21 julio 2016

103 AÑOS VIAJANDO A LA VELOCIDAD DEL BIT

Encuentro Americanosfera, gestión cultural sin fronteras gracias a la colaboración digital

Comenzaré esta reflexión a que nos ha invitado Casa América, sobre el romance entre la vieja estación Mapocho y el mundo digital, mencionando que -en un seminario con que el Colegio de Periodistas de Chile celebraba sus 60 años- me sorprendió un ponente que igualó los derechos a participar en la vida cultural (art 27 de la Declaración Universal de los DDHH) con el de acceso a internet.  Es que hoy son bastante equivalentes a pesar de su muy diferente origen. Uno discutido por las naciones que buscaban superar los autoritarismos que llevaron a la 2GM, otro surgido de las calles, probablemente sin estar escrito en Constitución alguna. Es que hoy, no hay tiempo para discutir ni escribir los derechos, simplemente se ejercen.


LA PREHISTORIA. El impetuoso río Mapocho nace en el cerro El Plomo de la cordillera de los Andes y desemboca en el río Maipo como principal tributario. Los incas en el Collasuyo hicieron una intrincada red de canales de regadío a partir de él.

Llegado Pedro de Valdivia en diciembre de 1540 proveniente de Perú, vio en el extenso valle dominado por el río las condiciones ideales para fundar su primer asentamiento español. Le habían recomendado la fundación del poblado en una pequeña isla ubicada entre dos brazos del río junto a un pequeño cerro denominado como Huelén. Investigaciones arqueológicas recientes han desvirtuado esta teoría, y presentando hechos acerca de una ciudad inca presente en las riberas del Mapocho previo a la llegada española sobre la que fundaron la ciudad de Santiago. En enero de 1541 se libra la batalla del río Mapocho entre españoles y picunches liderados por el cacique Michimalonco, la que finaliza con victoria hispana.

En la Colonia, el Mapocho tenía un brazo (cauce minoritario) que se separaba y penetraba a partir de la actual Plaza Italia hacia el sur por lo que se conocía como avenida La Cañada y hoy se conoce como avenida Bernardo O´Higgins (Alameda de las Delicias) para ir a juntarse con el cauce principal mucho más allá del sector de Plaza de la Constitución, dejando una lengua de tierra en lo que hoy ocupa el plano principal del centro de Santiago. Este cauce sur lateral fue suprimido y su caja aluvial rellenada para dar paso primeramente a la avenida La Cañada y luego la llamada Alameda de las Delicias en el siglo XIX, para posteriormente ser renombrada avenida Bernardo O´Higgins. De todas maneras, hay varios autores que señalan que tal brazo nunca habría sido un brazo del río Mapocho propiamente tal, sino solo un lecho seco que se inundaba cuando el Mapocho desborda su cauce natural.

El primer puente santiaguino que se conoció fue el llamado «puente de Palos», que unía la calle Puente con el sector de La Chimba, cuyo uso se extendió por casi 150 años hasta el siglo XVII. Posteriormente, se inició la construcción de una segunda vía sobre el río. El puente de Calicanto fue construido entre 1767 y 1779 sobre el río Mapocho, obra del corregidor Luis Manuel de Zañartu. En 1773, bajo el régimen del mismo Zañartu, y debido a las fuertes inundaciones que este río experimenta en invierno, se decidió proteger la ciudad mediante la construcción de tajamares, que se transformaron en un paseo de la clase criolla.

En 1888, durante la administración del presidente José Manuel Balmaceda y gracias a las ganancias fiscales que otorgaba el salitre, comenzaron las obras de la primera canalización del río con cerca de 40 metros de ancho, 5 de profundidad y dos kilómetros, que finalizaron en 1891. Esto permitió encauzar las crecidas del torrente durante la época invernal y una mejor conectividad entre los sectores norte y centro de la capital, ya que también comenzaron a construirse puentes de acero sin pilares aún en uso, que reemplazaron a los viejos de madera y al de Calicanto. Se rellenaron los lados restantes de la cuenca original, lo que luego permitió la construcción de la Estación Mapocho y el Parque Forestal.


LA EDIFICACIÓN DE LA ESTACIÓN MAPOCHO (1900/1913). La celebración del Centenario de la Independencia, luego de un siglo de guerras, quiso recordarse con dos grandes construcciones. A ambos extremos del Parque: la estación y el Museo Nacional de Bellas Artes. La edificación debió suspenderse debido al terremoto de Valparaíso de 1906, que distrajo recursos públicos Por ello, la inauguración quedó postergada para 1912 según algunos autores, 2013, según otros, año uno de este viaje a la velocidad del bit.

El hecho fue que se convirtió en la primera estación de la red ferroviaria chilena, entre Valparaíso, primer puerto, y Santiago, la capital. Fue la puerta de entrada de los extranjeros que llegaban en vapor desde Valparaíso y transbordaban en la estación Puerto o que llegaban en tren desde Mendoza, La Paz o Iquique cuyos pasajeros debían transbordar en Llay Llay o La Calera.

La dictadura (septiembre 1973/1989), permitió el deterioro de los ferrocarriles hasta el extremo de que -por falta de mantención y conexiones telegráficas- dos convoyes chocan, en 1986.

En diciembre de 1976, en virtud del decreto número 1.290, la Estación Mapocho fue declarada Monumento Histórico, pero lamentablemente, en 1986 dos automotores chocaron de frente en la zona de Queronque (Entre Limache y Peñablanca) provocando la suspensión temporal de los servicios directos entre la Estación Mapocho y el Puerto de Valparaíso. Hubo 58 muertos y 510 heridos.


EL ABANDONO (1987/1990). La estación se cerró y su terreno, con edificios ruinosos, fue traspasado por el empresa de ferrocarriles a la CORFO, en pago de deudas. Vino el deterioro y los rumores de que sería vendida a privados para bodega de cervezas.

Mientras tanto, en el frontis del MAC, en el Parque Forestal se desarrolla, desde 1980, anualmente la Feria del Libro de Santiago. La muestra era afectada por lluvias de primavera, alergias provocadas por los plátanos orientales, polvaredas, asedio de artesanos que rodeaban la feria, complicando el acceso, falta de servicio higiénicos… La abandonada estación aparecía como un sueño para editores escritores y lectores. El cambio de régimen político, inevitable luego del plebiscito del 5 de octubre de 1998, fue un incentivo para imaginar una nueva sede para la feria.


REMODELACIÓN Y MARCHA BLANCA (1990/1994). Los organizadores de la feria deciden probar con una versión en la estación abandonada, en octubre de 1989, un año después del plebiscito y un mes antes de las elecciones presidenciales, las primeras post dictadura. La feria fue marco de debates sobre los programas culturales en juego y lugar de propuestas de convertir la estación en centro cultural, con los nuevos tiempos. La idea fue acogida y se convirtió en símbolo de la nueva etapa, así como la estación y el MNBA lo habían sido del centenario.

El nuevo Alcalde, inició su mandato con la convocatoria a un concurso de arquitectura, buscando un proyecto que pudiera realizarse en los 4 años de gobierno. Al mismo tiempo se iniciaron trámites para que el estado adquiriera a CORFO el edificio y se fundó una corporación cultural de derecho privado y sin fines de lucro para que administrar el futuro centro cultural. Además, se le pidió a los gestores que no detuvieran sus actividades durante la remodelación -que sería por etapas- y que aspiraran al autofinanciamiento de la operación. El entusiasmo del retorno a la democracia hizo que ello se lograra con creces.


