30 septiembre 2008

EL ENCUENTRO DE VILLA OCAMPO





Con grandes resultados y profundos lazos entre los directivos de entidades universitarias de formación en gestión cultural de ambos países, culminó el Encuentro del 24 de septiembre en Villa Ocampo, un entorno privilegiado y acogedor brindado por este inmueble administrado por UNESCO. La delegación chilena, integrada por los docentes Francisco Torres del Magíster y Diploma virtual de la U de Chile, Ernesto Gómez de la U. de Valparaíso y Arturo Navarro, presentó un completo panorama y perspectivas de la formación universitaria en nuetro país junto con los alcances del desarroollo de la profesión de gestor cultural en Chile.

Se publicarán próximamente las conclusiones que está redactando el profesor Jorge Cremonte.

El texto de la ponencia de Arturo Navarro es el siguiente:


EL ESTADO DE LA PROFESIÓN DEL GESTOR CULTURAL EN CHILE

“Hacer y pensar: he ahí dos verbos que acabo de emplear. Si, hacer y pensar, porque es algo falaz, o cuando menos relativa, esa distinción entre hombres de pensamiento y hombres de acción.
El filósofo Jorge Millas tenía razón cuando afirmaba que los hombres de pensamiento deben pensar como hombres de acción y que los hombres de acción deben comportarse como hombres de pensamiento.
Quizás si los administradores culturales constituyan uno de los mejores ejemplos de que esa síntesis propuesta por Millas entre pensamiento y acción es realmente posible”. Agustín Squella.


Algunos hitos históricos en el desarrollo de la gestión cultural en Chile.
En 1991 se crea la CORPORACIÓN CULTURAL DE LA ESTACIÓN MAPOCHO, primera entidad privada sin fines de lucro, con la misión de administrar y conservar un espacio patrimonial de propiedad pública, difundir la cultura y autofinanciarse.

En 1995, se crea el primer POST TÍTULO EN GESTIÓN CULTURAL en la Escuela de Postgrado de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.

El de 5 abril de 2000, a un mes de iniciar su mandato, el Presidente Ricardo Lagos crea una COMISIÓN PRESIDENCIAL DE INFRAESTRUCTURA CULTURAL con presencia de cinco ministerios y una Secretaría ejecutiva integrada por 6 profesionales de la gestión cultural, con la instrucción de incorporar Planes de Gestión como condición previa a la asignación de fondos públicos: "No pondremos un peso allí donde no exista un plan de gestión", fue el marco explícito que delimitó el Presidente, generando de inmediato una línea de trabajo inédita en el aparato público: la creación de planes de asesoría en gestión cultural al servicio de los proyectos de infraestructura. Con esto se fomentaría la creación de otras corporaciones que gestionarán nuevos espacios culturales y proyectos como el centro cultural Matucana 100; la aldea intercultural Trawü Peyum; el centro cultural Balmaceda 1215; y el programa de orquestas infantiles y juveniles.

En 2001, se funda la primera asociación gremial de administradores y gestores culturales de alcance nacional, AD CULTURA.

En 2002 se crea la carrera de pre grado Gestión Turística y Cultural en la Universidad de Valparaíso.

En julio 2003, el Parlamento aprueba la ley que crea el CONSEJO NACIONAL DE LA CULTURA Y LAS ARTES. La legislación señala que “La Dirección Superior del Consejo corresponderá a un Directorio integrado por: El Presidente del Consejo, quién tendrá el rango de Ministro de Estado y será el jefe superior del servicio; El Ministro de Educación; El Ministro de Relaciones Exteriores; Tres personalidades de la cultura que tengan una reconocida vinculación y una destacada trayectoria en distintas actividades, tales como creación artística, patrimonio, industrias culturales y gestión cultural. Estas personalidades deberán ser representativas de tales actividades, aunque no tendrán el carácter de representantes de las mismas. Serán designadas por el Presidente de la República a propuesta de las organizaciones culturales del país, que posean personalidad jurídica vigente de conformidad a la ley; Dos personalidades de la cultura que reúnan las mismas condiciones, las que serán designadas a través de similar procedimiento y con acuerdo del Senado; Dos académicos del área de la creación artística, del patrimonio o de la gestión cultural, designados uno por el Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas y otro por los Rectores de las universidades privadas autónomas”

Los recursos públicos destinados a apoyar la gestión cultural son variados. Se ha creado en FONDART la Línea de becas y pasantías, que considera explícitamente proyectos de formación para gestores culturales tanto en Chile como en el extranjero. En su inicio, entre 2004 y 2005 se asignaron 18 becas de estudio, la mayoría en Chile y 9 pasantías, seis de ellas en el extranjero, y tres en el país.

La labor de la Comisión Presidencial de Infraestructura Cultural fue asumida por la Línea de infraestructura de FONDART y posteriormente, en 2006, por el Programa de Centros Culturales en ciudades de más 50 mil habitantes del CNCA, conservándose sus mismos criterios de exigencia de Planes de gestión en la asignación de recursos. Adicionalmente, a cada proyecto aprobado se le asigna una pareja de profesionales, un arquitecto y un gestor cultural, para desarrollar el respectivo Plan de Gestión.

En 2007 se anunció, como culminación y cabeza de la red completada con dicho programa, la construcción del Centro Cultural Gabriela Mistral, un proyecto que se construye sobre TRES GRANDES PILARES, considerablemente asentados: la Política Cultural; un Proyecto de Arquitectura, ganador de un exigente Concurso y –por primera vez- un Estudio de las audiencias potenciales del futuro espacio cultural, realizado por un completo equipo profesional. El resultado de todo ello serán Salas especialmente dotadas para la Danza; la Música de Cámara y el Teatro; salas de Ensayo y grabación para esas mismas disciplinas y algunas otras; un centro de archivo y documentación de las artes escénicas y un Gran Teatro de capacidad cercana a las 2 mil personas, con estándares internacionales como no existe en el país.
Respecto de su futura gestión, se anuncia que será: “sin fines de lucro, que implica una corporación de tales características que tenga un Directorio y una administración que se esmere en obtener un importante porcentaje de sustentabilidad. Reconociendo que se ubica en un sector de la ciudad en el que coexisten los principales edificios culturales del país, no debiera ser su misión competir con ellos sino complementarse y colaborar, a través de un trabajo rico en redes y alianzas”.

Se considera, además, que un 2% de los recursos del Fondo de Desarrollo Regional (FNDR) debieran asignarse, a contar de 2006, a proyectos culturales.

Se han creado fondos públicos de apoyo al emprendimiento en industrias culturales como el cine y en restauración patrimonial como por ejemplo para el área de Valparaíso declarada Patrimonio de la Humanidad por UNESCO.

El Consejo Nacional de la Cultura y las Artes tiene un Programa de asesoría a gestión cultural municipal, que considera un Manual de mejores prácticas; Diagnósticos y estudios, y una Red de información para encargados de cultura locales. Además, publicó una Guía de financiamiento cultural y un Manual de gestión de proyectos culturales.

Se han incrementado los montos de los fondos concursables: Fondart, Fondo del Libro y la Lectura, de la Música y del Audiovisual, llegando a duplicarse en el período 2000-2006.

