12 junio 2008

LA GESTIÓN COMO EXCUSA

En el Museo Guggenheim de Bilbao llama la atención la exhibición de un documental del recientemente fallecido Sydney Pollack en el que Frank Gehry, arquitecto del recinto, narra el proceso del proyecto. En él, con una modestia que lo exime de la cuestionada categoría de “starquitect”, señala que no existen arquitectos geniales, sino clientes geniales. Esto es, que la claridad debe estar en quién hace el encargo, más que en quién lo recibe. Éste último sólo debe aplicar su talento a satisfacer al mandante, por cierto aplicando la dosis de creatividad que implica su profesión.

Algo similar ocurre con la gestión cultural, y se ha puesto en el tapete a propósito de argumentar “problemas de gestión” tanto en recientes decisiones relativas a la Trienal de Artes Visuales como en otras circunstancias de nuestro desarrollo cultural de los últimos años.

Para analizar si efectivamente existen problemas de gestión, debemos ver primero si el “mandante” ha realmente efectuado el encargo, segundo si lo ha realizado con la “genialidad” o claridad correspondiente y luego, si lo ha hecho a la persona o entidad adecuada.

En el caso que nos ocupa, el concepto aparece en el documento de Definiciones de Política Cultural 2005 - 2010 CHILE QUIERE MÁS CULTURA como un ejemplo del propósito de “Inscripción del país en los circuitos artísticos internacionales, desarrollando iniciativas tales como una Bienal (sic) Internacional de las Artes Visuales”. Se reitera en el Programa de Gobierno de la Presidenta Bachelet: “Se propiciará la inserción de la creación y la producción nacional en los CIRCUITOS ARTÍSTICOS INTERNACIONALES, con el establecimiento –entre otras medidas– de una Bienal (sic) de Artes Visuales”.

El encargo está realizado por parte de la política cultural del estado de Chile y reiterado por el gobierno en funciones. Las dudas surgen en si fue hecho a las personas que corresponde -o si éstas se arrogaron el encargo - y con la claridad adecuada respecto de sus atribuciones y limitaciones. Aparentemente, esto no fue así dado que la Fundación creada para el efecto ha debido tomar medidas correctivas luego de que se frustraran determinaciones tomadas por los encargados como, ni más ni menos, la renuncia de la Curadora Internacional y su Asistente Nacional.

Es de esperar que la reformulación de esta Trienal permita cumplir el fondo de la Medida número 6 de la política cultural: “Inscribir a Chile en los circuitos artísticos internacionales y convertirse en un hito que afirme la identidad y proyección internacional del arte chileno”.

Casualmente –o no- esta inscripción y proyección de Chile tan necesarias como urgentes coinciden con los esfuerzos de generar una Imagen país que han motivado una nueva inversión gubernamental al respecto. Seria interesante que los responsables de tal Imagen consideren a las artes visuales en su empeño y, de hacerlo, cumplan con las consideraciones de una buena gestión: encargo claro, y a los gestores adecuados.

De no ser así, podríamos caer en el desaguisado de una propuesta ya publicada: que la imagen de Chile sea la de un científico aficionado… a los cambios de apellido.

02 junio 2008

LOS 3 EN EL TEATRO MUNICIPAL



Es lo que ocurre con la estética. Que se filtra por cualquier rendija, ropa, cortina en ventana a la calle o pintada mural. Esta vez, la estética de Los 3 llegó al teatro Municipal por el lado menos pensado: son músicos y podrían haber accedido vía Concierto y hasta Ópera… Sin embargo llegaron a través del Ballet de Santiago. ¡Y cómo!

Hubo quienes comparan “30&Tr3s Horas Bar” de Eduardo Yedro y Los Tres, con la Pérgola de la Flores y La negra Ester. Tal vez más en el sentido de la fuerza con que se apodera de la escena y lo entrañable de sus personajes. Pero la verdad es que lo que proponen es una estética que por decir lo menos está presente en gran parte de la vida cotidiana de los chilenos y, por tanto, nos identifica.

Es la estética, en la literatura, de Bolaño más que Isabel Allende; de Bruna Truffa y Soledad Espinosa, en la plástica, más que Bravo; más de amanecerse que de “after Office”.

Es la estética desde los cerros más que de los subterráneos. En TV, más de Chile Íntimo que de Enigma… Más “bombardero de La Reina” que “Chino” Ríos. Más Kramer que Ché Copete, más Buenos Aires que Miami. En definitiva, una identidad que se ha ido apoderando de nuestras miradas a partir de ese arco iris que amaneció un 5 de octubre y que ha debido imponerse pausadamente, generación tras generación, con avances y retrocesos pero que tiene una solidez tal que, cuando se presenta en el Teatro Municipal cambia todo. Si hasta las frágiles piernas de las bailarinas del Ballet de Santiago parecen asemejarse a las sólidas y breves extremidades de las bataclanas de un fallecido American Bar.

Es la estética que explica porqué tenemos un Consejo de la Cultura establecido en Valparaíso y porqué los partidos de fútbol comienzan a verse en grupos de amigos y amigas en el Liguria.

Es lo que cambió radicalmente al público que asistió a las reiteradas funciones del Municipal, como dijo alguien, “me parece estar en otra parte”.

Eso es lo que aportan Los Tres, desde la Jane Fonda hasta 30&Tr3s Horas Bar. Es cuestión de talento, de ritmo, de fuerza y de identidad. Que ha venido para quedarse.

Como la democracia.

26 mayo 2008

¿MAGRA POLÍTICA CULTURAL?

Las políticas culturales no son como las carnes, que pueden ser magras o grasas, pero, dado que una editorial de El Mercurio del domingo 25 de mayo utiliza esa metáfora para analizar el estado del arte (literalmente) luego del Mensaje Presidencial del 21 de mayo, sigamos el juego.

La afirmación inicial es que la Presidenta se refirió en forma “breve” y “hacia el final” de su mensaje al tema cultural. Es evidente que el lugar que se ocupa en un texto ni la cantidad de minutos empleados son datos relevantes. Efectivamente, pudo demorarse más y lo habría hecho si el segmento hubiese estado en el cuerpo del mensaje, sólo que estaba atrasada y debió leer más rápido los párrafos finales. El cambio de ubicación en nada se hubiese afectado el interesante contenido del discurso.

La segunda afirmación es que tales referencias a la cultura “pueden estimarse como de mera continuidad y limitada relevancia”. ¡Obvio! Es sabido por los chilenos que la Política Cultural es una Política de Estado, que se ha fijado con un horizonte 2005-2010 y que por tanto, un gobierno NO puede modificarla, sólo el Directorio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes tiene tales atribuciones. Es conocido también que la cultura es cuestión de costumbres y por lo tanto, de continuidades, de reiteraciones. Complejo hubiera sido que la Presidenta modificara la política vigente conforme a la Ley o no abundara en áreas que por definición requieren de varios años para concretarse, como son los proyectos de infraestructura o de formación de hábitos de consumo culturales. Respecto de la relevancia, más allá de reiteraciones, no puede dejar de reconocerse la enorme significación que tiene para la historia del desarrollo cultural chileno la modificación de la Ley de la DIBAM, que data de 1929, para dejar paso al Instituto del Patrimonio. Tampoco es menor la construcción, finalmente, de un teatro para las artes escénicas y musicales con capacidad para 2 mil personas. Lo más cercano, el Teatro Municipal de Santiago, ya celebró 150 años de vida…

Preocupa al editorialista que el Mensaje no mencione “la calidad ni las excelencias”. Éstas forman parte de la Política 2005-2010, sólo que en el Mensaje se da un ejemplo, como es el número de producciones cinematográficas, metáfora de fácil comprensión para el público. Neruda, al ser consultado sobre cuándo habría buen cine chileno, respondió: “Cuando exista mal cine chileno”. Esto es, cuando haya mucho cine chileno. A buen entendedor…

Tampoco puede considerarse ajeno a la calidad y la excelencia el aumento en un 30% de los recursos de los fondos concursables. En la actualidad, el Fondart nacional cubre más de un tercio de la demanda de proyectos de calidad en las áreas de creación; más de la mitad de la demanda de calidad de becas y pasantías, y bastante más de la mitad de la demanda de proyectos regionales de calidad. Es decir, porque ha existido desde hace 8 años una política permanente de incremento de los fondos, que crece ahora en 30%, se está satisfaciendo en un nivel más que aceptable la demanda de excelencia de los creadores. ¿Magro resultado?

El editorialista se contradice afirmando que se omite la política de fomento al libro y la lectura, mientras en otro párrafo señala que se propone un programa especial de mini bibliotecas para jardines infantiles y se reitera la construcción de bibliotecas en todas las comunas. Si esas mini bibliotecas y esas macro bibliotecas no son para fomentar el libro y la lectura… ¿para qué se están haciendo?

Luego, una cuestión de fondo, se pregunta por “la influencia efectiva del Consejo Nacional de la Cultura y su actual presidencia”. Aquí nos topamos con el mito de la mujer de César: el Consejo y su Directorio no sólo deben fijar las políticas sino también debe notarse que lo hacen. En ello, acierta el editorial. Los miembros del Directorio Nacional en su conjunto o cada uno de ellos en particular, deben tener una mayor presencia en el debate público de los temas que les competen.

Dos ejemplos que claman orientación:

¿No debiera pronunciarse el Directorio sobre el caso de la cineasta encausada luego de haber obtenido un proyecto del Fondo Audiovisual? Más allá del resultado del proceso judicial ¿no debe el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes proteger cualquier obra de creación, con más fuerza aquellas que ha financiado? ¿No debiera impedirse que materiales usados para una creación artística sean usados eventualmente para otros juicios que nada tienen que ver con la encausada? Así han actuado, en situaciones similares, órganos de prensa que poseían materiales derivados de la investigación periodística y que la policía requería, entregando sólo aquello publicado. Lo demás, es protegido por el secreto profesional.

¿No se hace necesario que el Directorio aborde un caso tan emblemático de la ciudad que lo aloja como es el proyecto Niemeyer en Valparaíso? Llama poderosamente la atención que sea cuestionado casi unánimemente por connotados arquitectos en Artes y Letras del mismo domingo 25. ¿Es coherente con la política cultural que exige planes de gestión antes de asignar recursos públicos a infraestructuras culturales, que se apruebe antes la carreta (proyecto arquitectónico) que los bueyes (contenido y plan de gestión)?

Finaliza la editorial con una afirmación tan arriesgada como injustificada: “parece desprenderse que es en otros ministerios y centros de poder dónde se estarían adoptando las decisiones que marcan y marcarán en el futuro el perfil cultural de nuestra nación”. Sería recomendable que se aclare a qué centros de poder se refiere, asumiendo que cuando se menciona ministerios, es casi un lugar común pensar en Hacienda. Si así lo cree el editorialista, se explica su temor de que el resultado sea magro.

Respecto de los “centros de poder”, además de insinuar una ilegalidad -las atribuciones de fijar políticas las tiene, por Ley, el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes- la forma cómo Chile se ha dado sus políticas culturales es generosa en participación, enjundiosa en diversidad y contundente en autonomía de los agentes culturales. Por ello, la criatura llamada Consejo Nacional de la Cultura y las Artes que tiene –no olvidemos- menos de cinco años de vida crece, siguiendo la metáfora, con buenos músculos, grasa conforme a la edad y mucha vitalidad creativa.

21 mayo 2008

EL MENSAJE PRESIDENCIAL:“Chile tiene voluntad de ser”

El Discurso Presidencial del 21 de mayo 2008, en lo que a cultura respecta, tiene novedades y, sobretodo, profundizaciones. Ya lo había señalado Bachelet en esta misma fecha, el 2007: "Un Chile inclusivo es aquel donde la cultura juega un rol primordial. La cultura es aquello que define nuestra identidad. Una identidad plural, diversa, llena de vida y en continua transformación. Ella es la que nos permite afrontar los desafíos del mundo global sin dejar de ser, por otro lado, lo que somos más íntimamente”

Señaló también entonces: "Hemos llevado adelante una Política Cultural de Estado, con énfasis en el acceso y la participación, la creación de audiencias y la descentralización”. El 2008, la Presidenta le destinó 728 palabras de su Cuenta al país, versus 448 del 2007, un 60% más, con una amplitud mayor también en la temática. 

Destacó, en el sector Educación, la formación de los agentes culturales: “Nos preocuparemos de aquellos ámbitos del saber que no siempre reportan beneficios inmediatos ni fáciles de medir, pero que son inmensamente necesarios para el alma de nuestro país y me refiero a las Humanidades a las Artes y las Ciencias Sociales. Es por eso que vamos a impulsar un programa especial de Humanidades en la Universidad de Chile y restantes universidades públicas, para revitalizar la filosofía, las letras, el arte y todas las ciencias sociales”.

No olvidemos que la U. ha iniciado recientemente un Magíster en Gestión Cultural luego de más de diez años de un Postítulo en igual materia, situado en la Facultad de Artes, junto a las carreras de pre y post grado en las Artes Musicales, las Bellas Artes y las Artes Escénicas.

Reitera más adelante Bachelet la inevitable relación que la cultura tiene con los pueblos indígenas, que ya había adelantado en 2007: “El tercer eje se refiere a la multiculturalidad, que cambia el enfoque de la relación con los pueblos originarios, para que no sólo sea el Estado sino la sociedad en su conjunto la que asuma como suyos los derechos de representación, participación e inclusión de nuestros hermanos indígenas. Por eso digo: hemos abierto la nueva etapa en la historia cultural y social de Chile, basada en el reconocimiento de la diversidad y de la pluralidad como fuente de nuestra mayor riqueza humana”.
Esta concepción se asemeja a aquella presente en el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en cuanto es la sociedad la que formula las Políticas Culturales a través de un Directorio Nacional diverso, plural y representativo de las diferentes áreas de la cultura. Parecemos destinados a reconocer la multiculturalidad de nuestro país.
Más adelante y bajo el revelador subtítulo “La democracia, a esta altura, es parte de nuestra cultura”, refuerza que “nos hemos dado una política cultural de Estado que aspira a garantizar la diversidad y la participación. Hemos puesto énfasis en el acceso, la formación de audiencias, fomentando la descentralización y la gestión local.
Todos conceptos más vinculados a la “platea” que al “escenario” y que confirman el carácter de política de Estado que revisten la formación de audiencias y la gestión, esta vez, a nivel municipal.
Sin descuidar la preocupación por los ocupantes del “escenario” dado que “hemos perfeccionado y hecho crecer los Fondos Concursables en más de un 30 por ciento: Ellos representan un impulso inestimable para miles de creadores en áreas tan diversas como la danza, el documental, el teatro, la creación literaria o el fomento del libro”.
Especial mención le mereció el desarrollo del cine nacional y su relación con los fondos públicos: “Hemos visto florecer en estos años la industria del cine. 30 largometrajes han sido estrenados en lo que va de mi gobierno. Otros 24 están próximos a estrenarse. Ello habla muy bien de la creatividad y del empuje de nuestros realizadores, pero también, de una virtuosa relación con el Estado. De todas estas cintas, 38 han tenido algún tipo de apoyo público”.
Lo mismo –aplicación de fondos gubernamentales- ocurre con dos programas que parecen destinados a quedarse, al menos bajo el mandato Bachelet: “El programa Creando Chile en mi Barrio llega ya a más de 360 mil beneficiarios. Y las fiestas ciudadanas Chile + Cultura que congregaron durante el año 2007 a 144 mil personas en 15 regiones, y este año, esperamos reunir a 200 mil personas en 20 ciudades, con la participación de más de seis mil artistas y cultores locales”. Queda pendiente una evaluación más allá de lo cuantitativo de tales programas.
En el área de formación de audiencias musicales, la Presidenta destacó, un esfuerzo asociado al mandato de Ricardo Lagos: “fortaleceremos la labor de la Fundación de Orquestas Sinfónicas Juveniles e Infantiles, para que apoye a más de 300 orquestas en el año 2009 a lo largo de todo el país”, un programa que, a diferencia de los dos anteriores, ha tenido evaluaciones artísticas y sociales altamente positivas.

