04 noviembre 2022

BOLAÑO Y LA ACADEMIA




El oficio de Roberto Bolaño -o de sus personajes- de trabajar como cuidador nocturno de campings tiene sus misterios. Un viaje al maravilloso desierto florido que cubre el norte de Chile este 2022, me permitió experimentarlo y celebrar, por anticipado, el retorno de un viejo club de fútbol a aquel lugar del que nunca debió salir: Magallanes vuelve a primera división.


Fue la primera vez de una larga vida en que viajamos, con una pareja de amigos, en su motorhome, atraídos por el fenómeno natural que sigue -a decir de los lugareños- como premio, a los desbordes que causan graves destrozos debido a las inundaciones provocadas por las intensas lluvias del invierno cordillerano.


Primero, dormimos en un protegido camping ubicado en medio de un Parque Nacional que bordea el Océano Pacífico, en las cercanías de Huasco: los Llanos del Challe. La noche fue tranquila, a pesar que fuimos vecinos de un amplio campamento de un colegio de quinceañeras que guardaron un sorprendente buen comportamiento.


La segunda noche nos esperaba en Bahía Inglesa. Luego del pertinente asado (la parrilla y sus aditamentos tiene privilegiado lugar en el motor... ) di unas vueltas por el enorme terreno arenoso, prácticamente desierto y comprobé la soledad de los amplios baños comunes. Parecía que el único estropicio serían un par de copas quebradas por una mala maniobra gimnástica. Los afanes de emular a Bolaño quedarían para el día siguiente.


A media mañana, comenzaron a aparecer algunas personas -pocas- vistiendo unas poleras de la selección Argentina... nada extraño, en vísperas de un caluroso mundial de fútbol. Al regreso del almuerzo, en uno de los competentes restaurantes de Bahía Inglesa, los "argentinos" ya eran multitud, y... no eran argentinos. Una playa "del chuncho" convenientemente ilustrada en una roca del vecino balneario, había despertado alarma futbolísticas: eran hinchas de Magallanes. 


No recuerdo haberlos visto en esa cantidad las veces que me tocó compartir alguno de los "programas dobles" en el estadio Nacional, donde la vieja academia solía animar un armonioso preliminar que antecedía un segundo partido menos musical y más gritón.


Ya en la piscina del camping se hicieron escuchar, también en la playa vecina, en los baños colectivos y donde quiera que alzara la vista. Eran muchos, muchas, jóvenes, viejos, entusiastas de mediana edad, que fue imperioso investigar.


Se trataba de que Magallanes, equipo de segunda división del futbol profesional chileno, estaba al borde de ascender a primera y esa noche esperaban celebrar tan magno acontecimiento que coronaría 36 años de ausencia, jugando en la vecina Copiapó.


La "barra oficial", banda incluida, había optado por viajar de noche, pasar el día en Bahía Inglesa, relajarse, beber algunas cervezas, darse un ruidoso chapuzón y luego una reparadora ducha para luego subir a los buses que los llevarían -si triunfaban, como estaban seguros- a acceder a la serie de honor. 


El regreso a Santiago, sería esa misma noche, saboreando, esperaban, el dulce sabor de la victoria. Contagioso entusiasmo. Varios celulares entonaron -youtube mediante- el "Manojito de claveles" mientras la fervorosa hinchada caminaba sin prisa, pero sin dudas, hacia los buses que se dirigirían al estadio de Copiapó.


Los despedí con su misma convicción, les deseé suerte y respondieron que, en el peor de los casos, celebrarían el siguiente partido, en su estadio de San Bernardo. 


Ni Bolaño habría imaginado que pasó lo peor, "fueron saqueados" y luego de ir venciendo dos por cero, terminaron empatados a dos y la angustia se prolongó otras dos fechas. Por cierto, esa noche, el asado se acompañó de la transmisión del encuentro en Copiapó y acompañamos más adelante, vía radial, a la vieja Academia hasta que finalmente pudieron celebrar junto a toda una comunidad futbolera que recibió la noticia con tanta alegría como esos sacrificados hinchas que viajaron dos noches seguidas.


