24 octubre 2020

UN CONSEJO DE LA CULTURA AUTÓNOMO

Aplaudo el debate sobre Constitución y Cultura, inaugurado recientemente en las páginas de La Tercera y me parece que éste aborda tres temas diferentes: los recortes presupuestarios 2021; la inminente desaparición de organizaciones culturales -en curso- debido a la falta de ingresos provocado por la pandemia, y el debate sobre la cultura en la nueva Constitución. El primero, se da en el debate del presupuesto 2021, con dos posturas: subir el actual 0.3% a un 1% y la de Hacienda: un mejor gasto para un presupuesto reactivador. El segundo aspecto -particularmente dramático- afecta a museos, teatros, centros culturales y artistas que no reciben aportes públicos, cuya situación solo es posible resolver con programas de emergencia. Y el tercero, es cómo debe aparecer la cultura en la nueva carta fundamental, en particular los verbos clave: protegerla, promoverla y garantizarla. Hay una fórmula capaz de resolver el aspecto Constitucional e incidir en los dos anteriores: Un Consejo de la Cultura, autónomo, como lo que hoy tiene el Banco Central, compuesto por personalidades destacadas (rectores, premios nacionales, artistas de experiencia, gestores culturales), representativos de los pueblos indígenas, empresarios y ciudadanos. Dicho consejo asignaría los recursos que la Ley determine, conforme a prioridades acordadas transversalmente en su seno. Así mismo, por su diversidad, tendría la sensibilidad para enfrentar emergencias como la que hoy nos asola y sería un asignador de fondos públicos aceptado. La idea no es original: surgió en el largo debate en el que participaron más de 600 personas, en 1996, en el Congreso Nacional, para crear el CNCA.

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