17 julio 2007

ELEMENTOS DEL MODELO FRANCES ÚTILES PARA CHILE


“La fortaleza del Estado Francés está en que artistas y organizaciones artísticas están liberadas de la dependencia del éxito popular a través de las boleterías. Su debilidad es que este financiamiento asegurado a largo plazo puede derivar en un estancamiento creativo”.[1]



Que los Estados sustenten las artes es una tradición que está en la base de la cultura occidental. Muchos de los grandes trabajos del arte renacentista fueron comisionados por príncipes y Papas. En Europa hubo una gran tradición de apoyo público a las artes que hizo posible el trabajo de Rafael, Wagner, Haydn y Moliere, por nombrar sólo a cuatro.

Esta tradición tiende a apoyar las artes como parte de los objetivos generales de bienestar social. Primero fue aplicada por la Iglesia, en nombre de Dios; luego en nombre del Monarca y/o la aristocracia, y en los últimos siglos en nombre del ciudadano, así llegó a nuestro país hace casi 200 años.

Entre 1973 y 1989, durante la dictadura, el Estado se auto excluyó de sus responsabilidades en el desarrollo artístico. Paralelamente, conocimos experiencias internacionales de estados manipuladores de la cultura en beneficio de su ideología. En este contexto, advertimos que era necesario diseñar una institucionalidad cultural moderna y participativa, que superara ambos riesgos. Así nació un modelo inspirado en los Consejos de las Artes, surgidos hace más de 60 años, que actualmente existen en la mayoría de los países de Asia, África, Oceanía, en Canadá y el Reino Unido. En nuestro país se ve complementado con estímulos tributarios -aún débiles- como los existentes en los Estados Unidos.

Un modelo como el francés parece estar más en nuestro pasado que en el futuro. No obstante aún estamos cumpliendo, desde el Estado, algunas tareas pendientes como completar la dotación de centros culturales y bibliotecas públicas en todas las ciudades del país, lo que se hace con planes de gestión y sustentabilidad muy exigentes que permitirán a tales espacios permanecer en el tiempo aún en casos de una eventual nueva “desaparición” o “intentos manipuladores” del Estado.

En el siglo XXI, el desafío es un desarrollo cultural –no sólo artístico- basado principalmente en la feliz combinación del talento de nuestros creadores, los intereses de nuestras audiencias y la capacidad de nuestros gestores.


[1]Navarro, Arturo. “Cultura: ¿Quién paga? Gestión, Infraestructura y audiencias en el modelo chileno de desarrollo cultural”. RIL editores, 2006

13 junio 2007

EN TORNO A LA LEY DEL LIBRO

Mucha tinta ha corrido luego de las últimas asignaciones de proyectos de creación del Consejo Nacional del Libro y la Lectura. Cantidades inversas al nivel de satisfacción de los escritores: muchos que están satisfechos, pero que no escriben más que en los proyectos que comprometieron en el concurso; pocos que están disconformes y que escriben no precisamente sobre los proyectos que juraban acometer.


Ambos están en su derecho. Ejerciendo tal derecho han salido muchas palabras, airadas algunas, prudentes y propositivas otras. De ambos tipos de palabras se desprende que algo anda mal, o que, al menos, es mejorable.

Veamos qué.

Primero, recordemos que la Promulgación de la Ley 19.227 que crea el Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura es de 1° de julio de 1993. Es decir tiene 14 años de vigencia y fue la primera de las legislaciones que instalaron en Chile, para quedarse, los Consejos de las diferentes áreas de la cultura: existen hoy, además, el del Audiovisual (noviembre 2004), de la Música (enero 2004) y el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (julio 2003).

Recordemos también que son entidades de FOMENTO, es decir, que dan estímulo, protección, organización, mantención… a las artes con que se relacionan. No cumplir con su misión implica abandono de las mismas. De muchas cosas podrán quejarse algunos pero no precisamente de ésto. Incluso los más recalcitrantes aspiran a ser cobijados por “su” Consejo.

Entonces el problema no está en la esencia de estas legislaciones, sino en la manera en que algunas de sus partes se están aplicando.

Recordemos además que los Consejos son organismos independientes o autónomos que asignan recursos públicos velando por la no ingerencia del gobierno en dicha asignación. Y lo logran. Lo que no han logrado, en el caso del Consejo del Libro, es mantener esa distancia de organismos corporativos del sector del libro. Hay quejas, que parecen fundadas, respecto de que organizaciones que tienen “representantes” en el Consejo del Libro, reciben fondos del Consejo del Libro. Y ello no está bien.

Por tanto, el problema está en la Ley que conforma el Consejo y que lo constituye con ciertos representantes de organismos que legítimamente pueden y deben elaborar proyectos para el fomento del libro y la lectura. Es decir, representantes de gremios de escritores y de editores, por ejemplo, participan en la resolución de proyectos de fomento de escritores y editores.

Si miramos los Consejos posteriores, como el Directorio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, éste está constituido no por representantes de gremio o sectores, sino por personalidades “representativas” de mundos amplios como la creación, el patrimonio o la gestión cultural.

Además, personalidades elegidas por mecanismos complejos y heterogéneos que permiten una gran diversidad en la constitución final del Directorio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Si aplicamos esta modalidad el Consejo de Fomento del Libro y la Lectura podría pensarse en una constitución que consigne a las autoridades públicas pertinentes (de las Bibliotecas Públicas; de la Biblioteca del Congreso; de la Biblioteca Nacional) junto con personalidades representativas de la sociedad civil: de las bibliotecas universitarias, elegidos por el Consejo de Rectores y las Universidades privadas; de los Premios Nacionales, elegidos por el colectivo de sus pares; de los lectores, elegidos de entre los usuarios de bibliotecas públicas, bibliometro, bibliobuses, etc; de los profesores de lectura y lenguaje, elegidos por sus pares; de los editores de libros, elegidos por libreros; de los distribuidores y libreros, elegidos por los compradores de librerías; de los estudiantes universitarios, elegidos por votación vía internet de todos los universitarios…

En fin, combinaciones hay muchas, el principio es uno: que integren este Consejo, es decir, que resuelvan dónde van los recursos públicos, aquellos que se benefician directamente de los bienes que acarrea la lectura y el libro: los lectores generales, los estudiantes, los académicos, junto a quienes son responsables de poner estos bienes a su alcance: los bibliotecarios públicos y universitarios; los editores y libreros; sin dejar de considerar a quienes crean estos bienes: los escritores reconocidos (premios nacionales; premios literarios varios, y los propios premiados anteriores de este Consejo).

Lo dicho implica una modificación legal. A ello apunta este primer aporte.

