30 mayo 2013

MUJER METRALLETA: "YO, LA PEOR DE TODAS"


Una noticia conmovió a los seguidores del cine chileno: la película "Tráiganme la cabeza de la Mujer Metralleta", de Ernesto Díaz, que recientemente fue exhibida en el prestigioso Festival de Cine de Cannes fue incluida en un recuento de The Guardian sobre lo "peor" del certamen, en un sarcástico recuento donde abundan las comedias y cintas de acción. La película protagonizada por Fernanda Urrejola comparte lugares con una comedia policial, un tornado de tiburones y una sobre un Viejo Pascuero alérgico, entre otras producciones.

Sin dudas es una muy buena noticia, si seguimos a  Neruda cuando le preguntaban cuándo habrá buen cine chileno: "Cuando exista mal cine chileno", respondía inefable. 

Lo que no saben los críticos presentes en Cannes es que la película fue estrenada antes de que la vieran ellos, en un ya tradicional Festival de cine, en la ciudad de Lebu, al sur Chile, el mismísimo día de la mujer: el 8 de marzo de 2013. El público que repletaba el gimnasio del Liceo Técnico Profesional Dagoberto Iglesias de esa ciudad, que no posee salas de cine, disfrutó de la cinta y se rió de buena gana con la fantasía de un personaje que pertenece a la cultura popular.

En efecto, Ernesto Díaz juega en el título de la película con el mito creado por la prensa, de una supuesta "terrorista" que usaba "todas las formas de lucha" para combatir la dictadura de Pinochet. Luego, ese calificativo fue siendo aplicado por la cultura popular a cuanta mujer delincuente aparecía en las páginas policiales y también a no pocas damas de "radiador pequeño" que explotan con facilidad ante situaciones enojosas.

Adicionalmente, la película es protagonizada por una excelente actriz, bastante reconocida en las también populares teleseries.

De modo que, más allá de la calificación británica, el film contribuye a llamar la atención de un público que no va habitualmente al cine y menos a ver cine chileno y eso es una buena noticia.  Sobretodo cuando el país cinematográfico estaba bastante satisfecho con los merecidos recientes logros de películas nacionales como "NO" y "Gloria".

Pero el cine no vive y se desarrolla sólo de premios, sino de públicos. Y los públicos deben habituarse a ver cine chileno. Por ello es relevante la iniciativa parlamentaria de reglar, por ley, cuotas de pantalla para las creaciones nacionales. 

Ya se demostró que las audiencias teatrales se pueden desarrollar mostrando mucho teatro, bueno, regular y malo, aunque para ello no fueron necesarias cuotas de exhibición sino estímulos concursables como el Fondart e infraestructuras edificadas con dineros públicos, como el Centro Cultural Estación Mapocho, el GAM, Matucana 100 o el Municipal de Las Condes, que no persiguen fines de lucro. Es verdad que aún faltan estímulos públicos para compañías independientes, lo que es de toda lógica dado que existen audiencias expectantes.

Sin embargo, el cine está en otra etapa, previa. Apuntando más a la creación y con resultados sobresalientes tanto en cortos, largometrajes y documentales, con crecientes aportes públicos de Fondo del Audiovisual, la CORFO y el CNTV, los que no serán suficientes si no se sustenta dicha creación en audiencias estables.

El problema es que, a diferencia del teatro, mostrar cine pasa por programadores y exhibidores transnacionales que persiguen sólo un beneficio lucrativo que llega con más facilidad proyectando películas fabricadas en Estados Unidos por empresas vinculadas a las mismas cadenas exhibidoras.

Complementariamente, disponemos -sólo en dos o tres ciudades- de muy pocas salas de cine arte, con severas limitaciones de difusión de sus programas.

¿Habrán pensado los grandes distribuidores de cine internacional que, cuando lleguen con sus multisalas a la provincia de Arauco, por ejemplo, ya tendrán un público habituado al cine? Sólo que mayoritariamente cine chileno, gracias al Festival Internacional de Cine de Lebu que lleva  ya trece ediciones desde que comenzara mostrando a los lebulenses películas en la histórica caverna de aquellos forajidos apellidados Benavides, que hicieron mucho daño a las fuerzas patriotas que luchaban por nuestra independencia.

Festivales como FICIL, organizado recientemente por vez primera en Santiago, contribuyen también a fomentar la independencia del cine nacional, no sólo presentando competencias de documentales, cortometrajes incluso regionales, sino además proyectando películas en entornos tan idílicos como el lago Lanalhue o la Estación Mapocho, y convocando a una mesa de discusión y debate sobre las necesarias cuotas de pantalla.

De modo que quienes califican a la "Mujer Metralleta..." como la peor película para el ilustrado público de Cannes, nos hacen un gran favor: permiten reflexionar que el cine es respecto de la vida misma, una vida que, en Chile, se ha nutrido de mujeres de gatillo fácil, de apariciones truchas como la virgen de Villa Alemana, de oficinescos paseos  narrados por el Rumpy y también de gestas notables como la campaña del NO o mujeres señeras como la Gloria de Pali García.

En esas pantallas, deberemos avanzar en la búsqueda del desarrollo del cine nacional, recurriendo a leyes de fomento, aportes públicos, contribuciones empresariales y audacias varias, como, por ejemplo, acoger a la peligrosa Fernanda Urrejola, fuertemente armada, en la popular feria Comic Con.

22 mayo 2013

21 DE MAYO: VALPARAÍSO CULTURAL, NAVAL Y POLÍTICO

Cada año y por unas horas, Valparaíso, ciudad históricamente diversa, agrega a su dificultosa condición de capital cultural de la República un par de condiciones adicionales que la vuelven aún más atractiva y paradojal. Ocurre en las cercanías del 21 de mayo cuando el Poder Ejecutivo en pleno, con Presidente, Ministros, fuerzas especiales de Carabineros y escuadrones de presentación de las fuerzas armadas se trasladan hasta el Congreso Nacional con ocasión de la cuenta del gobernante. Paralelamente y en las mismas horas, nerviosos escalones de marinería, en Plaza Sotomayor, confían en que la autoridad alcance a terminar su discurso antes de la hora señalada por la campana de Prat y la Esmeralda: las doce y diez, para recibir los honores correspondientes junto a la tumba del héroe y sus acompañantes.

Pero esta condición de capital política y naval, adicionada a la cultural, comienza a prepararse con antelación. Uno o dos días antes, esta vez fue el domingo 19, desde los cerros porteños, se escuchan redobles de tambores, y agudas notas de pitos y cornetas de las bandas que encabezan a cada uno de las decenas de establecimientos educacionales que, vistiendo sus mejores galas, se dirigen hasta la Plaza Sotomayor para entregar su propio homenaje a Prat y los suyos, seguidos de ansiosos padres y hermanos que aprovisionan a los marchantes con subrepticias calugas, superochos y bebidas. Será una larga jornada que termina, caída la noche, con los desfilantes exhaustos ingresando a sus respectivas aulas al sonido del tambor. Entre tanto, han recorrido innumerables calles de la ciudad y desplegado su paso más marcial frente al héroe. Es una tradición muy anterior a la del Congreso, con sólo algunas décadas en Valparaíso, que igual se apresta a recibir parlamentarios e invitados especiales de todos los poderes del Estado, para honrar no a un héroe, sino a un ciudadano común que luego de cuatro experiencias como ésta, volverá a serlo. Mientras una decena de otros ciudadanos alistan sus mejores argumentos para sucederlo.

