20 agosto 2015

CHAMBERT, COULON Y LOS OTROS


Está movido el mundo cultural. En un mismo día -19 de agosto- se han conocido los nombramientos, tras inéditos concursos, del Director del Teatro Municipal de Santiago y del Parque Cultural de Valparaíso. Dos emblemas de la gestión e infraestructura culturales en Chile. Uno, nuestro primer teatro como república; otro, heredero de un viejo polvorín auxiliar de la defensa portuaria primero y prisión después, que en el presente es principal espacio cultural de la única ciudad patrimonio de la humanidad que podemos esgrimir. Pero no sólo en el nivel de ejecutivos se producen cambios. Precisamente los procesos que culminan se deben, en gran parte, a las renovaciones de los Directorios en distintas corporaciones culturales.


Cuando asumió la Alcaldesa Carolina Tohá como Presidente del Directorio de la Corporación Cultural de Santiago, inició un proceso de cambio en él, quedando constituido, a la fecha, por seis personas ademas de su Presidenta: tres designadas por ella; una por las otras municipalidades que contribuyen al Teatro Municipal; otra, que proviene del ámbito empresarial, elegido por el Directorio, y una persona nombrada por el Ministro Presidente del Consejo Nacional de la Cultura. Esta designación recayó en la académica de la Universidad de Chile María Inés Silva, candidata a doctora en Sociología de la Cultura y Mediación Cultural en la Universidad Sorbonne Nouvelle.

Ese septeto fue el que escogió por unanimidad, luego del trabajo de una empresa caza talentos, para reemplazar a Andrés Rodríguez, a Frédéric Chambert. Un francés que probablemente sabe de cultura chilena más que muchos de los habituales visitantes al Municipal, y de literatura hispanoamericana como para haberse encontrado, a los 25 años, conversando en París con Jorge Luis Borges. En efecto, luego de una áspera conversa con Borges que no lo estimuló precisamente a hacerlo, decidió traducir por primera vez al francés obras del uruguayo Horacio Quiroga como Cuentos de amor, de locura y de muerte o Anaconda. Además de su simpatía por la literatura chilena -no en vano fue alumno del poeta Armando Uribe- en particular de Pablo Neruda, es cercano también a la música de Víctor Jara, habiéndose iniciado al español precisamente con Te recuerdo Amanda. 

En las artes que predominan en nuestro Municipal -el primer teatro de ópera de Latinoamérica, según Chambert- es también fuerte y confía en la labor de su antecesor: Un turco en Italia, actualmente en cartelera, montado por el teatro que aún dirige Chambert, es estreno mundial y está anunciado en Toulouse sólo para dos años más. Cuando él esté en propiedad instalado en Santiago. Por ahora, y hasta mediados de 2016, se seguirá moviendo entre Francia y Chile para cerrar la temporada del Teatro del Capitolio.

Andrés Rodríguez, que lo presentó al mundo de la cultura en la Sala la Capilla como el director del segundo teatro de ópera más importante de Francia, recibió un prolongado aplauso de sus pares que se disponían a escuchar el perfecto castellano del nuevo director, quién no dudó en declarar que si algún grupo de rock quisiere presentarse en el teatro, ello sería posible "si hay disponibilidad y pagan el correspondiente arriendo". 


Por otro lado, en la corporación cultural de la ex Cárcel de Valparaíso, la presidencia recayó, por designación ministerial, en el académico de la Universidad de Valparaíso y magister en Gestión Cultural de la Universidad de Barcelona, Alejandro Rodríguez, quién reemplazó a Cristián Warnken, iniciando de inmediato un proceso de búsqueda de Director Ejecutivo, que llegó a considerar también vía caza talentos, a más de 60 gestores culturales. La pesquisa, luego de reducir la nómina a seis personas, terminó con la selección del músico del Inti Illimani Jorge Coulón, quién debió vivir un largo exilio en Roma con su grupo, retornando a Valparaíso dónde se las rebuscó como dueño de restaurante, cantante, líder vecinal y finalmente postulante a cargos de elección popular, llegando a obtener, en 2013, un respetable tercer lugar -con un 18,4% de  la votación- como candidato a diputado dentro del antiguo sistema binominal.

Según Alejandro Rodríguez, "Coulón, que obtuvo la mayoría de los votos en el directorio, quedó como director ejecutivo, porque tiene, junto con su experiencia como creador y gestor, una mirada amplia del arte y la cultura. Es también un absoluto conocedor de la realidad sociocultural de Valparaíso, con toda su complejidad y diversidad". Su gran desafío -agrega- será lograr que el Parque Cultural se integre efectivamente con la ciudad; generar una programación equilibrada, en la que tengan espacio tanto las agrupaciones locales como otras.


En el GAM, por su parte, el Ministro Ottone designó como máxima autoridad a Ramón López, decano de Artes de la Universidad Católica y experimentado arquitecto de proyectos como el Centro Cultural Estación Mapocho y el propio Centro Cultural Gabriela Mistral. Su labor estará muy vinculada a la construcción de la gran sala de la segunda etapa del proyecto de centro nacional de artes escénicas y musicales que allí se aloja. 

La novedad es que el Ministro ha dejado la Presidencia, que ocuparon sus antecesores, de ese Directorio, el que ha ratificado a la Directora Ejecutiva, Alejandra Wood. Se ha manteniendo así el criterio que ha caracterizado su mandato de que no sea el Ministro ni funcionarios de su dependencia quienes representan a la autoridad en los respectivos Directorios, sino destacados académicos con amplia experiencia en la gestión cultural. Ello otorga mayor transparencia en la transferencia de recursos públicos a tales instituciones y da mayor fuerza  a su gobierno corporativo.

Como se ve, en los cambios recientes comienza a vislumbrarse una Política de Estado hacia los espacios que -como el Teatro Municipal, el Parque Cultural de Valparaíso o el GAM- se han constituido en grandes navíos de la flota cultural chilena. Por tanto, puede esperarse ajustes en los directorios de otros centros culturales que reciben importantes recursos desde el Estado.

Y también es previsible que el incipiente nuevo tipo de relación del Estado con estas grandes infraestructuras tenga un correlato en la indicación sustitutiva del proyecto de ley que creará el Ministerio de las Culturas.

18 agosto 2015

JUAN DOMINGO MARINELLO, FOTOGRAFO Y TESTIGO


Foto revista Qué Pasa

Durante la Unidad Popular, Juan Domigo Marinello, fue de los pocos fotógrafos nacionales que pudo despachar fotografías a color a medios extranjeros. En nota reciente -de revista Qué Pasa- recuerda que Chile se había convertido en una suerte de punto de turismo político al que venían muchos periodistas de otros países. Así surgió la posibilidad de trabajar para Hero Buss, corresponsal de la revista Stern; colaborar en La Revista del Domingo y en otras como Ramona (publicación juvenil del Partido Comunista, dirigida por Carlos Berger), Eva y Paula. De su paso por Ramona, se acuerda de la foto que le tomó a Roberto Matta mientras pintaba el mural El primer gol del pueblo chileno en La Granja, en 1971,  junto a la Brigada Ramona Parra. Ese registro, anota, “se convirtió en prueba ineludible para la señora de Matta, que siempre negó el mural que hizo su marido, no sé por qué razón”.


