24 enero 2020

CO GOBERNAR EN CULTURA

Cristóbal Colón, lunes 14 de octubre del 2019, en Providence, Rhode Island, 
(AP Foto/Michelle R. Smith)


Los apremiantes sucesos que siguieron al 18/O, han llevado a muy diversas derivaciones. Hay dos de ellas que llaman especialmente la atención. La primera, la sensación de que estamos en un co gobierno de hecho, a causa de una autoridad que ha perdido legitimidad y que requiere de otros más allá de la coalición que lo eligió, para dirigir el país. La segunda es el reconocimiento de The Economist de que después del 18/O tenemos una mejor democracia. La pregunta es cómo se revela o debiera revelar aquellos dos aspectos en la cultura.


Lo más evidente es que nos pilló a contramano. 

Mientras la gran demanda es la dignidad y por tanto la participación, la cultura en Chile intenta instalar un ministerio, en reemplazo de un consejo nacional que habría dialogado bastante mejor con la situación. 

Para completar el cuadro, está en tramitación una postergada ley del patrimonio que, obviamente, no considera aspectos que se han visibilizado merced el llamado estallido social.

A pesar de los esfuerzos del subsecretario Emilio de la Cerda por escuchar el movimiento social e incorporar sus expresiones en la nueva ley, esa tarea se hace imposible pues aún no terminan de expresarse esas demandas ni termina de entenderse el sentido de muchas de ellas. Es obvio que se debe estar aguas más quietas para legislar con futuro. Más aún si tenemos un proceso constituyente en perspectiva cercana.

El ministerio se ha convertido en una especie de notario que registra los bienes dañados sin poder avanzar en las formas de su eventual restauración.

El diario El País de España señaló:

Al menos 329 monumentos públicos han sido dañados por los manifestantes  los tres meses del estallido social en Chile, que ha puesto contra las cuerdas la institucionalidad del país para exigir reformas a fondo. Sobre todo en ciudades como Santiago y Valparaíso, las esculturas de calles, avenidas y plazas se han transformado en un gran pizarrón de proclamas y las más disímiles demandas sociales. 

... Las obras casi desaparecen detrás de decenas de rayados, pintadas de aerosol o elementos adheridos. Algunas han sido deformadas y agrietadas. 

... Según el catastro del Consejo de Monumentos Nacionales, 24 se han perdido por completo y han sido retiradas o reemplazadas. Así ocurrió en la ciudad de La Serena, a unos 450 kilómetros al norte de la capital, donde los manifestantes retiraron un monumento en honor al conquistador español Francisco de Aguirre y en su lugar instalaron la escultura Milanka, en homenaje a la mujer de la cultura indígena diaguita.

Observadores creen ver en ello una arremetida "
anti institucional, antimilitar y anticolonial" una mezcla demasiado compleja y extendida en nuestra historia como para tratarla simultáneamente. 

Es verdad que hay quejas contra el colonizador español, en ocasiones, justificadas, pero habrá que dar tiempo y espacio a reivindicar muchos aportes que Neruda ejemplifica muy bien: 

Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de la tierra de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.

Es verdad que hay reclamos contra la dictadura militar, que nos dejó el sistema extremamente neo liberal que comienza a resquebrajarse, pero tambien una historia parcial y manipulada que mantiene abiertos debates sobre el Museo de la memoria y los derechos humanos y el propio Museo de historia nacional, que deberían estar zanjados hace mucho.

Pero el reclamo que más requiere de co gobierno es el institucional. Es claro que la institucionalidad que no termina de cuajar, no va a resolver las demandas en este sentido, incluso un deseable retorno al Directorio Nacional del CNCA quedaría trunco pues dicha instancia, que fuera vinculante, debería acometer nuevas atribuciones como por ejemplo, la participación ciudadana en los procesos de creación de monumentos y de restauración o reemplazo de los dañados.

Mientras tanto, debemos contar con lo que contamos, empoderar a un Consejo nacional tan invisible como existente, seguir dando espacio a los consejos sectoriales que han tenido lo suyo, por ejemplo en la ley de teloneros que logró, entre otros, el Consejo de la música.

Pero, sobre todo, encontrar una forma creativa y extendida de que el mundo de la cultura participe, masiva y activamente, tanto en la incorporación de los derechos culturales en la futura constitución, como en la resolución de los desafíos que nos deja el despertar de Chile.

Bonita tarea.

13 enero 2020

DE BATUTAS, MONUMENTOS Y BIOGRAFÍAS

Foto Lautaro Carmona, diario El Día


El escritor Guillermo Blanco, en sus amenas clases de redacción periodística, contaba que un biógrafo de José Gaspar Rodríguez de Francia y Velasco -también conocido como el doctor Francia-, que llevó adelante la independencia del Paraguay encontró tan interesante la vida de su biografiado que le puso por título sencillamente: "Vida del doctor Francia". Acto seguido, Blanco profesaba una de sus estentóreas carcajadas que no disimulaba que era un pésimo titular. Es que así son las buenas biografías, una vida. Y en toda una vida pasan muchas cosas, más de alguna de las cuales amerita motivar el título de la obra. "Batuta rebelde", de Patricia Politzer, es un buen ejemplo de ello.


Sin dudas, el título recoge, en dos palabras, la ocupación del maestro y su consistente rebeldía respecto de lo que ocurría en la música, en la formación de los niños y la situación social del país.


Junto con ello, el volumen, recientemente aparecido, hace reflexionar sobre la ausencia de biografías potentes en nuestra literatura nacional. Quizás las más próximas son de un español: Mario Amorós y se refieren a dos personajes contradictorios: "Allende" y "Pinochet". 

Entre los chilenos, "Después de vivir un siglo" de Víctor Herrero, sobre Violeta Parra; "Todo debe ser demasiado", sobre Delia del Carril, de Fernando Sáez y "Bernardo", de Alfredo Sepúlveda.

Esta desidia de nuestros  autores -reconociendo que emprender una biografía es quizás de las tareas más complejas en la literatura- podría compararse con aquella que la ciudadanía en general tiene de sus monumentos dedicados a personajes.

Dificulto que alguien pueda mencionar a todos los próceres que ocupan el bandejón central de nuestra Alameda de las Delicias.

Una de las mayores vergüenzas de mis recorridos por el mundo de los centros culturales fue cuando el entonces director de la Canning House de Londres -organización dedicada a promover el entendimiento e intercambio entre Gran Bretaña y el mundo hispánico y luso brasileño- me llamó discretamente aparte.