El campeonato del equipo ostentador del lema que "en el mundo no hay pinceles para pintar sus colores" ha pegado fuerte, periodistas deportivos, escritores -como Ramón Diaz Etérovic y su policial personaje, Heredia- han manifestado su alegría sincera.


Ocurre que hacía tiempo que desde las canchas no venía una noticia de las buenas: partidos suspendidos por falta de estadios o por fuegos artificiales lanzados desde las tribunas; encuentros sin presencia de la barra visitante debido a su reiterado mal comportamiento, y una serie de desaciertos directivos que nos han llevado cerca de la crisis y lejos del próximo mundial.


Es que, quizás, Magallanes ha encarnado la esperanza de que, pese a todo pueden venir tiempos mejores. El adelanto para ello pareció provenir de un camping, de esos que Bolaño cuidaba con menos esmero que pasión por aprovechar la tranquilidad de la noche, para escribir. Bien hecho, Roberto.


En una de esas logras que Magallanes gane la Copa Chile.



20 julio 2022

UNA CINCUENTENARIA INDUSTRIA DE IMAGENES

Texto leído en la presentación de la la reedición de Colección Cuncuna, hecha por la Editorial de la USACH, en el Centro Cultural Palacio de La Moneda, en presencia del Presidente Gabriel Boric.

Pool fotográfico de Quimantú


Voy a comenzar por una afirmación fuerte: Quimantú fue una industria de imágenes. Sí, a pesar que su principal rubro fue la impresión de libros, es posible afirmar que fue una adelantada, para su tiempo, en el trabajo de la imagen. De hecho su recuerdo está principalmente asociado a ilustraciones: su logo; portadas señaladas; historietas; coloridos Cuncunas...


Me atrevería a sostener que la primera idea de su impulsor, el Presidente Salvador Allende fue una imagen mixta: una botella de medio litro de leche y un ejemplar de texto de estudios. Porque esa fue, según su biógrafo, el historiador español Mario Amorós la gran obsesión de Allende: alimento físico y espiritual para los chilenos. Incluso, agrego que mi experiencia personal con esta lectura es la de un niño desnutrido, con piernas flacas, barriga abultada y mocos colgando. Un mocoso.


Para enfrentar y superar esa realidad, la compra de Zig Zag vino “de perillas”, como suele decir Condorito (revista impresa en Zig Zag y luego Quimantú): 

- una imprenta enorme, con tecnología de vanguardia, a nivel latinoamericano, en la impresión a color -en prensas planas y sobretodo, rotativas- de úlima generación: offset y rotograbado

- un formidable equipo de historietistas -único en Chile-, capaz de producir grandes tiradas de lo que muchos hoy llaman con el anglicismo comic pero que los trabajadores Q llamaban simplemente “los patos”, aludiendo a la serie de revistas Disney que imprimían

- además de guionistas -en orden de aparición- trazadores, aplicadores de tinta china, letristas, aplicadores de colores (en varias camisas, de papel mantequilla, cada una con un color primario), supervisores y… sociólogos (que aparecieron con Q) la empresa contaba con

- obreros de las secciones de fototono, prensas planas y rotativas , corrección de pruebas, que eran verdaderos controles de calidad y sabían distinguir perfectamente una buena de una mala aplicación de colores y una buena de una deficiente impresión

- un departamento de publicidad que se encargaba de la elaboración de spot para televisión y avisos gráficos para difundir sus publicaciones en aquellas que le pertenecían

- expertos diagramadores y diseñadores de portadas (para los libros) que trabajaban intensamente pues había colecciones de aparición semanal, que circulaban en quioscos y por lo tanto, debían resaltar en medio de centenares de revistas y diarios que colgaban habitualmente, que se refrescaban cada día, tanto en su portada (caso de los diarios) como en su ubicación en el quiosco pues eran sacados al final de cada día y muchas veces modificada su ubicación durante la misma jornada, por los propios quiosqueros, según “el movimiento” que tenían

- varias decenas de fotógrafos, agrupados en un Pool, que reportaban a una jefatura única y entregaban su trabajo a un completo Archivo central, administrado por una completa sección de Documentación

- un conjunto amplio de ilustradores que colaboraban con los textos para los diversos niveles de escolaridad, que eran editados por Zigzag

- un jefe/maestro como Joaquín Gutiérrez, para mi fortuna, autor de un clásico de la literatura infantil costarricence: Cocorí que me acogió como aprendiz


En esa pléyade de profesionales que trabajaban habitualmente con las imágenes, se me encargó crear una colección de libros infantiles.


