24 octubre 2013

PRIMERO DESNUTRIDOS, AHORA OBESOS

Foto Arturo Navarro

El historiador español Mario Amorós, en su reciente libro "Allende, la biografía", plantea que el ex Presidente es recordado por dos logros de su gobierno: el medio litro de leche y Quimantú. Ambos apuntaban a diferentes tipos de desnutrición, una al cuerpo que requería de proteínas para salir de la desnutrición crónica que acompañaba a nuestros "patipelados" por toda su existencia; la otra, a la falta de alimento espiritual, de lectura.


Han pasado 40 años desde que ambas campañas de bien público fueron destruidas por la dictadura. ¿Qué tenemos ahora? Una sociedad de obesidad mórbida tanto en lo físico, con niños sobrealimentados por comida chatarra, como en lo cultural con ciudadanos obesos de realitis, de malas películas, de series intrascendentes, de diseños urbanos impresentables y otros excesos que abundan en nuestra sociedad.

Un ejemplo de obesidad obscena es el mall de Castro. Una demasía en medio de una ciudad hermosa, caminable, a escala humana, que sorprende aún al más advertido sobre los horrores que derivan de tan inusitada arquitectura. Es el comentario de sus calles y motivación de turistas que vienen a comprobar la veracidad de rumores inverosímiles.

Es la obesidad del consumo y la desmesura en la construcción en una ciudad de determinada escala y proporciones, con una buena dotación de arquitectos locales que no advirtieron cómo el monstruo crecía ante sus ojos, como el padre o la madre despreocupados que no advierten como su hijo o hija engorda día a día, ante su propios ojos.

Dicho fenómeno se refleja diaria y dramáticamente en los carros del metro de Santiago, con asientos incapaces de contener con comodidad a la cantidad de persona para la que fueron concebidos por el grosor de los usuarios y con pasillos que se vuelven estrechos e impiden leer, tanto por la ausencia de espacio como por la sobreabundancia del uso de aparatos de reproducción musical, juegos computacionales o servicios de mensajería.

En la aparente cultura campean estas realidades masivas, con cines que redundan ofreciendo películas chatarra acompañadas de enormes vasos de pop corn y otros alimentos nada saludables que complementan el sonido de las películas con el crunch crunch de la masticación, con canales de TV de programaciones que engordan la estulticia y la inutilidad de conocimientos.

Así como los cadenas alimenticias promueven su comida chatarra, nuestros medios masivos y algunas de las industrias culturales promueven sus productos masivos, descoloridos, lejanos a la cultura y el arte.

El tema es entonces cómo volvemos a emparejar la sociedad con ciudadanos bien alimentados y nutridos en ambos aspectos. En esa línea se han tomado medida como el etiquetado con advertencias de riesgos en ciertos alimentos, prohibición de tabacos en lugares públicos y cercanías de establecimientos educacionales. Lo que no se ha tomado estructuralmente son medidas para volver a democratizar la cultura como se propuso, y logró, la Quimantú de Allende.

Porque, efectivamente, luego de la noche de la dictadura se han recuperado en los últimos años instancias democratizadoras como la creación de decenas de infraestructuras culturales abiertas al gran público y el estímulo de redes para alimentarlas, así como se ha contrapesado el riesgo de la ausencia de libertad, que padecimos, mediante una institucionalidad participativa y concursos transparentes, asignados por pares. Sin embargo, está pendiente el poner al alcance de toda la ciudadanía la producción artística, tanto de nuestras culturas nativas y mestiza, como de las grandes creaciones de la cultura latinoamericana y universal.

Es la tarea de este momento. La igualdad en el acceso a la cultura de toda la sociedad, urbana y rural, de Santiago y de las regiones.

Y en ese contexto, son tan valiosas las creaciones locales como las de la metrópolis, de la región como de la capital, de los pueblos indígenas como de los artistas mestizos.

Si está claro el sueño, si compartimos la idea de recuperar una cultura sin desnutridos ni obesos, lo demás son sólo instrumentos, sean estos de envergadura, como una eventual nueva constitución, o de alcance menor, como un Ministerio.

08 octubre 2013

LA TORRE DEL GAM ¿SE ENTREGA AL MEJOR POSTOR?

"Detrás del GAM está no sólo ese ferroso edificio que aún alberga al Ministerio de Defensa y que debiera llegar a ser próximamente otra unidad de negocio del centro cultural, sino toda una historia de construcción y gestión de centros culturales en nuestro país, iniciada en 1990" decía el 20 de diciembre de 2010 en el comentario titulado GAM in progress  que los más de cien mil lectores de este blog han escogido como el más leído de los 223 artículos en los siete años de existencia de esta página.

El proyecto de centro nacional de artes escénicas y musicales radicado en el edificio ex UNCTAD, contemplaba, fundadamente, lo que actualmente ocupa más una sala de espectáculos de dos mil aposentadurías y una torre de arriendos que contribuyeran principalmente al financiamiento del GAM. Estos dos últimos espacios estaban en proyecto cuando en septiembre de 2010, el Presidente Piñera inauguró el centro cultural.
Desde entonces, sus profesionales han logrado instalar el edificio como uno de los lugares más concurridos y emblemáticos de la cultura y las artes chilenas, con una debilidad: una dependencia decisiva de los dineros públicos. Incluso las autoridades del CNCA -a través de quienes pasan los recursos fiscales- se han ocupado de exigir mayores niveles de auto financiamiento a la corporación que lo gestiona, pero sin que se vislumbre una salida a esta inconveniente dependencia estatal, dado que nada se ha avanzado en la concreción de la llamada segunda etapa  -la sala para dos mil espectadores- ni la tercera: la torre que contribuiría como unidad de negocios al centro.
Recientemente, han desfilado por la prensa, sin fuente responsable, expresiones de deseos de Codelco, primero, el Tribunal Constitucional, luego, y más tarde el Servicio Electoral, el probable Ministerio del Deporte y hasta el CNCA, todos manifestando voluntad de establecerse en el citado edificio que, un puñado ya, de Ministros de Defensa han garantizado para el GAM, una vez que abandonen sus dependencias.
Pero no es sólo cuestión de asignar la torre al mejor postor. Entregarla a servicios públicos implica que muy probablemente dejará de ser una unidad de negocios que contribuya al financiamiento del centro cultural y aporte grados de libertad indispensables para un establecimiento cultural.
Más allá, aparece improbable también que tales servicios estén en condiciones de acondicionar el edificio, que carece de elementales medidas de seguridad anti incendios y otros requisitos de habitabilidad de los que naturalmente adolece una construcción de inicios de los años setenta. Es decir, se requiere de una fuerte inversión pública que deberá sumarse a los aportes fiscales de operación anual del GAM que, en este escenario, no tenderán a disminuir como estaba planeado. Cabe recordar que el proyecto inicial contemplaba formas de aportes privados a la adecuación de la torre, los que evidentemente desaparecen ante su uso como oficinas públicas.
Indudablemente, es atractivo para cualquier servicio, tanto el lugar en plena Alameda con metro la puerta, como su entorno cultural. Más si éste es simplemente asignado como una lotería en la bolsa de propiedades fiscales.
Tal comportamiento es una falta de respeto tanto a la historia del edificio que fue concebido con torre y placa desde su nacimiento como sede de la asamblea de la UNCTAD, como al presente de un proyecto cultural exitoso a pesar de las ingentes dificultades que implica trabajar con salas pequeñas y presupuestos públicos. 
Si agregamos que tal mutilación acontece hacia fines de un gobierno y que la primera etapa del proyecto fue realizado bajo la presidencia de quién parece tener las mejores condiciones para volver a ser elegida, estaríamos en presencia de un golpe bajo a las futuras autoridades y al mundo de la cultura.
Aún es tiempo de rectificar.

