23 marzo 2016

RICARDO LARRAÍN, "EL DESABOLLADOR"


Además de conocer su cinematografía -de la que "La Frontera" me estremece especialmente- tuve ocasión de compartir con Ricardo momentos que calificaría, a la vez, de complejos y reveladores de su interesante temperamento. El primero, en medio de la noche más oscura de la dictadura militar, otro, quizás en el momento más difícil de la Corporación Cultural Balmaceda Arte Joven, de la que ambos somos socios fundadores.


Curiosamente, el primer caso forma parte de los recuerdos -pocos- más luminosos de los tiempos del régimen militar. Después de sufrir la censura y amenazas personales por mi trabajo en revista APSI, fui acogido, a fines de 1981, por Editorial Andina, como encargado de circulación de sus innumerables revistas (Vanidades, Ideas, Buen Hogar, Mecánica Popular, Harper's Bazaar, The Ring, entre otras). Una de mis responsabilidades era pautear la exhibición en TV de avisos publicitarios de dichas publicaciones. Los filmes venían desde la casa central de las empresas De Armas, ubicada en Miami, con un indisimulable aire caribeño, especialmente en sus audios. 

Para "desabolllarlos" (así conociamos coloquialmente el proceso de dejarlos emitibles en Chile) recurrí a una naciente empresa chilena llamada Filmocentro, encabezada por ese "caza talentos" televisivos llamado Eduardo Tironi.

En una de las actividades más divertidas de mi trabajo, me reunía periódicamente con Eduardo  en su sede de Carmen 340, antigua Peña de los Parra, y éste asignaba la tarea a un joven egresado de la Escuela de Artes de la Comunicación de la UC que hacía verdaderos milagros con las imágenes recibidas, mientras, otro talento -Marcos De Aguirre-  hacía lo propio con el audio.

El resultado mejoró notablemente cuando se nos ocurrió encomendar a Jaime, hermano de Marcos, crear jingles para cada una de las revistas. El éxito fue tal que estos pequeños aportes musicales chilenos, de no más de 30 segundos cada uno, fueron adoptados por la matriz de Miami.

El corolario era adaptar los vídeos originales caribeños a esta música absolutamente nueva -con increíbles ritmos de barrido, lavado o maquillado- y que no había sido considerada durante su lejana filmación. Esa era la tarea de Ricardo.

Poner su talento en producir los spot que combinaran perfectamente la imagen con el jingle, que era un elemento permanente que identificaba a cada revista y a la vez, la diferenciaba de los otros títulos. Sí, diferenciar a Vanidades de Buenhogar y ésta de Ideas. Y lo lograba. Hay cifras de ventas que lo demuestran.


El segundo caso, en plena democracia, que compartí con Ricardo fue la agonía a la que sometió el gobierno del Presidente Sebastián Piñera a la Corporación Balmaceda Arte Joven, al reducir los aportes públicos que recibía, a la mitad, sin que hasta ahora se esgrima una buena razón. Como en situaciones de auto gol, las propias autoridades del Consejo Nacional de la Cultura se embarcaron junto al Directorio de la Corporación, en la búsqueda de fórmulas que permitieran a la institución, sobrevivir a la crisis.

En esos afanes, muy bien comprendidos por los trabajadores -que rechazaron los improbables reajustes de sueldo- y el Director Ejecutivo, Felipe Mella, que no dejó puerta por golpear ni proyecto por presentar, las palabras de Ricardo fueron cruciales. Recuerdo que en medio de la desesperanza total en que estábamos -la mayoría de los directores- dispuestos a derivar al querido Balmaceda a cualquiera que se interesara por entregarnos recursos (y había un Ministerio muy ganoso) Larraín hizo un calmado alegato por conservar el espíritu original de la institución que ambos habiamos visto nacer, dando formación artística a jovenes de escasos recursos.

Mantener, en otra palabras, su sentido social y cultural, sin transarlo. Aunque arriesgaramos su subsistencia.

Caló hondo su discurso y resolvimos, resolvieron sus trabajadores y ejecutivos, mantener la bandera al tope, mismo sitial donde se mantiene hasta hoy, en una condición bastante mejorada, bien desabollada y dispuesta a iniciar una nueva etapa con presupuesto justo recuperado, Presidente del Directorio recién nombrado y un concurso para seleccionar,  a través de consultora externa, a su nuevo/a director/a ejecutivo/a.

Las tranquilas palabras de Ricardo en momentos de tormenta van a seguir acompañando la navegación en los nuevos desafíos.

Eso se llama dejar un legado.

Gracias Ricardo.

18 marzo 2016

ROMANCE ENTRE EL SOL Y LA CULTURA EN EL GAM



Miguel Lawner, arquitecto de la Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU) recibió, en marzo de 1971, un llamado por el teléfono rojo de su institución: el Presidente Allende lo requería con urgencia. El encargo fue claro: edificar un recinto que pudiera albergar a la Conferencia de la UNCTAD. "En ese momento, nadie sabía en Chile lo que esa sigla implicaba", recuerda Lawner. Mucho menos, en qué terminaría convertido el edificio... y que sería un planta energética ya era ciencia ficción.


Pero la ficción terminó de derrumbarse el 17 de marzo de 2016, cuando un dron equipado con una cámara de TV enviaba al hall del GAM la señal de lo que se había construido en su techo y más aún,  el rostro de uno de los trabajadores que había posibilitado el empeño, que fue minuciosamente interrogado por el Ministro de Energía, Máximo Pacheco, que cada tanto miraba hacia las alturas indicando que dialogaba con el encascado trabajador.

