22 mayo 2019

¿QUÉ NOS DICE EL MODELO CULTURAL CHINO?




Describiendo -otra vez- a los más recientes alumnos, los cuatro modelos de desarrollo cultural, que reconoce la literatura especializada, nos surgió la inevitable pregunta en el mundo en que vivimos: ¿a cuál modelo obedece China? La primera reacción habría sido: -Obvio, al Ingeniero que surgió en la Rusia zarista, continuó en el comunismo y se perpetúa con Vladimir Putin. Sin embargo, a todos nos quedó la duda y devolví la pregunta a la sala. La respuesta, en sendos trabajos de grupo, es lo que motiva este comentario.



A diferencia de los modelos de mayor iniciativa gubernamental o estatal, -el Arquitecto y el Ingeniero- en China existe una gran apertura a iniciativas colectivas semi privadas. En efecto, existen muchas empresas de propiedad mixta que desarrollan sus negocios y "descubren" nichos que desarrollar. Es decir, productos que se venden bien. Si se trata de bienes culturales, tambien se reproducen en grandes cantidades y se comercializan. Para ellos, la copia no es penada sino estimulada, despreciando completamente el valor de la propiedad intelectual, los derechos de autor, con lo que se diferencia de los modelos Facilitador y Patrocinador, que estimulan la creatividad individual.


No obstante, cabe la duda si esta actitud obedece a una profunda reverencia al cambio -en cuyo caso, copiar es, de alguna manera, cambiar un original- o simplemente a un desprecio por la leyes de occidente.

Lo que parece estar cambiando, pues el 13 de mayo, según agencia Xinhua, se realizó una sesión de asesores políticos chinos para discutir la revisión de la ley de derechos de autor del país. Fue presidida por Wang Yang,miembro del Comité Permanente del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de China y presidente del Comité Nacional de la CCPPCh.

Wang destacó que la ley de derechos de autor es el pilar de las legislaciones sobre la propiedad intelectual, y que es importante para la creación y distribución de los productos culturales e intelectuales, mejorando la alfabetización del pueblo chino en ciencia y cultura y convirtiendo al país en un líder global en innovación. También pidió la adhesión a una filosofía de desarrollo orientada a la gente para abordar apropiadamente la relación entre la creación, la protección y la utilización de derechos de autor, y establecer un sistema de derechos de autor con características chinas en la nueva era. Agrega la agencia que 12 miembros de la CCPPCh y académicos presentaron sus sugerencias sobre la revisión, mientras que 160 asesores políticos compartieron sus ideas a través de la plataforma móvil del máximo órgano asesor.

Con el rápido desarrollo de la economía, la sociedad y la ciencia y tecnología, en especial con la popularidad de internet, el actual sistema de derechos de autor enfrenta muchas circunstancias y problemas nuevos, lo que vuelve urgente la revisión de la ley, de acuerdo con los asesores políticos. Algunos enfatizaron la importancia para la revisión tanto de tomar en consideración las condiciones nacionales de China como de aprender de la práctica común en el extranjero, y pidieron el equilibrio de la velocidad y la calidad en la legislación, así como el manejo apropiado de la relación entre los creadores, distribuidores y usuarios de derechos de autor en términos de intereses. Otros sugirieron un castigo más duro contra la infracción a los derechos de autor, el establecimiento de un sistema de compensación punitivo, para solucionar problemas como los costos bajos de las infracciones a la ley, y los costos elevados de la protección de los derechos de autor.



El tema es profundo y antiguo, desde el libro de sabiduría I Ching, que algunos atribuyen a Confucio, demuestra que los principios inmutables del universo están en correspondencia con los asuntos cotidianos. Trata del comportamiento del hombre justo y recto en una serie de situaciones o sucesos que denomina “cambios”. En ese sentido, es el cambio lo que mueve al mundo y ... a la cultura. Los únicos que no cambian son los sabios de primer orden y los completamente idiotas, dice Confucio.

Pero, no cualquier cambio, pues "aprender sin reflexionar es malgastar la energía" o "aprender sin pensar es inútil. Pensar sin aprender, peligroso". Frases no lejanas al pensamiento del filósofo chieleno, Jorge Millas, quién gustaba recordar que es efectivo que hay hombres de pensamiento y hombres de acción, «pero de lo que se trata más bien no es de elegir entre una y otra categoría, sino de conseguir que los hombres de pensamiento se comporten como hombres de acción y que los hombres de acción se comporten como hombres de pensamiento» como señala Agustín Squella, en su ensayo «Universidades: en búsqueda del escepticismo vital» de junio 2003.

Squella, inspirador de la institucionalidad cultural chilena, instalada en 2003, gustaba recordar esas frases al dirigirse a los gestores culturales, de hecho las ocupó el 18 de julio de 2001, durante la fundación de la asociación gremial que los reúne, Ad cultura en el Centro de Extensión de la PUC.



Por otra parte, China abusa de la represión hacia naciones o pueblos minoritarios de su país; artistas destacados como Ai Weiwei; activistas de los derechos humanos, y bloquea wikipedia, google, facebook, tuiter, instagram y youtube, especialmente en las cercanías del 30 aniversario de la represión de Tiananmen.

Esta actitud represiva de las culturas la acerca más a desarrollos culturales de dictaduras como la chilena (1973/1988) que escapan de las clasificaciones clásicas de desarrollo cultural. Tal es así, que Chile debió reconstruir completamente su modelo, que hasta el gobierno de Salvador Allende fue Arquitecto, reemplazandolo, con el retorno a la democracia, por un modelo mixto más cercano al Patrocinador de los arts council británicos.

Es más probable que el mundo cambie sus modelos a que lo haga la milenaria China. Pero, no todo está perdido. China, tuvo influencia de la comunidad británica. De hecho, solo el 1 de julio de 1997 Hong Kong pasó a China como Región Administrativa Especial, régimen que finalizará en 2047 con la plena integración en China. Por otra parte, India, la potencia mundial ascendente, sigue el modelo Patrocinador, junto con los otros 52 países, de todos los continentes, que la conforman.

