15 enero 2015

¿QUÉ SE PREMIA CUANDO FONDART BENEFICIA A CORPARTES?


Una discutida decisión del jurado de FONDART respecto del apoyo a espacios culturales, permite reflexionar sobre dicho concurso -que completa 25 años el 2015- y sobre el hecho de que recursos públicos, asignados por pares, vayan a reforzar el trabajo de un conglomerado empresarial que, curiosamente, también cumple 25 años trabajando con las artes: la fundación Corp Group Centro Cultural, nació también en 1990, en Caracas, Venezuela. 

Hasta ahora, el centro cultural santiaguino del grupo, identificado algunas veces como CA660 y otras como Corpartes, ha destacado principalmente por sus muestras plásticas como una sólida exposición de Miró con excelentes programas de visitas guiadas para todas las edades y la exhibición permanente de la obra de Roberto Matta Être Atout, cinco telas de gran formato creadas en 1960, con una superficie total de 100 metros cuadrados y una altura de 4,15 metros. Impactantes, pero nada muy nuevo.
Se presume que la mayor novedad vendrá de la sala de teatro - rehecha sucesivamente hasta la satisfacción de los mandantes- y sus programas musicales y de artes escénicas. Hasta ahora, su escenario ha tenido ocupaciones variadas, diversas y sin arrojar una línea curatorial clara, destacando una función de la Orquesta de Dresden y algunas sociedades con Teatro a Mil. Ha recibido malas críticas por las presentaciones bajas en audiencias de la Orquesta Sinfónica y por la confusión de su publicidad.
Con esos antecedentes llega hasta el jurado de FONDART, solicitando apoyo a su programa de divulgación justificado por ellos de esta manera: "Se ha aprobado un proyecto extraordinario que nos permitirá ofrecer recorridos educativos y talleres especialmente diseñados para cada exposición que se organice en este periodo (3 años). Esto va en la línea de lo que como fundación nos hemos propuesto. Gracias al aporte privado fuimos capaces, durante el segundo semestre del 2014, de convocar a más de 25.000 niños a los más de 600 recorridos educativos y 300 talleres. Más del 59% provenía de colegios particulares subvencionados y municipales".
La pregunta es si los aportes privados cesaron o se estima -jurado y postulantes- que acercar al arte a "colegios particulares subvencionados y municipales" es tarea de los recursos de todos los chilenos.
Lo primero es cuestión de vigilarlo en el tiempo, lo segundo es conceptualmente cierto, sobre todo si se considera el esfuerzo que el país está haciendo tanto en la reforma educacional como en la medida 34 del programa cultural de Gobierno de Michelle Bachelet que contempla la edificación de una red de 15 Centros de Creación Artística. Adicionalmente, el estado traspasa anualmente recursos al Museo Interactivo Mirador solicitando a cambio la certificación de visitas de estudiantes de bajos recursos.
Es necesario agregar que este fondo concursable no es el primer aporte publico que recibe este centro cultural, ya fue beneficiado a través de la Ley de Donaciones Culturales para la mencionada exposición Joan Miró, la Fuerza de la Materia.

Ahora, ¿qué revela del FONDART y su necesario perfeccionamiento esta situación?
Lo primero, que no es nuevo, su proverbial incapacidad de comunicar adecuadamente sus logros, que son muchos. Este año, por ejemplo, el Fondo del Libro logró aplicar el concepto de la evaluación ciega, esto es, sin que el jurado pueda conocer la identidad de los participantes. 
Quizás, a partir del caso que nos preocupa, los fondos concursables debieran aplicar el concepto inverso, es decir, la capacidad de evaluación -que sin duda ahora no la tiene- de las características de los espacios postulantes como por ejemplo su ubicación, su facilidad de acceso, su gestión. Y sobretodo su estabilidad en el tiempo y la misión. 
Con este rasero, es muy posible que un centro cultural ubicado en un barrio bancario de la capital, que languidece después que cierran las oficinas del llamado Sanhattan, que carece de estacionamientos propios y los "prestados" implican descender hasta un -5 que es el nivel que tiene ascensores que se conectan con el teatro (No existen estacionamiento propios, pero en Rosario Norte #407 es posible estacionar con un 25% de descuento de lunes a viernes, señala su web), cuyos máximos ejecutivos comparten oficinas con las cabezas de un banco, cuya programación es vacilante y su destacable permanencia en el apoyo a las artes ha sido inconstante, no habría logrado un puntaje superior a otros espacios que requieren con mayor urgencia del aporte público.
En definitiva, el nuevo FONDART debiera incorporar como variables a evaluar indicadores de ubicación de los espacios, gestión, permanencia en el tiempo y por qué no, la capacidad de sus ejecutivos de acceder a otras fuentes de financiamiento privadas.
Necesario cuando la realidad nos está mostrando que conseguir dinero de las empresas es una de las canchas más desiguales de nuestro país. 
Y no es necesario ser Piketty para advertirlo.

13 enero 2015

LO QUE FRANCIA NOS HA DEJADO, ADEMÁS DE LA LIBERTAD



Hace más de una década, visitando la Gare D’Orsay, con la ansiedad propia de quién asiste a algo ancestral, me encontré sorpresivamente con que, en el nivel M, la primera escultura de Auguste Rodin que aparece al visitante, corresponde a Madame Vicuña, esculpida en 1888 e identificada como la esposa del Embajador de Chile.

