24 febrero 2016

¿CÓMO SE FINANCIA LA CULTURA EN CHILE?

 


El verano, habitualmente reposado en debate cultural, tuvo una excepción en 2016. La inminencia del debate parlamentario sobre el proyecto de Ley de indicación sustitutiva que crea el Ministerio de las Culturas, aguzó a diversos actores que hicieron ver su respectivos planteamientos. Por una parte, quienes ideológicamente propugnan la casi exclusiva intervención estatal en el financiamiento de las artes, se han encontrado con buenas razones para promoverla, a partir de la desgastada situación en que se encuentran los museos públicos, enfatizada por los magros resultados de una política de gratuidad sin mejorar su gestión. Por el otro, quienes viven a diario el esfuerzo por allegar fondos privados, han impulsado el debate sobre la necesidad de aumentar la filantropía en este campo.


La realidad -en palabras del Ministro Ernesto Ottone- se ha encargado de recordar que vivimos en un país que ha definido para ello un sistema mixto y que los grandes esfuerzos públicos seguirán enfocados en la infraestructura y el apoyo, vía directa o concursable, a diversas iniciativas que se han ganado un lugar como contribuyentes al desarrollo cultural chileno. Incluyendo los aportes privados que deben alcanzar la corporaciones y fundaciones que ostentan una constitución mixta entre sus socios fundadores y directorios.

Es pertinente recordar que Chile ha establecido, desde fines del siglo anterior, un modelo de financiamiento cultural caracterizado por considerar principalmente la estrecha interacción entre la gestión, las infraestructuras y las audiencias de las mismas.

En una ponencia solicitada para la Cuarta cumbre de las artes y la cultura de Johannesburgo, en septiembre 2009, expuse la amplia gama de opciones para el financiamiento cultural de que disponemos, más allá de los recursos sólo del Estado o sólo de la empresa privada.

La respuesta a la pregunta que nos ocupa no está entonces en el descubrimiento de una “tercera vía” del financiamiento cultural, sino en la enorme cantidad de oportunidades existentes en el espectro entre el financiamiento estatal y el financiamiento privado. Si imaginamos las diferentes posibilidades, tendremos:

Los fondos públicos con asignación pública, que son cada vez menos, pero que surgen como una manera de respuesta rápida ante catástrofes naturales o emergencias; requerimientos urgentes para representar al país en el exterior, en festivales, muestras o bienales; premios a notables, nacionales o extranjeros, que requieren un trámite rápido.

Los fondos públicos con asignación privada constituyen, en volumen y cobertura, los más abultados. En esta categoría están los fondos concursables nacionales, como el Fondart y sus variantes; los fondos sectoriales -audiovisuales, libro y lectura, música-; los del CNTV; algunos premios de las diversas artes, y postulaciones de obras nacionales a concursos internacionales.

Los fondos privados con asignación pública, constituyen una categoría de escaso desarrollo pero que bien podría alentarse desde ambos sectores. Existen los derivados de la Ley de Donaciones Culturales, que son una manera de asignar a proyectos debidamente calificados, recursos aportados por empresas beneficiadas por rebajas tributarias. 

Los fondos privados con asignación privada, son una categoría tan creciente como insuficiente y cubre generalmente premios de gran impacto o aportes empresariales en infraestructuras del talante del Teatro del Lago o CA660. En esta misma categoría, con una escala menor, han aparecido iniciativas ciudadanas que buscan aportes colectivos múltiples para nuevos emprendimientos artísticos, como el micro mecenazgo o crowdfunding.

Si nos preguntamos cuál de estas categorías es la solución, la respuesta es todas. El asunto es cómo aplicarlas armoniosamente, sin que se anulen ni pierdan su potencialidad. Y esa es la gran tarea de la gestión cultural.

La mejor manera de asegurar esa buena gestión es asegurar la presencia de todos los actores posibles de la financiación en organismos colectivos, como directorios de las corporaciones o fundaciones o los consejos sectoriales o nacional que reimpulsa el proyecto de ley que comienza a discutirse.

Si de ese debate surgiera una autoridad sólo gubernamental, automáticamente se restringirían las opciones de financiamiento. Si, por el contrario, en la cabeza colectiva de la nueva institucionalidad se reconoce la presencia de creadores, gestores, patrimonialistas, universitarios, organizaciones ciudadanas, líderes regionales y pueblos originarios, estaríamos en presencia de un organismo sólido que puede aspirar a generar, solicitar y obtener recursos de la sociedad toda.

Así se desarrollará una cultura más libre y representativa del alma nacional.


28 enero 2016

CENTROS CULTURALES MILLONARIOS

Ilustración: Sociología de los Públicos. Revista MGC.

Si existe algo novedoso en Chile, que no se visualizaba antes de los años 90 del siglo XX, son centros culturales de gran público. Es decir, que reciben anualmente visitantes que superan el millón de visitantes. El primer indicio se conoció en 1999, cuando el Centro Cultural Estación Mapocho contabilizó un millón doscientos doce mil personas que, además le permitieron -taquilla mediante- solventar los gastos de un año de fuerte crisis económica. Después vinieron guarismos similares en el GAM y el CCPLM, hasta llegar al 2015 en que los tres espacios superaron holgadamente la millonaria cifra.


¿Qué ha acontecido? Lo primero es que, merced a una política de desarrollo de infraestructuras esbozada en 1990 y formalizada en 2000 por el gobierno de Ricardo Lagos, se crearon grandes edificaciones -remodeladas o nuevas- que complementaban una feliz política aprobada en 2004 por el flamante Consejo Nacional de la Cultura, de crear centros culturales en las ciudades mayores de 50 mil habitantes. Es decir, no se sostendría tal volumen de visitantes a tres espacios de Santiago si no existieran sus referentes en otras ciudades y comunas que alimentan y se alimentan de estos "grandes".

Por ello es relevante el anuncio del nuevo Director del GAM, Felipe Mella -avalado por su Directorio- de convertir el centro en "el gran alimentador de programación para las regiones". Como complemento, el Centro Cultural Estación Mapocho ha dado plataforma  de visibilidad a festivales regionales como FICIL Bío Bío o Cielos del Infinito.

Quizás en el intercambio y no unilateralidad se basa también el que la señalada política se complementó más adelante con la edificación de teatros regionales -ya muestran sus frutos Rancagua, Maule y Magallanes, mientras se construyen en Coquimbo, Bío Bío- y que en el reciente concurso para Director del GAM hayan postulado con mérito y hasta la lista corta final, dos gestoras regionales: una del Teatro Municipal de Temuco y otra del Teatro del Lago de Frutillar.

Por ende, más allá de la alegría que produce hacer balances millonarios en audiencias, es justo reconocer la contribución que otros centros culturales de todo el país hacen para sostener esa creación de hábitos de consumo cultural, tan necesarios para la política de inclusión y acceso que se promueve desde las máximas instancias de la cultura nacional.

El Centro Cultural La Moneda, acaba de celebrar con un cuadro pequeño y una cena grande, sus diez años de esfuerzos por llevar públicos abundantes a un subterráneo vecino del Palacio de Gobierno, que suele intimidar más que estimular, debido a los naturales cercos policiales que suelen coronarlo. Doble mérito de la calidad de las muestras recibidas y los esfuerzos de sus ejecutivas por financiarlas y difundirlas.

El GAM, acaba de finalizar un transparente proceso de escoger director ejecutivo, sin por ello detener su colorida actividad ni dejar de preparar una programación para el año que comienza. Es decir, estas instituciones no sólo están consolidando audiencias sino también institucionalidad y capacidad de gestión.

En este entorno, una luz de alerta dejó el reciente paro de funcionarios de la DIBAM, que afectó a algunos museos, bibliotecas y archivos, que pasó inadvertido -excepto quizás los Bibliometro- para el gran público, que no logró entender qué y cómo se afectaba la cultura cuando los centros "millonarios" y los crecientes festivales de diversas artes, simultáneamente, copaban la agenda ciudadana.

Advertencia para quienes desean que en el proyecto de indicación sustitutiva se conserve, en el Servicio Nacional del Patrimonio, una estructura de la DIBAM semejante a lo existente. La realidad indica, desde hace décadas, que sus espacios requieren reingeniería que los asemeje a los centros cultuales capaces de crear audiencias, incrementarlas y a la vez desarrollar capacidades de gestión para acoger grandes públicos y recibir aportes financieros privados y de los propios asistentes.

Por eso,  sería aconsejable que la mencionada indicación contemple alguna instancia en que se encuentren y compartan experiencias tanto los museos nacionales como estos centros culturales de impacto nacional, más que por su nombre, por su capacidad de atraer -por millones- a los chilenos.

La Jornada Temática que realizará la Comisión de Cultura, Artes y Comunicaciones de la Cámara de Diputados, el 7 de marzo es una buena ocasión para debatirlo.

A prepararse.

19 enero 2016

LA MÚSICA, LOS VIAJES Y UN ÓRGANO PATRIMONIAL


El miércoles 20 de enero de 2016, debía emprender un viaje a Valparaíso, invitado por la Comisión de Educación y Cultura del Senado de la República, con el objeto de "conocer su opinión y tomar conocimiento del oficio de su Excelencia la Presidenta de la República, con el que solicita el acuerdo del Senado para nombrar como integrantes del Directorio del Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes, al señor Sebastián Grey Avins y a Usted. (Boletín N° S 1.852-04)". Habría coincidido en la ciudad con el prestigiado organista alemán, Jürgen Mauri, que cada vez que viene, aprovecha la oportunidad para "dar un concierto en el histórico órgano de la iglesia de los Sagrados Corazones de Valparaíso. Es excelente, una verdadera joya. Que se haya conservado en su forma original es algo extraordinario, especialmente en Chile, que la mayoría de ellos han sido transformados".


Con los años, más el traslado a Santiago, perdí la costumbre de visitar mi primer colegio, protagonista de las historias que narraban mi abuelo ingeniero -"cada terremoto, el padre Rector me pedía que restaurara la torre de la iglesia, que se inclinaba peligrosamente con los sismos"- y mi padre: "vivíamos frente al colegio y su patio era nuestro lugar de juegos". El edificio hoy, es enfrentado por la sede del Santiago Wanderers y la tienda de antigüedades El Abuelo, locación de la excelente novela Colección particular, de Gonzalo Eltesch. 

No obstante, lejos de olvidar los profundos sones del órgano de mi infancia, lo traigo a la memoria periódicamente, en los conciertos dominicales de la iglesia de Saint Paul, del cerro Alegre, donde truena un instrumento donado por la propia Reina Victoria.

En el viaje en cuestión sólo habría alcanzado a visitar el edificio del Parlamento, del que guardo buenos recuerdos, relativos al propósito de la invitación. Allí se reunieron, en 1996, varios centenares de creadores, gestores, patrimonialistas con un puñado de diputados, dando forma a un curioso listado: las 120 (como el vino) demandas del mundo cultural. La primera de ellas, creación de un Consejo Nacional de la Cultura.

Allí presencié, desde la tribuna, el acalorado debate senatorial sobre si la sede de esta demanda debía estar en Valparaíso o Chillán. El resultado fue estrecho.

Allí he asistido a un par de inauguraciones de la Convención Nacional de la Cultura, rito anual que celebra la cúspide de la participación ciudadana en la determinación de las políticas culturales que aplica el Consejo.

Allí fuimos también, con Hernán Rodríguez, cuando los vacilantes comienzos de la democracia, a intentar convencer a senadores -designados y de los otros- de la importancia de aprobar los recursos -diez millones de dólares- que el gobierno del Presidente Patricio Aylwin proponía para una remodelación, que culminaría en el hoy Centro Cultural Estación Mapocho.

No son  malos los recuerdos, ni ajenos a la cultura. Esta vez el motivo es más específico y honroso. La Comisión desea escuchar del compromiso con la cultura y de cómo, sospecho, velaremos -Sebastián y yo- por los intereses republicanos en el Directorio Nacional que eventualmente volvería a integrar.