Era para señalarme que el monumento a George Canning en Santiago -ex secretario de asuntos exteriores británico en el siglo XIX- estaba erróneamente identificado como Ricardo Cumming, comerciante de Valparaíso que fuera fusilado, por participar en un fallido ataque a las fuerzas navales del gobierno del presidente Balmaceda, durante de guerra civil de 1891.  

A mi regreso a Chile, informé de ello a la autoridad del Consejo de Monumentos Nacionales de la época, quién corrigió, discretamente, el increíble error.

Esta ignorancia está siendo puesta en evidencia con los daños sufridos, según el mismo Consejo, en semanas recientes, por cerca de 230 monumentos nacionales, de los cuales 155 corresponden a estatuas, placas y bustos. 


Es evidente el irrespeto por nuestra estatuaria, algunas son impunemente robadas - recuérdese el caso de Raúl Schüler- o intencionalmente dañadas como el sable de Baquedano. 

Sea esta explosión social en curso, un buen momento para revisar la totalidad de los monumentos dañados y comprobar su nivel de aprecio por la ciudadanía a las que muchas veces se le han impuesto.

Por otra parte, la biografía de Politzer, que parece llegar en inmejorable momento, sea un incentivo para que otros autores emprendan la necesaria tarea de narrar la biografía de tantos chilenos que permanecen en un inmerecido anonimato.

31 diciembre 2019

2019: HACIENDO HISTORIA... HACIENDO MUSEO




El fin del 2019 amerita reflexionar sobre lo ocurrido en la historia reciente. Lo primero es que no hay certezas y que el tiempo de cambios no ha acabado. Solo sabemos que, el 25 de octubre, más de un millón de chilenos y chilenas manifestamos pacíficamente que, en adelante, todo será distinto. Es preciso aclarar que nada, nada, justifica las flagrantes violaciones a los derechos humanos acontecidas en los últimos dos meses. Solo rescato, y aquí entramos en el área de la cultura, que Chile tiene en muchos de sus ciudadanos e instituciones una sólida convicción del necesario respeto a los derechos fundamentales. 


En esa creciente convicción, los artistas, gestores, corporaciones y autoridades de las culturas, hemos jugado un papel.


¿Cuántas obras de teatro, novelas, instalaciones, murales, muestras de artes visuales, composiciones musicales... han contribuido a forjar -paso a paso- dicha convicción que parece solidificarse inevitablemente en Chile? 

¿Cuánto han contribuido la existencia de un Museo de la memoria -y el duro castigo ciudadano a sus negadores-, las redes sociales, el INDH, los memoriales y lugares de memoria a aquello?


En ese marco, podemos revisar lo acontecido en el largo e intenso tiempo reciente en este ámbito.


En lo favorable, la rápida recuperación de los recursos -30%- que se pretendió recortar a cinco corporaciones, con la diligente presencia del parlamento y de un flamante ministro de Hacienda, que simplemente escuchó. Hay que decir también que el recorte contaba con muy poco entusiasmo por parte de las autoridades culturales.


Otro aspecto positivo es la clausura del impresentable proyecto de museo, luego sala, mas tarde galería de la democracia, que era ampliamente pedida por el mundo de la cultura. 


Queda la tarea de enfrentar -participativamente- qué espera la sociedad chilena de su principal Museo Histórico Nacional. Por la prensa se advierte confusión en sus autoridades y un esfuerzo por reemplazar con sus febles recursos, el debate necesario en este contexto histórico.


Aunque no es novedad, queda y se refuerza, la pasión del mundo de la cultura por proteger espacios emblemáticos que, por vecindad a la llamada zona 0, han sufrido los embates de las batallas campales que enfrentan a Carabineros y manifestantes. Mención especial y toda nuestra solidaridad, merecen el Cine arte Alameda, el CEAC y el GAM.


Lo novedoso está en las protestas ciudadanas hacia las estatuas y sus hasta ahora inmóviles protagonistas. Muchas cabezas cortadas hablan del eventual derecho de pueblos a rechazar el símbolo de sus conquistadores. ¿Hasta qué punto es legítimo que ciudadanos mapuche rechacen figuras como Pedro de Valdivia o Cornelio Saavedra?

Es evidente que se instala una discusión sobre si es necesaria reparación o simplemente su modificación. El subsecretario del Patrimonio, Emilio de la Cerda, ha declarado: "creemos que los monumentos que están sometidos a ese nivel de conflicto tan alto, requieren una mirada más pausada y dialogante, porque los monumentos no pueden ser imposición de una visión hegemónica".



Agregando que "es una discusión que el mismo Consejo de Monumentos está sosteniendo, pero eso no es suficiente, o sea, esta discusión desbordó a monumentos nacionales como institución y hay que sumar a otros actores de la sociedad. Frente al estallido social y al fenómeno en curso, debemos tener esa voluntad de diálogo, que es lo que importa en este caso".


Oportuno cuando se discute una posible nueva ley del Patrimonio.


Dado que es una legislación que ha logrado avances -aún a nivel parlamentario-, quizás convenga consolidar éstos en una ley corta y convocar a una convención ampliada sobre el patrimonio de la que surjan las líneas centrales, tal como las convenciones y varios encuentros masivos de los incumbentes que ampararon la creación, en 2003, del Consejo Nacional de la Cultura y las  Artes.


Una de las figuras legales mas añorada en tiempos recientes que nos sorprenden con un ministerio en proceso de instalación y débil impacto tanto en el gobierno como en la opinión pública.


Cuánto más podría haberse ganado si en lugar de una autoridad unipersonal, con un consejo asesor, estuviéramos en presencia de un Consejo con un Directorio participativo y  acuerdos vinculantes, con atribuciones, por ejemplo, en la distribución de los recursos de los fondos concursables, como lo fue hasta el 28 de febrero de 2017.


Al menos se podría haber realizado la tan imprescindible Convención nacional y no se habría dejado al arbitrio de autoridades dependientes del ejecutivo la resolución de temas como la crisis que afecta al museo Histórico y que pasara el bochornoso incidente de su cierre con traslado de loco móvil incluido.


Por ello, en momentos en que la ciudadanía está haciendo historia, es imperioso que podamos tener una conversación amplia sobre el museo de nuestra historia que queremos.
Qué papel jugarán en él las mujeres, los pueblos originarios, los derechos humanos y aquellos monumentos que perdieron la cabeza.