En lo institucional, un anuncio muy esperado, “en los próximos meses enviaré al Congreso Nacional el proyecto de ley que crea el Instituto del Patrimonio”, legislación que, de aprobarse, culminaría el esfuerzo iniciado con la creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y que debiera según toda lógica, establecer una nítida relación entre el futuro Instituto y el ya establecido – con casi cinco años de auspiciosa vida- Consejo.
Otro pendiente en esta área, que no puede esperar más es el “llamado al Congreso para que ratifique la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial”.
No escapó al Mensaje la tercera base de nuestro modelo de desarrollo cultural, la infraestructura, que se complementa con los otros dos ya mencionados en el Mensaje, gestión y audiencias: “Chile requiere de infraestructura cultural de calidad y al alcance de todos. Por ello el programa de centros culturales avanza a paso firme, así como el plan de construcción de bibliotecas públicas en todas las comunas del país, y el plan de mejoramiento de museos. Al final de mi mandato contaremos con una red de espacios modernos, diversos y amigables, a la cabeza de la cual hay que situar el nuevo Centro Cultural Gabriela Mistral”.
Recordando a Manuel Rojas “que aprendió a escribir leyendo días enteros, encerrado durante ocho horas en la Biblioteca Nacional” la mandataria introduce el tema de la formación de hábitos de lectura, haciendo un anuncio que parece reconocer las críticas al anuncio 2007 del Maletín Literario: “Vamos a seguir con la promoción de la lectura, y durante el año 2008 llegaremos con un programa especial de mini-bibliotecas a jardines infantiles, para desarrollar el hábito lector desde los más pequeñitos”. Sin duda, una biblioteca bajo la vigilancia de una parvularia –imagino que debidamente capacitada- y con ejemplares especialmente creados para la edad de los educandos, puede tener mayor efectividad que un maletín familiar que queda librado a múltiples factores dentro de un grupo como el familiar que tiene naturales intereses diferentes tanto por edades como por disposición a la lectura. La formación de hábitos de lectura puede encontrar terreno más fértil en un jardín infantil que en un hogar de bajos recursos y escasa motivación.

El duende de los discutidos maletines no está del todo descartado. Volvió a la carga con un anuncio curioso: “cada vez que entregamos una vivienda social, junto a las anheladas llaves irá también un maletín literario de la mano”. No parece que una familia que recibe su anhelada vivienda vaya a destinar parte del gozo de tal logro para leer. Más bien tiendo a creer que los ejemplares serán desplazados durante un buen tiempo en el que muebles, instalaciones y hasta plantas ocuparán las preocupaciones familiares.
Sin embargo, el balance del sector es ampliamente favorable, como lo resume la propia Bachelet: “Creo que todos estos esfuerzos que van a contribuir al desarrollo de una cultura más de todos, una cultura más ciudadana y esa creación y esos bienes culturales reflejarán la pluralidad de la sociedad, será una construcción más colectiva; y responderán a eso que Gabriela Mistral llamó, pensando qué era aquello que el Chile nuestro tenía y que ella dijo "Chile tiene voluntad de ser".

Un toque femenino y poético para cerrar un capítulo que, como es el cultural en el desarrollo nacional, inevitablemente ocupa espacios crecientes, sea en infraestructuras como en el imaginario colectivo.

13 mayo 2008

MUSEOS: CAMBIO DE PARADIGMA + apostilla de Nivia Palma

Una sorprendente y notable noticia nos entrega la Directora de la DIBAM, Nivia Palma. En efecto, a propósito de la incorporación de Chile al programa Ibermuseos -la noticia aparente- declara en El Mercurio del 13 de mayo, que los museos "han avanzado desde el paradigma de los objetos hacia el paradigma del público: Antes, nuestra preocupación eran las colecciones, que tenemos. Hoy, sin descuidarlas, buscamos que aumenten los visitantes y que el museo les proporcione conocimientos, cultura...entretención", -la noticia real.

Este anuncio, en boca de la responsable gubernamental del Patrimonio chileno, marca un punto de quiebre, similar al que en los 90s tuvieron las artes, sintetizado en la pregunta: "¿Escenario o platea?" (buscar en este mismo blog con fecha 14 de abril 2007). Es decir, comienza la preocupación por las audiencias tambien en el plano patrimonial y por tanto, surge un factor común que facilitará la inevitable asociación de artes y patrimonio: el público.

Si todos trabajamos por la formación de espectadores, será obvio el tipo de organización que debemos darnos para hacerlo. Así lo hicieron los mundos de las artes y la gestión cultural a través del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Con este planteo de Nivia Palma, espero, se avanza decisivamente en la concreción del esperado Instituto del Patrimonio y la definición de la relación pendiente entre la DIBAM y el CNCA.

Una buena noticia para el desarrollo cultural chileno.

Y es sólo martes 13.

COMENTARIO POSTERIOR DE NIVIA:

Querido Arturo: fue un poquita más compleja la oración. Así como quedó, creo es reducida.

Dije además: “es un imperativo cultural y ético relevar los Museos, comprendidos, por cierto, como instituciones que recogen, valoran y difunden la memoria plural y diversa de nuestro país. Espacios culturales que investigan, conservan y difunden parte significativa de nuestro patrimonio natural y cultural, el cual es diverso y plural. Museos que hablan desde la afirmación de nuestros orígenes precolombinos, que no silencian la complejidad, violencia y discriminaciones que hemos vivido en nuestra corta o larga historia; que tienen como centro establecer la dinámica de comunicación que permita un encuentro íntegro de cada persona con los objetos contextualizados, y no el culto a los objetos de la colección. Museos de arte que, junto con conservar y difundir colecciones, son un actor fundamental en el necesario proceso de reflexión artística y de divulgación de propuestas actuales.”

09 mayo 2008

HACIENDO TEATRO (para el Bicentenario)


Se ha puesto en el tapete –ya era hora- el tema de las celebraciones del Bicentenario que se acerca a pasos agigantados, el 2010.
Quisiera introducir al debate algunas distinciones.