De inmediato, la sorpresa se transforma en adrenalina y mi memoria comenzó a emitir señales desbocadas, como si el frío rostro de Madame Vicuña hubiera pulsado una tecla misteriosa llamada algo así como Cultura-Francia-Chile: Neruda Embajador en Francia; Matta viviendo en París, Huidobro afrancesado a más no poder, Violeta Parra en el Louvre con sus tapices, Eiffel, Jecquier y la arquitectura de la Estación Mapocho, el Mercado Central, el Museo de Bellas Artes... Teatro: Andrés Pérez, Axel Jodorowsky, Mauricio Celedón, Claude Lelouch y Ariadne Mnouchkine visitando a los prisioneros políticos chilenos en plena dictadura; los Padres Franceses y el padre Damián muriendo de lepra en Molokai; las protestas callejeras contra los ensayos nucleares en Mururoa, las últimas realmente masivas del siglo XX en Chile. Empresas francesas construyendo el Metro, Santa Augusta y refugios en la nieve; Carlos Altamirano paseando, renovado y culto, por París; los más enraizados mitos infantiles desde Frere Jacques, papá Noel y que las guaguas vienen de París hasta los patrióticos que hablan que nuestra bandera es la más bella del mundo, pero que la canción nacional perdió la final... con la Marsellesa. Y la presencia en la gastronomía - el pot pourri – o en la perfumería - el pat chouli. Pasando por el papel histórico de la franc masonería en nuestra independencia nacional y la inolvidable recepción al general De Gaulle cuando desembarcó, enorme y caqui, en el puerto de Valparaíso, aclamado por miles de escolares. O la mezcla de desagrado y admiración que producía entre los franceses Marcelo chino Ríos en Roland Garros.

A qué seguir. Algo pasa entre nosotros que si bien no somos los franceses de América latina, si somos los afrancesados de nuestro continente. Quizás por eso, nos importan las diferencias en el terreno de las políticas culturales que comenzaban a ser cada vez más evidentes. Mientras Francia parece ir en contra de la propensión universal de ir eliminando los gastos públicos en el arte y aumentar la participación privada en el financiamiento cultural, Chile está desarrollando un modelo bastante diferente, pero con el corazón y muchas veces los ojos puesto en Francia. Es lógico, un país que ha invertido tanto, históricamente, no puede haber dejado de influir en la formación del mundo del arte y la cultura de países de ultramar, entre ellos, Chile.

Colegios, códigos napoleónicos, institutos binacionales, becas, estadías - forzadas a no - de creadores chilenos en Francia, sacerdotes misioneros, arquitectura, infinidad de elementos han contribuido a que los chilenos de las generaciones mayores compartamos con Francia un amor por la inversión pública en cultura. Pero, malas experiencias con la intervención estatal en esto y otros rubros, la corriente privatizadora universal, los logros del mercado en las más diversas áreas, la convicción de algunos gestores culturales que toda fuente de financiamiento única a la larga restringe la libertad de creación, ha llevado finalmente a que predomine el sentimiento de que para financiar la cultura deben participar básicamente sus beneficiarios, esto es, la gente, el público, los usuarios, las audiencias, los participantes, o como se convenga en llamar a quienes disfrutan de la creación de nuestros artistas.

No existe más el gran papá que decide lo que es bueno que los chicos vean y entregue los recursos para que así sea. Somos los chicos quienes deben resolver el qué ver y por los medios más objetivos posibles, a través de proyectos, de gestores culturales, de marketing, en fin, de técnicas modernas que finalmente debieran expresar el resultado de esa ecuación compleja entre la obra de arte, la audiencia que la aprecia y los medios para llegar a ese público.

No cabe duda que Francia, nos acaba de dar otra lección. Más allá de su impronta arquitectónica y artística, solidaria y creadora, sus ciudadanos, en las calles, nos han devuelto la esperanza de que aún tenemos mucho que aprender de la República, golpeada pero no doblegada.



07 enero 2015

PALACIO DE LA MONEDA: EL ARTE NO ESTABA TAN LEJOS


En las primeras reuniones de la Comisión de Cultura creada por el Presidente Eduardo Frei Ruiz Tagle, en 1997, el pintor José Balmes recordaba que, en los años cincuenta, el general Carlos Ibáñez del Campo, había invitado a un grupo de artistas al palacio de gobierno. "Ahora sí que resulta" confesaba Balmes que pensó. Pero no fue así. Por eso, no dejó de soprenderse cuando Frei hizo, en La Moneda, una cena para anunciar la creación de la comisión transversal que, entre otros 16 parlamentarios, empresarios, gestores y artistas, integraba Pepe Balmes. Esa fue la instancia de la que salió casi listo el proyecto de ley que creó, cuatro años después, el Consejo Nacional de la Cultura.

La siguiente medida, inédita en nuestra historia fue la creación, el 2000, por el sucesor de Frei, Ricardo Lagos, del cargo de Asesor Presidencial de Cultura, con oficina en La Moneda. Esta vez el arte y la cultura adquirían en las máximas autoridades la importancia que merecen para el desarrollo de la sociedad. 

Pero la invasión artística no se detuvo allí. Pronto irrumpieron esculturas en los patios de palacio, gracias a una gestión conjunta de la galerista Carmen Waugh y la señora del Presidente, Luisa Durán. Coherentes con la filosofía que inspiraba los nuevos aires de la cultura, pronto llegó la gente. Y en cantidades. Se trató de la instauración del Día del Patrimonio que abrió el palacio y sus espacios interiores a un público ávido de conocer "donde trabaja el Presidente".