Los recursos privados generalmente son allegados por la vía Ley de Donaciones Culturales, que considera como donantes a empresas y personas naturales y como principales donatarios a corporaciones y fundaciones culturales de derecho privado sin fines de lucro. Considera un 50% de exención tributaria para los donantes y se asume la condición de las corporaciones como administradoras de los proyectos, a cambio de un overhead que ayuda a su financiamiento.

Gestores en el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.
La designación de alrededor de 200 personas que integran los diferentes estamentos participativos del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes fue hecha inicialmente en 2003/2004 en base a las propuestas de 517 organizaciones culturales catastradas a nivel nacional. Dos gestores culturales formaron parte del primer Directorio Nacional de once miembros , designados por el Presidente de la República, por cuatro años, reelegibles, a propuesta de organizaciones culturales nacionales. Ocho de los 13 primeros Directores regionales de cultura fueron gestores culturales. El Comité Consultivo nacional tiene, por Ley, un representante de las corporaciones y fundaciones culturales. Normalmente, hay presencia de gestores culturales en los 13 consejos regionales, sean directivos o consultivos.

El Documento “Chile quiere más cultura” Definiciones de Política Cultural 2005-2010 fue elaborado en dos convenciones nacionales del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, en agosto 2004 y agosto 2005, con participación de los consejos directivos, consultivos y sectoriales.

La principal fortaleza que ha desarrollado la gestión cultural en Chile en los años recientes, es su profesionalización. Se ha posicionado el tema de la gestión cultural en todos los niveles del país con la creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, la instalación de su sede en Valparaíso y la formación de Consejos Regionales a nivel de todo el país.

Se ha fortalecido la gestión cultural pública en el área del patrimonio, especialmente el Proyecto Biblioredes apoyado por la Fundación Bill&Melinda Gates. Actualmente se discute en el Poder Legislativo la creación de un Instituto del Patrimonio.

La Red de Centros Culturales de América y Europa, creada en 1992 en Madrid, ha permitido la realización en Chile de instancias de intercambio y cooperación como el 4° Encuentro de la Red; el Encuentro de Gestores bolivianos y chilenos; el Encuentro de Directores Culturales de Bancos Centrales de América Latina y el Encuentro de Gestores peruanos y chilenos.

Un importante retroceso en el financiamiento del sector privado Se produjo debido a la modificación de la Ley de Donaciones Culturales, en 2003, que dañó la confianza de las empresas.

Una debilidad en el desarrollo de la gestión cultural en Chile es la falta de un mayor (re)conocimiento en los medios de comunicación y, por tanto, en la opinión pública. No tenemos “capacidad de escándalo” como los representantes de la farándula. Otra, es la falta de un mayor desarrollo y protagonismo de la gestión cultural de y en las regiones.

Faltan también mayores avances a nivel local o municipal. Existe descoordinación en la formación universitaria de gestores culturales. Es necesaria una mayor intervención de la sociedad civil en el desarrollo cultural, especialmente para dar contenido a las instancias de participación creadas por la Ley del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Desde esta perspectiva, está pendiente introducir el factor audiencias culturales – y por tanto, la gestión- en la evaluación de los proyectos artísticos presentados a los fondos concursables. Tarea que ha asumido la Ministra Paulina Urrutia desde su nombramiento, en marzo 2006.
La Presidenta del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, en su primera entrevista, se refirió al desarrollo de audiencias: “hemos apoyado la producción de obra, pero ahora tenemos que hacer la conexión con las audiencias. Lo que significa fidelización de audiencias de espacios específicos, pero también programas de formación de juicio crítico de los espectadores. Dentro de los desafíos que tenemos claros, están la formación de audiencias y el desarrollo de una crítica especializada que nos permita dar códigos de lectura a la gente… hasta hoy, la única manera en que se ha pensado la integridad en el desarrollo cultural se traduce en que el artista que quiere hacer algo, lo haga. Pero es necesario invertir en que la gente pueda leer y comprender lo que hacemos. Hasta aquí no tenemos asignación de fondos en programas de ese tipo y tenerlo significa confianza e inversión en un plan de desarrollo que recaiga en la ciudadanía y que convierta lo que se ha generado artísticamente en vida cultural. Eso requiere un camino político que hace falta recorrer”.


Principales ámbitos de desarrollo de la gestión cultural en Chile y de trabajo para los gestores

Según un estudio de Girarte, publicado en noviembre de 2007,”Solo 44% de los gestores culturales tiene formación profesional. El 27% de esos profesionales se han formado en instituciones nacionales. Es la primera vez que esta diferencia se refleja en una investigación de la profesionalización de la gestión cultural. Si bien se considera una profesión elitista los ingresos no indican esa categoría. Autodidactas, cursos, talleres y la experiencia laboral hace que esta profesión sea aún en gran parte, considerada un sector informal. En este panorama generalizado, se muestra esta profesión, que nació en los años 80´ como especialidad”.
La encuesta arrojó además que el 41% proviene de profesiones como la docencia, periodismo, licenciaturas en arte, historia o estética, actor/actriz, diseñadores, artistas visuales, sociólogos y administradores de empresas. Siendo las leyes y la ingeniería comercial las profesiones base con menor alcance. Sin embargo, estas dos últimas son profesiones a los que si compete la gestión cultural, considerando que se manejan altos presupuestos, se debe conocer el manejo del mercado así como los modelos jurídicos y marco legal en que se sitúa la profesión.

En relación al ámbito de trabajo, la encuesta arrojó que el 27% de los gestores culturales se desempeña como productor cultural, 17% como administrador cultural, 15% es docente en materia cultural y 14% en cargos ejecutivos en distintos organismos. En relación a las áreas culturales, la encuesta arrojó que el 23% trabaja en el ámbito de las artes visuales, otro 23% en el las artes interpretativas o escénicas y un 16% en el ámbito patrimonial. Dentro de la gestión cultural el área audiovisual, literario y turismo cultural tienen la minoría, sumando en conjunto el 29%, cuyas áreas en esta profesión son aún incipientes.

El 37% trabaja en instituciones u organismos de carácter privado, público o asociativo, el 25% trabaja bajo su propia empresa o consultoría y solo el 26% se considera free lancer.

Frente a la pregunta ¿en qué cree usted que está el problema o tope en el desarrollo de un proyecto cultural? Se menciona la poca capacidad de gestión, de negociación y de articulación público-privada, así como la falta de conciencia en el país sobre la importancia de la creación y producción cultural para el desarrollo social y económico (Capital humano). Sin embargo, el financiamiento es el factor de mayor tensión o tope (42%). En relación a la modalidad de financiamiento de proyectos culturales, el 35% menciona el auspicio como herramienta, el 27% dice ser autofinanciados, el 16% menciona el Fondart como herramienta de financiamiento. Por último solo el 7% menciona la opción de financiamiento internacional.

Bajo este mismo tema, la situación operacional es un factor determinante, donde el 55% reconoce que nunca ha usado la Ley de Donaciones Culturales y el 35% dice haberla utilizado alguna vez. Los encuestados mencionan la necesidad de “mejorar esta legislación de manera que para las empresas resulte realmente atractivo auspiciar proyectos culturales. En la relación -Empresa -Auspicio y Gestión Cultural- proponen crear un marco legal y un modus operandi que permita una llegada mas fácil y productiva para la gestión cultural”.