En primer término, debemos separar obras (cemento, hierros) de celebraciones (eventos, fiestas). Para el Centenario de 1910, las segundas se redujeron a Santiago y se agruparon en el mes de septiembre, se concentraron en el Teatro Municipal y en la Exposición Histórica del Centenario que daría origen al Museo Histórico Nacional. Las obras también fueron capitalinas: Palacio de Bellas Artes; Estación Mapocho; Biblioteca Nacional (en orden de terminación). Para 2010 se espera que las obras sean nacionales –en todo el país- y muchas de ellas ya están en marcha. La más emblemática en el terreno cultural, es el Centro Nacional de Artes Escénicas y Musicales que estará ubicado en el Edificio Gabriela Mistral, actual Diego Portales, ex UNCTAD. Por ello, llama la atención una reciente editorial de El Mercurio que plantea la necesidad de: “por ejemplo, un gran teatro de la representación, complementario del Municipal, acorde con los requerimientos y tecnologías del mundo moderno”. Para tranquilidad del editorialista, ese proyecto está en marcha.
Es en las celebraciones del 2010 donde deberá poner su énfasis la Comisión Bicentenario, con sus flamantes autoridades. Se conoce de un Congreso de la Lengua en alguna universidad de Valparaíso; de la Exposición Histórica del Bicentenario en el Centro Cultural Estación Mapocho; de una especial programación teatral de FITAM; de la Trienal de Artes Visuales, casi todas concentradas en el primer trimestre del año, que deberán compartir, con alta probabilidad, con la segunda vuelta electoral y con certeza, con el cambio de mando presidencial del 11 de marzo. Habrá que preocuparse también de la fiesta del 18 de septiembre y ¿porqué no? de una especial celebración del Año Nuevo.

Otra distinción es la temporal, las celebraciones tienen que ocurrir necesariamente en la fecha que corresponde, es decir en el año 2010. No obstante, las obras deben quedar instaladas en las cercanías de esa fecha emblemática pero no necesariamente en ella. Eso sería poner la carreta (el corte de cinta) delante de los bueyes (la calidad de la obra). Recordemos que para el Centenario sólo el Palacio de Bellas Artes pudo inaugurarse, dificultosamente, el 18 de septiembre de 1910 pero sin capacidad de usarse para su misión, que era acoger obras de artes plásticas. Una parte relevante del flamante museo se destino a acoger el novísimo Museo Histórico Nacional, que sí tenía piezas museográficas pero no tenía alojamiento. La Estación Mapocho se inauguro varios años después y qué decir de la Biblioteca Nacional que debió esperar casi décadas.

Una tercera distinción, que está presente en la mencionada editorial, se refiere a la capacidad que hoy tiene el sector privado, a diferencia del 1910, de aportar de manera importante a estas celebraciones y obras: “un sector privado próspero como el chileno podría contribuir de manera más decidida a la formación de un patrimonio cultural acorde con el nivel que el país ha alcanzado. En naciones del hemisferio norte eso ocurre con normalidad, muchas veces al amparo de beneficios tributarios”.
Tomemos la palabra al decano. Es una excelente idea el que pudiese generarse un período de excepción de por ejemplo dos años (2009-2010) en el que las donaciones privadas a obras y celebraciones bicentenarias sean beneficiadas por un estímulo tributario del 100% y no del 50% como es la norma. De esta manera, tendríamos un aniversario patrio formidable en el que el Estado pone el esperado Teatro Nacional para 2000 personas en el Edificio Gabriela Mistral y los privados aportan recursos para otras obras y celebraciones.

Ojalá que no sea puro teatro.

21 abril 2008

LOS LIBROS Y LA METRALLETA

En noviembre de 1985, atracó en Valparaíso un barco con una carga peligrosísima. Antes, en alta mar, lo habían abordado marinos armados, quienes registraron las bodegas. Se retiraron satisfechos. La denuncia de los organismos de seguridad era efectiva. El Almirante Hernán Rivera Calderón podía dar la orden que le permitía el entonces vigente Estado de Sitio: INCINERARLA.


No estoy hablando de droga dura, de pornografía, ni siquiera de publicaciones piratas decomisadas por orden judicial como está aconteciendo en Chile 2008 con alguna frecuencia. Estoy hablando de 15 mil ejemplares del libro “Miguel Littin clandestino en Chile” del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, que llegaron con el sello de la colombiana Editorial Oveja Negra. Los libros fueron interceptados por orden del almirante jefe de la zona en estado de sitio e incinerados en el mismo puerto luego de variados trámites burocráticos que dejaron singular huella documental de esta atrocidad.

Este episodio vuelve a mi mente por la increíble información del Washington Post de que durante 2004 y 2005 en la sede Unesco de París se pagó por destruir unos 100.000 ejemplares de distintas obras, las que fueron convertidas en celulosa. Quiero dejar registro 23 años después porque, cuando aconteció lo de García Márquez, sólo fue publicado en una edición de prueba –el número cero- del que sería el diario La Época.

