20 julio 2010

¿INNOVACIÓN O CREACIÓN?


















¡Buena pregunta! Nuestra sociedad parece encaminarse, al menos en el debate académico, hacia una suerte de consenso respecto de que el camino del futuro será de la innovación. Se aplica este concepto casi como una pócima milagrosa que hará florecer empresas, gobiernos y hasta universidades. Lo que decididamente no funciona sólo con innovación, es la cultura. A diferencia de industrias o entidades gestoras, el arte por definición está vinculado a su capacidad de reconocer que hay modelos a seguir y ejemplos que no es necesario superar, sino más bien imitar: los clásicos.

En una inspirada columna de opinión, publicada en The Clinic, el Académico de la Universidad de Chile, Patricio Meller, distingue entre universidades clonadoras e innovadoras.

“¿Debiera importar – se pregunta respecto de las primeras- el hecho que tengan dueños con una determinada tendencia religiosa y/o ideológica? Además de conocimiento –se responde- , las universidades transmiten valores, por lo que si los dueños de alguno de estos centros de estudio sólo contratan a profesores que piensan como ellos y con su mismo tipo de valores, nos enfrentamos a una verdadera ‘Universidad de los clones’. Sus profesionales egresados entonces son perfectos clones, con los mismos valores e ideología que los de los dueños”. Aclara más adelante que “el rol de la universidad es educar a los jóvenes para que tengan pensamiento propio, para lo que -entre otras cosas- se requiere de una sala de clases donde se produzca una suerte de ‘mercado de las ideas’, donde los futuros profesionales sean expuestos a un intercambio amplio, fundamentado y diverso de pensamientos u opiniones”. Concluye que “si este siglo XXI es el de las ideas, entonces las universidades no debieran estar dedicadas a la clonación, sino que decididamente a la innovación”.

Comparto el planteo de fondo, pero reemplazaría por creación su última palabra.Desde muy temprano aprendí que las universidades se definen por ser creadoras de conocimiento, para ello sus laboratorios y bibliotecas. Por tanto, creo más en el término creatividad que el de innovación.

Esta última, además de ser una palabreja de moda, tiende (según la moda) a asociarse con lo joven y descarta el aporte de otras generaciones. Sugiere, además, que todo debe ser sujeto de innovación, algo así como "la revolución permanente" de Mao. El cambio por el cambio.

La creación de conocimientos es un proceso más complejo, que considera que no todo debe recrearse siempre. Un creador es capaz de reconocer lo clásico, que es permanente, inspirador y no debiera ser innovado. En la capacidad de distinción entre ambos hay implícito un acto de creatividad.

Innovación suele ser la aplicación que hacen los emprendedores (otra palabreja) de lo que otros crean. Por tanto es un proceso menor que el de la creatividad. Sin creadores, no hay innovadores, pero sin innovadores, si hay creadores.

La creatividad es un nivel superior, previo y por tanto, un deber de las universidades para incrementar el conocimiento de la humanidad.

Pienso, a diferencia de Meller, que el opuesto de clonar no es necesariamente innovar, sino crear. El clon es fruto de una repetición y un condenado a seguir reiterando; incluso es concebible que exista un clon innovador, pero, por definición, jamás será un creador, porque no es una creatura sino una copia.

Clonar es repetir, no iniciar. Cuando inicio, creo. Clonar es reiterar una y otra vez (como las copias de un CD). Crear es inventar lo que contiene ese CD, innovar puede ser cambiar la carátula, la tecnología de copia o el tamaño del disco.

La música no es más que reiteraciones de sonidos o notas, sin embargo el secreto de su maravilla está justamente en los silencios que se agregan entre los sonidos y que hacen diferente una melodía de otra. Sólo un creador es capaz de hacer esas reiteraciones creativamente. Por ejemplo, Roberto Bolaño, en su novela 2666, nos reitera al describir hasta el agotamiento los crímenes de mujeres en Ciudad Juárez, una y otra vez, aparentemente iguales pero con tal talento que no se puede dejar de leer y a la vez transmite vívidamente la tragedia que hay tras esa realidad.

Esto, para afirmar, finalmente, que incluso la repetición puede ser creativa, pero la creación no puede ser "clonativa". Eso se llama copia y constituye una industria, como la editorial, la audiovisual o la de los fonogramas.

Aunque estimo que las universidades clonadoras no merecerían calificarse de tales, postulo la universidad creadora, que es más deseable que la meramente innovadora.

Al menos para las artes. Lo que no es poco.

10 julio 2010

CULTURA SIN DESPERDICIO

Cuando niño, mi abuelo Enrique me adjudicó la emocionante ocupación de vigía de temporales. Yo vivía en alguno de los cerros de Valparaíso y él era un hierrovejero de origen porteño, avecindado en Santiago. La misión consistía en advertirle, con la mayor premura, que se aproximaba aquello que los metereólogos identifican como un frente de mal tiempo. La mar rizada, gaviotas desconcertadas volando hacia tierra firme, un vientecillo enloquecido y presencia temible de nubes bajas eran algunos de los indicadores que consideraba para emitir el anuncio. Me acercaba al ostentoso teléfono negro que marcaba tan ruidosa como parsimoniosamente y espetaba: - Amigo, hay temporal. Nos llamábamos mutuamente “amigo”, quizás por la complicidad que seguía a su pronta llegada: ir a mirar las gigantescas olas al borde marino, subir y bajar una y otra vez en los ascensores porteños, ser de los primeros en abordar alguna lancha en la bahía cuando la borrasca amainaba, verificar si había dejado algún barco varado en la costa. En este caso, frecuente por esos años, nos dirigíamos hacia el lugar del encallamiento para detectar su magnitud y situación. El propósito: hacer prontamente una oferta a sus dueños para adquirirlo, desguazarlo y venderlo como hierro viejo. Es decir, que no hubiera desperdicio.

Este recuerdo, actualizado por la encalladura del “Cerro Alegre” en plena Avenida Errázuriz, el 6 de julio, es una pertinente metáfora del desarrollo reciente de nuestras políticas culturales.

Hasta fines del siglo pasado, la preocupación cultural de las autoridades estaba centrada en la formación y estímulo de buenos artistas –creadores y representadores- y en guardar, lo más celosamente posible, sus creaciones, especialmente libros y cuadros. Cuando alguno de ellos varaba en las rocas de la vejez o derivaba por propias condiciones o limitaciones a considerar su arte sólo como una afición o simplemente a ser un espectador de las presentaciones de otros, no había preocupación ni estímulo. Para qué decir de aquellos que, debido a su condición socio-económica, no tenían acceso a las artes.

A contar de la creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, a inicios del siglo XXI, y de la formulación de una Política Cultural de Estado, se inició -por ley- la preocupación de nuestras autoridades por el proceso de la cultura en su totalidad. Se introdujo el factor infraestructura cultural –un inédito en nuestra historia- se abrió las puertas a la formación y ocupación de los gestores culturales y se comenzó a considerar a las audiencias como parte integrante e indispensable en el proceso cultural.

