12 enero 2017

EL CEP, LOS SENADORES Y EL MINISTERIO


Valdivia, septiembre de 2012, culminaba la novena Convención Nacional del CNCA, y el entonces consejero regional metropolitano, Pablo Chiuminatto, sin que los organizadores pudiesen evitarlo, espetó en el micrófono en referencia a la presencia - o ausencia- del entonces Ministro Luciano Cruz Coke en las sesiones convencionales: "Cuando hay autoridades, no hay diálogo y cuando hay diálogo, no hay autoridades". Han pasado más de 4 años y el ex consejero vuelve a la carga, en carta publicada en El Mostrador, aludiendo al proyecto de ministerio, iniciado en el mandato de Cruz Coke, como "un invento del gobierno para el gobierno". Esta vez tuvo respuesta.  


Hace unos dias el Centro de Estudios Públicos publicó el artículo Ministerio de las Culturas: análisis de diseño institucional, de uno de los principales colaboradores del ex ministro, Jorge Larraín y José Miguel Benavente, que señala: "los órganos colegiados del CNCA han actuado consistentemente como un contrapeso efectivo a las autoridades de gobierno. El rol ejercido por el directorio nacional sobre el diseño y mantención de la política cultural, esto más allá de los alcances que debiera tener dicha política, y la autonomía de dicho órgano frente a las autoridades de gobierno son pilares fundamentales que sugerimos mantener en nuestra institucionalidad cultural".


En la síntesis, Benavente y Larraín, consideran que "la idea matriz del proyecto, de consolidar las diversas organizaciones culturales existentes —o al menos las de mayor relevancia- en un Ministerio que pueda implementar eficazmente una política de Estado en materia cultural, es adecuada. A trece años de la creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, es razonable reconocer que su rol de coordinación sobre órganos de igual jerarquía institucional ha sido limitado. No obstante, consideramos conveniente hacer modificaciones que resguarden la autonomía de los órganos colegiados frente al poder ejecutivo y mantengan su rol como garante de políticas de Estado orientadas al largo plazo". 

En su carta, el ex consejero sospecha que esa autonomía no se cumple en el proyecto y que "era responsabilidad de los legisladores" velar por ello. Éstos no habrían cumplido su misión, presumiendo una especie de colusión entre el gobierno actual, que anotaría el nuevo Ministerio entre sus logros legislativos y el que vendrá, quien, finalmente, saque provecho de este instrumento, que sería inspirado por el principio de "En cuanto oigo la palabra cultura extiendo un cheque en blanco al portador".

La tesis del cheque (instrumento bancario en vías de extinción) pudo existir en nuestro país en política cultural hasta inicios de los setenta y esa realidad, sumada a la absoluta prescindencia de apoyo estatal a la cultura que practicó la dictadura, llevó a que con el retorno de la democracia se promoviese, con éxito, un camino mixto para nuestro desarrollo cultural. Que el cheque fácil se evitara a través de jurados plurales que administraban fondos concursables transparentes y que los riesgos de manipulación autoritaria se eliminaran mediante la creación de consejos plurales, representativos e inamovibles por el gobierno de turno. Es decir, mirando más al modelo británico del post fascismo -un Estado Patrocinador-  que aquel de España o Francia, conocido como del Estado Arquitecto, del cual se consideró una eficiente política de infraestructura cultural.

En ese escenario surge la lógica necesidad de reunir en un solo techo a entidades equivalentes -los servicios públicos DIBAM y CNCA- pero, nuestro ordenamiento jurídico no reconoce otra forma que las pueda agrupar que un Ministerio. Por ello, el proyecto optó por esa figura, manteniendo la estructura del Consejo Nacional y sus consejos regionales y sectoriales. Dándole al primero la facultad de "Aprobar la Estrategia Quinquenal Nacional, a propuesta de su presidente, la que servirá de marco referencial de las políticas del sector. Dicha estrategia deberá considerar la Estrategia Quinquenal Regional" (Articulo 17 número 1 del proyecto).


Los Senadores, reunidos en Sala el 4 de enero, agregaron otros aspectos a discutir como "¿para qué queremos una institucionalidad cultural?" (Guido Girardi); "La cultura es un componente de la vida social de carácter transversal, por eso no es fácil definir una institución pública. A la hora de diseñar la tarea es compleja, porque aquí no se trata de levantar organismos y darle recursos, sino que generar espacios para la participación, de descentralizarse" (Rabindranath Quinteros); "La cultura debiera preocuparse de aspectos como la ciudad y los espacios públicos, por ejemplo, al impacto de los centros comerciales en el concepto de ciudad" (Carlos Montes en la Comisión de Educación).

Los autores del CED proponen a su vez, que "se revise la orgánica propuesta para la Subsecretaría del Patrimonio. Si ya la institucionalidad de 2003 fue ineficaz en minimizar la ocurrencia de problemas coordinación, respecto a las políticas sobre el patrimonio, sería inexplicable que una estructura excesivamente compleja mantuviera los mismos problemas trece años después".


En la discusión en particular, aun no iniciada en la Cámara Alta, surgirán estas y otras temáticas, tanto en la Comisión de Educación y la de Hacienda como luego en la Sala. Se inicia además un año electoral, por lo que se abren posibilidades para que los ciudadanos y las diferentes candidaturas se pronuncien públicamente al respecto.

El objetivo es afianzar políticas de Estado, como las elaboradas participativamente a contar de 2004 o las que surjan de los planes quinquenales, que las autoridades designadas por cada gobierno -cualquiera este sea- no puedan obviar.

Se evita así el temor de que esta sea una entidad "de gobierno para el gobierno".

La cultura es mucho más que eso, es asunto de Estado.

10 enero 2017

JORGE GONZALEZ, UN DIGNO CONDECORADO



"El ministro de cultura acaba de robarle la dignidad a una ceremonia íntima entre un artista y su público" tuiteó el escritor y crítico Álvaro Bisama, probablemente al calor del recital-ceremonia que bajo el título de Cumbre del Rock Chileno, repletó el Estadio Nacional el 7 de enero de 2017 junto a artistas como Alvaro Henríquez, Camila Moreno, Los Tetas, Alex Anwandter, Nicole, Nano Stern, Joe Vasconcellos, Javiera Mena, López, Mon Laferte, entre otros. Fue la última presentación del ex Los Prisioneros, quien anunció su retiro de los escenario luego de sufrir en febrero de 2015 un accidente cerebro vascular que lo dejó con problemas motores y de habla. La más reciente receptora de la Orden al Mérito fue Joan Turner, viuda de Víctor Jara, a quién se la distinguió en La Moneda, de la mano de la Presidenta de la República, el pasado 9 de diciembre.