Si a esto agregamos la declinación del modelo Arquitecto y los acercamientos que países de América Latina -como Colombia y Chile- al modelo británico, podemos esperar con optimismo que el futuro, China, evolucione también a formas mixtas del desarrollo y financiamiento cultural, que contemple una férrea mano estatal -como el estado Ingeniero- y una tambien fuerte participación del mercado -como el estado Facilitador- derivada de aquellos productos, copia o no, que efectivamente se venden bien.

Por ahora, remito a las conclusiones de uno de los grupos de estudiantes: "El Modelo de Gestión Cultural es único en su especie, ya que financia todo aquello que sea “vendible” y que posea la capacidad de generar consumo. Todo bajo la regulación de un sistema capitalista regulado por el Estado, siendo esto último el único aspecto que mantiene de la economía centralmente planificada. El modelo económico en sí está inserto en el modelo capitalista real, pero el Estado determina donde y quienes pueden hacer arte, siempre cuando cumplan con que el producto cultural sea masivamente consumido por otros".

El debate está abierto.

15 mayo 2019

LOS INCENDIOS Y (LO QUE REVELAN DE) LA CULTURA

El Liceo de Barcelona, tras el incendio de 1994. 

Aunque parezca paradójico, la destrucción provocada por un incendio en un espacio cultural, puede hablarnos de los diferentes modos de desarrollo cultural de la sociedad afectada, en los tiempos en que el siniestro ocurre. El edificio del Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral, a inicios de 2006 en Santiago; el Museo Nacional de Brasil, en septiembre de 2018, y el reciente de la catedral de Notre Dame, en París, pueden servir para ilustrar cómo cada sociedad enfrenta la tragedia y sus derivaciones para su modelo de desarrollo cultural.


Desde la Biblioteca de Alejandría, quemada por las tropas de Julio César, donde había 40.000 libros; pasando por el Incendio de Roma, el 64 a.C. que ardió durante seis días; el incendio de la catedral de San Pablo de Londres, en 1666; el Liceo de Barcelona, en 1994, hasta la Fenice de Venecia, en 1996, grandes siniestros han acongojado al mundo.

Los más recientes, el Museo Nacional de Brasil, en septiembre de 2018 -incendio cuya causa todavía se está investigando- redujo a cenizas el edificio de 200 años de antigüedad del principal museo de la  potencia latinoamericana. Albergaba, entre sus más de 20 millones de piezas, a Luisa, el esqueleto más antiguo de América, con una edad aproximada de doce mil años. Y el incendio puede haber callado para siempre palabras y cantos indígenas ancestrales. Todavía, en mayo de 2019, no hay claridad sobre cómo se financiará su reconstrucción. Al parecer se están responsabilizando mutuamente el Ministerio de Educación -que asumió las tareas del de Cultura luego del triunfo de Jair Bolsonaro- y la UFRI, Universidad Federal de Río de Janeiro, cuyo rector acudió a pedir auxilio al mismo ministerio, a fines de abril.

Por su parte, el gobierno de Francia, ante la gran cantidad de ofrecimientos de donaciones de empresas privadas para reconstruir la catedral de Notre Dame, ha establecido una consulta popular respecto de cuál será el diseño económico de la reconstrucción. Lo cierto es que esta sorpresiva actitud filantrópica complica de alguna manera la tradición francesa en la que el solo estado se hace responsable de las infraestructuras culturales.

Lo mismo aconteció en Chile, cuando el incendio del edificio de la ex UNCTAD. Fue el estado, a través de la Presidenta Michelle Bachelet, quién asumió la responsabilidad de su reconstrucción y conversión en el Centro Cultural Gabriela Mistral, con recursos públicos y encabezada por un comité interministerial que involucró a las carteras de Cultura, Bienes Nacionales, Vivienda y Urbanismo y Defensa (que ocupaba las dependencias). No se pensó en la posibilidad de aportes privados en la etapa constructiva, aunque sí en su posterior gestión. De hecho, su primer plan negocios contemplaba un fuerte nivel de autofinanciamiento a través de unidades tales como estacionamientos, publicidad estática, locales comerciales, gran sala y rentas de los 23 pisos de la torre que forma parte del conjunto arquitectónico.

Paralelamente, se le asignó una misión de alcance nacional, que había sido aprobada como política pública en la Convención Nacional de la Cultura: constituirse en Centro nacional de artes escénicas y musicales; creándose, para administrarlo, una corporación plural compuesta abrumadoramente por fundaciones y otras corporaciones privadas sin fines de lucro, representativas de la sociedad civil en ambos campos.



Como se ve, lo de Brasil ha dejado en evidencia la equivocación de un estado que se niega a invertir en cultura y elimina el correspondiente ministerio; en Francia se trasluce cómo hace agua el antiguo modelo que llevó a los franceses a autocalificarse "la excepción cultural", ante, por una parte, las limitaciones de los fondos públicos que hoy caracterizan a los llamados estados de bienestar, y, por otra, lucha por no sucumbir ante los cantos de sirena de las grandes compañías privadas que sueñan con asociar sus marcas a la grandiosidad de Notre Dame. El presidente Macron ha reaccionado anunciando una consulta popular para, en definitiva, poder compartir con los franceses la responsabilidad de modificar su tradicional modelo de desarrollo cultural en el que solo el estado era arquitecto de sus infraestructuras.


En Chile, aún esperamos fondos públicos para avanzar a la segunda etapa del Centro Cultural Gabriela Mistral -la primera fue inaugurada en 2010-, que fue afectada por el descalabro de la empresa constructora que ganó la licitación- y tampoco ha logrado los niveles de aportes privados para su gestión, que en un inicio se esperaban.

Por ahora, seguirá primando el modelo francés de solo aportes públicos para construir un espacio cultural, lo que inevitablemente lo someten a plazos políticos que surgen de los inicios y finales de gobiernos.

¿No habrá llegado la hora de que se pueda edificar infraestructura cultural con aportes privados? Francia ya inició el camino.

En Chile, al menos ya se ha hecho en casos como los estacionamientos del Centro Cultural de La Moneda, la sala Corpartes y el Teatro de Frutillar.

Como para pensarlo.


02 mayo 2019

MUSEO HISTÓRICO: ¿REGRESA EL LOCOMÓVIL?




