19 octubre 2023

APSI Y LOS FUTUROS PERIODISTAS

 


Foto Jean Laude

Foto Jean Laude
        

Habitualmente y desde hace siete años, las universidades de Valparaíso que tienen escuelas de periodismo -Playa Ancha, PUCV, Viña del Mar y Adolfo Ibañez- organizan una jornada que reune, alrededor de un tema a los estudiantes de los cuatro planteles. Este año, los organizadores quisieron recordar la experiencia de revista APSI, creada en 1976, que fuera la primera publicación autorizada bajo dictadura... con condiciones.


La cita, bajo el título "Hacer periodismo en tiempos históricos" fue el viernes 6 de octubre en una desbordante cineteca de la Universidad Católica de Valparaíso, ubicada junto a su casa central de avenida Brasil. 

Para participar se requería inscripción previa, la que daba opción de formular preguntas al hacerlo. 

Como toda actividad que lleva años, tanto la inscripción como la asistencia y la organización fueron ejemplares. Y el interés de los futuros periodistas, que llenaron la sala en sus dos niveles, fue digno de la profesión escogida.

Comencé la exposición proyectando la credencial de Director de APSI, que cumplía dos objetivos: relevar la importancia que tenía, en dictadura, exhibir documentos que acreditaban la misión profesional y -gracias a la fotografía- indicar que cuando emprendí la tarea que nos ocupaba tenía más o menos la misma edad de los asistentes.

Luego, desarrollé las farragosas diferentes etapas para la creación, en 1976, de una revista: solicitud de permiso a DINACOS -Dirección de Comunicación Social- que debía considerar un director responsable, chileno y periodista; esperar la respuesta de la autoridad (restringirse solo temas internacionales); luego la autorización de impresión; una vez chequeado que los originales eran idénticos a lo impreso, autorización de circulación. 

Este proceso, de censura previa, duró varios meses y se cambió luego a la auto censura, que implicaba una sistemática reunión del director responsable con el censor de DINACOS en la que éste detallaba los aspectos del número anterior -convenientemente subrayado con destacador amarillo- que no eran aceptables.

Este "diálogo" duró hasta el 7 de agosto de 1981 en que la revista fue directamente impedida de circular. Su última publicación fue la edición 105 fechada el 11 de agosto de ese año. 

Curiosamente, el académico Daniel Avendaño, que conducía la actividad, poseía un ejemplar de esta edición y me solicitó firmarlo. Fue como signar un epitafio, pero pude enseñar a los estudiantes tanto en número 1 -vía proyección- como el 105, "en vivo y directo".

La conferencia continuó explicando que la revista reapareció seis meses después con otra dirección. 

Sin embargo, lo más notable estuvo en las preguntas, algunas que habían sido planteadas al inscribirse y otras que siguieron después de finalizada la charla, durante el café.  

Las primeras demostraban interés en el porqué la motivación de hacer un medio en tan difíciles circunstancias y si en ello había sentido miedo.

Las segundas -en su mayoría bajo el formato de despacho radial, que algún profesor había encargado como trabajo académico- mostraban una preparación minuciosa del reportero, llegando incluso uno a conocer el seudónimo con que escribía en APSI, Ricardo Lagos y que yo apenas recordaba.

En definitiva, volví a enfrentar el aire marino de ese sector porteño que une las avenidas Brasil y Argentina, con la enorme satisfacción de comprobar que las nuevas generaciones de periodistas están enterados de la historia y de los esfuerzos que generaciones anteriores hicieron bajo dictadura, convenientemente estimulados por sus inquietos profesores.

Bien por todos ellos.


26 septiembre 2023

SANTA MÓNICA 2338

Foto Vicaría de la Solidaridad. Archivo y Centro de Documentación

A pocos días del inicio de la dictadura, sin haber pasado un mes desde el fatídico 11 de septiembre de 1973, a contar del del 4 de octubre, una dirección circulaba en voz baja entre los familiares de quienes habían sido detenidos desde el golpe. En medio de datos de improbables lugares que entregarían información de los detenidos, comisarías, regimientos, estadios, una casa era "dateada" con esperanza: vayan a Santa Mónica 2338, allí les escucharán.

¿Qué ocurría en esa casa de piedra en el sector poniente de Santiago?


Lo primero que se encontraba en el patio eran muchas personas que hablaban en voz baja y compartían detalles sobre lo acaecido a su familiar, luego eran recibidos por amables asistentes sociales que solicitaban un relato detallado de cada caso, que iba a ocupar una carpeta con el nombre de la víctima de la represión. 

Esa carpeta pasaba luego, internamente, a una sala donde un puñado de abogados tecleaban sin parar los recursos de amparo que debían presentarse a la Justicia cuanto antes. No había tiempo que perder.

A poco andar, las autoridades de "el Comité" -como comenzó a conocerse públicamente- encabezadas por el joven sacerdote jesuita Fernando Salas, que había sido reclutado por "el Cardenal" -como se conocía a don Raúl Silva Henríquez- desde la parroquia de la población Los Nogales, comenzaron a notar dos cosas: la gran magnitud de las detenciones y la regularidad de las características de muchas de ellas. 