La sabiduría estaba al alcance de la mano, en los propios talleres y oficinas de Q. Solo debí agregarla -gracias a la generosidad de compañeros y compañeras- a la vasta experiencia lectora que, afortunadamente, me fue tempranamente estimulada por mi abuelo Arturo, mis padres, profesores y más de alguna academia literaria y revistas escolares.

Entonces, me dediqué a preguntar. Formato, tipos de papel, tamaño de letras, número de páginas para no perder papel en los cortes, cantidad y tipo de impresión a color… Incluso el logo y nombre de la hoy cincuentenaria Cuncuna, surgió de una conversación con el equipo de diseño de la División Editorial, por cierto mientras ellos dibujaban, casi distraídamente, y yo absorvía hasta sus miradas

Mi papel fue seleccionar -con la indispensable ayuda de ese gigantesco lector Alfonso Calderón- cuentos para proponer y, una vez aprobados, encontrar el ilustrador más indicado.


Así llegaron hasta mi oficina del tercer piso en Avenida Santa María -la oficina de Cuncunita- quienes hoy siguen deleitando a niños y adultos con sus pinceladas: NATO, que me embelesaba desde su travieso Cachupín en la última página de revista Estadio; Guidú y Jalid Daccaret que bajaban desde el séptimo piso donde vivía Cabrochico, y Tex que, después, desde su exilio me siguió acompañando en APSI.


Nada de esto estaría sucediendo hoy acá si no hubiese aparecido, un día, muchos años después, Galo (parece seudónimo de ilustrador francés) y en otra apasionada conversación surgió la idea de la reedición. 


Lo sorprendente es que esa nueva versión se presenta en la residencia de la Cineteca Nacional, el repositorio de nuestra imagen en movimiento.


Las imágenes siguen acompañando a Cuncuna y, termino, me han regalado otro texto, de cine reciente, que explica el fenómeno que presenciamos.


La maravillosa película mexicana COCO, a la que nos invitó mi nieto Rafael, deja la lección -cual Cuncuna- que la personas viven mientras los demás las recuerdan.


Muchas gracias, Galo, Catalina, Consuelo, Maria Isabel, Claudio, Guillermo, Nicolás a la Editorial de la Usach y a ustedes, por permitir que este trabajo siga existiendo.

05 julio 2022

CUNCUNA EN EL MOSTRADOR




"Fuimos pioneros en paridad de relevancia entre autores del texto y de ilustraciones, así como en la selección de autoras y autores, ilustradores e ilustradoras. Hace solo 50 años. Por ello la editorial de la USACH la califica hoy como “La revolución del libro infantil chileno”, así celebra la cuenta de tuiter @quimantúvive la publicación del 4 de julio de 2022 en El Mostrador titulada "Reeditan cuentos infantiles e ilustrados de Quimantú, la mítica editorial de la Unidad Popular".


En ella, dos especialistas en literatura infantil, autores del ensayo que acompaña a las reediciones ya mencionado, exponen: “Para el gobierno de Allende niños y niñas eran una de las máximas prioridades. Cuncuna es reflejo de eso. Escritores, editores, ilustradores y trabajadores estaban comprometidos para realizar los mejores libros posibles para aquellos que históricamente excluidos” señala Isabel Molina Valenzuela. 

 Por su parte, Claudio Aguilera dice: "Cuncuna es una colección pionera de lo que sucede a nivel editorial en la literatura infantil chilena. Fueron precursores de lo que hoy llamamos libro-álbum, en el cual interactúan texto e ilustración con la misma importancia en el rol de las ilustradoras”.