La Orden al Mérito Artístico y Cultural Pablo Neruda, máximo galardón del Estado de Chile en este campo, creada por el Directorio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en 2004, con motivo de la conmemoración de los cien años del natalicio de Neruda, consiste en un diploma y una medalla elaborada por el escultor Federico Assler.

En el último tramo del concierto, González recibió la Orden al Mérito, entregada por el Ministro de Cultura, Ernesto Ottone, que Jorge González redujo al mínimo: apenas recibió el trofeo, anunció por su micrófono la siguiente canción: Tren al sur.

Una vez terminado el concierto, se entregó el premio Ícono del Rock, a Álvaro Henríquez de manos del propio Jorge González, que sin emitir palabras traspasó el galardón en una ceremonia tan breve como fría, con el líder de Los Prisioneros rodeado de sus dos hijos en la última actividad sobre el escenario.

¿Tiene razón Bisama al cuestionar la oportunidad de la condecoración? Pues nadie niega su pertinencia. ¿Es posible imaginar que la expresión artística se reduzca sólo a la intimidad entre artista y su público? En cierta medida si, si nos quedamos en las apariencias. Pero "tras bambalinas" hay mucho más que eso. Tras cada creador hay equipos de sonidistas, iluminadores, productores, comunicadores y un largo etcétera a los que, en grandes ocasiones, se suma la presencia del reconocimiento público a la trayectoria de un artista de excepción. 

Ocurrió el 15 de agosto de 2001, cuando el Presidente Ricardo Lagos, y la ministra de Educación, Mariana Aylwin, entregaron la Condecoración Orden al Mérito Docente y Cultural Gabriela Mistral, en el grado de Gran Oficial, al director de la Orquesta Filarmónica de Israel, Zubin Mehta, en el Teatro Municipal de Santiago.

¿Existe un mejor lugar para premiar a un artista que el escenario donde recibe el aplauso de su público?

La Moneda, dirán algunos, como aconteció recientemente con Joan Jara. Tal vez, pero no olvidemos que parte del honor a Joan, como ella misma señaló, lo comparte con su marido Víctor Jara. Y como nos hubiese gustado condecorar a Jara en un Estadio Nacional repleto, coreando sus canciones.

Ambos escenario son de equivalente dignidad: el del escenario rebosante de seguidores y el del Palacio de Gobierno que simboliza a todos los chilenos y chilenas. En ambos, real o simbólicamente, actúa el soberano y premia a sus ídolos.

No olvidemos, además, que el Ministro Ottone no sigue un capricho ni una voluntad personal. El galardón a Jorge González, como el de Joan Turner, fue otorgado por un órgano colegiado y representativo -según la Ley- de la sociedad civil chilena en el que participan también, aunque minoritariamente, integrantes del poder Ejecutivo. 

En definitiva, es interesante la llamada de atención de Bisama, pero es también relevante que el Estado de Chile premie a sus mejores en entornos significativos de la vox populi.

Lo que no se pierde en una instancia así, es la dignidad.

05 enero 2017

APROBADA LA IDEA, FALTA EL DETALLE


"Estamos en un muy buen pie para crear una nueva institucionalidad, más eficiente y eficaz, donde el patrimonio y las artes puedan convivir de una manera armónica e integrada. Ahora pasamos a la etapa de discusión en particular del proyecto de ley en la Comisión de Educación y Cultura, y estamos muy esperanzados en que tal como lo comprometió la Presidenta, sacaremos antes que se acabe el gobierno, el futuro Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio”.  Con esas palabras, ponderadas y optimistas a la vez, el Ministro Ernesto Ottone reaccionó ante la aprobación unánime -36 Senadores a favor, ninguno en contra- de la idea de legislar respecto de la creación de un Ministerio que se ocupe de las tareas de la o las culturas.


Porque lo primero que está pendiente para su discusión en particular es precisamente su nombre. Hay buenas razones para hacer un gesto político y reconocer que Chile es un país multicultural, pero también las hay para sostener que el concepto de cultura abarca los de patrimonio y las artes. A la vez, el sentido práctico indica que -como Macul, Alameda y otras calles rebautizadas- el uso será el de Ministerio de Cultura, tal como Economía no usa sus apéndices "de Fomento y Turismo".


De los interesantes discursos de la Sala del Senado, en la tarde del 4 de enero, se desprende que no existe mayoría clara en ninguno de los dos sentidos. Como si parece haberlo en cuanto a incrementar la descentralización del futuro ente.


El texto del Senador Rabindranath Quinteros "la cultura constituye nuestra forma de vida, lo abarca todo y por lo tanto no puede ser vista de manera sectorial. Es un componente de la vida social de carácter transversal, por eso no es fácil definir una institución pública. A la hora de diseñar la tarea es compleja, porque aquí no se trata de levantar organismos y darle recursos, sino que generar espacios para la participación, de descentralizarse", da una señal respecto de la necesidad de mejorar la estructura regional del proyecto y aclarar cuales serán las atribuciones y jerarquías entre Seremis, directores regionales de servicio como el de Patrimonio y los niveles de decisión que los consejos regionales tendrán para determinar las políticas culturales de su zona. Es verdad que el proyecto de indicación sustitutiva, en su redacción, optó por un método inclusivo, dando a entender que era mejor que algunas de las muchas ramas y organismos incluidos pudieran ser reordenados y hasta transformados en la discusión parlamentaria en particular.


Como ello no ocurrió en el debate de los Diputados, demostrando de paso que no es una buena idea una Comisión de Cultura y que es una mejor determinación la que tomó Ottone de mantener la discusión en la aguerrida Comisión de Educación del Senado, que hizo interesantes aportes resumidos por su Presidente, Ignacio Walker: "Las principales discusiones que se dieron: si era un servicio o un ministerio, este último que pudiera darle una unidad a todas las instituciones en la materia; otra discusión fue si crear una o dos subsecretaria. Y existen tres temas que se deben fortalecer: la denominación del ministerio; la organización de la secretaria del Estado, y el rol del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes". En coherencia con ello, el integrante de la Comisión, Andrés Allamand, reforzó: "quiero detenerme en los tres puntos ya mencionados: el tema del nombre del ministerio no es un asunto menor; con respecto a las dos subsecretarías es un tema que habrá que resolver; y donde veo la mayor complejidad es cómo se encajan los consejos y la sociedad civil en esta estructura ministerial".