“La cultura es tarea de todos” comenzó a ser algo más que un eslogan y se crearon instituciones –corporaciones y fundaciones- que enfrentan su labor desde diversos ángulos y con variados propósitos: si existen centenares de orquestas infantiles y juveniles, no son sólo para formar músicos notables –cuestión deseable pero no prioritaria- sino fundamentalmente para establecer audiencias musicales y colaborar en la inserción social de los intérpretes y su entorno familiar; si se funda el Museo Interactivo Mirador, es para implantar públicos interesados en la ciencia y la tecnología desde la más temprana infancia, no necesariamente para descubrir un Premio Nobel; si se disemina por el país una entidad como Balmaceda Arte Joven es precisamente para que convivan por igual, alrededor de una disciplina artística, adolescentes que la van a acoger como su profesión con quienes la adoptarán como una afición y con quienes simplemente la seguirán como un hábito de espectadores frecuentes.

Algo parecido ocurre en los centros culturales que germinan en todo el territorio, precedidos por planes de gestión y estudios de audiencias que prevén el impacto que tendrán en sus comunidades locales y requieren de corporaciones sin fines de lucro, ampliamente participativas, que los gestionen. Para que no existan elefantes blancos, para el esfuerzo que hace el Estado en construirlos no tenga desperdicio.

Para que, si el barco llega a varar, sus planchas de hierro sean reutilizadas en forjar herramientas, convertirse en acero o en nuevas embarcaciones que sustenten otras creatividades.

Porque un creador mira las gaviotas, se instruye en las marejadas y ve en ellas nuevas oportunidades.

Como don Enrique.

24 junio 2010

BUENAS Y MALAS PRÁCTICAS EN PUERTO MONTT


Con vista al mar, interrumpida por un centro comercial y dos torres edificadas en el terreno que ocupara la vieja estación de ferrocarril, el Teatro Diego Rivera de Puerto Montt acogió, entre el 21 y 23 de junio, un atrayente seminario internacional que pretendía destacar las buenas prácticas de manejo y administración de patrimonios inmuebles. Expertos de dos Fundaciones de España, la Oficina del Historiar de La Habana, Cuba, el Centro Cultural Estación Mapocho y la Fundación Neruda, expusieron y discutieron ante un centenar de asistentes cómo compartir lo bueno y no repetir lo malo, como ese mall que agriaba y avergonzaba a los puertomontinos presentes.

Lo que no ponderaban los acogedores dueños de casa es la extraordinaria circunstancia de que una reunión de este nivel aconteciera en una ciudad azotada -como es habitual en invierno- por una lluvia que no quiso perderse el seminario y que demostró condiciones para recibir el debate patrimonial, que amenaza con transformarse en el gran tema de nuestro inminente desarrollo cultural. En efecto, mientras editoriales, cartas y páginas sociales en la prensa nacional cruzaban dardos respecto de la condición de nuestros damnificados museos nacionales, el debate más sustantivo y, sobre todo, con perspectivas de futuro, estaba desarrollándose en el sur, bajo la lluvia y con un mar semi sumergido.

La escena trae a la memoria aquella otra durante la caída del Sha de Persia cuando todos los focos de la prensa mundial estaban apuntando hacia el Palacio Real mientras el nuevo Irán se estaba cocinando a fuego lento en las mezquitas. Es lo que pasaba en las cuatro salas de comisiones de un recientemente renovado Teatro Diego Rivera -programa de Infraestructura del CNCA mediante- que hervían escrutando hasta los menores detalles de los planes para gestionar eficazmente el Parque Palentológico de Caldera; las iglesias Guañacagua, San Francisco de San Fernando y Santa Inés de La Serena; la Ruta Patrimonial Gabriela Mistral de Coquimbo, y la antigua salitrera de Humberstone.

No extrañaba, por tanto que en el público se encontraran el Alcalde de La Serena con varios de sus colaboradores, profesoras del DUOC-UC que participan de la recuperación del edificio Luis Cousiño de Valparaíso, profesionales de diversas direcciones de arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, constructores civiles, empresarios, gestores culturales de la región, otras regiones y hasta de países vecinos.

Un punto alto del encuentro fue conocer la obra gigantesca de la Oficina del Historiador de la Ciudad de la Habana, una institución que data desde 1935 cuando se otorgó el Cargo de Historiador de la Ciudad al Dr. Emilio Roig de Leuchsenring, creándose su Oficina en 1938. En 1968 esta oficina, ya a cargo de Eusebio Leal, realizó las primeras excavaciones arqueológicas que determinaron una cascada de designaciones, en 1978 como Monumento Nacional, en 1979 como Patrimonio Cultural de la Nación, en 1982 como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Luego vinieron una serie de medidas excepcionales del gobierno cubano, que en 1993 decreta a La Habana Vieja como zona priorizada para la conservación y, en 1995, zona de alta significación para el turismo. Todo -literalmente- coronado con el Premio Reina Sofía de Patrimonio Cultural, en 2007.

Su labor, que incorpora a 13 mil empleados, se realiza con una dependencia directa de la máxima autoridad cubana, el Consejo de Estado e incluye un sistema empresarial para la obtención de fuentes propias de financiamiento. Su estructura abarca toda la secuencia del proceso de rehabilitación, incluso la re ubicación de las familias que deben ser desalojadas de edificios deteriorados por hacinamiento. El Historiador ha devenido así en la autoridad única para la planificación y gestión integral del desarrollo del territorio y el suelo. Con ésto, se pretende "promover la cultura como eje vertebrador del desarrollo local, proteger el patrimonio heredado, rehabilitándolo a través de un Plan Especial de Desarrollo Integral con fuerza legal, sin exclusión social ni hacinamiento y dotar de infraestructura técnica adecuada y contemporánea,garantizando que sea sustentable".

Estas ambiciosas metas se persiguen con un financiamiento que proviene, en un 75%, del mencionado sistema empresarial y el resto de créditos y cooperación internacional. Un 69% de los recursos se invierten en el Barrio Histórico mientras la diferencia se destina a pagar créditos (22%) e incluso a contribuir con el Estado (6%).

Las profesionales cubanas sorprendieron con este verdadero plan de gestión autosustentable que, en definitiva, financia la recuperación patrimonial con las mismas empresas que se generan por la mejora de la ciudad. Cabe recordar que el hecho de que el Estado sea el único propietario facilita mucho las cosas aunque no opaca los visibles resultados de la labor patrimonial de Eusebio Leal y su despacho.


Desde nuestro país, el plenario escuchó atento los modos privados de financiamiento de la Fundación Pablo Neruda, basados tanto en los derechos de autor del vate como en la administración de sus tres casas, así como el ya clásico modelo del Centro Cultural Estación Mapocho que auto sustenta un programa cultural que ya alcanza a la friolera de 6.405 funciones de artes escénicas y 4.642 días dedicados a artes visuales en 15 años. Todo sustentado por 949 días dedicados a actividades comerciales que generan ingresos por arriendo de sus espacios.

Hasta aquí, sin aportes del Estado. Y así lo entendieron esos gestores que dejaron Puerto Montt empapados de lluvia y entusiasmo para elaborar planes de gestión sustentables, en el desierto, las rutas de Gabriela o las arqueologías de Caldera. Conscientes de que esa herida con rostro de mall que nos mostraban las ventanas del Diego Rivera no se volverá a repetir.

Porque, sencillamente, no es una buena práctica.

13 junio 2010

¿QUÉ SE PREMIA CUANDO SE PREMIA?