Muy recomendable la lectura del señalado artículo.

25 junio 2022

CARLOS IGNACIO JULLIAN Y SUS LIBROS




 

Fue de esas personas que deja huella. Daba la impresión que todo lo hacía bien, un destacado atleta y futbolista, a pesar de su esmirriado físico escolar. No extrañó cuando supimos que estudiaría arquitectura como tampoco que enfilaría sus pasos hacia Francia, donde un hermano, mayor, hacía su propia carrera. Lo que sí me extrañó fue cuando llegó a regalarme su primer libro. Carlos Ignacio es poeta.


Sospecho que a él también le extrañaba esta condición literaria pues usó seudónimo: Camilo Saint Claire, dejando a Carlos Ignacio como encargado de los "dessins" de "A-lizes et autres vents". Tuve el privilegio de recibir de sus manos el número 73 de la edición numerada, tuvo la generosidad de destacar que la impresión había sido gentileza de nuestros compañeros de estudios, Chicho Middleton y Ramiro Urenda. 

Más allá de la dedicatoria- exploratoria del libro de 2013, (la del segundo libro ya afirmaba "por que sé que tu te interesas por este tipo de cosas"), conversamos mucho de sus poemas que reflejan su condición bilingüe y su pasión por ilustrar.

"MI QUERIDA A.MIGA qu'est-ce que je peux te raconter?, publicado en septiembre de 2019, poco antes que todo se desbaratara por la pandemia, tiene a Carlos Ignacio solo como intermediario del encuentro de los dos autores, amigos comunes: el vulcanólogo chileno de origen haitiano, Camilo Saint Claire y la paisajista francesa Aleth de Crécy-Koch.

Postulo que sus libros son una manera de relacionarse, una forma de desarrollar la "amities" palabra presente en ambas dedicatorias. Una vez exhibido el libro, la conversación es su reflejo: palabras en castellano, otras en francés; ideas expresadas en esas palabras y otras en imágenes. 

Siempre con la confianza que volveríamos a vernos, como las amities. De pronto un correo, una invitación a una muestra en París, agregando la certeza que allí me esperaba.

Los libros me hacían tenerlo cerca, por su autor (enmascarado en seudónimos sugerentes) por su belleza física, su colorido. De aquellos libros pequeños, delgados, como él, que siempre sabemos dónde están. En aquella repisa de poesías y en el corazón.

Allí seguirán, Carlos Ignacio.

Au revoir.





16 junio 2022

EL SISTEMA DE PRENSA EN CHILE (1973-1984)


Corría 1985 cuando dos ONG's opositoras a la dictadura organizaron un Seminario para debatir temas de prensa y cultura: CENECA y CED. En esa ocasión, me encomendaron un estudio sobre la situación de la prensa durante los primeros años  del régimen militar. En él, a partir de la presencia de la prensa en la Constitución de 1925, aún vigente, se analizó cómo el sistema completa había sido desbaratado, tanto por la clausura de medios escritos y radiales como por la intervención de los medios televisivos, a través de los rectores delegados de las universidades, propietarias de los canales existentes. El texto completo fue digitalizado gracias al trabajo del profesor chileno Tomás Peters y puede encontrarse en el siguiente vínculo:

http://www.archivoceneca.cl/2018/08/08/el-sistema-de-prensa-en-chile-bajo-el-gobierno-militar/


El año siguiente, 1986, junto a la investigadora María Elena Hermosilla, el presidente del Colegio de Periodistas de Concepción, Mario Aravena y cuatro colegas de la ciudad, realizamos una investigación sobre la situación de la Prensa y la Radio en la región del Bío Bío. Gracias al mismo esfuerzo de Peters, ese estudio puede encontrarse en:

http://www.archivoceneca.cl/2018/08/08/prensa-radio-y-television-region-del-bio-bio/


Parece relevante destacarlos hoy, que entramos en una nueva fase constitucional como país y, por tanto, en una nueva etapa del sistema de prensa nacional.

