17 junio 2021

UNA LEY DE DONACIONES PARA LA RECONSTRUCCIÓN

 



El foro organizado por la UNA y la Universidad Autónoma de Recoleta, realizado el martes 15 de junio de 2021, se puede ver en https://www.youtube.com/watch?v=H2aimdPnDx8 

14 mayo 2021

GESTIÓN CULTURAL INTERNACIONAL EN PANDEMIA





Enlace a la Conversación del lunes 10 de mayo entre el doctor en Sociología de la Cultura, Tomás Peters y el Director Ejecutivo del CCEM 

https://www.youtube.com/watch?v=9qI1FLNn8Js


 

10 mayo 2021

LAS TRAVESURAS DE "NARICITA"

 


Cuando se vivía la euforia de la Enciclopedia de la Juventud, mi padre llegó un día con una colección de libros "que es mucho mejor" (y seguramente más económica). Se trataba de los 23 tomos de narraciones dirigidas a los adolescentes, escritas por el genio brasileño, Monteiro Lobato. Los devoré y aprendí Gramática, Historia, Literatura, Geografía... y sobre todo, a amar a personajes entrañables, niños, un abuela, una sirvienta de color, una muñeca llamada Emilia y al Vizconde de la Mazorca. Los ejemplares permanecieron en la "Biblioteca ANC" (así identificada con un timbre creado con un juego de imprenta especialmente solicitado) durante toda mi vida, con dudosas intenciones de hijas, hijos y otros potenciales lectores, hasta que, ya con 70 años en el cuerpo, un lunes 10 de mayo de 2021, la cama de mi nieta Matilde amaneció -como indica la fotografía- con pequeños trozos de papel. Había ocurrido el milagro y la noche anterior había iniciado la lectura del primer tomo de Monteiro Lobato. Proceso que simultáneamente iba deshaciendo, en fragmentos esa lectura maravillosa. Se sellaba así un pacto entre nieta y abuelo. Seríamos el primero y la última lectores de Naricita.

08 noviembre 2020

NISSIM Y LAS PASTAS



Carta a Paula Sharim. 

 Querida Paula: 

No se cuándo leerás esto, quizás ni lo leas en medio de tanto ajetreo.  

Pero yo si sé que necesito escribirlo. Imperiosamente. 

 Desde que esta mañana supe que se fue Nissim, no he podido hacer nada bien más que recordarlo. 

 Puchas que lo quiero (iba a poner quise), puchas que lo extraño. Puchas que buen tipo es tu padre. 

 Nos reíamos de buena gana cada vez que nos encontramos. Bueno después de unos años de convivencia Ictus/Vicaría donde se forjó la amistad. 

Iba, con el rebaño de la vicaría a ver antes de su estreno, cada obra. 

Eramos conejillos de indias que nos divertíamos de lo lindo y... hasta opinábamos. 

Incluso hay recuerdos que nos hacían caso, en ocasiones. 

 Un día quedé tan motivado que, a la salida, invité a comer a mi casa a la compañía, pensando que era un atrevimiento. 

 No lo fue y aceptaron. 

 Fueron los tallarines más nerviosos que jamás cocine (soy bueno para hacer pasta) pero, cocinar para el Ictus... 

 Desde entonces somos amigos y me acuerdo de los amigos, no de las pastas que comieron. 

 Luego vinieron muchas risas, muchísimas carcajadas, mejores recuerdos y hasta una maravillosa hija, quien me permite dejar este testimonio porque el funeral que merece Nissim (en la estación Mapocho, obvio) queda pendiente. 


 Un cariñoso abrazo, Paula querida.