GESTIÓN PRE REDES SOCIALES (1995/1998). Los primeros años, podría decirse a ciegas, recurrimos a instrumentos sociológicos para conocer a nuestro público real y futuro. Nace el Observatorio del Público (1995) a partir de una Encuesta de Intereses Culturales hecha por ADIMARK, y cofinanciado con el municipio y TVN.

Con ello, nos dimos cuenta que a muy poco andar éramos uno de los tres edificios culturales más visitados y prestigiados de la ciudad, junto al Bellas Artes y el Teatro Municipal. Continuamos entonces conociendo a los visitantes mediante encuestas periódicas tanto de satisfacción del público como de los usuarios que arrendaban el espacio.

Con motivo de la expo Cumbre de la Américas, experimentamos el primer acercamiento con medios electrónicos, para franjear visitas: ofrecimos a una empresa de tickets que recién llegaba al país, distribuir entradas gratuitas por franjas horarias, lo que permitió optimizar las visitas masivas a una muestra que por sus características no se podía prolongar mucho más de la Cumbre Presidencial que la motivaba.

El mismo 1998, experimentamos con una primera página web, en la que subíamos las actividades y las Diez Cifras, nacidas del observatorio del público.


BALBUCEOS EN REDES SOCIALES (1999/2006). Definimos en esta etapa, un plan de comunicaciones mixtas que combinaba nuestro principal fortaleza a la fecha: el frontis, con la página web, uso -en ambas- del logotipo que sugería actividades culturales diferenciadas de las comerciales, que nos permitían el autofinanciamiento, y algunos webflyer, películas en youtube, memoria anual, publicaciones en facebook, frases en twitter y uso de bluetooth para algunas actividades.

Fue una etapa de búsqueda sin mucha conciencia de las particularidades de cada medio. Lo que sí estaba claro que no teníamos ni tendríamos impresos como revistas, periódicos o boletines en papel y que estábamos migrando hacia un futuro incierto pero desafiante.

En 2006 se produjo una oportunidad excepcional: una beca del DRCLAS de la Universidad de Harvard al Director Ejecutivo, que le permitió seis meses de reflexión y trabajo en la elaboración de un libro sobre el modelo chileno de desarrollo cultural del que éramos actores no secundarios.


DE LLENO EN LAS REDES (2007/2016). El regreso a Chile fue lleno de ideas y planes. Se terminó y publicó el libro pero quedó la idea de seguir reflexionando sobre los temas que lo ocuparon y que se extendieron hasta 2006. Nada mejor entonces, debido la necesidad de compatibilizar reflexión y acción, que un blog.

Desde entonces, comenzó un diálogo entre los instrumentos del centro cultural estación mapocho y los personales (blogs, twitter, correos), que fue potenciando, tanto la divulgación de las actividades del centro como las reflexiones de su director.

Surgió entonces la necesidad de elaborar una nueva web y de expandir nuestra experiencia -que pensábamos rica- hacia el exterior del centro y del país. El VI Premio Reina Sofía de Patrimonio Cultural 2009, vino como anillo al dedo. La presentación, haciendo uso de tecnologías de vanguardia y las destrezas de nuestros periodista, fotógrafo y camarógrafo combinadas con un discurso de agradecimiento construido de retazos de frases de los visitantes estampadas en nuestro libro de comentarios del público, que descansa desde tiempos inmemoriales en el hall de acceso. No eran frases mayores que un tuiter que, bien hilvanados, pudieron dar cuenta de cómo nos veían nuestros visitantes.

Luego del Premio, vinieron invitaciones a exponer nuestra experiencia de gestión privada en un espacio patrimonial público y autofinanciada.

La alta demanda nos llevó a dar un par de conferencias por streaming (para Sao Paulo y el Círculo de la Artes de Madrid) otras por vídeo conferencia, y entrevistas en páginas web de gestión cultural.

Las redes sociales ya eran forma y contenido de nuestro quehacer. Tal como lo era nuestro espacio patrimonial, monumento y sede a la vez de actividades culturales y artísticas.

Así fue como nos convertimos en Estudio de Caso, según la metodología de Harvard, para la escuela de Alta Gestión Pública en Cultura de Goberna, curso que se imparte de modo presencial y virtual en diversos países del continente.

Sin embargo, este boom virtual no puede hacernos olvidar que estamos ubicados y somos responsables ante la ciudadanía de Chile, de una infraestructura cultural que recibe, acoge y proyecta nuestra historia. Por ello, junto con esmerarnos en comunicar nuestro presente en 140 caracteres tenemos muy presente dejar testimonio férreo y estético de la historia que cotidianamente pasa ante nuestros ojos. Ello se refleja en sendas placas conmemorativas no sólo de los grandes creadores que dan su nombre a nuestra veintena de salas sino también de sucesos relevantes acontecidos en nuestros espacios, como las semanales reuniones de diputados y gestores que edificaron la obra gruesa del proyecto de CNCA, en 1996, o los ascensores que marcaron la realización de la Cumbre Mundial de las Artes y la Cultura, en 2014.


Luego de este curso, en el que hemos conocido nuevas formas de enlazar cultura y redes sociales, patrimonio y tecnología, autofinanciamiento y medios electrónicos… volveremos a reflexionar sobre lo hecho y a descubrir nuevas ideas, que devendrán en proyectos y éstos en realidades que sin duda van a mejorar nuestra gestión en adelante.

Muchas gracias por ello.

14 julio 2016

NERUDA, ZURITA Y LOS PREMIOS NACIONALES


Rotundo, Raúl Zurita comenzó el discurso de agradecimiento del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2016, con dos certeros disparos: Chile fue poema mucho antes de ser país -recordando a Alonso de Ercilla y La Araucana- y reconoció a Neruda como el mejor poeta de habla hispana de la historia de las letras en nuestro idioma. Se dio tiempo también para reflexionar sobre Chile como un país violento que convirtió estadios y barcos en centros de detención -violencia que sería aún mayor si no existieran sus creadores y sus poetas- y cómo salió de la inmensa humillación que significó su propia tortura ofreciendo la otra mejilla, que quemó brutalmente en la soledad de un baño.


Recordó además que la belleza sólo puede surgir de los desposeídos, los enfermos -padece de párkinson- y nos reprochó que pasamos de ser un país que se medía por el nivel de cuán mal están los que están mal, para pasar a medirse con el "cuan bien están los que están bien".

“Me siento muy contento. Me siento honrado y nos queda pendiente el más grande poema: hacer de la vida algo bello. Yo creo que hay una generación de poetas jóvenes que están emergiendo y que es absolutamente notable. La poesía es la voz más profunda del pueblo de Chile. Puede desconocerse, puede no leerse pero ahí está en lista lo que somos, nuestros sueños, nuestras esperanzas, los temores, nuestras dudas, nuestros fracasos, nuestras aspiraciones. Todos con la poesía chilena. Espero que, si existe Dios, tenga la bondad de permitirme escribir un par de poemas hermosos, porque si no lo hago, me sentiría el peor de los hombres”.