10 junio 2022

PINOCHET V/S GARCÍA MÁRQUEZ



Corría el mes de noviembre de 1986, la dictadura había comenzado su declive, el país se preparaba para recibir al Papa Juan Pablo II, sin embargo reinaba el Estado de Sitio que permitía a la autoridad intervenir la correspondencia. Fue lo que ocurrió con cargas a mi nombre, como representante en Chile de la Editorial colombiana Oveja Negra, que navegaban hacia Valparaíso con destino la feria del libro de ese año. Esos 15 mil ejemplares de un libro del Premio Nobel Gabriel García Márquez, serían el último episodio de una disputa que había comenzado poco después del golpe militar de 1973, cuando "Gabo" anuncio al mundo que dejaría de escribir mientras Pinochet estuviera en el poder.



Waldo Carrasco decidió revisar el capítulo de los libros quemados en Valparaíso, por orden del dictador, en una interesante conversación que sostuvimos, a inicios de junio de 2022 y que permanece registrada en la página de youtube de Libros y Bibliotecas. 


02 junio 2022

EL DULCE ENCANTO DE DONAR

Fotografía de Luis Navarro Vega, generosamente donada al autor.

 

El sabio consejo de amigos de mayor experiencia, el apoyo de colegas documentalistas y la generosa acogida del Archivo Nacional, conspiraron para que, luego de recibir una veintena de cajas con los documentos de treinta años de trabajo en gestión cultural, participación en dos períodos en el Directorio del CNCA, apuntes de clases, registros de viajes al exterior, seminarios, conferencias y asesorías varias me sumergiera -literalmente- en papeles, documentos, escritos, actas y grabaciones para preparar, razonablemente clasificados, una donación.



Es difícil explicar la doble satisfacción de revisar tantos momentos que resultaron de utilidad para diferentes trabajos en el ámbito de las políticas culturales y la gestión y a la vez sentir que podrán ser de utilidad para otros -estudiantes, colegas, curiosos- desde los pulcros archivos de un servicio público de excepción.

El primer inspirador fue el poeta Pedro Lastra que donó  parte de su rica biblioteca con originales, muchas veces dedicados por sus autores, a la Universidad Católica. Luego vinieron las visitas -pandemia mediante- de colegas estudiosos que valoraron el material y sugirieron acciones concretas para "ponerlos en valor". Así fueron dándose pequeñas donaciones a docentes del magíster y postítulo de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, dónde doy clases desde comienzos de siglo; a ganosos profesionales jóvenes que asumen, responsabilidades en el gobierno de la nueva generación; a la organización gremial en que participo, y al Museo Histórico Nacional, en algunos aspectos específicos (desde un antiguo teléfono a documentación familiar).

Reconozco que tengo prontuario: había donado antes, al Museo de la Memoria, los antecedentes de dos episodios en los que me toco participar durante la dictadura: la incineración, en noviembre de 1986, de 15 mil ejemplares de un libro de García Márquez editado por Oveja Negra, editorial que representaba en Chile, y la grabación de la dolorosa entrevista a Joan Manuel Serrat, realizada en vuelo, cuando intentó -sin éxito- ingresar a Chile para participar en la última concentración de los partidarios del NO, un par de días antes del 5 de octubre de 1988.

Comprobé que dicho Museo, conservaba con diligencia los materiales, los tenía a disposición de los miles de visitantes e incluso los utilizó, en parte, en algunas muestras temática fuera del recinto.

Además, me cacé en mi propia trampa. En este mismo blog y el libro sobre financiamiento cultural que publicó Ril editores en 2006, me he manifestado como un fuerte partidario de la filantropía. Pasión recientemente recordada por la hermosa restauración del edificio de la Bolsa de Comercio de Valparaíso acometida por la Universidad Federico Santa María en homenaje a su fundador, el filántropo que dio su nombre a la universidad porteña.

Vistas así las cosas, me resultó imperioso donar aquello que "puede servir algún día como apuntes al verdadero historiador", en palabras del bisabuelo cronista Leandro Navarro o, simplemente, para que otros no cometan los mismos errores.

De ahí esta incitación a donar. No se arrepentirán.


01 junio 2022

LA CULTURA EN EL PRIMER MENSAJE DE BORIC


1º de junio 2022, primera cuenta pública del Presidente Gabriel Boric. No había grandes trascendidos en material cultural, sus agentes y autoridades disfrutaban aún de una exitosa jornada del Día de los Patrimonios, acontecida el fin de semana anterior. Se vivía el ajuste de las nuevas designaciones de la Ministra Julieta Brodsky en las diversas corporaciones y fundaciones culturales que integra. Cuándo, ¡oh sorpresa!, llegó un contundente discurso presidencial con excelentes anuncios para el sector. Veamos.


Los párrafos correspondientes de la maciza Cuenta, comenzaron así: 

“La cultura es ese espacio donde se encuentra la creación de las y los grandes artistas, con el patrimonio y las prácticas cotidianas de los pueblos de Chile. La cultura es el trasfondo que da sentido a nuestra mirada y pone textura y color en los lazos que unen a nuestra patria. La cultura es en definitiva el espíritu de un pueblo, y como tal debemos tratarla".

Una definición correcta y un llamado a asumirla y bien tratarla.

Continúa:

"Y sabemos que lo han pasado mal. Por ello, a partir de julio, entregaremos un apoyo de 450 mil pesos a 30 mil trabajadores y trabajadoras del sector cultural, y además, desarrollaremos estrategias regionales que tengan como objetivo la reactivación económica del sector, con un tratamiento diferenciado en el plan paso a paso que se haga cargo de la realidad particular de la industria."

El tanto tiempo esperado reconocimiento a las enormes dificultades que trabajadoras y trabajadores de la cultura sufrieron por el estallido social, la pandemia y la desidia del gobierno anterior. Con una precisión justa: el objetivo -obvio pero invisibilizado hasta ahora- la reactivación económica del sector con particularidades, caso a caso y énfasis regional.

Lo que sigue es la mirada de futuro: "Pero debemos pensar también mas allá de la emergencia". La misión del estadista.

"Necesitamos revisar la forma en cómo nuestra sociedad concibe el trabajo cultural. Junto a sindicatos, gremios y trabajadores, elaboraremos un proyecto de ley que cree un Sistema Nacional de Financiamiento Cultural que junto con un futuro Estatuto del Trabajador Cultural, nos permitan transitar de la precarización de las y los trabajadores de la cultura a condiciones dignas que valoren como corresponde su esencial labor. Le he encargado esta tarea con mucho énfasis a nuestra Ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio".

Hace quince años escribí un libro  -"Cultura ¿quién paga?"  de Ril editores- cuya tesis central es que el desarrollo cultural de un país depende de quién o quienes lo financian. Hasta ahora marchábamos, desde el regreso a la Democracia, con dignidad por el camino de aportes fundamentalmente públicos, con asignación a través de consejos participativos y vinculantes integrados por pares de los beneficiados. Ese camino sufrió un retroceso con la creación, en 2018, de un ministerio que amputó las facultades vinculantes y reforzó la burocracia creando dos subsecretarías con duplicidades hasta ahora no resueltas. 

Por ello, la creación de un Sistema de Financiamiento augura ser una buena noticia en el que convivan y se coordinen los recursos públicos, privados y de las industrias culturales y puedan superarse las injusticias de centros culturales adscritos a millonarias glosas presupuestarias  anuales mientras otros agentes culturales son dejados a la suerte del autofinanciamiento y la concursabilidad, evidentemente creada para otros justos fines.

También constituye un gran avance el Estatuto del trabajador cultural, para prever futuras crisis que, como la pandemia, sorprendió al sector sin datos sobre sus integrantes y un ministerio sin capacidad de respuesta al respecto.

Termina, Boric con la reiteración de una promesa de campaña:

"Además reitero nuestro compromiso que durante nuestro período de gobierno llegaremos, al menos, al 1% del presupuesto destinado a cultura. Esto lo afirmo porque tengo la más profunda convicción de que el desarrollo de un país no puede medirse sólo en función de su acceso a bienes, servicios y consumos, sino también en cómo trata, respeta y apoya la cultura en sus más diversas expresiones”.

