24 agosto 2016

POETA PREMIADO CAMINANDO POR LA REINA


Hasta ahora, la pequeña y comparativamente pacífica comuna de La Reina, en los prolegómenos cordilleranos de Santiago, tenía una vaga imagen cultural. La fuerza de la arquitectura -humana y edificada- de Fernando Castillo Velasco la hacía ver más como una localidad de amables conjuntos habitacionales que sede residencial de creadores notables. El 24 de agosto de 2016, una mañana gris, esa situación cambió drásticamente: dos premios nacionales de artes -literatura y música-, recién galardonados, ya transitan por sus arboladas calles.




Manuel Silva Acevedo y Vicente Bianchi, vecinos de La Reina, recibieron similar noticia el mismo 23 de agosto. Bianchi llenó portadas por lo tardío del premio y lo avanzado de su edad, lo que en caso alguno lo desmerece. Seguramente reabrirá su caso el viejo debate entre música docta y popular, que no hace más que ratificar la necesidad de renovar los criterios de premiación.


Tal como, acertadamente, declara Silva desde su coyuntural tribuna ministerial, debería premiarse por aparte la poesía y la narrativa. Lo que no es desdeñable, sobretodo en un estado de ánimo nacional -tan reiterado como predecible- de depresión post Olimpiada de Rio de Janeiro.


Los ganadores de tales antiguos juegos se vinculan obviamente a las fortalezas de cada nación. Los africanos estimulan a sus corredores, de interminables piernas; Argentina promueve a sus deportistas colectivos, nacidos en una sociedad en que la vida en común es proverbial; los colombianos acuden a los fuertes músculos de sus pedaleros; chinos y otros orientales se refugian en sus tenistas de mesa, y Estados Unidos se vale de sus gigantescos jugadores de baloncesto...




Mientras en Chile, seguimos apostando por el deporte individual a la espera del milagro. Vale más un atleta que gana dos medallas que dos que ganan una... Otro signo de los tiempos del valor del éxito personal sobre el social, que tanto daño ha causado, desde la educación a las pensiones.


Sin embargo, en el caso de la poesía -único escenario en que hemos sido bicampeones mundiales- sigue existiendo el porfiado colectivo. Casi dos decenas de candidatos al reciente Premio Nacional; un galardonado al que de inmediato se le asocia a su grupo de origen, como Silva Acevedo con la generación del 60; un tren del metro recorre raudo la populosa línea dos, travestido de Gabriela Mistral; un poeta -Zurita- que hace recitales en el Centro Cultural Matta con la banda rock González y los asistentes y tiene gran repercusión en Buenos Aires...


El gesto no pasó inadvertido y Zurita alcanzó el viernes 12 de agosto la portada de la revista Ñ, que no trepidó en proclamarlo candidato al Premio Nobel: "Con la facilidad que han demostrado los poetas chilenos –recordemos a Gabriela Mistral y Pablo Neruda– para birlarles el Nobel de Literatura a narradores de todas las latitudes, no debería sorprender que Zurita fuera el galardonado este año, o el próximo".


Con tales espectativas, no sería un despropósito premiar separadamente a los poetas, todos los años quizás, dejando la bianualidad para los narradores, al menos hasta que alcancen la altura de los y las poetas.


En el entretanto, sigamos, como sociedad, disfrutando y queriendo a nuestros poetas, tanto en el cine, con el Neruda fugitivo amparado en el vigor colectivo; como en la música de los Asistentes que acompaña a Zurita, y en la calle Pricipe de Gales que entre bancos, farmacias y restaurantes "en progreso" ahora recibirá con su paso tranquilo y abrigo cordillerano al nuevo Premio Nacional, Manuel Silva Acevedo.

Un gran premiado.

11 agosto 2016

GAEL GARCIA, NERUDA Y LAS PELICULAS DE VAQUEROS


Vanas discusiones sobre el nivel de apego a la realidad -o no- de "Neruda", han recibido al estreno de la película de Pablo Larraín que lleva el nombre del premio Nobel. Cada una de ellas me recuerda al azorado alcalde de Sierra Gorda irrumpiendo en plena filmación de una película de James Bond, en protesta porque la cinta identificaba a su ciudad como un poblado boliviano, con sendas banderas del país que alguna vez dominó ese territorio.


Que el alcalde chileno no entendiera la distinción entre realidad y ficción, no parece serle exclusivo. Muchos han comenzado a reparar rasgos del Neruda de la pantalla que no coincidirían con el galardonado vate de carne y hueso. Ya habíamos escuchado insinuaciones semejantes en otra creación de Larraín: "No". Además del director, la cinta sobre la gesta plebiscitaria comparte con Neruda, su co protagonista: Gael García Bernal.

Lo que llama la atención es que ambos roles que encarna el actor mexicano son similares: el cowboy o, más castizo, el vaquero. Es decir, el jovencito de los western estadounidenses que, solitario, acomete contra los malhechores utilizando los más diversos e improbables medios de transporte, una patineta, en No, una moto despojada de su sidecar, en Neruda.

En ambos casos, finalmente gana aunque el perseguidor de Neruda además, se apropia de una recompensa aún mejor: el protagonismo del filme. En la pantalla y en la publicidad.

Muy original es enfocar el reducido episodio de la vida de Neruda desde el punto de vista de su perseguidor, reduciendo, legítimamente, a un desafío individual lo que la historia ha registrado como la persecución a una ideología determinada y a los militantes de un partido político específico.

El filme no se queda en los lugares comunes del "presidente traidor" o el "poeta heroico" sino que penetra en la problemática de un policía que aspira a dar sentido a su vida y demostrarse sus propios mitos como aquella escena en la que intenta reflejarse filialmente en la estatua del fundador de la policía chilena.

Curiosamente, el personaje de Gael García parece tener más contenido épico en Neruda que el publicista vaquero de No, que se auto define más bien como un profesional eficiente.

Allí también queda en segundo plano la gesta colectiva de una ciudadanía que supero el miedo, hizo campaña, vigiló votaciones y celebró como nunca; tal como queda en segundo plano la innoble persecución digitada desde La Moneda que se va invisibilizando tras un atractivo juego del gato y el ratón en que el poeta manipula a su persecutor, hasta el paroxismo final en que presenciamos -literalmente- una notable escena de western con jinetes, caballos, disparos, vigilancia oculta desde los bosques y dificultosas caminatas en la nieve (eficaz reemplazo del sofocante desierto del lejano oeste estadounidense).

Nadie en su sano juicio podría exigir a Larraín que satisfaga todas las exigencias de nuestra historia, ni verosimilitud en los siempre controvertidos episodios políticos. Ya lo están acometiendo Jorge Baradit, Guillermo Parvex, Rafael Mellafe, Mario Amorós y tantos otros narradores ocupados de revisar nuestra historia tradicional, con sorprendente acogida entre los lectores.