03 octubre 2013

MICHELLE Y EL SUEÑO DE LA IGUALDAD


Foto: Arturo Navarro

La pugna entre igualdad y libertad ha recorrido la historia del mundo. La Revolución Francesa, en 1789, intentó unirlas y sumarle el utópico concepto de fraternidad. Sin embargo, los porfiados hechos nos recuerdan aún que la máxima ausencia de libertad que vivimos bajo dictadura, en Chile, fue acompañada de una desmedida libertad en lo económico para montar un sistema que desconoció por completo las nociones de igualdad y fraternidad. Es por ello que, a 25 años del colapso dictatorial, resuena fuerte que el sueño de la candidata Michelle Bachelet en su programa cultural haya puesto definitivamente el énfasis en la igualdad, después de más de dos décadas en que primó la reinstalación de la libertad perdida.

Lo primero, en la misma terraza del cerro Santa Lucía que homenajea a Caupolicán y vio explosionar las Décimas de Roberto Parra a la negra Ester, fue reconocer la cantidad de ciudadanos y ciudadanas -más de 500- escuchados en cabildos, diálogos, encuentros, debates y comisiones que participaron en la elaboración de las medidas.
Luego, el reconocimiento que "la gran herida de Chile ha sido la desigualdad".
Para continuar con las acciones que aterrizarán el sueño, por la vía de la duplicación de los recursos para mejorar el acceso a la cultura, como la creación de veinte centros -cinco de los cuales ya existen-, que estimularán el desarrollo artístico de excelencia en todo el territorio. Se refería al trabajo realizado, desde 1991, por la Corporación Cultural Balmaceda y sus cinco Directores Ejecutivos -José Weinstein, Gonzalo Vio, Alejandra Serrano, Marcia Tolosa y el actual, Felipe Mella- que ha atendido, en su obra de extensión y docencia, a más de un millón de jóvenes con talento artístico.

Agregó la necesidad de que se ocupen a plenitud los centros culturales construidos desde el 2000 en un programa fuertemente estimulado en su gobierno, mantenido por la actual administración. Resaltó la importancia de bibliotecas regionales, comunales y escolares, junto a un Plan nacional de lectura que habría que revisar en detalle para verificar que supere los inconvenientes de iniciativas anteriores, que quedaron en el papel -y no en los estantes- o en un discutido maletín.

Entre las sorpresas más esperadas, valga la contradicción, el anuncio de una nueva política de museos que introduzca en aquellos pertenecientes al Estado, la gestión y posibilidades de financiamiento más allá del Presupuesto Nacional.

La formación artística desde el nivel Pre escolar es un anuncio en la línea de acercar cultura con educación y de facilitar así el acceso a todas las formas de cultura, una manera de igualdad desde la temprana infancia, complementada con  la propuesta de mejorar los currículos escolares de enseñanza de las artes.

Anunció además la revisión de los fondos concursables para que continúen aportando al mundo de la cultura como lo han hecho y “establecer programas de financiamiento directo para iniciativas locales que no podían acceder a ello”.

La revisión alcanzará también a la institucionalidad, afirmando la creación de un Ministerio de Cultura y Patrimonio, en las antípodas del proyecto hoy en debate parlamentario: con especial énfasis en el desarrollo cultural local y que promoverá “la cultura y las artes en la educación y la interculturalidad que Chile tiene”.

Pareciera ir en igual sentido el anuncio de un Programa de recuperación regional patrimonial emblemática, considerando especialmente el casco histórico de Valparaíso.

Pero, "la noticia" fue que "vamos a tener una televisión pública de verdad, de calidad, con contenidos culturales y que refleje el país que tenemos”, un mensaje dirigido al corazón de TVN y que probablemente tendrá también un impacto en el CNTV. La experiencia reciente en la que programas de televisión pusieron en la agenda temas desatendidos largamente, augura que esta medida se llevará recursos que escapan largamente a los destinados a cultura y probablemente convocará voluntades y dineros de otros sectores. Fue una buena noticia para creadores, a quienes se abre un nuevo espacio de difusión de sus obras, y para las audiencias que debieran acceder a cultura de calidad en las pantallas.

Quedó claro que lo que viene es la igualdad y que la cultura, por tanto, pasará a constituirse en un derecho ciudadano que el Estado debiera preservar, tal como la propia Bachelet anunciara en su discurso del 11 de septiembre en el Museo de la Memoria.

En más de algún lugar de su pensamiento, cultura, memoria e igualdad, se entrecruzan para dar curso a la superación del "momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse" del discurso final de Allende. Recogiendo su legado a los trabajadores: "sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor".

Si, el participativo "abrirán" no el pasivo "se abrirán" como aclaró María Inés Silva, dos días antes de los anuncios comentados, en un foro con representantes de candidaturas presidenciales, realizado en una sala del GAM que lucía amparada por dos obras recuperadas para ese espacio, un óleo de Matta y un tapiz de Gracias Barrios, ambos concebidos por creadores que trabajaron a la par con los obreros que construyeron el edificio en 1972 y que cobraron su mismo jornal. 

