19 enero 2016

LA MÚSICA, LOS VIAJES Y UN ÓRGANO PATRIMONIAL


El miércoles 20 de enero de 2016, debía emprender un viaje a Valparaíso, invitado por la Comisión de Educación y Cultura del Senado de la República, con el objeto de "conocer su opinión y tomar conocimiento del oficio de su Excelencia la Presidenta de la República, con el que solicita el acuerdo del Senado para nombrar como integrantes del Directorio del Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes, al señor Sebastián Grey Avins y a Usted. (Boletín N° S 1.852-04)". Habría coincidido en la ciudad con el prestigiado organista alemán, Jürgen Mauri, que cada vez que viene, aprovecha la oportunidad para "dar un concierto en el histórico órgano de la iglesia de los Sagrados Corazones de Valparaíso. Es excelente, una verdadera joya. Que se haya conservado en su forma original es algo extraordinario, especialmente en Chile, que la mayoría de ellos han sido transformados".


Con los años, más el traslado a Santiago, perdí la costumbre de visitar mi primer colegio, protagonista de las historias que narraban mi abuelo ingeniero -"cada terremoto, el padre Rector me pedía que restaurara la torre de la iglesia, que se inclinaba peligrosamente con los sismos"- y mi padre: "vivíamos frente al colegio y su patio era nuestro lugar de juegos". El edificio hoy, es enfrentado por la sede del Santiago Wanderers y la tienda de antigüedades El Abuelo, locación de la excelente novela Colección particular, de Gonzalo Eltesch. 

No obstante, lejos de olvidar los profundos sones del órgano de mi infancia, lo traigo a la memoria periódicamente, en los conciertos dominicales de la iglesia de Saint Paul, del cerro Alegre, donde truena un instrumento donado por la propia Reina Victoria.

En el viaje en cuestión sólo habría alcanzado a visitar el edificio del Parlamento, del que guardo buenos recuerdos, relativos al propósito de la invitación. Allí se reunieron, en 1996, varios centenares de creadores, gestores, patrimonialistas con un puñado de diputados, dando forma a un curioso listado: las 120 (como el vino) demandas del mundo cultural. La primera de ellas, creación de un Consejo Nacional de la Cultura.

Allí presencié, desde la tribuna, el acalorado debate senatorial sobre si la sede de esta demanda debía estar en Valparaíso o Chillán. El resultado fue estrecho.

Allí he asistido a un par de inauguraciones de la Convención Nacional de la Cultura, rito anual que celebra la cúspide de la participación ciudadana en la determinación de las políticas culturales que aplica el Consejo.

Allí fuimos también, con Hernán Rodríguez, cuando los vacilantes comienzos de la democracia, a intentar convencer a senadores -designados y de los otros- de la importancia de aprobar los recursos -diez millones de dólares- que el gobierno del Presidente Patricio Aylwin proponía para una remodelación, que culminaría en el hoy Centro Cultural Estación Mapocho.

No son  malos los recuerdos, ni ajenos a la cultura. Esta vez el motivo es más específico y honroso. La Comisión desea escuchar del compromiso con la cultura y de cómo, sospecho, velaremos -Sebastián y yo- por los intereses republicanos en el Directorio Nacional que eventualmente volvería a integrar.

En efecto, el Presidente Ricardo Lagos me designó en el primero de ellos (2004/2008) y creo haber desempeñado con dignidad esa tarea. Resigné la posibilidad de repostularme entonces, ante la atractiva perspectiva de encabezar el proceso de coordinación de la construcción institucional y física del hoy reconocido Centro Cultural Gabriela Mistral.

Agua en abundancia ha corrido por el Mapocho. Y lo estoy verificando desde la oficina en que escribo. El Consejo Nacional de la Cultura se ha robustecido y se apresta a dar un pasos decisivo en su crecimiento al devenir en Ministerio, cuya discusión reposa en la respectiva comisión de la Cámara de Diputados.

El Centro Cultural Estación Mapocho ha consolidado su misión patrimonial y de difusión cultural, acogiendo desde Cumbres mundiales a cantidades de ciudadanos, que se cuentan en millones cada año.

El GAM vive un proceso de búsqueda de nuevo director, felizmente entregado en su totalidad a su Directorio, formado por representantes de once prestigiadas instituciones, que llevan la tarea con transparencia y apoyo de una consultora especializada.

Es decir, el escenario es completamente diferente al de aquellos años de instalación tanto del Consejo Nacional de la Cultura como del GAM.

Sólo permanece inalterable esa iglesia y ese órgano, que rememoro encendiendo, cada mañana, en el computador del Centro Cultural Estación Mapocho, una emisora dedicada exclusivamente a la música barroca.

De este modo está presente, en los avatares de cada día, la atmósfera creada por instrumentos como el construido por el lutier Aristhides Cavaillé-Coll, declarado Monumento Nacional en 2013, único en estado original, que fuera donado por Enrique Meiggs.

Sí, Enrique Meiggs, el empresario estadounidense de origen alemán, que participó en la construcción de ferrocarriles en Perú y en Chile, y que el 4 de julio de 1863, se subió a la locomotora que, por primera vez, recorrió el trayecto completo entre Valparaíso y Santiago.

Que es uno de mis viajes favoritos.

Pero que no emprenderé esta vez, por cambio en la Tabla de la Comisión. Ha ocupado el lugar, la Carrera Docente.

Es más urgente. Obvio.

Será la semana que viene, en Santiago.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario