12 septiembre 2011

EDITORIALES SIN NORMA


La repentina desaparición del mundo literario de uno de los grandes sellos transnacionales del negocio de los libros, la colombiana NORMA, perteneciente al longevo grupo Carvajal, prende una luz de alerta sobre la crisis de un  modelo de casas editoras que -afortunadamente- parece estar llegando a su fin. Ya lo había dicho André Schiffrin al publicar su libro "La edición sin editores". Es decir, los criterios de cómo definir un libro escapan, con mucho a su mera calidad literaria.

En Chile, el fenómeno fue alertado de alguna manera por una columna reciente de Ignacio Valente en Artes y Letras, al recordar los derechos del lector, que se han visto arrollados por estas transnacionales.
¿De qué modo? De más de uno.
En primer lugar, una larga historia de compra de derechos para toda la lengua hispana, con el objeto de ¡¡no publicar!! más que en el país de origen del autor. Es decir, copar mercados de derechos de autor, de modo que la misma empresa publique en cada país uno o dos grandes best sellers  locales, explícitamente sin editarlos en los otros países de la región lingüística para dejar espacio a su vez a los locales de aquellos. Algo así, como: un país igual un autor-canasta en que se ponen "todos los huevos". Sabemos que en Chile ha ocurrido, por ejemplo, con Roberto Ampuero, Rivera Letelier o Pablo Simonetti, escritores que ingenuamente han manifestado sorpresa por ver su rostro en buses y gigantografías en librerías desacostumbradas a ese formato de marketing. De esa manera se venden muchos ejemplares de un sólo autor, con los consiguientes ahorros de publicar muchos libros de autores diversos. Esto constituye un  desmedro de los otros autores y un fuerte golpe a la necesaria diversidad de la creación literaria. Es como lo que acontece con el cine dónde decenas de copias de películas "taquilla" abarrotan las salas sin poderse abrir espacios para las cintas chilenas u otras extranjeras de menor impacto mediático.
Resultado: empobrecimiento cultural.
Otro efecto que buscan las transnacionales es mejorar la cobranza. Es así: como muchos libreros están atrasados en sus pagos, estas empresas condicionan la entrega de los ejemplares de los best sellers al que las librería se pongan al día. Si no lo hacen, quedarán al margen del próximo "fenómeno" literario, tan manipulado como cualquier shampoo de novedosa espuma.
Como la ambición rompe el saco, las grandes editoriales comenzaron a luchar por los dos o tres autores más "digeribles" por el gran público, a través del clásico procedimiento del "saco de plata" es decir, pagar anticipo absolutamente desproporcionados al mercado que se busca servir.
Y el saco se rompió en Colombia. Norma dijo basta y cerró sus líneas literarias, manteniendo sus líneas educativas e infantiles, que se rigen por otras reglas de mercado, más cercanas a las compras públicas y las recomendaciones escolares. Un negocio más fácil y que Carvajal conoce desde los años 60 cuando constituyó la imprenta más moderna de América Latina, comparable entonces sólo con la chilena Zig Zag, que luego devino en Quimantú.
¿Qué se viene? Aparte de una tendencia a la baja de los anticipos, una oportunidad para las llamadas editoriales que no se rigen con criterios transnacionales y que podrán acceder con más fuerza a  anaqueles, más aliviados de gigantografías, para disputar el favor del público. Oportunidad para las librerías boutique que han conservado en sus mostradores la literatura de calidad con la dificultad que implica el mayor costo del libro importado o la precaria distribución de las empeñosas editoriales independientes. Oportunidad para la próxima feria del libro, de entregar mayor visibilidad a autores de propuestas interesantes más que de anticipos. Oportunidad para que nuestras universidades, que poseen poderosas escuelas de letras, salgan de las aulas demostrando publicaciones y el trabajo, no menor, de años recientes. Oportunidad, finalmente, para los lectores, de elegir sus proximas lecturas, considerando más las críticas que los anuncios.

10 septiembre 2011

LA CONVENCIÓN INCONCLUSA

Un sentido homenaje a Galia Díaz y Romina Irarrázaval.
Como la Octava Sinfonía de Franz Schubert, la Octava Convención Nacional de la Cultura quedó inconclusa. La obra musical, fue llamada así por estar compuesta en dos únicos movimientos, aunque existen bosquejos de un tercero. Lo mismo aconteció en Arica dónde se alcanzó a realizar un primer acto: la cuenta del Ministro Presidente de Consejo Nacional de la Cultura y las Artes; una segunda parte, los llamados paneles de expertos y ya fuera de libreto, se realizó una tercera parte, de participación de delegados regionales especialmente, que deseaban no desperdiciar la oportunidad de estar juntos. El motivo de la interrupción fue el lamentable deceso de dos profesionales del Consejo, mártires de la joven institución, que viajaban a la isla de Juan Fernández en cumplimiento de su misión de servicio a la comunidad artística local.

La cuenta de Luciano Cruz Coke conservó su ya habitual mezcla de continuidad y ajustes de las políticas culturales desarrolladas por la entidad que preside, desde su nacimiento en 2003. Anunció la creación de cuatro nuevas áreas artísticas: diseño, arquitectura, circo y nuevos medios, que vienen a llenar una necesidad y que completan una serie de nueve sectores de creación, cada uno encabezado por profesionales ganosos que en su mayoría debutaban en esto de las convenciones. Adelantó además que a la brevedad se enviaría al Congreso una modificación a la Ley de Premios Nacionales que sustituye al Ministro de Educación por el de Cultura en aquellas disciplinas de este ámbito, como Literatura, Artes de la Representación, Artes Musicales y Artes Escénicas. Reiteró la necesidad de la presencia del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes  en los jurados que asignan recursos del CNTV, lo que recibió un inesperado respaldo del experto Valerio Fuenzalida, invitado a hablar de medios de comunicación y que lanzo la provocación –así la llamó- de que debería modificarse no sólo las ley del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes sino también la del CNTV para adaptarlas a los nuevos tiempos de, por ejemplo, la TV digital.

Recogió Cruz Coke los aplausos que ha recibido el proyecto de modificación de la Ley de donaciones culturales que miércoles a miércoles avanza en la comisión respectiva en la Cámara de Diputados. 
Agregó que las organizaciones pequeñas y medianas tendrían un trato diferente en los concursos de FONDART. Anunció la ampliación del Fondo Concursable para escuelas artísticas a centros culturales. Reiteró la próxima inauguración del Parque Cultural Valparaíso cuya gestión sería responsabilidad de una corporación liderada por la Intendencia Regional. Sorprendió informando del espaldarazo del Ministerio de Hacienda a la existencia de una segunda versión del programa de patrimonio creado con motivo del terremoto del 27F, que en esta oportunidad se ampliará a todo el país, con más recursos que el anterior que beneficiaba sólo a las zonas afectadas por la catástrofe. No pasó inadvertido a la Convención este guiño de las autoridades hacia las atribuciones del CNCA en el sector del Patrimonio. 
Adelantó también la creación de oficinas de enlace del Consejo Regional de Valparaíso en Quillota (antigua sede regional) y la Isla de Pascua, junto con destacar los avances de la anhelada Comisión Fílmica para apoyar la producción de cine en el país.
En el terreno de la exposiciones temporales destacó la próxima muestra del Guggenheim de Venecia en el Centro Cultural Palacio de la Moneda.
Terminó la cuenta con una cita de Agustín Squella -impulsor del modelo de Consejo- referida a la necesidad de terminar con la fragmentación en el mundo cultural público -que afecta todavía a la DIBAM y el Consejo de Monumentos Nacionales- lo que en el espíritu del citado, puede resolverse por la vía de reglamentar su integración al CNCA. El llamado final de Cruz Coke fue la defensa de la participación en la formulación de las políticas culturales, proceso al que calificó como "clave y fundamental". Lo que fue interpretado como un inicio de evaluación de las diferentes mesas de consulta que se desarrollan en el país respecto del proyecto de Ministerio de Cultura y Patrimonio, que están arrojando resultados más bien desfavorables a la iniciativa. 
El tema sigue abierto a los oídos ministeriales y del Directorio Nacional que debieran estar atentos a lo que digan las futuras consultas a los actores culturales así como no puede pasar inadvertido que durante las reuniones informales que siguieron a la suspensión de la Convención, las voces de los convencionales se inclinaron mayoritariamente por perfeccionar  la actual institucionalidad de Consejo y sobretodo, no retroceder en la participación de las diversas instancias que caracteriza a la institucionalidad vigente y no podrían encontrarse en un ministerio. 
La clave sigue siendo escuchar. La democracia es así. Y las convenciones son una muestra de ello. Aunque deba -como en este caso- quedar dolorosamente inconclusa.

08 septiembre 2011

EL LEGADO CULTURAL DE GABRIEL VALDÉS


El 7 de septiembre, la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados escuchó, a través de su Director Ejecutivo, la opinión del Centro Cultural de la Estación Mapocho respecto de la propuesta de modificación de la Ley de Donaciones Culturales. La exposición comenzó con un homenaje al creador de la iniciativa, ex Senador Gabriel Valdés, fallecido esa madrugada.


En primer lugar, deseo agradecer la Invitación de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados para discutir sobre esta iniciativa que cumple 21 años de feliz convivencia con el Centro Cultural Estación Mapocho. En efecto, ambas entidades datan de 1990, cuando despuntaba la democracia y se decidió, por una parte estimular la protección del patrimonio y difundir la cultura a través de la remodelación de la antigua estación Mapocho, junto con estimular los aportes privados a la cultura a través de la Ley Valdés.  Considerando que además el centro cultural tiene el imperativo de auto-financiarse, podemos afirmar que sin la Ley de estímulos tributarios que hoy nos convoca, este centro cultural, sencillamente, no existiría. Es decir, debemos a esta ley nuestra sobrevivencia.

Es por ello que fue estremecedor cuando esta mañana, ya iniciado el viaje a esta sesión, me enteré del fallecimiento de don Gabriel Valdés. Me pregunté si debía interrumpirlo y retornar para acompañar a su hija, gran amiga y compañera de trabajo. Rápidamente me respondí que Gabriel Valdés habría preferido que continuara y planteara nuestros aportes para perfeccionar su Ley, como un primer homenaje a su memoria. No me equivoqué.

Tal como decía, tenemos más de 20 años de experiencia de aplicación de la Ley, de modo que conocemos sus fortalezas y debilidades. La principal de éstas últimas se encuentra en la obligatoriedad de presentar proyecto a proyecto las iniciativas y no considerar apoyos globales a instituciones probadas en su utilización.

¿Porqué no pueden recibir donaciones descontables de impuestos para desarrollar su misión, sin tener que pasar por la aprobación proyecto a proyecto, corporaciones y fundaciones sin fines de lucro que sí están calificadas para recibir transferencias del Estado, según la Ley de Presupuestos que propone el gobierno y aprueba el Parlamento? ¿Por qué corporaciones a las que el Estado les ha entregado en administración bienes patrimoniales públicos de enorme valor, o que han demostrado eficiente manejo de donaciones en los años de existencia de la Ley Valdés no pueden ser apoyadas en su misión y no sólo puntualmente en algunos de sus proyectos? Es un contrasentido que el Estado asigne recursos a estas entidades y ese mismo Estado les exija aprobar por el Comité respectivo cada uno de los proyectos que emprende con apoyo privado. Esta nueva manera de estimular el aporte privado permitirá la realización de proyectos a varios años plazo como necesariamente son los vinculados a la formación de audiencias y a la sustentación de centros culturales y de elencos estables. ¿Por qué no elaborar un listado de las corporaciones y fundaciones culturales que reciben transferencias por la Ley de Presupuestos; las que reciben en comodato la administración de bienes de propiedad pública, y las que han demostrado eficiencia en la obtención y administración de recursos en diez años y calificarlas para recibir donaciones que serían beneficiadas por rebajas tributarias?

Con respecto a los cambios que se proponen, éstos van en la dirección adecuada. En especial, la ampliación de donantes, de beneficiarios y de la gama de contraprestaciones.

Sobre los donantes, es significativa la posibilidad de donar en especies para quienes deben pagar impuesto de herencia, lo que permitirá que afloren verdaderos tesoros hundidos de colecciones de arte que sus propietarios no se atreven a declarar y que terminan mutiladas o repartidas en vida para evitar el alto costo de este impuesto. Por otro lado, la ampliación a los contribuyentes del impuesto adicional, extranjeros con actividad comercial en Chile, hasta ahora no considerados. En este caso sería de interés agregar a quienes ganan dinero en Chile por la vía de concierto, recitales o espectáculos internacionales y que eventualmente deseen aportar a la cultura chilena después de sus giras.

Respecto de los beneficiarios, es relevante la incorporación, entre otros, como tales de las pymes culturales. Al respecto me permito sugerir amplitud de criterio respecto de la exigencia de giro para las pequeñas empresas, dado que muchas veces éstas comienzan con un área de trabajo y la realidad las hace derivar a otros.

En lo que se refiere a las contraprestaciones, es laudable que se elimine parcialmente la exigencia de gratuidad que actualmente afecta  a los  proyectos beneficiados por la Ley en comento. En efecto, la permisividad de espectáculos pagados y gratuitos orientados a diferentes audiencias, constituye un avance y una manera de evitar lo que ha acontecido que se presentan en forma gratuita espectáculos por lo que mucha gente está más que dispuesta a pagar por ellos. Asimismo, se combate la malsana costumbre de que la cultura debe ser gratuita, lo que es en sí una falsedad y crea  ilusiones respecto del valor de lo que se entrega en los escenarios. El arte y la cultura tienen un valor, sólo que en ocasiones otros pagan para que algunos lo disfruten.

También es adecuado el que se abra la posibilidad de que libros y otros impresos beneficiarios de la ley puedan tener un  parte de su tirada que se ponga a la venta, más allá de su natural difusión a las bibliotecas públicas. Esto constituye una ampliación de los públicos.

Quisiera adherir al comentario del abogado Daniel Álvarez respecto de la necesidad de ampliar el Comité de Donaciones, considerando para ello el modelo que tiene el Directorio Nacional del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, del cuál depende el Comité, en el que se encuentran representantes de la sociedad civil, las universidades, los premios nacionales y, por cierto del sector público, los que deben agregarse a la natural representación de los donantes.

Finalmente, deseo dejar una advertencia respecto de evitar en esta legislación la existencia de “fundaciones espejo” es decir, entidades culturales sin fines de lucro que son fundadas por la misma empresa que le dona, práctica que causó mucho daño a la Ley de Donaciones Universitarias y motivó un momento muy regresivo a la ley que nos ocupa, pagando justos por pecadores.

En síntesis, honorables parlamentarios, deseo expresar apoyo a este proyecto y destacar la apertura encontrada en el Ministerio de Hacienda a medidas que en intentos anteriores de perfeccionamiento de esta Ley, no encontraron eco.

28 agosto 2011

INSTITUCIONALIDAD CULTURAL ¿UN NUEVO ESCENARIO?

Foto Kena Lorenzini
Hay circunstancias en que, como en el tango, "veinte años son nada" y tres meses, mucho tiempo. Es el caso de la institucionalidad cultural chilena que resume dos fructíferas décadas en un Consejo Nacional y una tan inédita como histórica política de infraestructura para el sector. En cambio, desde la iniciativa presidencial del 21 de mayo pasado para reemplazar dicha institución por un Ministerio de Cultura y Patrimonio parece haber transcurrido tanta agua bajo los puentes que cabe preguntarse sobre la pertinencia, aquí y ahora, de esa eventual modificación. Una simple observación a las últimas manifestaciones sociales, encabezadas por los estudiantes, permite deducir que cartel alguno reclama que el cambio a la actual institucionalidad cultural sea una prioridad. 
Cinco días después del anuncio, el 26 de mayo, un editorial de El Mercurio, asestó el primer golpe: “Algunos han criticado la idea de instalar un ministerio sobre los tres organismos mencionados para obligarlos a coordinarse, estimándola un grave retroceso respecto de lo existente, pues eso no contemplaría la participación activa de la sociedad civil en la génesis de las políticas culturales, como sí sucedería hoy. Esta fórmula funcionaría, además, como un freno a la habitual inclinación del poder político a instrumentalizar la cultura en beneficio de sus intereses ideológicos”.  Es decir, la obligatoriedad de coordinarse para tres servicios públicos puede satisfacerse –sin el riego de “instrumentalización ideológica”- con mecanismos bastante más simples que crear una institución superior, como por ejemplo que las asignaciones del Presupuesto fijadas por el Ministerio de Hacienda a los dos servicios que no lo tienen, sean hechas a contar de 2012, a través del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, como ocurrió, por ejemplo, con los recursos públicos destinados usualmente al Teatro Municipal, a la Dirección de Cultura del Ministerio de Relaciones Exteriores o los Fondos Concursables del CNTV, entre otros.
En estos mismos tres meses, otra iniciativa oficial, tendiente a la modificación de la Ley de Donaciones Culturales ha sido acogida a tramitación por la Cámara de Diputados, sobre todo porque pudo convertirse en un proyecto coherente, que recoge muchas de las expectativas de beneficiarios y donantes de la mencionada legislación. Pareciera que en este debate el Ministro Luciano Cruz Coke podrá anotarse un logro dentro de los límites de su mandato, viéndolo convertido en Ley, tiempo que ya no tiene el eventual cambio de institucionalidad que aún no toma forma de articulado y permanece en el proceso de escucha de actores culturales, que se ha anunciado culminará en octubre del 2011, para enviarse en diciembre a trámite legislativo. Cabe recordar que la creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes tomó tres años en el Parlamento luego de diez años de debate y auscultación del mundo de la cultura en tres sucesivas comisiones y encuentros masivos (1990, 1996, 1997) que establecieron las prioridades de este sector, las que explícitamente descartaron la figura del Ministerio.
Este mismo sector de la cultura, hoy no está movilizado para reponer un Ministerio en lugar de una institución joven, por lo mismo con limitaciones y perfectible, especialmente en lo que se refiere a autonomizarlo del Ministerio de Educación y darle mayores atribuciones a los órganos colegiados de participación, demanda tan presente en el nuevo escenario que se percibe en el país a tres meses del anuncio presidencial. En efecto, muchos creadores y artistas organizados están más en el apoyo y la solidaridad con el movimiento estudiantil, que en demandas propias, conscientes de que para su sector hay apoyos públicos vía fondos concursables; recursos de CORFO para Pymes y otros emprendimientos; presupuestos en los gobiernos regionales; dineros para incrementar un completo equipo de espacios culturales administrados por entidades sin fines de lucro, e incluso aportes privados.
Todo ello en un esquema de participación, único en el aparato del Estado, que pareciera ser bastante más parecido a lo que claman carteles y manifiestos callejeros que la reciedumbre de un ministerio, por naturaleza monocolor y sujeto a los cambios políticos. Por lo mismo, así como la ausencia de demandas del mundo de la cultura en las pancartas revela que en esta área las cosas parecen haberse hecho más bien que mal en lo últimos 20 años, la forma de hacerlo considera en su seno mecanismos para asumir las nuevas carencias y aspiraciones de creadores, gestores y patrimonialistas a través de instancias inminentes como la Convención  Nacional de septiembre en Arica o menos urgentes como el cambio de un significativo número de integrantes de los directorios y comités consultivos del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes que se cumple, por Ley, a inicios del 2012 –tal como fue planeado- a mediados de un período presidencial para justamente no coincidir ni involucrarse con los cambios políticos derivados de procesos electorales y dar continuidad a las políticas culturales.
Dados los mecanismos es necesario abocarse entonces a definir cuáles serían las demandas que el actual escenario exigirán a las políticas culturales, sin descuidar por cierto, la imperiosa realidad de modificar la condición de los organismos dedicados al patrimonio, cuya renovación está pendiente desde la creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.
Se avecina un período en el que habrá que combinar continuidad y cambio, en el que no descartaría una revisión respecto del rol que alguna vez jugaron en el desarrollo cultural chileno las universidades públicas, ahora con más recursos y que podrían retomar –mutatis mutandis- en el futuro. Como tampoco desecharía la idea de integrar como un todo a la actual DIBAM –poseedora de una fortísima cultura institucional, forjada por casi un siglo de provechosa existencia- al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes con una autoridad superior fortalecida con mayores atribuciones y consejeros remunerados.
Es un tiempo de búsquedas, con la certeza no menor que una institucionalidad participativa y transversal es una buena manera de recuperar las expectativas originales planteadas el día que asumíamos en el primer Directorio Nacional del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, en enero de 2004: “lo primero es colaborar con el Presidente del Directorio, escuchando. Se critica a  las autoridades que son sordas ante las preocupaciones de los ciudadanos. Tenemos aquí diez pares de buenos oídos para escuchar. Sentir lo que la ciudadanía está pensando, deseando, necesitando. Otra manera de apoyar a nuestro Consejo es representándolo en diferentes actividades. Necesitamos que el país nos conozca, que la sociedad sepa de esta forma de organización que nos hemos dado para desarrollar la cultura. Debemos hablar, ‘contar el cuento’, describir  nuestras fortalezas: la autoridad colegiada, la descentralización, la sede en Valparaíso... Aprovechar cada tribuna, cada invitación para explicar lo que somos, lo inédito e innovador de una organización como ésta. Contar el cuento cuerpo a cuerpo, cara a cara, puerta a puerta, boca a boca, correo electrónico a correo electrónico. Lo dicho implica una tercera forma de participar: viajando. Obviamente no todos a quienes debemos escuchar ni todos a quienes debemos hablar están a nuestro lado. Este es un Directorio Nacional y por ende debe escuchar al país y hablar al país. Incluso, si existe la ocasión, fuera de él”.[1]
Tal vez por allí transita el tipo de cambios que la institucionalidad requiere. Al menos podría sostenerse que los vientos soplan en esa dirección. Alguna vez, a inicios de siglo, se propuso coronar el nuevo edificio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en la Plaza Sotomayor con una enorme vela de navío que flameara como un gallardete sobre el hermoso edificio que antes perteneciera a Correos de Chile. Los temerosos de los vientos de Valparaíso descartaron la idea. Lo que no lograron borrar es la metáfora de que esa vela henchida de sensibilidad existe en los diferentes órganos que componen hoy el Consejo los que debieran ser capaces de descifrar los signos de los tiempos del nuevo escenario que vive Chile, desde hace tres meses, para seguir perfeccionando una institucionalidad que pidió la gente desde inicios de los 90.
Mucha gente, tal vez la misma que hoy no parece tener entre sus prioridades, desecharla.



