25 mayo 2016

EL RECTOR Y EL VIEJO SUEÑO DE LA TV CULTURAL



El 23 de mayo, el Rector de la Universidad de Santiago propinó, en carta a El Mercurio, un noticioso aporte al reciente proyecto de TV cultural: "Desde hace cuatro años 14 universidades estatales han desarrollado un proyecto de televisión cultural, educativa y científica, cuyos contenidos son generados por cada una de las instituciones miembros. Se trata de un proyecto asociativo que expresa la diversidad de nuestras regiones, a la vez que pone en valor el rico quehacer de generación de conocimiento y extensión cultural que desarrollan nuestras casas de estudios. Contamos con una programación que transmite 24 horas, todos los días, además de un informativo que da cuenta de las noticias más relevantes de nuestros planteles". 


El proyecto de ley que anunció la Presidenta de la República el viernes 20, implica la creación de un canal emitido "a través de una concesión televisiva especial, de carácter nacional, contenidos culturales y educativos en una señal que será administrada por una filial de TVN y que no tendrá publicidad”.

Consideramos, agrega el Rector, que si el Estado va a hacer un esfuerzo de la magnitud que se ha anunciado -25 millones de dólares- podría considerar a sus universidades para potenciar este proyecto, ya en marcha, "con recursos que en nada se condicen con la cifra enunciada". Añade que "por la naturaleza de nuestras instituciones, se garantiza el pluralismo, libertad, transparencia, pensamiento crítico, independencia editorial, visión de país y la diversidad, tan necesarios para un canal de televisión de corte cultural". Un asunto 3B: bueno, bonito y barato.

El proyecto anunciado, también modificará el Directorio de TVN que subirá de siete a nueve miembros, agregando uno designado por el Ministerio de Educación y otro por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Los siete existentes modificarán su forma de designación pues surgirán de concursos vía Alta Dirección Pública. Además, se creará un Consejo Consultivo, ad honorem, que velará por la misión de la señal; la idea es incluir ahí a los ciudadanos, convocado a través de plataformas digitales.

Es decir, lo que ofrecen las universidades en términos de pluralismo e independencia editorial, es sustituido en el proyecto por un representante en el Directorio, designado por el CNCA de manera colectiva en su propio Directorio plural y lo que pueda surgir del trabajo de la Alta Dirección Pública. Es natural que el representante del ministerio de Educación sea un delegado del gobierno. Por tanto, el nuevo Directorio podrá mejorar la condición profesional de sus integrantes en lo referido a sus conocimientos del medio comunicacional y televisivo, difícilmente asegurará un conocimiento del tema cultural. Tal vez se piensa que éste surja del Consejo Consultivo, integrado por ciudadanos convocados vía redes sociales.

Serán ambas instancias las que con mayor o menor dedicación horaria -debido a la condición ad honorem de los consultivos- deberán ponderar los contenidos programáticos de una amplia gama de ofertas pre existentes, como -por ejemplo- lo que señala el Rector Juan Manuel Zolezzi de la producción universitaria, más las creaciones disponibles de los concursos del CNTV y el Fondart audiovisual.

Pero, no parece ser la mejor fórmula el tejer una programación desde lo disponible sin definir previamente la misión y orientaciones del canal.

Éstas son, en el proyecto, derivadas de la existencia, desde 1969, de una TV pública y no del origen de la TV chilena que fueron las universidades. Cuando a inicios de los 1960s se estableció la TV en Chile, las señales de emisión estaban reducidas a canales universitarios: UCV, C13, C11 en orden de aparición.

El gobierno del Presidente Jorge Alessandri, escogió ese camino como el mas parecido al clásico modelo de la BBC de Londres, en su dimensión sin fines de lucro, pluralismo e independencia del gobierno.

El proyecto presentado está asociado a una señal que debe autofinanciar su gestión compitiendo en el mercado. Cabe conocer cómo se resguardará la natural tentación de recurrir al bolsillo lleno (por aportes públicos al canal Cultural) cuando el bolsillo comercial está flaco. Toda vez que el gobierno corporativo será el mismo.

Complica esta situación el hecho que la gestión legislativa del proyecto haya sido encomendada a un ministerio político de La Moneda y no a un consorcio entre los incumbentes: Educación y Cultura. Quizás, próximamente, Ciencia y Tecnología.

Sorteando con éxito la dependencia del financiamiento comercial y el riesgo de la captura por el poder político, el futuro canal representaría una oportunidad para la educación y la cultura ya que al no estar sujeto al financiamiento vía publicidad, los estándares de calidad no dependerán exclusivamente del rating.

Y de paso debiera revertir la visión de que la TV pública cultural educativa es aburrida; que quiere solo enseñar de modo formal, no entretener; que solo ofrece alta cultura y que se rige por estructuras narrativas rígidas y conservadoras.

En realidad, canales públicos culturales educativos contemporáneos, cuentan con mayor libertad editorial, pues pueden comunicarse directamente con su audiencia sin la necesidad de avisadores y sus intereses comerciales, como intermediarios.

En otras palabras, son estas señales las que pueden poner los intereses de su publico en primer lugar.

Por lo mismo, hay que poner mucha atención a su nacimiento, permanencia y calidad. Para ello, no estaría mal escuchar la oferta del Rector.

Una alianza entre los contenidos brindados por nuestras universidades -adecuadamente acreditadas- y la potencia tecnológica de TVN, a una "distancia de brazo" del gobierno -a la usanza británica- sería la mejor base para la futura TV educativa y cultural chilena.

23 mayo 2016

CUENTA PRESIDENCIAL ¿QUÉ ESPERABAMOS?


Me sorprendió la Cuenta presidencial del 21 de mayo de 2016 en lo que a cultura se refiere. No por su contenido, un mensaje anunciado como de "obra gruesa",  sino por las reacciones de los comentaristas del sector, que se declararon defraudados o frustrados, “con gusto a poco”, obviamente recurriendo al cronómetro y a una visión parcial del concepto cultura. Me pregunto, ¿qué se esperaba? En particular, los interesados en políticas culturales debemos atender a los signos de los tiempos, políticos, económicos y sociales.


Desde el punto de vista social, no existe en cartelera alguna demanda del llamado mundo de la cultura que esté suficientemente socializada, como para ameritar una mención presidencial que atenúe una incontrarrestable presión como ejercen, por ejemplo, los estudiantes o ejerció el mundo de la cultura cuando, en los inicios de los noventa, se exigía la creación de un Consejo Nacional de la Cultura.

Desde el punto de vista económico, el horno no está para bollos y son sabidas las restricciones que esperan al país en el corto y mediano plazo, por ende no es realista esperar grandes anuncios de gastos o inversiones en un área que ha recibido importantes recursos públicos en fondos concursables y otros en las últimas décadas. A pesar de ello, el Mensaje de Bachelet consideró aquello que es más propio y rendidor en términos de inversión estatal en cultura: las obras de infraestructura.

Lo que tampoco es sorprendente. Nadie puede pedir que algún mandatario ignore en sus mensajes que su gobierno es capaz de convertir en espacios culturales una vieja estación; una antigua cárcel como las de Valparaíso o de Punta Arenas; el edificio que mancilló la junta militar de gobierno ocupándolo como sede; el antiguo local de Correos de Valparaíso o, como es el caso, el aeropuerto de Santiago en desuso. Son obra mayores, de gran impacto urbano, comunicacional y político. Aún sin llegar a las desmesuras de ponerle los nombres del mandatario que lo impulsó, como ocurrió, por ejemplo, en Argentina con el CCK.