Ha comenzado la temporada de postulaciones al Premio Nacional de Literatura. Con ello, se revalorizan ciertos columnistas culturales que habitualmente languidecen pues, por única vez en el año, parecen centrarse en el interés del gran público. Ellos sonríen, escriben y apoyan postulantes… aunque sus opiniones no puedan cambiar el destino de ese o esa afortunada que tocará la gloria poco después de recibir un telefonazo del Presidente del Jurado. Para enfrentar simultáneamente el tema desde el punto de vista de las políticas culturales es preciso preguntarse primero ¿quienes premian? y ¿qué se premia? Sólo luego de responder tales cuestiones, no menores, es procedente preguntar ¿a quién se premia?

Si analizamos quienes premian, más allá de las personas que detentan hoy los cargos incumbentes, nos vamos a encontrar con la sorpresa que el galardón, de Nacional, tiene muy poco desde el punto de vista de sus jurados: lo preside un Ministro, el de Educación, cargo que representa a un gobierno, cualquiera éste sea, pero no a la totalidad de la opinión nacional, podríamos apuntar que aproximadamente a la mitad más uno. Lo integran el Rector de la Universidad de Chile, lo más parecido a una universidad nacional aunque mutilada de sus sedes regionales; un representante de las universidades pertenecientes al Consejo de Rectores (¿otra mitad más uno?); un representante de la Academia de Chile, entidad de lamentable escaso impacto en el quehacer chileno, que reúne a académicos de excelencia con divulgación de deficiencia, y el premiado anterior, que en las actuales condiciones, tampoco llega a ser conocido nacionalmente luego del premio.

Veamos que tiene de Literario el colectivo que asigna el homenaje: un Ministro de Educación –existiendo desde hace un lustro un Presidente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, con rango de Ministro- a quién, poco se le puede exigir de conocimientos literarios con la abigarrada agenda que implica su tema; un Rector con una destacada carrera como Decano e Ingeniero; otro Rector que pudiera coincidir con un especialista en literatura, dado que es escogido ad hoc por sus pares; el académico que representa una entidad más preocupada del lenguaje –de hecho fue contraparte del malogrado Congreso de la Lengua de marzo 2010- que de la literatura que la gente considera cotidianamente, y el anterior premiado que, con humana debilidad, intentará eternizar el galardón en alguien de sus propias convicciones literarias.

Da la impresión de que no son las entidades más adecuadas para esgrimir tan apetecido galardón. Que poco tienen que ver con quienes leen o para quienes se escribe: los lectores. Seamos serios, si se desea premiar los méritos académicos de un creador, que podría ser el objetivo, que voten –como en el Nobel- todos los miembros de la Academia vinculados a la literatura. Ese sería un colectivo representativo. ¿Una quimera? En absoluto, un mecanismo análogo existe para designar al representante de los Premios Nacionales en el Directorio Nacional del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. También es similar el colectivo que vota para los premios Altazor.

En el Directorio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes se aprobó hace cuatro años, una sugerencia de modificación al Jurado de los Premios vinculados a la cultura -Artes de la Representación y audiovisuales, Artes Plásticas, Artes Musicales, Literatura- en la cuál se proponía que el representante del gobierno – que sería el Presidente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes- tuviera sólo derecho a voz y a dirimir en caso de empate; que existieran representantes de las audiencias (federaciones de estudiantes, profesores, bibliotecarios, críticos, círculos de lectores, organizaciones culturales, las que por lo demás proponen 5 de los miembros del Directorio mencionado); que el Consejo designara para representarlo a un jurado de entre figuras connotadas de la especialidad a premiar; que las universidades estuvieran obligadas a delegar en académicos conocedores del tema. Es decir, un Jurado consistente con la Política Cultural del país, una mezcla de conocimientos especializados con la opinión de las audiencias o públicos destinatarios de la obra artística. El escenario, pero también la platea.

La segunda pregunta, el ¿qué se premia?: es lógico que un premio nacional valore cuál ha sido el aporte del galardonado a la literatura nacional, a que los chilenos seamos más cultos, a que más niños desarrollen hábitos de lectura, a que “nacionalmente” apreciemos una obra literaria: en bibliotecas, en escuelas, en casas, en escenarios, museos y pantallas. Este criterio elimina la humillante discriminación a favor de los escritores mayores, confundiendo una vez más las políticas culturales con aquellas de protección social.

Sobre estas bases debiéramos enfrentar, en las instancias que como país legalmente nos hemos dado –Convenciones del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, una de las cuales se avecina- la construcción de una política nacional de premios y estímulos, de alguna manera ya iniciada con la creación del Premio Pablo Neruda, que se otorga, por un jurado plural y representativo como es el Directorio del CNCA, entregado con la solemnidad que se merece, de manos del Presidente de la República, en el Palacio de La Moneda.

De modo que, si queremos estar ligados con lo avanzado en esta materia, los jurados que dentro de poco deberán escoger al Premio Nacional de Literatura 2010, no deberían leer sólo la obra de los merecedores –conste que no hablo de “los postulados”, otra de las humillaciones a que sometemos a nuestros creadores: ser presentados a un galardón nacional cuyo jurado obviamente debiera conocerlos si son minimamente dignos del mismo- sino también la Política Cultural que nos rige.

Les aseguro que no va a estar demás.

10 junio 2010

EL MUNDIAL DE LA CULTURA EN SUDÁFRICA

Fue hace menos de un año, en septiembre de 2009, en Johannesburgo. Se jugó íntegramente en el Museo de África y participamos 50 expositores –un 40% africano-, 450 delegados de 79 países, de ellos, 250 representantes del continente africano que pertenecían 31 países diferentes. Es la cifra más alta de la historia para una Cumbre Mundial de las que convoca regularmente la IFACCA, algo así como la FIFA de las artes y la cultura.

Les anticipo que no hubo campeón, pero todos ganamos. Se trató del 4°World Summit on arts & culture organizado por el Consejo Nacional de las Artes de Sudáfrica y la Federación Internacional de Consejos de las Artes y Agencias Culturales bajo la atenta y colaboradora mirada de Sarah Gardner y el equipo de la Secretaría Ejecutiva de la IFACCA, cuya sede está en Sydney, Australia. El tema de la convocatoria fue “Encuentro de Culturas, creando sentidos a través de las artes”.

Chile estuvo presente, invitado (clasificatorias mediante) para exponer sobre dos temas cruciales: La Convención de la UNESCO para la protección y promoción de la diversidad ¿un instrumento audaz o sólo un documento más? y Financiación alternativa de las artes: el modelo del micro préstamo y otros modelos. De este modo estuvieron allí las voces de nuestra Coalición por la Diversidad a través de su presidenta Mané Nett, y de la experiencia de auto financiamiento cultural, entre otros, del Centro Cultural Estación Mapocho.

También fuimos parte de los debates debido a la preocupación de la audiencia por la comunidad de afro descendientes que habitan preferentemente en Arica y sus alrededores. Desde las casetas (no de transmisiones, sino de traducción simultánea) se escuchaba el suave tintinear chileno: una compatriota afincada en Sudáfrica hacía llegar, en familiar acento, a través de los fonos, auxilio a las ponencias en otros idiomas. Lo que en muchos casos se hacía innecesario por el sólido francés o perfecto inglés de los delegados del continente anfitrión.

