02 octubre 2007

MALETÍN LITERARIO: HORA DE PARTICIPAR

Conoce el país el listado de una cincuentena de libros que, bajo diferentes modalidades, formaran parte del Maletín Literario. Luego de tantas y necesarias deliberaciones de expertos ha llegado la hora de la participación ciudadana.

Recuerdo que mi abuelo, que me introdujo en los hábitos de lectura, jamás me regaló un libro sin que se lo pidiera. Ahora, desde el momento en que lo solicitaba, sea por propia iniciativa o por sugerencia de él, la donación se concretaba en breves instantes. La selección de un título se convertía así en varita mágica para que éste se personificara en mis manos y ante mis ávidos ojos.

Me pregunto ¿no tienen derecho los neolectores beneficiarios del Maletín a tener tambien una mínima participación en el “regalo” que recibirán?

Porque cuando hacemos un regalo, éste se hace pensando en la persona regalada, sus gustos e intereses. No ocurre aquello con los “regalos corporativos” a todos los “clientes del banco equis” para Navidad. ¿Vamos a obsequiar un presente “corporativo” a todas las familias que cumplen con determinados requisitos estadísticos o vamos a incentivar la lectura y por tanto, hacer partícipes de los receptores de la selección de su obsequio?

Una manera de conocerlos y de que ellos, ciudadanos, se hagan parte del regalo y por tanto lo valoren, es que puedan escoger entre los títulos ya debidamente selectos por conocedores.

¿Cómo logramos esto? Con la milenaria escena de la feria. Los viejos lectores nos preparamos, nos acicalamos, nos sobamos las manos, nos lengüeteamos los bigotes ante una futura feria del libro. Nos disponemos a tomarlos, olfatearlos, sobarlos, devorar sus contratapas y guiñar el ojo a sus portadas…

¿Porqué negarnos a que los neolectores tengan tambien acceso a ese placer?

Es muy simple: en lugar de entregar a cada familia los libros, se le entrega un VALE por una cantidad de dinero equivalente al costo unitario de la maleta. Con este valor, los neolectores se dirigen a una feria y se sumergen en rumas de exponentes de la cincuentena de ejemplares selectos. Participan, así, de su regalo, informan así de sus preferencias, votan así por un determinado título.

Ventajas: muchas. Quedamos notificados de los libros que tienen mayor impacto para una oportunidad siguiente; ellos reciben un libro que de alguna manera escogieron por sobre otros; se estimula el sano hábito de las ferias para tomar contacto con el libro; nace una fiesta vinculada al libro y a la gente por sobre la fría recepción de un paquete a domicilio o en un “acto oficial”…

Dejamos así atrás a “el maletín” y pasamos a “la MALETÓN”: el libro como fiesta, como intercambio, como participación.

1 comentario:

  1. El maletin literario es una mala inversión. Trabajo con sectores de extrema pobreza y problemas de drogadicción y alcoholismo. Venderán los libros así como venden la leche.
    No es una buena medida para incentivar la lectura. La prioridad es la educación y la otra, realizar talleres de lectura.

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