24 octubre 2020

UN CONSEJO DE LA CULTURA AUTÓNOMO

Aplaudo el debate sobre Constitución y Cultura, inaugurado recientemente en las páginas de La Tercera y me parece que éste aborda tres temas diferentes: los recortes presupuestarios 2021; la inminente desaparición de organizaciones culturales -en curso- debido a la falta de ingresos provocado por la pandemia, y el debate sobre la cultura en la nueva Constitución. El primero, se da en el debate del presupuesto 2021, con dos posturas: subir el actual 0.3% a un 1% y la de Hacienda: un mejor gasto para un presupuesto reactivador. El segundo aspecto -particularmente dramático- afecta a museos, teatros, centros culturales y artistas que no reciben aportes públicos, cuya situación solo es posible resolver con programas de emergencia. Y el tercero, es cómo debe aparecer la cultura en la nueva carta fundamental, en particular los verbos clave: protegerla, promoverla y garantizarla. Hay una fórmula capaz de resolver el aspecto Constitucional e incidir en los dos anteriores: Un Consejo de la Cultura, autónomo, como lo que hoy tiene el Banco Central, compuesto por personalidades destacadas (rectores, premios nacionales, artistas de experiencia, gestores culturales), representativos de los pueblos indígenas, empresarios y ciudadanos. Dicho consejo asignaría los recursos que la Ley determine, conforme a prioridades acordadas transversalmente en su seno. Así mismo, por su diversidad, tendría la sensibilidad para enfrentar emergencias como la que hoy nos asola y sería un asignador de fondos públicos aceptado. La idea no es original: surgió en el largo debate en el que participaron más de 600 personas, en 1996, en el Congreso Nacional, para crear el CNCA.

01 agosto 2020

EL SILENCIO DE LA CUENTA EN CULTURA

Foto Presidencia


Lamentablemente, la mascarilla que embozaba a los asistentes a la Cuenta Pública Presidencial de 2020 no fue solo, en el caso de la cultura, una precaución sanitaria. Fue además símbolo del silencio que -de manera inédita- evitó cualquier referencia en ella a las artes, la cultura o el patrimonio.


Como es habitual, el país se preparaba para escuchar algunos anuncios relevantes, sobre todo en un sector fuertemente afectado por la pandemia, en el que pocos reciben muchos recursos públicos y muchos carecen completamente de ellos.


Como en la música, los silencios son reveladores. 

Dicen: sigan arreglándose como puedan; gasten el 10% de sus ahorros en las AFP (los que tienen); no hay palabras de aliento para quienes se esfuerzan por mantener vivas las artes, y sigan con sus campañas de "no más recortes en cultura".

Para un mundo compuesto por personas particularmente sensibles es, quizás, la ignorancia lo que más duele.

Era esperable, al menos, unas palabras de aliento; día a día vemos como nacen nuevas formas artísticas vía zoom u otras aplicaciones, para mantener vivas las experiencias artísticas -en muchos casos- gratuitas- en una población asolada por enfermedades físicas y mentales.

Se esperaba que viniera un apoyo desde el Estado, en un especial momento republicano. Sin embargo, es preocupante y descorazonador que las autoridades culturales ni siquiera hayan lograda incorporar en la cuenta presidencial algunas palabras de estímulo a los enormes esfuerzos que se hacen, en el mundo de la cultura, por mantener viva el alma de Chile en esta pandemia.

Si ello no logró penetrar la sensibilidad oficial, mucho menos podía esperarse algún anuncio económico. El mensaje es nítido. Arréglenselas como puedan: endéudense, concursen, gasten sus ahorros, inicien "emprendimientos" como aquel actor que fundó la pyme "actor de reparto" para distribuir productos esenciales.

Cuesta entender lo ocurrido. La OPC preparó minuciosamente y distribuyó por sus redes sociales una pregunta sobre lo que se esperaba. También imaginó -y tuiteó luego- la respuesta: NADA.

En una doble lectura, la cultura nada en medio de un feroz naufragio para poder sobrevivir, en medio de la indolencia oficial.


Por si esto fuera poco, se han deslizado previamente anuncios de que se harán nuevos recortes al presupuesto 2020, que afectarán, en 2021, a las instituciones públicas que reciben -por glosa- aportes del sector público. 