En tales debates advertimos que, como señaló Mike van Graan, director de Programación del Summit, “Vivimos una paradoja: por un lado afirmamos la diversidad cultural y el derecho de todos a ser diferentes y, sin embargo, por el otro, las diferencias culturales (y la ignorancia, miedo o arrogancia hacia el ‘otro’ relacionadas) son a menudo la fuente de muchos conflictos locales, nacionales, regionales y globales”.

Allí aprendimos cómo los Berebere se han ganado el reconocimiento del autoritario régimen de Marruecos gracias a su extraordinario comportamiento como difusores e impulsores del turismo en aquel reino del norte de África, o cómo el cine ha sido un agente de pacificación en las barbaries cometidas luego de la disolución de la ex Yugoeslavia, o como un grupo de teatro ha colaborado para que indios y paquistanís de aldeas vecinas se reconozcan como naciones que tienen más en común que las barreras religiosas que aparentemente los separan. Escuchamos el clamor de muchos agentes culturales que padecen –en sus países- guerras nacionales tan cruentas como desconocidas.

Nos enriquecimos, además, conociendo la historia del país anfitrión tanto a través de “Tres colores”, evento multimediático liderado por Brett Bailey y Maqoma Geoffry que narra el devenir de Sudáfrica por la vía de los encuentros y desencuentros de los tres colores de las razas que lo constituyen: blanco, café y negro; cómo visitando el museo de sitio de Maropeng dónde se descubrieron los primeros vestigios del hombre, y que por cierto exhibe registros de la visita del científico trotamundos Charles Darwin. De su presente, visitamos la modesta, acribillada y conmovedora casa donde vivió Nelson Mandela, ubicada en el emblemático barrio de Soweto (South West Town).

Allí las balas de la policía del apartheid no sólo alcanzaron los leves ladrillos de la habitación, sino también los cuerpos frágiles de escolares, niños mártires que son conmovedoramente homenajeados en la misma plaza dónde hoy otros niños cantan y bailan para entregar su talento a los turistas buscando un donativo para paliar en parte la pobreza que convive, a pocos metros, con Orlando, un moderno estadio que acogió el concierto inaugural del campeonato de fútbol.

Sin duda, mundiales de cultura y de futbol contribuyen, al realizarse en el país, a seguir profundizando en los esfuerzos de los sudafricanos por dejar atrás las secuelas de la segregación y la pobreza que aún azota a gran parte de la población.

Pero, las cumbres de las artes y la cultura no han tenido lugar sólo en Sudáfrica. La primera, fue en 2000 en Ottawa, Canadá; la segunda, en 2003, en Singapur, y la tercera en NewcastleGatehead, Inglaterra, en 2006. La de Johannesburgo fue un paso más en el descubrimiento mutuo de que las artes pueden y deben jugar un rol en la construcción de la paz, sobretodo porque gran parte de los conflictos localizados que asolan al mundo provienen de la intolerancia a la diversidad que, paradojalmente, es cada vez más estimulada por la desaparición de muros y dictaduras que las tenían falsamente avasalladas.

Si de diversidad y cómo enfrentarla positivamente se trata, nadie mejor que artistas, gestores y agentes culturales que conviven esencialmente con ella -desde luego en los Consejos de las Artes que muchos de los delegados representaban- creados y constituidos sobre la base de la sociedad civil que asignan recursos provenientes de Estados que han comprendido que no pueden los gobiernos –y sus normales variaciones- ser quienes se hagan cargo en exclusiva de los desarrollos culturales de sus países.

En las cumbres –la próxima está anunciado para octubre de 2011 en Melbourne, Australia- se refuerzan la necesidad del trabajo en redes, alianzas acogidas a los beneficios de la participación y la transparencia en la asignación de fondos públicos que caracterizan a la mayor parte de los países. En ello, el trabajo de IFACCA ha sido incansable: Norteamérica, Asia, Europa, África, Oceanía han sido o serán testigos. Tal vez por ello, Chile – que es miembro desde 2006 por acuerdo del Directorio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes- está en la “lista corta” de cinco postulantes a organizar la Cumbre de 2014.

Quizás lo logremos y seamos, en esa oportunidad, el primer país latinoamericano en recibir a un evento de esta naturaleza, y concentremos, una vez más, el centro de las miradas y debates del mundo (literalmente) cultural. Entre otras cosas, por lo original de nuestro modelo institucional. Que ha superado el antiguo concepto de ministerio.

Pero ese, es otro partido.

24 mayo 2010

UN NUEVO RELATO PARA CHILE: de Washington a Peñalolén

Aunque cultura ni relaciones internacionales ocuparon lugares destacados en el Mensaje Presidencial del 21 de mayo, la primera está, de hecho, pausadamente ocupando parte de la agenda internacional chilena. Desde que dejamos de ser un país susceptible de recibir cooperación internacional, debido a nuestros índices económicos, algunos extranjeros nos miran con otros ojos en este campo: somos aliados posibles en propuestas comunes más que aceptantes pasivos de cooperación.

Durante un desayuno informal del Harvard Club de Chile con el próximo Embajador en Washington, Arturo Fermandois, apareció tema de la propiedad intelectual que sigue haciéndonos pasar vergüenzas en la agenda con Estados Unidos, revelando que no es casualidad que sea un jurista en futuro representante de Chile en ese país. Luego, se planteó el ineludible aprendizaje que deberíamos hacer los chilenos del uso generalizado de la filantropía aplicada a la cultura, muy acorde con la necesidad planteada por las actuales autoridades nacionales de incrementar los aportes privados a las artes. Se esbozó también la necesidad de promover nuevos destinos turísticos –más allá de las Torres del Paine, Isla de Pascua y San Pedro de Atacama- para atraer al viajero norteamericano y el rol que el adolescente cine chileno podría jugar en ello. El Embajador citó a Roberto Ampuero quién ha planteado que “Chile no existe” en el mundo, por “la carencia de un cuento, megarrelato o epopeya que cautive; una impericia para proyectar afuera a un país generador de una cultura que vale la pena conocer y visitar, y creer que bastan buenos resultados económicos para crear una imagen positiva”.

Desde los años 60s, estábamos acostumbrados a ser enseñas internacionales con relatos como “la revolución en libertad” que llegó de la mano de la Alianza para el Progreso como alternativa a Cuba castrista; la “vía chilena al socialismo” del primer Presidente marxista elegido democráticamente, o la transición ejemplar que “derrotó al dictador con un lápiz”. El mundo parecía entonces mirarnos con interés. Pero, nos llegó la hora en que impactamos al mundo más con sucesos específicos que con seductores procesos: dos terremotos dentro de los mayores top cinco de la historia, el record de telescopios por metro cuadrado…

Sin embargo, no tenemos más alternativa que, simultáneamente, reelaborar nuestra leyenda y cautivar al mundo para que conozca nuestra cultura. Sabiendo que la imagen de un país se construye a partir de sus raíces –no sólo las de vides y frutales- y en procesos más que en hechos aislados.

Hay ejemplos de que la cultura chilena acrecienta su presencia internacional.

