
Debe ser por el invierno, pero las candidaturas presidenciales aún no muestran toda su potencia en el terreno de las propuestas culturales, según reconoce El Mercurio en editorial del 23 de julio. Es que parecen haber comenzado primero por el arte más popular entre los jóvenes: la fotografía. Pero no se trata de fotografías artísticas sino de fotografías con artistas.
La más mediática de estas fotos es, sin duda, la persistente foto de uno de los candidatos con su esposa, animadora de TV, que desplazó rápidamente a una instantánea del mismo postulante en las escalinatas de un museo, precaria en recursos y figuras; la más clásica, la toma del candidato de la Concertación con rostros probados de teleseries; la más obvia, en relación al personaje, la foto de sí mismo besando a su mujer en París, ¿intentando emular a Cartier Bresson?
Por ahora, la “guerra de las fotos” la gana lejos la Ministra Presidenta del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Paulina Urrutia retratada con una multitud de creadores en el momento del anuncio de los resultados del Fondart el domingo 19 de julio en el Parque Forestal.
Es que “otra cosa es con guitarra”… y con fondos. Es muy diferente estar cosechando las ventajas de un modelo de desarrollo cultural como el creado e implementado bajo los gobiernos de la Concertación, que ha aumentado los recursos destinados a la cultura desde 13.835 millones de pesos, en 1998, a 86.395 millones en 2009, más de seis veces en once años, que intentar “inventar la rueda” a causa de los requerimientos de una campaña electoral.
Como señala la editorial de El Mercurio, “un adecuado equilibrio público-privado se logra… cuando el Estado crea las condiciones institucionales para que el sector privado tenga estímulos para financiar actividades culturales, sin que el Estado mismo decida cuáles reciben (o no) apoyo.”
Es lo que hacen los fondos públicos del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes: se ponen recursos públicos –crecientes en magnitud- para que la sociedad civil a través de jurados constituidos por pares de los postulantes resuelvan a quienes se debe favorecer. Estimulando a su vez que los privados hagan otro tanto por la vía de resolver ellos mismos a los agraciados con sus recursos y recibiendo a cambio descuentos en sus impuestos. Los tres candidatos comentados por el periódico comparten la idea de aumentar los incentivos a los privados para que apoyen a la cultura, ya que “la magnitud de los recursos aportados en la actualidad por los privados es muy inferior a la de otros países”.
Existen también coincidencias en la valoración que los postulantes hacen del papel de la educación y la televisión –ad portas de su digitalización- en el desarrollo cultural y en la necesidad de mejorar la legislación referida al resguardo patrimonial.
Se queja El Mercurio de que no hay propuestas todavía en la evaluación del Maletín Literario y “la existencia y desarrollo de museos”. La respuesta la dio la Presidenta Bachelet hace pocos días al enviar a la Cámara de Diputados, para su primer trámite, el proyecto de Ley que crea el Instituto del Patrimonio, entidad que sustituirá a la DIBAM, casualmente la responsable de los dos temas señalados como ausentes por el editorialista y que requiere sin dudas una adecuación, luego de 80 años de existencia.
Es decir, la falta de propuestas “novedosas y concretas” de los candidatos se debe también a que el país se ha dado una institucionalidad cultural de Estado que ha desarrollado y previsto los escenarios futuros y los está abordando tanto en el terreno práctico como en los avances legislativos.
De modo que quienes quieran conocer mejor qué nos depara el futuro del desarrollo cultural chilenos debieran prestar atención, además de los programas de las candidaturas, a la discusión parlamentaria sobre el Instituto del Patrimonio y a la Convención Nacional del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes que se llevará a cabo en La Serena, el próximo agosto, dónde esta estructura nacional y participativa debiera comenzar a esbozar las Definiciones de Política Cultural del 2011 en adelante, dado que su actual horizonte llega sólo hasta 2010.
No vaya a ser que, como ocurrió en la Persia de tiempos del Sha, cuando todos esperaban descubrir en palacio los cambios que vendrían a su caída, el futuro de Irán se estaba gestando en otra parte: en las mezquitas.
Y ¡por Alá! que han durado.