Una insospechada ayuda tuvo el ausente debate sobre políticas culturales en Chile. Algunos jovenes inexpertos se jactaron en sus redes sociales que habían utilizado el Pase Cultural que creó el gobierno Boric y luego habían podido reembolsar los dineros supuestamente gastados. La aparición de esta irregularidad en Teletrece hizo que, raudo, el futuro Ministro de Culturas anunciara la suspensión del programa que beneficiaba a jovenes de 18 y adultos de 65 de sectores vulnerables.
La reacción no se hizo esperar y un académico comparó, en carta a El Mercurio, la actitud del futuro secretario de Estado con el chiste alemán de la saga de Otto y Fritz, según el cuál, Otto vendió el sofá en el que su esposa le era infiel con Fritz.
Tuve a bien tuitear la carta, con el mismo titulo que encabeza este post y, para mi sorpresa, ha tenido más de 64 mil visualizaciones en un par de días.
En el intertanto, ha editorializado La Segunda y se ha motivado hasta el caricaturista de El Mercurio, con el tema. También el ministerio respectivo ha puesto el caso en manos del Consejo de Defensa del Estado.
Pero fue Carlos Maillet, en carta al decano, que puso el dedo en la llaga: ¿se trata de financiar la oferta o la demanda cultural?
Hasta ahora, y desde el inicio de la aplicación de políticas culturales en democracia, se había privilegiado la oferta con un fuerte impulso de la infraestructura cultural, para acogerla; desde el Centro Cultural Estación Mapocho durante el gobierno de Patricio Aylwin hasta la magnifica Gran Sala Sinfónica Nacional, durante Gabriel Boric.
En ausencia de políticas culturales significativas durante los últimos ministerios -Piñera 2 y Boric- ha llamado mucho la atención este voucher que es el Pase Cultural y que aparentemente no conversa con las grandes líneas gubernamentales. Al menos hizo olvidar la mala decisión de uno de sus ministros de no participar en la Feria de Frankfurt 2025.
Lo positivo es que la opinión pública ha retomado el interés que antaño tuvo por la cultura, especialmente cuando existió el Consejo Nacional de la Cultura.
De esta oportunidad debiera salir una convocatoria del nuevo gobierno, que asume en marzo, para resolver si deberemos como país perseverar en la línea de la oferta o, en cambio, virar hacia un estimulo a la demanda.
El anuncio del futuro ministro Francisco Undurraga, de al menos suspender el Pase Cultural, abre una puerta para el necesario debate.
Por mi parte, estimo que, sin ser excluyentes, oferta y demanda, nada se logra en desarrollo cultural si la calidad de los escenarios no es la óptima. Y en ello, el Estado tiene mucho que decir. Por ejemplo en políticas de apoyo a la infraestructura, las organizaciones colaboradoras y las meritorias instituciones patrimoniales.
De lo contrario, solo se estimularía la demanda "de lo que hay".