El senador Víctor Pérez, que concurrió a la sesión en que se aprobó el proyecto en la Comisión en reemplazo de Ena Von Baer, complementó señalando que "queremos un país que se desarrolle culturalmente y que represente la diversidad, pero me preocupa que esta estructura sea realmente la adecuada. Estamos generando un ministerio vertical con organizaciones horizontales, con dos subsecretarías que pueden ser un exceso, además de la necesidad de conocer cuál será el rol de los gobiernos regionales y cómo se relacionarán entre sí".


El punto del cruce entre los órganos participativos horizontales existentes, que se mantienen, con una estructura ministerial necesariamente vertical será una prueba para las indicaciones que se anunciaron pues de la mayoría de las intervenciones se desprende el ánimo de no perder las instancias de participación logradas por el CNCA, sino, ojalá, incrementarlas a lo menos en el ámbito de la descentralización. "Me preocupa que exista traspaso de competencias a cada uno de los gobiernos regionales, para que cada región sea protagonista de su cultura" añadió el Senador magallánico Carlos Bianchi.

Al Senador Guido Girardi, le parece que "este es uno de los temas en los que debemos hacer una reflexión mayor, ¿para qué queremos una institucionalidad cultural? Me parece que aquí no están explicitados los grandes fundamentos y hacia dónde se quiere ir y entenderse la sociedad chilena. Votaré a favor, pero hay que reflexionar de cómo tiene que ser nuestro futuro". Agregando que más que el futuro de nuestro pasado, le interesa debatir sobre "el futuro de nuestro futuro".


Los senadores Alejandro Navarro y Francisco Chahuan coincidieron en la necesidad de dejar explicitado que la sede del nuevo ministerio debe ser la ciudad de Valparaíso, cuestión que el proyecto considera, a excepción de la subsecretaría del Patrimonio y el servicio que de ella dependerá, que sería Santiago.


En resumen, el gobierno y el Ministro Ottone, se anotaron un triunfo tanto con la aprobación de la idea de legislar como el que ésta haya sido unánime. Además, provocaron un debate de un nivel coherente con el tema en cuestión, dejando en evidencia que la estrategia de ordenar la casa de las diversas instituciones ocupadas de la cultura de ninguna manera cierra la posibilidad de discutir en adelante sobre los porqué de dicho ordenamiento y las características que debiera adquirir la cultura en nuestro aparato estatal, las que inevitablemente deberán considerar la incorporación tanto de actores del mundo privado como público, así como de personas representativas de las diversas culturas que han dado forma a nuestro país.


En adelante, el diálogo entre la presentación de indicaciones parlamentarias y el prudente manejo de las urgencias por parte del Ejecutivo, podría llevar a que el segundo semestre de 2017 pueda promulgarse la ley que crea, en Chile, el primer Ministerio de Cultura(s) de su historia.

03 enero 2017

VALPARAÍSO SE AMA Y SE QUEMA


Nuestro puerto es -a pesar de la tragedia más reciente- un lugar capaz de brindarnos en el lapso de un par de horas, la felicidad más grande por haber disfrutado un año nuevo con maravillosos fuegos artificiales, la tradicional generosidad de los porteños que brindan en las calles con los paseantes y, acto seguido, la más dantesca de las plumas de humo que delata un incendio de proporciones que, viento feroz mediante, se alojó en las puertas de la ciudad. No alcanzamos a ponderar las ventajas de la nueva escoba alcaldicia (que barrió las basuras de la celebración de cambio de año) cuando el edil debió salir nuevamente a proponer formas de evitar incendios, proteger -no de las llamas, sino de la morbosidad- a los damnificados y recibir autoridades desde la Presidenta de la República, con la que compartió prioridades: la gente, las llamas y luego la reconstrucción.


Ya se anunciaba algo el primer día del 2017: una vivienda de dos pisos ardió, por poco rato, en la calle General Mackenna del cerro Yungay. Pocas horas después, carros bombas y voluntarios de CONAF trepaban los cerros rumbo a un incendio forestal en Laguna Verde -el Club de Pesca y Caza- que en menos de 24 horas se descontrolaría.  

A pesar de ello, el reposo, festejo y reposo, ampliado con un nuevo feriado, dejó paso a la preocupación. Ardía Playa Ancha, se quemaba el histórico regimiento Maipo, Puertas Negras se carbonizaba haciendo honor a su nombre... 

En poco rato, los porteños, los ediles de ciudades vecinas -con algo de retraso la de Viña del Mar- y la ciudadanía en general se aprestó para brindar apoyo a los damnificados. Militares, carabineros, bomberos, brigadistas de CONAF llegaron a los sectores fronterizos de las llamas y evitaron que la tragedia pasara a mayores. Parecía, como si todos estuvieran esperando la tragedia. Listos para intervenir, albergues dispuestos con oficina móvil del Registro Civil incluída en aquellos para personas y la novedad: depósitos para especies que tendrán vigilancia rigurosa para evitar robos de artículos valiosos para los afectados.

La primera polémica que se advierte -no puede sino ser así en Valparaíso- es entre quienes quieren reforestar la vegetación introducida -pinos y eucaliptos- con repoblamiento de especies autóctonas como peumos, boldos, maitenes, litres, quilas y pataguas, y quienes no lo creen relevante.

No es un tema menor, metáfora de otras expresiones externas que los porteños suelen rechazar de diversas maneras -en algunos casos enfrentando a los hinchas de Colo Colo en verdaderas batallas campales- en otras, mirando con recelo a quienes consumen marraquetas en lugar de pan batido.

Es que, aunque la distancia entre Valparaíso y la capital es poca, las distancias culturales son considerables y quizás la manera de enfrentar  los indispensables cambios en la convivencia -como depositar la basura en los tachos correspondientes y no en las quebradas- debe enfrentarse también como un tema multicultural.

Afortunadamente, Valparaíso tiene potencial intelectual -sus universidades, sus cuerpos bomberiles y otros de emergencia, como el bote salvavidas o los voluntarios de CONAF- pueden y deben aportar su experiencia en la construcción de nuevos comportamientos en las tragedias allí donde sea necesario y reforzar aquellos otros que hacen alusión a su patrimonio.

También hay instancias culturales avecindadas en el puerto que pueden hacer su aporte, como el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes o el Festival Puerto de Ideas que bien podrían incorporar en sus agendas la presencia de expertos que aporten a la ciudad conocimientos de punta en temas de emergencias y tragedias. Para culminar, por fin, en un plan de manejo de nivel nacional para las zonas declaradas Patrimonio de la Humanidad.