El anunciado y hasta ahora no concretado cierre, por algunos años, del Museo Histórico Nacional, para su remodelación y cambio de guión, es propicio para recordar otro momento relevante: su creación el 2 de mayo de 1911. Se trataba de instalar un museo que si bien tenía muchas piezas valiosas, venidas en su mayoría del Museo Histórico Militar, carecía de un edificio donde establecerse. Entonces el flamante Museo de Bellas Artes, dio facilidades para que el Museo Histórico Nacional instalara sus colecciones y oficinas en el primer piso al costado derecho del edificio principal y vista al frente norte del Bellas Artes.


En dicha instalación participó mi bisabuelo, don Leandro Navarro Rojas. Intentando recopilar su vida, pude reconstruir también, en parte, los inicios del Museo Histórico Nacional.

La relación de don Leandro con el sector del patrimonio venía desde la década de 1890, cuando, impulsado por Jorge Huneeus, se creó en el edificio de los Arsenales de Guerra en Av. Blanco, el Museo Militar. Se ubicó en el primer piso del “castillo” de los arsenales y se le hizo entrada individual, en la torre esquinera del extremo izquierdo u oriente de la fachada principal. Sobre la puerta en curva se colocó un letrero que decía Museo Militar. Adentro se juntaron todo tipo de cosas que surgieron de las propias bodegas de los arsenales y otras que se pidieron al Museo Nacional de la Quinta Normal, que a su vez habían sido herencia o saldo del antiguo Museo Histórico Indígena que creó Vicuña Mackenna en el Castillo de Hidalgo, en el cerro Santa Lucía.

Sin embargo, ese museo perdió la novedad, el entusiasmo o el presupuesto al cabo de unos años, porque, hacia 1909 comenzó a rondar  en la élite la idea de crear un Museo Histórico y se reunieron varias voluntades tras ese ideal, que no era satisfecho por el museo militar existente.

El hermano del presidente Pedro Montt, Luis, era el más entusiasta. A él se unió el grupo que había colaborado para la Exposición Histórica del Centenario que se presentó en el Palacio Urmeneta en la calle Monjitas, entre San Antonio y Mac Iver, que perseguía crear un nuevo museo, para lo cual impulsó una campaña de prensa para crear conciencia de esta necesidad y estimular donaciones de objetos para ello, por parte de la población. La iniciativa resultó, porque al concluirse el Palacio de Bellas Artes y terminar con éxito la gran exposición del centenario, el gobierno le cedió las mencionadas salas de primer piso del palacio al nuevo museo.

Hernán Rodríguez, ex Director del Museo Histórico Nacional, en los años 90, señaló que las colecciones que ocuparon el palacio de Bellas Artes, fueron en parte de las donaciones reunidas para la exposición del palacio Urmeneta y en parte los objetos que tenía el museo militar, posiblemente cerrado a esa fecha. Junto con las piezas del museo militar llegó don Leandro, a secundar al director del museo, Fernando, hermano del Presidente Emiliano Figueroa.

Según el libro Manejo integral de colecciones, Museo Histórico Nacional, 2005 “la abundancia del tema militar en las colecciones con armas, uniformes, banderas y otros objetos, se debe a la incorporación del Museo Militar y de su director, el Coronel Leandro Navarro, quien quedó a cargo de la Sección Militar del Museo. Las otras dos secciones corresponden a la Prehistórica e Histórica”.

La Circular de la Exposición Histórica del Centenario a sus Delegados, Imprenta Camilo Henríquez, 1910, señala que Navarro también formó parte de la sección militar de dicha Exposición, en su décima sección, que consideraba armas e insignias militares, presidida por Domingo Toro Herrera.

Según el libro Museo Histórico Nacional, de Enrique Campos y Hernán Rodríguez el director del Museo, don Joaquín Figueroa Larraín -hermano del Presidente Emiliano Figueroa- “fue secundado por el Coronel Navarro hasta su fallecimiento en 1918”. Su muerte, a los 68 años, fue recogida por El Diario Ilustrado del 25 de abril, reseñando su historia militar como coronel balmacedista, posteriormente reincorporado al ejército, destacando que los honores militares del sepelio incluyeron retreta en su casa de calle Carmen.



Un día cualquiera, llevado por la curiosidad de conocer más de este militar que había terminado su vida como directivo de un museo, me acerqué al Museo Histórico, donde encontré su fotografía y copias de recibos que, con su firma, afirmaba haber recibido piezas donadas para la exposición que luego irían al museo, las que de seguro reposan en alguna de las cajas en las que se ha empacado el contenido del museo a la espera de la remodelación de su clásico edificio.

Un par de meses atrás, el 5 de marzo, me acerqué nuevamente al museo, por la curiosidad del anuncio de una inédita ceremonia: su cierre temporal. A pesar del motivo, había cierto ambiente festivo que me costó compartir. Mucho menos entendí cuando un conjunto de altos funcionarios comenzaron a empujar, no sin dificultad, un antiguo locomóvil -motor para maquinaria agrícola del 1900-, sito en el patio del museo, hacia la Plaza de Armas, dejando en descampado una maquinaria que se había llegado a convertirse en su símbolo. No dejé de pensar que esa máquina era una buena metáfora de lo que estaba ocurriendo con el museo y sus contenidos.

Sin embargo, el tres de abril -un mes después del supuesto cierre- asistí al mismo museo, a la presentación del libro del Fondo de Cultura Económica, Homo Dolens, cuyos editores, un par de historiadores de la PUC, fueron acompañados por decenas de colegas y el propio rector, Ignacio Sánchez. Nada hacía presagiar que el museo estaba cerrado, ni que lo sería pronto. De hecho, su patio, sin el locomóvil, sirvió de escenario para un vino de honor.

El domingo 28 de abril, El Mercurio agregó que el 2 de mayo, día en que celebra sus 109 años, el museo y su directora recibirán al Presidente de la República, quien resolverá "las directrices de cómo se va a desarrollar el proyecto a futuro". Proyecto que debería considerar la inclusión de la ahora llamada Galería de la Democracia y que antes fuera Museo y luego Sala de la misma.

Según esa resolución, sabremos si la antigua maquinaria agrícola, arrastrada por funcionarios un cinco de marzo, regresará o no a su ubicación tradicional.

