25 junio 2022

CARLOS IGNACIO JULLIAN Y SUS LIBROS




 

Fue de esas personas que deja huella. Daba la impresión que todo lo hacía bien, un destacado atleta y futbolista, a pesar de su esmirriado físico escolar. No extrañó cuando supimos que estudiaría arquitectura como tampoco que enfilaría sus pasos hacia Francia, donde un hermano, mayor, hacía su propia carrera. Lo que sí me extrañó fue cuando llegó a regalarme su primer libro. Carlos Ignacio es poeta.


Sospecho que a él también le extrañaba esta condición literaria pues usó seudónimo: Camilo Saint Claire, dejando a Carlos Ignacio como encargado de los "dessins" de "A-lizes et autres vents". Tuve el privilegio de recibir de sus manos el número 73 de la edición numerada, tuvo la generosidad de destacar que la impresión había sido gentileza de nuestros compañeros de estudios, Chicho Middleton y Ramiro Urenda. 

Más allá de la dedicatoria- exploratoria del libro de 2013, (la del segundo libro ya afirmaba "por que sé que tu te interesas por este tipo de cosas"), conversamos mucho de sus poemas que reflejan su condición bilingüe y su pasión por ilustrar.

"MI QUERIDA A.MIGA qu'est-ce que je peux te raconter?, publicado en septiembre de 2019, poco antes que todo se desbaratara por la pandemia, tiene a Carlos Ignacio solo como intermediario del encuentro de los dos autores, amigos comunes: el vulcanólogo chileno de origen haitiano, Camilo Saint Claire y la paisajista francesa Aleth de Crécy-Koch.

Postulo que sus libros son una manera de relacionarse, una forma de desarrollar la "amities" palabra presente en ambas dedicatorias. Una vez exhibido el libro, la conversación es su reflejo: palabras en castellano, otras en francés; ideas expresadas en esas palabras y otras en imágenes. 

Siempre con la confianza que volveríamos a vernos, como las amities. De pronto un correo, una invitación a una muestra en París, agregando la certeza que allí me esperaba.

Los libros me hacían tenerlo cerca, por su autor (enmascarado en seudónimos sugerentes) por su belleza física, su colorido. De aquellos libros pequeños, delgados, como él, que siempre sabemos dónde están. En aquella repisa de poesías y en el corazón.

Allí seguirán, Carlos Ignacio.

Au revoir.





16 junio 2022

EL SISTEMA DE PRENSA EN CHILE (1973-1984)


Corría 1985 cuando dos ONG's opositoras a la dictadura organizaron un Seminario para debatir temas de prensa y cultura: CENECA y CED. En esa ocasión, me encomendaron un estudio sobre la situación de la prensa durante los primeros años  del régimen militar. En él, a partir de la presencia de la prensa en la Constitución de 1925, aún vigente, se analizó cómo el sistema completa había sido desbaratado, tanto por la clausura de medios escritos y radiales como por la intervención de los medios televisivos, a través de los rectores delegados de las universidades, propietarias de los canales existentes. El texto completo fue digitalizado gracias al trabajo del profesor chileno Tomás Peters y puede encontrarse en el siguiente vínculo:

http://www.archivoceneca.cl/2018/08/08/el-sistema-de-prensa-en-chile-bajo-el-gobierno-militar/


El año siguiente, 1986, junto a la investigadora María Elena Hermosilla, el presidente del Colegio de Periodistas de Concepción, Mario Aravena y cuatro colegas de la ciudad, realizamos una investigación sobre la situación de la Prensa y la Radio en la región del Bío Bío. Gracias al mismo esfuerzo de Peters, ese estudio puede encontrarse en:

http://www.archivoceneca.cl/2018/08/08/prensa-radio-y-television-region-del-bio-bio/


Parece relevante destacarlos hoy, que entramos en una nueva fase constitucional como país y, por tanto, en una nueva etapa del sistema de prensa nacional.

10 junio 2022

PINOCHET V/S GARCÍA MÁRQUEZ



Corría el mes de noviembre de 1986, la dictadura había comenzado su declive, el país se preparaba para recibir al Papa Juan Pablo II, sin embargo reinaba el Estado de Sitio que permitía a la autoridad intervenir la correspondencia. Fue lo que ocurrió con cargas a mi nombre, como representante en Chile de la Editorial colombiana Oveja Negra, que navegaban hacia Valparaíso con destino la feria del libro de ese año. Esos 15 mil ejemplares de un libro del Premio Nobel Gabriel García Márquez, serían el último episodio de una disputa que había comenzado poco después del golpe militar de 1973, cuando "Gabo" anuncio al mundo que dejaría de escribir mientras Pinochet estuviera en el poder.