De allí se deriva una segunda reafirmación en la Cuenta Pública: los extraordinarios avances, de este y al menos tres gobiernos anteriores, en materia de construir centros culturales en ciudades de más de cincuenta mil habitantes, política fijada por una histórica Convención Nacional de la Cultura, a inicio del siglo XXI. Relevante anuncio para las regiones distintas a la metropolitana, que compensa el hecho de que el novedoso Centro Nacional de Artes Visuales está ubicado en la capital, como ocurre por lo demás, en todos los espacios de alcance nacional en países similares al nuestro. Lo relevante es su vocación integradora a nivel país, no la locación de los espacios emblemáticos como el Bellas Artes, la Biblioteca Nacional, el Museo Histórico, el de Historia Natural, o el Centro Nacional de Artes Escénicas y Musicales, situado en el edificio Gabriela Mistral, que terminará sus inconclusas obras. Hecho que también constituye “carne” de cuenta pública, precisamente por las dificultades que su segunda etapa enfrentó debido al terremoto primero, a las restricciones presupuestarias después y a obligados cambios en su dirección, más recientemente.

Dicho esto, que agrega el significado político de un gobierno que aplica políticas de Estado y que se ocupa justamente de aquello que otros no pueden hacer, como es la infraestructura. Coherente además con un gobierno en la mitad de su mandato que planea reforzar su "obra gruesa" y comenzó la Cuenta anunciando que haría en ella un relato con “perspectiva histórica”.

¿Existe algo más perdurable en la historia cultural de Chile que sus infraestructuras como el Museo de Bellas Artes, la Biblioteca Nacional, la Biblioteca Severin o el Teatro Municipal de Santiago? ¿Se recuerda, en cultura, al Presidente Aylwin por algo diferente al Centro Cultural Estación Mapocho, al Presidente Frei Ruiz Tagle por algo más que el MIM, a Ricardo Lagos por el CCPLM o a la propia Presidenta Bachelet por el Museo de la Memoria?

Se dirá que a Lagos se le recuerda -también- por la creación del Consejo Nacional de la Cultura. Es verdad, pero ¿estamos honestamente en condiciones de asegurar que el probable Ministerio de Culturas se apruebe antes del fin del mandato Bachelet? ¿Es realista poner tal logro en la perspectiva histórica del gobierno Bachelet 2? Lagos gobernó seis años y envió el proyecto de institucionalidad en el primero de ellos. Aún así solo se instaló en el cuarto año de su mandato. El proyecto actual se atrasó un año de tramitación merced a la Consulta Indígena y podría decirse que acaba de entrar en tierra derecha con urgencias y otras medidas procesales que lo sacaran de su primer trámite -la comisión de cultura de la Cámara de Diputados- en un plazo cercano, para transitar luego por la comisión de Hacienda (en tiempos de restricción), la sala de la Cámara y más adelante esas mismas instancias en el Senado, con el agravante que este lo analizará inicialmente en la Comisión de Educación y Cultura, que ya  tiene bastante trabajo con su primera misión.

No calza en una Cuenta de este carácter histórico un anuncio que solo podría ser algo así como “se aprobará…” Más relevante es anunciar un Ministerio de Ciencias y Tecnología que obviamente no se alcanzará a aprobar en este mandato, que si quedará como el que lo envió a trámite. Recordemos que el proyecto de Ministerio de Cultura nació en el gobierno anterior.

Luego de la triste experiencia del nuevo gobierno brasileño que sustituyó a Dilma Rousseff, que en menos de una semana eliminó y luego repuso al Ministerio de Cultura del Brasil, este tipo de institucionalidades se desvalorizan a los ojos de la población que comienzan a verlo como desechable, según quien sea el que gobierne. Un aspecto mas de la liza de poder de sectores políticos que no gozan precisamente de una alta aprobación popular en estos tiempos.

¿Otras iniciativas que se pudo haber mencionado? Leyes sectoriales, tal vez, pero ¿hay alguna que esté en condiciones de asegurar un éxito legislativo durante este mandato? Cualquier político aconsejaría dejarlas listas para ser presentadas al inicio del gobierno siguiente. Más que un trabajo legislativo, requieren de un trabajo programático.

Probablemente se haya considerado también en este tema la escasa utilidad que ha dejado la Ley que exige un 20% de música nacional en las radios, que parece haber consolidado un periódico diálogo de sordos entre radiodifusoras y defensores de derechos de autor.

Como lección queda también la necesidad de preparar, con este mismo horizonte del gobierno futuro, el proyecto de Ley de Consejo Nacional de Infraestructura y Gestión, que se hace más necesario por el lugar preponderante que el tema tuvo en la Cuenta que nos ocupa. Pero, tampoco estará en la Cuenta 2017, como anuncio, si quienes serán directamente beneficiados -centros culturales, gestores, audiencias, salas de teatro, corporaciones culturales, municipios- no lo asumen como propio y generan un movimiento ciudadano al respecto.

Es el tipo de iniciativas que deben surgir, crecer y aprobarse primero por quienes más lo requieren. No serán los gobiernos per sé, ni funcionarios públicos que hoy disponen de los recursos, quienes encabezarán  la demanda por un Consejo que va a trasladar atribuciones -la asignación de fondos públicos, nada menos- a un organismo colegiado y participativo, como ya lo hacen el libro, el audiovisual y la música.

En consecuencia, la Cuenta Presidencial 2016, difícilmente pudo ser otra cosa en el contexto y tiempos que se viven y de cara a la realidad de un mandato que comienza a finalizar y a mirarse en el inexorable espejo de la historia. Y en ella ocupan más lugar monumentales edificios rescatados para las artes que los posibles contenidos que ellos acojan. Lo primero es tarea de los gobiernos y lo han hecho como nunca antes en nuestra historia, desde 1990 a la fecha; lo segundo, es tarea de la ciudadanía de las manos con los creadores y gestores.

Dios nos libre de escuchar, en una Cuenta Presidencial, como será el guión o la programación de un centro cultural específico.

La buena noticia, en síntesis, es que se seguirá edificando, la "mala" es que la obligación de llenar esos edificios de gestión, arte y cultura es tarea nuestra, que es apasionante y no puede esperar.

Ese es el mensaje que nos deja esta Cuenta … Bastante más que 55 segundos.

Ah, y el centro de Los Cerrillos, para recurrir -con perdón del lector/a- al metaforón de que el Estado construye la pista para que los creadores visuales despeguen en el avión de sus sueños...

13 mayo 2016

LO QUE NOS RECUERDA DILMA




La noticia de la caída de la Presidenta Dilma Russeff no sólo remueve las estructuras políticas y financieras del Brasil; su sucesor, el gobierno liderado por Michel Temer, ha empezado dando señales culturalmente preocupantes: un equipo ministerial en el que no hay afroamericanos ni mujeres y ha integrado el Ministerio de Cultura, al Ministerio de Educación. Ello amenaza -a lo menos- a la importante Ley Rouanet de subvenciones públicas a las artes.


Los 13 años y cuatro meses de gobiernos PT de Lula da Silva y Dilma, legaron al país, por primera vez en su historia, una política de Estado para la cultura. Según el Instituto Lula, "el presupuesto creció de R$ 276,4 millones en 2002 a R$ 3,27 mil millones en 2014. Tres Conferencias Nacionales de Cultura aseguraron voz activa a la sociedad civil. Más de 4 mil puntos de cultura brotaron por todo el país, fomentando la expresión cultural de las comunidades. Más y mejores bibliotecas públicas fueron sembradas por todos los rincones de Brasil. Reconociendo la magnitud y la complejidad cultural del país, se tomaron nuevas directrices. La democratización del acceso a bienes, equipamientos, productos y servicios culturales, la descentralización, la regionalización y la interiorización de políticas, además del reconocimiento de la cultura como parte relevante de la economía brasileña fueron algunos de los ejes que pasaron a orientar las acciones del poder público".


