25 junio 2012

MUSEO DE LA MEMORIA: OJALÁ NO HUBIESE SIDO NECESARIO



Mientras el Museo se construía, bajo la atenta vigilancia de la Presidenta Michelle Bachelet, muchos comenzamos a preparar lo que habríamos de contribuir como parte de sus contenidos. Así como los chilenos contribuyeron con generosas donaciones para crear, en las cercanías del Centenario, lo que vendría a constituir el Museo Histórico Nacional, deberíamos ser quienes padecimos los años de dictadura quienes alimentáramos este indispensable tributo a las víctimas de crímenes que nunca más deberán acontecer en Chile, ni en parte alguna. Ese es el sentido de museos como el del Apartheid en Sudáfrica,del Holocausto, en Israel; de la Tolerancia, en Los Ángeles, y Ciudad de México o el Museo Judío de Berlín.

Así como el Museo Histórico chileno se construyó en parte sobre los dolores de un siglo XIX plagado de guerras, desde la Independencia hasta la Guerra Civil de 1891, pasando por la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, la Guerra de Arauco, y la del Pacífico y los chilenos donaron principalmente atuendos y recuerdos militares, exhibidos en la Exposición Histórica del Centenario (1910), un período en el que la cultura y, con ella, muchas vidas se apagaron por acción de agentes del Estado, merecía que el país invirtiera una mínima parte de lo que se gastó para reprimir a connacionales en iniciar una cruzada que impidiera que aquellos crímenes se repitieran.

Ojalá no hubiese sido necesario. Ojalá no hubiese tenido que concurrir -como editor e importador de libros- en 1986 a la entonces Intendencia de Valparaíso a comprobar con espanto que un Almirante de apellidos Rivera Calderón, había ordenado incinerar 15 mil ejemplares de un libro de Gabriel García Márquez, tan Premio Nobel como nuestros Mistral y Neruda. Ojalá no hubiese destinado parte de mi tiempo a recopilar documentos que probaban fehacientemente la realidad de ese acto que horrorizó a lectores de todo el mundo. Ojalá los diarios de  idiomas ignotos no hubiesen publicado esas imágenes de piras de libros para ilustrar, una vez más, una información fechada en Chile, como aconteció en 1973.

Pero fue así y el mejor destino de aquellos luctuosos papeles es el Museo de la Memoria. Tal como los testimonios de tantos familiares de compatriotas que padecieron acciones deplorables de parte de agentes pagados con sus propios impuestos.

No sólo existe la obligación de un país de reparar en parte el daño causado sino también el derecho de las víctimas a exhibir ante las nuevas generaciones y ante los visitantes de todo el mundo los pacíficos documentos que demuestran que no se responderá incineraciones de libros con nuevas incineraciones, ni torturas con nuevas torturas, ni aniquilamientos con nuevos aniquilamientos. Sólo se demanda el derecho a relatar, sin odio, fundadamente, en un entorno que llame a la reflexión aquello que ojalá no hubiese acontecido. 

Sorprende por tanto que profesionales que han dedicado a la historia su pasión, cuestionen este espacio de acumulación de testimonios y otros insumos básicos para construir o seguir construyendo nuestra historia, tal como lo hacen los archivos nacionales, las bibliotecas y los museos que el país se ha dado en diversas circunstancias y que desde 1929 dependen de la DIBAM, un servicio público creado para tal efecto.

Preocupa que profesionales que tienen o tuvieron responsabilidades en ese servicio no entiendan el sentido profundo de un Museo como el de la Memoria y los Derechos Humanos.

La democracia que afortunadamente vivimos nos enseña que tienen todo el derecho a tomar otras iniciativas que perfeccionen la memoria nacional. Y que respecto de instituciones que existen, reconozcan su aporte o guarden un respetuoso silencio.

Es demasiado grave lo que acoje ese museo como para festinarlo en una polémica más.

No en este caso.


08 junio 2012

PARRA DEBE SER PREMIO, NO SÓLO PREMIADO

Gabriela Mistral llega a la Estación Mapocho, después del Nobel 
Querellarse en contra de quienes le infligieron el Premio Pablo Neruda es poco castigo de parte de Nicanor Parra, sólo que adolece de poca originalidad. No hay político y ciudadano común que se sienta tocado injustamente a través de la prensa que no profiera la misma -ya inocua- amenaza. Siendo comprensivo con el Jurado ofensor, cabe atenuar su actitud con la existencia de un escenario imposible: hay un poeta mayor que no ha recibido el premio identificado con otro poeta mayor del mismo país que lo otorga, en vísperas de que el impremiado posiblemente reciba el Premio Nobel que otra poeta mayor recibió antes que el Premio Nacional del país -"de poetas"- que tuvo a bien engendrar estos tres colosos. Es decir, el reciente, es un premio más diplomático que literario, más culposo que espontáneo.


Pero, como en toda circunstancia, poética o no, es posible "convertir el revés en victoria".
Lo ocurrido deja en evidencia que a pesar de llevar 70 años dando premios nacionales y completando este 2012 los trescientos galardonados, Chile no se ha dotado de una política de premios, aunque sí de estímulos tributarios. Signo de los tiempos.

El Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda es uno de los galardones más recientes y quizás de los mejor concebidos, dado que es decidido por poetas y la autoridad política sólo actúa como vocero del mismo. Rol que el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, su creador, ha pedido insistentemente que se traslade a los premios nacionales en los cuales el Ministro de Educación tiene voto en todas sus disímiles categorías, al igual que el Rector de la Universidad de Chile, estableciéndose de entrada un dúo -de cinco- que bien podría cambiarse por un conjunto de expertos en cada una de sus áreas, que le darían más aire al galardón.

Adicionalmente, el CNCA ha solicitado estar representado en aquellos premios nacionales vinculados a las artes, reforma de toda lógica que debiera considerar una próxima administración, junto al hecho de que la autoridad ministerial que presida el jurado sólo actúe como vocero y dirimidor de eventuales empates.

También sería aconsejable que esta política de premios considere la creación de algunos nuevos galardones, como los de arquitectura o medicina que intentan posesionar las respectivas agrupaciones gremiales, y retorne al premio de literatura a la anualidad original, tan merecida por la generosa producción de poetas y narradores, que debiéramos seguir estimulando.