Ante la amenaza, con justicia, surgen las voces de una nueva campaña para evitar tales recortes, lo que sin duda distrae a parte del mundo cultural -que tiene ingresos asegurados y no requieren ocupar su tiempo en "emprender"- convirtiéndose así una demanda mayoritaria de quienes nada tienen en el problema de algunos ya receptores de recursos públicos solo que disminuidos.


Poco antes de conocerse la silenciosa cuenta, una cincuentena de organizaciones que participaban de mesas de trabajo con el ministerio respectivo, anunciaron su retiro de las mismas, declarando que: “El débil liderazgo del Ministerio de las Culturas frente a la crisis, la falta de voluntad de hacer un trabajo participativo, la poca convicción en la defensa presupuestaria, junto a la invisibilidad en la que nos mantiene la política social, nos instala como un sector completamente abandonado.”

Y concluyen: “En este contexto, las organizaciones decidimos dejar de participar de la mesa interministerial y las sub-mesas, ya que no constituyen un espacio participativo, proactivo ni menos resolutivo.”


En definitiva, nos encaminamos al peor de los mundos, un gobierno ciego, sordo y mudo; mesas de conversación rotas, y un sector golpeado, dolido y creando afanosamente formas de mantener viva la llama cultural.

¿Hasta cuando? 

¿Y si la llama se apaga por unas horas para escuchar también el silencio de la cultura?


Algunos piensan que nuevamente, en este caso, será la voz de los chilenos -a través del parlamento- la que pondrá las cosas en su lugar.

Parece no quedar otro camino. 

21 julio 2020

TEMPORADA DE PREMIOS


A pesar de la pandemia que nos asola, en los últimos días se ha puesto en el tapete una práctica poco usual en Chile: premiar o, más bien, premiarnos. Tarea que tan bien hace en general y mejor aún, en esta crisis sanitaria, social y cultural. Sin embargo, tanto del estado como de la sociedad civil, no va acompañada del impacto que debiera tener el galardón a alguien a quién imitar, divulgar y reconocer.


Muchas veces, en las discusiones de las políticas culturales que (aún) nos rigen, se planteó la necesidad de tener una política de premios y galardones. No prosperó. 

En la mente de quienes lo promovíamos, estaba la gran celebración que prosigue a la sobria entrega de los Premios Nobel -en un escenario repleto de flores históricamente donadas por el municipio de San Remo- entrega el rey de Suecia y el homenajeado agradece con una leve inclinación de cabeza. Luego viene la cena de mil invitados de gala, en el ayuntamiento de Estocolmo, donde los premiados pueden agradecer y, mientras avanzan hacia el podio, las banderas de las facultades universitarias se inclinan en señal de admiración y respeto. Luego viene la cena en que quinientos mozos, al unísono, depositan los platos con los manjares, los brindis y ... el baile.

Pero, nada de eso ocurre acá. Es casi un trámite: se publican las bases, se constituye un Jurado -semi opaco en sus integrantes- y se anuncia el galardón: llamada telefónica ministerial, palabras de rigor, fotografías, abrazos y discretos titulares al día siguiente.

De fiesta, nada. Reflejo del taciturno carácter nacional.

Sin embargo, en este invernal conjunto de galardones, se advierte algunos cambios. 


Los Premios Pulsar -a la música- en un nuevo envase virtual fueron interpretados por El Mercurio como una suerte de reconocimiento a las lenguas indígenas, y los ganadores tenían  un componente de "pueblos ancestrales".

El indiscutido premio nacional de Derechos Humanos al abogado Roberto Garretón, parece marcar también una señal de reconocimiento -y así él lo reconoce- a un colectivo: los funcionarios y funcionarias del comité de Cooperación para la Paz y la Vicaría de la Solidaridad, que habían sido, hasta ahora, tan injustamente postergados.

Presencia indígena y aplausos a los funcionarios de derechos humanos son dos señales no menores en un desierto de reconocimientos en esa línea.


Algo parecido puede estar gestándose en los premios nacionales, por resolverse pronto.

Desde luego, debutan en el caso de Literatura y Música, dos jurados adicionales, nombrados, según Ley, por el Consejo Nacional del ministerio de las Culturas. Este último es una instancia participativa y transversal que trae aire fresco a un jurado de cinco miembros que aún se mantiene en los premios no artísticos.

Justamente en Literatura se ha iniciado -mucho más abierto que en otros años- una conversación sobre la necesidad de premiar a una mujer y quizás algún(a) indígena. Justamente en ese jurado se designó a una poeta mapuche.

También es novedoso el que la solicitud de considerar poetas mujeres -solo Gabriela Mistral lo obtuvo antes- sea una petición de colectivos femeninos que no se abanderizan con una candidata en particular, solo refuerzan la importancia del género.


En el caso de la música, una publicación de prensa mostrando solo postulantes hombres, agudizó tales demandas de, tener postulantes mujeres, que no se han visto hasta ahora concretadas en nombres específicos.

Lo que subyace es la distinción entre música docta y música popular y aquella de premiar o no a músicos que han hecho gran parte de su carrera fuera de Chile, como ha acontecido recientemente.

Sin dudas, la ampliación del jurado, va a agregar complejidad al debate y podemos tener sorpresas respecto de la ampliación de las fronteras auto impuestas por jurados anteriores.


En el caso del premio de Historia, que conserva el jurado de una quina de integrantes, se ha hecho público el apoyo a la profesora Ana María Stuven -al parecer única candidata mujer-, de 24 mujeres destacadas que, en carta al director, llaman la atención sobre que “El país está en deuda con el reconocimiento hacia la participación femenina en la historia”. Deuda que comenzó a atenuar la anterior ganadora, Sol Serrano.


Es posible pues que en los próximos premios nacionales comiencen, paulatinamente, a reflejarse algunos  cambios culturales que ha experimentado nuestra sociedad.

Tal vez entonces, podamos comenzar a pensar en una política que amplíe y celebre los reconocimientos.

Quizás sea una de las lecciones que nos deje la pandemia.







24 mayo 2020

NAUFRAGIO, PLACEBOS Y UNA PROPUESTA



En un sugerente 20 de mayo del 2020, dos fundaciones de estudios -Friedrich Ebert y Por la Democracia- tuvieron la iniciativa de convocar a cinco integrantes del mundo de la cultura a reflexionar sobre la pregunta ¿Quién salva a la cultura en la pandemia? Participaron las actrices Carolina Arredondo y Aline Kuppenheim, el escritor Ernesto Garrat y el moderador fue Waldo Carrasco. El resultado puede apreciarse en el vínculo a Youtube copiado al final de este comentario.


Inicié mi intervención con la imagen de que vivíamos un naufragio -ni el primero ni quizás el último- y que debíamos enfrentarlo como tal: con la prioridad de salvar a los sobrevivientes con los mecanismos que la sociedad pone a disposición y con la claridad que hay algunos integrantes de nuestro mundo que están en mejores condiciones -con salarios asegurados y sin necesidad de ir a trabajar presencialmente- mientras otros, los más, que viven de su producción artística, padecen una condición muy precaria. 

El cierre de actividades alcanza a salas de teatro con todos sus componentes: bajo, delante, sobre y detrás del escenario; a centros culturales y museos privados sin fines de lucro, con imposibilidad de acoger visitantes, actividades artísticas o arrendar sus salas; a librerías, que deben recurrir a la venta por internet; a galerías de arte; a conjuntos musicales y artistas que, directamente, carecen de todo ingreso.

Ante este panorama, han surgido iniciativas de regalar producciones artísticas, a través de las pantallas domésticas, que obviamente no fueron creadas para tales formatos y que aparecen como un placebo para muchos que, además, arriesga promover el individualismo frente a un arte consumido en gratuidad y soledad. Adicionalmente, ponen en riesgo el cumplimiento del pago de los derechos de autores e intérpretes, así reproducidos.