Lo que sí podemos es advertir que la historia se puede mirar tanto desde la perspectiva de sus héroes como desde aquella de los movimientos sociales. En la primera opción el riesgo es acercarse a las entretenidas novelitas de vaqueros -como la colección Texas Ranger, primeros mini libros de nuestros quioscos, junto a Corín Tellado- de indudable éxito y atractivo para no pocos noveles lectores que sin duda pasarán a obras mayores.

El segundo camino es más complejo y farragoso, contra cíclico en estos tiempos de individualismo exacerbado y redes sociales que pueden hacer creer a muchos que las relaciones virtuales bastan y los pueblos se convocan por tuiter. Ha sucedido y los resultados son trágicos, la primavera árabe y Podemos, en España, son un par de ejemplos.

El Neruda de Larraín se mueve en las circunstancias del vaquero heroico y el perseguido mordaz, sugiriendo contextos históricos muy reales en paisajes notables, con actuaciones eficaces.

Gran película que, pudiendo verse desde diversas miradas, debe verse. Un imperceptible homenaje a Neruda que hace muchos años respondió la pregunta de cuándo habría buen cine chileno, con un "cuando haya mal cine chileno".

Llego el momento del bueno y esta película es un ejemplo.

03 agosto 2016

POLITICA PUBLICA, DOS FUNERALES Y UNA LEY



Quiso la diosa de las coincidencias -de las sincronías, diría Lola Hofmann- que un mismo día, el 2 de agosto de 2016, convergieran cuatro sucesos de muy distinto carácter: dos funerales, una interpelación ministerial y una ley cultural. Los escenarios son diversos, también las ciudades donde acontecieron.



En las primeras horas, sus amigos, muchos, despedían en Santiago, a un actor señero del ICTUS. No cualquiera sino uno de aquellos que desde su talento histriónico sirvió a la política como conductor de un Programa de TV emblemático de debate respetuoso y audiencia masiva en noche de domingo. El espacio se fue deteriorando, en paralelo a la calidad de nuestra democracia, hasta desaparecer junto con ella de la pantalla.


En la tarde, en Chillán, sus amigos, pocos, despedían a Ciro Vargas, un periodista que vivió 92 años; fue actor pero lo sedujo el micrófono más que las tablas y recorrió los estudios de La Discusión, Portales (cuando fue “primera de Chile”), Chilena (cuando fue perseguida) y terminó con onda propia en la virtual Radio Arcoiris “una emisora on line, artesanal y sincera, que demuestra que no le temió a las nuevas tecnologías y que avanzó con los tiempos” como recuerda su colega Miguel Ángel San Martín.


Jaime Celedón, el actor que partió desde Santiago, fue acompañado de ex Presidentes. Vargas, mereció en su partida la mención, en algún discurso, del ilustre coterráneo que lo impulsó a trasladarse a Santiago, a su querido diario Última Hora, José Tohá.


Es de esperar que alcanzara a enterarse de que Chillán estrena en los próximos días, con una Convención Nacional de la Cultura, un Teatro Municipal, por décadas anhelado. Sí se enteró que luego de una correcta postulación como sede del Consejo Nacional de la Cultura, en 2003, su ciudad natal quedó como vice campeón, a manos de Valparaíso, mismo lugar, mismo parlamento que el mismo 2 de agosto aprobaba en primer trámite la ley que introduce los primeros cambios al logro del 2003.


Esta vez no hubo vice campeones, solo una casi unanimidad (109 vs 1 abstención) que refleja una transversalidad que hoy pocos logran en política.


Es que las políticas públicas culturales no despiertan pasiones de coyuntura porque hace ya unas décadas se consagró la formación de hábitos y la promulgación de políticas de largo plazo y vocación de Estado, como la manera de lograr comportamientos estables que avanzan por los senderos de los acuerdos.


Lo que no ocurrió esa tarde en igual sala de diputados que escuchaba la interpelación de una parlamentaria de oposición a una Ministra, respecto de políticas que bien harían en ser de Estado y de apoyo transversal, como las referidas a la infancia.


La sesión vespertina reflejó aquello que no se desea en política pública: agresividad; gritos de la tribuna; insultos; pasiones; miradas cortoplacistas; respuestas y preguntas mirando más el efecto que provocarán que aquello que es necesario para el país, y desalojo final.


La sesión matinal fue ejemplo de buena forma de hacer política pública. Correctas presentaciones de los diputados informantes; adecuado aliento a su proyecto del Ministro encargado; sosegados apoyos de los diferentes partidos que surgían paulatinamente desde las bancadas; una propuesta desde la oposición para cambiar una letra (con ella, un concepto central) y hacer votaciones por separado de determinados artículos; un voto favorable tan fundado (en su blog) como crítico del diputado Gabriel Boric, y una abstención razonable que advierte sobre el eventual aumento burocrático.


Las propuestas de la oposición se votaron por separado y las ganó el oficialismo con un margen obviamente menor que los 109 iniciales.


Luego vinieron las celebraciones de los artistas, funcionarios y gestores que acompañaron la sesión, mucho de ellos públicamente bienvenidos por los diputados intervinientes. Y la natural esperanza de que el próximo trámite senatorial siga por la misma senda.


No es ajeno a este resultado el trabajo de dos gobiernos, cuatro ministros y el hecho central de que el propósito del proyecto no es refundacional sino de profundización y mejora de los establecido hace trece años como Consejo Nacional de la Cultura. Tampoco, es menor el hecho que el país tiene conciencia de que las políticas públicas, a lo menos en cultura, deben considerar plazos largos y participación amplia.


Un logro que bien harían en practicar los policy makers para otras áreas y próximos programas de gobierno. Un dato: los casi veinte años de debates y diálogos que sustentan estas políticas fueron desarrollados por voluntarios que entienden que las políticas públicas provienen de sus propias experiencias y la reflexión sobre las mismas, nunca de encargos remunerados a técnicos reputados.

Para que ello se recupere se necesita que la vida política se dignifique con debates como los que animaba Celedon; con compromisos sin lucro como la pasión que Ciro puso en su propia radio; con la seriedad con que gobierno y parlamentarios están poniendo en el perfeccionamiento de una legislación que lo requiere.

¿Será mucho pedir?

