06 julio 2017

NUEVAMENTE, EL FINANCIAMIENTO CULTURAL



Parece ser un tema recurrente, no por ello menos relevante. ¿Es mejor que los creadores reciban dinero a través de sociedades recaudadoras gobernadas por ellos mismos, con los riesgos que ha develado la reciente crisis de la SCD? o ¿es mejor que quienes asignen los recursos sean completamente diferentes a los beneficiados por ellos, como ocurre con los Fondos Concursables del CNCA? Hay también una tercera vía: la explorada ya más de dos décadas por el Centro Cultural Estación Mapocho: que sean actividades de gran público en las áreas de entretención, formación o industrias culturales, los que generen ingresos que se asignan a actividades culturales y artísticas que pueden desarrollarse gratuitamente o sólo con costos básicos.


El debate fue intenso durante la década de los noventa y se optó mayoritariamente por la fórmula británica de que el Estado provee los recursos y un ente a cierta "distancia de brazos" de los gobiernos, lo asigna. Así nacieron los Consejos sectoriales de aquellas áreas que constituyen industria, y el Directorio Nacional del CNCA, con tan buen resultado que hoy están todos en pleno proceso de actualización de sus políticas y a nadie se la ha ocurrido volver atrás en la manera de asignación de los recursos. Por el contrario, la Ley que crea el Ministerio de las Culturas propone dietas para los consejeros que se ven obligados a guardar distancia de los concursos que asignan fondos.

Podemos afirmar que el modelo se ha consolidado, no obstante, los creadores y particularmente la SCD han insistido en mantener una forma de gestionar los derechos de autor ajena a esta exitosa norma. Es lo que subyace a la crisis en la que consejeros acusan a otros consejeros de beneficiarse de los lugares que ocupan, en los cuales pueden acceder a información privilegiada que se traduce en un incremento de sus ingresos. Exactamente lo mismo ocurre por enésima vez en le SGAE de España donde creadores con información privilegiada descubrieron la fórmula de exhibir en TV, de manera reiterada y de difícil control, sus propias creaciones publicitarias musicales, sólo que a las dos o tres de la madrugada. Como los derechos son generados simplemente por publicación y no por audiencias, las faltriqueras de los jinglistas beneficiados, crecían en proporción inversa a sus tele audiencias.

Parece difícil que el tema se resuelva sin tener a la cabeza de la institución que asigna, las sociedades de derechos de autor, un Directorio -ad honorem- por sobre toda sospecha que, entre otras cosas, no esté integrado por nadie que pudiera ser beneficiado. Me inclino entonces por instituciones que designan a sus representantes conforme a ciertos parámetros, como la Universidad de Chile -que ya tuvo a su cargo la Oficina del Pequeño Derecho de Autor- corporaciones y fundaciones culturales de larga data y sin fines de lucro, el Instituto de Chile, la asamblea de Premios Nacionales. En síntesis, instituciones culturales permanentes de la República.

Es lo que ocurre, por ejemplo, con el Centro Cultural Gabriela Mistral, el CCPLM y tantos otros en todo el país que han seguido el modelo, estrenado en 1990, por el CCEM.

En este último se desarrolló, el 5 de julio, la Convención Nacional de Cultura de la Región Metropolitana que tuvo más de 300 inscritos y que ocupó cinco salas en los segundos pisos y la subterránea Sala de las Artes -a la que pertenece la foto inicial- mientras en la gran nave estaba desplegada la muestra Dinosaurios y dragones que se espera -como ocurre ya desde hace 20 años con las exposiciones dedicadas a los escolares en vacaciones de invierno- contribuya fuertemente a sustentar actividades de interés público como, por ejemplo, la que elabora las políticas culturales de la región.

Pero no sólo ello, el mismo día, cuando los exhaustos delegados se retiraban satisfechos de su labor, el Centro Cultural inauguraba tres muestras de artes visuales de acceso gratuito y montaje financiado por él, que consideraban tanto el XII Salón Nacional del Arte de la Acuarela Ricardo Anwandter, creado en 1994 por el centro Cultural El Austral de Valdivia, como dos exposiciones seleccionadas por el calificado jurado que año a año programa las salas Bicentenario y Lily Garafulic: La línea aparente, de la pintora María Jacinta Silva, y Representaciones de la fotógrafa Paloma Sagüez, que recordó, emocionada que exponer en el CCEM era una antigua aspiración, desde que visitaba las exposiciones del centro cultural, vistiendo uniforme escolar.

Estas muestras que permanecen abiertas un par de meses son una manera de ofrecer también un plácido acceso a las artes visuales a quienes, en gran número, asisten a disfrutar con dragones, dinosaurios y otras actividades de gran público que completan la programación del Centro Cultural Estación Mapocho.

Quizás de esos niños y niñas de Maipú o de centros del Sename que asistieron invitados a la inauguración de los Dinosaurios... van a surgir otras Palomas Sagúez. No lo sabemos, lo que sí podemos afirmar es que decenas de miles de escolares recordarán sus vacaciones 2017 como aquella que visitaron un hermoso monumento nacional donde pudieron sacar a pasear su ardorosa imaginación.

19 junio 2017

LO QUE NOS DEJÓ FEDERICO




Federico Ibáñez Soler, recientemente fallecido, fue director general del Libro del gobierno de España entre 1990 y 1993, cuando Jordi Solé Tura fue ministro del Gobierno socialista de Felipe González. "Fue un agitador del mundo al que se dedicó; apoyó iniciativas editoriales, fue propulsor de debates entre editores, creó premios para resaltar la labor de los otros. Y hasta el final de sus días fue un agudo polemista, alguien que no se conformaba nunca con lo que podría parecer la última palabra". Lo supimos y conocimos bien pues, aunque esta reseña del diario El País no lo recuerda, fue el gran impulsor de la magnifica muestra Letras de España que recibimos en el CCEM en marzo de1993, como un homenaje de la democracia de España que cumplía 25 años a la naciente democracia chilena. ¡Cómo hacerlo mejor que a través del libro!


Fue, quizás, la primera gran muestra internacional del Centro Cultural, aún en remodelación. A Federico no le importó el contratiempo. Decidió construir su pabellón, reflejo del que había instalado previamente en las Ferias de Frankfurt y Bogotá, en lo que estaba listo: el Hall y la Plaza de la Cultura. Allí se edificaron gruesos muros -emplazados en andamios recubiertos de madera aglomerada- que acogían salas de conferencias y de cine, una tasca española con vista a la cordillera -que tanto le inquietaba- y espacios para exhibición de artes visuales.

En el Hall emplazó sendas mesas redondas gigantescas (5) -una bajo cada cúpula de la majestuosa sala- y un sexto espacio, libre, para recibir a los lectores infantiles. Cada uno de los 8 mil ejemplares estaba convenientemente protegido por un -desconocido en Chile- sistema de alarmas antirrobo que hizo pasar vergüenzas a más de algún compatriota. Se trataba de exponer toda la producción editorial española desde la caída de Franco hasta la caída de Pinochet. Nada menos.

Acompañaban a los libros unos ocho escritoras y escritores que se desplegaron por diversas universidades del país a estimular, también, la lectura. Los libros fueron donados a la naciente biblioteca de Balmaceda 1215.


Federico era también un excelente conversador, recuerdo con especial cariño una dilatada "polémica" que se prolongó durante sus varios viajes, sobre qué nos provocaba la cercana cordillera. A él, la montaña inminente lo impulsaba a subirla, a saltarla, a superar el obstáculo...  a mí, por el contrario, me hacia sentir acogido y me hablaba como un irrenunciable punto de referencia para ubicarme en la ciudad. Intentó en vano convencerme, tampoco pude hacer mella en sus aventureros impulsos.

El único punto en que estuve rotundamente de acuerdo con Federico fue cuando -después de ocurrido- me reprochó que en un magnifico almuerzo que le ofrecimos a la delegación española en el Hall del Centro Cultural apareciera de pronto una Tuna, cantando canciones españolas. Grave error, me hizo ver. Las Tunas son un símbolo fascista y del franquismo. Terminé agradeciendo que no se hubiese retirado en el momento mismo de la poco diplomática ofensa. Lección aprendida, que aún me avergüenza.

"Podría decirse que Federico Ibáñez podía discutir a la vez con Dios y con el Diablo y no darle la razón a ninguno; era un ser de una independencia moral, y política, formidable", expresa con justicia El País. Solo puedo agregar que Federico, con su profesionalismo, honestidad y sinceridad, se integró a la historia del libro en Chile en tiempos en que se debatía una Ley que, hoy, lo fomenta junto a la lectura y se perfecciona permanentemente.

Más allá de ese aporte en consideración de ese salto que Federico acaba de dar en pos de nuevos desafíos, es necesario agradecerle lo que nos dejó, al libro y a Chile.

Gracias, Federico.

14 junio 2017

CULTURA E IDENTIDAD:ACCESO AMPLIO E IGUALITARIO




El libro parece estar siempre en el comienzo de las actividades relacionadas con la cultura, desde la Biblia; desde los antiguos griegos a esta nueva versión del Partenón exhibida en Alemania en Documenta 14 por la artista argentina Marta Menujín; desde los inicios de la dictadura de Pinochet que los quemó tempranamente; desde los primeros esbozos de la política cultural de la democracia, iniciada por la Ley de fomento del libro y la lectura; se repite en la primera manifestación de los planes de cultura del candidato Alejandro Guillier, en el Teatro Caupolicán el domingo 11 de junio: “Tenemos que volver al libro. Hemos perdido la cultura de la lectura. La cultura nos da pensamiento crítico. Necesitamos la cultura del libro y vamos a trabajar para que el libro sea accesible a todo Chile”, aseguró durante el estreno público de sus Bases Programáticas 2018-2022, que se entregaron el martes siguiente las que en su punto seis expresan, en tres apartados, las doce propuestas del área cultural,  que llevan el título que encabeza esta nota.


En el primer párrafo se encuentra una declaración de principios: "La política cultural trabajará para democratizar e internacionalizar la producción, distribución y el consumo cultural; reconoceremos como un valor nuestra diversidad y las múltiples identidades socioculturales que somos; ingresaremos de lleno en el mundo digital, al que muchos emprendedores culturales jóvenes y empresas creativas ya han entrado por sus medios y a veces con grandes dificultades; y, sobre todo, promoveremos a través de la acción cultural, la educación y las comunicaciones, un modo de convivencia basado en la colaboración, el respeto y la convivencia, desmercantilizando en la mayor medida posible nuestras pautas de relación social".