Las asistentes sociales y abogados no sólo requerían mayor número de colegas para acoger esta avalancha represiva, sino también de apoyo de otros profesionales. Se encomendó esa tarea al abogado José (Pepe) Zalaquett, conocido por su capacidad organizativa.

Fue en esa etapa que -mientras esperaba en una clínica el nacimiento de mi primera hija y era tentado para hacer mi práctica de periodista en un noticiero de TV- que recibí un escueto telegrama: debía presentarme al día siguiente en Santa Mónica 2338.

Ante semejante "marraqueta", recibí a mi hija como correspondía, descarté la opción televisiva y partí a la invitación. Pepe requería encomendar a un equipo de cinco o seis personas, sistematizar la relevante información que contenían las mencionadas carpetas. Para ello contábamos con las "comodidades" del garage de la casa, muchas fichas, varias tijeras y algunos palillos (si, palillos de tejer).

Se trataba de (estábamos en la era pre computación) intervenir las primorosas tarjetas perforadas en sus bordes, con datos de las carpetas. Por ejemplo, detención en horas de la noche, por civiles no identificados, que viajaban en camionetas sin patente. En las innumerables tarjetas se introducía el palillo en determinado descriptor: las que salían adheridas al instrumento eran descartadas y las que quedaban en su lugar eran los casos que presentaban esa características.

Así se construían estadísticas que se analizaban y presentaban a las cabezas de "el Comité". Conocí a varias de ellas, como el obispo luterano Helmut Frenz. 

Helmut era hostigado por algunos de sus fieles y resolvió dar la cara en una conferencia de prensa en su propia iglesia. Antes, preparamos ese interrogatorio, en el Comité, bombardeando al pastor con preguntas como: -Señor Frenz, se dice que usted tiene dos caras... Sonriendo y acariciando su pipa respondía: -En efecto, tengo dos caras, una con pipa y otra sin pipa...

El encuentro real con la prensa fue mucho menos confrontacional que las intensas preparaciones en el Comité. Solo llamó la atención un par de "periodistas" que se identificaron como del Diario Ilustrado. Dos amables parroquianos que recibían a la prensa se extrañaron y -en mi condición de periodista- me consultaron por estos "colegas". El Diario Ilustrado dejó de existir hace muchos años, les informé... Abochornados, los presuntos periodistas se dieron media vuelta y partieron raudos dejando ver que ambos usaban sendos calcetines verdes.

Conocí también al rabino Ángel Kreiman, uno de los co fundadores del Comité, que también sufría críticas de miembros de la colectividad israelita, pero que mantuvo su respaldo solidario al Cardenal.

Conocí al locuaz obispo católico Carlos Camus, amenazado entonces por el gobierno debido a declaraciones suyas a la prensa. Mientras analizábamos cómo reaccionar ante los públicos ataques, reparó en mi nombre y me consultó si era pariente del ingeniero Arturo Navarro de Valparaíso. Es mi abuelo, respondí. Perdóneme, -acotó Camus-  fue mi profesor de cálculo en la Universidad Santa María, cuando estudiaba ingeniería química, es uno de los hombres más inteligentes que conozco pero también el profesor más aburrido.

Finalmente, la presión de la dictadura fue insostenible: fueron detenidos varios de los abogados del Comité y los funcionarios vivíamos bastante preocupados. Tal que cada día al llegar nos contábamos -como los presos en una cárcel- para saber si estábamos todos. Un día, el encargado de personal olvidó advertir que iba a pasar al banco a hacer un depósito y no se presentó a la hora de ingreso al trabajo. Por cierto, al llegar lo abrazamos mientras algún abogado rompía discretamente el recurso de amparo que ya se había preparado.

En diciembre de 1975, el Cardenal respondió al dictador que cerraría el Comité. No pasó un mes y ya había creado, en el palacio arzobispal, en plena Plaza de Armas de Santiago, la Vicaría de la Solidaridad. La misión no estaba cumplida y ahora se haría desde un órgano oficial del arzobispado de la capital de Chile.

El amplio reconocimiento que recibió y recibe el Comité, cuando se aproximan 50 años desde su creación, solo se ha visto empañado por el sorprendente cambio de nombre de la calle Santa Mónica, por el Concejo municipal de Santiago. 

El hecho ha motivado que los antiguos funcionarios se movilicen para intentar revertir tal acuerdo. Una cincuentena de ellos ha presentado, con fecha 25 de septiembre de 2023, una solicitud de reconsideración al mencionado Concejo.

Por otra parte, la concejala Rosario Carvajal ha planteado la idea de "declarar como Sitio de Memoria la casa ubicada en calle Santa Mónica 2338, por ser el lugar en el que se creó el primer organismo de derechos humanos de los familiares de las y los detenidos desaparecidos de la dictadura". 

Una vez hecha la solicitud, es el Consejo de Monumentos Nacionales —dependiente del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio— el encargado de tal declaración que, sin duda, sería muy bien acogida por el mundo vinculado a los Derechos Humanos.

La ministra de Culturas, tiene la palabra.