El episodio recuerda que el mismo Marinello fue protagonista y testigo de la Inauguración, en 2002, de la Sala de Fotografía Joaquín Edwards Bello del Centro Cultural Estación Mapocho, una de las primeras especializadas en ese arte de nuestro país, con la muestra Fotodigrafías de Identidad.

Lo que motivo, entonces, las siguientes palabras:

Cuando, hace algunas décadas, llegué a la escuela de periodismo, Marinello ya estaba.

Aunque tan joven como quienes venían de la otras escuelas a iniciar una segunda carrera, era uno de esos viejos sabios de la tribu.

Hablaba en fácil y enseñaba fotografía con el injusto título de ayudante, mientras quienes ostentaban el carácter de profesores, justificaban religiosamente cada semana su inasistencia.

Contaba historias de un probable hermano piloto de helicópteros y otras nacidas en inverosímiles reportajes, como los zapatos de cuero de pescado o las bondades de la quínoa y el lupino, que compartimos.

Admirado por sus alumnas sólo sucumbió a los encantos de una escolar con la que bailó ininterrumpidamente varios días seguidos en un matrimonio de esos de campo, en Molina.

Luego, con el primer once de septiembre, vimos juntos como uno a uno iba desgranándose esa pléyade de profesores de la escuela, como si alguien hubiese sacado, en palabras de Marinello: “el tapón de la artesa”.

Sin tapón, pero con sabiduría y prestigio, Marinello permaneció formando periodistas fotógrafos o fotógrafos periodistas, ya como profesor titular.

A ese destacado profesional y amigo recibimos (el 30 de abril de 2002), con admiración y cariño en este Centro Cultural Estación Mapocho que lleva años de experiencia en la gestión cultural, promoviendo las artes a través de aportes privados.

Con esta muestra también hicimos realidad la Sala de Fotografía Joaquín Edwards Bello, luego de un largo proceso en el que muchas personas y empresas estuvieron involucradas, lo que hoy nos permite avanzar un paso más en nuestra política de destinar espacios preferentes para las distintas expresiones artísticas.

Es un orgullo inaugurar esta sala con la muestra Fotodigrafías de Identidad de Marinello, fotógrafo y periodista.

Antecedente no menor en el sentido de que el periodismo es un ámbito que intenta reflejar o por lo menos acercarse a aquello que llamamos "realidad".

Sin embargo, o tal vez justamente a causa de esos coqueteos con la inasible realidad, es que Marinello echa mano de imágenes reales guardadas en archivo, para transformarlas en identidad subjetiva. Para lograrlo hace uso de la tecnología, del artilugio digital como puente entre apariencias que se encuentran en orillas opuestas. "Las herramientas digitales permiten unir las imágenes, recreando un tiempo y espacio propios del fotógrafo", en palabras del autor. 
 

Cuando hace unos años, mi hija Catalina llegó a la escuela de periodismo, Marinello ya estaba.

No me sorprendería que cuando alguno de esos esquivos nietos llegue a la escuela de periodismo, Marinello ya estaba.

Por ahora, mientras eso ocurre, disfrutemos de su arte.

05 agosto 2015

GAM: ¿PARA DÓNDE VA LA TORRE?




"Pocas obras como ésta pueden reflejar mejor los procesos políticos, sociales y culturales del país en los últimos 40 años. Esta torre formaba parte de la Remodelación San Borja, y al momento de la construcción de la sede de la UNCTAD III, se habilitó para acoger servicios y oficinas de esa conferencia internacional", según Cristóbal Molina, coordinador del Área de Arquitectura del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. "Es una obra de arquitectura sumamente relevante y simbólica".


Nació pre destinada, esta torre, desde sus fundaciones. En los planos originales tenía el número 22 de una veintena de edificios similares que conformarían la remodelación. No obstante, como el patito feo, tuvo un destino diferente. Mejor que el de sus colegas famosas como la Torre 10, inspiración para la telenovela chilena del mismo nombre emitida por TVN en 1984, que ocupó el edificio para algunas escenas o la Torre 15, en la que están los Servicios Centrales de la Universidad de Chile. Sus cimientos fueron aprovechados en el edifico de oficinas que debía acompañar a la Conferencia de la UNCTAD. Fue inaugurada, junto a la placa, el 13 de abril de 1972. Entonces el Presidente Allende le asignó un destino: "Queremos que esa torre sea entregada, y así lo propondré, a las mujeres y los niños chilenos."

El joven e impetuoso Rodrigo Ambrosio, que llegaba de una viaje por Asia, tomó la iniciativa proponiendo un museo de los niños, tal como los había conocido en su gira y puso a un grupo de profesionales del MAPU a trabajar en el proyecto. Mientras tanto, la edificación permaneció bajo tuición de Naciones Unidas hasta ser entregada oficialmente al Ministerio de Educación, en junio del mismo año.

Entonces vino su segundo nombre: Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral. Hasta el 10 de diciembre de 1973, cuando un decreto con fuerza de ley lo renombró Diego Portales, fue cerrado al público y se le cambió su destino: sede de la Junta Militar de Gobierno. 

Además de los comandantes en jefe y sus comisiones asesoras legislativas, en sus pisos acogió una de las más deleznables oficinas de la dictadura: DINACOS, la dirección de comunicación social, un eufemismo para decir, la censura. Previa en sus inicios, auto censura más adelante.

Allí sufrí el anuncio de clausura de APSI, revista que dirigí hasta la tarde del 7 de agosto de 1981. Poderosa oficina.

Con la llegada de la democracia, desde 1991, el Ministerio de Defensa continuó ocupando la torre.

El 5 de marzo de 2006, un incendio no alcanzó a consumir la placa pero la dejó suficientemente dañada para replantearse su futuro, como suele ocurrir en Chile -país de poca destreza en planificar y bien mantener edificios notables- luego de las catástrofes.

Más tarde, un comité interministerial determinó que se convocaría a un concurso de arquitectura para transformar el conjunto arquitectónico en centro cultural. Por su instrucción, se avanzó en la constitución de una corporación cultural de derecho privado sin fines de lucro que administraría, en comodato, el edificio reacondicionado. Se contrató un estudio de audiencias y un plan de gestión. Con ellos en la mano, se seleccionó a, través de una empresa de busca de talentos, un primer equipo de ejecutivos, dejando pendiente el Director o Directora para el inicio del gobierno siguiente.

El complejo adquirió su actual denominación el 19 de octubre de 2009, cuando la presidenta Michelle Bachelet promulgó la ley 20.386 en la que se estableció que se le diera el nombre de la Premio Nobel chilena para "perpetuar su memoria y honrar su nombre y su contribución a la conformación del patrimonio cultural de Chile y de las letras hispanoamericanas".

Las audiencias han ido llegando al centro cultural en la cantidad y formas esperadas a pesar de que el gobierno de Sebastián Piñera detuvo el desarrollo de su segunda etapa: léase una gran sala para alrededor de dos mil personas, que ahora se anuncia para el 2017. Mucho menos se avanzó en la tercera: la torre.