Derivado de ello, los desafíos y compromisos para el sector cultural, agrupados en tres secciones:

Sobre el Cambio Cultural
1. "Implantaremos una institucionalidad cultural potente, asertiva, descentralizada, con enfoque territorial, intercultural, intersectorial y de género, bajo la rectoría del Ministerio de las Culturas, que irradiará su labor en todo el país". 
Una descripción breve de lo que debiera ser el nuevo Ministerio que, obviamente, corresponderá instalar al futuro gobierno.

2. "Implementaremos estrategias comunicacionales y educativas que propiciarán una reflexión ciudadana sobre la convivencia y el bienestar, tendiente al inicio de un proceso de cambio cultural desde las personas". 
Un agregado respecto de las atribuciones del nuevo organismo en cuanto a motivar un necesario cambio cultural, para lo que se requiere el trabajo conjunto con autoridades de Educación y de los medios de comunicación.

3. "Crearemos un sistema multimedial de comunicación cultural que incluirá un canal de TV, bajo un concepto amplio de cultura, representativo de las identidades presentes en Chile, abierto al mundo y que tendrá como referente a las mejores experiencias mundiales en materia de medios de comunicación culturales". 
Una vuelta de tuerca sobre el actual proyecto de TV cultural, agregando ingredientes multimediales: redes sociales, radiales, medios impresos y, quizás, la editorial estatal que menciona más adelante.

Sobre las Prácticas culturales

4. "Trabajaremos para estimular tanto la producción cultural como la demanda de cultura, por una parte, fomentando a los distintos sub sectores de la industria creativa y por otra, de manera equilibrada, el interés del público, de Chile y el exterior, por los productos culturales procedentes de las distintas regiones y territorios de nuestro país". 
En línea de continuidad con lo realizado hasta ahora por el CNCA, enfatizando la producción y demanda de cultura de regiones y territorios menos favorecidos hasta ahora.

5. "Impulsaremos programas de fortalecimiento y visibilización de las identidades territoriales, llegando a producir marcas territoriales y denominaciones de origen consonantes con esas identidades, con base en la vocación de los territorios, consonantes con planes mayores que surgirán en el marco del proceso de descentralización del país y con una proyección nacional e internacional. Para esto se trabajará en un ecosistema de política pública que integrará a la instancia institucional de descentralización que crearemos, a las instituciones públicas ligadas al fomento de la economía, Servicio Nacional de Turismo, la Fundación Imagen de Chile, los gobiernos regionales, comunales y las comunidades locales, incluidos los agentes productivos y las empresas presentes en los territorios". 
Profundización de lo realizado en cuanto a fomentar las denominaciones de origen de productos artísticos y culturales, teniendo a la vista, tal vez, la exitosa experiencia del Perú.

6. "Fomentaremos espacios públicos locales (epicentros culturales) de alto estándar para el encuentro de la población en torno a la cultura, con foco en territorios de menor escala y más rezago, a los cuales podrán concurrir creadores, productores y público de distintas comunas, regiones y países. Se proporcionará infraestructura y financiamiento a través de gobiernos regionales y municipalidades, y asistencia técnica especializada para la gestión cultural y administración eficiente de estos espacios. En su planificación, administración y control participarán las organizaciones de la comunidad local" 
Un énfasis en la hasta ahora mayoritariamente frustrada intención de aportes financieros desde los municipios junto con la recepción a la idea de la participación en ellas de las comunidades locales, tal vez en línea con lo planteado por las bases programáticas de Beatriz Sánchez, de los presupuestos participativos.

7. "Haremos de las agregadurías culturales de Chile en el mundo focos de intenso trabajo promocional en torno a la cultura, identidades e imagen de nuestro país. Las agregadurías estarán conectadas con los productores y creadores culturales de los territorios y con los epicentros culturales de las regiones. Chile llegará al mundo directamente desde sus regiones y comunas". 
Establecimiento de relaciones directas entre creadores y las Embajadas en el exterior, reiterando el concepto de epicentros culturales, que tal vez requiera una mayor definición. Esta propuesta es compleja debido a la suerte de monopolio de las relaciones exteriores que tiene el Ministerio del ramo.


Sobre el Financiamiento de las prácticas culturales

8. "Mejoraremos los sistemas públicos de financiamiento a la actividad cultural del país, optimizando los sistemas de postulación para que accedan a financiamiento en igualdad de condiciones los productores y creadores de las distintas zonas y sectores sociales, como son zonas rezagadas, pueblos indígenas y migrantes, entre otros. Se ponderará favorablemente a los proyectos cuyos gestores acrediten el carácter de agentes culturales de base, con real trabajo comunitario, aunque con estándares de calidad de alto nivel en su quehacer". 
En línea con los anuales perfeccionamientos de los Fondos de Cultura que persiguen llegar a través de segregación positiva a los mismos objetivos. El concepto de base, quizás, debiera ser complementado por el más actual de ciudadanos y ciudadanas.

9. "Implementaremos una agenda intensiva para mejorar nuestro nivel de lectoría y comprensión lectora. Crearemos una editorial estatal para promover la lectura y producción de obras nacionales a un costo que permita el acceso de todos los sectores sociales. Incorporaremos a esta editorial la tecnología necesaria para la digitalización y el acceso universal a las publicaciones. Usaremos recursos tecnológicos de primer nivel para favorecer el acceso a contenidos de las personas en situación de discapacidad. En esta misma línea, eliminaremos el Impuesto al Valor Agregado a la compraventa del libro". 
Imposible no advertir la semejanza con la Editora Nacional Quimantú en cuanto a los libros de bajo costo y de acceso de todos los sectores. Tal vez faltó agregar el acceso directo de la organizaciones sociales, que tanto fruto dieron a la Editora de la época de Allende. El tema del IVA, más aún con políticas de libros de bajo costo y digitalización de muchos de ellos, es marginal.

10. "También facilitaremos el acceso a tecnología digital de última generación para la producción y distribución de la producción musical interpretada o compuesta por personas de nacionalidad chilena o aquellas avecindadas en el país, especialmente creadores jóvenes, pueblos originarios y creadores populares". 
El acceso a las nuevas tecnologías es una necesidad no requerida sólo por el mundo de la música, tal vez debiera ampliarse este punto a otras áreas como por ejemplo la audiovisual y la editorial.

11. "Intensificaremos, en conjunto con el Ministerio de las Culturas, el Ministerio de Bienes Nacionales, el Ministerio de Educación, el Ministerio de Vivienda y el Ministerio de Obras Públicas, la recuperación, preservación y socialización del patrimonio material del país, acelerando el ritmo al cual esto se ha venido haciendo hasta ahora e incorporando en esta tarea a los gobiernos regionales y comunales, junto con las comunidades organizadas".  
Tema que está en el tapete hace muchos años y que debiera comenzar a resolver el futuro Ministerio al disolver la DIBAM y perfeccionar el CMN. El desafío estará en la incorporación a ello de los gobiernos comunales -muy sensibles a la presión inmobiliaria- y las comunidades organizadas, que efectivamente podrían hacer un sustantivo aporte.

12. "Protegeremos el idioma y costumbres de los pueblos originarios, incluyendo cátedras universitarias y cursos gratuitos para contribuir a esta labor". 
Un aspecto de consenso que ha registrado algunos avances en el último tiempo. Es necesario resaltar, eso sí, que la gratuidad o no de los cursos señalados es menos relevante que su calidad y respeto por las culturas indígenas. Un sólido conjunto de cátedras universitarias con esas mismas características sería de fuerte impacto especialmente en las elites más alejadas del asunto.


En síntesis, tal como advertía en los programas culturales de  los candidatos analizados con anterioridad, hay una fuerte tendencia a la continuidad de las políticas hasta ahora creadas y aplicadas por el CNCA. Las novedades están en los énfasis del trabajo conjunto con otros ministerios -lo que permite ahora el rango de tal que está pronta a adquirir la cultura-; el agregado de la dimensión internacional articulando -por fin- la creación nacional directamente con las oficinas culturales del país en el exterior; el anunciado aporte a la digitalización de manifestaciones artísticas, y, sobretodo, el anuncio de una editorial estatal asociada al bajo costo de los libros.

Llama la atención la ausencia de algunos términos como gestión cultural, audiencias, fondos concursables y la incorporación de otros conceptos que requieren una mayor definición.

En definitiva, un avance que resiste muchas mejoras.

12 junio 2017

DEL 'SI VAS PARA CHILE' AL 'PREFIERO CHILE'


El merecido Premio Revista de Libros a la memoria testimonial "Prefiero Chile" de Hernán Rodríguez Fisse, no solo ha relevado la historia de una familia de inmigrantes judíos sefarditas desde Turquía a contar de los años treinta, sino también ha puesto en evidencia las diferencias entre aquellas migraciones asociadas al "Si vas para Chile" y lo que acontece hoy en que el tema, de una masividad inédita, lleva incluso a revisar la legislación existente al respecto.


Jacques Rodríguez, el protagonista y tío del autor, definitivamente prefirió nuestro país que lo acogió dandole oportunidades de trabajo para luego traer a su familia desde una Europa que se convulsionaba cada vez más. Salvo algunas precarias y vergonzantes manifestaciones de nazismo local, el país acogió con cariño a los Rodríguez, quienes se han insertado exitosamente en la sociedad chilena.

Sin embargo, la actual realidad de una inmigración masiva pone en duda no sólo el romanticismo bucólico del "Si vas para Chile" sino también la capacidad que tienen -o no- los nuevos migrantes para expresar el "Prefiero Chile".

La inmigración hoy -básicamente de colombianos, haitianos, peruanos y venezolanos- se dispersa por todo el territorio y, muchas veces, se esconde en viviendas improbables y condiciones laborales injustas.

Es corriente escuchar a extranjeros que se quejan de la recepción que les damos y discriminaciones cotidianas que pasan casi inadvertidas. 

El tema es complejo y de solución incierta. Es probable que, de cara a las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias, surjan planteamientos que más que conservar la perspectiva de izquierdas y derechas, sean transversales debido a que precisamente son los sectores populares quienes están recibiendo mas fuertemente el impacto migratorio.

Por ello, como sociedad, debemos hacer un gran esfuerzo por advertir las múltiples bondades que puede tener el aporte de los migrantes y preparar para ellos -como ya se ven algunos- programas de inserción en educación, cultura, salud, vivienda y empleos.

En otras palabras, para que ellos también, como los Rodriguez, puedan preferir Chile por sobre otras posibilidades y entregarnos la riqueza de su trabajo, su diversidad, su cultura y, porque no, miles de potencialidades positivas que aún desconocemos.