Ese casco no era nuevo en el entorno. Miles de ellos fueron visualizados por entusiasmados chilenos que veían en los albores de los 70s cómo cada día crecía un poco más la sede de ese improbable encuentro. Finalmente, los vimos sentados en plena Alameda disfrutando, en mesas y bancas de madera, los tijerales de la construcción con las tan vigentes empanadas y vino tinto.

Terminada la reunión mundial, la obra pasó a ser el Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral, caracterizado por estar inundado de obras de arte, creadas e instaladas durante la edificación por artistas visuales que recibían igual paga semanal que los obreros. Pero no sólo había arte en su espacio aéreos, plazoletas, puertas y vitrales. También los cocineros del centro se daba maña para alimentar creativamente a centenares de chilenas y chilenos que concurrían a almorzar al que fuera el primer auto servicio de Santiago, dónde se alimentaba al público por bajo precio y abundante cultura.

No era casualidad entonces que entre esas filas de ciudadanos premunidos de bandejas plásticas se encontraran muchos de los trabajadores de Quimantú, editora industrial ubicada a escasas cuadras. 

Se podría decir que fueron quienes por primera vez trajeron el sol al ahora GAM. En efecto, el nombre de la editora significa en mapudungun sol del saber: kimn antü. 

Pasaron los años y con ellos las desgracias que asolaron al edificio: sede de la Junta Miliar de Gobierno y sus más deleznables oficinas anti cultura, como la DINACOS, dirección de comunicación social, que ejerció sin tapujos y con entusiasmo, primero la censura previa y luego, la "auto censura" de las esforzadas publicaciones disidentes a la dictadura. Después vino el incendio de 2006, que se llevó, en plan sahumerio, gran parte de las malas vibraciones que permanecían en el edificio.

Las buenas noticias sobrevinieron con el primer gobierno de la Presidenta Bachelet, que resolvió llamar a concurso de arquitectura. "Concursar es una fiesta", es frase favorita de Miguel Lawner, "veterano" de la UNCTAD III y de Isla Dawson. La pronunció con ocasión de la presentación de un libro de la Dirección de Arquitectura del MOP sobre proyectos emblemáticos que fueron concursados: la Plaza Sotomayor de Valparaíso; el edificio de correos en calle Balmaceda a un costado del Centro Cultural Estación Mapocho; el Museo de la Memoria en la cultural calle Matucana, y el Centro Cultural Gabriela Mistral.

Luego, se desarrolló el espacio que conocemos y que acaba de coronar su techo con paneles solares, en un intento de atrapar los esquivos rayos de sol en un Santiago contaminado.  Igual, el ahorro energético se calcula en a lo menos un diez por ciento del gasto actual. Tan relevante es que el Ministerio de Energía escogió este sitio para dar a conocer masivamente su plan de atiborrar de paneles  y por ende, de energía limpia, a nuestro país.

Loable iniciativa, que contó con el respaldo del Ministro de Cultura, el Directorio, los Ejecutivos y personal del GAM que observaron atónitos cómo el sueño de lograr recursos para la mantención de centros culturales comenzaba a hacerse realidad desde el fructífero diálogo que comienza a establecerse con el sol, el antú que también simboliza el próximo Ministerio de las Culturas, testimonio necesario del carácter multicultural de Chile.

¿Tendría el Presidente Allende presente esa variable cuando nombró la editorial estatal fundada por su gobierno? No lo sabemos, pero sí que el sol -en su bautizo- y la energía en el "quimantusiasmo" de los trabajadores de los tres turnos ininterrumpidos con que volaban esas prensas, están en los fundamentos de esa millonaria productora de libros "al valor de una cajetilla de los cigarrillos más económicos".

Es que el sol y la cultura avanzan de la mano. Si no lo creen, recuerden el apagón cultural.  

MEMORIA DE UN MILLON DE VISITANTES





Hace 20 años, durante una estadía invitado por el gobierno de Francia, me llamó la atención la memoria anual que publicaba el Centro Cultural Georges Pompidou de París. Era un balance, ordenado alfabéticamente, de los diferentes conceptos manejados durante el año, más que largas explicaciones cronológicas o por disciplinas. Consultados sus responsables, me comentaron que era elaborado por un Observatorio del Público, al cuál reportaban más de 800 personas –guardias, boleteros, guías de exposiciones y otros que tenían el contacto directo con el público- cuyos informes se traducían en cifras.


Al regresar a Chile, nos pusimos en campaña para crear, en el Centro Cultural Estación Mapocho, el primer Observatorio del Público de nuestro país. Su producto inicial fueron Las diez cifras de 1995.

La idea era dar cuenta del trabajo anual, organizado a partir de números –algo muy poco frecuente en el ámbito artístico- de fácil recordación y en poco espacio.

Descubrimos que podíamos condensar cifras de visitantes, días de actividades, número de funciones de artes escénicas, nivel de fidelidad del público, monto de los aportes a la cultura, magnitud de los proyectos presentados al Comité de Donaciones Culturales… Luego los números se fueron complejizando y simplificando a la vez.

Se introdujeron porcentajes, se pudo elaborar perfiles del público, comparar varios años, hacer sociología.

Nuestro Directorio, primer destinatario del documento fue orientándonos a mayores sofisticaciones, como por ejemplo, cantidad de personas que vienen a determinada actividad de gran público y pasan, además, a las muestras de artes visuales… y a la inversa.

Así, verán en esta memoria del 2015, en

http://www.estacionmapocho.cl/wp-content/uploads/2016/03/memoria2015.pdf

tanto la satisfacción por el millón y algo de visitantes como los planes con que nos desafiamos para el 2016.

Bienvenidos.



14 marzo 2016

INDICANDO A LA INDICACIÓN



Cuando la vida nos da oportunidades, no debemos dejarlas pasar. Eso pensé -muy poco rato, es verdad- cuando el flamante Alcalde de Santiago Jaime Ravinet me ofreció, en 1990, incorporarme al proyecto que transformaría la vieja estación abandonada en el Centro Cultural Estación Mapocho. Desde entonces, cuatro años de remodelación y más de veinte de gestión, me han enseñado que el sueño de convertir el monumental edificio en un lugar que cuidara el patrimonio, difundiera la cultura y se autofinanciara, es posible. Pero sería muy egoísta no compartir dicha experiencia con las decenas, sino centenas, de centros culturales que, desde entonces, han florecido en las comunas Chile. Por ello, deseo fervientemente aprovechar la oportunidad que brinda la discusión sobre el Ministerio de las Culturas para asegurar la sobrevivencia digna y provechosa de esos espacios que sustentan el desarrollo cultural chileno.


La clave de su permanencia en el futuro es su mantención.

Por alguna razón que desconozco, ese ítem no está contemplado en los presupuestos nacionales o locales. En cambio, sí estuvo en la mente del creador del proyecto remodelador que puso, en la misión del futuro Centro Cultural Estación Mapocho, como primer objetivo, la mantención del monumento nacional, sin que significara un gasto alguno para el erario nacional. Es decir, señores de la Corporación Cultural que administraría el emblemático edificio -mayoritariamente corporaciones similares, sin fines de lucro- ustedes reciben el bien y lo mantienen de tal modo que pueda ser usado para -y aquí el segundo objetivo- difundir la cultura.

Hacer cultura en un establecimiento digno, dónde ésta juegue de local y a la vez, como natural consecuencia, ir formando audiencias que combinen sus intereses por el libro, las artes visuales, las escénicas y todas aquellas otras que vayan emergiendo.

Nada habría sido posible si el edificio no se hubiese conservado en excelentes condiciones, padeciendo terremotos, misteriosas inundaciones, maratones de rock y millones de visitantes por año.

No habríamos recibido el Premio Reina Sofía de Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural ni alguno de los reconocimientos nacionales internacionales de los que hemos sido objeto, si no hubiésemos podido generar -mediante arriendo para exposiciones, locales comerciales o administración de proyectos de donaciones culturales- los recursos necesarios para mantener, con un personal mínimo pero motivadísimo, esta infraestructura privilegiada.

Lamentablemente, no es el caso de otros centros culturales que se han edificado, con generosidad estatal, en ciudades mayores de 50 mil habitantes y comunas de las grandes urbes. Ellos no pueden generar los fondos necesarios para mantener esos espacios. Tampoco se los permite el respaldo que suelen recibir de municipios, fondos concursables o privados. En general, el sistema de financiamiento cultural está orientado a proyectos. A actividades nuevas, a manifestaciones artísticas.

Lo que está muy bien, pero ha dejado olvidado aquello que es fundamental, básico, la infraestructura que debe funcionar para que todo lo anterior sea acogido como merece.

Es entonces el momento de hacernos -gobierno, parlamentarios, sociedad civil- cargo de ese aspecto, tan central como poco visible.

Nuestra actividad cultural pre 1990 acontecía normalmente en espacios prestados: estadios, gimnasios, lugares de culto, la calle... Con arquitectura efímera era suficiente: escenarios, cortinas, panelerías y mucha buena voluntad. Era escenografía.

Afortunadamente, a partir del ejemplo del Centro Cultural Estación Mapocho se comenzaron a construir espacios. Es decir, entró el fierro y el cemento en la escena cultural. Luego los planes de gestión y el Consejo Nacional de la Cultura.

Es entonces esa entidad estatal, que esperamos transversal para regir toda la actividad cultural, artística y patrimonial de Chile, la que debe hacerse cargo de esta realidad y contemplar recursos públicos para conservar de buena forma la formidable infraestructura cultural de la que nos hemos dotado en sólo 25 años.

Lo primero, señores diputados, es incorporar al texto que comienzan a discutir la palabra mantención (numeral 12 del Artículo Tercero), así de simple.

Lo segundo, es crear el órgano adecuado para administrar esos fondos destinados a la mantención de los espacios culturales -incluidos por cierto los museos y bibliotecas públicas- y a acumular, compartir y enriquecer toda la experiencia en gestión de infraestructuras culturales hemos vivido estos años.

Nada mejor, considerando la experiencia de los consejos sectoriales existentes -que el Proyecto en discusión mantiene idénticos-, que crear un Consejo Nacional, participativo y potente, que se ocupe de la Gestión y la Infraestructura Cultural.

Las nuevas generaciones lo agradecerán.

07 marzo 2016

UN CONSEJO DE LA INFRAESTRUCTURA Y LA GESTION


Convocados por su Presidente, el diputado Roberto Poblete, a la Jornada Temática de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, para debatir sobre la indicacion sustitutiva que crea el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, surgen diveresas observaciones que se agruparan en cinco categorías: lo conservado; lo reconvertido; lo nuevo; las ausencias, y la propuesta.


Dos décadas y media de experiencia en la gestión y autofinanciamiento del espacio patrimonial Centro Cultural Estación Mapocho, estimulan a intentar contribuir en este debate. De la práctica y la reflexión sobre ella aprendimos que es imposible considerar aisladamente la gestión, de la infraestructura, de las audiencias y del financiamiento. Todos esos aspectos interactúan, como un sistema integrado, que ha permitido cumplir con la misión de preservar el patrimonio que está a nuestro cargo y a la vez difundir la cultura, recibiendo en concesión del Estado, el monumento nacional que nos acoge, sin contar con financiamiento público alguno. Desde esa perspectiva, esperamos contribuir con nuestra experiencia y, desde luego, enriquecernos con aquella de los demás participantes


Lo que el Proyecto de Indicación Sustitutiva conserva de lo existente, es un Consejo Nacional de la Culturas, las Artes y el Patrimonio (más representativo), desconcentrado territorialmente; la Convención Nacional anual, convocada por el CNAP, para recibir de la sociedad civil observaciones y propuestas sobre la marcha institucional; los Consejos Regionales (más representativos) que desconcentran territorialmente al CNAP; los Consejos Sectoriales del Libro y la Lectura, la Música y la Industria Audiovisual.

Se formaliza la Secretaría Técnica del Consejo Nacional de Monumentos Nacionales, hasta ahora existente de hecho, y la hace más representativa. Se crean legalmente los sistemas nacionales de bibliotecas, de museos y de archivos. Hasta ahora sólo funciona el de bibliotecas, sin existencia jurídica.


Además, el Proyecto reconvierte a la DIBAM, un “servicio de funciones coordinadas” regido por DFL 5200 del 10 de diciembre 1929, en un Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, desconcentrado territorialmente.

Por su parte, en la actualidad, el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes que "estudia, adopta, pone en ejecución, evalúa y renueva políticas culturales", se convierte en el Consejo Nacional de las Culturas, las Artes y el Patrimonio que aprueba la Estrategia Quinquenal Nacional y "propone políticas, planes y programas".

El Consejo Nacional de la Cultura y las Artes es un servicio público autónomo, descentralizado y territorialmente desconcentrado, con personalidad jurídica y patrimonio propio, que se relaciona directamente con el Presidente de la República. Ahora pasa a ser Ministerio, es decir, una Secretaría de Estado encargada de colaborar con Presidente(a) en "diseño, formulación e implementación de políticas, planes y programas para contribuir de manera transversal al desarrollo cultural y patrimonial armónico y equitativo".


Entre lo nuevo del Proyecto está el rol transversal del Ministerio en el Estado "velando por consistencia y coherencia de las políticas, planes y programas culturales"; la creación de un Consejo Asesor de Pueblos Indígenas (de carácter transitorio), y de un Fondo del Patrimonio Cultural, con jurados designados por CNCAP, administrado por el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural.

Adicionalmente, el Ministro(a) y dos expertos designados por el CNCAP formarán parte de los Jurados que asignen Premios Nacionales de Artes y Literatura.

Comenzará a existir una Estrategia Quinquenal Nacional aprobada por el CNCAP, junto a la facultad  de los Consejos Regionales para diseñar y ejecutar planes y programas y aprobar la Estrategia Quinquenal Regional.

La Cineteca Nacional es declarada institución patrimonial y su autoridad, tal como los cargos de Director(a) de las instituciones patrimoniales nacionales se proveerán mediante concurso según la Ley 18.834 sobre Estatuto Administrativo.

Se establece por Ley la creación de Archivos Regionales a cargo de Conservador(a) Regional nombrado(a) por concurso. 

Se traslada desde el Ministerio de Edfucación, la facultad de Exención del IVA a espectáculos, la que quedará radicada en la Subsecretaria de Artes.

Se establecen viáticos a Consejeros nacionales, sectoriales y regionales, que no sean funcionarios públicos.


Entre las ausencias del proyecto, destaca una relación insuficiente del Ministerio con corporaciones y fundaciones sin fines de lucro, de alcance nacional, que reciben aportes públicos y/o administran grandes establecimientos culturales. Tampoco contempla una forma de relación horizontal entre dichas organizaciones sin fines de lucro ni entre éstas y las instituciones patrimoniales nacionales 

Por otra parte, no se contempla el concepto, ni sus respectivos recursos, para la mantención de los espacios culturales a nivel nacional, regional o local.

No existe una política de creación, administración y otorgamiento de estímulos, del propio Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, como la Orden al Mérito Pablo Neruda y otros Premios

No se contempla una institucionalidad para las artes visuales ni estímulos al micro mecenazgo o crowdfunding.


En consecuencia con lo anterior, se propone la Creación de un Consejo Nacional de la Infraestructura y la Gestión Cultural, a semejanza de los consejos sectoriales existentes, que tenga por misión coordinar los diferentes espacios culturales, formule propuestas para su mejor gestión, su financiamiento, políticas para su mantención, formación de audiencias, acogida de muestras multi espaciales del país o el extranjero.
Además, que administre un Fondo de Infraestructura y Gestión Cultural destinado a financiar proyectos de mantención de espacios, programas mixtos de formación de audiencias y de gestores, de apoyo a grandes muestras multi espaciales de interés nacional.

Dicho Consejo con integrantes del Estado y la sociedad civil, tendrá representantes de museos; fundaciones; corporaciones; bibliotecas; teatros; otras infraestructuras culturales regionales o locales; asociaciones gremiales de gestores; agrupaciones de audiencias; agrupaciones de macro y micro mecenazgo.

29 febrero 2016

DE AJUSTES, ABUELOS, OSOS Y EXILIOS


Pocas actividades más humanas que contar historias. Algunas se las lleva el viento como aquellas que se cuentan en un escenario de la Quinta Vergara con fines humorísticos y de rating. Otras, se narran después de haberlas pensado mucho, de haber digerido su contenido, de haber podido asumir sus tristezas y dolores. Es el caso de La historia de un oso, que nos llenó de imaginación un improbable 29 de febrero, el de 2016. Esta historia del exilio de un futuro abuelo, de la captura y humillación de un militante allendista, vuelve sobre sus captores y llena de oprobio a los hechores y sus complices pasivos. 


Mientras celebrábamos, se conoce también otra realidad, la presente, que implica reducir los recursos fiscales para el año que comienza, lo que obviamente alcanza tambien a la cultura. El hecho trae a la memoria las reacciones de museos españoles enfrentando la recesión de hace algunos años. Primero, quejas, luego reducción de actividades. Si nos dan menos desde el gobierno, pues haremos menos exposiciones en igual proporción. Exactamente lo contrario a que acostumbramos en América Latina. Si hay menos recursos, pués debemos redoblar los esfuerzos, la gestión y la búsqueda de recursos privados. Es la diferencia entre quienes poco conocían de crisis y quienes sobrevivimos en ellas.

Cuando el realizador de La historia de un oso grita ¡Viva Chile!, a voz en cuello, aferrado a un Oscar, no está avivando sólo a un gobierno, sino a un país que contribuyó a la factura del documental, a su universidad; al Consejo Nacional de la Cultura y su sectorial audiovisual de composición transversal; a la Corporación de Fomento; a diversas formas de apoyo de nuestra diplomacia; a ciudadanos que se fotografiaron con el Oso en pleno paseo Ahumada, a festivales anteriores que lo habían reconocido... A una manera de hacer arte en nuestro país.

En definitiva, a toda una trama que le permitió llegar a Hollywood y ganar. Trama que comenzó con una historia triste, de un abuelo alejado a la fuerza por la dictadura y que sólo hoy, después del Oscar, se decide a mirarse en pantalla. Es que su drama es universal. 

Gabriel Osorio no cuenta sólo de su abuelo; narra, en tiernas imágenes, las vidas de desterrados que cruzan el Mediterráneo, o la frontera Siria, incluso la de nuestro país, viniendo de Haití, Colombia o Perú, escapando de flagelos tan presentes como agobiantes.

Todo ello nos debe llevar a extremar esfuerzos para que -ojalá- continuen produciendose, en Chile y otras partes, estas creaciones que no nos permiten vivir como si nada malo ocurriera. Como si no hubiese muchos motivos en el mundo para decir "Nunca más..."


El mismo día cuya noche nos llenó de Oscar, el diario La Tercera publicó un llamado del Consejo Nacional de la Cultura, convocando, por segunda vez, a tres postulantes de la sociedade civil para que integren el Comité Calificador de Donaciones Privadas. Feliz coincidencia que permite estimular a quienes deseen postularse para contribuir -hasta el 15 de marzo- a la gran tarea de mejorar los financimientos privados a nuestro desarrollo cultural.

En alegres tiempos de triunfo de nuestros artistas es momento de recordar también que la cultura es tarea de todos y sus creaciones, hermosos motivos para seguir relatando historias a nuestros nietos.

Como este Oso y los que vendrán.


24 febrero 2016

¿CÓMO SE FINANCIA LA CULTURA EN CHILE?

 


El verano, habitualmente reposado en debate cultural, tuvo una excepción en 2016. La inminencia del debate parlamentario sobre el proyecto de Ley de indicación sustitutiva que crea el Ministerio de las Culturas, aguzó a diversos actores que hicieron ver su respectivos planteamientos. Por una parte, quienes ideológicamente propugnan la casi exclusiva intervención estatal en el financiamiento de las artes, se han encontrado con buenas razones para promoverla, a partir de la desgastada situación en que se encuentran los museos públicos, enfatizada por los magros resultados de una política de gratuidad sin mejorar su gestión. Por el otro, quienes viven a diario el esfuerzo por allegar fondos privados, han impulsado el debate sobre la necesidad de aumentar la filantropía en este campo.


La realidad -en palabras del Ministro Ernesto Ottone- se ha encargado de recordar que vivimos en un país que ha definido para ello un sistema mixto y que los grandes esfuerzos públicos seguirán enfocados en la infraestructura y el apoyo, vía directa o concursable, a diversas iniciativas que se han ganado un lugar como contribuyentes al desarrollo cultural chileno. Incluyendo los aportes privados que deben alcanzar la corporaciones y fundaciones que ostentan una constitución mixta entre sus socios fundadores y directorios.

Es pertinente recordar que Chile ha establecido, desde fines del siglo anterior, un modelo de financiamiento cultural caracterizado por considerar principalmente la estrecha interacción entre la gestión, las infraestructuras y las audiencias de las mismas.

En una ponencia solicitada para la Cuarta cumbre de las artes y la cultura de Johannesburgo, en septiembre 2009, expuse la amplia gama de opciones para el financiamiento cultural de que disponemos, más allá de los recursos sólo del Estado o sólo de la empresa privada.

La respuesta a la pregunta que nos ocupa no está entonces en el descubrimiento de una “tercera vía” del financiamiento cultural, sino en la enorme cantidad de oportunidades existentes en el espectro entre el financiamiento estatal y el financiamiento privado. Si imaginamos las diferentes posibilidades, tendremos:

Los fondos públicos con asignación pública, que son cada vez menos, pero que surgen como una manera de respuesta rápida ante catástrofes naturales o emergencias; requerimientos urgentes para representar al país en el exterior, en festivales, muestras o bienales; premios a notables, nacionales o extranjeros, que requieren un trámite rápido.

Los fondos públicos con asignación privada constituyen, en volumen y cobertura, los más abultados. En esta categoría están los fondos concursables nacionales, como el Fondart y sus variantes; los fondos sectoriales -audiovisuales, libro y lectura, música-; los del CNTV; algunos premios de las diversas artes, y postulaciones de obras nacionales a concursos internacionales.

Los fondos privados con asignación pública, constituyen una categoría de escaso desarrollo pero que bien podría alentarse desde ambos sectores. Existen los derivados de la Ley de Donaciones Culturales, que son una manera de asignar a proyectos debidamente calificados, recursos aportados por empresas beneficiadas por rebajas tributarias. 