Una obra contundente, que por decir poco, se minusvalora con el simbólico traslado del Ministerio de Cultura, ocupado recientemente por destacados intelectuales y artistas como Francisco Weffort (1995-2002); Gilberto Gil (2003-2008); Juca Ferreira (2008-2010); Anna María Buarque de Hollanda (2011-2012); Marta Suplicy (2012-2014), y nuevamente Juca Ferreira hasta la caída de Dilma. El Ministerio fue creado en 1985 por José Sarney y había sido eliminado entre 1990 y 1992 por el Presidente derechista Fernando Collor de Mello.


Por tanto, no es una práctica nueva. Ni en Brasil ni en otras latitudes. En España, por ejemplo, los gobiernos de derecha suelen fusionar al de cultura con otros ministerios. Hoy, bajo el mandato del Partido Popular, existe el de Educación, Cultura y Deportes. Tal como ocurrió en las legislaturas 1996-2004 con el mismo partido en el gobierno.


Es que la cultura es ocupada para dar señales de austeridad (como si fuese una cartera de gran gasto, que no lo es), de autoridad (como si vincularla a educación por decreto fuese eficiente), de racionalidad administrativa (como si eliminar un ministro redujese las burocracias).


Lo cierto es que la señal es mala porque lo que la cultura requiere son políticas estables, creación de hábitos, formación de audiencias. A lo que no ayuda esta incerteza de si tendremos Ministerio en el próximo gobierno.


Una fórmula estable encontramos en el Reino Unido donde la Secretaría de Estado para la Cultura, Medios de Comunicación y Deporte se ha conservado sin cambios desde su creación en 1992. Incluso, se le han agregado responsabilidades puntuales como cuando, entre 2010 y 2012 se le agregó el título de Secretario de Estado para la Cultura, Olimpiadas, Medios de Comunicación y Deporte.


Tal placidez se logra debido a la existencia de los Consejos de las Artes que son quienes asignan, participativa, transversalmente y renovándose en tiempos distintos que los gobiernos, los recursos entregados por el Estado a través de la Secretaría mencionada.


Interesante recordar esto cuando enfrentamos, en Chile, la discusión parlamentaria de un futuro Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Por más que ello sea visto por algunos como un avance respecto de nuestros existentes consejos nacional, sectoriales y regionales, la realidad es a la inversa.


Son precisamente aquellos consejos creados por la Ley 19.891 del 23 de agosto de 2003 quienes dan permanencia y estabilidad a nuestras políticas culturales. Por tanto es a ellos a quienes debemos cuidar en lugar de poner el énfasis en una subsecretaría más o menos.


Finalmente, ministros y subsecretarios van a depender de la voluntad Presidencial, 
como todos los cargos de esa naturaleza.


Nuestra identidad, peculiaridad y estabilidad cultural está en otra parte. 


Eso nos lo recuerda quien ha sucedido a Dilma.

05 mayo 2016

LA GESTIÓN CULTURAL ES DERIVADA DE LA ACCIÓN Y, POR SOBRE TODO, DE LA REFLEXIÓN

ENTREVISTA EN REVISTA ARTE AL LIMITE 5 MAYO 2016

Con una carrera que desde 1971 se relaciona con el área cultural y la sobrevivencia de los espacios que la desarrollan en Chile, Arturo Navarro, Director Ejecutivo del Centro Cultural Estación Mapocho (CCEM), tiene la convicción de que estos espacios se deberían mantener con el respaldo que se merecen. En marzo expuso en el Parlamento ante la Comisión de Cultura de la Cámara Baja, donde indicó la necesidad de concebir un espacio de coordinación entre diferentes organismos culturales, organizados en un Consejo Nacional de la Infraestructura y la Gestión Cultural.

En AAL conversamos con él sobre lo que opina del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, que propone el Gobierno.


¿Cómo podrías explicar la discusión que se ha generado respecto al Ministerio de las Culturas?
No se ha generado ninguna discusión. Yo creo que aquí lo que hay respecto al Ministerio es una especie de “arrastrado de cadena”. La discusión importante se dio fue cuando se creó el Consejo Nacional de la Cultura. Estábamos saliendo de la dictadura, no teníamos una institucionalidad cultural por lo que había que crearla. La discusión comenzó de cero. En ese momento se tomó una gran opción y el gran tema de fondo fue decidir que no queríamos un ministerio, que queríamos un Consejo Nacional de La Cultura y las Artes. Era la opción más participativa y popular porque se identificaba Ministerio con “autoritarismo”. No queríamos un ministerio que fuera la presencia de una sola voz, porque un ministerio es: un secretario del Estado, un secretario del ministro, un secretario del presidente. Cambia el presidente, cambia el ministro, cambia la política.
Rechazar ese modelo hizo que se optara por un modelo británico, o sea, el modelo de participación de los consejos de la cultura. Si bien, el Estado pone el dinero, quienes asignan el dinero es un colectivo, un grupo, la sociedad civil.


“La discusión de ahora debería ser: ¿cómo hacemos ahora para que esa gran opción que tomó Chile de ser un país de los consejos de las artes, se adapte a una situación anómala, donde la DIBAM no está incorporada a este sistema de consejo?”

Lo que hace este Ministerio es finalmente doblegar ese espíritu autoritario de los sectores del patrimonio y ponerlo bajo este concepto de los consejos. Cuando se presentó el proyecto de Piñera, ese proyecto fue un proyecto administrativo; el proyecto actual supera el anterior al incorporar a la DIBAM en los organismos participativos.

¿Se ha dejado de lado la gestión y la infraestructura cultural en la Ley de Indicación sustitutiva?
La gestión cultural de este país es importante gracias al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, o sea todas las instituciones creadas después de los noventa, son corporaciones culturales o fundaciones culturales, por lo tanto son organizaciones participativas. Es imposible que las organizaciones pertenezcan solo al Estado, no hubiera funcionado. Lo que sí hace el Estado es ejecutar presupuestos, pero no gestiona y esa actitud no se le puede permitir a un espacio cultural… estos espacios funcionan porque hay gestión.
En este proyecto, sin embargo, no aparece un Consejo sectorial de la infraestructura y la gestión, como una institucionalidad propia. Este sería fundamental para apoyar este trabajo, que se está haciendo tan eficientemente es necesario. Por ahora, lo que importa es sacar el Ministerio y apoyarlo. Luego vendrá este consejo, tal como las artes visuales están pidiendo el Consejo de las Artes Visuales, que no existe.

¿Considerarías una tercera vía de financiamiento cultural que no se ha propuesto?
Lo dijimos en la 4ta Cumbre Mundial de las Artes y la Cultura en Sudáfrica. Nuestra tesis es el tercer tipo de financiamiento. Estamos de acuerdo que el Estado tenga que poner pero no queremos que sea el único proveedor, al igual que el financiamiento ideológico de los privados. Entonces nos queda la propuesta C que es un modelo mixto: no hay aporte de los privados ni del estado, el aporte surge de la gestión.
Y esto es un modelo internacional, de un centro cultural que se autofinancia al 100% de la gestión.