01 junio 2017

LO QUE CUENTA BACHELET



Con diligencia, una de las creaciones post CNCA, el Observatorio de Políticas Culturales, dio a conocer en redes sociales los cuatro párrafos que ocupó la cultura en la Cuenta 2017 de la Presidenta Michelle Bachelet. Esta vez, no quedó la sensación de que faltaron aspectos relevantes, sino, por el contrario, que lo expresado ocupó un lugar coherente y proporcional a la magnitud y talante del discurso presidencial. Fue su octavo discurso, como recordó la autora y por tanto prioriza aquellos logros donde está más puesto su corazón.


Por ello, también en cultura hubo un cierto aire de final, de ir cerrando etapas para dejar paso a una nueva fase, que, por cierto, no se ha dibujado completamente aún.

Era imperioso destacar la inauguración de centros culturales municipales -como Tomé, Villarrica y Lo Barnechea- que están clausurando la política de impulsar este tipo de espacios en las comunas, ahora, menores de cincuenta mil habitantes. No lo dice pero es evidente que la tarea que deja es ver como es posible financiarlos en el futuro, ojalá -para que este proceso sea estable- mediante corporaciones culturales ajenas a la voluntad del Alcalde en ejercicio y una institucionalidad nacional capaz de conocerlos y allegar aportes privados a este empeño.

Para que no sea lo mismo que la otra obra señalada: el Centro de Arte Contemporáneo de Cerrillos, que debió lanzarse sólo con aportes públicos interministeriales como la generosidad del Ministerio de Vivienda y los presupuestos relacionados del CNCA. Siendo una señal potente hacia las artes visuales pero un esfuerzo difícil de abordar sólo con dineros gubernamentales. Un logro en gestión pero complejo de reproducir en otras áreas.

Podría decirse que un caso similar respecto de las artes escénicas, sería el nuevo teatro del GAM, identificado como su segunda etapa, pero que responde a un estructura institucional completamente diferente, como es una corporación privada sin fines de lucro a la cuál se le exige obtener recursos privados. Al respecto, sería interesante para sus ejecutivos considerar el excelente estudio de Karen Connolly expuesto el lunes de esta misma semana, cuando asumió como Académica de Número de la Academia de Bellas Artes  y que se refiere al teatro Musical de Broadway, unos de los géneros que siempre se consideró como uno de los que podían tributar a esa exigencia de autofinanciamiento.

La Biblioteca regional de Coquimbo es un compromiso anunciado por la Presidenta Michelle Bachelet el 21 de mayo de 2014, cuando expresó la voluntad del gobierno de construir bibliotecas regionales en todas las zonas en que no se disponga de una. Programada para el último trimestre de 2017, en La Serena, busca convertirse en un centro cultural para la región. Comenzó a levantarse en mayo de 2016, con la supervisión técnica de la Dirección de Arquitectura del MOP.  Se ubica en el terreno contiguo a la Casa de Las Palmeras, residencia de la Premio Nobel Gabriela Mistral, en la Avenida Francisco de Aguirre. El monto total del proyecto es de nueve mil millones de pesos. La construcción será de 4 pisos y 1 subterráneo, con una superficie de 5.592 m². Albergará cerca de 33 mil libros y entre sus espacios tendrá salas de literatura, infantil, juvenil, de adulto mayor y de autores regionales. También contará con el laboratorio regional del programa Biblioredes, un auditorio, sala de conferencias y de exposiciones y estacionamientos.

Culminando un programa nacido el primer año de la Presidencia de Ricardo Lagos, Bachelet destacó la notable cifra de un millón ochocientos mil personas que visitaron los diferentes sitio patrimoniales el 28 de mayo, en una tradición, que implica que el último domingo del mes de mayo  se produce esta verdadera fiebre por conocer espacios con tradición y relatos atractivos. Para darse una idea de magnitud de los participantes, es el equivalente los visitantes del CCEM más el GAM en todo un año. Sólo es posible pensar que la cifra siga creciendo y -ojalá- siga siendo usada para "presentar" nuevas adquisiciones como fue esta vez la inauguración del remodelado Palacio Cousiño.

También destacó la Presidenta la expansión de festivales a lo largo del país, relevando aquellos de Antofagasta, en febrero de 2017, con elevada presencia de artistas locales y el Pablo de Rocka, de Talca, iniciativa del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y su Red Nacional de Festivales del programa Escuelas de Rock y Música Popular. Participaron diez bandas y solistas del país, más Los Jaivas, el 26 de noviembre de 2016.

Finalmente, el Mensaje recordó la Ley que crea el Ministerio de las Culturas, que debiera ser aprobado por el Congreso antes del 11 de marzo de 2018, fecha de término de su gobierno.

Otras áreas del Discurso intersectaron a la cultura, en lo inmediato el proyecto de matrimonio igualitario o el reconocimiento constitucional a los pueblos indígenas. A mediano plazo, la nueva estructura del Metro de Santiago, que se desplaza hacia el norte de la ciudad para desahogar la linea uno, tendrá como resultado, la incorporación de nuevos públicos de comunas hasta ahora desatendidas que quedarán más cerca de centros culturales como aquellos del entorno de la Quinta Normal, el CCEM, el CA660, disputando la privilegiada ubicación de aquellos que son tributarios de la linea 1 como el GAM y el CCPLM.

Sin duda, un contenido cultural profundo tiene la mirada histórica de la Presidenta: "Hace poco más de tres años abrimos las puertas a nuevas esperanzas. Tomamos la bandera que, de mano en mano, llegó hasta las nuestras. La bandera de O’Higgins. La bandera de Aguirre Cerda, Frei Montalva y Allende. La bandera de Chile. No ha sido el empeño de una persona, ni siquiera el de algunas personas, sino el de todo un país que decidió mirar de frente el rostro de la desigualdad y decir: sí, podemos cambiar".

Del Libertador se puede recordar que en su gobierno tuvo especial relevancia la construcción de escuelas primarias, la reapertura del Instituto Nacional y la Biblioteca Nacional. De Aguirre Cerda, su pasión por la educación reflejado en el "Gobernar es educar". De Frei Montalva, la incorporación de campesinos y pobladores al disfrute de la cultura mediante la promoción popular, y de Allende su entusiasmo por nutrir al pueblo de lecturas mediante la emblemática editora nacional Quimantú y sus gigantescos tirajes de libros a muy bajo precio.

Pero, la Presidenta no se quedó allí, sino que arengó a seguir con los cambios iniciados teniendo como requisito la unidad de quienes los respaldan.

En cultura, al menos, no parece haber dos opiniones.

29 mayo 2017

PROGRAMAS CULTURALES, SEGUNDAS APROXIMACIONES



A partir del conocimiento de algunas ideas de programas culturales y de declaraciones de candidatos que aún no los esbozan, ha surgido la inquietud de que, una vez más, la cultura haga un esfuerzo por juntarlas todas, independientemente de quien gane la elección.  Es evidente que todas las propuestas tienen un sustento común, que son las Políticas Culturales 2017/2022, en discusión en estos mismos momentos, que a su vez se basan en aquellas 2011/2016 y así sucesivamente hacia atrás, hasta 2004, cuando se crea el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. 


Por tanto, el país tiene acuerdos básicos como crear primero un Consejo Nacional y ahora un Ministerio de las Culturas y que éste contenga –en dos subsecretarías- las dos temáticas centrales del área: patrimonio y artes.


Resuelto el problema de una institucionalidad dispersa, cabe ahora extender la influencia del sector cultura a otros ámbitos de la sociedad:


Primero, hacia regiones, estableciendo Seremías y Consejos Regionales capaces de formular políticas, asignar recursos y escuchar a la ciudadanía en todo el territorio.


Segundo, hacia un tratamiento multicultural de las tradiciones y usos de los pueblos indígenas y migrantes.


Tercero, hacia la natural relación que deba tener la institucionalidad consensuada con los medios de divulgación de las artes y el patrimonio sean estos canales de TV, radios u otras formas de comunicación virtual.


Cuarto, hacia establecer una forma de organicidad –léase un Consejo Nacional de Infraestructura y Gestión- de quienes constituyen el principal activo del desarrollo cultural mixto, público/privado, como son las corporaciones y fundaciones sin fines de lucro.


Quinto, generar condiciones de autonomía de los alcaldes de turno a los cuerpos culturales locales, incrementando la participación ciudadana en su gestión, disfrute y mantención, en esa dirección parece interesante la idea de presupuestos participativos de la candidatura de Beatriz Sánchez.


Lo anterior no es incompatible con legislaciones complementarias como una ley única de donaciones; la ya avanzada ley del teatro o modificaciones del IVA, ni con proyectos de infraestructura que sigan simbolizando cada mandato presidencial, como se está haciendo tradición.

Respecto del canal cultural de TV, es verdad que todo medio de comunicación tiene obligaciones respecto de la cultura, pero también es cierto que la gran cantidad y calidad de la producción artística nacional –estimulada grandemente durante más de veinte años por fondos concursables y diversos subsidios- merece y requiere de un medio público para divulgarse y cerrar así el ciclo de producción, divulgación y disfrute por sus destinatarios. En ese esquema se incluye el tema de la TV cultural pública que, por lógica, debe volver a ser un proyecto que se relaciones con el gobierno a través del Ministerio de Culturas y no a través de un ministerio político, como se ha intentado, hasta ahora, sin éxito.


Carolina Goic hizo hace pocos días, un gesto, en la Peluquería Francesa, respecto del mundo del patrimonio, mencionando que el Consejo de Monumentos Nacionales debiera ser regionalizado. Obviamente debe ser así. El proyecto de Ministerio de Culturas incluye al CMN y la DIBAM, crea el Servicio Nacional del Patrimonio y contempla su regionalización a través de las Seremías. El punto por resolver son las atribuciones de aquellas secretarías regionales y sus respectivo consejos para tomar, a nivel regional, decisiones, que hoy se toman centralizadamente.


De Alejandro Guillier, aparte de anunciar el fin del IVA al libro, poco se ha escuchado al respecto, pero su soterrado combate contra las elites -donde ha dado y recibido por igual- hace prever que no tendrá un programa afín a ellas, sino uno con énfasis en lo ciudadano y la descentralización territorial, que por lo demás, ha sido el permanente clamor del mundo de la cultura en las recientes Convenciones Nacionales.


¿Señal de aproximación?

22 mayo 2017

PROGRAMAS CULTURALES, PRIMERAS APROXIMACIONES


A diferencia de la pasada elección presidencial, esta vez, parecen prepararse Programas en serio y gratuitamente, como fue tradicional en nuestra política. La existencia de primarias en dos de los tres bloques electorales, ha permitido conocer avances oportunamente depositados en el SERVEL. En el terreno cultural se aprecian líneas bastante coherentes con la existencia del CNCA y la cercana instalación de un Ministerio multicultural y participativo.