Los fondos privados con asignación privada, son una categoría tan creciente como insuficiente y cubre generalmente premios de gran impacto o aportes empresariales en infraestructuras del talante del Teatro del Lago o CA660. En esta misma categoría, con una escala menor, han aparecido iniciativas ciudadanas que buscan aportes colectivos múltiples para nuevos emprendimientos artísticos, como el micro mecenazgo o crowdfunding.

Si nos preguntamos cuál de estas categorías es la solución, la respuesta es todas. El asunto es cómo aplicarlas armoniosamente, sin que se anulen ni pierdan su potencialidad. Y esa es la gran tarea de la gestión cultural.

La mejor manera de asegurar esa buena gestión es asegurar la presencia de todos los actores posibles de la financiación en organismos colectivos, como directorios de las corporaciones o fundaciones o los consejos sectoriales o nacional que reimpulsa el proyecto de ley que comienza a discutirse.

Si de ese debate surgiera una autoridad sólo gubernamental, automáticamente se restringirían las opciones de financiamiento. Si, por el contrario, en la cabeza colectiva de la nueva institucionalidad se reconoce la presencia de creadores, gestores, patrimonialistas, universitarios, organizaciones ciudadanas, líderes regionales y pueblos originarios, estaríamos en presencia de un organismo sólido que puede aspirar a generar, solicitar y obtener recursos de la sociedad toda.

Así se desarrollará una cultura más libre y representativa del alma nacional.


28 enero 2016

CENTROS CULTURALES MILLONARIOS

Ilustración: Sociología de los Públicos. Revista MGC.

Si existe algo novedoso en Chile, que no se visualizaba antes de los años 90 del siglo XX, son centros culturales de gran público. Es decir, que reciben anualmente visitantes que superan el millón de visitantes. El primer indicio se conoció en 1999, cuando el Centro Cultural Estación Mapocho contabilizó un millón doscientos doce mil personas que, además le permitieron -taquilla mediante- solventar los gastos de un año de fuerte crisis económica. Después vinieron guarismos similares en el GAM y el CCPLM, hasta llegar al 2015 en que los tres espacios superaron holgadamente la millonaria cifra.


¿Qué ha acontecido? Lo primero es que, merced a una política de desarrollo de infraestructuras esbozada en 1990 y formalizada en 2000 por el gobierno de Ricardo Lagos, se crearon grandes edificaciones -remodeladas o nuevas- que complementaban una feliz política aprobada en 2004 por el flamante Consejo Nacional de la Cultura, de crear centros culturales en las ciudades mayores de 50 mil habitantes. Es decir, no se sostendría tal volumen de visitantes a tres espacios de Santiago si no existieran sus referentes en otras ciudades y comunas que alimentan y se alimentan de estos "grandes".

Por ello es relevante el anuncio del nuevo Director del GAM, Felipe Mella -avalado por su Directorio- de convertir el centro en "el gran alimentador de programación para las regiones". Como complemento, el Centro Cultural Estación Mapocho ha dado plataforma  de visibilidad a festivales regionales como FICIL Bío Bío o Cielos del Infinito.

Quizás en el intercambio y no unilateralidad se basa también el que la señalada política se complementó más adelante con la edificación de teatros regionales -ya muestran sus frutos Rancagua, Maule y Magallanes, mientras se construyen en Coquimbo, Bío Bío- y que en el reciente concurso para Director del GAM hayan postulado con mérito y hasta la lista corta final, dos gestoras regionales: una del Teatro Municipal de Temuco y otra del Teatro del Lago de Frutillar.

Por ende, más allá de la alegría que produce hacer balances millonarios en audiencias, es justo reconocer la contribución que otros centros culturales de todo el país hacen para sostener esa creación de hábitos de consumo cultural, tan necesarios para la política de inclusión y acceso que se promueve desde las máximas instancias de la cultura nacional.

El Centro Cultural La Moneda, acaba de celebrar con un cuadro pequeño y una cena grande, sus diez años de esfuerzos por llevar públicos abundantes a un subterráneo vecino del Palacio de Gobierno, que suele intimidar más que estimular, debido a los naturales cercos policiales que suelen coronarlo. Doble mérito de la calidad de las muestras recibidas y los esfuerzos de sus ejecutivas por financiarlas y difundirlas.

El GAM, acaba de finalizar un transparente proceso de escoger director ejecutivo, sin por ello detener su colorida actividad ni dejar de preparar una programación para el año que comienza. Es decir, estas instituciones no sólo están consolidando audiencias sino también institucionalidad y capacidad de gestión.

En este entorno, una luz de alerta dejó el reciente paro de funcionarios de la DIBAM, que afectó a algunos museos, bibliotecas y archivos, que pasó inadvertido -excepto quizás los Bibliometro- para el gran público, que no logró entender qué y cómo se afectaba la cultura cuando los centros "millonarios" y los crecientes festivales de diversas artes, simultáneamente, copaban la agenda ciudadana.

Advertencia para quienes desean que en el proyecto de indicación sustitutiva se conserve, en el Servicio Nacional del Patrimonio, una estructura de la DIBAM semejante a lo existente. La realidad indica, desde hace décadas, que sus espacios requieren reingeniería que los asemeje a los centros cultuales capaces de crear audiencias, incrementarlas y a la vez desarrollar capacidades de gestión para acoger grandes públicos y recibir aportes financieros privados y de los propios asistentes.

Por eso,  sería aconsejable que la mencionada indicación contemple alguna instancia en que se encuentren y compartan experiencias tanto los museos nacionales como estos centros culturales de impacto nacional, más que por su nombre, por su capacidad de atraer -por millones- a los chilenos.

La Jornada Temática que realizará la Comisión de Cultura, Artes y Comunicaciones de la Cámara de Diputados, el 7 de marzo es una buena ocasión para debatirlo.

A prepararse.

