19 junio 2018

GAM: LA HORA DE LA TORRE



Como los humanos, los edificios tienen vida, vecinos, y parientes. También envejecen y migran desde modernos a patrimoniales. En este andar, muchas de sus características que los hicieron vanguardia, mutan a antiguos y desechables. Es lo que no puede llegar a ocurrir con la torre que fue, en los 70s  de la remodelación San Borja; luego parte del heroico edifico sede de la UNCTAD; mas tarde sede de la Junta de Gobierno de la dictadura; después parte del proyecto centro cultural Gabriela Mistral, y hoy, un emblema que debiera conservarse y buscar un destino, ojalá cultural.


Por vecindad, le correspondería pertenecer al complejo GAM; por costo de su puesta en condiciones, ese centro cultural -embebido en terminar su gran sala- no dispone del respaldo necesario para asumir esa tarea, considerada posible en 2008. La cuestión es cómo, considerando el sector donde se enclava y el destino de su entorno inmediato, se preserva el edificio para fines culturales.


Y en esa tarea, es necesario un empeño colectivo. En primer lugar, interministerial -como lo fue al comienzo del gobierno Bachelet 1- que asuma coordinada y racionalmente, la misión que involucra a lo menos a Culturas, Bienes Nacionales, Economía (Turismo) y Hacienda, con el apoyo y técnico del MOP.

Al cuarteto gubernamental, debe agregarse la experiencia de entidades sin fines de lucro que han demostrado capacidad de administrar edificios patrimoniales sin empequeñecer su destino cultural, como las corporaciones que gestionan el Teatro Municipal; el Centro Cultural Estación Mapocho; el CCPLM; Matucana100; Balmacedartejoven, con sus referentes regionales, y el propio GAM.

Sin dejar de lado la voz de los vecinos -particularmente organizados en ese barrio- y la Municipalidad de Santiago y sus departamentos de Cultura y Turismo.


En definitiva, una corporación mixta y transversal que sepa darle un destino a largo plazo al edificio, facilitando su relación armónica con el entorno turístico, cultural y gastronómico que lo rodea y velar por su sustentabilidad.

Que puede acoger algunas oficinas públicas -¿Subsecretaria de las Artes del Ministerio de las Culturas?- es verdad, pero éstas deben coexistir y convivir con espacios de expresión de arte, residencias creativas, galerías, espacios para la artesanía y servicios al turista. 

Afortunadamente, un apresurado diagnóstico de Obras Públicas que puso al edificio al borde de la tumba, ha motivado que tanto el Ministerio de Bienes Nacionales como arquitectos, gestores culturales y otros expertos, vía Cartas al Director, manifiesten sus opiniones sobre este tema. 

Así se construyen destinos para edificaciones que guardan tantos secretos -hasta militares, literalmente- que se hace imposible desecharlas y dejarlas a su suerte.

Es del caso que las autoridades y la sociedad civil sigan el desarrollo del debate y, finalmente, se asuma colectivamente, una determinación que favorezca a la sociedad y preserve aquello que la historia aconseja que se haga.



13 junio 2018

LA REINA ISABEL Y EL CRISTO DE ELQUI CANTAN



El día era frío, exactamente el día del graupel, fenómeno que no es lluvia, no es nieve, ni granizo. Pero más bien lo recordaré como el día que presencié -disfruté- la ópera El Cristo de Elqui. La que con certeza ES ópera y de la buena. Además de chilena por los cuatro costados. Fenómeno tan poco frecuente como el graupel.


El teatro Municipal no estaba lleno y sus ejecutivos decidieron (extraordinariamente) iniciar el espectáculo con diez minutos de retardo... por los afectados del clima. La prensa había generado (así como la nevazón) expectativas de que parte del público se retirara al intermedio. Otro fenómeno frustrado.

Pero lo que ocurría en el escenario fue notable: una pareja de obispos -sin las barrigas clásicas- montando triciclos bien provistos de alimentos y vino en un coqueto canasto posterior, concurrían a una entrevista con el Cardenal (¿monseñor José María Caro?) Cal y Canto. El tema de la bien provista cumbre era un impostor que predicaba en la pampa nortina presumiendo ser Cristo. Seis meses dió el purpurado a los golosos obispos para estudiar y resolver la situación.

Luego la escena se traslada al territorio donde desarrolla su ficción Hernán Rivera Letelier, el escritor que jamás ha visto una ópera. Pero, sobretodo, el espacio donde campean entrañables personajes como la Reina Isabel, Ambulancia o Magalena, que coronan un prostíbulo de aquellos, que ofrece a los resecos mineros incluso servicio del baile del caño, interpretado por una esbelta figurante del ballet municipal.

En ese salado contexto se enfrentan las fuerzas del mal y el bien (usted dirá cual es cual): la iglesia y el predicador impostor, muy bien ambientado por una notable ranchera interpretada, guitarra en mano, por Evelyn Ramírez (la Reina Isabel). 

De la algarabía -como toda ópera- se pasa al desgarrador entierro de la Reina, en una escena ambientada en toda la amplitud de nuestro desierto, que permite una licencia: el poeta Mesana hablando las virtudes de Isabel, en boca del actor Francisco Melo.

Recitado que solo resalta las magnificas performances del coro y la orquesta del Teatro Municipal.

Al igual que el Cristo original, supuestamente reemplazado por el impostor del Elqui, la Reina resucita y revierte la aparente victoria de la ¿santa? alianza entre el sacerdote y la policía, fuerte y monótona defensora de la trilogía "orden, moral y propiedad".

Luego de esa victoria de prostitutas y mineros, la escena se sitúa en la estación Mapocho, donde arribaban los trenes del norte: "el impostor viene a la capital, como Cristo fue a Jerusalem"... se queja el Cardenal quién lo espera en los andenes, frente al pueblo de Santiago, leyendo una carta condenatoria.

El Cristo elquino llega montado en la luz  de una potente locomotora y allí se produce el enfrentamiento final. 

Queda la sensación de que, de la mano de Frédéric Chambert, la ópera chilena a ha llegado al teatro que él mismo identificó como Ópera Nacional de Chile no bien asumir su puesto, y llega por la puerta grande. Hay un extraordinario trabajo del guionista, Alberto Mayol; el compositor, Miguel Farías; Patricio Sabaté, el Cristo; Yaritza Véliz, Ambulancia y todo el elenco, coro y orquesta incluidos.

Resta que el público tradicional y nuevo de la ópera acoja esta producción y, junto con los esfuerzos que se hacen a nivel legislativo, se avance en una nueva fase de la ópera en el país.

Hace mucha falta. El talento está.

Y es justo que sea estimulado en el próximo Consejo Nacional de las Artes Escenicas.

05 junio 2018

DE CÓMO CONSTRUIR NUEVOS MINISTERIOS


"Para estimular y coordinar los esfuerzos para poner el conocimiento y la innovación al centro de nuestro desarrollo, estamos creando el Ministerio de Ciencia y Tecnología, cuya propuesta se discute en este Congreso y que esperamos esté aprobada este año" señalaba el Mensaje de la Presidenta Michelle Bachelet, en su Cuenta del 1 de junio de 2017. Un año después, el Presidente Piñera en similares circunstancias, complementó: "Pondremos en marcha el futuro Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, que fue aprobado este jueves, por este Congreso y permitirá un nuevo y poderoso impulso al desarrollo del país. Aprovecho de agradecer a este parlamento su aprobación unánime".


Hay semejanzas entre este nuevo Ministerio y el recientemente creado de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Ambos consideran una estrategia nacional a largo plazo, desconcentración territorial, consejo asesor de la sociedad civil, y una agencia de administración de programas y concursos. Políticas de Estado, no de gobiernos. Una buena noticia.

Poco se sabe todavía de la implementación del Ministerio de las Culturas, tampoco fue muy explícita, en la parte correspondiente, la reciente Cuenta de Sebastián Piñera. Fueron 122 palabras, agrupadas en trece líneas y sus contenidos, en orden de aparición fueron: "promoveremos un libre y amplio acceso (a la cultura), tanto en forma tradicional como digital".

La preocupación por el acceso a la cultura es de antigua data, lo novedoso está en el énfasis  en el acceso digital a ella. Habría que esperar las formas que asumirá, sin que termine reemplazando el acceso físico sino agregando nuevos públicos. Un tema complejo, si lo comparamos, por ejemplo con la devastación que ha dejado la proliferación de medios digitales en el campo de la información. En semanas recientes hemos presenciado la digitalización de la edición chilena del diario El País, junto a la desaparición -con promesas digitales futuras- de Qué Pasa y la fusión entre revistas "femeninas" del grupo Copesa, Paula y Mujer.

Hace pocos días pudo apreciarse la segunda preocupación inserta en el Mensaje: "ampliamos de uno a dos los Días del Patrimonio Histórico y Cultural, abriendo nuestros edificios culturales y patrimoniales a cientos de miles de chilenos que los visitaron el fin de semana pasado". Medida exitosa, de indudable crecimiento, que ha generado en El Mercurio una curiosa acusación de populismo patrimonial, que no oculta la preocupación por la anunciada nueva Ley de Monumentos. Otra buena señal en esa dirección es la anunciada Cuenta 2017 del nuevo Servicio Nacional del Patrimonio Cultural https://bit.ly/2Jwwhxi  que espera aportes de la ciudadanía hasta el 30 de junio.

"Conectaremos por fibra óptica nuestra Red Nacional de Espacios Culturales, para permitir la interconexión entre ellos y la transmisión en línea de grandes eventos culturales". El tercer punto de la Cuenta, reitera la conexión digital, para compartir experiencias de gestión -lo que sería muy aconsejable-, y manifestaciones artísticas por esa vía. La transmisión en línea debiera dialogar con el llamado Canal Cultural, recientemente ratificado por el Senado al aprobar la designación de tres nuevos miembros del Directorio de TVN.

El cuarto aspecto "avanzaremos en el desarrollo de nuestra red de Teatros Regionales y Centros Culturales a nivel comunal", profundiza políticas de gobiernos anteriores: los centros culturales de Bachelet I y la Ministra Paulina Urrutia; los teatros regionales a Piñera I y el Ministro Luciano Cruz Coke.

Respecto del quinto punto, impulsaremos un plan nacional de puesta en valor de nuestro patrimonio cultural, deberá esperarse detalles pues la Subsecretaría del Patrimonio -que El Mercurio ha acusado de "tener pies de barro"- desarrolla iniciativas como la creación, descentralizada territorialmente, del Servicio nacional del Patrimonio y la Ley de Monumentos Nacionales.

Apoyaremos a nuestros artistas, como sexto punto, parece un espaldarazo a la Ley de Artes Escénicas en pleno proceso legislativo y a las modernizaciones anunciadas por la Ministra Alejandra Pérez tanto en los Fondos Concursables como en la simplificación del sistema de becas por la vía de las Becas Chile Crea, con dos sub-modalidades Postgrado y Especialización,

El último punto, es el gran aporte que se espera de este gobierno: pondremos en plena marcha nuestra nueva y renovada Institucionalidad Cultural, tarea que se ha mostrado compleja, especialmente en el sector patrimonial, donde en corto tiempo la Ministra Pérez debió despedir al Director de la ex Dibam y al Director del Museo de Historia Nacional, dando señales de determinación en el camino hacia el nuevo Servicio Nacional del Patrimonio, que implica cambios tanto en destinación del personal existente como en descentralización territorial, concursabilidad de cargos directivos, eliminación de duplicidades y participación ciudadana. Una institucionalidad eficiente y renovada en forma y fondo.

En ello, además del respaldo Presidencial, está el del Parlamento que aprobó hace pocos meses la Ley que creó el nuevo Ministerio, tal como debiera ocurrir con el Ministerio de Ciencia y Tecnología, iniciado por Bachelet y aprobado en los albores de Piñera. Ambos con mayorías cercanas a la unanimidad.

Es de esperar que los incumbentes del naciente Ministerio de Ciencia, miren con atención científica lo que está ocurriendo con su par de culturas, que le lleva algunos meses de adelanto.

Buena forma de legislar con perspectiva de Estado, con transversal apoyo político y con participación de la sociedad civil.

08 mayo 2018

BIEN LA INFRAESTRUCTURA, MAL LA FILANTROPÍA


La tercera

Uno de los primeros textos publicados en este blog, exactamente el tercero desde su creación, llevaba un título esperanzador: ELOGIO DE LA INFRAESTRUCTURA, INCITACIÓN A LA FILANTROPÍA ( https://bit.ly/2rqwesK). Se basaba en una Conferencia en el Instituto Chileno Norteamericano de Cultura de Santiago, el 9 de noviembre de 2006, que pretendió resumir una  permanencia en Harvard investigando sobre el modelo chileno de desarrollo cultural. Han pasado más de 11 años y desde la misma universidad vienen noticias del desbalance entre la realidad de ambos términos en el Chile actual. 


El país se ha llenado -literalmente- de centros culturales, bibliotecas y otros espacios culturales, la mayoría construidos durante esos mismos 11 años, tanto a niveles locales como regionales y nacional. Así, la preocupación actual se enfoca más en cómo llenar de contenidos esas edificaciones que en seguir construyendo. En cambio, las cifras de aportes filantrópicos a la cultura y otras áreas no aumenta significativamente ni menos comparativamente con otros países. Basta para ello mirar el gráfico inicial de los gastos en filantropía por país.


¿Qué nos pasa como sociedad que no somos capaces de internalizar las innegables bondades de la filantropía, a pesar que las fortunas personales crecen y crecen?