Un homenaje a la igualdad. 

27 septiembre 2013

EL MEJOR ALCALDE, EL REY (O LA REINA)

Presidenta Bachelet firma decreto que recupera el nombre Gabriela Mistral al edificio UNCTAD

Como en el clásico español es el monarca que, interpretando a su pueblo, define lo que acontecerá en su reino, en Chile es interesante escudriñar en los sueños culturales de diversos mandatarios para entender del desarrollo cultural del país. Por sus frutos los conoceréis y por sus obras culturales los recordaréis. A continuación una revisión de las aspiraciones de Presidentes inquietos por la cultura.

Pedro Aguirre Cerda soñó que los analfabetos aprendieran a leer y los alfabetos pudieran acceder a la cultura. El 16 de septiembre de 1939, su Ministro de Salubridad, Salvador Allende, presentó en la Cámara de Diputados un proyecto de ley de alfabetización obrera y campesina, aclarando que no se contentaba con liberar de la ignorancia a los 850.000 chilenos mayores de 9 años que no sabían leer ni escribir: “Defendemos el derecho a la cultura –y no solo a instrumentos de cultura- de toda la masa trabajadora; de todos los que siendo alfabetos no logran concebir y practicar nuevas formas de vida individual y colectiva; de todos los que habiendo concurrido dos, tres y cuatro años a la escuela primaria apenas conservan un residuo precario y vago de su aprendizaje. Defendemos el derecho a disponer de todos los recursos de promoción cultural para el pueblo considerado como entidad orgánica".

Pasaron los años y otros mandatarios intentaron hacer realidad sueños culturales. Jorge Alessandri vivió el establecimiento de la TV en Chile, Eduardo Frei Montalva extendió los bienes culturales al mundo rural y poblacional, a través de la Reforma Agraria y la Promoción Popular. El mismo Allende, en 1970, planteó la democratización de la cultura a través de una editorial estatal y de un centro cultural metropolitano, construido en la sede de la Conferencia de la UNCTAD.

Vino la noche de la dictadura y esos sueños devinieron en el deseo ferviente de que retornara la alegría.  
Después, el Presidente Aylwin soñó que una vieja estación abandonada se convirtiera en Centro Cultural. Le siguió Eduardo Frei Ruiz Tagle, soñando que los niños tuvieran un museo interactivo para desarrollar sus aficiones científicas. Ricardo Lagos soñó con regar de infraestructuras culturales el país, junto con darle una institucionalidad que los alimentara de arte y creación. Michelle Bachelet soñó con un Museo de la Memoria y con recuperar el sueño inconcluso de Allende y su nombre de mujer: Gabriela Mistral.
Llegó la derecha, pero no tenía sueños culturales, apenas pesadillas. Intentó cambiar la institucionalidad de Lagos, boicotear el GAM de Allende/Bachelet y extender a los propios los beneficios de los recursos públicos destinados a infraestructura cultural. Su resultado no pasará a la historia pero sí debiera permitir valorar la importancia del renacimiento de los sueños. Porque cuando no existen, es cuándo más necesario se hacen. Así aconteció bajo dictadura, cuando salimos de ella con la fuerza acumulada para crear infraestructuras, audiencias, gestores culturales, institucionalidad… en muy poco tiempo y simultáneamente.

Pero ya se hizo. La conmemoración de los 40 años del Golpe Militar y la incontenible presencia de nuestros artistas mártires de 1973 -Víctor Jara, Pablo Neruda, Jorge Peña Hen- ha cumplido con la profecía de recordarnos que ellos vivieron y murieron por sueños y que es hora de retomarlos. Lo primero que ha quedado en evidencia es que para soñar de verdad, hace falta más democracia.

El 9 de septiembre de 2013, la candidata Michelle Bachelet sostuvo que “O la democracia se asume en permanente proceso de expansión, o sencillamente los hechos la irán superando”. Es hora de confiar más en la gente, “debemos tener una democracia CADA VEZ MÁS REPRESENTATIVA, PERO TAMBIÉN MÁS PARTICIPATIVA. El quiebre democrático fue también el quiebre de un proceso que no supo adaptarse a las demandas de participación de todo un pueblo".

Una segunda derivación cultural del sueño de Bachelet es la necesidad de garantizar y acrecentar el respeto y la promoción de los derechos humanos: “Una sociedad que fue obligada a vivir bajo un modelo de convivencia en el que la diferencia era castigada, tiene la responsabilidad de celebrar su diversidad. De promoverla y protegerla. Y de superar todas las formas de discriminación y desigualdad en el acceso y ejercicio de nuestros derechos. Es necesario emprender las reivindicaciones de género, de culturas, de diversidad”.

La pregunta es cómo accedemos a una cultura más democrática, más participativa, más respetuosa y diversa. Desafortunadamente, no vivimos en una sociedad suficientemente sensible a esos temas. Así como en los años treinta se quería una sociedad alfabetizada, hoy requerimos de un sociedad alfabetizada no sólo en lo digital –que se logra por defecto en las nuevas generaciones- sino una sociedad alfabetizada en democracia y derechos humanos. 
Si en los sesenta y comienzos de los setenta se quería democratizar la cultura hoy debemos culturizar la democracia. Profundizarla, enseñarla, practicarla, vivirla, soñarla.
El sueño cultural está indisolublemente ligado a la educación, formal e informal, a la escuela y los medios. Debemos impregnar de cultura a las aulas y los canales, los laboratorios y los diarios, las redes sociales y las bibliotecas.

Así como se hizo el Museo de la Memoria o el Museo Interactivo, debemos pensar en el museo de nuestra historia diversa y multicultural; así como hemos invertido muchos recursos en centros culturales en todo el país, debemos promover programas de acercamiento de los chilenos al respeto de sus derechos, tal como felizmente ocurrió este septiembre que termina.

Y nuestros artistas, sensibles a su pueblo como Jara, Neruda y Peña Hen, acompañarán con sus cantos,  poemas y música esa misión fundamental sobre la que se construirá el sueño y luego, la realidad.

Al revés, al menos en cultura, no da resultados.

26 septiembre 2013

EDIMBURGO Y CULTURA: MAS FESTIVAL, MENOS FERIA



Estamos en tiempos de conocer lo que acontecerá en cultura en los próximos años, según los programas de gobierno de los diversos candidatos presidenciales. Aterrizo en este escenario luego de la vivencia de los Festivales de agosto en Edimburgo, invitado por el British Council.