Sería necesario reproducir cada una de sus frases de una pieza literaria de una emotividad cada vez más escasa. Confío en que será reproducida hasta la saciedad, en beneficio de una sociedad que lo necesita, y mucho.

Buen comienzo que los muros del Salón Montt Varas de La Moneda fueran testigos de las invocaciones de la poesía, en una mañana invernal de sol radiante y cielos despejados; positivo que este Premio Iberoamericano creado muy recientemente, en 2004, se entregue en la casa de gobierno y que el discurso de proclamación lo haga la Presidenta de la Republica. 

Provoca esperanza que la "casa donde tanto se sufre" -nunca tan cierto- se de el tiempo y el espacio para recibir de pié y con un aplauso al galardonado, entrando solo a un salón colmado de poetas y de cámaras. Y que éste culmine su intervención con una ovación aún más estruendosa.

Este Premio internacional, creado por acuerdo entre el CNCA y la Fundación Pablo Neruda, fue uno de los primeros logros del flamante Consejo Nacional de la Cultura, estrenado en enero del mismo año 2004. Ha favorecido antes de Zurita a José Emilio Pacheco (México); Juan Gelman (Argentina); Carlos Germán Belli (Perú); Fina García-Marruz (Cuba); Carmen Berenguer (Chile); Ernesto Cardenal (Nicaragua); Antonio Cisneros (Perú); Óscar Hahn (Chile); Nicanor Parra (Chile); José Kozer (Cuba); Reina María Rodríguez (Cuba), y Augusto de Campos (Brasil). 

Su prestigio da méritos a nuestra institucionalidad cultural para aspirar, en el proyecto de ley que se vota en la Sala de la Cámara de Diputados el martes 19 de julio, a integrar los jurados de los premios nacionales vinculados a las artes, una meta que data desde las primeras sesiones del Directorio Nacional del Consejo.

Y que se pone en el tapete una vez más cuando ha comenzado en la prensa y las redes sociales un peligroso desfile de poetas, más que de sus obras, de cara al próximo Premio Nacional de Literatura que debiera, según la tradición no escrita, recaer en un o una poeta.

Esta incomprensible exhibición de creadores, más por sus características de género, raza o respaldos no aporta a la poesía ni a su lectura, sino a banalizar también este arte que nos ha otorgado como país las más grandes satisfacciones internacionales.

Es de esperar que el Jurado haga caso omiso de tales campañas, las considere como quién oye llover, y nos pueda sorprender con un veredicto impecable, que agregue un nombre más a la ya nutrida lista de escritores notables que, como Zurita, cada tanto nos hacen reflexionar sobre lo bueno y lo malo de nuestras pobres vidas errantes.

11 julio 2016

VÍCTOR JARA NO MURIÓ, SOLO FUE ACRIBILLADO



Muchos años después de su muerte -43- cuando la sociedad chilena se continúa horrorizando por lo acontecido y enterándose del inicio de los juicios a sus victimarios, Luchín, una pegajosa canción de Víctor Jara, interpretada por los segundos violines de la Orquesta Sinfónica Infantil Metropolitana, en la sede de la FOJI, junto al Centro Cultural Estación Mapocho, afirmaba que el cantautor estaba presente, más que en las cuerdas, en el movimiento que ellas simbolizaban.

La escena, un examen de fin de curso, acontecía en la Sala Fernando Rosas de la Fundación, presidida por una fotografía del maestro, apoyada por un modesto catálogo de mano que recordaba los orígenes del movimiento de las orquestas infantiles de la mano del profesor Jorge Peña Hen, también sacrificado por militares que formaron parte de la fatídica Caravana de la muerte.

Lo novedoso era que los acordes no destacaban principalmente la ausencia del compositor y del director de orquesta que imaginara el movimiento musical, sino la potencia de ver, en sede propia, con un sólido marco de familiares, eficientes instructores, solventes instrumentos, respaldo institucional y político de ya seis gobiernos, cómo pequeños y pequeñas de edades de un dígito se iniciaban, entusiastas, como músicos.

Entonces, no estamos hablando de casualidades ni de talentos excepcionales. Sino de políticas culturales estables que, fruto de la perseverancia y preocupación de autoridades sucesivas, van mostrando frutos.

Está el fruto medible de las cantidades de orquestas juveniles e infantiles a lo largo del país; de las becas para instrumentistas; del impacto social que cada uno de estos jóvenes músicos tiene en sus comunidades y familias; de los innumerables conciertos presentados; de los talleres impartidos por ejecutantes y directores orquestales notables -nacionales y extranjeros-; de las donaciones privadas para reforzar el presupuesto público estable y creciente; de los vehículos de la FOJI que recorren el país portando instrumentos, atriles, amplificadores y demases para posibilitar conciertos…

Pero también está el imperceptible -o casi imperceptible- aporte que a todo esto han dejado figuras como Peña Hen, Rosas, Luisa Durán, Isaac Frenkel, José Luis Domínguez, Enrique Iglesias (que financió, en su mandato del BID, la remodelación de la sede que fuera casa de jefe de estación) y tantos otros que no se disuelven en el anonimato, sino en la satisfacción de haber contribuido a una política pública -como todas- construida con esfuerzos colectivos y miradas de largo plazo.

En tiempos en que se discute, por ejemplo, con tan poca mirada de ese plazo necesario, la política pública hacia las artes visuales, es relevante reflexionar sobre lo acontecido en otras artes, buscar quienes deben inspirarla -nunca se parte desde cero-; cuáles son las grandes instituciones que, mal o bien, han encarnado esa política; cuales los espacios que, seguramente con limitaciones, la han acogido; quienes son los principales formadores de las nuevas generaciones de artistas y audiencias, y quienes son las autoridades políticas que la van a encabezar en su vida legislativa primero y administrativa después.

Mala práctica es ignorar la historia, abominar de todo aliado institucional o político, imaginar que todo comienza hoy. Peor actitud es pensar que un descriterio particular y puntual, pone en jaque todo el debate para formular una política, como ocurrió recientemente con una galería pública abierta a todo espectador que se equivocó intentando programar una muestra “para mayores”.

Las políticas culturales vigentes en el país -Consejo Nacional de la Cultura incluido- llevaron mucho tiempo en consolidarse y, antes, en discutirse hasta lograr consensos entre incumbentes e involucrados. Su promulgación tomó a lo menos tres períodos de gobiernos, que dejaron huella. 

Es aconsejable entonces que se mantenga el camino que se recorre para formular la política  de las artes visuales -único exitoso en otras artes, por lo demás- y que no se confunda aportar con una guerrilla de declaraciones en redes sociales y medios de comunicación amantes de las cuñas, con participar en un debate serio, informado y bien conducido.

De lo contrario, los guerrilleros seguirán su camino por el inconducente desfiladero de la intrascendencia. 

Mientras Víctor y los demás continuarán inmortales.

04 julio 2016

EL PASTOR CHUCK HARPER Y LA LUNA DE MIEL



El 25 de mayo de 2016 falleció en el sur de Francia el pastor presbiteriano Charles Harper Jr. El 29 de junio del mismo año, un grupo de sus amigos celebramos en la capilla del Sagrario de la Catedral de Santiago una liturgia para despedirlo. Fue presidida por un Obispo y se escucharon una decena de testimonios sobre su entrega en la defensa de los derechos humanos en Chile, desde su condición de representante del Consejo Mundial de Iglesias. Hubo un relato que no se escuchó en esos sacros muros, el mío. Aquí va.