Una reciente publicación en La Tercera anota dos de las que podrían ser las causas: 

“A diferencia de los países anglosajones, en que la cultura de la donación filantrópica está muy asentada, en Chile hay un complejo en mostrarse como una persona de alto patrimonio y a, su vez, aparecer como una persona generosa en diversas causas”, señala Ignacio Irarrázaval, director del Centro de Políticas Públicas UC, agregando que es prioritario resolver el problema del sistema de donaciones y hacerlo más amigable. “En Chile no es un problema dedicarse a la filantropía, pero claramente no hay demasiados incentivos".

“Para ser filántropo (en Chile), la primera traba es tributaria”, dice el abogado Sebastián Guerrero, uno de los autores del libro Filantropía y donaciones en Chile.

“En el país se castiga la donación. Por una parte, por regla general se exige un trámite judicial llamado “Insinuación de donaciones”, pese a que hay donaciones que eximen del trámite como las donaciones para fines culturales o sociales. Por otro lado, se debe pagar un impuesto a las donaciones, salvo que exista alguna exención a este impuesto”.

Para resolver este problema, el abogado plantea que se debe avanzar en una legislación de donaciones, ya que hoy existen más de 90 normas diferentes que regulan este tema, lo que a su juicio hace ineficiente el sistema.“Las normas que regulan u otorgan limitados beneficios a las donaciones, por lo general son destinadas a financiar proyectos específicos y no a instituciones que se dedican permanente a obras sociales. Más que otorgar beneficios tributarios, basta con no castigar la donación”.

Aquí parece existir un aspecto relevante: La Ley de Donaciones Culturales. 

Para poder estimular la filantropía debe cambiarse su principio original. ¿Porqué no pueden recibir donaciones descontables de impuestos para desarrollar su misión, sin tener que pasar por la aprobación proyecto a proyecto, corporaciones y fundaciones sin fines de lucro que sí están calificadas para recibir transferencias del Estado, según la Ley de Presupuestos que propone el gobierno y aprueba el Parlamento? 

¿Por qué corporaciones a las que el Estado les ha entregado en administración bienes patrimoniales públicos de enorme valor, o que han demostrado eficiente manejo de donaciones en los años de existencia de la llamada Ley Valdés no pueden ser apoyadas en su misión y no sólo puntualmente en algunos de sus proyectos? 

Es un contrasentido que el Estado asigne recursos a estas entidades y ese mismo Estado les exija aprobar por el Comité respectivo cada uno de los proyectos que emprende con apoyo privado. Esta nueva manera de estimular el aporte privado permitirá la realización de proyectos a varios años plazo como necesariamente son los vinculados a la formación de audiencias y a la sustentación de centros culturales y de elencos estables. 

¿Por qué no elaborar un listado de las corporaciones y fundaciones culturales que reciben transferencias por la Ley de Presupuestos; las que reciben en comodato la administración de bienes de propiedad pública, y las que han demostrado eficiencia en la obtención y administración de recursos en diez años y calificarlas para recibir donaciones que serían beneficiadas por rebajas tributarias?

En definitiva, tenemos todavía que aprender y avanzar.

De los países que siguen un modelo de desarrollo cultural en el que prima un Estado Facilitador, -como Estados Unidos- nos falta conformar un espíritu de filantropía que por una parte haga perder a los potenciales donantes el temor a hacerlo y que por otra los beneficiarios pierdan el temor a reconoces abiertamente al benefactor, dándole su nombre a lugares, salas, cátedras, festivales, bibliotecas o museos. 

Además, que dirigentes políticos y fiscalizadores públicos pierdan el temor a que detrás de cada estímulo tributario acechan los abusadores del sistema. Tal vez existan algunos, pero hay muchos más interesados en que se desarrolle la cultura y el arte gracias a sus aportes.

En un país en el que la cultura en el sector público ha dado gigantescos pasos en poco tiempo -hasta llegar a tener formidables infraestructuras, sólidos fondos concursables y un Ministerio de las Culturas- es imprescindible que los privados ingresen en serio a contribuir fuertemente en la misma dirección.

Y el camino se llama filantropía.

30 abril 2018

LA TRAZABILIDAD DE NUESTRA POLITICA CULTURAL



En el reciente seminario, cuya exposición dejé en mi comentario anterior, surgió de la sala una interesante pregunta sobre la trazabilidad de una política cultural. Se trata de "la propiedad del resultado de una medición o del valor de un patrón de estar relacionado a referencias establecidas, generalmente patrones nacionales o internacionales, por medio de una cadena continua de comparaciones, todas ellas con magnitudes de influencia establecidas". Viene de trazar: "seguir, descubrir o establecer el curso del desarrollo de algo". Ello motivó una reflexión tras la ronda de preguntas.


Si queremos establecer el curso del desarrollo de nuestras políticas culturales, inevitablemente debemos remontarnos al siglo que pasó. Porque las raíces más evidentes están en lo más profundo y oscuro de la dictadura. Fue allí donde se gestó el quiebre con el paradigma anterior: el de las políticas basadas en el modelo francés... el Estado fuerte que asignaba los recursos para edificar museos, financiar artistas o democratizar la cultura. La práctica dictatorial no sólo dejó de hacerlo sino que alertó a la sociedad toda de que en cualquier momento el Estado podía ser recapturado por los enemigos de la cultura y volver a fojas cero lo alcanzado hasta comienzos de los setentas.


La solución a ese aterrador riesgo fue incorporar otro actor en la asignación de los recursos públicos. Si bien el estado debía seguir proporcionando fondos, eran otros quienes determinaban a quienes iban tales dineros: los consejos de las artes -mucho más británicos que galos-, constituído por pares de los beneficiarios que evalúan colectivamente los méritos de los postulantes.

A partir de ese quiebre conceptual: a contar de 1990, con el retorno a la democracia, serían ciudadanos, tan meritorios como los postulantes, quienes definirían el destino de las platas públicas.

Por tanto -y aquí es posible seguir la trazabilidad de esa nueva concepción- todas las organizaciones culturales creadas bajo la democracia reconquistada tendrían ese componente plural: la Corporación Cultural de la Estación Mapocho; el Comité de Donaciones Culturales; el Consejo Nacional del Libro y la Lectura; el Fondart e incluso las comisiones que estudiarían técnicamente la eventual nueva institucionalidad.

Es así como a esos organismos se van integrando actores hasta ahora ajenos al mundo cultural: empresarios; parlamentarios; los novísimos gestores culturales; bibliotecarios y profesores; rectores universitarios, Premios Nacionales y abogados destacados.

Todo ello culminó, a inicios del siglo XXI, con la creación, por Ley de la República, del organismo máximo que regirá las artes y la cultura: un Consejo Nacional de ocho integrantes representativos de la sociedad civil, dos representantes de ministerios relacionados (Educación y Relaciones Exteriores) y un Presidente con rango de Ministro, aunque sin sueldo ni atribuciones de tal.