16 abril 2019

SOCIÓLOGOS: GENERACIONES EN DIÁLOGO


Bajo la significativa mirada de los tres estudiantes de sociología que permanecen desaparecidos desde inicios de la dictadura -Alicia Ríos, Patricio Biedma y Enrique López- que son homenajeados en el mural de una sala del Campus San Joaquín, que lleva a sus nombres, se realizó, el 16 de abril de 2019, una singular "cumbre presidencial" de autoridades máximas de los estudiantes del Instituto de Sociología de la PUC, en diversas épocas: la reforma; la recuperación de la democracia; la rebelión estudiantil del 2011, y la actualidad.


Fue así como tuve la extraordinaria oportunidad de dialogar, ante un grupo de estudiantes, con Simón Ramírez (2010); Clara Acuña (1991) y Loreto Neira (2019),-en el mismo orden en la fotografía-, intentando aportar la experiencia de mi ya lejana presidencia (1969).


Notables las coincidencias, como la percepción común respecto del rol anti reformista que ha jugado hasta ahora y desde el mismo 1967, el Movimiento Gremial y sus diversas variantes. O la adhesión a la definición que el ex Vice Rector Académico de Fernando Castillo, Ernani María Fiori, quién declaraba que la universidad se había transformado en un bello caos, definición que calzaba con otros momentos del movimiento estudiantil, o la reapertura de la carrera en 1994.

Lo cierto es que algo había en común con otros momentos del movimiento estudiantil de los estudiantes de sociología, a pesar de la impresionante presencia de marcas en el campus... Itaú, Starbucks, Luksic... que no dejan de perturbar. La cercanía fue advertida de inmediato por Loreto Neira y lo hizo sentir tanto en su discurso como en sus redes sociales.

Quizás el aspecto más de fondo fueron los llamados a revalorizar la militancia política, como una manera de establecer lazos con otras generaciones, otras instituciones sociales y la propia historia. Tarea nada fácil pues ese tipo de compromiso partidista no vive sus mejores tiempos.

Sin embargo, en todos permanece esa especie de orgullo de haber dirigido uno de los espacios de organización estudiantil que habitualmente ocupaba la vanguardia del mismo y porfiadamente intenta recuperar esa posición.

Lo que no permanece es el rol de los estudiantes en el trabajo académico del Instituto y quizás sea una de las aspiraciones más queridas de las actuales generaciones.

Ya no corren los tiempos en los que los estudiantes tenían una voz, muchas veces determinante, en la asignaciòn de materias, corrientes de pensamiento sociológico y hasta académicos.

Por ahí podrían ir las nuevas demandas. Por que las quejas respecto de la sociología cuantitativa y sus apóstoles estadounidenses, se escucharon muy parecidas a aquellas de fines de los sesenta.... sociólogos al fin y al cabo.


CHINA O EE.UU. ¿ÚNICAS OPCIONES EN CULTURA?





Con Notre Dame de París, se quemó algo de nuestra cultura. Sobretodo ese Chile del centenario, muy afrancesado, que construía un museo de bellas artes y una estación de ferrocarril, inspirados en la arquitectura francesa. Pero, la verdad, es que ese tipo de desarrollo cultural, basado en el casi exclusivo financiamiento estatal de las artes -a través de la Universidad de Chile- y del patrimonio, a través de la DIBAM, había caducado junto con el bombardeo al Palacio de La Moneda, el 11 de septiembre de 1973.


Con la dictadura, que pisoteó la manguera del financiamiento cultural a las dos entidades mencionadas, más las universidades y, subsecuentemente, a los canales de TV gestionados por éstas, que comenzaron tambien un lento proceso de privatización, hoy ya semi culminado.

Sin embargo, la cultura de un pueblo no se acaba, aunque lo pretenda el que interrumpe maliciosamente su financiamiento público. El mundo de la cultura reaccionó ante las pretensiones de la dictadura y logró no solo influir determinantemente en la campaña del NO, que prometía algo tan intangible como la alegría. También se empoderó y obtuvo, en los primeros gobiernos de la Concertación de partidos por la Democracia, la constitución de un Consejo nacional de la cultura y las artes, que intentaba escapar de las visiones extremadamente privadas de financiamiento, como el modelo de los Estados Unidos, o fuertemente estatistas, como había sido hasta 1973.

La razón era simple: no se quería depender totalmente de un improbable financiamiento empresarial, ni arriesgar, con un fuerte financiamiento gubernamental, otro traspié como el de 1973.

Se logró así un modelo mixto que sumó recursos desde el Estado -especialmente a través de fondos concursables- y desde las empresas, a través de mecanismos de estímulos tributarios. Además, los gobiernos siguieron invirtiendo en infraestructura cultural, como una manera de actualizar al país que poco o nada había invertido en ese campo, desde el Centenario.

Sin embargo, algunas críticas al modelo de concursabilidad sumadas a la incomprensible independencia de la institucionalidad patrimonial respecto de la de las artes y la cultura, llevó a que gobiernos de diferente signo terminaran consensuando un ministerio, que no termina de cuajar, en especial en sus instancias participativas, que se comprometió conservar.

En el nuevo escenario internacional, en el que paulatinamente se refleja la sombra de la guerra fría, esta institucionalidad deberá tomar opciones.

Las recientes admoniciones del Secretario de Estado Mike Pompeo, dictadas en Chile, respecto de cómo debemos comportarnos los latinoamericanos en la economía y la política internacional, deja abierta la reflexión sobre qué debe ocurrir en el campo de la cultura.

Luego de la segunda guerra mundial, el Reino Unido, encasillado entre el modelo soviético de Estado Ingeniero y del de Estado Facilitador, que promovía Estados Unidos, optó por un camino intermedio, el estado Patrocinador, basado en participativos Consejos de las Artes, situados a "distancia de brazo" de los gobiernos, que muy pronto impregnaron a todos los países de la comunidad británica, pasando a ser el modelo más seguido en Asia, África, Oceanía y Canadá.

América Latina continuó en la tradicional disyuntiva, con modelos estatistas -Cuba, Venezuela chavista- o de  fuertes compromisos privados -Brasil, hasta la llegada de Bolsonaro- siendo Chile la excepción que, desde inicios de la década de los 90, comenzó a transitar por la senda de los consejos británicos.