Por ahora, una señal en el sentido correcto parece ser la separación de la cuenta pública del Congreso Nacional de la festividad de las Glorias Navales que hacia correr a los Presidentes y extenuaba a las fuerzas policiales que debían garantizar el orden en ambos actos. Y que costó la vida a un trabajador municipal en 2016.

Quizás la elección popular de un gobernador regional sea otro paso en la dirección de otorgar voz a las costumbres y usos de las localidades diferentes a Santiago.

Es que, como en otras áreas, el cambio debe ser cultural o no será.

27 diciembre 2016

ESTADISTICAS CULTURALES: AHORA LOS NÚMEROS



No la tiene fácil el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) -y no me refiero al Censo abreviado del próximo 19 de abril. Muy de la mano del Consejo Nacional de Cultura y las Artes, acaba de dar un insospechado salto cualitativo: pasar de los simples informes anuales Cultura y tiempo libre a la más solvente formula de las Estadísticas Culturales, que debutaron con datos del 2015, el 27 de diciembre de 2016, en el hermoso salón de actos del Museo Violeta Parra.


A juicio de la página del CNCA, "la nueva versión de Estadísticas culturales 2015 expresa un giro conceptual y no solo cosmético. En primer término, enfatiza su misión centrada en la complejidad de producir estadísticas culturales oficiales que, delimitando el marco metodológico de su observación, permitan la adecuada medición de las diversas y dinámicas prácticas del campo cultural y artístico. En segundo lugar, busca ampliar la propia noción de vida cultural y su vínculo con el tiempo libre, poniendo a disposición de la sociedad chilena un extenso compendio de estadísticas de calidad, siempre perfectibles, que permiten mirar de cerca el desenvolvimiento del sector".

No es sólo cosmético, debido a la incorporación de nuevos informantes -Artesanías de Chile y Fundación La Fuente-; la consideración de opiniones de agentes culturales y usuarios a partir de mesas técnicas, y la incorporación de la gastronomía y el patrimonio alimentario como ámbito cultural. Es un cambio profundo que debiera permitir que de sus 462 páginas (de letra chica, como señaló el Ministro Ernesto Ottone en su presentación en sociedad) se deriven dos insumos relevantes para el desarrollo cultural: investigaciones y políticas públicas culturales.

Como señaló en esa misma ocasión el sociólogo y Premio Nacional de Ciencias Sociales, Manuel Antonio Garretón, no basta que las cifra estén allí, sino que es preciso que hablen, se comparen, encuentren pares en otros países y busquen razones que las expliquen.

No basta con saber que menos del 3% de los ingresos del cine en 2015 corresponde a películas chilenas o que en el año se estrenaron 24 filmes nacionales, la tarea es que esos fríos números lleguen a expresarse en medidas de la Política Nacional del Campo Audiovisual para mejorar los ingresos e impulsar nuevas producciones que lleguen a salas llenas de personas que las aprecien, comprendan y valoren.

Pero la tarea va más allá de lo evidente, de ese diez por ciento de la cultura fácilmente reconocible y manifiesta que revela el modelo del iceberg en la cultura que ilustra el Informa Anual y esta nota. Hay un noventa por ciento de la cultura que está bajo la superficie: "Reglas tácitas, formas de pensar" e incluye además la cultura profunda, aquellas "reglas inconscientes, formas de sentir, cosas que se pueden reconocer solo cuando se está familiarizado con una cultura".

Describir el iceberg completo debe ser la meta de las investigaciones culturales y el camino hacia ello sólo se inicia. 

Por ahora, organizan los números en torno a diez dominios más clásicos: Patrimonio; Artesanía; Artes visuales; Artes escénicas; Artes musicales; Artes literarias, libros y prensa; Medios audiovisuales e interactivos; Arquitectura, diseño y servicios creativos; Educación escolar y de soporte, e Infraestructura y equipamiento. El detalle está en http://www.cultura.gob.cl/publicaciones/estadisticas-culturales-informe-anual-2015/

Consultándolo será posible descubrir los logros y flaquezas de estas estadísticas de la cultura que, tímidamente, están ingresando al mundo en que otras disciplinas como la economía llevan años de ventaja. La diferencia está en que el iceberg de la cultura amerita una verdadera minería de datos que exigirá túneles, excavaciones, entrevistas en profundidad, antropología y hasta sicología...

Tengo la sensación de que con este Informe Anual se ha instalado la semilla que debiera apelar a universidades, centros de estudio y al propio Consejo Nacional de la Cultura a crear nuevas formas de investigación que permitan al país estar a la altura de este esfuerzo que no puede ni debe quedarse en los gráficos, de suyo reveladores, sino que sugiere que de no darse el salto propuesto, resultaría casi un derroche haber emprendido este esfuerzo estadístico.

Y, coherente con nuestra institucionalidad cultural participativa y transversal, quienes acometan la tarea no deben ser solo entidades públicas, sino organismos independientes que reúnan aportes y esfuerzos públicos y privados que aseguren confiabilidad de los estudios que resulten.

Porque algún dia llegará en que alguien se pregunte (como ocurre con ciertas investigaciones científicas) ¿qué intereses se ven favorecidos por este estudio cultural? ¿quién pagó por ello? 

Entonces, más vale prevenir.

23 diciembre 2016

LAS TESIS EN CULTURA Y EL NUEVO MINISTERIO


Una calurosa mañana del primer día del verano de 2016, la sala Eloísa Diaz de la Casa Central de la Universidad de Chile fue testigo de la premiación de las mejores tesis en cultura del año y una pequeña sala -la número 8- del Senado de la República, en Valparaíso, presenció la aprobación en general del proyecto de Ministerio de las Culturas por parte de su Comisión de Educación. Ambas sesiones fueron solemnes, con menos asistentes de los que deberían -la de la U de Chile- pero con un paralelo que debiera llevar a ambos a un encuentro feliz, para el buen futuro de la cultura nacional.


Mientras los cinco senadores aprobaban por un unanimidad el proyecto, el Ministro Ernesto Ottone daba a conocer su felicidad por las redes sociales. Ahora corresponderá a la Sala pronunciarse en general y a la Comisión, en particular al respecto. Se estima en el CNCA que durante el primer semestre de 2017, la Ley estaría aprobada.