01 agosto 2023

RASTROS LECTORES EN CUNCUNA


Ilustración de Guillermo Tejeda en El gigante egoísta




Niños y niñas suelen considerarse destructores de libros infantiles. Este trabajo de Soledad Veliz, Ignacia Saona y Janos Kovacs, demuestra que, en el caso de la colección Cuncuna y su serie Pintamonos, editados en inicios de los años setenta por Quimantú, esta condición se revierte para convertir a los lectores en creadores de nuevas imágenes a través de sus marcas de uso y rastros lectores. Que lo disfruten.
¡Ojalá a pantalla completa!






 

02 junio 2023

TRÁIGANME LA CABEZA DE PEDRO RAMÍREZ

 



Aún en ascuas esperando el capítulo final de la única teleserie que he seguido de principio a fin, me ha venido a la mente el western de Sam Peckinpah, ¨Tráiganme la cabeza de Alfredo García", que bien podría haberse sustituido por el nombre del protagonista, Pedro Ramírez, pues en casi todos los capítulos alguien del Valparaíso de  1937 quería verlo muerto. Pero, afortunadamente, no fue así: los realizadores decidieron llamarla "Hijos del desierto", destacando así más el nacimiento que la eventual muerte del personaje.


La serie que transmite Megavisión, en horario prime (luchando contra el sueño) tiene notables elementos históricos como la matanza de Santa María de Iquique; la penetración nazi en Chile, desde Valparaíso; la intención del Presidente Arturo Alessandri de vender -si, vender- Rapa Nui al Tercer Reich y la valerosa acción de la policía de Investigaciones para detener, a través de un departamento especializado, la actividad terrorista de agentes de la Alemania nazi. Junto a pequeños guiños a personajes reales entrañables como Eloísa Diaz (¿la doctorcita?) y Vicente Huidobro (protagonista de la noche de Cartagena).

Todo esto, desarrollado en 163 capítulos, a través de entrañables personajes como 'la Gato'; la señora Williams; el capitán Sanfuentes; la mencionada doctorcita; el correctamente afeitado Pedro; el naviero cónsul alemán; la sensual cantante del Pirandelli (¿guiño al American Bar?), y la infaltable monja.

Para acogerlos se construyó una verosímil escenografía a los pies de un cerro de Curacaví que revive sectores del elegante Cerro Alegre porteño con cafetería Colonia incluido, sin desperdiciar la publicidad de marcas de la época, aún vigentes, como Farmacias Knopf y agua mineral Cachantún.

Lo que más capturó mi afición fueron tres aspectos:

El innegable contenido histórico de episodios poco enfrentados, como la matanza en Iquique y el muy probable secuestro por parte de los hechores, de huérfanos de padres víctimas de las fuerzas armadas. Masacre que inmortalizó Luis Advis y Quilapayún con su cantata.

El desconocido enfrentamiento entre servicios secretos alemanes y británicos en los años previos a la segunda guerra mundial y el poderío del espionaje nazi que conocía gracias al libro de María Soledad de la Cerda "Chile y los hombres del tercer Reich" (Catalonia, 2000) que narra con detalle que "la 'quinta columna' y la red de espías nazis contaron con el apoyo no sólo de los alemanes residentes en Chile sino también de otros civiles, al amparo de la neutralidad chilena durante la guerra".

La delicada reconstrucción de un Valparaíso pujante en lo económico, hermoso en su arquitectura, laberíntico en sus cerros, peligroso en su puerto y abundante en su vida y paisajes nocturnos, sin olvidar la presencia de los ascensores, cantinas, hospitales (el Alemán derivó en Británico, en el guión) que lo caracterizan.


Leo con admiración que la idea original pertenece a Rodrigo Cuevas -guionista de la serie "Los ochenta"-, que fue escrita en conjunto con Patricio Heim y Simón Soto, autor del libro ¨Matadero Franklin" (Planeta, 2018) que podría explicar las inocultables similitudes del protagonista con el mítico 'cabro' Carrera. Agrego que es dirigida por Patricio González, antes asistente del prolífico Vicente Sabatini y que cuenta con la siempre sólida producción de Quena Rencoret.

A todos ellos, mi agradecimiento por la entretención dispensada, las emociones vividas, aún enfrentando, en ocasiones, las dificultades de recibir la señal de Megavisión en sectores de la región de... Valparaíso. 


25 abril 2023

DIA DEL LIBRO EN NAVIDAD



Un acierto de las autoridades culturales de la región de O’Higgins celebrar el día del libro 2023 en la localidad de Navidad, la más aislada de la región. Junto con descentralizar dentro de la descentralización, se escogió para hacerlo un símil histórico que también busco, hace más de 50 años, llevar el libro a los sectores más desposeídos de su iluminación: editorial QUIMANTÚ.


Y de ella, la colección especialmente destinada a los niños: CUNCUNA. Para lo cual se convocó a los infantes de la comuna rural a dibujar, orientados por la artista Andrea Franco e inspirados en las ilustraciones de la época de Guillermo Durán, GUIDÚ, del cuento de Marta Brunet “La flor del cobre”.


El resultado fue una muestra en plena plaza de Navidad, frente al municipio, de trazos infantiles, expuestos en grandes tableros, que interpretaban a los personajes don Quejumbrenohacenada, doña Maria Soplillo, las semillas que sanaron a un hombre y dignificaron el trabajo o, simplemente, la palabra FIN. 