[1] Expectativas Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Primera sesión ordinaria de Directorio. 20 enero 2004. Reproducida en "Cultura ¿quién paga?" Arturo Navarro, RILeditores, 2006.

11 agosto 2011

LA BUENA SALUD DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL

El 11 de agosto es fecha de recuerdos. Hace 44 años se inició un proceso de reforma universitaria que estremeció al país y modificó sus universidades. Dicen algunos que las casualidades no existen pero, un día como hoy, un conjunto de estudiantes de medicina de la Universidad de Chile, estableció sus reales en la Plaza de la Cultura del Centro Cultural Estación Mapocho, no para tomarla como aquellos estudiantes de hace 44 años, que se hicieron de la Casa Central de la Universidad Católica. Los futuros médicos llegaron a controlar peso, talla, presión y glicemia de los transeúntes dejándoles un mensaje de vida saludable.  


Distribuyeron además  un volante que de seguro habrían compartido aquellos jóvenes de la UC de 1967: "la educación es un derecho social universal; fin al lucro y al endeudamiento de la educación; la educación pública debe ser pluralista y laica,  y la educación debe ser de calidad. Piden simplemente "aumento del gasto público en educación; derecho a participación y asociación de estudiantes y funcionarios, y reestructuración integral del sistema de becas y ayudas estudiantiles".

Batas blancas, sonrisas juveniles y entusiasmo desbordante de los estudiantes contrastan fuertemente con aquellos encapuchados que -con ayuda de las bombas lacrimógenas- dañan bienes públicos y privados y sin dudas,  la salud de los mismos transeúntes que esta vez  respondían con otra sonrisa a las recomendaciones de cuidar el peso, dejar de fumar o bajar el consumo de sal, derivadas de las cifras de los exámenes gratuitos.

Los estudiantes emplean así el tiempo libre que le dejan los paros, los ciudadanos pueden encontrar el diagnóstico que tanto escabulleron o tal vez confirmar que todavía la vida no ha podido con ellos. Una vez más la explanada de un centro cultural acoge este encuentro entre el público y quienes se forman en la vocación de servicio.

No es menor que ello acontezca un 11 de agosto y se convierta en un mudo homenaje a los estudiantes del 67 y un profundo reconocimiento a sus émulos del 2011.

Por ambos, ¡salud!


01 agosto 2011

DIALOGANDO ENTRE MATTAS Y MARIPOSAS



Puerto Montt se las trae. Al menos, a-trae, en invierno, desarrollando los ya tradicionales Temporales Teatrales, ahora estrenó los Diálogos de Invierno alrededor de temas de las artes y la gestión cultural, junto a espectáculos de jerarquía internacional como los del grupo Cinema. En paralelo con los dialogantes, la ciudad ocultaba un mundial femenino sub 19 de basketball que copaba la hotelería local y cosechaba para “la rojita” una impresionante cantidad de derrotas deportivas y algunas dudas sobre la capacidad de organización de eventos deportivos de esa magnitud.

Lo que no aconteció en el terreno cultural. Mientras el amplio público de la Arena de Puerto Montt presenciaba los centenares de encestamientos surgidos de los ágiles brazos de espigadas jóvenes de todo el mundo –liderados por Estados Unidos, España y Brasil, en ese orden medallero-  y los modestos resultados de las menos esbeltas chilenas, la casa del Arte Diego Rivera acogía, con una selección de grabados de Roberto Matta, correspondientes a la serie Homero, de los años 1973 y 1985, a dialogantes invitados nacionales como la escritora Pía Barros, el diseñador Hernán Garfias, el arquitecto Albert Tidy, el cineasta Nicolás López, el artista plástico Gonzalo Cienfuegos y el gestor cultural Arturo Navarro. Todos ellos encestaron perfectamente con la inquietudes de quienes llenaban las butacas de las sala Hardy Wistuba, generándose aquello que se propuso el Consejo Regional de la Cultura de Los Lagos, que desplegó toda su energía –que no es poca- en lograr que tanto invitados como artistas y gestores locales dieran rienda suelta a sus preguntas y respuestas, mientras un piso más abajo, la compañía Cinema con su ensoñadora “El hombre que daba de beber as las mariposas” y la más ruda “Sin sangre”, iniciaban un largo y complejo proceso de formación de audiencias con vecinos de las diversas comunas que integran la región.

El Director Regional del Consejo, Alejandro Bernales calificó a  este  evento cultural como “una gran oportunidad para la región el poder tener un espectáculo de tan alta calidad. Las obras que se exhibirán han estado en escenarios de más de 11 países y han sido vistas por más de 130 mil personas, así que queremos que la gente de Los Lagos también tenga esa oportunidad. Además tendremos una función especial para vecinos de comunas alejadas. Las entradas son completamente gratuitas y los interesados pueden retirar un máximo de dos entradas por persona”.