Waldo Carrasco decidió revisar el capítulo de los libros quemados en Valparaíso, por orden del dictador, en una interesante conversación que sostuvimos, a inicios de junio de 2022 y que permanece registrada en la página de youtube de Libros y Bibliotecas. 


02 junio 2022

EL DULCE ENCANTO DE DONAR

Fotografía de Luis Navarro Vega, generosamente donada al autor.

 

El sabio consejo de amigos de mayor experiencia, el apoyo de colegas documentalistas y la generosa acogida del Archivo Nacional, conspiraron para que, luego de recibir una veintena de cajas con los documentos de treinta años de trabajo en gestión cultural, participación en dos períodos en el Directorio del CNCA, apuntes de clases, registros de viajes al exterior, seminarios, conferencias y asesorías varias me sumergiera -literalmente- en papeles, documentos, escritos, actas y grabaciones para preparar, razonablemente clasificados, una donación.



Es difícil explicar la doble satisfacción de revisar tantos momentos que resultaron de utilidad para diferentes trabajos en el ámbito de las políticas culturales y la gestión y a la vez sentir que podrán ser de utilidad para otros -estudiantes, colegas, curiosos- desde los pulcros archivos de un servicio público de excepción.

El primer inspirador fue el poeta Pedro Lastra que donó  parte de su rica biblioteca con originales, muchas veces dedicados por sus autores, a la Universidad Católica. Luego vinieron las visitas -pandemia mediante- de colegas estudiosos que valoraron el material y sugirieron acciones concretas para "ponerlos en valor". Así fueron dándose pequeñas donaciones a docentes del magíster y postítulo de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, dónde doy clases desde comienzos de siglo; a ganosos profesionales jóvenes que asumen, responsabilidades en el gobierno de la nueva generación; a la organización gremial en que participo, y al Museo Histórico Nacional, en algunos aspectos específicos (desde un antiguo teléfono a documentación familiar).

Reconozco que tengo prontuario: había donado antes, al Museo de la Memoria, los antecedentes de dos episodios en los que me toco participar durante la dictadura: la incineración, en noviembre de 1986, de 15 mil ejemplares de un libro de García Márquez editado por Oveja Negra, editorial que representaba en Chile, y la grabación de la dolorosa entrevista a Joan Manuel Serrat, realizada en vuelo, cuando intentó -sin éxito- ingresar a Chile para participar en la última concentración de los partidarios del NO, un par de días antes del 5 de octubre de 1988.

Comprobé que dicho Museo, conservaba con diligencia los materiales, los tenía a disposición de los miles de visitantes e incluso los utilizó, en parte, en algunas muestras temática fuera del recinto.

Además, me cacé en mi propia trampa. En este mismo blog y el libro sobre financiamiento cultural que publicó Ril editores en 2006, me he manifestado como un fuerte partidario de la filantropía. Pasión recientemente recordada por la hermosa restauración del edificio de la Bolsa de Comercio de Valparaíso acometida por la Universidad Federico Santa María en homenaje a su fundador, el filántropo que dio su nombre a la universidad porteña.

Vistas así las cosas, me resultó imperioso donar aquello que "puede servir algún día como apuntes al verdadero historiador", en palabras del bisabuelo cronista Leandro Navarro o, simplemente, para que otros no cometan los mismos errores.

De ahí esta incitación a donar. No se arrepentirán.


01 junio 2022

LA CULTURA EN EL PRIMER MENSAJE DE BORIC


1º de junio 2022, primera cuenta pública del Presidente Gabriel Boric. No había grandes trascendidos en material cultural, sus agentes y autoridades disfrutaban aún de una exitosa jornada del Día de los Patrimonios, acontecida el fin de semana anterior. Se vivía el ajuste de las nuevas designaciones de la Ministra Julieta Brodsky en las diversas corporaciones y fundaciones culturales que integra. Cuándo, ¡oh sorpresa!, llegó un contundente discurso presidencial con excelentes anuncios para el sector. Veamos.


Los párrafos correspondientes de la maciza Cuenta, comenzaron así: 

“La cultura es ese espacio donde se encuentra la creación de las y los grandes artistas, con el patrimonio y las prácticas cotidianas de los pueblos de Chile. La cultura es el trasfondo que da sentido a nuestra mirada y pone textura y color en los lazos que unen a nuestra patria. La cultura es en definitiva el espíritu de un pueblo, y como tal debemos tratarla".

