11 agosto 2011

LA BUENA SALUD DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL

El 11 de agosto es fecha de recuerdos. Hace 44 años se inició un proceso de reforma universitaria que estremeció al país y modificó sus universidades. Dicen algunos que las casualidades no existen pero, un día como hoy, un conjunto de estudiantes de medicina de la Universidad de Chile, estableció sus reales en la Plaza de la Cultura del Centro Cultural Estación Mapocho, no para tomarla como aquellos estudiantes de hace 44 años, que se hicieron de la Casa Central de la Universidad Católica. Los futuros médicos llegaron a controlar peso, talla, presión y glicemia de los transeúntes dejándoles un mensaje de vida saludable.  


Distribuyeron además  un volante que de seguro habrían compartido aquellos jóvenes de la UC de 1967: "la educación es un derecho social universal; fin al lucro y al endeudamiento de la educación; la educación pública debe ser pluralista y laica,  y la educación debe ser de calidad. Piden simplemente "aumento del gasto público en educación; derecho a participación y asociación de estudiantes y funcionarios, y reestructuración integral del sistema de becas y ayudas estudiantiles".

Batas blancas, sonrisas juveniles y entusiasmo desbordante de los estudiantes contrastan fuertemente con aquellos encapuchados que -con ayuda de las bombas lacrimógenas- dañan bienes públicos y privados y sin dudas,  la salud de los mismos transeúntes que esta vez  respondían con otra sonrisa a las recomendaciones de cuidar el peso, dejar de fumar o bajar el consumo de sal, derivadas de las cifras de los exámenes gratuitos.

Los estudiantes emplean así el tiempo libre que le dejan los paros, los ciudadanos pueden encontrar el diagnóstico que tanto escabulleron o tal vez confirmar que todavía la vida no ha podido con ellos. Una vez más la explanada de un centro cultural acoge este encuentro entre el público y quienes se forman en la vocación de servicio.

No es menor que ello acontezca un 11 de agosto y se convierta en un mudo homenaje a los estudiantes del 67 y un profundo reconocimiento a sus émulos del 2011.

Por ambos, ¡salud!


01 agosto 2011

DIALOGANDO ENTRE MATTAS Y MARIPOSAS



Puerto Montt se las trae. Al menos, a-trae, en invierno, desarrollando los ya tradicionales Temporales Teatrales, ahora estrenó los Diálogos de Invierno alrededor de temas de las artes y la gestión cultural, junto a espectáculos de jerarquía internacional como los del grupo Cinema. En paralelo con los dialogantes, la ciudad ocultaba un mundial femenino sub 19 de basketball que copaba la hotelería local y cosechaba para “la rojita” una impresionante cantidad de derrotas deportivas y algunas dudas sobre la capacidad de organización de eventos deportivos de esa magnitud.

Lo que no aconteció en el terreno cultural. Mientras el amplio público de la Arena de Puerto Montt presenciaba los centenares de encestamientos surgidos de los ágiles brazos de espigadas jóvenes de todo el mundo –liderados por Estados Unidos, España y Brasil, en ese orden medallero-  y los modestos resultados de las menos esbeltas chilenas, la casa del Arte Diego Rivera acogía, con una selección de grabados de Roberto Matta, correspondientes a la serie Homero, de los años 1973 y 1985, a dialogantes invitados nacionales como la escritora Pía Barros, el diseñador Hernán Garfias, el arquitecto Albert Tidy, el cineasta Nicolás López, el artista plástico Gonzalo Cienfuegos y el gestor cultural Arturo Navarro. Todos ellos encestaron perfectamente con la inquietudes de quienes llenaban las butacas de las sala Hardy Wistuba, generándose aquello que se propuso el Consejo Regional de la Cultura de Los Lagos, que desplegó toda su energía –que no es poca- en lograr que tanto invitados como artistas y gestores locales dieran rienda suelta a sus preguntas y respuestas, mientras un piso más abajo, la compañía Cinema con su ensoñadora “El hombre que daba de beber as las mariposas” y la más ruda “Sin sangre”, iniciaban un largo y complejo proceso de formación de audiencias con vecinos de las diversas comunas que integran la región.

El Director Regional del Consejo, Alejandro Bernales calificó a  este  evento cultural como “una gran oportunidad para la región el poder tener un espectáculo de tan alta calidad. Las obras que se exhibirán han estado en escenarios de más de 11 países y han sido vistas por más de 130 mil personas, así que queremos que la gente de Los Lagos también tenga esa oportunidad. Además tendremos una función especial para vecinos de comunas alejadas. Las entradas son completamente gratuitas y los interesados pueden retirar un máximo de dos entradas por persona”.

En efecto, lo que estaba en marcha es una valiosa iniciativa de un Consejo Regional de la Cultura, haciendo uso de herramientas que la política cultural vigente ha puesto a su disposición: en una infraestructura de calidad y diversidad notables, con una gestión reconocida nacional e internacionalmente, convocó a personalidades de nuestra cultura simplemente a dialogar con los actores locales, con una adecuada difusión y desarrollando una iniciativa de formación de público con una oferta artística de calidad.

Agentes culturales de Osorno, Chiloé, Puerto Varas, Frutillar y del propio Puerto Montt, se sumaron a esta actividad, que amenaza con convertirse en permanente, dado que ha quedado demostrado que ni el rigor del clima ni las amenazantes cenizas volcánicas que acechan a los visitantes, impidieron que una entidad pública entusiasta llevara a buen fin sus propósitos, ratificando que el desarrollo cultural se está dando en regiones de la mano de una gestión asociada entre el sector público y privados.

Otro ejemplo de ello lo vivimos hace unos meses en Antofagasta, dónde se está estableciendo un polo artístico con amplio apoyo de empresas privadas que bien usan la Ley de Donaciones Culturales, legislación cuya posible modificación formó parte de algunos de los diálogos puertomontinos, demostrando que en regiones hay puestas grandes expectativas respecto a su mayor amplitud de donantes y receptores. Mientras esa inquietud, junto a las experiencias de gestión de espacios de alcance nacional, acaparaba el interés de los asistentes, una eventual transformación de la institucionalidad cultural vigente, no dejaba de ser una preocupación de funcionarios involucrados, sin cautivar el interés de los actores culturales presentes.

La experiencia vivida demuestra que cuando las regiones asumen su protagonismo, sin depender del impulso central  pueden atraer a protagonistas y espectáculos de alcance nacional, los que parecen estar mucho más cerca de lo que pareciera. En este sentido, la existencia de infraestructuras probadas y consolidadas constituye alicientes muy eficaces para quienes son convocados. Los Lagos puede esgrimir realidades tan notables como el Teatro del Lago de Frutillar o el propio Diego Rivera así como amenaza con la fuerza del desarrollo diverso y pujante que viene desde los creadores de Chiloé y de Puerto Varas que se sumaron a esta iniciativa a través de la Galería Bosque Nativo, presentando “Expresiones Gráficas” de Gonzalo Cienfuegos, que visitaba la zona para los Diálogos…

De este modo, culminó con éxito un hito que a pesar de la lluvia, jugó con fuego en el bosque, mientras allá arriba, muy arriba, las cenizas de un volcán cercano, jugaban con la navegación aérea y oprimían los nervios de quienes pensabamos que era sencillo abandonar Puerto Montt.