Así, oficinas y salones del palacio se fueron poblando de obras de arte, algunas salas temáticas con nombres y recuerdos de poetas, llegando a establecer a las artes como un elemento cotidiano del gobernar.
Más adelante, compañías de teatro, como La pato gallina, dieron funciones de El húsar de la muerte en los patios en alguna inauguración festivalera y un colectivo artístico "bombardeó" el palacio con una lluvia de folios conteniendo poemas. Grandes vates del mundo recitaron desde los balcones hacia una multitud ansiosa de poesía. Un Premio Nobel como Mario Vargas Llosa, participó de las Conferencias Presidenciales de Humanidades.
Incluso, un "gran soñador"como Álvaro Covacevic ideó que junto a La Moneda se podía establecer un museo internacional de las culturas. El proyecto se sometió a los principios que inspiraban la naciente política cultural de Chile y fue convertido en un centro cultural de alcance nacional, sede, además de la Cineteca Nacional.
Parecía que poco quedaba por ocurrir en este reciente romance entre al arte y el palacio. Hasta que el ímpetu de las nuevas tecnologías y su lado B, sus desechos, motivaron una convocatoria a 27 artistas plásticos nacionales para convertir esa chatarra... en creatividad. En La Moneda, por cierto.
Lo curioso es que, como era esperable, los residuos se resisten a desaparecer y esta vez, La Moneda no fue un puerto de arribo, sino una plataforma de despegue para que -transformados en obras de arte- comenzaran a recorrer el país.
La primera estación -parece redundante- es el Centro Cultural Estación Mapocho y luego vendrán otros espacios y una subasta.
Lo formidable es que este rally que no daña sino beneficia el ambiente, tuvo su punto de largada en el lugar a dónde todos quieren llegar.
O sea, no podía estar mejor aspectado.

05 enero 2015

PORTAL DE CULTO, BIENVENIDO DEBATE

Entre los primeros brindis de los últimos días del año que terminó, hubo uno el 15 de diciembre- que reunió a algunas decenas de periodistas y agentes culturales, en el barrio Lastarria de Santiago, con motivo de la aparición de un portal de noticias, animado por el Consejo Nacional de la Cultura, con un ambicioso título: De Culto. Cuando se ha dado largada al año de espectáculos 2015, con las cabalgatas ferrosas de Teatro a Mil y la milenaria música china en teatros y plazas, cabe reflexionar sobre esta nueva posibilidad informativa que nació cuando ya se caía del calendario un año relevante para nuestra cultura.

El 2014 comenzó con la más importante reunión de las artes que ha acogido nuestro país: la Sexta Cumbre Mundial de la Cultura, organizada conjuntamente por la IFACCA -federación que reúne a los consejos de las artes y ministerios de cultura de todos los continentes- y el Consejo Nacional de la Cultura, que dio muestra de cómo es posible acometer este tipo de acontecimientos con un trabajo dilatado que atravesó el mandato de tres ministros -Paulina Urrutia, Luciano Cruz Coke y Roberto Ampuero- sustentado en la esclarecida visión del primer Directorio Nacional, que, en 2006, resolvió afiliarse a esta asociación, luego de haber explorado sus ventajas en la Cumbre de Newcastle, de ese mismo año. Una demostración de la eficiencia de la reunión, desarrollada en el Centro Cultural Estación Mapocho, fue que la directora de relaciones internacionales del Consejo Nacional de la Cultura Magdalena  Moreno- fue contratada por dicha organización en su sede de Sydney para ocupar un alto cargo.

El año continuó con cambio de gobierno y la llegada de la Ministra Claudia Barattini, con una agenda de cien días de dulce y agraz. Fue imposible cumplir con la meta de sustituir el proyecto de ley de Ministerio y se inició un inédito proceso de participación orientado desde la autoridad, que contempló consultas a los pueblos indígenas y diferentes mecanismos de recogida de opiniones sectoriales, en ocasiones extendidos hasta la "pixelación".

Ante la dificultad -agravada por demandas de funcionarios y procesos internos de la DIBAM, un socio necesario en este camino institucionalizador- algunas áreas artísticas optaron por el camino de reivindicar demandas y/o actualizar leyes sectoriales. Así aconteció con el libro y la lectura que está próximo a proclamar una política aprobada por el Directorio Nacional, que contempla novedosos mecanismos de internacionalización del producto editorial chileno.

El 2014 también arrojo novedades desde el Teatro Municipal. La Gala del 18 de septiembre no fue celebrada con una opera internacional sino con música nacional; su Directorio anunció un cambio -para finales de 2015- del Director Ejecutivo, y en una sencilla pero significativa ceremonia, se instaló una placa recordatoria del atentado sufrido por la pianista María Paz Santibáñez en las puertas del Teatro, durante una protesta estudiantil ocurrida en dictadura.  