Una definición correcta y un llamado a asumirla y bien tratarla.

Continúa:

"Y sabemos que lo han pasado mal. Por ello, a partir de julio, entregaremos un apoyo de 450 mil pesos a 30 mil trabajadores y trabajadoras del sector cultural, y además, desarrollaremos estrategias regionales que tengan como objetivo la reactivación económica del sector, con un tratamiento diferenciado en el plan paso a paso que se haga cargo de la realidad particular de la industria."

El tanto tiempo esperado reconocimiento a las enormes dificultades que trabajadoras y trabajadores de la cultura sufrieron por el estallido social, la pandemia y la desidia del gobierno anterior. Con una precisión justa: el objetivo -obvio pero invisibilizado hasta ahora- la reactivación económica del sector con particularidades, caso a caso y énfasis regional.

Lo que sigue es la mirada de futuro: "Pero debemos pensar también mas allá de la emergencia". La misión del estadista.

"Necesitamos revisar la forma en cómo nuestra sociedad concibe el trabajo cultural. Junto a sindicatos, gremios y trabajadores, elaboraremos un proyecto de ley que cree un Sistema Nacional de Financiamiento Cultural que junto con un futuro Estatuto del Trabajador Cultural, nos permitan transitar de la precarización de las y los trabajadores de la cultura a condiciones dignas que valoren como corresponde su esencial labor. Le he encargado esta tarea con mucho énfasis a nuestra Ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio".

Hace quince años escribí un libro  -"Cultura ¿quién paga?"  de Ril editores- cuya tesis central es que el desarrollo cultural de un país depende de quién o quienes lo financian. Hasta ahora marchábamos, desde el regreso a la Democracia, con dignidad por el camino de aportes fundamentalmente públicos, con asignación a través de consejos participativos y vinculantes integrados por pares de los beneficiados. Ese camino sufrió un retroceso con la creación, en 2018, de un ministerio que amputó las facultades vinculantes y reforzó la burocracia creando dos subsecretarías con duplicidades hasta ahora no resueltas. 

Por ello, la creación de un Sistema de Financiamiento augura ser una buena noticia en el que convivan y se coordinen los recursos públicos, privados y de las industrias culturales y puedan superarse las injusticias de centros culturales adscritos a millonarias glosas presupuestarias  anuales mientras otros agentes culturales son dejados a la suerte del autofinanciamiento y la concursabilidad, evidentemente creada para otros justos fines.

También constituye un gran avance el Estatuto del trabajador cultural, para prever futuras crisis que, como la pandemia, sorprendió al sector sin datos sobre sus integrantes y un ministerio sin capacidad de respuesta al respecto.

Termina, Boric con la reiteración de una promesa de campaña:

"Además reitero nuestro compromiso que durante nuestro período de gobierno llegaremos, al menos, al 1% del presupuesto destinado a cultura. Esto lo afirmo porque tengo la más profunda convicción de que el desarrollo de un país no puede medirse sólo en función de su acceso a bienes, servicios y consumos, sino también en cómo trata, respeta y apoya la cultura en sus más diversas expresiones”.

Es verdad, el desarrollo de un país debe medirse en el trato, respeto y apoyo público a la cultura. 

Un camino a recorrer.

26 mayo 2022

EL PATRIMONIO DESDE LA ALTURA

Subsecretaria Paulina Soto Labbé y Directora del Museo Histórico Nacional en la presentación de los Días de los Patrimonios 2022


No hay caso, nuestro querido Museo Histórico Nacional es un símbolo ineludible, ubicado en el kilómetro 0 de Santiago, la Plaza de Armas; enfrentado al Conquistador Pedro de Valdivia; vecino de la alcaldía de la ciudad capital y cercano, muy cercano, a la catedral de los católicos, el museo sigue siendo el depositario de nuestra historia y vocero de nuestro futuro.


Así como simbolizó el derrumbe del atrabiliario proyecto de un museo de la Democracia que vociferó un gobernante anterior, expresado en un ridículo traslado hacia la vecina plaza de la "locomotora" que presidía su patio principal, empujada, como esclavos egipcios de una idea desorbitada, por las avergonzadas autoridades patrimoniales del momento, hoy, la nueva autoridad patrimonial, eleva la mirada, reinaugura su torre y mira la ciudad y la historia desde la altura que merece.