Es verdad, el desarrollo de un país debe medirse en el trato, respeto y apoyo público a la cultura. 

Un camino a recorrer.

26 mayo 2022

EL PATRIMONIO DESDE LA ALTURA

Subsecretaria Paulina Soto Labbé y Directora del Museo Histórico Nacional en la presentación de los Días de los Patrimonios 2022


No hay caso, nuestro querido Museo Histórico Nacional es un símbolo ineludible, ubicado en el kilómetro 0 de Santiago, la Plaza de Armas; enfrentado al Conquistador Pedro de Valdivia; vecino de la alcaldía de la ciudad capital y cercano, muy cercano, a la catedral de los católicos, el museo sigue siendo el depositario de nuestra historia y vocero de nuestro futuro.


Así como simbolizó el derrumbe del atrabiliario proyecto de un museo de la Democracia que vociferó un gobernante anterior, expresado en un ridículo traslado hacia la vecina plaza de la "locomotora" que presidía su patio principal, empujada, como esclavos egipcios de una idea desorbitada, por las avergonzadas autoridades patrimoniales del momento, hoy, la nueva autoridad patrimonial, eleva la mirada, reinaugura su torre y mira la ciudad y la historia desde la altura que merece.

En efecto, nuestro patrimonio permanece en buenas manos, sobre todo en buenos ojos. Las autoridades del gobierno anterior solo miraron, sin altura, iglesias y vergonzantes "palacios" para demostrar su amor a lo antiguo y a su personal confort. Solo pueden mostrar un fracasado proyecto de ley de participación simulada pero propaganda pertinaz y la restauración de un discreto palacio de la capital, para ... sus oficinas.

Se justificaron en que estaban recuperando un espacio para acompañar y acoger a los convencionales de la futura constitución, sabiendo que sus discretos espacios solo podrían recibir fragmentos de los 154 constituyentes y su cafetería solo podría mal alimentar a un puñado de ellos.

No obstante, no hay mal que dure cien años y bastó un cambio de gobierno y de ministra, para que la nueva autoridad, Julieta Brodsky, descartara la restaurada oficina de Consuelo Valdés y regresara al lugar que la Ley le asignó: la sede principal en el edificio del ex Correo de Valparaíso y las modestas oficinas de calle Ahumada.

Paralelamente, la subsecretaria Paulina Soto Labbé, recoge y amplifica la tradición nacida de La Moneda del Presidente Ricardo Lagos y la Biblioteca Nacional de Marta Cruz Coke, para convocar a un par de días del Patrimonio, logrando una entusiasta adhesión post pandémica animada por la visión ampliada y contemporánea del patrimonio vivo, material e inmaterial, agregando los merecidos y valiosos testimonios de los pueblos originales de este territorio llamado Chile.

Mientras la mas impactante noticia patrimonial del período anterior fue el descubrimiento del robo de 20 piezas de colección histórica por parte de un empresario ladrón, más tarde apresado, liberado por la justicia y robado por quienes optaban a cien años de perdón. Ello dejó en evidencia el descuido con que se (mal) vigila el patrimonio estatuario en cementerios, plazas y otros lugares públicos, que terminan. alimentando la arcas de anticuarios inescrupulosos.

La mirada de la subsecretaria, el éxito de su convocatoria y la insistencia en que el patrimonio es tarea de todos y todas augura que, al menos desde el gobierno que se inicia, tendremos buenas noticias para vigilar y bien usar aquello que el tiempo, la tradición y el propio presente nos lega.

En ello, el Museo Histórico seguirá contribuyendo, acogiendo nuevas piezas, como aquel vestido que lució doña Leonor Oyarzún la noche en que, aferrada de la mano de su esposo, el Presidente Patricio Aylwin, cruzó en medio de un escrupuloso silencio de la multitud, por una alfombra roja que quedó horadada por sus tacos, en un estadio Nacional repleto de chilenos y chilenas que saludaban el retorno a la Democracia, a la espera de una inconmensurable bandera chilena que cubriría todo el césped del coliseo deportivo, mientras se escuchaba, la canción nacional.