09 diciembre 2019

WANDERERS Y LA RADIO BEETHOVEN



Cada vez que vivimos una tragedia, se refuerza la presencia de la radio en nuestras vidas. Ocurre para terremotos, tsunamis, apagones, inundaciones, grandes incendios y, por cierto, para convulsiones sociales. Esta vez, fui interpelado por ella por dos flancos: el deporte y la música docta.

Me ha llamado la atención la presencia, en las grandes marchas, de banderas de las  barras de todo signo. Incluso parecen haberse alternado el lugar de honor, junto al general Baquedano. 

"Están juntos los de abajo con los garreros, los panzer, los cruzados... representando sus frustraciones comunes que son mayores que sus diferencias futboleras". Como señala un conocedor del deporte, que añade: "Quienes comprenden los valores del deporte, saben qué es primero y hoy está antes el bien común y la equidad en todo".

Así ocurrió con las manifestaciones masivas de la barra de Santiago Wanderers y la inacabable paciencia de solemnes intelectuales verdes en redes sociales -Mansuy- y medios masivos -Squella.



El otro mensaje radial es menos optimista: el consorcio mediático -quizás uno de los más poderosos de Chile- COPESA resolvió vender la señal 96.5 que ocupara radio Beethoven, una de las pocas del país dedicada a la música docta, reservándose la marca.

Porque es muy valiosa, y se asocia no solo al sordo maravilloso sino que tambien -por origen- a la Fundación Beethoven, la temporada musical del mismo nombre, a la Orquesta de cámara del Ministerio de las culturas y, en definitiva, al maestro Fernando Rosas, 

Rosas fue -entre otras- el impulsor de todas esas iniciativas por lo que, si somos consistentes con el mundo que mencionábamos del fútbol, deberían recibir -sus herederos- parte del lucro que genera este negocio. Tal como las sucesivas transferencias del 'Chupete' Suazo (Llolleo, 1981) favorecieron a su club de origen: San Antonio Unido. Y que, entre paréntesis anotó 51 goles en 2006, 47 vistiendo la camiseta de Colo Colo, cuatro de ellos con la roja de todos.

Sin embargo, existe la posibilidad de que el consorcio Copesa mantenga la programación de la radio en Internet. En un práctica habitual, aplicada a marcas como Qué Pasa, Paula, Pulso, que han sido devoradas por su marca estrella: La Tercera.

Es de esperar que así sea. 

Lo que no impidió un fuerte llamado en redes sociales, cartas (a El Mercurio, por cierto) caricatura de Jimmy Scott, solicitando que esa voz y música no se apaguen. 

Y agregaría, que siga siendo posible sintonizarla en la vieja y tradicional radio, más allá del frío computador.

El mismo caricaturista de El Mercurio ha destacado, el 9 de diciembre, la recuperación del lugar del elenco más antiguo de Chile en la primera división.

Y lo ha hecho con una de las frases más emblemáticas del deporte chileno, cuando Eladio Rojas marcó el inolvidable gol que llevó a la selección chilena de 1962 a disputar el tercer lugar en el Mundial que se organizaba en casa, derrotando, en Arica, a la poderosa selección de la URSS.

GOL celebrado en todo el país a través de la radio y de la garganta prodigiosa de Julio Martínez, JM, que le ha valido -entre muchos otro méritos- que el estadio Nacional lleve su nombre.

Así como el estadio de Playa Ancha lleva el nombre de uno mejores futbolistas de nuestra historia: (don) Elías Figueroa.

Dónde será posible seguir a Santiago Wanderers jugando en primera división del futbol nacional. Lugar donde "supo conquistar para sus colores el triunfo de honor"...

29 octubre 2019

LA GRAN MARCHA, UNA LECTURA CULTURAL


Luego de la Gran marcha ciudadana del viernes 25 de octubre de 2019, se la ha comparado con aquella concentración previa al plebiscito del 5 de octubre de 1988, titulada la Marcha de la alegría. La verdad es que tal asociación se justifica plenamente por la cantidad de asistentes, ambas superiores al millón de personas, pero en términos de sus contenidos hay otros aspectos de considerar.


En términos de la actitud de los marchantes, la reciente tiene más parecido a los festejos del 6 de octubre, el día después del plebiscito que ganó el NO, pues ambas fechas tienen un fuerte contenido de celebración y de ausencia de organización ni convocatoria. Tal como la Gran marcha de Chile, a la que "hay que ir", la celebración callejera se realizó espontáneamente cuando los ciudadanos detenían sus vehículos o bajaban del transporte colectivo y bailaban en las calles, en gigantescas rondas que consideraban carabineros del tránsito y paseantes.


El 25 de octubre había una sensación de triunfo, como la del NO. La sola presencia de tantísima gente implicaba un triunfo sobre la guerra que pronosticó el presidente Piñera y sobre los violentistas que habían desbaratado el metro, supermercados y otros bienes.

El ambiente festivo y familiar fue semejante y quien fue derrotado era nítido: el dictador ("Corrió solo y llegó segundo", dijo Fortín Mapocho) un presidente y sus fantasmas pasajeros ("Declaró una guerra y la perdió", dijo tuiter).

En ambos casos, estaba la presencia de las fuerzas armadas. Un millón doscientas mil personas, con estado de emergencia y graves problemas de transporte. ¿Cómo habría sido la asistencia sin esos "pequeños" inconvenientes? 

En 1988, se había ganado un plebiscito pero la dictadura se prolongaba un año más, hasta las elecciones de diciembre de 1989, y la transmisión del mando el 11 de marzo siguiente.

Para establecer la diferencia con la marcha de la alegría, ésta tenía severos organizadores, un escenario de gran altura, millares de banderas partidistas. Y un invitado estelar: Joan Manuel Serrat que finalmente no pudo ingresar al país y su saludo ausente llegó grabado en una cassette que, a pesar del millón y algo de asistentes, pudo llegar desde el aeropuerto al escenario esgrimiendo el mensajero solamente la cassette con la declaración más simple: "con permiso, traigo un saludo de Serrat". Y las multitudes dejaban paso.

¿Se imagina que alguien -quizás el propio Serrat que había anunciado y anulado presentaciones en Chile por estos dias- hubiese querido dar un saludo el viernes 25? Imposible pues no había escenario, no había micrófonos ni parlantes, ni mucha gente sabía quién es Serrat...

Tampoco hubo, en 2019, banderas partidistas, solo de equipos de fútbol y causas transversales como la bandera mapuche o la LGBTQ+. Era la marcha de Chile, que coincidía con el grito de guerra de Colo Colo ¿Quién es Chile?... que se fundía con hinchas de la U, la UC, Fernández Vial o Wanderers.