El plan de gestión, así mutilado, consideraba que el principal financiamiento del centro cultural vendría de cinco unidades de negocios, la principal de ellas, la mentada torre, que asumiría un destino hotelero de tres estrellas y de oficinas aceptables dentro del destino turístico que contempla el plan regulador del sector. Considerando que para ese uso requeriría de una importante y costosa adaptación a las normas vigentes para un edifico de 23 pisos, ya avanzado el siglo XXI.

A partir del 2008, Defensa comenzó a retornar a su sede histórica en el Barrio Cívico, y lo terminaría de desocupar próximamente.

En la nueva etapa que se inicia con esa mudanza, la torre "podría ser destinada a una función cultural, y retomar su vínculo original con el GAM" señala la periodista Romina De la Sotta en artículo de El Mercurio el 4 de agosto de 2015. Y se pregunta: ¿Cómo intervenir arquitectónicamente la torre para darle usos culturales? ¿Cómo potenciar los servicios del Estado que allí se instalen? En esa dirección, la Escuela de Arquitectura UC, con el apoyo del Consejo Nacional de la Cultura, convocó a estudiantes de esa disciplina de Chile, Brasil y Argentina, para desarrollar propuestas.

Es la primera piedra para poner en discusión con todos los interesados en el futuro de esta emblemática torre.

Es de esperar que, dando por supuesto que su destino es cultural, como lo han reiterado varios Presidentes, no se descarte su natural vinculación al proyecto GAM y se considere el significativo aporte con el que podría contribuir a su financiamiento.

Sus crecientes audiencias de artes escénicas y musicales lo agradecerán.

El debate está abierto.

31 julio 2015

CIVILIZACIÓN Y BARBARIE EN LA LITERATURA MILITAR

Balmacedistas en 1891 en la cárcel de Valparaíso, de autor desconocido.

Desde Doña Barbara o La vorágine, dos novelas clásicas de la literatura latinoamericana, el motivo literario de la lucha entre la civilización y la barbarie ha estado muy presente tanto en la ficción como en la no ficción de las letras del continente. El interesante libro de Carmen Mc Evoy Guerreros civilizadores, política, sociedad y cultura en Chile durante la Guerra del Pacífico, publicado por la UDP, trae nuevamente a la palestra el papel que, en esta disyuntiva, han jugado diferentes actores de la sociedad chilena, en especial, el Ejército.


Desde Bernardo O'Higgins, empapado de las ideas franc masónicas, que abolió la esclavitud y las peleas de gallos y fundó la Biblioteca Nacional el 19 de agosto de 1813, considerado un civilizador, a Casimiro Marcó del Pont, que, en las filas de los bárbaros, en 1816 prohibió los carnavales dejándonos en la tristeza de un inicio de cuaresma gris, con el siguiente bando: "Teniendo acreditada por la experiencia, las fatales y frecuentes desgracias que resultan de los graves abusos que se ejecutan en las calles y plazas de esta Capital en los días de Carnestolendas (carnaval) principalmente por las gentes que se apandillan a sostener entre sí los risibles juegos y vulgaridades de arrojarse agua unas a otras; y debiendo tomar la más seria y eficaz providencia que estirpe de raíz tan fea, perniciosa y ridícula costumbre; POR TANTO ORDENO Y MANDO que ninguna persona estante, habitante o transeúnte de cualquier calidad, clase o condición que sea, pueda jugar los recordados juegos u otros, como máscaras, disfraces, corredurías a caballo, juntas o bailes, que provoquen reunión de jentes o causen bullicio..."

Entre militares civilizadores puede considerarse al general Carlos Ibañez del Campo y su Ministro de Educación, el general Mariano Navarrete, que, a punta de un Decreto con Fuerza de Ley, crearon la DIBAM en 1929. Entre los bárbaros, al que fuera Comandante en Jefe del Ejército Roberto Silva Renard, ejecutor de la orden de matanza de la Escuela Santa María de Iquique, el 21 de diciembre de 1907 en Iquique, en contra de obreros del salitre y familiares de éstos, provenientes desde las oficinas salitreras de las pampas de Tarapacá, y que estaban en huelga producto de peticiones de mejoras laborales no solucionadas. El desconocido atentado anarquista en contra de su vida es vivamente relatado en la Historia Secreta de Chile, de Jorge Baradit.

El general Carlos Prats, también Comandante en Jefe, escribió el ensayo Benjamín Vicuña Mackenna y las Glorias de Chile, recibiendo una mención de honor en el concurso del Memorial del Ejército de Chile, en abril de 1957; reeditado por Pehuén editores en 1973. Su sucesor, en cambio, sufrió acusaciones de plagio por su libro Geopolítica y tiene en su triste récord el haber ordenado la quema de 50 mil libros del Premio Nobel Gabriel García Márquez, en noviembre de 1986, en Valparaíso.

Los "militares civilizadores" de la guerra del Pacífico, que registra Mc Evoy, son contemporáneos y a ratos los mismos que, como el coronel Leandro Navarro en Crónica de la Pacificación de la Araucanía (Pehuén 2007) escriben con respeto y admiración por el pueblo mapuche siendo reconocido como "una nueva Araucana" en su prólogo por el académico José Ancán: "Redactada desde la soberbia complaciente de los vencedores; el autor, uno de sus protagonistas directos, abre y concluye su obra poniendo al mismo nivel “la misión pacificadora” del la Araucanía con la coetánea Guerra del Pacífico: “los baluartes en que cimienta sus glorias el Ejército antiguo” (p.137). Queda claro eso sí, que pese a los autoproclamados honores, fue esta una guerra unilateral, donde uno de los adversarios –el Ejército chileno– en nombre de una supuesta superioridad encubierta en la noción de “civilización”, consideró que el territorio mapuche, hasta entonces absolutamente independiente, hecho que había sido sancionado tanto por la fuerza de los acontecimientos, como por un tratado suscrito hacía más de 300 años con la Corona española, le pertenecía sine qua non. Es por esto que el Estado chileno declara fiscal el territorio mapuche antes de ocuparlo".

El protagonista del relato Un veterano de tres guerras, José Miguel Varela, conservando su grado militar, destacó tanto en la docencia en un liceo público como en tareas de distribución de tierras en Malleco y Cautín, recientemente incorporadas al territorio nacional por el gobierno de José Manuel Balmaceda y por encargo del propio Presidente. Varela llegó incluso a discutir con el intelectual peruano Ricardo Palma sobre aquellos libros de la Biblioteca Nacional del Perú que debieran o no formar parte del botín de guerra que se enviaría a Santiago luego de la ocupación de Lima.

Ambos militares fueron exponentes de un país que pasó su primer siglo de vida en combates: la Guerra de Arauco, la Guerra del Pacífico y la Guerra Civil de 1891, hasta ser borrados de los registros del Ejército, fruto de la “hecatombe” de los acontecimientos políticos de 1891, como Navarro califica a la circunstancia que, mientras Balmaceda civilizó creando vías férreas, ciudades y obras publicas, sus rivales destruyeron, en barbaras hordas, las bienes de sus oponentes derrotados.

