09 octubre 2012

GESTIÓN CULTURAL Y MUSEOS MILITARES


Un estudio reciente de una egresada del Magister en Gestión Cultural de la Universidad de Chile, Carla Cari, ha puesto su atención sobre los museos de las diferentes ramas de las fuerzas armadas y Carabineros de Chile.


Históricamente, dichos espacios de memoria surgen luego de un siglo de guerras, el XIX. No podía ser de otro modo, esa era la ocupación preferente de la historia del país desde su nacimiento como ente independiente, que debía crear -en medio de ellas- instituciones republicanas como la Universidad de Chile, la Biblioteca Nacional o el Museo de Bellas Artes.

Luego de la Independencia, en 1818, acontecen asonadas internas, guerras con los vecinos del norte, Perú y Bolivia, en dos oportunidades y hostilidades dilatadas con el pueblo Mapuche, el vecino del sur. Culmina el siglo con la mayor guerra civil de nuestra historia, que costó la vida al Presidente Balmaceda, en 1891..

De todas esas conflagraciones van quedando vestigios dignos de ser instalados en un museo, tanto que el Museo Histórico Militar dio origen al Museo Histórico Nacional, a inicios del siglo XX. Interesante mezcla del aporte castrense y de la comunidad, convocada a hacer donaciones para la Exposición Histórica del Centenario 1536 - 1910.

Dicha exposición, inaugurada en septiembre de 1910, según Cari, demostró la "necesidad de constitución de un nuevo Museo Nacional y el 3 de octubre, es decir, en menos de un mes de abierta al público, se agregó al presupuesto de Instrucción Pública (actual Ministerio de Educación) un ítem para crear el Museo Histórico Nacional. El primero del país con financiamiento y raíz pública y estatal. El 20 de junio se determina que la colección del Museo Militar, que se encontraba en pésimas condiciones y próximo a cerrar por falta de financiamiento, se agrega al nuevo museo histórico, así como también  las colecciones del Museo de Santa Lucía y de la Galería Histórica creada en 1876. Como director de la sección militar se denomina al que fuera el último director del Museo Militar el Coronel Leandro Navarro (en la foto). El proceso se cierra en el año 1929 cuando, por decreto, Joaquín Figueroa agrega la nueva planta que cobijó la colección castrense. En un comienzo este Museo Nacional no tenia edificio propio y se instalaron las exhibiciones sin museografía en el segundo piso del Palacio de Bellas Artes hasta el año 1939 que se cambia a la actual Biblioteca Nacional".

Acciones memorables de otras ramas llevaron a crear museos de la Armada, en Valparaíso; la Fuerza Aérea, en la Quinta Normal, y -más recientemente- Carabineros, en Providencia.

La gran pregunta que plantea el pionero y minucioso trabajo de Carla Cari “Museos de las Fuerzas Armadas y de Carabineros de Chile: Diagnóstico de su gestión cultural” es sobre el futuro de estos museos que se han ido insertando en las instituciones castrenses y por tanto dependiendo de ellas tanto en sus colecciones como en su gestión y financiamiento.

Sabemos que no es su prioridad mantener ni administrar museos, por tanto dicha dependencia atenta contra el enriquecimiento de su patrimonio y su capacidad de gestión así como de su financiamiento y desarrollo.

Cabe plantearse entonces futuros estudios de cómo re insertar estos museos en el mundo museal nacional, acercarlo a la sociedad civil, tanto para que los ciudadanos donen como para que los visiten y a la vez para que sea de interés a empresas vincularse a su financiamiento.

El camino podría ser crear a su lado corporaciones culturales privadas sin fines de lucro que los administren y consideren entre sus fundadores a entidades civiles relacionadas con las temáticas respectivas (ingeniería, universidades, aeronáutica, navieras). A la vez debieran establecer alianzas con el sector público relacionado como la DIBAM, el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, el Ministerio de Defensa y con entidades formadoras de sus administradores como el Magister de la Facultad de Artes, para asegurar una gestión profesional.

Hay aquí una oportunidad para todos, a partir de los primeros brotes que está dando un trabajo simultáneo de formación, reflexión e investigación en gestión cultural, en las aulas universitarias.

26 septiembre 2012

EL PRIVILEGIO DE TRABAJAR CON RENATO ANDRADE, NATO



“Cachupín”, por Nato y “Desde la Marquesina”, por Jumar eran mis favoritos en la revista Estadio, que coleccionaba rigurosamente pues sus portadas, con rostros de jugadores, me servían para configurar –en la alfombra familiar- dos elencos de once retratos cada uno que se enfrentaban afanosamente lanzándose una pelota de papel arrugado hasta convertir celebrados goles a las carátulas de Misael Escuti o el Sapo Livingstone. Cuando fruto del ajetreo deportivo las carátulas se desprendían del cuerpo de la revista, quedaban a la intemperie los habituales de la última página: Cachupín y Julio Martínez.


Cómo no iba a ser emocionante cuando, trabajando en Quimantú, me encomiendan crear una colección de libros para niños y me señalan a un peliblanco y tímido diagramador que “me podía ayudar”: Renato Andrade.

Así conocí a Nato y sin demostrar mi infantil admiración nos pusimos a trabajar. Me recomendó el formato: un 16 apaisado, “así no se pierde papel” es como “una revista de patos (Disneylandia) pero acostada”, me explicaba; la letra, una 18 redonda en negrita, “así es más fácil para los niños”, el papel “uno blanco que tenga cuerpo para no tener que usar uno diferente para la portada”, y los colores planos “aplicados, cuatro por el tiro y dos por el retiro en prensas planas, que tienen menos trabajo que las rotativas”, para ahorrar tinta y separaciones de colores.

Una cátedra en pocos minutos, que seguí con boquiabierto silencio. En efecto, Nato había trabajado muchos años como ilustrador en Zig Zag pero ahora, que su partido de tanto tiempo había llegado al poder, era reconocido como un diseñador de experiencia y disponía de una mesa de dibujo y un contrato estable. Lo mismo que hizo con Cuncuna en términos de maqueta permanente, lo forjó después con la Colección Mini libros, que articulaban una portada con un fondo plano, una ilustración redonda y un título colorido. Muchas veces esa ilustración era creada por el propio Nato, siguiendo sabias descripciones de Alfonso Calderón.

Pero el mayor aporte –ya colectivo, fruto de la confianza que generaba trabajar con Nato- fue el nombre y el logo de la Colección. Les había encomendado a él y María Angélica Pizarro, su colega diseñadora, que me sugirieran propuestas de logo. Angélica, delante de mí, tomó una plantilla de Letraset y comenzó a desplegar letras “o” minúsculas, una junto a la otra. Luego de siete u ocho. Las o dieron un pequeño giro hacia arriba, como si levantaran una imaginaria cabeza. Sobre ella, cayeron dos trozos de una delgada película negra, como antenitas. Una o pequeñita ¿el signo ° (grados)? En el extremo superior derecho de la supuesta cabeza fue el toque decisivo aunque no final: luego vendrían las patitas. Pero la imagen ya se explicaba sola: gusano, larva, lombriz… cuncuna. Claro, sería la Colección Cuncuna.

Fue un parto a tres bandas con resultado positivo, que terminaría de consagrarse a manos -o lápiz- del poeta Manuel Silva: “Carita de pena no queda ninguna, lágrimas en risa convierte Cuncuna”.