En esa misma línea, cabe reforzar los galardones a figuras nacionales y extranjeras que contemplan las dos órdenes al mérito del sector educativo y cultural: la tradicional Orden Gabriela Mistral y la más reciente Orden Pablo Neruda, instituida por el Consejo Nacional de la Cultura, a poco de su creación.
Si queremos roncar en grande en el terreno internacional e incursionar en serio (o casi) en la diplomacia cultural deberíamos crear el Premio Internacional Nicanor Parra a la Anti-Poesía, reconociendo a notables seguidores de nuestro vate en esa especialidad original, que se asocia necesariamente a Chile. Para el Jurado, disponemos de literatos nacionales en muchísimas universidades del mundo y para estimular a los postulantes, debiéramos contar con nuestras representaciones diplomáticas y la creciente presencia nacional en ferias de arte y literatura del mundo.

Así como nuestra original figura de Consejo de la Cultura ha permitido descollar en el continente, incluso sosteniendo a nivel local la popularidad de un Ministro que, por la vía de políticas de continuidad y no enfrentamiento de las políticas de sus antecesores, aparece con una popularidad tal que lo catapulta como candidato en posibles lides parlamentarias.

Especulaciones. Tal como aquella que sostiene que Parra ganaría el Nobel. A pesar de algunos sacristanes que piensan que el máximo galardón de la literatura universal se obtiene sumando tardíamente presidentes, rectores y seminarios.

Lo que allí se valora prioritariamente es la calidad creativa. Más que las horas/discurso.
Como aquello no depende de nosotros, avancemos en lo que podemos: la creación del premio de Anti Poesía.

Antes de se que sepa lo del Nobel. 
Para no llegar atrasados, una vez más.
Para que no aparezca como revancha del picado, premio de consuelo o dieciocho chico.
De esa manera, sí o sí, Nicanor será premio.
Y muy merecido.

05 junio 2012

DE MUNICIPAL A REGIONAL ¿EL DESTINO DE LOS TEATROS?

Teatro Regional del Maule
Desde aquella tensa reunión en el gobierno regional del Maule, a comienzos del siglo XXI, en que la Directora Nacional de Arquitectura -Ivannia Goles- planteó que la solución al abandono del proyecto soñado por los talquinos por más de 40 años era un simple cambio de palabras: de municipal a regional, se han anunciado muchos teatros y, Consejo Nacional de la Cultura y las Artes mediante, esta idea inicial se ha convertido en política. Tanto, que el Ministro Cruz Coke aventura que con la continuidad de esa iniciativa de dos gobiernos atrás, se están construyendo "teatros regionales para cien años".
En efecto, esta medida de innegable avance, tiene su origen el 5 de abril de 2000, en el Palacio de La Moneda cuando Ricardo Lagos creó la Comisión Presidencial de Infraestructura Cultural y la mandató con una frase esencial: "no pondremos un peso allí donde no exista un plan de gestión".
Aplicándola, se constató que las iniciativas del municipio talquino, entre otros gobiernos locales, eran insuficientes para sostener en el tiempo los espacios culturales que se construyeran a través de la mencionado comisión. Desde entonces, el Teatro Regional del Maule, conducido por el fagotista y gestor Pedro Sierra, se ha convertido en modelo para el resto de las regiones del país. Ello porque los recursos necesarios para su gestión no descansan sólo en los aportes privados -que los hay- ni en la taquilla -que existen- sino también en compromisos estables del Gobierno Regional, que dispone de un 2% de ingresos públicos que debe destinar a cultura. Y qué mejor destino que una sólida infraestructura sobre la que se sustente el desarrollo artístico que, por ejemplo, la región del Bío Bío anhela pero no tiene, a juzgar por reciente encuesta del Diario de Concepción del domingo 3 de junio, respecto de la cuál editorializa señalando la posible ausencia de la tríada virtuosa de la gestión cultural: infraestructura, gestión y audiencias.
Precisamente esa carencia es la que debiera comenzar a solucionarse con la incorporación de la capital penquista al programa de Teatros Regionales, junto con proyectos antiguos como los teatros patrimoniales de Iquique o Magallanes y los nuevos diseños arquitectónicos de Coquimbo y O'Higgins.
En efecto, prácticamente oculto en la parafernalia de un discutiblemente apetitoso choripan con leche y plátano que ganó una votación virtual, quedó el hecho de que el Teatro José Bohr de Punta Arenas pasó a compartir padres entre el municipio y el gobierno regional, bajo la mirada complaciente del gobierno central que aplica una política de Estado en lo que a infraestructura se refiere.
Pocos días antes se había anunciado en Iquique un proceso similar que espera finalmente recuperar un hermoso teatro municipal, todo fabricado en pino oregón, que diferentes gobiernos locales habían ignorado.
Sacando cuentas, ya tienen su teatro las regiones del Maule y la Araucanía -el de Temuco funciona bastante bien- vendrán pronto Magallanes, Iquique, Bío Bío, Coquimbo y O'Higgins. Siete otra regiones - la mitad de ellas- quedan esperando. Un bocado ineludible para próximos candidatos a presidente y senadores.
Y una enseñanza para nuestra clase política: no siempre los períodos que desean partir de cero y hacerlo todo de nuevo, tienen buenos resultados. A la inversa, de pronto indagando en políticas establecidas por predecesores es posible encontrar caminos win win, en los que todos ganan: el público, las autoridades y la cultura.
Es lo que se ha hecho con la política de infraestructura cultural que, nacida bajo Lagos, profundizada por Bachelet y continuada por Piñera parece haber llegado para quedarse. 
Por ello, es incomprensible lo que acontece con la segunda etapa del GAM, un proyecto nacional.
¿O habrá que recurrir al gobierno regional metropolitano para terminarlo?

21 mayo 2012

MENSAJE PRESIDENCIAL CON SABOR A MERKÉN




Se habían creado expectativas. Un par de seminarios recientes, uno organizado por Libertad y Desarrollo y otro por Chile 21 y los adelantos del Ministro Cruz Coke en el primero, habían puesto el debate sobre la institucionalidad cultural en el tapete político y se presumía que el discurso presidencial del 21 de mayo daría luces sobre el camino que seguiría el proyecto de Ley del Ministerio de Cultura y Patrimonio anunciado con similares términos hace un año, en la misma cuenta ritual. Pero la sorpresa vino por otro sector: el multiculturalismo.

Veamos el texto del Mensaje: "Estamos dando un nuevo trato a nuestros pueblos originarios para integrarlos a nuestro desarrollo económico y social, y respetando al mismo tiempo su identidad, cultura, lengua y tradiciones. Para ellos, estamos impulsando una reforma constitucional que reconoce a Chile como un país multicultural... Hoy quiero proponer a nuestros pueblos originarios la creación de dos áreas de desarrollo indígena adicionales. Una, en parte de las comunas de Ercilla y Collipulli, y la otra, en la provincia de Arauco. Su objetivo es que los distintos territorios puedan participar activamente en las decisiones que los afectan. Asimismo, estamos creando centros de etnoturismo, administrados por las propias comunidades indígenas, tal como ocurre en países como Canadá o Nueva Zelanda. Y este año lanzamos un programa para rescatar sus lenguas originarias. Si no hacemos nada, en las próximas dos décadas el mapudungun o el aymara se habrán perdido, y con ellas, una parte muy importante de nuestra historia, identidad y riqueza cultural. Este programa permitirá que diez mil jóvenes de distintos pueblos originarios puedan aprender su lengua materna, enseñada por sus propios sabios a través de métodos ancestrales”.