Un período muy activo tuvieron también las fundaciones que dependen del área socio cultural de la Presidencia de la República, especialmente la FOJI, que desplegó sus orquestas por todo el territorio así como la de Artesanías de Chile, el MIM, e incluso Chile Enter que organizó un novedoso concurso de esculturas con desechos computacionales que fue inaugurada en La Moneda con presencia de los 27 artistas convocados. Este verano se exhibirán en el Centro Cultural Estación Mapocho, para seguir después en gira por otros espacios.
Se viste un cargo y se desvisten otros, ha sido el sino del sector patrimonial integrado por DIBAM y el CMN, que no han logrado contar con un elenco directivo completo y titular el año que terminó; existe la esperanza que el 2015 sea posible completar sus jefaturas y poder avanzar en una institución única con el Consejo Nacional de la Cultura, si los procesos participativos en curso así lo indican.
De ello, muchas otras dimensiones locales y regionales -y porque no internacionales- debiéramos informarnos este año a través de De Culto. 
Pero no sólo noticias constituyen lo culto una parte importante de ello es la reflexión, que es una de las carencias del sector. Sus secciones debieran incrementarse con ideas, debates y propuestas que prefiguren nuestra cultura que viene.
En definitiva, un portal que hace falta, para cultos y otros no tanto.

26 diciembre 2014

LAS PALABRAS, LUGAR DE LUCHA Y DE AMOR


Felipe González, escéptico y socialista, en ese mismo orden –al igual que Alfonso Calderón- señalaba que mucho se temía que la última noche del siglo veinte iba a ser muy parecida a la primera noche del año dos mil. Fue lo primero que se me ocurrió cuando los optimistas de editorial RIL me propusieron presentar “El mirlo burlón”, publicación de los diarios correspondientes a los tres primeros años del siglo 21, según Alfonso.

Más optimista aún y querendón además, acepté, consciente de que se trata de un libro difícil. Desde el título, que el editor no vacila en calificar de “horrible” y que proviene de la canción "Le temps des cerices" (El tiempo de las cerezas), que comenzó a formar parte de la cultura popular francesa desde los breves tiempos de la Comuna de París, de la que llegó a ser un himno. Los versos finales de la primera estrofa dicen: "Quand nous chanterons le temps des cerises / sifflera bien mieux le merle moqueur"

Cuando cantemos en el tiempo de las cerezas
El alegre ruiseñor y el mirlo burlón
Estarán de fiesta
Las bellas (mujeres) tendrán la locura en la cabeza
Y los enamorados sol en el corazón.
Cuando cantemos en el tiempo de las cerezas
silbará mejor aún el mirlo burlón.


Una canción de amor y de combate, cantada durante un tiempo breve pero intenso y rojo, porque las cerezas no duran mucho. Como los Minilibros de Quimantú, que Alfonso producía semanalmente (me refiero a su selección, prólogo y lectura de cuarta tapa, más ideas para la portada). No lo sabremos, pero quizás ese es el tiempo de las cerezas que intenta Alfonso trasladar al siglo XXI, aludiendo a esos tiempos de la Comuna de París y de la Unidad Popular de Chile.

La pregunta constante con la que recorremos el texto es ¿cuánto quedará de esos tiempos de cerezas?

Pero es muy corto el tiempo de las cerezas
A donde vamos dos a recogerlas soñando
pendientes para las orejas.
Cerezas de amor de ropas iguales
Caídas bajo el follaje en gotas de sangre.
Pero es muy corto el tiempo de las cerezas,
Pendientes de coral que se recolectan soñando.


Lo que hace Alfonso, diariamente, además de leer 250 páginas, en promedio, es escribir aquello que le llama la atención de lo que lee, ve, recuerda, escucha y asocia libremente. Una tarea tan agotadora como desesperada. ¿Cuáles son las ideas, las creaciones, los recuerdos que sobreviven en este siglo XXI que le es tan ancho y ajeno? Pero no lo esquiva, lo acomete sin llegar a comprenderlo en su incesante carrera por escribir sus diarios hasta el último de los días de su vida.

Sabe que sus lectores apenas superan en dos veces a las páginas que lee cada día. Por ello, les exige demasiado: que sepan de música (y detalla las sinfonías que escucha incansablemente) que están al tanto de la actualidad, que disfruten su humor, que se vayan a los escritos de los profetas y puedan distinguir la sutileza de la Torá que la diferencia de los Evangelios que detallan “la peor comida de la historia, aquella en la que se termina el vino”, que no olviden las semejanzas entre los financistas de Hitler con quienes financiaron a Pinochet, las alegrías de los amigos, que comparte gozoso y las libretas de direcciones que van deviniendo en listas de muertos. Todo ello, en forma de una cronología absurda se va entremezclando de tal forma que olvidamos qué día vivimos, pero no que autor relee entonces Alfonso.

Es como si el tiempo dejara de importar y el siglo XXI no pasa de ser una referencia en la que permanecen las constantes mañas y costumbres de ese lector permanente que es Alfonso. De pronto, algunos develamientos geniales como que la palabra hebrea “sofer” significa a la vez contador y narrador, es decir, alude al mismo tiempo a las matemáticas y a las historias. “Los escribas, nos dice, se dedicaban a contar las letras sin faltar una, y tenían cabida los espacios en blanco. Como en la música los silencios y las pausas adquieren un sentido, significan algo. El mundo fue creado por Dios mediante el texto, y este era un modo de mundo. Al entender uno la Torá, fija, inmutable, sin agregados ni supresiones, entiendo el sentido que el mundo tiene. No hay que tocarla. Si se comente un yerro gráfico al copiarla, esto podría llevar a la destrucción del mundo, al fin de la Obra Máxima, la Creación. Por eso, quién copiaba la Torá no podía errar. Por esa ruta se llega a la conclusión de que la obra de Dios es perfecta, como lo es la Palabra".