Quizás las medidas más concretas y puntuales aparecen en la propuesta de Sebastián Piñera: "creación del Museo de la Democracia; ley única de donaciones con beneficios para promover la filantropía ambiental; eliminación de doblajes en programación juvenil e infantil de la TV abierta para estimular la lectura y comprensión del inglés". Lo del museo es novedoso y se inscribe en la tradición de los gobiernos concertacionistas que dejaron, cada uno, huella en formidables espacios culturales: el CCEM, el MIM, el CCPLM y el GAM. Ley única de Donaciones es un esfuerzo que debería ir acompañado de una fuerte campaña de promoción y estímulo a la filantropía, incluso ¿porqué no? desde el propio candidato.


Beatriz Sanchez, en su Hoja de Ruta, plantea "conformar un Estado con carácter plurinacional, que reconozca el derecho a la autodeterminación de los pueblos indígenas en el marco de un país diverso e incluyente. Proponemos, en este sentido, avanzar hacia el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado chileno, estableciendo mecanismos de representación parlamentaria de los pueblos indígenas que lo reflejen", medida insinuada en el próximo Ministerio de las Culturas las Artes y el Patrimonio. Además, propone "incentivar la participación directa de los ciudadanos en sus espacios locales por medio de la construcción participativa de los presupuestos comunales. Es necesario convertir a los presupuestos participativos en una práctica regulada, vinculante, no sometida a la voluntad contingente de los alcaldes y capaz de decidir sobre porciones relevantes del presupuesto municipal". En la medida que existen muchas corporaciones y espacios culturales comunales, es posible que, por esta vía, se fortalezcan los aportes hacia las artes y la participación ciudadana en la cultura, sin tanta dependencia del Alcalde de turno, lo que es deseable.


Alberto Mayol, en el apartado Arte, lectura y deporte, propone "dividir el territorio nacional en zonas distritales con políticas unitarias de fomento del arte, la lectura y el deporte. Este mecanismo estará anclado con el sistema educativo, pero también implica avanzar en la existencia de infraestructura disponible para estas actividades. La idea ya implementada en la comuna de Recoleta en Chile, conocida como Escuela Abierta, es un camino eficiente para apoyar esta iniciativa. En cualquier caso, se requieren más gimnasios, polideportivos, centros culturales locales y una red de bibliotecas más nutrida. En el caso de México se ha implementado una política de fomento para que cada sale de clases del país tenga una pequeña biblioteca en su interior. Chile debe hacer propio ese desafío. Los dos últimos años de la educación secundaria deben orientarse con fuerza al arte y el deporte. Chile es el país con mayor obesidad juvenil de América Latina, con pésimas perspectivas de salud derivadas de esta condición". La idea de mezclar cultura y deporte, no es nueva. Hay experiencias favorables en Australia donde se aprovechan lo estadios que se construyen para los juegos olímpicos con espacios para la cultura como bibliotecas y centros culturales. Por otra parte, la cercanía de bibliotecas en las salas de clases podría estimular el inmovilismo y ser contradictorio con la lucha contra la obesidad. El caso colombiano, más cercano, que sitúa grandes bibliotecas en parques o terrenos eriazos con canchas deportivas vecinas, parece ser coherente con intentar mezclar lectura y deportes.


Felipe Kast es el que parece destinar mayor espacio y energía al tema en un apartado denominado Cultura: la diversidad que nos reúne, que comienza con una declaración de principios: "Arraigados en el valor de la costumbre y la tradición la cultura, las artes y el patrimonio de Chile revelan nuestra forma de mirar al hombre y a la naturaleza desde la imaginación y la creatividad, retratando los elementos propios de nuestro imaginario, ritos y carácter. Para que esta poderosa herencia pueda transmitirse a las nuevas generaciones, no sólo debemos proveer los necesarios recursos para el fortalecimiento y salvaguarda de nuestras artes, cultura y patrimonio sino, también, dotar de herramientas a nuestros niños, para que puedan apreciarlas y transformarlas en innovación y cambio profundo para el enriquecimiento de sus propias vidas y la vida del país".
Derivada de esta declaración, propone: "un Plan de fomento a lectura, descentralizado, en conjunto al esfuerzo de fundaciones y corporaciones especializadas en materia lectora, para que todos los chilenos desde niños aprendan a comprender lo que leen", en lo que parece haber escuchado la experiencia de Fundación Futuro. Luego, "la creación de un Sistema de Instituciones Culturales que permita de manera mixta allegar tanto financiamiento público como también privado, simplificando el proceso de donaciones", en lo que parece recoger la propuesta surgida en un encuentro en la Cámara de Diputados, de crear un Consejo Nacional de la Infraestructura y Gestión, desestimada por las autoridades como parte del nuevo Ministerio. Más adelante expone un "programa de emprendimiento cultural que contemple un capital inicial, acompañamiento y capacitación para ayudar a consolidar proyectos como el Festival Santiago a Mil o Puerto de Ideas, que mejoran sustancialmente la vida de la comunidad", en lo que parece haber escuchado demandas de las productoras de dichos eventos. En lo patrimonial, anuncia que "modificaremos la Ley de Monumentos nacionales para que quien posea un inmueble patrimonial cuente con la posibilidad real de protegerlo y su propiedad no se transforme en un gravamen e incentivaremos la participación privada en salvaguarda del patrimonio cultural, ampliando el Fondo del Patrimonio y Ley de donaciones culturales para materias patrimoniales y Ley de Monumentos Nacionales". Empeños todos, de vieja data que por alguna razón no se concretan aún.
Plantea también el reconocimiento constitucional de la interculturalidad y "dar un giro disruptivo y sustantivo, en la relación del Estado con los Pueblos Indígenas: reconocimiento expreso de los pueblos indígenas originarios; reconocimiento del Mapudungún y el Rapa Nui, como lenguas co oficiales en la Región de La Araucanía y en Isla de Pascua, respectivamente".


Manuel José Ossandón también enfatiza al tema intercultural: "es esencial brindar a nuestros pueblos originarios un concreto reconocimiento a través de nuestra Carta Fundamental, valorando su existencia y aporte durante el surgimiento y desarrollo de nuestra patria, y como parte esencial e indisoluble de las raíces de la Nación chilena. Además, debe valorarse la integridad como pueblo de cada uno de ellos, de acuerdo a sus costumbres, cosmovisiones, cultura y lengua".


Faltan las propuestas de Alejandro Guillier y Carolina Goic, que deberían recoger la continuidad de las politicas desarrolladas desde 2000 a la fecha, que están en pleno proceso de renovación en el CNCA, que, en agosto y en Arica, celebrará su Convención Nacional para aprobar las políticas 2017 2022, que ya tienen sendos avances en los consejos sectoriales del Libro, Audiovisual y de la Música.

En el diálogo entre políticas aprobadas por la entidad correspondiente, por ley, de hacerlo y las medidas que programará el siguiente gobierno, se sustentará el desarrollo cultural de las próximas décadas.

Quedamos atentos y pendientes.

15 mayo 2017

¿ES CHILE UN PAÍS IMPROBABLE?

José de San Martín


En la improbable situación que nos aflige, que dos libros de historia de Chile encabecen los ranking de los más leídos, en no ficción y ficción: el testimonio del abogado y militar José Miguel Varela en Veterano de tres guerras y la novela de Elizabeth Subercaseaux La patria de cristal, no deja de embargarme una sensación que, el nuestro es también un país improbable. Esto es, que existe casi por casualidad, o una suma de casualidades, desde su precaria geografía que lo sostiene trabajosamente desde la cordillera de Los Andes, para no ser avasallado por el Océano irónicamente llamado Pacífico, a sorprendentes e inverosímiles episodios históricos.


Sin duda, el primero de ellos es el Cruce de Los Andes, hace doscientos años, en el cual un ejército de patriotas argentinos y chilenos, luego de la hazaña cordillerana, derrotó primero en Chacabuco y luego en Maipú al ejército realista, sellando la Independencia de Chile, en 1818. Tampoco es efectiva entonces la fecha -1810- en la que celebramos, premonitoriamente, ese acontecimiento. Tampoco fue nuestra Independencia la principal motivación de la gesta soñada por San Martín, sino la más relevante misión de liberar al Perú, sede del Virreinato. Tal es así que la primera tarea de San Martín no fue recibir la Dirección Suprema del país liberado -que cedió a Bernardo O'Higgins- sino constituir la escuadra libertadora cuyo mando encomendó a Lord Thomas Alexander Cochrane, el lobo de los mares, considerado uno de los capitanes británicos más audaces y exitosos de las guerras de la revolución francesa. Vale decir si Chile fuese un país mediterráneo, sin posibilidades de despachar una escuadra conteniendo hombres, armamento y volantes independentistas en castellano y quechua, otro gallo no hubiese cantado.


Otro episodio improbable es la victoria en la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, constituida por la coalición de El Estado Nor-Peruano, el Estado Sud-Peruano -ambos de efímera existencia- y el Estado de Bolivia, bajo el mando supremo del mariscal boliviano Andrés de Santa Cruz, que asumió el cargo de protector de la Confederación en 1836, luego de haber sido presidente de del Perú (1827) y mientras era presidente de Bolivia (1829-1839). El Ejército Unido Restaurador, formado por tropas chilenas y peruanas bajo los mandos del general Manuel Bulnes y del mariscal Agustín Gamarra, derrotó a las tropas de la Confederación en la batalla de Yungay el 20 de enero de 1839. Los peruanos contrarios a Santa Cruz, con la intervención del ministro Portales de Chile, nos arrastraron a una guerra contra la confederación por defender sus intereses económicos en Valparaíso.
Chile dudaba mucho de participar, lo que según algunos historiadores costó la vida a Diego Portales, asesinado por militares contrarios a entrar en esta guerra. Es también posible que, de no mediar el asesinato de Portales, Chile no habría sido parte de esta lucha que era más bien visto como un conflicto interno del Perú ni tendríamos que hinchar el pecho al entonar el Himno de Yungay que conmemora un episodio que en Perú tiene escasa relevancia.


Arturo Prat y su significativo rol en la Guerra del Pacífico es un improbable mayor. La guerra, iniciada en 1879, con la invasión chilena de Antofagasta, despertaba poco entusiasmo en la población hasta que llegaron las primeras noticias del heroico desempeño de Prat y su modesto navío, la Esmeralda. Ello determinó que -como recuerda Elizabeth Subercaseaux- grandes tribunos chilenos como Benjamín Vicuña Mackenna, llenaran los estrados con arengas patrióticas que inflamaron a muchos jóvenes a reclutarse y partir hacia el norte. El resultado es conocido, Bolivia declinó dar combate muy pronto y Perú debió padecer la conquista de Lima por las tropas chilenas. Es posible que sin la heroica acción de Prat, sus hombres y los de la Covadonga, sumadas a la noble actitud del Almirante peruano Miguel Grau hacia sobrevivientes y mártires, otro hubiese sido el resultado de la llamada Guerra del Pacífico.