En efecto, el Presidente Ricardo Lagos me designó en el primero de ellos (2004/2008) y creo haber desempeñado con dignidad esa tarea. Resigné la posibilidad de repostularme entonces, ante la atractiva perspectiva de encabezar el proceso de coordinación de la construcción institucional y física del hoy reconocido Centro Cultural Gabriela Mistral.

Agua en abundancia ha corrido por el Mapocho. Y lo estoy verificando desde la oficina en que escribo. El Consejo Nacional de la Cultura se ha robustecido y se apresta a dar un pasos decisivo en su crecimiento al devenir en Ministerio, cuya discusión reposa en la respectiva comisión de la Cámara de Diputados.

El Centro Cultural Estación Mapocho ha consolidado su misión patrimonial y de difusión cultural, acogiendo desde Cumbres mundiales a cantidades de ciudadanos, que se cuentan en millones cada año.

El GAM vive un proceso de búsqueda de nuevo director, felizmente entregado en su totalidad a su Directorio, formado por representantes de once prestigiadas instituciones, que llevan la tarea con transparencia y apoyo de una consultora especializada.

Es decir, el escenario es completamente diferente al de aquellos años de instalación tanto del Consejo Nacional de la Cultura como del GAM.

Sólo permanece inalterable esa iglesia y ese órgano, que rememoro encendiendo, cada mañana, en el computador del Centro Cultural Estación Mapocho, una emisora dedicada exclusivamente a la música barroca.

De este modo está presente, en los avatares de cada día, la atmósfera creada por instrumentos como el construido por el lutier Aristhides Cavaillé-Coll, declarado Monumento Nacional en 2013, único en estado original, que fuera donado por Enrique Meiggs.

Sí, Enrique Meiggs, el empresario estadounidense de origen alemán, que participó en la construcción de ferrocarriles en Perú y en Chile, y que el 4 de julio de 1863, se subió a la locomotora que, por primera vez, recorrió el trayecto completo entre Valparaíso y Santiago.

Que es uno de mis viajes favoritos.

Pero que no emprenderé esta vez, por cambio en la Tabla de la Comisión. Ha ocupado el lugar, la Carrera Docente.

Es más urgente. Obvio.

Será la semana que viene, en Santiago.



11 enero 2016

EL ESCENARIO DE LA INDICACION SUSTITUTIVA



A inicios de su período, a mediados de 2000, el Presidente Ricardo Lagos presentaba una indicación sustitutiva para crear el Consejo Nacional de la Cultura con buenos augurios y escasa oposición. ¿Cuál será el escenario que acoge a la indicación de la Presidenta Michelle Bachelet, firmada el 17 de diciembre de 2015, para crear el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, acogida a tramitación por la Cámara de Diputados el 7 de enero de 2016?


En primer lugar debe reconocerse que, la de este año que se inicia, tiene una vocación de continuidad y perfeccionamiento de lo anterior, incorporando vacíos que la legislación aprobada el 2003 dejó en suspenso o sencillamente no pudo abordar.

En este orden, se identifican mejoras como la creación de un Fondo Patrimonial con jurados designado de la manera del Fondart; el traspaso de la designación de los jurados de los Premios Nacionales de Artes desde Educación a este nuevo Ministerio; la creación de Archivos Regionales; el reconocimiento de la Cineteca Nacional como ente patrimonial y su ubicación orgánica consecuente; el traslado de la facultad de exención del IVA a espectáculos al nuevos ente, y la incorporación del concepto de Estrategia Quinquenal Nacional de desarrollo cultural, significativo en un país que cambia gobierno cada 4 años.

Entre lo que se conserva está la Convención Nacional que escuchará la cuenta pública anual del Ministerio y hará observaciones y propuestas a su marcha; el Consejo Nacional de las Culturas, las Artes y el Patrimonio que amplia su apelativo y su integración; los Consejos regionales; los sectoriales, y la secretaría Técnica del Consejo de Monumentos Nacionales que también amplía su integración.

Lo que definitivamente se reconvierte es la DIBAM, que deviene en un Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, descentralizado, con sede en Santiago y direcciones en cada región del país; modificando así por primera vez un Decreto con fuerza de ley, el 5.200, que data de 1929. De él  dependerán las instituciones patrimoniales nacionales -las actuales más la Cineteca Nacional- la Secretaría Técnica del Consejo de Monumentos Nacionales y tres sistemas nacionales: de museos, bibliotecas y archivos.

Estas medidas se enmarcan, según la indicación, en una estructura formal que contempla, además de un Ministro(a) con todas las de la ley -literalmente-, dos subsecretarías. Una de las Artes, las Industrias y la Culturas Populares, con las Secretarías Regionales correspondientes y otra del Patrimonio Cultural, de la que dependerá el nuevo Servicio.

Respecto del anuncio de instalar en este Ministerio un Consejo Asesor de Pueblos Originarios, éste aparece como disposición transitoria hasta que encuentre su domicilio permanente en el Consejo Nacional de Pueblos Indígenas que la Presidenta Bachelet anunció, el 11 de enero de 2016, junto al proyecto de Ley que crea el Ministerio de Pueblos Indígenas.

En definitiva, se advierte un esfuerzo por incorporar lo existente, introducir cambios necesarios y aspirar, en dos o tres años más, a tener en funciones un Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.


¿En qué terreno cae esta semilla?

A diferencia de lo acontecido en 2000, cuando la indicación venía en los hombros de trabajos pre legislativos muy participados, en sendas comisiones presidenciales y un encuentro en el Parlamento, esta vez, las aguas están calmas en el mundo de la cultura, que parece esperar que se legisle sin prisa pero sin pausa, mientras los pilares de lo existente funcionan con mayor o menor eficacia, como ocurre con los fondos concursables, la política de infraestructura o los múltiples festivales que parecen contribuir a formar nuevas audiencias y demostrar que la cultura tiene una especial relevancia en el verano.

Tanto que remeció a una habitualmente aletargada, en estos temas, Cámara de Diputados, que ganó el quién vive al Ejecutivo que, desde 2014, intenta legislar sobre la reincorporación de las artes escénicas en los programas escolares; inquietud ya formulada por la Comisión Presidencial encabezada por Milan Ivelic, en 1996. Los Diputados aprobaron "el regreso del teatro a las aulas", lo que constituye una improvisación más en un marco de acusaciones mutuas de apresuramiento legislativo, que sólo será efectiva cuando el Ejecutivo, que la comparte, la incorpore en la legislación que trate sobre los nuevos planes educacionales.

Sin embargo, el ambiente en la Comisión de Cultura de la Cámara -en 2000 había una única comisión de Educación y Cultura- parece estar propicio pues escucharon el texto de la indicación en boca del Ministro Ernesto Ottone, el 7 de enero y se aprestan a recibir, el 14, a la representante de los trabajadores de la ANFUDIBAM, antes de comenzar a discutir la indicación.

De ello se desprende una diferencia con la discusión de la institucionalidad vigente. Esta vez el Gobierno no hizo caso a los funcionarios, que manifestaban con fuerza su oposición al cambio, en una férrea alianza con las Directoras de la DIBAM, llegando esa colusión a impedir que en el proyecto de 2000 se incorporara a la DIBAM en el Consejo Nacional de la Cultura, texto que terminó recomendando una suave "coordinación" entre ambos servicios, de similar rango, que manejaron con tino y diplomacia, entre 2004 y 2010, las Directoras Clara Budnik y Nivia Palma.

En la actualidad, ambas respaldan el proyecto que convierte a la Dibam en Servicio Nacional del Patrimonio, una como redactora principal del mismo, otra desde la tribuna que enmarcó la presentación del proyecto en La Moneda. La ex Directora Magdalena Krebs (2010-2014) ha dado un tibio apoyo a los funcionarios que cuestionan el nuevo servicio y el actual Director, Angel Cabeza, ha sido descalificado por los trabajadores como interlocutor válido, llegando incluso a pedir su renuncia.

En definitiva, se inicia un proceso legislativo que debiera acelerarse después de las vacaciones. El integrante de la Comisión, diputado Ramón Farías, ya adelantó la realización de un Seminario "abierto y participativo" al respecto, el 7 de marzo.

Esto comienza , señores...

28 diciembre 2015

NERUDA VOLANDO Y MISTRAL RECIBE PRIMERA PIEDRA



Porfiadamente, aunque se hagan esfuerzos por elaborar sesudos balances de fin de año, siguen siendo nuestros poetas mayores quienes se apoderan del imaginario nacional cuando se trata de cultura. El primer error es pensar que el año termina cuando en la bahía de Valparaíso estallan toneladas de fuegos de artificio. No, para esos estruendos el mundo del arte sólo tiembla de nervios preparando los decenas de festivales de artes escénicas y musicales que desbordan el calendario de enero.


Error también elegir finales de diciembre para presentar al Parlamento una indicación sustitutiva del proyecto que debiera crear el Ministerio de las culturas, las artes y el patrimonio, que cae en el vacío de una Comisión de la Cámara de Diputados que ni siquiera lo tiene en Tabla y error agravado de funcionarios públicos que disienten del proyecto y convocan a un paro conmovedoramente inadvertido en medio de los festejos de Navidad.

¿Es que todo está mal hecho? No. Sólo ocurre que de pronto se olvida mirar el calendario, el abc del gestor cultural.

Cuando se contempla esa variable no menor, el resultado es positivo. Así aconteció con la primera piedra de la segunda etapa del Centro Cultural Gabriela Mistral, establecida para las primeras horas del 24 de diciembre. Regalo navideño que convocó a ejecutantes de diversas artes estimuladas por la poesía de Gabriela, estudiantes de escuelas donde enseñó con sabiduría, a los persistentes arquitectos ganadores del Concurso de Centro Cultural el 2008 y a orgullosos integrantes del Directorio del GAM, que comienzan a gobernar con mano firme dicha corporación. Todos ellos, encabezados por la Presidenta de la República, que no desperdició la oportunidad de combinar armónicamente la Premio Nobel, la gigantesca y necesaria infraestructura y la recientísima aprobación de la gratuidad para los estudiantes universitarios. 

Quedará este hecho -que sepultó la simbólica piedra acompañada de una réplica de la medalla con que se reconoció a la primera mujer Nobel americana- para quienes aman los resúmenes. Se corona así un año que festejó a Mistral en ferias del libro y cuanta actividad cultural se preció de tal en 2015.

Quedó una fecha: julio de 2017, para la inauguración del teatro nacional tan esperado, tarea para constructores y gestores pues durante el primer trimestre de 2016, debiera asumir la nueva autoridad ejecutiva del GAM que prepare lo que acontecerá allí del 2017 en adelante.

No pasó inadvertida tampoco la selección del gestor francés Frédéric Chambert, que reemplazará en propiedad a Andrés Rodriguez que se marcha del Teatro Municipal con el respeto de sus colegas -expresado en un cálido almuerzo en el barrio Lastarria- y la Medalla de Santiago en reconocimiento de haber puesto al teatro de la ciudad en las carteleras mundiales.

También la ciudad hace severos esfuerzos por retomar con la energía de antaño los Premios Municipales de literatura, artes y gestión cultural reconociendo a creadores jóvenes y consagrados, en esta versión destacando el solvente libro biográfico de Víctor Herrero sobre Agustín Edwards Eastman que -era que no- ha sido ninguneado en la prensa, a pesar de su indudable valor. 

En literatura, siguen imbatibles aquellas publicaciones dedicadas a rebuscar en la historia patria, sea por vía episódica como Jorge Baradit o del testimonio de protagonistas, como José Miguel Varela, en Veterano de tres Guerras, recuperados por el periodista Guillermo Parvex.

También se estremeció nuestro pasado con el cambio de Director del Museo Histórico Nacional, "acusado" por funcionarios de malos tratos, "culpable" de haber querido reformular el guión del tradicional espacio. Quizás un anticipo de lo reacia al cambio que es la cultura institucional de la DIBAM.

El director saliente, Diego Matte, ganó un exigente concurso para encabezar el Centro de Extensión Artístico y Cultural de la Universidad de Chile y ocupó además el asiento que dicho organismo tiene en la Fundación de Orquestas Juveniles que, por su parte, recibió como nueva Directora Ejecutiva a la ex Directora del Planetario de la USACH, Haydée Domic.