A espaldas del monumento a Andrés Bello, siete investigadores chilenos recibían sus distinciones, los tres primeros por tesis doctorales, las agradecieron desde la distancia por sendos vídeos o imagenes transmitidas por skype. Señal de modernidad y a la vez de que en universidades de otros países hay más espacio para estos investigadores que debieran aportar al desarrollo de nuestra cultura, ojalá en Chile.

La danza, el pueblo mapuche y el patrimonio de Valparaíso ocuparon la atención de tres candidatos a doctores. Tres tema de indudable preocupación para nuestras políticas culturales. Mientras los estudiantes de magister escogieron las estéticas del exilio, en particular del teatro; el maltratado patrimonio del arte popular que descansa en el MAPA de la Universidad de Chile, y la participación de las audiencias relacionada con el consumo cultural. Tres enfoques que las políticas al respecto no deben descuidar.

Llamó la atención un premio adicional, a una estudiante de urbanismo, que fijó su atención en el patrimonio hidráulico del Chile central y su relación con la sociedad y la cultura. Una mirada transversal de un bien tan escaso como necesario.

Las intervenciones de cada uno de los galardonados fueron precisas y seguidas con mucha atención por un grupo formado por varias decenas de colegas, familiares y otros investigadores.

Fue ocasión propicia también para apreciar el despliegue coordinado del departamento de Estudios del CNCA, que a contar de estos trabajos debiera comenzar a plantearse cómo estos crecientes aportes de la academia deben dialogar con las políticas publicas y en particular con el nuevo Ministerio.

De la relación fructífera entre la academia y la institucionalidad que viene debieran surgir las nuevas políticas culturales, no olvidemos que corresponde, en 2017, renovarlas. También, como año electoral, y previo a un cambio de gobierno, estos estudios debieran nutrir además los programas culturales de los diferentes candidatos.

No faltaron, en el estudio sobre Valparaíso patrimonial, los guiños al nuevo alcalde porteño Jorge Sharp y lo que significó el movimiento ciudadano que lo elevó a la casa de calle Condell.

Tal vez estemos cerca de recuperar el diálogo que solía acontecer en el Chile pre dictatorial en que las universidades y sus centros de pensamiento eran decisivas en los programas de gobierno.

Ojalá esto sea más que un buen propósito de fines de año.

15 diciembre 2016

LAS CONTROVERSIAS DEL MINISTERIO DE LAS CULTURAS

Con la aprobación -el 2 de agosto-  por la Cámara de Diputados en general y particular, del proyecto de ley que crea el Ministerio de las Culturas las Artes y el Patrimonio, se inició la tramitación en el Senado, que actúa como cámara revisora, a través de sus Comisiones de Educación y Cultura y de Hacienda. La de Educación, se tomó muy en serio su responsabilidad y, en cinco sesiones desde el 2 de noviembre al 14 de diciembre, 24 invitados y los propios integrantes -senadores Ignacio Walker, Ena von Baer, Jaime Quintana, Andrés Allamand y Carlos Montes- han puesto en el tapete un conjunto de observaciones al proyecto.


El nombre del Ministerio. Ya algunos diputados habían cuestionado la extensión del nombre y argumentado que el concepto de cultura abarca aquellos de artes y patrimonio y a la vez puede englobar la presencia en Chile de diversas culturas. El Ejecutivo y varios de los invitados, entre ellos la antropóloga Sonia Montecino, han sido enfáticos en conservar la designación original dada la señal que ello implica al reconocimiento de los pueblos indígenas -nueve- y afrodescendientes. Es probable que, en el ambiente generado en el país respecto de las migraciones y su acogida en Chile, sea conservado el nombre original.

La asimetría orgánica entre DIBAM y CNCA. En la sesión del 7 de noviembre, el ex miembro del Primer Directorio Nacional del CNCA, Santiago Schuster, señaló que "se trata de una solución asimétrica; que la supresión del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes como servicio público es innecesaria y no se opone a la creación del Ministerio de Cultura; y que es necesario mantener los elementos valiosos de la institucionalidad cultural creada en torno al Consejo Nacional de la Cultura, en función de una efectiva participación ciudadana y de la sociedad civil, sin abandonar la experiencia invaluable del CNCA, que naturalmente puede ser mejorada". Esta postura implicaría que se reduzca a una las actuales dos subsecretarías, por lo que requiere de la voluntad del Ejecutivo. La que no está.

El senador Walker agregó, el 14 de diciembre, que la asimetría también se refleja en el hecho que uno de los componentes, el servicio nacional del patrimonio, no tiene un ente colegiado superior.

La condición de "representantes" de algunos de los nuevos integrantes del Consejo Nacional. En la misma sesión, expuse que "las personas que se agregan lo hacen con carácter de representantes (de pueblos indígenas, inmigrantes, organizaciones ciudadanas) lo que contraviene el espíritu de ser representativos de ellas, como los miembros actuales, con el fin de evitar la presencia de intereses corporativos. Se propone modificar la palabra representantes por representativos". La observación fue bien recibida por el Ejecutivo y existe voluntad de los Parlamentarios de hacer la modificación.

Otro aspecto es la mantención de la Universidad de Chile entre los Jurados de los Premios Nacionales. En la sesión del 30 de noviembre, el Rector de la Universidad de Chile, Enio Vivaldi, solicitó conservar la participación de dicha universidad en los jurados de los premios nacionales, según señaló, el proyecto "Desconoce la misión y contribución histórica de la Universidad de Chile en el desarrollo de la cultura nacional; elimina, sin justificación alguna, la participación de la Universidad de Chile y del CRUCH en los jurados de Premios Nacionales, y pretende igualar a todas las instituciones de educación superior en la designación de integrantes del CNCAP, al exigir sólo cuatro años de acreditación".

En consecuencia, propone: "Aumentar de cinco a siete los integrantes de los jurados de los premios nacionales del ámbito de la cultura. Reponiendo la participación de la Universidad de Chile y del CRUCH. Lo anterior, permitiría efectivamente enriquecer la composición de los jurados, con dos personalidades designadas por el Consejo de la Cultura, sin excluir a quienes han participado en dicha función hasta la fecha". Las palabras del Rector fueron bien recibidas por los Senadores presentes así como la representante del Ejecutivo, Ana Tironi, de modo que es muy probable que ese artículo sea modificado.

La reposición de los gestores culturales entre quienes pueden ser representantes de las universidades. La Ley que crea el CNCA advierte que los académicos que lo integren podrán provenir de las áreas de la gestión, el patrimonio y las artes. El proyecto en discusión, elimina a aquellos vinculados a la gestión cultural. Diversas voces -incluida Ad cultura, la asociación gremial de gestores- han solicitado reponerlo.