Hace pocos días se congregaron en el Consulado los creadores chilenos residentes en NY –llegaron más de 50- con el objeto de colaborar y aprender a desarrollar proyectos comunes. Entre los protagonistas musicales y en las primeras obras del repertorio del reinaugurado Colón de Buenos Aires, se encuentran algunos intérpretes chilenos y montajes de nuestro Teatro Municipal. Antonio Skármeta estrena, el 25 de junio, la obra de teatro "18 Quilates" en el Teatro Mercadante de Nápoli y el 23 de septiembre la opera “Il Postino” en Los Ángeles; mientras, en Berlín, gestores alemanes trabajan afanosamente en los preparativos para celebrar –en noviembre- los primeros 70 años del ex conductor del Show de los Libros. Nuevas leyes culturales que se discuten en países de América Latina –como Argentina, Perú y Ecuador- están considerando con extraordinario interés lo alcanzado en Chile en esa materia.

Sin embargo, lo más asombroso de los últimos días fue el Primer Encuentro de Agregados Culturales en Chile que organizó la Corporación Cultural de Peñalolén y que contó con la participación de casi un centenar de representantes de diferentes países que compartieron con autoridades culturales del país y los dinámicos animadores culturales de la comuna.

El Ministro Luciano Cruz Coke inauguró la reunión exhortando a: "pensar en grande, en el futuro, en crear redes que a largo plazo nos permitan que las buenas iniciativas culturales desarrolladas por otros países, así como las nuestras, circulen por el mundo".

El Agregado Cultural de Argentina, Manuel Balaguer, escogió esa ocasión para anunciar que junto a su Embajada, en Avenida Vicuña Mackenna, se construirá el centro cultural de su país, espejo del que acaba de edificar Chile en Buenos Aires.

En una señal de manejo local en aguas internacionales, Mónica Alegría, Directora de la Orquesta Infantil de Peñalolén desafió a los presentes a organizar un homenaje al ex ministro venezolano José Antonio Abreu, creador del considerable movimiento de orquestas juveniles y que a su vez se inspiró en la obra pionera del Director serenense Jorge Peña Hen. El reto fue acogido con aplausos.

¡Una iniciativa de alcance continental nacida en una acogedora sala de Peñalolén, en un evento convocado por su municipio!

¡Qué mejor ejemplo de que no es necesario pasar por los ministerios concernientes para establecer relaciones de mutua colaboración!

Una demostración de que los relatos de los países deben tener un importante componente de redes y relaciones a diversos niveles: ciudad-comuna; país- ciudad; comuna-comuna; país-comuna, en fin, rompiendo los niveles clásicos contenidos por los embudos oficiales.

El entorno de Peñalolén – lugar de monumentos nacionales, un significativo porcentaje de población indígena, generosas viñas, creativos artesanos, universidades, vecinos económicamente variopintos y hermosos parajes cordilleranos- es terreno fértil para seguir profundizando en ello. Los fervorosos peñalolinos vaticinan que la próxima cita será “en la punta del cerro” refiriéndose al San Ramón, trepando en un teleférico que planea el Alcalde Claudio Orrego quién sólo lamentó que su comuna carezca de mar. Como convite, hizo entrega a cada uno de los asistentes internacionales de un frasco conteniendo pedruscos del montículo.

En efecto, Peñalolén no tiene mar, pero está construyendo redes… y colaborando a crear un relato para reinsertar a Chile en el mundo, nacido desde las macizas rocas de la identidad y la diversidad.

21 mayo 2010

VALPARAÍSO, CIUDAD CREATIVA


Un segundo encuentro internacional de economía creativa realizado en la sede del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes la tercera semana de mayo de 2010 –el primero fue en Buenos Aires, en 2009- permite algunas reflexiones sobre esta inasible condición y la muy palpable ciudad de Valparaíso. La creatividad, por definición, acepta características diversas y es antagónica a esa forma encuadrada que es la innovación, la que supone que hay que hacer algo nuevo, sobre lo que se define como viejo e inservible, útil sólo para ser superado por esta compulsión por derribar antes de construir.

Es lo que no acontece en Valparaíso. Sus grandes proyectos de infraestructura están basados precisamente en lo antiguo, en lo arcaico, en lo que nuestros innovadores terminarían de destruir. Aún no amaina la lucha por migrar los cuadros del Museo de Bellas Artes a su sede renovada del viejo Palacio Baburizza. Ya se recuperó el antiguo Correo para el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes que alberga además un activo Centro de Extensión que recibe este encuentro engalanado con muestras del diseño local. Los sueños que comienzan a revelarse están sitos en el edificio Luis Cousiño, monumento nacional desde 1994, cuando la picota innovadora ya lo tenía más herido que el tiempo de abandono y que el DUOC UC está transformando en un centro de gestión de turismo y patrimonio; en la recuperación del Teatro Velarde, espacio que los sucesivos alcaldes han sido incapaces de convertirlo en Teatro Municipal de veras, hasta que el terremoto del 27/F los conminó a hacerse cargo, con una pequeña ayuda de la ciudadanía; en la antigua Cárcel, múltiples veces inaugurada como centro cultural por autoridades que nunca pudieron compatibilizar este sueño con sus tenaces ocupantes que esperan formar a nuevas generaciones de creadores desde la simpleza de un parque y que tuvieron la serenidad de abortar sendos proyectos de Sebastián Irarrázabal y Oscar Niemeyer que ponían la arquitectura –externa y no concursada- por sobre la conciencia autosuficiente de los porteños; en la tradicional Universidad de Playa Ancha, dónde académicos y estudiantes de artes escénicas sueñan con transformar el antiguo casino en una sala multiuso que atienda y forme espectadores entre pobladores, soldados, estudiantes y demás habitantes de la populosa Playa Ancha; en el antiguo edificio de la salitrera Anglo Lautaro, de calle Serrano dónde instalará sus humanidades la Universidad de Valparaíso; en la fogueada Estación Puerto dónde se construye un nuevo acceso al Metroval y tres módulos de edificaciones que se destinarán a oficinas, hotelería y estacionamientos.

Para qué seguir, allí está la ciudad, su ciudadanía avanzando sin ansiedad, sin dejarse llevar por las modas, como si vivieran a miles de kilómetros de Santiago… y de las autoridades. Esa es quizás la fuerza heredada de los emigrantes que se adhirieron de manera improbable a los cerros para acompañar a un puerto que recibía cotidianamente bienes de todo el mundo y sobretodo, oportunidades de crecimiento comercial y humano.

Esa integración de la fuerza de la creatividad con la potencia de la geografía y las edificaciones añosas es lo que hace de Valparaíso una ciudad que tiene otros ritmos, que no se ocupa de convencer a quienes anhelan hacerle un bien de que tal vez sus buenas intenciones vienen impregnadas de otras lógicas, que acá las apariencias ya están y tienen raíces, que las vestimentas y las comidas pueden ser diferentes a lo que dictan las revistas y los cronistas, que finalmente, esta realidad es inabarcable, contradictoria y sorprendente.

Se trata de una ciudad excepcionalmente no proselitista, que no se ocupa de tener accesos luminosos ni turísticos, que bloquea periódicamente su principal acceso por la Avenida Argentina con una feria que intercambia alimentos, antigüedades y ropas usadas con naturalidad y parsimonia, cuyos ciudadanos se movilizan, en el plan, con la tranquilidad de troles y ascensores combinados por la vertiginosidad de los colectivos que circulan en los cerros. Como si el retorno a los miradores que son sus casas fuera lo único urgente.