Compartiendo con esta tricapitalía, las artes no cejan. El mismo domingo 19, mientras las calles se llenaban de aires militares, las iglesias Luterana y Saint Paul, ofrecían sus habituales conciertos de órgano, sólo que en el caso de la Anglicana, se recibió una visita excepcional, el compositor y organista alemán Hans -André Stamm, que visitaba Chile y se encantó con el órgano donado por la Reina Victoria, al que hizo sonar como pocas veces escuchado en los habituales conciertos de los mediodías dominicales.

El 21, la música deviene en cañonazos, precisamente 21, que despiertan a una ciudad inquieta, que acoge a miles de otros marchantes, esta vez los de banderas rojas y consignas estudiantiles y obreras salpicadas por enseñas verdes del Santiago Wanderers, un imprescindible en Valparaíso. En el cerro Florida, entretanto, la Octava Comisaría, enfrentada a La Sebastiana de Pablo Neruda, acoge a centenares de carabineros venidos de otras regiones a evitar que la ciudadanía con sus desmesuras interrumpa el ritual político.

En otro cerro cercano, Ministras y Ministros se retratan -siempre como si fuera la última vez- junto al Presidente que luego se erige en un antiguo auto descapotable que avanza al cadencioso ritmo de su escolta de caballería y otros tambores que lo aguardan frente al Parlamento.

De pronto, todo se funde en un único exclusivo propósito: el improbable deseo de que el Mensaje Presidencial considere y plasme en ley, institución o bono sus más queridas aspiraciones. En ese lapso, todos los chilenos somos iguales. Hasta que termina el discurso y explotan los gritos de los manifestantes, los chorros de agua y gases de la policía y las enconadas críticas y exageradas alabanzas a los dichos.

Como si se aguardara un milagro abortado, 185 palabras agrupadas en 4 párrafos vuelven a la realidad a quienes, desde la cultura, asistieron a este rito republicano:

"Una sociedad de valores requiere una cultura libre, diversa y participativa. Por eso estamos desarrollando un ambicioso Plan de Infraestructura, que incluye la rehabilitación de cinco teatros regionales: Iquique, La Serena, Rancagua, Concepción y Punta Arenas. Y hemos pasado de tres centros culturales el año 2009 a 27 en la actualidad, y hay 24 más en etapa de diseño o construcción.
El programa Red Cultura, que ya está en plena acción en 172 municipios a lo largo de Chile, tiene por misión llenar esos nuevos espacios de la cultura con arte, cine, literatura, música, baile y todas las demás expresiones de nuestra cultura.
Hemos aumentado en un 30% los fondos públicos para promover nuestra cultura y este Congreso acaba de aprobar la Ley de Donaciones Culturales, que amplía tanto los receptores como los donantes y fortalece y flexibiliza sus mecanismos para promover y alimentar más y mejor la cultura de nuestro país.
Y hace pocos días enviamos a este Congreso el Proyecto de Ley que crea el Ministerio de Cultura y Patrimonio y una nueva y moderna institucionalidad cultural".

Nada nuevo, todo viene desde hace años y bien que se profundice. Sólo acomete una duda: si se esgrime como balance de  una administración en cultura programas creados, impulsados y evaluados favorablemente por un Consejo Nacional de la Cultura y las Artes que ha sostenido una cultura "libre, diversa y participativa", ¿por qué se pretende modificar esta institucionalidad?

Se dirá que se requiere mejorar la institucionalidad patrimonial. Y esa es una buena razón, sobretodo para Valparaíso, que terminó la intensa jornada del 21 de mayo enterándose, por TVN, que el principal patrimonio histórico naval del país es desguazado sistemáticamente por piratas y ladrones frente a las costas y bajo 45 metros del mar de Iquique. 

Si las entidades patrimoniales del país se comprometen con iniciativas como convertir a la  Esmeralda en un museo como el reflotado Vasa de Estocolmo -que se auto financia y mantiene otros dos museo navales suecos- podríamos estar navegando en aguas menos procelosas para el patrimonio nacional.

Es que hay mucho discurso con poco sentido y mucho sentido dando vuelta que merece ser convertido en relato. 

Finalmente, la cultura y el arte consisten eso: en contar hermosas historias, sea en un libro, un cuadro o un escenario.

13 mayo 2013

PRIMERA SEMANA DE UN PROYECTO SOLO

A siete días de firmado el proyecto que crea el Ministerio de Cultura, no podríamos decir que ha sido recibido con aplausos. El articulado llegó hasta la Cámara de Diputados bajo el Mensaje 32-361 y dicha entidad legislativa espera el ingreso del informe de la Dirección de Presupuesto que debe respaldar los gastos que la iniciativa implica, en especial la situación de los casi dos mil trabajadores de la DIBAM y el CNCA quienes señalaron: "lucharemos de todas las formas posibles, sea en el Ejecutivo o en el Congreso, para que un proyecto sin discusión de fondo de lo qué es lo que se quiere para Chile ni planta funcionaria acordada con los trabajadores, sea rechazado y que sí se apruebe un proyecto consultado a los trabajadores". 


La prensa no ha tratado mejor a la iniciativa legal. El Mercurio, fiel a su advertencia previa de que "sería un error legislar con apresuramiento" (12 de abril) se ha ocupado más bien de recordar que "en materia patrimonial existen modificaciones técnicas a la actual normativa que podrían y deberían adoptarse con mayor rapidez". En otras palabras, primero el patrimonio y luego la institucionalidad, lo que ratificó con una modesta fotografía interior de la ceremonia de firma del proyecto mientras destina amplios espacios a difundir la situación por la que atraviesan las salas de teatro independientes. Sobre el proyecto mismo, dejó su defensa sólo a Luciano Cruz Coke,en entrevista de Artes y Letras (5 de mayo).

La Tercera publicó una columna del mismo Cruz Coke (9 de mayo) mientras advierte en editorial (10 de mayo) de los peligros que podrían acechar al nuevo Consejo de la Cultura "como continuador del actual directorio del CNCA, sus políticas serán vinculantes, y cabe aquí analizar con más detalle cómo será la interacción con la figura ministerial, la que podría verse debilitada frente a las atribuciones del nuevo consejo. Su futura composición profundiza la presencia de personeros no ligados al gobierno de turno o de designación directa del Presidente de la República, lo que parece razonable, pero resulta indispensable que el nuevo consejo mantenga una pluralidad de visiones y una voluntad de amplio criterio, lo que debería garantizar que las políticas culturales no terminen siendo capturadas por grupos de interés".

Ambos diarios dieron difusión a una carta de Edgardo Bruna, Presidente de la Unión Nacional de Artistas en la que advierte "la importancia de avanzar sin perder lo logrado; el actual Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, si bien no resolvió del todo los problemas de dispersión de los organismos culturales, incorpora la participación de la ciudadanía en las decisiones de política cultural de una manera sui géneris. Mantener un órgano directivo colegiado con miembros de la sociedad civil -y no sólo con funcionarios públicos- puede hacer la diferencia entre una política cultural de Estado y una de gobierno" (El Mercurio, 11 de mayo; La Tercera, 13 de mayo).