Con todo, ha quedado en evidencia que, con la mejor voluntad, el ministerio respectivo no es capaz de satisfacer el volumen del problema, que no es solo cultural, sino sanitario. Es decir, la pandemia ha provocado que el daño sea de tal magnitud que no se resuelve solo con fondos concursables, reasignación de recursos, préstamos bancarios o leyes de apoyo a la cesantía.

Hay consenso entre quienes integramos este mundo -incluidos parlamentarios de la comisión respectiva- funcionarios públicos y privados, creadores, gremios, directivos de espacios culturales, libreros, actores, artistas en general, patrimonialistas... que se avecina una crisis mayor, con perspectivas de cierre de muchos espacios que, con tanta dificultad, han permanecido ofreciendo al público sus colecciones, montajes y exposiciones.



Para Mikel Etxebarria, de Fundación Interats de Barcelona, en la editorial del Boletín Cyberkaris de mayo, titulado "El futuro de la cultura tras la pandemia" esta coyuntura nos va a dar una imagen real de cómo nos ve la sociedad. 

Y profundiza: "Cómo valora la sociedad al mundo cultural, a sus creadores, a su oferta y al papel de la cultura en nuestras vidas. Hay un adagio latino que se va a poner de actualidad en este momento “primum vivere deinde philosophari” y vamos a ver si la cultura esté en “vivere” o en “philosophari”. Vamos a ver en qué posición no sitúan las autoridades al analizar las medidas que tomen para hacer frente a los efectos de la pandemia en el sector cultural. Vamos a ver si se nos consideran un sector estratégico, necesitado de inversión en medidas específicas para su mantenimiento y relanzamiento, o si básicamente se nos va a dirigir a las medidas generalistas. Vamos a ver en qué posición nos sitúa la clase política analizando sus planteamientos desde la oposición en relación con las medidas a tomar para reactivar la actividad cultural y en su posición ante las medidas gubernamentales; en qué posición nos sitúan los medios de comunicación, que durante la pandemia han sido bastante cercanos a la creación y a las expresiones culturales, analizando qué nivel de visibilidad van a conceder a la actividad cultural y qué tratamiento van a otorgar a las reivindicaciones del sector cultural; cómo nos sitúa la sociedad en general, si va a preocuparse por el sector cultural, si va a reclamar apoyos específicos y cómo valora nuestras reivindicaciones. Y, sobre todo, vamos a ver cómo nos valoran nuestros públicos. Si se mantienen fieles, si aumentan o nos abandonan. Si ese agradecimiento al sector cultural que ha ayudado a sobrellevar el confinamiento, cuando hay más opciones se mantiene, aumenta o se difumina".


Es decir, una prueba de fuego para la relación de la cultura con la sociedad. Lo que es también una oportunidad.

Demás está decir que hasta ahora tenemos las de perder. Un comunicado reciente del SII a los contribuyentes chilenos, detalla en qué se invierten nuestros impuestos: el 0.007% de lo que pago va a Actividades recreativas y cultura. Gasto escaso, solo superado en su miseria por Protección del medio ambiente.

Por tanto, deberemos recurrir -si queremos retornar a la posición que la cultura tuvo con antelación, como a inicios de los 70 o de la década del 2000- a lo mejor de nosotros que, abogue por el sector, al más alto nivel. 

Confío en que, afortunadamente, quienes cumplen esa condición, están dispuestos. Me refiero a nuestros premios nacionales; rectores de universidades; autoridades y académicos del Instituto de Chile; ex ministras o ministros de educación y cultura; ex directores de corporaciones e infraestructuras de alcance nacional... personalidades capaces de reponer, primero, el diálogo con las autoridades y luego acoger y representar las inquietudes del mundo cultural post naufragio.

Así lo hicieron las comisiones Rettig -con los derechos humanos- y Engel -con la transparencia- por citar solo dos casos. 

Es urgente para el sector cultura, consensuar y convocar a una Comisión del mas alto nivel, representativa y transversal, que tenga la calidad y capacidad de recuperar para el sector el lugar que nunca debió perder.