21 julio 2016

103 AÑOS VIAJANDO A LA VELOCIDAD DEL BIT

Encuentro Americanosfera, gestión cultural sin fronteras gracias a la colaboración digital

Comenzaré esta reflexión a que nos ha invitado Casa América, sobre el romance entre la vieja estación Mapocho y el mundo digital, mencionando que -en un seminario con que el Colegio de Periodistas de Chile celebraba sus 60 años- me sorprendió un ponente que igualó los derechos a participar en la vida cultural (art 27 de la Declaración Universal de los DDHH) con el de acceso a internet.  Es que hoy son bastante equivalentes a pesar de su muy diferente origen. Uno discutido por las naciones que buscaban superar los autoritarismos que llevaron a la 2GM, otro surgido de las calles, probablemente sin estar escrito en Constitución alguna. Es que hoy, no hay tiempo para discutir ni escribir los derechos, simplemente se ejercen.


LA PREHISTORIA. El impetuoso río Mapocho nace en el cerro El Plomo de la cordillera de los Andes y desemboca en el río Maipo como principal tributario. Los incas en el Collasuyo hicieron una intrincada red de canales de regadío a partir de él.

Llegado Pedro de Valdivia en diciembre de 1540 proveniente de Perú, vio en el extenso valle dominado por el río las condiciones ideales para fundar su primer asentamiento español. Le habían recomendado la fundación del poblado en una pequeña isla ubicada entre dos brazos del río junto a un pequeño cerro denominado como Huelén. Investigaciones arqueológicas recientes han desvirtuado esta teoría, y presentando hechos acerca de una ciudad inca presente en las riberas del Mapocho previo a la llegada española sobre la que fundaron la ciudad de Santiago. En enero de 1541 se libra la batalla del río Mapocho entre españoles y picunches liderados por el cacique Michimalonco, la que finaliza con victoria hispana.

En la Colonia, el Mapocho tenía un brazo (cauce minoritario) que se separaba y penetraba a partir de la actual Plaza Italia hacia el sur por lo que se conocía como avenida La Cañada y hoy se conoce como avenida Bernardo O´Higgins (Alameda de las Delicias) para ir a juntarse con el cauce principal mucho más allá del sector de Plaza de la Constitución, dejando una lengua de tierra en lo que hoy ocupa el plano principal del centro de Santiago. Este cauce sur lateral fue suprimido y su caja aluvial rellenada para dar paso primeramente a la avenida La Cañada y luego la llamada Alameda de las Delicias en el siglo XIX, para posteriormente ser renombrada avenida Bernardo O´Higgins. De todas maneras, hay varios autores que señalan que tal brazo nunca habría sido un brazo del río Mapocho propiamente tal, sino solo un lecho seco que se inundaba cuando el Mapocho desborda su cauce natural.

El primer puente santiaguino que se conoció fue el llamado «puente de Palos», que unía la calle Puente con el sector de La Chimba, cuyo uso se extendió por casi 150 años hasta el siglo XVII. Posteriormente, se inició la construcción de una segunda vía sobre el río. El puente de Calicanto fue construido entre 1767 y 1779 sobre el río Mapocho, obra del corregidor Luis Manuel de Zañartu. En 1773, bajo el régimen del mismo Zañartu, y debido a las fuertes inundaciones que este río experimenta en invierno, se decidió proteger la ciudad mediante la construcción de tajamares, que se transformaron en un paseo de la clase criolla.

En 1888, durante la administración del presidente José Manuel Balmaceda y gracias a las ganancias fiscales que otorgaba el salitre, comenzaron las obras de la primera canalización del río con cerca de 40 metros de ancho, 5 de profundidad y dos kilómetros, que finalizaron en 1891. Esto permitió encauzar las crecidas del torrente durante la época invernal y una mejor conectividad entre los sectores norte y centro de la capital, ya que también comenzaron a construirse puentes de acero sin pilares aún en uso, que reemplazaron a los viejos de madera y al de Calicanto. Se rellenaron los lados restantes de la cuenca original, lo que luego permitió la construcción de la Estación Mapocho y el Parque Forestal.


LA EDIFICACIÓN DE LA ESTACIÓN MAPOCHO (1900/1913). La celebración del Centenario de la Independencia, luego de un siglo de guerras, quiso recordarse con dos grandes construcciones. A ambos extremos del Parque: la estación y el Museo Nacional de Bellas Artes. La edificación debió suspenderse debido al terremoto de Valparaíso de 1906, que distrajo recursos públicos Por ello, la inauguración quedó postergada para 1912 según algunos autores, 2013, según otros, año uno de este viaje a la velocidad del bit.

El hecho fue que se convirtió en la primera estación de la red ferroviaria chilena, entre Valparaíso, primer puerto, y Santiago, la capital. Fue la puerta de entrada de los extranjeros que llegaban en vapor desde Valparaíso y transbordaban en la estación Puerto o que llegaban en tren desde Mendoza, La Paz o Iquique cuyos pasajeros debían transbordar en Llay Llay o La Calera.

La dictadura (septiembre 1973/1989), permitió el deterioro de los ferrocarriles hasta el extremo de que -por falta de mantención y conexiones telegráficas- dos convoyes chocan, en 1986.

En diciembre de 1976, en virtud del decreto número 1.290, la Estación Mapocho fue declarada Monumento Histórico, pero lamentablemente, en 1986 dos automotores chocaron de frente en la zona de Queronque (Entre Limache y Peñablanca) provocando la suspensión temporal de los servicios directos entre la Estación Mapocho y el Puerto de Valparaíso. Hubo 58 muertos y 510 heridos.


EL ABANDONO (1987/1990). La estación se cerró y su terreno, con edificios ruinosos, fue traspasado por el empresa de ferrocarriles a la CORFO, en pago de deudas. Vino el deterioro y los rumores de que sería vendida a privados para bodega de cervezas.

Mientras tanto, en el frontis del MAC, en el Parque Forestal se desarrolla, desde 1980, anualmente la Feria del Libro de Santiago. La muestra era afectada por lluvias de primavera, alergias provocadas por los plátanos orientales, polvaredas, asedio de artesanos que rodeaban la feria, complicando el acceso, falta de servicio higiénicos… La abandonada estación aparecía como un sueño para editores escritores y lectores. El cambio de régimen político, inevitable luego del plebiscito del 5 de octubre de 1998, fue un incentivo para imaginar una nueva sede para la feria.


REMODELACIÓN Y MARCHA BLANCA (1990/1994). Los organizadores de la feria deciden probar con una versión en la estación abandonada, en octubre de 1989, un año después del plebiscito y un mes antes de las elecciones presidenciales, las primeras post dictadura. La feria fue marco de debates sobre los programas culturales en juego y lugar de propuestas de convertir la estación en centro cultural, con los nuevos tiempos. La idea fue acogida y se convirtió en símbolo de la nueva etapa, así como la estación y el MNBA lo habían sido del centenario.