11 junio 2007

INCENTIVOS TRIBUTARIOS PARA LA CULTURA

Como estudioso de las políticas culturales, me parece interesante que las páginas editoriales de El Mercurio se refieran tres veces en una semana a la manera cómo se debe financiar la cultura en el país, reiterando la sugerencia de que “se opte por una forma de distribución de recursos en lo cultural, que entregue la decisión a los ciudadanos mediante incentivo tributarios”.

Veamos porqué se origina la situación planteada.

En la historia de nuestras políticas culturales, nunca se había entregado decisión alguna a este respecto a los ciudadanos, hasta que se dictó la Ley de Donaciones Culturales, en 1990. La concepción nacional, caracterizada por aportes exclusivamente públicos a la cultura une a Presidentes tan disímiles como Ibáñez del Campo, que creó la DIBAM; Jorge Alessandri, que entregó la TV a universidades que gozaban de financiamiento público; Frei Montalva, que fomentó ambiciosos planes de alfabetización a través de la Promoción Popular, y Allende, que creó la empresa Editora Nacional Quimantú. Gobiernos de todos los signos políticos basaban su accionar en este terreno en dos premisas: una, que el desarrollo en este campo era tarea del Estado -como la salud, la vivienda o la educación-, y dos, que se trataba de fomentar principalmente el desarrollo de las artes, no de la cultura como un todo: del “escenario” y no de la “platea”.

A contar de 1990, ambas premisas fueron reemplazadas por dos concepciones, más modernas, una, de que la cultura es “tarea de todos” y dos, que en su desarrollo debemos preocuparnos no sólo de lo que ocurre con los creadores sino también del público, de sus audiencias: “del escenario y de la platea”.

Ambas novedades, dado que agregan nuevos actores al proceso cultural, debieran apuntar también a que estos nuevos actores participen del financiamiento de la cultura. Pero en la práctica no ha ocurrido así, al menos en las dimensiones que se esperaba. Ello se debe a que en Chile carecemos de un requisito elemental que poseen los países que fomentan el desarrollo cultural a través de incentivos tributarios a las personas: el espíritu filantrópico.

Es verdad que a comienzos del siglo XX tuvimos personalidades excepcionales como Federico Santa María que dejó como testamento la necesidad de educar a “los proletarios” en la escuela básica, las artes y oficios y la ingeniería, aspiración que se cumple hasta hoy en un campus articulado alrededor de un teatro o Aula Magna que sostiene temporadas musicales y artísticas de gran nivel. Tal es la relevancia de dicho testamento que adorna el ingreso a la universidad que lleva su nombre.

La pregunta es qué ocurre hoy con los émulos de Santa María, que no han seguido su filantrópico ejemplo. La respuesta nos lleva a que un buen número de ciudadanos, en lugar de aportar a la cultura, optan por financiar obras de caridad, movimientos de iglesias y ocasionalmente, campañas comunicacionalmente poderosas como la Teletón.

Si comparamos aquellos recursos con los montos destinados por los ciudadanos a la cultura –aún con la existencia de la manifiestamente mejorable Ley de Donaciones Culturales- podemos ver que éstos no llegan siquiera a financiar en su totalidad empeños tan loables como el Teatro Municipal, la Temporada Beethoven, los elencos de la Universidad de Chile, las orquestas juveniles o el Festival Teatro a Mil, sin mencionar museos ni edificios patrimoniales. Para qué decir de los centros culturales como Matucana 100, Balmaceda 1215, Centro Cultural Palacio de La Moneda o el Teatro Regional del Maule. Detrás de todos ellos hay aportes públicos, de no ser así, no subsistirían. Escapa a esta regla el Centro Cultural Estación Mapocho que logra eludir la necesidad de recursos públicos para financiar la conservación de un monumento nacional y crear audiencias culturales, a través del arriendo de espacios para ferias comerciales. Tampoco lo hace por la vía de donaciones filantrópicas.

Entonces, lo que debemos hacer como país, para cumplir con los deseos del tri-editorialista, es estimular la filantropía.

En los países que parecen inspirar su objetivo, morir con fortuna, sin legar sus bienes a una universidad, un museo, un teatro o una buena causa, es mal visto. Ello por que se trata de sociedades diversas, plurales, en las que los más diversos grupos hacen esfuerzos para que sus ideas, sus principios, su identidad pueda destacarse, conocerse y convivir con la de otros a través de las más diversas manifestaciones culturales.

En un país como el nuestro, con errada autoconciencia de homogeneidad, en que recién estamos tomando conocimiento de nuestra condición multicultural y de la existencia de minorías indígenas y de inmigrantes que llegan con su propia cultura, todavía prima en algunos sectores la experiencia europea, reflejada en el rol jugado por los monarcas absolutos desde el siglo XVII hasta finales del siglo XIX y el rol de la iglesia medieval según el cuál, el deber del desarrollo de la cultura está en manos de reyes, nobles, o pontífices. Esa tradición nos la trajo el conquistador español y la reforzó la fascinación ante el presidencialismo francés. Creímos, equivocadamente, que un Estado pobre y pequeño, con una población con enormes urgencias, podía hacerse cargo del desarrollo cultural.

La realidad nos demuestra que no es así. Afortunadamente, cuando se derrumbaban los modelos estatistas de desarrollo cultural en el mundo, el país logró establecer en 2003, un Consejo Nacional de la Cultura y las Artes como el que prima en Gran Bretaña y otros países de la Comunidad Británica, basado fuertemente en el principio de la “distancia de brazos”, en el que el gobierno determina el monto de los fondos que proveerá y un consejo autónomo determina a quienes son otorgados.

Esa opción, ratificada por ley, y con vocación de Política Cultural de Estado no es contradictoria ni incompatible con el estimulo de incentivos tributarios a privados.

Para aplicarla, se debe crear condiciones para que estos incentivos favorezcan a todo tipo de manifestaciones desde los grandes centros culturales, museos, bibliotecas y teatros hasta manifestaciones culturales por minoritarias que sean, a las culturas indígenas, a las artes que surgen de las vanguardias… y sobre todo, se requiere de una gran campaña de promoción de la filantropía, que premie a los Federico Santa María del presente, que asegure que tantas iniciativas probadas y meritorias como por ejemplo la Fundación de Orquestas Juveniles o el plan de bibliotecas públicas creado por la DIBAM gracias a un filántropo extranjero, van a tener una larga y fructífera vida gracias a filántropos chilenos que se han hecho parte de la Política Cultural que el Estado de Chile se ha fijado de manera participativa, descentralizada y a través de un organismo plural que trasciende gobiernos y divergencias ideológicas.

La decisión de los ciudadanos en cultura mediante incentivos tributarios debe enmarcarse en la Política Cultural del Estado de Chile y, sobre todo, estar basada en una incontenible marejada filantrópica de los mismos que, desafortunadamente, aún no pasa de pequeños oleajes.

08 junio 2007

CULTURA Y FISCALIZACIÓN

Equivocarse una vez puede ser explicable. Dos veces en una semana es más difícil de comprender. Es lo que ocurre con un nuevo comentario en página editorial de El Mercurio, esta vez el viernes 8 de junio, referido nuevamente a las políticas culturales.