Lo primero que salta a la vista y nos diferencia, es que en el Chile cultural se vive el reino de los "falta", el "gobierno debe", "obligar a", "subir impuestos acá, bajarlos allá", "modificar tal institucionalidad", es decir, mucho estado y poca sociedad civil. 

Por el contrario, el gran festival de la sociedad civil, de los doce que inundan la capital de Escocia, el Fringe, tiene por principio que todo quién tenga algo qué decir y logra un espacio para hacerlo, puede presentarse. Es decir, basta tener un sueño para que sea posible.

Para tener una idea de magnitud de lo que ocurre en agosto en Edimburgo, imagine que todas las muestras que ocurren en el Centro Cultural Estación Mapocho a lo largo de un año -FILSA, Pulsar, Ch.ACO, Festigames, Diseño, FICIL, Arquitectura, Cielos del Infinito- transcurren simultáneamente; imagine que Teatro a mil y los demás festivales de teatro de Chile ocurren a ese mismo tiempo, en una misma ciudad mediana; imagine que esa ciudad es a la vez caminable y patrimonial, como Valparaíso o San Pedro de Atacama. Imagine que las calles, hoteles, restaurantes están llenos. Imagine todo eso simultáneamente y todavía no podrá reproducir exactamente lo que acontece cada año en Edimburgo y sus festivales.

Todo comenzó en 1947 cuando se creó el Festival Internacional de Edimburgo, fuertemente apoyado por los gobiernos local y nacional, que se presenta sólo en ocho salas clásicas de la ciudad y pretende que los escoceses tengan acceso a lo mejor de las artes escénicas universales. Allí, por ejemplo, se presentó el mes pasado, Histoire d' amour, la ultima obra de nuestro Teatro Cinema.
La persistente inversión pública en cultura, buscando la excelencia, generó una reacción de una sociedad culta que percibe que existen muchísimos otros creadores que tienen derecho a expresarse, aunque su obra no quepa en el Festival Internacional.

Entonces cierran vías, construyen escenarios por doquier y ofrecen sus espacios -iglesias, restaurantes, colegios, hospitales, facultades, pubs, casas- para acoger a compañías de la más diversa procedencia que asumen directamente -debidamente caracterizados- la publicidad de sus presentaciones  los riesgos del emprendimiento y se organizan para administrar a través de un Consejo participativo, su principal fuente de ingresos: la oficina de tickets, la que se financia con un 3% de las ventas, presenciales o virtuales. El resto del dinero va directamente a las compañías y sus espacios.

El sector público no aporta más del 5% del costo total. Un auspiciador -Virgin- pone los recursos para difusión y plataformas callejeras.
Con ello, la ciudad triplica sus habitantes, la hostelería, la gastronomía y las salas de teatro, improvisadas o habituales, desbordan. Casi todo espectáculo es pagado, a un valor entre 10 y 20 Libras (8 y 16 mil pesos).

Uno de los más notables es el Book Festival, que celebra a los autores y sus libros. Se monta en un parque público con carpas, grandes para vender libros (firmados y no firmados por los escritores), otras para conferencias con capacidad para 300 y 600 personas. Otras tiendas, más pequeñas y acogedoras son sólo para escritores, con trato de estrellas rock, sin acceso del público, alfombradas, calefaccionadas y surtidas de bebidas y comida. Los pasillos son presididos por grandes fotos de autores sobre fondo blanco en alguna pose característica. Muchas áreas verdes con asientos cómodos para leer, jugar, asolearse y no necesariamente consumir. Hay exhibidores especiales para los libros presentados los días recientes.
El festival del libro se financia en 80% con tickets, auspicios y cafeterías. A los autores se les paga por sus charlas, a las que se cobra entrada (£10) y exhiben considerables filas de lectores interesados en asistir. Es realmente un parque público al que se accede gratuitamente y posee espectáculos permanentes para niños, y variados concursos de portadas infantiles. Se advierte en todo, una curadoría central y un sólido auspicio de The Guardian.

Se podría decir que se privilegia a los autores y en segundo término a los lectores. Las marcas editoriales casi desaparecen dentro de estantes clasificados por temas o fechas de aparición más que por sellos. Es un festival, no una feria.

Es que los festivales de Edimburgo, con 66 años de experiencia acumulada, pueden fundarse en audiencias   cultas que siguen habitualmente a sus creadores favoritos y no esperan que ello sea gratis. Sólo que sea  de calidad, a la que están acostumbrados por un modelo de desarrollo cultural basado en Consejos de las Artes (Arts Councils) que tienen como meta la cultura de excelencia.

A nosotros nos falta para ello, mejorar el apoyo a los artistas trayendo, con apoyo público y privado, manifestaciones de excelencia de todo el mundo, de modo que se estimule así la creación local y constituir audiencias sólidas que asisten a creaciones relevantes a las que se han acostumbrado desde su primera formación.

En este proceso debe contribuir la educación en un maridaje armónico con centros culturales y espacios destinados permanentemente a las artes. Hemos avanzado en este último aspecto, con sendos programas de infraestructura de casi tres lustros, ahora debemos imaginar, en los Programas de gobierno respectivo, en cómo llenar con calidad y habitualidad tales espacios.

Mientras en las escuelas se forman las nuevas audiencias.


24 septiembre 2013

ÁLVARO MUTIS, NERUDA Y LA AMISTAD


Quizás una de las frases más repetidas sobre Mutis es aquella que lo identifica como "el amigo" de Gabriel García Márquez. Efectivamente fue primer lector de sus manuscritos, componedor de relatos que -a juicio del propio Gabo- contados por Mutis eran mucho mejores y generoso obsequiador de temas para sus novelas. Sin embargo, Mutis se inició en literatura en la soledad de la cárcel y su personaje emblemático, Maqroll, pasa gran parte de su vida en la soledad de las gavias, lugar más recóndito y de mejor vista de los navíos.