En ambos casos, 6/10 y 25/10, hay celebración y afán espontáneo de participación. Fueron  marcha de ganadores que derrotaron a la violencia.

Acompañado de la certeza de que vendría un cambio.

Tal certeza, probablemente se reafirmaba considerando movimientos del Líbano, Hong Kong o 
Ecuador.

La lectura, entonces, de lo acontecido en Santiago el viernes pasado es la gran demanda por participación, contra los abusos y de apoyo a la democracia y al diálogo.

"No es la economía, estúpido, es la política", frase que se escuchó en los foros de TV, y que debe haber llegado hasta La Moneda pues el lunes 28 de octubre, solo horas de la gran marcha, se produjo un cambio importante de gabinete.

La ciudadanía está esperando que éste se traduzca en cambios en la dirección expresada; una defensa intransable a los derechos humanos, modificaciones en el modelo económico y contención a violentistas e incendiarios.

Mientras, seguirán produciéndose tanto nuevas manifestaciones como avances en las investigaciones policiales respecto de los autores de atentados y saqueos.

Crece la certeza que encapuchados y violencia solo lleva a la destrucción. No promueven una sociedad más justa, igualitaria y sin abusos que quiere la mayoría.

Entramos en  un proceso en el que se debe cambiar mucho; por ejemplo, -propongo- volver al voto obligatorio. 

Los cabildos, asambleas, reuniones y todo tipo de encuentros de la ciudadanía dirán qué otros aspectos se deben cambiar. 

Es de esperar que la clase política, tan denostada como aludida en estas circunstancias, sepa encontrar el camino y brindar al país tranquilidad y cambio como aquello que celebramos tan intensamente el 6 de octubre de 1988. 

25 octubre 2019

CULTURA Y DEMOCRACIA

Votación de mujeres en la Estación Mapocho



¿Cómo llegamos, de un día para otro, de estar construyendo un novísimo ministerio de las culturas a estar planteando la defensa de la democracia? Será una cuestión que muchos historiados y años tendrán que explicar. El hecho es que la sociedad chilena despertó un 18 de octubre de 2019 y comenzó a desperezarse de un sinnúmero de abusos que abarcan casi todas las áreas en las que los gobiernos deberían ocuparse, en beneficio de la ciudadanía.


Las elites, desconectadas -políticas, religiosas, empresariales- de la realidad no pudieron prever. El pueblo abusado dijo basta y salió a la calle, sin liderazgos claros y con un variado componente de protestantes pacíficos 
-los más- con su tradicional cacerolazo; protestantes violentos; lumpen, y narcos.


También salieron los militares y se reforzaron las policías.

Afortunadamente, lo que la autoridad no es capaz de controlar en excesos, lo intentan el Instituto de Derechos Humanos, la Fiscalía y organizaciones de la sociedad civil. Se agregará a ellos un misión de la Alta Comisionada de los Derechos Humanos de Naciones Unidas.

El mundo de la cultura, abandona -pero no olvida- su lucha por suprimir una vez más recortes presupuestarios para volcarse a esta coyuntura. No podía ser de otra forma. Los artistas llaman a colaborar con quienes denuncian violaciones a los derechos humanos; las redes sociales preocupadas de la cultura arden llamando al diálogo y la creación de instancias que las convoquen.

La autoridad del respectivo ministerio se puso a tono con la sensibilidad del sector y fue, primero, una voz solitaria mientras halcones de distinto pelaje cuchicheaban al presidente los horrores más espantosos que vendrían de las protestas. Llegó a decir, el Presidente Piñera, que estábamos en guerra y su habitualmente ponderada esposa esbozó, en confianza -rota por lo demás- que enfrentamos a alienígenas. Tan grotesco fue aquello que, en 24 horas, el tono cambió y el mandatario pidió perdón y anunció medidas concretas que había sido sugeridas por palomas del gobierno y dirigentes de la oposición.

En el tintero presidencial quedó la supresión del recorte en cultura que formaba parte de la agenda de 9 puntos opositores.

Lo que aconseja no bajar la guardia y resaltar la labor social que las corporaciones afectadas desarrollan y debieran enfatizar.

También se han levantado voces como las de la premio nacional Sonia Montecino, que solicita "repensar la galería de la democracia", eufemismo que continúa el despropósito del museo de la democracia y luego la sala de la misma...

En la reasignación presupuestaria evidente que vendrá, hay una buena razón para tender "un tupido velo", como diría José Donoso sobre este lamentable proyecto que ya costó el cargo a un fugaz ministro de culturas.

Esa misma reasignación podría afectar a la segunda etapa del GAM, proyecto archi postergado y que no se anida en el corazón presidencial, por lo que bien podría, lamentablemente, ser dilatado, una vez más.

Por otro lado, redes de salas y otros espacios han optado por cerrar e invitar a la reflexión destacando que sus salas "en el futuro contarán las historias de lo que sucede hoy". Lo cierto es que deberían normalizar cuanto antes su tarea pues entregar arte a la ciudadanía debería ser su norte principal.

El Centro Cultural Estación Mapocho, en atención a su carácter de plaza de acogida ciudadana y con un notable esfuerzo de sus trabajadores, mantuvo siempre abiertas sus salas de artes visuales y la muestra de fotoperiodismo.

Por su parte, el Consejo nacional de las culturas, reunido extraordinariamente, el viernes 25 de octubre, para analizar la situación recibió, entre otras, propuestas la eliminación del recorte a las corporaciones culturales afectadas y realización de reuniones en cada región.


"Hemos solicitado a nuestros/as Seremis -resumió la Ministra Valdés- replicar esta experiencia con sus consejeros regionales, quienes en su mayoría se reunirán durante la próxima semana para generar debate y propuestas desde lo particular de cada territorio y comunidad".


Y culminó con un desafío: "Tenemos la tarea de avanzar fieles a los principios que nos rigen por ley y definir en conjunto las estrategias que nos permitan fortalecer el aporte de las culturas, las artes y el patrimonio a la democracia y nuestra sociedad".


Es de esperar que esta instancia de personeros representativos de sectores de la cultura, logre encabezar el diálogo en el que se expresen tales demandas más las que  provienen  del sector del patrimonio y de la ley en debate pues son justamente temas como el tratamiento de los derechos humanos y de los pueblos originarios los que han despertado críticas. 