De este modo, la noticia cultural este 21 de mayo vino más desde el Ministerio de Desarrollo Social, ex Mideplan, que desde el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Cuestión de geografía: su titular, Joaquín Lavín, reside desde hace algún tiempo en La Moneda y Luciano Cruz Coke sólo llegó hasta Ahumada 11 luego de su emigración desde la lejana sede de Fray Camilo Henríquez, en esa loca carrera que parece existir por estar en el Palacio de Toesca.

Lo que se logró desde el Consejo, en el Mensaje, fue sólo un conjunto de reiteraciones: “Una sociedad de valores supone también una cultura libre, diversa y accesible a todos los chilenos. Para ello estamos invirtiendo más de $ 75 mil M$, el mayor esfuerzo de nuestra historia, en la construcción de cinco grandes teatros regionales en Iquique, La Serena, Rancagua, Concepción y Punta Arenas, además de 51 nuevos centros culturales a lo largo y ancho de Chile. Además, estamos recuperando 62 edificios patrimoniales, incluidos la Casa de Violeta Parra y de Vicente Huidobro, el Santuario Santa Rosa de Pelequén, el Museo de Arte Contemporáneo, el Museo Nacional de Historia Natural y la Biblioteca Severín. Para adecuar nuestra institucionalidad cultural a las necesidades del Chile actual, pronto enviaremos el proyecto de ley que crea el Ministerio de Cultura y Patrimonio, que estará integrado por el Consejo de la Cultura y las Artes, el Consejo de Monumentos Nacionales y la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos. Compatriotas: el desarrollo cultural no puede ni debe venir solo del Estado. En una sociedad fundada en la libertad se requiere también la participación y el compromiso activo del sector privado y la sociedad civil. Por ello, valoramos la aprobación en la Cámara de Diputados del proyecto que perfecciona y fortalece la Ley de Donaciones Culturales y esperamos su pronta aprobación por el Senado.¡Este sería el mejor homenaje que podemos rendir a don Gabriel Valdés, no solo un gran hombre de Estado, sino también, un gran promotor de la cultura y las artes! Quiero también rendir hoy un homenaje a Nicanor Parra, nuestro Premio Cervantes de Literatura, y manifestar a nombre de todo el pueblo chileno nuestro apoyo a su candidatura al Premio Nobel de Literatura para que se sume así a Gabriela y Pablo, dos gigantes de las letras chilenas, y cumplir así su vaticinio de que la derecha e izquierda unida jamás serán vencidas".

El reconocimiento de la feliz continuidad del programa de centros culturales e infraestructura cultural, que nació el 5 de abril de 2000 en el mismo Palacio, inspirado por otro presidente, Ricardo Lagos, continuado por la Presidenta Michelle Bachelet e incrementado por el actual gobierno, que le adicionó el capítulo de Teatros Regionales –inspirado en el Regional del Maule, inaugurado en 2005- y un capítulo de restauración patrimonial –datado el 2007, post terremoto y post Informe de la Comisión Parlamentaria presidida por el Diputado Felipe Harboe - que considera el parcialmente reinaugurado Museo de Historia Natural, entre otros edificios dañados. Pero que no deja de ser un tema de gobiernos anteriores, que bien valdría hidalgamente reconocer como tal.

La noticia desperdiciada en el discurso anual fue la modificación, recientemente aprobada casi por unanimidad en la Cámara de Diputados, de la modificación a la Ley de Donaciones Culturales, que se desdibujo entre una apelación al sector privado a apoyar la cultura y un merecido homenaje al ex Senador Gabriel Valdés. La incontenible tendencia a felicitar al poeta Nicanor Parra – y una vez más proclamarlo candidato al Premio Nobel- puede convertirse en un verdadero salvavidas de plomo para el anti poeta, si consideramos la distancia que la Academia Sueca tiene a candidaturas oficiales y tan publicitadas.

Los dos párrafos citados constituyeron la totalidad de las alusiones culturales del Mensaje y por tanto se podría afirmar que son las aspiraciones del gobierno del Presidente Sebastián Piñera en esta materia, en el año y algo que le queda. No es un misterio que en 20 meses no se aprueba una ley hasta la fecha desconocida, quizás tampoco sea tiempo factible para una reforma constitucional tan ambiciosa como la descrita. Por lo tanto, tal vez valdría la pena reunir ambas iniciativas – la del Ministerio y la del multiculturalismo- y dejar propuesto como tema de campaña y programa del siguiente mandato la creación de un Ministerio de las Culturas que integre todas las iniciativas culturales de los pueblos indígenas junto con las entidades hoy responsables del patrimonio “hispánico” y las sume al exitoso Consejo Nacional de la Cultura y las Artes que -¿coincidencia?- también está mirando en muchas de sus iniciativas de gestión hacia países como Nueva Zelanda y Canadá y trabajando seriamente con lenguas y planes de lectura.

En el aire permanecen algunas dudas que no fueron resueltas en esta jornada como, por ejemplo, la fecha de inicio de la segunda etapa del proyecto GAM, cuyo enorme excavación, en plena Alameda, sigue esperando por la gran sala que debiera llegar a ser el centro nacional de las artes musicales y de la representación.

Por ahora, deberemos resignarnos a que, como se esperaba, la cultura no es la prioridad de este gobierno, aunque una pizca de merkén podría animar el debate.

17 mayo 2012

CARLOS FUENTES ME ALEJÓ DE LA ESCRITURA



No es un reproche, sino un agradecimiento. Fui, de adolescente, gran admirador (fan se diría ahora) de Fuentes y en especial de ese joya literaria  llamada "La muerte de Artemio Cruz". Tanto que, ingresando a la efervescente Universidad Católica de 1968, saliente de un Rector pomposo y años antes de asumir la P de pontificia, quise también formar parte de sus talleres literarios.