Si de amistades largas se trata, debemos observar también la del reciente fallecido y Pablo Neruda. Duró 90 años. Los biógrafos de Mutis señalan en su cronología que nació en 1923, el año de publicación de Crepusculario y que cumplió su primer año de vida cuando se editaron los Veinte poemas de amor y una canción desesperada. En 1952 -dos años después de conocer a García Márquez, el año del Canto General- Losada publica el primer libro de Mutis: Los elementos del desastre, mismo año de El viejo y el mar (Hemingway) y Memorias de Adriano (Yourcenar). De allí ha de seguir una prolífica vida literaria, salpicada por sus imitaciones a escritores "sobretodo de Neruda" como afirma Elena Poniastowska.

El año de la muerte de Neruda, el fatídico 23 de septiembre de 1973, es prolífico para Mutis, publica La mansión de Araucaíma (Sudamericana) y La suma de Maqroll el gaviero (Seix Barral), mientras postumamente Losada presentaba en Buenos Aires el Confieso que he vivido nerudiano.

En las antípodas ideológicas ("El progreso es el azote que nos escogió Dios", declaraba Mutis) según el mexicano Juan Villoro “Neruda y Borges encontraron en los versos de Álvaro una conversación perfecta”. El diálogo de esa amistad profunda que se puede dar entre poetas que han escogido, como Neruda y Mutis, privilegiar los viajes iniciáticos al interior del ser humano, contemplado desde la más lejana de las gavias o el solitario escritorio de Isla negra.

Precisamente, en esa casa de Isla Negra, rememorando los 40 años del fallecimiento de Neruda, recibí la noticia de la muerte en México de Mutis. No pude dejar de asociarlos. Los poemas de ambos forman parte de esos infaltables en la "mesita de luz" (nunca tan acertado el metaforón) a los cuales recurro entre un libro y otro, para degustar, como un sorbete entre platos, una delicada pausa para emprender la nueva e incierta lectura. Por cierto, no todas llegan al nivel del sorbo maravilloso, pero por Dios que ayuda ese trago a pasar el mal rato de una lectura imperfecta.

Con la ayuda de sus sólidos personajes he podido suavizar transiciones literarias "improbables" (palabra que copié a Mutis y no me abandona) y disfrutar de las alusiones locales que Ilona Grabowska y Maqroll, marinero al fin, hacen en Ilona llega con la lluvia cuando se encuentran en Valparaíso, como "un huevón bien usado" o la inolvidable "viuda húngara enamorada sin norte de un pianista chileno" que comparte páginas con "una bailarina, falsa chilena".

Cada novela, cada poema -¿hay diferencia?- de Mutis tienen el mérito de la inmortalidad, de no decaer con el tiempo y de enseñar cada vez nuevos mundos como la derivación de la palabra Almirante del árabe Al emir bahr, usada en los títulos de sus novelas entrañables La nieve del Almirante o Amirbar, que huelen a mar y cordillera a la vez, a esas naranjas de la finca de su abuelo que junto al ruido de dos ríos que cruzaban la hacienda, Mutis esperaba encontrar en el Paraíso, para no sentirse estafado.

Seguro los está escuchando y oliendo.
Mientras nosotros disfrutamos su literatura. Una de las formas de no sentirse estafado por la vida en esta tierra.
Y lo digo en serio.

08 septiembre 2013

ESE GRITO ATRAVESADO -HACE 40 AÑOS- EN LA GARGANTA

Sigo, como es natural y comprensible, los dichos sobre cultura en la prensa nacional e internacional. En días recientes, lideres de opinión en este ámbito, han hecho eco de una afirmación que me dolió. Que el Presidente Allende murió solo "empuñando un arma en la que no creía". Lo segundo es verdad, lo primero, una falacia que pretende -una vez más- llevar agua a un molino legítimo, pero que no es el de Allende. Tales juicios coincidieron con dos hechos relacionados: un diálogo en televisión abierta entre el Director de Investigaciones de Allende y el líder de su más radical opositor: Patria y Libertad y una marcha por los Derechos Humanos en las calles de Santiago.

Sostengo que Allende no estaba sólo, porque una semana antes del 11 de septiembre de 1973 habíamos marchado miles y miles de chilenos, frente a la Biblioteca Nacional, brindándole nuestro apoyo incondicional y porque en las elecciones parlamentarias más cercanas, las de marzo de 1973, los partidos de la UP habían superado el 44% del electorado. 
Acompañamos al Presidente esa mañana fatídica, en mi lugar de reunión en caso de golpe, cantando la Internacional en voz baja y quemando nuestros carnés de militantes mientras los aviones de la Fach bombardeaban La Moneda. Cómo hubiésemos querido salir a las calles y manifestar nuestro apoyo al gobierno, como ese cercano 29 de junio, cuando militares leales sofocaron a los protogolpistas. 
Desde el momento del bombardeo, el grito de "Allende, Allende, Allende y sólo Allende", se refugió en mi garganta con un gigantesco MUTE.
Recordé esta auto afasia cuando presencié en el programa Estado Nacional del 8 de septiembre el siguiente diálogo:
Alfredo Joignant (Director de Investigaciones del Gobierno UP): 
- Al llegar al canal, Roberto Thieme (dirigente, al momento del golpe, de Patria y Libertad, presente en el programa) le dijo a mi hija que no eramos enemigos sino adversarios políticos. Siendo Director de Investigaciones había ordenado detenerlo y cuando lo trajeron a mi presencia dije: "Sáquenle la venda".
- Y vístanlo, agregó Thieme.
Joignant asintió, reconociendo sus palabras de entonces.
Luego se hicieron diversas alusiones a la condición de humanistas de la gran mayoría de los participantes del programa.

Allí estaba la diferencia, aún el más enconado de los opositores merecía un trato digno, sin vendas y con ropas. ¿Es necesario agregar que no ocurrió aquello desde el primer momento de la dictadura?

Tanto fue así que, en ese mismo momento, mis hijas y nieta participaban de una romería al cementerio general esgrimiendo retratos de detenidos desaparecidos y clamando, en democracia plena, por justicia y, sobre todo, porque Nunca Más ocurra algo semejante. Dos generaciones después, aún buscan una respuesta al porqué perdimos, como país, esa humanidad.
Quizás porque se perdió al mismo tiempo que la vida de Salvador Allende es que seguimos identificándola con el rostro y las tranquilas palabras de ese estadista.
Por ello hay que dar las gracias a Allende, que estaban en ese grito acallado por la desproporción de bombarderos, tanques y ametralladoras, que hoy me permito expresar: 
-Gracias, Presidente, por permitirle soñar al pueblo de Chile; gracias por estimularnos a tratarnos de compañeras y compañeros, porque de verdad lo fuimos; gracias por privilegiar a los niños con ese medio litro de leche; gracias por ese maravilloso sueño hecho realidad que fue la editorial Quimantú.
Pero, sobre todo gracias por creer en esa humanidad, que nos mantiene vivos y luchando, generación tras generación, por recuperarla.