Había solo un pequeño detalle. No fue posible incorporar a esta lógica a las organizaciones -tradicionales y con una inercia institucional centralista muy desarrollada- dedicadas al patrimonio. Está bien que ciudadanos asignen dineros públicos para la artes, pero no que dispongan de los bienes patrimoniales del estado... ¿Y si los venden?

Esa proverbial desconfianza hacia la participación caló hondo en dirigentes de la DIBAM y el Consejo de Monumentos Nacionales, de diferentes signos políticos, lo que impidió que el Consejo Nacional de Cultura y las Artes tuviera una vida tranquila.

Fue así como el costo para mantener esta trazabilidad de consejos -ya imposibles de desmontar- fue constituir una figura de Ministerio aunque no tradicional. Un Ministerio que dejaba a patrimonio y las artes bajo un mismo paraguas pero que conserva todos los consejos que asignan fondos y perfecciona -ampliándolo- el Consejo Nacional ubicado a una costado del -ahora sí en propiedad- Ministro de las Culturas (para reafirmar aún más que se trata de una autoridad no tradicional).

De este modo, se conserva la profunda voluntad inicial y se comienza un desafío mayor: adaptar la añosa DIBAM a un Servicio Nacional del Patrimonio descentralizado, con direcciones en cada región y subordinado en ellas a los respectivos consejos regionales de las cultural, las artes y el patrimonio.

Es por ello que la inicialmente atemorizadora figura del Ministerio logró apoyo de todos los sectores comprometidos con la trazabilidad participativa pues comprobaron que más que un retroceso autoritario lo que hay es una forma -la única que parece permitir nuestra estructura administrativa presidencialista- de acercar a esa impronta que vino para quedarse a los servicios que no se incorporaron oportunamente al proceso modernizador que siguió a la dictadura.

Queda pendiente la Ley que actualice el Consejo de Monumentos, para completar este cambio de timón de nuestras políticas culturales que, de verdad, surgió de la mano del retorno a la democracia.

26 abril 2018

LUCES, SOMBRAS Y PERSPECTIVAS DEL MINISTERIO



El seminario Gobernar la Cultura: Reflexiones sobre la Política Cultural en Chile a la luz de la creación el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, realizado en la hermosa Aula Magna de la USACH, el 25 de abril de 2018, me permitió dar a conocer la ponencia: De Consejo a Ministerio: luces, sombras y perspectivas, que a continuación desarrollo.



Seis luces del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes:

· Lo más valioso es su carácter participativo, surgido de lo más profundo del mundo de la cultura y con varias instancias de debate: Comisión Garretón; Encuentro de Legislación Cultural, y Comisión Ivelic.

· Pudo establecer una institucionalidad concursables sólida, flexible y respetada. Creciente en recursos y áreas a cubrir.

· Pudo desarrollar Convenciones Nacionales que culminaron en Políticas Culturales sectoriales y nacionales en a lo menos tres tramos y hasta 2022.

· Consolidó consejos sectoriales en tres áreas.

· Demostró la factibilidad del trabajo de consejos y de la asignación colectiva de las platas públicas. Un camino que es imposible de retroceder, menos en las actuales circunstancias de transparencia y probidad.

· Desarrolló un aparato de estudios capaz de diagnosticar cualitativa y cuantitativamente la realidad del sector, pero sin tiempos para instalarlo en la cultura institucional.


Cinco sombras del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes:

· La imposibilidad de incorporar las instancias del patrimonio. Se resolvió –mal- por la vía de la coordinación.

· Escasa capacidad de comunicar lo realizado tanto en políticas como institución

· Desarrollo de una burocracia con duplicidades evidentes con la DIBAM y algunas entre Santiago y Valparaíso.

· Incapacidad de hacer funcionar los comités consultivos a niveles nacional y regional.

· Desarrollo del sector de patrimonio inmaterial y fondos del patrimonio sin coordinación alguna con DIBAM


Cinco aspectos que pudo abordar la reforma Ministerial:

· Resolver el nudo de competencias y duplicidades entre el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y la Dibam. De una manera altamente burocrática y costosa.

· Resolver cuestiones largamente anheladas como los Jurados de los Premios Nacionales de artes.

· Mantener los principios de concursabilidad por los recursos públicos y consejos sectoriales como forma de abordar las diferentes áreas.

· Establecer un Ministerio con todas las de la ley y no dependiente de otro para algunas materias, viajes, viáticos, leyes, etc.

· Establecer la presencia de pueblos indígenas, migrantes, barrios patrimoniales en las instancias participativas.



Cuatro aspectos que no abordó la reforma Ministerial:

· Mantener el principio de políticas vinculantes. Se buscó una fórmula en la medida de lo posible que aparece compleja dada la forma en que se aprobó el Ministerio, en medo de un cambio de gobierno y haciendo primar los plazos políticos por sobre los plazos reales.

· La modificación de la ley de monumentos nacionales.

· El consejo nacional de artes escénicas.

· El consejo nacional de gestión e infraestructura.


Visión de futuro: lo que se espera del Ministerio y aquello que le tocará mejorar más adelante.

· Primero, echar a andar este aparato. Esto está compuesto por tres culturas organizacionales muy distintas, por lo que se va a requerir de algún tiempo para que tenga la fluidez que necesita para ejecutar bien aquello que el Ministerio se propone. Se prevén sucesivas guerrillas funcionarias (como la ocurrida a propósito de Comunicaciones).

· Segundo, ingresar al Congreso, lo más rápido posible, la nueva Ley del Patrimonio. Actualmente, tenemos una ley del Consejo de Monumentos Nacionales que es del año 75 que se ha ido parchando y que requiere ser modificada.

· Llenar de contenidos a las infraestructuras construidas en los últimos 4 gobiernos, tanto a nivel local, como regional y nacional. Par ello, urge un intercambio de muestras y gestiones.

· Ello se podría realizar a través de un Consejo nacional de la gestión y la Infraestructura, que incluso puede comenzar a operar de hecho mientras se aprueba la ley correspondiente, bajo la coordinación de la Ministra.

·  Es necesario poder comprometer fondos públicos a largo plazo, más allá de un año como es ahora. Es decir, perfeccionar la concursabilidad como en Australia y en el Reino Unido donde existen instituciones regularmente financiadas que responden a un plan con un plazo de al menos cinco años y a las cuales las acompaña el ministerio para establecer metas comunes de audiencia, de calidad de la programación.


Dos riesgos del Ministerio:

· El "reformismo", esto plantear de inmediato y sin aplicar la nueva ley, una reforma de lo recién realizado.

· La "encuestitis": ponderar excesivamente los resultados de la Encuesta de participación cultural 2017, que son negativos, sin pensar que son solo la base para un nuevo inicio de aplicación de las políticas aprobadas. Esto es mirar las cifras como un rating, sin considerar aspectos centrales como la participación (por sobre intereses y consumo).

En síntesis, estamos ante una paradoja:

- Un gobierno de izquierda que rigidiza la estructura (de consejo a Ministerio) que va en sentido contrario a la legislación contemporánea. Y que refuerza la presencia estatal.