Desafortunadamente, el ministerio de las culturas constituye un retroceso en esa línea, que nos deja desprotegidos antes la muy probable radicalización entre el modelo chino, que tiene, en cultura, muchas características del soviético (si no piense en Ai Weiwei que el 3 de abril de 2011 fue detenido en el aeropuerto internacional de Pekín y estuvo bajo arresto durante 81 días sin cargos oficiales, y funcionarios aludieron todo a "delitos económicos") y el modelo estadounidense, que depende mucho de los privados y se basa en un espíritu filantrópico del que estamos demasiado lejos.

Sin lugar a dudas, estaríamos muchos más preparados para  enfrentar esta disyuntiva, si contáramos con un consejo participativo que reúna a todas las fuerzas que integran los mundos de la cultura y el patrimonio, junto a las culturas indígenas que debieran integrarse, al menos por lo que reza el nombre del nuevo ministerio.

Para que -como lo hizo UK- nuestra cultura no sucumba a las ya fuerte penetración del mundo estadounidense y a la esperable creciente presencia china, es preciso reforzar nuestra institucionalidad con instancias participativas del más alto nivel, que incluso debieran superar el débil Consejo nacional de las artes que contempla la nueva ley y que, hasta ahora no se designa.

06 abril 2019

EL EMBAJADOR, LETRAS DE ESPAÑA Y LA REINA




Las primeras reuniones de directorio de la flamante Corporación Cultural de la Estación Mapocho, a inicios de los años 90, tenían, además del impulso de autoridades nacionales y municipales, un empuje de fuerte acento extremeño. Se trataba del Embajador de España, Pedro Bermejo, que ocupaba allí un curul, debido a que inicialmente el proyecto de remodelación implicaba un aporte español. Luego de aclarar -siempre- que no sabía porqué permanecía allí si ese aporte no fue posible, se integraba a los debates y las iniciativas que llegarían al naciente Centro Cultural Estación Mapocho. La mas relevante de ellas, en la que tuvo una decisiva participación, fue Letras de España.


Se trató de una muestra literaria de 15 años de producción editorial en la España que salía del régimen franquista -entre 1978 y 1993- y deseaba, homenajear a Chile, que emprendía el mismo camino de dejar atrás la dictadura. 

El único problema fue que el espacio más indicado para acoger la muestra, estaba en remodelación. Para Pedro y los demás integrantes del directorio, no lo fue. En coordinación con el director del Libro del Ministerio de Cultura de España, Federico Ibáñez, se resolvió utilizar aquello que ya estaba restaurado, es decir, el hall y la plaza anterior de la vieja estación. En el primero, se instalaron cinco generosas mesas redondas circundadas por estantes pletóricos de libros, de modo que cada una de ellas coincidiera con los vitrales el techo y, el sexto, fuera un mullido espacio acojinado, para los lectores infantiles.

En la plaza de la Cultura, se construyó un espacio de apariencia sólida, basado en andamios forrados de madera, que contuvo dos salas, una de cine, otra de conferencias; una tasca en el nivel superior y espacios para exposiciones de artes visuales.

Para acompañar la obra, vinieron grandes figuras como el Ministro Jordi Solé Tura; la bailarina Cristina Hoyos, que dió una inolvidable función en el Teatro Municipal, y dos decenas de escritores que además de sus charlas in situ, recorrieron universidades de regiones. Junto a muestras de artes visuales, cine y libros.

Demás está decir que los volúmenes luego de su exhibición masiva, fueron donados a una biblioteca juvenil chilena y aún ilustran a nuestra ciudadanía. Sin ir más lejos, hace unos meses exhibimos, en coordinación con Balmaceda Arte joven, una muestra de dibujos de Picasso preparatoria del Guernica.

Fue precisamente esa muestra que motivó, junto con el Embajador Enrique Ojeda, este recuerdo a Pedro Bermejo pues es un buen ejemplo de la permanencia de su obra en beneficio de este centro cultural y - a través de él- de la cultura en Chile.

Por ello, quisimos, al conmemorarse el primer año de su fallecimiento, develar una placa que lo recuerde, en este mismo salón que fuera testigo de sus enseñanzas y aportes.

Sin embargo, hay otro aspecto de su respaldo, que no puedo dejar de mencionar. El escenario era completamente diferente: el Palacio de Viana, de Madrid y la fecha, más cercana: el 24 de abril de 2009.

Entonces, me correspondió recibir de manos de su majestad la Reina Sofía, el premio internacional de conservación y restauración del patrimonio cultural que lleva su nombre. 

Ante tan ilustre concurrencia, que incluía además de dos ministras españolas, a la ministra chilena Paulina Urrutia, debí pronunciar un discurso de agradecimiento. Quienes han estado en situaciones similares saben que una de las tareas más complejas es fijar la vista en algún punto que dé seguridad. En mi caso, aquel elemento salvador fue, advertir en la sala, la presencia de Pedro y su esposa.

Esa gentileza de Pedro y Jennifer me quedó grabada. Y, para que el tiempo no la borre, la declaro como una de las poderosas razones para celebrar hoy su memoria en tan honrosa compañía.

18 marzo 2019

El ESTADO, EL MERCADO Y LOS PÚBLICOS


En columna de opinión publicada el 17 de marzo, en El Mercurio, el economista Sergio Urzúa cita "El tercer pilar", el más reciente libro de Raghuram Rajan, profesor de Chicago y ex gobernador del Banco Central de la India, que, en esencia, plantea que "los problemas actuales de las democracias liberales nacen del desbalance de los tres pilares que las sustentan: mercado, Estado y comunidad. Mientras los dos primeros ampliaron sus ámbitos de acción, reduciendo la pobreza, generando empleos, promoviendo movilidad social, el tercero, ese grupo social que reside físicamente en un sitio específico, que comparte una cultura y define nuestra identidad, la comunidad, se quedó atrás".


Las consecuencias del desacople -para Rajan- son múltiples. Por de pronto, la evidencia indica que la felicidad depende de cuán sólido sea nuestro círculo más cercano. Las redes sociales nos conectan, pero no generan humanidad ni amistad. Así, el paradójico malestar frente al progreso podría anclarse en la disfuncionalidad de nuestro entorno.