31 julio 2011

LOS ARCHIVOS DEL GENERAL


La  exhibición en TVN de la  serie "Los archivos del Cardenal" ha puesto en medio del debate la tragedia que significó  la dictadura que asoló Chile entre 1973 y 1989. Como es natural, dicha serie no podría exponer la totalidad de lo acontecido y parece oportuno traer a colación una mirada de lo que ocurrió en el campo de la cultura. Para ello, reproduzco un fragmento del Capítulo 3 La cultura bajo dictadura, del libro "Cultura:¿quién paga? Gestión, infraestructura y audiencias en el modelo chileno de desarrollo cultural" RIL editores, 2006.

"En 1973, el Estado chileno tenía injerencia en la casi totalidad de las actividades culturales desde los derechos de autor, hasta la publicidad y distribución masiva de libros. Tras el golpe militar, las nuevas autoridades realizaron, a muy corto andar, acciones orientadas a desmantelar el aparato cultural del Estado, sin tener claro por qué reemplazarlas. Con la designación de rectores militares se inmiscuyen de hecho en los canales de televisión universitarios y Televisión Nacional. El asalto a las instalaciones de Chile Films, el Museo de Arte Contemporáneo y el Museo de Bellas Artes, luego de un grotesco despliegue de fuerzas militares por el Parque Forestal, señalan que la guerra contra el comunismo se daba también en el terreno de la cultura.
        
         Desafortunadamente, la toma de lugares tan estratégicos no fue suficiente. Los militares asestaron también golpes a artistas y a productos culturales. Se registran las quemas masivas de libros, transmitidas en directo por los noticiarios de TV, que cumplieron con la educativa tarea de que cada poseedor de una biblioteca conformada por algunos textos con nombres o sellos conflictivos fueran quienes incineraran sus propios libros. Fueron asesinados el cantautor y director de teatro Víctor Jara,  y el director de la orquesta de La Serena, Jorge Peña Hen. 

         La muerte de Pablo Neruda, motivada  por un antiguo cáncer y una entrañable tristeza, el 23 de septiembre de 1973 en la Clínica Santa María de Santiago a dónde fue trasladado desde su casa en Isla Negra, fue considerada como símbolo de que, “con él, morían en Chile la inteligencia, la creación y la poesía.[1]

         Según Alfonso Calderón “la universidad era como una isla de los bienaventurados. Había un marino de Rector, la Iglesia pesaba y había gente de derecha honorable. Permanecí en la Universidad Católica algunos años. En ese tiempo me tocó ver muchas cosas. La quema de libros, sin embargo, la vi después, en París, de visita donde unos amigos. Un niño que veía la tele llegó corriendo a avisarnos que en Chile estaban quemando 'libros de Francia'. Un corresponsal llamaba la atención sobre un volumen, La Comuna de París, que era pasto de las llamas. Eran libros que habíamos publicado en Quimantú, algunos tan inocentes como las Rimas de Gustavo Adolfo Becker o La sangre y la esperanza de Nicomedes Guzmán, algo de Neruda también. Me acordé de una respuesta de Freud cuando le contaron que sus libros habían sido quemados por los nazis: 'Menos mal que no me quemaron a mí'. Un consuelo pero más bien un sufrimiento. Mucha gente en esos días se hizo el harakiri quemando su propia biblioteca. Luego vino la intervención de las bibliotecas públicas. La Biblioteca Nacional tuvo que resguardar una serie de obras en peligro, libros de Julio César Jobet, Ramírez Necochea, Recabarren, etc. Todo lo que oliera a socialismo. Trataron de 'blanquear' la Editorial Quimantú bautizándola como Gabriela Mistral, pero fue un fraude”.[2]

         Partieron al exilio centenares de creadores, algunos fueron tomados prisioneros, torturados y otros fueron hechos desaparecer; se censuraron las publicaciones de diarios, revistas y libros y la televisión comenzó un concienzudo proceso de enajenación colectiva. La prensa escrita a nivel nacional se redujo a dos cadenas de diarios.

         En 1976 participé activamente en el primer intento de crear una prensa opositora, la fundación de la revista APSI. Fue autorizada para escribir sólo análisis internacional. Aún así, sus primeras ediciones debían ser sometidas a la oficina de censura, primero a nivel de originales. Una vez aprobados éstos se obtenía el permiso de impresión. Luego debía someterse a la misma oficina los ejemplares impresos junto a los originales. Una vez chequeado que no había cambios, se obtenía recién el permiso de circulación. Luego de algunos años, comenzó tímidamente a publicar artículos nacionales “sin tocar a la familia real” como apuntaba el censor de la Dirección Nacional de Comunicación Social del gobierno, el sociólogo José Luis Garmendia. En agosto de 1981, fue clausurada por la autoridad y, como director responsable, fui amenazado de expulsión del país en caso de volver a publicarla, ante la impasibilidad del Poder Judicial que solicitaba pruebas de las intimidaciones para poder aceptar el Recurso de Protección presentado. Luego de unos meses de silencio, la revista reapareció con nuevo director y tocando sólo temas internacionales.

         La censura alcanzaba también a los libros e impedía que fueran editados sin autorización pero normalmente las solicitudes dormían en las oficinas de los censores. Luego de los primeros movimientos de protesta masiva,  a mediados de los 1980s,  expresada en caceroleos especialmente en los sectores medios, el gobierno militar decidió anunciar el fin de la censura a los libros como una medida de apertura. Aún así no era fácil publicarlos. Luego de que tres casas editoras no se aventuraran a hacerlo y con un prólogo encabezado por el escudo cardenalicio del arzobispo católico Raúl Silva Henríquez, fue impreso Miedo en Chile[3] que consistía en testimonios de chilenos y chilenas de todas las condiciones e ideologías que confesaban sus temores: unos a la dictadura, otros al comunismo, otros a la pobreza…La presentación del libro se hizo, bajo estado de sitio, en la librería Altamira, de propiedad del escritor Jorge Edwards, en el centro de Santiago, con carabineros en tenida de lucha callejera que la rondaban permanentemente y estuvo a cargo de la historiadora Sol Serrano y el ex senador Renán Fuentealba. 

         Peor suerte corrieron quince mil ejemplares de un libro de García Márquez que llegaron al puerto de Valparaíso, en noviembre de 1986, junto a un par de cientos de ejemplares de un libro sobre la izquierda latinoamericana.[4] Los textos fueron interceptados por orden del Almirante Hernán Rivera Calderón, Jefe de Zona en Estado de Sitio e incinerados en el mismo recinto portuario luego de seguir trámites burocráticos que dejaron singular registro de la atrocidad y de los funcionarios responsables.

         La represión al teatro se manifestaba en amenazas de diverso tipo a los actores y acciones clandestinas directas como el incendio de la carpa en la que se exhibía la obra Hojas de Parra con textos del poeta Nicanor Parra o la detención de la madre de Oscar Castro, actor que representaba en la sala La Comedia una obra basada –oblicuamente por cierto- en el postrer discurso de Salvador Allende en La Moneda, el día de su derrocamiento. Ella permanece como detenida desaparecida.

         No obstante el apagón, se podía detectar cierta  tenacidad cultural a lo menos en tres circunstancias: desde el exilio, muchos pensadores y artistas chilenos ocupaban su destierro en  formarse y crear importantes obras, muchas veces con recursos que no se soñaban en su país. Los nombres de Inti Illimani y Quilapayún en la música popular; Isabel Allende, Ariel Dorfman y Antonio Skármeta en literatura, o Andrés Pérez y  Mauricio Celedón en la dirección de teatro comenzaron escucharse con frecuencia, especialmente en Europa. El conocimiento en Chile de sus logros, las acciones de solidaridad que realizaban y su constante empeño por poder regresar eran un aliciente.