Así lo imaginó el asesor cultural del presidente Ricardo Lagos, Agustín Squella, cuando se legisló, en 2003 -sin oposición parlamentaria alguna-, para tener un Directorio Nacional de la cultura y las artes con figuras de la envergadura del filósofo Humberto Giannini; los premios nacionales José Balmes, Gustavo Meza o Lautaro Nuñez; los artistas Paulina Urrutia o Hugo Pirovich; los gestores Carlos Aldunate, Drina Rendic, Santiago Schuster o Cecilia García Huidobro; los rectores Álvaro Rojas, Oscar Galindo o Jaime Espinoza, entre otras y otros representativos de diferentes instancias de la sociedad civil, que se sumaban a tres representantes del gobierno, uno -su presidente- con rango ministerial, dos representando a los ministros de Educación y Relaciones Exteriores.

Así como el Consejo nacional de la cultura y las artes fue la respuesta institucional de la post dictadura, y se asemeja a los arts council de Gran Bretaña, nacidos luego de la tragedia de la Segunda guerra mundial; la tragedia de la pandemia que nos asola, justifica plenamente un esfuerzo des esta naturaleza.

Un inicio a observar es el reciente Comité de Renovación Cultural del Reino Unido (Cultural Renewal Taskforce https://www.gov.uk/government/news/culture-secretary-announces-cultural-renewal-taskforceque tiene por misión "fijar recomendaciones de seguridad frente al virus, explorar soluciones creativas que estimulen el regreso a la vida de los diversos sectores de la industria cultural y mantener abierta línea de intercambio de información con el Gobierno", que desde el 22 de mayo se reunirá semanalmente.

Sería aconsejable que, en Chile y una vez superada la emergencia, el mismo comité de alto nivel, inicie el camino de forjar una institucionalidad que recoja y supere la desgraciada experiencia que vivimos, en el marco de la discusión constitucional que se avecina.


 https://m.youtube.com/watch?v=xQepNfx-JWI&feature=youtu.be&fbclid=IwAR0BtCKu1gU0xPivW4DGdpeppx6RU30oLGR4Bu0pZfzMs6osVrwYE4re3ss 


07 mayo 2020

CULTURA: ¡AL RESCATE, MUCHACHOS!

“Digan que voy sin novedad” Thomas Somerscales. Museo Baburizza


Después del golpe inicial que significó la pandemia del COVID 19 en el mundo en general y la cultura en particular, recién, un par de meses después, están apareciendo las primeras reacciones desde las autoridades, las instituciones  y los ciudadanos respecto de cómo afectará el "bicho" al desarrollo cultural.

Pero, para que exista desarrollo cultural, debe sobrevivir aquello a desarrollar, por tanto, la primera tarea es la supervivencia. Literalmente. Y la primera sobrevida son las personas y luego las instituciones. 

La situación de las personas vinculadas a la cultura. 

Como le he escuchado al abogado Gabriel Zaliasnick, "las sociedades, cuando no entienden lo que pasa, se miden". Es exactamente lo que hizo el Ministerio de Culturas, con una improvisada encuesta que intenta medir el tamaña del estropicio. El resultado es que se inscribieron, como afectados, quince mil personas e instituciones, para un presupuesto de primeras re asignaciones de quince mil millones de pesos. Un millón para cada uno. 

Pero, en el mundo en que vivimos, la asignación de recursos públicos tiene estrictas reglas. Y en cultura la regla madre es la concursabilidad. Por tanto, se debe realizar concursos -urgentes pero no inmediatos- por la obvia necesidad de establecer las reglas del juego.

El subsecretario Juan Carlos Silva fue claro en una sesión de la comisión de cultura de la Cámara de diputados y diputadas, desafío a los gremios de la cultura allí presentes a darle a conocer algún mecanismo "no discrecional" para distribuir recursos en esta coyuntura.