Después vendría el carboncillo de Nato para inmortalizar el cuento anónimo El negrito zambo, número uno de Cuncuna. Más tarde otros títulos, como El tigre, el brahman y el chacal y algunos extras:
-         Nato, le dije un día muy agitado desde la puerta de su oficina, me acaba de llamar el compañero de las prensas que tiene un espacio en un pliego de las portadas de Nosotros los chilenos y que podríamos destinarlo a algún impreso para promover Cuncuna… Tenemos media hora.

Renato tomó una de sus ilustraciones, la del negrito reclinado contra una palmera, satisfecho después de haberse devorado cientos de panqueques hechos con la grasa de los derretidos tigres que lo acechaban y me dijo:  ponle un texto.

Recordé una frase del Presidente Allende: “En mi gobierno los únicos privilegiados serán los niños” y discurrí:
-         Perdón, pero somos privilegiados. 

En menos de media hora, las prensas planas expelían miles de negritos jactanciosos. A dos colores y sin gastar un peso.

Historias de los tiempos de NATO.

05 septiembre 2012

EL GAM DEBE SER PARA JOHN MALKOVICH

Si los ejecutivos del GAM hubiesen pensado cuál sería el mejor regalo para celebrar sus primeros dos intensos años, seguro no se les habría ocurrido algo mejor: traer a John Malkovich a la Arena de Santiago y demostrar así que hace mucha falta una sala acondicionada para dos mil personas que reciba con dignidad música, canto, teatro y otras presentaciones. Así fue y ocurrió el mismo día del festejo: el tan esperanzador 4 de septiembre chileno.


Más que mil argumentos, portada de Artes y Letras y otros desvaríos con que se ha intentado reponer la "detenida y en reevaluación" obra de la segunda etapa del GAM -un teatro para dos mil personas, aforo exacto que tuvo la Arena para La Comedia Infernal- la presentación de ese actor de culto en una infraestructura que mereció sus propias críticas desde el escenario, es una vergüenza para Santiago y para un público que está capacitado para apreciar y pagar lo que un espectáculo como éste vale. Entre otras cosas por el esfuerzo que el GAM y otros centros culturales hacen por formar audiencias, las que no pueden convertirse en público "sin casa".

Las cifras de público del GAM, que crecen en número, y lo más importante, derraman hacia nuevos grupos sociales de menores recursos, demuestran que las cosas se hicieron bien en términos de evaluar -estudio de audiencias mediante- las potencialidades del centro cultural que imaginó Salvador Allende; construyó Michelle Bachelet; inauguró Sebastián Piñera, y debiera finalizar un (a) próximo (a) presidente (a).

Las curvas de crecimiento de asistencia de grupos de menores recursos son muy similares a las de los inicios del Centro Cultural Estación Mapocho, con la expectativa que estas últimas se han consolidado y mantenido en el tiempo, sin que la aparición de otras salas las hayan afectado. Es decir, se están creando audiencias específicas de cada espacio, de la mano de una suerte de especialización que deriva grandes conciertos a la Arena, prolongadas exposiciones de artes visuales al Centro Cultural Palacio de La Moneda y ferias culturales de gran público al Centro Cultural Estación Mapocho. En este escenario -literalmente- es del todo injusto que los públicos que debiera atender un centro nacional de artes escénicas y musicales como es el GAM, queden estrechados en dos salas de 300 butacas cada una.

Presentaciones recientes, como la Gala del Ballet de Santiago, que desarrollo con maestría piezas clásicas y contemporáneas, lamentablemente ante un público menor y menos satisfecho que el de la ópera y los conciertos del Teatro Municipal, revelan que la formación de audiencias amplias para la danza es urgente y no se puede seguir atribuyéndola sólo al BANCH y los dirigidos de Marcia Haydée. La misión del GAM en ese terreno es ineludible.

Cuándo sólo con dos años de vida se está entre los imprescindibles, es señal de buenos resultados. Feliz aniversario al GAM y buenos deseos que "más temprano que tarde" pueda recibir en su nueva sala a los John Malkovich que chilenas y chilenos merecemos.

03 septiembre 2012

CONVENCIÓN DE LA CULTURA: ASIMETRÍA EN VALDIVIA


Luego de ocho Convenciones Nacionales, el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes parece haber encontrado el tono para estas reuniones anuales a las que obliga la Ley y que debieran ser lugar de elaboración, creación y evaluación de políticas culturales: una organización transparente, un entorno más que adecuado -la fluvial Valdivia- y una cuota mayor que la habitual de visibilidad de los órganos de participación, en especial el Directorio Nacional. Sin embargo, no por mucho planificar, amanece más temprano, aunque coincida con un cambio de hora. La sorpresa surgió desde la platea, en boca de Pablo Chiuminatto, sin que los organizadores pudiesen evitarlo: "Cuando hay autoridades, no hay diálogo y cuando hay diálogo, no hay autoridades".


La frase, que reveló la asimetría advertida, hizo desaparecer la sonrisa de la cara del Ministro Cruz Coke, que imaginaba, por fin, una convención sin una tragedia, como la de Juan Fernández que coincidió con la asamblea anterior en Arica, ni interpelaciones públicas de la asociación de funcionarios como en aquella y en la anterior de Puerto Varas, fue pronunciada fuera de programa, después del minuto 90, por Chiuminatto, artista visual y Doctor en Filosofía, integrante el Consejo regional Metropolitano.Como las buenas frases, muy pensadas y dicha en el momento adecuado, viajó con los delegados en su retorno a casa.


Quizás, en el texto, hay una falta de advertencia sobre quienes son las autoridades del CNCA. Si se trata de aquellas unipersonales, la afirmación calza. El Ministro sólo estuvo en oportunidades en las que la participación no era posible: su propia cuenta, la foto oficial, algunos almuerzos o cenas, sus palabras de cierre. Incluso, sus colaboradores tuvieron buen cuidado de mejorar el trato con los funcionarios para evitar participaciones no programadas o protestas.


Ahora, si miramos como autoridades a los Directores Nacionales y regionales, que lo son, sí se desplegaron con una fuerza superior a otras convenciones: algunos directores nacionales hicieron aportes en las conferencias -con preguntas de la asamblea- de sus áreas, como Pablo Dittborn en la lectura, presentando el top ten de la reunión: la charla de Marco Antonio De la Parra sobre hábitos de lectura; Pablo Allard, en el tema de industrias creativas, quizás demasiado básico para la audiencia, y Lautaro Núñez sobre Patrimonio Cultural Integrado presentando a Daniela Marsal, única mujer entre todos los expositores de las Convención. También Magdalena Krebs, fuera de programa, hizo una completa disertación sobre el pensamiento de la DIBAM ante el Proyecto de creación de un ministerio de Cultura, al ser interpelada desde la audiencia. En la misma sesión, Lautaro Núñez golpeó fuerte interrogando al expositor sobre la fecha en que el Directorio Nacional conocería el proyecto