El nuevo Alcalde, inició su mandato con la convocatoria a un concurso de arquitectura, buscando un proyecto que pudiera realizarse en los 4 años de gobierno. Al mismo tiempo se iniciaron trámites para que el estado adquiriera a CORFO el edificio y se fundó una corporación cultural de derecho privado y sin fines de lucro para que administrar el futuro centro cultural. Además, se le pidió a los gestores que no detuvieran sus actividades durante la remodelación -que sería por etapas- y que aspiraran al autofinanciamiento de la operación. El entusiasmo del retorno a la democracia hizo que ello se lograra con creces.


GESTIÓN PRE REDES SOCIALES (1995/1998). Los primeros años, podría decirse a ciegas, recurrimos a instrumentos sociológicos para conocer a nuestro público real y futuro. Nace el Observatorio del Público (1995) a partir de una Encuesta de Intereses Culturales hecha por ADIMARK, y cofinanciado con el municipio y TVN.

Con ello, nos dimos cuenta que a muy poco andar éramos uno de los tres edificios culturales más visitados y prestigiados de la ciudad, junto al Bellas Artes y el Teatro Municipal. Continuamos entonces conociendo a los visitantes mediante encuestas periódicas tanto de satisfacción del público como de los usuarios que arrendaban el espacio.

Con motivo de la expo Cumbre de la Américas, experimentamos el primer acercamiento con medios electrónicos, para franjear visitas: ofrecimos a una empresa de tickets que recién llegaba al país, distribuir entradas gratuitas por franjas horarias, lo que permitió optimizar las visitas masivas a una muestra que por sus características no se podía prolongar mucho más de la Cumbre Presidencial que la motivaba.

El mismo 1998, experimentamos con una primera página web, en la que subíamos las actividades y las Diez Cifras, nacidas del observatorio del público.


BALBUCEOS EN REDES SOCIALES (1999/2006). Definimos en esta etapa, un plan de comunicaciones mixtas que combinaba nuestro principal fortaleza a la fecha: el frontis, con la página web, uso -en ambas- del logotipo que sugería actividades culturales diferenciadas de las comerciales, que nos permitían el autofinanciamiento, y algunos webflyer, películas en youtube, memoria anual, publicaciones en facebook, frases en twitter y uso de bluetooth para algunas actividades.

Fue una etapa de búsqueda sin mucha conciencia de las particularidades de cada medio. Lo que sí estaba claro que no teníamos ni tendríamos impresos como revistas, periódicos o boletines en papel y que estábamos migrando hacia un futuro incierto pero desafiante.

En 2006 se produjo una oportunidad excepcional: una beca del DRCLAS de la Universidad de Harvard al Director Ejecutivo, que le permitió seis meses de reflexión y trabajo en la elaboración de un libro sobre el modelo chileno de desarrollo cultural del que éramos actores no secundarios.


DE LLENO EN LAS REDES (2007/2016). El regreso a Chile fue lleno de ideas y planes. Se terminó y publicó el libro pero quedó la idea de seguir reflexionando sobre los temas que lo ocuparon y que se extendieron hasta 2006. Nada mejor entonces, debido la necesidad de compatibilizar reflexión y acción, que un blog.

Desde entonces, comenzó un diálogo entre los instrumentos del centro cultural estación mapocho y los personales (blogs, twitter, correos), que fue potenciando, tanto la divulgación de las actividades del centro como las reflexiones de su director.

Surgió entonces la necesidad de elaborar una nueva web y de expandir nuestra experiencia -que pensábamos rica- hacia el exterior del centro y del país. El VI Premio Reina Sofía de Patrimonio Cultural 2009, vino como anillo al dedo. La presentación, haciendo uso de tecnologías de vanguardia y las destrezas de nuestros periodista, fotógrafo y camarógrafo combinadas con un discurso de agradecimiento construido de retazos de frases de los visitantes estampadas en nuestro libro de comentarios del público, que descansa desde tiempos inmemoriales en el hall de acceso. No eran frases mayores que un tuiter que, bien hilvanados, pudieron dar cuenta de cómo nos veían nuestros visitantes.

Luego del Premio, vinieron invitaciones a exponer nuestra experiencia de gestión privada en un espacio patrimonial público y autofinanciada.

La alta demanda nos llevó a dar un par de conferencias por streaming (para Sao Paulo y el Círculo de la Artes de Madrid) otras por vídeo conferencia, y entrevistas en páginas web de gestión cultural.

Las redes sociales ya eran forma y contenido de nuestro quehacer. Tal como lo era nuestro espacio patrimonial, monumento y sede a la vez de actividades culturales y artísticas.

Así fue como nos convertimos en Estudio de Caso, según la metodología de Harvard, para la escuela de Alta Gestión Pública en Cultura de Goberna, curso que se imparte de modo presencial y virtual en diversos países del continente.

Sin embargo, este boom virtual no puede hacernos olvidar que estamos ubicados y somos responsables ante la ciudadanía de Chile, de una infraestructura cultural que recibe, acoge y proyecta nuestra historia. Por ello, junto con esmerarnos en comunicar nuestro presente en 140 caracteres tenemos muy presente dejar testimonio férreo y estético de la historia que cotidianamente pasa ante nuestros ojos. Ello se refleja en sendas placas conmemorativas no sólo de los grandes creadores que dan su nombre a nuestra veintena de salas sino también de sucesos relevantes acontecidos en nuestros espacios, como las semanales reuniones de diputados y gestores que edificaron la obra gruesa del proyecto de CNCA, en 1996, o los ascensores que marcaron la realización de la Cumbre Mundial de las Artes y la Cultura, en 2014.


Luego de este curso, en el que hemos conocido nuevas formas de enlazar cultura y redes sociales, patrimonio y tecnología, autofinanciamiento y medios electrónicos… volveremos a reflexionar sobre lo hecho y a descubrir nuevas ideas, que devendrán en proyectos y éstos en realidades que sin duda van a mejorar nuestra gestión en adelante.

Muchas gracias por ello.

ESTA CONFERENCIA SE PUEDE VER EN YOUTUBE EN EL SIGUIENTE ENLACE: https://www.youtube.com/watch?v=f6H6mPwHYtw

14 julio 2016

NERUDA, ZURITA Y LOS PREMIOS NACIONALES


Rotundo, Raúl Zurita comenzó el discurso de agradecimiento del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2016, con dos certeros disparos: Chile fue poema mucho antes de ser país -recordando a Alonso de Ercilla y La Araucana- y reconoció a Neruda como el mejor poeta de habla hispana de la historia de las letras en nuestro idioma. Se dio tiempo también para reflexionar sobre Chile como un país violento que convirtió estadios y barcos en centros de detención -violencia que sería aún mayor si no existieran sus creadores y sus poetas- y cómo salió de la inmensa humillación que significó su propia tortura ofreciendo la otra mejilla, que quemó brutalmente en la soledad de un baño.


