16 diciembre 2025

KAST Y LA CULTURA


Foto Biblioteca Nacional


Apenas unas horas de conocido el resultado electoral del 14 de diciembre, El Mercurio, editorializó, con este título y bajo la pluma de una de sus redactoras habituales de Cultura, Elena Irarrázabal. Acertó el decano al poner en el tapete aspectos elementales de nuestra políticas y gestión culturales, desafortunadamente invisibilizadas durante la reciente campaña electoral.


En efecto, más que referirse al título -oportuno quizás por la fecha de publicación- la columna de opinión “baja la pelota al piso” y destaca cuestiones básicas de la cultura en Chile: la necesidad de encausar proyectos hacia la infancia, como lo propone Beatriz Bustos, y hacia los adultos mayores, que “cada vez son más y es el grupo etario que más presenta dificultades para participar”, en palabras de Bárbara Negrón.

Junto a ello recuerda la necesidad de destinar más recursos al Museo Nacional de Bellas Artes y la Biblioteca Nacional, buques insignias de nuestra flota cultural, para que cumplan su misión, aún en fines de semana.

Finalmente recuerda la necesidad de aprobar cuanto antes la ley de Patrimonio Cultural, tan anunciada como postergada.

Se podrían agregar otros aspectos tan básicos como velar por una relevante participación de Chile en la feria de Frankfurt en 2027 o tener, finalmente, una Feria del Libro que pueda ostentar con propiedad el título de Internacional.

Aparecen también, muy cerca en el tiempo, otras preguntas como: 

¿Se mantendrá el Ministerio de las Culturas? O se fusionará con otros ministerios mediante el expediente del bi o tri ministro.

¿Se retornará a manos de la Primera Dama las seis Fundaciones que habitualmente dependían de la Dirección Sociocultural de la Presidencia? Por ahora solo la de Orquestas Infantiles y Juveniles (FOJI) tiene un estatus presidencial.

Son solo las primeras horas post electorales.

Al menos se están discutiendo abiertamente algunas cuestiones como las señaladas. 

Parece un buen síntoma.

12 diciembre 2025

¿ESCENARIO O PLATEA?

    


Hasta fines del siglo XX, la historia cultural chilena respondió “escenario” a la interrogante sobre si debemos preocupamos principalmente de los artistas o del público. Salvo los años del régimen militar, en que se desconoció hasta la pregunta, la inquietud de los sucesivos gobernantes fue por los creadores e intérpretes. Primaba así el desarrollo artístico por sobre el desarrollo cultural.


Con la decisiva participación del mundo de la cultura en la Campaña del NO, otros actores del proceso cultural comenzaron a recibir atención pública. En los años 90 se comenzó a hablar de gestión cultural, de financiamiento privado, de infraestructura cultural, de formación de audiencias…a entender que no basta con desarrollo artístico y que se debía pensar también en el público que disfruta de la creación: en la platea.

Nacieron fondos concursables; proyectos de infraestructura cultural; estudios de intereses culturales; organizaciones de gestores culturales; consejos de la cultura. En todos ellos, la participación de la sociedad civil es tan importante como inédita y derivada de ello, el papel de las audiencias, o la platea, es obvio.

Tal como ha quedado en evidencia con el anuncio de la construcción de un teatro municipal en Las Condes que ha hecho creer a muchos que su edificación acarrearía perjuicios al Teatro Municipal de Santiago. Pero, los previsibles daños no son responsabilidad del nuevo edificio sino un ejemplo de las consecuencias de una gestión más preocupada por el escenario que por la platea.

El nuevo proyecto es de carácter local, anuncia un plan de gestión profesional, carece de elencos estables y plantea la búsqueda de financiamiento a través de una programación variada. Su condición de teatro comunal contrasta con el concepto de un teatro -de hecho nacional por la excelencia de sus elencos y su financiamiento- que se entrega en administración a un ente municipal. La existencia de un plan de gestión que plantee un “sueño” de teatro es indispensable en todo proyecto de infraestructura cultural. La búsqueda de financiamientos concursables, municipales y privados más la taquilla, asegurarán a la nueva sala una programación libre y variada, no sometida a la obligación de presentar “sus” elencos estables. Éstos, en teatros líderes del mundo, constituyen corporaciones independientes de salas determinadas y gestionan presentaciones en diversidad de espacios.

Hay quienes sugieren que la cercanía de estaciones de metro atraerá a Las Condes a los públicos de otras comunas. Esta puede ser una condición necesaria pero no suficiente. Los habitantes de otros sectores asistirán sólo en la medida en que se desarrollen programas de creación de audiencias. Es decir, preocuparse no sólo del escenario, sino también de la platea y, además, de un aspecto que asegurará la calidad de la relación entre ambos, en ese o cualquier otro espacio cultural, la concursabilidad en la selección de sus principales gestores.


                                            (Publicado en el diario La Segunda, el 17 de abril 2007)


11 diciembre 2025

SOLIDARIDAD: EL BOLETÍN DE LA ESPERANZA


 




Próximo a cumplir cincuenta años desde la publicación, en mayo de 1976, de su primera edición, conviene recordar los antecedentes, la estructura y el tipo de periodismo que desarrollo SOLIDARIDAD, conocido como "el Bole", el boletín informativo de la Vicaría de la Solidaridad.


Su antecedente más cercano está en el Comité de Cooperación para la Paz en Chile, allí hasta su cierre en diciembre de 1975, un pequeño equipo de comunicaciones elaboraba informes de prensa, que resumían lo publicado en los diarios nacionales respecto de las áreas de interés del Comité; realizaba análisis de prensa, que llegaba a los Obispos y dignatarios de las confesiones que integraban el Comité así como a los corresponsales extranjeros que se nutrían de información para responder a sus medios internacionales; publicaba estadísticas propias elaboradas en base de los casos de derechos humanos que llegaban hasta Santa Mónica 2338, y apoyaba a los directivos del Comité que eran víctimas de variadas campañas de prensa, inspiradas por la dictadura, como ocurrió, por ejemplo, con los ataques abiertos al Obispo luterano Helmut Frenz, o una despiadada entrevista "off the record" que un supuesto periodista realizó al Obispo Carlos Camus y que difundió mañosamente.

Estas tareas fueron asumidas por la Vicaría de la Solidaridad, a contar del 1º de enero de 1976, y sus diferentes departamentos: Jurídico; Laboral; Campesino; Zonas; Coordinación nacional; Educación solidaria y otros de apoyo. 

Uno de estos fue el Departamento boletín Solidaridad, que tenía por misión, reflejar el trabajo de cada uno de las áreas señaladas y sus obras mas señeras como las bolsas de trabajo, los talleres, los comedores y salud.

La idea del Cardenal era que, así como ideó una Vicaría en plena Plaza de Armas, con gran visibilidad, sus tareas también eran transparentes y comunicadas a cada parroquia a través de un medio interno creado para ese efecto. Así, la Vicaría instaló un aparato compuesto por periodistas, fotógrafos, diseñadores, distribuidores y otros profesionales indispensables para difundir un boletín de varias decenas de miles de ejemplares, que pudiera hacer frente a una grave situación de ausencia de libertad de expresión en el país.

Con algunos comunicadores del Comité, más periodistas de medios católicos como Radio Chilena o el Departamento de Opinión Pública (DOP) del Arzobispado más aguerridos y valientes fotógrafos que cumplían su riesgosa labor en las calles a rostro descubierto, la Vicaría constituyó un inédito equipo para un novedoso medio.

De este modo, actuando como Director responsable el propio Vicario de la Solidaridad, en diversas ocasiones en Cardenal Raúl Silva se reunió con el equipo del boletín para evaluar lo realizado y orientar el tipo de periodismo que debía implementar.


Leyendo recientemente al conocido autor español Javier Cercas, en su libro "El loco de Dios en el fin del mundo" (Random House, 2025) sobre la visita del Papa Francisco a Mongolia, encontré, en boca de una religiosa que trabaja en Radio Vaticano, una frase que calza a la perfección con lo que inspiraba a SOLIDARIDAD:

"- Nosotros intentamos transmitir esperanza. Esa es otra peculiaridad de los medios de la Iglesia.

- Es cierto -la respalda Andrea Tornielli, responsable de todos los medios Vaticanos-. Y esto significa que, incluso cuando estamos contando lo peor, la guerra de Ucrania, por ejemplo, buscamos siempre un punto de luz, por pequeño que sea, un atisbo de salida". 

Es exactamente lo que pedía el Cardenal al equipo, que, por negro que fuera el panorama de lo que estábamos reporteando, siempre había que finalizar con esperanza.

Idealmente, el periodismo debería ser completamente independiente, sin embargo en las circunstancias de censura y ausencia de libertad de expresión que padecía Chile en 1976, es legítimo que la Iglesia de Santiago sustente un medio que podríamos llamar de periodismo de esperanza. Y que cumplió su misión de salvar vidas y mantener viva, aún en las peores circunstancias, el derecho de la ciudadanía a ser informada.

Con verdad y esperanza.

04 diciembre 2025

SAN ISIDRO 562: TRES MIRADAS





Mi primer recuerdo de la casona de San Isidro, data de finales de los 60, está vinculada a la Reforma. La visité como dirigente estudiantil, pues Periodismo era una de las escuelas más cercanas junto a Arquitectura, Ingeniería Eléctrica y el Instituto de Sociología, cuyo centro de alumnos presidía. Entre los dirigentes estudiantiles de Periodismo de entonces destacaban colegas como Abel Esquivel; Francisco Castillo; Vicente Pérez; Rodolfo Gambetti (QEPD); Eugenio Rengifo; Jorge Andrés Richards; Jaime Moreno Laval (QEPD) Enrique Ponce de León (QEPD); María José Lecaros; Eduardo Santa Cruz y Pablo Portales.

La segunda visita fue, como ayudante de Cecilia Allendes, a inicios de los 70s. Quien me había encargado elaborar la bibliografía de un Taller que dictamos, titulado Periodismo de Familia.

Me llamó la atención la biblioteca, ubicada en la capilla. Al dirigirme a ella, vi a alguien que leía, en penumbras, detrás del altar que constituía su escritorio.

Era Mariano Aguirre, el bibliotecario de la Escuela. Su labor consistía, básicamente, en auxiliar a los alumnos de maestros como Clodomiro Almeyda, Alfonso Calderón, Luis Domínguez, Guillermo Blanco o Antonio Skármeta. De más está señalar que muchas veces el celebrante debía despacharnos a pocas cuadras, a la Biblioteca Nacional, donde era más factible satisfacer
la voracidad lectora despertada por ellos, ahora acrecentada por Aguirre. De seguro, Mariano había leído más volúmenes que los que albergaba aquella capilla.

Tales ayudantías, dictadas a primera hora, para no interferir mi trabajo en Editorial Quimantú, me permitieron, en la espera, tener largas charlas con el entonces Canciller, don Cloro, que perseveraba en su cátedra de Periodismo Internacional. Nos paseábamos conversando de lo humano (más) y lo divino (haciendo honor al entorno) hasta que una cantidad razonable de alumnos llegaban a las respectivas salas. Esos invitantes pasillos fueron testigos también de horas de diálogo con Lucho Domínguez, uno de los mejores conversadores de la literatura chilena.

Sin embargo, fue en la tercera condición en que acudí a San Isidro 560, la de alumno en 1972, cuando valoré la formidable e invencible flota de maestros de redacción que ofrecía la escuela: Calderón -también sub director-; Skármeta; Blanco y Domínguez...