El diario electrónico El Mostrador publicó la opinión del ex Director de Comunicaciones del CNCA, Patricio Olavarría : "Sabemos que es necesario contar con una Institucionalidad Cultural moderna, participativa, y democrática en todos sus aspectos, y también hay que ser sensato y reconocer que desde que se creó el actual Consejo Nacional de la Cultura y las Artes hace ya una década, el sector cultural se ha dinamizado y hoy contamos con una industria creativa más sólida, y con miles de emprendedores que trabajan en proyectos gracias a políticas de Estado que no son resorte de un solo Ministro, o un Subsecretario de turno, sino de sectores más amplios de la sociedad civil y de los propios gremios artísticos. No olvidemos que el trayecto para llegar a tener una Institucionalidad en Chile es de larga data, y siempre tuvo como eje la participación ciudadana lo que pareciera, de acuerdo a lo que afirman algunos sectores no viene a ser el caso con el proyecto Cruz-Coke, iniciativa que se habría redactado a cuatro paredes" (12 de mayo).


Radio Cooperativa dio tribuna a la ex Directora de la DIBAM, Nivia Palma  quién planteó la necesidad de elevar la discusión a nivel constitucional: "Abordar los grandes y complejos desafíos del Chile de hoy, con voluntad de ser una sociedad verdaderamente democrática, multicultural y multiétnica, implica pensar una política cultural que se define desde una comprensión antropológica de la cultura, del cómo una comunidad habita un territorio geográfico y simbólico en un tiempo determinado, de una cultura que habla de una cosmovisión, de una cultura que tiene un pasado que no ha pasado como decía Octavio Paz. Una política que reconoce que cada persona y cada comunidad son sujetos culturales y por ende tiene derechos culturales. Una política que define como esencial la naturaleza y la relación humana con ella, una relación de respeto, uso y no abuso de aquella. Una política cultural que reconoce y, por fin asume – lo que aún no ha hecho Chile-, que su historia de los siglos XIX y XX es de negación de sus orígenes étnicos, de negación de su larga historia- historia que no se inicia con la llegada del conquistador español -, de silenciamiento de las culturas populares, y de instalación absoluta de la comprensión de lo cultural desde las lógicas de la Ilustración y de concepciones colonialistas, ajenas, europeizantes del conocimiento y la cultura en general. Necesitamos pensar políticas públicas que contribuyan en el esfuerzo país de re-mirarse, construir y reconstruir su relato histórico, de reconocerse y valorarse en todas sus culturas, pueblos, etnias y comunidades. Esto implica darle valor a contenidos y formas ancestrales de conocimiento, implica poner en tensión crítica los conocimientos, prácticas y lenguajes legados por la Colonia y los imperialismos del siglo XX y del neoliberalismo" (12 de mayo).

Bío Bío optó por reproducir la  columna anterior de este blog y profundizarla en su señal de TV, bajo el llamado: “La propuesta de un ministerio binominaliza el tema de la cultura"

Por su parte, el diario electrónico El Dínamo, dio la palabra al ex Jefe de Estudios del CNCA, Fernando Gaspar: "El problema con la administración actual, finalmente, es su falta de visión estratégica del sector. La gran mayoría de los programas heredados del gobierno pasado o simplemente se continuaron (algunos con un cambio de membrete) o se cerraron sin ser remplazados. El apoyo sostenido a la continuación del programa de infraestructura cultural (encargado de la construcción de centros culturales a lo largo del país), se complementó con un programa como Red cultura, el cual carece de líneas claras de acción, de un presupuesto significativo para apoyar a las municipalidades y de un trabajo mínimo de creación de públicos. No se puede pretender cambiar la institucionalidad cultural sin tener idea qué se va hacer en la materia. Los deseos, legítimos o no, de “ordenar” y dar mayor jerarquía al área serían una excelente noticia si coronaran un proceso fructífero de implementación de políticas culturales y de propuesta programáticas innovadoras. Lamentablemente, lo único que se aprecia es un intento de “ordenar” para concentrar más poder; de jerarquizar porque no se supo coordinar ni actuar de manera sinérgica. No creo que baste con aplaudir o celebrar un intento de esta naturaleza que ha distraído la atención del tema de fondo: ¿qué se hizo en este gobierno en materia cultural que generará un verdadero cambio desde la administración pública? ¿Cuáles fueron los compromisos presupuestarios y legales que reflejaran el interés por situar a la cultura en el centro del desarrollo nacional? Sería contradictorio aumentar la institucionalidad después de haber demostrado no poder gestionar adecuadamente la existente. Al margen de apoyar la creación de un Ministerio de Cultura, cabe preguntarse si quienes festinan hoy con el proyecto de Ley que lo crearía, tienen claro cuáles son los ejes de trabajo para el desarrollo del sector. En poco tiempo, una gran cantidad de “entendidos” y las propias autoridades, han logrado manejar un discurso más o menos común sobre los “principales temas” y “preocupaciones”, pero en la práctica, existe una extendida incapacidad de proponer acciones concretas, fundadas y viables para el sector" (10 de mayo).

Desde quienes se espera respalden el proyecto, poco se sabe. El candidato Andrés Allamand -según el diario PULSO del 9 de mayo- "le pidió al ministro Cruz-Coke que acepte cupo senatorial por RN".

Hasta ahora, no hay respuesta.



06 mayo 2013

ESA VIEJA OBSESIÓN POR EL ORDEN



Finalmente, el gobierno del Presidente Sebastián Piñera dio a conocer su visión de lo que debería ser la institucionalidad cultural de Chile. Tomó varios años llegar a puerto. El resultado es pobre y revelador. Se trata simplemente de ordenar la casa.  Es una iniciativa de finales de gobierno, con ninguna posibilidad de verse aprobada en este mandato. Cabe recordar que la institucionalidad que nos rige fue presentada al país a dos meses de iniciado el gobierno -de seis años- de Ricardo Lagos, venía de una discusión iniciada por la sociedad civil durante todo el mandato anterior y tenía una cabeza muy clara, sentada a pasos de la oficina Presidencial, en La Moneda.


Esta vez, la iniciativa proviene desde el propio gobierno, de funcionarios incómodos ante duplicidades, faltas de autonomías y dependencias de otros ministerios y tiene una cabeza visible que está en la nómina de todos los últimos posibles cambios de gabinete, gatillados de manera frecuente por un año electoral que ha sido siempre el peor escenario para cambios legislativos relevantes.

La propuesta se enmarca en un escenario en que  la población – estudiantes, pescadores, enfermos, ciclistas, sindicalistas, partidarios de una asamblea constituyente- está en las calles y el país está discutiendo cómo profundizar la participación, terminar con los abusos y con el sistema binominal y cómo mejorar la educación, la salud y la previsión.

Frente a ello, lo que se plantea en cultura es ordenar lo existente. Está bien, existen ciertas duplicidades: servicios que dependen de un ministerio diferente al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, dificultad administrativa que data desde su creación; falta de recursos para proteger el patrimonio; autonomía para presentar iniciativas legales y condición de servicio público y no de Ministerio. Pero, ¿es la prioridad ordenar un sector como es el cultural que se caracteriza por su creativa dispersión y que no sin dificultades estableció una institucionalidad pública a su medida que es diversa e innovadora respecto de todo lo existente?

Sin duda, la respuesta es negativa. Sin embargo, la respuesta del gobernante es favorable. ¿Para qué?

Para que exista un Ministro, con rango y sueldo de Ministro. Para que exista un subsecretario, para que existan dos servicios públicos dependientes del mismo. Para que existan secretarios regionales ministeriales. Para que se asemeje a todos los demás ministerios. Para uniformizar a la cultura, para imponer a artistas, gestores y audiencias un esquema de funcionamiento similar a la defensa, las relaciones exteriores, la salud o la vivienda.