Las erratas:

1. Dice, refiriéndose al gobierno Lagos: “se optó por una política de fomento estatal, llevada a cabo por un organismo centralizado –el Consejo Nacional de la Cultura- con una estructura nacional y regional…”

En dicho gobierno se optó por una política cultural participativa en la que el Estado dispone fondos, pero éstos son asignados por organismos integrados mayoritariamente por personas representativas de la sociedad civil a través del Fondart, tres fondos sectoriales, el fondo concursable de escuelas artísticas y otros. Además, la misma Ley 19.891 que lo crea define al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes como un organismo “autónomo, descentralizado, territorialmente desconcentrado”.

2. Dice, complementando su afirmación sobre fomento estatal, como si no se considerara “la otra opción… (que) es trasladar las decisiones en esta materia a las personas, tanto naturales como jurídicas, por medio de incentivos tributarios eficaces”.

Es lo que la institucionalidad del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes hace, trasladando las decisiones de los fondos concursables, la administración de espacios culturales de propiedad pública, el comité de Donaciones Culturales y otros aspectos, a entidades naturales y jurídicas privadas. Ocurre que los estímulos tributarios no son la ÚNICA forma de traspasar decisiones en este ámbito a las personas. Tambien se logra traspasando a los privados la administración de espacios, la capacidad de gestión, la asignación de fondos públicos, y tantos otros mecanismos que consideran a las personas, naturales o jurídicas, más que simples contribuyentes estimulables sólo por pagar menos impuestos.

3. Dice sobre el mensaje presidencial del 21 de mayo pasado que “insiste en el carácter benefactor, asistencialista y recreacional de la acción del estado en este ámbito”.

No distingue el redactor entre políticas de Estado, determinadas por el Directorio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en un documento llamado “Chile quiere más cultura. Definiciones de Política Cultural 2005-2010” que trascienden las políticas de un gobierno y anuncios de medidas que un gobierno específico puede legítimamente hacer para el plazo de su mandato. Por tanto, constituyen esferas diferentes. Es sabido que el tipo de medidas a que alude el articulista no forman parte del espíritu ni del fondo de la Política Cultural del Estado de Chile.

Fin de las erratas.

Una afirmación final: “Es hora de que la política cultural que puso a andar el Presidente Lagos sea sometida a un escrutinio público y técnico más acucioso”.

¡Enhorabuena!
Ya era tiempo que se decidiera destinar espacios a evaluar una política cultural, a mi juicio exitosa, que ha motivado decenas de publicaciones al respecto a nivel nacional e internacional que no han sido recogidas ni asumidas en esas páginas y que además es permanentemente evaluada por quienes, por ley, la fijan y deben velar por ellas: los miembros del directorio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en el que se encuentran, más allá de tres altos representantes del gobierno, ocho personalidades de la sociedad civil representativas del quehacer artístico, patrimonial y de la gestión cultural: dos representantes de las universidades, un miembro nombrado por el colectivo de los premios nacionales, y cinco nombrados a propuesta de las organizaciones culturales que no pueden ser removidos por la autoridad, dos de ellos, con acuerdo del Senado.

Ésto, en la literatura sobre políticas culturales se llama un Consejo de las Artes, basado en el principio de origen británico de la “distancia de brazos” o arms lenght que tiene varios significados, entre ellos: «evitar influencia gubernamental indebida sobre las artes». Es la política que aplican, en el Reino Unido, los Arts Councils en relación a los fondos que otorgan y que existe en la mayoría de los países del mundo con tradición en el desarrollo de la excelencia cultural.

En el modelo chileno vigente, se agregan a este modelo, estímulos tributarios como los que el redactor señala como camino casi único aunque, en verdad, no tan generalizado como cree. Sin duda la opción tomada por nuestro país lo supera y complementa. Es decir, hemos recogido lo mejor de ambos modelos.

Aún así, nada impide, sino al contrario, un serio debate público al respecto.

03 junio 2007

¿POLÍTICA CULTURAL CONTROVERTIBLE?

Hasta ahora había conocido varios adjetivos para calificar la política cultural vigente en Chile. Un comentario editorial de El Mercurio del 3 de junio agrega uno nuevo: “controvertible”. Es decir, impugnable, debatible, discutible, problemática o polémica. En palabras de la RAE, que se puede “discutir extensa y detenidamente sobre una materia defendiendo opiniones contrapuestas”.

Efectivamente, unos pocos puntos que toca la editorial se pueden discutir detenidamente, pero hay otros que no valdría la pena hacerlo por la sencilla razón de que están basados en mala información o porque han generado suficiente consenso en el país.

En el primero de los casos, están las afirmaciones del Mensaje Presidencial del 21 de Mayo referidas a los contenidos de los centros culturales y bibliotecas que se anuncia serán habilitados en los próximos años. En los primeros, efectivamente está planificada de elaboración, en conjunto con sus futuros beneficiarios, de los planes de gestión respectivos y que por cierto serán diversos conforme a la localidad donde se sitúen.

Sobre las bibliotecas, no creo que sea discutible la necesidad de crearlas en los escasos lugares donde aún no existen aunque sí es posible analizar los contenidos en términos de ejemplares de que serán dotados. Hasta ahora, en el resto de las ciudades donde existen bibliotecas públicas, tal misión la ha cumplido la DIBAM con razonables apoyos del Consejo Nacional del Libro y la Lectura y tecnologías computacionales y de Internet aportadas por el convenio con la Fundación Bill&Melinda Gates. Todo ello favorablemente acogido por las comunidades a las que sirven.

Donde podría existir controversia es en el sentido y los contenidos de las bibliotecas de familia, que, en rigor, fueron formuladas por la Presidenta como parte de la política educacional y no la cultural, será en ese Ministerio entonces donde residirá la eventual polémica. Así mismo es controversial lo que el articulista califica como “énfasis desproporcionado en el carácter festivo o recreacional de la política cultural”. En ninguna parte de la política cultural formulada con horizonte 2010 aparecen actividades festivas o recreacionales, tampoco pudiese deducirse de alguna de sus 52 medidas que el Estado tiene funciones de organizador de festivales o productor de eventos. Cualquier sesgo en esa línea parece discutible y desde luego su existencia corresponde más a planes del gobierno aplicados por el servicio público llamado Consejo de la Cultura, sin comprometer las políticas de Estado que lo trascienden.

La respuesta a estas prácticas la recoge el mismo documento: “La creación y ampliación de audiencias demanda el financiamiento de espacios adecuados y programas reales de educación públicos sostenibles en el tiempo”. Esta manera de hacer las cosas es coherente con la Política Cultural del Estado de Chile que comentamos y no debiera entonces prestarse a polémica.