         Los organismos solidarios, especialmente aquellos vinculados a los derechos humanos y a las iglesias, comienzan a apoyar exposiciones plásticas, montajes teatrales, grupos musicales, talleres literarios, que germinalmente van intentando llenar el vacío cultural.  El grupo Ictus orientó sus creaciones colectivas a obras sobre la cesantía o la represión como Pedro, Juan y Diego. En ello contaron con el apoyo del personal de la Vicaría de la Solidaridad, puntualmente asistente a las funciones de pre-estreno, en un intercambio de agradecimiento a su abnegada labor por una parte y como críticos preliminares de la obra, por otra

       En las comunas de Santiago de mayores recursos económicos como Las Condes, Vitacura o Lo Barnechea y en torno a centros culturales tradicionales se mantuvieron algunas orquestas, grupos de ballet y artistas plásticos.

         Una situación que agobiaba al arte y la cultura, como la descrita, no podía prolongarse. Con el plebiscito del 5 de octubre de 1988 se consagró el inicio del retorno de la democracia". 


[1] Manuel Antonio Garretón, Consejero Superior de la Universidad Católica, durante la sesión en la cuál se informó a los Consejeros que asumiría un Almirante como Rector Delegado. Septiembre 1973.
[2] Alfonso Calderón, Escritores y periodistas salvados de la hoguera. Febrero 1999.
 [3] Patricia Politzer, Miedo en Chile. CESOC, primera edición, 1985. Luego traducido al inglés Fear in Chile: lives under Pinochet, Pantheon, Nueva York y al italiano Paura in Cile. Roma.
[4] Gabriel García Márquez, Miguel Littin clandestino en Chile  Editorial Oveja Negra, Colombia, 1986 y Teodoro Petkoff, La izquierda latinoamericana, Editorial Oveja Negra, Colombia.

11 julio 2011

LA CULTURA Y EL OLIVO DE LA PAZ

Viajar a Bolivia -desde Chile- es siempre una aleccionadora experiencia, desde los inverosímiles vuelos que se transforman de nacionales en internacionales y vice versa hasta la comprobación, una vez más, de que somos dos países tan cercanos como complementarios. Todo, resumido en que es en el terreno cultural dónde más debemos desarrollar -continuar desarrollando- lo más rico de nuestras cercanías, aplicando la diplomacia de los pueblos o de la sociedad civil, que tiene como herramienta emblemática el intercambio de las culturas. 
Esta vez -en una sociedad que comienza a debatir una posible legislación de estímulos tributarios para la cultura- el motivo fue una conferencia sobre la  experiencia de financiamiento del Centro Cultural Estación Mapocho, apoyada por el Consulado General de Chile, junto a un ciclo de clases en el diplomado en Gestión Cultural de la Universidad Nuestra Señora de La Paz y Visión Cultural, referidas a los modelos internacionales de desarrollo cultural y su relación con el modelo de consejos de las artes que se aplica en Chile. 
Del Estado Plurinacional de Bolivia, sin duda, tenemos muchísimo que aprender, en especial la forma señera de asumir su condición  multicultural y la manera cómo sus 37 culturas coexisten, se respetan y conviven con dignidad semejante. Lo que ya habíamos apreciado cuándo el gobierno boliviano presentó en 1994 y 1995, en el Centro Cultural Estación Mapocho, las magníficas jornadas  "Bolivia, la magia de su diversidad" y  cuando, en Santiago en 2005 (a la que pertenece la foto) y en La Paz en 2006 se desarrollaron sendos encuentros de gestores culturales chileno-bolivianos que tuvieron como uno de sus resultados el provocar el primer encuentro de un Ministro del Gobierno de la recién asumida Presidenta Bachelet -Paulina Urrutia- con el Presidente Evo Morales, completamente fuera de protocolo, ya que la funcionaria chilena participaba como acompañante de la delegación de gestores de su país.
Pero, la diplomacia cultural está llena de esos pequeños grandes gestos, como por ejemplo toparse en plena plaza San Martín de La Paz, en el barrio Miraflores, con un sencillo olivo donado a la ciudad por el Consulado General de Chile con ocasión de nuestro Bicentenario, en septiembre pasado; o encontrar al Director del Museo Nacional de Arte del Banco Central de Bolivia, Edgar Arandia, empeñado en acoger obra de artistas chilenos para una próxima exhibición sobre la Memoria de los procesos dictatoriales de América del Sur; o vislumbrar.al curador chileno Justo Pastor Mellado brincando por las calle de El Alto y La Paz preparando una bienal boliviana de artes plásticas.
Sin duda, también aportan la calidez y el respeto con que los futuros diplomados en gestión cultural acogieron las experiencias chilenas en donaciones culturales, autofinanciamiento y financiamiento de centros culturales y algunas características de la participación privada sin fines de lucro en la gestión de espacios artísticos.
Se trata de una tarea de los países que implica abarcar a todos sus componentes, aún sus líneas aéreas que, comerciales y todo, debieran ofrecer a bolivianos y chilenos vuelos dignos de carácter internacional, que unan en directo a nuestras capitales, como ocurre por lo demás con las de todos los otros países vecinos y muchos no tanto. 
Una medida así ayudaría a olvidar el impresentable espectáculo de que el único carro que recorre los pasillos del segmento del vuelo calificado de "internacional" -entre Iquique y La Paz- sea el que ofrece productos del duty free. ¿Es esa la imagen que queremos dar a quienes nos visitan?


Tema para la Fundación Imagen de Chile.

04 julio 2011

LA BUENA FORMA DE LEGISLAR

El día que se cumplen 200 años del Congreso Nacional -casualidad o causalidad- un influyente diario chileno, La Tercera, escogió editorializar sobre un proyecto de Ley anunciado y que parece transitar por los carriles de aquellas legislaciones con perfume de acuerdo: la Reforma a la Ley de Donaciones Culturales. Es que, a diferencia de otras iniciativas recientes, al menos en el campo cultural, detrás de este proyecto conducido por el Ministro Presidente del CNCA han existido muchos meses de reflexiones, evaluación de la legislación a perfeccionar - la "Ley Valdés"- y sobre todo, un afán de profundizar lo existente y no comenzar de cero, reemplazándolo o sencillamente retrocediendo en lo logrado previamente.