Recordó además que la belleza sólo puede surgir de los desposeídos, los enfermos -padece de párkinson- y nos reprochó que pasamos de ser un país que se medía por el nivel de cuán mal están los que están mal, para pasar a medirse con el "cuan bien están los que están bien".

“Me siento muy contento. Me siento honrado y nos queda pendiente el más grande poema: hacer de la vida algo bello. Yo creo que hay una generación de poetas jóvenes que están emergiendo y que es absolutamente notable. La poesía es la voz más profunda del pueblo de Chile. Puede desconocerse, puede no leerse pero ahí está en lista lo que somos, nuestros sueños, nuestras esperanzas, los temores, nuestras dudas, nuestros fracasos, nuestras aspiraciones. Todos con la poesía chilena. Espero que, si existe Dios, tenga la bondad de permitirme escribir un par de poemas hermosos, porque si no lo hago, me sentiría el peor de los hombres”.

Sería necesario reproducir cada una de sus frases de una pieza literaria de una emotividad cada vez más escasa. Confío en que será reproducida hasta la saciedad, en beneficio de una sociedad que lo necesita, y mucho.

Buen comienzo que los muros del Salón Montt Varas de La Moneda fueran testigos de las invocaciones de la poesía, en una mañana invernal de sol radiante y cielos despejados; positivo que este Premio Iberoamericano creado muy recientemente, en 2004, se entregue en la casa de gobierno y que el discurso de proclamación lo haga la Presidenta de la Republica. 

Provoca esperanza que la "casa donde tanto se sufre" -nunca tan cierto- se de el tiempo y el espacio para recibir de pié y con un aplauso al galardonado, entrando solo a un salón colmado de poetas y de cámaras. Y que éste culmine su intervención con una ovación aún más estruendosa.

Este Premio internacional, creado por acuerdo entre el CNCA y la Fundación Pablo Neruda, fue uno de los primeros logros del flamante Consejo Nacional de la Cultura, estrenado en enero del mismo año 2004. Ha favorecido antes de Zurita a José Emilio Pacheco (México); Juan Gelman (Argentina); Carlos Germán Belli (Perú); Fina García-Marruz (Cuba); Carmen Berenguer (Chile); Ernesto Cardenal (Nicaragua); Antonio Cisneros (Perú); Óscar Hahn (Chile); Nicanor Parra (Chile); José Kozer (Cuba); Reina María Rodríguez (Cuba), y Augusto de Campos (Brasil). 

Su prestigio da méritos a nuestra institucionalidad cultural para aspirar, en el proyecto de ley que se vota en la Sala de la Cámara de Diputados el martes 19 de julio, a integrar los jurados de los premios nacionales vinculados a las artes, una meta que data desde las primeras sesiones del Directorio Nacional del Consejo.

Y que se pone en el tapete una vez más cuando ha comenzado en la prensa y las redes sociales un peligroso desfile de poetas, más que de sus obras, de cara al próximo Premio Nacional de Literatura que debiera, según la tradición no escrita, recaer en un o una poeta.

Esta incomprensible exhibición de creadores, más por sus características de género, raza o respaldos no aporta a la poesía ni a su lectura, sino a banalizar también este arte que nos ha otorgado como país las más grandes satisfacciones internacionales.

Es de esperar que el Jurado haga caso omiso de tales campañas, las considere como quién oye llover, y nos pueda sorprender con un veredicto impecable, que agregue un nombre más a la ya nutrida lista de escritores notables que, como Zurita, cada tanto nos hacen reflexionar sobre lo bueno y lo malo de nuestras pobres vidas errantes.

11 julio 2016

VÍCTOR JARA NO MURIÓ, SOLO FUE ACRIBILLADO



Muchos años después de su muerte -43- cuando la sociedad chilena se continúa horrorizando por lo acontecido y enterándose del inicio de los juicios a sus victimarios, Luchín, una pegajosa canción de Víctor Jara, interpretada por los segundos violines de la Orquesta Sinfónica Infantil Metropolitana, en la sede de la FOJI, junto al Centro Cultural Estación Mapocho, afirmaba que el cantautor estaba presente, más que en las cuerdas, en el movimiento que ellas simbolizaban.

La escena, un examen de fin de curso, acontecía en la Sala Fernando Rosas de la Fundación, presidida por una fotografía del maestro, apoyada por un modesto catálogo de mano que recordaba los orígenes del movimiento de las orquestas infantiles de la mano del profesor Jorge Peña Hen, también sacrificado por militares que formaron parte de la fatídica Caravana de la muerte.

Lo novedoso era que los acordes no destacaban principalmente la ausencia del compositor y del director de orquesta que imaginara el movimiento musical, sino la potencia de ver, en sede propia, con un sólido marco de familiares, eficientes instructores, solventes instrumentos, respaldo institucional y político de ya seis gobiernos, cómo pequeños y pequeñas de edades de un dígito se iniciaban, entusiastas, como músicos.

Entonces, no estamos hablando de casualidades ni de talentos excepcionales. Sino de políticas culturales estables que, fruto de la perseverancia y preocupación de autoridades sucesivas, van mostrando frutos.

Está el fruto medible de las cantidades de orquestas juveniles e infantiles a lo largo del país; de las becas para instrumentistas; del impacto social que cada uno de estos jóvenes músicos tiene en sus comunidades y familias; de los innumerables conciertos presentados; de los talleres impartidos por ejecutantes y directores orquestales notables -nacionales y extranjeros-; de las donaciones privadas para reforzar el presupuesto público estable y creciente; de los vehículos de la FOJI que recorren el país portando instrumentos, atriles, amplificadores y demases para posibilitar conciertos…

Pero también está el imperceptible -o casi imperceptible- aporte que a todo esto han dejado figuras como Peña Hen, Rosas, Luisa Durán, Isaac Frenkel, José Luis Domínguez, Enrique Iglesias (que financió, en su mandato del BID, la remodelación de la sede que fuera casa de jefe de estación) y tantos otros que no se disuelven en el anonimato, sino en la satisfacción de haber contribuido a una política pública -como todas- construida con esfuerzos colectivos y miradas de largo plazo.

En tiempos en que se discute, por ejemplo, con tan poca mirada de ese plazo necesario, la política pública hacia las artes visuales, es relevante reflexionar sobre lo acontecido en otras artes, buscar quienes deben inspirarla -nunca se parte desde cero-; cuáles son las grandes instituciones que, mal o bien, han encarnado esa política; cuales los espacios que, seguramente con limitaciones, la han acogido; quienes son los principales formadores de las nuevas generaciones de artistas y audiencias, y quienes son las autoridades políticas que la van a encabezar en su vida legislativa primero y administrativa después.