Detrás de ello está la gran pregunta si los lugares de memoria y memoriales deben formar parte de esta legislación o tener una propia, más ágil que la debatida en estos momentos.


Los sucesos en desarrollo pueden llevarse también parte del esfuerzo legislativo allí envuelto.


Es que estamos en una nueva etapa en la que, sin duda, la participación ciudadana y la preservación de la democracia serán un eje central.

15 octubre 2019

LA CULTURA ANTE LA APEC 2019 Y LA COP 25

Revista editada especialmente con motivo de la Expocumbre de las Américas en abril 1998


Prontos a insertarnos, como país, en las grandes ligas internacionales como anfitriones de APEC2019 y COP25, conviene dar una mirada a los esfuerzos previos de diplomacia cultural, realizados con motivo de otras reuniones internacionales. Diplomacia cultural es la acción, muchas veces espontánea y aparentemente desorganizada, mediante la cual creadores, gestores culturales y corporaciones colaboran en el acercamiento de los pueblos, según conceptos de Steve Reifenberg, Profesor Asociado de la Práctica de Desarrollo Internacional en la universidad de Notre Dame, que incluye a la diplomacia cultural en su definición de "diplomacia de los pueblos".


Artistas y gestores son los llamados a desplegar esta diplomacia, pues, en general el arte no reconoce fronteras, por lo que muchas veces, su propia sensibilidad e intuición, los dirigen a grandes acciones. 

Hay casos, los menos, en que es el Estado quién promueve una acción de este tipo (El gobierno boliviano, en el caso de Bolivia, la magia de su diversidad; el de Chile, en los casos de Expocumbre de las Américas de 1988, y País invitado de Honor a FIL 1999). Otros en los que alguna corporación privada sin fines de lucro toma la iniciativa (Encuentros de centros culturales de América y Europa; encuentros binacionales de gestores Chile-Bolivia y Chile-Perú). Obviamente los de más impacto son cuando convergen ambos empeños, de gobiernos y sociedad civil en conjunto.

Con ellas se logró, por ejemplo, acercamientos con el pueblo de Bolivia en momentos que las relaciones formales pasaban malos momentos. La primera autoridad ministerial chilena que recibió el recién electo, por primera vez, presidente Evo Morales, en La Paz, fue Paulina Urrutia que asistía a una reunión binacional de gestores culturales, organizada con la Cinemateca Boliviana, que tuvo por resultado un convenio de colaboración entre las cinetecas de ambos países.

En Chile, se logró una relación de colaboración entre el Centro Cultural Estación Mapocho con autoridades de la Cancillería, a nivel Canciller, Vicecanciller y Director de relaciones bilaterales. De ella surgió la organización de una reunión similar con gestores del Perú, dónde lideró el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Por iniciativa solo de centros culturales, se logró, luego de una convocatoria de la Casa de América de Madrid, en 2002, la constitución de una perdurable red de gestores y centros culturales de Europa y América. Que ha seguido intercambios y compartiendo buenas prácticas por años.

Ante la pregunta de si existieron actores del sector privado que apoyaron estas iniciativas culturales para fomentar el intercambio cultural  entre Chile y otras poblaciones, es preciso responder que fueron muy escasos. Se recuerda más apoyo privado desde México a la  nutrida presencia chilena en la FIL de Guadalajara.

En Chile, se carece de un hábito filantrópico en general y hasta 2004, cuando se creó el Consejo Nacional de la Cultura, no existía una instancia pública encargada de apoyar y recibir muestras extranjeras en el país. Pasamos vergüenza buscando dichos apoyos en el gobierno de Chile, por ejemplo, para la muestra que tuvo dos versiones en Santiago, de Bolivia, la magia de su diversidad. A la postre, el único apoyo chileno fue el espacio expositivo del Centro Cultural Estación Mapocho, mientras el gobierno de Gonzalo Sánchez de Losada enviaba una delegación en un avión especial con exposiciones y artistas, en una oportunidad encabezada por su vicePresidente y en la otra, por la primera dama.



Pensando en la diversidad cultural chilena, y si sus comunidades indígenas, tuvieron alguna presencia en esta iniciativas internacionales, hubo una iniciativa de los profesores de la FAS de Harvard, Doris Sommer y Luis Cárcamo Huechante, con los que se organizó un encuentro de radios indígenas desde Canadá al extremo sur de Chile. Con notables resultados, con ausencia de entidades estatales y empresas privadas. La diversidad de idiomas se superó con sendos videos de sus trabajos radiales.


Sin duda, el mayor esfuerzo nacional en este terreno, fue el decidido aporte de la Presidencia de Frei Ruiz Tagle; su Cancillería; Pro Chile; DIBAM -que editó la edición especial de su revista que ilustra este artículo- ; la SCD; Achiga; Ticketmaster y el anfitrión Centro Cultural Estación Mapocho para la Expo Cumbre de las Américas, que permitió a más de 250 mil personas conocer muestras culturales de primer nivel de todos los países asistentes a la Cumbre de las Américas, que movilizaron a más de 500 artistas americanos.

Es de esperar que las reuniones que vienen en los próximos meses, puedan contar con sólidos aportes desde el mundo de la cultura.

Hay muchos dispuestas a emprenderlos.

11 octubre 2019

VEINTICINCO AÑOS "CON PAPELES" Y 4 DE CONVIVENCIA


Un trece de octubre, hace veinticinco años, la ministra de Bienes Nacionales, Adriana del Piano, nos entregó, en la sala Joaquín Edwards Bello del Centro Cultural Estación Mapocho, "los papeles" que reconocían oficialmente que la propiedad llamada estación mapocho, propiedad del fisco de Chile, era traspasada por convenio, a la Corporación Cultural del mismo nombre. Por cinco años.


El tiempo ha pasado, varias prórrogas de cinco años cada vez, hasta que el 8 de febrero del 2010 se otorgó un reconocimiento a su labor, con una prórroga por 20 años más, hasta la misma fecha de 2030.

No es que necesitáramos eso para respirar tranquilos, pero no deja de constituir una tranquilidad el dejar de ser okupas de una propiedad que fue de Ferrocarriles del Estado, luego de Corfo y después de Bienes Nacionales.

Durante ese período, 1990/94, se desarrollaron las obras de remodelación, con lo que hoy sería un presupuesto "reguleque" de diez millones de dólares, propuesto por el gobierno de Patricio Aylwin y aprobado por el parlamento, senadores designados incluídos.