¿Para qué? Si hay una institucionalidad que ha funcionado en lo principal, que ha destinado crecientemente recursos a los creadores, que ha desarrollado un programa exitoso de infraestructura, que ha permitido, como en ningún otro sector, que los incumbentes sean considerados en los diferentes consejos, convenciones, comisiones evaluadoras y corporaciones privadas sin fines de lucro.

Para que toda esta participación se ordene. Que exista una autoridad unipersonal y un Directorio Nacional cuyos cuatro miembros provenientes de la sociedad civil sean ratificados por los 3/5 del Senado y reciban una dieta. Actualmente, son cinco, sólo dos son sometidos a aprobación senatorial, para lo que basta la simple mayoría, y son ad honórem. Esta modificación, bajar de cinco a cuatro, huele a componenda: dos de gobierno y dos de oposición, introduciendo un factor "empate" en la designación de personalidades de la cultura, a todas luces injusto, dado que es evidente que la mayoría de ese mundo simpatiza con un sector político.

Una matemática simple, señala que la reducción del Directorio Nacional de once a diez miembros termina con la posibilidad de que éste tenga una mayoría diferente a la del gobierno: tres Ministros o representantes de ellos, dos de los aprobados por el senado y uno de los dos representantes de las universidades suman seis. Es decir, tendríamos siempre un Directorio Nacional oficialista, en el que la autoridad política no tendría  inconvenientes para hacer valer sus determinaciones. ¿Dónde queda la permanencia de políticas culturales de Estado?

¿No es rigidizar lo existente reducir a cada cinco años la posibilidad de que dicho Directorio apruebe políticas? Si bien es cierto que mantiene su facultad de aprobar la asignación los recursos del Fondart y del eventual fondo concursable del sector del patrimonio, sólo "conocerá" de las asignaciones de los fondos del audiovisual, el libro y la música. ¿Y si son contradictorios con lo aprobado en el Fondart o el Fondo del Patrimonio? ¿Quién resuelve? Obviamente el Ministro; actualmente el Directorio Nacional tiene amplias atribuciones al respecto. 

Además, el Directorio podrá "proponer al Ministro de Cultura los proyectos de ley y los actos administrativos que considere necesarios para la debida aplicación de las políticas culturales", cuestión que evidentemente no existió en el proyecto actual, generado de manera inversa.

Cuesta imaginar que tales rigideces no provengan de los sectores más conservadores de la cultura, en particular aquellos del ámbito del patrimonio, que disponen de una institucionalidad pesada, que data de 1929 cuando el gobierno del general Carlos Ibáñez creó la DIBAM y que han puesto precio a su modernización. Un "amarre" ante los cambios.

En definitiva, un gobierno en su última cuenta pública, intenta, legítimamente, dejar alguna huella en el terreno cultural legislativo. Pero carece de un pensamiento fundacional o programático que le permita una solución creativa, realista y que recoja las inquietudes actuales del sector, que se reflejan día a día en el debate que emerge cuando se cierran salas de teatro o se incendia un edificio patrimonial. Ante ello, recurre al expediente del orden de lo existente, pretendiendo equilibrar las cualidades inequívocas de un Consejo con los temores ancestrales de sus conservadores patrimonialistas.

Es justo recordar que los gobiernos anteriores legislaron copiosamente en este ámbito, optando por el camino aparentemente más difícil de “desordenar” lo que había: innovando en la adopción de un Consejo de la Cultura las Artes en lugar de un ministerio; estimulando los aportes privados a organizaciones culturales sin fines de lucro en lugar de empresas; iniciando un incontenible desarrollo en la construcción de infraestructuras culturales; promoviendo la instalación en el país de protagonistas, hoy imprescindibles, como las audiencias y los gestores culturales, en lugar de públicos pasivos y ejecutores de presupuestos fiscales.

Tal “desorden” calza con las características del mundo de la cultura y lo refleja. 

Veremos, en la discusión que hoy comienza su trayecto parlamentario, si se acuerda aprobar este orden o el proyecto tendrá una vida tan corta como los meses que faltan para la próxima elección presidencial. 

03 mayo 2013

YO-YO MA Y ANA GONZÁLEZ

Además de la coincidencia temporal, la presentación del cellista chino-francés en el Teatro del Lago y la inauguración de la sala Ana González en el Centro Cultural Estación Mapocho, tienen aspectos en común. Más allá de que a uno lo bañe el Llanquihue y al otro el Mapocho y que los dos luchen contra nubes -de agua o de smog- para disfrutar del volcán Osorno o de la cordillera de Los Andes, ambos espacios culturales representan experiencias dilatadas en gestión y se encuentran en plena madurez.


El hecho de que Yo-Yo Ma dé un único concierto abierto en Chile en un teatro ubicado a 995 kilómetros de Santiago, revela que el país se ha dotado de espacios de calidad mundial en ciudades alejadas del centro, enclavado, en este caso, en un entorno capaz de acoger a mil doscientas personas que en su inmensa mayoría provienen de otras localidades. Y no es una experiencia única. Impactantes en esa línea son los festivales de cine en Lebu, Cielos del Infinito en Magallanes, Puerto de Ideas en Valparaíso o la feria del libro en Antofagasta. Todas ellas, sustentadas en una gestión con resultados evidentes y prolongados en el tiempo, como la que encabezan Nicola Schiess y Uli Bader, en Frutillar. 

Tales iniciativas regionales no sólo estimulan los viajes de los amantes del arte hacia sus ciudades sede, sino que, adicionalmente, su habitualidad promueve la inmigración de ciudadanos extenuados de vivir en las grandes ciudades. La reciente presentación de la revista  La Juguera, en Valparaíso permitió apreciar la constitución de una nueva elite cultural, avecindada en los cerros porteños, con origenes en diversas ciudades del país y que viene a ocupar el vacío que dejaron muchos oriundos que prefirieron las comodidades de balnearios cercanos o debieron resignarse ante el rigor del exilio político o económico.

A pesar de la incómoda nebulosa respecto de las cifras oficiales de población a la que nos tiene sometidos  el delirio de quienes porfiaron esterilmente por ser los mejores en el censo, es posible afirmar que, más allá de estas migraciones, puntuales o permanentes, Santiago sigue teniendo una enorme cantidad de población y, por ende, una mayor necesidad de atenderla culturalmente debido a las derivaciones perversas de la gran ciudad. Ese es precisamente el argumento que llevó al Parlamento, en 1990, a aprobar el presupuesto para  la remodelación de la antigua estación de ferrocarriles y convertirla en centro cultural.

Cuatro años duró esa remodelación, que culminó, en marzo de 1994, con una fiesta multicultural en la que Anita González fue la anfitriona. Entonces, el Estado de Chile asignó a la corporación que administra el espacio la doble misión de preservar el edificio, monumento nacional, y difundir la cultura.

Esa misión es la que ha madurado y se cristaliza en una tarde/noche -sólo ciento veinte horas después del concierto de Yo-Yo Ma- cuando en el Centro Cultural Estación Mapocho se abren gratuitamente al público tres exposiciones de artes visuales, seleccionadas en un riguroso concurso por un jurado de excepción; que conviven con el estreno de Zoo, de Manuela Infante en la Sala Ana González, y la presentación de Simulacro de Alta Costura de la serie Narciso de la coreografa Isabel Croxatto, en una sala de las Artes pavimentada por dos toneladas de ropa previamente donada por el público.