“Nuestra tesis es la tercera vía de financiamiento”

¿Qué opinas de los fondos con asignación pública y privada?, ¿consideras que son “el parche a la herida”?
Los fondos concursables no los considero un parche a la herida, es todo lo contrario. El parche a la herida sería el dinero asignado exclusivamente del estado. En general es un concepto maravilloso y es el gran sustento de nuestra política de desarrollo cultural y, gracias a ello, se ha desarrollado la cultura en los últimos años en nuestro país con la precariedad de recursos que tiene Chile.
Por eso digo que no hay ningún debate. Esto está todo resuelto. El estado aporta con fondos concursables. Los privados con la ley de donaciones. Este ministerio no cambia nada de eso, todo lo contrario… lo perfecciona. Mejora el comité de donaciones culturales y se profundiza cada vez más un camino que ya se tomó así que bienvenido sea.

¿Consideras que no ha existido mucha información a la ciudadanía con respecto al proyecto?
Es que pasa que este proyecto no lo pedía nadie, ni siquiera el programa del ex presidente Sebastián Piñera. Fue idea de personas que estaban en el mundo del patrimonio y nadie más lo pidió, ni siquiera la ciudadanía. La derecha en Chile no tenía una postura cultural. No había programa. Armaron un Ministerio pero no tuvo una gran relevancia, entonces cuando quedó el proyecto en cancha, había que sacarlo de alguna manera por protocolos políticos. Fue entonces que lo tomó la era del actual ministro, Ernesto Ottone. Además hay que destacar el trabajo que hizo Nivia Palma, donde ordenó lo que estaba bastante desorganizado.


“Hay que crear un nuevo servicio más moderno pero sobre todo con directores regionales que puedan desarrollar archivos regionales que no hay en todo Chile”

El proyecto sobre el Ministerio de las Culturas, se apoya con énfasis por descentralizar la cultura, ¿qué opinas de esto?
Me parece muy bueno, es más yo creo que la descentralización tiene relación con la DIBAM. La única identidad no descentralizada en cultura en Chile es la DIBAM. El Consejo Nacional de la Cultura y las Artes tienen consejos regionales y está descentralizado de modo participativo. El bogador que boga más despacio aquí es la DIBAM.
Lo que pide la DIBAM, de que sean subsecretaría es ridículo. ¿Tú has visto una subsecretaría que sea descentralizada? Tiene que ser un servicio público para que funcione y se descentralice. Hay que crear un nuevo servicio más moderno pero sobre todo con directores regionales que puedan desarrollar archivos regionales que no hay en todo Chile. Por eso considero que estamos llenos de demagogia e ignorancia.


Y por último… ¿qué opinas de la gestión de Ottone?
Me gusta mucho. Tiene un perfil ideal de gestión cultural porque trabajó en esta área. Tiene un currículum bastante amplio. Conoce el ambiente y conoce el camino, no es algo nuevo para él. Y, como te digo, la gestión cultural es derivada de la acción y por sobre todo… la reflexión.

03 mayo 2016

DEBATE CONSTITUCIONAL Y CULTURA



Como heredero de una formación escolar que consideró clases de Educación cívica y Economía política, cuando se habla de debate constitucional lo primero que aparece es revisar aquella carta fundamental que nos rige. Y como insisto en aferrarme al mundo de la cultura, comienzo buscando la relación entre ambas palabras: Constitución y cultura. El panorama es desolador. Cuatro menciones en 110 páginas. Sí, cuatro. ¡Ah! y otras dos a las artes. 

No parece un buen comienzo.


Según el Capítulo III de la Constitución Política de la República de Chile, titulado De los Derechos y Deberes Constitucionales, La Constitución asegura a todas las personas la libertad de crear y difundir las artes, así como el derecho del autor sobre sus creaciones intelectuales y artísticas de cualquier especie, por el tiempo que señale la ley y que no será inferior al de la vida del titular. (Artículo 19, número 25)
Luego, este mismo número detalla que El derecho de autor comprende la propiedad de las obras y otros derechos, como la paternidad, la edición y la integridad de la obra, todo ello en conformidad a la ley. Se garantiza, también, la propiedad industrial sobre las patentes de invención, marcas comerciales, modelos, procesos tecnológicos u otras creaciones análogas, por el tiempo que establezca la ley...

Pasamos de una leve mención a las artes para explayarse en el derecho de propiedad de lo creado por éstas. No es de extrañar en un país en que los "atentados a la propiedad" han marcado a fuego su historia. Baste recordar la Reforma Agraria y la herida abierta, por la que aún sangra la oligarquía tradicional.

Aún estamos, para el gobierno de los Estados Unidos, en la "lista negra" referida al estado de los derechos de propiedad intelectual, la protección y la observancia para los socios comerciales del país norteamericano y seguimos discutiendo en el país sobre una reciente ley -que obliga a las radios a emitir un 20% de música chilena- que poco colabora en la legitimidad de este derecho.

Pero, veamos qué dice nuestra Constitución sobre Cultura: Corresponderá al Estado, asimismo, fomentar el desarrollo de la educación en todos sus niveles; estimular la investigación científica y tecnológica, la creación artística y la protección e incremento del patrimonio cultural de la Nación (Artículo 10 El derecho a la educación).

Junto a un estímulo a la creación artística, se refuerza la protección e incremento del patrimonio, definido habitualmente como "conjunto de bienes propios de una persona o de una institución, susceptibles de estimación económica". Nada sobre el acceso al patrimonio ni sobre la íntima relación de éste con las artes. Se asume sólo su dimensión económica.

Relevancia que explica que no tengamos, por ejemplo, un Ministerio de Cultura y que la orgánica  existente haya entregado históricamente las responsabilidadas del Estado a la Universidad de Chile estimular la investigación científica y tecnológica, la creación artística; y a la DIBAM, protección e incremento del patrimonio cultural de la Nación. Ambas entidades, por decir poco, en crisis financiera, la primera por los recortes económicos y territoriales que heredó de la dictadura y la segunda, por su antiguedad y escasa capacidad de adaptarse a nuevas realidades, como son las infraestructuras culturales vinculadas a corporaciones y fundaciones.


En el Capítulo XIII, titulado Gobierno y Administracion Interior del Estado, la Carta entrega atribuciones a órganos territoriales: un gobierno regional que tendrá por objeto el desarrollo social, cultural y económico de la región. (Artículo 100)

Luego, a nivel local, dónde debiera estar la mayor preocupación: Las municipalidades... cuya finalidad es satisfacer las necesidades de la comunidad local y asegurar su participación en el progreso económico, social y cultural de la comuna... podrán constituir o integrar corporaciones o fundaciones de derecho privado sin fines de lucro cuyo objeto sea la promoción y difusión del arte, la cultura y el deporte. (Artículo 107)

Presume el constituyente que gobiernos regionales y municipales se harán cargo. ¿Lo hacen? Débilmente.

El Ministro Ernesto Ottone, en reciente jornada sobre espacios culturales reconoció que no son más de cinco las regiones preocupadas de la cultura en forma relevante. Asistentes a esa misma reunión, se quejaron de la poca importancia que dan a la cultura Alcaldes donde están sitos sus centros culturales. Incluso, varios de ellos incumplen la delegación constitucional de crear corporaciones o fundaciones de derecho privado sin fines de lucro cuyo objeto sea la promoción y difusión del arte y la cultura, manteniendo tales responsabilidades en departamentos municipales de escasa capacidad de gestión y ninguna autonomía. A ello se agregan municipios que ni siquiera tienen departamentos de cultura o los fusionan con turismo, deportes y otras actividades.


Por ello, en el debate constitucional que comienza, no estaría mal hacer una revisión al cómo se cumple la Constitución vigente, sacando al pizarrón a alcaldes y concejales. No vaya a ser que -en algunos casos- baste con aplicarla para mejorar notablemente sus resultados.

Lo que no impide que también podamos exigir, ojalá con la fuerza que tuvo el mundo de la cultura durante y después de la campaña del NO, que determinados derechos para acceder a la cultura y las artes, tengan reconocimiento constitucional e institucional, como por ejemplo, un Ministerio que salvaguarde la diversidad y la participación de la ciudadanía en la formulación, aplicación y evaluación de las políticas culturales.

Por todo ello, bienvenido el debate.

26 abril 2016

LA CUENTA DE OTTONE Y EL CAMBIO DE PARADIGMA


Con una semana de retraso al plan original -temporales mediante- el Parque Cultural, sito en la ex Cárcel de Valparaíso, acogió al primera cuenta pública -participativa- que el Presidente del Consejo Nacional de la Cultura brindó al país, caracterizada con una afirmación optimista del orador: "Estamos viviendo un cambio de paradigma, desde una cultura del consumo, hacia una sociedad mas humanista y humanitaria". 


Luego de recordar los objetivos estratégicos institucionales hasta 2018, Ernesto Ottone se refirió a los principales logros alcanzados durante su año de mandato.

Calificó como "hitos nacionales" al Informe de la Consulta previa de la indicación sustitutiva al anteproyecto de ley que crea el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio; el Fondart Regional, que contó con un presupuesto de más de $ 6.600.000.000, que representó un 25% más que el concurso del 2015; la creación del Comité Interministerial de la Política Nacional de la Lectura y el Libro; el aumento de cobertura de las orquestas juveniles, con la creación de 15 orquestas y ensambles; la creación del Programa Orquestas Profesionales Regionales, que cuenta con un total de $ 1.400.032.440; la campaña Ponle oreja...a la música chilena, y la primera piedra de la segunda etapa del Centro Cultural Gabriela Mistral.

En el ámbito internacional, destacó la circulación de artistas y obras nacionales, través de los Fondos de Cultura, que aportaron más de mil millones de pesos, a 410 iniciativas; el memorándum de entendimiento entre el Consejo Nacional de la Cultura, el Ministerio de Economía, CORFO, el Comité de Inversiones Extranjeras y Pinewood Studios; el Homenaje a Raúl Ruiz en la Cinemateca de Francia, y el Programa Chile en el Mundo, que permitió participar a artistas y gestores  nacionales en Fil-Quito, Bienal de Arte de Venecia 2015, Bienal de Arquitectura de Venecia 2016.

Sobre el financiamiento concursable, resaltó que los Fondos Cultura, vía Ley de Presupuestos 2016, consideran un monto de $24.415.059.000, con un crecimiento del 10% respecto del concurso anterior. El Fondart Nacional repartió $5.956.311.000 a 157 proyectos, lo que representa un aumento de 4% en relación al 2015. El Fondart Regional contó con un presupuesto de más de $6.600.000.000, un 25% mayor. El Fondo Nacional del Libro destinó $3.854.693.000, un aumento del 18,6% y 724 proyectos, 50% más que el proceso anterior. El Fondo de Fomento Audiovisual benefició 225 proyectos por un monto total de $4.189.908.687, lo que representa un aumento de un 6% con respecto al 2015, un 40% de estos recursos se fueron a regiones distintas a la Metropolitana. El Fondo de la Música Nacional destinó $1.862.589.479 a un total de 251 proyecto y se benefició un total de 80 comunas, 52 no metropolitanas.

Analizados por áreas, un 42,98% de proyectos seleccionados en el Fondart Nacional fueron en Artes Escénicas, con un aporte total de $1.323.488.842 para 43 proyectos. Un 24,5% de los seleccionados en el Fondart Nacional se relacionan a proyectos de Artes de la Visualidad, por un monto total de $753.727.693 para 45 beneficiados. En el Área de Arquitectura, se entregaron en el Fondart Nacional $251.179.753 destacando el concurso de ideas y posterior selección del equipo curatorial para el Pabellón de Chile en la Bienal de Venecia 2016. En Diseño, se destinaron $299.758.895 a 22 proyectos en el Fondart Nacional.

Entre los financiamientos no sujetos a concursabilidad, el Programa de intermediación cultural asignó $1.499.000.000 a actividades de circulación de bienes y servicios, grandes encuentros y festivales, favoreciendo a 94 agentes culturales, 172 integrantes de equipos culturales, siete redes regionales, cinco redes interregionales y 12 agentes culturales; las habituales transferencias corrientes a 13 organizaciones del sector privado, que alcanzó a $14.187.304.000, un 35% más que el 2014, beneficiado a 2,7 millones de personas, participantes en Fundación Centro Cultural Palacio La Moneda, Corporación Centro Cultural Gabriela Mistral, Fundación Artesanías de Chile, Teatro Municipal de Santiago, Corporación Cultural Balmaceda 1215, Matucana 100, Parque Cultural de Valparaíso, Fundación Internacional Teatro a Mil, Asociación de Pintores y Escultores de Chile, Sociedad de Escritores de Chile, Museo de Arte Precolombino, Fundación Orquestas Juveniles e Infantiles y la Fundación Museo Violeta Parra. Este año debutó el Programa otras instituciones colaboradoras, beneficiando a 17 entidades privadas, sin fines de lucro, emblemáticas y relevantes para el desarrollo cultural del país, con un total de $1.367.536.036.

Se abrieron los centros culturales de Constitución, Paine, Buin, Pedro Aguirre, La Cisterna, Hualpén y Lo Barnechea. En el Programa Teatros Regionales se inició la construcción del Teatro del Biobío y se firmaron convenios de obra para los teatros de Los Ríos y Valparaíso. El Sistema de Financiamiento de la Red de Infraestructura Cultural, en su primera convocatoria, entregó recursos a 20 proyectos por un monto total de $ 1.340.173.529, 85% corresponde a regiones distintas a la Metropolitana, incluyendo cuatro de Atacama, debido a la emergencia del aluvión de marzo de 2015. El  Fondo especial para recuperación de espacios culturales, creado tras el terremoto y tsunami de Coquimbo, entregó $ 544.937.016 para el equipamiento de once espacios. El Programa Red Cultura benefició a un total de 255 comunas del país a través de la línea de financiamiento de proyectos por un monto de $ 672.000.000, un 40% más respecto al año anterior. La Línea de Infraestructura del Fondart nacional adjudicó diez proyectos por un monto de $ 199.995.065, la mitad de ellos de regiones de distintas a la Metropolitana. También destaca la inauguración del Museo Nacional Violeta Parra, espacio donde se exhibe parte de la vida y obra visual de la artista, con acceso gratuito.

El Plan Nacional de la Lectura (2015-2020) se desarrolló en todas las regiones del país a través de 40 acciones desde las instituciones que participan de la iniciativa, que consideraron un presupuesto aproximado de catorce mil millones de pesos.

El Fondo del Patrimonio Cultural Material e Inmaterial en su cuarta versión entregó recursos a 27 proyectos por un monto total de $ 2.878.082.000 que benefició a 11 regiones y 18 comunas; la Línea de Patrimonio Cultural de Fondart asignó un monto total de $ 1.149.457.000, a 64 iniciativas de Patrimonio Material y 61 de Patrimonio Inmaterial.

El Ballet Folklórico Nacional y la Orquesta de Cámara de Chile, por primera vez dirigida por una mujer, aumentaron a 185 presentaciones, un 18% más que el año anterior.