Fue una gran sorpresa, conocer -hacia 1975- a un pastor protestante, de una entrañable sonrisa y corbata. Algo no calzaba con la imagen habitual del clérigo católico, solemne y cuello redondo. Chuck representaba algo así como -se explicaba- el Vaticano de los evangélicos.

Desde entonces fue un devorador de informes privados e información pública sobre lo que acontecía en Chile. Se asegura que transmitía fielmente todo a sus mandatarios y a los organismos internacionales preocupados por los Derechos Humanos. Sus viajes se fueron haciendo habituales y la cercanía amistosa, inevitable.

Había pasado un tiempo desde que dejé el trabajo en la Vicaría de la Solidaridad para asumir la dirección de revista APSI, un proyecto surgido en ese entorno y financiado en parte por los contribuyentes que Chuck representaba.

Sin embargo, el apoyo que más recordé y agradecí privadamente en la ceremonia catedralicia fue una beca "Consejo Mundial de Iglesias" que me permitió -en noviembre de 1979- viajar a Roma a estudiar sobre Medios de Comunicación en el Tercer Mundo.

Los beneficiados éramos tres: Baloo un inquieto periodista Indio que viajaba permanentemente; un anónimo combatiente eritreo que se reponía de una herida de bala en la garganta, recibida en los incomprensibles combates que enfrentaban a su guerrilla castrista/guevarista con tropas etíopes armadas y reforzadas por combatientes cubanos y rusos, y el director chileno de APSI.

El eritreo hablaba poco -no sólo por la bala en la garganta- sino por la cautela que aconsejaba extrema prudencia en el único lugar del mundo -PC eurocomunista mediante- que podían usar sus compañeros como retaguardia. Se expresaba mejor con los rifles de aire comprimido con los que batió todos los records de las atracciones navideñas de tiro al blanco, que lo llenaron de ositos de peluche, botellas de champagne y otros trofeos feriales máximos.

Investigamos mucho en el IDOC, un formidable centro de documentación sito en Piazza Navona, creado por los obispos católicos holandeses, naturalmente desconfiados de la curia, para el Concilio Vaticano II. Luego pasó a ser financiado por el Consejo Mundial y administrado por una solidaria pareja de un ex sacerdote y una ex religiosa, socorridos por dos considerables perros pastores alemanes.

Como no eran tiempos de holgura, luego de dos meses de soledad, invité a mi flamante esposa a sumarse a esta maravillosa experiencia romana para disfrutar de la luna de miel postergada precisamente por la aparición de esta beca. Nos juntamos para el año nuevo en París y regresamos a continuar con los estudios mientras compartíamos departamento de una Condesa Húngara exiliada en Roma, prodigiosamente ubicado en Piazza Barberini. 

Era plena época de la Brigadas Rojas y la noble empobrecida gastaba gran parte de sus mermados ingresos -como nuestro arriendo- en trancas para la puerta e ingeniosos seguros para evitar que discaramos el teléfono.

Más allá de su comentario diario que me calificaban como "giovanotto coragioso" por salir a las calles de Roma después de la caída del sol, disfrutamos unos días, un par de meses, maravillosos.

Nunca tuve, ya de regreso a Chile, oportunidad de agradecer a Chuck estos derivados de su beca. Pensé hacerlo en la Catedral, pero reconozco que esos muros solemnes y la presencia del Obispo me inhibieron.

Otra ventaja de las redes sociales es esta: poder decirle a Chuck que la beca fue de gran utilidad para mi trabajo, que conocí gente maravillosa y que fuimos muy felices.

Estoy seguro que lo entenderá sin sorprenderse. ¿O no es para eso que nos puso Dios en el mundo?

01 julio 2016

¿FIN DE LAS INSTITUCIONES DEL POST AUTORITARISMO?



El orden cultural mundial surgido de la post Segunda Guerra Mundial estuvo marcado por la necesidad de superar el autoritarismo que llegó a manipular la cultura convirtiéndola en instrumento propagandístico de los regímenes nazi, fascistas. La terminología internacional de Naciones Unidas llegó a hablar de "vida cultural" en lugar de cultura en sus textos, señalando con ello que más que instituciones que la sustentan y que fueron manipuladas por el autoritarismo, la vida cultural sobrevive a pesar de quienes la persiguen y manipulan a la vez.


En otras palabras, no hay dictadura capaz de erradicar comportamientos culturales de la población a pesar de que se castigue la práctica no oficial, como en la Alemania nazi o el régimen fascista español, o que además se retire todo apoyo económico público a ella, como en el Chile de Pinochet.

El Articulo 27 de la Declaración Universal de DD HH señala: "Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten". De las declaraciones oficiales han pasado más de 70 años y el autoritarismo que las motivó ha dejado paso, al menos en Europa y las Américas, a regímenes culturales respetuosos y estimuladores de las artes. Los casos más emblemáticos son, en Europa, Alemania que reemplazó el sistema fascista autoritario por un modelo liberal y federal en el que son los estados o "lander" quienes determinan las políticas culturales. Y en América, Chile, que estableció un modelo de Consejo de la Cultura semejante a aquellos Art Council nacidos en la misma post guerra, en el Reino Unido.

En los últimos meses, han entrando en cuestión algunas de las las instituciones nacidas entonces debido a que los países tienen orgánicas que no son necesariamente capaces de asumir los nuevos tiempos de inmigraciones masivas, emergencia de los pueblos originarios y universalización de las redes sociales y los medios electrónicos.

Cabe preguntarse por el papel que estos fenómenos nuevos juegan en la vida cultural de hoy.

Desde luego, no es posible acoger a las oleadas de inmigrantes que provienen de Asia, Africa y el medio oriente, sin conocer además su  cultura, sus costumbres, su religión. En la recepción a los refugiados no deben estar ausentes, por ejemplo, las iglesias que los van a acoger, las comunidades similares que ya habitan los países receptores y las escuelas y universidades que enseñan su cultura. Es decir, es una tarea que excede a un Consejo o Ministerio de cultura.

En el caso de los pueblos originarios ocurre otro tanto. Se ha dicho con insistencia que su incorporación a los países con los que comparten territorio, no es sólo un problema de tierras usurpadas sino también de entender, conocer y respetar su cultura ancestral.

En el caso de las artes, los medios electrónicos han hecho lo suyo. La música fue la primera afectada y los conciertos en vivo reemplazan a los soportes físicos como CD, discos o casetes. Conciertos que muchas veces se difunden mayoritariamente por redes sociales.

Incluso se habla de poesía digital, definida por el profesor Luis Correa-Diaz en Revista Aérea como "aquella que nace digitalmente, o sea, en-por-para (ser leída o experimentada) en el computador".

La narrativa y los audiovisuales transitan por caminos semejantes y los museos virtuales son una realidad. La verdad es que los creadores en internet abundan y el financiamiento por esta vía, el crowdfunding, ha venido para quedarse,

¿Cuál es entonces el nuevo rol de las institucionalidades culturales?