Al reforzamiento profesional de los gestores culturales, que ningún resumen esconde, podría agregarse a la Presidenta de Ad Cultura -asociación gremial que los reúne- Fernanda García, que encabeza, como Directora Ejecutiva, la Fundación Cultural de Providencia, titular del recordado Teatro Oriente, que anuncia programación activa para 2016.

Sin embargo, como nunca antes, el arte cruzó el río pues en el Centro Cultural Estación Mapocho se ha exhibido las postulaciones al Concurso Explanada de los Mercados que reúne a los municipios del histórico sector de La Chimba (Independencia, Recoleta, Santiago) que busca "poner en valor y recomponer uno de los espacios cívicos más relevantes del centro de la ciudad, considerando su condición geográfica, patrimonial y urbana, sus circulaciones, su vocación de intercambio modal y su base cultural y comercial".

Desde esa Chimba, ni en metro ni buses, sino volando, llegó Pablo Neruda tal vez a conocer los proyecto, tal vez como estación obvia para alcanzar luego la Plaza de la Constitución y recibir la algazara popular de un país que, como pocos y con razón, celebra a sus poetas.

Lo que sin duda volverá a hacer cuando finalmente los restos de Neruda terrenal, tan trajinados para demostrar su asesinato, regresen a su querida Isla Negra. Para no salir jamás. 

Aunque con don Pablo, nunca se sabe. 

10 diciembre 2015

ANDRÉS RODRIGUEZ, ALREDEDOR DE UNA MESA



No es fácil conocer a Andrés Rodríguez. Se auto define como "independiente, que nunca he participado de la política, ni militado en un partido. He trabajado con todos los alcaldes de distintos signos, pero centrado en los objetivos artísticos y profesionales del Teatro".  La mayoría de sus declaraciones en estas décadas, se relacionan con su trabajo. Como las fotos, normalmente en el teatro, sentado en sus butacas, parado en el hall o en esa oficina que no ha experimentado cambios durante sus 34 años de ocupación por Andrés. Busqué con denuedo alguna imagen que lo mostrara como lo recuerdo principalmente: en reuniones de pares, de gestores culturales o en sesiones de directorios de corporaciones en los que coincidimos.


Pudo ser alguna imagen de las semanales sesiones de los martes de 1996 cuando preparábamos el encuentro de legislación cultural que culminó en noviembre de ese año, en el Congreso, cuando Andrés presidió la Comisión de Financiamiento privado. O alguna de las decenas de reuniones del Directorio del Centro Cultural Estación Mapocho, en el que Andrés participa casi desde sus inicios, en representación de la Corporación Municipal de Santiago, una de las socias fundadoras.

O alguna de las varias sesiones en las que construimos colectivamente la institucionalidad de la Corporación centro cultural Gabriela Mistral -la que finalmente encontré- donde, hasta hoy, ocupa una silla en su Directorio.

Es ese Andrés, compartiendo una mesa de sesiones, el que aprendí a valorar y respetar, como persona y como profesional. Así fue como compartimos proyectos hermosos y notables, como la traída de la IPO dirigida por Zubin Metha o los festivales de verano Lo mejor del Municipal que presentamos en el Centro Cultural Estación Mapocho durante varios años.

Un acuerdo con él es un acuerdo que se respeta, una recomendación de algún espectáculo musical u operístico, en Chile o el exterior, es siempre adecuada.

Como sus declaraciones a Revista Capital del 29 de octubre respecto de su sucesor, Frédéric Chambert: "Lo conozco de antes, de hecho se produjo una coincidencia increíble, porque nosotros programamos hace tres años la coproducción El turco en Italia, siendo Frédéric el director del teatro de Toulouse y yo el de Santiago. Estando él aquí, porque los directores suelen asistir a los estrenos, se anuncia que él era el elegido para sucederme en el cargo. Puedo decir que tengo una buena relación con él, creo que es una persona seria, profesional y responsable". 


¿Entonces, tiene su venia?, pregunta la periodista Vivian Berdicheski: "No se necesita mi venia, pero se merece mi respeto".

Sobre su futuro, también es escueto: "No, no me voy a retirar de la actividad profesional, voy a seguir en la gestión cultural. Tengo algunas alternativas, pero tampoco quiero apresurarme. Hay que hacerlo meditativamente y por el momento mi cabeza está concentrada en terminar bien el año".

De modo que más que enumerar los múltiples logros en el Teatro que dirigió desde que el Alcalde de Santiago Carlos Bombal lo seleccionara en las aulas de la escuela de Derecho de la Universidad Católica para ello, me pareció interesante dar una mirada a aquellos otros lugares en los que la experiencia de Andrés sigue dejando huella. Su tenacidad para que la futura gran sala del GAM sea acústicamente perfecta; sus aportes en diversos procesos legislativos relacionados con las donaciones privadas, o su persistencia en obtener autorización para el consumo de alcohol en los intermedios de óperas y conciertos, como acontece en los teatros del mundo. Todo siempre -como abogado- bajo el imperio de la ley, sea ésta existente o por existir.

Cuando hace casi veinte años, en 1996, una colega pidió mi apoyo a la postulación de Andrés al Premio Ernesto Pinto Lagarrigue de gestión cultural, que entregaba la Fundación Amigos del Arte, no dudé en darlo, tal como acabo de asistir al reconocimiento que le entregó la Corporación del Patrimonio Cultural. Galardones que se deben a su gran labor en beneficio de las artes musicales y escénicas, aún considerado su penosa subsistencia bajo dictadura.

Sin ser, por lejos, el miembro de directorios que ocupa más líneas en las actas de las sesiones, sus observaciones suelen ser meditadas y serenas. Destreza que -ahora sabemos- práctica observando pájaros. No me sorprende.

Por ello, quienes compartimos las mesas de directorio en el Centro Cultural Estación Mapocho, el GAM y la FOJI almorzamos con Andrés para reconocer su trabajo como gestor cultural.

Alrededor de una mesa.