Mala práctica es ignorar la historia, abominar de todo aliado institucional o político, imaginar que todo comienza hoy. Peor actitud es pensar que un descriterio particular y puntual, pone en jaque todo el debate para formular una política, como ocurrió recientemente con una galería pública abierta a todo espectador que se equivocó intentando programar una muestra “para mayores”.

Las políticas culturales vigentes en el país -Consejo Nacional de la Cultura incluido- llevaron mucho tiempo en consolidarse y, antes, en discutirse hasta lograr consensos entre incumbentes e involucrados. Su promulgación tomó a lo menos tres períodos de gobiernos, que dejaron huella. 

Es aconsejable entonces que se mantenga el camino que se recorre para formular la política  de las artes visuales -único exitoso en otras artes, por lo demás- y que no se confunda aportar con una guerrilla de declaraciones en redes sociales y medios de comunicación amantes de las cuñas, con participar en un debate serio, informado y bien conducido.

De lo contrario, los guerrilleros seguirán su camino por el inconducente desfiladero de la intrascendencia. 

Mientras Víctor y los demás continuarán inmortales.

04 julio 2016

EL PASTOR CHUCK HARPER Y LA LUNA DE MIEL



El 25 de mayo de 2016 falleció en el sur de Francia el pastor presbiteriano Charles Harper Jr. El 29 de junio del mismo año, un grupo de sus amigos celebramos en la capilla del Sagrario de la Catedral de Santiago una liturgia para despedirlo. Fue presidida por un Obispo y se escucharon una decena de testimonios sobre su entrega en la defensa de los derechos humanos en Chile, desde su condición de representante del Consejo Mundial de Iglesias. Hubo un relato que no se escuchó en esos sacros muros, el mío. Aquí va.


Fue una gran sorpresa, conocer -hacia 1975- a un pastor protestante, de una entrañable sonrisa y corbata. Algo no calzaba con la imagen habitual del clérigo católico, solemne y cuello redondo. Chuck representaba algo así como -se explicaba- el Vaticano de los evangélicos.

Desde entonces fue un devorador de informes privados e información pública sobre lo que acontecía en Chile. Se asegura que transmitía fielmente todo a sus mandatarios y a los organismos internacionales preocupados por los Derechos Humanos. Sus viajes se fueron haciendo habituales y la cercanía amistosa, inevitable.

Había pasado un tiempo desde que dejé el trabajo en la Vicaría de la Solidaridad para asumir la dirección de revista APSI, un proyecto surgido en ese entorno y financiado en parte por los contribuyentes que Chuck representaba.

Sin embargo, el apoyo que más recordé y agradecí privadamente en la ceremonia catedralicia fue una beca "Consejo Mundial de Iglesias" que me permitió -en noviembre de 1979- viajar a Roma a estudiar sobre Medios de Comunicación en el Tercer Mundo.

Los beneficiados éramos tres: Baloo un inquieto periodista Indio que viajaba permanentemente; un anónimo combatiente eritreo que se reponía de una herida de bala en la garganta, recibida en los incomprensibles combates que enfrentaban a su guerrilla castrista/guevarista con tropas etíopes armadas y reforzadas por combatientes cubanos y rusos, y el director chileno de APSI.

El eritreo hablaba poco -no sólo por la bala en la garganta- sino por la cautela que aconsejaba extrema prudencia en el único lugar del mundo -PC eurocomunista mediante- que podían usar sus compañeros como retaguardia. Se expresaba mejor con los rifles de aire comprimido con los que batió todos los records de las atracciones navideñas de tiro al blanco, que lo llenaron de ositos de peluche, botellas de champagne y otros trofeos feriales máximos.

Investigamos mucho en el IDOC, un formidable centro de documentación sito en Piazza Navona, creado por los obispos católicos holandeses, naturalmente desconfiados de la curia, para el Concilio Vaticano II. Luego pasó a ser financiado por el Consejo Mundial y administrado por una solidaria pareja de un ex sacerdote y una ex religiosa, socorridos por dos considerables perros pastores alemanes.

Como no eran tiempos de holgura, luego de dos meses de soledad, invité a mi flamante esposa a sumarse a esta maravillosa experiencia romana para disfrutar de la luna de miel postergada precisamente por la aparición de esta beca. Nos juntamos para el año nuevo en París y regresamos a continuar con los estudios mientras compartíamos departamento de una Condesa Húngara exiliada en Roma, prodigiosamente ubicado en Piazza Barberini. 

Era plena época de la Brigadas Rojas y la noble empobrecida gastaba gran parte de sus mermados ingresos -como nuestro arriendo- en trancas para la puerta e ingeniosos seguros para evitar que discaramos el teléfono.

Más allá de su comentario diario que me calificaban como "giovanotto coragioso" por salir a las calles de Roma después de la caída del sol, disfrutamos unos días, un par de meses, maravillosos.

Nunca tuve, ya de regreso a Chile, oportunidad de agradecer a Chuck estos derivados de su beca. Pensé hacerlo en la Catedral, pero reconozco que esos muros solemnes y la presencia del Obispo me inhibieron.

Otra ventaja de las redes sociales es esta: poder decirle a Chuck que la beca fue de gran utilidad para mi trabajo, que conocí gente maravillosa y que fuimos muy felices.

Estoy seguro que lo entenderá sin sorprenderse. ¿O no es para eso que nos puso Dios en el mundo?

01 julio 2016

¿FIN DE LAS INSTITUCIONES DEL POST AUTORITARISMO?



El orden cultural mundial surgido de la post Segunda Guerra Mundial estuvo marcado por la necesidad de superar el autoritarismo que llegó a manipular la cultura convirtiéndola en instrumento propagandístico de los regímenes nazi, fascistas. La terminología internacional de Naciones Unidas llegó a hablar de "vida cultural" en lugar de cultura en sus textos, señalando con ello que más que instituciones que la sustentan y que fueron manipuladas por el autoritarismo, la vida cultural sobrevive a pesar de quienes la persiguen y manipulan a la vez.


En otras palabras, no hay dictadura capaz de erradicar comportamientos culturales de la población a pesar de que se castigue la práctica no oficial, como en la Alemania nazi o el régimen fascista español, o que además se retire todo apoyo económico público a ella, como en el Chile de Pinochet.

