06 abril 2019

EL EMBAJADOR, LETRAS DE ESPAÑA Y LA REINA




Las primeras reuniones de directorio de la flamante Corporación Cultural de la Estación Mapocho, a inicios de los años 90, tenían, además del impulso de autoridades nacionales y municipales, un empuje de fuerte acento extremeño. Se trataba del Embajador de España, Pedro Bermejo, que ocupaba allí un curul, debido a que inicialmente el proyecto de remodelación implicaba un aporte español. Luego de aclarar -siempre- que no sabía porqué permanecía allí si ese aporte no fue posible, se integraba a los debates y las iniciativas que llegarían al naciente Centro Cultural Estación Mapocho. La mas relevante de ellas, en la que tuvo una decisiva participación, fue Letras de España.


Se trató de una muestra literaria de 15 años de producción editorial en la España que salía del régimen franquista -entre 1978 y 1993- y deseaba, homenajear a Chile, que emprendía el mismo camino de dejar atrás la dictadura. 

El único problema fue que el espacio más indicado para acoger la muestra, estaba en remodelación. Para Pedro y los demás integrantes del directorio, no lo fue. En coordinación con el director del Libro del Ministerio de Cultura de España, Federico Ibáñez, se resolvió utilizar aquello que ya estaba restaurado, es decir, el hall y la plaza anterior de la vieja estación. En el primero, se instalaron cinco generosas mesas redondas circundadas por estantes pletóricos de libros, de modo que cada una de ellas coincidiera con los vitrales el techo y, el sexto, fuera un mullido espacio acojinado, para los lectores infantiles.

En la plaza de la Cultura, se construyó un espacio de apariencia sólida, basado en andamios forrados de madera, que contuvo dos salas, una de cine, otra de conferencias; una tasca en el nivel superior y espacios para exposiciones de artes visuales.

Para acompañar la obra, vinieron grandes figuras como el Ministro Jordi Solé Tura; la bailarina Cristina Hoyos, que dió una inolvidable función en el Teatro Municipal, y dos decenas de escritores que además de sus charlas in situ, recorrieron universidades de regiones. Junto a muestras de artes visuales, cine y libros.

Demás está decir que los volúmenes luego de su exhibición masiva, fueron donados a una biblioteca juvenil chilena y aún ilustran a nuestra ciudadanía. Sin ir más lejos, hace unos meses exhibimos, en coordinación con Balmaceda Arte joven, una muestra de dibujos de Picasso preparatoria del Guernica.

Fue precisamente esa muestra que motivó, junto con el Embajador Enrique Ojeda, este recuerdo a Pedro Bermejo pues es un buen ejemplo de la permanencia de su obra en beneficio de este centro cultural y - a través de él- de la cultura en Chile.

Por ello, quisimos, al conmemorarse el primer año de su fallecimiento, develar una placa que lo recuerde, en este mismo salón que fuera testigo de sus enseñanzas y aportes.

Sin embargo, hay otro aspecto de su respaldo, que no puedo dejar de mencionar. El escenario era completamente diferente: el Palacio de Viana, de Madrid y la fecha, más cercana: el 24 de abril de 2009.

Entonces, me correspondió recibir de manos de su majestad la Reina Sofía, el premio internacional de conservación y restauración del patrimonio cultural que lleva su nombre. 

Ante tan ilustre concurrencia, que incluía además de dos ministras españolas, a la ministra chilena Paulina Urrutia, debí pronunciar un discurso de agradecimiento. Quienes han estado en situaciones similares saben que una de las tareas más complejas es fijar la vista en algún punto que dé seguridad. En mi caso, aquel elemento salvador fue, advertir en la sala, la presencia de Pedro y su esposa.

Esa gentileza de Pedro y Jennifer me quedó grabada. Y, para que el tiempo no la borre, la declaro como una de las poderosas razones para celebrar hoy su memoria en tan honrosa compañía.

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