En efecto, lo que estaba en marcha es una valiosa iniciativa de un Consejo Regional de la Cultura, haciendo uso de herramientas que la política cultural vigente ha puesto a su disposición: en una infraestructura de calidad y diversidad notables, con una gestión reconocida nacional e internacionalmente, convocó a personalidades de nuestra cultura simplemente a dialogar con los actores locales, con una adecuada difusión y desarrollando una iniciativa de formación de público con una oferta artística de calidad.

Agentes culturales de Osorno, Chiloé, Puerto Varas, Frutillar y del propio Puerto Montt, se sumaron a esta actividad, que amenaza con convertirse en permanente, dado que ha quedado demostrado que ni el rigor del clima ni las amenazantes cenizas volcánicas que acechan a los visitantes, impidieron que una entidad pública entusiasta llevara a buen fin sus propósitos, ratificando que el desarrollo cultural se está dando en regiones de la mano de una gestión asociada entre el sector público y privados.

Otro ejemplo de ello lo vivimos hace unos meses en Antofagasta, dónde se está estableciendo un polo artístico con amplio apoyo de empresas privadas que bien usan la Ley de Donaciones Culturales, legislación cuya posible modificación formó parte de algunos de los diálogos puertomontinos, demostrando que en regiones hay puestas grandes expectativas respecto a su mayor amplitud de donantes y receptores. Mientras esa inquietud, junto a las experiencias de gestión de espacios de alcance nacional, acaparaba el interés de los asistentes, una eventual transformación de la institucionalidad cultural vigente, no dejaba de ser una preocupación de funcionarios involucrados, sin cautivar el interés de los actores culturales presentes.

La experiencia vivida demuestra que cuando las regiones asumen su protagonismo, sin depender del impulso central  pueden atraer a protagonistas y espectáculos de alcance nacional, los que parecen estar mucho más cerca de lo que pareciera. En este sentido, la existencia de infraestructuras probadas y consolidadas constituye alicientes muy eficaces para quienes son convocados. Los Lagos puede esgrimir realidades tan notables como el Teatro del Lago de Frutillar o el propio Diego Rivera así como amenaza con la fuerza del desarrollo diverso y pujante que viene desde los creadores de Chiloé y de Puerto Varas que se sumaron a esta iniciativa a través de la Galería Bosque Nativo, presentando “Expresiones Gráficas” de Gonzalo Cienfuegos, que visitaba la zona para los Diálogos…

De este modo, culminó con éxito un hito que a pesar de la lluvia, jugó con fuego en el bosque, mientras allá arriba, muy arriba, las cenizas de un volcán cercano, jugaban con la navegación aérea y oprimían los nervios de quienes pensabamos que era sencillo abandonar Puerto Montt.

31 julio 2011

LOS ARCHIVOS DEL GENERAL


La  exhibición en TVN de la  serie "Los archivos del Cardenal" ha puesto en medio del debate la tragedia que significó  la dictadura que asoló Chile entre 1973 y 1989. Como es natural, dicha serie no podría exponer la totalidad de lo acontecido y parece oportuno traer a colación una mirada de lo que ocurrió en el campo de la cultura. Para ello, reproduzco un fragmento del Capítulo 3 La cultura bajo dictadura, del libro "Cultura:¿quién paga? Gestión, infraestructura y audiencias en el modelo chileno de desarrollo cultural" RIL editores, 2006.

"En 1973, el Estado chileno tenía injerencia en la casi totalidad de las actividades culturales desde los derechos de autor, hasta la publicidad y distribución masiva de libros. Tras el golpe militar, las nuevas autoridades realizaron, a muy corto andar, acciones orientadas a desmantelar el aparato cultural del Estado, sin tener claro por qué reemplazarlas. Con la designación de rectores militares se inmiscuyen de hecho en los canales de televisión universitarios y Televisión Nacional. El asalto a las instalaciones de Chile Films, el Museo de Arte Contemporáneo y el Museo de Bellas Artes, luego de un grotesco despliegue de fuerzas militares por el Parque Forestal, señalan que la guerra contra el comunismo se daba también en el terreno de la cultura.
        
         Desafortunadamente, la toma de lugares tan estratégicos no fue suficiente. Los militares asestaron también golpes a artistas y a productos culturales. Se registran las quemas masivas de libros, transmitidas en directo por los noticiarios de TV, que cumplieron con la educativa tarea de que cada poseedor de una biblioteca conformada por algunos textos con nombres o sellos conflictivos fueran quienes incineraran sus propios libros. Fueron asesinados el cantautor y director de teatro Víctor Jara,  y el director de la orquesta de La Serena, Jorge Peña Hen. 

         La muerte de Pablo Neruda, motivada  por un antiguo cáncer y una entrañable tristeza, el 23 de septiembre de 1973 en la Clínica Santa María de Santiago a dónde fue trasladado desde su casa en Isla Negra, fue considerada como símbolo de que, “con él, morían en Chile la inteligencia, la creación y la poesía.[1]

         Según Alfonso Calderón “la universidad era como una isla de los bienaventurados. Había un marino de Rector, la Iglesia pesaba y había gente de derecha honorable. Permanecí en la Universidad Católica algunos años. En ese tiempo me tocó ver muchas cosas. La quema de libros, sin embargo, la vi después, en París, de visita donde unos amigos. Un niño que veía la tele llegó corriendo a avisarnos que en Chile estaban quemando 'libros de Francia'. Un corresponsal llamaba la atención sobre un volumen, La Comuna de París, que era pasto de las llamas. Eran libros que habíamos publicado en Quimantú, algunos tan inocentes como las Rimas de Gustavo Adolfo Becker o La sangre y la esperanza de Nicomedes Guzmán, algo de Neruda también. Me acordé de una respuesta de Freud cuando le contaron que sus libros habían sido quemados por los nazis: 'Menos mal que no me quemaron a mí'. Un consuelo pero más bien un sufrimiento. Mucha gente en esos días se hizo el harakiri quemando su propia biblioteca. Luego vino la intervención de las bibliotecas públicas. La Biblioteca Nacional tuvo que resguardar una serie de obras en peligro, libros de Julio César Jobet, Ramírez Necochea, Recabarren, etc. Todo lo que oliera a socialismo. Trataron de 'blanquear' la Editorial Quimantú bautizándola como Gabriela Mistral, pero fue un fraude”.[2]