- Un gobierno de derecha que debe instalar esa estructura rígida y se encuentra con la necesidad evidente de liberalizar, esto es, abrir compuertas para el ingreso del financiamiento privado y de las audiencias (taquilla) que es indispensable para atraer recursos privados con y sin fines de lucro.


La salida, a mi juicio, es instalar críticamente lo aprobado por ley e ir evaluando sobre la marcha aquellos aspectos que debieran liberalizarse y no demorar la instalación de las instancias participativas a niveles nacional y regionales para conservar la impronta participativa de esta institucionalidad, pues es allí donde está su riqueza.

04 abril 2018

SE CONSOLIDAN CONSEJOS NACIONALES SECTORIALES

Foto Cámara de Diputados Chile


La pantalla de la sala de los Diputados se volvió verde: 139 casilleros aprobaron en primer trámite el Proyecto de Ley de Fomento a las Artes Escénicas. La iniciativa surgió de la Plataforma de Artes Escénicas, que reúne a los gremios del Teatro, la Danza y el Circo, y que incluye a los titiriteros y narradores orales. Es verdad que le falta pasar  por el Senado, pero que haya alcanzado esta suerte de unanimidad en un parlamento que se estrena, es una señal de que lo legislado hasta ahora en materia de consejos sectoriales de las artes se ve -nuevamente- ratificado.


Primero fue el Fomento del Libro y la Lectura, que inauguró, en 1993, esta forma de legislar que crea primero un Fondo con recursos públicos y, luego, un Consejo que lo asigna. Es decir, primero el dinero que el estado esta dispuesto a poner para fomentar un tipo de arte y luego, un grupo de personas representativas del sector, designadas por sus pares, que se ocupan de distribuir esos recursos públicos.

Le siguieron la Música y el Audiovisual, con esquemas similares, pero con un hermano mayor: el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes que usó el mismo mecanismo para comenzar a asignar el Fondart que había tenido, desde 1990, una azarosa vida dependiente de las temidas glosas presupuestales anuales.

Fue el 2005 que, por primera vez los Fondos Culturales y Artísticos  por un total de $ 8.284.727 miles de pesos pudieron descansar en los hombros de una Ley de presupuestos. El 93% de esos recursos estaban destinados a ser distribuidos entre los creadores, según cada una de las leyes que creaba los  Consejos sectoriales. Todos ellos debían destinar al menos un 50% a proyectos de regiones diferentes a la metropolitana. La distribución de ese primer presupuesto fue:

  • Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, Ley 19.227     $ 1.794.127 
  • Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, Ley 19.891      $ 3.751.802 
  • Fondo para el Fomento de la Música Nacional, Ley 19.928               $  918.000 
  • Fondo de Fomento Audiovisual (entonces aún sin ley)                    $  1.224.000
Desde entonces, los fondos no han hecho sino perfeccionarse en postulación electrónica, crecer en recursos y diversidad de líneas de concursabilidad y ahora, estar cerca de tener un hermano menor, las Artes Escénicas.

La Unión Nacional de Artistas, UNA manifestó su alegría: "Ahora falta el Senado y nuestro país podrá tener por fin una ley que tanto trabajo ha costado y tanto esperan los creadores chilenos".

La Ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Alejandra Pérez, destacó la transversalidad del apoyo: “Queremos agradecer el apoyo transversal de las bancadas por aprobar este proyecto que busca dotar de más recursos y reconocimiento para los artistas escénicos. Esto da cuenta de una forma muy positiva de trabajar de manera participativa en políticas de Estado, desde el sector cultura. El gran paraguas de su funcionamiento será nuestro Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, institucionalidad que busca garantizar el acceso y la participación en las diversas manifestaciones culturales que se producen en todas las regiones de nuestro país”.

El objetivo de este proyecto es apoyar, promover, estimular y difundir la labor de dramaturgos, artistas, investigadores, productores y otros agentes de las artes escénicas, con una mirada puesta en la protección, identificación, formación, mediación, resguardo patrimonial y mejoramiento de la infraestructura cultural en sus diversas manifestaciones.

Como sus antecesores, considera la creación del Fondo Nacional de Fomento y Desarrollo de las Artes Escénicas, para crear nuevos apoyos y financiamientos que permitan democratizar el acceso a los recursos por parte de los creadores escénicos.

Se crea -obvio- un Consejo Nacional de Artes Escénicas compuesto por representantes del sector, que asesorará al Subsecretario de las Culturas y las Artes en la definición de la Política Nacional de Desarrollo de las Artes Escénicas, junto con apoyar programas, medidas y acciones que estimulen la creación, la promoción, investigación, difusión y educación de nuestro patrimonio escénico, para acortar las brechas de desigualdad en el acceso a la Cultura.


Otro aspecto será la creación del “Premio a las Artes Escénicas Nacionales Presidente de la República”, reconocimiento que galardonará anualmente a los artistas por su excelencia, creatividad, destacada labor y aporte al repertorio de las artes escénicas nacionales.

Es de esperar que el Senado de la República apruebe la iniciativa y podamos contar con cuatro Consejos sectoriales y que el más reciente logre el efecto esperado, aumentar la participación cultural de los ciudadanos.

No es casualidad que sean precisamente el Cine, la Música y el Libro quienes resultan mejor posesionados en la Encuesta 2017 de Participación Cultural.

A paso firme, las artes parecen haber encontrado la manera de acceder a legislaciones beneficiosas, participativas y eficaces.

Ya se escuchan voces de que la Infrestructura y la Gestión podrían transitar por la misma senda.


29 marzo 2018

DEMOCRATIZAR LA CULTURA O DEMOCRACIA CULTURAL




Los resultados de las encuestas suelen jugar malas pasadas. En la versión que recientemente discutimos entre el equipo del CCEM y los profesionales del Ministerio de las Culturas que elaboraron la Encuesta 2017 de Participación, había dos palabras tan poco científicas como llamativas, que inquietaron: "nada" y "me aburre". Aunque no fue lo único pues términos como "gratuidad", "precio" y "democracia" ocuparon tambien bastante tiempo del debate.



Ante la pregunta: En pocas palabras, cuando digo cultura ¿que se le viene a la mente?, y un encuestador alertado a la registrar si la respuesta esta era NADA, el resultado es un considerable espacio de la nube de palabras para esa respuesta. Tanto como ARTE y más que TEATRO o MÚSICA, por ejemplo.

Por otro lado, en las respuestas múltiples a: ¿Por qué razones usted no siste a alguna de las actividades culturales mencionadas en esta encuesta? el Por que me aburren fue rotundo: 45,8% de los consultados tuvo esa opción entre respuestas múltiples. Seguida de lejos por Porque no las entiendo (15,1%) y un mucho más insignificante, el 4,7%, de Por falta de dinero.