El entorno que recibía tanto a fotógrafos como instaladores, bailarines, artistas visuales y su público y a los invitados de la Compañia Teatro de Chile, era una estación reluciente, estrenando también dos ascensores, señalizaciones e iluminación, fruto de inversiones generadas por una gestión sin propósitos de lucro que destina sus excedentes a mantener y mejorar la infraestructura que, en nueve meses más será por tres días la capital mundial de la cultura, con motivo de la Sexta Cumbre de la IFACCA.

Manuela Infante, dramaturga y directora de la compañía Teatro de Chile, tras dar la bienvenida, sorprendió a los invitados a Zoo, refiriéndose a la contingencia “estrenamos una obra e inauguramos una sala, esta Sala Ana González, mientras se cierran dos importantes espacios”, destacando la importancia de contar con espacios de creación independiente, política y editorialmente, "como la que estamos".

Mientras, en la también recientemente bautizada Sala Lily Garáfulic, la artista iraní Vida Mehri, residente en Bélgica, inauguraba a la distancia la muestra La Bella Censura, inspirada en las condiciones socio políticas de su país natal.

Es que si algo no era nuevo esa noche, es la libertad de expresión artística que se respiraba junto al  Mapocho.

Afuera, Santiago inauguraba la primera lluvia del otoño, el aire húmedo recordaba aquel de Frutillar, escuchando a Yo-Yo Ma.


25 abril 2013

LA CASA LARGA Y ANCHA DE CARMEN WAUGH


Se quedan cortos quienes, con justificado cariño y gratitud, ven en Carmen Waugh a una galerista pionera y la constructora del Museo de la Solidaridad. Fue aquello y mucho más: una imprescindible para muchos que hoy son destacados artistas y para la cultura democrática chilena. Pienso particularmente en su rol en los ochenta, de la mano de su emblemática Casa Larga.

Pionera en el barrio Bellavista, Carmen se instaló en una antigua casona que resultó premonitoria del desarrollo cultural que tendría el barrio cuando terminó la dictadura. Acogió exposiciones variadas, desde muestras de afiches sobre el medio ambiente a pintores consagrados, talleres permanentes de artes plásticas y una librería.

Desde esa instalación, convocó a los artistas plásticos para ilustrar el libro Porqué NO con que el comando respectivo quiso dar a conocer las razones del voto NO de decenas de escritores y artistas. Desde allí, Carmen, la gran convocante, colaboró y participó activamente en la construcción programática del futuro que, luego del plebiscito, inexorablemente vendría. 

La Casa Larga fue sede natural de innumerables reuniones con que el mundo de la cultura preparaba lo que serían las políticas en esta área de los gobiernos de Aylwin en adelante. Allí  presentamos, el 12 de junio de 1989, como lo recogió el diario La Época, con Carmen, María Maluenda, Eduardo Carrasco, Beatriz Ramírez y Jessica Ulloa los lineamientos del Programa cultural del PPD, partido entonces instrumental que reunía a la mayoría de los artistas y creadores que habían insuflado la Campaña del NO.  

Por ello, no extrañó que una vez recuperada la democracia e instalada la Corporación Cultural de la Estación Mapocho, fuera convocada a integrar su Directorio junto a el músico Jaime de Aguirre, el arquitecto del equipo de la remodelación Ramón López, el escritor Antonio Skármeta, la historiadora Lucía Santa Cruz, el Ministro de Educación Ricardo Lagos y el Alcalde Jaime Ravinet.

En recuerdo y gratitud a esa colaboración directiva, el Centro Cultural Estación Mapocho la propuso como candidata para ser homenajeada el Día Nacional de las Artes Visuales 2008, "por su imprescindible aporte al desarrollo y difusión del arte y los artistas chilenos e iberoamericanos, como también a la promoción de las artes visuales de América Latina en el mundo". Fue elegida por votación de sus pares para ser homenajeada, y la Ministra Paulina Urrutia la reconoció públicamente el 26 de septiembre de 2008.

Carmen siempre apoyó "casas" para  la cultura. A inicios de los 90, cuando comenzó a armarse el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, con Carmen Waugh a la cabeza, la periodista Yenny Cáceres en revista Qué  Pasa escribió "esta reconocida galerista conversó con Roberto Matta sobre el destino de los óleos que cedió a la Unctad. "Seamos salomónicos. Que uno se quede en el Bellas Artes y el otro pase al Museo de la Solidaridad", le dijo el pintor. Así fue como "Hagámonos la guerrilla interior para parir el hombre nuevo" (200 por 490 cm, 1970) pasó a formar parte, en calidad de préstamo, del Museo de la Solidaridad,  

Bien podía gestionar el destino de un Matta, como recomendar un buen grabado de Antúnez al amigo que buscaba un regalo de matrimonio. Y también ocuparse de incorporar esculturas a los patios del Palacio de La Moneda. 

Tampoco olvidaba detalle cuando se trataba de agasajar a un ser querido, como cuando "dateó" a quienes organizaban un masivo cumpleaños de su yerno, Ricardo Nuñez, en el sindicato de la ETC, de la pasión del político por las motos. Sorprendió a todos el ingreso de Nuñez, en plena dictadura, montado en su moto y luciendo una pertinente chaqueta de cuero.

La verdad es que recordaré a Carmen siempre dispuesta y disponible para escuchar, compartir y acoger. Sobre todo acoger en espacios amplios, largos, anchos y altos. Un mujer que acogía en tres dimensiones.

Y sin necesidad de anteojos especiales.

22 abril 2013

"¿Y LOS INFANTES DE TANTAUCO, QUÉ SE FICIERON?"



No sólo fue Mario Vargas Llosa, adalid cultural de la campaña de Sebastián Piñera quién recientemente se desmarcó calificando de "patético" a su antiguo candidato. Su Ministro Presidente del CNCA recibe propuestas para postularse como Senador y dar así comienzo a una expectante carrera política. En general, a quienes aparecieron como figuras del programa cultural de los grupos Tantauco para las elecciones de 2009, ya no se los suele encontrar en los pasillos de Ahumada 11, décimo piso, sede santiaguina del Consejo, ni menos en la que debiera ser su casa principal, en Plaza Sotomayor de Valparaíso. Casi como una negra premonición, el 27/F, la revista Qué Pasa publicó un reportaje sobre ellos titulado "El mapa cultural de Piñera", ilustrado por los mismos rostros que encabezan esta revisión, hecha más de tres años después.

La primera baja fue la gestora cultural Drina Rendic, a quién la revista daba como una de las personas más influyentes en esta área gubernamental; conocedora del Consejo desde su Directorio Nacional, donde fue designada inicialmente por el Presidente Ricardo Lagos y ratificada por la Presidenta Bachalet, se fue distanciando de Cruz Coke debido a la intención de éste de promover la creación de un Ministerio de Cultura, aunque no formaba parte del Programa de Gobierno. Franca, transversal y directa, Rendic se convirtió en tenaz defensora del modelo británico de Consejo o Arts Council.

Pocos meses -menos de tres-  duró Nicolás Bär, el primer Sub Director del Consejo, que salió de la noche a la mañana, por determinación del Ministro, alcanzando a refugiarse temporalmente en la DIBAM para luego anclar como Agregado Cultural en Washington.

Cerca de ahí, está el escritor Roberto Ampuero, otra de las caras del mundo artístico que apoyó a Piñera, instalado como Embajador en México, donde le correspondió acoger la muestra chilena que se envió a la FIL de Guadalajara y ver alejarse de la Embajada a otra ex Directora Nacional del CNCA, Cecilia García Huidobro, de quién se esperaba tuviera un destacado rol en el gobierno de la centro derecha.

El  narrador Jorge Edwards, al igual que Ampuero, alcanzó a ser designado como miembro de ese Directorio Nacional, al que ambos renunciaron, antes de ser enviado como Embajador a Francia.

El segundo Sub Director nombrado por Cruz Coke, Gonzalo Martin, dejó su cargo en diciembre de 2011, luego de que un informe de la Contraloría lo sindicara como responsable de las irregularidades en la contratación sin licitación de un consultor; ya estaba complicado por otro informe que estableció que Galia Díaz, una de las víctimas del accidente aéreo en Juan Fernández, no debió viajar a la isla porque estaba con fuero maternal.

El arquitecto Juan Lund, uno de los fundadores del grupo Tantauco de cultura, impulsor de la invitación a diversos agentes artísticos, patrimonialistas y gestores -partidarios o no de Piñera- para ser escuchados por el grupo programático, ocupa un discreto segundo plano en el área de infraestructura del Consejo, de la que fuera jefe a inicios de este gobierno.

Dos jóvenes gestoras que menciona QP, Tatiana Acuña y Alejandra Valenzuela, tuvieron un paso breve por el Consejo. La primera fue removida de su cargo de Secretaria Ejecutiva del Consejo del Libro por desafortunadas declaraciones en tuiter respecto de la dirigente estudiantil Camila Vallejo ("muerta la perra, se acaba la leva"), el 4 de agosto de 2011. Valenzuela, historiadora de la Universidad de Los Andes, fue removida de su responsabilidad en la organización de la presencia chilena en la FIL de Guadalajara y terminó apoyando dicha participación como Agregada Cultural en México, desde agosto de 2012.

Justo Pastor Mellado a quién, según QP, el propio Cruz Coke pidió "que escribiera una carta a El Mercurio anunciando públicamente su apoyo a Piñera: la nota fue publicada un día antes de la segunda vuelta y comentario obligado en el ambiente cultural". Después de ser mencionado como uno de los candidatos para suceder a Milan Ivelic en el Museo de Bellas Artes, finalmente asumió la Dirección del Parque Cultural de Valparaíso, dónde ha desarrollado una interesante gestión.

Magdalena Krebs, otra Tantauco, permanece como Directora de la DIBAM hasta dónde llegó por Concurso de Alta Dirección Publica luego de que fuera designada interinamente a inicios del gobierno. Sus antecesoras Nivia Palma, Clara Budnik y Marta Cruz Coke duraron, a lo menos, un periodo presidencial.


Con este panorama, no es extraño que poco o nada quede del Programa inicial de gobierno y la tensión existente explique el porqué se estén dando mini crisis como la publicación de la Comisión Fílmica sobre sindicalización de cineastas, los aportes del Consejo a un proyecto educacional privado como el del Palacio Iñiguez o los cierres de espacios teatrales.

Toda crisis es una oportunidad y ésta es una excelente ocasión para que el Directorio Nacional del Consejo de la Cultura y las Artes resalte su existencia y ponga mano firme al timón. Finalmente, la política cultural de Estado debe continuar, aunque los "infantes de Tantauco" ya no estén.

Y el rey don Juan se vaya quedando solo.

TEATROS CERRADOS: ¿A QUIENES INTERPELAN.?


Recientes anuncios de cierres de salas de teatro en Santiago, han despertado una - muy necesaria- inquietud en el mundo artístico. Dicha incomodidad parece ir más allá de la mera perdida de espacios y se ha llegado a clamar por una nueva política cultural.


En efecto, si de protestar por pérdida de espacios artísticos escénicos se trata, hace tiempo que debiera haberse incendiado la pradera que circunda al CNCA y a su Presidente, responsables directos de la postergación indefinida de la gran sala de artes escénicas y musicales del GAM; del prolongado cierre por licitación defectuosa del Teatro Oriente;  de las turbulencias de la sala principal de Matucana Cien debido al consistente recorte presupuestario público a dicha Corporación; de la demora en aprobación de los fondos regionales del Teatro del Bío Bío, por deficiente negociación con las autoridades de la zona, y alguna otras obras más anunciadas que concretadas.

Por ende, si la solicitud, expresada en reuniones masivas, redes sociales, agrupaciones gremiales y sueltos de prensa apunta a razones más de fondo, es necesario discriminar hacia quien o quienes va dirigida la demanda, a quien se apela.

Año electoral, al fin, es evidente que la apelación escapa meramente a las autoridades vigentes, más aún si consideramos que los últimos dos ministros presidentes del CNCA provienen precisamente del mundo del teatro, son actores.

De lo escuchado, se desprende que existe una apelación a los posibles responsables de las políticas culturales en el gobierno que vendrá, los que indudablemente prestarán oídos raudos al clamor, más aún cuando varios de los voceros gremiales ya han expresado su simpatía legítima por una candidatura, la de Marco Enríquez.

Otra apelación, un poco curiosa, es a quienes les va bien en el mundo de las tablas: los actores y actrices de la televisión abierta y aquellos que verano a verano reflejan un mundo teatral pujante y diverso: financistas, organizadores y participantes de FITAM.

Sin embargo, la interpelación más certera va dirigida al FONDART, expresada en una frase de Alfredo Castro "yo me pregunto para qué el FONDART me da plata para armar este centro si después me dice que no hay plata para sustentarlo. Es absurdo y significa no entender lo que son las políticas culturales". Y otra de Marco Antonio Coloma: "Más formación de público y menos fondartpendencia".

Es una crítica con domicilio conocido. Y responsables legales: la ley que creo el CNCA entrega a su Directorio Ncional la principal autoridad para determinar los ítems que los fondos concursables preferirán y lo constituye en tribunal supremo para las apelaciones a los concursos realizados.

Es ese Directorio el que debe responder a la pregunta de Castro y, si la estima pertinente, modificar los criterios de asignación de recursos, entregando montos superiores a quienes deben mantener una estructura que se fundó con esos mismos fondos en años anteriores.

Afortunadamente, este Directorio no termina su mandato el 11 de marzo de 2014 y tiene entre sus integrantes a personas representativas de la sociedad civil que deberían asumir las demandas de la misma.

Mecanismos hay varios, el más inmediato, la Convención Nacional de 2013, en la que se espera sean superadas las  "asimetrías" denunciadas al culminar la Convención de Valdivia, en agosto 2012. Es decir, que las autoridades -y no sólo el Ministro Presidente- estén presentes y se hagan cargo de las propuestas que afectan a los fondos concursables.

Otra instancia es la postulación de personas al Comité Consultivo Nacional, que están abiertas. Finalmente, queda la posibilidad de postular a miembros para el 50% del Directorio que se renueva en 2016. Es decir, las instancias de participación están abiertas. La pregunta es por que no se utilizaron antes.

Por ejemplo, por que los gremios artísticos no hicieron oír su voz -en 2012- cuando el actual Directorio fue integrado sólo por hombres y poco se veía entre ellos una sensibilidad hacia las demandas que hoy expresan dramáticamente -cerrando espacios- actores y administradores de los mismos. Quizás podrían reponder por la confianza que les daba el hecho de tener un actor como Presidente del CNCA o porque la misma autoridad se comprometió con ellos en la incierta aventura de incorporar a las Pymes culturales entre los beneficiarios de la Ley de Donaciones.

A la luz de los resultados, podemos ver que la frustración por lo anterior agudiza el tema de las salas cerradas. Si sumamos lo del año electoral, tendremos un panorama más que movido.

Y no sólo en artes escénicas. Hay temas patrimoniales que no dan más -Palacio Iñiguez, por dar un ejemplo- y que requieren de una normativa que no puede esperar el largo debate del eventual Ministerio de Cultura, que, a juzgar por lo trascendido, tiene mucho de saludo a la bandera, cumplimiento de promesa electoral y liberación del Ministro Cruz Coke para que pueda enfrentar sus ya inocultables aspiraciones políticas.

En consecuencia, parecen estar dándose las condiciones -como en los noventa- para que la discusión sobre políticas culturales provenga desde las bases del mundo de la cultura, y sean estas las que lleven sus aspiraciones hasta los Programas Electorales, el Parlamento y las futuras autoridades.

Sin dudas, y arriesgo un juicio discutible, estas políticas, como en otras áreas que ya se expresan - salud, educación, ciencia-  demandarán una mayor cuota de Estado y de financiamiento público, sin arriesgar las amplias cuotas de participación que lograron las movilizaciones de artistas y gestores en los noventa.

Como entonces, no hay otra senda que discutir, discutir y discutir... Hasta lograr los consensos que permitan pasar a una etapa superior del desarrollo cultural chileno.

15 abril 2013

CRISIS, FUSIONES Y DIVERSIDAD EN EL MUNDO EDITORIAL


Debido al impacto del libro digital y, sobretodo, a la crisis europea, se anuncian nuevas fusiones o simples adquisiciones en las principales editoriales del mundo, de habla inglesa –quedaran cinco grandes- y castellano¿cuántas quedarán? El mapa editorial se re ordenará como el de los bancos, los supermercados… todo lo demás. Tendremos a unos pocos grandes, cada vez más grandes, y unos muchos, cada vez más, chicos que expresarán la diversidad que una industria cultural, por definición, debiera promover. El tema es cómo sobreviven los pececillos en un mar de tiburones. Mar que además comenzará a llenarse de muy pocos autores con enormes tiradas y aplastantes campañas de marketing. 


¿Quiénes perderán? La primera pérdida podría ser la diversidad, la multiplicidad de enfoques, creaciones y pensamientos que solían expresar las editoriales.

¿Cómo se evita la pérdida de aquello? Lo primero que se nos viene a la mente es evitar que los autores se entreguen a los cantos de sirena de los grandes editores. Pero ¿cómo podemos exigir a Simonetti, Edwards, Ampuero, Serrano, Allende, Rivera que no firmen suculentos contratos con los que han soñado toda una vida? ¿Podemos sugerirles siquiera que rechacen la gigantografías a tamaño natural que adornaran las librerías, o los afiches desproporcionados en el metro y grandes tiendas?

Pienso que sería más adecuado pedir esta cruzada a los otros posibles derrotados, los lectores. ¿Cómo?

Primero, que así como se está pidiendo cuotas de pantalla para el cine chileno, prefieran las editoriales nacionales, obviamente porque éstas han desarrollado un amplio catálogo, con temas cercanos y autores relevantes que parecen invisibles para las transnacionales (o sea, que no venden cifras con más de tres ceros).

Segundo, que no se pierdan en campañas engañosas y estériles como la eliminación del IVA. Hay demasiados estudios serios que demuestran que la ausencia del impuesto no afectaría los niveles de venta de libros, por el contrario, los recursos que por él se recauden, pueden ir a esta cruzada de defensa del editor nacional. Comparen los precios de los libros de las transnacionales y de las pequeñas editoras chilenas. Allí está la diferencia, en el sello, no en el IVA.

Un mercado dominado por un par de grandes grupos de publicaciones sólo fomentará a las pequeñas editoriales, los blogs, las redes sociales, las fotocopias, los libros de farándula, autoayuda y otros pilares sordos de este mundo.

Si es así, las editoriales pequeñas, deben perseverar en publicar cada vez más títulos, cuidar las tiradas, agudizar su difusión por redes sociales, motivar a sus autores que participen del debate nacional, aliarse con universidades, centros de pensamiento y otros lugares de creación de ideas para nutrirse. Prefiero el editor que fustiga al autor remolón, antes que el que persigue al autor vendedor.

Si ha existido un boom de pequeñas editoriales, es por “Fuenteovejuna, señor”. Porque son necesarias y porque las grandes se han trasformado en un embudo donde cada vez salen menos autores.

Es evidente que restringir el número de autores editados no lleva a la extinción del escritor, por tanto, cada vez habrá más presión para que otros cumplan con el papel de quienes no lo están abordando. La fuerza de la creación literaria y de no ficción se desviará, evitando esta compuerta transnacional hacia pequeños arroyuelos locales.

No creo que el editor como profesional haya sido el capital de las editoriales. Siempre su capital ha sido su fondo bibliográfico, aquellos títulos que han sido escogidos y publicados gracias al trabajo de este profesional, que no es capital, sino asalariado al servicio de un emprendimiento, para multiplicar su valor.

En este escenario, cada vez será más tenue la diferencia entre el autor y el editor, así como más insalvable le brecha entre las transnacionales o multinacionales y la editoras locales.

Digo tenue porque las necesidades de grandes capitales para la edición son cada vez menores, los procesos de composición se han abaratado, las inversiones en papel se han acotado, el costo de difusión tiende a cero… el trabajo del profesional editor es cada vez más parecido al del autor: es un creador, que imagina un producto u obra, que motiva al autor a desarrollarlo, que lo acompaña en su proceso, que sugiere aspectos, que aporta investigación…

Por tanto, apuesto a la existencia de alianzas autor/editor, que imaginen obras, postulen a fondos concursables, sueñen circuitos de difusión y circulación… Es similar a lo que ocurre en otras áreas de la gestión cultural, las duplas de arquitectos/gestores que apoyan las obras de infraestructura; los dramaturgos/directores que conciben obras de teatro; los directores/productores que encabezan producciones audiovisuales… en fin, se abre una nueva manera de desarrollar una industria editorial.

Dentro del drama de la crisis europea, el “colonialismo” está de baja y han vuelto a mirarnos como hijos pródigos de los cuales sacar más tajada. Nuestra fortaleza de “colonizados” está en habernos forjado en la pobreza y no el despilfarro, por tanto, nuestras recetas son el auto financiamiento  las eloisas cartoneras, la gestión eficiente y no los territorios de ultramar desde dónde sacar oro.

Pero ojo, que tampoco vale pensar a la inversa, no es el momento de ir a hacerse la América a Europa. Ellos se van a recuperar y ojalá, para ello, sirvan nuestras experiencias y al final del túnel –si es que la crisis no es una realidad permanente- podamos establecer una relación equilibrada entre nuestras editoriales locales y aquellas locales que puedan surgir en la nueva realidad post crisis.

¿Qué ocurrirá con los gigantes de las publicaciones? ¿Con los que queden luego de esta guerra por devorarse mutuamente?

Habría que ver cómo reaccionan ante esta nueva realidad. Si la comprenden y destinan parte de sus utilidades a publicar autores locales, de pequeñas tiradas, es decir, reconvierten en cultura lo que excede de sus resultados comerciales, podrían conservar un espacio en el panorama de la cultura nacional, si no es así, debieran asumir su real estatus e identificarse como industrias del espectáculo y la entretención. Pero de editores de contenidos estimulantes y partícipes de la historia del pensamiento de la humanidad… Que eso lo dejen a quienes comienzan a hacerlo.

Una nota sobre la coyuntura chilena.