La tarea la encabezaba el Alcalde Jaime Ravinet, quien convocó a un concurso de arquitectura y luego a la licitación correspondiente para la remodelación. Era secundado por Moisés Barros, de la corporación para el Desarrollo de Santiago, y Pablo Trivelli, encargado de los proyectos del "pequeño" paño que consideraba la estación y el futuro Parque de los Reyes, incluyendo la casa Amarilla, donde funcionaba una escuela taller para formar a los jardineros y orfebres del parque, y el edificio de ingenieros de ferrocarriles, del arquitecto Ventura Galván de los años 40, donde hoy padece recortes presupuestarios, la corporación cultural Balmaceda arte joven.  

En la obra misma, reinaba el primer director ejecutivo de la corporación, Hernán Rodríguez Villegas, que compartía su jornada con el cargo de director del Museo Histórico Nacional. 

Cada viernes, a las tres de la tarde, un fotógrafo en blanco y negro, ponía su trípode en el mismo lugar y retrataba los avances de la obra. Los incesantes trabajos de la Constructora Internacional, revisados por la ITO -Cade IDP-, llevaron a socalzar (llegar a terreno rocoso) los fundamentos de la nave y comenzar la curiosa tarea de demoler los interiores de los edificios laterales para reconstruirlos, conservando intacta las fachadas, con los emblemáticos nombres de las estaciones que cubrió el ferrocarril que entraba y salía de Mapocho.

Fueron cinco etapas, que culminaron en 1994 con la instalación del gran portón en el poniente, que se abre cuando los montajes de actividades lo hacen necesario. Un novedoso -entonces- producto, mucho más liviano que el vidrio, llamado policarbonato, hacía más liviana la tarea.

Durante los años de "marcha  blanca" se hicieron todos los intentos posibles para verificar, con el método del ensayo y error, qué tipo de actividades tendrían éxito en el flamante centro cultural, considerando sus dos misiones: proteger el edificio patrimonial y difundir la cultura, más la letra chica: autofinanciando su operación.

Entre quienes no pasaron el examen, estuvo el circo; a pesar de los esfuerzos de su sindicato, de su capellán -el sacerdote Gregorio Sánchez- y el propietario de Las águilas humanas, Hugo Venturino.

Las consistentes y malolientes heces de un desaprensivo elefante y la mala idea del domador de leones, de capar cinco cachorros a campo abierto, en la nave del centro cultural, sorprendidos por el ministro de Educación y presidente de la corporación, Ricardo Lagos, terminaron por desaconsejar los circos de fieras, cuando aún los fieras free no tenían un desarrollo interesante.

Quienes aprobaron el exámen fueron los libros (a pesar de dos ferias con paño en mano desempolvando del polvo de construcción a los ejemplares); los muebles, los autos y un conjunto de ferias de la entonces trashumante FISA que había cerrado su gigantesco recinto en Cerrillos y buscaba su destino con ferias monográficas.


Para hacer más científica la programación, nos asociamos, en 1995, con Adimark para realizar la primera encuesta metropolitana de intereses culturales, dejándonos muy conformes como uno de los tres espacios culturales más valorados y que más interés tiene el santiaguino en visitar, junto al teatro Municipal y al museo de Bellas Artes.

La encuesta tuvo el objeto de “determinar los hábitos y actitudes con respecto a música, cine, teatro, museos, danza, libros y exposiciones y descubrir el nivel de conocimiento de los lugares donde se ofrece actividad cultural y predisposición a acudir”. Fue replicada en 2005, agregándose el objetivo de “determinar los cambios en los hábitos e intereses culturales de la población de Santiago, en los últimos 10 años y conocer el rol actual del Centro Cultural Estación Mapocho en la actividad cultural de la ciudad”.

Ambas encuestas fueron administradas con similar metodología: un estudio cuantitativo, con entrevistas individuales y personales en el hogar de los entrevistados. La muestra en ambos casos alcanzó a alrededor de 630 personas, hombres y mujeres, de 15 a 74 años, de todos los niveles socio económicos a excepción del grupo E.

Los resultados comparativos arrojaron que "los lugares culturales con alto nivel de conocimiento y asistencia son sólo cuatro en la ciudad: Museo de Bellas Artes, Biblioteca Nacional, Centro Cultural Estación Mapocho y Teatro Municipal. Con respecto a 1995 sólo aumenta el público del Bellas Artes – levemente- y más significativamente el del Centro Cultural Estación Mapocho. Los otros dos permanecen iguales. Entre los espacios con bajo nivel de asistencia pero buen nivel de referencias de terceros, destaca Matucana 100".
Desde entonces, el Observatorio del público del Centro Cultural Estación Mapocho nos va entregando diez resultados al año de encuestas en otras tantas actividades que perfilan nuestro público, tanto en cuanto a su satisfacción con el espacio y sus servicios, como del medio de locomoción que usaron para llegar, el medio de comunicación mediante el cual se enteraron y la comuna desde dónde provienen.

Ya no es sorpresa, tenemos un público muy variado, mayoritariamente mujeres jóvenes de sectores medios, de casi todas las comunas de la región, con preponderancia de Santiago, Ñuñoa, Maipú, Puente Alto, Providencia y la Florida; la mayoría usuarios del metro, que se enteraron por la publicidad de nuestro frontis de las actividades que acogemos.

Sin duda, el centro cultural se ha convertido en un espacio ciudadano que recibe a un millón de personas al año, sin contabilizar los turistas, que continúa siendo un referente, un punto de encuentro y un vivo recuerdo en la población.

Un buen amigo, hace pocos días, encontró en un anticuario viñamarino,el candado que perteneció, en 1920, a esta estación, que ilustra este comentario. Lo hizo limpiar y lo trajo  de regalo, quizás como feliz homenaje a este cumpleaños número 25.


07 octubre 2019

DIPLOMACIA CULTURAL Y DEMOCRACIA EN CHILE



Mucha veces tiene que venir una mirada externa para darnos cuenta de lo realizado en determinados campos. Es lo ocurrido con el rol que jugó la cultura como complemento del proceso de reincorporación de nuestro país en el concierto internacional, una vez terminada la dictadura. Una doctoranda colombiana, que estudia este proceso en tres países, nos obligó a plantearnos cómo la acción cultural contribuyó, de hecho, a contar del año 1990, a proyectar la imagen de Chile en el mundo. Y no es poco.