Tampoco es un tema ausente de las legislaturas del mundo. El primero de agosto de 2003, Francia -un icono de la presencia estatal en cultura- aprobó una ley de Mecenazgo, asociaciones y fundaciones para estimular las donaciones privadas a las artes. Perú la discutió hace pocos meses y Bolivia ha recibido un principio de propuesta de sus actuales autoridades culturales en esta misma línea, tal como ha sido reseñado en este blog. Proverbiales han sido los casos de Brasil y Colombia en este mismo sentido.
En nuestro país, luego de una columna del ministro Luciano Cruz Coke, del domingo 26 de junio, anunciando el envío de las modificaciones tan anunciadas, comenzaron a conocerse las primeras reacciones al respecto. Algunos eventuales beneficiarios con el cambio, estiman que el cine y el patrimonio serán los más favorecidos. El Mercurio editorializó el 30 de junio señalando:"al permitirse que personas naturales puedan donar con cargo al impuesto a la herencia se agrega una fuente adicional de financiamiento a la cultura que en otros países ha probado ser significativa: grandes museos, bibliotecas públicas y salas de arte y teatro han obtenido por esta vía inestimables recursos. Y, al sumar como potenciales donatarios a las pequeñas y medianas empresas de giro cultural -tales como productoras de cine, de artes visuales, de música o de patrimonio-, siempre que sus proyectos sean aprobados por el Comité de Donaciones Culturales, se fortalece desde la base la institucionalidad cultural". Desde Talca, Pedro Sierra opina que "esta ley es muy importante ya que entrega recursos frescos a las entidades de las artes que son necesarias para generar más cultura buena calidad".

Como está dicho, el 4 de julio, La Tercera editorializa señalando "para que un eventual mal uso no lleve en el futuro a un nuevo retroceso, es deseable que se contemplen mecanismos de transparencia para que quienes sean beneficiarios de estos aportes entreguen información fidedigna sobre sus actividades y sobre quién es responsable por que ellas respondan a los fines previstos. En definitiva, esa transparencia y sanciones a quienes infrinjan la ley serán los mejores controles al buen uso de los beneficios tributarios".
Nuestros parlamentarios están prontos a recibir una propuesta pensada, consensuada en muchos aspectos y abierta a recibir su irreemplazable aporte, tal como se hacía en esa sede que inicia esta nota.


La antigua forma de legislar o, tal vez, simplemente, LA forma de hacerlo.


Quizás el mejor homenaje a su Bicentenario sea que legisladores y legislados avancemos a lo que el país espera: buenas leyes para Chile y sus mayorías.


No es tan difícil. Y lo hemos logrado muchas veces en estos 200 años.

01 julio 2011

EL MODELO EN LA BOTELLA




Una botella de vodka –ruso- y varios vasitos pequeños, adornaban la mesa desde la cuál Gabriel Matthey y sus compañeros expondrían el modelo Ingeniero de relación del Estado con las Artes, sistematizado por Chartrand[*]. Era la clase postrera del curso de Políticas Culturales del Magister en Gestión Cultural y correspondía entregar su disertación al último grupo. La pasión con que, en pleno siglo XXI, esos estudiantes expusieron aquellas características del modelo ruso –autoritario y poco participativo- practicado por zares y soviets les hizo acreedores de una buena nota y merecedores del trago de vodka con que –parodiando a Pedro el Grande que promovió la cultura con similar incentivo- celebramos el fin del curso.
El “detalle” perteneció a Gabriel, gran domador de amplitudes, capaz de abarcar mucho más que de apretar, rasgo que revela, una vez más en su libro “Modelo de Gestión Cultural para Unidades Territoriales de Chile”, publicado en la colección Teoría de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.
Matthey, uno de los primero graduados del Magíster en Gestión Cultural de la misma Facultad hace en él un esfuerzo gigantesco de desarrollar un modelo en tierra baldía, donde hay poco –lo que es casi una exageración, debo decir casi nada- adelanto de conceptos y escasa reflexión práctica. Se propone así un objetivo mayor que pasa por desglosar la que entiende como dinámica cultural del inicial siglo XXI a formular un recetario o manual de consejos para los gestores que actúan en el territorio nacional.
Decía que hay poco desarrollo de conceptos y se nota. Matthey escabulle esa limitación esgrimiendo algunas definiciones, por naturaleza pobres, mezcladas con afirmaciones notablemente acertadas como “existe una correspondencia directa entre el proyecto de desarrollo cultural y el espacio arquitectónico que lo cobije” (p.46). Más adelante se afirma en experiencias recogidas para recomendar, por ejemplo, a las Corporaciones sin fines de lucro por sobre las Fundaciones de similar característica (p.59); para manifestarse partidario de las “marchas blancas” previamente a echar a andar un centro cultural, para sugerir con énfasis la necesidad de escabullir las condicionantes políticas que suelen venir de autoridades elegidas como los alcaldes (p.57), para usar metaforones como los dos brazos acogedores que caractericen a un centro cultural con obviedades como la necesaria participación comunitaria y la consecuente accesibilidad del espacio (p.47).
Sin duda, Matthey es un pionero y su publicación lo deja en evidencia, así como queda a la vista la necesidad de que las universidades profundicen en la investigación vinculada a la gestión cultural y las políticas culturales. Desafortunadamente, muchas casas de estudios se preocupan más (y peor) en crear diplomados o postitulos de dudosa categoría y escasa duración, algunos de los cuales abortan al primer intento por falta de matrículas.
Por lo mismo, es loable el esfuerzo de Matthey, la acogida que tuvo en la Colección Teoría de la Universidad de Chile y la preocupación de esta revista Resonancias de la Pontificia Universidad Católica por darlo a conocer. Pero no es más que el inicio, en un vaso pequeño, que debe tragarse rápido para pasar al siguiente y compartirlo con una comunidad de gestores culturales cada vez mayor a la que muy pronto no le va a bastar con un trago así de inicial.
No olvidemos que Pedro el Grande usó el vodka para atraer a los hombres de San Petersburgo, mientras a las mujeres ofrecía un tazón de café para que conocieran por primera vez un museo. Más tarde, los zares construyeron esa maravilla que es L’Hermitage (en la foto), poseedor de tres millones de piezas. Mientras sus sucesores comunistas convirtieron muchas estaciones del Metro moscovita en el museo del pueblo.
Y todo comenzó con un vaso de vodka. Sólo bastaría que el aperitivo que nos ofrece Matthey transite por similar destino y tengamos pronto grandes museos y un metro cultural.
Aunque estemos sólo en el inicio del comienzo.


Reseña de la obra de Gabriel Matthey "MODELO DE GESTIÓN CULTURAL para unidades territoriales de Chile", Colección Teoría 25, Facultad de Artes, Universidad de Chile, publicada en  RESONANCIAS del Instituto de Música de la  la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Católica de Chile 28, mayo 2011.
[*] Publicado en "The Arm's Length Principle & The Arts: An International Perspective - Past, Present & Future", in Who's to Pay? for the Arts: The International Search for Models of Support, M.C. Cummings Jr & J. Mark Davidson Schuster (eds.), American Council for the Arts, NYC, 1989. 

08 junio 2011

¿QUÉ ESTAMOS HACIENDO (en gestión cultural) EN CHILE?

La revista española G+C acaba de publicar un número dedicado a la Gestión Cultural en Argentina y Chile que está circulando ampliamente. En él se incluyen artículos de autores de ambos países y entrevistas a los dos ministros de Cultura. Ese número incluye la siguiente colaboración.