Las acciones programadas para el siguiente año son, la tramitación legislativa del proyecto de ley que crea el nuevo Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio; el trabajo con el sector para elaborar el Proyecto de Ley de Fomento y Desarrollo de las Artes Escénicas; la publicación de la Política de Fomento de la Música Nacional 2016-2021; de la Política Nacional Audiovisual 2016-2021 y de la Sistematización del Proceso de Consulta Previa a los Pueblos Indígenas realizada en 2014. Además, la creación del Fondo de Iniciativas Culturales Comunitarias y Organizaciones Culturales Comunitarias 2016, en el contexto del Programa Red Cultura; la Celebración del natalicio de Gonzalo Rojas, Premio Nacional de Literatura; el estreno del Premio a la Trayectoria en Cultura Tradicional Margot Loyola; la presentación pública del Catastro de Infraestructura Cultural Pública y Privada; la firma del convenio para proyectos de infraestructura cultural en Rapa-Nui; la descentralización y desconcentración de los recursos en el Fondart Nacional y en el Fondart Regional, con el aumento las modalidades y montos, y la implementación del primer Centro de Arte Contemporáneo, Documentación e Innovación de Chile en el edificio del aeródromo de Cerrillos.

Un buen sitio para el esperado despegue de las artes visuales.

Se extrañó una referencia a la propuesta surgida en la Jornada Temática de la Cámara de Diputados, de creación de un Consejo Nacional de Infraestructura y Gestión, que vendría a coordinar la programación y financiar la mantención de los espacios culturales que hace ya 25 años comenzaron a poblar el territorio nacional y que sustentan gran parte del desarrollo cultural chileno. Y que, sin duda, con su gestión sin fines de lucro y altamente participativa, están contribuyendo al cambio de paradigma que anunció el Ministro.

22 abril 2016

EL LEGADO DE AYLWIN EN POLÍTICAS CULTURALES



En el ámbito de la cultura, respetando la autonomía de sus diversas expresiones, creemos necesario incentivar la creatividad en sus múltiples expresiones y promover la igualdad de oportunidades en el acceso a los bienes y servicios de carácter cultural. Con tales fines, hemos iniciado un esfuerzo de coordinación para generar una política cultural que, junto con fortalecer la comunidad de los creadores artísticos e intelectuales y canalizar sus aspiraciones, favorezca el desarrollo de la cultura popular y el acceso de las grandes mayorías a estos bienes y servicios”. El texto pertenece al Mensaje del Presidente Patricio Aylwin al dar inicio a la Legislatura Ordinaria del Congreso Nacional, a sólo dos meses de asumir, el 21 de mayo de 1990.


Es notable la claridad de objetivos en un terreno que había sido completamente abandonado durante los 17 años y que, a todas luces, no revestía una urgencia mayor, ante los intricados problemas políticos, económicos y de legitimidad que implicaba gobernar con el dictador como Comandante en Jefe del Ejército.

En el párrafo referido estaba la esencia de lo que aún hoy se estima una aspiración: “Respeto a la autonomía de las diversas expresiones culturales”, hoy se discute la creación de un Ministerio de las Culturas. “Incentivo a la creatividad”, existen Fondos Concursables que se han robustecido año a año. “Promover la igualdad de oportunidades en el acceso”, es decir, políticas de formación de audiencias. Y lo más novedoso: “generar una política cultural” que entonces estábamos a años luz de tener y que desde su mandato comienza a forjarse. “Favorecer el desarrollo de la cultura popular y acceso de las grandes mayorías a los bienes y servicios culturales”, una meta aún en proceso.

Paralelamente a esa lúcida declaración, el gobierno Aylwin había comenzado a remodelar la vieja estación Mapocho, exigiéndole a la corporación privada sin fines de lucro que gestionaría el naciente Centro Cultural Estación Mapocho, avenirse a ella: su misión original es conservar el edificio patrimonial y difundir la cultura, esto es, generar condiciones de acceso a las artes de las grandes mayorías y formar con ellas audiencias fieles y diversificadas.

Pero, más allá, el formato jurídico de corporaciones integradas por socios diversos, transversales e incumbentes, ha servido también de base a la constitución de corporaciones y fundaciones posteriores que administran decenas de espacios culturales y hasta del Directorio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Puede afirmarse que el mandatario acompañó su declaración a los hechos. El Centro Cultural Estación Mapocho fue inaugurado el 3 de marzo de 1994, a una semana de entregar el gobierno.

Por si fuera poco, su último Mensaje de inicio de Legislatura Ordinaria, el del 21 de mayo de 1993 pudo mostrar además, otros avances, conformes con las líneas señaladas:

“En el año último se promulgaron la nueva Ley sobre Propiedad Intelectual; la Ley sobre Premios Nacionales, y la ley de Fomento del Libro y la Lectura, que crea el Fondo Nacional de Fomento del Libro. Comenzó a operar el Fondo de Desarrollo de la Cultura y las Artes, con un monto de 700 millones de pesos y 321 proyectos de las trece regiones del país. Aparte de importantes mejoras en el equipamiento de la Biblioteca Nacional, que en 1992 se incrementó con 137.971 libros, merecen destacarse, la remodelacion del Teatro Municipal de Iquique, la consolidación del Museo de Arte Moderno de Chiloé, la celebración del Congreso Internacional de Escritores, del Primer Congreso Nacional de Artistas Plásticos y la realización del Festival Mundial de Teatro de las Naciones”.

Da la impresión de que la energía creadora volcada por un mundo de la cultura anhelante de libertad, en la campaña del NO, dió mucha fuerza al trabajo en cultura del gobierno de Aylwin.

Y legó al país cuatro grandes caminos de desarrollo: los fondos concursables, la ley de donaciones culturales, la mencionada ley del libro y la lectura y el Centro Cultural Estación Mapocho.

19 abril 2016

AYLWIN, EL PRESIDENTE QUE ELIGIÓ LA CULTURA




Visitante habitual de la feria del libro, desde que se realizaba en el parque Forestal, no extrañaba que, muchas veces, llegara a la versión en el Centro Cultural Estación Mapocho alrededor de las diez de la mañana, cuando la actividad comenzaba recién después del mediodía. Es que tenía cariño por los libros, pero también por el espacio que los acogía desde 1989. Cuando fue elegido Presidente de la República, eligió la remodelación de la vieja estación como emblema del retorno a la democracia y edificio símbolo del retorno de la cultura a las preocupaciones de los chilenos y sus autoridades, después de 17 años de una dictadura muy refractaria a las artes.


Un gesto poco conocido es que, por insinuación de su amigo, el editor Julio Serrano Lamas, gerente de Editorial Jurídica Andrés Bello, pidió incorporar a la Ley del Libro y la Lectura, aprobada bajo su mandato, un breve artículo que incorporaba al Consejo de la empresa, entonces integrado mayoritariamente por juristas, a un representante del Ministerio de Educación. La idea era reforzar la línea Andrés Bello, que publicaba los populares títulos del Club de Lectores y una creciente cantidad de obras literarias. No contaba don Patricio, con que los estatuto de la empresa de derecho público llevaron a ese mismo Consejo al Contralor de la República, a su hermano Arturo, otro conocedor y  promotor de la literatura. De ese modo, firmemente respaldada por dos Aylwin, las letras nacionales y extranjeras acompañaron largo tiempo a los completos Códigos de la República y sesudos estudios de no menos sesudos profesores de las pocas escuelas de leyes con que contaba entonces el país.