         Partieron al exilio centenares de creadores, algunos fueron tomados prisioneros, torturados y otros fueron hechos desaparecer; se censuraron las publicaciones de diarios, revistas y libros y la televisión comenzó un concienzudo proceso de enajenación colectiva. La prensa escrita a nivel nacional se redujo a dos cadenas de diarios.

         En 1976 participé activamente en el primer intento de crear una prensa opositora, la fundación de la revista APSI. Fue autorizada para escribir sólo análisis internacional. Aún así, sus primeras ediciones debían ser sometidas a la oficina de censura, primero a nivel de originales. Una vez aprobados éstos se obtenía el permiso de impresión. Luego debía someterse a la misma oficina los ejemplares impresos junto a los originales. Una vez chequeado que no había cambios, se obtenía recién el permiso de circulación. Luego de algunos años, comenzó tímidamente a publicar artículos nacionales “sin tocar a la familia real” como apuntaba el censor de la Dirección Nacional de Comunicación Social del gobierno, el sociólogo José Luis Garmendia. En agosto de 1981, fue clausurada por la autoridad y, como director responsable, fui amenazado de expulsión del país en caso de volver a publicarla, ante la impasibilidad del Poder Judicial que solicitaba pruebas de las intimidaciones para poder aceptar el Recurso de Protección presentado. Luego de unos meses de silencio, la revista reapareció con nuevo director y tocando sólo temas internacionales.

         La censura alcanzaba también a los libros e impedía que fueran editados sin autorización pero normalmente las solicitudes dormían en las oficinas de los censores. Luego de los primeros movimientos de protesta masiva,  a mediados de los 1980s,  expresada en caceroleos especialmente en los sectores medios, el gobierno militar decidió anunciar el fin de la censura a los libros como una medida de apertura. Aún así no era fácil publicarlos. Luego de que tres casas editoras no se aventuraran a hacerlo y con un prólogo encabezado por el escudo cardenalicio del arzobispo católico Raúl Silva Henríquez, fue impreso Miedo en Chile[3] que consistía en testimonios de chilenos y chilenas de todas las condiciones e ideologías que confesaban sus temores: unos a la dictadura, otros al comunismo, otros a la pobreza…La presentación del libro se hizo, bajo estado de sitio, en la librería Altamira, de propiedad del escritor Jorge Edwards, en el centro de Santiago, con carabineros en tenida de lucha callejera que la rondaban permanentemente y estuvo a cargo de la historiadora Sol Serrano y el ex senador Renán Fuentealba. 

         Peor suerte corrieron quince mil ejemplares de un libro de García Márquez que llegaron al puerto de Valparaíso, en noviembre de 1986, junto a un par de cientos de ejemplares de un libro sobre la izquierda latinoamericana.[4] Los textos fueron interceptados por orden del Almirante Hernán Rivera Calderón, Jefe de Zona en Estado de Sitio e incinerados en el mismo recinto portuario luego de seguir trámites burocráticos que dejaron singular registro de la atrocidad y de los funcionarios responsables.

         La represión al teatro se manifestaba en amenazas de diverso tipo a los actores y acciones clandestinas directas como el incendio de la carpa en la que se exhibía la obra Hojas de Parra con textos del poeta Nicanor Parra o la detención de la madre de Oscar Castro, actor que representaba en la sala La Comedia una obra basada –oblicuamente por cierto- en el postrer discurso de Salvador Allende en La Moneda, el día de su derrocamiento. Ella permanece como detenida desaparecida.

         No obstante el apagón, se podía detectar cierta  tenacidad cultural a lo menos en tres circunstancias: desde el exilio, muchos pensadores y artistas chilenos ocupaban su destierro en  formarse y crear importantes obras, muchas veces con recursos que no se soñaban en su país. Los nombres de Inti Illimani y Quilapayún en la música popular; Isabel Allende, Ariel Dorfman y Antonio Skármeta en literatura, o Andrés Pérez y  Mauricio Celedón en la dirección de teatro comenzaron escucharse con frecuencia, especialmente en Europa. El conocimiento en Chile de sus logros, las acciones de solidaridad que realizaban y su constante empeño por poder regresar eran un aliciente.

         Los organismos solidarios, especialmente aquellos vinculados a los derechos humanos y a las iglesias, comienzan a apoyar exposiciones plásticas, montajes teatrales, grupos musicales, talleres literarios, que germinalmente van intentando llenar el vacío cultural.  El grupo Ictus orientó sus creaciones colectivas a obras sobre la cesantía o la represión como Pedro, Juan y Diego. En ello contaron con el apoyo del personal de la Vicaría de la Solidaridad, puntualmente asistente a las funciones de pre-estreno, en un intercambio de agradecimiento a su abnegada labor por una parte y como críticos preliminares de la obra, por otra

       En las comunas de Santiago de mayores recursos económicos como Las Condes, Vitacura o Lo Barnechea y en torno a centros culturales tradicionales se mantuvieron algunas orquestas, grupos de ballet y artistas plásticos.