Si bien se la considera una profesión elitista los ingresos no indican esa categoría: el 24% entre declara recibir honorarios entre 400 y 800 dólares, solo el 11% recibe entre 2 y 3 mil dólares y sólo el 3% supera los tres mil dólares en honorarios. En este tema se abstuvo un 32%. Bajo este panorama en relación a la remuneración como Gestor Cultural se observa que muchos de estos profesionales comparten la profesión con otra actividad (el 29%) apareciendo las siguientes áreas como las más mencionadas: la docencia, desarrollo de una actividad artística, entre otros y solo el 48% de los encuestados la gestión cultural es su principal fuente de ingreso. Estos antecedentes indican una gran necesidad que existe de regular el valor de mercado de un gestor.

En relación a la territorialidad, los profesionales de regiones, muestran una menor satisfacción de la profesión y proponen una mirada respecto al aislamiento en regiones, así mismo indican la existencia de un gran centralismo en todo orden de cosas en el campo cultural. De los que participaron de la encuesta, solo 25% era de regiones (en su mayoría las regiones de centro sur: Valparaíso a Bío Bío).

Más allá de este revelador Estudio de Girarte, las principales fuentes de ocupación de los gestores están en:
• Corporaciones y fundaciones sin fines de lucro
• Gobierno a niveles central y regional
• Municipios y sus corporaciones
• Industrias culturales
• Asesorías en planes de gestión de espacios culturales
• Creación, formación y desarrollo de audiencias
• Investigación y estudios de consumo e intereses culturales
• Asesoría en formulación de políticas culturales
• Empresas y fundaciones privadas
• Formación universitaria y no reglada (pasantías)
• Recaudación de fondos (fund raising)
• Turismo cultural y patrimonial
• Elaboración y desarrollo de proyectos
• Galerías de arte
• Producción cultural


Formación no reglada en gestión cultural
La capacitación de gestores culturales a nivel presencial y a distancia se ha multiplicado con iniciativas como la asesoría en planes de gestión, los seminarios realizados por la Comisión Presidencial de Infraestructura Cultural y el CNCA, las pasantías de gestores culturales, especialmente de regiones, en centros culturales de alcance nacional.

Algunos desafíos pendientes son la inserción de la gestión cultural en la educación, como parte de los planes de estudio a nivel escolar; el perfeccionamiento de la formación universitaria de calidad a niveles de Magíster; la formación internacional a distancia; la creación de redes de cooperación e intercambio a niveles nacional e internacional; la formación de observatorios del público; la creación de observatorios de políticas culturales; la generación de una bibliografía de estudios históricos y prospectivos sobre la cultura en Chile y desarrollar una normativa de acreditación de la formación en gestión cultural.


Hacia una política de formación de gestores.
Parto del supuesto que gestión aplicada y formación en gestión son parte de un mismo proceso. La gestión requiere de formación, la formación surge de la práctica en gestión y la práctica en gestión está orientada por las políticas culturales. De la calidad de la formación dependerán la calidad de la gestión y viceversa. De ambas dependerá la aplicación y renovación de las políticas culturales.

La formación debe aspirar a satisfacer los diferentes tipos de necesidades de la gestión cultural, por tanto, deben existir diversos tipos de entes formadores. Los específicos como las universidades públicas y privadas, y las universidades regionales, nacionales y extranjeras, todas con el apoyo de la línea de becas de FONDART y otras.

Debe existir también formación permanente en los centros culturales nacionales y extranjeros, a través de las redes nacionales y extranjeras y sus seminarios, encuentros y proyectos cooperativos.

Sugiero entonces propender a una formación con posibilidades de intercambio y cooperación internacional permanentes. Tal trabajo formativo debe considerar las experiencias internacionales, especialmente la de los países vecinos; la menor unidad territorial nacional que son los municipios, y la máxima diversidad étnica -debe ser multicultural- etárea y social.

En síntesis, el desarrollo de la gestión cultural en Chile, que tiene sustantivos antecedentes en la década de los 90, ha alcanzado inéditos avances durante sus primeros años de profesionalización, especialmente en la institucionalidad del estado y ha tenido avances en la sociedad civil.

Para continuar desarrollándose, requiere de una mayor relación con los gobiernos locales; una política de formación de audiencias; una mejor formación profesional de sus agentes, y la constitución de redes nacionales e internacionales de intercambio y cooperación.

En particular, para un adecuado desarrollo del sector es indispensable considerar a la gestión cultural aplicada y la formación en gestión como partes de un mismo proceso.

09 septiembre 2008

De: Cultura 2008 A: Educación 2020

Soy un convencido de que los sustantivos avances en términos de políticas públicas que ha tenido el sector cultura en Chile en los últimos años se deben principalmente a haberla separado en su discusión de dos “monstruos grandes que pisan fuerte” en este terreno: las comunicaciones y la educación.

Recuerdo aquellas animadas comisiones programáticas de Cultura y Comunicaciones de los inicios de la Concertación, en las que inevitablemente terminábamos hablando de televisión, específicamente de TVN y coyunturalmente, del noticiario central de esa estación. En ese escenario, la cultura sólo podía aspirar –sin éxito, por cierto- a unos breves minutos en la pantalla noticiosa. Los aficionados –entonces- a las artes y la cultura quedábamos esperando una mejor oportunidad.

Recuerdo también que durante la etapa escolar los formatos ofrecidos a quienes sospechábamos tener inquietudes artísticas eran limitadas: talleres y academias literarias, algunas clases de música levemente innovadoras centradas en los programas de mano de la Orquesta Sinfónica de Víctor Tevah complementados por un tocadiscos/maleta que transitaba por las salas de clases aferrado indefectiblemente al profesor respectivo y algunos lejanos y extra programáticos cursillos de cine.

Hace poco, con un compañero de entonces, el compositor Alejandro Guarello, nos acordábamos con afecto del maestro de música pero rápidamente los recuerdos de la vida escolar derivaban hacia ese innombrado inspector que nos obligaba a usar el pelo rigurosamente corto y a parecernos todos con todos.

Porque la educación era básicamente uniformidad: literalmente de usar uniformes, de desfilar los 21 de mayo y de confesarse regularmente. Pero, ¿no fue un gobierno de derechas (el último) el que nos obligó a vestir a todos los estudiantes de jumper o chaqueta azul/pantalón gris, el “uniforme de chileno” hasta hoy?

Los escasos intentos de romper esa monotonía escolar fueron frustrados: cuando pretendí ser gestor cultural y llevar un prometedor festival del cantar juvenil a la Quinta Vergara (obvia aspiración de joven viñamarino) fui expulsado del colegio. Cuando intentamos ser críticos con un diario mural “Independiente”, las autoridades escolares promovieron la “prensa oficial”.

Si miramos el destino de la cultura a nivel nacional en la historia de nuestra administración pública, arrinconada como Departamento de Extensión en el Ministerio de Educación, podemos detectar la importancia que ella tenía hasta 1990. Afortunadamente, Aylwin la ascendió a División; Frei la llevó a La Moneda y Lagos la hizo quedarse.