Pero no toda la universidad había cambiado con la Reforma, con Miguel Ángel Solar en la FEUC y Fernando Castillo en la rectoría. Ingenuo de mí, intenté llevar los aires revolucionarios a la escritura creativa. Inspirado en Carlos Fuentes y esos maravillosos estertores agónicos de Artemio Cruz, en los que maldecía a Dios y todo lo que se le asemejara, sin duda, lejos de su talento, escribí un cuento llamado Agnus Dei (Cordero de Dios), en el que más o menos recuerdo que un joven con crisis de identidad religiosa se aproximaba al altar para recibir (¿o no?) la comunión mientras insertaba en el relato gruesos epítetos respecto de la situación.

Orgulloso de lo logrado llevé el cuento al taller que dirigía otro literato de nombre Carlos, pero que databa más bien de la universidad no reformada. Terminada la lectura, me increpó, defendió la catolicidad de la universidad y sin más, me expulsó del taller.

Por cierto, no culpé a Carlos Fuentes sino a mi propia des ubicación del terreno que pisaban mis textos y quizás con la misma vehemencia que me llevó al taller literario, resolví que no volvería a presumir de "ser escritor".

Gran decisión que me llevó a incursionar en el campo editorial, dónde permanecería cercano a mis admirados escritores y podía establecer amistad con ellos, con todos ellos, sin hacerme de los naturales enemigos que tiene y cultiva todo escritor serio.

Nunca me arrepentí de esa prematura jubilación y sí me he alegrado más de una vez por la nueva ocupación que me legó el episodio.

Hoy, ponderando los múltiples talentos de Carlos Fuentes especulo con creer que si bien es cierto me motivó -junto con Artemio Cruz- a intentar escribir, a la vez dejó en evidencia con ello que el camino estaba en otra parte. Nunca tan lejos de la buena literatura como para no valorar y agradecer el enorme aporte que nos lega Carlos Fuentes.

12 mayo 2012

EL LIBRO EN CHILE BUSCA SU DESTINO

Como si  luego de la celebración del Cervantes de Parra, alguna maldición se hubiese precipitado sobre nuestro panorama literario, comenzamos a ser acribillados por malas nuevas: la librería Ivens en plena plaza Aníbal Pinto de Valparaíso será reemplazada por una tienda de celulares; la biblioteca pública de Montegrande cierra sus puertas por falta de recursos; el Ministro de Cultura es acusado de ordenar estudios que no lee; el curador de nuestra muestra en Guadalajara se expresa, en una entrevista con Artes y Letras, a través de lugares comunes y pocas certezas, a  Gabriela Mistral le siguen cobrando la cuenta de energía de su antigua casa...¿Serán sólo malas noticias pasajeras o una preocupante tendencia? 


Es verdad que la legislación y la institucionalidad pública tienen ya su tiempo como para requerir ajustes. La Ley de Fomento del Libro y la Lectura data de 1993 y sus ejecutores, el Consejo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, no han podido siquiera desterrar la añeja discusión sobre el IVA al libro que, como ave fénix renace cada cierto tiempo, en especial en los alrededores del 23 de abril. Mucho menos superar la amarga disputa del liderazgo por el libro entre la DIBAM y el CNCA, tan bien reflejada en las medallas más o medallas menos de Gabriela Mistral, que ambas entidades se peleaban luego de la apertura y donación de sus archivos.


La sociedad civil parece estar haciéndolo un poco mejor. Las Bibliotecas Vivas de Fundación La Fuente, creada en el año 2000, se expanden por el país y sus estudios de hábitos lectores se agregan a otros tantos del sector oficial. Algunos canales de TV -quizás en memoria del exitoso El show de los libros- han creado micro programas en los que simples lectores o adustos libreros  recomiendan atractivas lecturas. 
La Cámara del Libro ha renovado sus directivos con un necesario acercamiento a los Editores independientes y promesas de cambios en las ferias que organiza, mientras una feria regional, en Antofagasta, asume un liderazgo innegable en este rubro hasta ahora parsimonioso. Los editores, agudizando diferencias de estilo entre aquellos pertenecientes a empresas transnacionales y de menos títulos concentrados en pocos autores super estrellas con aquellos nacionales que se esmeran en diversificar títulos y creadores. Se advierten meritorios esfuerzos en el terreno de las librerías más especializadas y de una novedosa experiencia de sólo productos nacionales, en el GAM. La Sech ha elegido como Presidenta a una destacada poeta y se apresta a volver a la carga por la anualidad del Premio Nacional de Literatura.


En medio de todo ello, cabalga airoso el libro electrónico, planteándonos la duda de si favorecen una mayor lectura o sólo cambian el formato de lectores habituales.
Como en otras etapas de la historia, todo vale, cada soporte tendrá su público y ninguno desaparecerá sino que terminarán conviviendo como lo hizo la radio con el cine y éste con la TV.
En el intertanto ¿será adecuado modificar la Ley del Libro como sugiere la autoridad? ¿No sería mejor aguardar que se consolide esta etapa de búsqueda de nuevos paradigmas, de nuevas voces literarias y editoriales, de nuevas generaciones de poetas y narradores?
Mientra tanto, será habitual distraernos en denuncias sobre si la Biblioteca Nacional aglomera sus textos por tamaño y no por contenido, o si las Piñericosas son ficción o no.
El libro, como la Europa en crisis, como nuestros criollos políticos, como la formación de profesores, están buscando el camino del futuro. 
La única certeza es que ese camino, hoy nebuloso, ya está escrito en más de algún libro.
Sólo resta encontrarlo. 

04 mayo 2012

FILANTROPIA Y EL MUNDO SEGÚN NUEVA YORK


 Schloos Leopoldskron. Foto Arturo Navarro
"Mi padre me aconsejó que fuera cualquier cosa, menos filántropo". El texto pertenece a Andrónico Luksic aunque el contexto en que lo dijo, lo desmentía. Estábamos en la oficina de John Coatstworth, director del David Rockefeller Center for Latin American Studies, en Cambridge, hasta donde se trasladó el empresario chileno, en 2006, para participar en una reunión de los donantes del centro, en la que Luksic volvería a incrementar su contribución filantrópica que ya contemplaba varios millones de dólares y resultados tan visibles como la oficina de la Universidad de Harvard en Chile y la beca a profesionales y académicos chilenos que lleva su nombre. Tal vez fue en esa oportunidad cuando me pregunté por primera vez por qué era tan relajado hablar de filantropía en Harvard y no lo era en Chile. La última oportunidad fue hace unos días, en el  Salzburg Global Seminar dónde una cincuentena de expertos de todo el mundo reflexionamos, entre otras cosas, sobre el futuro de los compromisos culturales internacionales, sus opciones de financiamiento y la filantropía.