Durante la dictadura cívico militar iniciada en 1973, en el Ejército de Chile se produjo un gran retroceso hacia la barbarie, llegándose a la quema personas o la prueba de venenos en prisioneros políticos y comunes, para ser ocupados posteriormente en adversarios políticos.


Revisando nuestra historia de fines del siglo XIX -en el actual contexto- es inevitable preguntarse qué pasó con nuestro Ejército, entonces devotamente subordinado al mando civil, recibiendo ordenes, incluso en el campo de batalla, de autoridades sin carrera militar o colaborando con las tareas de poblamiento e incorporación al país de nuevos territorios conquistados sea al norte del río Loa o al sur del Bío Bío y verlo ahora sin capacidad de reacción ni sensibilidad frente atrocidades cometidas por sus integrantes activos en las décadas del setenta y el ochenta del siglo XX.

La civilidad fue determinante en el resultado, favorable a Chile, de la Guerra del Pacífico, luego de que el heroísmo de Arturo Prat conmoviera hasta lo más profundo a nuestra sociedad y se enrolaran  miles de compatriotas que finalmente entraron -los sobrevivientes- victoriosos a Lima., encarnando, en palabras de Mc Evoy, los anhelos de una república joven y pujante que vio en la guerra la oportunidad para establecer no sólo su autonomía económica sino un lugar destacado en el “concierto de las naciones civilizadas”.

En este mismo texto es posible verificar cómo la burocracia pública chilena llegaba inmediatamente detrás de los soldados, a hacer funcionar el territorio conquistado, pero no en condición de campamento, sino de la capacidad de mejorar las condiciones tecnológicas y humanas preexistentes.

Es decir, un ejercito subordinado y complementado con la autoridad y las tareas civilizadoras de un país pujante que construía a fines del siglo XIX lo que sería su integridad territorial que aún esgrime.

Algo ocurrió que esta amalgama -muchas veces cruzada por organizaciones laicas y progresistas, como la masonería- se quebró con la Guerra civil de 1891.

El resultado, aparte del suicido del Presidente Balmaceda en la Legación argentina, fue un país dividido en el que hordas populares asaltaban bienes y propiedades de los derrotados y que miles de civiles y militares que combatieron trabajosamente en Antofagasta y Perú, terminaron degradados militar y humanamente, agrupandose algunos en violentas bandas de asaltantes.

Conmovedor resulta el conflicto que se le plantea a José Miguel Varela al ser invitado por ese ejército al que sirvió lealmente y que luego lo humilló, a desfilar con los batallones olvidados de los veteranos del 79 en esa parada de celebración de centenario en 1910, en el Parque Cousiño.

Su dilema era el de Chile: incorporarse a ese desfile con quienes había combatido y reencontrarse con tantos veteranos -harapientos muchos- con los que tenía cariño y una nación en común. O restarse y mantener vivo el natural resentimiento hacia quienes lo habían marginado de su ejercito.

Como muchos, optó por marchar junto a sus camaradas viejos combatientes, comprar a un ropavejero medallas similares a las que había destruido mientras vivía la persecución anti balmacedista y demostrar -a sus hijos y a nosotros- que un país se construye con todos sus hijos.

No recibió a cambio la misma moneda. Ese ejército no era el mismo y se desatendió de los civiles que lo habían reforzado en los campos de la batalla y de la paz posterior.

Lo que siguió fue solo la profundización de esa lejanía que llegó a horrores durante la dictadura  que comenzó en 1973.

Y hoy, revisando la historia, ¡cómo quisiéramos que la barbarie se reconozca!, se degrade a los responsables y la tendencia se revierta para poder -tal vez- recuperar algo de ese ejercito, partícipe y actor de la civilización, que alguna vez tuvimos.

No sólo en la literatura.

21 julio 2015

BUSCANDO FUTURO, MIRANDO NUESTRA HISTORIA


No parece haber dos opiniones respecto de que, como país, estamos pasando momentos complejos, de búsqueda se puede decir, si lo miramos en positivo. Mientras muchos parecen no advertir la magnitud de la crisis, otros prefieren seguir avanzando aunque haya poca claridad del destino. Sin embargo -afortunadamente- no faltan quienes miran hacia el pasado para poder encontrar la llave del futuro. Sorprende que en los primeros lugares de los libros más vendidos aparecen textos de historia, mientras la mayores editoriales están empeñadas en difundir novedosas formas de acceder a nuestro pasado.


La senda esta vez la abrió un libro que recoge los testimonios de José Miguel Varela, un abogado de Concepción, que conociendo del heroísmo de los marinos chilenos en el Combate Naval de Iquique, resolvió enrolarse, en 1879, en la caballería chilena, pasando a formar parte, como alférez, del Regimiento Granaderos. En esa condición fue enviados a Antofagasta primero, desde dónde protagonizó diversos episodios de la guerra del Pacífico incluida la ocupación de Lima, dónde llegó a ser nombrado Director de la Biblioteca Nacional y jefe, por tanto, del escritor peruano Ricardo Palma, su subdirector, con quién trabó un interesante duelo por los volúmenes que sobrevivían en esa biblioteca, en la que Palma permaneció detenido por las fuerzas de ocupación que encabezaba el contralmirante Patricio Lynch.
Su condición letrada llevaron  a Varela -según el relato que redactó el periodista Guillermo Parvex, que a su vez lo heredó de un abuelo, amigo de Varela- a diferentes posiciones como juez, auxiliar sanitario o funcionario público, lo que le permitió advertir las atrocidades de la guerra, sin dejar de mostrar su sensibilidad hacia la cabalgadura que lo soportaba en la lucha y en el descanso.
Después de regresar a Chile fue destinado al Húsares de Angol, un regimiento que debía enfrentar tanto las incursiones argentinas como de bandidos chilenos abandonados por su país luego de la guerra del norte, como de fuerzas mapuche.
La tercera guerra de la que se reconoce veterano fue el sangriento enfrentamiento civil entre balmacedistas y anti balmacedistas, que culminó derrotado como todo el Ejercito chileno, humillado por la Armada sublevada con apoyo de la oligarquía.

Este libro, -que recuerda la amenidad de Jorge Inostroza en Adiós al Séptimo de Línea, y la cercanía del testimonio directo de Crónica de la Pacificación de la Araucanía, de Leandro Navarro- revela que Chile pasó su primer siglo de vida en guerras y que las causas de las mismas fueron diversas y acarrearon consecuencias que hasta hoy nos persiguen. No otra cosa son el conflicto mapuche que continúa como una herida abierta y las disputas vecinales con Perú y Bolivia que ocupan a juristas del mundo.

Otro texto que se encarama entre los más vendidos es Historia secreta de Chile, de Jorge Baradit sobre episodios selectos que se entregan con la pasión y la atmósfera de como, aparentemente, sucedieron. Nuevamente la guerra del Pacífico está presente en el estremecedor texto sobre el Combate de la Concepción y el singular destino de los corazones de varios de los soldados allí descuartizados por montoneras peruanas.