El Articulo 27 de la Declaración Universal de DD HH señala: "Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten". De las declaraciones oficiales han pasado más de 70 años y el autoritarismo que las motivó ha dejado paso, al menos en Europa y las Américas, a regímenes culturales respetuosos y estimuladores de las artes. Los casos más emblemáticos son, en Europa, Alemania que reemplazó el sistema fascista autoritario por un modelo liberal y federal en el que son los estados o "lander" quienes determinan las políticas culturales. Y en América, Chile, que estableció un modelo de Consejo de la Cultura semejante a aquellos Art Council nacidos en la misma post guerra, en el Reino Unido.

En los últimos meses, han entrando en cuestión algunas de las las instituciones nacidas entonces debido a que los países tienen orgánicas que no son necesariamente capaces de asumir los nuevos tiempos de inmigraciones masivas, emergencia de los pueblos originarios y universalización de las redes sociales y los medios electrónicos.

Cabe preguntarse por el papel que estos fenómenos nuevos juegan en la vida cultural de hoy.

Desde luego, no es posible acoger a las oleadas de inmigrantes que provienen de Asia, Africa y el medio oriente, sin conocer además su  cultura, sus costumbres, su religión. En la recepción a los refugiados no deben estar ausentes, por ejemplo, las iglesias que los van a acoger, las comunidades similares que ya habitan los países receptores y las escuelas y universidades que enseñan su cultura. Es decir, es una tarea que excede a un Consejo o Ministerio de cultura.

En el caso de los pueblos originarios ocurre otro tanto. Se ha dicho con insistencia que su incorporación a los países con los que comparten territorio, no es sólo un problema de tierras usurpadas sino también de entender, conocer y respetar su cultura ancestral.

En el caso de las artes, los medios electrónicos han hecho lo suyo. La música fue la primera afectada y los conciertos en vivo reemplazan a los soportes físicos como CD, discos o casetes. Conciertos que muchas veces se difunden mayoritariamente por redes sociales.

Incluso se habla de poesía digital, definida por el profesor Luis Correa-Diaz en Revista Aérea como "aquella que nace digitalmente, o sea, en-por-para (ser leída o experimentada) en el computador".

La narrativa y los audiovisuales transitan por caminos semejantes y los museos virtuales son una realidad. La verdad es que los creadores en internet abundan y el financiamiento por esta vía, el crowdfunding, ha venido para quedarse,

¿Cuál es entonces el nuevo rol de las institucionalidades culturales?

¿Cómo podrán asumir sus nuevos desafíos como acoger a refugiados e indígenas y sus vidas culturales; escuchar y procesar lo que proviene de las redes sociales y cómo apoyar la creación on line?

En este escenario parece tener poca relevancia si de dispone de herramientas A o B. Un Consejo o un Ministerio. Lo imprescindible es que estos nuevos protagonistas de la vida cultural estén y se sientan incluidos en ellas.

Parece aproximarse una nueva generación de institucionalidades culturales, ya no sólo respuestas libertarias al autoritarismo, sino de superación de aquellas y que respondan a un mundo que cambia vertiginosamente.


Un interesante debate sobre este tema con Lucia Maciel, Teixeira Coelho, Wolfgang Bader, Alfons Martinell  puede verse en el siguiente video: 

https://www.youtube.com/watch?v=SI-YsGPnr5A&list=PLaV4cVMp_odwY_Pc__theanU394UeARIj

16 junio 2016

¿CÓMO VIENE EL NUEVO MINISTERIO DE CULTURA?






La Comisión de Cultura, Artes y Comunicaciones la Cámara de Diputados, acaba de aprobar el Proyecto de Ley que crea el Ministerio de Cultura, enviándolo a la Comisión de Hacienda para continuar su tramitación. Los parlamentarios no acogieron la propuesta, de algunos de ellos, para que el Directorio del Consejo Nacional de las Culturas, las Artes y el Patrimonio interviniera en la designación de los agregados culturales; no obstante, modificaron el proyecto del ejecutivo, mejorando la participación, reforzando la equidad de género entre los integrantes de los diversos consejos y asegurando el carácter público de sus sesiones.


En la misma discusión legislativa, quedó sin modificaciones el artículo que pretende "Impulsar la construcción, ampliación y habilitación de infraestructura y equipamiento para el desarrollo de las actividades culturales, artísticas y patrimoniales del país y promover la capacidad de gestión asociada a esa infraestructura, fomentando el desarrollo de la arquitectura y su inserción territorial; asimismo, promover y contribuir a una gestión y administración eficaz y eficiente de los espacios de infraestructura cultural pública, y su debida articulación". Es una lástima que el Ejecutivo -¿Ministerio de Hacienda?- no haya acogido la indicación de agregar la mágica palabra "mantención" a los deberes del Estado con sus espacios destinados a la cultura.


Respecto de la discusión sobre la TV cultural, el proyecto ratifica que corresponderá al nuevo Ministerio, proponer al Presidente de la República "políticas y planes destinados a fomentar la programación y emisión de programas de relevancia cultural y patrimonial en los canales de televisión pública y en otros medios de comunicación pública".


El diputado Guillermo Teillier, vía indicación, sumó a los principios que regirán a la entidad, aquel de la Memoria Histórica, lo que fue aprobado por sus pares: "Reconocer a la memoria histórica como pilar fundamental de la cultura y el patrimonio intangible del país, que se recrea y proyecta a sí misma en un permanente respeto a los derechos humanos, la diversidad, la tolerancia, la democracia y el Estado de Derecho".


A las funciones y atribuciones del Ministerio, se agregó la de "crear políticas" modificando el proyecto original que hablaba de fomentar el desarrollo de las industrias creativas y de la economía creativa, por “crear y fomentar políticas” para el desarrollo de las mismas, “fortaleciendo el emprendimiento creativo”.

Se realizaron cambios a la composición del Consejo Nacional, especificando que formarán parte de él los Ministros de Relaciones Exteriores; Educación, y Economía, Fomento y Turismo o sus representantes, quienes deberán ser funcionarios de dichos ministerios.

Los dos académicos vinculados a los ámbitos de las artes y el patrimonio, que en el proyecto eran nombrados por el Ministro, de una quina, pasarán a ser designados directamente por "Instituciones de Educación Superior reconocidas por el Estado y acreditadas por un período de, a lo menos, cuatro años". Al menos uno de ellos deberá ser de una región distinta a la Metropolitana, asegurando la representatividad de ambos sexos. Tal representatividad de sexos, involucra también a las otras designaciones en el Consejo.

Una novedad es que las sesiones del Consejo serán de carácter público, "pudiendo utilizarse diferentes medios y tecnologías disponibles para tal efecto".

Se agregó una nueva función a las Secretarías Regionales Ministeriales, las que podrán "proponer al Subsecretario del Patrimonio, políticas, planes y programas patrimoniales regionales, manteniendo una coordinación y colaboración permanente con la dirección Regional del servicio Nacional de Patrimonio Cultural".