Llegaba de un viaje al exterior y me encontré con reiterados mensajes del agente de aduanas que actuaba ante dicho servicio, debido a mi condición de representante en Chile de la Editorial Oveja Negra: “llámeme por favor, van a quemar sus libros”. Me pareció tan inverosímil que partí a Valparaíso a golpear la puerta principal de la Intendencia, en Plaza Sotomayor. Por señas, me indicaron desde el interior que la entrada estaba por la Plaza de Justicia, detrás de barricadas de sacos areneros y marinos fuertemente armados con trajes en el tono, arena. Me identifiqué y entregué mi carnet de identidad. Pedí hablar con el responsable de esta supuesta amenaza. Varios hombres armados se movieron hacia el interior hasta que uno de ellos me señaló que me recibiría “mi teniente Vega”. Subí al señorial segundo piso, escoltado por una metralleta tan larga como alto su portador. Debo dejar constancia que tan proporcional pareja se mantuvo a mi lado durante todo el relato que sigue. “Tome asiento. ¿En qué lo puedo servir señor Navarro?” me recibió Vega con el uniforme y la caballerosidad habitual de los miembros de la Armada. Le expliqué el motivo de mi visita tan inesperada. Tomó el teléfono, marco un anexo y repitió mi pregunta. Escuchó a su interlocutor, colgó y con la misma cara impávida: “No se preocupe, ya los quemamos”.

Salí, dejando abandonados tanto mi carnet de identidad como mi capacidad de asombro. Caminé hasta La Rotonda, a una cuadra de allí, y ordené un whisky doble. Luego pedí que me llevaran a una oficina de telex para relatar, por esa vía, a Colombia lo sucedido.

Cuando le conté al agente de aduanas sufrí otro impacto: “Acabo de ver los libros. Están en el Sitio (no recuerdo el número). No los han quemado aún”, me dijo. Partió entonces una carrera frenética por impedir el incendio. Como ninguna autoridad chilena se hacía cargo, me dirigí al consulado de Colombia. Un eficiente cónsul llamado Libardo Buitrago (sí, el mismo) hizo de su tarea rastrear los ejemplares. Poco a poco fueron llegándole pistas: que pasaron por la puerta Simón Bolívar con tal fecha; que están depositados transitoriamente en el sitio tanto, hasta la última comunicación fatal: Acta de Incineración, se llama. Allí aparecen los nombres de los funcionarios de Investigaciones que conforme a la orden del Jefe de Zona en Estado de Sitio procedieron, a la hora informada, a encender los fósforos y dar por eliminada esa peligrosísima carga.

Cuando la destrucción de libros vuelve a planear en el horizonte de la mano de otro poco juicioso funcionario, que debe haber deseado limpiar bodegas para recibir otros ejemplares no distribuidos y que probablemente tampoco serán leídos, vale la pena recordar que otros libros sí están llegando a sus lectores, sea por la vía de una decorosa devolución de nuestra centenaria Biblioteca Nacional a su par peruana, la que retruca replicándolos virtualmente para que podamos compartirlos como hermanos que somos; sea por la vía de los muchos títulos que se presentarán y regalarán con motivo del día internacional del libro.

Y para tener presente que nunca más en Chile podemos llegar a considerar al libro una carga peligrosa.

Aunque quienes lo pensaron, entonces, sigan acusando Ministros, ahora.

Aunque algunos, muy pocos, de quienes no lo pensaban entonces, tengan una muy corta memoria. Más corta que la metralleta del día aquel.

15 abril 2008

EL PLAN DEL MINISTRO PÉREZ Y LA GESTIÓN CULTURAL

¿Cuántos dolores de cabeza se habrían evitado en Chiledeportes si los fondos se asignaran como en el Fondart?¿Cuántas quejas por el bajísimo presupuesto de compras de obras de arte de que dispone en Museo de Bellas Artes se evitarían si detrás de él existiese una corporación mixta que allegara fondos privados al empeño? ¿Cuántos riesgos de la aún deteriorada Basílica del Salvador se habrían evitado a los paseantes si su restauración la hubiese emprendido una corporación privada, como en otros templos?


Estas preguntas tienen relación con la propuesta del Ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, en Icare el 8 de abril, El Estado que Chile necesita, que busca mejorar la gestión pública. Algunos de esos avances programados están ya presentes en el mundo de la gestión cultural. Por tanto, puede generarse un diálogo de mutua colaboración entre el mundo de la gestión pública y la no menos pública gestión cultural sin fines de lucro.

El Ministro, al anunciar medidas de mediano plazo sostuvo: “En el campo de las nuevas alianzas público-privadas para abordar temas país, es indispensable contar con una institucionalidad adecuada que pueda cumplir con tan importante objetivo. En este sentido, me inclino por la idea de más y mejores corporaciones público-privadas, de estructura mixta, funcionamiento transparente, metas claras y flexibilidad administrativa para abordar los desafíos que nuestro futuro exige”.

Estas alianzas son pan de cada día en el terreno de la cultura. Están presentes en el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, que es encabezado por un órgano colegiado en el que ocho de once integrantes provienen de la sociedad civil y en cada una de las regiones y los consejos sectoriales. Sus fondos concursables son asignados por estructuras participativas del mismo tenor, una de las cuales, FONDART, acaba de ocupar según estudio de Participa, el primer lugar entre los subsidios públicos más transparentes. Cada vez más corporaciones y fundaciones culturales privadas sin fines de lucro operan con estructuras mixtas, funcionamiento transparente, metas claras y flexibilidad administrativa, lo que les permite actividades de gran alcance cofinanciadas por privados. Este tipo de organizaciones mixtas están detrás del FITAM, Matucana100, Balmaceda 1215, las Orquestas Juveniles, el Teatro Regional del Maule o las Temporadas Beethoven, por mencionar sólo algunas.