Pero hay más, los misterios del Cristo de mayo, el reino francés en la Araucanía, la suerte del cadáver de Manuel Rodríguez o el espiritismo de Arturo Prat, son otros episodios que buscan lograr el acercamiento a la historia de Chile que el momento actual parece aconsejar. También hay más recientes como la conspiración de la virgen de Peñablanca o la internet de Allende

Para más detalle, dos historiadoras de la Universidad Católica -Barbara Silva y Josefina Cabrera- decidieron escoger un episodio histórico de un día de todos los años del siglo XX. Así es como aparecen historiados, por ejemplo, el Plebiscito del 5 de octubre de 1988 con el histórico titular Corrió solo y llegó segundo; la inauguración del edificio UNCTAD, después Gabriela Mistral; el mundial de fútbol de 1962; el terremoto de Valparaíso del 6 de agosto de 1906; la creación de la Vicaría de la Solidaridad, el 1º de enero de 1976 y otros 95 capítulos del libro: Chile, cien días en la historia del siglo XX. Incluye además episodios culturales como la inauguración de la carpa de Violeta Parra en La Reina; el estreno de  Alturas de Machu Picchu, de los Jaivas, o la primera versión de La voz de los ochenta.


Más que hacer crítica de estos libros recientes, interesa reflexionar sobre la favorable recepción que han tenido, primero en el mundo editorial y luego entre los lectores.
Lo primer es recordarnos -nunca está demás- que aunque sólo tenemos poco mas de doscientos años como nación independiente, tenemos historia que, si la conocemos, puede iluminarnos. Que no es cierta esta malhadada tendencia a creer que todo comienza de cero cuando determinado grupo llega al poder, que tanto daño ha causado.
Cabe plantearse, además, la hipótesis de que frente a un presente poco auspicioso, parece sensato replegarnos sobre nuestro pasado reciente, y no tanto, para buscar las claves que nos permitan volver a mirar el futuro con optimismo.

Entonces podremos encontrar aquellas gestas de las cuales podemos sentirnos orgullosos, las que costaron tanto trabajo y no merecen arriesgarse y aquellas otras -como las guerras internas o externas- de las cuales sólo corresponde acordarse para hacer todo lo posible por impedir su repetición.

Porque lo que finalmente enseña la historia es que tenemos un pasado común que nos une y nos amalgama.

Por ahora, un buen paso sería leer estos libros y probar reconocernos en lo que relatan.

06 julio 2015

¡AY, AY,AY!, CAMARENA Y LA COPA AMERICA


Ganar una Copa América permite algunos lujos, como encontrar en las calles de Puerto Varas, algunas horas antes del partido final, al tenor mexicano Javier Camarena, convenientemente arropado por una parca roja. Pero lo mejor vino después. Una vibrante final vista en gigantesca pantalla sobre las aguas del lago Llanquihue con la misma audiencia que unos minutos después celebraríamos, en el espacio Tronador del teatro del Lago, escuchando la privilegiada voz y la innegable simpatía de Camarena.


Esa tarde nada pareció al azar. Se respiraba fútbol. 

Camarena dejó su camarín, y no bien salido del túnel, preguntó si estábamos felices. La respuesta estuvo en su propia sonrisa. el público ya estaba en su bolsillo. 
El primer tiempo fue de arias de ópera... Romeo y Julieta, de Gounod; Los Capuletos y Montescos, de Bellini; la Cenicienta, de Rossini, y La hija del regimiento, de Donizetti. El tenor, estaba muy bien secundado por un sólido pianista de origen cubano, Ángel Rodríguez.
El entretiempo, adornado por la copa de espumante que el breve lapso entre los penales y el inicio del recital no permitió, fue testigo de comentarios eufóricos.

El segundo lapso comenzó al ritmo de las zarzuelas: Te quiero, morena, de José Serrano, y No puede ser, de Pablo Sorozábal. Como para recordar el mejor antecedente de la roja de Chile, derrotando al españolísimo equipo campeón del mundo en el Mundial reciente. 

Luego, el escenario cambió radicalmente para aterrizar en América Latina -territorio de la Copa en cuestión- con un ordenado Popurrí de "Consuelito Velásquez" que llevó las mentes a ese romance entre mexicanos y chilenos que se remonta a los tiempos de Jorge Negrete que provocó una conmoción en 1946, cuando cinco mil personas lo esperaban en la Estación Mapocho y, a causa de la aglomeración, cedieron las barandas de los andenes, lo que produjo un accidente. A la salida, tres mil personas no dejaban avanzar el auto, ‘A los que por mí hayan sufrido algún accidente, les pido mil disculpas’, declaró Negrete con voz entrecortada, relata Alfonso Calderón en su Memorial de la Estación Mapocho. O de Miguel Aceves Mejía, que entró a caballo al Teatro Municipal de Iquique, en los 50s, para cantar Allá en el rancho grande.


Quizás la mejor jugada de Camarena estuvo cuando piropeaba a las mujeres chilenas para anunciar Bonita, de Luis Arcaráz y un asistente intentó amagar poniendo en cuestión tal belleza. 
-¿Es argentino? disparó certero el tenor y el público celebró el lanzamiento.

La etapa final culminó en alza, con un Popurrí del mexicano Roberto Cantoral que incluyó la conocidísima Regálame esta noche, que terminó por rendir al "respetable".
El alargue, exigido con entusiasmo, aplausos rusos y algunas patadillas al maderamen del piso, comenzó con Si vas para Chile y siguió con el clásico Ay, Ay, Ay de Osmán Pérez Freire, primer autor de alcance internacional en la historia de la música chilena. 
Pérez Freire debió exiliarse en Argentina, con sus padres, debido a la persecución contra las balmacedistas que siguió a la guerra civil de 1891. En el país rival pasajero y vecino permanente, fue presidente de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores, sin dejar su nacionalidad. Una lección de juego limpio: la rivalidad pasaría y esta canción seguirá siendo conocida, como fue creada:  "reminiscencias cuyanas para canto y piano" y grabada por Carlos Gardel, Mario Lanza, Engelbert Humperdinck, Alfredo Kraus, Luciano Pavarotti, Plácido Domingo, José Carreras y Nana Mouskouri, entre muchos otros. 
Curiosamente, o no, uno de los principales recintos deportivo de Valparaíso lleva el nombre del músico, el Auditorio Osmán Pérez Freire del cerro Mariposas. Otro ejemplo de feliz convivencia entre el deporte y las artes.


La segunda parte del alargue se inició con Yo vendo unos ojos negros, que popularizara el más mexicano de los cantantes chilenos: Lucho Gatica. A estas alturas, la identificación entre la estrella del canto y el público era semejante a los asistentes del Estadio Nacional y la roja de todos.

Los penales fueron un  regreso a lo que vinimos... la ópera. La donna è mobile, de Verdi, coronó la velada también con su mensaje de alerta: la mujer es voluble, como una pluma al viento.

O sea, bellas y fugaces. Lo cantó Camarena.

Otro motivo para celebrar ese 4 de julio de 2015, que difícilmente se olvidará, en los estadios y en los escenarios de Chile.

02 julio 2015

DEPORTE Y CULTURA, UNA ALIANZA POSIBLE


Escribo antes de lo que podría ser la culminación de este pequeño flirteo entre el fútbol chileno y la cultura de nuestro país, es decir, la final de Copa América. Es que ya hay enseñanzas de esta maridaje que, sin ser nuevo, cobra nuevos bríos en tiempos de copa y, sobretodo, de posibilidad de ganarla. La final entre Chile y Argentina ha provocado cambios horarios y, los cuartos de final, debates encendidos respecto de dedos y manos, incluso una carta del Ministro de Cultura en la prensa.