¿Se requiere otra explicación para que dedicara su vida a ella? A leerla y escribirla. A contarla y narrarla. Porque Alfonso contaba muy bien los espacios y los golpes de máquina cuando escribía. Cumplía rigurosamente la extensión solicitada para un texto. Era un sofer que narraba y contaba a la vez.

Sin por cierto llegar a acortar las palabras o a escribirlas onomatopéyicamente para que quepan en un formato electrónico, sino dándoles su sentido permanente, acariciándolas y explorándolas.

De ese modo, se sigue escribiendo la historia de la humanidad, dejándola acunada en palabras que saben acogerla y respetarla en toda su dimensión, aunque cambien los siglos… finalmente, como Felipe, cada noche es igual a la siguiente y ésta a la que vendrá. Sólo que de pronto, improbablemente, viene el tiempo de las cerezas y hasta el mirlo burlón estará de fiesta junto al ruiseñor. Para que la humanidad recuerde que las palabras son también lugar de lucha y lugar de amor.

¿Si no para qué se habrá creado el mundo?

18 diciembre 2014

QUEREMOS TANTO A CUBA: DE HEMINGWAY A PADURA


El reciente reencuentro de Cuba y los Estados Unidos podría simbolizarse en dos grandes plumas de esos países, unidos en su amor por la isla caribeña, donde ambos hicieron su vida y su literatura. La literatura cubana, los escritores de Cuba, están en nuestros radares desde antes de la revolución que llevó a Fidel Castro al poder. Nicolás Guillén y su musical Sóngoro Cosongo, que data de 1931, daban ritmo a nuestras lecturas pre Sierra Maestra. Lo mejor de Ernest Hemingway, que logré emular capturando un pez vela (con "El viejo y el mar" en la mente y una gran caña en las manos) y saboreando daiquiris en el Floridita ante su figura en bronce, son añoranzas apreciadas. Ambos grandes de las letras se reúnen en un breve relato de Padura en el que Mario Conde investiga el asesinato de un agente del FBI en la finca de Hemingway...

Obviamente, la llegada "de los barbudos" a La Habana, un feliz día de año nuevo, trajo un impulso extraordinario a esta ciudad literaria, que recibimos en Chile envuelto en premios Casa de las Américas a nuestros jóvenes literatos y un inédito e irrepetido boom de las letras que llevó a pronunciar quizás por primera vez la frase del Presidente Barak Obama, al normalizar ahora los Estados Unidos relaciones con Cuba: "Todos somos americanos".

Mi vida estudiantil estuvo llena de publicaciones cubanas qué -en modesto papel elaborado con caña de azúcar- llegaban a nuestro centro de alumnos dónde escudriñaba los envíos para descubrir ejemplares de la revista Caimán Barbudo, que nos enteraba de la actualidad literaria de la isla.

Durante la Unidad Popular, devolvimos la mano imprimiendo millones de textos de estudio para los jóvenes cubanos que padecían las limitaciones del bloqueo. No obstante ello, recuerdo con emoción las exposiciones de libros cubanos que acompañaban las largas y animadas colas en las que esperábamos turno para recibir la ansiada bandeja en que recogíamos el almuerzo en el enorme casino del entonces edificio de la UNCTAD. En una ocasión, al advertir a un colega del Instituto cubano del libro que era muy riesgoso dejar los ejemplares al alcance de lectores tan ávidos como hambrientos, me respondió tranquilo: "no importa, compañero, que se los lleven, lo importante es que lean".
La misma generosidad, experimenté a comienzos de los noventa cuando, luego de una importante donación de Letras de España a la biblioteca municipal juvenil de Santiago, enterado el presidente de la Cámara cubana del libro, no quiso ser menos y envió un cargamento de ejemplares, impresos en Cuba, para complementar dicha biblioteca.
Mi mas reciente episodio de cercanía y admiración a esa literatura se llama Leonardo Padura, que impactó con El hombre que amaba a los perros y ratificó con la más reciente Herejes. Sin dejar de lado las múltiples entregas del entrañable Mario Conde, el detective privado que sobrevive en La Habana, comprando viejas bibliotecas y vendiendo su contenido al detalle, a coleccionistas adinerados.
Pero no sólo es querible la Cuba literaria. Sin ser un experto, admiro su música, sus bailes, sus cantantes comprometidos y los no tanto, desde Silvio Rodríguez a Buenavista social club. Su cine: Lucía, de Humberto Solás; Memorias del subdesarrollo, o Fresa y Chocolate, de Tomás Gutierrez Alea, son inolvidables.
En el terreno del patrimonio es ejemplar la labor de la Oficina del historiador de la ciudad, Eusebio Leal, que paso a paso y peso a peso está reconstruyendo el centro patrimonial de La Habana hasta convertirlo en un sitio de visita obligada a nivel mundial.
Incluso, es posible advertir e incluso, recientemente, compartir, el esfuerzo de entidades privadas sin fines de lucro, como la Fundación Ludwig, que apoyan las artes plásticas, 
En El País del 7 de junio de 2014, Padura resumió la situación del pueblo cubano: "El verbo cubano más practicado es resolver. Resolver en Cuba significa encontrar los medios legales, semilegales o ilegales de arreglar tu vida cotidiana, resolver lo abarca todo, no se puede entender la vida cubana sin entender lo que para los cubanos significa el verbo resolver".
Consultado sobre lo que quisiera para su país, Padura respondió: "Me gustaría que se convirtiera en un país más normal, en el que las personas trabajaran y tuvieran un resultado de su trabajo que les permitiera vivir dignamente. Para que llegue esa normalidad hay que resolver problemas económicos muy profundos. Hubo un periodo de excesivo romanticismo político y deficiente preocupación por lo económico y creo que se está entrando en otro de un mayor pragmatismo económico y también político".
Al parecer, ese momento está llegando. 
Es justo y necesario.