En ese debate se manifestó la mas notoria ausencia de las autoridades unipersonales, que pretendieron dar un carácter técnico a un tema probablemente el más político de la Convención. Que lo era, lo probó la intervención de la presidenta de Anfucultura que dejó muy claro que en este proyecto están involucrados mas de dos mil trabajadores, que no seguirán pasivamente el desarrollo de una eventual modificación legal que aún desconocen. En ese contexto, habló la Directora de DIBAM aprovechando una tribuna inmejorable para dar a conocer la opinión institucional al respecto, misma oportunidad que desperdiciaron las autoridades del Consejo. En definitiva, se agregaron mas dudas, como qué acontecerá con los elencos estables o los alcances de la Ley 20.500 de participación ciudadana, a un tema que a pesar de ello quedó con fecha de vencimiento: su despacho al parlamento no puede pasar del 21 de mayo de 2013, última cuenta del gobierno actual y con un itinerario ineludible: ser antes aprobado por el Directorio Nacional y debatido con los trabajadores

Los ejes de la discusión que viene amenazan ser la participación y la financiación de un nuevo organismo que parte con desventajas en los dos ítems: se desperdicio la ultima convención -órgano máximo de participación del CNCA - antes del plazo fatal de mayo 2013 y quedó instalado el razonable temor funcionario de que la fusión que vendría debiera afectar necesariamente a los órganos supuestamente duplicados.


Lo demás funcionó según lo planeado, una Memoria del Ministro Luciano Cruz Coke, precedida por un breve discurso del Intendente anfitrión, Juan Andrés Varas, que hizo una llamado a que todos los órganos púbicos privilegiaran la descentralización y deseó que la práctica de dar su cuenta anual en ciudades como Valdivia "permée a los demás ministerios", junto con dar la bienvenida a a la "Capital Cultural del Sur" de Chile. 

El Ministro cumplió con los protocolos, agradeciendo la labor del Directorio Nacional reemplazando su presencia en el estrado con sendas fotos en el vídeo que dio cuenta gráfica de la labor realizada; homenajeando sobriamente a las dos funcionaria fallecidas en el accidente de Juan Fernández y resaltando la actividad cultural y artística de la ciudad sede. Luego, pasó a dar cuenta. Primer lugar ocupan, como es habitual, los programas de infraestructura que -sin dudas- serán parte principal del legado -con135 millones de dólares de inversión en el país- que Cruz Coke comienza a preparar. Luego se refirió a las medidas de fortalecimiento de la gestión cultural en el territorio y las ferias de programación. Reiteró las gestiones por incorporar al CNCA en las decisiones que tome el Consejo Nacional de TV y destacó los buenos resultados del GAM, el Parque Cultural de Valparaíso y la próxima exposición Guggenheim en el Centro Cultural de La Moneda. La omisión, en este item, de Balmaceda Arte Joven, que cumple 20 años de gestión, encendió los twitter, demostrando que la participación ya no se da sólo cuando se ofrece.

Fue cauteloso con los fondos concursables, destacando la nueva línea a instituciones a tres años plazo y el fomento a la traducción incorporado al Fondo del Libro y la Lectura.

En legislación, reseñó el cambio de la Ley de Alcoholes para permitir a los locales acoger espectáculos musicales en vivo; anunció una actualización de la Ley del Libro; la eliminación del impuesto adicional del 15% al software y reiteró argumentos para no introducirse en la modificación del IVA al libro. Destacó los avances transversales en la Ley de Donaciones, sin distinguir que en el Senado han crecido las dudas sobre la introducción de pequeñas y medianas empresas con fines de lucro entre los beneficiarios, como quedó en evidencia en el Taller sobre el tema, en la misma Convención.

En Patrimonio, resaltó el programa de apoyo a la reconstrucción patrimonial -MAC, Sala Arrau, Biblioteca Severín, Colegio San Ignacio, entre otros- hasta completar el 2013 unos 34 millones de dólares de inversión. Recordó el programa Tesoros Humanos Vivos, rescatando por primera vez en su cuenta -a una hora de transcurrida- el necesario concepto de lo multicultural. Anunció la creación de un Inventario de Patrimonio Cultural Inmaterial y la posible inclusión de los Bailes Chinos nortinos en la lista respectiva de UNESCO.

Reconoció a la administración que encabeza el mérito de haber reducido los plazos de pago de 70 a 20 días, la creación de un servicio de bienestar, el traspaso de 101 funcionario de honorarios a planta, la digitalización de los servicios de recursos humanos, el mejoramiento de sedes y saludó especialmente a Marianela Riquelme, la presidenta de Anfucultura.

En tal ambiente se inició una Convención ordenada, ajustada a sus lineamientos legales, con instancias de participación en talleres y trabajos de comisiones tan pautados como eficaces. Un paseo en catamarán por el río Calle-Calle, con luna llena, auguraba que la navegación sería plácida hasta el final. 

Sólo que un Consejero hizo patente la asimetría existente.Y movió las aguas.



21 agosto 2012

EN BUSCA DEL CINE PERDIDO

Nací en un entorno en el que el cine era algo natural, mi primer pediatra fue el doctor Aldo Francia (Valparaíso, mi amor), en el colegio se ofrecían talleres extra programáticos de Luisa Ferrari, una de las creadoras del Cine Arte de Viña. Mis padres me invitaron a la primera película para adultos, cuando aún faltaba mucho para alcanzar lo que la censura requería y tomara autónomamente la iniciativa de infiltrarme en filmes para mayores. Profesores de secundaria destinaban parte de su tiempo a acompañarnos y más tarde analizar en clases, películas del neo realismo italiano. Uno de ellos llegó a aventurar (con más entusiasmo que realidad) que la dirección cinematográfica era mi vocación. Para completar el cuadro, muchos fines de semana se deslizaron, placenteros, en los rotativos de la plaza de Viña. Entrar a inicios de la tarde y salir con la noche ya avanzada se convirtió en una práctica habitual, sólo repetida años más tarde en intensas jornadas cinematográficas en Buenos Aires.