En espejo con el Consejo Nacional, se suman a los Consejos Regionales los secretarios regionales ministeriales de Educación y de Economía, Fomento y Turismo; se consagra la representatividad de ambos sexos y el carácter público de sus sesiones. Se le entregan facultades a los concejos municipales para participar en la designación del representante de los municipios de cada región, que será "elegido por sus alcaldes, ratificado por sus concejos respectivos".

Respecto de los funcionarios, debiera esperarse su satisfacción, pues aseguraron en el proyecto que el reglamento que los rija "deberá, necesariamente, contemplar la participación de la o las entidades nacionales que agrupen a las asociaciones de funcionarios del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, y de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos".

Entre las propuestas fallidas, el diputado Teillier, propuso la creación de "un Escalafón de Fiscalizadores cuyos funcionarios tendrán el carácter de ministros de fe respecto de hechos constitutivos de infracciones en el cumplimiento de la normativa de la cultura, las artes y el patrimonio". Su autor manifestó reconocer el carácter inadmisible, mas no inadecuado, de la indicación, pues es notoria la falta de fiscalización en estos servicios. Agregó que hay que defender el patrimonio con herramientas adecuadas. La indicación fue declarada inadmisible.

Un aspecto a tener en cuenta en adelante, coherente con la idea de reconocer la memoria histórica como pilar de nuestro patrimonio.

Hace falta.

14 junio 2016

GRATUIDAD Y EL VALOR DE LA CULTURA




Podría interpretarse como un signo de los tiempos. El anuncio de creación de un centro cultural destinado a la promoción de las artes visuales, en el antiguo aeropuerto de los Cerrillos, ha devenido en un debate sobre la escasez de recursos para la cultura. Pero en una dirección equivocada, esto es, respecto de qué otro destino pudieran haber tenido aquellos fondos, algo así como ¿Y porqué no me los dan a mí?


El humorista del diario El País, El Roto, el 11 de junio, ironizó con el hecho -lamentablemente reiterado en el mundo- que suele valorarse la cultura, pero no hay disposición a pagar por ella. Lo que se puede aplicar a que estoy dispuesto a recibir recursos públicos -que por alguna razón merezco-, pero no a hacer el esfuerzo de complementarlos con mi gestión, ni a desplegar socialmente las razones que demostrarían que los requiero, ni menos expresar la voluntad de compartirlos.

Es la cultura que parece predominar en los museos públicos que pertenecen a instituciones -como la DIBAM o la Universidad de Chile- que durante décadas estuvieron a cargo del desarrollo cultural del país, con una sola fuente de financiamiento: el Estado. Cuando éste diluyó el aporte económico durante la dictadura, se generó un sentimiento de castigo que no ha podido ser permeado por nuevas estrategias de desarrollo de las artes y la cultura que recorren el país desde el retorno a la democracia.

Por ello, ponen el ojo en iniciativas como un Ministerio que piensan -equivocadamente- reverdecerá los laureles de los aportes gubernamentales sin requerir a cambio planes de gestión, trabajo de formación de audiencias u otros beneficios sociales. O en salir a la palestra reclamando fondos cuando otros parecen recibirlos.

Entonces, reaparece la conclusión anunciada: "el Estado destina pocos recursos a la cultura". Es verdad, somos un país con muchas otras prioridades, pero, a cambio, se pone a disposición del mundo cultural mecanismos y estrategias para incrementarlos. No otra cosa son los fondos concursables, la ley de donaciones (o estímulos tributarios), las corporaciones y fundaciones, el coworking, las asignaciones directas por glosa presupuestaria y tantos otros como creatividad hay en sus impulsores.

Son emblemáticos los casos de dos corporaciones culturales -Balmaceda Artejoven y Matucana 100- que fueron sometidas hace seis años al injusto escarnio de reducir sus aportes fiscales a la mitad, que sin embargo, pudieron sobrevivir y crecer gracias a una intensiva y profesional gestión.

En la línea de reforzar y multiplicar por la vía de la inversión adecuada los escasos recursos públicos, se inscribe la propuesta de crear un Consejo Nacional de la Infraestructura y la Gestión, sólidamente instalado en el "espíritu" del proyecto de ley que creará el Ministerio de Cultura más no en su articulado, que permitirá a los propios gestores de espacios culturales ponderar y asignar recursos públicos a aquellos espacios públicos o privados que, fundadamente, lo requieran.

La cultura es valiosa y tiene un costo, aunque en ocasiones parezca gratis, lo que no es real. Alguien paga por ella. Jorge Orlando Melo, ex Director de la Biblioteca Luis Ángel Arango de Colombia, señala: “Si se quiere que el arte llegue gratuitamente al público, se afirma la obligación de todos los ciudadanos de pagar impuestos para sostener a los artistas y creadores, sin que se resuelva el problema de la independencia de la cultura, amenazada según distintas perspectivas por el mercado mismo o por el Estado, que usa el apoyo a la cultura para legitimarse y para legitimar sus políticas, o por las empresas privadas que a través de sus actos de mecenazgo exhiben su generosidad, orientan el arte para debilitar su espíritu crítico o cubren los rasgos negativos que pueden afectar sus marcas”.

Lo que se agrava porque, normalmente, lo gratuito no ocurre en espacios destinados a la cultura –que no pueden sostener una política de gratuidad permanente- sino en lugares públicos que no pueden sostener una política de programación cultural estable. Por tanto, hay una contradicción. En ese caso es preferible optar por el espacio cultural, pues es capaz de formar audiencias culturales no ocasionales.

Otra estrategia son los precios diferenciados. Desde cobrar el precio real (para quién trabaja y está en edad productiva), el precio rebajado (para estudiantes y adultos mayores) y el precio subsidiado (para sectores carenciados). La gratuidad total debe reservarse para casos muy calificados y que manifiesten explícitamente su interés y su imposibilidad de pago. Ello son, normalmente, quienes más valoran la cultura.

Cuando la cultura es gratuita es difícil establecer cuánto hay de interés real del público y cuánto de “aprovechar la ganga”. Por ende es complejo discriminar si estamos cumpliendo con una práctica de difusión o con una política de formación de audiencias.

Es aconsejable exigir un gesto previo a la asistencia a un acto gratuito, como retiro de entradas con anticipación, con un límite de asientos; visitar una página web y bajar la entrada… Esto permite, además identificar ante el público quién es el que está pagando por usted, entregando la información correspondiente. 

Se evita así la idea equivocada de que la cultura es gratis. 

Es muy valiosa pero, además, tiene costo.