19 enero 2016

LA MÚSICA, LOS VIAJES Y UN ÓRGANO PATRIMONIAL


El miércoles 20 de enero de 2016, debía emprender un viaje a Valparaíso, invitado por la Comisión de Educación y Cultura del Senado de la República, con el objeto de "conocer su opinión y tomar conocimiento del oficio de su Excelencia la Presidenta de la República, con el que solicita el acuerdo del Senado para nombrar como integrantes del Directorio del Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes, al señor Sebastián Grey Avins y a Usted. (Boletín N° S 1.852-04)". Habría coincidido en la ciudad con el prestigiado organista alemán, Jürgen Mauri, que cada vez que viene, aprovecha la oportunidad para "dar un concierto en el histórico órgano de la iglesia de los Sagrados Corazones de Valparaíso. Es excelente, una verdadera joya. Que se haya conservado en su forma original es algo extraordinario, especialmente en Chile, que la mayoría de ellos han sido transformados".


Con los años, más el traslado a Santiago, perdí la costumbre de visitar mi primer colegio, protagonista de las historias que narraban mi abuelo ingeniero -"cada terremoto, el padre Rector me pedía que restaurara la torre de la iglesia, que se inclinaba peligrosamente con los sismos"- y mi padre: "vivíamos frente al colegio y su patio era nuestro lugar de juegos". El edificio hoy, es enfrentado por la sede del Santiago Wanderers y la tienda de antigüedades El Abuelo, locación de la excelente novela Colección particular, de Gonzalo Eltesch. 

No obstante, lejos de olvidar los profundos sones del órgano de mi infancia, lo traigo a la memoria periódicamente, en los conciertos dominicales de la iglesia de Saint Paul, del cerro Alegre, donde truena un instrumento donado por la propia Reina Victoria.

En el viaje en cuestión sólo habría alcanzado a visitar el edificio del Parlamento, del que guardo buenos recuerdos, relativos al propósito de la invitación. Allí se reunieron, en 1996, varios centenares de creadores, gestores, patrimonialistas con un puñado de diputados, dando forma a un curioso listado: las 120 (como el vino) demandas del mundo cultural. La primera de ellas, creación de un Consejo Nacional de la Cultura.

Allí presencié, desde la tribuna, el acalorado debate senatorial sobre si la sede de esta demanda debía estar en Valparaíso o Chillán. El resultado fue estrecho.

Allí he asistido a un par de inauguraciones de la Convención Nacional de la Cultura, rito anual que celebra la cúspide de la participación ciudadana en la determinación de las políticas culturales que aplica el Consejo.

Allí fuimos también, con Hernán Rodríguez, cuando los vacilantes comienzos de la democracia, a intentar convencer a senadores -designados y de los otros- de la importancia de aprobar los recursos -diez millones de dólares- que el gobierno del Presidente Patricio Aylwin proponía para una remodelación, que culminaría en el hoy Centro Cultural Estación Mapocho.

No son  malos los recuerdos, ni ajenos a la cultura. Esta vez el motivo es más específico y honroso. La Comisión desea escuchar del compromiso con la cultura y de cómo, sospecho, velaremos -Sebastián y yo- por los intereses republicanos en el Directorio Nacional que eventualmente volvería a integrar.

En efecto, el Presidente Ricardo Lagos me designó en el primero de ellos (2004/2008) y creo haber desempeñado con dignidad esa tarea. Resigné la posibilidad de repostularme entonces, ante la atractiva perspectiva de encabezar el proceso de coordinación de la construcción institucional y física del hoy reconocido Centro Cultural Gabriela Mistral.

Agua en abundancia ha corrido por el Mapocho. Y lo estoy verificando desde la oficina en que escribo. El Consejo Nacional de la Cultura se ha robustecido y se apresta a dar un pasos decisivo en su crecimiento al devenir en Ministerio, cuya discusión reposa en la respectiva comisión de la Cámara de Diputados.

El Centro Cultural Estación Mapocho ha consolidado su misión patrimonial y de difusión cultural, acogiendo desde Cumbres mundiales a cantidades de ciudadanos, que se cuentan en millones cada año.

El GAM vive un proceso de búsqueda de nuevo director, felizmente entregado en su totalidad a su Directorio, formado por representantes de once prestigiadas instituciones, que llevan la tarea con transparencia y apoyo de una consultora especializada.

Es decir, el escenario es completamente diferente al de aquellos años de instalación tanto del Consejo Nacional de la Cultura como del GAM.

Sólo permanece inalterable esa iglesia y ese órgano, que rememoro encendiendo, cada mañana, en el computador del Centro Cultural Estación Mapocho, una emisora dedicada exclusivamente a la música barroca.

De este modo está presente, en los avatares de cada día, la atmósfera creada por instrumentos como el construido por el lutier Aristhides Cavaillé-Coll, declarado Monumento Nacional en 2013, único en estado original, que fuera donado por Enrique Meiggs.

Sí, Enrique Meiggs, el empresario estadounidense de origen alemán, que participó en la construcción de ferrocarriles en Perú y en Chile, y que el 4 de julio de 1863, se subió a la locomotora que, por primera vez, recorrió el trayecto completo entre Valparaíso y Santiago.

Que es uno de mis viajes favoritos.

Pero que no emprenderé esta vez, por cambio en la Tabla de la Comisión. Ha ocupado el lugar, la Carrera Docente.

Es más urgente. Obvio.

Será la semana que viene, en Santiago.



11 enero 2016

EL ESCENARIO DE LA INDICACION SUSTITUTIVA



A inicios de su período, a mediados de 2000, el Presidente Ricardo Lagos presentaba una indicación sustitutiva para crear el Consejo Nacional de la Cultura con buenos augurios y escasa oposición. ¿Cuál será el escenario que acoge a la indicación de la Presidenta Michelle Bachelet, firmada el 17 de diciembre de 2015, para crear el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, acogida a tramitación por la Cámara de Diputados el 7 de enero de 2016?