Vi, en palabras de Neruda, "mucho buen cine y mucho mal cine", emblemática respuesta cuándo algún impaciente le consultó cuando iba a existir buen cine chileno. "Cuando haya mal cine chileno", espetó. Obvio, requisito para la calidad, en este caso, es la abundancia. La misma que comenzó a languidecer con la  llegada de la televisión primero y las multisalas, después. Un público estancado en cifras muy menores a la totalidad de los habitantes: diez millones de espectadores al año en un Chile de 16 millones de habitantes, a fines de los años ochenta. 
Le siguió una epidemia de cierre de salas, esas gigantescas salas, como el cine Gran Palace, que anunciaba el inicio de las cintas con conmovedores juegos de luces en sus multicolores paredes  impecablemente encortinadas. El fantasma alcanzó hasta el proyecto, de inicios de los noventa, de renovación del Centro Cultural Estación Mapocho, que contemplaba originalmente dos salas subterráneas de cine en la que hoy es la popular Sala de las Artes, dónde una curva pared con sendos agujeros rectangulares para proyectoras, constituye un mudo testigo de la abortada idea inicial. 
Entonces aterrizaron en el país, más en Santiago que regiones, las multisalas, esos conjuntos de abigarrados espacios no siempre bien aislados acusticamente que suelen compartir explosiones y encerrar olores de cada vez más diversas comidas ruidosas. Pero tuvieron el mérito de hacer regresar el público al cine y comenzar a elevar la curva de asistentes por año, aunque, como en los libros, las carteleras se fueron concentrando peligrosamente en los títulos más taquilleros.
La diferencia con la industria editorial es que ésta tolera las pequeñas tiradas, los editores boutique y las librerías especializadas que conviven con los fenómenos transnacionales. No así en el cine. Para éste se requiere una poderosa cadena de distribución y de exhibición, cada vez más concentrada en salas crecientemente tecnologizadas con la más reciente moda internacional.
Los diarios aceptaron esta imposición exiliando el cine, sus comentarios y críticas, a las páginas de pasatiempos, tiempo libre, espectáculos o directamente entertainment, dejando una pantalla vacía en las secciones de cultura.
Algo aconteció con la feliz coincidencia del estreno de NO con un festival de cine. Recuerdo el día, el 16 de agosto, en el mismo lugar dónde comenzamos a congregar vecinos para que se inscribieran en los registros electorales hace ya 24 años, el Unimarc de La Reina, me encontré con un cine portable instalado en sendos camiones rojo anaranjados que inauguraban el Sanfic 8, devolviendo el cine a los vecinos. Bien escogido el lugar pues por allí deambulaban los restos náufragos de quienes enviudábamos cada fin de semana del multicine de La Reina que había nacido -antes de Batman y tantos otros personajes leves- como una posibilidad de que en a lo menos una de sus 16 salas permaneciera el cine arte o nacional o de autor. Me interesé en la oferta y pude disfrutar, como en la Plaza de Viña de los sesentas, de un fin de semana de película(s) en el Hoyts del barrio. Las filas del festival se entrecruzaban con las de NO y daba la idea de que lo que crecimos entendiendo por cine volvía por sus fueros.

La pregunta es cómo perseverar en este intento. Sin duda los festivales hacen lo suyo, están el Fidocs, el de Lebu, el de la cueva del Milodón, el de Valdivia, que complementan Sanfic. Está la Comisión Fílmica promovida por el CNCA, que apunta a la pantalla -desarrollar filmaciones con locación, profesionales y tecnología local, la industria- pero no las audiencias. Falta desarrollar una política de creación de público cinéfilo, como lo hicimos con éxito en el teatro estival o con las ferias de libros que se expanden por el país.

Para ello, es preciso enfrentar el tema de las salas de exhibición, más allá de la mala experiencia del cine Huérfanos que no pudo sostener una  exclusiva para cine chileno.Y si las multisalas de multinacionales no brindan acogida al buen cine, tendrá que hacerse cargo de ello la Política Cultural pública. Como lo dijo Claudio Gay: "no hay Estado sin estantería". Es decir, no hay memoria del arte sin edificación de un dispositivo de recolección, conservación y exhibición de las fuentes, lo que implica que además de Cinemateca Nacional, debe existir una red de las salas de exhibición y eso se llama infraestructura cultural. Programa para ello existe desde 2000 -de construcción de centros culturales- a los que se han adosado recientemente de teatros regionales y reconstrucción patrimonial. 
Tal vez un programa estatal de habilitación de salas de cine, itinerantes y permanentes, dentro y fuera de los centros culturales existentes, ayude a reencontrarnos con ese arte perdido. 
Tarea para la próxima Convención del Consejo de la Cultura.

13 agosto 2012

LA LIBERTAD, EL NO Y DOS LIBROS



VUELTA A LA DEMOCRACIA PARA QUE
¿para que se repita la película?
NO!
para ver si podemos salvar el planeta:

sin democracia no se salva nada.
(Nicanor Parra, POR QUE NO, septiembre 1988)



El estreno de NO, dirigido por Pablo Larraín, ha traído recuerdos y discusiones. Inevitablemente, una obra de arte puede ser acusada de "reduccionismo" como lo hace Héctor Soto en Reportajes de La Tercera o de "simplificar y omitir" como lo hace Ernesto Ayala en Artes y Letras de El Mercurio. Ambas apreciaciones aciertan, en la medida en que lo acontecido el 5 de octubre de 1988 tiene muchas facetas que lo acercan más a la epopeya de un pueblo, como hay pocas en la historia de Chile, que a una simple campaña televisiva, aunque, sin duda, ésta formó parte relevante de aquella.


Lo primero que cabe destacar es el aporte a nuestro periodismo que hacen ambos comentaristas al regresar el cine a espacios que alguna vez ocupó, en páginas de cultura y de política. Esta expresión artística ha sido reiteradamente trasladada por la mayoría de los medios a livianas secciones de entretención y espectáculo. Quiera el destino (y los editores) que las profundas reflexiones sociales y políticas que suelen motivar películas notables regresen, para quedarse, en tales secciones. Lo que debiera traer aparejado el regreso a las salas de cine de un público que, acosado por el entertainment, huye de ellas, pletóricas de Batman, Kramer y sagas orientadas a un público infantil, que dejan poco lugar al cine que tiene algo que entregar, más allá de un buen par de horas y muchas crujideras de pop corn.

Lo segundo es que la película NO pertenece a un Director que -no podía ser de otra manera- muestra haber sido criado en un entorno cultural que entiende y conoce bien la obra de la dictadura y que asume la derrota de la misma más por una extraordinaria campaña televisiva impuesta por la presión internacional y no como una gesta que tomó muchos años, que implicó un gigantesco trabajo, enormes riesgos y una mística que se extraña.

Lo más evidente de los alcances ignorados en el filme es la labor que dirigentes políticos, sociólogos y psicólogos, hombre y mujeres, realizaron en términos de conocer científicamente el estado de ánimo de los chilenos luego de 16 año de dictadura y que nutrían cada minuto de la expectante franja.

El resumen de dicho trabajo está en el libro La campaña del NO vista por sus creadores (Editorial Melquíades, agosto 1989) en el que profesionales como Juan Gabriel Valdés, Mariano Fernández, Carlos Vergara, Eugenia Weinstein, Javier Martínez, Guillermo Campero, entre otros, entregan sus reflexiones sobre dichos estudios y dirigentes políticos como Carlos Montes, Isidro Solís, Ricardo Solari, Ignacio Walker o Rafael Almarza hacen lo suyo sobre la campaña territorial mientras Alberto Urquizar, Francisco Estévez y Gonzalo Martner reflexionan sobre el  control democrático de la votación misma. Están también los testimonios de quienes elaboraron la franja televisiva, que sin duda son muchos más que aquellos que puede sostener un guión cinematográfico como el que nos ocupa.

Allí se comprueba cómo miles de chilenos salieron, meses antes de la franja, a la calle, exhibiendo una modesta chapita, luego un tímido cartel, más tarde acompañados por un conjunto de vecinos contactados en las puertas de supermercados, plazas y ferias, para primero llamar a inscribirse en los registros electorales, estimulados por un valeroso llamado de Hortensia Bussi de Allende, y luego, una vez inscritos, convocar para votar que NO y, sobretodo, controlar minuciosamente que se respetara el resultado en cada una de las mesas de votación. También, cómo se celebró hasta el delirio una vez conocidos los resultados.