Lo mismo ocurre cuando el artículo se refiere a la necesidad de agregar al adjetivo “inclusiva” que usa la Presidenta para calificar la Política Cultural de Estado que tenemos y le pide se agreguen “componentes como el rigor, el profesionalismo y el cumplimiento de estándares de calidad”. Tales componentes forman parte de ella, a través de organismos colegiados y participativos, además de los consejos especializados y los respectivos comités consultivos existentes en todas las regiones. Si a ello agregamos que, por ejemplo, para asignar los fondos concursables, estos organismos recurren a jurados idóneos y comités de especialistas, la preocupación del articulista no parece controversial.

Donde se muestra falta de información es cuando se solicita que es “indispensable ampliar el programa de becas para el desarrollo de los artistas y su vinculación efectiva con el mundo real”. Recientes resultados de la línea Becas y Pasantías del concurso 2007 de Fondart demuestran que la demanda por ellas está casi completamente satisfecha tanto en establecimientos del hemisferio norte como del nuestro, de modo que tampoco es controversial este tema pues el fondo público concursable creado para este efecto funciona con criterios de transparencia, asignación por pares y conforme a las necesidades tanto del mundo de los creadores como de los gestores culturales.

Hacia el final, el texto reafirma algo que sabemos desde hace tiempo y que por tanto no es posible encontrarle puntos contradictorios con la situación que vivimos en Chile: “La institucionalidad cultural centralizada, dirigida y financiada directamente por el Estado-mecenas, es una formula que hace agua y se bate en dificultosa retirada en Europa”. Lo sabemos desde antes de crearse el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y su constitución asume plenamente esta situación mundial evidente. No hay controversia, sino redundancia.

Redundancia que se confirma con la frase de cierre: “Las tendencias más modernas, eficaces y democráticas se orientan hoy al financiamiento privado, fomentado por el Estado mediante políticas que incentiven la contribución de todos los niveles de ingreso.”

Así vistas las cosas, del mismo texto desprendemos un contenido que dista mucho de plantear conflictos sino más bien un respaldo a las políticas culturales vigentes y a los encargados de formularlas, un organismo plural, colegiado y a juzgar por el comentarista, acertado en sus obras. Pareciera que lo controvertible pasa poco más allá del titular.

21 mayo 2007

EL MENSAJE PRESIDENCIAL Y LA CULTURA



El siguiente, es el Texto del Mensaje de la Presidenta Bachelet del 21 de mayo 2007 en lo que se refiere a la cultura, con algunas anotaciones al pié y antes, un par de reflexiones. En otras partes de su discurso - Educación y Derechos Humanos- se incorporaron dos anuncios que se relacionan estrechamente con el mundo de la cultura. Se trata del Museo de la Memoria y las Bibliotecas Familiares. Algunas reflexiones a ese respecto.


Es muy complejo hablar de Museo de la Memoria, de alguna manera, todos los museos son memoria. Ahora si se trata de derechos humanos, es muy difícil establecer los límites sea temporales o geográficos de su defensa o violación. Normalmente este problema se resuelve creando museos vinculados a un acontecimiento específico (HOLOCAUSTO), a un lugar determinado dónde ocurrieron las violaciones (MUSEOS DE SITIO). Auguro un duro debate sobre este proyecto presidencial y propongo que una mejor manera de satisfacer sus objetivos de educar y preservar que nunca más de violen en Chile los Derechos Humanos sea a través de fortalecer y realizar el proyecto de Museo de Sitio en el lugar que ocupara Villa Grimaldi que ya ha tenido apoyos públicos tanto en la creación del Parque por la Paz como en el proyecto de velaria para construir un teatro, aprobado por FONDART. Tal vez este sea un caso en que lo mejor sea enemigo de lo bueno. Nadie puede dudar de que la Villa Grimaldi es un símbolo muy poderoso y que cumpliría muy bien el noble objetivo perseguido que un lugar complejo de definir en sus contenidos y ubicado en un sitio abandonado por un frustrado proyecto de transportes en Matucana. Adicionalmente, existe organización ciudadana en torno a la Villa, que se ha constituido en Corporación que ha demostrado su capacidad de gestión e incluso organizado un Seminario internacional al respecto.

En el caso de las Bibliotecas Familiares, me parece una excelente idea que tiene muchísimos antecedentes en las Bibliotecas de Aula, el exitoso proyecto Biblioteca Santiago de Constanza Mekis comenzado en 1992 y la experiencia riquísima de DIBAM con los bibliometro, bibliolanchas, el casero del libro y tantos otros. Lamentablemente la sola idea ha sido ridiculizada en la prensa por algunos desinformados escritores que ven poco más allá de sus propias obras. Sugiero una gran campaña para explicar la iniciativa y quizás un gran concurso público para determinar los títulos que se distribuirán. La participación de la gente señalando los textos que a ellos motivaron a leer servirá para cooptar excelentes estimuladores de lectura en sus propios hijos. Deduzco, además que no todas las bibliotecas serán idénticas, de modo de que se estimule el intercambio de libros entre los noveles lectores y se cumpla la recomendación boca a boca de lecturas, que ha demostrado ser la más eficiente manera de promover el arte: "yo lo leí y me gustó".

Ahora, el texto de la Presidenta:

"Un Chile inclusivo es aquel donde la cultura juega un rol primordial. La cultura es aquello que define nuestra identidad. Una identidad plural, diversa, llena de vida y en continua transformación. Ella es la que nos permite afrontar los desafíos del mundo global sin dejar de ser, por otro lado, lo que somos más íntimamente: hombres y mujeres de la tierra de Huidobro y Neruda, de Violeta Parra y Víctor Jara, de Patricio Bunster y Jorge Díaz[b1] .

"Hemos llevado adelante una Política Cultural de Estado, con énfasis en el acceso y la participación, la creación de audiencias y la descentralización.[b2]

"Dije que llevaría la cultura a todas las regiones de Chile y lo hemos hecho. Seis de cada diez pesos de los fondos para creadores van para regiones[b3] . El programa Chile Más Cultura llegó a más de 120 mil personas en quince fiestas ciudadanas que acercaron a nuestros hombres y mujeres, niños y jóvenes, cultores locales y regionales de la literatura, la danza, el teatro, la música.

"El año 2010, cada comuna de Chile contará con una biblioteca pública de calidad.[b4]

"Y tenemos una propuesta de Nueva Institucionalidad Patrimonial [b5] que nos permitirá dar nuevo impulso a la preservación, puesta en valor y difusión de nuestro patrimonio material e inmaterial.