03 diciembre 2015

ZUCKERBERG, LA FILANTROPIA Y EL TEATRO DEL LAGO


Un día pleno de amor, en el que anuncian -junto a su mujer Priscilla Chan- el nacimiento de su hija Max, fue el escogido por Mark Zuckerberg, la séptima persona más rica del mundo, para agregar que está dispuesto a donar el 99% de sus acciones de Facebook. No es extraño, en la cultura en la que creció, asociar la filantropía al cariño. Es quizás ello lo que nos falta en Chile para comenzar a ser realmente filántropos.


En efecto, las grandes donaciones que nos recuerda nuestra pobre -literalmente- historia al respecto están a asociadas al cariño que tuvo, por ejemplo, don Federico Santa María por los obreros que contribuyeron a forjar su fortuna y les legó, con testamento escrito en piedra en plena avenida España de Valparaíso, un escuela de artes y oficios para que se capacitaran sus hijos.

Harto más generoso que sus sucesores que, en efecto, ampliaron el acceso de la población a la universidad pero a través de la creación de entes privados que -de pasada- contribuyeron también a crear nuevas fortunas. Hasta ahora ninguna tan generosa como la de don Federico.

Es que la corta trayectoria de esta pequeña capitanía al final del mundo enseña que el enriquecimiento no deja de ser una empresa individual con alguna "pequeña ayudita de sus amigos" -como corearon Los Beatles-, cuando éstos, vía Chicago, llegaron al Poder.

A pocos se les ocurrió pensar que la riqueza se da en un lugar determinado y debido al esfuerzo de seres humanos determinados, los que merecen un reconocimiento como país y como trabajadores. A lo más, como nos enseña la historia reciente, descubrieron que el mejor uso de esa riqueza era "invertirla" en dirigentes electos que defendieran sus privilegios.

Hasta ahí, de filantropía nada. Sólo algunos tímidos intentos de hacer pensar a los empresarios que tenían una cierta "responsabilidad social", por la que se los premiaba prematura y dócilmente.

Pocos, muy pocos, al menos en cultura, decidieron invertir en artes y educación. Otros, continuaron creyendo que ambas son una buena forma de marketing organizando conciertos y muestras en lugares remotos o que impiden la necesaria reiteración habitual que es consustancial a la formación de públicos cultos y educados.

Es sabido que esta formación de hábitos, se da en espacios concretos, sí de concreto y fierro, como lo entendieron quienes han invertido en el Teatro del Lago o el más reciente Centro 660. En ambos casos, es posible advertir una dosis de amor por las artes, las musicales en el primer caso y las plásticas en el segundo. Pero también comienza a advertirse -así lo han señalado personeros del Teatro del Lago- una desafección de las nuevas generaciones, con la consiguiente incertidumbre respecto del futuro de los proyectos.

Ante ello surge la intención de mirar hacia el Estado. Grave error pues éste está precisamente cerrando la cartera de la infraestructura cultural luego de haber cumplido con las ambiciosas promesas de construir, con el mismo cemento y fierro, centros culturales en todas las ciudades mayores de cincuenta mil habitantes. Se dispone ahora, con toda lógica, a enfrentar el tema del perfeccionamiento de la gestión de todos aquellos lugares edificados en este siglo XXI.

El paso adecuado es incitar a la filantropía privada. Todos juntos, Estado, empresarios, sociedad civil, corporaciones, líderes de opinión.

Al respecto parece una buena iniciativa la del Harvard Club de Chile de celebrar su fin de año escuchando a Nicola Schiess relatando la experiencia del Teatro del Lago. También, la Corporación del Patrimonio Cultural, que preside Carlos Aldunate, se apresta a desarrollar iniciativas relacionadas. 

Y dejemos de creer que anunciando "proyectos exitosos"va a llegar más dinero. Conociendo nuestro temperamento, el éxito acarrea envidias. Lo que tenemos son proyectos inconclusos, bien encaminados, regularmente gestionados...  y que requieren ser mirados como esa Max que contemplan los Zuckerberg, con amor, sin verlos como competencia.

Sino como necesarios aportes solidarios con esta sociedad que nos pertenece tanto como a nuestros hijos y nietos.


25 noviembre 2015

MÚSICOS EN LA MONEDA, MURALISTAS EN EL MUSEO



Hay simultaneidades que, más que tener que optar, obligan a pensar. Ocurrió con una tarde del 19 de noviembre cuando Santiago ofrecía, al mismo tiempo, asistir a un concierto de la Orquesta Juvenil de la Universidad de Talca y a la inauguración de la muestra pendiente de muralistas mexicanos, violentamente interrumpida por el golpe militar del 11 de septiembre de 1973.


La convocatoria visual que se desarrolló en el Museo Nacional de Bellas Artes, hito de celebración del centenario de nuestra Independencia, contenía parte significativa de las obras que se regresaron a México sin desembalar, en el mismo avión en el que viajó a esas tierras de libertad la viuda del Presidente Salvador Allende y del que debió formar parte del pasaje el Premio Nobel Pablo Neruda.

Llegó Hortensia Bussi, de traje color mostaza, a la losa de Ciudad de Mexico y la esperaban, de riguroso luto, el Presidente de los mexicanos y todo su gabinete. No llegó Neruda, que era asesinado en una clínica de Santiago, y las obras de arte retomaron su gira por museos receptivos del mundo.

Chilenos ni mexicanos olvidamos que algo estaba pendiente y la memoria se hizo fuerte este noviembre de 2015 cuando a los potentes cuadros se agregó, en la muestra abierta, testimonios periodísticos -nerviosos cables de agencias de noticias incrédulas-,  relatos de protagonistas en video, cartas de responsables de curar (nunca tan adecuada la palabra) las obras y otros objetos de memoria que contextualizan y terminan de explicarnos lo acontecido en esos días de tragedia que se cernieron sobre Chile y sus habitantes.

Una muestra digna de verse, como parte de esa pieza que faltaba en el puzzle imborrable de septiembre del 73.