Lo culminante fue la llegada del propio Guillermo Durán que, emocionado -cómo no- recorrió la muestra y se retrató con dibujos y protagonistas de esta exposición.


Pero eso no fue todo, la municipalidad y la secretaria ministerial de culturas, que encabeza la gestora Flor Ilic, junto al potente equipo de patrimonio regional del mismo ministerio, encabezado por la directora regional de patrimonio, Leslie Araya, habían organizado, para culminar esta jornada, una conversación sobre la democratización de la lectura y la influencia de Cuncuna en la literatura infantil actual. En ella participó también Andrea Franco y Arturo Navarro, creador de la colección.


En un ambiente de interés, con presencia masiva de los equipos regionales de culturas, gestores, profesionales de otras reparticiones públicas, concejales y público en general, se dialogó sobre la permanencia de las obras de QUIMANTÚ y sobre todo de las enseñanzas que dejó su modelo de gestión como empresa de sus trabajadores.


Especial atención despertó el hecho de que haya sido una empresa de esas características en su propiedad la que editará precisamente un libro infantil que destaca fuertemente la importancia del trabajo, lo que revela la satisfacción de los trabajadores de su significativo rol en la sociedad. Es decir, una empresa de sus trabajadores que exhibe con orgullo el papel del trabajo. 


Inquietud manifestaron los participantes por la posibilidad de reproducir la experiencia de “la empresa” como era cariñosamente mencionada QUIMANTÚ por sus trabajadores. 


La respuesta es que, si bien el modelo de autofinanciamiento que impuso el Presidente Allende y que recientemente mostró su vigencia en el Centro Cultural Estación Mapocho, durante 30 años, hasta la tragedia del Covid, hoy Chile y el mundo no presentan condiciones para su implementación. Sin embargo, este extravío no quiere decir que se mantendrá eternamente.


Ya regresará el tiempo en que los hombres vuelvan a vivir colectivamente, sus esfuerzos sean compartidos, la sociedad sea más comunitaria y los desquicios del individualismo desbordado hayan sido superados.


En ese momento, el libro, la literatura, las publicaciones infantiles tendrán un lugar destacado, como el feliz momento que vivimos un ejemplar día del libro en Navidad.

05 abril 2023

ALLENDE LLEGÓ AL GOBIERNO Y LA CULTURA YA ESTABA



Cuando se avecina la conmemoración de los 50 años del golpe de 1973, es aconsejable revisar el panorama que vivimos en los años previos al 4 de septiembre de 1970, cuando Allende fue elegido.

Y no es que la cultura llegara a articular el allendismo o los valores democráticos que éste sustentaba. La cultura ya estaba. Lo que nos remonta a la creación de ese verdadero ministerio de artes que fue la Universidad de Chile desde su instalación en septiembre de 1843.

En efecto, el simbólico discurso de Allende en el balcón de la Fech, la noche de su victoria, implica un reconocimiento a "egresados, maestros y estudiantes" que habían llevado durante muchos años las banderas de la cultura en Chile.

De otro modo no se explica la rapidez con que el naciente gobierno de la UP enfrentara tareas culturales que lo caracterizaron, como la empresa editora nacional Quimantú; Chile films; sellos discográficos como Alerce o Dicap; compañias de teatro profesional como Ictus, Ituch, Los cuatro y tantas otras, y las innumerables peñas y conjuntos musicales que recorrían el país. También la Orquesta sinfónica y el Ballet nacional o la Oficina del pequeño derecho de autor y las decenas de compositores, intérpretes y toda clase artistas que surgían de la Facultad de Artes y de las sedes regionales de la universidad.

Esta verdadera herencia, sólida y de gran espesor, permitió que, por ejemplo, en pocos meses la prensas de Zig Zag, devenidas en Quimantú, comenzaran a arrojar millones de ejemplares en muy poco tiempo. Porque la creación de revistas estaba en manos de Alberto Vivanco, con fuerte experiencia en publicaciones como Ritmo, La chiva y otras; las ediciones de libros de ficción estaba encabezada por el vigente editor de Nascimento, Joaquín Gutierrez, asesorado por el literato y voraz lector Alfonso Calderón, mientras las ediciones de no ficción fueran encabezadas por el ex senador y autor de varios libros, Alejandro Chelén. Todos ellos arropados por sendos comités de lectores conformados por consolidados y noveles escritores militantes de los partidos de la UP. Incluso, la naciente colección infantil, Cuncuna, tuvo desde sus inicios la asistencia de las académicas de la Escuelas de Educadoras de párvulos de la U. que dirigía Linda Volosky.

Podemos enumerar otro tanto en cineastas comprometidos, artistas plásticos que se formaban y exponían en la escuela respectiva y su museo vecino, el MAC. 
De modo que no es extraño sino natural que la cultura de inicios de los años 70 actuara como eje articulador del pensamiento político que se fraguaba en la práctica a la que era sometida la teoría que esgrimían los partidos de la Unidad popular.

Como corolario indispensable, esta nutritiva presencia de la cultura en el escenario político, aportaba el ingrediente indispensable para lograr la esquiva mayoría del 50% más uno de los votantes, que Allende necesitaba para respaldar su proyecto
revolucionario. 