"Y espero, también, que el Congreso nos ayude a sacar adelante la Ley de Propiedad Intelectual.[b6]

"Hace pocos días recibimos una buena noticia: gracias al esfuerzo país, el legado de Gabriela Mistral, que hoy permanece en Estados Unidos, podrá finalmente ser conocido, estudiado y disfrutado en Chile, por todos nuestros ciudadanos. También vamos a desarrollar en la Región de Coquimbo una ruta de Gabriela Mistral, en un recorrido patrimonial y turístico de nivel internacional.[b7]

"Una mejor democracia supone el reconocimiento de los pueblos indígenas. Chile se reconoce hoy como una sociedad diversa, heterogénea, multicultural. En un diálogo ampliamente participativo, este año identificamos las bases de una política indígena realista y moderna, que incorporara nuevos temas y que se hace cargo de las materias pendientes.[b8] Incorporamos la visión del indígena urbano. Perseveramos en restituir tierras y aguas. Fomentamos el desarrollo con identidad. Protegemos la lengua y la cultura. Apoyamos a los jóvenes y a las mujeres. Promovemos la participación política y social.

"Pero si aspiramos a abrir nuevos horizontes, junto con esto que tiene una serie de medidas concretas, debemos obtener logros muy concretos a la vez: Por eso, mi gobierno se la jugará por la aprobación del Convenio 169 de la OIT y de una reforma constitucional que reconoce el carácter multicultural de la nación chilena a los pueblos originarios y el ejercicio de sus derechos; y que reafirma la obligación de proteger las tierras y las aguas indígenas".[b9]

[b1]Cultura = identidad. Un concepto bastante usado, que no está mal recordar.

[b2]Reafirmación de la Política Cultural de Estado, y apoyo y reconocimiento a la existencia y labor del Consejo Nacional de las Cultura y las Artes en áreas que le son propias y en algunos casos, muy originales como es el caso de las audiencias.

[b3]Aún faltan acciones más sólidas en regiones, por ejemplo en infraestructura. No se mencionó el tema de los centros culturales en ciudades de más de 50 mil habitantes.

[b4]Reiteración. Debe asociarse al plan de bibliotecas de familia… que aparece en la parte Educación del Mensaje. Es una oportunidad para combinar esfuerzos de Cultura y Educación.

[b5]Un de los grandes aportes de este año de gobierno. Falta indicar plazos de aplicación de la política y etapas para su aprobación.

[b6]Un “aviso” presidencial.

[b7]Una muy buena noticia y una justa alegría. Buen trabajo del gobierno y sus autoridades. Merecido reconocimiento a la Ministra y la Directora de la DIBAM.

[b8]Este es el tema central del futuro. Se debe asumir como tal en todas las instancias del CNCA.

[b9]Son palabras mayores. Hay que elaborar un plan de apoyo y difusión a esta Reforma Constitucional.

15 mayo 2007

¿SE DEBE PAGAR POR LA CULTURA?

Tres episodios recientes llevan a reflexionar sobre la relación costo y precio en actividades con audiencias masivas, sean éstas culturales o no. El anuncio de cantautor Silvio Rodríguez de que hará un recital gratuito, en Talca, para reparar a quienes no pudieron asistir a otro recital que suspendiera porque consideró “muy caras” las entradas. Los desordenes producidos por el exceso de público en un partido de Colo Colo cuya entrada había bajado bruscamente a sólo mil pesos, bastante menos de lo que habitualmente los aficionados están acostumbrados y dispuestos a pagar. Y la actitud generalizada –estimada en un 40%- de usuarios del sistema Transantiago que resuelven no pagar por el servicio recibido arguyendo que éste es malo, por ende, no se paga.


Las tres situaciones hablan de una mentalidad extrema, es decir, que las opciones frente a un servicio o espectáculo determinado son sólo pagar todo o pagar nada (o un precio irrisorio como en el caso de Colo Colo).

En los tres casos, se hace caso omiso del principal responsable del eventual pago: el público.

Rodríguez desconoce que hay (habemos) personas dispuestas a pagar y bastante por asistir a un recital suyo en una sala tan adecuada como es el Teatro Regional de Talca, desconoce que incluso, estas personas están disponibles para subsidiar por la vía de esa entrada cara a otras personas que, estando interesadas no pueden pagar un precio elevado. Es decir, está exponiendo al público, a la sala y a sus responsables a una situación semejante a del estadio de Colo Colo.

Los responsables de fijar los importes de las entradas de dicho estadio desconocieron que con ese precio, con su equipo en una expectante situación deportiva, en un fin de semana apto para panoramas familiares (celebración del Día de la Madre), jugando frente a un rival tradicional y popular, los aficionados iban a desbordar la capacidad posible. Y pagaron caro el error, desafortunadamente no sólo ellos sino también su público (que dudará en retornar a ese espacio al menos con su familia), el recinto mismo (que sufrió daños materiales), la organización nacional del fútbol (que planeaba proponer esa cancha para torneos internacionales de la Selección Nacional), la policía (que debió lamentar heridos y destinar recursos que financiamos todos los chilenos para intentar controlar la situación).

Quienes no validan su tarjeta Bip al subir a los buses, es decir, no pagan por ser transportados (bien o mal) más que protestar por una mala calidad del servicio, están agudizando o prolongando la crisis de un sistema cuyo objetivo es beneficiarlos. Es decir, se están perjudicando a sí mismos.

Como se ve en estos casos, la gratuidad o el precio irrisorio generalizado causa perjuicios, tal como la gratuidad en espectáculos artísticos y culturales realizados en recintos inadecuados no contribuye a la formación de audiencias.

La respuesta frente a estas situaciones es salir de la falsa distinción entre “el todo o nada” y moverse en esa larga línea continua de posibilidades que se encuentra entre ambos polos.

Silvio Rodríguez podría hacer un recital con precios diferenciados: para público productivo, estudiantes, adultos mayores (¡Sí, ya tiene fans en ese segmento!), amigos de la sala, organizaciones sociales…

Colo Colo podría destinar algunos de sus amplios recursos, ahora fluctuantes en la bolsa, a estudiar sociológicamente a sus seguidores y descubrir así cuales son los precios que se debiera cobrar de modo de cumplir el doble objetivo de tener audiencias estables que puedan disfrutar del espectáculo que desean, sin arriesgar su integridad ni la del estadio.

Los usuarios de Transantiago debiéramos hacer un esfuerzo por pagar la tarifa ahora y colaborar así a no agudizar una crisis que, si se prolonga (entre otras cosas por los evasores) nos va a perjudicar a nosotros mismos. O ¿quién cree usted que va a pagar finalmente con sus impuestos los costos de la crisis prolongada? A todas luces es mejor ir haciéndolo desde ya aunque sea en “incómodas” cuotas diarias.