No obstante, con la disposición de revisar las salas del Bellas Artes en otra oportunidad, esa tarde opté por asistir al Centro Cultural Palacio de La Moneda, a escuchar la presentación de una orquesta de jóvenes, notable. Notables la agrupación, sus integrantes y su historia.

Ocurre que es una formación orquestal adscrita a la Universidad de Talca, dónde los instrumentistas estudian la carrera de música y, casi al terminar, se complementan formándose como maestros. Verdaderos pedagogos de la creación de orquestas infantiles y juveniles. Un movimiento que, en Chile hoy, aparece como imparable.

Que no está solo. Que, siendo una de los primeras lineas de las políticas culturales que despegaron una vez recuperada la democracia, en 1990, está ahora acompañado de un reciente presupuesto nacional que financiará a seis orquestas regionales profesionales y de sólidas infraestructuras que pueden acoger sus conciertos: en la misma ciudad de Talca, donde emergió un amplio Teatro Regional; en la capital -como el propio centro vecino al palacio de gobierno, o el GAM, Matucana 100 o el Centro Cultural Estación Mapocho. O los teatros de Temuco, Rancagua, La Serena o Concepción, próximamente. Todos, que no existían cuando la muestra de muralistas quedó pendiente.

En síntesis, una orquesta heredera de los sueños de Jorge Peña Hen, Fernando Rosas y su actual decano, Américo Giusti, que está en condiciones de tocar en cualquier recinto nacional o internacional, firmemente asociada a una Universidad Pública regional y que convoca a audiencias generosas y ampliables.

Quizás por esa estimulante perspectiva de futuro, precisamente por la solidez de su presente, fue que dejé pasar unos días para visitar la muestra de la memoria, que estaba allí para quedarse, un tiempo en el museo, y para siempre en la historia de los chilenos que vivimos y transmitiremos incansablemente a las nuevas generaciones, la epopeya interrumpida por la fuerza, aplastada por las balas pero que ha ganado batallas por convertirse en ejemplo y fortaleza de los tiempos que vendrán.

Por más que de pronto parezca que entramos a una etapa negra, allí está la cultura y sus espacios, sus mujeres y hombres, gestores y creadores, guardando la memoria que nos demanda impedir la reiteración los horrores vividos.

Por eso, salud a las orquestas sembradas por Peña Hen, larga vida a los espacios culturales construidos en democracia y largas filas de visitantes a la muestra pendiente.

No es mucho pedir. Sólo una obligación para quienes pensamos que trabajar por la cultura es guardar y mantener viva la memoria.

11 noviembre 2015

FERIAS Y FESTIVALES, LAS FIESTAS DE LA CULTURA



Dos se van, tres llegan, el nombre del hotel de Pelotillehue -tierra ancestral de Condorito- refleja muy bien la sensación con que culminan las buenas fiestas culturales. No bien salen los entrañables países nórdicos del Centro Cultural Estación Mapocho, ya se preparan los coloridos mejicanos. Esa aspiración, de llegar cada vez a más gente, está también en las palabras de cierre de Ministro de Cultura: "los aportes que entregamos, son con la idea de ir fomentando el acceso de manera gratuita a actividades que se desarrollan en torno a la Feria del Libro", aseguró Ernesto Ottone a radio Cooperativa.


Una sensación similar aconteció al cerrarse Puerto de Ideas, en Valparaíso, el mismo día que FILSA, que deja el propósito de sus organizadores de extenderse a más personas, más estudiantes, más visitantes de redes sociales.

Ambos tienen en común algo más que su fecha de clausura (y de promesas para la versión siguiente). Transcurren en un espacio patrimonial -Valparaíso y el Centro Cultural Estación Mapocho- reúnen atractivas charlas y conversaciones con la posibilidad de llevarse a su conferencista favorito bajo el amable formato de un libro  -desde gigantescos mesones de las editoriales disponibles en Chile, en un caso, desde la mesa de una librería local, en el otro.

Los dos acontecimientos despiertan inquietudes en la prensa y la proveen de entrevistados de lujo, normalmente lejanos de sus espacios habituales. Ambos permiten combinar la sesuda actividad de masticar ideas con la posibilidad de masticar algunas creaciones gastronómicas: muy demandadas cafeterías y heladería en un caso, abigarrados restaurantes de los cerros porteños, en el otro.

Los públicos, aún son de magnitudes disímiles, mientras FILSA puede darse el lujo de segmentar en días de gratuidad -de la mujer, de los adultos mayores, de los profesores y estudiantes- sus casi tres centenares de miles de visitantes, Puerto... seguirá intentando ampliar sus casi treinta mil fieles a escuelas y liceos. 

Lo central es que unos y otros concurren -a bajo costo-, en busca de ideas, de pensamiento, de desafíos a su propio contingente de reflexiones que suelen mantenerse a buen recaudo el resto del año. La reunión de Valparaíso cobra mil quinientos pesos por acceder a cada una de las ofertas específicas, con nombre, apellido y tema delineado. FILSA -con precios diversificados- cobra el acceso a su monumental sede, manteniendo una cantidad de actividades gratuitas, con subsidio del Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura.

Da la impresión, por las palabras de Ottone, que se continuará un proceso de ampliación de dicha gratuidad.

En un comentario anterior, señalaba que el Festival del Libro de Edimburgo es tal porque el acceso a los textos -ordenados por autor y por fecha de aparición, no por editoriales-  es abierto mientras los lectores se agolpan en las salas que les ofrecen -previo pago, no menor, de unos nueve mil pesos chilenos- el contacto "en vivo y directo" con su autor favorito, que dicta una conferencia.

Quizás esta fórmula, que han generalizado en el mundo los grupos musicales, afectados por la disponibilidad universal de sus obras vía electrónica, pueda constituir una nueva veta de nuestra feria futura.

Ello implicará un esfuerzo aún mayor del Comité de Programación de FILSA, que ya ha dado bastante, por acercar a los chilenos a más figuras de la talla de los mejores invitados de Puerto... complementando aquellas presentaciones de libros, que suelen acontecer en las tardes de feria.

Es que quizás, la coincidencia de fechas, más que una infeliz alternativa para algunos, puede ser la base sobre la cuál podrían dialogar dos festivales que parecen condenados a complementarse.