Además de la aprobación de la citada Ley -con Fondo del Libro y la Lectura y Consejo Nacional incluídos- bajo en su gobierno comenzaron inciativas tan vigentes como la Ley de Donaciones Culturales y el Fondo Nacional de las Artes, hoy FONDART. También se constituyó la primera comisión que discutiría la nueva institucionalidad cultural, animada por Manuel Antonio Garretón, asesor del Ministro de Educación.

Pero, su obra más simbólica es el Centro Cultural Estación Mapocho. De esta manera, recuperó una tradición republicana, inspirada en Francia, de que cada Presidente deja un gran edificio para la cultura. Lo hizo Allende con el Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral, en la ex UNCTAD y la continuaron -después de Aylwin- Frei Ruiz Tagle, con el Museo Interactivo Mirador; Ricardo Lagos, con el Centro Cultural La Moneda; Michelle Bachelet, con el Museo de la Memoria, y Sebastián Piñera, que inauguró en nuevo Centro Cultural Gabriela Mistral, inspirado por Allende e iniciada su construcción por Bachelet.

Aylwin encomendó la realización de su legado al Alcalde de Santiago Jaime Ravinet, con una advertencia clara: "No queremos otro Teatro Municipal". Se refería a la situación de déficit del teatro, que debía año a año solicitar refuerzos financieros a las arcas públicas. Surgió así el camino del autofinanciamiento, que el primer centro cultural luego de la recuperación de la democracia transita hasta hoy.

Durante su mandato se realizaron la casi totalidad los trabajos de remodelación de la antigua estación Mapocho (1991-1994). Era necesario, por tanto, reconocerle su obra antes de que terminara su período de gobierno de sólo cuatro años. Las obras emprendidas por la empresa constructora CIL estaban muy atrasados y fuera de los plazos originales. Se acordó entonces inaugurar antes del 11 de marzo de 1994 lo que se calificó como la Segunda Etapa de la remodelación. La fecha fijada fue el jueves 3 de marzo. Durante todo el verano anterior, un equipo encabezado por el director teatral Mauricio Celedón trabajó intensamente para crear y preparar el acto en el que el mundo de la cultura agradecía al Presidente Aylwin la creación del Centro Cultural Estación Mapocho. Sendos retratos gigantes de todos los artistas chilenos que daban nombre a las salas del centro, engalanaban el gran nave. El Coro del Teatro Municipal puso el canto y la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil, la música. Escenas de Taca taca mon amour, representaron al teatro, los payadores Eduardo Peralta y Pedro Yáñez al canto popular, la Premio Nacional Anita González fue la anfitriona del Presidente. Los niños de Aylwin, esto es pequeñas nacidos después de 1990 -hoy veinteañeros- lo esperaban pintando en la Plaza de la Cultura, en el frontis de la estación. Fue una inauguración masiva e impecable, registrada, bajo la firma de sus protagonistas, en el entonces inaugurado Libro de Oro del flamante Centro.

Veinte años después, el Hall de acceso del centro cultural que lleva el nombre de su arquitecto, Emilio Jecquier, recibió en uno de sus sólidos pilares una placa de bronce que recordaría el hecho:

El Centro Cultural Estación Mapocho fue inaugurado por el Presidente de la República don Patricio Aylwin Azócar el 3 de marzo de 1994, siendo su Ministro de Educación, don Jorge Arrate Mac Niven y Alcalde de Santiago, don Jaime Ravinet De la Fuente. El primer Presidente de la Corporación Cultural de la Estación Mapocho fue don Ricardo Lagos Escobar, Ministro de Educación entre los años 1990 y 1992

El reconocimiento lo encuentran los visitantes a la izquierda de la placa que testimonia el mayor premio internacional recibido por el espacio: el Premio Reina Sofía de Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural en la categoría de Patrimonio Material al trabajo realizado por la Corporacion Cultural de la Estación Mapocho para la preservación del patrimonio y la difusión de la cultura, fechado el 24 de abril de 2009.

Es muy posible que cuando don Patricio visitaba las obras de remodelación, de casco y dando la mano a sus trabajadores, no sospechara el nivel de reconocimiento que tendría un espacio que imaginó, antes que todo, como refugio para una feria de libros que habitualmente visitaba.

Hoy, como espacio consolidado, millonario en visitantes y amparo de muchas otras manifestaciones de arte, esgrime con orgullo su condición de obra mayor de infraestructura del primer gobierno democrático, aquel de don Patricio Aylwin Azócar.

06 abril 2016

NUEVO MINISTERIO: CON LA DIBAM, TAMBIÉN



Sucesivas y recientes cartas al Director en la prensa y otras tantas opiniones en redes sociales parecían estar provocando una misiva del Ministro Ernesto Ottone respecto de sus contenidos: el proyecto de indicación sustitutiva que crea el Ministerio de las Culturas. Esta vez Ottone actuó por hechos y no palabras. La acción fue contundente: anunció el 5 de abril -en medio de la primera tormenta de otoño del 2016- que la nueva Sub Directora del Consejo Nacional de la Cultura será, la hasta antes del diluvio, sub Directora de la Biblioteca Nacional, Ana Tironi. Las señales fueron nítidas.


La primera, es que la designación no se enmarcó en los probables cambios de subsecretarios que vienen siendo anunciados en el gabinete de la Presidenta Bachelet. Es decir, se desmarcó de los equilibrios políticos, propios de un gobierno de coalición, que suelen perseguir los procesos de esta naturaleza. Un mentís a aquellos que esgrimían que el segundo cargo del Consejo Nacional de la Cultura, correspondía a la agrupación de la renunciada antecesora. Una sorpresa para quienes atusaban bigotes y presionaban a su partido para que los propusiera para el cargo.

La segunda señal es que la Presidenta optó por alguien del mundo de la cultura, el mismo al que pertenece el Ministro, ratificando que la estructura institucional vigente -un consejo participativo y transversal- no tiene riesgos de modificarse en el futuro cercano.

Sin embargo, la señal más poderosa -el trueno de la tormenta- es que se escogió a una alta autoridad de la DIBAM, entidad que a través de una ex Directora y parte de sus trabajadores había puesto en duda la voluntad de darle una justa consideración, en el nuevo Ministerio, a la entidad rectora del patrimonio desde 1929. 

Los trabajadores llegaron incluso a levantar carteles -una vez más- para expresar su oposición a los cambios, bajo el lema No sin la DIBAM. 

Bachelet dejó nítidamente claro que la DIBAM es parte sustancial de la nueva institucionalidad y que sus integrantes tienen tantos méritos como los creadores y gestores para encabezar la entidad que surja del debate parlamentario que se inicia. No solo eso, sino que una de ellos tendrá por misión relevante llevar a cabo ese debate por parte del Ejecutivo. 

“Sin duda este nombramiento -declaró Ottone- refleja la visión que tiene la Presidenta Bachelet y que compartimos plenamente con respecto a la necesidad de ir preparando el terreno para la futura institucionalidad, que será no solamente de las Culturas y las Artes, sino también en torno al Patrimonio”.

Ya en 2000, cuando comenzó a redactarse en la asesoría presidencial que encabezaba Agustín Squella, el que sería el Consejo Nacional de la Cultura, se analizó la posibilidad de que las entonces División de Cultura del Ministerio de Educación y DIBAM tuvieran una cabeza común para encaminar armoniosamente el proceso legislativo culminado en 2003.