Para ello, para democratizar la cultura, los creadores e interpretes eran indispensables pues tenían no solo los contenidos -literarios, musicales, pictóricos, esculturales, muralísticos, cinematográficos- sino una cercanía con el público al que el mensaje del allendismo quería llegar. Tenían simpatías que se reforzaban por sus presentaciones en vivo, sea en sindicatos, poblaciones, universidades o en los nacientes canales de TV, orientados por las universidades.

Un buen ejemplo para aspirar al 50% mas uno lo constituyó el esfuerzo editorial de Quimantú que publicaba semanalmente en quioscos la colección Minilibros y quincenalmente y alternados, los textos de Quimantú para todos y Nosotros los chilenos. Todas en varias decenas de miles de ejemplares, tal como Cuncuna que se dirigía a los niños y Cuadernos de educación popular que se orientaba a reforzar la formación política de las bases de la izquierda.

Similar rol jugaba la TV y las decenas de publicaciones periodísticas, diarios como El Siglo, Puro Chile, Clarín, Ultima Hora, y revistas como Chile hoy, Mayoría, Onda, Paloma, Hechos mundiales o Ramona.

La sola presencia, en los atiborrados quioscos de las esquinas más concurridas en todo el país, de una variedad infinita de publicaciones -de gobierno y de oposición; de historietas o juveniles; deportivas o femeninas- hablaba por si sola de la profunda vocación democrática de la sociedad chilena. Se pensaba que ese diálogo que día a día se daba en las portadas de los diarios y revistas garantizaría la estabilidad democrática del país.

Pero no todo fue miel sobre hojuelas, sabedores de este rol democratizador, las fuerzas contrarias a Allende estimularon conflictos en los canales de TV (el canal de la U de Chile se dividió en dos, uno de gobierno y otro de oposición), en la provisión de papel ("La papelera no") ... pero no fue suficiente.
Una vez desatado el golpe de Estado, la cultura y las artes tuvieron el dudoso privilegio de ser reprimidas con rapidez y profundidad. Museos, Quimantú, Chile films, peñas, sedes universitarias... fueron objeto de verdaderos operativos militares como si fuesen objetivos enemigos que debieran ser capturados a balazos.

No fue suficiente. Se quemaron explícitamente, ante las cámaras de canal 13 y en el nuevo barrio San Borja donde vivían muchos jóvenes profesionales, ejemplares de libros de Quimantú, de "cubismo", de cualquier tema que pareciera ser de izquierda. Una acción que se multiplicó inmediatamente a muchos hogares que, viendo esa atrocidad en sus pantallas, procedieron a replicarla en sus bibliotecas personales.

Tampoco bastó. Hubo que recurrir a crímenes atroces como los de Víctor Jara en el estadio Chile y el maestro Jorge Peña Hen, a manos de la caravana de la muerte, en La Serena. Además, centenares (¿miles?) de artistas sufrieron prisión en los campos destinados para tal efecto. Dejaron testimonio de aquello obras como "Tejas verdes" de Hernán Valdés sobre la prisión militar de Santo Domingo o "Un viaje por el infierno" de Alberto -Gato- Gamboa sobre el campo de Chacabuco donde compartió prisión, entre otros, con Ángel Parra.

Así, la anti democracia castigaba a sus oponentes y, de paso, amedrentaba a los millones de admiradores de los artistas reprimidos. 

Poco a poco se fue desmantelando aquella construcción de mas de un siglo del aparato cultural chileno. Se intervinieron las universidades y de paso sus canales de TV; se cercenó y dividió en pedazos a la Universidad de Chile y la Universidad Técnica del Estado (UTE); las máquinas impresoras de Quimantú terminaron vendidas como chatarra; los grupos musicales más destacados como los Inti Illimani o los Quilapayún iniciaron un largo exilio; compañías teatrales enteras migraron a países amigos; pintores y escritores debieron abandonar el país y muchas veces su idioma para reconvertirse en Europa occidental o países de la órbita socialista.

La cultura en Chile, sus cultores, iniciaron un tránsito por el desierto sin saber cuánto duraría. 

Sin embargo, como afirma el lugar común, es el alma de un pueblo y el alma no muere. Por tanto, desde ocupaciones de sobrevivencia, muchos siguieron expresando su arte, alentados por sus colegas exiliados; las iglesias y otras organizaciones defensoras de los derechos humanos; embajadas de países democráticos, y las propias organizaciones sociales reconstituidas alrededor de ollas comunes, talleres de arpilleristas, bandas y grupos de teatro precarios.
Vinieron tiempos de persecución, de censura, de oscuridad, de esperanza.

Hasta que llegó el minuto de reverdecer, del llamado a volver a cerrar filas por el retorno a la democracia, en la campaña del NO. Alrededor de ese llamado, muchos retomaron sus talentos y se sumaron a un clamor cultural: la alegría que viene. 

Pero, esa es otra historia.

20 diciembre 2022

ROBIN HOOD CAUGH BETWEEN A DICTATORSHIP AND A PANDEMIC

 











ROBIN HOOD, ENTRE DICTADURA Y PANDEMIA



CENTRO CULTURAL ESTACIÓN MAPOCHO, UN CASO DE GESTION CULTURAL AUTOFINANCIADO 1990/2020

Ponencia para el seminario "Cases for Culture", 2 y 3 de diciembre 2022 en DRCLAS de la Universidad de Harvard.