Para quienes convocaron al seminario mencionado, la Robert Sterling Clark Foundation y el Salzburg Global Seminar, la filantropía es un supuesto y la diversidad no es una disidencia. Es como la diversidad que se respira en Nueva York. Un tercio de los participantes eran intelectuales neoyorkinos, de origen latino, centro europeo ("tengo 2 pasaportes" señaló el Raportteur húngaro), afro-americanos, asiáticos, jóvenes brillantes de la NASA, administradores culturales, recolectores de fondos y líderes de fundaciones, todos dando su mirada y contrastándola con respeto y atención con ese mundo que existe más allá de Manhattan.

De América Latina, vista en parte como un conjunto de países de potenciales inmigrantes, en parte como mercado y en parte como aliados, estaban invitados agentes culturales de Buenos Aires, Sao Paulo, Santiago, México y La Habana (una de las escasas fundaciones privadas cubanas). De los países árabes, gestores de Egipto, Líbano, Afganistán más profesionales de África (Kenya y Zimbabwe), Australia (una ejecutiva de la IFACCA) y se sentía la fuerza emergente de los países de la zona BRIC: Brasil, Rusia, India y China. Agencias culturales de Tokio, Singapur y Hong-Kong constituyeron la presencia de Asia.

El entorno era idílico, el Schloss Leopoldskron, "pura inspiración" como establece su lema, lugar de filmación de La Novicia RebeldeLos invitados fueron seleccionados por ellos de entre 500 antecedentes revisados, para llegar a los 53 participantes.


Los temas fueron el compromiso internacional de las artes en la relación público/privado, diplomacia cultural, la diversidad, las tecnologías virtuales y nuevos medios y la cultura ante la realidad económica. Las conclusiones fueron sustanciosas, preparadas con white papers previos, sugerentes exposiciones, comentarios y aportes en el debate.

Lo ausente fue -excepción sea hecha de China- la representación oficial de gobiernos. Subyació permanentemente el concepto de que las artes se financian desde el mundo privado, como en NY. Lo más cercano que están dispuestos a aceptar es el arms length británico o el autofinanciamiento chileno. Relevante fue la asistencia de un alto funcionario del Ministerio de Cultura chino -con un silencioso acompañante, de menor rango- que no sólo inauguró las sesiones de trabajo como primer expositor sino que se dio tiempo para explicar detalladamente la política China hacia las artes cada vez que fue interpelado y cuando estimaba que era menester, en comisiones o plenarios. Uno de los puntos claves fue que su país, como mucho otros de los presentes, no puede descansar sólo en la filantropía privada para desarrollar la cultura, el estado debe tener un rol en ello y lo puede jugar a través de las grandes empresas que son, mayoritariamente, de propiedad estatal.

Dialogaron dos visiones con respeto y mutuo enriquecimiento: aquella que -desde NY- ve que es posible sostener sólo con aportes privado el gran entramado cultural que sin duda tienen y aquella que, en mayor o menor grado, debe contar con una parte de apoyos públicos.

El retorno a Chile sorprende con un aporte a estimular la filantropía publicado en revista Qué Pasa, en  su edición del  27 de abril, bajo el título Se buscan héroes. Omite el texto que a comienzos del siglo XX tuvimos personalidades excepcionales, como don Federico Santa María, cuyo testamento -que adorna el ingreso a la universidad que lleva su nombre- legó su fortuna a "la necesidad de educar poniendo al alcance del desvalido meritorio, llegar al más alto grado del saber humano; es el deber de las clases pudientes contribuir al desarrollo intelectual del proletariado"aspiración que se honra hasta hoy en un campus articulado alrededor de la Aula Magna que sostiene temporadas musicales y artísticas de gran nivel. 

La pregunta es qué ocurre con quienes no han seguido el filantrópico ejemplo de Santa María. Un buen número de ciudadanos, en lugar de aportar a las artes o la educación, optan por financiar obras de caridad, movimientos de iglesias y ocasionalmente, campañas comunicacionalmente poderosas como la Teletón. 


Morir con fortuna, sin legar sus bienes a una universidad, un museo, un teatro o una buena causa, es mal visto en el mundo anglo sajón. Se trata de sociedades diversas, plurales, en las que los más diversos grupos hacen esfuerzos para que sus ideas, sus principios, su identidad pueda destacarse, conocerse y convivir con la de otros a través de manifestaciones culturales. 


En  Chile prima todavía en algunos sectores la experiencia europea, reflejada en el rol jugado por los monarcas absolutos desde el siglo XVII  hasta finales del siglo XIX y el rol de la iglesia medieval según el cuál, el deber del desarrollo de la cultura está en manos de reyes, nobles, o pontífices. Esa tradición nos la trajo el conquistador español y la reforzó la fascinación ante el presidencialismo francés. Creímos, equivocadamente, que un Estado pobre y pequeño, con una población con enormes urgencias, podía hacerse cargo del desarrollo cultural.


Como natural de Valparaíso, me crié escuchando de la generosidad de don Federico Santa María o doña Isabel Caces de Brown, que dejaron huella en la UTFSM y la UCV respectivamente. ¿Qué aconteció después, que las fortunas se diluían en herederos dilapidadores o silenciosas congregaciones católicas que se cuidaban bien de delatar a los donantes que a su vez morían felices, convencidos de que los esperaba el cielo dado que su mano izquierda nunca supo de los cheques que firmó la derecha? 

La explicación es simple y descansa simbólicamente en el muy porteño Cementerio de Disidentes. A Valparaíso, desde su nacimiento, llegaron miles de inmigrantes extranjeros, ingleses, daneses, suecos, alemanes, judíos, griegos, chinos que tenían una cosa en común: no eran católicos. Ergo, no podían enterrarse en los cementerios oficiales de una iglesia aún no separada del Estado. Crearon entonces un cementerio para la diversidad -el primero de América Latina, dicen-, edificaron sus propios lugares de culto y vivieron felices (llamaron Alegre al cerro que los cobijaba) asistiendo a colegios laicos (el MacKay, el Colegio Alemán), conservando sus valores dentro de los cuales estaba muy arraigada la idea de devolver a la sociedad parte importante de la riqueza que ésta les había permitido obtener.


En definitiva, en el siglo XXI, hace falta una buena dosis de diplomacia de la sociedad civil y una diversidad creciente, que contribuyan a acercar realidades hasta que en todo el mundo se pueda recomendar a nuestros descendientes que un buen camino a la felicidad es donar dinero a las artes. 
Con una salvedad: no debieran ser solamente donantes relacionándose directamente con los artistas quienes determinen qué manifestaciones se promoverán. Debemos escuchar también a las audiencias.

Como para seguir discutiendo.