En ese ambiente fue que floreció el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, en 2003, luego de pasar, en 1997, por las vergüenzas de los programas de educación artística que el Ministerio del ramo puso en conocimiento de la Comisión Asesora Presidencial en Cultura del Presidente Eduardo Frei: aún recuerdo la cara de espanto de Ramón Griffero cuando el programa hablaba de teatro refiriéndose exclusivamente a los actores. Ni una mención a la dramaturgia, la escenografía, la dirección, ni menos las audiencias. Con ese programa ¿podíamos esperar que se formaran dramaturgos, directores o críticos de arte? ¿Podemos esperar que los estudiantes aspiren a otra cosa que a ser estrellas de teleseries?

En el Directorio del CNCA se intenta, aunque cae de maduro, cada año, modificar la Ley de Premios Nacionales para que al menos les den atribuciones en los premios de Literatura, Artes Plásticas y Artes de la representación… con las modificaciones evidentes que requieren los jurados correspondientes ¿Será mucho pedir?

Sin embargo, esta distancia con la educación no se me había hecho tan evidente hasta cuando, hace una semana, destacados alumnos del MAGÍSTER en Gestión Cultural de la Universidad de Chile se mostraron francamente limitados ante la poco exigente prueba de referirse a André Malraux o la Royal Opera House en sus idiomas originales y la redacción correcta. Ojo, que no me refiero a la pronunciación…

- Algo huele mal, pensé.

En tales prácticas olfativas me sorprendió la entrevista/manifiesto de Mario Waissbluth sobre Educación del 2020. La aplaudo sin restricciones, sobre todo porque he tenido confianza ilimitada en los ingenieros –excepto los de transportes- refiriéndose a políticas públicas. Tal vez porque tienen “mente ordenada” (lo que no significa mente de ordenador como otros profesionales) y porque quién realmente aseguró –con la complicidad de un par de profesores de castellano y otro de… ¡historia contemporánea!- mi vocación por la cultura fue mi abuelo ingeniero civil que calculadamente iba poniendo a mi alcance las piezas artísticas que yo solicitaba sea por demanda escolar o la simple inquietud personal.

Es decir, Mario Waissbluth, cualquier cambio en esta área debe tener bastante de ingeniería, pero también un ingrediente de libertad. De opciones para el educador y el educando. Lo que se contrapone con la uniformidad de programas, diseños arquitectónicos de escuelas, vestuarios y textos de estudio.

Vivimos en la era de Internet en la que un alumno, por primera vez en la historia, puede y suele saber más que el profesor en el aula, usando la tecnología, la que a su vez facilita este proceso de formación de personas iguales y libres.

Humberto Eco, también en entrevista en La Tercera asemejaba el proceso educativo a una relación erótica en la que el adulto entrega experiencia y el alumno aporta juventud, inexperiencia y ambos logran el placer en un proceso igualitario al que acceden voluntaria y libremente.

Lo interesante es que dar libertad al proceso educativo no es conceptualmente diferente en Putre o en Las Condes. Y cuesta igual.

Por ello es que no adhiero en un aspecto que solicita el movimiento de Waissbluth: el toque de verde en el vestuario. Me permito ejercer así mi propia libertad, lo que me acomoda con mi insuficientemente desarrollado lado femenino que no me estimula diariamente a preguntarme:
- ¿Qué me pongo?
Tal vez sea cuestión de educarlo.

SE PUEDE ADHERIR A ESTE MOVIMIENTO EN http://www.educacion2020.cl/

24 agosto 2008

AQUILES, LA CULTURA Y LA DERECHA POLÍTICA

El 17 de agosto, Reportajes de El Mercurio, se preguntaba si las políticas culturales serían en Talón de Aquiles de la derecha. El mismo diario se responde, en Editorial del 24 de agosto titulada “La derecha política y la cultura”, que tal hipótesis “quizás no es del todo justa”.

El académico Cristián Antoine en el blog del diario explica que “hablar de políticas culturales de derecha es una reducción muy limitante. Necesitamos auténticas políticas culturales, bien hechas, mejor pensadas y eficientemente aplicadas. Todas evaluadas. Ello, independiente de quien se siente en La Moneda”.

Sin considerarlo, el Editorial se apresura a dar tres consejos: “una política cultural con posibilidades de real impacto debería concentrarse en preparar las necesarias modificaciones a la Ley de Donaciones Culturales, que le devuelvan su perdida eficacia y la refuercen; promover urgentes reformas a las leyes de Monumentos Nacionales y General de Urbanismo y Construcción, para crear la institucionalidad y el sistema de incentivos económicos y tributarios indispensables para la conservación, restauración y difusión del patrimonio histórico, tangible e intangible, y una revisión sustancial del sistema de fondos concursables, sobre todo en el área de subsidio a la creación”.

Es decir, se sugiere a la “derecha política” profundizar en dos líneas de políticas creadas, aplicadas y priorizadas por gobiernos de la Concertación –antes de 1990 no existían ni la Ley de Donaciones ni el Fondart- y una legislación que está a punto de enviarse al Parlamento, tal como lo reiteró la Ministra Presidenta del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes el viernes 22 de agosto ante la Quinta Convención Nacional de ese organismo.

Además, la autoridad recordó que “según la Fundación Participa, los fondos del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes se ubican como uno de los más transparentes del Estado. A ello se suma el reciente estudio de la Dirección de Presupuestos que evaluó al Fondart como uno de los 4 programas -de los 16 evaluados- que necesita reformas menores”. No obstante estos resultados, agregó “se hace imprescindible el perfeccionamiento en la entrega de los fondos. Para ello, el Consejo se ha propuesto alargar el ciclo de seguimiento de los proyectos, con el fin de evaluar su incidencia en la formación de audiencias y hábitos y una mayor coordinación con los Gobiernos Regionales”.

Tampoco hay primicia cuando la editorial concibe que “una fuerte inversión en infraestructura cultural (bibliotecas, museos, teatros) sería una contribución con beneficios directos e irrefutables”, ejemplificando con declaraciones del regista Hugo de Ana, instando a construir en Chile “el gran teatro de Sudamérica”.

Es sabido que existe un programa de construcción de centros culturales en comunas de más de 50 mil habitantes y se están instalando bibliotecas en las comunas –pocas- que aún no las tienen. También es público que el Centro Cultural Gabriela Mistral cumple con una de las medidas de la Política Cultural 2005-2010 que considera la construcción de un Centro Nacional de Artes Escénicas y Musicales el que contempla un teatro para más de dos mil personas con las características que sueña de Ana y algunas adicionales.

Por tanto, poco o nada hay de nuevo en las sugerencias a la “derecha política”. Simplemente porque no podría ser de otra forma: hace ya cinco años, el país se ha dado una Política Cultural de Estado, elaborada por todos los sectores involucrados y que considera, entre muchas otras, las inquietudes que refleja la editorial.

Por lo mismo, no parece justo terminar el comentario con una afirmación que más parece de campaña que de conocedores: “Está en manos de los políticos de derecha promover estas iniciativas y avanzar en un área en la cual los sucesivos gobiernos de la Concertación, pese a múltiples declaraciones, han tenido muy escasos logros”.