El plebiscito del NO , en octubre de 1988, en Chile marcó no solo el final de la dictadura de Pinochet, sino también el regreso del protagonismo del mundo cultural en la Democracia que se avecinaba.  

El gobierno del Presidente Patricio Aylwin quiso reconocer el aporte de la gente de la cultura a su campaña y al anterior referéndum, recuperando la abandonada estación Mapocho y convirtiéndola en un importante centro cultural.  

La situación económica del Chile de los 90 no era buena. La dictadura había privatizado todo lo que pudo y las arcas fiscales estaban muy deterioradas, por lo que el gobierno decidió invertir USD 10 millones en remodelar en la estación y esperar que ésta auto financiara su operación como espacio cultural.  

Para ello, entregó su administración a una corporación sin fines de lucro, creada para tal efecto, en la que había participación del gobierno nacional (ministerio de Educación), el municipio de Santiago y entidades culturales permanentes de la república (Universidad de Chile, Fundación Neruda, Teatro Municipal, entre otras).  

La gestión estaría a cargo de un equipo muy reducido (un poco más de una decena de personas) dependiente de esa corporación, que tendría por misión mantener el edificio remodelado, difundir la cultura, sin recibir aportes públicos.  

Ese modelo, novedoso y arriesgado, funcionó durante 30 años bajo una orientación que Doris Sommer califica como de Robín Hood: “obtener recursos de los ricos para servir a los pobres”. Es decir, arrendar el monumental espacio para actividades comerciales (ferias, congresos, seminarios) a buen precio y re invertir esos ingresos en actividades artísticas y culturales (ferias del libro y la música, festivales de cine y teatro, residencias artísticas, conciertos, exposiciones de artes visuales).  

Destacan reuniones internacionales como Letras de España (1993); Expo Cumbre, durante la Cumbre de las Américas (1998); Cena de gala de la 21º reunión de líderes  de APEC (2004); ¡Culturas en el aire! experiencias de radios de pueblos originarios con DRCLAS (2005); Cuarta reunión de la red de Centros Culturales de América y Europa (2005), y la Sexta Cumbre Mundial de las Artes y la Cultura de IFACCA (2014). 

Algunos shows: Monsters of rock (1994); Orquesta Filarmónica de Israel conducida por Zubin Mehta (1997); Davis Copperfield (1997 y 1999); Serrat sinfónico (2004), y Los náufragos de la loca esperanza, del Thèâtre du Soleil, dirigida por Ariane Mnouchkine (2011).

Y las conferencias de Steven Hawkins (1997) y la premio Nobel Nadine Gordimer (1998).

En 2009, el centro cultural recibió el Premio Reina Sofía de Patrimonio y difusión cultural.

Todas las actividades entre 1996 y 2020 pueden revisarse en estacionmapocho.cl/memoria-anual/


El largo éxito del modelo -expuesto en múltiples seminarios y conferencias internacionales- se debió, entre otras, a la estabilidad de su política; el estudio permanente de sus públicos; la sobriedad de sus gastos; la fortaleza de sus comunicaciones, y la habilidad de su programación, muchas veces simultánea de actividades artísticas y comerciales, lo que enriquecía culturalmente a los visitantes de ferias comerciales e interesaba a sus productores.  

La auto sustentabilidad se mantuvo hasta finales de 2019, cuando un estallido social perjudicó gravemente a muchos espacios culturales, incluso quemando algunos, y atemorizando a organizadores y productores que debían arrendar la estación. La crisis se profundizó con la pandemia mundial, así el 17 de marzo de 2020, el centro cultural se vio obligado a cerrar sus puertas. Con ello no había actividades ni ingresos posibles. 

El directorio hizo gestiones con el ministerio de las Culturas y la Presidencia de la República, para recibir, por primera vez, una subvención estatal para, al menos mantener el edificio. La respuesta fue negativa y la administración debió reducir salarios, dejar de pagar gastos mínimos y endeudarse: sobrevivir dificultosamente con préstamos con garantía estatal a Pymes. A diciembre de 2021 la deuda con personal, proveedores y la banca bordeaba el millón de dólares.  

Esta situación provocó daños sicológicos y físicos al personal y un acelerado deterioro al edificio.  Hoy, el centro cultural apenas sobrevive y espera que las nuevas autoridades, finalmente logren incorporarlo a una subvención permanente a través del presupuesto nacional, lo que al menos no se alcanzó para 2023. 

Durante 30 años, las flechas disparadas a la manzana sobre la cabeza de Robin Hood hicieron blanco en la fruta. La envenenada flecha del COVID, acertó al corazón del modelo de autofinanciamiento del centro cultural.  

Habrá que buscar otro camino. 

Muchas gracias.









04 noviembre 2022

BOLAÑO Y LA ACADEMIA




El oficio de Roberto Bolaño -o de sus personajes- de trabajar como cuidador nocturno de campings tiene sus misterios. Un viaje al maravilloso desierto florido que cubre el norte de Chile este 2022, me permitió experimentarlo y celebrar, por anticipado, el retorno de un viejo club de fútbol a aquel lugar del que nunca debió salir: Magallanes vuelve a primera división.


