23 mayo 2016

CUENTA PRESIDENCIAL ¿QUÉ ESPERABAMOS?


Me sorprendió la Cuenta presidencial del 21 de mayo de 2016 en lo que a cultura se refiere. No por su contenido, un mensaje anunciado como de "obra gruesa",  sino por las reacciones de los comentaristas del sector, que se declararon defraudados o frustrados, “con gusto a poco”, obviamente recurriendo al cronómetro y a una visión parcial del concepto cultura. Me pregunto, ¿qué se esperaba? En particular, los interesados en políticas culturales debemos atender a los signos de los tiempos, políticos, económicos y sociales.


Desde el punto de vista social, no existe en cartelera alguna demanda del llamado mundo de la cultura que esté suficientemente socializada, como para ameritar una mención presidencial que atenúe una incontrarrestable presión como ejercen, por ejemplo, los estudiantes o ejerció el mundo de la cultura cuando, en los inicios de los noventa, se exigía la creación de un Consejo Nacional de la Cultura.

Desde el punto de vista económico, el horno no está para bollos y son sabidas las restricciones que esperan al país en el corto y mediano plazo, por ende no es realista esperar grandes anuncios de gastos o inversiones en un área que ha recibido importantes recursos públicos en fondos concursables y otros en las últimas décadas. A pesar de ello, el Mensaje de Bachelet consideró aquello que es más propio y rendidor en términos de inversión estatal en cultura: las obras de infraestructura.

Lo que tampoco es sorprendente. Nadie puede pedir que algún mandatario ignore en sus mensajes que su gobierno es capaz de convertir en espacios culturales una vieja estación; una antigua cárcel como las de Valparaíso o de Punta Arenas; el edificio que mancilló la junta militar de gobierno ocupándolo como sede; el antiguo local de Correos de Valparaíso o, como es el caso, el aeropuerto de Santiago en desuso. Son obra mayores, de gran impacto urbano, comunicacional y político. Aún sin llegar a las desmesuras de ponerle los nombres del mandatario que lo impulsó, como ocurrió, por ejemplo, en Argentina con el CCK.

De allí se deriva una segunda reafirmación en la Cuenta Pública: los extraordinarios avances, de este y al menos tres gobiernos anteriores, en materia de construir centros culturales en ciudades de más de cincuenta mil habitantes, política fijada por una histórica Convención Nacional de la Cultura, a inicio del siglo XXI. Relevante anuncio para las regiones distintas a la metropolitana, que compensa el hecho de que el novedoso Centro Nacional de Artes Visuales está ubicado en la capital, como ocurre por lo demás, en todos los espacios de alcance nacional en países similares al nuestro. Lo relevante es su vocación integradora a nivel país, no la locación de los espacios emblemáticos como el Bellas Artes, la Biblioteca Nacional, el Museo Histórico, el de Historia Natural, o el Centro Nacional de Artes Escénicas y Musicales, situado en el edificio Gabriela Mistral, que terminará sus inconclusas obras. Hecho que también constituye “carne” de cuenta pública, precisamente por las dificultades que su segunda etapa enfrentó debido al terremoto primero, a las restricciones presupuestarias después y a obligados cambios en su dirección, más recientemente.

Dicho esto, que agrega el significado político de un gobierno que aplica políticas de Estado y que se ocupa justamente de aquello que otros no pueden hacer, como es la infraestructura. Coherente además con un gobierno en la mitad de su mandato que planea reforzar su "obra gruesa" y comenzó la Cuenta anunciando que haría en ella un relato con “perspectiva histórica”.

¿Existe algo más perdurable en la historia cultural de Chile que sus infraestructuras como el Museo de Bellas Artes, la Biblioteca Nacional, la Biblioteca Severin o el Teatro Municipal de Santiago? ¿Se recuerda, en cultura, al Presidente Aylwin por algo diferente al Centro Cultural Estación Mapocho, al Presidente Frei Ruiz Tagle por algo más que el MIM, a Ricardo Lagos por el CCPLM o a la propia Presidenta Bachelet por el Museo de la Memoria?

