia- Luisa Durán, representará a Ottone en la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles, que contribuyó a fundar, y la arquitecta Beatriz Navarrete se integra a Artesanías de Chile, entidad de la que fue Directora Ejecutiva.

Este destacado elenco, junto con dar bríos desde la sociedad civil a la gestión cultural de espacios públicos con administración privada sin fines de lucro, marca una nueva etapa en la relación del Consejo Nacional de la Cultura con los centros que reciben aportes financieros del estado, mediante una glosa presupuestaria.   

Es posible apreciar que los nuevos directores tienen amplio conocimiento de las instituciones que pasaran a integrar y una vasta experiencia en el creciente sector sin fines de lucro que contribuye enormemente al desarrollo cultural chileno.

Y también que el Ministro, entrega la palabra. Tal como aparece en los primeros lineamientos de la indicación sustitutiva del proyecto de ley de Ministerio de Culturas, en las que el Directorio Nacional no sólo se conserva sino que se amplía.

01 septiembre 2015

TOMÁS MOULIAN Y LOS LIBROS


A pesar de haber sido candidato presidencial, Rector y Director de unidades académicas, aunque él no lo quisiera -que lo dudo- Tomás Moulian, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2015, será recordado muy especialmente por su relación con los libros. Por leerlos, en cantidad; por analizarlos, en proporción no menor; por publicarlos, por un tiempo como editor; por escribirlos, casi una veintena. Y, por cierto, por todo aquello que revela una robusta relación con los impresos: crear pensamiento. Difundirlo, defenderlo y perfeccionarlo, si hay buenos argumentos.


Las primeras noticias sobre Tomás las escuché en los patios de la escuela de Sociología de la Universidad Católica, desparramados en Apoquindo 7228, ex seminario mayor. Era el profesor anhelado, el que recibía personalmente a cada alumno que así lo deseaba en una oficina que poco había cambiado desde su monjil destino anterior. Era el mítico sociólogo de pipa, camisa a cuadros, chaqueta de tweed, amigo y compañero en Lovaina de otro mito: Rodrigo Ambrosio.

Anhelo de sucesivos centro de alumnos era que Moulián hiciera clases incluso a los mechones de primer año, no reservarlo para los sesudos cursos de Teoría que comenzaban años después. Es que no había tiempo. La reforma universitaria de 1967 y la posibilidad pronta de un gobierno de la Unidad Popular aconsejaban que sus conceptos marxistas fueran transferidos, a la vena revolucionaria que se gestaba -quizás por vez primera- en la UC.

Revolucionaria e inconformista. Recordado es su texto sobre Checoslovaquia, "Un crimen y un error", en el que criticaba ácidamente la entrada de los tanques soviéticos en agosto de 1968, a Praga, que constituyó un dolor de cabeza para su partido y sus futuros socios comunistas de la Unidad Popular.

Mas tarde, en entrevista con el historiador Javier Amorós, Moulian sostuvo que la sociedad chilena construyó a fines de los 60 el “mito” de tener “una democracia ejemplar”, cuando “tuvimos siempre una democracia política en proceso de perfeccionamiento, pero con una sociedad muy oligárquica y muy autoritaria en sus jerarquías”.

Sin embargo, la urgencia de esos años lo arrastró, militante al fin, a sumir una tarea envidiable en el Gobierno de Allende: Jefe del Departamento de Libros de Quimantú, la editorial del Estado. Ello implicaba hacerse cargo de todo aquello que hoy se denomina ficción. Los de no ficción, estaban bajo la rigurosa mirada de compañeros más "adelantados" en las aguas de Marx: el PC Joaquín Gutierrez y el PS Alejandro Chelén.

Tomás asumió el desafío, asesorandose por el irremplazable escritor y lector compulsivo Alfonso Calderón y delegando a un novato asistente, que la empresa le proveyó, las publicaciones de textos escolares e infantiles. Impulsó además un comité asesor editorial donde opinaban impetuosos escritores jóvenes como Ariel Dorfman, Luis Dominguez o Antonio Skármeta. Así, nacieron bajo su dirección las colecciones Quimantú para Todos, Nosotros los Chilenos y Cordillera. Y se publicaron noveles plumas como Walter Garib, Ernesto Malbrán o Germán Marín.

De allí saltó a otras responsabilidades que culminaron, durante el paro de camioneros de octubre de 1972, en su más original texto político: ALERTA, un diario que se pegaba en los muros de Chile entregando información fresca y convenientemente analizada al pueblo que entraba de lleno a la espiral de lucha ideológica de aquellos años. Más de una noche Moulian salía con las brigadas verdirrojas del MAPU a pegar personalmente aquellos afiches que durante el día redactaba.

El inesperado crimen de Edmundo Pérez Zujovic, el 8 de junio de 1971, había conmocionado a la clase política y a la sociedad chilena en general. En medio del año de “la fiesta”, como lo llamara Moulian, la euforia gobernante se rompió cuando el deseado acuerdo político con la Democracia Cristiana, que le daría seguridad al avance socialista de la Unidad Popular, vio enterrar sus posibilidades junto al cuerpo del acribillado ex-ministro del interior del gobierno de Frei Montalva.

Durante la dictadura cívico militar no bajó la guardia y muy tempranamente intentó recomponer esos lazos frustrados a través de la clandestina revista UMBRAL, un compendio de artículos de sociólogos -entre otros el recientemente fallecido Ignacio Balbontín- economistas, periodistas y dirigentes de la UP y la DC que comenzaban a transitar juntos, al menos en sus páginas mimeografiadas. Mucho del sueño sobre la renovación socialista y la posterior concertación por la democracia traspasó ese umbral.

También escribió columnas en APSI y Análisis.