La situación, agrega Rajan, es caldo de cultivo para el populismo, que brota con fuerza tanto en la izquierda como en la derecha radicales. La primera culpa al mercado y propone erradicarlo. La segunda, al Estado e impulsa el nacionalismo. Ambos extremos se equivocan. Las personas desean mercados que operen con reglas claras y competencia justa, que activen la economía local. Demandan, además, un Estado moderno y responsable, que cubra riesgos y extienda nuevos puentes para progresar.


Si aplicamos este concepto a la cultura -que tambien debe temer de los populismos y autoritarismos de uno u otro sector- podríamos encontrar que ésta ha quedado recientemente, en nuestro país, a merced del Estado y, en menor grado, del mercado. La creación de un Ministerio -deseado por muchos como respuesta a los problemas de financiamiento- hasta ahora, no ha resultado tal. Por el contrario, desde el poder central han aparecido preocupantes señales que intentan reducir los aportes públicos a instituciones colaboradoras, evitados en un primer momento pero no aplacados del todo. De hecho, al eliminar el recorte de un 30% del aporte fiscal, se ha conservado la obligación de que algunas de esas entidades contribuyan a su financiamiento al menos con un 10% de su presupuesto; junto a un peligroso retraso en la firma de los respectivos convenios anuales que obliga a adquirir préstamos para cubrir los inevitables gastos del primer trimestre del año.

En la práctica se está modificando, por secretaría, mecanismos habituales de financiamiento de instituciones. Abriendo una puerta para que -eso dice la señal- el mercado haga su parte.

Se desatiende así el concepto de comunidad, que en estos términos, podría asimilarse al de públicos o audiencias.

Es decir, se está desaprovechando la oportunidad histórica, que la existencia del Ministerio obliga, de dar un vuelco al sistema de financiamiento público de la cultura. 

Recordemos que éste se construyó paso a paso y según las condiciones históricas. Primero - en 1929- se decidió que el Estado y solo el estado financia la custodia y defensa del patrimonio, con resultados lamentables que -dictadura y pobreza mediantes-  tienen a ese sector muy desmejorado.

Las artes se financiaban a través de la Universidad de Chile, tambien con dinero público, hasta que en los 90 se establecieron financiamientos mixtos, vía fondos concursables y ley de donaciones.

Como es obvio que las instituciones no pueden ser financiadas por concursos anuales, se fueron creando diferentes glosas presupuestarias para organizaciones culturales, en la medida de lo posible. Así se creó primero el CCEM completamente autofinanciado, a inicios de la democracia recuperada; luego, cada mandatario fue incorporando a glosas sus respectivas creaciones como el MIM, en el caso de Frei Ruiz Tagle; la FOJI, Artesanías de Chile, CCPLM, BAJ, Matucana 100, en el caso de Lagos; GAM, Museo Violeta Parra, en el caso de Bachelet.

A estos se agregaron algunas instituciones, según su capacidad de influencia, tan disímiles como el Museo Pre Colombino o Teatro a mil. Que se sumaron a financiamientos históricos como el Teatro Municipal de Santiago, la SECH y la APECH.

Como resultado de esto, y de cara a la creación del Ministerio, tenemos la oportunidad -y la obligación- de ordenar los diferentes tipos de financiamiento público, preservando espacios para las fuentes mixtas, indispensables para no tener una cultura vulnerable Estado-dependiente.

Desde luego, deben ser  muy diferentes los financiamientos públicos a las personas -creadores, gestores, artesanos, becas- que a las instituciones sin fines de lucro.

Para las personas, el mejor sistema ha sido y seguirá siendo, con perfeccionamientos menores, los fondos concursables anuales.

Para las instituciones, debe crearse un fondo plurianual, que financie a los museos, los centros culturales, los espacios culturales en general, sometidos a una evaluación basada en la calidad de su gestión y su capacidad de obtener recursos complementarios, vinculada a las condiciones objetivas de su misión. Y con la posibilidad que las personas hagan aportes directos a la institución de sus amores.

El financiamiento destinados a elencos estables debe tener tambien sus propias reglas, considerando la estabilidad laboral que merecen sus integrantes. Ello implica que, en el caso de instituciones que administren espacios y elencos, a la vez, debe crearse un sistema de evaluación particular que evite que se obtenga recursos para un aspecto y no el otro. En todo caso, la tendencia debe ser a que todo elenco debiera tener itinerancias en infraestructuras que reciben financiamiento público.

El único elemento que no se puede desatender es que en todo financiamiento público -salvo justificadas excepciones- debe dejarse espacios para la intervención de financiamientos privados y de lo que Rajan llama la comunidad.

Solo este tipo de aportes mixtos de Estado, mercado y audiencias, asegura lo más relevante para la cultura: la libertad para crear y divulgar las artes, sin tener una dependencia exclusiva de un sector.

La forma de asegurarlo es la existencia de instancias colectivas, de participación ciudadana, tanto en más alto nivel del Ministerio como en cada una de las instituciones sin fines de lucro que recibirán los aportes.

Es el momento de avanzar hacia ello. 

04 marzo 2019

EL LARGO PROCESO DE INSTALACIÓN DEL MINISTERIO



El primero de marzo de 2019 se cumplió un año desde la creación legal del Ministerio de las Culturas. Parece no existir dos opiniones respecto de que su instalación ha sido larga y no se ha completado y que, en adelante, le corresponde recuperar la participación de la sociedad civil en la gestación, aplicación y evaluación de las políticas culturales y desarrollar un debate a fondo sobre el financiamiento público a la cultura. El diario El Mercurio se ocupó de recordar la fecha y consultar opiniones al respecto. A continuación, sus preguntas y mis respuestas, publicadas ese mismo 1 de marzo.


¿Cómo cree usted que ha sido el proceso de instalación del Ministerio?

Como resultado de un proceso de largos años y varios mandatos, la instalación ha sido compleja. Primero, porque coincidió con un cambio de gobierno; segundo porque no fueron previstos todos los detalles, y tercero porque, entre los aspectos hasta ahora no considerados, está mantener la participación de la sociedad civil. Elemento clave en el futuro pues fue la gran fortaleza y rasgo diferenciador del CNCA. 
 