G + C me plantea la pregunta que encabeza esta reflexión. La primera respuesta que se viene a la cabeza es que, desde 1990, lo que intentamos es, simplemente, “hacer gestión”. Algo así como el recuerdo infantil de ese viejo anuncio de una gélida piscina pre cordillerana de Santiago que invitaba a disfrutarla “nadando, en agua calentada nadando”. Es decir, sin agua temperada, sin clima favorable, sin techo, sólo con el esfuerzo de los nadadores. O de los gestores.
Así alzamos el vuelo entonces, cuando Pinochet nos había dejado descubiertos de toda acción pública en cultura, hostigándonos con el inclemente “apagón cultural”. Así comenzamos a nadar –o dar manotazos, más precisamente- a comienzos de los años noventa. Estudiamos las arcas fiscales y era poco lo que podía destinarse a remediar esa oscuridad. Lo poco, decidimos concursarlo, para que muchos tuvieran opción de, al menos, postularse a obtener recursos públicos. Pero, para concursar en igualdad de condiciones, había que elaborar proyectos que pudiesen ser minimamente comparables. Había además que ampliar los fondos disponibles, motivando a los privados para que gastaran en arte y cultura. También allí surgía imperiosamente la necesidad de presentar proyectos. Para unos y otros, los artistas no estaban capacitados y muchos ni siquiera interesados. En ambas situaciones se requería de nadadores en aguas glaciales: gestores que intermediaran entre creadores y sus improbables financistas.
Otro manotazo, ya más contundente, fue iniciar la construcción de espacios para la cultura. Desarrollamos el concepto inédito –en Chile- de infraestructura cultural, convocando a arquitectos, ingenieros y asesores que sabían mucho de puentes y carreteras pero que se iniciaban en la edificación de centros culturales. Superado el tema técnico –finalmente, un saco de cemento es un saco de cemento, en una calzada o en un teatro- había que resolver quienes administrarían estos nuevos espacios. Nuevamente emergen los gestores culturales, que debutan con “marchas blancas” (otro concepto ajeno a las artes) para precisar las fortalezas de las nuevas construcciones.
Simultáneamente, había que legislar. Los editores clamaban por un Ley del Libro, los autores, por un código que defendiera sus derechos, los suspicaces custodios de la hacienda pública requerían de una ordenanza para definir los estímulos tributarios que intentarían seducir a esporádicos donantes privados. Bien, pero ¿quiénes administrarían tales quiméricos fondos privados y los beneficios que favorecerían a autores nacionales, bibliotecarios remotos, maestros que difundirían la lectura y pequeños editores? Gestores, sin duda.
Afortunadamente, la Universidad de Chile auscultó la necesidad y creó, en su Facultad de Artes, un modesto Postítulo en Gestión Cultural, con profesores tan improvisados como temerosos. Pero que nadaban.
Los primeros gestores nacidos de la experiencia junto a los primeros estudiantes  formados en las aulas, constituyeron una agrupación gremial que les fue paulatinamente dando una voz colectiva. Tan poderosa que, finalmente, cuando llegó “la madre de todas las leyes”: la Ley 19.891 que creaba el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes,  aprobada en 2003, su articulado reconocía que entre los miembros del Directorio Nacional de once miembros que lo presidiría y dictaría las políticas culturales debería encontrarse a personas representativas del mundo de la creación, del patrimonio y de la gestión cultural.
Todo un récord para un ¿oficio, profesión? que hacía tres quinquenios ni siquiera existía.

Vino la piscina techada con agua temperada y bien filtrada.
Iniciamos 2004 con un Consejo Nacional de la Cultura y las Artes que estrenaba un Directorio Nacional que, por lay, debía establecer las políticas en cultura, acontecimiento inédito en las políticas públicas chilenas.
Este Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, que venía gestándose desde los precoces años noventa, basó su quehacer en tres grandes columnas: la edificación de infraestructura, el desarrollo de audiencias y la gestión cultural, utilizando crecientemente el mecanismo de concursos transparentes y determinados por jurados de pares para distribuir los recursos públicos que contribuirán al desarrollo de las artes y las industrias culturales. Estas últimas rápidamente lograron además, sus propias leyes sectoriales gobernadas por sendos consejos participativos: libro y lectura, audiovisuales y   música.
Este quehacer fue sometido a las exigentes pruebas del cambio de dos Presidentes del Consejo –simultáneos a los cambios de gobierno de 2010 (Michelle Bachelet) y 2014 (Sebastián Piñera)- y de un cambio parcial del Directorio Nacional (2008). Resistió con entereza aquello y el terremoto del 27/2 del 2010, que permitió dejar en evidencia fortalezas y debilidades. La fuerza post sismo estaba reflejada en el comportamiento de los edificios culturales, administrados por corporaciones y sus respectivos gestores bajo la legalidad privada sin fines de lucro versus, lamentablemente, los daños producidos en aquellos edificios administrados aún por el gobierno a través de la antigua Dirección de Bibliotecas y Museos, cuya creación data de 1929. Lo que establece el gran desafío pendiente en gestión cultural: experiencia y sismos mediante, hoy casi nadie duda de la necesidad de introducir el factor gestión a la administración de edificios culturales que aún no la tienen. Lo que implica un cambio de legislación que debiera concretarse más pronto que tarde.

Mientras tanto, el país se ha sembrado de centros culturales y vendrán más. Talca reluce con un Teatro Regional del Maule que encabeza la acogida de compañías de artes escénicas internacionales que sólo recorren la red de teatros de ciudades de provincias, sin tocar la capital. La municipalidad de Peñalolén, en el oriente de Santiago, ha estrenado un Centro Cultural Chimkowe que alterna actividades artísticas y deportivas de gran público en una de las comunas más pobres y de mayor diversidad racial y social de la ciudad. El programa de infraestructura del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes[1], continuador de la Comisión Presidencial de Infraestructura Cultural, creada en 2000, tiene proyectado entregar recursos a más de 60 proyectos. El último fue el Centro Cultural de Alto Hospicio, una ciudad reciente, enclavada en el desierto junto a Iquique y que es habitada mayoritariamente por sectores de pobreza.
Cada uno de estos centros debe constituir una corporación de derecho privado para que lo gestione, en cuya generación participan dos asesores enviados a cada localidad por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes: un arquitecto y un gestor cultural, aportado por un convenio entre el Consejo y Ad cultura, la asociación gremial ya mencionada.
En este terreno es emblemático el GAM, el  Centro Nacional de Artes Escénicas Gabriela Mistral, que engloba gran parte de la historia de la gestión cultural del último medio siglo. Es una idea del Presidente Salvador Allende, que pretendía, en 1972, convertir en espacio para la cultura a una construcción hecha “a mata caballo” para acoger la Conferencia de la UNCTAD de ese año. En la edificación, para, darle esta impronta participaron por igual obreros y artistas plásticos: ambos cobraban el mismo salario semanal, unos por erigir, otros por crear piezas de arte convenientes al  espacio. Así nacieron manillas, fuentes de agua, murales, colgantes, vitrales, esculturas, lámparas, cuadros que fueron disponiéndose en las salas y patios del edificio, primero llamado UNCTAD, luego Centro Metropolitano Gabriela Mistral y luego… con el golpe militar, Edificio Diego Portales, sede de la Junta Militar de gobierno a contar de septiembre de 1973. Con la llegada de la democracia en 1990, el nuevo gobierno lo mantuvo como sede del Ministerio de Defensa Nacional. En esa condición lo recibió la Presidenta Michelle Bachelet, en marzo 2006, que había sido su ocupante como primera mujer Ministra de Defensa. Ella ambicionaba que las instituciones volvieran al orden preexistente al golpe de 1973, lo que significaba que el Ministerio de Defensa regresara a su edificio de Avenida Bulnes, frente a La Moneda, el Palacio de Gobierno.
Pocos días antes del inicio de su mandato, el 5 de marzo, sobrevino un voraz incendio en la placa del edificio “debido a que el  sistema de protección contra incendios no funcionó como es debido por falta de mantenimiento, situación que también se repite en el sistema eléctrico, por problemas presupuestarios”, según constataron los Bomberos.
Una vez asumida, encomendó a un comité interministerial integrado por los secretarios de Estado de Defensa, Vivienda y Urbanismo, Bienes Nacionales y Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, la misión de resolver el futuro del edificio siniestrado. Rápidamente, cultura hizo ver tanto la vocación histórica del inmueble como la necesidad pendiente, aprobada por las Definiciones de Política Cultural 2005/2010, de contar con un Centro Nacional de Artes Escénicas y Musicales. Se convocó a un concurso internacional de arquitectura, junto con el encargo de un estudio de audiencias. La gestión cultural, comenzaba a hacerse cargo del tema… por primera vez en paralelo con la arquitectura y convergiendo ambos en el momento de resolver el concurso, de modo que los proyectos finalistas pudieron considerar las disposiciones que arrojaba el estudio del público. Luego, se inició la forja de un plan de gestión, junto con los fundamentos de la corporación cultural que administraría el centro. ¿Quiénes fueron convocados a fundarla? Precisamente las organizaciones culturales del país que tenían vasta experiencia en el campo definido para el edificio por la política cultural vigente: las artes escénicas y musicales. De este modo, entre los constituyentes de una nueva corporación quedaron dos universidades históricas que poseen elencos estables, una de Concepción y otra de Santiago; dos agrupaciones gremiales, de bailarines y de actores; dos corporaciones que rigen teatros dedicados a las artes escénicas y musicales, una de Talca y otra de Santiago; una fundación que dirige el festival de teatro más relevante del país; la fundación que coordina las orquestas juveniles e infantiles y dos centros culturales con fortaleza en la gestión de espacios de gran público. Todos, sumados al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.
Con esa formidable institucionalidad, que quedó definida y legalmente constituida varios meses antes de la inauguración del espacio, éste pudo iniciar con fuerza su labor, en septiembre de 2010, a los pocos meses de instalado un nuevo gobierno, de otro sector político, que había sucedido al de Bachelet. Los cambios de coalición no habían afectado al cronograma del GAM tal como lo previeron sus gestores.