Señaló tambien Pérez Yoma que “la puesta en marcha durante este año de la ley de transparencia y acceso a la información pública dejará atrás los vestigios de opacidad permitiendo que la transparencia sea el principio rector de la función pública. Un Estado más transparente es un mejor Estado: más probo, desde luego, pero más eficiente también, porque el control social motiva el esfuerzo por mostrarse a la sociedad de la mejor manera”.
Sin que medie ley alguna, el Centro Cultural Estación Mapocho, administrado por la Corporación Cultural del mismo nombre, publica anualmente, desde 1995, sus “Diez cifras” que resumen, en la misma cantidad de párrafos, los números más relevantes de su gestión (cantidad de público, número de funciones, días de exposiciones, aportes a la cultura, cantidad de dinero administrado por Ley de Donaciones, inversiones en el edificio que la alberga, porcentaje de fidelidad de sus audiencias) y que pueden ser conocidas por la ciudadanía en http://www.estacionmapocho.cl/

Concretando aún más, a Pérez le “parece que ya va siendo hora que impulsemos de manera decidida la tercerización de funciones que puede cumplir en forma mucho más eficiente el sector privado”. El mismo Centro Cultural Estación Mapocho, que recibe a más de 800 mil personas al año, tiene sólo catorce funcionarios de planta y desde sus orígenes, a comienzos de los 90, las funciones de aseo, seguridad, mantención, restoración, y los servicios profesionales como asesorías legales y contables y registro audiovisual, son delegadas en terceros que, en varios casos, son pequeñas empresas que se han desarrollado y crecido al alero de este centro cultural.

Esta tendencia no es ajena a muchos otros espacios culturales que estoy seguro estarán dispuestos a poner a disposición del Ministro la experiencia que han tenido para reforzar la propuesta que se hace a los chilenos de un “Acuerdo nacional para un mejor Estado”.

Una apostilla final, dirigida a los editores de medios de comunicación que buscan a los gestores “non profit” sólo en los sectores sociales y educacionales, como lo indican recientes reportajes: pueden buscar gerentes notables de entidades sin fines de lucro en el mundo cultural.

Y seguro los encontrarán. Así como también el Ministro.

14 abril 2008

GRATUIDAD CULTURAL EN COLOMBIA

Jorge Orlando Melo, un notable pensador colombiano en gestión cultural, ha enviado un comentario al artículo sobre La Misión que nos deja Morricone. Lo transcribo completo, con su autorización, y recomiendo su página web, cuya dirección está al final del texto:

He estado leyendo tus notas, sobre problemas muy similares en Chile y Colombia.
Aquí también hemos discutido mucho el problema de cómo orientar los subsidios a los espectáculos y eventos culturales.
En Colombia no rige la norma de gratuidad, de modo que puede ocurrir que las instituciones públicas de cultura paguen el 50 %-70% de los costos de una exposición de un Museo privado o de un espectáculo teatral.
La entidad privada cobra por la entrada una tarifa igual, y subsidia con el aporte estatal la entrada de todos, tengan o no recursos propios, estén o no dispuestos a pagar. (En algunos casos, como teatros, puede haber boletas de precio diferente, pero es evidente que esta diferenciación corresponde a la percepción del mercado de la calidad de los puestos, no a un criterio de reasignación del subsidio)
La propuesta mía, que tampoco resuelve todos los problemas, es que los subsidios a exposiciones y conciertos se conviertan en boletas reales, que se entreguen a los sistemas educativos o se vendan a ciertas categorías –estudiantes, receptores de subsidios sociales, jubilados, etc..-transfiriéndoles la mayor parte del subsidio. Así, los subsidios se dirigirían fundamentalmente a los niños y jóvenes, y secundariamente a los pobres. La razón de dar el subsidio a jóvenes sería usar los recursos estatales para formar y crear público, que eventualmente se aficione y pague, con base en el supuesto de que el consumo cultural requiere hábito y entrenamiento.

Sobre libros y bibliotecas habría mucho que comentar….

Te mando la dirección de mi página, del formato más tradicional de colección de documentos, donde hay mucha cosa sobre política cultural, bibliotecas, etc.

Jorge Orlando Melo www.jorgeorlandomelo.com

07 abril 2008

El libro en Chile: DIVISIÓN NO ES DIVERSIDAD

Dos crónicas de domingo –en Artes y Letras y Reportajes de La Tercera - ponen el acento en la falta de información para formular políticas del libro y la posible llegada de una cadena de librerías argentina a nuestro país. Amerita reflexionar sobre el tema.


Una estudiante de doctorado francesa que hace su tesis sobre las políticas de fomento del libro y la lectura en Chile me preguntaba, en mi condición de responsable de la tramitación de la Ley del Libro de 1993, las razones de que en nuestro país la aplicación de las políticas al respecto estuvieran separadas en dos instituciones públicas vinculadas al gobierno central: el Consejo Nacional del Libro y la Lectura y la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos. Para ella, con racionalidad gala, es incomprensible. Menos aún, existiendo desde 2003 una autoridad cultural de rango ministerial como el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes que surgió usando como modelo la Ley del Libro. Intenté explicarle que era un problema temporal y que pronto sería resuelto, como esa misma racionalidad lo indica, estableciendo una dependencia de la DIBAM del mencionado Consejo Nacional. No me lo creyó, justamente porque había entrevistado a otras personas del mundo del libro que eran más bien escépticas al dictado de la razón.

Es que en el libro y su mundo nacional parecen primar más bien las pasiones. Y de las pasiones nacen las divisiones. Las que afectan no sólo a los entes públicos que determinan políticas. Veamos.

Los editores. Están perfectamente divididos entre una Cámara tradicional con más de 50 años de vida y una asociación de editores independientes que acusan a la primera de entregarse a las grandes empresas extranjeras. Incluso se permitieron protestar cuando la Presidenta de la República designó como miembro del Directorio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes a un integrante de la primera. Sus discrepancias se lucen públicamente con ocasión de la Feria Internacional del Libro mediante escarapelas que representan una vistosa D (¿de disidentes?), y una verdadera guerrilla de desgaste (D) por cualquier acción que la Cámara emprenda en ese privilegiado escenario. Bien correspondido por su contraparte que tiende más bien a ignorarlos.