No es extraño entonces que podamos celebrar hoy a colegas reconocidos escritores como el prolífico Hernán Rodríguez Fisse (“Prefiero Chile” sobre los inmigrantes judíos a nuestra patria) y Rodrigo Atria (“Las ataduras del silencio”, un testimonio periodístico), ambos, por obras previas recibieron el Premio Revista de Libros de El Mercurio (en 2017 y 2021, respectivamente), y Guillermo Hormazábal, que nos acaba de impactar con estremecedor testimonio de su detención en plena dictadura: “Entre la voz y el miedo”.

Pero no sólo de palabra escrita vive el comunicador; también era potente (de muchos watts) el equipo de Radio compuesto por Manfredo Mayol; Fernando Reyes Matta o Cachito Ortiz... O las experimentadas nociones de foto, cine y televisión que entonces entregaban Bob Borowicz; Juan Domingo Marinello; Rafael Sánchez, y Silvia Pellegrini.

No es de extrañar entonces que en 1993, 1997, 2005 y 2009, la Universidad de Chile se distrajese y se otorgaran Premios Nacionales a Pilar Vergara; Patricia Verdugo (QEPD); María Olivia Monckeberg, y Juan Pablo Cárdenas, en ese mismo orden. En una mucho mejor proporción a la habitual, un 25% de hombres, (recuerden que las postulantes en la primera generación, 1961, fueron 120 mujeres y sólo 12 hombres).

Proporción que se invierte si consideramos los Directores de Escuela en San Isidro -todos hombres- desde esa fecha: Patricio Prieto (1961/1966); Sergio Contardo (1966/1968); Luis Domínguez (1968/1972) y Alfonso Calderón (1972/1973). Luego del golpe asume José Ortiz Segundo.

Cabe también recordar que tuvimos nuestra propia legión extranjera, encabezada por el Premio a la Trayectoria José Carrasco; Rafael Otano Garde (natural de Pamplona) y Hermán Antelo quién llegó a ser Cónsul General de Bolivia en Chile (= Embajador).

Sería injusto no recordar hoy a quienes ya no están, que son muchos y sería imposible mencionarlos a todos. Me quiero centrar solo en dos más recientes: Augusto Góngora Labbé y Jaime Martínez Williams.

Augusto, tuvo una destacada carrera en la prensa audiovisual: Teleanálisis y recordados programas culturales en TVN. Pero su aporte en la prensa escrita dejó huella y ya se acerca a cumplir 50 años: Solidaridad, el Bole de la Vicaría, que tuvo entre sus fundadores a varios “Isidrones”, como Pablo Portales; Ramón Abarca; Guillermo Hormazábal, y el suscrito. Augusto me reemplazó como Editor a fines de diciembre de 1977 y tuvo un gran rol en los tres volúmenes de “La Memoria Prohibida”.

Jaime, periodista y abogado, fue Decano de esta Facultad, director de Qué Pasa y gran cronista gastronómico -a cuatro manos, con su esposa Laura Tapia- sin embargo se ganó un lugar en la defensa de los derechos humanos por su aporte presencial en la constatación del hallazgo de cuerpos de desaparecidos en Lonquén.

Permítanme también un reconocimiento personal: fui fundador y director de APSI hace 50 años (el 30 de julio de 1976, apareció el primer número). Debí dejar ese cargo en agosto de 1981, por clausura de la revista. Al recibir ese mazazo en las oficinas de DINACOS, en el entonces edificio Diego Portales, lo primero que hice fue ir a manifestar mi protesta a la asociación gremial que nos acogía: la ANP. Allí me recibió con cordialidad y dignidad, Jaime Martínez Williams, su Secretario Ejecutivo. Fue un remanso en el momento más complejo de mi carrera periodística. No estoy seguro de habérselo agradecido así de claro. Lo hago hoy, ante más de cien colegas de nuestra universidad. 



Intervención en el Encuentro de Ex alumnos de Periodismo UC, de las trece primeras generaciones, que estudiamos en la casona de San Isidro, desde su fundación, en 1961 y hasta 1973, el 4 de diciembre de 2025.