02 septiembre 2013

DIANA, EL "CALUGA", EL "CURA" OMAR Y MIS OTROS


Muchas imágenes, relatos, recuerdos, confesiones o solicitudes de perdón me han  remecido esta conmemoración de los 40 años del golpe militar de 1973. Ninguna como  la entrega de títulos profesionales que la Universidad Católica hará a 28 de los suyos que desaparecieron o fueron ejecutados durante la infausta dictadura que comenzó hace 4 décadas. No sólo porque esa, mi universidad, fue la cuna desde la que se formaron los padres del modelo económico que nos agobia -los Chicago boys- y los autores del modelo político que nos amarra, el Movimiento Gremial. 

Tuve el privilegio de integrar movimientos que se opusieron a ambos, tanto a nivel de Facultad  -compartíamos, los sociólogos, la de Ciencias Sociales y Economía con los aprendices de Chicago- como a nivel de Federación de Estudiantes, la FEUC, donde participábamos cada año en elecciones con los frentes más amplios imaginables para intentar derrotar a la maquinaria gremialista. Siempre, respetando las reglas de la democracia universitaria y siempre, sobre todo eso, con generosos, valiosos y valientes compañeras y compañeros que, como todo alumno, aspirábamos, además, a alcanzar un título profesional. 
El gesto que comento trae a la pertinaz memoria, no sólo el hecho de que una treintena de contemporáneos perdieron la vida en los albores de la dictadura, sino que también les fue arrebatado el justo derecho a tener un título.
Diana Aron, no llegó a recibir el de periodista, no obstante pude conocer su entusiasta desempeño en la revista ONDA, de Quimantú.
Juan Carlos Rodríguez, el "Caluga" no recibió el de ingeniero, al igual que Eugenio Ruiz Tagle. Supe de los tenaces y poco fructíferos desvelos del primero por constituir el MIR en esa Universidad. Y recibí la hospitalidad del segundo en su hermoso departamento del edificio curvo de Antofagasta, hasta dónde había llegado a vivir, por "tareas partidarias" del MAPU.
Pato Biedma, verdadero galán porteño, no llegó a tener en sus manos el título de sociólogo que tampoco logró en su natal Argentina, la que debió abandonar por persecución política junto a un selecto y nutrido grupo de estudiantes que vinieron a remecer el ambiente de los proyectos de sociólogos chilenos.
Omar "el cura" Venturelli estudiaba en la sede Temuco y lo conocí yendo a enseñar (y aprender, sobre todo) en la escuela de verano que esa sede organizaba para dirigentes de la CUT local. Había sido sacerdote, estaba casado, lucía una incipiente calvicie y sus ojos claros habían penetrado profundamente en el liderazgo de los movimientos indígenas y estudiantiles, entonces bastante más fusionados.
A Eduardo Jara, tampoco recibido de periodista, no lo conocí pero seguí muy de cerca su secuestro, desde su escritorio en la Radio Chilena, en una de estas tantas vigilias solidarias en las que nos acompañábamos para intentar soportar la incertidumbre y el miedo. Cuando sonó el teléfono de la radio, sentí la voz de Guillermo Hormazábal, otro de los secuestrados, recién liberado que como primer gesto en libertad, llamó a su lugar de trabajo, seguro de que allí estábamos, en vilo, esperando un milagro. Eduardo no formó parte del milagro, fue ejecutado.

Se podría recordar y así se hará el 5 de septiembre en el campus San Joaquín -creación arquitectónica y académica de Fernando Castillo Velasco- a cada uno de los futuros titulados.
No se les devolverá la vida ni -en algunos casos- sus restos. Pero su familia podrá exhibir en una pared destacada el testimonio de que fueron jóvenes, que lucharon por sus ideales y que nosotros, sus compañeros, los consideramos a todos ellos, un orgullo de esa generación que se tomó la universidad para reformarla, que presenció con dolor cómo un 24 de septiembre de 1973 fue pisoteada por la designación de un rector delegado y que cuarenta años después logra reparar en parte el mal causado.
No son ajenos a ello, los actuales dirigentes estudiantiles ni el movimiento que encabezan, que escarbando con pasión en lo mejor del pasado y lo soñado del futuro, han provocado este acto de justicia.
Es el homenaje de un movimiento estudiantil plenamente vigente a quienes sólo partieron un poco antes.
Es cómo si aquella Casa Central, ubicada en el 340 de la Alameda, formara finalmente parte de la apertura de las grandes Alamedas que predijera el Presidente Allende.

09 agosto 2013

EL MUSEO HISTÓRICO NACIONAL Y LOS GUIONES


La determinación del Director del Museo Histórico Nacional, elegido por concurso de Alta Dirección Pública, de llamar a la participación ciudadana -tan de acuerdo con la historia que vivimos hoy como sociedad- para elaborar un nuevo guion para el museo ha despertado aplausos, curiosidad y fuertes reacciones en contra. Se ha llegado a plantear que el relato en proceso, atentaría contra la presencia en nuestra historia de la "monarquía hispánica", en beneficio de los pueblos originarios.


De ser así, no se cumpliría más que con un acto de justicia: cuando los conquistadores llegaron a este territorio que se llamaría Chile, ellos ya estaban. Cuando sus tercios fueron expulsados, con la heroica colaboración del general José de San Martín, los indígenas permanecieron. Por simple magnitud temporal, los pueblos pre hispánicos merecen más espacio en nuestra historia, en especial aquellos que sobreviven y buscan integrarse al Chile del siglo XXI, esta vez con creciente simpatía ciudadana.

Tampoco es novedosa la forma de elaborar el guión. Hace pocos años, el Museo de Historia Natural de Concepción, sometió al escrutinio popular tres opciones diferentes de museología, que habían sido elaboradas por especialistas con el apoyo de la recordada Fundación Andes. El Estado de Chile, a través de la Comisión Presidencial de Infraestructura Cultural, no hizo más que apoyar con recursos la instalación de la museología preferida por los futuros usuarios del museo.