15 diciembre 2014

CULTURA: LAS VENTAJAS DE SABER NAVEGAR EN CRISIS


Un reciente Curso de Alta Dirección Pública en Gestion Cultural, realizado en la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República de Colombia, organizado por Goberna América Latina, permitió dejar en evidencia la enorme diferencia con que latinoamericanos y europeos enfrentan las crisis en el financiamiento de la cultura. Mientras en España, por ejemplo, se sigue hablando de "estar" en crisis y a la espera de la recuperación de la economía para a su vez recuperar los aportes gubernamentales, en Colombia, Chile y Uruguay -los casos analizados- se trabaja con la crisis como dato, quizás permanente, pero en todos caso, no inmovilizador. Somos crisis, no estamos, y de ella hemos aprendido, al menos como quedó en evidencia con el Museo del Carnaval, el Centro Cultural Estación Mapocho y el propio Banco de la República.

Mientras desde la teoría pareciera que la dicotomía de financiamiento para la cultura es sólo estado o empresa privada, del estudio de los casos -con rigurosa metodología inspirada en las socrática mayéutica (diálogo metódico por el que el interlocutor interpelado descubre las verdades por sí mismo) surgió un camino diferente: el de aquel financiamiento surgido desde el trabajo con audiencias, de modo de que éstas -conocidas, descritas y cuantificadas- permiten al gestor buscar los financiamientos necesarios entre quienes aspiran a sus votos -los que están en el gobierno o aspiran a estarlo- o quienes aspiran a su preferencia en el mercado, las empresas.

De este modo, en el trabajo con los públicos estaría la clave para asegurar estabilidad a los espacios culturales, a través de financiamientos mixtos de los que incluso pueden participar los propios beneficiados además de las fuentes clásicas estatales y empresariales.

También quedó en claro que este proceso mixto de financiamiento artístico y cultural requiere de una dirección clara y firme, como la de quien empuña un timón o la, más delicada, batuta del director de orquesta: el gestor cultural.

Para los estudiantes del curso -la mitad de ellos, los responsables de las mas de 20 sucursales culturales que tiene en el interior de Colombia el Banco de la República-, se reafirmó la importancia de su rol de gestores para la conducción acertada de los espacios patrimoniales, artísticos o culturales que ya encabezan y buscan perfeccionar.

Esta "batuta" indelegable, debe considerar tanto el conocimiento del público al que está dirigido -a través de encuestas, observatorio de audiencias, estudios de fidelidad- como el manejo adecuado de las infraestructuras en las que la cultura se desenvuelve, con un trabajo intensivo en alianzas con sectores indispensables como son los creadores, las corporaciones con o sin fines de lucro y las autoridad locales, los alcaldes.

Respecto de estos últimos, fue curiosa la coincidencia para valorarlos como actores centrales del desarrollo cultural local, tanto como la necesidad de descubrir sus personales sueños ("en Colombia, cada alcalde tiene un teleférico y un centro de convenciones en su corazón") y hacerlos compatibles con las necesidades de un desarrollo cultural estable.

En efecto, en los desarrollos locales sustentados, en lo posible, en organismos participativos y sin fines de lucro se deberá basar una política pública estable que se funde tanto en la historia, la idiosincracia del lugar, las realidades del presente y las aspiraciones de futuro, en perfecto equilibrio conforme a los tranquilizadores ritmos de la batuta señalada.

Una batuta que piensa y actúa. Y luego reflexiona sobre lo hecho.


FUTURO MINISTERIO: PARTICIPACIÓN Y DESCENTRALIZACIÓN


Tal vez no sean quienes encarnan las posturas más enfrentadas sobre un eventual Ministerio de Cultura, pero un grupo de estudiantes del Magister en Gestión Cultural de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, graficó en dos Presidentes del Consejo Nacional de la Cultura, máscaras en mano, las ideas que protagonizan el debate cultural del momento. A sendos enmascarados, unos como Claudia Barattini, le asignaron la defensa de un proyecto de Ministerio y a otros, embozados como el ex Ministro José Weinstein, la defensa del modelo vigente de Consejo Nacional de la Cultura. 

Para construir su trabajo de Políticas culturales comparadas, optaron por la metodología del diálogo entre las autoridades quienes, caracterizados, daban a conocer sus argumentos a partir de un cuidado guión.

Así como ellos, otros grupos de estudiantes, también apuntaron a los ejes más relevantes de la discusión: la participación y la descentralización. Detectando, varios de ellos, que se da la contradicción de que la institucionalidad vigente clama menos por ambos aspectos, pero los contiene en su estructura. Mientras que el esquema convencional de Ministerio los reduce, pero es sostenido por quienes se reconocen como adalides de la participación amplia y una descentralización mayor.
Será la manera de destrabar este nudo la que permita avanzar hacia una forma de institucionalidad más participativa que la actual -considerará desde luego a los pueblos originarios y detalladamente a las regiones- y más descentralizada.
¿Será posible, con seremis y dos jefes de servicio en cada región, aumentar el grado de decisiones de la sociedad civil regional?
¿Será posible, con un Ministro designado e instruído directamente por él o la Presidente de la República, con un horizonte máximo de cuatro años de gobierno, alcanzar una política cultural más estable y diversa que aquella instalada por un Directorio transversal y participativo, que no cambia con los gobiernos, apoyado en consejos regionales y una Convención nacional igualmente participativos?