Con el retorno a la democracia, profundizó su independencia de toda militancia, acertando el pleno de la suerte -como él mismo señala que necesita un texto para ser rankeado entre los más leídos- con el ensayo "Chile actual: anatomía de un mito" publicado en 1997.

Lo que vino después es sabido y culmina con Tomás como intelectual público ampliamente reconocido y galardonado con el Premio Nacional.

Un enorme acto de justicia.

20 agosto 2015

CHAMBERT, COULON Y LOS OTROS


Está movido el mundo cultural. En un mismo día -19 de agosto- se han conocido los nombramientos, tras inéditos concursos, del Director del Teatro Municipal de Santiago y del Parque Cultural de Valparaíso. Dos emblemas de la gestión e infraestructura culturales en Chile. Uno, nuestro primer teatro como república; otro, heredero de un viejo polvorín auxiliar de la defensa portuaria primero y prisión después, que en el presente es principal espacio cultural de la única ciudad patrimonio de la humanidad que podemos esgrimir. Pero no sólo en el nivel de ejecutivos se producen cambios. Precisamente los procesos que culminan se deben, en gran parte, a las renovaciones de los Directorios en distintas corporaciones culturales.


Cuando asumió la Alcaldesa Carolina Tohá como Presidente del Directorio de la Corporación Cultural de Santiago, inició un proceso de cambio en él, quedando constituido, a la fecha, por seis personas ademas de su Presidenta: tres designadas por ella; una por las otras municipalidades que contribuyen al Teatro Municipal; otra, que proviene del ámbito empresarial, elegido por el Directorio, y una persona nombrada por el Ministro Presidente del Consejo Nacional de la Cultura. Esta designación recayó en la académica de la Universidad de Chile María Inés Silva, candidata a doctora en Sociología de la Cultura y Mediación Cultural en la Universidad Sorbonne Nouvelle.

Ese septeto fue el que escogió por unanimidad, luego del trabajo de una empresa caza talentos, para reemplazar a Andrés Rodríguez, a Frédéric Chambert. Un francés que probablemente sabe de cultura chilena más que muchos de los habituales visitantes al Municipal, y de literatura hispanoamericana como para haberse encontrado, a los 25 años, conversando en París con Jorge Luis Borges. En efecto, luego de una áspera conversa con Borges que no lo estimuló precisamente a hacerlo, decidió traducir por primera vez al francés obras del uruguayo Horacio Quiroga como Cuentos de amor, de locura y de muerte o Anaconda. Además de su simpatía por la literatura chilena -no en vano fue alumno del poeta Armando Uribe- en particular de Pablo Neruda, es cercano también a la música de Víctor Jara, habiéndose iniciado al español precisamente con Te recuerdo Amanda

En las artes que predominan en nuestro Municipal -el primer teatro de ópera de Latinoamérica, según Chambert- es también fuerte y confía en la labor de su antecesor: Un turco en Italia, actualmente en cartelera, montado por el teatro que aún dirige Chambert, es estreno mundial y está anunciado en Toulouse sólo para dos años más. Cuando él esté en propiedad instalado en Santiago. Por ahora, y hasta mediados de 2016, se seguirá moviendo entre Francia y Chile para cerrar la temporada del Teatro del Capitolio.

Andrés Rodríguez, que lo presentó al mundo de la cultura en la Sala la Capilla como el director del segundo teatro de ópera más importante de Francia, recibió un prolongado aplauso de sus pares que se disponían a escuchar el perfecto castellano del nuevo director, quién no dudó en declarar que si algún grupo de rock quisiere presentarse en el teatro, ello sería posible "si hay disponibilidad y pagan el correspondiente arriendo". 


Por otro lado, en la corporación cultural de la ex Cárcel de Valparaíso, la presidencia recayó, por designación ministerial, en el académico de la Universidad de Valparaíso y magister en Gestión Cultural de la Universidad de Barcelona, Alejandro Rodríguez, quién reemplazó a Cristián Warnken, iniciando de inmediato un proceso de búsqueda de Director Ejecutivo, que llegó a considerar también vía caza talentos, a más de 60 gestores culturales. La pesquisa, luego de reducir la nómina a seis personas, terminó con la selección del músico del Inti Illimani Jorge Coulón, quién debió vivir un largo exilio en Roma con su grupo, retornando a Valparaíso dónde se las rebuscó como dueño de restaurante, cantante, líder vecinal y finalmente postulante a cargos de elección popular, llegando a obtener, en 2013, un respetable tercer lugar -con un 18,4% de  la votación- como candidato a diputado dentro del antiguo sistema binominal.

Según Alejandro Rodríguez, "Coulón, que obtuvo la mayoría de los votos en el directorio, quedó como director ejecutivo, porque tiene, junto con su experiencia como creador y gestor, una mirada amplia del arte y la cultura. Es también un absoluto conocedor de la realidad sociocultural de Valparaíso, con toda su complejidad y diversidad". Su gran desafío -agrega- será lograr que el Parque Cultural se integre efectivamente con la ciudad; generar una programación equilibrada, en la que tengan espacio tanto las agrupaciones locales como otras.


En el GAM, por su parte, el Ministro Ottone designó como máxima autoridad a Ramón López, decano de Artes de la Universidad Católica y experimentado arquitecto de proyectos como el Centro Cultural Estación Mapocho y el propio Centro Cultural Gabriela Mistral. Su labor estará muy vinculada a la construcción de la gran sala de la segunda etapa del proyecto de centro nacional de artes escénicas y musicales que allí se aloja. 

La novedad es que el Ministro ha dejado la Presidencia, que ocuparon sus antecesores, de ese Directorio, el que ha ratificado a la Directora Ejecutiva, Alejandra Wood. Se ha manteniendo así el criterio que ha caracterizado su mandato de que no sea el Ministro ni funcionarios de su dependencia quienes representan a la autoridad en los respectivos Directorios, sino destacados académicos con amplia experiencia en la gestión cultural. Ello otorga mayor transparencia en la transferencia de recursos públicos a tales instituciones y da mayor fuerza  a su gobierno corporativo.