¿Como evalúa este primer año de Ministerio?

Fue un primer año tormentoso, con tres ministros y la necesidad de instalar, con gran rapidez, nuevas instituciones que sucedieran a las que, hace exactamente un año, dejaron de existir. Ello implicó creación de nuevos cargos, los concursos correspondientes y el cumplimiento de normas administrativas que no siempre pudieron aplicarse a cabalidad. En ese sentido, hay que reconocer un gran trabajo de las subsecretarías y el logro de algunas metas como la nueva forma de asignar los premios nacionales o la normativa para eliminación del IVA a espectáculos, que pasó de Educación a Culturas. 

No fue positiva la amenaza –afortunadamente superada- de reducir presupuestos en un 30% a un conjunto de instituciones sin fines de lucro, que debieron destinar gran parte de sus energías en revertirla.

Como es predecible, los programas ofrecidos son básicamente los mismos, y se fueron profundizando a partir de la asunción de la ministra Consuelo Valdés, que ha despertado mucha confianza en el mundo cultural. 


¿Cuál debe ser el foco del Ministerio este 2019? ¿En qué cosas se debe poner énfasis?

El foco debe estar puesto en dos temas: primero, recuperar la participación de la sociedad civil en la gestación, aplicación y evaluación de las políticas culturales. Y segundo, desarrollar un debate a fondo sobre el financiamiento público a la cultura. Hay una gran oportunidad para dejar establecidos -con participación de todos los involucrados- mecanismos permanentes, plurianuales y generosos en materia de financiamiento, junto con definiciones respecto de los necesarios aportes de la sociedad civil en este campo y el acotamiento del peligroso concepto de la gratuidad.

Los énfasis, están dados, ya que provienen de administraciones anteriores: la terminación de la gran sala del centro cultural Gabriela Mistral y el nuevo guión del Museo Histórico Nacional, que deberá ocupar a plenitud su nuevo espacio, resolviendo el riesgoso tema de un museo de la democracia.

11 enero 2019

DUDAS Y OPTIMISMOS PARA UN NUEVO AÑO




Adriana Valdés asume Presidencia del Instituto de Chile


Concierto por la Hermandad reunió a más de 5 mil personas


Es compartido que el año 2018 no fue bueno para la cultura. Sin embargo, hay indicios de que el 2019 podría ser mejor. Lo acontecido al despuntar el nuevo año en el CCEM y en el Instituto de Chile, son síntomas de aquello. Veamos.


El año pasado, el mundo de la cultura sufrió tres impactos negativos fuertes.


El primero fue la amenaza –afortunadamente superada- de reducir presupuestos en un 30% a un conjunto de instituciones sin fines de lucro, que debieron destinar gran parte de sus energías en revertir tal amenaza. Desde luego, ellas contaron con la solidaridad activa, del resto de las instituciones que tienen, en sus directorios, presencia de la sociedad civil.


El segundo fue la rotativa ministerial, que impidió apreciar con claridad avances en el sector, más si uno de ellos significó una amenaza cierta a la cultura del país, debido a declaraciones negacionistas de aspectos tan cruciales como las violaciones a los derechos humanos.


El tercero es la tardanza en la instalación del nuevo ministerio y sus entidades participativas. Ello ha llevado a advertir un retroceso en la participación que ya era una conquista del sector y denuncias públicas de decisiones arbitrarias, especialmente en el sector patrimonial. Sin descartar la inexistencia del Consejo Nacional que dejó sin instancias de reclamación superior a los fondos concursables y sin poder designar jurados en los Premios Nacionales.


Estas tres situaciones demostraron, felizmente, la musculatura que ostenta el mundo cultural, gracias a la participación y el lugar que ha adquirido en forma sostenida desde el regreso a la democracia y que hoy está al tanto a lo que sucede en su sector y reacciona con unidad, prontitud y con una opinión clara y fundada.


En el Centro Cultural Estación Mapocho, su comienzo de año no pudo ser más auspicioso. Una convocatoria inicial de Alejandra Urrutia, la primera mujer chilena directora de orquesta, fue sumando apoyos desde la sociedad civil para desarrollar un gran concierto por la Hermandad, centrado en la participación -en escena y en el público- de centenares de inmigrantes. Más de cinco mil asistentes, ciento veinte músicos, cuatro solistas, un coro de 203 voces provenientes de Alemania, Argentina, Colombia, Chile, Costa Rica, Ecuador, Escocia, España y Venezuela, dieron fe de la relevancia de ese tema. La Novena Sinfonía de Beethoven, en ese contexto, se escuchó particularmente bien.


Al día siguiente, en "una pequeña calle del centro de Santiago" en "estos tiempos de asombro", como se señaló en los sólidos discursos de la ocasión, por primera vez en 133 años de existencia una académica mujer asumió la dirección de la Academia Chilena de la Lengua. Coincidentemente, a Adriana Valdés le correspondió iniciar un trienio de presidencia del Instituto de Chile, que es encabezada rotatoriamente por cada una de las seis academias, tres de las cuales son actualmente dirigidas por mujeres, entre ellas, la de Bellas Artes, que encabeza Silvia Westermann.


Detalle no menor si se considera que el Instituto tiene un puesto fijo en cada uno de los jurados de los Premios Nacionales, que debieran fallarse el próximo mes de agosto, es de esperar con la dotación completa de sus jurados en las disciplinas artísticas, lo que lamentablemente en 2018 no aconteció, a pesar que la ley del nuevo ministerio así lo señala.


Estimula el optimismo ante el próximo año, la creciente confianza del mundo cultural en la actual ministra, Consuelo Valdés, y una tendencia a ir superando los atrasos en la conformación de la institucionalidad, en especial con la lenta constitución de los Consejos regionales que la misma ley considera.


Debiera esperarse que, el 2019, se realice un amplio debate sobre las formas y compromisos de financiamiento cultural por parte del sector público, que quedó pendiente el año que termina y que reviste la mayor importancia pues quedaron en el aire ciertos conceptos del sector hacienda, más que discutibles.

Así también deberíamos esperar la profundización de la participación en la institucionalidad en todo el país, junto con ejemplarizadoras sanciones a los traficantes de bienes patrimoniales que en 2018 comenzaron a ser denunciados y juzgados.