Valparaíso es de procesos tan largos como recurrentes. En una guía bilingüe de la oferta creativa porteña que tiene el sugerente nombre de ten.haz!, editada por CORFO, conviven tanto novísimas tiendas de arte, fotografía y diseño con la Biblioteca Santiago Severín, la tradicional Sala El Farol de la Universidad de Valparaíso y el Instituto Chileno Norteamericano.

Lo nuevo no se explica sin lo antiguo, lo original no existe sin su contraste con la diversidad del entorno. Un productor de cine señaló en el encuentro que había logrado, para una película extranjera, recrear en Valparaíso siete ciudades de Europa. Ojalá lo pudieran lograr otras urbes que sólo ven oportunidades en la expansión urbana hacia los cielos y hacia los contornos, en la demolición sistemática y en la importación de estilos, que es muy diferente en la inmigración de los mismos.

Por eso, Valparaíso es diferente aún en su creatividad. Y cuesta mucho entenderlo. Sobretodo que el título de este Encuentro es “Hacer las cosas bien”.

¡Bravo! Háganlo bien, sin mirar a quién.

Capaz que resulte.

17 mayo 2010

DE SERRAT A GARZÓN


La transición política chilena tuvo –qué duda cabe- una gran proximidad con la española. Dentro de ello, hay dos figuras que, para los chilenos, destacaron nítidamente: Joan Manuel Serrat y Baltasar Garzón. Uno en el comienzo del fin de la dictadura, otro, en inicio del fin de la transición. Hoy, cuando el Juez Garzón está pasando un mal momento, que le impide hacer en su país lo que sí hizo por el nuestro, vayan estas líneas de homenaje a todos esos españoles que, como los cientos que se unieron al bando patriota hace 200 años, se la jugaron por nuestra Patria cuando intentábamos recuperar la democracia.


Pocas horas antes del Plebiscito del 5 de octubre de 1988 que marcaría la derrota electoral de Pinochet y el inicio del fin de la Dictadura, un avión de Iberia cruzaba la cordillera transportando a una nutrida delegación de políticos españoles que venían a apoyar a sus colegas chilenos en el acto electoral y sus posibles consecuencias. En la nariz del avión, un periodista chileno enviado por el Comando del NO a Buenos Aires para abordar el aparato, entrevistaba a al cantautor catalán Joan Manuel Serrat, que sería el único de los pasajeros que no pudo descender en el aeropuerto de Santiago. El gobierno militar tenía prohibida su entrada a Chile. No obstante, Serrat dejó un saludo –grabado en el silencio de un de los lavabos del avión- que sería escuchado por el más de un millón de chilenos que celebraban ese mismo día la concentración de cierre de la Campaña del NO.

Este gesto, mezcla de tristeza por no estar y de alegría por lo que vendría -como las transiciones- simboliza el inicio de una urgente relación entre una España que cerraba una transición hacia la democracia plena y un Chile que la iniciaría mientras Serrat regresaba cabizbajo a Barcelona.

Después del plebiscito, la dictadura duró aún un año más. Ese mismo tiempo fue empleado para preparar una infinidad de proyectos que unirían a ambos países a contar del inicio del gobierno democrático elegido por los chilenos en diciembre de 1989.

El Parque de los Reyes, en el centro de Santiago es uno de los más emblemáticos pues fue gestado en una Escuela Taller, impulsada por España, que formó allí mismo a los jardineros, herreros y canteros, surgidos de entre los jóvenes desempleados de sectores marginales de la ciudad que darían forma al enorme jardín. La formación de estos futuros artesanos consideraba incluso su alimentación mientras duró la obra.

Junto al Parque, el Centro Cultural Estación Mapocho acogió en 1992 la magnífica exposición LETRAS DE ESPAÑA que venía a testimoniar la producción literaria de la transición española que cumplía 25 años. Los casi 8 mil ejemplares que la constituían permanecen en la biblioteca juvenil de Santiago, a un costado del Centro Cultural. Los más de 20 escritores que acompañaban la muestra se desplegaron por el país, participando en foros y conferencias en universidades de regiones.

En 1996, se realizó en Santiago la Sexta Cumbre Iberoamericana de Naciones, en la que se ratificaba la condición democrática chilena recibiendo en una misma reunión a los mandatarios de Ibero América y la península, hasta entonces, la cumbre de naciones más relevante celebrada en el Chile en transición. No obstante, la ciudadanía se manifestó indiferente frente a la reunión que tuvo impactos mediáticos debido a la presencia, por primera vez en el país, de reporteros de programas de TV extranjeros que buscaban ridiculizar a los mandatarios. La gente desde sus casas siguió más al argentino Figureti que a los Presidentes. Este fenómeno provocó que en una siguiente Cumbre –esta vez de las Américas- la actividad oficial se concentrara en un Hotel mientras se desarrollaba un atractivo programa cultural abierto a la comunidad. La Expo Cumbre de las Américas fue visitada por más de un cuarto de millón de personas en sólo 4 días. Sus organizadores, el Centro Cultural Estación Mapocho, estrenaron el Chile el sistema Ticket Master para la distribución de Invitaciones gratuitas en horarios franjeados. La gente fue protagonista de la Cumbre: una alfombra roja que llevaba a los visitantes desde la entrada principal hasta el centro del escenario simbolizó la irrupción de la ciudadanía en la vida cultural.

Las instancias de colaboración en el ámbito cultural entre ambas naciones tienen infinidad de rostros en este período, desde la reconstrucción de los fuertes españoles de Mancera en Valdivia y los Pucarás indígenas de Quitor en Atacama hasta las donaciones de obras de Chillida, Miró y tantos otros al Museo de la Solidaridad Salvador Allende que trabajosamente se instalaba en Chile con aportes de autonomías españolas.

Pero la relación de las transiciones se encuentra también en otros ámbitos, como el judicial, dónde existen precedentes cuando abogados españoles de derechos humanos atendían a prisioneros políticos en las cárceles chilenas al amparo y vigilancia de la Vicaría de la Solidaridad. Significativamente, también fue un juez español, Baltasar Garzón, quién remeció a los chilenos y al mundo ordenando la detención en Londres, de Augusto Pinochet. Con ese hecho, acaecido en la London Clinic, podríamos decir que se inicia el fin de la transición chilena, y se genera el más audaz medio de comunicación nacido post dictadura: The Clinic. Un periódico irreverente y destapado que, curiosamente, se rebela contra todo lo establecido desde una inédita mezcla de un nombre en inglés (The Clinic) con un lema muy tradicional en el periodismo chilena (“Firme junto al pueblo”).

Conservación y cambio.

Como las transiciones.

21 abril 2010

MARIANO AGUIRRE, UN HOMBRE DE LOS LIBROS







Cuando se inician las celebraciones -una vez más- del Día del Libro, parece propicio conmemorar, invocando a uno de los mayores devotos que los libros han tenido en Chile: Mariano Aguirre. 

Reproduzco para ello un texto sobre su relación con el suplemento Literatura y Libros del desaparecido diario La Época, que forma parte del volumen "20 años de crítica literaria. Mariano Aguirre, las razones de un lector", pronto a aparecer con el sello de RIL editores. 


Mi primer recuerdo de Mariano Aguirre es clerical. Leía en penumbras, detrás del altar que constituía su escritorio en la antigua capilla del claustro en que la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica tenía su sede. Interrumpirlo en tales afanes y territorio contradecía mi formación católica. Por tanto, debo haberlo observado desde la distancia más tiempo que lo habitual para un estudiante que sólo deseaba obtener un ejemplar de tan improbable biblioteca.