En el caso de los artistas, su generoso aporte quedó plasmado en otro libro: Por que NO. El NO de los escritores y artistas plásticos chilenos, (Comando Nacional por el NO, septiembre 1988), dónde 64 literatos -Miguel Arteche, Carlos Cerda, José Donoso, Ariel Dorfman, Jorge Edwards, Sonia Montecino, Nicanor Parra entre ellos- expresaban con sus propias palabras y en una página cada uno, las razones que los impulsaban a votar por esa opción. Los acompañaron trece artistas visuales -Nemesio Antúnez, José Balmes, Gracia Barrios, Samy Benmayor, Sergio Castillo, Patricia Israel, Roberto Matta, entre ellos- que ilustraron el sentimiento que devino mayoría la noche del 5 de octubre. Un documento histórico.

Sin dudas,el trabajo territorial o la convocatoria de artistas son menos visibles que 15 minutos diarios de televisión. Pero son ellos, público y creadores, quienes deciden los cambios históricos en las sociedades y no los programas de TV, así como fueron ellos los que, en octubre de 1988, demostraron que era posible terminar con una dictadura actuando coordinadamente quienes expresan el alma popular y quienes la constituyen.

Así como vimos, al inaugurar y clausurar la Olimpíada de Londres 2012, que los países recurren a sus músicos, cineastas, actores y escritores para expresar ante el mundo su identidad, fueron los artistas chilenos, unánimemente ("están todos con ellos" reconoce el publicista del SI en la película de Pablo Larraín) los que se llenaron de coraje para salir a defender el único derecho imposible de transar, el de la libertad de creación. Podrán mantenerlo por un tiempo en la oscuridad, sacarlo forzadamente al exilio o desarrollarlo en cenáculos solidarios limitados, pero esa ansia incontenible de crear es la que se expresó también en la franja, así como en los libros reseñados o en las conversaciones de toque de queda. Las luchas contra la censura editorial, de libros y revistas, durante más de una década, que utilizaron el humor y la metáfora para informar a los chilenos, formaron parte también de una sola gran demanda final: libertad. Sin ella no hay creación, sin ella, la creatividad inevitablemente desborda hacia la lucha por recuperarla.

Es lo que aconteció en octubre de 1988, que pudimos reírnos, bailar, manifestarnos masivamente y tararear viejos valses con contenido renovado, a pesar de todo lo que acontecía en el país. Gracias a la energía que salía de ello, derrotamos al poder, al apagón, a la oscuridad, a la violencia y el miedo, encarnados en un hombre atado a una perla, que "corrió solo y llegó segundo".

Sin los artistas y los sentimientos de su pueblo, que ellos encarnaron, no habría habido presión internacional ni campaña televisiva que valieran para encarar a una dictadura. Es lo que se extraña en la película recién estrenada, que constituye a la vez un aporte y un llamado a complementarla con nuevas producciones.

06 agosto 2012

LAS REVISTAS EN MI VIDA


Nacen por capacidad de reacción y sobreviven por capacidad de redacción, son las revistas; publicaciones que han acompañado las vidas de millones de personas, de manera silenciosa y a la vez imprescindible. Hace unos pocos días, la UDP acogió una singular congregación de esos seres extraños que somos los creadores, redactores, ilustradores o editores de revistas, con motivo de la presentación de un libro que pretende nada más que narrar "Una historia de las revistas chilenas", escrito por Cecilia García Huidobro y Paula Escobar.


Paula reconoció que su afición nació de su abuelo que la acribillaba semanalmente con Pequeñas Lulú y Archies mientras él también devoraba las propias y ... las coleccionaba. Cecilia nos desafió a tomar el testimonio y escribir nuestra propia historia de las revistas. Es lo que intento a continuación.

Cronológicamente, aparecen por primera vez en las vacaciones infantiles de verano en el campo, en casa de unos primos que atesoraban colecciones de OKey, Mr. Kirby y otras decenas de empastados que circulaban noche a noche en las cercanías de las palmatorias que nos entregaban mortecinas luces de velas. Las complementábamos con pequeñas historietas creadas por nosotros mismos en cuadriculadas hojas de cuadernos Colón. Más tarde, las colaboraciones en La Revista Escolar, antecedidas por sesudas crónicas en diarios murales, uno de los cuales llegué a dirigir: El Independiente.

Ya en la universidad, creamos, con Sergio Marras, una innovadora publicación llamada La Sexta Experiencia que se caracterizaba -impresa a mimeógrafo- por no tener corchetes ni una numeración  preestablecida: sus creativos textos estaban desperdigados a interior de un sobre y podían ser leídos en cualquier orden. Embebidos en las luchas universitarias, participé en una revista de nombre impresentable pero correcta en su misión, corría el año 1968 y ya habíamos dicho ¡Basta! sólo quedaba pendiente la segunda parte: "El Echado a andar" se llamó el pasquín.

La fortuna o la adicción de respirar revistas, me llevó a trabajan en las dos empresa que más títulos de este tipo han editado en Chile: Quimantú y Editorial Andina. La primera me acercó a la audaz experiencia de Cabrochico; al inverosímil proyecto de Juan, la revista juvenil obrera, totalmente manuscrita (sí, las letras de molde eran burguesas);  el resonante éxito de Paloma y La Firme; el paso sin mayor huella por el periodismo nacional de Ahora y de Mayoría; la juvenil Onda de la inolvidable Diana Aarón; la seriedad de Hechos Mundiales y La Quinta Rueda, y la desbordante variedad de las historietas Q como El Manque, el Intocable o el Dr. Mortis.
Andina, en los años de dictadura, me enseño a vender Vanidades, Buenhogar, Ideas, Tú, Harper's Bazaar, The Ring, Hombre y Mecánica Popular. Conocí así cómo Ricardo Larraín "desabollaba" spot realizados en Miami para dejarlos aptos para la TV local y Jaime de Aguirre componía en un dos por tres jingles idénticos pero absolutamente diferentes para tres revistas femeninas distintas.

No obstante, mis verdaderas creaturas son cuatro: Apsi, La Época semanal, Literatura y libros y Solidaridad. Dos de ellas, de aquellos engendros llamados suplementos, ese tónico con que el revistismo fortalece a los diarios, en especial los fines de semana. La Época necesitaba -a juicio de Emilio Filippi, su Director y fundador- una revista a colores a la usanza de El País semanal, capaz de soportar esa marejada de avisos a colores que, en formato revista, nos aguardaban ansiosos en las agencia publicitarias para financiar el naciente diario.Lo que ignorábamos ambos era que esas mismas agencias vivían de comisiones que cobraban a empresarios que no estaban dispuestos a que nuestros sanos propósitos se realizaran. Ganaron ellos -una vez más- y terminé imaginando un suplemento mucho más modesto, en blanco y negro, formato y papel diario, sin ninguna ambición publicitaria: Literatura y Libros. La principal huella que dejó fue impulsar a El Mercurio a fundar su Revista de Libros que aún hoy subsiste, acogido en las páginas de Artes y Letras.

Solidaridad era el Bole, el Bole era el boletín de la Vica, la Vica era la Vicaría de la Solidaridad, fundada por el señor Cárdenas, que a su vez era EL Cardenal. Su enorme protección eclesiástica, la de don Raúl Silva Henríquez, respaldaba los devastadores reportajes sobre la situación de los derechos humanos en nuestro país que debían, eso sí, culminar con esperanza: "No sólo denuncia, también anuncio". Muchas veces esa segunda parte era más costosa de descubrir en medio de la negra noche que nos asolaba como país.

Apsi, muy bien reseñada por Cecilia y Paula en su libro, fue la primera revista creada post golpe militar, siguiendo las reglas de la censura previa que regían en 1976, padeciendo luego el vértigo de la autocensura y culminando, al menos en mi caso, con las constantes citaciones de los censores de carne y hueso. La dirigí durante 105 ediciones, hasta que DINACOS me dijo basta, en vivo y directo.

Como estos recuerdos, las revistas tienen esa maravillosa condición de ser coleccionables. De hecho, sus empastados ocupan importantes extensiones de la biblioteca familiar, dónde conviven con tomos de Hoy, Clan, Chile Hoy o La Época Dominical. Cada ejemplar de esas coleccione es un ente acabado, a diferencia de otros medios como los diarios, las radios, o los sitios web que son abiertos y "en desarrollo", cambian con los goles o las segundas ediciones. Una revista es un producto tan acabado como bien concebido. Sus editores son por ende autores de mundos que consideran múltiples variables como el texto, su ilustración, su diseño, los titulares, la portada, incluso los "ganchos" que la sostendrán en los quioscos.
Quizás por eso esa reunión de pares que recibió la obra de Cecilia y Paula valoró como pocos lo complejo que resulta, además, intentar una historia de esa pasión que se requiere para hacer una revista. Y que se plasmó en un  libro notable, en forma y fondo. Que también es de colección.

30 julio 2012

LUCRO, FILANTROPIA Y LEY DE DONACIONES


Intervención en la Comisión de Hacienda del Senado el lunes 30 de julio 2012.

Valoro especialmente esta iniciativa de modificar la Ley de Donaciones Culturales porque se trata de un significativo estímulo a un hábito tan poco desarrollado en Chile como necesario: la filantropía. Habiéndose creado una institucionalidad cultural hace menos de diez años, ésta se ha posesionado en nuestra sociedad de tal forma que nadie duda de que hemos resuelto un camino que ha llegado, como en la mayoría de naciones del mundo, para quedarse: los consejos de la cultura y las artes, en desmedro de alternativas más autoritarias como los ministerios o más blandas como aquellas que dejan al mercado la resolución de gran parte de los asuntos culturales.

Sin embargo, esta manera de resolver la relación entre el Estado y el desarrollo cultural a través de la presencia de la sociedad civil en la asignación fondos públicos transparentes y concursables, tiene un complemento indispensable que son los mecanismos para complementar el aporte público mediante recursos privados: los estímulos tributarios.
Este complemento, como su calificativo lo indica, debe supeditarse a lo central de nuestra política cultural, que es su dependencia de órganos colegiados y participativos que determinan y evalúan las políticas que se aplican en este campo.
Es lo que se encuentra y aprecia en este proyecto, cuando nos topamos con un mecanismo de estímulo de la filantropía subordinado al Directorio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, administrado por un Comité de Donaciones igualmente participativo y con beneficiarios, hasta ahora casi exclusivamente entidades sin fines de lucro, que poseen normalmente directorios representativos de la sociedad civil. Prima en todos ellos un criterio, comúnmente aceptado, que hermana los conceptos de filantropía con el de ausencia de fines de lucro.

La definición de uso común señala que la etimología de la palabra filantropía deriva sus raíces del griego φίλος  philos (o filos), y άνθρωπος,  anthropos, que se traducen respectivamente como 'amor' (o 'amante de', 'amigo de'), y 'antropos' (o 'ser humano'), por lo que filantropía significa 'amor a la humanidad'. En general, la filantropía significa el amor al género humano y todo lo que a la humanidad respecta, particularmente, en su forma positiva y constructiva, expresado en la ayuda a los demás sin que necesariamente se requiera de un intercambio o interés alguno en una respuesta.
Llama la atención en el Proyecto en estudio que, por primera vez se introduce como beneficiarias en su artículo, 1° 1), a “las empresas de menor tamaño”.
La Ley 20.416 entiende como empresas de menor tamaño a aquellas cuyos ingresos anuales por ventas, servicios y otras actividades del giro no excedan las 100.000 unidades de fomento en el último año calendario. Por ende, son entidades cuya esencia es –legítimamente- incrementar sus ingresos a través de las ventas.  
Introducir, como lo hace este proyecto, en una ley de estímulos a la filantropía, estas entidades con fines de lucro lleva a tener que tomar muchos resguardos tal como lo sugieren varios señores Senadores y Senadora y el Informe del Servicio de Impuestos Internos en el Boletín 7.761-24. Tales como que se incluya en la Ley los requerimientos para que un proyecto sea cultural, y que estas empresas sean evaluadas y registradas por el Comité de Donaciones, como organismo experto en la materia.
Es complejo intentar evitar que se lucre con las donaciones si son empresas con fines de lucro. Se corre entonces el riesgo de que sea tal la complejidad necesaria para fiscalizar esta medida que se termine por volverla infecunda.
El proyecto de ley en su Artículo 9° 2) pide a las empresas de menor tamaño un objeto social exclusivo “de carácter artístico o cultural”. Para aprobarles un proyecto pide además un informe previo al Secretario Ejecutivo del Fondo de Fomento Audiovisual si es de esa área. En rigor, dicho informe debiera ser del Consejo del Audiovisual, no de su secretario si somos coherentes con el espíritu participativo de nuestra institucionalidad cultural, ya comentado. No lo señala el actual Proyecto, pero de mantenerse este aspecto, debieran agregarse los informes respectivos del Consejo de Fomento del Libro y la Lectura y de Fomento de la Música en los casos que corresponda por tratarse de empresas editoriales o musicales.
Agrega el Proyecto en su Artículo 8° 3) que donante y beneficiarios “no se encuentren relacionados entre ellos conforme al artículo 100 de la ley 18.045 de Mercado de Valores”.
Surge una pregunta: ¿Qué hace una empresa de menor tamaño, de carácter exclusivo artístico o cultural, si se le ofrece un negocio de otro rubro? Crea otra empresa o amplia su objeto social y deriva sus energías hacia allí. A diferencia de las entidades sin fines de lucro que estamos obligados a perseverar en ello, por nuestro origen y misión fundacional. Podríamos por tanto estar fomentando la creación de empresas más que la divulgación de la cultura y mucho menos de la filantropía. Y al mismo tiempo, estableceríamos una discriminación hacia entidades sin fines de lucro que no podrían, con esa expedición, incursionar en   áreas diferentes a la cultura.

Queda en evidencia que la tarea de estimular a las empresas escapa con mucho a las políticas culturales y que aquellas industrias que se relacionan con la cultura deben tener el trato especial que el Estado determine para ese ámbito, a través de CORFO y del Ministerio de Economía, para asegurarse que puedan desarrollarse para llegar a competir con las grandes industrias culturales. En el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires existe una subsecretaría de Industrias Culturales, dependiente del Ministerio de Economía.

En un Informe anterior a la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, incorporé una advertencia respecto a evitar en esta legislación la existencia de “fundaciones espejo” es decir, entidades culturales sin fines de lucro que son fundadas por la misma empresa que le dona, práctica que causó mucho daño a la Ley de Donaciones Universitarias y motivó un momento muy regresivo a la ley que nos ocupa, pagando justos por pecadores. Temo que la incorporación de empresas de menor tamaño como beneficiarias podría estimular nuevamente la creación de empresas “espejo” de los donantes, que sean cautivas de éstos y presten servicios comerciales a través de la contratación de servicios que están dentro del giro cultural.