También es poco creíble la vertiginosa reconciliación entre ambos bandos ocurrida luego de la sangrienta guerra civil de 1891 que terminó con el suicidio de Presidente Balmaceda y la derrota de su ejército, que era ni mas ni menos que el Ejército de Chile, a manos de otra formación integrada mayoritariamente por la Armada nacional. Rápidamente se terminaron las delirantes pobladas que asaltaban las casa balmacedistas y el país entró al siglo XX con un espíritu de paz, orientándose más a la celebración del Centenario que a seguir por la senda del siglo anterior. Quizás la extenuación guerrera, la conversión de sus despojos en un Museo de Historia Nacional que incluyó al Militar, lograron que se comenzara a visualizar que la paz era mucho más deseable y que la división entre balmacedistas y anti balmacedistas pasara literalmente a la historia con mucho menos fuerza, por ejemplo, que la pugna entre carreristas y o'higginistas. Y que sea el gesto del presidente suicida lo que recordara el Presidente Allende en su martirio, más que la guerra fratricida.


El propio triunfo de Allende se inscribe también entre las improbabilidades de nuestra historia. En un país dividido electoralmente en tres tercios y una izquierda a su vez dividida entre quienes seguían la vía electoral y quienes propugnaban -castrismo mediante- la vía armada, no era my predecible que triunfara la Unidad Popular, que como novedad respecto de versiones anteriores sólo tenía la ausencia del "Cura de Catapilco" y la incorporación de una pequeña facción de jóvenes y campesinos DC que se plegaron a la UP a través de una fuerza novísima: el MAPU.


Finalmente y en la historia reciente, el plebiscito del NO, acontecido el 5 de octubre de 1988, que implicaba que una todopoderosa dictadura se expusiera al veredicto popular con registros electorales, miedo rampante y una franja televisiva equivalente para ambas opciones, es también un hecho improbable. Como señaló en su momento Luis Maira: "De la dictadura no terminamos por un acto mágico ni una plegaria elevada al cielo. Terminamos por un enorme lucha social que permitió que por un millón de votos le ganáramos a Pinochet un plebiscito. Y esa es una marca mundial, que no cumplió ni otra oposición, porque ese era un camino que no se había explorado".

O sea, un hecho poco probable.

20 abril 2017

SOLIDARIDAD Y LOS LIMITES DE LA DIVERSIDAD


"El hecho de que unos crean en que hay que recibir a los inmigrantes mientras que otros piensan que hay que intentar hundir sus botes con un par de cañonazos, no es un ejemplo estimulante de la diversidad humana". La cita pertenece al libro CULTURA del inglés Terry Eagleton, publicado por Taurus en enero de este año y entusiastamente recomendado por el crítico Juan Manuel Vial, en La Tercera, y algunos libreros locales. En el contexto actual de renovación de políticas culturales es particularmente interesante su mirada sobre la diversidad a la que acusa de no ser un valor en si misma.


Tampoco condena la exclusión: "Por principio, la exclusión no tiene nada de malo. Prohibir a las mujeres que conduzcan automóviles es deplorable, pero excluir a los neonazis de cuerpo de profesores, no". Lo que extiende a la uniformidad: "No toda uniformidad es perniciosa... Es cierto que en el mundo tiene que haber muchas clases de personas, pero sería de gran ayuda si todas ellas exigieran la abolición de la prostitución infantil o consideraran que decapitar civiles inocentes en el nombre de Alá no es la mejor forma de hacer realidad una utopía". 

Así mismo, no cree que hay que entusiasmarse con todas las minorías: "La clase dominante es una de esas minorías". 

Afirma que, siendo la diversidad un valor desde el punto de vista étnico, no debemos soslayar su papel en la ideología consumista: "Nada es más generosamente inclusivo que la mercancía, que, con desdén por las distinciones de rango, clase, raza y género, no desprecia a nadie, siempre que tenga con qué comprarla". 

Su receta parece ir por otro lado: "Hay veces en que lo que hace falta no es diversidad, sino solidaridad (no es la diversidad la que puso contra las cuerdas al apartheid y a los regímenes neo estalinistas de Europa)".

La verdad es que el aire provocador de las afirmaciones de Eagleton no sólo justifica la lectura de la obra, sino que llega oportunamente a refrescar la discusión sobre las políticas culturales que definitivamente han cumplido una etapa. 

En este plano, el concepto de solidaridad parece ir un paso adelante de la diversidad (Cualidad de diverso o variado) y de la diversidad cultural que aparece asociada a la identidad y la multiculturalidad. La defensa de la diversidad cultural se basa en el sano equilibrio que debe de lograrse con la ayuda de los diferentes grupos culturales que existen en el mundo, pero sin afectar a terceros o exceptuar alguna cultura. 

La Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de la UNESCO es un acuerdo internacional jurídicamente vinculante que garantiza a los artistas, profesionales de la cultura, profesionales y ciudadanos en todo el mundo, crear, producir, difundir y disfrutar de una amplia gama de bienes culturales, servicios y actividades, incluidas las propias. Su principal objetivo es reafirmar el derecho de los Estados a adoptar políticas culturales, reconociendo que la diversidad de las expresiones culturales es una gran riqueza para las personas y las sociedades; la promoción, protección y mantenimiento de la diversidad cultural son una condición esencial para el desarrollo sostenible en beneficio de las generaciones presentes y futuras.


En nuestro país, luego de la Consulta Indígena, la incorporación de representantes de pueblos originarios, inmigrantes y ciudadanos de organizaciones patrimonialistas al Directorio Nacional del nuevo Ministerio de las Culturas, que contempla además un Consejo de Pueblos Indígenas, parece haberse cumplido un ciclo de visibilización que actualiza a estos sectores "diversos" con el previo debate académico y ciudadano.

Cabe preguntarse cómo profundizar estos logros y es allí donde la perspectiva de la solidaridad es atractiva. No basta con reconocer la cantidad de migrantes que Chile está recibiendo, es preciso ser solidarios con ellos y acogerlos en nuestra sociedad. ¿Qué es la cultura sino un mecanismo privilegiado para hacerlo? 

En consecuencia, las políticas culturales 2017-2022, en discusión, podrían considerar este concepto, que dialoga muy bien con aquellos escuchados con insistencia en la Convención Nacional de Chillán del CNCA, como Ciudadanía y Territorio -entendido en sus componentes de localidad y virtualidad- ambos en perspectiva de lograr el Desarrollo Humano.

Es de esperar que el diálogo en torno a términos inclusivos de toda la población -la ciudadanía- no sólo creadores y sus públicos, y sus variadas dimensiones territoriales, colabore en otro propósito que no puede esperar: que la cultura vuelva a ponerse en el centro del desarrollo.

Y se supere el déficit comunicacional que esta área ha tenido desde la creación del CNCA, a inicios del siglo XXI.

Una política cultural ciudadana sería el gran camino para poner a la cultura en el centro de las preocupaciones nacionales, retomando la idea que "la cultura es tarea de todos".

Como los censos.

07 abril 2017

REFLEXIONES SOBRE UN PROGRAMA CULTURAL


Los tiempos electorales incitan a reflexionar sobre los principales aspectos a considerar en un posible programa de los aspirantes al voto popular en el campo de la cultura o las culturas. Lo primero, es considerar que el CNCA está trabajando en la actualización de las políticas vigentes, dentro de los mecanismos que su ley le otorga. Más allá de la natural contribución en ello, hay algunas inquietudes transversales respecto del "estado del arte" -literalmente- relacionadas con cuatro aspectos que podrían contribuir a un debate más amplio: gratuidad, lenguaje, individualismo y filantropía.


Comenzando por un diagnóstico de lo existente, se ha llegado a un punto de inflexión o cercano a él. Existirá pronto un Ministerio; se completarán -pronto- las infraestructuras necesarias para acoger la vida cultural; existen, bien o mal, mecanismos públicos y privados -menos- para financiar esta actividad; existen o están en vías de renovarse, políticas sectoriales elaboradas con amplia participación; hay conciencia de que se requiere una cultura inclusiva de pueblos indígenas, minorías sexuales, grupos de patrimonialistas, migrantes... además de los ya incluidos en ellas. Puede decirse que estamos cerrando un ciclo... y abriendo otro.

El ciclo que se cierra no ha logrado instalar "la cultura en el centro del desarrollo", como se aspiraba a comienzos del siglo XX y se logró, simbólicamente, con la instalación de sendos centros culturales en espacios históricos: el Palacio de La Moneda, emblema del poder político; el GAM, en el edificio que reúne el sueño de Allende con la posterior usurpación dictatorial, y la Estación Mapocho, creada para el Centenario y puerta de entrada a la capital de Chile en tiempos del ferrocarril.

Sin embargo, no bastaron para que la cultura dispute, a la fecha, espacios simbólicos -comunicacionales, institucionales, sociales- con la economía, la salud, la educación, la previsión social, las relaciones internacionales o la política. Se ganó la batalla por la infraestructura, agregando centros culturales regionales; otros en ciudades mayores a los 50 mil habitantes y, más recientemente, en localidades más pequeñas, pero se perdió la batalla por la superestructura.

La cultura no está presente en el imaginario -como las AFP, la educación superior, algunas enfermedades complejas- ni en los sueños cotidianos. Sus figuras emblemáticas no se mencionan en los listados de los eventuales candidatos, que si llevan humoristas, gente de la farándula, deportistas o comunicadores. La entrega de Premios Nacionales no es motivo de algarabía popular y los creadores destacados universalmente deben esperar centenarios u otras fechas notables para ser redescubiertos.

El Metro de Santiago está haciendo un esfuerzo por instalar en sus estaciones lugares de privilegio para músicos seleccionados, que debieran ser bienvenido por los atribulados pasajeros.

El esperado debate sobre un canal de TV cultural, terminó absorbido por la necesidad -comprensible, pero muy diferente- de capitalizar Televisión Nacional en un mundo en que grandes consorcios han comprado los canales de TV abierta, originalmente universitarios.

Las figuras culturales y sus autoridades ni siquiera son "carne de encuestas", sólo de puzzles.

¡A qué seguir!

En definitiva, el alma de una nación, como ha sido definida la cultura, no está completamente presente en el cotidiano, metáfora de una sociedad cada vez más individualista, codiciosa y despreocupada de los demás.

La sola afirmación "recuperar el alma de una nación" debiera ser suficiente para que todos valoráramos las artes, el patrimonio y la cultura. No ha sido así.

¿Cómo lograrlo?