23 abril 2012

LA CULTURA NO CAZA ELEFANTES



Luego de la real cacería de elefantes y posteriores disculpas de don Juan Carlos, su biógrafo José García Abad afirmó que este episodio marcaba un antes y un después: que, entre otras cosas, había deteriorado su importante papel como "la mejor relación pública de la nación" a nivel internacional y en especial hacia América Latina. Es que basar ese rol en personas, por muy monarcas que sean, tiene ese riego, el que no debiera existir cuando se asienta tal misión en las fortalezas culturales de cada país. En efecto, avanzado ya más de un decenio del siglo XXI, es posible afirmar que la llamada diplomacia cultural ha desbordado el terreno de los gobiernos y de las naciones para establecerse en lo que podríamos llamar la sociedad civil o diplomacia de los pueblos.

Esta diplomacia no requiere de palacios o cancillerías sino que puede instalarse en ciudades, municipios, espacios patrimoniales o centros culturales.

Para respaldar esta afirmación, relataré la experiencia del Centro Cultural Estación Mapocho al respecto.

A poco de restablecerse la democracia en Chile, en 1994, el Cónsul General de Bolivia Herman Antelo, ofreció una generosa muestra artística y patrimonial llamada "Bolivia, la magia de su diversidad". Luego de golpear todas las puertas en nuestro gobierno para lograr un apoyo mínimo para contribuir a acogerla, llegamos a la conclusión de que no había, en el Estado chileno, una entidad que pudiese financiar una muestra de cultura extranjera en nuestro país. Es decir, que de diplomacia cultural, nada. Asumimos como única contraparte chilena la extraordinaria exposición e incluso se reiteró al año siguiente con la presencia de la Primera Dama de Bolivia.

Esa fructífera experiencia nos alentó, en 1998, a idear una Expo Cumbre cultural (en la foto) que acompañara la segunda versión de la Cumbre de las Américas, que se realizaría en Santiago, en un hotel. La propuesta fue acogida con entusiasmo por el Presidente Eduardo Frei y pudimos recibir manifestaciones culturales de todos los países participantes, enviadas por sus propias presidencias, con la consiguiente visita de la mayoría de los mandatarios asistentes a la Cumbre. Fue un éxito de público, que repletó todos los días y todos los horarios de apertura, y una demostración de que la cultura podía acercar al público a la lejanía de las cumbres.

En 2002, España celebraba una década de la conmemoración de los Quinientos Años del Encuentro de dos Mundos, también conocido como el "descubrimiento de América".  Un centro cultural, la Casa de América  de Madrid, organizó un encuentro de centros culturales -uno por país- de América y Europa. Fuimos invitados a exponer nuestra novedosa fórmula de gestión cultural privada de un espacio patrimonial de propiedad pública que, además, se auto-financiaba. La reunión de centros culturales equivalentes se convirtió en una red que comenzaría desde entonces a reunirse ininterrumpidamente cada año en distintos países de América o Europa, sin estructura formal alguna y con aportes de cada uno de los centros para los viajes y costos asociados.

Pero, las sesiones generales no fueron suficientes, los contactos generados en la red motivaron, en 2005, sendos encuentros de gestores culturales de Chile y Bolivia y luego de Chile y Perú que se tradujeron en iniciativas binacionales de diversa índole, que encontraron un insospechado aliado en la entonces recién creada oficina regional en Santiago del David Rockefeller Center fon Latin American Studies de la Universidad de Harvard. Su director, Steve Reifenberg, escribió en El Mercurio un texto sobre la diplomacia de los pueblos versus la diplomacia de los gobiernos. Y lo necesaria que ésta era en un caso como el de estos dos vecinos.

De tal alianza, surgieron proyectos tan aportadores como Culturas en el aire, en 2005, que reunió a representantes de pueblos indígenas de toda América, desde Canadá hasta Tierra del Fuego, que se comunicaron a través de vídeos y dieron a conocer cómo sus culturas se conservaban a través del aire, de las ondas radiales. También el Encuentro mundial de peruanistas, en 2007, que por primera vez reunió a estudiosos del Perú de universidades de varios continentes, en un país vecino de su objeto de estudio.

Con tanta diplomacia desplegada por el centro cultural, no tardaría en llegar una invitación a exponerla en la Tercera Cumbre de las Artes, que IFACCA organizó en 2006 en Newcastle-Gateshead, Inglaterra. Donde nació una relación de mutua cooperación, extendida en las Cumbres de 2009, en Johannesburg, y Melbourne, en 2011. En esta última se anunció que la Sexta Cumbre se realizará, en enero 2014, en Santiago, en el Centro Cultural Estación Mapocho que para ello estableció una alianza con el Consejo Nacional de la Cultura de Chile.

En el intertanto, el Centro Cultural había recibido, en 2009, el honroso Premio Internacional Reina Sofía de Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural, por el trabajo realizado "para la preservación de patrimonio y la difusión de la cultura".


Del relato, pueden desprenderse algunas lecciones.

La primera de ellas es que un modelo que tiene un componente de auto financiamiento, necesariamente estimula una gestión rica en alianzas. Agregado ello a que se trata de una administración privada, sin ánimo de lucro, de un edificio patrimonial de propiedad pública, se configura un trabajo cuya originalidad despierta cierta curiosidad a niveles nacional e internacional. Ello atrajo invitaciones a exponer el modelo, las que cayeron en fértil terreno de quienes deseábamos compartir la experiencia y aprender de otras. El otro aspecto que obliga a las redes y alianzas es la natural necesidad de optimizar recursos, por ejemplo, los costos fijos de una exposición son similares si esta se presenta en uno o más lugares.

La segunda, es que una gestión cultural alerta permite detectar oportunidades de contribuir al desarrollo cultural del país, como ocurrió con Expo Cumbre que trajo artes de toda América y acontecerá con la Cumbre de la Cultura de 2014, que traerá a Chile a varios centenares de creadores, autoridades y gestores de todo el mundo. Por esta vía se colabora, desde una institución que forma parte de la sociedad civil, a la conformación, establecimiento y expansión de políticas públicas de Estado en el terreno diplomático, tanto a nivel bilateral (con Bolivia o Perú) como continental (Red de Centro Culturales de América y Europa) y multilateral (IFACCA).

En conclusión, a poco andar del siglo XXI, con un mundo global e interconectado, no son sólo los gobiernos los que se hacen cargo de la diplomacia cultural. Es la cultura, entendida ampliamente y no sólo como las Bellas Artes, la que puede formar parte y encabezar iniciativas desde el campo de la gestión, de las infraestructuras o de ambos, contemplando para ello actividades ricas en diversidad, sin perder la identidad del lugar de origen.