Sin el debate -también con un aspecto cultural- del cambio o no del horario de invierno, que indudablemente incide en las costumbres de la población, la Copa América ha determinado modificaciones de los tiempos de funciones en nuestros principales teatros de ópera. El Teatro del Lago resolvió atrasar en una hora el recital -único en Chile- del ascendente tenor Javier Camarena y agregar a los felices poseedor de un asiento para escucharlo, la posibilidad de ver previamente la finalísima en el mismo entorno lacustre. Un combo deportivo/cultural.
El Teatro Municipal, adelantó su función de la ópera Madama Butterfly del sábado 4, de las cinco a las dos de la tarde, permitiendo a los melómanos que lo deseen disfrutar del Chile/Argentina en alguna TV cercana, luego de la ópera.

Un travieso dedo del jugador chileno Gonzalo Jara, puesto en el lugar preciso para provocar las iras del jugador uruguayo afectado, terminó en una expulsión del irritado, una pintada celeste en la Mano de Mario Irarrázaval, sita en Punta del Este, y las justificadas iras de nuestro Ministro de Cultura por esta suerte de "venganza" cultural de una derrota deportiva. Es decir, dejemos que el celeste siga en el cielo y no devastando una obra de arte.

Pero las relaciones entre deporte y cultura van más allá de la coyuntura.
Se menciona habitualmente en cursos de gestión cultural los auspicios a eventos deportivos -sponsorship- como un modelo posible para acceder a recursos para la cultura.
Se aplaudió, en su momento, la calidad de concursables de los fondos para las artes cuando en nuestro país, en 2005 y 2006, estalló un escandalo por platas asignadas por el Instituto Nacional del Deporte, sin concurso y se deseó que ojalá esos fondos para estimular el deporte llegasen a ser también concursables como lo son, hasta hoy, los fondos de cultura, que recientemente han anunciado un nuevo período de postulaciones, aún con más recursos.

En materia de infraestructura, el caso australiano nos enseña el estrecho vinculo entre la construcción de estadios y otros recintos deportivos con la edificación de bibliotecas, salas de concierto y teatros. Sydney, Melbourne, Brisbane, son ejemplos de magnificas construcciones culturales que nacieron de proyectos vinculados a las respectivas postulaciones logradas a juegos olímpicos y otros eventos deportivos de alcance mundial, que estimulan la inversión pública y privada en infraestructuras. Barcelona tiene también ejemplos al respecto, incluido el Forum Mundial de las Culturas de 2004, que dejó lo suyo en sectores no desarrollados de la ciudad.

Si bien es cierto que nuestra generosa política de infraestructura cultural, iniciada en 2000, carece de la alianzas con Comités Olímpicos u otros organizadores de torneos deportivos, tampoco es una idea a descartar en el futuro.

De la cultura, que suele ocupar recintos deportivos, el deporte puede extraer lecciones respecto del ejemplar comportamiento de las audiencias culturales que no sólo respetan y cuidan las edificaciones que los acogen sino que no han dejado huella de incidentes en calles y plazas con posterioridad a los mismos. Es que en cultura no suele haber ganadores y perdedores, por ende las frustraciones no visitan a los recitales masivos ni los festivales y ferias de algún arte determinado.

En menos casos, pero los hay, los deportistas ocupan espacios culturales. Aconteció en el Centro Cultural Estación Mapocho con un concurso de saltos ecuestres, varios campeonatos de ping pong y un futuro campeonato sudamericano de ajedrez, fijado para diciembre de 2016.

Y también hay oportunidades en que ambos intereses se cruzan.

Acaba de ocurrir cuando al inaugurarse, a dos días de la final futbolística, una exposición dedicada a los escolares en vacaciones, llamada Transformers, el corte de cinta fue acompañado por un sonoro Ceachei.

Es que un poco de espíritu ganador no hace mal a nadie.

26 mayo 2015

VOLUNTAD,VOLUNTARIOS Y VOLUNTARISMO

Suelo reiterar a mis estudiantes que la cultura es una de las escasas áreas de nuestra sociedad donde aún es posible encontrar solidaridad y cooperación entre quienes el mercado condena como "competidores". Dicha excepcionalidad suele venir aparejada con uno de sus cómplices: el voluntariado. Cuando ellos están ausentes, se produce el opuesto o el intento de aplicar sin participación, la voluntad de un mandante, lo que suele llevar al voluntarismo. Sostener el escenario de colaboración se ha tornado cada vez más complejo. Ejemplos abundan en los años recientes. El primero fue la novedosa elaboración del programa de cultura del actual gobierno, traducido finalmente en tres inviables prioridades para los cien días iniciales. Lo mismo con la elaboración de una indicación sustitutiva del proyecto de ley de ministerio que volvió a ser incumplible este 21 de mayo.


Con esta introducción tal vez es posible entender las características que -en cultura- tuvo el Mensaje Presidencial reciente. Aparte de carecer de novedades, dejó un sabor  de estar pagando meses de voluntarismo que una y otra vez se estrelló contra las múltiples dificultades de haber concebido un programa en el que saberes y experiencias de voluntarios de tantas otras jornadas programáticas, desde 1989 a la fecha, debieron ser mejor consideradas.

No era un misterio -revelado tantas veces- que la institucionalidad cultural existente se concretó con amplias jornadas que implicaban horas de trabajo, miles de kilómetros de desplazamientos por el país, centenares de documentos, desvelados debates al interior de partidos, tanto entre representativos de ellos como con parlamentarios. Por ende, cambiarla implica tener no sólo la voluntad de hacerlo, sino también los voluntarios para debatirla donde y como corresponde.

El resultado es que los porfiados hechos -y un Ministro debutante que conoce de la historia que relato- muestran que la indicación sustitutiva no estaba preparada pero que sí era posible agregar al Mensaje una iniciativa que se elaboró con voluntarios motivados y una conducción con oídos y liderazgo como el Plan de Lectura. Bastó señalar la suma de recursos que se invertirán en 2015 para que ocupara el segundo lugar entre las medidas destacadas del discurso, las que por demás caben en los 140 caracteres de un tuiter.

El primero lugar fue, sin duda, el anuncio de la creación de un canal de TV educativo gratuito cuya voluntad es hacer de la televisión “un instrumento que esté al servicio de los chilenos”. Si se lo analiza, este deseo forma parte de las intenciones declaradas por muchos actores desde que se advirtió la cercana presencia de la TV digital. Es muy bueno que se le haya otorgado prioridad y será mejor que se sincere cuales serán los actores que deberán ingresar a este debate. No es posible dejar fuera al CNTV,  las universidades, el Consejo Nacional de la Cultura y por cierto, TVN. Complejo desafío si se considera que los costos involucrados superan a aquellos a los que está acostumbrado el mundo cultural. Sin embargo, también es considerable el aporte muy por debajo del "precio de mercado" que pueden hacer los creadores y artistas en un empeño de esta naturaleza; ya conocemos felices experiencias en El show de los libros, Los ochenta, 31 minutos y Ojo con el arte, entre muchos otros. Al respecto, uno de los padres de la TV pública post dictadura, Jaime De Aguirre, es escéptico: "Uno puede contar muchos cuentos, de la necesidad que este país tiene de un canal cultural que le de salida a la tremenda creatividad y a la necesidad de muchos artistas de demostrar lo que se hace… pero encuentro que eso es pura paja. Los programas se convierten en culturales o no en cuanto son capaces de movilizar socialmente al país por la vía de la entretención o por lo que sea. Además, qué es un canal cultural. ¿El resumidero de cosas fomes?, ¿el resumidero de cosas que no se pueden financiar por el mercado? Lo encuentro complejo. Hay muchas preguntas que hacerse sobre televisión cultural".


Otra voluntad del discurso presidencial, que se remonta a los setenta y que pertenece originalmente al Presidente Allende, es terminar la segunda etapa del Centro Cultural Gabriela Mistral. La primera la construyó la Presidenta Bachelet y ambas están inspiradas en la gesta de la edificación de la UNCTAD que vaya que tuvo trabajo voluntario entre sus carretillas de concreto y obras de arte insertas en el diseño original. Incluso, sus tijerales celebraron a aquellos trabajadores, voluntarios o no, con un enorme almuerzo en la Alameda, como recuerda la fotografía inicial.

Este espíritu acaba de ser invocado por la hija de Allende, Isabel -primera presidenta mujer del PS en 82 años-, simbólicamente, en un foro en el que comentaba el Informe del Consejo Asesor Presidencial contra los conflictos de interés, el tráfico de influencias y la corrupción. Refiriendose a los partidos políticos, rememoró las épocas en los que la propaganda era ejercida íntegramente por voluntarios y no se pagaba por repartir volantes ni menos por sonrientes fotografías que ocultan incluso la militancia del postulante.

Mis primeros recuerdos de una campaña, se remontan a la del doctor Allende en 1970, cuando la carrera por la presidencia se financiaba a pulso: una "prietada con papas cocidas" para reunir fondos, en la sede comunal; muchas, pero muchas horas de reuniones preparatorias de las salidas a terreno -modestos volantes en mano- a intentar persuadir a los electores; marchas, decenas de marchas con también modestos carteles de cartón clavados a mano en trozos de madera que alguna vez fueron cajones manzaneros; gritos, fuertes gritos, que ponían audio a esos desfiles, de los cuales recuerdo uno, que se reservaba para cuando la columna llegaba a la Plaza Bulnes, frente a La Moneda: "esa casa que está al frente, la queremos para Allende", síntesis de todo lo que aspiraban los marchantes. A los esfuerzos locales, se sumaban trenes y recitales en los que artistas, sobretodo cantantes, hacían su aporte a la eventual victoria. Tampoco era menor el silencioso trabajo de obreros de la construcción que, a la menor posibilidad de acceder a un vidrio recién instalado, lo bautizaban con la V coronando la A que hasta el más lego descifraba como: Viva Allende. Una prensa vinculada a los partidos que solía aceptar entre sus miembros a diarios creados sólo para la campaña. Lo más visible de dichas campañas eran las brigadas que pintaban muros día y noche, especialmente de noche, reconquistando  palmo a palmo espacios de rayados similares de otras candidaturas. Allí se verificaban algunas reyertas que podían terminar en una comisaría... pero, de otros delitos vinculados a campañas, nada.


Más atrás, entre los anuncios más populares del Mensaje, quedó la indicación sustitutiva al proyecto del nuevo Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, a través de un proceso de participación ciudadana y de consulta con los pueblos indígenas, que debiera ser enviado durante el segundo semestre de este año. Al respecto, el Ministro Ottone contó en El Mercurio de Valparaíso que se reunió con el Director de la Dibam, para hacerle saber que "el proyecto iba a tener dos ejes fundamentales". Uno que fuera "integrador, en el sentido que las instituciones existentes se fusionan de un modo que implique respetar la especificidad que tiene cada una, pero obviamente en un marco institucional mayor". El otro, tiene que ver con dar "un énfasis muy fuerte en la descentralización real. Es decir, que permita que haya levantamiento también de necesidades locales y no desde una mirada centralista". Tal como aconteció con la reciente gratuidad de los museos públicos, que recordó  el Mensaje.


Por último, se anunció que, con anticipación inédita,"los ministro de Cultura, Educación y Relaciones Exteriores deben comenzar desde ya a trabajar en el Centenario de Violeta Parra”, que se celebra en octubre de 2017.

Ojalá que en ello se ponga voluntad, mucho voluntariado y ningún voluntarismo.

14 mayo 2015

OTTONE, EN BUSCA DE LA RELEVANCIA PERDIDA

Desde los balbuceos de un recién nacido a los deseos postreros del moribundo, las primeras y las últimas palabras han sido siempre significativas en la vida de los seres humanos. Si advertimos las terminales de la ex Ministra Claudia Barattini -"Me faltó relacionarme mejor con el Parlamento y las comunicaciones"- y las primeras de su sucesor, Ernesto Ottone, “El arte y la cultura no son un lujo, son todo: una necesidad de cada grupo humano”, podemos advertir las explicaciones iniciales de un cambio, para algunos, sorpresivo.


Barattini no vacila en evaluar su gestión positiva destacando la consulta indígena, dónde no hay dos opiniones, y los preparativos de la Ley que crearía un Ministerio de las Culturas y el Patrimonio. Ninguna de las dos suficientemente comunicadas ni puestas al alcance del Parlamento. En el primer caso, quizás agravado por el proverbial desprecio de los medios de comunicación a los pueblos originarios; en el segundo, sin justificación, debido al natural interés que la gente de la cultura y también los medios tienen al respecto. No obstante, hasta la fecha a una semana del 21 de mayo, no hay luces. Y sí muchas sospechas.

La administración saliente no le otorgó urgencia a la tramitación del proyecto, ni la instaló en el debate con los incumbentes, reduciéndola a simulacros de participación sin contrapartes con capacidad de respuesta a las proposiciones, lo que desembocó -aparentemente- en una arquitectura institucional que pegotea entidades existentes, como se ha encargado de comunicar la DIBAM en desmedro de un discurso alternativo del Consejo Nacional de la Cultura.

Por ello, entre las labores prioritarias de Ernesto Ottone está sacar al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de la irrelevancia en que está sumido, por ausencia pública de un sueño respecto del desarrollo cultural en Chile e invisibilidad de sus autoridades unipersonales y colegiadas. Las primeras tareas son, en consecuencia, básicas: restablecer visibilidad; dialogar con el mundo de la cultura; repotenciar los órganos de participación que caracterizan y diferencian a este Consejo del resto de la administración; compartir tareas con los centros culturales que sustentan las artes en todo el país, y agilizar la gestión del servicio, orientándolo hacia desafíos país, por ejemplo, la reforma educacional, los diferendos con los países limítrofes o el rol solidario de la cultura ante los desastres naturales.

Señales como la recién actualizada política del libro y la recepción por parte de Ottone de un ante proyecto de las artes escénicas, parecen indicar que el camino inmediato va antes por leyes sectoriales que por apresurar el Ministerio.