Una Política Cultural auténtica no es de derecha ni de izquierda, sino que es autónoma, desconcentrada y descentralizada, trasciende los gobiernos y es modificada desde el interior de los órganos de participación a niveles nacional, regionales y sectoriales, a través de convenciones como la que acaba de culminar, por quinta vez, en Valparaíso.

04 agosto 2008

LIBROS, PIRATAS Y POLICÍAS

Que la realidad suele superar a la ficción es un lugar común.

La mirada tradicional asociaba policía y libros a –ahora ingenuas- historias de Cayetano Brulé o Heredia que triunfaban sobre precarios delincuentes que no lograban superar impunes las últimas páginas de los libros que malamente protagonizaban y de cuyos nombres difícilmente podemos acordarnos.

Sin embargo, este 2008 ha marcado un vuelco en la novela. Se ha organizado una Brigada (no la Brigada Escorpión, nacida de la mente de un prolífico escritor de “policiales” y cuyo cuartel general estaba en el Centro Cultural Estación Mapocho, no, todo ello es ficción, y se diluyó: su protagonista oficia hoy como diputado). Se trata de una Brigada tan real que ha incautado 320 mil productos de esta singular industria cultural conocida como Piratas S.A. Y que no está constituida por Garfio, Morgan ni otros recordados filibusteros. Los corsarios reales son libreros, ex empleados de editoriales, impresores profesionales y financistas.

Lo que era un secreto a voces, conversación de pasillos en cada feria del libro, sale a luz gracias a esta Brigada de Propiedad Intelectual de Investigaciones. Sorprende que su Jefe reconozca en Artes y Letras del 3 de agosto que, hasta su creación, sólo se castigaba “la flagrancia” ya que “por tiempo y capacidad operativa” no se abarcaba el círculo completo. ¡Qué ingenuos los legisladores que creyeron que endureciendo las penas a los piratas en la Ley del Libro se acabaría con el mal! Hay que crear leyes, pero también ocuparse de su “gestión”, dar recursos para que se cumplan.

Tal vez debieron leer un poco más de literatura especializada y deducir que para desbaratar una banda hay que investigar y para ello, disponer de investigadores y que éstos se organizan en brigadas…

Es precisamente la creación de esa unidad la que hace visible al delito, algo así como que la sanción transparenta la violación. Es de esperar que como ahora existen policías especializados en perseguir bucaneros hasta sus más recónditos escondrijos y proveedores, la opinión pública llegue a comprender que la reproducción ilegal es un delito y no una forma de comprar lo mismo que el producto legal, pero más barato.

Es deseable que esta iniciativa policial, tempranamente premiada por la Cámara del Libro -directamente afectada-, sea también reconocida por los lectores por la sencilla vía de no hacerse cómplices comprando productos falsos. Ojalá se enfatice la lucha anti piratería desde la demanda, es decir desde el público, y no sólo desde la oferta, desde los creadores, que se agrupan en sociedades de defensa de sus derechos realizando iniciativas que suelen ser incomprendidas.

La lección de este suceso debe llevarse al debate, que recién comienza en público, sobre el cambio de la Ley de Propiedad Intelectual, que data de 1970, cuando se hablaba de la oficina del Pequeño Derecho de Autor, Internet era un sueño, las fotocopiadoras, un lujo y las universidades eras pocas y tenían bibliotecas.
Ojalá se legisle teniendo presente la capacidad de que lo aprobado sea viable de llevar a cabo considerando la globalización y las tecnologías disponibles y por disponer, y de que protección de la propiedad intelectual considere también a quienes está dirigida la creación: los públicos.

28 julio 2008

HERMOSO PROYECTO CULTURAL SE ARRIENDA

“Falta una institucionalidad cultural imparcial que, fomentando la cultura, garantice al mismo tiempo el pluralismo”. Sorprendente conclusión de un editorial de El Mercurio del 28 de julio. Más sorprende cuando erige como legítima la parcialidad que surgiría de una “teleserie truculenta” en la televisión estatal por que ésta se emite “con respaldo de su directorio y con fondos propios, proveídos por sus avisadores”.

Desde 2004, todos los caudales asignados por el Fondart y los demás fondos concursables sectoriales son entregados con respaldo del Directorio Nacional del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes además de pasar por estrictas evaluaciones de pares y comités técnicos. Tal directorio posee una diversidad semejante a la del Directorio de TVN, incluso con dos de sus miembros aprobados por el Senado, y una mayoría abrumadora -8 de 11- de personalidades representativas de la sociedad civil. Ergo, para el articulista, lo que le falta a la institucionalidad cultural para ser imparcial -el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes fue creado por ley de la República con los votos de parlamentarios de todos los sectores-, son recursos provistos por los “avisadores”.

Pero, la citada ley señala que los recursos concursables provienen de fondos públicos y no de aquellos. Se propone en el comentario que, para ser imparciales, sólo debieran existir fondos apara apoyar el arte surgidos de los auspiciadores, evitándose así “el sesgo de quién ejerce el poder”.

Gran noticia para los miles de creadores que postulan año a año a los diferentes fondos concursables. Se acaba la pesadilla de escribir proyectos y la angustia de esperar sus resultados. Sólo será necesario poner un simple aviso de fondo rojo y letras blancas: SE ARRIENDA o SE VENDE, en la carátula de un producto cultural.

Ahora, si por alguna misteriosa casualidad, no se arrienda ni se vende, sencillamente deberán hacer un nuevo intento hasta que el mercado los acoja.

Por favor, pongámonos serios. Los lectores lo merecen y la trayectoria de un diario tan antiguo también. No existe en el mundo un país que no asigne recursos públicos para el arte y la cultura, tampoco un sistema de asignación de esos recursos más imparcial y transparente que el chileno, semejante a los Art Council de los países de la comunidad británica.

Que este sistema acepte en ocasiones proyectos que no son del gusto universal o que beneficie a personas con comportamientos privados o clandestinos que no alcanzan a ser evaluados por quienes corresponde, es parte del juego. No se evalúa conforme a prejuicios sino a calidad artística, no se evalúa opciones sexuales o políticas de las personas, sino proyectos. Y esta capacidad de evaluación no es idéntica a la capacidad (financiera) de poner avisos. Aquí participan personas tanto o más conocedoras de las artes que los postulantes, justifican sus determinaciones y, además, se hacen públicas. Es, en definitiva, un sistema más participativo que aquel sugerido de “fondos de particulares que aprecien (las manifestaciones artísticas) y deseen erogar para su producción”. Sistema que por lo demás está disponible en la llamada Ley de Donaciones Culturales y que, a pesar de disponer que el Estado financia el 50% de lo que ponen los particulares por la vía de la rebaja tributaria, no logra satisfacer ni el equivalente a la mitad de lo asignado a los creadores. En un mismo año (2006) los fondos públicos concursables del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes distribuyeron entre los postulantes 9 mil millones de pesos, obviamente sólo una parte de lo solicitado. Los aportes reales de los privados fueron de 4,2 mil millones, a los que se debe sumar igual cantidad de dineros no percibidos por el estado por concepto de impuestos, otro aporte público.