El Senador Montes que, distinguiendo entre el concepto de cultura y la institucionalidad que lo sustente, planteó en la sesión del 14 de diciembre, que la cultura no es un tema sectorial, sino transversal que debiera preocuparse de aspectos como la ciudad y los espacios públicos -"por ejemplo, al impacto de los mall en el concepto de ciudad, que lleva incluso a que un grupo de ellos tenga por nombre Mall Plaza"- sin existir una instancia para discutir tales temas. Se manifestó además preocupado de que los grandes temas sean llevados a consejos y no al lugar donde a su juicio debieran residir: el Parlamento, esbozando la posibilidad que en el futuro la institucionalidad cultural llegara a tener un estatus como el del Banco Central que, cada cierto tiempo, da cuenta y discute sus políticas con los parlamentarios.

El Senador Quintana, estimó en la misma sesión, que el proyecto está "maduro para votarse" en la comisión, agregando una defensa del concepto multicultural que encierra y un llamado a subsecretarías más ágiles y autoridades unipersonales por sobre los consejos.

El Presidente de la Comisión, Ignacio Walker, dio fin a las audiencias, convocando para el 21 de diciembre a sus pares a votar y, por tanto, dando por cumplido otro paso relevante, recordando que todos los invitados escuchados creen en la necesidad del Ministerio.

"Llegó el momento", culminó.

02 noviembre 2016

MIL NOVECIENTOS SESENTA Y SIETE


Hay años que marcan. El 1967 es uno de ellos. Fue el tiempo en que nuestras chilenísimas universidades católicas se adelantaron, en varios meses, al parisino y universalmente conocido "mayo del 68". Ya en junio, el día 15 para ser más preciso, amaneció tomada por sus estudiantes la UCV. Y el 11 de agosto la imitó el movimiento reformista de la UC de Santiago. El mismo conglomerado juvenil que se trenzó en conflicto con el diario El Mercurio y coronó su casa central con el histórico mensaje: “Chileno: El Mercurio miente”. Que hasta hoy perturba al periódico.



Cómo explicarse si no, el sorprendente titular de una entrevista al Ministro de Cultura en el suplemento Artes y Letras del diario, un electoral y caluroso 23 de octubre de 2016, llamando a rebato porque el ministro Presidente del Consejo Nacional de la Cultura estaría segmentando cronológicamente nuestras artes visuales, escogiendo -quién sabe con qué aviesas intenciones- el simbólico año de 1967, de tan disimiles recuerdos para reformistas y anti reformistas de entonces.

La intensa jornada, casualmente marcada por el triunfo de otro dirigente proveniente de un refrescante movimiento estudiantil, también en Valparaíso, amenazaba con el olvido a tan preciso titular.

Pero, no fue así. El vespertino del tradicional matutino, La Segunda, se encargó de agitar las aguas de varios de los líderes de opinión de las artes visuales, que a decir de un conocedor, “encienden con agua”.

Y se elaboraron rápidas teorías, vertiginosas críticas y vergonzosas explicaciones respecto de que el andamiaje de las artes visuales del país se venía abajo a causa de esta arbitraria cirugía ministerial.

No tardaron en subirse al tsunami los defensores de siempre de la DIBAM, derivando del hecho una afrenta al Museo Nacional de Bellas Artes.  Lo que, evidentemente, aconsejaba detener de inmediato la discusión parlamentaria del proyecto de ley de ministerio de las culturas en el Senado de la República.


Una serena -como ella- carta de Ana Tironi -ex directora de la Biblioteca Nacional y actual Sub directora del Consejo Nacional de la Cultura- al mismo diario puso las cosas en su lugar, puntualizando que "la premisa de trabajar a partir del año 1967 no responde sino a una hipótesis de ejercicio para el Centro y para la curatoría de la muestra inaugural, Una Imagen Llamada Palabra, y no pretende significar una fecha que delimite la historia del arte chileno contemporáneo ni el trabajo museal".

Por su parte, el proyecto -ya una realidad- de los Cerrillos, que fue bien valorado por el Alcalde y la ciudadanía local, aparece como una manera de intentar descentralizar del núcleo de Santiago los grandes edificios culturales del país.


El episodio deja lecciones. La primera, que no es fácil derivar recursos a espacios ajenos a los tradicionales sin que sus responsables pongan el grito en el cielo pidiendo “por que no me dan los recursos a mí”.

La segunda, que no todo lo que brilla es oro en cuanto al respaldo al proyecto de ley en proceso legislativo; tiene detractores, agazapados pero no rendidos, que, de cara a los recientes resultados electorales poco sonrientes para el gobierno, pueden sentirse incentivados a “dejar para mañana” lo que podemos bloquear hoy. Y reservar el honor de la signatura del nuevo ministerio a un eventual próximo gobernante. Caso ya vivido con el Gam, que transpiró el primer gobierno de Bachelet e inauguró su sucesor.

La tercera es que el Ministro debería mirar con más atención los obsequios recibidos, como el edificio de Cerrillos, que lo obligó a desplegar para él un modelo de gestión pública de gran exigencia en recursos y de impacto superior al que hubieran tenido sus acciones si dependiera de una corporación privada sin fines de lucro, como tantos otros establecimientos destinados a las artes.

Y sobre todo, la cuarta, no mencionar la soga en casa del ahorcado o 1967 en El Mercurio.

25 octubre 2016

CENTRO CULTURAL ESTACION MAPOCHO, UN CASO


Un caso, un modelo o una experiencia digna de mirarse. Aunque sólo sea para no cometer los mismos errores. Son pocas las veces en que un empeño cultural  llama la atención del mundo por lo riguroso, sistemático, sostenido y sostenible a la vez, y que puede exhibir con satisfacción sus resultados. Son 22 años de trabajo "oficial" más cuatro previos de "marcha blanca", con notables cifras de visitantes, audiencias fieles y un porcentaje máximo de autofinanciamiento. Es de lo que trata este libro, que será presentado el 3 de noviembre en Filsa 2016, del que se reproducen a continuación algunos párrafos de la introducción, escrita por Fernando Ossandón, su editor.


La gestión cultural se ha convertido en una actividad profesional, sistemática y reconocida cada vez más como indispensable para el desarrollo y el buen vivir de los pueblos y las naciones. También es una actividad de intermediación que pone en contacto a los creadores artísticos y simbólicos con quienes se espera participen y/o beneficien directamente de sus obras y servicios; las audiencias. En un mundo complejo como el de hoy, la gestión cultural es una tarea que compromete a organizaciones, instituciones y personas por igual.