¿Cómo podrán asumir sus nuevos desafíos como acoger a refugiados e indígenas y sus vidas culturales; escuchar y procesar lo que proviene de las redes sociales y cómo apoyar la creación on line?

En este escenario parece tener poca relevancia si de dispone de herramientas A o B. Un Consejo o un Ministerio. Lo imprescindible es que estos nuevos protagonistas de la vida cultural estén y se sientan incluidos en ellas.

Parece aproximarse una nueva generación de institucionalidades culturales, ya no sólo respuestas libertarias al autoritarismo, sino de superación de aquellas y que respondan a un mundo que cambia vertiginosamente.

16 junio 2016

¿CÓMO VIENE EL NUEVO MINISTERIO DE CULTURA?





La Comisión de Cultura, Artes y Comunicaciones la Cámara de Diputados, acaba de aprobar el Proyecto de Ley que crea el Ministerio de Cultura, enviándolo a la Comisión de Hacienda para continuar su tramitación. Los parlamentarios no acogieron la propuesta, de algunos de ellos, para que el Directorio del Consejo Nacional de las Culturas, las Artes y el Patrimonio interviniera en la designación de los agregados culturales; no obstante, modificaron el proyecto del ejecutivo, mejorando la participación, reforzando la equidad de género entre los integrantes de los diversos consejos y asegurando el carácter público de sus sesiones.


En la misma discusión legislativa, quedó sin modificaciones el artículo que pretende "Impulsar la construcción, ampliación y habilitación de infraestructura y equipamiento para el desarrollo de las actividades culturales, artísticas y patrimoniales del país y promover la capacidad de gestión asociada a esa infraestructura, fomentando el desarrollo de la arquitectura y su inserción territorial; asimismo, promover y contribuir a una gestión y administración eficaz y eficiente de los espacios de infraestructura cultural pública, y su debida articulación". Es una lástima que el Ejecutivo -¿Ministerio de Hacienda?- no haya acogido la indicación de agregar la mágica palabra "mantención" a los deberes del Estado con sus espacios destinados a la cultura.


Respecto de la discusión sobre la TV cultural, el proyecto ratifica que corresponderá al nuevo Ministerio, proponer al Presidente de la República "políticas y planes destinados a fomentar la programación y emisión de programas de relevancia cultural y patrimonial en los canales de televisión pública y en otros medios de comunicación pública".

El diputado Guillermo Teillier, vía indicación, sumó a los principios que regirán a la entidad, aquel de la Memoria Histórica, lo que fue aprobado por sus pares: "Reconocer a la memoria histórica como pilar fundamental de la cultura y el patrimonio intangible del país, que se recrea y proyecta a sí misma en un permanente respeto a los derechos humanos, la diversidad, la tolerancia, la democracia y el Estado de Derecho".


A las funciones y atribuciones del Ministerio, se agregó la de "crear políticas" modificando el proyecto original que hablaba de fomentar el desarrollo de las industrias creativas y de la economía creativa, por “crear y fomentar políticas” para el desarrollo de las mismas, “fortaleciendo el emprendimiento creativo”.

Se realizaron cambios a la composición del Consejo Nacional, especificando que formarán parte de él los Ministros de Relaciones Exteriores; Educación, y Economía, Fomento y Turismo o sus representantes, quienes deberán ser funcionarios de dichos ministerios.

Los dos académicos vinculados a los ámbitos de las artes y el patrimonio, que en el proyecto eran nombrados por el Ministro, de una quina, pasarán a ser designados directamente por "Instituciones de Educación Superior reconocidas por el Estado y acreditadas por un período de, a lo menos, cuatro años". Al menos uno de ellos deberá ser de una región distinta a la Metropolitana, asegurando la representatividad de ambos sexos. Tal representatividad de sexos, involucra también a las otras designaciones en el Consejo.

Una novedad es que las sesiones del Consejo serán de carácter público, "pudiendo utilizarse diferentes medios y tecnologías disponibles para tal efecto".

Se agregó una nueva función a las Secretarías Regionales Ministeriales, las que podrán "proponer al Subsecretario del Patrimonio, políticas, planes y programas patrimoniales regionales, manteniendo una coordinación y colaboración permanente con la dirección Regional del servicio Nacional de Patrimonio Cultural".

En espejo con el Consejo Nacional, se suman a los Consejos Regionales los secretarios regionales ministeriales de Educación y de Economía, Fomento y Turismo; se consagra la representatividad de ambos sexos y el carácter público de sus sesiones. Se le entregan facultades a los concejos municipales para participar en la designación del representante de los municipios de cada región, que será "elegido por sus alcaldes, ratificado por sus concejos respectivos".

Respecto de los funcionarios, debiera esperarse su satisfacción, pues aseguraron en el proyecto que el reglamento que los rija "deberá, necesariamente, contemplar la participación de la o las entidades nacionales que agrupen a las asociaciones de funcionarios del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, y de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos".

Entre las propuestas fallidas, el diputado Teillier, propuso la creación de "un Escalafón de Fiscalizadores cuyos funcionarios tendrán el carácter de ministros de fe respecto de hechos constitutivos de infracciones en el cumplimiento de la normativa de la cultura, las artes y el patrimonio". Su autor manifestó reconocer el carácter inadmisible, mas no inadecuado, de la indicación, pues es notoria la falta de fiscalización en estos servicios. Agregó que hay que defender el patrimonio con herramientas adecuadas. La indicación fue declarada inadmisible.

Un aspecto a tener en cuenta en adelante, coherente con la idea de reconocer la memoria histórica como pilar de nuestro patrimonio.

Hace falta.

14 junio 2016

GRATUIDAD Y EL VALOR DE LA CULTURA




Podría interpretarse como un signo de los tiempos. El anuncio de creación de un centro cultural destinado a la promoción de las artes visuales, en el antiguo aeropuerto de los Cerrillos, ha devenido en un debate sobre la escasez de recursos para la cultura. Pero en una dirección equivocada, esto es, respecto de qué otro destino pudieran haber tenido aquellos fondos, algo así como ¿Y porqué no me los dan a mí?


El humorista del diario El País, El Roto, el 11 de junio, ironizó con el hecho -lamentablemente reiterado en el mundo- que suele valorarse la cultura, pero no hay disposición a pagar por ella. Lo que se puede aplicar a que estoy dispuesto a recibir recursos públicos -que por alguna razón merezco-, pero no a hacer el esfuerzo de complementarlos con mi gestión, ni a desplegar socialmente las razones que demostrarían que los requiero, ni menos expresar la voluntad de compartirlos.

Es la cultura que parece predominar en los museos públicos que pertenecen a instituciones -como la DIBAM o la Universidad de Chile- que durante décadas estuvieron a cargo del desarrollo cultural del país, con una sola fuente de financiamiento: el Estado. Cuando éste diluyó el aporte económico durante la dictadura, se generó un sentimiento de castigo que no ha podido ser permeado por nuevas estrategias de desarrollo de las artes y la cultura que recorren el país desde el retorno a la democracia.

Por ello, ponen el ojo en iniciativas como un Ministerio que piensan -equivocadamente- reverdecerá los laureles de los aportes gubernamentales sin requerir a cambio planes de gestión, trabajo de formación de audiencias u otros beneficios sociales. O en salir a la palestra reclamando fondos cuando otros parecen recibirlos.