Suponiendo que los “avisadores” hicieran un maratónico esfuerzo por alcanzar las cifras de la “demanda” de los creadores, aún restaría saber cuánto proyectos serían desechados no por su calidad sino por su “sesgo”.

Me temo que tanto los creadores como las audiencias van a preferir la “parcialidad” de una institucionalidad participativa, autónoma y descentralizada, complementada con excepciones tributarias y aportes de las personas, vía taquilla.

Es lo que hay.

20 julio 2008

HISTORIA Y GESTIÓN CULTURAL


“El nuevo mapa del mercado laboral chileno”, publicado por Qué Pasa el 18 de julio, destaca aquellas profesiones u oficios que están en vías de extinción –como los zapateros- y los que crecen exponencialmente –como los telefonistas de centros de llamadas- pero no menciona a una profesión en apogeo: los historiadores.

Este auge se debe, en parte, a algo que comenzó como un juego: TVN compró un formato de programa a la BBC para elegir a los Grandes Chilenos de la historia. Al presentar el proyecto en sociedad escogieron un naipe, de 60 cartas con igual número de nombres y breves descripciones al reverso, de los “candidatos” al Gran Chileno. Para entregar el juguete, soltaron las cartas de cartón en una caja redonda de lata, como aquellas de las viejas películas en celuloide. Desde ese momento, el jueguito comenzó a hacer ruido.

Uno de los mensajes habituales de mis clases de Políticas Culturales es incentivar a los estudiantes del magíster en Gestión Cultural a tener en cuenta encuestas, ratings, premios y otros indicadores que podrían estar señalando preferencias del público. Esto, porque un gestor cultural debe tener conciencia a la vez de lo que están sintiendo los creadores y las audiencias: el escenario y la platea.

Por ello, he seguido con atención esta especie de “guerra de los Grandes Chilenos” desatada por la ruidosa caja de celuloide. A estas alturas del juego, los seleccionados son diez y, a pesar de disminuir el número de cartas de naipe, la repercusión crece.

Reportajes de La Tercera de este domingo encargó a cada uno de diez -historiadores, por cierto- su propio listado de 10 nombres, para elaborar el listado correspondiente a los diez más votados de entre las cien preferencias de los historiadores.

Sigamos jugando. Si cruzamos los diez elegidos de TVN, por los que votaron estudiantes y profesores en base a los nombres propuestos en el naipe, con los diez elegidos por los historiadores escogidos por La Tercera -es decir si mezclamos algo así como los Oscares con Cannes- los inobjetables, que aparecen en ambas categorías, son sólo cinco. De los unánimes, tres pertenecen al mundo de la cultura: Violeta Parra, Gabriela Mistral -las únicas mujeres que forman parte de esta mezcla de listados-, Pablo Neruda, Alberto Hurtado y Arturo Prat.

Esta notable presencia artística (60%) entre nuestros cinco sobresalientes en la historia patria no amaina ya que en reciente reportaje de Qué Pasa “Los 50 influyentes del 2008” -más de 400 personalidades, sectorizadas por áreas, que influyen en elegir influyentes- determinaron que 10 de ellos, es decir un 20%, forman parte del mundo de la cultura, experimentándose un alza respecto del mismo ejercicio del 2007 (en que fueron sólo 7).

En la propuesta de los historiadores en La Tercera llama la atención un solitario voto por la contemporánea “señora Juanita”, en la lista de Patricio Bermedo, Director del Instituto de Historia de la UC. Por primera vez se incorpora a un listado de “los Grandes” a “una chilena de a pié”, que simbolizaría a las audiencias o los receptores de las grandezas de estos selectos chilenos.

Esta visión, similar a los intereses de la gestión cultural que mira no sólo a los protagonistas sino también a los observadores o destinatarios, podría encontrar antecedente en 1910, en la Exposición Histórica del Centenario, que se realizó en base a donaciones de objetos históricos que hizo la gente y que derivó en la formación del entonces inexistente Museo Histórico Nacional. Esclarecido gesto de nuestros antepasados que, como dato curioso, no calzó adecuadamente con las previsiones de infraestructura para dicho museo, que debió instalarse originalmente en dependencias del flamante museo de Bellas Artes el que a su vez no disponía de suficientes obras de arte para completar el edificio que se había construido como símbolo del Centenario.

Esta discrepancia entre lo planeado y sus resultados demuestra que para ser un Gran Chileno no sólo hay que tener una notable obra en beneficio del país, sino que, perdónenme la digresión profesional, hay que agregarle un poquito de gestión. Sino, veamos: Neruda tiene una activa fundación que recibe en sus casas al 80% de los turistas extranjeros que visitan nuestro país; Prat, un monumento rigurosamente visitado, desfilado y homenajeado cada 21 de mayo; Gabriela, una reciente reconciliación con su patria y un Centro Cultural que será emblema del Bicentenario; Violeta, una familia de hermanos, hijos y nietos que destilan talento urbe et orbi; el Padre Hurtado, un Santuario y periódicas manifestaciones de jóvenes que cada agosto marchan en multitud hacia él desde el Centro Cultural Estación Mapocho.

Por el contrario, al único que forma parte del naipe de TVN y que no obtuvo votación alguna de los 10 historiadores, José Miguel Carrera, se le recuerda sólo por una Gran Avenida que pierde su nombre en los primeros paraderos.

Otro ejemplo de gestión inadecuada, Bernardo O’Higgins, ubicado por los historiadores entre los diez Grandes, no pasó el escrutinio de estudiantes y profesores en TVN, según entendidos, por la excesiva asociación de su imagen con la dictadura militar. Lo que se corrobora con el hecho que sólo tres preferencias de las posibles entre los historiadores, mencionaron al general Pinochet. Mala junta para el hijo de don Ambrosio.

Como se ve, el juego da para largo. Y los naipecitos van a seguir barajándose y haciendo ruido.

Con ello, los historiadores tendrán ahora más futuro mirando nuestra historia y los gestores culturales podremos contribuir con ellos a instalar esa historia en el presente y el futuro.

Tal vez sólo eso justifique la celebración del Bicentenario.

Todo partió como un juego... es que lo lúdico es parte de la vida.

03 julio 2008

GRAN SEÑOR Y RAJADIABLOS

Las cosas de la vida. O más bien, las cosas de la Tele... Al parecer una inocente teleserie nocturna en horario prime, que reúne a un fogueado elenco y fogosas escenas de sexo de una diversidad social y sexual sobre el promedio, está causando un ajuste de cuentas de los chilenos con uno de los aspectos más traumáticos de la historia reciente: la reforma agraria.


Una discusión no hecha, aplacada en su momento porque quienes encabezaron la revuelta fueron los propios hijos de los latifundistas, camuflados bajo banderas vaticanas, de demócratas cristianos, de estudiantes de la UC, de mapus, está saliendo a la luz.

Mientras el motivo literario del patrón de fundo se mantuvo en la literatura, como la clásica novela de Eduardo Barrios (Nascimento, 1948), o en los tribunales, alcanzando a un senador de la República no conservador, los señores o ex señores de la tierra permanecieron en silencio. Pero, cuando la descripción, en una obra de ficción, de uno de ellos llegó al dormitorio de viejos camastros de bronce y elegantes plasmas televisivos, ardió Troya.