Diversas circunstancia lo impidieron, hasta este 2016 cuando, inéditamente, un destacado cuadro directivo del patrimonio pasa a ocupar el segundo rango del Consejo Nacional de la Cultura. Hasta ahora, las subdirecciones tuvieron un sello más bien administrativo/partidista y sufrían cambios en paralelo con los que afectaban al gabinete en su conjunto. La máxima jerarquía de la DIBAM era su presencia en el Directorio del Consejo Nacional de la Cultura, en un curul delegado habitualmente por el o la Ministro/a de Educación.

Con la incorporación de Ana Tironi, se agrega otra figura del patrimonio a las sesiones del máximo órgano colegiado pues los subdirectores han participado tradicionalmente, aunque sin voto, en sus sesiones.

De este modo, sin escribirse una letra, pero con un gesto contundente, el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio ha dado un gran paso.

Junto con el arcoíris que marcó el fin de la primera tormenta otoñal.

29 marzo 2016

EL TEATRO ORIENTE A COMIENZOS DEL SIGLO XXI


"Las medias son para los pies". La frase perentoria pertenece al entonces Alcalde de Providencia, Cristián Labbé y fue pronunciada en la oficina del Rector de la Universidad de Chile, en 2003. Fue su respuesta a la proposición de las autoridades esa casa de estudios y del Centro Cultural Estación Mapocho, para compartir -a tres bandas- la administración del Teatro Oriente, entonces a cargo del centro cultural. Han pasado trece años y la nueva administración de la comuna, finalmente, se ha hecho cargo del espacio. Como una manera de estimular este nuevo inicio y compartir la experiencia entonces cosechada, este breve resúmen de lo acontecido cuando amanecía el siglo XXI. 


El Presidente Ricardo Lagos, al inicio de su mandato, solicitó a la Corporación Cultural de la Estación Mapocho, considerando su experiencia de diez años en administrar espacios culturales, que se hiciera cargo del emblemático teatro, a través de un convenio con la Intendencia Metropolitana y de ésta con el Instituto Nacional de Previsión, su propietario. El propósito principal era acoger elencos desprovistos de sala, como las orquestas juveniles, la Orquesta de Cámara del Ministerio de Educación y la temporada internacional de la Fundación Beethoven.  Luego de tres años y medio de gestión autofinanciada y con la satisfacción del deber cumplido, se retornó la sala a su propietario, el 31 de diciembre de 2003. 


Revisemos la historia.

En julio de 2000, tras un período de abandono, la sala de la calle Pedro de Valdivia volvió a abrir sus puertas al público, con una nueva orientación y objetivo: ser un espacio destinado a las actividades culturales, con especial énfasis en la actividad musical.

El espacio se convirtió en uno de los escenarios importantes de la ciudad de Santiago, acogiendo a artistas tanto nacionales como internacionales de calidad, lográndose un crecimiento sostenido de asistencia a sus actividades: en el año 2000 el público total fue de 32.100 personas; en 2001 de 57.650 personas; en 2002 de 74.650 personas, y en 2003 de 99.831 de asistentes. En cuanto a los días de actividad, también hubo  crecimiento constante: los 53 días de actividad en 2000, aumentaron a 117 días en 2001, 124 días en 2002 y 162 días en 2003; lo que implica un incremento en la tasa de ocupación del 28,80% en 2000, al 44,38% en 2003.

Veamos lo acontecido, año a año.

Desde mediados del 2000 se realizaron 42 funciones de actividades culturales (39 diferentes), viéndose beneficiados más de 3.600 adultos mayores y personas con capacidades diferentes, gracias a un acuerdo con el INP. Junto con el autofinanciamiento del espacio, se inician las primeras inversiones en infraestructura (camarines, butacas) y mantención (calefacción). Algunas actividades fueron: la XXIX° Temporada Internacional de la Fundación Beethoven; la Segunda Temporada Nacional de Piano y algunas presentaciones unitarias como: Grupo Congreso, Ángel Parra Trío, Los Chalchaleros, Concierto de Fernando Ubiergo, 30 años de Illapu, Mazapán, Diane Schurr, Simón Díaz, Universal Orquestra de Juan Azúa, Homenaje a Vinicious de Moraes, “Joaquín Murieta” del Teatro d’Emergencia (basada en el texto de Pablo Neruda y protagonizada por 68 actores aficionados de Ribes de Freser, pueblo del pirineo catalán que apenas supera los 2.000 habitantes). Como el inmueble estaba en condiciones que distaban de ser las óptimas para el desarrollo de actividades se invirtió una parte sustancial de los recursos generados en arreglos y reparaciones. Se destinaron $56.458.139 para tales efectos, lo que representa un cuarto de los ingresos generados por la gestión 2000 –2003.

En 2001, el Teatro probó la calidad de su variada programación al recibir 55 mil personas en sus manifestaciones culturales: 30 conciertos de música popular, 29 conciertos de música clásica, 20 funciones de teatro, 7 funciones de ópera, 3 funciones de danza y dos ciclos de cine, con una ocupación anual de 117 días. Se otorgaron a los beneficiarios del INP, cien invitaciones gratuitas para cada actividad. Así mismo se presentaron, por convenio con Fondart, las obras escénicas premiadas por dicho fondo.

El 2002, el Teatro consolidó su imagen como espacio destinado a las actividades culturales con especial énfasis en el ámbito musical (Harlem Gospel Choir, Temporada Internacional de la Fundación Beethoven, Lucho Barrios, Adriana Varela), teatral (Teatro Negro de Praga) y cinematográfico (Festival Cine y Derechos Humanos). La asistencia fue 36% mayor que 2001. El Teatro Oriente continuó otorgando a los pensionados del INP cien invitaciones gratuitas, para cada actividad que programaba.

En el año 2003 aumentó un 61% el público, en comparación con el 2002. Según estudios del Observatorio del Centro Cultural Estación Mapocho, las características del público que asiste al Teatro Oriente son: adultos jóvenes provenientes de los estratos socioeconómicos ABC1 y C2; residentes de las comunas de Providencia; Las Condes, Vitacura y La Reina; profesionales y/o estudiantes universitarios en etapas de finalización de sus carreras.


En síntesis, la administración encomendada al Centro Cultural Estación Mapocho, alcanzó el autofinanciamiento del espacio a partir del primer año, realizando importantes inversiones en arreglos de la sala para su operación como reparación de butacas de platea baja, habilitación de dos camarines, reparación de la caldera, arreglo y sellado del techo, normalización del sistema eléctrico, entre otras, las que permanecen en beneficio del espacio y sus propietarios.

La asistencia total durante el periodo, superó las 260 mil personas, con crecimiento año a año: el 2002 creció 29% respecto al 2001; el 2003 este crecimiento alcanzo el 33% respecto de 2002.  Se realizaron 211 conciertos, tanto de música clásica como popular; en promedio hubo una actividad abierta a público en el teatro una vez cada tres días. considerando espectáculos de la más alta calidad, como la inolvidable temporada de Gemelos de La Troppa, que se presentó "a tablero vuelto".

Entre julio del 2000 y diciembre del 2003 hubo 456 días con actividades abiertas a público general, con asistencia promedio de 579 personas por día. Durante el período se destinó el 10% de las ubicaciones a las actividades artísticas y culturales en beneficio de adultos mayores y personas con discapacidad, con el objetivo de integrarlos socialmente a través del arte. En total se entregaron más de 47 mil entradas liberadas de pago, lo que en términos económicos equivale a más de 150 millones de pesos.

La gestión, encabezada por Marcelo Muñoz, consolidó un espacio privilegiado para las manifestaciones artísticas, atractivo para el público, pluralista y coherente en cuanto a su programación y eficiente en su modelo de gestión.

Sin duda, estas virtudes estaran presentes en la etapa que se inicia.

Mucha suerte.