En primer lugar, volver a valorarlos, recuperar la idea de que la cultura es valiosa y cuesta. La gratuidad ha situado a las artes y el patrimonio en el terreno de lo fácil, lo barato, lo banal. Las cifras demuestran que el no pago de los museos anunciado en el presente gobierno no ha aumentado sustancialmente las visitas a estos ni menos la calidad de los mismos. La cultura debe ser buena, no gratis. De hecho, la ciudadanía está dispuesta a pagar grandes sumas por espectáculos de calidad, como lo demuestran recitales de música rock y notables obras escénicas, cada verano. Tradicionalmente se ha pagado por libros, cine y fonogramas y sus compradores valoran lo recibido, sin pensar que debieran ser regalados. ¿Trabajaría usted gratis? suele preguntar un conocido autor al profesional que le pide, como obsequio, sus obras.


Una segunda constatación es la derrota en el lenguaje, reflejada en haber despejado el camino al concepto de innovación por sobre el más apropiado término creatividad. Aquella, además de ser una moda, tiende (según la moda) a asociarse con lo joven y descarta el aporte de otras generaciones. Sugiere, además, que todo debe ser sujeto de innovación, algo así como "la revolución permanente" de Mao. El cambio por el cambio. La creación es un proceso más complejo, que considera que no todo debe recrearse siempre. Un creador es capaz de reconocer lo clásico, que es permanente, inspirador y no debiera ser innovado. En la capacidad de distinción entre ambos hay implícito un acto de creatividad. Innovación suele ser la aplicación que hacen los emprendedores de lo que otros crean. Por tanto es un proceso diferente a la creatividad. Sin creadores, no hay innovadores, pero sin innovadores, si hay creadores. La cultura se caracteriza y se nutre de estos últimos.


Un tercer aspecto es la sobrevaloración, en las políticas públicas y en especial los fondos concursables, de la individualidad del artista y su proyecto. Lo que no es erróneo, pero insuficiente; debe ir acompañado del estímulo al trabajo grupal, de equipo, de alianzas mixtas creadores/gestores/espacios. Es preciso profundizar el otorgamiento de fondos públicos a elencos profesionales, como ocurre desde hace poco con las orquestas regionales y a las otras instituciones colaboradoras, agregando un fondo de confianza en las entidades tradicionales que han sido capaces de administrar grandes espacios y serán por tanto capaces de asignarlos a compañías artísticas sin la intervención directa del Estado. En esta línea se inscribe la idea de crear un Consejo Nacional de la Infraestructura y la Gestión.


El cuarto punto es estimular la filantropía. No calza el alto porcentaje de fortunas y de millonarios que detenta nuestro país con la baja valoración que tiene el que éstos hagan donación de ellas para devolver en parte lo que la sociedad les ha permitido. Es evidente que esta situación sólo la pueden revertir los propios detentores de la riqueza. El Estado se preocupa de que no se utilice este mecanismo para evadir impuestos y no de estimular donaciones generosas. La ciudadanía debe estar alerta para reconocer adecuadamente cuando ello ocurra. Ello debiera incrementar fuertemente  los recursos económicos para las artes.



Ahora, si preguntamos por ejemplos de centralidad que debiera tener la cultura, podemos fijarnos en el ingenioso festival de teatro en miniatura -Lambe Lambe- desarrollado en oficinas municipales y del Registro Civil, o en la propuesta ciudadana, en Valparaíso, de cambiar el nombre de la arteria principal -donde se ubica el Congreso- por el de una figura de la cultura.

No se entienda como una medida electoral ni inmediata, sino como un prolongado debate ciudadano que haga pensar sobre el lugar que debe ocupar la cultura en nuestras ciudades, quizás su mejor resultado no sea una alteración urbana, sino una reflexión colectiva de porqué nuestras grandes figuras del arte están ausentes de los espacios donde transitan, viven -hasta legislan- las personas que son, finalmente, los destinatarios de la obra creativa.

Eso, ya sería un avance. Un debate a partir de estos cuatro puntos, sería otro.

04 abril 2017

LA RELEVANTE HISTORIA NO CONTADA DE LA CULTURA


"Me pregunto si no hemos fallado en contar la historia más importante de todas: la de la relevancia de las artes en – y para – nuestra sociedad" señala en su blog la actriz y magister en gestión cultural Pamela López, a propósito de la "equivocada cuestión de pensar que lo que hacemos es relevante para todos". Pone el dedo en la llaga respecto de la suerte de desidia que afecta al debate sobre políticas culturales para las artes escénicas, un problema común en la cruzada por el desarrollo de las artes: "Pese a que logramos unir niveles discursivos comunes entre agentes artísticos y de gestión, no hemos aún permeado la acción de defensa y promoción ni hacia los públicos, ni tampoco hacia otras capas del nivel político y social". 


Me recordó una frase del entonces senador Carlos Ominami cuando fuimos, durante el gobierno del Presidente Frei Ruiz Tagle, con la Directora de la División de Cultura del Ministerio de Educación, antecesora del CNCA -Marcia Scantlebury- a casi exigirle que el Parlamento aprobara una institucionalidad superior para la cultura. La respuesta fue sucinta: ¿Quién lo pide?

Salimos cabizbajos, dandole toda la razón, convencidos de que debíamos iniciar un proceso de socialización de esta idea-necesidad que sólo advertíamos un puñado de artistas y gestores.

Vinieron entonces decenas de reuniones con grupos de diputados y expertos nacionales y extranjeros; una convención nacional casi milenaria en el propio Congreso; presencias masivas en las gradas del Senado cuando se votaba la iniciativa; algunas con participación de obispos, alcaldes, dirigentes capaces de llenar el Municipal de Valparaíso con sólo un llamado y, por cierto, grupos de creadores y gestores movilizados por sendas agrupaciones gremiales.

Aquella gesta culminó con un Consejo Nacional participativo inspirado, como recuerda Pamela: "en el paradigma patrocinador planteado por Harry Hillman Chartrand & Claire McCaughey como modelo de política púbica". El mismo que la misma autora y luego de más de una década de funcionamiento, "debe decantar en una reinvención hacia el sistema actual". Ello, porque "el gran ícono de la filantropía norteamericana nos hace creer en un régimen que convive con la acción artística, pero la verdad es que los hechos muestran que las donaciones en USA son mayoritariamente una sumatoria de donantes individuales y que nuestra realidad local –a través del incentivo tributario- no ha logrado consolidarse como alternativa a FONDART sino sólo para aquellos grandes festivales ya consolidados por su trayectoria".

En efecto, en una sociedad permeada profundamente por la competencia y la acumulación económica de grandes fortunas en pocas manos, hemos fracasado en establecer la cultura filantrópica pues nuestros millonarios se resisten a hacer grandes donaciones, no contemplan el tema de la filantropía cuando se trata abandonar los negocios y dedicarse a gobernar y nuestras autoridades endurecen cada vez más las medidas fiscalizadoras de la remendada Ley de estímulos tributarios o Ley Valdés, haciéndola ya casi un buen recuerdo.

Recientemente, Andrónico Luksic donó, vía tuiter, dos mil ejemplares del libro Un veterano de tres guerras, logrando un impacto comunicacional muy superior a los 30 millones que habría gastado si los adquiere en una librería. 

López sugiere que, fracasada la filantropía, la situación implica "una alternativa a la concursabilidad – y digo alternativa pues no vayamos a ser tan disidentes como para eliminar un sistema privilegiado en dotación de recursos a artistas individuales-. La dependencia del sistema de fondos públicos llega a su crisis solamente en cuanto las políticas culturales no han logrado aún consolidar una herramienta distinta a ésta para la alta demanda sectorial. En otras palabras y en concreto: si hay un problema, se crea una nueva línea de fondos".

Quizás lo mismo pudiera decirse respecto de la legislación. Hay un problema de coordinación entre el CNCA y la DIBAM y se crea un Ministerio; existen dificultades de financiamiento de las artes escénicas y se propone una ley.

Es válida entonces la cuestión inicial: ¿resuelven las leyes la ausencia del relato sobre la relevancia de las artes en una sociedad? ¿Lo resuelve un discurso garantista de los "derechos culturales"?

Hasta ahora nos escudamos en la ausencia o la baja -bajísima- calidad de las secciones de cultura de los medios de comunicación y -más recientemente- la necesidad de crear -o sea que el Estado cree- un canal cultural de TV. También exigiendo que la ley... hasta la Constitución, garanticen "derechos culturales", que no son más que el viejo derecho a participar de la vida cultural de una comunidad, consagrado en la Carta de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Es decir, poniendo la responsabilidad en los demás. Que otros difundan, que otros nos aseguren derechos, como si la cultura no fuese suficientemente importante para persuadir al mundo de su propia feliz condición. 


Parece llegado el momento que -una vez más- el sector cultural tome sobre sus hombros la responsabilidad de relatar a la sociedad la relevancia que tiene la cultura para ella misma. 

Retomar aquella energía que nos llevó en los últimos 27 años a construir infraestructuras; crear fondos concursables; instalar la gestión cultural como un oficio indispensable; pelear por leyes y ministerio y convertirla en comunicación cultural.

La comunicación de la historia más importante de todas: la de la relevancia de las artes en – y para – nuestra sociedad.

24 marzo 2017

EL JUEZ BALTASAR GARZÓN, SIN CORBATA



El 25 de marzo de 2003 amanecí en Austin, nervioso. Me había invitado la Universidad de Texas a exponer sobre "Cultura, TV y violencia en América Latina, el caso chileno", en un seminario internacional organizado por uno de los mayores centros de estudios latinoamericanos de Estados Unidos, el Teresa Lozano Long. Me había preparado bien, con la ilustrada ayuda del Barómetro de Violencia del CNTV, pero no era el tema que me acomodaba mejor. La primera etapa de esa mañana ocurrió tranquila en la sala llamada Corte Eldman, una réplica de las cortes tan recurrentes en series de TV y películas estadounidenses, en las que se entrenaban los futuros abogados de la U. de Texas. Cuando se levantó la sesión y salimos al café, noté un pequeño barullo alrededor de una persona. Curioso, me acerqué. 

- Buenos días, una mano muy decidida y musculosa estrechó la mía. Soy Baltasar Garzón y he venido a escucharlo, me interesa todo lo de Chile.

Sabía que el Juez tan popular en mi país estaba programado como Expositor principal del encuentro a las 3 de la tarde para disertar sobre "Libertad y violencia terrorista". Pero no había imaginado que se incorporaría a media mañana para oir mi charla. De modo que a la novedad curiosa de exponer en un estrado judicial se agregaba el hecho de tener, en primera fila -la de los acusados y defensores en las películas- a uno de los personajes más admirados luego de su trabajo para detener al dictador Pinochet en Londres.