No olvidemos que veníamos de una ruptura, si no enfrentamiento con el mundo y las Naciones Unidas, con una consulta nacional en la fuimos obligados a votar por Chile (nuestra bandera) o la ONU (un rectángulo negro); un bochorno del dictador cuando fue invitado a abandonar España luego de asistir al funeral de su admirado Francisco Franco, debido a la protesta de los países europeos de no asistir a la entronización del Rey Juan Carlos, si estaba presente Pinochet, muy bien documentado por el reciente libro de Mario Amorós que lleva el nombre del dictador.

Lo que fue incrementado con el frustrado viaje a Filipinas que llegó solo a Islas Fiji debido a que el Ferdinand Marcos retiró la invitación inicial cuando la nutrida comitiva ya estaba en vuelo entre Isla de Pascua y Fiji.

El corolario final fue cuando, en noviembre de 1986, se quemaron en Valparaíso por orden del Jefe de Zona en estado de sitio, Almirante Hernán Rivera Calderón, quince mil ejemplares de una obra del Premio Nobel Gabriel García Márquez.


Se comprenderá que los bonos de Chile en el exterior no estaban en su mejor momento. 

Por tanto, el primer gobierno democrático, del presidente Patricio Aylwin debió iniciar un proceso lento y, en la medida de lo posible, de retomar las relaciones internacionales. 

En cultura, a través de la Oficina respectiva del Ministerio de Educación, se iniciaron acercamientos a la UNESCO y a organismos regionales, como el CERLALC (Centro para el fomento del libro en AL y el Caribe), que cumplió un relevante rol de asesoría en la elaboración del proyecto de ley del libro, que sería la primera legislación cultural de la democracia, en 1993, gracias a un proyecto tipo elaborado por el experto de UNESCO, Álvaro Garzón.

Desde el mismo ministerio, que dirigía Ricardo Lagos, se iniciaron contactos con la democracia venezolana, en especial con el ministro de cultura, José Antonio Abreu, en relación al sistema de orquestas juveniles, que encarnó desde Chile el maestro Fernando Rosas. Además con intercambio de experiencias -que Venezuela tenía, así como chilenos exiliados en dicho país- en gestión cultural y manejo de polìticas del libro como Monte Ávila, el Banco del Libro y su filial Ekaré. 


Con el advenimiento del gobierno del presidente Frei Ruiz Tagle, la Cancillería de José Miguel Insulza y Mariano Fernández emprendió tareas de relevancia en diplomacia cultural. 

Destaca la Expocumbre de las américas, que acompañó a la Cumbre de abril de 1998 y que contó con la asistencia de casi todos los presidentes americanos, cada uno de los cuales fue acompañado por una muestra cultural relevante de su país, así como el recién descubierto Señor de Sipán, desde Perú; los voladores da Papantla, desde México o Herbie Hancock desde Estados Unidos.

Chile entregó a diversas instituciones -de gobierno y la sociedad civil-, la organización de su muestra, cómo la Biblioteca nacional; pro Chile; la Sociedad de defensa de los derechos de autor, y el Centro Cultural de la Estación mapocho, donde se llevó a cabo la exitosa exposición.

El mandato de Frei culminó, a fines de 1999, con una desbordante presencia en la prestigiosa FIL de Guadalajara, México, como país invitado de honor, hasta donde llegaron los escritores: Gonzalo Rojas, Volodia Teitelboim, Poli Délano, Antonio Skármeta, Raúl Zurita, Efraín Barquero, Roberto Bolaño, Carlos Cerda, Jaime Collyer, Gonzalo Contreras, Alejandra Costamagna , Elicura Chihuailaf, Marco Antonio de la Parra, Ana María del Río, Guido Eytel, Soledad Fariña, Carlos Franz, Alberto Fuguet, Benjamín Galemiri, Alejandro Jodorowsky, Ramón Griffero, Floridor Pérez, Jaime Quezada, Hernán Rivera Letelier, Fernando Sáenz García, Luis Sepúlveda, Marcela Serrano, Elizabeth Subercaseaux y Luis Alberto Vargas Saavedra.

Los músicos, Los jaivas; Los Tres; IIIapu; el Cuarteto de guitarras de Santiago; Sol y lluvia;Inti Illimani, y Douglas. Las m
uestras plásticas: El lugar sin límite, de plástica chilena contemporánea; Siqueiros ilustra el Canto General de Pablo Neruda; Si vas por Chile, plástica chilena de radicados en México, como Francisco Altamira, Carlos Arias, Osvaldo Barra, Francisco Casas, Beatriz Aurora Castedo, Víctor Hugo Núñez y Nathalie Regar, y Perfiles chilenos desde la conquista, litografías. 

Las compañías de Teatro de Julio Jung y la Troppa. Y el cine: Historias de fútbol, del director Andrés Wood; La Dama de las Camelias, de José Bohr; Gringuito, de Sergio Castilla; El Chacal de Nahueltoro, de Miguel Littin; Cielo ciego de Nicolás Acuña; Julio comienza en Julio,  de  Silvio Caiozzi, y El entusiasmo y La frontera, de Ricardo Larraín.


Paralelamente a este despliegue artístico, tanto de americanos en Chile como de chilenos en México, se realizaba en el Congreso Nacional en Valparaíso, un multitudinario encuentro de Políticas públicas y legislación cultural, con participación de más de 600 personas de la cultura y que culminó con un listado de las 120 demandas de la cultura, encabezada por la necesidad de crear un Consejo nacional de la cultura.

Tarea que inició y concretó el siguiente presidente, Ricardo Lagos, en 2003. Y que fue ejemplar para otros paìses del continente.

Pero, esa, ya es otra historia.

23 septiembre 2019

CULTURA Y DICTADURA ¿TERMINOS EXCLUYENTES?



Parece arriesgado incursionar en la relación entre cultura y dictadura. Una manera de hacerlo es circunscribir la relación de dichos términos a un tiempo determinado, donde, al menos uno de ellos, es certero: 1973-1989 en Chile. Es indiscutible que fueron años de férrea dictadura, lo incierto es si se puede hablar de cultura en aquellos años. Es lo que intenta, con vacíos y aciertos, el libro de Karen Donoso, titulado precisamente, Cultura y dictadura, censuras, proyectos e institucionalidad cultural en Chile 1973-1978, editado por la Universidad Alberto Hurtado, a inicios de 2019.