En esa misma oportunidad planteé la necesidad de ampliar el Comité de Donaciones, considerando para ello el modelo que tiene el Directorio Nacional del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, del cuál depende el Comité, en el que se encuentran representantes de la sociedad civil, rectores de las universidades, premios nacionales y, por cierto del sector público, los que deben agregarse a la natural representación de los donantes.
En el proyecto se aumenta según su Artículo 1° 3) a siete sus cinco integrantes. Se elimina al representante del Consejo de Rectores. Se agregan un Premio Nacional de Artes o Literatura y un representante de las “organizaciones culturales, artísticas y patrimoniales” En este aspecto, junto con advertir una redundancia (culturales y artísticas) falta agregar las organizaciones dedicadas gestión, para ser coherente con la legislación que crea el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Sugiero que el texto quede así: “organizaciones artísticas, patrimoniales y de gestión cultural”.
Se agrega un representante del Ministerio de Hacienda y se fortalece el quórum para elegir a los representantes del Parlamento (2/3). Se determina la forma de elección de los dos representantes del parlamento pero no lo hace del representante de organizaciones culturales ni su calificación. Este representante debiera tener “experiencia previa en la presentación o administración de proyectos de la ley 18.895”.
En síntesis, quedan dos representantes del gobierno, dos del Parlamento, uno de los empresarios (de la CPC) y sólo dos de la sociedad civil vinculados al mundo de la cultura. Se invierte la proporción de la presencia de la sociedad civil que hay en el Directorio y en toda la estructura participativa del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y los consejos sectoriales, que también asignan fondos públicos. Estimo que debiera considerarse la presencia en el Comité, de tres personalidades representativas de gestores, creadores y patrimonialistas, nombrados por el directorio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, sin poder ser removidos, por un plazo de cuatro años, los mismos que los parlamentarios y los propios directores nacionales del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Reforzando la presencia de la sociedad civil y la necesaria vinculación de esta ley con la institucionalidad cultural que nos rige, estaremos contribuyendo no sólo a aumentar los recursos que se alleguen a la cultura por esta vía sino también estimulando la filantropía, fundamento imprescindible de nuestro desarrollo cultural.

19 julio 2012

CCEM: CRISIS, GESTIÓN Y SUSTENTABILIDAD

Reparación cúpula post terremoto 27F

Cuando, como en Europa, la cultura sufre los avatares de una crisis económica, surge la pregunta, en este extremo del mundo, de cuál es la mejor manera de sobrellevar estas situaciones que, aunque ajenas, nunca dejan de afectarnos. Luego de más de veinte años de gestión sustentable en el Centro Cultural Estación Mapocho, es posible barruntar una respuesta, a partir de más de dos décadas de supervivencia y de haber experimentado a lo menos dos crisis, una externa y otra por causas internas.

El primer aprendizaje es que la superación de las crisis es algo cotidiano, no sólo cuando el desastre ha sobrevenido. Una enfermedad, dice la sabiduría china, comienza mucho antes de que aparezcan sus síntomas, por tanto, la superación de la misma dura más tiempo que el que duran los dolores o la fiebre. En consecuencia, debemos prevenir, a través de la gestión diaria, que la crisis -que inevitablemente vendrá- no nos sorprenda y sea demasiado tarde para superarla.

Nuestra primera crisis provino de la recesión que azotó la economía chilena en 1998. Se tradujo en que ferias comerciales que deberían acontecer en 1999 y contribuir al financiamiento del centro, sencillamente no se realizaron. Frente a un escenario de reducción drástica de ingresos nos encontramos con la buena noticia de que había una disponibilidad proporcional de espacios que antes ocupaban dichas actividades. Acudimos entonces al concepto cooperativo de compartir gastos y utilidades en igual proporción con producciones que podían realizarse en dicho esquema y que a la vez eran generosas en público, como conciertos del popular cantante Joe Vasconcellos o la actividad familiar Dinosaurios Animatronics, que terminaron aumentando los asistentes al Centro hasta un millón doscientas mil personas, un tercio más que el año anterior y un 72% más que en 1997, con el consiguiente aumento de taquilla, establecida en porcentajes crecientes según cifras de público, sin afectar los costos básicos. La ecuación de reemplazar ingresos feriales por aquellos de porcentaje de boleterías no fue más que alterar las proporciones de la política permanente de depender de ingresos mixtos y no de una fuente exclusiva. Agregamos una política fuerte en alianzas con universidades, empresas y espacios culturales, así como de dar visibilidad académica e internacional al Centro Cultural Estación Mapocho, tanto a través de muestras artísticas (Expo Cumbre de las Américas) como de integración a redes internacionales y participación activa en cursos y seminarios, lo que culminó con el reconocimiento como Premio Reina Sofía de Patrimonio Cultural.

La segunda crisis, en 2007, derivada de una baja en planificación en 2006, nos llevó a responder con una re ingeniería del personal (una decena y media de funcionarios), abandonando una actitud pasiva centrada en la demanda por el uso del centro cultural para reemplazarla por una actitud pro activa de salir a ofrecerlo a actividades, como la feria de la música Pulsar, la Bienal de Diseño, la feria de arte contemporáneo Ch.ACO, que perfectamente calzaban con la misión del espacio; como no fue suficiente, se agregó la negociación con proveedores (por ejemplo, el pago diferido a tres años de la energía, un 10% del gasto operacional) y el financiamiento bancario con aval de los ejecutivos (no somos sujetos de crédito ni se puede hipotecar un edificio público) y el respaldo de contratos firmados a futuro con actividades, como la Feria del Libro, de ocurrencia habitual. Se agregaron la rentabilización del espacio como locación de cine y spot publicitarios, la acogida del Sistema de Despliegue de Cómputos Electorales, pendones publicitarios en nuestra fachada y convenios con proveedores de manutención del inmueble a través de la ley de exenciones tributarias o de Donaciones Culturales. Si el edificio es nuestra principal fuente de ingresos, dimos prioridad a su conservación. Política que tuvo una derivada positiva para el terremoto del 27/F de 2010 pues el daño sufrido fue mínimo.

Ni las crisis ni el terremoto provocaron la paralización de actividades. Por el contrario -y aquí parece estar la clave- nuestra misión de difundir la cultura se cumplió sí o sí. En el ADN institucional está que, al no depender de fondos públicos, el centro cultural no se ve afectado si éstos de pronto se reducen o desaparecen. A diferencia de instituciones que parecen cumplir su misión cultural "sí y sólo sí hay dineros públicos" en las que su reducción acarrea de inmediato cierre de salas, postergación de exhibiciones y descortesías hacia ese proveedor único que es el gobierno.

Cuando las cosas están claras desde el inicio, en nuestro caso: debemos auto sustentar el 100% de nuestra operación, en otros, que el auto financiamiento debe alcanzar un determinado porcentaje, la gestión se hace a partir de ese supuesto y es  estructuralmente basada en alianzas, redes y colaboración con quienes nos relacionamos: creadores, productores, proveedores, medios de comunicación asociados y el propio público.