En efecto, nuestro patrimonio permanece en buenas manos, sobre todo en buenos ojos. Las autoridades del gobierno anterior solo miraron, sin altura, iglesias y vergonzantes "palacios" para demostrar su amor a lo antiguo y a su personal confort. Solo pueden mostrar un fracasado proyecto de ley de participación simulada pero propaganda pertinaz y la restauración de un discreto palacio de la capital, para ... sus oficinas.

Se justificaron en que estaban recuperando un espacio para acompañar y acoger a los convencionales de la futura constitución, sabiendo que sus discretos espacios solo podrían recibir fragmentos de los 154 constituyentes y su cafetería solo podría mal alimentar a un puñado de ellos.

No obstante, no hay mal que dure cien años y bastó un cambio de gobierno y de ministra, para que la nueva autoridad, Julieta Brodsky, descartara la restaurada oficina de Consuelo Valdés y regresara al lugar que la Ley le asignó: la sede principal en el edificio del ex Correo de Valparaíso y las modestas oficinas de calle Ahumada.

Paralelamente, la subsecretaria Paulina Soto Labbé, recoge y amplifica la tradición nacida de La Moneda del Presidente Ricardo Lagos y la Biblioteca Nacional de Marta Cruz Coke, para convocar a un par de días del Patrimonio, logrando una entusiasta adhesión post pandémica animada por la visión ampliada y contemporánea del patrimonio vivo, material e inmaterial, agregando los merecidos y valiosos testimonios de los pueblos originales de este territorio llamado Chile.

Mientras la mas impactante noticia patrimonial del período anterior fue el descubrimiento del robo de 20 piezas de colección histórica por parte de un empresario ladrón, más tarde apresado, liberado por la justicia y robado por quienes optaban a cien años de perdón. Ello dejó en evidencia el descuido con que se (mal) vigila el patrimonio estatuario en cementerios, plazas y otros lugares públicos, que terminan. alimentando la arcas de anticuarios inescrupulosos.

La mirada de la subsecretaria, el éxito de su convocatoria y la insistencia en que el patrimonio es tarea de todos y todas augura que, al menos desde el gobierno que se inicia, tendremos buenas noticias para vigilar y bien usar aquello que el tiempo, la tradición y el propio presente nos lega.

En ello, el Museo Histórico seguirá contribuyendo, acogiendo nuevas piezas, como aquel vestido que lució doña Leonor Oyarzún la noche en que, aferrada de la mano de su esposo, el Presidente Patricio Aylwin, cruzó en medio de un escrupuloso silencio de la multitud, por una alfombra roja que quedó horadada por sus tacos, en un estadio Nacional repleto de chilenos y chilenas que saludaban el retorno a la Democracia, a la espera de una inconmensurable bandera chilena que cubriría todo el césped del coliseo deportivo, mientras se escuchaba, la canción nacional.

Ese vestido, donado recientemente por la familia Aylwin, que hoy reposa en el museo, habla mucho más de Democracia que esa frustrada idea de un museo, luego sala, hoy solo un penoso y deshilachado recuerdo.

Así se escribe la Historia y así la acoge nuestro Museo Nacional.

23 mayo 2022

BABIECA, TIZONA y CUNCUNA

 


Prólogo al texto "La revolución del libro infantil chileno", de Claudio Aguilera y María Isabel Molina, que forma parte de la caja que editó le Editorial USACH, en mayo 2022, con la reedición de cinco ejemplares de Cuncuna de Quimantú.

Una de las lecturas favoritas de mi infancia fue ‘El cantar de mio Cid’, más por su persistencia y actos heroicos aún después de muerto, que por el contenido de su gesta. La imagen de don Rodrigo, su espada Tizona y su caballo Babieca, me impresionaron por esa dosis de inmortalidad que, aún, los acompaña.

Fue uno de los tantos personajes que se me cruzaron por la mente -junto con Papelucho y Naricita, de Monteiro Lobato; don Quijote y Sancho; Papelucho y tantos más- cuando, repentinamente, Tomás Moulian, en 1971, me espetó que deseaba que me encargara de los libros infantiles. 

Habría sido solo un buen consejo de un amigo y maestro, si está breve escena no hubiese acontecido en la oficina del director del Departamento de Libros de la Editora Nacional Quimantú.

Acepté de inmediato, casi sin apreciar la frase que seguía “y los textos escolares”. Tenía 20 años y me consideraba un conocedor reciente de aquellos pedagógicos libros, de dudosa utilidad, en algunos casos. Solo que la frase implicó que en tres años debí encargarme de la producción de varios millones de ejemplares. Pero ese es otro cuento.