Como se ve, en los cambios recientes comienza a vislumbrarse una Política de Estado hacia los espacios que -como el Teatro Municipal, el Parque Cultural de Valparaíso o el GAM- se han constituido en grandes navíos de la flota cultural chilena. Por tanto, puede esperarse ajustes en los directorios de otros centros culturales que reciben importantes recursos desde el Estado.

Y también es previsible que el incipiente nuevo tipo de relación del Estado con estas grandes infraestructuras tenga un correlato en la indicación sustitutiva del proyecto de ley que creará el Ministerio de las Culturas.

18 agosto 2015

JUAN DOMINGO MARINELLO, FOTOGRAFO Y TESTIGO


Foto revista Qué Pasa

Durante la Unidad Popular, Juan Domigo Marinello, fue de los pocos fotógrafos nacionales que pudo despachar fotografías a color a medios extranjeros. En nota reciente -de revista Qué Pasa- recuerda que Chile se había convertido en una suerte de punto de turismo político al que venían muchos periodistas de otros países. Así surgió la posibilidad de trabajar para Hero Buss, corresponsal de la revista Stern; colaborar en La Revista del Domingo y en otras como Ramona (publicación juvenil del Partido Comunista, dirigida por Carlos Berger), Eva y Paula. De su paso por Ramona, se acuerda de la foto que le tomó a Roberto Matta mientras pintaba el mural El primer gol del pueblo chileno en La Granja, en 1971,  junto a la Brigada Ramona Parra. Ese registro, anota, “se convirtió en prueba ineludible para la señora de Matta, que siempre negó el mural que hizo su marido, no sé por qué razón”.


El episodio recuerda que el mismo Marinello fue protagonista y testigo de la Inauguración, en 2002, de la Sala de Fotografía Joaquín Edwards Bello del Centro Cultural Estación Mapocho, una de las primeras especializadas en ese arte de nuestro país, con la muestra Fotodigrafías de Identidad.

Lo que motivo, entonces, las siguientes palabras:

Cuando, hace algunas décadas, llegué a la escuela de periodismo, Marinello ya estaba.

Aunque tan joven como quienes venían de la otras escuelas a iniciar una segunda carrera, era uno de esos viejos sabios de la tribu.

Hablaba en fácil y enseñaba fotografía con el injusto título de ayudante, mientras quienes ostentaban el carácter de profesores, justificaban religiosamente cada semana su inasistencia.

Contaba historias de un probable hermano piloto de helicópteros y otras nacidas en inverosímiles reportajes, como los zapatos de cuero de pescado o las bondades de la quínoa y el lupino, que compartimos.

Admirado por sus alumnas sólo sucumbió a los encantos de una escolar con la que bailó ininterrumpidamente varios días seguidos en un matrimonio de esos de campo, en Molina.

Luego, con el primer once de septiembre, vimos juntos como uno a uno iba desgranándose esa pléyade de profesores de la escuela, como si alguien hubiese sacado, en palabras de Marinello: “el tapón de la artesa”.

Sin tapón, pero con sabiduría y prestigio, Marinello permaneció formando periodistas fotógrafos o fotógrafos periodistas, ya como profesor titular.

A ese destacado profesional y amigo recibimos (el 30 de abril de 2002), con admiración y cariño en este Centro Cultural Estación Mapocho que lleva años de experiencia en la gestión cultural, promoviendo las artes a través de aportes privados.

Con esta muestra también hicimos realidad la Sala de Fotografía Joaquín Edwards Bello, luego de un largo proceso en el que muchas personas y empresas estuvieron involucradas, lo que hoy nos permite avanzar un paso más en nuestra política de destinar espacios preferentes para las distintas expresiones artísticas.

Es un orgullo inaugurar esta sala con la muestra Fotodigrafías de Identidad de Marinello, fotógrafo y periodista.

Antecedente no menor en el sentido de que el periodismo es un ámbito que intenta reflejar o por lo menos acercarse a aquello que llamamos "realidad".

Sin embargo, o tal vez justamente a causa de esos coqueteos con la inasible realidad, es que Marinello echa mano de imágenes reales guardadas en archivo, para transformarlas en identidad subjetiva. Para lograrlo hace uso de la tecnología, del artilugio digital como puente entre apariencias que se encuentran en orillas opuestas. "Las herramientas digitales permiten unir las imágenes, recreando un tiempo y espacio propios del fotógrafo", en palabras del autor. 
 

Cuando hace unos años, mi hija Catalina llegó a la escuela de periodismo, Marinello ya estaba.

No me sorprendería que cuando alguno de esos esquivos nietos llegue a la escuela de periodismo, Marinello ya estaba.

Por ahora, mientras eso ocurre, disfrutemos de su arte.

05 agosto 2015

GAM: ¿PARA DÓNDE VA LA TORRE?




"Pocas obras como ésta pueden reflejar mejor los procesos políticos, sociales y culturales del país en los últimos 40 años. Esta torre formaba parte de la Remodelación San Borja, y al momento de la construcción de la sede de la UNCTAD III, se habilitó para acoger servicios y oficinas de esa conferencia internacional", según Cristóbal Molina, coordinador del Área de Arquitectura del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. "Es una obra de arquitectura sumamente relevante y simbólica".