De lo acontecido académicamente tengo poco recuerdo pero la Universidad de Texas se ha ocupado de conservar el texto en su web http://bit.ly/2nf6psw, donde revisé que concluía: "Cuando una sociedad es contaminada por la violencia sucumben también a ella sus representaciones o símbolos culturales que pueden tanto ser agentes del mundo artístico como medios de transmisión de contenidos culturales. La experiencia chilena demuestra que es una buena política el desarrollar una operación inversa, esto es, recuperar espacios violentizados, por uso (ex cárceles) o abandono (ex estaciones), para transformarlos en espacios públicos culturales y también actuar desde el mundo público para lograr espacios de interés cultural en medios de socialización relevantes, como la TV que acoge una fuerte carga de violencia en sus contenidos".

Más vívido tengo el recuerdo -quizás debido a recientes maniobras para impedir un viaje a Garzón a Chile- de lo que ocurrió esa noche, cuando los organizadores invitaron a los ponentes a una comida en un lugar texano típico. Fueron de la partida, entre otros, Rossana Regullo, de México; Ana María Ochoa, de Colombia; George Yúdice, de NYU, y el anfitrión, Nicolás Shumway.

También Garzón, que llegó, entusiasta, sin corbata, preparado para viajar en la consabida van hacia el lugar de la comida, donde, por tratarse de un condado muy religioso, estaba prohibido vender alcohol.

- No se preocupen, aclaró Nicolás, una cosa es que no se pueda vender y otra, muy distinta que no se pueda beber, señalando sendos enfriadores que, como vimos después, rebosaban de cervezas y otros bebestibles convenientemente refrigerados.

Una estratégica locación en la van, que soportó una estremecedora tormenta eléctrica durante parte del trayecto, me permitió conocer al Baltasar que, antes de dedicarse al mundo del Derecho, fue un prometedor arquero. Jugó en juveniles y estuvo a punto de decantarse por un futuro más deportivo, si su padre no le hubiera presionado para que tuviera una carrera y ha continuado cultivando su afición por el fútbol a través de su equipo favorito, el Barça.

Cuando llegó el momento de narrar algo desde mi asiento, le describí que en Chile existía, luego de su gestión londinense, una revista llamada The Clinic que, en sus comienzos, fuera considerada una humorada gráfica más de mi creativo amigo Guillermo Tejeda. No tenía idea y rió de buena gana. Al regresar informé del hecho a los responsables de la publicación para que enviaran a Garzón algunos ejemplares a la dirección que aparecía en la tarjeta que me entregó. Nunca supe si así había ocurrido.

Lo que más celebró fue la información que un conjunto musical vinculado entonces a la escuela de sicología de la Universidad Central, donde estudiaba una de mis hijas, languidecía sin mayor trascendencia bajo el nombre "políticamente correcto" de Los Mambises -los guerrilleros independentistas cubanos y filipinos del siglo XIX- en su honor había cambiado de nombre por Los Baltasar Garzón, alcanzando un éxito insospechado.

Al llegar, nos acomodamos en mesas tan rústicas como acogedoras. Luego de dar cuenta de diversas formas de chili con carne, otros platos locales y parte del contenido de los enfriadores -acabar con ellos era misión imposible por su magnitud- vino el conjunto musical texano y ... el baile.

Muy pronto me vi en la pista mientras en las cercanías, Garzón hacia, como yo, ímprobos esfuerzos por dominar esos saltitos como de película muda que caracterizan a la danza tex-mex.

Así, Texas dejó de ser solo el estado de la bandera parecida a la chilena, donde una torre petrolera es monumento público, escoltado por una voz misteriosa, grabada, que se activa cuando algún solitario turista se aproxima y le relata la historia del petróleo en esas tierras.

Austin fue el lugar donde Baltasar y yo demostramos, que, cada uno en lo suyo, es mucho mejor que bailarín.

20 marzo 2017

AQUELLA ÉPOCA DEL DIARIO LA ÉPOCA


Director y Editores fundadores. Foto Cambio21.

Los ciclos, inevitablemente se cumplen y los 30 años se parecen mucho a una generación. Si 20 "no son nada", como dice el tango, 30 ya permiten ser o hacer algo: "En la vida sólo se puede hacer una Época", confesó el segundo de sus directores, Ascanio Cavallo, en la cena bailable con que los trabajadores del periódico celebraron las tres décadas desde su primera edición, el 18 de marzo de 1987.


El tercero de sus directores, el actual Ministro del Interior, Mario Fernández, recordó en la ocasión el inevitable conflicto entre la política y el periodismo, planteado en la determinación que debió tomar cierto día, en que competían por la portada dos fotografías: una del Presidente Frei Ruiz Tagle firmando un importante acuerdo de libre comercio con los Presidentes de la la Unión Europea, otra -exclusiva del diario- de un Carabinero de civil infiltrado en una manifestación, esgrimiendo su revolver, con el Palacio de La Moneda de fondo. La lección, según Fernández le ha sido de gran utilidad en su posterior vida política. Por cierto, los editores optaron por el golpe periodístico. 

Probablemente, considerando el compromiso inicial planteado por el primer Director, Emilio Filippi, "a hacer un periodismo independiente, profesional y objetivo. Hacer un periodismo que quiere decir toda la verdad. Un periodismo serio y abierto para todos. Nuestro compromiso es defender su derecho a la noticia".

La cita presidió la celebración del 18 de marzo de 2017 en el Club Deportivo Juan Ramsay, ubicado en el 340 de la calle San Camilo (30 años antes), la hoy simbólica calle fray Camilo Henríquez, el cura periodista, fundador de La Aurora de Chile.

La última edición se publicó el día 24.7.1998. Fernando Molina, socio y Presidente del Directorio de la empresa editora por varios años, recordó que "fueron 11 años de lucha. La colección completa fue posible adquirirla cuando ocurrió el remate de los bienes de La Época por quiebra y se donó a la Biblioteca Nacional donde esta conservado físicamente y también en microfichas".

El diario cubrió con gran profesionalismo los años postreros de la dictadura y los primeros años de la democracia. Sin embargo, desde sus inicios adoleció de dificultades financieras, tanto por la imposibilidad de allegar la totalidad de los recursos que el proyecto requería, como por el verdadero boicot publicitario que sufrió por parte de los grandes avisadores.

Sin embargo, el trabajo de periodistas, fotógrafos, diseñadores y otros técnicos y profesionales fue muchas veces heroico y pudo esgrimir logros notables -recordó Cavallo- como la mejor sección internacional de que tenga recuerdo -editada por Leonardo Cáceres-; un equipo de fotógrafos de primer nivel -llegaron a pasar cerca de un centenar de ellos por La Época, bajo la dirección de Miguel Ángel Larrea-; ediciones especiales de gran calidad y envergadura como aquella del plebiscito del 5 de octubre -la portada del día 6 fue un símbolo esgrimido por las calles por los danzarines transeúntes-; un suplemento de Literatura y Libros, el primero en su género, adelantándose a Libros de El Mercurio -del que recordó especialmente a los fallecidos Mariano Aguirre, Alfonso Calderón y Carlos Olivaréz.

La Época publicaba un suplemento dominical de imperdible actualidad política y entrevistas exclusivas. Material que sin duda tributaba al silencioso trabajo de tres de sus editores: Oscar Sepúlveda, Manuel Salazar y el propio Cavallo que restaban horas al descanso para escribir el libro "La historia oculta del régimen militar", 900 páginas de consulta ineludible sobre el período, que fuera continuado por el propio Cavallo en "La historia oculta de la transición".

La celebración, con baile, tazones y posavasos conmemorativos y mucha energía, fue organizada por Julio Palacios -que recordó las dificultades tecnológicas y humanas de la producción del periódico- la periodista Mirna Concha y el reportero gráfico y profesor Miguel Ángel Larrea y no estuvo exenta de recuerdos amargos como cuando la sección deportes dio por perdedora a la UC en un partido que había ganado merecidamente o cuando -sistemáticamente- la sección de servicios erraba el dígito de la patente que debía restringirse y que solía reunir decenas de acalorados conductores en la sala de redacción, esgrimiendo sendos partes por violación de la restricción automotriz.

Avatares de dulce y agráz de un diario que, a no dudarlo, cumplió una formidable misión en la recuperación democrática y que muchos extrañan, siendo, probablemente, el último medio en el que rompieron lanzas quienes creían que los medios deben ser vinculados a un partido político -como antaño lo aseguraba nuestra Constitución- o debían ser completamente independiente de aquellos. 

Un debate que parece no haberse cerrado.

13 marzo 2017

REVISANDO LA HISTORIA Y MIRANDO LOS PARES


Entre una sesión y otra de estudio en particular, en el Senado, de la Ley que crea el Ministerio de las Culturas, el CNCA se dio tiempo para poner la iniciativa legal en contexto. Diacrónico y sincrónico. En lo primero, se recurrió a los tres hitos de la breve historia de la institucionalidad cultural que siguieron a la dictadura militar: los cabildos culturales, la creación del Consejo y la propuesta de Ministerio. Actuaron como ponentes, respectivamente Claudio Di Girolamo, Agustín Squella y Ernesto Ottone. En lo simultáneo, se recurrió a expositores de América Latina -Brasil, Argentina, México, Colombia, Paraguay y Uruguay- mientras de Europa se miró solo hacia Francia y Alemania. 


En lo local, se dio cabida además a experiencias puntuales como la Conchalí Big Band, la Consulta Indígena, la gestión patrimonial de DIBAM, el Museo de la Solidaridad, la experiencia vivida por la anterior administración comunal de Providencia y las migraciones.

Fue un esfuerzo ordenador del Departamento de Estudios del CNCA que cumplió el objetivo de reunir expresiones, muchas sabidas, que de alguna manera tributan -o debieran hacerlo- al proyecto que ocupa a la Comisión de Educacion y Cultura del Senado chileno.

Di Girolamo, con su habitual encanto, medio expuso y medio presentó audiovisuales relacionados al trabajo participativo de los llamados cabildos culturales que, hasta 2003 y por casi 7 siete años, animaron al mundo de la cultura y sembraron fundaciones para una institucionalidad participativa como el CNCA. Habría sido incomprensible que luego de tales manifestaciones se encapsulara a las artes en un ministerio.

Agustín Squella, con su habitual talante de profesor y filósofo, mostró, una vez más, las bases conceptuales que dieron solidez al Consejo establecido desde 2004. Luego, el  Ministro Ottone, en un tono coloquial detalló lo difícil que resulta instalar un Ministerio, no sólo por el proceloso escenario político, sino por lo complejo que es conservar las condiciones vinculantes de las políticas que determina el actual Directorio del CNCA. Confesó que nada habría sido posible sin los procesos encabezados por sus antecesores en el uso de la palabra y tantos otros que, desde 1990, bregan por una institucionalidad cultural en Chile. Incluso, fue más allá y recordó la tradicional frase de José Balmes que, durante el segundo gobierno del general Carlos Ibañez, estaba seguro que entonces era el momento para dicho organismo.

Optimista, Ottone confidenció que, gracias a la triunfal experiencia del CNCA, se instalarán instancias participativas en todos los ministerios, aunque "todavía no vinculantes". Esta sola cuestión mas que justificaría la existencia del Consejo y los esfuerzos por conservar tal condición en la nueva estructura.


El conferencias alemán, Christian Esch recordó  que "en Alemania no existe sistema nacional de Cultura, sino que cada estado federal tiene su sistema" mientras el francés Bertrand Legendre reiteró que en su país "el gobierno central legisla en cultura y los gobiernos locales ejecutan". Dos aspectos a considerar.


En lo nacional, José Ancán, del departamento de Pueblos Indígenas del CNCA, puso en la mesa la antigua desconfianza de los pueblos originarios en las legislaciones pues han visto tanto avances como retrocesos legislativos en muchos años. Sin embargo, reconoció la relevancia que tuvo la Consulta Indígena reciente, en la que se volcó "el CNCA completo, con todos sus funcionarios" y que acaba de verse publicada, en un texto consolidado de todos sus alcances, en un libro.


El ponente del Uruguay, Sergio Mautone, informó que desde 1876, su país tiene una educación "gratuita, laica y obligatoria", causando una enorme envidia entre los participantes. No obstante, su descripción de la situación actual provocó algunas dudas respecto de la baja incorporación del patrimonio y los pueblos originarios en el trabajo habitual.


También recurrió a la historial el solvente expositor mexicano, Eduardo Nivón, que mostró cómo el despliegue de los ejércitos populares de la revolución Mexicana desde el norte al sur, permitió a millares de campesinos que los integraban, conocer las diferentes culturas del país, en lo que se basa probablemente el fuerte respeto que los mexicanos de diversos lugares tienen por sus manifestaciones culturales.

Germán Rey, de Colombia, junto con deslizar una serie de buenos consejos realizó un verdadero panegírico de las políticas culturales y su relevancia, señalando que más que de gobiernos o de Estado, son capital simbólico de una nación.


Con ese reforzamiento de la relevancia que tienen instancias de debate como ésta, los asistentes no lograron dimensionar en toda su magnitud el lamentable final que tuvo el trabajo patrimonial barrial de la Municipalidad de Providencia durante la alcaldía de Josefa Errázuriz, que alcanzó niveles notables según expuso Marisol Saborido, una de sus responsables. 

Con ello, quedó en evidencia lo inconveniente que es aplicar políticas culturales -por buenas que estas sean- sujetas a los vaivenes electorales y por ende a los cambios de la autoridad política.

Nos fuimos del seminario con la convicción de que, en el exterior o en Chile, en la actualidad o en el pasado, una política cultural debe ser estable y para que ello ocurra, las instancias participativas bien consolidadas en corporaciones o fundaciones, son indispensables.

No es un mal resultado.

03 febrero 2017

POR UN CONSEJO NACIONAL REPRESENTATIVO



Esta presentación ante la Comisión de Educación y Cultura del Senado, el 14 de noviembre de 2016, por invitación de su Presidente, senador Ignacio Walker, recoge básicamente la inquietud por la composición y características que tendría el Consejo Nacional de la Cultura en el proyecto de ley que crea el Ministerio de Cultura. Es interesante atenderla luego de que se presentaran, por parte de la Presidenta de la República y Senadores, el 25 de enero de 2017, las indicaciones al proyecto, varias de las cuales recogen estas observaciones.


Señor Presidente,

En primer término, agradezco la invitación a esta instancia.

Quisiera detenerme en dos aspectos del proyecto en debate. El primero es la composición del Consejo Nacional, Artículo 16.

Este, respecto de lo existente, crece en número pero disminuye en dignidad. Se elimina la designación de las personas representativas de las artes, el patrimonio y la gestión, por parte del Presidente de la República. Y se elimina, como consecuencia, que es más grave, su condición de inamovibles. Estimo necesario reponer ambos aspectos, junto con mantener la designación por el Senado de dos de estas personas representativas e inamovibles.

Se elimina también, en el caso de los académicos, la posibilidad de que provengan del ámbito de la gestión cultural, debe reponerse en el número 8.

Las personas que se agregan lo hacen con carácter de representantes (de pueblos indígenas, inmigrantes y organizaciones ciudadanas) lo que contraviene el espíritu de ser representativos de ellas, como los miembros actuales, con el fin de evitar la presencia de intereses corporativos. Se propone modificar la palabra representantes por representativos.

Se agrega además una persona con destacada experiencia en gestión cultural, nombrado por el Ministro a propuesta de las organizaciones de funcionarios. Por su carácter de dependencia y de representar intereses gremiales y corporativos que contradicen el espíritu del Consejo, debería tener solo derecho a voz y no a voto en el Consejo.

Respecto del número, que parece excesivo, éste se puede reducir, volviendo la cantidad de representativos de las artes y el patrimonio de siete a los cinco actuales, dejando en uno los representativos de indígenas y de organizaciones ciudadanas, de este modo los integrantes de la sociedad civil con derecho a voto serían once más los funcionarios representantes de los ministros (2 si se elimina el de Economía) y el Ministro presidente, 14. El representante de los funcionarios sería el número 15, pero solo con derecho a voz. Un número bastante más eficiente y parecido al actual.


El segundo aspecto son las atribuciones de dicho consejo.

El proyecto elimina la capacidad del Consejo Nacional de la Cultura actual de definir los componentes y las líneas de acción y designar los jurados en los fondos de las artes y el patrimonio. Se debe reponer esa atribución. Es absurdo que un órgano capaz de designar jurados para los premios nacionales, no tenga la capacidad de designar los jurados del Fondart y el Fondo del Patrimonio. Debe agregarse además la designación de los galardonados con la orden al mérito cultural Pablo Neruda.

En consecuencia, propongo, señor Presidente la redacción siguiente:

ARTÍCULO 16

4. Cuatro personas representativas de las artes que tengan una reconocida vinculación y una destacada trayectoria en distintas actividades vinculadas al quehacer de la creación artística, industrias culturales, educación artística, artes visuales, artes escénicas, literatura, música, artes audiovisuales, diseño, arquitectura y gestión cultural, designadas por el Presidente de la Republica ​a propuesta de las organizaciones que agrupan a artistas, cultores y gestores, que posean personalidad jurídica vigente. Una de ellas con aprobación del Senado. ​Al menos dos de estos integrantes deberán provenir de una región distinta a la región Metropolitana.

5. Tres personas representativas de las culturas tradicionales y el patrimonio cultural que tengan una reconocida vinculación y una destacada trayectoria en estos ámbitos, como cultores, investigadores, especialistas y gestores culturales, designadas por el P​residente de la Republica ​a propuesta de las organizaciones patrimoniales del país, que posean personalidad jurídica vigente. ​Una de ellas con aprobación del Senado. A​ l menos dos de estos integrantes deberán provenir de una región distinta a la Metropolitana.

7. Dos ​personas representativas​ de los pueblos indígenas, con destacada trayectoria en los ámbitos de las artes, las culturas o del patrimonio, designados por el Ministro a propuesta de asociaciones y comunidades indígenas constituidas según la legislación vigente.

8. Dos académicos vinculados a los ámbitos de las artes, el patrimonio, y​ la gestión cultural respectivamente, designados por las instituciones de educación superior reconocidas por el Estado y acreditadas por un período de a lo menos cuatro años. Al menos uno de ellos deberá ser de una región distinta de la Metropolitana.

9. Una persona representativa ​de las comunidades de inmigrantes residentes en el país con destacada trayectoria en los ámbitos de las artes, las culturas o el patrimonio, designado por el Ministro a propuesta de las entidades que los agrupen, que posean personalidad jurídica vigente.

10. Un galardonado con el Premio Nacional d​el área de las artes y la literatura, elegido por quienes hayan recibido esa distinción.

11. Dos ​personas representativas ​de organizaciones ciudadanas cuyos objetos sociales estén relacionados directamente con el ámbito de la cultura o el patrimonio cultural, y que tengan personalidad jurídica vigente, elegidos por dichas organizaciones. Uno de estos integrantes deberá provenir de una región distinta de la Metropolitana.

12. Una persona con destacada experiencia en gestión cultural pública designada por el Ministro, a propuesta, de común acuerdo, por la o las asociaciones nacionales de funcionarios del Ministerio y la o las asociaciones nacionales de funcionarios del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, constituidas de conformidad a la ley No 19.296, que Establece Normas Sobre Asociaciones, e​sta persona solo tendrá derecho a voz en las sesiones.


ARTÍCULO 17

5. Definir ​los componentes o líneas de acción anual del Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes creado en la ley N° 19.891, y del Fondo del Patrimonio Cultural creado en esta ley.

6. Entregar su opinión al Ministro para la definición de las manifestaciones culturales patrimoniales que el Estado de Chile postulará para ser incorporadas a la Lista Representativa de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO; y sobre las declaratorias de reconocimiento oficial a expresiones y manifestaciones representativas del patrimonio inmaterial del país, y a las personas y comunidades que son Tesoros Humanos Vivos, de conformidad a lo dispuesto en el numeral 26) del artículo 3° de esta ley.
7. ​Designar (y comunicar a​l Subsecretario) a las personas que deban intervenir en la selección y adjudicación de recursos a proyectos que concursen al Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, en los concursos de carácter nacional, quienes deberán contar con una destacada trayectoria en la contribución a la cultura nacional.

8. ​Designar (y comunicar a​l Director del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural) a las personas que deban intervenir en la selección y adjudicación de recursos a proyectos que concursen al Fondo del Patrimonio Cultural de que trata la presente ley, en los concursos de carácter nacional, quienes deberán contar con una destacada trayectoria en la contribución al patrimonio nacional.

9. Designar a los jurados que deberán intervenir en el otorgamiento de los Premios Nacionales de Artes Plásticas, de Literatura, de Artes Musicales, y de Artes de la Representación y Audiovisuales de conformidad a la ley N°19.169, sobre Premios Nacionales.

10. Designar a quienes deban recibir la Orden al Mérito Artístico y Cultural Pablo Neruda.

11​. Proponer fundadamente al Ministro la adquisición para el Fisco de bienes de interés cultural y patrimonial, escuchando previamente al respectivo Consejo Regional de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

12. Desempeñar las demás funciones y atribuciones que le encomiende la ley. 

Muchas gracias, señor Presidente.