Específicamente, algunos espacios culturales muy calificados y con capacidad de convocatoria probada desde su gestión y su condición arquitectónica, pueden actuar como agentes culturales internacionales ejecutando una diplomacia a diferentes niveles. El perfil de tales espacios debe ojalá considerar un carácter patrimonial, una gestión privada sin fines de lucro y una necesidad parcial o total de lograr el auto financiamiento de sus operaciones.

Las características de esta nueva diplomacia para el siglo XXI se pueden resumir en seis conceptos: diversidad, autonomía, redes, alianzas, audiencias y estímulos públicos.

Cualquier iniciativa que se proyecte hacia el exterior debe tener un contenido explicito de reconocimiento de la diversidad, tanto del país dónde se origina como de los países destinatarios. No es verosímil una diplomacia cultural que considere la imposición de una cultura sobre otras. Debe conservarse el principio de igualdad en la diversidad.

Autonomía, para convocar iniciativas no oficiales pero que pueden eventualmente devenir en tales.

La pertenencia a redes de confianzas internacionales de pares, que pueden ser redes de centros culturales, de museos, de gestores, de académicos u otras.

Una declarada política de alianzas permanentes a niveles nacional e internacional que permita sostener y agregar respaldos y apoyos.

Una relación permanente y sólida con las audiencias que por una parte oriente a los gestores sobre cuáles son las actividades a emprendes y por otra, sostengan con su presencia y participación, aquellas muestras y actividades culturales internacionales que se acojan.

A nivel de los estados debe existir, al menos, políticas de estímulos y acogida de tales iniciativas, por la vía de la existencia de fondos concursables orientados a respaldar proyectos internacionales fuera y dentro del país; premios relevantes que reconozcan las iniciativas exitosas, y estímulos tributarios que faciliten el intercambio de bienes culturales entre países.

De esta manera, se podrá consolidar una diplomacia de los pueblos que no se ponga en riesgo por un tiro. Aunque éste mate a un elefante.

Intervención en la mesa redonda "La importancia del compromiso internacional con las artes" en el Seminario Public and Private Cultural Exchange-Based Diplomacy: New Models for the 21st Century, en Salzburgo, Austria el 28 de abril de 2012.

13 abril 2012

UN NUEVO ESCENARIO PARA CRUZ COKE



Como si hubiese escuchado previamente al ex Ministro de Cultura de Colombia, Juan Luis Mejía, que señaló que un ministro de cultura es como un director de orquesta que interpreta o da su versión de los clásicos -"la Novena de Zubin  Mehta" no deja de ser la Novena Sinfonía de Beethoven- durante el Seminario Un Nuevo Ministerio para Chile, Luciano Cruz Coke puso su sello a lo que será -dentro del marco de la institucionalidad cultural existente- probablemente su principal preocupación en lo que le queda de mandato. El escenario -actor al fin- fue muy cuidado: un encuentro organizado por Libertad y Desarrollo, dos invitados internacionales escogidos con pinzas: el especialista inglés Clive Gray, un pedagógico ilustrador del modelo británico de desarrollo cultural y el mencionado gestor cultural colombiano, auto calificado como miembro "de la primera generación latinoamericana" de estos profesionales, nacida al amparo del BID y su ex Presidente, Felipe Herrera.



Tampoco el entorno físico fue dejado al azar: el GAM, centro cultural emblemático que resume como pocos la continuidad de las políticas culturales de nuestro país, concebido como tal por el Presidente Allende, re construido en su primera etapa por la Presidenta Bachelet e inaugurado por el Presidente Piñera. Por ello sonaron especialmente significativas sus palabras que "no seremos las actuales autoridades los que veremos el resultado" del Ministerio cuyos detalles por primera vez se esbozaban públicamente.

Quedarán el 12 de abril de 2012 y este seminario como la ocasión en que el año y medio de trabajo de la Secretaría General de la Presidencia -el Ministro agradeció al Jefe de la División de Coordinación Interministerial. Claudio Seebach y su equipo- con representantes de los tres servicios involucrados en la propuesta fue notificada a la comunidad cultural. Con novedosos alcances.

En primer lugar, Cruz Coke reconoció que las consultas realizadas a representantes del mundo cultural arrojaron una fuerte valoración de la participación de la sociedad civil en la actual institucionalidad, así como de los fondos concursables que son asignados a través de este mecanismo representativo. Agregó que también se detectó dispersión institucional junto con la ausencia de políticas de protección del patrimonio y a la vez, un reconocimiento de la tradición de la DIBAM y el Consejo de Monumentos Nacionales.

No obstante, fue claro en afirmar que la propuesta acordada en esa instancia de gobierno de ninguna manera constituirá un retroceso sino que la eventual nueva institucionalidad tendrá una "presencia permanente y vinculante" de la sociedad civil, siendo a la vez una institución "participativa y no vertical" conservando los consejos sectoriales del libro, la música y el audiovisual y creando un nuevo servicio del patrimonio.
Además, Cruz Coke aseguró que hoy existe voluntad política de un sector -la centro derecha-que "fue reticente a crear una institucionalidad cultural" para avanzar en perfeccionar lo realizado por los gobiernos anteriores. Es decir, retomó las banderas de construir sin destruir, esgrimidas por sectores de los grupos Tantauco.

Arropado por la instrucción presidencial de completar la "falencia estructural" de que adolece un Consejo Nacional de la Cultura y las Artes "fundacional e integrador de la cultura al gabinete ministerial"; inocultablemente inspirado por el modelo del Reino Unido en el que conviven un poderoso y visible Consejo de las Artes con una liviana Secretaría de Estado que conduce los recursos públicos hacia dicho Consejo y otros órganos de Patrimonio, Deportes, Turismo y Comunicaciones, y  llamando a un amplio debate transversal al respecto, Cruz Coke ha iniciado el primer día del resto de su mandato dejando instalado un tema no menor.

Se trata, precisamente, de reparar el último rasgo que subsiste en nuestro ordenamiento cultural del modelo aplicado y superado en América Latina -como señaló Juan Luis Mejía- de élites cultas que, desde los gobiernos, entregaban cultura a una ciudadanía supuestamente inculta.

Son los tiempos de la participación, de la integración de la sociedad civil, de la irrupción de las audiencias. En otras palabras -o las mismas- ya no basta con el escenario, es el tiempo de la platea. Y desde allí deberá venir la aceptación -o no-de esta propuesta de Nuevo Ministerio. Pasando por el Directorio Nacional del CNCA, sus otras instancias de participación y, finalmente, el Parlamento.

El debate está abierto.

De nosotros depende que crucemos este Canal de la Mancha nadando o en el tren de alta velocidad.