En primer lugar debe reconocerse que, la de este año que se inicia, tiene una vocación de continuidad y perfeccionamiento de lo anterior, incorporando vacíos que la legislación aprobada el 2003 dejó en suspenso o sencillamente no pudo abordar.

En este orden, se identifican mejoras como la creación de un Fondo Patrimonial con jurados designado de la manera del Fondart; el traspaso de la designación de los jurados de los Premios Nacionales de Artes desde Educación a este nuevo Ministerio; la creación de Archivos Regionales; el reconocimiento de la Cineteca Nacional como ente patrimonial y su ubicación orgánica consecuente; el traslado de la facultad de exención del IVA a espectáculos al nuevos ente, y la incorporación del concepto de Estrategia Quinquenal Nacional de desarrollo cultural, significativo en un país que cambia gobierno cada 4 años.

Entre lo que se conserva está la Convención Nacional que escuchará la cuenta pública anual del Ministerio y hará observaciones y propuestas a su marcha; el Consejo Nacional de las Culturas, las Artes y el Patrimonio que amplia su apelativo y su integración; los Consejos regionales; los sectoriales, y la secretaría Técnica del Consejo de Monumentos Nacionales que también amplía su integración.

Lo que definitivamente se reconvierte es la DIBAM, que deviene en un Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, descentralizado, con sede en Santiago y direcciones en cada región del país; modificando así por primera vez un Decreto con fuerza de ley, el 5.200, que data de 1929. De él  dependerán las instituciones patrimoniales nacionales -las actuales más la Cineteca Nacional- la Secretaría Técnica del Consejo de Monumentos Nacionales y tres sistemas nacionales: de museos, bibliotecas y archivos.

Estas medidas se enmarcan, según la indicación, en una estructura formal que contempla, además de un Ministro(a) con todas las de la ley -literalmente-, dos subsecretarías. Una de las Artes, las Industrias y la Culturas Populares, con las Secretarías Regionales correspondientes y otra del Patrimonio Cultural, de la que dependerá el nuevo Servicio.

Respecto del anuncio de instalar en este Ministerio un Consejo Asesor de Pueblos Originarios, éste aparece como disposición transitoria hasta que encuentre su domicilio permanente en el Consejo Nacional de Pueblos Indígenas que la Presidenta Bachelet anunció, el 11 de enero de 2016, junto al proyecto de Ley que crea el Ministerio de Pueblos Indígenas.

En definitiva, se advierte un esfuerzo por incorporar lo existente, introducir cambios necesarios y aspirar, en dos o tres años más, a tener en funciones un Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.


¿En qué terreno cae esta semilla?

A diferencia de lo acontecido en 2000, cuando la indicación venía en los hombros de trabajos pre legislativos muy participados, en sendas comisiones presidenciales y un encuentro en el Parlamento, esta vez, las aguas están calmas en el mundo de la cultura, que parece esperar que se legisle sin prisa pero sin pausa, mientras los pilares de lo existente funcionan con mayor o menor eficacia, como ocurre con los fondos concursables, la política de infraestructura o los múltiples festivales que parecen contribuir a formar nuevas audiencias y demostrar que la cultura tiene una especial relevancia en el verano.

Tanto que remeció a una habitualmente aletargada, en estos temas, Cámara de Diputados, que ganó el quién vive al Ejecutivo que, desde 2014, intenta legislar sobre la reincorporación de las artes escénicas en los programas escolares; inquietud ya formulada por la Comisión Presidencial encabezada por Milan Ivelic, en 1996. Los Diputados aprobaron "el regreso del teatro a las aulas", lo que constituye una improvisación más en un marco de acusaciones mutuas de apresuramiento legislativo, que sólo será efectiva cuando el Ejecutivo, que la comparte, la incorpore en la legislación que trate sobre los nuevos planes educacionales.

Sin embargo, el ambiente en la Comisión de Cultura de la Cámara -en 2000 había una única comisión de Educación y Cultura- parece estar propicio pues escucharon el texto de la indicación en boca del Ministro Ernesto Ottone, el 7 de enero y se aprestan a recibir, el 14, a la representante de los trabajadores de la ANFUDIBAM, antes de comenzar a discutir la indicación.

De ello se desprende una diferencia con la discusión de la institucionalidad vigente. Esta vez el Gobierno no hizo caso a los funcionarios, que manifestaban con fuerza su oposición al cambio, en una férrea alianza con las Directoras de la DIBAM, llegando esa colusión a impedir que en el proyecto de 2000 se incorporara a la DIBAM en el Consejo Nacional de la Cultura, texto que terminó recomendando una suave "coordinación" entre ambos servicios, de similar rango, que manejaron con tino y diplomacia, entre 2004 y 2010, las Directoras Clara Budnik y Nivia Palma.

En la actualidad, ambas respaldan el proyecto que convierte a la Dibam en Servicio Nacional del Patrimonio, una como redactora principal del mismo, otra desde la tribuna que enmarcó la presentación del proyecto en La Moneda. La ex Directora Magdalena Krebs (2010-2014) ha dado un tibio apoyo a los funcionarios que cuestionan el nuevo servicio y el actual Director, Angel Cabeza, ha sido descalificado por los trabajadores como interlocutor válido, llegando incluso a pedir su renuncia.

En definitiva, se inicia un proceso legislativo que debiera acelerarse después de las vacaciones. El integrante de la Comisión, diputado Ramón Farías, ya adelantó la realización de un Seminario "abierto y participativo" al respecto, el 7 de marzo.

Esto comienza , señores...