Por otro lado, ¿será posible alcanzar un grado mayor de relevancia para la cultura y las artes sin tener derechamente un Ministerio del sector y no sólo un Consejo que no es más que un servicio público que debe reportar algunos aspectos no menores al Ministerio de Educación?
¿Será posible empoderar a la cultura en el escenario actual en el que bibliotecas, museos y monumentos nacionales caminan por otro sendero, huérfanos de gestión y en ocasiones duplicando funciones que ejerce el Consejo Nacional de la Cultura?

Por ahora, esas preguntas carecen de una respuesta definitiva, por el contrario, reciben muchas -cada vez más- respuestas desde las múltiples instancias de participación en curso.
El trabajo que viene, de sistematizar, compatibilizar y jerarquizar será clave para encontrar el camino más adecuado a los nuevos tiempos. Tampoco se puede dejar aquello solamente a los servidores públicos, este proceso final requiere también de presencia ciudadana, de artistas, gestores y patrimonialistas que resuelvan en colectivo a partir de un listado de propuestas ordenadas conforme a su relevancia y contenido.

Como el proceso que culminó, con buenos resultados, en 1996 cuando en el Parlamento, con ayuda del personal de la Cámara de Diputados y la experiencia de una decena de parlamentarios, se enumeraron las 120 demandas del mundo de la cultura. La número uno fue entonces, la creación del Consejo Nacional de la Cultura, concretada seis años después. La mayoría de las otras están cumplidas.

Tal vez sería entonces el momento de culminar este proceso participativo con un  gran Congreso de la Cultura que resuelva democrática y transversalmente la institucionalidad que más convenga al país.

Ojalá, sin máscaras.

01 diciembre 2014

HUMBERTO GIANNINI: FILÓSOFO, PILOTÍN Y AMIGO


Además de su acogedora sonrisa, Humberto Giannini regalaba, generosamente, palabras. Meditadas palabras, que transparentaban reflexión, sabiduría y sencillez. Tal vez la definición de filósofo que muchos atesoramos y que en él encontraba una sólida encarnación. La palabra que sugiere su partida es: tristeza. 
Tuve el privilegio de compartir con Humberto una buena cantidad de viajes de ida y vuelta entre Ñuñoa, su casa y Valparaíso, la sede del Consejo Nacional de la Cultura hasta donde nos dirigiamos para asistir a las sesiones mensuales del primer Directorio Nacional de dicha entidad.
En esas sesiones, Giannini aportaba sus dosis de buen criterio y, en ocasiones, una sólida defensa de la presencia del Rector de la Universidad de Chile en los Jurados de los Premios Nacionales, que muchos queríamos -queremos- modificar.
Las reuniones se desarrollaban en el vetusto Club Alemán de Valparaíso, que en sus muros ostentaba antiguas fotos del Kaiser y otros militares germanos que causaban gran desazón a José Balmes, otro de los participantes. Llegada la hora de almuerzo, comprobábamos con nostalgia que éste no contemplaba una modesta copa de vino para animar el deslavado menú. Se hizo habitual que, con Humberto, hacíamos imperceptibles señas al mozo para que nos alentara con una botella de tinto, que compartíamos con los otros directores, aunque financiábamos a medias.
Nunca una protesta por la calidad del recinto, sólo un aporte a mejorar su impertérrita condición.
Fue en esos viajes que me confesó su cariño por el puerto dónde ambos crecimos, la navegación y su condición de pilotín de la marina mercante nacional.
Tal vez esa condición marinera que solíamos dialogar, lo impulsó a presentarme, en una deliciosa cena en su casa, a un excéntrico profesor italiano que intentaba demostrar -navegando en un solitario kayac en los procelosos mares sureños- las conexiones terrestres que alguna vez habrían unido a nuestra América del sur con Oceanía. Para ello recurría a palabras e imágenes similares de indígenas de ambos continentes. Esa fascinante investigación implicaba que el académico debía ser acompañado, a prudente distancia, por una patrullera de la Armada, cuando se encontraba en aguas territoriales chilenas.

Cuenta la leyenda -ya construida alrededor de nuestro filosofo- que perdió el conocimiento, poco antes de fallecer, en presencia de un entrevistador de The Clinic, mientras se refería a Sócrates, para él, "padre del diálogo callejero". El mismo que lo llevó a La Piojera a escuchar y registrar, junto a sus estudiantes, la celebración de una pareja que acababa de adquirir la primera enceradora para su hogar.
Ello lo llevaba a afirmar también que el centro de su filosofía era el sentido común: "no abandonar nunca el sentido común", recomendó al joven periodista que, con buenas razones, no se dejó llevar por la prisa para dar a conocer tan singular entrevista, sino que resolvió aguardar "un par de semanas antes de publicarla".