Nació pre destinada, esta torre, desde sus fundaciones. En los planos originales tenía el número 22 de una veintena de edificios similares que conformarían la remodelación. No obstante, como el patito feo, tuvo un destino diferente. Mejor que el de sus colegas famosas como la Torre 10, inspiración para la telenovela chilena del mismo nombre emitida por TVN en 1984, que ocupó el edificio para algunas escenas o la Torre 15, en la que están los Servicios Centrales de la Universidad de Chile. Sus cimientos fueron aprovechados en el edifico de oficinas que debía acompañar a la Conferencia de la UNCTAD. Fue inaugurada, junto a la placa, el 13 de abril de 1972. Entonces el Presidente Allende le asignó un destino: "Queremos que esa torre sea entregada, y así lo propondré, a las mujeres y los niños chilenos."

El joven e impetuoso Rodrigo Ambrosio, que llegaba de una viaje por Asia, tomó la iniciativa proponiendo un museo de los niños, tal como los había conocido en su gira y puso a un grupo de profesionales del MAPU a trabajar en el proyecto. Mientras tanto, la edificación permaneció bajo tuición de Naciones Unidas hasta ser entregada oficialmente al Ministerio de Educación, en junio del mismo año.

Entonces vino su segundo nombre: Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral. Hasta el 10 de diciembre de 1973, cuando un decreto con fuerza de ley lo renombró Diego Portales, fue cerrado al público y se le cambió su destino: sede de la Junta Militar de Gobierno. 

Además de los comandantes en jefe y sus comisiones asesoras legislativas, en sus pisos acogió una de las más deleznables oficinas de la dictadura: DINACOS, la dirección de comunicación social, un eufemismo para decir, la censura. Previa en sus inicios, auto censura más adelante.

Allí sufrí el anuncio de clausura de APSI, revista que dirigí hasta la tarde del 7 de agosto de 1981. Poderosa oficina.

Con la llegada de la democracia, desde 1991, el Ministerio de Defensa continuó ocupando la torre.

El 5 de marzo de 2006, un incendio no alcanzó a consumir la placa pero la dejó suficientemente dañada para replantearse su futuro, como suele ocurrir en Chile -país de poca destreza en planificar y bien mantener edificios notables- luego de las catástrofes.

Más tarde, un comité interministerial determinó que se convocaría a un concurso de arquitectura para transformar el conjunto arquitectónico en centro cultural. Por su instrucción, se avanzó en la constitución de una corporación cultural de derecho privado sin fines de lucro que administraría, en comodato, el edificio reacondicionado. Se contrató un estudio de audiencias y un plan de gestión. Con ellos en la mano, se seleccionó a, través de una empresa de busca de talentos, un primer equipo de ejecutivos, dejando pendiente el Director o Directora para el inicio del gobierno siguiente.

El complejo adquirió su actual denominación el 19 de octubre de 2009, cuando la presidenta Michelle Bachelet promulgó la ley 20.386 en la que se estableció que se le diera el nombre de la Premio Nobel chilena para "perpetuar su memoria y honrar su nombre y su contribución a la conformación del patrimonio cultural de Chile y de las letras hispanoamericanas".

Las audiencias han ido llegando al centro cultural en la cantidad y formas esperadas a pesar de que el gobierno de Sebastián Piñera detuvo el desarrollo de su segunda etapa: léase una gran sala para alrededor de dos mil personas, que ahora se anuncia para el 2017. Mucho menos se avanzó en la tercera: la torre.

El plan de gestión, así mutilado, consideraba que el principal financiamiento del centro cultural vendría de cinco unidades de negocios, la principal de ellas, la mentada torre, que asumiría un destino hotelero de tres estrellas y de oficinas aceptables dentro del destino turístico que contempla el plan regulador del sector. Considerando que para ese uso requeriría de una importante y costosa adaptación a las normas vigentes para un edifico de 23 pisos, ya avanzado el siglo XXI.

A partir del 2008, Defensa comenzó a retornar a su sede histórica en el Barrio Cívico, y lo terminaría de desocupar próximamente.

En la nueva etapa que se inicia con esa mudanza, la torre "podría ser destinada a una función cultural, y retomar su vínculo original con el GAM" señala la periodista Romina De la Sotta en artículo de El Mercurio el 4 de agosto de 2015. Y se pregunta: ¿Cómo intervenir arquitectónicamente la torre para darle usos culturales? ¿Cómo potenciar los servicios del Estado que allí se instalen? En esa dirección, la Escuela de Arquitectura UC, con el apoyo del Consejo Nacional de la Cultura, convocó a estudiantes de esa disciplina de Chile, Brasil y Argentina, para desarrollar propuestas.

Es la primera piedra para poner en discusión con todos los interesados en el futuro de esta emblemática torre.

Es de esperar que, dando por supuesto que su destino es cultural, como lo han reiterado varios Presidentes, no se descarte su natural vinculación al proyecto GAM y se considere el significativo aporte con el que podría contribuir a su financiamiento.

Sus crecientes audiencias de artes escénicas y musicales lo agradecerán.

El debate está abierto.

31 julio 2015

CIVILIZACIÓN Y BARBARIE EN LA LITERATURA MILITAR

Balmacedistas en 1891 en la cárcel de Valparaíso, de autor desconocido.

Desde Doña Barbara o La vorágine, dos novelas clásicas de la literatura latinoamericana, el motivo literario de la lucha entre la civilización y la barbarie ha estado muy presente tanto en la ficción como en la no ficción de las letras del continente. El interesante libro de Carmen Mc Evoy Guerreros civilizadores, política, sociedad y cultura en Chile durante la Guerra del Pacífico, publicado por la UDP, trae nuevamente a la palestra el papel que, en esta disyuntiva, han jugado diferentes actores de la sociedad chilena, en especial, el Ejército.