Fue la primera vez de una larga vida en que viajamos, con una pareja de amigos, en su motorhome, atraídos por el fenómeno natural que sigue -a decir de los lugareños- como premio, a los desbordes que causan graves destrozos debido a las inundaciones provocadas por las intensas lluvias del invierno cordillerano.


Primero, dormimos en un protegido camping ubicado en medio de un Parque Nacional que bordea el Océano Pacífico, en las cercanías de Huasco: los Llanos del Challe. La noche fue tranquila, a pesar que fuimos vecinos de un amplio campamento de un colegio de quinceañeras que guardaron un sorprendente buen comportamiento.


La segunda noche nos esperaba en Bahía Inglesa. Luego del pertinente asado (la parrilla y sus aditamentos tiene privilegiado lugar en el motor... ) di unas vueltas por el enorme terreno arenoso, prácticamente desierto y comprobé la soledad de los amplios baños comunes. Parecía que el único estropicio serían un par de copas quebradas por una mala maniobra gimnástica. Los afanes de emular a Bolaño quedarían para el día siguiente.


A media mañana, comenzaron a aparecer algunas personas -pocas- vistiendo unas poleras de la selección Argentina... nada extraño, en vísperas de un caluroso mundial de fútbol. Al regreso del almuerzo, en uno de los competentes restaurantes de Bahía Inglesa, los "argentinos" ya eran multitud, y... no eran argentinos. Una playa "del chuncho" convenientemente ilustrada en una roca del vecino balneario, había despertado alarma futbolísticas: eran hinchas de Magallanes. 


No recuerdo haberlos visto en esa cantidad las veces que me tocó compartir alguno de los "programas dobles" en el estadio Nacional, donde la vieja academia solía animar un armonioso preliminar que antecedía un segundo partido menos musical y más gritón.


Ya en la piscina del camping se hicieron escuchar, también en la playa vecina, en los baños colectivos y donde quiera que alzara la vista. Eran muchos, muchas, jóvenes, viejos, entusiastas de mediana edad, que fue imperioso investigar.


Se trataba de que Magallanes, equipo de segunda división del futbol profesional chileno, estaba al borde de ascender a primera y esa noche esperaban celebrar tan magno acontecimiento que coronaría 36 años de ausencia, jugando en la vecina Copiapó.


La "barra oficial", banda incluida, había optado por viajar de noche, pasar el día en Bahía Inglesa, relajarse, beber algunas cervezas, darse un ruidoso chapuzón y luego una reparadora ducha para luego subir a los buses que los llevarían -si triunfaban, como estaban seguros- a acceder a la serie de honor. 


El regreso a Santiago, sería esa misma noche, saboreando, esperaban, el dulce sabor de la victoria. Contagioso entusiasmo. Varios celulares entonaron -youtube mediante- el "Manojito de claveles" mientras la fervorosa hinchada caminaba sin prisa, pero sin dudas, hacia los buses que se dirigirían al estadio de Copiapó.


Los despedí con su misma convicción, les deseé suerte y respondieron que, en el peor de los casos, celebrarían el siguiente partido, en su estadio de San Bernardo. 


Ni Bolaño habría imaginado que pasó lo peor, "fueron saqueados" y luego de ir venciendo dos por cero, terminaron empatados a dos y la angustia se prolongó otras dos fechas. Por cierto, esa noche, el asado se acompañó de la transmisión del encuentro en Copiapó y acompañamos más adelante, vía radial, a la vieja Academia hasta que finalmente pudieron celebrar junto a toda una comunidad futbolera que recibió la noticia con tanta alegría como esos sacrificados hinchas que viajaron dos noches seguidas.


El campeonato del equipo ostentador del lema que "en el mundo no hay pinceles para pintar sus colores" ha pegado fuerte, periodistas deportivos, escritores -como Ramón Diaz Etérovic y su policial personaje, Heredia- han manifestado su alegría sincera.


Ocurre que hacía tiempo que desde las canchas no venía una noticia de las buenas: partidos suspendidos por falta de estadios o por fuegos artificiales lanzados desde las tribunas; encuentros sin presencia de la barra visitante debido a su reiterado mal comportamiento, y una serie de desaciertos directivos que nos han llevado cerca de la crisis y lejos del próximo mundial.


Es que, quizás, Magallanes ha encarnado la esperanza de que, pese a todo pueden venir tiempos mejores. El adelanto para ello pareció provenir de un camping, de esos que Bolaño cuidaba con menos esmero que pasión por aprovechar la tranquilidad de la noche, para escribir. Bien hecho, Roberto.


En una de esas logras que Magallanes gane la Copa Chile.



20 julio 2022

UNA CINCUENTENARIA INDUSTRIA DE IMAGENES

Texto leído en la presentación de la la reedición de Colección Cuncuna, hecha por la Editorial de la USACH, en el Centro Cultural Palacio de La Moneda, en presencia del Presidente Gabriel Boric.

Pool fotográfico de Quimantú


Voy a comenzar por una afirmación fuerte: Quimantú fue una industria de imágenes. Sí, a pesar que su principal rubro fue la impresión de libros, es posible afirmar que fue una adelantada, para su tiempo, en el trabajo de la imagen. De hecho su recuerdo está principalmente asociado a ilustraciones: su logo; portadas señaladas; historietas; coloridos Cuncunas...