El libro intenta reflejar la vida y pasión de un espacio de intermediación cultural conocido –y probablemente querido también– por la mayoría de los chilenos, en especial aquellos que habitan el Gran Santiago: el Centro Cultural Estación Mapocho.

Se trata de un relato y de una sistematización.

Relato de cómo nació este centro cultural, incluso antes de que empezara; de la evolución y desarrollo que ha tenido por más de veinticinco años; de su extensa, nutrida y variada oferta programática; del cuidado y puesta en valor del edificio patrimonial a su cargo; de la gestión de sus recursos humanos y materiales; y de la calidad de los vínculos que ha establecido con sus públicos.

Sistematización de una experiencia de gestión de oportunidades, riesgos y herramientas de trabajo a cargo del directorio de la Corporación Cultural de la Estación Mapocho, del director ejecutivo –y su equipo directivo y de gestión–, de las entidades aliadas y demás entes colaboradores, así como de los variados públicos asistentes, cuya fidelidad y confianza se ha incrementado con el tiempo. Es esta extendida labor la que dio pie al deseo de compartir el Modelo Mapocho de gestión y administración, acuñado por este centro cultural a lo largo de los años.

El propósito que anima esta publicación es difundir, de manera ordenada y analítica, el modelo de gestión que ha orientado la programación cultural, artística y corporativa de sus actividades, la preservación del edificio patrimonial puesto a su cargo y la gestión administrativa y financiera que hace posible todo lo anterior.

Lo inspira el convencimiento de que se trata de una gestión cultural compleja, atractiva y exitosa, así como la secreta esperanza de que compartirla sirva para animar a otros a emprender sus propias aventuras y aprender de sus propios aciertos y eventuales errores.

Sería motivo de gran satisfacción que este escrito capte el interés de los gestores culturales y artísticos de Chile y, ¿por qué no? del extranjero; de encargados de cultura y funcionarios de organismos públicos y de la administración local; de estudiantes de gestión cultural y humanidades; de periodistas; de artistas que se desenvuelven, además, como gestores culturales; de investigadores sociales de la gestión cultural, las políticas públicas y el arte; de encargados de bibliotecas e instituciones académicas; así como del público en general interesado en conocer más acerca de los temas de cultura y del Centro Cultural Estación Mapocho en particular.

Y si de deseos se trata, está también el sueño de que este libro sirva para alimentar la reflexión y el debate acerca de cómo seguir desarrollando este centro cultural en un contexto histórico bastante evolucionado respecto de aquel que le vio nacer. Esta es una pregunta que queda abierta: no obtiene respuestas en esta edición. Cada uno y cada una podrán sacar sus propias conclusiones.

Fue el Presidente Patricio Aylwin (1990-1994) y su equipo directivo de administración central y local –en este caso, la Municipalidad de Santiago– quien acogió el desafío de recuperar un emblemático edificio, declarado monumento nacional en 1976, pero dejado abandonado a su propia suerte en la ribera del río que lleva su nombre. La decisión fue destinarlo a la creación de un centro cultural para la ciudad y el país. Una opción significativa en una nación que recién comenzaba su camino hacia la restauración democrática y se proponía saldar las enormes «heridas» y «deudas» dejadas por la dictadura cívico-militar en materia de derechos humanos, sociales, económicos y culturales.

Junto con la recuperación del edificio patrimonial, el liderazgo político de la época decidió crear una corporación cultural de derecho privado, sin fines de lucro, para administrar el naciente centro cultural.

Encomendaron a la nueva corporación una doble misión: difundir la cultura y preservar el patrimonio histórico puesto a su disposición. Junto con ello, le asignaron una obligación práctica de gestión: el autofinanciamiento. Nada de elefantes blancos –que el Estado después no estuviera en condiciones de solventar– fue el explícito deseo del Presidente a cargo de la nación.

... 

Los contenidos de este relato se despliegan en torno a la metáfora de una estación de trenes:

El capítulo I, Todos a bordo, da cuenta de cómo un grupo de autoridades del primer gobierno democráticamente elegido y de la administración local post dictadura tuvieron la clarividencia de escuchar «el llamado de los libreros» a reacondicionar el edificio estación y convertirlo en un gran centro cultural para la ciudad de Santiago y el país.

El capítulo II, Sala de máquinas, relata la organización y funcionamiento que adquirió el proyecto de gestión cultural, sus primeros pasos y la puesta a prueba en manos de quienes lo impulsaron.

El capítulo III, Punta de rieles, refiere al esfuerzo por preservar el edificio y Monumento Nacional Histórico que fuera, efectivamente, la terminal del circuito ferroviario que operó en torno suyo durante setenta años. Mantenerlo, remozarlo, recuperarlo de los embates de la naturaleza y ponerlo en valor, es decir, fomentar su uso y adecuar sus instalaciones para que puedan acoger una variedad de actividades artísticas, culturales y de entretención sin perder su sello y personalidad.

El capítulo IV, El viaje, es un recorrido por las distintas etapas y formas que adquirió la programación a lo largo de los años y de los hitos más significativos de su desarrollo. Es un viaje a la memoria, con sus vericuetos, detenciones y vuelta a emprender la marcha hacia adelante.

El capítulo V, Los pasajeros, se detiene en la observación de las audiencias, de los múltiples diálogos y formas de escucha que se implementan con el objetivo de acercarlas a las actividades artísticas y culturales, y así motivarlas a convertir dicha participación en un hábito que perviva en el tiempo.

Finalmente, el capítulo VI, Patio de maniobras, sirve de ocasión para compartir la sistematización de las principales estrategias que caracterizan el Modelo Mapocho de gestión y administración en torno a cuatro ámbitos: audiencias, programación, económico-financiero e institucional.

A manera de epílogo, el apartado Próximo destino aspira a dibujar los bordes del escenario más cercano por los que seguramente deberá transitar la gestión del centro cultural en un futuro próximo. 

Buen viaje.

20 octubre 2016

MÉXICO LINDO Y QUERIDO... ¡BIENVENIDOS!



Luego de dos versiones -1999 y 2012- en las que Chile fue País Invitado de Honor en la FIL de Guadalajara, era hora de que nuestra principal feria del libro y el Centro Cultural Estación Mapocho recibieran nuevamente a México como estrella principal de la FILSA 2016; ya estuvo el 2004. No es que Jorge Negrete, que arribó en 1946, colapsando sus fans la estación ferroviaria sea la imagen más significativa de esta ininterrumpida relación entre la estación Mapocho y México. Sólo es la que tiene más tiempo. Podrían haber estado allí los Voladores de Papantla, que nos miraron desde las prodigiosas alturas para la Expo Cumbre de las Américas en 1998 o el festival de Música Ranchera, que terminó con varios charros entre las rejas por "porte ilegal de armas".