Pero esta precisión, que se pretende extender a la red de centros que se edifica en el país, no habría sido posible si no se hubiesen acumulado las experiencias anteriores de instituciones como el Teatro Municipal de Santiago, el Centro Cultural Estación Mapocho o el Centro Cultural Palacio de La Moneda, por nombrar sólo a tres de los edificios más emblemáticos del país.
Del Teatro Municipal, con decenas de años de práctica en manejo de elencos estables, se extrajo las características técnicas y dimensiones que deberían tener los diferentes escenarios, camarines y acomodaciones para músicos, coristas y bailarines. Del Centro Cultural Estación Mapocho Mapocho, se reprodujo el modelo de corporación que ha operado más de 20 años de exitoso autofinanciamiento y cumplimiento de su doble misión de preservación patrimonial y difusión cultural, junto con heredar las experiencias de programación e incorporación de unidades de negocios que permitirán auto financiar en parte la operación del GAM. Del Centro Cultural Palacio de La Moneda, se asimiló algunas experiencias –unas buenas y otras no tanto- de gestión de un edificio erigido recientemente, en especial las enseñanzas surgidas de construir a través de concesiones, lo que implicó la imposibilidad de disponer de algunos espacios en beneficio del centro, que debieron destinarse a responder los compromisos con el concesionario que lo construyó. Suplementariamente, los socios fundadores enviaron al Directorio del GAM a experimentados ejecutivos de modo que en esa instancia se da una feliz acumulación de visiones desde todos los aspectos que una gestión de esta naturaleza debe considerar.

En conclusión, han pasado poco más de 20 años desde que un visionario gobierno de restauración democrática lanzó el desafío de conmemorar esa gesta –sellada con un lápiz en el plebiscito del NO a Pinochet- a través de la restauración de una vieja estación de ferrocarriles para convertirla en símbolo de la transición y de que desde entonces y como antes, la cultura sería una preocupación de los gobiernos, pero, no sólo de ellos, lo más relevante es que desde la metáfora de la arquitectura del Centro Cultural Estación Mapocho, un espacio libre de más de cinco mil metros, se desafió a la ciudadanía para hacerse cargo del desarrollo cultural, para llenar ese y muchos otros espacios que vendrían, con la democracia, a través de constituirse en audiencias informadas, activas, creativas y autónomas.
Hoy, así como el desarrollo artístico es tarea de los creadores, el desarrollo cultural está en manos de la gente y la instauración de las mejores condiciones para que esa gente lo haga de la forma más grata y cálida, está en manos de gestores culturales.
Es lo que hemos hecho (en gestión cultural), en Chile, hasta ahora.
[1] Según Presupuesto Nacional 2011, alrededor de 9 millones de dólares ($ 4.648.500.000), más de un 10% del presupuesto del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. En 2010 el mismo Presupuesto fue de $ 5.582.500.000, casi el 13% del presupuesto total del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de ese año. Estos recursos se traspasan mediante convenio a las municipalidades para ser destinados a la construcción o habilitación de Centros Culturales en comunas con más de 50 mil habitantes. La propiedad y administración de dichos centros corresponderá a la Municipalidad respectiva.


31 mayo 2011

MODIFICAR UNA INSTITUCIONALIDAD SIN DEMOLER LA CASA


Nuestro país ha ingresado, con más o menos sorpresa para muchos, en un camino novedoso: uno de los actores de la vida cultural (recordemos que son varios, entre otros, los creadores, las audiencias, los gestores, los empresarios, el gobierno) plantea su deseo de crear un Ministerio de la Cultura. Legítimo. Pero equívoco en el estado actual de las cosas.
A diferencia de los años 90, cuando no existía institucionalidad cultural alguna, el debate no parte de cero. Existe un Consejo Nacional de la Cultura y las Artes que tiene una ley y una misión: “evaluar y renovar políticas culturales”. Lo que amerita dos apostillas: uno, que gran parte de la discusión al respecto ya se dio (1990/2003) y se optó abrumadoramente, entre todos los actores enumerados, por el modelo existente. Dos, que cualquier renovación de las políticas o sus instrumentos debe pasar por el Consejo actual y sus mecanismos participativos, tal como lo fue, por ejemplo, la Convención de La Serena de 2009, que ilustra esta nota.
El hacerlo, apunta a superar ambas observaciones. Es decir, llevar a la Convención Nacional de la Cultura, que corresponde hacer el 2011, la inquietud gubernamental y por tanto al debate de todos los incumbentes. El resultado de la misma, como es tradicional, se debe entregar al Directorio Nacional quién resolverá cuál es la figura que presidirá la acción gubernamental en cultura. Si se trata de una que requiera de ley, se informará entonces al Ejecutivo para que la someta a debate parlamentario. Es decir, se desharía – si así lo resuelven las instancias respectivas- lo hecho de la misma manera cómo de hizo. Así operan las democracias, dónde una ley modifica otra.