Me atrevería a sostener que la primera idea de su impulsor, el Presidente Salvador Allende fue una imagen mixta: una botella de medio litro de leche y un ejemplar de texto de estudios. Porque esa fue, según su biógrafo, el historiador español Mario Amorós la gran obsesión de Allende: alimento físico y espiritual para los chilenos. Incluso, agrego que mi experiencia personal con esta lectura es la de un niño desnutrido, con piernas flacas, barriga abultada y mocos colgando. Un mocoso.


Para enfrentar y superar esa realidad, la compra de Zig Zag vino “de perillas”, como suele decir Condorito (revista impresa en Zig Zag y luego Quimantú): 

- una imprenta enorme, con tecnología de vanguardia, a nivel latinoamericano, en la impresión a color -en prensas planas y sobretodo, rotativas- de úlima generación: offset y rotograbado

- un formidable equipo de historietistas -único en Chile-, capaz de producir grandes tiradas de lo que muchos hoy llaman con el anglicismo comic pero que los trabajadores Q llamaban simplemente “los patos”, aludiendo a la serie de revistas Disney que imprimían

- además de guionistas -en orden de aparición- trazadores, aplicadores de tinta china, letristas, aplicadores de colores (en varias camisas, de papel mantequilla, cada una con un color primario), supervisores y… sociólogos (que aparecieron con Q) la empresa contaba con

- obreros de las secciones de fototono, prensas planas y rotativas , corrección de pruebas, que eran verdaderos controles de calidad y sabían distinguir perfectamente una buena de una mala aplicación de colores y una buena de una deficiente impresión

- un departamento de publicidad que se encargaba de la elaboración de spot para televisión y avisos gráficos para difundir sus publicaciones en aquellas que le pertenecían

- expertos diagramadores y diseñadores de portadas (para los libros) que trabajaban intensamente pues había colecciones de aparición semanal, que circulaban en quioscos y por lo tanto, debían resaltar en medio de centenares de revistas y diarios que colgaban habitualmente, que se refrescaban cada día, tanto en su portada (caso de los diarios) como en su ubicación en el quiosco pues eran sacados al final de cada día y muchas veces modificada su ubicación durante la misma jornada, por los propios quiosqueros, según “el movimiento” que tenían

- varias decenas de fotógrafos, agrupados en un Pool, que reportaban a una jefatura única y entregaban su trabajo a un completo Archivo central, administrado por una completa sección de Documentación

- un conjunto amplio de ilustradores que colaboraban con los textos para los diversos niveles de escolaridad, que eran editados por Zigzag

- un jefe/maestro como Joaquín Gutiérrez, para mi fortuna, autor de un clásico de la literatura infantil costarricence: Cocorí que me acogió como aprendiz


En esa pléyade de profesionales que trabajaban habitualmente con las imágenes, se me encargó crear una colección de libros infantiles.


La sabiduría estaba al alcance de la mano, en los propios talleres y oficinas de Q. Solo debí agregarla -gracias a la generosidad de compañeros y compañeras- a la vasta experiencia lectora que, afortunadamente, me fue tempranamente estimulada por mi abuelo Arturo, mis padres, profesores y más de alguna academia literaria y revistas escolares.

Entonces, me dediqué a preguntar. Formato, tipos de papel, tamaño de letras, número de páginas para no perder papel en los cortes, cantidad y tipo de impresión a color… Incluso el logo y nombre de la hoy cincuentenaria Cuncuna, surgió de una conversación con el equipo de diseño de la División Editorial, por cierto mientras ellos dibujaban, casi distraídamente, y yo absorvía hasta sus miradas

Mi papel fue seleccionar -con la indispensable ayuda de ese gigantesco lector Alfonso Calderón- cuentos para proponer y, una vez aprobados, encontrar el ilustrador más indicado.


Así llegaron hasta mi oficina del tercer piso en Avenida Santa María -la oficina de Cuncunita- quienes hoy siguen deleitando a niños y adultos con sus pinceladas: NATO, que me embelesaba desde su travieso Cachupín en la última página de revista Estadio; Guidú y Jalid Daccaret que bajaban desde el séptimo piso donde vivía Cabrochico, y Tex que, después, desde su exilio me siguió acompañando en APSI.


Nada de esto estaría sucediendo hoy acá si no hubiese aparecido, un día, muchos años después, Galo (parece seudónimo de ilustrador francés) y en otra apasionada conversación surgió la idea de la reedición. 


Lo sorprendente es que esa nueva versión se presenta en la residencia de la Cineteca Nacional, el repositorio de nuestra imagen en movimiento.


Las imágenes siguen acompañando a Cuncuna y, termino, me han regalado otro texto, de cine reciente, que explica el fenómeno que presenciamos.


La maravillosa película mexicana COCO, a la que nos invitó mi nieto Rafael, deja la lección -cual Cuncuna- que la personas viven mientras los demás las recuerdan.


Muchas gracias, Galo, Catalina, Consuelo, Maria Isabel, Claudio, Guillermo, Nicolás a la Editorial de la Usach y a ustedes, por permitir que este trabajo siga existiendo.