Los cuentos que hoy nos ocupan, en estricto orden de publicación, son:

La flor del cobre

El gigante egoísta

La guerra de los yacarés

El tigre, el brahmán y el chacal

Los geniecillos laboriosos

Emergidos de las entonces clásicas plumas de Marta Brunet; Oscar Wilde; Horacio Quiroga; la sabiduría hindú, versionada por Linda Volosky, y los hermano Grimm. Todos encarnaban perfectamente los valores de Democratizar (así, con mayúscula, como le gusta a Gabriela Mistral) la cultura, que buscábamos en Quimantú.

Solo me correspondió editar los maravillosos textos y escogerl el pincel del ilustrador que los pondría en cariñoso vinculo con niñas y niños: Guillermo Durán, GUIDÚ, en dos casos; Guillermo Tejeda; Renato Andrade, NATO, y Jalid Daccarett. 

Tres de ellos eran de la casa, tal como los compañeros del taller que me aconsejaron sobre el tamaño y tipo de letra; el grosor y brillo del papel; el formado apaisado de los libros, y la forma de ahorrar tintas usando el color aplicado, en cuatro y dos colores por  lado.

También encontré en Quimantú, en manos de la diseñadora María Angélica Pizarro y su grácil manejo del Letraset, el logo y luego el inolvidable nombre de Cuncuna. Apelativo que muy pronto formó parte de las publicaciones favoritas de los trabajadores de la empresa, e incluso, me alcanzó como sobrenombre. 

Si, Cuncuna fue una gesta colectiva, en la que participamos muchos compañeras y compañeros de la editora estatal. Como toda gesta, como la de don Rodrigo Díaz de Vivar, permanece en el tiempo, reaparece -y reaparecerá- con la misma vitalidad de su nacimiento, recordándonos que había una vez en Chile, por allá por los años 1970, un Presidente que declaró que en su gobierno “los únicos privilegiados serán los niños”.

Hoy, Babieca vuelve a galopar, con Tizona convertida en una pluma generadora de cuentos y su jinete, inmortal, lleva ahora en su escudo, una Cuncuna.


06 mayo 2022

¿CUÁNDO NOS DIVORCIAMOS DE LA EDUCACIÓN?


 

Históricamente, los legisladores de nuestro país, concibieron a la cultura hermanada con la educación. Así, las dos instancias que se ocupaban de ella en el Estado, se relacionaban con el Presidente de la República a través del Ministerio de Educación: la Universidad de Chile (desde su instalación en 1843) y la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (desde su creación en 1929). Con el paso del tiempo, hoy tenemos dos ministerios que poco dialogan y las consecuencias están a la vista. ¿Qué nos pasó?


Se puede afirmar que este proceso de distanciamiento comenzó con la dictadura que asoló Chile entre 1973 y 1990. 

Al momento del golpe militar se seguía viendo a la cultura estrechamente relacionada con el Ministerio de Educación. De hecho, el Presidente Allende traspasó el edificio construido para acoger la UNCTAD III, a Educación, para establecer allí el Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral; también dejó en manos del Instituto de Arte Latinoamericano de la Universidad de Chile, las valiosas obras de arte donadas para el Museo de la Solidaridad.

Con el golpe militar comenzó una persecución despiadada al mundo de la cultura, desmontando lo que se había construido: la Universidad de Chile se fraccionó dramáticamente, la DIBAM redujo sus presupuestos y el modesto departamento de Extensión Cultural del MINEDUC se limitó a administrar elencos estables que ornamentaban actos oficiales. 

Por otra parte, la educación básica comenzó a ser municipalizada y se estimuló la creación de universidades privadas.

Todo lo cual fue fomentando un distanciamiento del mundo cultural del Ministerio de Educación.

En ese marco, surge la necesidad de crear una nueva institucionalidad cultural. 

El destacado rol que jugaron creadores e intérpretes en la Campaña del NO, en 1988, hizo que éstos tuvieran una voz inédita en nuestra sociedad. De este modo, desde ese mismo momento comenzaron a discutirse -en dilatadas y concurridas sesiones en La Casa Larga- los términos que debería tener tal institucionalidad. Muy pocos hablaban de ministerio. Se aspiraba a una entidad participativa que resolviera, colectivamente, las políticas culturales y la asignación de los recursos que el Estado Democrático pondría a disposición de la cultura y las artes.

Se fue avanzando, paulatinamente, en esa dirección con un Fondo del Libro y la Lectura; una ley de estímulos tributarios; infraestructuras culturales gobernadas por corporaciones presididas por el Ministro de Educación, y un Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, con presencia de dicho ministerio y personas representativas del patrimonio.