10 mayo 2007

GESTIÓN CULTURAL e INNOVACIÓN

Ponencia en SEMINARIO UNESCO SOBRE POLÍTICAS DE GESTIÓN CULTURAL EN EL MERCOSUR (VERSIÓN RESUMIDA). Buenos Aires Abril 2007


Chin-tao Wu, investigadora del University College de Londres y profesora en la Universidad Nanhua de Taiwan ha publicado “Privatizar la cultura”[1] ensayo en el que cuestiona cómo en Estados Unidos y el Reino Unido se ha ido desarrollando un proceso de una cada vez mayor esponsorización e implicancia empresarial en la vida cultural.
El texto provoca una necesaria distinción entre dos procesos diferentes que suelen confundirse: “Privatizar” y “Empresariar”.
El primero dice relación con la importancia cada vez mayor que empresas privadas asumen, especialmente en el campo de las artes visuales. Muchas se han asociado a las artes visuales como Santander o Telefónica. Otras, han sido más diversificadas, como BHP, que ha privilegiado las artes de la representación, la filosofía y la música.
Pero, otra cosa muy diferente es la “empresariar” el arte, concepto innovador que conocí en una original cátedra de la profesora Maria Paz Soriano en el Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile.
Aplicar conceptos de la empresa a la gestión cultural es algo que, primero con dificultades y cada vez con más entusiasmo, hacemos los gestores culturales en la gerencia de nuestras empresas, las corporaciones y fundaciones culturales sin fines de lucro.
Sincerar el lenguaje y tratar a la gestión cultural como una empresa, contribuye a derribar prejuicios y destruir barreras tan absurdas como ficticias. ¿No son acaso grandes emprendedores la mayoría de los artistas o las pequeñas compañías de teatro que subsisten gracias a sus originales y creativas formas de generar recursos?
Cuando este emprendimiento se realiza en organismos sin fines de lucro lo que se está haciendo no es privatizar el arte, sino por el contrario, incorporar la variable sociedad civil al cumplimiento de funciones de servicio público que el gobierno ha dejado de hacer sea por falta de recursos, por exceso de burocracia o por una certera convicción de que el arte debe, por principio y desde el principio, ser libre.
Si aplicamos este concepto a la administración de espacios culturales, a la creación de audiencias o la formulación de políticas públicas en cultura, la necesidad de innovar es fundamental.
De alguna manera es lo realizado, a través de una empresa creada en Chile en 1990, llamada Corporación Cultural de la Estación que tiene por misión administrar el monumento nacional llamado Estación Mapocho y convertirlo en un centro cultural.
La empresa, una corporación cultural, de derecho privado, sin fines de lucro, tiene socios fundadores (todas corporaciones sin fines de lucro) que eligen un Directorio, el que aprueba su programación, su presupuesto y balance y verifica el cumplimiento fiel de su Misión de Preservar un Monumento de propiedad pública y Difundir la cultura, dentro de un marco explícito de autofinanciamiento a partir de actividades comerciales que financian la operación, mantienen e invierten en el edificio y subsidian la cultura. En todo ello no recibe fondos públicos.
Del Directorio depende la gerencia general que a su vez encabeza sus diversas áreas de operación que son Gestión Cultural; Creación, formación y desarrollo de Audiencias, y Preservación Patrimonial. Acompañado de un trabajo de desarrollo de imagen del Centro Cultural, a través de un área de Comunicaciones rica en redes de alianzas culturales nacionales e internacionales; un Observatorio del Público, y una estricta normativa de uso de fachada, el protocolo y el sitio web http://www.estacionmapocho.cl/
Los logros que esta “empresa” ha alcanzado en sus 17 años de gestión, se pueden expresar, además de lograr la meta básica del autofinanciamiento total, en la creación de un modelo de gestión para centros culturales; la asistencia promedio de más de 800 mil personas anuales a sus diversas actividades; un público fiel (audiencias que retornan) del 75%; un posicionamiento como uno de los cuatro espacios culturales más destacados del país[2]; un programa de Pasantías para directores de otros espacios culturales; una participación dinámica en redes de centros culturales en Chile y el mundo, y la participación en el desarrollo de conferencias, seminarios y programas académicos en desarrollo cultural, políticas y estudios culturales.
De ello se puede deducir la existencia un modelo de gestión cultural de propiedad pública, con gestión privada, que es exitoso, reproducible e innovador.
Para lograr reproducirlo es necesario considerar cuatro condiciones: Conocer las características particulares de un proyecto desde su inicio; Tener una gestión rica en redes y alianzas; Incrementar permanentemente las audiencias fieles, y Compartir e intercambiar conocimiento y procesos con otros centros culturales.
“Estamos en un mundo global y debemos aprovecharlo. No hay recetas estáticas. Una de las ventajas de trabajar en la cultura y el arte es la capacidad de creación. No la perdamos nunca en vistas a nuestro desarrollo cultural. Pero tampoco lograremos el desarrollo de un modelo con pura creatividad, son necesarios muchos estudios, investigaciones y publicaciones”.[3]
En síntesis, los principales factores de innovación en la gestión cultural del siglo XXI derivan de la incorporación en ella de variables como el auto financiamiento (total o parcial); el trabajo en redes; la formación y fidelización de audiencias, y la incorporación de planes de gestión a proyectos tanto nuevos como existentes.


Arturo Navarro / mayo 2007
[1] Chin-tao Wu, Privatizar la cultura. La intervención empresarial en el mundo del arte desde la década de 1980. Ediciones Akal, Madrid, España, 2007
[2] Adimark-entro Cultural Estación Mapocho. Estudio de Intereses Culturales. Santiago. Junio, 2005.
[3] Arturo Navarro, “Cultura ¿quién paga? Gestión, infraestructura y audiencias en el modelo chileno de desarrollo cultural”. RIL editores, Santiago, noviembre 2006.

22 abril 2007

EL ESTADO DE LA GESTIÓN CULTURAL EN CHILE

"Hacer y pensar: he ahí dos verbos que acabo de emplear. Si, hacer y pensar, porque es algo falaz, o cuando menos relativa, esa distinción entre hombres de pensamiento y hombres de acción". El filósofo Jorge Millas tenía razón cuando afirmaba que los hombres de pensamiento deben pensar como hombres de acción y que los hombres de acción deben comportarse como hombres de pensamiento". Según Agustín Squella, quizás si los administradores culturales constituyan uno de los mejores ejemplos de que esa síntesis propuesta por Millas entre pensamiento y acción es realmente posible. Adecuada reflexión para introducir el tema que nos ocupa. 