Ese vestido, donado recientemente por la familia Aylwin, que hoy reposa en el museo, habla mucho más de Democracia que esa frustrada idea de un museo, luego sala, hoy solo un penoso y deshilachado recuerdo.

Así se escribe la Historia y así la acoge nuestro Museo Nacional.

23 mayo 2022

BABIECA, TIZONA y CUNCUNA

 


Prólogo al texto "La revolución del libro infantil chileno", de Claudio Aguilera y María Isabel Molina, que forma parte de la caja que editó le Editorial USACH, en mayo 2022, con la reedición de cinco ejemplares de Cuncuna de Quimantú.

Una de las lecturas favoritas de mi infancia fue ‘El cantar de mio Cid’, más por su persistencia y actos heroicos aún después de muerto, que por el contenido de su gesta. La imagen de don Rodrigo, su espada Tizona y su caballo Babieca, me impresionaron por esa dosis de inmortalidad que, aún, los acompaña.

Fue uno de los tantos personajes que se me cruzaron por la mente -junto con Papelucho y Naricita, de Monteiro Lobato; don Quijote y Sancho; Papelucho y tantos más- cuando, repentinamente, Tomás Moulian, en 1971, me espetó que deseaba que me encargara de los libros infantiles. 

Habría sido solo un buen consejo de un amigo y maestro, si está breve escena no hubiese acontecido en la oficina del director del Departamento de Libros de la Editora Nacional Quimantú.

Acepté de inmediato, casi sin apreciar la frase que seguía “y los textos escolares”. Tenía 20 años y me consideraba un conocedor reciente de aquellos pedagógicos libros, de dudosa utilidad, en algunos casos. Solo que la frase implicó que en tres años debí encargarme de la producción de varios millones de ejemplares. Pero ese es otro cuento.

Los cuentos que hoy nos ocupan, en estricto orden de publicación, son:

La flor del cobre

El gigante egoísta

La guerra de los yacarés

El tigre, el brahmán y el chacal

Los geniecillos laboriosos

Emergidos de las entonces clásicas plumas de Marta Brunet; Oscar Wilde; Horacio Quiroga; la sabiduría hindú, versionada por Linda Volosky, y los hermano Grimm. Todos encarnaban perfectamente los valores de Democratizar (así, con mayúscula, como le gusta a Gabriela Mistral) la cultura, que buscábamos en Quimantú.

Solo me correspondió editar los maravillosos textos y escogerl el pincel del ilustrador que los pondría en cariñoso vinculo con niñas y niños: Guillermo Durán, GUIDÚ, en dos casos; Guillermo Tejeda; Renato Andrade, NATO, y Jalid Daccarett. 

Tres de ellos eran de la casa, tal como los compañeros del taller que me aconsejaron sobre el tamaño y tipo de letra; el grosor y brillo del papel; el formado apaisado de los libros, y la forma de ahorrar tintas usando el color aplicado, en cuatro y dos colores por  lado.

También encontré en Quimantú, en manos de la diseñadora María Angélica Pizarro y su grácil manejo del Letraset, el logo y luego el inolvidable nombre de Cuncuna. Apelativo que muy pronto formó parte de las publicaciones favoritas de los trabajadores de la empresa, e incluso, me alcanzó como sobrenombre. 

Si, Cuncuna fue una gesta colectiva, en la que participamos muchos compañeras y compañeros de la editora estatal. Como toda gesta, como la de don Rodrigo Díaz de Vivar, permanece en el tiempo, reaparece -y reaparecerá- con la misma vitalidad de su nacimiento, recordándonos que había una vez en Chile, por allá por los años 1970, un Presidente que declaró que en su gobierno “los únicos privilegiados serán los niños”.

Hoy, Babieca vuelve a galopar, con Tizona convertida en una pluma generadora de cuentos y su jinete, inmortal, lleva ahora en su escudo, una Cuncuna.