Lo que no es leyenda sino una sólida realidad, fue el homenaje que su Universidad le rindió al cumplir ella su primeros 170 años, junto a otros tres sabios, en noviembre de 2012. Le acompañan en ese sitial de "grandes de la Universidad de Chile", Julia Romeo, Carla Cordua y Alfredo Jadresic, todos jubilados de esa casa de estudios, luego de haber contribuido, como señaló la profesora Romeo a que los egresados de esa universidad se reconozcan fácilmente cuando se cruza un par de palabras con ellos, por ser "críticos, espontáneos y sólidos en sus conocimientos". La frase forma parte del vídeo Memoria y Conocimientos, sabios y sabias de la Universidad de Chile, que fue estrenado en el homenaje y que sería una buena idea revisitar en estas circunstancias.

Así como releer las obras de Humberto, sin dejar de reflexionar en el espacio que fue tu taller: la calle, los bares, las plazas, los amigos.


20 noviembre 2014

GESTORES CULTURALES: EL REGRESO


En cuatro mesas, bien servidas de críticas, análisis y propuestas, los gestores culturales, convocados por el Consejo Nacional de la Cultura a discutir el Borrador de indicación sustitutiva del proyecto de ley eventual Ministerio de Cultura, dieron cuenta de un documento con más falencias que aportes, incorporando sugerencias, recuperando el insustituible rol de estos profesionales en el desarrollo cultural chileno y, desde ahora, en la construcción de un  nuevo proyecto de ley, anclado en la realidad.

La historia comenzó cuando el Borrador, conocido en Temuco el 23 de agosto pasado, prescindía completamente de los gestores culturales que, por ley vigente del Consejo Nacional de la Cultura forman parte de los profesionales y académicos elegibles para el Directorio Nacional, tienen un asiento en el Consultivo Nacional y eran habitualmente consultados para elaborar los planes de gestión de los nuevos centros culturales que constituyen la red que impulsa este servicio público.
Continuó con la no inclusión de esta especialidad entre los foros ciudadanos que, en número de diez, buscaban la participación sectorial en sendos encuentros en el hermoso Teatro Huemul del barrio Franklin, en Santiago centro. Sin embarco, advertidas a tiempo, las autoridades agregaron un undécimo foro ciudadano que se llevó a cabo el jueves 20 de noviembre en la misma sala patrimonial.
La reunión, que comenzó con la exposición de la abogada Karen Soto, tuvo un momento de reconciliación cuando, ante la solicitud de explicación por esta grave omisión, la asamblea de medio centenar de profesionales recibió las excusas y comprensión de parte de la expositora y de los funcionarios del Consejo Nacional de la Cultura que atendían el foro.
Luego vino el trabajo en comisiones, en las que los asistentes -directivos, académicos y estudiantes de los postgrados de la Universidad de Chile y de Santiago, directores de centros culturales, gestores municipales, dirigentes de Ad Cultura, ejecutivos del proyecto Trama y una amplia variedad de trabajadores de la gestión en cultura- expusieron sus observaciones al borrador.
Las principales de ellas tienen relación con la pérdida de una representatividad amplia en los órganos colegiados, que es reemplazada por representantes sectoriales, algunos de los cuales incluso tienen dependencia administrativa del propio Consejo Nacional que integrarían. Se habló de una pixelización o gremialización de los órganos participativos, pidiendo que ésta se reemplace por consejos representativos de la totalidad del sector, con componentes técnicos y autoridades políticas (ministros de otras carteras). Una estructura bastante similar a la del actual Directorio Nacional, al que se agregarían representativos de los pueblos indígenas y de organizaciones ciudadanas, como sí contempla el Borrador.
Reparos similares se formularon a otras estructuras participativas como los consejos regionales y Consejo del Patrimonio. Junto a ello se observó la inconveniencia de construir estructuras sin tener del todo claras sus funciones.
Asimismo se aconsejó revisar la presencia de instituciones de escasa relevancia en el desarrollo cultural presente, en tales órganos colegiados.
Respecto del tema de la participación y el carácter vinculante de los resultados de la misma, se llegó a la conclusión que el esquema de ministerio, tal como se plantea, retrotrae el vigente carácter de diseñador de políticas del Consejo Nacional de la Cultura, con ambición de políticas de Estado, para reducirlo a un órgano que asesora a un Ministro que a su vez propone al Presidente de la República dicho diseño.
Se corre así el riesgo de reemplazar un modelo de políticas a largo plazo por un sistema que las modificaría cada cuatro años, con cada elección presidencial. Un retroceso.
En términos de lenguaje, parece innecesario incorporar el concepto de industrias creativas al nombre del servicio público encargado de las artes, de hecho los consejos sectoriales existentes y que formarían parte de ese servicio ya consideran los aspectos de fomento y artes en su definición.
Se plantearon asimismo dudas respecto de la ubicación de las bibliotecas públicas en este servicio, en desmedro de su actual ubicación en su par del patrimonio.
En relación a la presencia de representativos regionales en los órganos nacionales se propuso que los consejos regionales no fueran presididos por funcionarios públicos -Seremis en el Borrador- para permitir que la representación de la diversidad regional en instancias nacionales la asumiera un integrante administrativamente independiente del Ministro.
Como se ve, la mirada amplia de los gestores, propia de su trabajo, pero ausente hasta ahora, entrega una riqueza difícil de encontrar en posturas sectoriales que tienden, explicablemente, a reivindicar intereses corporativos. 
Quienes deben seguir con este proyecto tienen en este colectivo una eficaz ayuda para encontrar una postura reflexiva y generalista, tan estimulante como necesaria, para legislar.
Y coherente con la búsqueda de un lugar central -no sectorial- para la cultura, que ha anunciado recientemente la Ministra Barattini, como aspiración para su mandato.