Desde Bernardo O'Higgins, empapado de las ideas franc masónicas, que abolió la esclavitud y las peleas de gallos y fundó la Biblioteca Nacional el 19 de agosto de 1813, considerado un civilizador, a Casimiro Marcó del Pont, que, en las filas de los bárbaros, en 1816 prohibió los carnavales dejándonos en la tristeza de un inicio de cuaresma gris, con el siguiente bando: "Teniendo acreditada por la experiencia, las fatales y frecuentes desgracias que resultan de los graves abusos que se ejecutan en las calles y plazas de esta Capital en los días de Carnestolendas (carnaval) principalmente por las gentes que se apandillan a sostener entre sí los risibles juegos y vulgaridades de arrojarse agua unas a otras; y debiendo tomar la más seria y eficaz providencia que estirpe de raíz tan fea, perniciosa y ridícula costumbre; POR TANTO ORDENO Y MANDO que ninguna persona estante, habitante o transeúnte de cualquier calidad, clase o condición que sea, pueda jugar los recordados juegos u otros, como máscaras, disfraces, corredurías a caballo, juntas o bailes, que provoquen reunión de jentes o causen bullicio..."

Entre militares civilizadores puede considerarse al general Carlos Ibañez del Campo y su Ministro de Educación, el general Mariano Navarrete, que, a punta de un Decreto con Fuerza de Ley, crearon la DIBAM en 1929. Entre los bárbaros, al que fuera Comandante en Jefe del Ejército Roberto Silva Renard, ejecutor de la orden de matanza de la Escuela Santa María de Iquique, el 21 de diciembre de 1907 en Iquique, en contra de obreros del salitre y familiares de éstos, provenientes desde las oficinas salitreras de las pampas de Tarapacá, y que estaban en huelga producto de peticiones de mejoras laborales no solucionadas. El desconocido atentado anarquista en contra de su vida es vivamente relatado en la Historia Secreta de Chile, de Jorge Baradit.

El general Carlos Prats, también Comandante en Jefe, escribió el ensayo Benjamín Vicuña Mackenna y las Glorias de Chile, recibiendo una mención de honor en el concurso del Memorial del Ejército de Chile, en abril de 1957; reeditado por Pehuén editores en 1973. Su sucesor, en cambio, sufrió acusaciones de plagio por su libro Geopolítica y tiene en su triste récord el haber ordenado la quema de 50 mil libros del Premio Nobel Gabriel García Márquez, en noviembre de 1986, en Valparaíso.

Los "militares civilizadores" de la guerra del Pacífico, que registra Mc Evoy, son contemporáneos y a ratos los mismos que, como el coronel Leandro Navarro en Crónica de la Pacificación de la Araucanía (Pehuén 2007) escriben con respeto y admiración por el pueblo mapuche siendo reconocido como "una nueva Araucana" en su prólogo por el académico José Ancán: "Redactada desde la soberbia complaciente de los vencedores; el autor, uno de sus protagonistas directos, abre y concluye su obra poniendo al mismo nivel “la misión pacificadora” del la Araucanía con la coetánea Guerra del Pacífico: “los baluartes en que cimienta sus glorias el Ejército antiguo” (p.137). Queda claro eso sí, que pese a los autoproclamados honores, fue esta una guerra unilateral, donde uno de los adversarios –el Ejército chileno– en nombre de una supuesta superioridad encubierta en la noción de “civilización”, consideró que el territorio mapuche, hasta entonces absolutamente independiente, hecho que había sido sancionado tanto por la fuerza de los acontecimientos, como por un tratado suscrito hacía más de 300 años con la Corona española, le pertenecía sine qua non. Es por esto que el Estado chileno declara fiscal el territorio mapuche antes de ocuparlo".

El protagonista del relato Un veterano de tres guerras, José Miguel Varela, conservando su grado militar, destacó tanto en la docencia en un liceo público como en tareas de distribución de tierras en Malleco y Cautín, recientemente incorporadas al territorio nacional por el gobierno de José Manuel Balmaceda y por encargo del propio Presidente. Varela llegó incluso a discutir con el intelectual peruano Ricardo Palma sobre aquellos libros de la Biblioteca Nacional del Perú que debieran o no formar parte del botín de guerra que se enviaría a Santiago luego de la ocupación de Lima.

Ambos militares fueron exponentes de un país que pasó su primer siglo de vida en combates: la Guerra de Arauco, la Guerra del Pacífico y la Guerra Civil de 1891, hasta ser borrados de los registros del Ejército, fruto de la “hecatombe” de los acontecimientos políticos de 1891, como Navarro califica a la circunstancia que, mientras Balmaceda civilizó creando vías férreas, ciudades y obras publicas, sus rivales destruyeron, en barbaras hordas, las bienes de sus oponentes derrotados.

Durante la dictadura cívico militar iniciada en 1973, en el Ejército de Chile se produjo un gran retroceso hacia la barbarie, llegándose a la quema personas o la prueba de venenos en prisioneros políticos y comunes, para ser ocupados posteriormente en adversarios políticos.


Revisando nuestra historia de fines del siglo XIX -en el actual contexto- es inevitable preguntarse qué pasó con nuestro Ejército, entonces devotamente subordinado al mando civil, recibiendo ordenes, incluso en el campo de batalla, de autoridades sin carrera militar o colaborando con las tareas de poblamiento e incorporación al país de nuevos territorios conquistados sea al norte del río Loa o al sur del Bío Bío y verlo ahora sin capacidad de reacción ni sensibilidad frente atrocidades cometidas por sus integrantes activos en las décadas del setenta y el ochenta del siglo XX.

La civilidad fue determinante en el resultado, favorable a Chile, de la Guerra del Pacífico, luego de que el heroísmo de Arturo Prat conmoviera hasta lo más profundo a nuestra sociedad y se enrolaran  miles de compatriotas que finalmente entraron -los sobrevivientes- victoriosos a Lima., encarnando, en palabras de Mc Evoy, los anhelos de una república joven y pujante que vio en la guerra la oportunidad para establecer no sólo su autonomía económica sino un lugar destacado en el “concierto de las naciones civilizadas”.