Las primeras palabras públicas de Ottone, aludiendo a la imprescindibilidad de las artes y la cultura para las personas, bien pudieron estar en boca de su antecesora, pero no fue así. No hubo capacidad en su equipo de constituir un discurso propio que infundiera mística a un mundo cultural que no requiere de mucha provocación para adherir a buenas causas.

Más allá de mejorar su capacidad en comunicaciones, el ministro Ottone debería tener espacio para revisar aspectos del proyecto de ley y deberá optar por hacerlo antes de su presentación al Congreso o hacerlo durante el debate legislativo. Es decir, presentando indicaciones a la anunciada indicación sustitutiva.

No se le puede imponer a un nuevo secretario de estado que asuma sin revisión una gestión pre legislativa deficiente. Hay antecedentes: el ex Ministro Ampuero dio una vuelta de tuerca al proyecto que había generado su antecesor, convocando a un encuentro plural en el Congreso; su esfuerzo no alcanzó a ver frutos a causa de los escasos meses que estuvo en el cargo.

Ottone tiene un horizonte cercano a los tres años, que es, según el OPC lo que suelen tomar los proyectos de este sector en el Parlamento. Es de esperar que los use para llevar adelante una institucionalidad que supere la existente, conservando su carácter autónomo, participativo, con patrimonio propio y vinculante en la formulación de sus políticas.

De otro modo, no valdría la pena modificar lo existente.

06 mayo 2015

ANA GONZALEZ, GRAN ACTRIZ Y DEMÓCRATA


El centenario de su nacimiento ha sido motivo de innumerables homenajes pendientes a la gran actriz chilena -una de las mejores- Ana González Olea. Entre merecidos reconocimientos los hay a su persona y a su personaje principal "La Desideria". Incluso se ha llegado establecer un premio que recuerda el rol de ese personaje como asesora del hogar. Más allá de si corresponde lo uno o lo otro, quisiera detenerme en la Ana González ciudadana.


Sus actuaciones como actriz del TEUC, el Teatro de Ensayo de la UC, la llevaron a los más destacados papeles y por cierto al Premio Nacional de Arte, en 1969, galardón en el que se sumó a Alejandro Flores, Rafael Frontaura, Pedro de la Barra y Pedro Sienna, siendo la primera mujer en alcanzarlo. 

Sus armas como ciudadana, las expresó en el escenario, encarnando a Rosaura, una de las combativas floristas de la Pérgola de la Flores, obra de su amiga Isidora Aguirre y Francisco Flores del Campo. Pero, su compromiso no estaba sólo en las tablas. Fue una entusiasta partidaria del Presidente Allende, junto a sus cercanos: Luz María Sotomayor, su pareja y Juan González, su mozo. Entre julio y agosto de 1973, la actriz participó activamente del Festival Mundial de la Juventud y de los Estudiantes en la RDA, cuyo lema era: “Por la solidaridad antiimperialista, la paz y la amistad”.

Recibía "baños" de cariño cuando agarraba, en su casa de Cartagena, el bolso de compras y caminaba hasta la feria libre a comprar las materias primas de sus magistrales porotos granados, que preparaba minuciosamente para sus invitados. Era francamente dificultoso avanzar hacia los feriantes debido a la enorme cantidad de personas que querían saludarla e intercambiar unas palabras, que era lo usual, en tiempos sin selfies ni polaroids.

El golpe militar de 1973 la sorprendió como una de las propietarias de la Sala del Ángel, ubicada en un breve pasaje del centro de Santiago. Fue una de las primeras en mantener viva la llamita del teatro. Para no despertar las iras de la dictadura estrenó, a poco del golpe militar, obras inocuas políticamente como "Ángel, mujer o demonio", dirigida por Eugenio Guzmán en la que ella encarnaba los roles estelares. Y, tras bambalinas, ayudaba a quienes podía de entre los que comenzaban a sufrir la despiadada persecución del régimen militar. Así, la precaria compañía comenzó a llenarse de periodistas que hacían comunicados de prensa, mensajeros que malamente distribuían correspondencia, escenógrafos y sonidistas de dudosa experiencia pero vasto compromisos con las fuerzas de izquierda.

En su valioso legado que hoy descansa en la Biblioteca del GAM, se encuentra el siguiente manuscrito: “Yo soy Ana González, muchos de ustedes me conocen como la Desideria ... La Desideria es una mujer del pueblo y como tal es muy sabia, por eso yo le pregunté que qué pensaba del triunfo del No. Y me dijo que ella no era lesa, que todo lo que le ofrecían lo recibía, caseta sanitaria, viviendas de 34 metros, regalitos y festivales de los alcaldes, de las damas de color... aguinaldos, los escuálidos bonos y el ingenioso medio de movilización, la bicicleta. Pero como no es lesa, va a votar por el No, igual que yo... Porque las dos sabemos que en democracia, se terminarán los abusos mediante auténticas y efectivas leyes que protejan al pueblo y le permitan participar en el desenvolvimiento social y económico del país ... Usted, Señora, que a veces le da miedo, atrévase como la Desideria y vote No".

Su compromiso con la búsqueda de la democrática, la llevó a convertirse, ya recuperada la normalidad, en anfitriona de la fiesta cultural y popular con que el Presidente Patricio Aylwin inauguró el Centro Cultural Estación Mapocho, el tres de marzo de 1994. Tal rol no se explica sólo por su condición de actriz notable sino también de vecina del centro y, sobre todo, de regular asistente a sus diversas actividades, a las que llegaba caminando desde su departamento en el "edifico redondo" de Miraflores y Esmeralda. Hoy, una sala con su nombre inmortaliza ese idilio entre la actriz y el centro.

Por ello, no fue extraño que acogiera con entusiasmo la propuesta del Centro Cultural de celebrar allí su cumpleaños número 80, el 4 de mayo de 1995. La asistencia excedió todas las expectativas. Desde el Presidente Eduardo Frei y su esposa Marta Larraechea a las floristas de la ahora cercana pérgola, que regalaron, en la puerta de la vieja estación, un clavel rojo a cada uno de los asistentes. 

A pesar de todos los esfuerzos de sus asesores, Frei permaneció hasta el final de la actividad que duró unas cuatro horas, dejando de lado un compromiso en el Museo de Bellas Artes, que asumió su esposa. Entre muchas de las obras que se presentaron esa noche, una representaba a Anita en el lenguaje del teatro circo, luciendo una rojísima nariz de payaso. Una buena intención que no gustó a la homenajeada y que por tanto, llegó sólo hasta el primer acto que entonces se anticipó... por única vez.

Para la siguiente campaña presidencial ya estaba retirada y enferma. No obstante ello, en antecedentes de que el candidato -su candidato- Ricardo Lagos marchaba seguido de centenares de adherentes a inscribir su candidatura al Registro Electoral, ubicado a pasos de su departamento, se asomó a la ventana a saludar mediante señas a Lagos, quién detuvo la marcha, se acercó al edificio y respondió los cariñosos saludos de la ciudadana González, despertando el aplauso cerrado de los seguidores a Anita.

Una demócrata ejemplar y una actriz excepcional.