El propio Museo Histórico Nacional nació de las donaciones que la población hizo, en 1910, ante la convocatoria oficial de la comisión que celebraba los primeros cien años de la Independencia de la República, para la Exposición Histórica del Centenario. Es decir, su guión estuvo fuertemente influenciado por lo que los habitantes estimaron digno de ser exhibido. Sin duda, muchas de las piezas donadas -armas, condecoraciones, estandartes, insignias- provenían de familias de soldados chilenos que combatieron a esa misma monarquía hoy supuestamente amenazada.

Por tanto, no cabe llamar a rebato por este gesto modernizador del Museo, que debiera ponerlo a la altura de otros como el Nacional de Historia Natural, recientemente reinaugurado luego de sufrir los avatares del sismo del 27/F, o del Museo Pre Colombino, que renueva y amplia afanosamente su local. Dimensionando voces como la del historiador Sergio Villalobos que cree "de temer que se exagere la importancia de las culturas autóctonas, cuya presencia ha sido muy débil en el trayecto del país, en que la cultura dominante ha conformado de manera unitaria el ser nacional".

Peligrosa afirmación que da por sentado que aquello que hemos conocido como cultura dominante, lo es por aceptación de la ciudadanía y no por imposición de las élites; situación que es afortunadamente desmentida por muchos, entre otros, el reciente debate en la Cámara de Diputados, a propósito del eventual Ministerio de la Cultura, en el que crece la convicción de que deberíamos avanzar a reconocernos como una sociedad multicultural y por ende, con un Estado que trate con los diferentes pueblos que nos conforman -por origen, inmigración o conquista- con una institucionalidad de las Culturas.

Lo lógico sería que nuestro Museo Nacional llegue a ser un reflejo de lo mismo, sobre todo si se ha planteado incorporar a la DIBAM, actual responsable de dicho Museo, a ese Ministerio.

El debate recién comienza y el guión redacta su primer borrador.

02 agosto 2013

MINISTERIO DE CULTURA: EL PROYECTO EN SU LABERINTO

El lunes 29 de julio de 2013, la historia del posible Ministerio de Cultura de Chile pudo haber sufrido un vuelco, que lo catapulte a concretarse durante la próxima administración o que lo descarte por muchos años. Ocurrió en la  sala de sesiones de la antigua Cámara de Diputados y fueron protagonistas media docena de diputados, un nuevo Presidente del CNCA y un centenar de personas representativas del complejo mundo de la cultura, incluyendo a creadores, funcionarios, gestores y patrimonialistas, muchos de ellos venidos desde regiones. El tono lo puso un entorno tan solemne como incitante al diálogo.

El Ministro Roberto Ampuero, dio el vamos señalando "concibo mi gestión escuchando, en diálogo permanente con órganos colegiados y los diputados de la comisión de cultura". El desafío, agregó, es dar un segundo salto institucional, garantizando el libre desarrollo de todas las disciplinas artísticas, aceptando la multiculturalidad que nos une transversalmente. Valoró que el CNCA sea capaz de fijar políticas públicas con horizonte de cinco años, pero que, sin embargo, tiene carencias estructurales que se trata de perfeccionar pues sus políticas no son vinculantes para la DIBAM ni CMN. Señaló que el objetivo del Proyecto es construir una institucionalidad más sólida con participación de la sociedad civil en la formulación de políticas culturales. Comprometió que se les dará garantía a los trabajadores: "No podrá haber supresión de cargos, ni cese de servicios ni perdida de empleo ni pérdida derechos profesionales, ni cambiará lugar de residencia". Anunció que en todas la direcciones regionales se realizarán reuniones participativas, "hoy es el momento de la participación".

Raúl Allard, cabeza de la comisión que elaboró el Proyecto de Instituto del Patrimonio en el gobierno Bachelet, se manifestó de acuerdo con la idea central de la creación del Ministerio de Cultura, señalando sus complejidades: "Esta es un área que en su dimensión de creatividad y de las artes y del folclore y múltiples manifestaciones florece y se desarrolla por sí misma, es un área que requiere de fuerte apoyo y no de dirigismos, este es un valor que hay que preservar, al tiempo que hay que ampliar y profundizar la atención pública a la cultura. Paralelamente, en su dimensión del patrimonio cultural, material e inmaterial, la situación es diferente y sí requiere de una fuerte presencia e intencionalidad del Estado, junto a comunidades, regiones, sociedad civil para realizar acciones efectivas de intervención y protección, conservación y difusión". Premonitoriamente, agregó: "hay un patrimonio que está en peligro y periódicamente se producen destrucciones que lamentar. El Proyecto dispone que el Director del Patrimonio Cultural deberá “denunciar el daño, destrucción y tráfico ilícito de los bienes de valor cultural protegido”. Está muy bien pero no es suficiente. Para esta situación debería haber recursos no concursables, alrededor del 15 al 20% de los recursos en el Fondo del Patrimonio Cultural que puedan destinarse en caso de urgencias comprobadas". El nuevo incendio de la Iglesia de San Francisco, en Valparaíso, refuerza su siguiente propuesta: "incluir dentro del marco de las responsabilidades de la institucionalidad patrimonial una preocupación especial por los sitios declarados como Patrimonios de la Humanidad como es el caso de Valparaíso que por su topografía y escasez de recursos no tiene, por ejemplo, el tipo de atención que reciben la Habana Vieja y la ciudad amurallada de Cartagena de Indias".

El ex Senador José Antonio Viera Gallo -"me alegra la creación de un ministerio"- planteó que se debe mejorar el proyecto, definir mejor ámbito de influencia, formuló dudas de su constitucionalidad y pidió explicitar más claramente la independencia con que hoy son administrados los fondos. Aclaró que en la legislación chilena, el concepto de sistema no existe, hay servicios, no sistemas. También falta, a su juicio, afinar el "pasarán a depender" y ajustar el ministerio a la ley de bases del estado.

Nivia Palma, ex Directora de la DIBAM, apuntó que "además de ser un ministerio pequeñito y sin capacidad y facultades para "ejecutar políticas y programas", el órgano colegiado de participación ciudadana denominado CONSEJO NACIONAL DE LA CULTURA Y EL PATRIMONIO es un espacio peligrosamente restrictivo y no participativo. En efecto, de 11 miembros solo 4 son personas destacadas "de las áreas de la cultura y del patrimonio", debiendo una de ellas estar vinculada al patrimonio cultural y otra a las artes e industrias culturales, nombrados por el (la) Presidente(a) de la República, CON ACUERDO DE LOS 3/5 del SENADO. Obviamente un Senado elegido en un sistema electoral binominal – el cual genera distorsiones tan graves en la efectiva representación de la ciudadanía- y un quorum tal alto como éste obligará a "consensuar" estos 4 nombres asegurando presencia de Gobierno y Oposición en igualdad de proporción, sin considerar la votación mayoritaria del país y llevará al examen de qué personas "son aceptadas" por el Senado para poder nombrarla. De ahí a la obsecuencia de creadores, cultores y especialistas con el poder hay un paso".

Óscar Acuña, ex Secretario Ejecutivo del CMN, agregó que cuando se fusiona DIBAM y CMN se comete una aberración jurídica de fundir un ejecutor con un contralor y advirtió "una asimetría en salarios entre quienes trabajan en DIBAM y CNCA".

José Cortés, de Anfudibam, pidió una larga discusión, sin urgencia, del proyecto denunciando un perfil privatizador en artículo 46 y se pregunta ¿quien fija la política cultural, el donante privado? planteando su rechazo del proyecto por insuficiente. Manon Herrera, de Anfucultura, resumió la postura de los trabajadores con un "sí al ministerio, no al proyecto actual" que no contó con participación activa, sólo informativa. Planteó la necesidad de un Ministerio de las Culturas. No hay efectiva participación ciudadana, ni de pueblos originarios, ni de las regiones. Ve indispensable un proceso de diálogo nacional, propiciado por la comisión, en las 15 regiones del país. Mientras Raúl de la Puente, Presidente de la ANEF, declaró importante tener un ministerio, pero ¿como lo construimos? Con trabajo decente, con remuneración digna y protección social. Mantener los derechos actuales es mantener precariedad. La mayoría son empleos a honorarios, sin derecho a la salud ni la previsión. "¿Porque no lo hacemos bien?".

Claudio Lillo, de Vilcún advierte que la matriz ideológica del proyecto se basa en la industria cultural y consagra una ideología de consumo, pide respetar al país multicultural. Bárbara Negrón, del Observatorio de Políticas Culturales, planteó la necesidad de debatir con calma recordando que existe una deuda con las artes visuales y escénicas.

Ignacio Aliaga, Director de la Cineteca Nacional, habló de un segundo salto en la cultura, preguntándose cómo damos bien ese salto. Sugiere que el par de vectores centrales son el reconocimiento del multiculturalismo y la diversidad cultural desde las regiones. Ve necesario proteger las lenguas originarias del país. Como se relacionan cultura con educación y el rol del arte en la educación. También que el CNTV sea parte de esta estructura, lo que fue reiterado por el productor audiovisual Fernando Acuña y la periodista cultural Vivían Lavín, quién agregó que los derechos de los canales son bienes de toda la sociedad chilena sin embargo, hay carencias importantes en la difusión de la cultura chilena, que debe llegar a todos los ciudadanos.

El abogado Fernando Silva ve un avance en la misión de preservar los derechos de autor pero advierte que el Proyecto no crea un órgano dedicado a ello. Sugiere que el departamento de Derechos Intelectuales del Mineduc se convierta en ese órgano.

Rosario Carvajal, dirigente del Barrio Yungay, manifestó preocupación por la ausencia de participación vinculante y la existencia de una deuda de apoyo a quienes habitan zonas patrimoniales. Mientras Marianela Riquelme, ex dirigente de Anfucultura, reforzó que Valparaíso debe seguir siendo sede de la nueva institución. El actor Jaime Mondría, destacó la necesidad de incentivar la actividad artística en regiones y recordó la falencia existente en la acreditación de carreras artísticas.

El diputado Marcelo Schilling, reconoció que no fue suficiente esta convocatoria, aclarando que muchas de las observaciones deben transformarse en sugerencias escritas, en formato indicación. Su colega Ramón Farías, señaló que es posible darse tiempo e ir a algunas regiones. "No podemos olvidar lo que se ha hecho antes, la historia".

Roberto Ampuero -"he escuchado también como escritor"- manifestó al cierre su satisfacción por todo lo ganado en ideas e inquietudes, "soy de regiones, el primer ministro que ejerce desde Valparaíso, pertenezco a a diáspora de Chile". Me alegra que hemos coincidido en la necesidad del Ministerio, un anhelo que ha venido desde distintas autoridades y diferentes orientaciones políticas. Se debe nutrir de la con una participación importante que garantiza la pluralidad. Los consejos deben ser enriquecidos por la presencia de la sociedad civil. Este es un país multicultural, con fuerte presencia de pueblos originarios y de la presencia de afro-descendientes, somos un país marcado por inmigraciones y porque siguen llegando comunidades de inmigrantes. "Me voy revitalizado con alegría y vitalidad, me llevo sobretodo lo que nos une".

El Presidente de la Comisión, diputado Víctor Torres, destacó el respeto y la tolerancia para cohabitar "quienes construimos esta nueva institucionalidad cultural, señal de perderle el miedo a la democracia".

La pregunta que nos llevamos de esta sesión es cómo se continúa. 

Lo que queda es que nadie -ni siquiera el nuevo Ministro- defendió el Proyecto tal cómo fue presentado, la gran mayoría de asistentes y diputados planteó un tiempo amplio para discutir y grandes acuerdos sobre la necesidad de profundizar la participación e incorporar miradas ausentes como la de las regiones, los pueblos originarios, los inmigrantes y los funcionarios, además de los sectores permanentes del mundo de la cultura como son los creadores, gestores y patrimonialistas, que promovieron la institucionalidad actual de un Consejo Nacional. Éstos, estarán disponibles para avanzar hacia un Ministerio en la medida que se entienda como una entidad superior, que refuerza la presencia del estado en cultura para preocuparse de las más débiles, defender el patrimonio y asegurar los derechos culturales a toda la ciudadanía, pero a la vez garantiza plenamente la libertad de creación, sin dirigismos de naturaleza alguna, reuniendo en instancias participativas y vinculantes a todos los protagonistas de la cultura. 

Existe un compromiso de la comisión parlamentaria de votar el proyecto, en general, el 4 de septiembre. Ello permitiría que se apruebe la idea de legislar. Y quede, para la próxima administración, la presentación de una nuevo proyecto, sustitutivo que refleje lo que se escuchó, por fin, el 29 de julio. Que, después de todo, no fue un mal día.