Hasta que, en un paso atrás que estamos pagando, se creó un Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio -iniciativa en la que participaron dos gobiernos de distinto signo.

El hecho es que hoy tenemos un ministerio débil, con autoridades que no le han dado -quizás no pueden- la dignidad que merece y que incluso se fragmenta en su interior y duplica funciones que deberían potenciarse. Por ejemplo, las bibliotecas dependen de una subsecretaría y el Consejo del Libro, de otra. Los Premios Nacionales se dividieron entre unos que sigue entregando Educación y otros que asigna Culturas.

Mas allá de estas formalidades, se ha trazado una línea divisoria entre dos valores que se hermanan: la educación formal y la educación informal, la cultura. Y se sugiere un divorcio imposible entre lo que constituye la base de ambas: el libro.

Como señala la profesora de Harvard, Doris Sommer, recordando al mexicano José Vasconcelos "educación y cultura son mente y corazón", se necesitan y complementan. Recuerda que, como secretario de educación, Vasconcelos estimuló el movimiento muralista (que tanto hemos disfrutado en Chile) y la construcción de edificios públicos para la difusión de la cultura, como escuelas, museos y bibliotecas.

En 1922, siendo Secretario de Educación de México, Vasconcelos, invitó a Gabriela Mistral a colaborar en las reformas educativas de su país; el presidente chileno Arturo Alessandri dijo que “había otras chilenas más inteligentes y dignas de ser invitadas a semejante labor”. Vasconcelos, en un telegrama, respondió: “Más convencido que nunca de que lo mejor de Chile está en México”.

Qué mejor demostración de la mutua necesidad del matrimonio entre cultura y educación, amalgamadas por el libro y la literatura, encarnado en nuestra Premio Nobel.

Hace falta recuperarla. 

03 mayo 2022

GOBERNANZA PARTICIPATIVA: BISAGRA NECESARIA


Tradicionalmente, en Chile, la cultura navegaba en aguas tranquilas, recibiendo recursos desde el gobierno, aferrada a dos sólidas instituciones: la Universidad de Chile y la DIBAM. La relación de los artistas con la sociedad era mediada por los partidos políticos y aquellos brindaban, con generosidad, su arte en las campañas electorales. 


Nunca faltaron aportes e incluso éstos se fueron reforzando a contar del gobierno de Frei Montalva que no sólo creó una Televisión Nacional, de gobierno, sino que también estimuló la alfabetización y la difusión artística hacia los campesinos (vía INDAP, SAG, CORA) y los pobladores (Promoción Popular). Reforzado por la llegada de la televisión que quedó en manos de las universidades: U de Chile, U Católica, UCV, U del Norte.

La coronación de esta tendencia se logró durante el gobierno del Presidente Allende que creó ChileFilms, Quimantú y el Museo de la Solidaridad. Con una diferencia, no tenían asegurado el financiamiento público, Quimantú debió autofinanciarse y el Museo recibía donaciones desde la solidaridad internacional.

De este modo, el mundo de la cultura llegó a tener una gran influencia en el acontecer político. Era frecuente ver a dirigentes de partidos que visitaban a Quimantú y solicitaban que publicara sus libros.

No fue extraño entonces, que, muy tempranamente, la dictadura las emprendiera contra los libros (quemando miles de ellos, en cámara) y contra artistas emblemáticos como Víctor Jara, Pablo Neruda, Ángel Parra (e indirectamente a su familia). A lo que se sumaron exilios masivos de grupos musicales (Inti Illimani, Quilapayún), escritores, actores y artistas visuales.

La cultura volvió a ser acorralada, con el agravante que la Universidad de Chile fue fragmentada en una decena de pequeñas universidades regionales y la DIBAM dejó de comprar para sus bibliotecas y museos.

Lo natural es entonces que, una vez recuperada la Democracia, la cultura quiera salir del ahogo y organizarse en relación con otros actores sociales. Por ello fue muy fácil descartar la figura de un ministerio, una subsecretaría o una dirección nacional, tres opciones de diferente rango con una característica común: una dirección unipersonal, finalmente, presidencial.

Así, las primeras señales fueron transversales: un comité de donaciones integrado por artistas, empresarios y parlamentarios para aprobar -o no- los proyectos de la flamante política de estímulos tributarios a los privados que el Senador Gabriel Valdés introdujo en una ley de presupuesto. La Ley del Libro y la Lectura, comienza en su primer artículo con la creación de un Consejo Nacional plural (escritores, editores, profesores, bibliotecarios, distribuidores, libreros) que asignará los recursos que el Estado pone a su disposición. El primer centro cultural, establecido en la antigua estación Mapocho también es gobernado por un Directorio integrado por representantes de organizaciones permanentes de la República en materia cultural, esquema que se repite en los centros culturales creados a continuación. 