En la misma sesión, el diputado Marcelo Diaz fue más preciso ante la demanda de los gremios por mayores recursos a asignar:  "el problema de fondo es estructural, la escasa presencia de la cultura en el presupuesto nacional. Si hubiese una mayor participación habría mayor reasignación". 

Lo que significa que solo se puede re asignar de lo que hay y si lo que existe es poco, el necesario rescate urgente no pasa por el ministerio específico sino por la reglas generales con que el gobierno está favoreciendo a la ciudadanía. 

Esto es el auxilio a las pequeñas y medianas empresas, la ley FOGAPE, por una parte. Y que, en simple, es un créditos bancario con garantía estatal seis meses de gracia y 48 cuotas, prácticamente sin intereses, para unidades económicas consistentes en el equivalente a tres meses de facturación, en régimen normal (se mide como año normal los doce meses previos a octubre de 2019). 

Por otra parte, están los apoyos a quienes viven de sus boletas de honorarios y por otra a quienes no perciben ingresos formales.

La situación se complejiza cuando hay un cuarto sector del mundo cultural que pone sobre el tapete, su situación, privilegiada respecto de aquellos ya mencionados: quienes tienen ingresos asegurados debido a su condición de empleados públicos o de instituciones que reciben transferencias al sector privado, aseguradas por glosas legales. 

Con acierto, perciben que tales ingresos pueden verse mermados en el presupuesto del 2021 debido a que obviamente, las re asignaciones y medidas de emergencia alguien las tiene que pagar en el futuro cercano. Por tanto, ya están reclamando contra eventuales e inevitables recortes.

Protesta que, debido a su estabilidad laboral y la consiguiente mayor capacidad de organización gremial, tiende a amplificarse y -lo que es complicado- confundirse con los reclamos de quienes carecen de tal estabilidad y poseen organización gremial más débil y una urgencia inminente.

No hay que confundirse entonces: la mayor preocupación debe estar en la mayor urgencia,  quienes, en ese orden, no tiene ingresos fijos, quienes los adquieren vía honorarios variables y quienes se sostienen como pequeñas empresas que dependen del flujo de personas que acceden -o no- a sus creaciones y servicios. 

Es el caso de las salas de artes escénicas que dependen de su taquilla; de las industrias editorial, audiovisual  o musical que viven de sus ventas de libros, fonogramas, conciertos o producciones, o de los museos y centros culturales que dependen de las muestras que exhiben y/o espacios que arriendan. Caso especial son quienes, como la Fundación Neruda o el museo Pre colombino, son turismo extranjero dependientes en gran parte.

Hay que agregar que las industrias culturales tienen un mecanismo ya existente de asignación de recursos concursables, que puede ajustar, con participación de la sociedad civil, a la situación. Es el caso de los tres consejos sectoriales -libro, música y audiovisual. 

Por su parte, las salas y espacios culturales son lugares naturales para otorgar fuentes laborales a miles de artistas e interpretes.

Por ello parece acertado que una de las líneas de reasignación de recursos  del ministerio de culturas (tal vez la mayor, de casi 8 mil millones de los quince), vaya en esa dirección.

Sin duda, lo dicho no será suficiente para enfrentar la severa crisis, pero al menos intenta ordenar la manera de hacerlo.

Por el contrario, no ayuda el clamor de -en estas penosas circunstancias- cambiar de raíz el modelo cultural que nos rige, por cierto, sin claridad alguna del por qué otro modelo reemplazarlo.


Ya vendrá la posibilidad de hacerlo, cuando, como lo anticipó Somerscales, podamos decir "vamos sin novedad" y con aguas mansas, en el programado debate constitucional. No es saludable, en medio de la tormenta y mares procelosos, discutir sobre las ruta de navegación.

Pensar como Guillermo Calderón, en La Tercera del 5 de mayo: “que entonces el país se comprometa en el largo plazo y con grandes inversiones en la cultura y no con métodos paliativos. Siempre es aterrador para los trabajadores de la cultura escuchar la frase "fondo concursable". Sin embargo, no tenemos alternativa".