Entonces, reaparece la conclusión anunciada: "el Estado destina pocos recursos a la cultura". Es verdad, somos un país con muchas otras prioridades, pero, a cambio, se pone a disposición del mundo cultural mecanismos y estrategias para incrementarlos. No otra cosa son los fondos concursables, la ley de donaciones (o estímulos tributarios), las corporaciones y fundaciones, el coworking, las asignaciones directas por glosa presupuestaria y tantos otros como creatividad hay en sus impulsores.

Son emblemáticos los casos de dos corporaciones culturales -Balmaceda Artejoven y Matucana 100- que fueron sometidas hace seis años al injusto escarnio de reducir sus aportes fiscales a la mitad, que sin embargo, pudieron sobrevivir y crecer gracias a una intensiva y profesional gestión.

En la línea de reforzar y multiplicar por la vía de la inversión adecuada los escasos recursos públicos, se inscribe la propuesta de crear un Consejo Nacional de la Infraestructura y la Gestión, sólidamente instalado en el "espíritu" del proyecto de ley que creará el Ministerio de Cultura más no en su articulado, que permitirá a los propios gestores de espacios culturales ponderar y asignar recursos públicos a aquellos espacios públicos o privados que, fundadamente, lo requieran.

La cultura es valiosa y tiene un costo, aunque en ocasiones parezca gratis, lo que no es real. Alguien paga por ella. Jorge Orlando Melo, ex Director de la Biblioteca Luis Ángel Arango de Colombia, señala: “Si se quiere que el arte llegue gratuitamente al público, se afirma la obligación de todos los ciudadanos de pagar impuestos para sostener a los artistas y creadores, sin que se resuelva el problema de la independencia de la cultura, amenazada según distintas perspectivas por el mercado mismo o por el Estado, que usa el apoyo a la cultura para legitimarse y para legitimar sus políticas, o por las empresas privadas que a través de sus actos de mecenazgo exhiben su generosidad, orientan el arte para debilitar su espíritu crítico o cubren los rasgos negativos que pueden afectar sus marcas”.

Lo que se agrava porque, normalmente, lo gratuito no ocurre en espacios destinados a la cultura –que no pueden sostener una política de gratuidad permanente- sino en lugares públicos que no pueden sostener una política de programación cultural estable. Por tanto, hay una contradicción. En ese caso es preferible optar por el espacio cultural, pues es capaz de formar audiencias culturales no ocasionales.

Otra estrategia son los precios diferenciados. Desde cobrar el precio real (para quién trabaja y está en edad productiva), el precio rebajado (para estudiantes y adultos mayores) y el precio subsidiado (para sectores carenciados). La gratuidad total debe reservarse para casos muy calificados y que manifiesten explícitamente su interés y su imposibilidad de pago. Ello son, normalmente, quienes más valoran la cultura.

Cuando la cultura es gratuita es difícil establecer cuánto hay de interés real del público y cuánto de “aprovechar la ganga”. Por ende es complejo discriminar si estamos cumpliendo con una práctica de difusión o con una política de formación de audiencias.

Es aconsejable exigir un gesto previo a la asistencia a un acto gratuito, como retiro de entradas con anticipación, con un límite de asientos; visitar una página web y bajar la entrada… Esto permite, además identificar ante el público quién es el que está pagando por usted, entregando la información correspondiente. 

Se evita así la idea equivocada de que la cultura es gratis. 

Es muy valiosa pero, además, tiene costo.

25 mayo 2016

EL RECTOR Y EL VIEJO SUEÑO DE LA TV CULTURAL



El 23 de mayo, el Rector de la Universidad de Santiago propinó, en carta a El Mercurio, un noticioso aporte al reciente proyecto de TV cultural: "Desde hace cuatro años 14 universidades estatales han desarrollado un proyecto de televisión cultural, educativa y científica, cuyos contenidos son generados por cada una de las instituciones miembros. Se trata de un proyecto asociativo que expresa la diversidad de nuestras regiones, a la vez que pone en valor el rico quehacer de generación de conocimiento y extensión cultural que desarrollan nuestras casas de estudios. Contamos con una programación que transmite 24 horas, todos los días, además de un informativo que da cuenta de las noticias más relevantes de nuestros planteles". 


El proyecto de ley que anunció la Presidenta de la República el viernes 20, implica la creación de un canal emitido "a través de una concesión televisiva especial, de carácter nacional, contenidos culturales y educativos en una señal que será administrada por una filial de TVN y que no tendrá publicidad”.

Consideramos, agrega el Rector, que si el Estado va a hacer un esfuerzo de la magnitud que se ha anunciado -25 millones de dólares- podría considerar a sus universidades para potenciar este proyecto, ya en marcha, "con recursos que en nada se condicen con la cifra enunciada". Añade que "por la naturaleza de nuestras instituciones, se garantiza el pluralismo, libertad, transparencia, pensamiento crítico, independencia editorial, visión de país y la diversidad, tan necesarios para un canal de televisión de corte cultural". Un asunto 3B: bueno, bonito y barato.

El proyecto anunciado, también modificará el Directorio de TVN que subirá de siete a nueve miembros, agregando uno designado por el Ministerio de Educación y otro por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Los siete existentes modificarán su forma de designación pues surgirán de concursos vía Alta Dirección Pública. Además, se creará un Consejo Consultivo, ad honorem, que velará por la misión de la señal; la idea es incluir ahí a los ciudadanos, convocado a través de plataformas digitales.

Es decir, lo que ofrecen las universidades en términos de pluralismo e independencia editorial, es sustituido en el proyecto por un representante en el Directorio, designado por el CNCA de manera colectiva en su propio Directorio plural y lo que pueda surgir del trabajo de la Alta Dirección Pública. Es natural que el representante del ministerio de Educación sea un delegado del gobierno. Por tanto, el nuevo Directorio podrá mejorar la condición profesional de sus integrantes en lo referido a sus conocimientos del medio comunicacional y televisivo, difícilmente asegurará un conocimiento del tema cultural. Tal vez se piensa que éste surja del Consejo Consultivo, integrado por ciudadanos convocados vía redes sociales.

Serán ambas instancias las que con mayor o menor dedicación horaria -debido a la condición ad honorem de los consultivos- deberán ponderar los contenidos programáticos de una amplia gama de ofertas pre existentes, como -por ejemplo- lo que señala el Rector Juan Manuel Zolezzi de la producción universitaria, más las creaciones disponibles de los concursos del CNTV y el Fondart audiovisual.

Pero, no parece ser la mejor fórmula el tejer una programación desde lo disponible sin definir previamente la misión y orientaciones del canal.

Éstas son, en el proyecto, derivadas de la existencia, desde 1969, de una TV pública y no del origen de la TV chilena que fueron las universidades. Cuando a inicios de los 1960s se estableció la TV en Chile, las señales de emisión estaban reducidas a canales universitarios: UCV, C13, C11 en orden de aparición.

El gobierno del Presidente Jorge Alessandri, escogió ese camino como el mas parecido al clásico modelo de la BBC de Londres, en su dimensión sin fines de lucro, pluralismo e independencia del gobierno.