Primero, es necesario marcar algunos hitos importantes en el desarrollo de la gestión cultural en Chile: en 1991 se crea la CORPORACIÓN CULTURAL DE LA ESTACIÓN MAPOCHO, entidad privada sin fines de lucro, con la misión de administrar y conservar un espacio patrimonial de propiedad pública, difundir la cultura y autofinanciarse.
En 1995, se crea el primer POST TÍTULO EN GESTIÓN CULTURAL en la Escuela de Postgrado de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.
El 5 de abril de 2000, a un mes de iniciar su mandato, el Presidente Ricardo Lagos crea una COMISIÓN PRESIDENCIAL DE INFRAESTRUCTURA CULTURAL con presencia de cinco ministerios y una secretaría ejecutiva formada por 6 profesionales de la gestión cultural, con la instrucción de incorporar Planes de Gestión como condición previa a la asignación de fondos públicos: "No pondremos un peso allí donde no exista un plan de gestión", fue el marco explícito que delimitó el Presidente, generando de inmediato una línea de trabajo inédita en el aparato público: la creación de planes de asesoría en gestión cultural al servicio de los proyectos de infraestructura. Con esto se fomentaría la creación de otras corporaciones que gestionarán nuevos espacios culturales y proyectos como el centro cultural Matucana 100; la aldea intercultural Trawü Peyum; el centro cultural Balmaceda 1215; y el programa de orquestas infantiles y juveniles.
En 2001, se funda la primera asociación gremial de administradores y gestores culturales de alcance nacional, AD CULTURA.
En julio 2003, el Parlamento aprueba la ley que crea el Consejo Nacional de la Cultura. La legislación señala que “La Dirección Superior del Consejo corresponderá a un Directorio integrado por: El Presidente del Consejo, quién tendrá el rango de Ministro de Estado y será el jefe superior del servicio; El Ministro de Educación; El Ministro de Relaciones Exteriores; Tres personalidades de la cultura que tengan una reconocida vinculación y una destacada trayectoria en distintas actividades, tales como creación artística, patrimonio, industrias culturales y gestión cultural. Estas personalidades deberán ser representativas de tales actividades, aunque no tendrán el carácter de representantes de las mismas. Serán designadas por el Presidente de la República a propuesta de las organizaciones culturales del país, que posean personalidad jurídica vigente de conformidad a la ley; Dos personalidades de la cultura que reúnan las mismas condiciones señaladas en el numeral 4 precedente, las que serán designadas a través de similar procedimiento y con acuerdo del Senado; Dos académicos del área de la creación artística, del patrimonio o de la gestión cultural, designados uno por el Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas y otro por los Rectores de las universidades privadas autónomas. Los recursos públicos destinados a apoyar la gestión cultural son variados.
Se ha creado en el FONDART la Línea de becas y pasantías, que considera explícitamente proyectos de formación para gestores culturales tanto en Chile como en el extranjero. Entre 2004 y 2005 se han asignado 18 becas de estudio, la mayoría en Chile y 9 pasantías, seis de ellas en el extranjero, una en el Centro Cultural Estación Mapocho. La labor de la Comisión Presidencial de Infraestructura Cultural fue asumida por la Línea de infraestructura de FONDART, conservándose sus mismos criterios de exigencia de Planes de gestión en la asignación de recursos. Se considera, además, que un 2% de los recursos del Fondo de Desarrollo Regional (FNDR) deberán asignarse a contar de 2006 a proyectos culturales. Se han creado fondos públicos de apoyo al emprendimiento en industrias culturales como el cine y en restauración patrimonial como por ejemplo para el área de Valparaíso declarada Patrimonio de la Humanidad por UNESCO. El Consejo Nacional de la Cultura y las Artes tiene un Programa de asesoría a gestión cultural municipal, que considera un Manual de mejores prácticas; Diagnósticos y estudios, y una Red de información para encargados de cultura locales. Además, publicó una Guía de financiamiento cultural y un Manual de gestión de proyectos culturales.
Se han incrementado los montos de los fondos concursables: Fondart, Fondo del Libro y la Lectura, de la Música y del Audiovisual, llegando a duplicarse en el período 2000-2006.
Los recursos privados generalmente son allegados por la vía Ley de Donaciones Culturales, que considera como donantes a empresas y personas naturales y como principales donatarios a corporaciones y fundaciones culturales de derecho privado sin fines de lucro. Considera un 50% de exención tributaria para los donantes y se asume la condición de las corporaciones como administradoras de los proyectos, a cambio de un overhead que ayuda a su financiamiento. La Fundación Andes, que lamentablemente cerró en diciembre 2005, ha entregado becas para formación de gestores culturales a nivel de Magíster y Doctorado además de un programa de apoyo a centros culturales.
Gestores en el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.
La designación de alrededor de 200 personas que integran los diferentes estamentos participativos del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes fue hecha en base a las propuestas de 517 organizaciones culturales catastradas a nivel nacional. Dos gestores culturales forman parte del primer Directorio Nacional de once miembros, designados por el Presidente de la República, por cuatro años, reelegibles, a propuesta de organizaciones culturales nacionales. Ocho de los 13 primeros Directores regionales de cultura son gestores culturales. El Comité Consultivo nacional tiene, por Ley, un representante de las corporaciones y fundaciones culturales. Hay presencia de gestores culturales en los 13 consejos regionales, sean directivos o consultivos.
El Documento de Políticas Culturales 2005-2010 “Chile quiere más cultura” fue elaborado en dos convenciones nacionales del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, en agosto 2004 y agosto 2005, con participación de los consejos directivos, consultivos y sectoriales.
La principal fortaleza que ha desarrollado la gestión cultural en Chile en los años recientes, es su profesionalización. Se ha posicionado el tema de la gestión cultural en todos los niveles del país con la creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, la instalación de su sede en Valparaíso y la formación de Consejos Regionales a nivel de todo el país.
Se ha fortalecido la gestión cultural pública en el área del patrimonio, especialmente el Proyecto Biblioredes apoyado por la Fundación Bill y Melinda Gates.
La Red de Centros Culturales de América y Europa, creada en 1992 en Madrid, ha permitido la realización en Chile de instancias de intercambio y cooperación como el 4° Encuentro de la Red; el Encuentro de Gestores Bolivianos y Chilenos; el Encuentro de Directores Culturales de Bancos Centrales de América Latina y el Encuentro de Gestores Peruanos y Chilenos.
Un importante retroceso en el financiamiento del sector privado Se produjo debido a la modificación de la Ley de Donaciones Culturales, en 2003, que dañó la confianza de las empresas.
Una debilidad en el desarrollo de la gestión cultural en Chile es la falta de un mayor (re)conocimiento en los medios de comunicación y, por tanto, en la opinión pública. No tenemos “capacidad de escándalo” como los representantes de la farándula. Otra, es la falta de un mayor desarrollo y protagonismo de la gestión cultural de y en las regiones.
Faltan también mayores avances a nivel local o municipal. Existe desorden y descoordinación en la formación universitaria de gestores culturales. Es necesaria una mayor intervención de la sociedad civil en el desarrollo cultural, especialmente para dar contenido a las instancias de participación creadas por la Ley del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.
Desde esta perspectiva, está pendiente introducir el factor audiencias culturales en la evaluación de los proyectos artísticos presentados a los fondos concursables.
En la actualidad, los principales ámbitos de desarrollo de la gestión cultural en Chile y de trabajo para los gestores, son:

· Corporaciones y fundaciones sin fines de lucro

· Gobierno a niveles central y regional

· Municipios

· Industrias culturales

· Asesorías en planes de gestión de espacios culturales

· Creación, formación y desarrollo de audiencias

· Investigación y estudios de consumo e intereses culturales

· Asesoría en formulación de políticas culturales

· Empresas y fundaciones privadas

· Formación universitaria y no reglada (pasantías)

· Recaudación de fondos (fund raising)

· Turismo cultural y patrimonial

· Elaboración y desarrollo de proyectos

· Galerías de arte

· Producción cultural

Formación en gestión cultural
La capacitación de gestores culturales a nivel presencial y a distancia se ha multiplicado con iniciativas como la asesoría en planes de gestión, los seminarios realizados por la Comisión Presidencial de Infraestructura Cultural y las pasantías de gestores culturales, especialmente de regiones, en centros culturales de alcance nacional.
Existe alrededor de una decena de postítulos y diplomados para graduados universitarios, normalmente vespertinos y de un año de duración, en la U. de Chile, en la Pontificia Universidad Católica de Chile; en la Universidad de Los Lagos; la Universidad Mayor; la Universidad de Los Andes, la Universidad ARCIS y otras.
Hasta 2005, existen dos Programas de Magíster, en la Universidad de Playa Ancha y en la Universidad Santo Tomás y dos proyectos avanzados para 2006, uno en la U. de Chile, de Gestión Cultural en Artes Visuales y en Artes Musicales y otro en la UISEK, de Gestión e investigación en cultura.
La Facultad de Artes de la Universidad de Chile, -asociada con el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Ad Cultura y la Asociación Chilena de Municipalidades- ha desarrollado un Diploma virtual en Gestión de proyectos culturales.
Algunos desafíos pendientes son la inserción de la gestión cultural en la educación, como parte de los planes de estudio a nivel escolar; la formación universitaria de calidad a niveles de post grado; la formación internacional a distancia; la creación de redes de cooperación e intercambio a niveles nacional e internacional; la formación de observatorios del público; la creación de observatorios de políticas culturales; la generación de una bibliografía de estudios históricos y prospectivos sobre la cultura en Chile y desarrollar una normativa de acreditación de la formación en gestión cultural.


Hacia una política de formación de gestores.
Parto del supuesto que gestión aplicada y formación en gestión son parte de un mismo proceso. La gestión requiere de formación, la formación surge de la práctica en gestión y la práctica en gestión está orientada por las políticas culturales. De la calidad de la formación dependerán la calidad de la gestión y viceversa. De ambas dependerá la aplicación y renovación de las políticas culturales.
La formación debe aspirar a satisfacer los diferentes tipos de necesidades de la gestión cultural, por tanto, deben existir diversos tipos de entes formadores. Los específicos como las universidades públicas y privadas, y las universidades regionales, nacionales y extranjeras, todas con el apoyo de la línea de becas de FONDART.
Debe existir también formación permanente en los centros culturales nacionales y extranjeros, con apoyo de la línea de pasantías de FONDART; a través de las redes nacionales y extranjeras y sus seminarios, encuentros y proyectos cooperativos.
Sugiero entonces propender a una formación con posibilidades de intercambio y cooperación internacional permanentes. Tal trabajo formativo debe considerar las experiencias internacionales, especialmente la de los países vecinos; la menor unidad territorial nacional que son los municipios, y la máxima diversidad étnica -debe ser multicultural- etárea y social.

En síntesis, el desarrollo de la gestión cultural en Chile, que tiene sustantivos antecedentes en la década de los 90, ha alcanzado inéditos avances durante sus primeros años de profesionalización, especialmente en la institucionalidad del estado y ha tenido avances más lentos en la sociedad civil.
Para continuar desarrollándose, requiere de una mayor relación con los gobiernos locales; una política de formación de audiencias; una mejor formación profesional de sus agentes, y la constitución de redes nacionales e internacionales de intercambio y cooperación.
En particular, para un adecuado desarrollo del sector es indispensable considerar a la gestión cultural aplicada y la formación en gestión como partes de un mismo proceso.

20 abril 2007

¿FALLA ENDÉMICA O CONSEJO PELIGROSO?


"Este Centro tiene la falla endémica de no tener un financiamiento adecuado. Si está adscrito a La Moneda, por lo menos una gran exposición al año debería ser reservada para que la Presidenta de la República la decida en sus viajes al exterior", señalaron fuentes del Consejo Nacional de la Cultura. (El Mercurio, 19 de abril 2007)
Esta “perla” de la gestión cultural contiene varias afirmaciones curiosas:
“No tener financiamiento adecuado es una falla endémica”, ¿será esa entonces la explicación del mal funcionamiento de muchos espacios culturales? Ergo, basta un financiamiento público para que funcionen bien. O sea que el Teatro Municipal, Matucana 100, Balmaceda 1215 y otros funcionan bien porque reciben dineros públicos. ¿El Centro Cultural Estación Mapocho debiera funcionar mal, porque no los recibe? No existe la gestión cultural. Sólo la ejecución presupuestaria de dineros públicos vale.

“Si está adscrito a La Moneda, por lo menos una gran exposición al año debería ser reservada para que la Presidenta de la República la decida…” Gran descubrimiento, tenemos ahora el gran curador, para qué nos hemos desvelado decenios procurando crear un Consejo de la Cultura y las Artes… para qué tener Ministro Presidente de dicho Consejo. Y para qué tener un Directorio y una Fundación que dirija el Centro.

“…en sus viajes al exterior". Excelente, ya ni siquiera las regiones tienen opción. Imaginemos la gira reciente. Un gran muestra de los discursos del Presidente Chávez, reproducidos simultáneamente en DVDs, CDs, Casetes y libros… ¿Por qué no? Hasta a lo mejor le llega un chequecito al Centro.

“…señalaron fuentes del Consejo Nacional de la Cultura”. Los N.N. han llegado al Consejo. No hay nombres, no se sabe si es alguien de los funcionarios del Consejo o alguna de sus autoridades. En todo caso, se instala la duda y la sospecha. Tanto funcionarios como directivos y Directores saben perfectamente, pues han participado de su formulación, que el país se ha dado una Política Cultural que considera la asignación de recursos públicos a través de fondos concursables y que por tanto la simple asignación individual, aunque sea Presidencial, es contraria a dicha política.

Tres preguntas más: ¿pensó este NN que era muy aconsejable seguir proponiendo asignaciones de dinero de todos los chilenos en pleno centro de Santiago?

¿Cree nuestro NN que esta posibilidad de donación presidencial estimula las donaciones de privados que forman parte integral de la gestión de este Centro Cultural?

¿Tendrá NN serias intenciones de ayudar o más bien de crear más dificultades de los que el Centro afortunadamente está superando?

Con genialidades como ésta, no me ayude, compadre.