Se denuncian oscuras maniobras para desprestigiar a la antigua oligarquía agraria, contaminando de paso a familias ascendentes por alcande de apellidos (¿sería más verosímil si el protagonista se llamara González?).

Por la otra trinchera surgen notables intelectuales y artistas luciendo orgullosos su condición de hijos de peones agrícolas y ratificando los malos tratos que cualquier estudiante mediocre de literatura escolar bebió desde los primeros años de formación.

Es verdad, en Chile existieron dueños de fundo y peones, como en todas partes. Hoy en día la industrialización del agro y la vocación declarada de convertirnos en potencia alimenticia los ha dejado anclados en la historia, una historia que, como canta Serrat,lo que no tiene es remedio.

Leyendo a los (ex) señores que reclaman por los alcances supuestamente ofensivos no he podido dejar de recordar a uno de mis profesores de tercer año básico, el sacerdote Gregorio Sánchez Ugarte, que rellenaba magistralmente las clases en las que otro profesor faltaba contándonos unas historias que llamaba "Lecciones de cosas". En ellas, el protagonista recorría el mundo realizando hazañas que nos maravillaban. Lo llamó Ugarte, como su apellido materno.

Creanme que todos -infantes de un dígito de edad- entendimos que Ugarte no existía y que sus historias no pretendían beneficiar ni perjudicar al padre Gregorio. Sólo, tal vez, homenajear castamente a su madre.

23 junio 2008

ALLENDE Y LOS PRISIONEROS

El ex músico de Los Prisioneros, Jorge González, en entrevista reciente en revista Qué Pasa, justifica su personalidad diciendo que fue un chico que se formó leyendo libros de Quimantú y no viendo series de TV como Miami Vice. La metáfora del rockero es reveladora de cuánto calaron las obras culturales del Presidente Allende. Cuando se celebra un centenario de su nacimiento, el 26 de junio, es ocasión propicia para reflexionar sobre la política hacia el arte de su gobierno.

Antes, debo confesar que inicié mi vida laboral en 1971, desde entonces permanentemente vinculada a la cultura, casi junto con la asunción de Allende a la Presidencia de la República. Debo reconocer que entonces adhería más al proceso revolucionario que él encabezaba que al mundo del arte y la cultura que hoy me identifica. Debo agregar que no dejé de sentirme incómodo por provenir más de la sociología (era estudiante universitario) que de alguna de las disciplinas artísticas. Recuerdo que existía una extraña mezcla entre los creadores de belleza y los creadores de riqueza, los obreros. Sin pertenecer a ninguno de ambos grupos, admiraba a ambos. Se vivía un tiempo en que muchos de los miembros de estos sectores deseaban sinceramente que las fábricas fueran creadoras de arte y los artistas, fabricantes de productos materiales.

Aunque discutimos hasta el agotamiento quién tenía la razón y dejamos nuestras mejores fuerzas en los trabajos voluntarios y las empresas del área social, no llegamos a alcanzar ese ideal. Los artistas no superaron a los obreros en fuerza física, ni lo obreros lograron capacidades creadoras significativas. Pero, lo intentamos. Lo predicamos y por sobre todo, lo creímos posible.

Todo ello, mirando poco para el lado, despreciando a quienes no disponían de alguna de estas vertientes privilegiadas: ser obrero o ser artista. Los primeros tenían prioridad para administrar industrias, dirigir partidos políticos y hasta ser partes del gabinete, tambien para recibir a través de sus sindicatos y federaciones las mejores y más económicas creaciones culturales (algo así como lo que ocurre hoy con la condición de empresario).

Entre los artistas, Neruda escribía inspirado en la clase obrera; Quilapayún y Víctor Jara cantaban en sedes sindicales, creadores de todas las edades desfilaban orgullosos luciendo las camisas de las juventudes comunista o socialista. Los artistas visuales disponían de espacios en los muros emergentes del Edificio de la UNCTAD, los escritores tenían excelente acogida en las prensas de Quimantú, los cantantes llegaban a DICAP como a su casa y los cineastas gobernaban Chilefilms sin contrapeso.

Los lectores no supieron que lo eran hasta que llegaron a sus quioscos favoritos o sindicato correspondiente las ediciones masivas y muy baratas de las series Minilibros, Nosotros los Chilenos o Quimantú para todos. Los niños se sintieron privilegiados no sólo por el medio litro de leche, tambien por la colección de libros infantiles Cuncuna.

Es que en el gobierno de Allende se dignificó hasta el paroxismo el trabajo manual y el trabajo creativo. Sólo que muchos entendieron tarde lo relevante que ello era para ser mejores como personas y mejores como país.

Quizás porque no supimos expresarlo bien, quizás porque algunos no supieron entenderlo bien y creyeron que se trataba de eliminar al otro y no ser mejores junto al otro.

El hecho es que muchos lo sufrimos. Especialmente cuando quienes no creían en el trabajo manual ni el trabajo creativo como motores de una sociedad, dieron muestras de entender cabalmente a quienes había que reprimir: quemaron libros, asesinaron cantantes, encarcelaron actores, destruyeron cuadros, demolieron universidades y exiliaron artistas.

No obstante, la figura de Allende sigue presente, especialmente en aquellos que lo entregaron todo siguiendo a este líder de los anteojos de marcos robustos y que lleva el apellido quizás más homenajeado por los creadores, de Chile y el mundo; a pesar de que su política hacia el arte y la cultura marcó más bien el final de una etapa de nuestra historia. Aquella en la que el Estado era el protagonista del desarrollo de las artes. A través de él se financiaban los creadores, las universidades, los canales de televisión y las industrias culturales. Quimantú fue una empresa gigantesca, con más de dos mil trabajadores, que tenía en su interior varias sub empresas: de publicidad, de distribución, de impresión y de edición de libros y de revistas. Lo que hoy se llamaría un holding, muchas veces beneficiado con precios subvencionados del dólar para adquirir papel, compras formidables del gobierno y ventas masivas hacia socios político-comerciales como Cuba, país al cuál se le imprimían millones de textos escolares.

No obstante eso, Quimantú es recordada, con justicia, como símbolo de una política de difusión de la cultura a través de sus libros, que lograron una efectiva democratización del acceso a la lectura.

Adicionalmente, Allende quiso dejar vinculada las artes a su principal obra arquitectónica, el edificio de la UNCTAD al que llamó Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral, logrando en su interior un encuentro y diálogo del gran público con las artes visuales.

La pregunta es si esta intensidad artística del período la de Unidad Popular habría podido sustentarse en el tiempo, especialmente cuando se enfrentara a la actual situación mundial en la que el mercado gana terreno y los aportes gubernamentales retroceden aún en la antes irreductible Francia de Malraux.

Sin embargo, hay situaciones que ni Allende ni los “nuevos tiempos” han cambiado del todo: “El Estado –escribió el crítico cultural allendista Hans Ehrmann en diciembre de 1970-, en forma directa e indirecta, subvenciona dos orquestas sinfónicas, tres ballet y una serie de otras actividades artísticas. Su apoyo surge de través de las universidades, la Municipalidad de Santiago, el Ministerio de Educación. Cada una de esas instituciones mantiene su pequeño feudo cultural, sin que hasta la fecha se haya hecho un intento por racionalizar la inversión estatal en el arte”.