Mariano era el bibliotecario de la Escuela ubicada en la calle San Isidro 562. Su labor consistía, básicamente, en auxiliar a los alumnos de maestros como Clodomiro Almeyda, Alfonso Calderón, Luis Domínguez, Guillermo Blanco o Antonio Skármeta. De más está señalar que muchas veces el celebrante debía despacharnos a pocas cuadras, a la Biblioteca Nacional, donde era más factible satisfacer la voracidad despertada por ellos, ahora acrecentada por Aguirre.

De seguro, Mariano había leído más volúmenes que los que albergaba aquella capilla.

Esa misma sensación me acompañó durante todos los episodios que acometimos juntos más adelante. En las editoriales Quimantú, Melquíades y Planeta, en el diario La Época o en «El show de los libros».

Normalmente, antes de involucrarme en alguno de tales planes, consultaba a Mariano su disposición para acompañarme. De este modo, fueron pocas las veces en que lo encontré de sorpresa.

La más impactante aconteció durante mi primer viaje a Buenos Aires, a pocos días del golpe militar de 1973, en una ingenua misión política de sondeo a compañías argentinas interesadas en publicar la producción editorial de la resistencia chilena. Me subí al metro para dirigirme a la casa de Ariel Dorfman, que me introduciría en ese mundo. Ya instalado en una butaca, miré al asiento del lado y… me encontré con Mariano. Respetando las normas de seguridad que impedían revelar el cometido que nos llevaba a la capital argentina, me confesó que su mayor anhelo en la vida era ser «judío argentino», una buena síntesis de su admiración por la tradición intelectual porteña y su pasión por el tango.


Ya en la declinación de la dictadura, y luego de la primera crisis financiera del diario La Época —que lo llevó a cerrar su revista semanal, de la que fui editor— recibí encargo de proponer proyectos de nuevos suplementos. El primero fue «Literatura & Libros», en el entendido de que lo literario lo aportaba Mariano y que mi experiencia como editor me permitiría referirme al libro
como producto.

De inmediato, Mariano Aguirre, con el título de Asesor Literario, fue abriendo las puertas de La Reina que ocultaban a Nicanor Parra y las de calle Galvarino Gallardo que custodiaban a Pepe Donoso. Luego de tan contundente aperitivo, editores y escritores comenzaron a acribillarnos con sus textos, de todas las calidades.

La pauta del suplemento solía nacer de reuniones-almuerzo con Mariano en el decadente Club Deportivo Nacional, donde nos alimentábamos esgrimiendo los vales del diario. Mariano no
perdonaba un almuerzo sin un buen plato de comida, faltando a la cita únicamente los martes, cuando disfrutaba de los porotos servidos en la mesa de su familia.

A pesar de ser escuálido en páginas —ocho— el suplemento tuvo una estructura. En la portada publicábamos inéditos o adelantos: debutamos con Pepe Donoso y lo siguieron Isabel Allende,
Gabriel García Márquez, Antonio Skármeta, Marco Antonio de la Parra, y Luis Domínguez, uno de los más formidables conversadores de la literatura chilena; recuerdo haber sostenido con él
charlas de varios días que comenzaban a la salida de la escuela de Periodismo, mientras caminábamos hacia mi trabajo en Quimantú, se interrumpían durante la jornada laboral, retomándose a la hora de salida, mientras Lucho me esperaba, leyendo, en la puerta de mi oficina.

Mariano maravillaba con la capacidad de sugerir-obtener las exclusivas. Luego, un clásico fue el «Dime que lees y…», sección infaltable de la contraportada en la que Luisa Ulibarri extraía los placeres literarios más ocultos de personajes tan variados como Yamil, el peluquero palestino de las torres de Tajamar, o Fernando Rosas, el Director de Orquesta.

Un infaltable era Alfonso Calderón, que escribió en casi todas las ediciones, con sus críticas o crónicas impecables, siempre de la extensión justa y con su sabiduría desbordante. Ana María Foxley solía hacer las entrevistas a los creadores siguiendo riguroso consejos de Mariano, con la consiguiente reconvención cuando no se cumplían.

En la sección de «Comentarios», nació un crítico en «Literatura y Libros»: Javier Edwards. Primero con timidez y más tarde con pachorra, pero siempre con el estímulo de Aguirre, se fue
entreverando en la literatura nacional a pesar de las sospechas iniciales que nos despertaba por provenir del mundo de la banca.

Pero quizás lo más relevante del «Literatura y Libros» fue la calidad y profusión de «plumas» que lo engalanaban semana a semana. Cedomil Goic, Jorge Guzmán, Gonzalo Contreras,
Martín Cerda, Raquel Olea, Diamela Eltit, Carlos Franz, Carlos Olivaréz, Arturo Fontaine, Osvaldo Soriano, Poli Délano, Pedro Lastra, Antonio Ostornol, Grinor Rojo, Enrique Lihn fueron solo algunos de una lista interminable de colaboradores que concurrían al llamado de Mariano, que solía encontrar al mejor conocedor del tema que se pretendía.

En esta condición, ofrecimos escribir a María Pilar Donoso.

Fue una revelación. Aplicada, apasionada, entretenida y conocedora de intimidades de los grandes del boom literario, fue una colaboradora de excepción, haciendo una especie de farándula de alto nivel, hasta que debimos matizar el mutuo entusiasmo:

- Pepe está celoso, nos dijo —coqueta— un día. En la publicación de su hija, "Correr el tupido velo", se recogen diarios de María Pilar que reflejan la satisfacción que le brindaron este
trabajo y el reconocimiento que experimentaba.

Otro imperdible eran las «Novedades», una sección de notas breves que anticipaban las publicaciones que saldrían al mercado y que interceptaban las escasas probabilidades de avisaje de sus editores. La más notable excepción vino en una edición en la que nos avisaron de la gerencia que se habían vendido las dos páginas centrales para un aviso… ¡una carta de Augusto Pinochet Ugarte a los electores del Plebiscito de 1988!


Pero la carta que causó más desazón entre el equipo fue la del entonces Presidente del Partido Radical, Enrique Silva Cimma. Protestaba por el adelanto de la novela de Luis Domínguez, "Oh capitán, mi capitán", que incluía un texto que señalaba que «los radicales no tenían mujeres de cóctel sino de picnic».

Me llamó solemne «don Emilio», el Director del diario —fue la única vez—, y me pidió que la publicásemos en la siguiente edición de «Literatura & Libros». Quise despacharla con una respuesta que titulé «Oh radical, mi radical» pero la prudencia, y Mariano aconsejaron que la respondiera, con gran altura, en la subsiguiente edición, el crítico Pedro Lastra.

La verdad es que el suplemento tenía una densidad literaria irrepetible, era de una actualidad poco frecuente para semanarios y una variedad y calidad de colaboradores improbable aun en
otros países. Estaba profundamente inserto en el medio literario nacional, era reconocido y apreciado por los escritores, de modo que no fue difícil acceder a las mejores plumas disponibles en plaza y en el exterior.


Pero también nos ocupamos de la forma, del libro como producto, estrenando un tipo de crítica dirigida hacia los formatos, papeles, diseños y tipografías empleados, que atraían la atención
de editores, diseñadores y hasta fabricantes de diversos insumos de impresión.