Subyace allí la necesidad de que la cultura conviva con otros sectores de la sociedad y así también quedó plasmado en dos comisiones asesoras creadas por los Presidentes Frei y Lagos, en las que artistas y gestores convivieron con parlamentarios y empresarios. Lo que también quedó establecido en la institucionalidad nacional post dictadura aprobada por el Parlamento: el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Sin embargo, la primera prueba de esta dirección colegiada, no dependiente de la DIBAM ni de la Universidad de Chile, fue la Corporación Cultural de la Estación Mapocho, donde se incorporó en su Directorio a autoridades públicas electas, como el Alcalde Jaime Ravinet, con personas representativas de la sociedad civil como la historiadora Lucía Santa Cruz; la intérprete musical Cecilia Echenique; el escritor Antonio Skármeta; el abogado de derechos humanos y coleccionista José Zalaquett; el arquitecto de la UC, uno de los autores del proyecto de remodelación ganador, Ramón López (en la foto). Todo, presidido por la máxima autoridad cultural del Estado, el Ministro de Educación.

A este directorio se le encomendó como misión preservar el edificio, monumento nacional, y divulgar la cultura junto con la necesidad de autofinanciarse. Tomando así el bastón que ya se había ensayado, con éxito, en Quimantú. 

Este colectivo debió tomar decisiones que habrían sido escandalosas en un período de una cultura dependiente de la política y los gobiernos: prohibir las actividades partidistas, religiosas y matrimonios, es decir aquellas que no eran abiertas a todo público. Un centro cultural es para todos, o no es. 

El imperativo del autofinanciamiento llevó además buscar alianzas con medios de comunicación (La Tercera); empresas donantes (BHP Billiton) otros espacios culturales (Teatro Municipal), con diferentes resultados, manteniendo también una relación privilegiada con aquellas actividades artísticas aprobadas por otros colectivos participativos asociados al gobierno: Fondart, Fondo del Libro, Comité de Donaciones Culturales, y actividades internacionales de gran impacto (Letras de España; Expo Cumbre de las Américas, o la reunión Anual de las Asambleas de Gobernadores del BID).

Así, a partir de la experiencia del CCEM se va constituyendo esa nueva forma de la cultura post dictadura, para enfrentar su inserción social: ser una bisagra que conecta diversos mundos desde una nueva forma de liderazgo. Los resultados fueron tan favorables que el centro cultural recibió el Premio Reina Sofía de Patrimonio Cultural, por su gestión y fue sede oficial de la Sexta Cumbre Mundial de las Artes y la Cultura, en 2014, la primera en América Latina y en un país de habla hispana.


25 abril 2022

ZIG ZAG, QUIMANTÚ Y LOS TRES SERGIOS


Mujica, San Martín y Maurín, son tres de los personajes relevantes de esta historia llamados Sergio: Mujica era el propietario de la editorial Zig Zag; Sergio San Martín (en la foto) era Presidente del sindicato de la misma, al momento de asumir el gobierno del Presidente Allende, y Sergio Maurín, fue el único gerente general de la Editora Nacional Quimantú. 


En los años 60 Zig-Zag estaba convertida en la editorial más importante del país y de los países de habla española del Pacífico. Sus revistas cubrían ampliamente las áreas informativas y de entretenimiento y, entre sus autores de libros, incluía a los mejores escritores chilenos y a varios premios Nobel. Muerto Gustavo Helfmann, su descendencia vendió la Empresa en 1968 al grupo Sergio Mujica Lois (editorialzigzagblogspot.com).


Zig Zag enfrentaba una grave crisis económica que derivó en un conflicto con sus trabajadores, quienes, hacia noviembre de 1970, acordaron un paro de actividades con el objetivo de que la editorial fuera integrada al área social de empresas del Estado (María Isabel Molina "Las prácticas editoriales en Quimantú" Grafito Ediciones, 2018).


La empresa estaba en situación de quiebra y acumulaba deudas generadas en los últimos años. Enfrentó huelga de casi 2 meses que exigía reajuste y pago de deudas previsionales. El gobierno de Allende, decretó reanudación de faenas el 1° de diciembre del 70 y el fallo arbitral se dictó el 9 de diciembre. A los pocos días, Zig-Zag ofreció en venta al Estado sus activos y se firmó acuerdo el 12 de febrero de 1971. (Sergio Maurín, Le Monde Diplomatique 13 de septiembre de 2013).