Curiosamente, sobre las cenizas del sueño de Allende, en el futuro Centro Cultural Gabriela Mistral, se están sentando las bases para un gran espacio de difusión masiva de las artes escénicas y musicales.

Allí, los futuros Jorge González podrán disfrutar de obras de danza, teatro y música que hasta ahora les eran vedadas, como si estuvieran prisioneros…

17 junio 2008

EL MINISTRO (A) SOÑADO

Una activa red virtual de agentes culturales iberoamericanos, nacida al alero de un reciente encuentro en Santa Cruz de la Sierra, ha planteado a sus integrantes el desafío de construir el perfil ideal de Ministro de Cultura.
Junto con afirmar que ese personaje utópico no existe, no deja de ser estimulante reflexionar sobre la pregunta que agita a un conjunto de relevantes gestores del continente americano.


En primer lugar, existen ciertos requisitos para definir aquel perfil: es indispensable conocer el presupuesto del que va a disponer. Sin un monto de dinero adecuado y no comprometido con anterioridad, no hay Ministro que valga.

En segundo lugar, debemos preguntarnos por el nivel de permanencia o estabilidad que tendrán las políticas culturales que el elegido tendrá que aplicar. Si debe partir de cero (o cree que debe hacerlo todo desde el inicio), tampoco tendremos un Ministro eficaz dado que los períodos de gobierno en nuestros países no suelen ser prolongados. Es decir, no hay tiempo para políticas fundacionales.

En consecuencia, un buen ministro deberá moverse en la conocida fórmula de continuidad y cambio. Asumir aquellos aspectos de las políticas que vale la pena continuar y profundizar por su calidad y su éxito comprobado y agregar algunos aspectos de novedad que surgen de su período y le darán la impronta que él busca.

De lo dicho se desprende que los países deben tender a tener políticas culturales de Estado más que de gobiernos y éstas deben formularse con una participación abrumadora del mundo de la cultura y las artes.

Existen entonces ministros o ministras que convocan a la formulación de políticas de Estado, en cuyo proceso se llevarán todo o casi todo su mandato, las que probablemente deben ir acompañadas de una institucionalidad que refleje esa condición de política de Estado y que asegure que cuando se vaya, tales políticas no cambiarán.

Por deducción, existirán ministras o ministros que asuman tales políticas de Estado y destinen su mandato a aplicarlas y fortalecer la institucionalidad que las generó, junto con introducir calmadamente los ajustes que la realidad –y los actores relevantes del mundo de la cultura- aconsejen.

Habrá entonces, ministros formuladores y ministros aplicadores de políticas que a su vez generan las condiciones para ir ajustando tales políticas.

Para cumplir ambas características se requieren capacidades de trabajo en equipo y dotes de liderazgo.

Para ambas se requiere una doble capacidad de reflexión sobre la acción y de acción a partir de la reflexión.

Pero, sobretodo, no confundir los tiempos políticos con los tiempos culturales. Preferir el qué por sobre el cuándo. Considerar que más vale que sea otro u otra quién corte la cinta inicial, pero que aquello que se va a inaugurar cumpla con los requisitos que imponen las políticas culturales del país y los intereses de las audiencias que lo van a disfrutar.

Pensar tanto en la platea como en el escenario. Ambos deben estar ocupados, el escenario por los mejores, la platea por todos; pero un(a) ministro(a) se debe principalmente a los públicos. Finalmente, cada artista es tambien audiencia de alguna disciplina diferente a la que ocupa su creatividad.

Quienes profesionalmente suelen ser capaces de combinar el rol creativo con la formación de públicos son los gestores culturales.
Sin desconocer que muchos buenos gestores han surgido desde el mundo de los artistas, la experiencia enseña que ambos roles son imposibles de cumplir a la vez.

¿Por qué entonces no buscar a un Ministro de Cultura entre los profesionales de la materia? ¿Why not the best?

12 junio 2008

LA GESTIÓN COMO EXCUSA

En el Museo Guggenheim de Bilbao llama la atención la exhibición de un documental del recientemente fallecido Sydney Pollack en el que Frank Gehry, arquitecto del recinto, narra el proceso del proyecto. En él, con una modestia que lo exime de la cuestionada categoría de “starquitect”, señala que no existen arquitectos geniales, sino clientes geniales. Esto es, que la claridad debe estar en quién hace el encargo, más que en quién lo recibe. Éste último sólo debe aplicar su talento a satisfacer al mandante, por cierto aplicando la dosis de creatividad que implica su profesión.

Algo similar ocurre con la gestión cultural, y se ha puesto en el tapete a propósito de argumentar “problemas de gestión” tanto en recientes decisiones relativas a la Trienal de Artes Visuales como en otras circunstancias de nuestro desarrollo cultural de los últimos años.

Para analizar si efectivamente existen problemas de gestión, debemos ver primero si el “mandante” ha realmente efectuado el encargo, segundo si lo ha realizado con la “genialidad” o claridad correspondiente y luego, si lo ha hecho a la persona o entidad adecuada.

En el caso que nos ocupa, el concepto aparece en el documento de Definiciones de Política Cultural 2005 - 2010 CHILE QUIERE MÁS CULTURA como un ejemplo del propósito de “Inscripción del país en los circuitos artísticos internacionales, desarrollando iniciativas tales como una Bienal (sic) Internacional de las Artes Visuales”. Se reitera en el Programa de Gobierno de la Presidenta Bachelet: “Se propiciará la inserción de la creación y la producción nacional en los CIRCUITOS ARTÍSTICOS INTERNACIONALES, con el establecimiento –entre otras medidas– de una Bienal (sic) de Artes Visuales”.

El encargo está realizado por parte de la política cultural del estado de Chile y reiterado por el gobierno en funciones. Las dudas surgen en si fue hecho a las personas que corresponde -o si éstas se arrogaron el encargo - y con la claridad adecuada respecto de sus atribuciones y limitaciones. Aparentemente, esto no fue así dado que la Fundación creada para el efecto ha debido tomar medidas correctivas luego de que se frustraran determinaciones tomadas por los encargados como, ni más ni menos, la renuncia de la Curadora Internacional y su Asistente Nacional.

Es de esperar que la reformulación de esta Trienal permita cumplir el fondo de la Medida número 6 de la política cultural: “Inscribir a Chile en los circuitos artísticos internacionales y convertirse en un hito que afirme la identidad y proyección internacional del arte chileno”.

Casualmente –o no- esta inscripción y proyección de Chile tan necesarias como urgentes coinciden con los esfuerzos de generar una Imagen país que han motivado una nueva inversión gubernamental al respecto. Seria interesante que los responsables de tal Imagen consideren a las artes visuales en su empeño y, de hacerlo, cumplan con las consideraciones de una buena gestión: encargo claro, y a los gestores adecuados.

De no ser así, podríamos caer en el desaguisado de una propuesta ya publicada: que la imagen de Chile sea la de un científico aficionado… a los cambios de apellido.