Más allá de lo procesal, cabe analizar por qué el gobierno ha planteado al país este deseo. Se puede descubrir motivos de dos tipos: la falta de atribuciones del personero que encabeza la actual institucionalidad, sólo con “rango” de Ministro, y en ello el Ministro Cruz Coke ostenta buenas razones, y la imperiosa necesidad de incorporar a los servicios públicos hasta hoy preocupados del patrimonio a la senda de la modernidad institucional. Efectivamente, ambas tareas son urgentes, sobretodo la segunda luego del 27/F cuando un terremoto evidenció la situación en la dramática frase de un damnificado: "Mi patrimonio son mis hijos, no esta casa. Déjenme demoler". Una lápida a las políticas que, como país, hemos aplicado en este terreno.
Es obvio, aunque pertinente recordarlo, que no porque ciertas instituciones funcionen mal, deba afectarse a otras que funcionan bien. Lo grafico en otra frase, la de un damnificado por la catástrofe del cierre de las minas de carbón en Curanilahue y la consiguiente cesantía, que luego de haber sido beneficiado por una política desarrollada por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, como la creación de orquestas infantiles, respondió orgulloso a la pregunta de sobre su condición laboral, ya crónica: “Soy padre de músico”.
Sin duda, tenemos un problema que enfrentar, pero debemos hacerlo de manera sistémica. La cultura no es ya mas asunto de estados más o menos dirigistas, es hoy cuestión de todos sus actores, públicos o privados, creadores o interpretes, audiencias o espectadores, académicos o empresarios, corporaciones o fundaciones. Por tanto, la solución al problema de la institucionalidad patrimonial no parece estar en fortalecer el aparato gubernamental, con lo que se resta de inmediato el imprescindible aporte privado –en recursos y gestión- a un sector deficitario en ambos. Pregúntele sino a las empresas que aportan a la cultura si es más sencillo hacerlo a través de corporaciones privadas sin fines de lucro o a través de un servicio público. Pregúntele a cualquier ciudadano si están mejor los espacios patrimoniales gestionados por el estado o aquellos administrados por corporaciones privadas. Pregúntense también porqué todos los espacios culturales creados con dineros públicos, desde 1990 a la fecha, tienen corporaciones sin fines de lucro que los tutelan, como el Centro Cultural Estación Mapocho, el Centro Cultural Palacio de la Moneda, el MIM, el GAM, el Teatro Regional de Talca, Matucana 100, Balmaceda Arte Joven, el Museo de la Memoria…
Si la mejoría urgente del sector patrimonial no se hace con todos los actores involucrados, sólo estaríamos profundizando la crisis actual.
Por tanto, compartiendo la idea de discutir el tema hagámoslo de la manera que nosotros mismos –todo el mundo de la cultura- nos dimos: participativamente.
En una de esas sale una mejor solución y podemos ser padre de músico, sin tener que demoler la casa.

24 mayo 2011

EL REGRESO DE LA VIEJA DAMA

Foto CNCA
En una coincidencia impensada, el Ministro Luciano Cruz Coke expuso su Cuenta Pública 2011, en el Palacio de La Moneda, el mismo día en que el país conoció la resolución de la Contraloría General de la República mediante la cuál se afirma que una de las dos funcionaria fallecidas en el accidente de Juan Fernández -Galia Diaz- no debió estar allí. Así como Cruz Coke tuvo que suspender la Convención Nacional de Arica, en septiembre, a causa del brutal amarizaje, esta vez comenzó y finalizó su discurso con un homenaje a las dos funcionarias perdidas, las primeras mártires de la institución.
La ceremonia que ya se hace tradicional, no obstante su locación, no contó con la presencia de otros altos funcionarios de gobierno, y sólo con la mitad del Directorio saliente, a pesar de que el Ministro tuvo especial cuidado en nombrarlos, incorporarlos en las ilustraciones de su discurso y reconocer explícitamente su labor, dado que este 31 de diciembre, la mayoría de ellos -siete de once- terminan su mandato: "En estos meses de trabajo conjunto, sin duda, se ha discutido con pasión, hemos intercambiado opiniones y hemos  empujado importantes iniciativas.  Pero sobre todo, me atrevo a decir, que hemos compartido la convicción de que no podemos pensar en el desarrollo del país sin desarrollar la cultura".
El 14 de diciembre se cerró el listado de postulantes al Directorio Nacional 2012-2015, que serán nombrados a inicios del próximo año. Es de esperar que los nuevos directores asuman una actitud participativa acorde con sus altas funciones y la confianza que la sociedad civil y las universidades -sus mandantes- depositarán en sus manos a través de un nombramiento presidencial y la ratificación del Senado -en dos casos- con la necesaria independencia que les otorga su condición de inamovibles por la autoridad.


Cruz Coke comenzó relevando la reciente entrega al Presidente de la República, de la Política Cultural 2011-2016, haciendo coincidir, como es menester, las líneas de trabajo fijadas con las realizaciones del año que termina, agrupadas en seis ejes de trabajo.
El primero de ellos, sigue siendo, desde la fundación del CNCA, el fomento de las industrias creativas y las áreas artísticas. Ante la imposibilidad de exhibir logros legislativos de fuste, destacó el envío al Congreso de la reforma a la Ley 19.925 que permite las presentaciones en vivo de artistas en restaurantes, bares y salones de té, mediante la que se espera aumentar sus oportunidades de trabajo; de la tenue reforma a la Ley de Premios Nacionales, y de la tan esperada como transversal reforma a la Ley de Donaciones Culturales. Recordó la creación de  nuevas áreas de fomento artístico, relevando el estreno del área de Arquitectura en la Bienal de Urbanismo y Arquitectura de Shenzhen y Hong Kong. Sin mucho entusiasmo, se refirió al mejoramiento esperado de los fondos de cultura, que pasan por una etapa compleja debido a las dificultades sufridas en la implementación de su plataforma digital. Uno de sus favoritos en este eje es sin duda la creación de la Comisión Fílmica, que se suma a la nueva Agencia de Promoción Internacional del Cine Chileno, en alianza con Pro Chile.
El eje de fomento a los públicos logró en 2011 la incorporación al Fondart de una línea de insospechados beneficios futuros: apoyo a instituciones culturales a tres años plazo, que permitirá fortalecer el indispensable rol mediador entre creadores y audiencias. Convendría hacer un seguimiento a los resultados de esta línea, que se acerca mucho a lo que tantos beneficios ha traído al desarrollo cultural de países como Australia. No era buen momento, pero el reciente estudio de comprensión de lectura de los chilenos que arrojó un fatídico 84% de incomprensión lectora, estuvo en todas las mentes presentes cuando el Ministro anunció como logro el Plan Nacional de fomento a la lectura "Lee Chile Lee". Bien por ello, pera la tarea es ardua. 
Párrafo aparte merece el despertar y despliegue en el territorio de los elencos estables del Consejo que alcanzaron la inédita suma de 151 presentaciones en el país.
En el eje de Infraestructura y Gestión es dónde más se pueden palpar, literalmente, frutos de una política  cultural estable. Los programas de Teatros Regionales, nuevos Centros Culturales -que alcanzó Chiloé y Rapa Nui- y de apoyo a la Reconstrucción Patrimonial, junto a la culminación del Parque Cultural de Valparaíso dan prueba de que la vieja deuda con la infraestructura cultural chilena sigue pagándose, con  impulso estatal, a paso firme.
Los ejes transversales: desarrollo regional e internacionalización cultural entregaron avances y retrocesos. En este último aspecto se anotó el traslado de la dirección regional ubicada en Quillota a la ciudad sede nacional de Valparaíso, así como constituye un avance la ceremonia de entrega en Punta Arenas del Premio Pedro Sienna y la ampliación de las Escuelas de Rock a Maule y Los Ríos. En el sector patrimonial inmaterial se destaca el programa de Tesoros Humanos Vivos, que aumentó en 50% sus reconocimientos; las casi 300 actividades del Centro de Patrimonio e Identidad ubicado en la sede central del CNCA en Valparaíso, y los estudios realizados sobre la situación cultural de mapuches, collas y rapa nuis. Es de esperar que pronto estos conocimientos se vuelquen en políticas de integración y valoración de nuestra diversidad. En lo internacional, dos desafíos más allá de los resultados alcanzados este año en la Bienal de Venecia y múltiples festivales de cine: la presencia en la FIL de Guadalajara en noviembre próximo y la Cumbre Mundial de las Artes de enero de 2014 en el Centro Cultural Estación Mapocho.