Si este es el escenario, si esta transición hacia el empoderamiento inevitable de las pequeñas editoriales ya comienza, Chile, como país, debe tomar medidas para acompañar, con políticas adecuadas, este proceso: más recursos para autores/editores que se inician; más estímulos para llegar a los lectores actuales y potenciales; más formación académica para los gestores editoriales que el sistema requiere; más apoyo las ferias del libro y que éstas se vuelvan más atractivas, en diseño, programa cultural y accesibilidad.

Es decir, una férrea alianza entre editores, lectores y políticas públicas para defender el papel que la industria del libro debe jugar en todo país civilizado.

11 abril 2013

LOS PRIMEROS PASOS DE UNA CAMPAÑA SOBRE CULTURA

El inicio de la campaña presidencial, con todos los actores y actriz presentes en el territorio nacional, ha provocado a lo menos un ritmo diferente en el debate cultural, hasta ahora un poco remolón. Una información del Observatorio de Políticas Culturales, publicada en El Mercurio el  lunes 8 de abril, reveló que un 80% de los proyectos de leyes culturales estaban incumplidos. De inmediato, se encendieron las alarmas en el CNCA para, al menos, destrabar la modesta aspiración del gobierno Piñera de dejar como legado un par de proyectos de ley presentados, no necesariamente convertidos en Ley. 

Pero el panorama no es halagador: la sala de diputados amplió el debate sobre la Ley de Donaciones Culturales al pedir incorporar en ella también el patrimonio natural. Resultado: comisión mixta y más demora. Mientras los artistas agrupados en la UNA alegan que aún esperan que el Ministro explique por qué "después de solicitar nuestra ayuda en el proyecto de donaciones culturales, de la noche a la mañana, cercenó parte importante de la propuesta. Recordemos que el gobierno retiró del proyecto de ley que modifica las donaciones culturales el artículo que iba a permitir a las Pymes artísticas presentar proyectos susceptibles de acogerse a este beneficio tributario. La UNA, que había trabajado en función de ver aprobado el proyecto, se enteró a través de la prensa del abrupto cambio del ejecutivo".

Tal vez, el día siguiente podría  ser mejor. El martes comenzó con un madrugador incendio en un edificio patrimonial, que poco a poco, en medio de las llamas fue develando a la opinión pública su verdadera identidad: no era sólo el espacio donde funcionaba la Confitería Torres, sino el Palacio Iñiguez, una edificación patrimonial de propiedad de una entidad educacional, el DUOC UC que lo tenía abandonado por tres o cuatro años, a pesar de múltiples notificaciones de ese impresentable estado, hechas por la Municipalidad de Santiago.

No se habían apagado aún las llamas cuando apareció el Ministro de Cultura en televisión revelando que había un proyecto público de inversión en dicho inmueble. Según la página web  del consejo: "se estaba terminando la etapa de arquitectura, restauración e ingeniería. Al finalizar este proceso se iban a mandar los expedientes al Consejo de Monumentos para comenzar las obras cerca del mes de julio. El monto aportado por el Consejo de la Cultura fue de $ 119.880.000 y el valor total invertido fueron $239.760.000. Se estimaba que las obras de reconstrucción del frontis estarían listas en aproximadamente 9 meses". Al calor de las cenizas y las cámaras, el ministro agregó que "se iniciarán un conjunto de análisis para determinar cómo se seguirá protegiendo el inmueble y ver si se deben aumentar los actuales fondos disponibles -240 millones de pesos- para reparar el palacio".

No sólo nos enteramos que hay fondos de todos los chilenos para restaurar un edificio patrimonial de propiedad de un instituto de formación técnica privado, que lo destinará inequívocamente a desarrollar su negocio educacional. Además, se estudiará, sin que nadie lo solicite, la ampliación de dichos recursos públicos. No se conocen planes de gestión del inmueble ni cómo se compensará a los chilenos por la inversión realizada. Tampoco cuál será la comisión que resolverá tal aumento, sólo se sabe que será tarea de "los equipos técnicos del Consejo Nacional de la Cultura, junto con la gente del DUOC UC y la Fundación Pro Cultura".

Se omite que existe una serie de instancias colectivas de participación en cultura para asignar los recursos y que esa discrecionalidad se toleró debido al terremoto del 27/F pero nada aconseja mantenerla. Tampoco se considera que existen muchos otros proyectos que requieren apoyos públicos y que no cuentan con el respaldo de una institución como el DUOC UC, que compró y recuperó el edificio Luis Cousiño en Valparaíso.

Parece que el cemento y los fierros de construcción despiertan un especial interés a la autoridad. El mismo día, se calificó como "histórico" un acuerdo muy anunciado del CORE del Bío Bío para continuar la construcción del Teatro Regional, proyecto que tiene más de quince años y que ha tenido sus últimos retrasos por el poco manejo de autoridades nacionales y regionales que no negociaron oportunamente con los consejeros regionales las necesidades de otras obras de la zona. Es decir, se aplicó una política de infraestructura exitosa de gobiernos anteriores, a una velocidad ralentizada por la escasa sensibilidad para recoger las demandas locales.

Alberto Jarpa, uno de los consejeros de Ñuble que inicialmente votó en contra del proyecto, sostuvo que "solicitamos postergación de la votación al intendente, pues todavía teníamos consultas a alcaldes y concejales, respecto de si estaban dispuestos a concentrar una importante suma de nuestro presupuesto en una sola obra. El intendente no lo estimó conveniente, pensando que tenía los votos”.

Hechas las consultas a los Alcaldes, hubo un “memorando de entendimiento”, donde se comprometieron dineros "para cuatro obras clave en Ñuble: los mil millones de pesos que faltan para una nueva licitación del Teatro Municipal de Chillán, el soterramiento de la vía férrea camino a Parque Lantaño, una tercera vía en la Ruta N-59 y el término de varios edificios consistoriales de la provincia”.

A pesar de ello, el ambiente electoral generó la alegría desbordante de las autoridades, que llevará a que (nuevamente) se ponga la primera piedra del proyecto. La verdad es que sólo se hizo la pega. Bien por el Bío Bío que tendrá su teatro regional después de los mucho más significativos retardos que implicó la insistencia en un proyecto previo, conocido como el Pencopolitano, que se resistió a morir, enamorado de un improbable diseño arquitectónico de Borja Huidobro.

En este ambiente pre electoral, ese mismo día, las tintas de impresión jugaron su rol. El sindicato de trabajadores del cine dio a conocer una carta en que denunciaban a una publicación financiada por el CNCA, prologada por el Ministro que dice que lo bueno de filmar en Chile es que «los productores y técnicos no están sindicalizados». Se trata del libro Shoot in Chile, un volumen publicado en inglés, editado por la oficina encargada de promocionar a nuestro país como locación privilegiada para filmar producciones internacionales, películas y comerciales.


Una avergonzada Comisión Fílmica salió a aclarar que "cuando el texto menciona que los trabajadores chilenos son “non-unionized” tuvo como intención aludir a que a dichos trabajadores no se les aplica el sistema de contratación norteamericana. Ante la falta de precisión, asumimos el error en la redacción y atendiendo a la inquietud que ha planteado al Sindicato de Técnicos de Cine (SINTECI) con quienes sostenemos un trabajo constante, informamos que realizaremos las gestiones necesarias para precisar y rectificar esta información en el libro”.

Es decir, que vengan tranquilos porque los sindicatos chilenos no tienen la fuerza de los estadounidenses... "no me ayude compadre".

Mientras eso ocurría, el mismo martes, al atardecer,  los integrantes del coro del Teatro Municipal cantaban su huelga en las calles.

Que la cultura está movida, es verdad, pero ésto sólo está comenzando..