Este esfuerzo se vio fortalecido cuando supimos que El Mercurio había resuelto, ante el éxito de «Literatura & Libros», crear su propio suplemento «Libros». Lo asumimos inmutables (cool, se diría el siglo XXI): los escritores estaban con nosotros y la publicidad... bueno, la verdad es que no podíamos tener menos avisadores. De modo que celebramos «la competencia» dado que, como acotó un colega: «Fue la primera vez que El Mercurio copió algo a La Época». Y la única.


Mariano también fue único. Por eso, cuando lo aquejó una enfermedad irreversible, sus amigos organizamos una subasta en el Centro Cultural Estación Mapocho para que libros donados por editores y cuadros donados por pintoras y pintores amigos pudieran paliar, en parte, los gastos médicos. Cuenta la leyenda que el último gesto que lo sacó del estado de sopor antes de partir fue enterarse del resultado de la subasta. Mas que la cifra financiera disfrutó de la cantidad de amigos presentes.

Muy de Mariano.

19 abril 2010

LA DIFUSIÓN CULTURAL EN UN NUEVO ESCENARIO


Las discusiones sobre una nueva acumulación de poder económico, político y comunicacional en Chile han puesto en el debate una vez más las dificultades para que –entre otros- el mundo de la cultura, pueda acceder a la difusión de sus políticas, logros y programaciones. El tema coincide con la cercanía de la designación de un nuevo director de Televisión Nacional, medio público relevante para difundir el quehacer cultural y del Presidente del CNTV, organismo que detenta un rol decisivo en la regulación de los canales y administra el único fondo concursable que apoya la difusión de las artes en la TV.

Se ha llegado a decir que la situación actual es similar a la que sucedió al golpe militar de 1973, en que la plural prensa escrita devino en duopolio y la TV en un continuo homogéneo dado que se ejerció sobre ella un férreo control vía gobierno, en TVN, y vía rectores delegados en los canales entonces universitarios.

En ese escenario, la cultura no tenía cabida. Y mal podíamos hablar de cumplir con la necesidad de difundirla.

Ha pasado mucho tiempo y sobretodo, más tecnología comunicacional de la que somos capaces de administrar. No son, entonces, los tiempos de fundar heroicas revistas como lo fueron APSI, Análisis, Hoy o Cauce (en estricto orden de aparición). Sí lo son de relacionar la cultura con una pléyade de medios de comunicación que nos han permitido, en los últimos años, cumplir con dignidad el servicio público de difundir la cultura, misión que por lo demás hoy forma parte de la obligación legal –entre otras- de un organismo público como es el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

No obstante, esta tarea debe observar ciertas características derivadas de una simple mirada a la realidad actual:

• Ya no existen más los medios de propiedad de los partidos políticos, como lo señalaba la Constitución de 1925. Y no sólo por un designio legal, sino porque la situación de aquellas entidades dista mucho de permitirles editar un modesto boletín y su capacidad tecnológica es dudosa respecto a la capacidad de emitir medios electrónicos. Son tiempos de medios transversales en los que se intenta publicar aquello que realmente es de interés para las audiencias, o para los intereses de los editores. Como señala Arturo Arriagada, en Revista Poder, “Para ser creíbles y rentables hay que ser independientes del gobierno de turno. La nueva forma de informar de los medios en Chile tiene en la fiscalización su mejor aliado. Con ello contribuirán a la calidad de la democracia, demostrando independencia y siendo fieles a las demandas de sus audiencias”.

• Ya no son los tiempos del mono-medio, en el que una entidad determinada se especializaba en radio, prensa o TV. Es la época de los multimedia en los que un equipo de comunicadores es capaz de alimentar simultáneamente medios de Internet, radios, diarios, revistas y porqué no, canales de TV. Por tanto, los emisores de mensajes culturales deben tener capacidades equivalentes de entregar su mensaje de manera paralela a todos estos tipos de medios.

• Ya no son los tiempos del temor al marketing. Hoy, cada producto cultural debe ser concebido en conjunto con su plan de divulgación y posiblemente tener alianzas mediáticas desde su más temprana idea. No se puede pretender que la gente acceda a la cultura si ésta no es convocada por un conjunto de cauces de información que la gente consulta regularmente. A la inversa, son pocos los medios que carecen de políticas especiales para difundir las programaciones culturales, como un servicio a sus seguidores, conscientes que éstos han desarrollado determinada capacidad de demanda y consumo cultural. De pronto, es más barato acceder a un espectáculo cultural con la credencial de un círculo de lectores de un diario que con acreditaciones de pertenencia a determinada institución. Ocurre tanto en los cines Hoyts como en el Teatro de la Universidad de Chile.

• Ya no son los tiempos –afortunadamente- en que los medios de comunicación podían obviar el pensamiento. La farándula que ha reinado sin contrapeso en años recientes ha debido comenzar a convivir con una profusión de centros de pensamiento que paulatinamente vuelven a activarse, en el caso de la nueva oposición y conservan su febril actividad, en el caso de los nuevos gobernantes, aunque más no sea para interpretar, discutir o apoyar la voz de encuestas que parecen ser el más eficaz medio de gobernar. Estos think tank –prefiero el término castellano “centros de pensamiento”, no vaya a ser que terminen pensando también en inglés- van paulatinamente copando las páginas de comentarios en diarios y revistas, asociándose con algunos medios para realizar estudios de opinión y desarrollando medios de comunicación electrónicos propios o alimentando ajenos que acogen con entusiasmo extensos textos y complejos debates junto a las visiones que nacen de originales blogs y una gran variedad de redes sociales.

Es decir, estamos en un escenario complejo y diverso, completamente diferente a aquel de los setenta. Porque la sociedad civil así como se ha ido proveyendo de centenares de corporaciones y fundaciones culturales, se ha dotado también de herramientas electrónicas de la más amplia pluralidad, fenómeno que no puede sino incrementarse con la inminente TV digital. Por ello es que son relevantes las autoridades que lleguen a los mecanismos reguladores de nuestra TV - el canal público y el CNTV- y su capacidad de regular equitativamente toda la marea de información que estará a disposición de la ciudadanía.

Pero, más significativo aún es la capacidad ciudadana de estar alerta a cuales son aquellos medios que van a satisfacer sus necesidades de información, interpretación de la realidad y oferta de un panorama cultural que coincida con sus intereses. Hasta ahora, incluso los medios de apariencia más aperturista tienden a incluir en sus páginas culturales informaciones de la vida privada de rostros famosos.

El papel de las organizaciones culturales será recurrir a la creatividad y la innovación para que la obligatoria misión de difundir la cultura desafíe a los medios existentes a acogerla. De no ser así en alguno, habrá que recurrir a otros, sin descuidar los infaltables medios propios como los portales web y las redes sociales que no deben cesar de incrementarse.

Lo único inaceptable es que los esfuerzos de creadores, intérpretes, gestores y productores se limite a escenarios castigados por plateas semi vacías.

Por tanto, el esfuerzo de dialogar con las audiencias no debe cesar, aunque nos encontremos con un escenario mediático que parezca hostil o incierto. La realidad es que es sólo diferente.

Y nada señala que no se pueda convertir esa diferencia en algo superior a lo actual en lo que a difusión de la cultura se refiere.