Incomodidad entre los presentes  causó el eje de modernización institucional. Más allá de las buenas cifras del 96,7% de ejecución presupuestaria y el 98% de cumplimiento de los requisitos de transparencia activa; el cambio de sede en Santiago -del inhóspito edificio de Fray Camilo Henríquez al paseo Ahumada-, y las mejoras en tecnología y bienestar, la piedra en el zapato de esta administración parece estar en el personal y su agrupación gremial, ilustrado en la Cuenta con fotografías de funcionarios trabajando en medio de vistosos globos rojos. Este festivo panorama laboral contrasta con el hecho que esos mismos días llegaba al CNCA una carta del Senador Lagos Weber pidiendo información sobre un presunto acoso laboral a dirigentes gremiales y la mencionada resolución de la Contraloría respecto de Galia Diaz.
Consciente de ello, Cruz Coke al finalizar sus palabras lamentó "la perdida de tres figuras emblemáticas, el cineasta  Raúl Ruiz, poeta  Gonzalo Rojas y el escritor José Miguel Varas" y apartándose del texto publicado en la web del Consejo, reiteró su pesar por las funcionarias fallecidas en Juan Fernández, para culminar como los mejores tribunos, con una consigna que, aunque conocida, no deja de ser acertada: NO hay desarrollo sin cultura.
Es verdad, pero tampoco hay cultura sin trabajadores comprometidos que vuelcan todo su esfuerzo en la tarea sin desgastarse en una soterrada lucha con las autoridades de la institución que los cobija.
Y en este conflicto, que se prolonga y agudiza, hay dos lados. Se requieren "dos para el tango". Ya es hora que comience a escucharse la música del entendimiento.
O los perjudicados serán quienes deben ser beneficiados por el desarrollo cultural: la ciudadanía.
En ese caso, la mayor responsabilidad recaerá en quienes han sido designados como responsables de encabezar las instituciones públicas.

18 mayo 2011

EL LARGO E INEVITABLE CAMINO ENTRE LA PLAZA SOTOMAYOR Y EL CONGRESO NACIONAL


Aunque las autoridades del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes hayan escamoteado la fuerte realidad de que su destino está y se juega en Valparaíso, los nerviosismos propios de la cuenta del 21 de mayo no han podido evitar que aflore el gran tema por el que se juega la administración de Luciano Cruz Coke: su trabajo legislativo.


Por una parte, la seriedad con que se ha enfrentado el trabajo de mejorar la gestión -el gran tema que debiera caracterizar a los gobiernos de derecha- ésta no entrega  mayores dividendos cuando se trata de pasar a la lista de aquellos gobiernos que dejaron huella en nuestra institucionalidad cultural, como lo fueron Lagos con la Comisión Presidencial de Infraestructura y la creación del CNCA o Bachelet con la introducción del concepto de audiencias, su concreción en el GAM y el aporte del Museo de la Memoria, para no ir más atrás. La indudable efectividad en el tema lo expresan sendos artículos en La Nación y El Mostrador, con sus matices.

Pero, los fantasmas de mayo han puesto el acento en lo principal: los avances en materia de las metas programáticas, que es lamentable aún para el Instituto Libertad y Desarrollo en su índice 21 de mayo, que califica negativamente los avances en las dos iniciativas de ley largamente anunciadas: reformas a la Ley de Donaciones Culturales y la institucionalidad patrimonial. Sobre la primera señala: "No ha ingresado al Congreso ningún proyecto al respecto pero lo que se está implementando administrativamente parte de la base correcta de un sistema público privado para potenciar la cultura en Chile". Respecto de la segunda, agrega: "No ha ingresado al Congreso ningún proyecto al respecto pero en lo que se ha avanzado administrativamente se observa que se promueve y mejora el cuidado del patrimonio en Chile en comparación a lo ya existente". Ambas iniciativas reciben nota 1 de un rango -2 a +2, teniendo relevancia máxima la una y alta la segunda. La tercera y última meta en el sector recibe nota cero: construir una carretera digital para la cultura.

Si se recuerda algunos pendientes de administraciones anteriores como el anhelado cambio de la Ley que otorga los Premios Nacionales, el panorama legislativo se ensombrece aún más. A lo que se agregan los planteamientos que adelanta la DIBAM, a través de su directora, en El Mercurio del 18 de mayo, comparables con la debilidad de la ejecución presupuestario de ese servicio durante el primer trimestre del año: sólo un 12% versus un 38% que ha ejecutado el CNCA en el mismo período, con el agregado de que el presupuesto del Consejo es 50% mayor.

Aunque queda en evidencia la necesidad de inyectar gestión a la DIBAM, se podría desprender que la entidad creada en 1929 continúa negándose a depender del CNCA y está dispuesta sólo a deshacerse de las bibliotecas públicas y compartir nivel jerárquico con el Consejo, dependiendo ambos de un eventual Ministerio. Es decir, un tercero que resuelva las duplicidades que las partes involucradas se han negado a desatar. Más burocracia, en el gobierno de la gestión. En ese dilema parece estar el freno legislativo analizado.

Emblemático de la situación descrita es que la Comisión respectiva de la Cámara de Diputados destine parte de su aliviada agenda a enterarse de la situación del Teatro Oriente, un caso que se resuelve simplemente con una instrucción del superior jerárquico a su propietario, el Instituto de Previsión Social (ex INP). Se trata de que traspase en comodato la sala a una entidad cultural privada sin fines de lucro, a través del CNCA. Así aconteció en años anteriores, lográndose una gestión equilibrada y auto financiada aún considerando un porcentaje de entradas a todos los espectáculos para los beneficiarios del IPS y algunos días liberados para actividades propias del Instituto. El innecesario embrollo en que se encuentra la sala se puede conocer en CIPER.

De modo que, vueltas más vueltas menos, la gestión -no la popularidad- del Ministro Cruz Coke será evaluada por cómo transite las pocas cuadras que separan la sede nacional del CNCA del Congreso Nacional. Si lo hace portando sendos proyectos legislativos que -como se prometió- perfeccionen la actual institucionalidad cultural y aumenten los aportes y la gestión privados a las artes, su pasada por el CNCA quedará estampada entre quienes profundizaron aquello que el mundo de la cultura viene apoyando desde comienzos de los años 90. Si lo hace ligero de equipaje quizás pueda acceder a algún sillón parlamentario, fruto de las ingenierías derivadas de sus altos índices de popularidad personal.

La opción es personal. El resultado será colectivo. Nunca hay que olvidar que la cultura es tarea de todos.

Y el partido se juega en Valparaíso.