El proyecto presentado está asociado a una señal que debe autofinanciar su gestión compitiendo en el mercado. Cabe conocer cómo se resguardará la natural tentación de recurrir al bolsillo lleno (por aportes públicos al canal Cultural) cuando el bolsillo comercial está flaco. Toda vez que el gobierno corporativo será el mismo.

Complica esta situación el hecho que la gestión legislativa del proyecto haya sido encomendada a un ministerio político de La Moneda y no a un consorcio entre los incumbentes: Educación y Cultura. Quizás, próximamente, Ciencia y Tecnología.

Sorteando con éxito la dependencia del financiamiento comercial y el riesgo de la captura por el poder político, el futuro canal representaría una oportunidad para la educación y la cultura ya que al no estar sujeto al financiamiento vía publicidad, los estándares de calidad no dependerán exclusivamente del rating.

Y de paso debiera revertir la visión de que la TV pública cultural educativa es aburrida; que quiere solo enseñar de modo formal, no entretener; que solo ofrece alta cultura y que se rige por estructuras narrativas rígidas y conservadoras.

En realidad, canales públicos culturales educativos contemporáneos, cuentan con mayor libertad editorial, pues pueden comunicarse directamente con su audiencia sin la necesidad de avisadores y sus intereses comerciales, como intermediarios.

En otras palabras, son estas señales las que pueden poner los intereses de su publico en primer lugar.

Por lo mismo, hay que poner mucha atención a su nacimiento, permanencia y calidad. Para ello, no estaría mal escuchar la oferta del Rector.

Una alianza entre los contenidos brindados por nuestras universidades -adecuadamente acreditadas- y la potencia tecnológica de TVN, a una "distancia de brazo" del gobierno -a la usanza británica- sería la mejor base para la futura TV educativa y cultural chilena.

23 mayo 2016

CUENTA PRESIDENCIAL ¿QUÉ ESPERABAMOS?


Me sorprendió la Cuenta presidencial del 21 de mayo de 2016 en lo que a cultura se refiere. No por su contenido, un mensaje anunciado como de "obra gruesa",  sino por las reacciones de los comentaristas del sector, que se declararon defraudados o frustrados, “con gusto a poco”, obviamente recurriendo al cronómetro y a una visión parcial del concepto cultura. Me pregunto, ¿qué se esperaba? En particular, los interesados en políticas culturales debemos atender a los signos de los tiempos, políticos, económicos y sociales.


Desde el punto de vista social, no existe en cartelera alguna demanda del llamado mundo de la cultura que esté suficientemente socializada, como para ameritar una mención presidencial que atenúe una incontrarrestable presión como ejercen, por ejemplo, los estudiantes o ejerció el mundo de la cultura cuando, en los inicios de los noventa, se exigía la creación de un Consejo Nacional de la Cultura.

Desde el punto de vista económico, el horno no está para bollos y son sabidas las restricciones que esperan al país en el corto y mediano plazo, por ende no es realista esperar grandes anuncios de gastos o inversiones en un área que ha recibido importantes recursos públicos en fondos concursables y otros en las últimas décadas. A pesar de ello, el Mensaje de Bachelet consideró aquello que es más propio y rendidor en términos de inversión estatal en cultura: las obras de infraestructura.

Lo que tampoco es sorprendente. Nadie puede pedir que algún mandatario ignore en sus mensajes que su gobierno es capaz de convertir en espacios culturales una vieja estación; una antigua cárcel como las de Valparaíso o de Punta Arenas; el edificio que mancilló la junta militar de gobierno ocupándolo como sede; el antiguo local de Correos de Valparaíso o, como es el caso, el aeropuerto de Santiago en desuso. Son obra mayores, de gran impacto urbano, comunicacional y político. Aún sin llegar a las desmesuras de ponerle los nombres del mandatario que lo impulsó, como ocurrió, por ejemplo, en Argentina con el CCK.

De allí se deriva una segunda reafirmación en la Cuenta Pública: los extraordinarios avances, de este y al menos tres gobiernos anteriores, en materia de construir centros culturales en ciudades de más de cincuenta mil habitantes, política fijada por una histórica Convención Nacional de la Cultura, a inicio del siglo XXI. Relevante anuncio para las regiones distintas a la metropolitana, que compensa el hecho de que el novedoso Centro Nacional de Artes Visuales está ubicado en la capital, como ocurre por lo demás, en todos los espacios de alcance nacional en países similares al nuestro. Lo relevante es su vocación integradora a nivel país, no la locación de los espacios emblemáticos como el Bellas Artes, la Biblioteca Nacional, el Museo Histórico, el de Historia Natural, o el Centro Nacional de Artes Escénicas y Musicales, situado en el edificio Gabriela Mistral, que terminará sus inconclusas obras. Hecho que también constituye “carne” de cuenta pública, precisamente por las dificultades que su segunda etapa enfrentó debido al terremoto primero, a las restricciones presupuestarias después y a obligados cambios en su dirección, más recientemente.

Dicho esto, que agrega el significado político de un gobierno que aplica políticas de Estado y que se ocupa justamente de aquello que otros no pueden hacer, como es la infraestructura. Coherente además con un gobierno en la mitad de su mandato que planea reforzar su "obra gruesa" y comenzó la Cuenta anunciando que haría en ella un relato con “perspectiva histórica”.

¿Existe algo más perdurable en la historia cultural de Chile que sus infraestructuras como el Museo de Bellas Artes, la Biblioteca Nacional, la Biblioteca Severin o el Teatro Municipal de Santiago? ¿Se recuerda, en cultura, al Presidente Aylwin por algo diferente al Centro Cultural Estación Mapocho, al Presidente Frei Ruiz Tagle por algo más que el MIM, a Ricardo Lagos por el CCPLM o a la propia Presidenta Bachelet por el Museo de la Memoria?

Se dirá que a Lagos se le recuerda -también- por la creación del Consejo Nacional de la Cultura. Es verdad, pero ¿estamos honestamente en condiciones de asegurar que el probable Ministerio de Culturas se apruebe antes del fin del mandato Bachelet? ¿Es realista poner tal logro en la perspectiva histórica del gobierno Bachelet 2? Lagos gobernó seis años y envió el proyecto de institucionalidad en el primero de ellos. Aún así solo se instaló en el cuarto año de su mandato. El proyecto actual se atrasó un año de tramitación merced a la Consulta Indígena y podría decirse que acaba de entrar en tierra derecha con urgencias y otras medidas procesales que lo sacaran de su primer trámite -la comisión de cultura de la Cámara de Diputados- en un plazo cercano, para transitar luego por la comisión de Hacienda (en tiempos de restricción), la sala de la Cámara y más adelante esas mismas instancias en el Senado, con el agravante que este lo analizará inicialmente en la Comisión de Educación y Cultura, que ya  tiene bastante trabajo con su primera misión.

No calza en una Cuenta de este carácter histórico un anuncio que solo podría ser algo así como “se aprobará…” Más relevante es anunciar un Ministerio de Ciencias y Tecnología que obviamente no se alcanzará a aprobar en este mandato, que si quedará como el que lo envió a trámite. Recordemos que el proyecto de Ministerio de Cultura nació en el gobierno anterior.