Y la extensión del "tupido velo" que parece estar descendiendo sobre la poco feliz iniciativa de un museo de la democracia.

11 diciembre 2018

BALANCE CULTURAL 2018 Y LA DEMOCRACIA

Sin dudas, el balance del año que termina, en cultura, apunta hacia Brasil. No solo por el feroz incendio de su Museo Nacional ubicado en Río de Janeiro. sino por la preocupante noticia que el ministerio de Cultura pasará a formar parte del nuevo ministerio de Ciudadanía, que integrará las actuales carteras de Desarrollo Social, Deporte, Cultura y parte de la de Trabajo. Mas allá de esta readecuación, la elección de Jair Bolsonaro resucita el fantasma del autoritarismo sobre la nación más grande de nuestro subcontinente.


En una reciente reunión, en la que analizamos un texto para homenajear al embajador español ante el primer gobierno post dictadura en Chile, el poeta Jaime Quezada recordó que Gabriela Mistral escribía Democracia con mayúscula, como una forma de resaltar la relevancia del concepto. Oportuno recordatorio pues lo que se reconocía en el embajador Pedro Bermejo, era su rol en la llegada a nuestro país una muestra de homenaje de la Democracia española -de pujantes 25 años- a la Democracia chilena, recién conquistada. La muestra contenía la totalidad de las publicaciones hechas en España entre la caída de la dictadura y 1993. Titulada Letras de España, se llevó a cabo en el -entonces en remodelación- Centro Cultural Estación Mapocho,  símbolo de la conquista democrática chilena.


Han pasado otros 25 años y la Democracia parece haberse convertido en rutina en nuestro país. En cultura, se la había incorporado institucionalmente hasta el mayor nivel de participación, creándose un Consejo nacional con un directorio variopinto y no modificable por la autoridad. Salvo que ésta, por la vía legal, creara una instancia superior, que lo incorporara. Ocurrió, con la creación del ministerio de las Culturas, las artes y el patrimonio, que comenzó a existir el 1 de marzo de 2018, misma fecha en que se disolvió tal directorio, sin que hasta ahora se haya instalado su continuidad, el Consejo nacional de las culturas... más amplio y variopinto aún, pero aún inexistente. De modo que, por primera vez desde 2003, hemos tenido un año cultural con autoridad unipersonal, sin instancia participativa que lo acompañe. Quizás esa situación -no deseada pero tampoco prevista por el legislador- no haya estado ausente en el hecho que en 2018 hayamos tenido cuatro ministras y ministros diferentes, en todo el espectro de la palabra diferentes.

La salida del primero, Ernesto Ottone, que gobernó 12 días, era inevitable, por el cambio de gobierno. La segunda, Alejandra Pérez, duró cinco meses y tal vez su estancia se hubiese prolongado, de contar con la asesoría (eso es el nuevo Consejo, asesor) de un consejo capaz de representar la complejidad y diversidad del sector. El tercero, Mauricio Rojas, duró cuatro días y permitió comprobar que uno de los aspectos de la Democracia, la participación, estaba intacto en el mundo de la cultura, pues se produjo una gigantesca manifestación de rechazo, ante declaraciones negacionistas de las violaciones de los derechos humanos, efectuadas por el designado con anterioridad. 

La cuarta ministra, Consuelo Valdés, conocedora de las instancias participativas de la cultura, se ha preocupado de hacer llegar a La Moneda, los nombres que las diversas organizaciones le han presentado como posibles integrantes del Consejo. Sin embargo, ha debido enfrentar, en el intertanto,  flagrantes muestras de irrespeto a la Democracia. 

Qué son sino eso las esculturas y otras valiosas piezas artísticas "privatizadas" en una propiedad de Raúl Schüler, que debieran estar en lugares públicos, para el disfrute de todos. 

Qué es sino eso el intento -felizmente frustrado, a causa de una fuerte participación ciudadana y parlamentaria-  de recortar un 30% de su presupuesto a instituciones de diversos objetivos, pero con un denominador común: ser fundaciones o corporaciones sin fines de lucro, con misión pública y directorios diversos y representativos del mundo cultural al que sirven. Un atentado desde la autoridad de hacienda, sin evaluación ni consulta que considerara la valoración que dichos directorios hacen de las instituciones amenazadas.

No habría sido necesario un esfuerzo tan amplio si estuviese activo el Consejo nacional mencionado, que debiera ser garante de que en los años que vienen no se repetirá un desatino como el mencionado recorte.

Infelizmente, nada asegura que, desde la lógica de ciertos economistas, el criterio de recortar a privados (omitiendo que son  corporaciones de servicio público, sin fines de lucro y creados por el Estado) vuelva a renacer en la próxima discusión presupuestaria, Evitarlo, será una de las misiones de la Ministra Valdés, junto con aumentar recursos a los servicios patrimoniales.


Por su parte, los museos públicos padecen demora en designaciones en su dirección máxima de los museos Histórico -anunciada recién el 11 de diciembre- y de Bellas Artes, donde la tardanza ha permitido aflorar propuestas de creación, en ellos, de instancias participativas, que consideren a beneficiarios, trabajadores y pares.

Tales instancias forman parte de las promesas deslizadas durante el debate legislativo del actual ministerio y se han reiterado por parte del subsecretario del Patrimonio, Emilio De la Cerda, enfrascado en la preparación de la nueva ley de Patrimonio, que debiera ser enviada pronto al Parlamento.


No sería justo terminar este balance sin enumerar los logros de estos diez meses en la subsecretaría de Arte y cultura, que dirige Juan Carlos Silva: instalación en cultura de los Premios nacionales destinados a las artes; traslado de la eliminación del IVA a espectáculos desde Educación a Culturas;  inicio del pago de dietas a los consejeros sectoriales, que contempla la Ley; aumento en porcentaje de las postulaciones a los Fondos concursables; instalación del ministerio en la nueva región de Ñuble y ocupar el primer lugar en información publicada, entre los servicios públicos del país.


Debiera entonces esperarse que el año que viene será el del término de la implementación del ministerio con las instancias de participación respectivas, para que la Democracia pueda volver a escribirse con mayúscula mistraliana.