Los escritores. Tienen históricas desavenencias entre la SECH y la mayoría de los autores nacionales que no se afilian a su asociación gremial y no le asignan la más mínima significación. Los gremialistas hacen poco por acercarse a sus pares dando periódicamente espectáculos públicos en los que se enrostran opacidad en los gastos y exhiben escandalosas boletas por compras de mercaderías al por menor. Baste recordar cualquier entrega de Premio Nacional de Literatura para comprobar que no se trata del gremio más solidario entre sus pares.

Las bibliotecas. Habiendo una sólida organización dependiente de la Sub Dirección de Bibliotecas Públicas de la DIBAM, que ha llevado Internet a localidades apartadas y toda su red, existe una no menos sólida red de Bibliotecas Vivas afiliadas a la Fundación La Fuente, cuya directora no desaprovecha ocasión para disparar contra las bibliotecas públicas, desde la cómoda posición del éxito de sus emprendimientos en varios de los más visitados centros comerciales del país. Una división de dos proyectos exitosos, más propia de una competencia entre cadenas de farmacias que entre entidades que supuestamente tienen una misión común, que es el fomento de la lectura.

El IVA. En algún momento, a comienzos de los 90’s, fue la principal bandera de lucha del mundo editorial. Su intento de remoción es uno de los fracasos más grandes de este mundo junto, tal vez, con la lucha contra la piratería. Tanto que ahora ya es casi un lugar común –ratificado en los reportajes mencionados- que el alto precio de los libros tiene mucho más que ver con los editores españoles, los importadores y libreros locales que juegan a los precios grandes para defenderse de un mercado pequeño, que el aludido impuesto. Mientras tanto, los editores locales demuestran, cifras en mano, que los precios de la producción chilena no superan, en promedio, los siete mil pesos de precio de venta de los libros nacionales.

La piratería. Aunque las campañas de creación de conciencia de que constituye un delito son cada vez más frecuentes (¿porqué no aliarse con las potentes imágenes anti-piratería de la industria del cine?), la opinión pública sigue pensando mayoritariamente que ante los altos precios de los libros, es sólo un pecado venial apoyar esta infracción por vía de la compra. La Cámara del Libro sigue acompañando y aplaudiendo a los policías que decomisan las especies que generan una nueva discrepancia: los libros incautados ¿deben destruirse o entregarse a las bibliotecas? Es evidente que el fruto de un delito no debe ser entregado a nuestros niños ni aún si fueran ediciones de cuidada calidad, condición que distan mucho de lograr los libros piratas, cuyos títulos suelen dar la razón a quienes acusan a las grandes editoriales de tener precios elevados. Son inexistentes los piratas que desearían reproducir un libro que cueste en el mercado menos de siete mil pesos.

Lo que nos lleva a observar el tipo de marketing que invade al mercado editorial. En los últimos años parece haberse inclinado la balanza por una ecuación muy simple: pocos títulos/grandes tiradas. Prefiero –dice el gran editor trasnacional- gastar dinero en promover un solo autor y editar muchas copias de él, con un marketing que hace creer que estamos en presencia de un éxito. Las librerías se cubren entonces de afiches, pendones, pancartas con el rostro de un autor que muchas veces no comprende –racionalidad francesa, tal vez- cómo la crítica y los lectores no comparten el entusiasmo por su obra que asegura la publicidad. ¿Merecen estímulos de la legislación sobre el libro y la lectura quienes los han convertido en un producto que se vende igual que un celular? Mejor dicho, ¿no merecerán más estímulos quienes apuestan a la ecuación muchos títulos/bajas tiradas? Porque finalmente la lectura es diversidad y buscar la creación hábitos. Por el camino de la uniformidad pareciera que no se cumplen las políticas públicas al respecto. ¿Qué habito de lectura se crea comprando libros impelidos por marketing sin contenido? ¿Se leerá cuando ese estímulo desaparezca? O aún peor: ¿cuando se oriente hacia otro tipo de productos?

Esta realidad es un desafío a las pequeñas editoriales que apuestan a la diversidad de títulos el que no es diferente al que tienen todas las industrias culturales y la gestión cultural: desarrollar audiencias fieles. En términos de libro, lo llamaría el “combate cuerpo a cuerpo” para diferenciarlo de los “bombardeos masivos” del marketing.

Recuerdo una máxima que dice que no existe persona que no tenga al menos un 5% de buena. Pues bien, no existe libro que no tenga al menos un mínimo porcentaje de lectores potenciales. La tarea es descubrirlos y llegar a ellos. Y esto se hace llevando los ejemplares hasta donde está el público potencial. Es decir, oferta directa y personalizada.

Otra máxima que merece ser respetada en este contexto es la unidad de quienes tienen una misión común. No es edificante el debate que hemos presenciado, por ejemplo, sobre el Maletín literario en el que autoridades que debieran tener algo que decir al respecto (Consejo del Libro) no tengan pito que tocar, o lo ocurrido con el legado de Gabriela Mistral que es disputado, medalla a medalla y poema a poema, por altas autoridades públicas, en público.

Las divisiones no son diversidad. Mientras esta última es recomendable y necesaria, las primeras sólo contribuyen a crear confusión, desconfianza e ineficiencia en las políticas públicas y… desconcierto en la estudiante francesa.

Casi tan grande como el que le provoca el Presidente Sarkozy.

Cosas de los libros.