Podríamos decir, luego, que la ausencia de atractivo para disfrutar de ciertas actividades culturales es mucho más impedimento que el dinero. Al contrario, se esgrimieron cifras y argumentos respecto de que la gratuidad no ayuda a poner las actividades más cerca del público -los museos gratuitos son una muestra- sino que la existencia de cierto "precio" o barrera para acceder a la cultura constituye un estímulo y también una forma de selección para que asistan a ellas los verdaderamente interesados.

Se podría afirmar -salió en el debate- que la eliminación de barreras, como sería la gratuidad, o la falta de información (solo 5,1% lo acusa) pertenecen a una lógica superada o en proceso de superación: aquellas élites ilustradas que bajo el lema de "democratizar la cultura" derraman en la sociedad manifestaciones que a ellas satisfacen pero que el gran público no reconoce como propias.

Se estaría imponiendo -así parece reflejarlo la Encuesta- un concepto de democracia cultural en el que todas la expresiones o modos de vida tienen cabida como manifestaciones culturales.

Es evidente que en ello no puede existir un solo actor -el Estado- que brinda o promueve las artes y la cultura. Este debe estar en permanente diálogo con la sociedad civil que es la generadora de tales expresiones. El estado tiene un rol irrenunciable que es generar las condiciones para que tales formas de cultura se desarrollen, pero los sujetos culturales en el sentido más amplio son los ciudadanos, no sólo creadores, gestores o audiencias constituidas, la ciudadanía toda.

Así, los espacios públicos, los centros culturales devienen en lugares ciudadanos en los que suceden manifestaciones plurales, diversas y hasta contradictorias.


Será labor de los trabajadores de la cultura hacer posible que la cultura transcurra según la expresión democrática, sin cortapisas pero tambien sin dejar de conocer estudios, como la Encuesta en cuestión, que deben ilustrar el trabajo de funcionarios públicos, privados y del sector sin fines de lucro, acogerlas y acompañarlas en el destino que buenamente escojan.

De esa feliz coexistencia de la reflexión y la acción, en un marco básico de escuchar a la sociedad, seguirán surgiendo las expresiones artísticas y culturales que van constituyendo, dia a día, la cultura.

Si esa sola lección nos deja el seminario entre estudiosos y gestores, ya habría sido suficiente.

Y por cierto, no nos aburrimos.

23 marzo 2018

DEL CONSUMO Y LOS INTERESES A LA PARTICIPACIÓN


Analizando resultados de la Encuesta Nacional de Participación Cultural 2017,  se comprueba la tendencia histórica del descenso sistemático de la asistencia a muestras únicas. Es decir a museos, óperas, conciertos clásicos, obras de teatro... disciplinas que se presentan en salas especialmente acondicionadas, con un solo propósito: disfrutar de una orquesta, una pieza teatral, una sinfonía, una colección homogénea...


A la inversa, crecen en asistencia manifestaciones que podríamos llamar plurales: que ocurren en espacios que permiten la convivencia de más de una actividad. Es lo que acontece, por ejemplo, con las ferias de artesanías, en las que bajo ese rótulo es posible encontrar venta de creaciones junto a manifestaciones musicales, libros, oferta gastronómica... algo similar ocurre con las multi salas de cine que suelen estar instaladas con patios de comida cercanos y se enmarcan en un ambiente festivo con grandes anuncios de nuevas películas, juegos infantiles y otras atracciones. Por cierto es lo que pasa en un centro cultural donde, por definición, orbitan muestras de diferentes artes, una oferta gastronómica, en un entorno patrimonial o arquitectónico destacado. O en las llamadas fiestas costumbristas que adornan el territorio nacional.


Una posible explicación puede estar en lo que describe Constanza Symmes, Jefa de Estudios del CNCA, en sus reflexiones que introducen la Encuesta:

"Se está ante una concepción de la cultura como modo de vida, más allá de la sola visita o asistencia a un espectáculo. Según este enfoque, la participación implica el reconocimiento de una diversidad de formas de experiencia cultural, los territorios en que se despliegan y la relación dinámica que entre ellas se dibuja. En efecto, se está ante nuevas prácticas y materialidades, desde el punto de vista de su visibilización en la escena cultural nacional —ya que si bien existían— no estaban integradas, y por lo tanto no eran distinguidas por la medición cultural".


Se refiere tal vez las audiencias multi impactadas cotidianamente, de manera simultánea por redes sociales variadas, publicidad desbordante y medios de comunicación complejos (La Tercera ya es un tri-diario, el habitual, más un diario económico, Pulso; más un diario internacional, El País; además del virtual La Tercera PM y el adelanto, vía correo electrónico a las 22 horas, de la edición del día siguiente).

Estas audiencias -según la encuesta- mayoritariamente se "aburren" cuando llegan a un museo o un teatro en las que se muestra una colección homogénea, una pieza musical o escénica y nada más.

El recorrido reciente del teatro, por ejemplo, que ha pasado de espacios poco convencionales o directamente públicos a inicios de los noventa, a las más elegantes salas -CA660, Municipal de Las Condes- ha perdido la condición de espectáculo múltiple y acercándose a audiencias de mayor poder adquisitivo, que planean individualmente su propio festival, programándose funciones en diferentes dias del mes de enero.

¿No será que estamos entrando en la era del festival más que de la función específica?

Entendiendo por tal aquello que se parece más a Lollapalooza, de múltiples escenarios, de impacto mediático gigantesco y de conmoción a las autoridades y sus diferentes formas de prevención (sanitario, cortes de tránsito, estacionamientos, refuerzo del metro...)

Es decir, la experiencia cultural se vuelve compleja y múltiple: disfruto a la vez a mi artista favorito, bebo, como, reviso ofertas de productos artesanales, orgánicos, musicales... Tal vez un concepto de participación mucho más activo que el mero asiento debidamente numerado y fijo de una sala.


Junto con consagrar la aparición en Chile de un nuevo tipo de espacios: el centro cultural, la experiencia del CCEM demuestra que en sus instalaciones -con la excepción de la Feria del Libro, que confirma la regla- no existen manifestaciones únicas. Todas, aún las más masivas, están acompañadas por dos o tres muestras simultáneas de artes visuales, propuestas gastronómicas y presentaciones artísticas consideradas de común acuerdo entre sus productores y los gestores del espacio, con resultados que dejan satisfechos a ambos .

En este caso, es el espacio en su monumentalidad, el que llama a llenarlo con presentaciones relacionadas y complementarias con el tema central. Así aconteció en la Expo Cumbre de las Américas; Bolivia, la magia de su diversidad; la Cumbre Mundial de las Artes y la Cultura; el Festival de Cine de Lebu, y muchas manifestaciones que terminan  siendo una verdadera fiesta que atrae a diferentes públicos y en la que exponentes y visitantes pueden compartir su "modo de vida".

En consecuencia, más que lamentar el descenso o el desinterés por la participación cultural en manifestaciones ligadas a las bellas artes, cabría analizar cómo incorporar a éstas a las fiestas o festivales que atraen a los públicos y desde allí, ya cautivados, introducirlos al disfrute habitual de las artes tradicionales.