Es decir, que la feria tenga más de festival y el festival un poco mas de feria.

Y que el pensamiento siga floreciendo, generosamente, en ambas.

03 noviembre 2015

LAS PALOMAS Y EL BUS PREMIUM 2310 A EL MELÓN




Siguiendo los sabios consejos de mi amigo Enrique Malig -conocido como Atilio Andreoli- que dictamina que "los caballeros andan en metro, deben saber lo que ocurre en la sociedad", deseché regresar desde La Serena a Santiago en avión, para optar por un servicio Premium ofrecido por la línea Tur Bus. Mala determinación. Tal sueño terminó a la vera del camino, a metros del peaje del túnel El Melón con el vehículo irremisiblemente detenido por una pequeña manguera del aire cortada.

El anuncio aseguraba hasta 180° de reclinación; bandeja de apoyo para los pies; mayor privacidad; servicio de atención a bordo, y tecnologías varias. Todo iba muy bien, hasta la inesperada despertada del auxiliar explicando: "Estamos en pana". Bueno, en este momento se estarán comunicando con la central para enviar algún otro bus a rescatar a esta treintena de pasajeros averiados, pensé. Estamos a aproximadamente a dos horas de Santiago...

Mal pensamiento. Al bajar, luego de un rato en que deglutí un sandwich de miga -harta miga- que el auxiliar había abandonado a mi lado mientras dormía, descubrí que de rescate, nada. Los pasajeros estaban en tierra con la vista fija en la carretera y las maletas, incluyendo la mía, estaban en el piso.

- Es que tienen que venir a buscarnos, dije, ingenuo. 
- No, se van a tener que ir por otra vía porque este bus no puede seguir. 
Había terminado abruptamente loa "atención a bordo", claro, estábamos en el camino.

Decidí entonces recurrir a los atribulados choferes que, con sendos celulares de ultima generación en mano, intentaban copmunicarse con "la central". La mejor noticia era que tal vez enviarían un mecánico desde Viña. La peor era que no vendría otro bus, que deberíamos acometer los que venían desde el norte, de la misma empresa, sobre los cuales no había información alguna sobre tiempo de llegada y capacidad disponible. 

Ante la consulta de algunos pasajeros sobre una eventual devolución del monto del pasaje. La respuesta era que deberían consultar al llevar a Santiago, en ventanilla. 

Advirtiendo la ineficacia de la tecnología de Tur Bus, decidí aplicar la propia. Llamé a mi oficina para que consultaran a su planta telefónica mientras me dispuse a enviar un tuit dando a conocer nuestra desgracia. La respuesta telefónica fue que "una vez ingresado la falla del bus al sistema, la empresa a través de gps ubica buses que van detrás del que esta en panne y programan el traslado de pasajeros, si no hay disponibilidad de asientos la empresa ubica un bus que se encuentre lo mas cercano al bus con falla y lo manda a buscar el total de los pasajeros, recién una vez en Santiago a través de la web con el número de su pasaje puede poner un reclamo".

Mis sendos tuits "Bus 2310 acaba de quedar en pana en El Melón. Espero que compañía se haga cargo".  Y "30 pasajeros esperamos solución a la vera del camino. ¿Empresa no tiene plan de emergencia?" Recibieron la siguiente respuesta: "Arturo, envíanos por favor nº de boleto y datos de contacto a atencion_clientes@turbus.cl". Lo que aplicadamente hice, con tanta ingenuidad como ausencia de respuesta.

En el interinato, los choferes se arremangaron  y comenzaron a intentar reparar la malhadada manguera que había paralizado la máquina. El resultado fue sólo manos negras y la rotura de otro conducto. "Nunca nos había pasado", si esto lo mantiene Kaufmann, alegaban, preocupados, más por la fuente de trabajo que por los pasajeros, debo reconocer.

Asumí entonces la defensa de un compañero de viaje, de edad avanzada, manifiestas curaciones y dificultad de movimiento que me había confesado que se dirigía a Santiago, ciudad que no visitaba desde su época de estudiante de Odontología, a un examen médico. Lo esperaba en el terminal un yerno, que no conocía. Claramente era la prioridad para embarcarse en la primera máquina que apareciera en el súper vigilado horizonte de la cuesta de El Melón.

La tripulación estuvo de acuerdo y de hecho, el dentista ocupó el primer y único espacio disponible en el primer bus que emergió de los cerros, un par de horas después de la no deseada detención.

Restaba conocer la situación de los otros vehículos salvadores que venían, se rumoreaba, desde La Serena, San Pedro de Atacama y La Ligua. La incertidumbre se acrecentó al advertir que uno de ellos se dirigía a Valparaíso.

Mientras tanto, algunos pasajeros más jóvenes y urgidos, se aventuraron en un bus de otra compañía que ofreció llevarlos, de pie y  a su propio riego, hasta la cercana La Calera donde se desocupaban la misma cantidad de asientos que de asilados.

Desparramados en la carretera,  los restantes ex Premium, dejábamos pasar el tiempo. En mi caso, intentando, con relativo éxito, explicar el percance a un par de educadoras italianas que no hablaban castellano y que esperaban rematar sus vacaciones en Chiloé, luego de este curioso regreso del norte. Cuando la conversación derivó a los dedalitos de oro que adorna el paisaje, advertí, no sin cierta molestia que el chofer conversaba animadamente con una vendedora de dulces de La Ligua, al borde de la pista contraria, la de los vehículos al norte, es decir exactamente al frente de su máquina y lejos de la avería.

De pronto, se despide y cruza con innegables sintomas de haber encontrado la respuesta.

-Viene un bus desde La Ligua con asientos libres, llega en cinco minutos.

La central de Tur Bus, seguía ausente. La información salvadora llegó por las palomas, como en la edad media.

Sólo que esta vez las palomas fueron amables vendedoras de dulces chilenos premunidas de teléfonos móviles y buena voluntad.

Lo que el supuesto servicio Premium de una compañía gigantesca no da.

Llegué a Santiago, lamentando no haber comprado siquiera un empolvado a nuestras salvadoras.