En este mismo texto es posible verificar cómo la burocracia pública chilena llegaba inmediatamente detrás de los soldados, a hacer funcionar el territorio conquistado, pero no en condición de campamento, sino de la capacidad de mejorar las condiciones tecnológicas y humanas preexistentes.

Es decir, un ejercito subordinado y complementado con la autoridad y las tareas civilizadoras de un país pujante que construía a fines del siglo XIX lo que sería su integridad territorial que aún esgrime.

Algo ocurrió que esta amalgama -muchas veces cruzada por organizaciones laicas y progresistas, como la masonería- se quebró con la Guerra civil de 1891.

El resultado, aparte del suicido del Presidente Balmaceda en la Legación argentina, fue un país dividido en el que hordas populares asaltaban bienes y propiedades de los derrotados y que miles de civiles y militares que combatieron trabajosamente en Antofagasta y Perú, terminaron degradados militar y humanamente, agrupandose algunos en violentas bandas de asaltantes.

Conmovedor resulta el conflicto que se le plantea a José Miguel Varela al ser invitado por ese ejército al que sirvió lealmente y que luego lo humilló, a desfilar con los batallones olvidados de los veteranos del 79 en esa parada de celebración de centenario en 1910, en el Parque Cousiño.

Su dilema era el de Chile: incorporarse a ese desfile con quienes había combatido y reencontrarse con tantos veteranos -harapientos muchos- con los que tenía cariño y una nación en común. O restarse y mantener vivo el natural resentimiento hacia quienes lo habían marginado de su ejercito.

Como muchos, optó por marchar junto a sus camaradas viejos combatientes, comprar a un ropavejero medallas similares a las que había destruido mientras vivía la persecución anti balmacedista y demostrar -a sus hijos y a nosotros- que un país se construye con todos sus hijos.

No recibió a cambio la misma moneda. Ese ejército no era el mismo y se desatendió de los civiles que lo habían reforzado en los campos de la batalla y de la paz posterior.

Lo que siguió fue solo la profundización de esa lejanía que llegó a horrores durante la dictadura  que comenzó en 1973.

Y hoy, revisando la historia, ¡cómo quisiéramos que la barbarie se reconozca!, se degrade a los responsables y la tendencia se revierta para poder -tal vez- recuperar algo de ese ejercito, partícipe y actor de la civilización, que alguna vez tuvimos.

No sólo en la literatura.

21 julio 2015

BUSCANDO FUTURO, MIRANDO NUESTRA HISTORIA


No parece haber dos opiniones respecto de que, como país, estamos pasando momentos complejos, de búsqueda se puede decir, si lo miramos en positivo. Mientras muchos parecen no advertir la magnitud de la crisis, otros prefieren seguir avanzando aunque haya poca claridad del destino. Sin embargo -afortunadamente- no faltan quienes miran hacia el pasado para poder encontrar la llave del futuro. Sorprende que en los primeros lugares de los libros más vendidos aparecen textos de historia, mientras la mayores editoriales están empeñadas en difundir novedosas formas de acceder a nuestro pasado.


La senda esta vez la abrió un libro que recoge los testimonios de José Miguel Varela, un abogado de Concepción, que conociendo del heroísmo de los marinos chilenos en el Combate Naval de Iquique, resolvió enrolarse, en 1879, en la caballería chilena, pasando a formar parte, como alférez, del Regimiento Granaderos. En esa condición fue enviados a Antofagasta primero, desde dónde protagonizó diversos episodios de la guerra del Pacífico incluida la ocupación de Lima, dónde llegó a ser nombrado Director de la Biblioteca Nacional y jefe, por tanto, del escritor peruano Ricardo Palma, su subdirector, con quién trabó un interesante duelo por los volúmenes que sobrevivían en esa biblioteca, en la que Palma permaneció detenido por las fuerzas de ocupación que encabezaba el contralmirante Patricio Lynch.
Su condición letrada llevaron  a Varela -según el relato que redactó el periodista Guillermo Parvex, que a su vez lo heredó de un abuelo, amigo de Varela- a diferentes posiciones como juez, auxiliar sanitario o funcionario público, lo que le permitió advertir las atrocidades de la guerra, sin dejar de mostrar su sensibilidad hacia la cabalgadura que lo soportaba en la lucha y en el descanso.
Después de regresar a Chile fue destinado al Húsares de Angol, un regimiento que debía enfrentar tanto las incursiones argentinas como de bandidos chilenos abandonados por su país luego de la guerra del norte, como de fuerzas mapuche.
La tercera guerra de la que se reconoce veterano fue el sangriento enfrentamiento civil entre balmacedistas y anti balmacedistas, que culminó derrotado como todo el Ejercito chileno, humillado por la Armada sublevada con apoyo de la oligarquía.

Este libro, -que recuerda la amenidad de Jorge Inostroza en Adiós al Séptimo de Línea, y la cercanía del testimonio directo de Crónica de la Pacificación de la Araucanía, de Leandro Navarro- revela que Chile pasó su primer siglo de vida en guerras y que las causas de las mismas fueron diversas y acarrearon consecuencias que hasta hoy nos persiguen. No otra cosa son el conflicto mapuche que continúa como una herida abierta y las disputas vecinales con Perú y Bolivia que ocupan a juristas del mundo.

Otro texto que se encarama entre los más vendidos es Historia secreta de Chile, de Jorge Baradit sobre episodios selectos que se entregan con la pasión y la atmósfera de como, aparentemente, sucedieron. Nuevamente la guerra del Pacífico está presente en el estremecedor texto sobre el Combate de la Concepción y el singular destino de los corazones de varios de los soldados allí descuartizados por montoneras peruanas.