12 abril 2012

UN NUEVO MINISTERIO PARA CHILE

Hasta la fecha, no tenemos conocimiento público de qué es lo que se piensa respecto del Nuevo Ministerio. Sólo anuncios presidenciales, reiterados por el Ministro Cruz Coke, en la dirección que existirá un ministerio, que hoy no existe, y que será identificado como de Cultura y Patrimonio. La mención de la palabra ministerio despierta temores de un órgano autoritario y burocrático, toda vez que lo que tenemos es un órgano eficiente, descentralizado y participativo. Que adolece, eso sí, de una anomalía: la ausencia de los servicios responsables del tema patrimonial.
Luego, se puede presumir que la novedad de este planteamiento está en este último término: es decir, que se incorporaría a lo existente las actuales DIBAM, CMN y  departamentos del MOP (Dirección de Arquitectura) y MINVU.
Hasta ahí no hay diferencia con lo planteado durante el debate público, amplio y muy participado, entre los años 1990 y 2003, cuando finalmente se crea el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.
Cabría analizar entonces por qué tal voluntad no se concretó, a pesar de lo prolongado del debate (más de doce años). Considerando que hay documentación que demuestra que los sectores diferentes al patrimonio estaban por tal inclusión (de las instituciones patrimoniales), cabe deducir que la incorporación fallida se debió a la propia voluntad de las instituciones presuntamente involucradas.
La pregunta que surge entonces es ¿qué ha cambiado para que las instituciones patrimoniales ahora anhelen incorporarse a una nueva institucionalidad cultural, diferente a la tradicional que data de 1929? O bien ¿cuáles son las condiciones que éstas –en un escenario diferente- exigen para compartir un ministerio con las organizaciones vinculadas al arte y la gestión?
Lo que ha cambiado es que desde 2004 a la fecha ha operado un Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, que ha formulado políticas culturales y patrimoniales, que es y ha sido siempre  integrado por personalidades del patrimonio en sus instancias, aún las máximas (Directorio Nacional,en la foto). Ha acontecido además, que dicho Consejo se ha hecho cargo de tareas de restauración patrimonial, especialmente post 27/F, con eficiencia y hasta rango programático. Ambas realidades han existido con eficiencia y sin críticas conocidas. Por tanto, no habría razones para –en la nueva institucionalidad discutida- modificar la existencia y características del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.
Por el contrario, hay un état de spirit en la sociedad de que la participación que generó al Consejo es un bien deseable y recomendable en el servicio público.
No es razonable entonces pensar que las entidades patrimoniales quieran retroceder en términos de participación. Su nueva actitud debiera buscarse en otra área. Postulo que es el área de mejorar su gestión –tan trabada por su condición de servicio antiguo y centralizado-  y probablemente el incremento de sus recursos. En ambos casos, es precisamente el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes quién puede entregarle luces para lograrlo. No es verosímil pensar que la mera condición ministerial aumente grandemente los recursos operacionales, más allá de los inevitables de la instalación de una nueva estructura burocrática y que no son precisamente aquellos que atraen a los parlamentarios, en especial a aquellos partidarios de una reducción del aparato del Estado (como aconteció, por ejemplo, cuando se fijaron los presupuestos del Consejo del Libro y del propio Consejo Nacional de la Cultura y las Artes). Por su parte, el Consejo y múltiples corporaciones sin afán de lucro, pueden dar luces de cómo es posible allegar nuevos recursos, fundamentalmente privados, a la imperiosa tarea de la preservación patrimonial. Es precisamente lo que ha exteriorizado el Supremo gobierno con su acertada propuesta de modificación de la Ley de Donaciones Culturales.
Si un ministerio no aseguraría mayores recursos y a la vez encarcelaría la tan socialmente reclamada participación social, cabe buscar en otras razones esta nueva propuesta.
Parece evidente que la principal es reparar aquella negativa obstinada de las diferentes autoridades de algunas entidades patrimoniales a integrarse a una institucionalidad moderna, discutida por más de una década y aprobada por una abrumadora mayoría parlamentaria hace menos de una década.
Sin duda, es pertinente escuchar esta explicable demanda e intentar acogerla institucionalmente sin “desvestir un santo para vestir otro”. Esto es, no desvencijar un tan eficiente como reciente Consejo y a la vez poner sus cualidades al servicio de los organismos que requieren una urgente renovación.
¿Cómo pueden convivir ambas entidades sin que la una hegemonice a la otra? La historia reciente muestra que ni la DIBAM está disponible para ser coordinada por el Consejo, ni éste dispuesto a perder su actual estatus autónomo, participativo y descentralizado a merced de un ministerio.
¿Qué hacer entonces?
En beneficio de la coordinación que deben tener servicios públicos que navegan en las mismas procelosas aguas de la cultura y sin menospreciar el valor de los 83 años de vida de la DIBAM ni descartar la década de éxitos del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes podría ser una solución una tercera entidad -un ministerio- que agrupe a entes de rango similar como el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, un futuro Consejo del Patrimonio y la Conadi o algún servicio que la reemplace.
Si se llega a consensuar una propuesta, será posible agregar a esta entidad otras aristas como  por ejemplo atribuciones respecto de las culturas que constituyen nuestra sociedad. Se ha dicho mucho que las políticas hacia nuestros pueblos indígenas u originarios ya no pasan solamente por la recuperación de tierras ancestrales, es fundamental reconocer sus culturas, valorarlas e integrarlas a nuestra identidad como país.                                       
En tal escenario, el de un ministerio de las culturas, se hace obviamente innecesaria explicitar el concepto de patrimonio, es innegable que cada una de las culturas lo encierra y así debe valorarse.
Esta figura, que han sido reiteradamente descartada por el mundo de la cultura, sólo podría comenzar a acariciarla si se cumplen tres requisitos:
  1. CONTINUIDAD DE LO BUENO. Que no se retroceda un ápice en la participación y atribuciones de la sociedad civil en sus órganos.
  2. PERMANENCIA DE LAS POLÍTICAS. Que se entregue a su autoridad máxima, no sólo “un rango ministerial”, sino la certeza de que será una figura estable en nuestro ordenamiento administrativo público, que no pase indistintamente a subsecretaría, servicio público o dependencia de otros ministerios, como lamentablemente acontece en otros países de América Latina y, sobre todo, en España.
  3. MEJORAMIENTO DE LO DEFICITARIO. Que se introduzca en los servicios públicos diferentes al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes que se agreguen a esta institucionalidad, una fuerte dosis de participación y de gestión: un consejo nacional del patrimonio con instancias de participación de la sociedad civil y corporaciones sin fines de lucro que gestionen –recaudación de fondos incluidos- los principales museos, bibliotecas y sitios patrimoniales del país.