Sigamos a Maurín: el Gobierno compró oficinas y talleres de Zig-Zag en pleno funcionamiento, donde laboraban 780 trabajadores que conservaron sus cargos. Además se transfirió la propiedad de 14 revistas con bajo tiraje y algunos contratos de impresión que incluían las revistas norteamericanas Visión y Reader’s Digest.


El valor de la compraventa lo fijó la consultora estadounidense Price Waterhouse. Las fuertes deudas con Banco del Estado, SII, Cajas de Previsión y proveedores, se descontaron del precio de compra y se transfirieron a la Editora. CORFO depositaría los fondos para que Quimantú las pagara. Se firmó contrato de impresión por 2 años de las 16 revistas que Zig-Zag conservó. Es decir, se continuó imprimiendo lo de siempre.


Quimantú nació con las arcas vacías. Debía pagar sueldos y enfrentar gastos para cumplir con los clientes y sacar sus propias ediciones. Los ingresos llegaban con mas de 1 mes de atraso. La CMPC vendía el papel con pago al contado. Al poco andar exigió pagos anticipados y retrasaba los despachos. Incluso suspendió un mes la venta de papel para revistas. La vía ineludible fue el endeudamiento.


El fuerte déficit operativo, la falta de capital de trabajo, el endeudamiento necesario, la impresión de textos escolares a bajo precio, la inversión requerida para el inicio de masiva edición de libros con retornos tardíos, la escuálida y elitista red de librería y distribuidoras existentes, prefiguraban un complicado marco operativo inicial. No se podía abordar todos los objetivos, lo que significó atrasar el lanzamiento masivo de libros. Las fortalezas eran: el complejo industrial impresor con aproximadamente un 65% de capacidad ociosa; los activos fijos que respaldaban préstamos; la plena autonomía operativa otorgada, y la alta capacidad de sus 800 trabajadores, todos afiliados a un Sindicato único, destacado impulsor de cambios. A ello, se sumaba el interés del conjunto de quienes provenían de Zig-Zag, por mantener su fuente de ingresos.


A los trabajadores heredados, se sumaron 6 funcionarios directivos en representación del Estado dueño de la empresa, quienes constituyeron el primer Consejo Administrativo.


La gestión de la Editorial Quimantú, es recordada por su espectacular éxito en la edición de libros: 317 títulos y 11.7 millones de ejemplares en 2 años de los cuales se habían vendido cerca de 10 millones, además de imprimir textos de estudio para el Ministerio de Educación.


Una condicionante esencial poco conocida, fue que la Editora debía autofinanciar su operación y su desarrollo debido a carencias fiscales. Jamás recibió aportes financieros ni franquicia alguna. Se le dio trato similar al de una empresa privada, con la diferencia que su misión era maximizar su aporte al desarrollo cultural y no de maximizar ganancias.


Por ello, no extrañará que el aniversario de los treinta años del Quimantú, se celebrara en otra institución con el mismo imperativo de autofinanciamiento cuya misión es aportar al desarrollo cultural por la vía de conservar el edificio patrimonial y difundir la cultura: el Centro Cultural Estación Mapocho.


A esa celebración, conmemorada con una pequeña cajita de cartón que contenía las portadas de todos los títulos de Cuncuna -elaborada por ediciones Ekaré- asistió Sergio San Martín, con un notorio portadocumentos. En el momento adecuado, pidió la palabra -ese don que lo caracterizaba desde sus años de sindicalista- y emocionó a los presentes extrayendo del maletín diferentes publicaciones de Quimantú, refiriéndose con conocimiento y cariño a cada una de ellas. También a algunas de las presentes que aparecen en la fotografía: Iris Largo Farías, sonriendo, e Hilda López Aguilar, aplaudiendo.


Sergio San Martín, luego de el golpe militar se radicó en Gorbea, provincia de Cautín, donde trabajó como artesano, investigador e historiador autodidacta dedicado a la defensa de la etnia mapuche. Incursionó también la literatura infantil, escribiendo "Cuentos del abuelo". Falleció en 2018, fecha desde la que el Centro Cultural de Gorbea, lleva su nombre.


Esa tarde, en la ribera sur del mismo río Mapocho que, unas millas arriba, y en su ribera opuesta sorteaba el edificio de Quimantú, se brindó por aquella empresa que, según Maurín, alcanzó la madre de todos los logros: la participación plena de los trabajadores en la gestión: el derecho a participar en las decisiones a todo nivel.