Quienes asisten a las actividades de gran público o a las de artes escénicas o visuales de nuestro centro, aunque lo hagan sin pagar, saben que la cultura cuesta, que existen compañías y una gestión cultural que están permitiendo tal gratuidad y a la vez son considerados en sus inquietudes a través de encuestas, libros de opiniones y redes sociales.
En definitiva, se realiza una gestión sustentable, que no dilapida para las "vacas gordas" y tampoco se retrae para las "vacas flacas", caracterizada por una buena programación permanente; un espacio patrimonial al servicio de las audiencias; una resuelta presencia académica e internacional, y una inquebrantable austeridad en los gastos.

Porque el arte y la cultura son cuestión de hábitos y tales costumbres no deben estar expuestas a las voluntades de los gobiernos, ni a las demasías de las crisis pues, ante ellas, no somos parte del problema, sino de la solución.

10 julio 2012

DON PLÁCIDO Y LAS MISMAS PIEDRAS


Aunque pareciera que somos tozudos para sacar lecciones del pasado y de lo entonces acumulado, una mirada a lo que está ocurriendo en torno a las políticas culturales y la institucionalidad que las rige, permite apreciar que, como en todo, hay lecciones aprendidas, tropiezos con la misma piedra y amenazantes nuevas piedras que podrían trabar el debate.  

Entre lo aprendido, es destacable lo que ocurre alrededor de la venida de Plácido Domingo. Lo primero, la presentación en Chile de una ópera, Il Postino, que no tiene sólo cantantes nacionales sino que refleja un tema criollo, un autor nuestro -Antonio Skármeta- y una acogida del público chileno que en su estreno no dejó asientos libres en el Teatro Municipal. Es decir, podemos llegar a imaginar que en algún plazo no lejano se celebre la tradicional Gala de Fiestas Patrias con obras bastante más vinculadas al país que cumple años que las que suelen programarse para el festejo más relevante de Chile. Pero, sin duda lo más llamativo es que ¡por fin! se ha aprendido la lección de entregar invitaciones para una función gratuita, de Domingo en el Movistar Arena, cumpliendo con los requisitos de respeto a las audiencias: aviso y entrega con la debida antelación, mínimo de entradas por persona, nitidez de quién o qué empresa es la que está pagando por esta aparente gratuidad, que no lo es. Sólo que alguien paga por el asistente al concierto exigiéndole al beneficiado que haga un gesto de manifestación de su interés por la función ofrecida, asistiendo de madrugada a retirar entradas. Se reafirma así que la cultura cuesta y el público que disfrutó de la gratuidad estará más dispuesto a pagar directamente por ello en otra oportunidad.

Lo que no es una lección aprendida todavía es la campaña por la eliminación del IVA a los libros. Esfuerzo inútil desde comienzos de los noventa cuando se creó -con el espíritu de invertir en los futuros lectores- el Fondo de Fomento del Libro y la Lectura, que daría origen al Consejo Nacional del Libro, en la Ley 19.227Entonces, el país, con su gobierno y parlamentarios, determinó que más que beneficiar a quienes ya compran libros (que, sin IVA éstos, comprarían un quinto más de textos) era más equitativo destinar recursos a crear bibliotecas, planes de lectura, premios a escritores y demás iniciativas que transparente y concursablemente se financiaran con aquellos recursos que el fisco recauda a través del cuestionado IVA al libro.
Un dato a los entusiastas de hoy -tan amigos del esfuerzo audiovisual para tratar de rebajar el impuesto a los libros-, esta campaña debe ir dirigida, si quieren tener algún éxito (como el IVA diferenciado o el precio fijo) a los ministros de Hacienda y sus asesores, que son los responsables de la política impositiva del país. El IVA no es una política cultural, es una política -exitosa por lo demás- de hacienda y más que majaderear a los parlamentarios (que no tiene iniciativa en el tema recursos o a las autoridades culturales, que no fijan los impuestos) deben orientarse a los MBA y seminarios de economistas dónde estos temas se cocinan. Pesa, en todo caso, que tantos ministros de Hacienda y tan dispares, sean tan homogéneos en este asunto. Es que se sienten, como en pocas ocasiones, defendiendo a quienes no tienen acceso al libro, en desmedro de quienes tienen hábitos de compra y recursos para hacerlo y desean adquirir más por el mismo dinero. Sin embargo, los tropiezos en las mismas piedras parecen enseñar, dado que las más recientes versiones de los organizadores de la campaña hablan de la eliminación del IVA sólo como "punto de partida" para anhelos mayores. Así comenzó el debate por la Ley del Libro y por tanto no habría razones para pensar que esta campaña, y la discusión que ha provocado, evolucione desde las actrices talentosas hacia los diseñadores de políticas públicas de calidad.

Piedras conocidas parecen estar haciendo tropezar a quienes ahora se encargan de la presencia chilena en la FIL de Guadalajara. Cometen el error, básico, de dar a conocer prematuramente  listas de invitados, los que son inevitablemente menos que quienes se sienten con derecho a integrarlas; no resuelven internamente las atribuciones de las diversas reparticiones públicas involucradas, dejando en un extraño limbo a nuestra Cancillería y a su representante en México, el Embajador que asistirá "pero no en la delegación chilena". ¿A qué país representa en México Roberto Ampuero? ¿Qué oficio desempeña?
Preocupante es la lista de ausencias que señalan algunos integrantes del mundo del libro, como la falta de diversidad regional; discriminación de los editores independientes; representación baja de poetas; escasa presencia de ensayistas y críticos literarios nacionales, y una homogeneidad excesiva de los temas abordados en las mesas de discusión. 
Estas piedras, de no mediar rectificaciones, se irán haciendo rocas en la medida que se acerque la fecha de inicio de la FIL y sólo cabe desear que no se transformen en una escarpada montaña difícil de ascender.

Entre los temas que emergen en el debate, está el esbozo de lo que será la propuesta de modificación gubernamental a la institucionalidad cultural, expuesta en dos presentaciones en un seminario reciente. Según ellas, los conceptos claves de la nueva institucionalidad serán la creación de un ministerio de Cultura y Patrimonio con participación de la sociedad civil a través de diversos mecanismos que integrará a tres servicios dependientes (Artes e Industrias Creativas; DIBAM; CMN) con descentralización a órganos regionales. 

En ella se conservan todos los organismos de participación actuales como el Directorio Nacional (a nivel ministerial) los consejos sectoriales, los consejos regionales y un sucesor del Consejo de Monumentos Nacionales. La novedad es que se agrega a lo actual un Ministro, un subsecretario y seremis que tendrán como servicios subordinados a la DIBAM junto, y a un mismo nivel, que el Consejo de Monumentos y el  Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en su dimensión administrativa. Es decir, parece haberse diseñado la fórmula para finalmente incorporar a la DIBAM al alero de instancias participativas como las del Directorio del Consejo Nacional de la Cultura. Sería una relevante novedad que éste servicio, tan díscolo anteriormente a subordinarse a órganos que sentía equivalentes, reconozca una autoridad con participación de la sociedad civil y facultades resolutivas y vinculantes  en la aprobación de la política cultural de la nación.

Es de esperar que la DIBAM, que se ha soñado históricamente a si misma  como ministerio o subsecretaría  no se convierta en la piedra en la que choquen las intenciones de la Secretaría General de la Presidencia.