Se dirá que a Lagos se le recuerda -también- por la creación del Consejo Nacional de la Cultura. Es verdad, pero ¿estamos honestamente en condiciones de asegurar que el probable Ministerio de Culturas se apruebe antes del fin del mandato Bachelet? ¿Es realista poner tal logro en la perspectiva histórica del gobierno Bachelet 2? Lagos gobernó seis años y envió el proyecto de institucionalidad en el primero de ellos. Aún así solo se instaló en el cuarto año de su mandato. El proyecto actual se atrasó un año de tramitación merced a la Consulta Indígena y podría decirse que acaba de entrar en tierra derecha con urgencias y otras medidas procesales que lo sacaran de su primer trámite -la comisión de cultura de la Cámara de Diputados- en un plazo cercano, para transitar luego por la comisión de Hacienda (en tiempos de restricción), la sala de la Cámara y más adelante esas mismas instancias en el Senado, con el agravante que este lo analizará inicialmente en la Comisión de Educación y Cultura, que ya  tiene bastante trabajo con su primera misión.

No calza en una Cuenta de este carácter histórico un anuncio que solo podría ser algo así como “se aprobará…” Más relevante es anunciar un Ministerio de Ciencias y Tecnología que obviamente no se alcanzará a aprobar en este mandato, que si quedará como el que lo envió a trámite. Recordemos que el proyecto de Ministerio de Cultura nació en el gobierno anterior.

Luego de la triste experiencia del nuevo gobierno brasileño que sustituyó a Dilma Rousseff, que en menos de una semana eliminó y luego repuso al Ministerio de Cultura del Brasil, este tipo de institucionalidades se desvalorizan a los ojos de la población que comienzan a verlo como desechable, según quien sea el que gobierne. Un aspecto mas de la liza de poder de sectores políticos que no gozan precisamente de una alta aprobación popular en estos tiempos.

¿Otras iniciativas que se pudo haber mencionado? Leyes sectoriales, tal vez, pero ¿hay alguna que esté en condiciones de asegurar un éxito legislativo durante este mandato? Cualquier político aconsejaría dejarlas listas para ser presentadas al inicio del gobierno siguiente. Más que un trabajo legislativo, requieren de un trabajo programático.

Probablemente se haya considerado también en este tema la escasa utilidad que ha dejado la Ley que exige un 20% de música nacional en las radios, que parece haber consolidado un periódico diálogo de sordos entre radiodifusoras y defensores de derechos de autor.

Como lección queda también la necesidad de preparar, con este mismo horizonte del gobierno futuro, el proyecto de Ley de Consejo Nacional de Infraestructura y Gestión, que se hace más necesario por el lugar preponderante que el tema tuvo en la Cuenta que nos ocupa. Pero, tampoco estará en la Cuenta 2017, como anuncio, si quienes serán directamente beneficiados -centros culturales, gestores, audiencias, salas de teatro, corporaciones culturales, municipios- no lo asumen como propio y generan un movimiento ciudadano al respecto.

Es el tipo de iniciativas que deben surgir, crecer y aprobarse primero por quienes más lo requieren. No serán los gobiernos per sé, ni funcionarios públicos que hoy disponen de los recursos, quienes encabezarán  la demanda por un Consejo que va a trasladar atribuciones -la asignación de fondos públicos, nada menos- a un organismo colegiado y participativo, como ya lo hacen el libro, el audiovisual y la música.

En consecuencia, la Cuenta Presidencial 2016, difícilmente pudo ser otra cosa en el contexto y tiempos que se viven y de cara a la realidad de un mandato que comienza a finalizar y a mirarse en el inexorable espejo de la historia. Y en ella ocupan más lugar monumentales edificios rescatados para las artes que los posibles contenidos que ellos acojan. Lo primero es tarea de los gobiernos y lo han hecho como nunca antes en nuestra historia, desde 1990 a la fecha; lo segundo, es tarea de la ciudadanía de las manos con los creadores y gestores.

Dios nos libre de escuchar, en una Cuenta Presidencial, como será el guión o la programación de un centro cultural específico.

La buena noticia, en síntesis, es que se seguirá edificando, la "mala" es que la obligación de llenar esos edificios de gestión, arte y cultura es tarea nuestra, que es apasionante y no puede esperar.

Ese es el mensaje que nos deja esta Cuenta … Bastante más que 55 segundos.

Ah, y el centro de Los Cerrillos, para recurrir -con perdón del lector/a- al metaforón de que el Estado construye la pista para que los creadores visuales despeguen en el avión de sus sueños...

1 comentario:

  1. Lúcida lectura de la Cuenta Pública y del escenario en el cual se desenvuelven las políticas públicas en la realidad. Mi único desacuerdo, la bajada de perfil a la ley del 20% de música nacional en radiodifusión. Los datos sin duda indica que ha dado sus frutos y espacios de reconocimientos a al menos una parte de los cultores musicales de índole (identidades) nacional.
    Atentamente,
    Fernando Ossandón, Comunicador social y gestor cultural

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