Una de las primera actividades musicales del centro cultural, aún en remodelación, fue un encuentro de chilenísimos mariachis que decidieron dar a conocer su próxima actividad con un cóctel típico donado por el restaurante Plaza Garibaldi. El entusiasmo fue tal que, al finalizar la cita con la prensa, las emprendieron hacia la Plaza de Armas para brindar la correspondiente mañanita al Alcalde de Santiago. No fue suficiente y resolvieron continuar hacia la Plaza Italia, donde un par de escrupulosos Carabineros los detuvo por porte ilegal de armas (parte natural de la vestimenta de un charro). La aventura terminó, a pocas horas de la inauguración de la fiesta, gracias a las gestiones de abogados municipales que lograron la libertad del infractor, que permaneció varias horas a la sombra, las que obviamente aprovechó para escribir una agradecida ranchera a sus liberadores, que estrenó en la noche inaugural.


Cuando ya se sabía que Chile sería la sede de la Segunda Cumbre de las Américas, 1997, el gobierno anfitrión, encabezado por el Presidente Frei Ruiz Tagle, recibió la propuesta de acompañarla de una muy cultural expo Cumbre, idea que transmitió a los Presidentes americanos con la invitación a que ellos mismos decidieran la manifestación que aportarían. Así, el Presidente Clinton no dudó en incorporar al afamado pianista Herbie Hancock (con la secreta esperanza de poder presentar un dúo de saxo y piano de ellos dos, que falló por segundos) y al instalador Sam Gilliam que descolgaría gigantescas esculturas de tela desde las alturas del Centro Cultural Estación Mapocho, sede de la Expo. El Presidente peruano Alberto Fujimori envió la réplica del reciente descubrimiento arqueológico de la cultura Mochica, el señor de Sipán. Ante tal despliegue, México recurrió a los míticos Voladores de Papantla, cuyos vuelo excedían las magnitudes de la muestra y debieron acomodarse en los cielos de la plaza Arturo Prat, frente al centro cultural, dejando como largo recuerdo un sólido mástil que posteriormente sostuvo, durante varios años, una enorme bandera chilena.

Terminaba el gobierno del Presidente Frei, a fines de 1999, cuando vía Aero México, despegó, una delegación de literatos integrada por Gonzalo Rojas, Volodia Teitelboim, Poli Délano, Antonio Skármeta, Raúl Zurita, Efraín Barquero, Roberto Bolaño, Carlos Cerda, Jaime Collyer, Gonzalo Contreras, Alejandra Costamagna, Elicura Chihuailaf, Marco Antonio de la Parra, Ana María del Río, Guido Eytel, Soledad Fariña, Carlos Franz, Alberto Fuguet, Benjamín Galemiri, Alejandro Jodorowsky, Ramón Griffero, Floridor Pérez, Jaime Quezada, Hernán Rivera Letelier, Fernando Sáez, Luis Sepúlveda, Marcela Serrano, Elizabeth Subercaseaux, Luis Vargas Saavedra, Pedro Lemebel... Desembarcaron en una Guadalajara que ya estaba escuchando en vivo a Los Jaivas, Los Tres, IIIapu, el Cuarteto de Guitarras de Santiago, Sol y lluvia, Inti Illimani y Douglas. 


Mientras en museos y galerías de arte se desplegaban: El lugar sin límite, muestra de plástica chilena contemporánea; Siqueiros ilustra el Canto General de Pablo Neruda; Si vas por Chile, de artistas chilenos radicados en México: Francisco Altamira, Carlos Arias, Osvaldo Barra, Francisco Casas, Beatriz Aurora Castedo, Víctor Hugo Núñez, Nathalie Regard, y las litografías Perfiles chilenos desde la Conquista.


En salas de teatro se presentaron la Compañía de Julio Jung y el Grupo la Troppa, con Gemelos. Y las de cine proyectaban: Historias de fútbol, de Andrés Wood; La Dama de las Camelias, de José Bohr; Misa de Réquiem, de Guillermo Blanco y Alberto Daiber; Gringuito, de Sergio Castilla; El Chacal de Nahueltoro, de Miguel Littin; Magallanes, Magallanes, de Carlos Droguett y Marco Enríquez; Cielo ciego, de Nicolás Acuña; Julio comienza en julio, de Silvio Caiozzi, y El entusiasmo, y La frontera, de Ricardo Larraín.

Lo más valorado por el publico local fue, sin dudas, la exhibición de parte del acervo histórico de la Biblioteca Nacional de Chile: El Despertador Americano. Correo Político Económico de Guadalajara, primer periódico publicado por los insurgentes durante la guerra de la Independencia de México. Solamente se imprimieron siete números en la ciudad de Guadalajara del 20 de diciembre de 1810 al 17 de enero de 1811. Fueron tales las precauciones que exigió la salida de este patrimonio que su curador, Gonzalo Catalán, debía esposarse diariamente a la maleta que trasladaba los ejemplares desde el hotel hasta su lugar de exhibición. Durante la noche tapatía, los ejemplares insurgentes reposaban esposados a una sólida cañería de alguno de los baños del hotel que acogía a la delegación chilena.


El Chile post dictatorial recibió esta invitación -una formidable experiencia de gestión cultural- a llenar todos los espacios de la capital del estado de Jalisco y, literalmente, puso en tensión a todo el Ministerio de Relaciones Exteriores, incluyendo su Embajada en México, encabezada por Luis Maira; Pro Chile, y la Dirección de Asuntos Culturales, bajo la atenta batuta del subsecretario Mariano Fernández, quién no omitió la presencia de destacadas viñas nacionales y sus más notables mostos, relevados por César Fredes y subastados, para terminar de enterar el presupuesto que exigió esta completa caravana.

Valga esta recordación de lo que llevó Chile a México al declinar el siglo XX, para motivar y a la vez comprender la magnitud de la bienvenida que amerita esta presencia mexicana en Santiago. Que se complementa con la huella profunda que ha dejado el país hermano con sus industrias culturales -como FCE, PelMex- su música, sus actores, sus intelectuales, sus escritores, sus muralistas o el inolvidable Jorge Negrete.

Que será justamente homenajeado en FILSA 2016.