En la introducción, la autora declara compartir "la evaluación que la dictadura civil-militar no desarrolló una política cultural unificada con una planificación que tuviera objetivos a corto y largo plazo y que implicara la creación de una nueva institucionalidad". Sostiene que aquello se produjo por varios factores: 
"El primero, la influencia del neoliberalismo en los planos económico-social, lo que tensionó las propuestas nacionalistas y corporativistas de configurar un Estado presente en el desarrollo cultural e incorporó el financiamiento privado. El segundo la “guerra sicológica” emprendida contra el marxismo y las políticas de represión y censura, las que fueron consideradas como materias más urgentes en el diseño de política y reforma cultural. Y la configuración de una nueva concepción de la “cultura nacional” que, arraigada en una definición de la tradición cómo una esencia dada sin posibilidad de cambios, no promovió instancias de incentivo a la creación". 


En los tres factores enunciados, se ignoran dos aspectos muy relevantes para las políticas culturales: la resistencia que ofrece naturalmente una sociedad a una cultura impuesta y, su consecuencia, la ausencia de participación ciudadana en la formulación de las supuestas políticas.


De hecho, todas las iniciativas de politicas culturales obedecen, para la autora, a personas designadas en cargos de responsabilidad cultural en el gobierno dictatorial. Podría llegar a pensarse que la ausencia de destrezas políticas y de gestión de Enrique Campos Menéndez o Germán Domínguez es lo que explica que el largo gobierno cívico militar no tuviese una herencia en este terreno.


Se extraña, en la primera parte del texto, testimonios de quienes vivieron los intentos de políticas y de quienes los sufrieron directamente, por ejemplo en la censura o las acciones directas en contra de obras de teatro o muestras de artes plásticas. El libro se basa en fuentes documentales que, a su vez, también fueron víctimas de la horrorosa "censura previa", por lo que el relato pierde cercanía y detalles que un libro de estas aspiraciones debiera considerar.


Habría sido de interés, por ejemplo, hacer seguimiento a las acciones de los primeros civiles que ocuparon el cargo de director en Dinacos: Luciano Vásquez, entre el 15 de febrero y el 10 de noviembre de 1979, y Jorge Fernández Parra, entre esa fecha y el 8 de junio de 1982, años de alta actividad de censura en diarios, revistas y libros. Ambos tuvieron carreras políticas posteriores, Vásquez en el Partido Nacional y Fernández, en la UDI.



No puede descartarse que entrevistas con personas e instituciones que sufrieron la censura previa, la aberración de esperar una autorización de impresión y luego otra de impresión, que campeaban en 1976, hubiesen podido dar mayor riqueza al estudio.


Tampoco reseña una cantidad relevante de iniciativas culturales y artísticas que, a pesar de todo, existieron bajo dictadura, como, por ejemplo, aquellas nacidas alrededor de los comedores populares como los talleres de arpilleras que incluso eran exportadas a través de un departamento de la Vicaría de la Solidaridad.


Se ignora aquellas actividades que, en gran número, ocurrieron bajo la protección de Embajadas o los centros culturales de las mismas, entre las que destacaban Francia, Alemania o Gran Bretaña.


Hubo también publicaciones de resistencia que enriquecían el debate intelectual y vulneraban la censura, como es el caso de revista UMBRAL, que tenía ediciones de política, comunicaciones y cultura y otra serie de economía.


En definitiva, en el estudio, las únicas fuentes son las oficiales o las toleradas por el gobierno, desperdiciándose la riqueza de la actividad cultural incesante tanto en Chile como en el exilio, que llegaba a Chile en las más diversas formas.



De solo esta información oficial, se torna inexplicable que, al convocarse el plebiscito de 1988, surgieran de inmediato en el país buenos actores, excelentes músicos, extraordinarios artistas visuales y  notables escritores que se agruparon alrededor del Comando del NO, dando a conocer sus talentos que -obviamente- no estaban apagados sino sencillamente desarrollándose fuera de los círculos de la dictadura y de las publicaciones autorizadas por ésta. 



Precisamente de esa efervescencia, que convirtió a la del NO en una campaña cultural más que política, es la que a muy corto andar se expresó en los gobiernos de la Concertación y culminó con un Consejo nacional de la cultura y las artes, participativo y original, ampliamente debatido y consensuado en el mundo de la cultura.



Allí radica la gran diferencia con lo acontecido durante la dictadura, que la autora recoge en su segundo capítulo, al abordar "las definiciones de cultura que circulaban al interior del gobierno, considerando el nacionalismo, el corporativismo, el neoliberalismo y el discurso de las Fuerzas Armadas". Son concepciones que, de haber existido, no involucraron a los integrantes del mundo cultural sino fueron derivaciones de situaciones políticas contingentes que llevaron a puntos de consenso dentro de este bloque, como el nacionalismo, el anti-marxismo y el Estado subsidiario, sin que llegaran a ser parte de las políticas culturales.


En el capítulo tercero, la autora expone proyectos de reforma cultural en los planos legales e institucionales, presentados por funcionarios del régimen sin mayores respaldos de incumbentes, y descartados por el gobierno. Donoso analiza "el imaginario de los proyectos así como la recepción que tuvieron dentro del régimen y se plantea una explicación de por qué no llegaron a puerto, a pesar de haber sido anunciados públicamente por la prensa", lo que obviamente no basta en una dictadura con prensa controlada.



En el último capítulo, indaga en las actividades desplegadas por tres oficinas dedicadas a materias culturales: la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, el Departamento de Extensión Cultural del Ministerio de Educación y la Secretaría de Relaciones Culturales, llegando la autora a la conclusión que eran tres entes autónomos sin coordinacion entre ellas.



Contando inicialmente con los mismos instrumentos, los gobiernos de la concertación lograron, desde sus inicios, coordinar estos organismos para avanzar en crear una institucionalidad cultural. 



Juan Pablo González, doctor en musicología, que presentó el libro, destaca que su valor "radica en inferir hechos y consecuencias, con la poca documentación visible con los que se cuenta, muchas veces mediada además por la prensa oficial. Sin embargo, el libro logra un tejido consistente y claro de un álgido período de la historia cultural chilena, llena de suposiciones, cruzamiento de memorias y con vastas zonas ocultas a los propios protagonistas de la época. Devela el engranaje de ese nuevo sentido común que se intentó instaurar en Chile y que fue el mecanismo más efectivo de censura y permutación social".




Lo que hace Donoso es abrir muchas interrogantes y senderos de investigación futura, entre los que no debe descartarse la experiencia testimonial de quienes sobrevivieron esta oscura etapa de la cultura nacional. 

Aspecto que adquiere, naturalmente, una urgencia creciente.