Luego de la triste experiencia del nuevo gobierno brasileño que sustituyó a Dilma Rousseff, que en menos de una semana eliminó y luego repuso al Ministerio de Cultura del Brasil, este tipo de institucionalidades se desvalorizan a los ojos de la población que comienzan a verlo como desechable, según quien sea el que gobierne. Un aspecto mas de la liza de poder de sectores políticos que no gozan precisamente de una alta aprobación popular en estos tiempos.

¿Otras iniciativas que se pudo haber mencionado? Leyes sectoriales, tal vez, pero ¿hay alguna que esté en condiciones de asegurar un éxito legislativo durante este mandato? Cualquier político aconsejaría dejarlas listas para ser presentadas al inicio del gobierno siguiente. Más que un trabajo legislativo, requieren de un trabajo programático.

Probablemente se haya considerado también en este tema la escasa utilidad que ha dejado la Ley que exige un 20% de música nacional en las radios, que parece haber consolidado un periódico diálogo de sordos entre radiodifusoras y defensores de derechos de autor.

Como lección queda también la necesidad de preparar, con este mismo horizonte del gobierno futuro, el proyecto de Ley de Consejo Nacional de Infraestructura y Gestión, que se hace más necesario por el lugar preponderante que el tema tuvo en la Cuenta que nos ocupa. Pero, tampoco estará en la Cuenta 2017, como anuncio, si quienes serán directamente beneficiados -centros culturales, gestores, audiencias, salas de teatro, corporaciones culturales, municipios- no lo asumen como propio y generan un movimiento ciudadano al respecto.

Es el tipo de iniciativas que deben surgir, crecer y aprobarse primero por quienes más lo requieren. No serán los gobiernos per sé, ni funcionarios públicos que hoy disponen de los recursos, quienes encabezarán  la demanda por un Consejo que va a trasladar atribuciones -la asignación de fondos públicos, nada menos- a un organismo colegiado y participativo, como ya lo hacen el libro, el audiovisual y la música.

En consecuencia, la Cuenta Presidencial 2016, difícilmente pudo ser otra cosa en el contexto y tiempos que se viven y de cara a la realidad de un mandato que comienza a finalizar y a mirarse en el inexorable espejo de la historia. Y en ella ocupan más lugar monumentales edificios rescatados para las artes que los posibles contenidos que ellos acojan. Lo primero es tarea de los gobiernos y lo han hecho como nunca antes en nuestra historia, desde 1990 a la fecha; lo segundo, es tarea de la ciudadanía de las manos con los creadores y gestores.

Dios nos libre de escuchar, en una Cuenta Presidencial, como será el guión o la programación de un centro cultural específico.

La buena noticia, en síntesis, es que se seguirá edificando, la "mala" es que la obligación de llenar esos edificios de gestión, arte y cultura es tarea nuestra, que es apasionante y no puede esperar.

Ese es el mensaje que nos deja esta Cuenta … Bastante más que 55 segundos.

Ah, y el centro de Los Cerrillos, para recurrir -con perdón del lector/a- al metaforón de que el Estado construye la pista para que los creadores visuales despeguen en el avión de sus sueños...

13 mayo 2016

LO QUE NOS RECUERDA DILMA




La noticia de la caída de la Presidenta Dilma Russeff no sólo remueve las estructuras políticas y financieras del Brasil; su sucesor, el gobierno liderado por Michel Temer, ha empezado dando señales culturalmente preocupantes: un equipo ministerial en el que no hay afroamericanos ni mujeres y ha integrado el Ministerio de Cultura, al Ministerio de Educación. Ello amenaza -a lo menos- a la importante Ley Rouanet de subvenciones públicas a las artes.


Los 13 años y cuatro meses de gobiernos PT de Lula da Silva y Dilma, legaron al país, por primera vez en su historia, una política de Estado para la cultura. Según el Instituto Lula, "el presupuesto creció de R$ 276,4 millones en 2002 a R$ 3,27 mil millones en 2014. Tres Conferencias Nacionales de Cultura aseguraron voz activa a la sociedad civil. Más de 4 mil puntos de cultura brotaron por todo el país, fomentando la expresión cultural de las comunidades. Más y mejores bibliotecas públicas fueron sembradas por todos los rincones de Brasil. Reconociendo la magnitud y la complejidad cultural del país, se tomaron nuevas directrices. La democratización del acceso a bienes, equipamientos, productos y servicios culturales, la descentralización, la regionalización y la interiorización de políticas, además del reconocimiento de la cultura como parte relevante de la economía brasileña fueron algunos de los ejes que pasaron a orientar las acciones del poder público".


Una obra contundente, que por decir poco, se minusvalora con el simbólico traslado del Ministerio de Cultura, ocupado recientemente por destacados intelectuales y artistas como Francisco Weffort (1995-2002); Gilberto Gil (2003-2008); Juca Ferreira (2008-2010); Anna María Buarque de Hollanda (2011-2012); Marta Suplicy (2012-2014), y nuevamente Juca Ferreira hasta la caída de Dilma. El Ministerio fue creado en 1985 por José Sarney y había sido eliminado entre 1990 y 1992 por el Presidente derechista Fernando Collor de Mello.


Por tanto, no es una práctica nueva. Ni en Brasil ni en otras latitudes. En España, por ejemplo, los gobiernos de derecha suelen fusionar al de cultura con otros ministerios. Hoy, bajo el mandato del Partido Popular, existe el de Educación, Cultura y Deportes. Tal como ocurrió en las legislaturas 1996-2004 con el mismo partido en el gobierno.


Es que la cultura es ocupada para dar señales de austeridad (como si fuese una cartera de gran gasto, que no lo es), de autoridad (como si vincularla a educación por decreto fuese eficiente), de racionalidad administrativa (como si eliminar un ministro redujese las burocracias).


Lo cierto es que la señal es mala porque lo que la cultura requiere son políticas estables, creación de hábitos, formación de audiencias. A lo que no ayuda esta incerteza de si tendremos Ministerio en el próximo gobierno.


Una fórmula estable encontramos en el Reino Unido donde la Secretaría de Estado para la Cultura, Medios de Comunicación y Deporte se ha conservado sin cambios desde su creación en 1992. Incluso, se le han agregado responsabilidades puntuales como cuando, entre 2010 y 2012 se le agregó el título de Secretario de Estado para la Cultura, Olimpiadas, Medios de Comunicación y Deporte.


Tal placidez se logra debido a la existencia de los Consejos de las Artes que son quienes asignan, participativa, transversalmente y renovándose en tiempos distintos que los gobiernos, los recursos entregados por el Estado a través de la Secretaría mencionada.


Interesante recordar esto cuando enfrentamos, en Chile, la discusión parlamentaria de un futuro Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Por más que ello sea visto por algunos como un avance respecto de nuestros existentes consejos nacional, sectoriales y regionales, la realidad es a la inversa.


Son precisamente aquellos consejos creados por la Ley 19.891 del 23 de agosto de 2003 quienes dan permanencia y estabilidad a nuestras políticas culturales. Por tanto es a ellos a quienes debemos cuidar en lugar de poner el énfasis en una subsecretaría más o menos.


Finalmente, ministros y subsecretarios van a depender de la voluntad Presidencial, 
como todos los cargos de esa naturaleza.


Nuestra identidad, peculiaridad y estabilidad cultural está en otra parte. 


Eso nos lo recuerda quien ha sucedido a Dilma.