07 octubre 2019

DIPLOMACIA CULTURAL Y DEMOCRACIA EN CHILE



Mucha veces tiene que venir una mirada externa para darnos cuenta de lo realizado en determinados campos. Es lo ocurrido con el rol que jugó la cultura como complemento del proceso de reincorporación de nuestro país en el concierto internacional, una vez terminada la dictadura. Una doctoranda colombiana, que estudia este proceso en tres países, nos obligó a plantearnos cómo la acción cultural contribuyó, de hecho, a contar del año 1990, a proyectar la imagen de Chile en el mundo. Y no es poco.


No olvidemos que veníamos de una ruptura, si no enfrentamiento con el mundo y las Naciones Unidas, con una consulta nacional en la fuimos obligados a votar por Chile (nuestra bandera) o la ONU (un rectángulo negro); un bochorno del dictador cuando fue invitado a abandonar España luego de asistir al funeral de su admirado Francisco Franco, debido a la protesta de los países europeos de no asistir a la entronización del Rey Juan Carlos, si estaba presente Pinochet, muy bien documentado por el reciente libro de Mario Amorós que lleva el nombre del dictador.

Lo que fue incrementado con el frustrado viaje a Filipinas que llegó solo a Islas Fiji debido a que el Ferdinand Marcos retiró la invitación inicial cuando la nutrida comitiva ya estaba en vuelo entre Isla de Pascua y Fiji.

El corolario final fue cuando, en noviembre de 1986, se quemaron en Valparaíso por orden del Jefe de Zona en estado de sitio, Almirante Hernán Rivera Calderón, quince mil ejemplares de una obra del Premio Nobel Gabriel García Márquez.


Se comprenderá que los bonos de Chile en el exterior no estaban en su mejor momento. 

Por tanto, el primer gobierno democrático, del presidente Patricio Aylwin debió iniciar un proceso lento y, en la medida de lo posible, de retomar las relaciones internacionales. 

En cultura, a través de la Oficina respectiva del Ministerio de Educación, se iniciaron acercamientos a la UNESCO y a organismos regionales, como el CERLALC (Centro para el fomento del libro en AL y el Caribe), que cumplió un relevante rol de asesoría en la elaboración del proyecto de ley del libro, que sería la primera legislación cultural de la democracia, en 1993, gracias a un proyecto tipo elaborado por el experto de UNESCO, Álvaro Garzón.

Desde el mismo ministerio, que dirigía Ricardo Lagos, se iniciaron contactos con la democracia venezolana, en especial con el ministro de cultura, José Antonio Abreu, en relación al sistema de orquestas juveniles, que encarnó desde Chile el maestro Fernando Rosas. Además con intercambio de experiencias -que Venezuela tenía, así como chilenos exiliados en dicho país- en gestión cultural y manejo de polìticas del libro como Monte Ávila, el Banco del Libro y su filial Ekaré. 


Con el advenimiento del gobierno del presidente Frei Ruiz Tagle, la Cancillería de José Miguel Insulza y Mariano Fernández emprendió tareas de relevancia en diplomacia cultural. 

Destaca la Expocumbre de las américas, que acompañó a la Cumbre de abril de 1998 y que contó con la asistencia de casi todos los presidentes americanos, cada uno de los cuales fue acompañado por una muestra cultural relevante de su país, así como el recién descubierto Señor de Sipán, desde Perú; los voladores da Papantla, desde México o Herbie Hancock desde Estados Unidos.

Chile entregó a diversas instituciones -de gobierno y la sociedad civil-, la organización de su muestra, cómo la Biblioteca nacional; pro Chile; la Sociedad de defensa de los derechos de autor, y el Centro Cultural de la Estación mapocho, donde se llevó a cabo la exitosa exposición.

El mandato de Frei culminó, a fines de 1999, con una desbordante presencia en la prestigiosa FIL de Guadalajara, México, como país invitado de honor, hasta donde llegaron los escritores: Gonzalo Rojas, Volodia Teitelboim, Poli Délano, Antonio Skármeta, Raúl Zurita, Efraín Barquero, Roberto Bolaño, Carlos Cerda, Jaime Collyer, Gonzalo Contreras, Alejandra Costamagna , Elicura Chihuailaf, Marco Antonio de la Parra, Ana María del Río, Guido Eytel, Soledad Fariña, Carlos Franz, Alberto Fuguet, Benjamín Galemiri, Alejandro Jodorowsky, Ramón Griffero, Floridor Pérez, Jaime Quezada, Hernán Rivera Letelier, Fernando Sáenz García, Luis Sepúlveda, Marcela Serrano, Elizabeth Subercaseaux y Luis Alberto Vargas Saavedra.

Los músicos, Los jaivas; Los Tres; IIIapu; el Cuarteto de guitarras de Santiago; Sol y lluvia;Inti Illimani, y Douglas. Las m
uestras plásticas: El lugar sin límite, de plástica chilena contemporánea; Siqueiros ilustra el Canto General de Pablo Neruda; Si vas por Chile, plástica chilena de radicados en México, como Francisco Altamira, Carlos Arias, Osvaldo Barra, Francisco Casas, Beatriz Aurora Castedo, Víctor Hugo Núñez y Nathalie Regar, y Perfiles chilenos desde la conquista, litografías. 

Las compañías de Teatro de Julio Jung y la Troppa. Y el cine: Historias de fútbol, del director Andrés Wood; La Dama de las Camelias, de José Bohr; Gringuito, de Sergio Castilla; El Chacal de Nahueltoro, de Miguel Littin; Cielo ciego de Nicolás Acuña; Julio comienza en Julio,  de  Silvio Caiozzi, y El entusiasmo y La frontera, de Ricardo Larraín.


Paralelamente a este despliegue artístico, tanto de americanos en Chile como de chilenos en México, se realizaba en el Congreso Nacional en Valparaíso, un multitudinario encuentro de Políticas públicas y legislación cultural, con participación de más de 600 personas de la cultura y que culminó con un listado de las 120 demandas de la cultura, encabezada por la necesidad de crear un Consejo nacional de la cultura.

Tarea que inició y concretó el siguiente presidente, Ricardo Lagos, en 2003. Y que fue ejemplar para otros paìses del continente.

Pero, esa, ya es otra historia.

1 comentario:

  1. Muy interesante tu texto, Arturo. Te dejo el enlace de un libro que te puede interesar: https://link.springer.com/book/10.1007/978-3-319-63163-9

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