Pero hay más, los misterios del Cristo de mayo, el reino francés en la Araucanía, la suerte del cadáver de Manuel Rodríguez o el espiritismo de Arturo Prat, son otros episodios que buscan lograr el acercamiento a la historia de Chile que el momento actual parece aconsejar. También hay más recientes como la conspiración de la virgen de Peñablanca o la internet de Allende

Para más detalle, dos historiadoras de la Universidad Católica -Barbara Silva y Josefina Cabrera- decidieron escoger un episodio histórico de un día de todos los años del siglo XX. Así es como aparecen historiados, por ejemplo, el Plebiscito del 5 de octubre de 1988 con el histórico titular Corrió solo y llegó segundo; la inauguración del edificio UNCTAD, después Gabriela Mistral; el mundial de fútbol de 1962; el terremoto de Valparaíso del 6 de agosto de 1906; la creación de la Vicaría de la Solidaridad, el 1º de enero de 1976 y otros 95 capítulos del libro: Chile, cien días en la historia del siglo XX. Incluye además episodios culturales como la inauguración de la carpa de Violeta Parra en La Reina; el estreno de  Alturas de Machu Picchu, de los Jaivas, o la primera versión de La voz de los ochenta.


Más que hacer crítica de estos libros recientes, interesa reflexionar sobre la favorable recepción que han tenido, primero en el mundo editorial y luego entre los lectores.
Lo primer es recordarnos -nunca está demás- que aunque sólo tenemos poco mas de doscientos años como nación independiente, tenemos historia que, si la conocemos, puede iluminarnos. Que no es cierta esta malhadada tendencia a creer que todo comienza de cero cuando determinado grupo llega al poder, que tanto daño ha causado.
Cabe plantearse, además, la hipótesis de que frente a un presente poco auspicioso, parece sensato replegarnos sobre nuestro pasado reciente, y no tanto, para buscar las claves que nos permitan volver a mirar el futuro con optimismo.

Entonces podremos encontrar aquellas gestas de las cuales podemos sentirnos orgullosos, las que costaron tanto trabajo y no merecen arriesgarse y aquellas otras -como las guerras internas o externas- de las cuales sólo corresponde acordarse para hacer todo lo posible por impedir su repetición.

Porque lo que finalmente enseña la historia es que tenemos un pasado común que nos une y nos amalgama.

Por ahora, un buen paso sería leer estos libros y probar reconocernos en lo que relatan.

06 julio 2015

¡AY, AY,AY!, CAMARENA Y LA COPA AMERICA


Ganar una Copa América permite algunos lujos, como encontrar en las calles de Puerto Varas, algunas horas antes del partido final, al tenor mexicano Javier Camarena, convenientemente arropado por una parca roja. Pero lo mejor vino después. Una vibrante final vista en gigantesca pantalla sobre las aguas del lago Llanquihue con la misma audiencia que unos minutos después celebraríamos, en el espacio Tronador del teatro del Lago, escuchando la privilegiada voz y la innegable simpatía de Camarena.


Esa tarde nada pareció al azar. Se respiraba fútbol. 

Camarena dejó su camarín, y no bien salido del túnel, preguntó si estábamos felices. La respuesta estuvo en su propia sonrisa. el público ya estaba en su bolsillo. 
El primer tiempo fue de arias de ópera... Romeo y Julieta, de Gounod; Los Capuletos y Montescos, de Bellini; la Cenicienta, de Rossini, y La hija del regimiento, de Donizetti. El tenor, estaba muy bien secundado por un sólido pianista de origen cubano, Ángel Rodríguez.
El entretiempo, adornado por la copa de espumante que el breve lapso entre los penales y el inicio del recital no permitió, fue testigo de comentarios eufóricos.

El segundo lapso comenzó al ritmo de las zarzuelas: Te quiero, morena, de José Serrano, y No puede ser, de Pablo Sorozábal. Como para recordar el mejor antecedente de la roja de Chile, derrotando al españolísimo equipo campeón del mundo en el Mundial reciente. 

Luego, el escenario cambió radicalmente para aterrizar en América Latina -territorio de la Copa en cuestión- con un ordenado Popurrí de "Consuelito Velásquez" que llevó las mentes a ese romance entre mexicanos y chilenos que se remonta a los tiempos de Jorge Negrete que provocó una conmoción en 1946, cuando cinco mil personas lo esperaban en la Estación Mapocho y, a causa de la aglomeración, cedieron las barandas de los andenes, lo que produjo un accidente. A la salida, tres mil personas no dejaban avanzar el auto, ‘A los que por mí hayan sufrido algún accidente, les pido mil disculpas’, declaró Negrete con voz entrecortada, relata Alfonso Calderón en su Memorial de la Estación Mapocho. O de Miguel Aceves Mejía, que entró a caballo al Teatro Municipal de Iquique, en los 50s, para cantar Allá en el rancho grande.


Quizás la mejor jugada de Camarena estuvo cuando piropeaba a las mujeres chilenas para anunciar Bonita, de Luis Arcaráz y un asistente intentó amagar poniendo en cuestión tal belleza. 
-¿Es argentino? disparó certero el tenor y el público celebró el lanzamiento.

La etapa final culminó en alza, con un Popurrí del mexicano Roberto Cantoral que incluyó la conocidísima Regálame esta noche, que terminó por rendir al "respetable".
El alargue, exigido con entusiasmo, aplausos rusos y algunas patadillas al maderamen del piso, comenzó con Si vas para Chile y siguió con el clásico Ay, Ay, Ay de Osmán Pérez Freire, primer autor de alcance internacional en la historia de la música chilena. 
Pérez Freire debió exiliarse en Argentina, con sus padres, debido a la persecución contra las balmacedistas que siguió a la guerra civil de 1891. En el país rival pasajero y vecino permanente, fue presidente de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores, sin dejar su nacionalidad. Una lección de juego limpio: la rivalidad pasaría y esta canción seguirá siendo conocida, como fue creada:  "reminiscencias cuyanas para canto y piano" y grabada por Carlos Gardel, Mario LanzaEngelbert HumperdinckAlfredo KrausLuciano PavarottiPlácido DomingoJosé Carreras y Nana Mouskouri, entre muchos otros. 
Curiosamente, o no, uno de los principales recintos deportivo de Valparaíso lleva el nombre del músico, el Auditorio Osmán Pérez Freire del cerro Mariposas. Otro ejemplo de feliz convivencia entre el deporte y las artes.


La segunda parte del alargue se inició con Yo vendo unos ojos negros, que popularizara el más mexicano de los cantantes chilenos: Lucho Gatica. A estas alturas, la identificación entre la estrella del canto y el público era semejante a los asistentes del Estadio Nacional y la roja de todos.

Los penales fueron un  regreso a lo que vinimos... la ópera. La donna è mobile, de Verdi, coronó la velada también con su mensaje de alerta: la mujer es voluble, como una pluma al viento.

O sea, bellas y fugaces. Lo cantó Camarena.

Otro motivo para celebrar ese 4 de julio de 2015, que difícilmente se olvidará, en los estadios y en los escenarios de Chile.

02 julio 2015

DEPORTE Y CULTURA, UNA ALIANZA POSIBLE


Escribo antes de lo que podría ser la culminación de este pequeño flirteo entre el fútbol chileno y la cultura de nuestro país, es decir, la final de Copa América. Es que ya hay enseñanzas de esta maridaje que, sin ser nuevo, cobra nuevos bríos en tiempos de copa y, sobretodo, de posibilidad de ganarla. La final entre Chile y Argentina ha provocado cambios horarios y, los cuartos de final, debates encendidos respecto de dedos y manos, incluso una carta del Ministro de Cultura en la prensa.


Sin el debate -también con un aspecto cultural- del cambio o no del horario de invierno, que indudablemente incide en las costumbres de la población, la Copa América ha determinado modificaciones de los tiempos de funciones en nuestros principales teatros de ópera. El Teatro del Lago resolvió atrasar en una hora el recital -único en Chile- del ascendente tenor Javier Camarena y agregar a los felices poseedor de un asiento para escucharlo, la posibilidad de ver previamente la finalísima en el mismo entorno lacustre. Un combo deportivo/cultural.
El Teatro Municipal, adelantó su función de la ópera Madama Butterfly del sábado 4, de las cinco a las dos de la tarde, permitiendo a los melómanos que lo deseen disfrutar del Chile/Argentina en alguna TV cercana, luego de la ópera.

Un travieso dedo del jugador chileno Gonzalo Jara, puesto en el lugar preciso para provocar las iras del jugador uruguayo afectado, terminó en una expulsión del irritado, una pintada celeste en la Mano de Mario Irarrázaval, sita en Punta del Este, y las justificadas iras de nuestro Ministro de Cultura por esta suerte de "venganza" cultural de una derrota deportiva. Es decir, dejemos que el celeste siga en el cielo y no devastando una obra de arte.

Pero las relaciones entre deporte y cultura van más allá de la coyuntura.
Se menciona habitualmente en cursos de gestión cultural los auspicios a eventos deportivos -sponsorship- como un modelo posible para acceder a recursos para la cultura.
Se aplaudió, en su momento, la calidad de concursables de los fondos para las artes cuando en nuestro país, en 2005 y 2006, estalló un escandalo por platas asignadas por el Instituto Nacional del Deporte, sin concurso y se deseó que ojalá esos fondos para estimular el deporte llegasen a ser también concursables como lo son, hasta hoy, los fondos de cultura, que recientemente han anunciado un nuevo período de postulaciones, aún con más recursos.

En materia de infraestructura, el caso australiano nos enseña el estrecho vinculo entre la construcción de estadios y otros recintos deportivos con la edificación de bibliotecas, salas de concierto y teatros. Sydney, Melbourne, Brisbane, son ejemplos de magnificas construcciones culturales que nacieron de proyectos vinculados a las respectivas postulaciones logradas a juegos olímpicos y otros eventos deportivos de alcance mundial, que estimulan la inversión pública y privada en infraestructuras. Barcelona tiene también ejemplos al respecto, incluido el Forum Mundial de las Culturas de 2004, que dejó lo suyo en sectores no desarrollados de la ciudad.

Si bien es cierto que nuestra generosa política de infraestructura cultural, iniciada en 2000, carece de la alianzas con Comités Olímpicos u otros organizadores de torneos deportivos, tampoco es una idea a descartar en el futuro.

De la cultura, que suele ocupar recintos deportivos, el deporte puede extraer lecciones respecto del ejemplar comportamiento de las audiencias culturales que no sólo respetan y cuidan las edificaciones que los acogen sino que no han dejado huella de incidentes en calles y plazas con posterioridad a los mismos. Es que en cultura no suele haber ganadores y perdedores, por ende las frustraciones no visitan a los recitales masivos ni los festivales y ferias de algún arte determinado.

En menos casos, pero los hay, los deportistas ocupan espacios culturales. Aconteció en el Centro Cultural Estación Mapocho con un concurso de saltos ecuestres, varios campeonatos de ping pong y un futuro campeonato sudamericano de ajedrez, fijado para diciembre de 2016.

Y también hay oportunidades en que ambos intereses se cruzan.

Acaba de ocurrir cuando al inaugurarse, a dos días de la final futbolística, una exposición dedicada a los escolares en vacaciones, llamada Transformers, el corte de cinta fue acompañado por un sonoro Ceachei.

Es que un poco de espíritu ganador no hace mal a nadie.