Con la conciencia de que serán probablemente actividades de nicho, por tanto con expectativas de asistencia más realistas y moderadas. Y difíciles de comparar con aquellas de "modo de vida".


Cuando el entonces director de Adimark, Roberto Méndez, fue invitado a realizar la primera encuesta de consumo cultural, en 1995, señaló: "No midamos Consumo, que nos vamos a deprimir... midamos mejor Intereses culturales". A qué le gustaría asistir en lugar de a qué asiste.

Así se hizo y el trabajo fue provechoso, comparable con versiones posteriores y un sólido antecedente a las Encuestas que hoy comienzan a describir el nuevo concepto: la participación. Que va mas allá del consumo, los intereses y los clásicos conceptos de formación de públicos, educación artística y formación del gusto.

Para adentrarnos en los tiempos en los que las culturas "se construyen y reconstruyen en la interacción humana". Permitiendo acciones como el fomento de la diversidad de expresiones y prácticas, la co-gestión de espacios con las comunidades y acciones de reconocimiento de las culturas de pueblos originarios.

Cito nuevamente a Symmes: "Si bien desde la acción pública, se anhela que todos los ciudadanos puedan conocer y disfrutar de un cúmulo de obras consagradas o poseedoras de un fuerte componente de legitimidad (por ejemplo, las grandes sinfonías o colecciones de arte), también se aspira a que el conjunto de prácticas culturales desplegadas en los entramados territoriales puedan ser conocido, reconocido y disfrutado por el conjunto de la población. En este sentido el explorar y visibilizar estas prácticas y otras formas de participación es una deuda que de alguna manera comenzamos a saldar con el país. Una definición más amplia del propio concepto de cultura, acompañada de un instrumento robustecido para su abordaje, es un primer y gran paso".

Todo un cambio en el modelo de concebir la gestión pública en cultura. 

19 marzo 2018

UN ANTECEDENTE A LAS ENCUESTAS CULTURALES


Comparación 1995-2005 de visitantes a espacios culturales de Santiago 


La historia de las encuestas culturales en Chile es breve, se remonta solo a mayo de 1987, cuando se realiza la primera encuesta de Consumo Cultural en Santiago, aplicada por dos ONGs: Ceneca y Flacso. Fue todo un acontecimiento, que ha pasado bastante inadvertido. Hasta ahora, que se ha dado a conocer un proyecto del sociólogo Tomás Peters que digitaliza las publicaciones de CENECA, para ponerlas en igualdad de condiciones con lo que vino después. Sin embargo, el ejemplo de la ONG fue recogido, en 1995, por el nuevo Centro Cultural Estación Mapocho que, junto con acoger manifestaciones artísticas y culturales masivas agrega un aspecto inédito en este tipo de organizaciones: un Observatorio del Público. Es de interés agregar sus características y resultados al debate que se inicia.


El debut fue en 1995, en junio, cuando en conjunto con ADIMARK -con apoyo de TVN y la Municipalidad de Santiago- se realiza un primer estudio de Intereses culturales en  la Región Metropolitana.

Tal como se afirma en Cultura ¿quién paga?, RILeditores, 2006, capítulo 7:

Hasta 1995, no se conocían en Chile estadísticas culturales aplicadas a la gestión de un espacio cultural. Ese año se crearon tres mecanismos para conocer al público real o potencial al que serviría el Centro Cultural Estación Mapocho: el Observatorio del público; las Diez cifras y la Encuesta de intereses culturales.

El Observatorio del público realiza permanentemente encuestas entre el público de las diferentes actividades que ocurren en el Centro Cultural Estación Mapocho para arrojar perfiles de estos usuarios y sus niveles de fidelización con el espacio. Adicionalmente, efectúa encuestas de satisfacción con el servicio brindado, entre los clientes del centro.

Las Diez cifras constituyen, al final de cada año, el resumen y balance de las actividades reducidas a números: cantidad de asistentes; cifra de funciones escénicas; cantidad de días de exposiciones; jornadas destinadas a actividades comerciales y solidarias; dinero aportado por el Centro para subsidiar actividades culturales; monto de las inversiones en el edificio; volumen de los proyectos administrados por concepto de la Ley de Donaciones Culturales, y perfiles de público y niveles de fidelización del año su detalle desde 1995 y hasta 2004 es público.

La Encuesta de intereses culturales fue iniciada en 1995 con el objeto de “determinar los hábitos y actitudes con respecto a música, cine, teatro, museos, danza, libros y exposiciones y descubrir el nivel de conocimiento de los lugares donde se ofrece actividad cultural y predisposición a acudir”. Fue replicada en 2005, agregándose el objetivo de “determinar los cambios en los hábitos e intereses culturales de la población de Santiago, en los últimos 10 años y conocer el rol actual del Centro Cultural Estación Mapocho en la actividad cultural de la ciudad”(Adimark, Estudio Intereses Culturales Junio 2005).

Ambas encuestas fueron administradas con similar metodología: un estudio cuantitativo, con entrevistas individuales y personales en el hogar de los entrevistados. La muestra en ambos casos alcanzó a alrededor de 630 personas, hombres y mujeres, de 15 a 74 años, de todos los niveles socio económicos a excepción del grupo E.

La repetición, diez años después, permitió establecer comparaciones. Los principales resultados de esta comparación fueron publicados en Diez años de cultura en Santiago:1995-2005, El Mercurio, Artes y Letras, el 14 de agosto de 2005. Pueden agruparse en doce aspectos.

1. En 2005, los habitantes de Santiago señalan tener un menor interés por el cine, por el teatro –un tercio menos los más pobres y los mayores- y un gran desinterés por la música clásica y la ópera, que cae más o menos a la mitad en todos los grupos socioeconómicos, de sexo y edad.

2. Los santiaguinos mantienen en 2005 igual sus intereses por la lectura – de libros y diarios-, por escuchar música, asistir a conciertos –sólo suben en ABC1-, ir a exposiciones de artes plásticas, concurrir a espectáculos de danza e ir a bibliotecas y museos.

3. Por otra parte, en estos diez años ha aumentado casi en un 20% el interés por concurrir a ferias culturales o de temas específicos. Este crecimiento se da principalmente entre los jóvenes –menores de 40 años- , en hombres y en sectores medios y altos (C3 y ABC1).

4. En lo referido a la evolución de actividades realizadas aunque sea una vez en el último año, ha ido más gente al cine que en 1995, de todos los sectores; más gente al teatro, especialmente de estrato alto; más personas a conciertos de música en vivo, especialmente los más pobres; menos gente a asistido a los museos, de todos los estratos. Estas cifras indican que el cine y el teatro están estrechamente vinculados a los ingresos de la gente o al valor de las entradas: si fuesen más baratos, asistiría más gente. Contrario es el caso de los museos donde la principal razón de desinterés por asistir es la falta de tiempo, lo que indicaría una falta de calidad de las muestras. En cuanto a los conciertos de música en vivo, llama fuertemente la atención el aumento de la asistencia a ellos de los sectores más pobres, de los jóvenes y de las mujeres.

5. Los gustos musicales, en general –romántica, folklórica, salsa, rock, pop, jazz, electrónica- se han mantenido estos diez años, a excepción de la música clásica y de la ópera que enfrentan una preocupante caída, conservándose un interés sólo en sectores altos y entre los mayores de 60 años.

6. Por otra parte, ha aumentado la información de lo que ocurre en cultura. Cada vez es menor la cifra de quienes atribuyen a falta de información la inasistencia a actividades culturales. Asimismo, los culturales ocupan en 2005 el segundo lugar entre los temas de mayor interés en los diarios superando esta vez a los deportivos y a los de espectáculos. Este aumento de la información cultural puede deberse también a la presencia creciente de ella en sitios Web, vía pública, pendones en los espacios culturales y radios.

7. En cine, el público habitual sube de 23 a 35% siendo esto más ostensible en los sectores de altos ingresos y entre los menores de 40 años. Entre los sectores bajos, el problema del alto valor de las entradas es muy relevante y se agudiza en éstos diez años.

8. El teatro acusa una leve subida de asistencia, del 9 al 13%, concentrándose el alza casi exclusivamente en el sector de altos ingresos (ABC1). Nuevamente, el factor precio de las entradas incide cada vez más aunque mejora el acceso a la información sobre la cartelera. De los datos puede derivarse también un problema de oferta pues no se registra en los diez años nuevas obras de gran conocimiento del público. Permanecen como los grandes atractivos La pérgola de las flores y La negra Ester, las que incluso acusan un alza de asistentes en el decenio. Llegando la Pérgola... al 2005 a ser vista por el 50% de las personas y La negra... por un tercio del público encuestado al mismo año.

9. La lectura de libros es pareja en todas las edades, mientras la lectura de diarios aumenta con la edad y la de revistas es más fuerte entre los jóvenes. En general, el interés por la lectura de libros es alto, siendo mayor en sectores medios bajos (C3). Un 64% de los encuestados, casi dos tercios, ha leído al menos un libro en el último año. El mayor porcentaje está entre los jóvenes de 15 a 24 (80%) lo que podría estar influenciado por su condición de estudiantes, pero el segmento que lo sigue (25 a 39 años) también es alto: 71% ha leído un libro en el último año. Lo que podría estar hablando de hábitos de lectura ya formados.

10. Un 57% de las personas ha asistido a museos, galerías o exhibiciones de arte, pero este promedio es decreciente según nivel socioeconómico y edad. Quienes más asisten son los sectores altos (79%) y los jóvenes de 15 a 24 (66%). Al consultarse sobre cuales museos ha asistido, la única mención relevante es el Museo de Bellas Artes, los demás no alcanzan al 5% de las menciones. Entre las razones esgrimidas para no ir, la principal, casi dos tercios de la muestra, es no tiene tiempo. Comparando con 1995, baja el interés por asistir a exposiciones de pintura clásica.

11. En danza, el panorama es menos alentador. Cae el interés comparativo en todas sus formas: ballet folklórico, ballet clásico y danza moderna, en ese orden.

12. Los lugares culturales con alto nivel de conocimiento y asistencia son sólo cuatro en la ciudad: Museo de Bellas Artes, Biblioteca Nacional, Centro Cultural Estación Mapocho y Teatro Municipal. Con respecto a 1995 sólo aumenta el público del Bellas Artes – levemente- y más significativamente el del Centro Cultural Estación Mapocho. Los otros dos permanecen iguales. Entre los espacios con bajo nivel de asistencia pero buen nivel de referencias de terceros, destaca Matucana 100. El aumento de público del Centro Cultural Estación Mapocho está mayoritariamente concentrado en el ABC1, el C2 y entre los hombres jóvenes.


Se confirma que los cambios en los intereses culturales de una ciudad son lentos y que diez años es una buena distancia para medirlos. Se mantiene una tendencia general a que quienes tienen más interés y logran una mayor realización de sus intereses culturales son los sectores de mayores ingresos y los jóvenes. El menor nivel de interés y baja realización está entre los mayores de 60 y los más pobres. Deberemos entonces focalizar las políticas culturales en los sectores de pobreza y de mayor edad. Eso implica tal vez horarios adecuados para adultos mayores y precios factibles para aquellas personas de menores ingresos. 

Por otra parte, se advierte que actividades como el cine y el teatro son muy sensibles al precio de la entrada. Al respecto parecen ir en la dirección correcta medidas como el Día del cine, los miércoles rebajados y los festivales de teatro “a mil”, “a luca” o “a cien”. El interés por los conciertos de música romántica va en aumento en todos los sectores. Es preocupante la caída drástica del interés por la música clásica y la ópera y el persistente bajo interés por los museos. Inquieta cruzar esta realidad con la cantidad de recursos que el estado destina a estas disciplinas que aparecerían mucho más favorecidas que otras que despiertan mayor interés del público.

La lectura aparece en un buen pié. Con interés creciente de los más jóvenes y con niveles crecientes de lectura de diarios, revistas y libros. Al respecto sube también, especialmente en los jóvenes, el interés por las bibliotecas que han experimentado en los últimos años un trascendental cambio al incorporar computación y biblio redes entre sus servicios. Este interés y realidad de lectura de libros se confirma con la Feria Internacional del Libro de Santiago – la exposición que despierta el mayor grado de interés- y la vigencia desde 1993 de la Ley de Fomento del Libro y la Lectura. Se verifica que la aplicación políticas públicas combinadas con aportes privados y con un criterio innovador pueden llegar a influir en el desarrollo cultural de una ciudad.

Como se ve, hay bastante coincidencia con los resultados conocidos recientemente, a nivel nacional.

Sin embargo, quedó claro que la de 2005 sería el último estudio asumido por el CCEM y se dejaría paso a los generados -ahora a nivel nacional- por el CNCA.

Así fue como en 2005 apareció la primera encuesta de Consumo cultural y uso del tiempo libre 2004/2005 del Consejo Nacional de la Cultura. La experiencia se repitió en 2009 con la II Encuesta Nacional de Participación y Consumo Cultural. Y luego en 2012, la III Encuesta Nacional de Participación y Consumo Cultural.

Para culminar, ampliando lo anterior a todo Chile, con mayor cantidad de casos y un componente cualitativo, en  agosto 2017: la reciente Encuesta Nacional de Participación Cultural, presentada sólo a horas de que se pusiera en marcha el Ministerio de las culturas, las artes y el patrimonio. Que debiera seguir con esta interesante serie de cifras, de tanta utilidad para seguir profundizando las políticas culturales que guían su accionar.

Pero, antes, deberíamos analizar las cifras disponibles hasta hacerles confesar toda su riqueza.