         Una situación que agobiaba al arte y la cultura, como la descrita, no podía prolongarse. Con el plebiscito del 5 de octubre de 1988 se consagró el inicio del retorno de la democracia". 


[1] Manuel Antonio Garretón, Consejero Superior de la Universidad Católica, durante la sesión en la cuál se informó a los Consejeros que asumiría un Almirante como Rector Delegado. Septiembre 1973.
[2] Alfonso Calderón, Escritores y periodistas salvados de la hoguera. Febrero 1999.
 [3] Patricia Politzer, Miedo en Chile. CESOC, primera edición, 1985. Luego traducido al inglés Fear in Chile: lives under Pinochet, Pantheon, Nueva York y al italiano Paura in Cile. Roma.
[4] Gabriel García Márquez, Miguel Littin clandestino en Chile  Editorial Oveja Negra, Colombia, 1986 y Teodoro Petkoff, La izquierda latinoamericana, Editorial Oveja Negra, Colombia.

11 julio 2011

LA CULTURA Y EL OLIVO DE LA PAZ

Viajar a Bolivia -desde Chile- es siempre una aleccionadora experiencia, desde los inverosímiles vuelos que se transforman de nacionales en internacionales y vice versa hasta la comprobación, una vez más, de que somos dos países tan cercanos como complementarios. Todo, resumido en que es en el terreno cultural dónde más debemos desarrollar -continuar desarrollando- lo más rico de nuestras cercanías, aplicando la diplomacia de los pueblos o de la sociedad civil, que tiene como herramienta emblemática el intercambio de las culturas. 
Esta vez -en una sociedad que comienza a debatir una posible legislación de estímulos tributarios para la cultura- el motivo fue una conferencia sobre la  experiencia de financiamiento del Centro Cultural Estación Mapocho, apoyada por el Consulado General de Chile, junto a un ciclo de clases en el diplomado en Gestión Cultural de la Universidad Nuestra Señora de La Paz y Visión Cultural, referidas a los modelos internacionales de desarrollo cultural y su relación con el modelo de consejos de las artes que se aplica en Chile. 
Del Estado Plurinacional de Bolivia, sin duda, tenemos muchísimo que aprender, en especial la forma señera de asumir su condición  multicultural y la manera cómo sus 37 culturas coexisten, se respetan y conviven con dignidad semejante. Lo que ya habíamos apreciado cuándo el gobierno boliviano presentó en 1994 y 1995, en el Centro Cultural Estación Mapocho, las magníficas jornadas  "Bolivia, la magia de su diversidad" y  cuando, en Santiago en 2005 (a la que pertenece la foto) y en La Paz en 2006 se desarrollaron sendos encuentros de gestores culturales chileno-bolivianos que tuvieron como uno de sus resultados el provocar el primer encuentro de un Ministro del Gobierno de la recién asumida Presidenta Bachelet -Paulina Urrutia- con el Presidente Evo Morales, completamente fuera de protocolo, ya que la funcionaria chilena participaba como acompañante de la delegación de gestores de su país.
Pero, la diplomacia cultural está llena de esos pequeños grandes gestos, como por ejemplo toparse en plena plaza San Martín de La Paz, en el barrio Miraflores, con un sencillo olivo donado a la ciudad por el Consulado General de Chile con ocasión de nuestro Bicentenario, en septiembre pasado; o encontrar al Director del Museo Nacional de Arte del Banco Central de Bolivia, Edgar Arandia, empeñado en acoger obra de artistas chilenos para una próxima exhibición sobre la Memoria de los procesos dictatoriales de América del Sur; o vislumbrar.al curador chileno Justo Pastor Mellado brincando por las calle de El Alto y La Paz preparando una bienal boliviana de artes plásticas.
Sin duda, también aportan la calidez y el respeto con que los futuros diplomados en gestión cultural acogieron las experiencias chilenas en donaciones culturales, autofinanciamiento y financiamiento de centros culturales y algunas características de la participación privada sin fines de lucro en la gestión de espacios artísticos.
Se trata de una tarea de los países que implica abarcar a todos sus componentes, aún sus líneas aéreas que, comerciales y todo, debieran ofrecer a bolivianos y chilenos vuelos dignos de carácter internacional, que unan en directo a nuestras capitales, como ocurre por lo demás con las de todos los otros países vecinos y muchos no tanto. 
Una medida así ayudaría a olvidar el impresentable espectáculo de que el único carro que recorre los pasillos del segmento del vuelo calificado de "internacional" -entre Iquique y La Paz- sea el que ofrece productos del duty free. ¿Es esa la imagen que queremos dar a quienes nos visitan?


Tema para la Fundación Imagen de Chile.

04 julio 2011

LA BUENA FORMA DE LEGISLAR

El día que se cumplen 200 años del Congreso Nacional -casualidad o causalidad- un influyente diario chileno, La Tercera, escogió editorializar sobre un proyecto de Ley anunciado y que parece transitar por los carriles de aquellas legislaciones con perfume de acuerdo: la Reforma a la Ley de Donaciones Culturales. Es que, a diferencia de otras iniciativas recientes, al menos en el campo cultural, detrás de este proyecto conducido por el Ministro Presidente del CNCA han existido muchos meses de reflexiones, evaluación de la legislación a perfeccionar - la "Ley Valdés"- y sobre todo, un afán de profundizar lo existente y no comenzar de cero, reemplazándolo o sencillamente retrocediendo en lo logrado previamente.

Tampoco es un tema ausente de las legislaturas del mundo. El primero de agosto de 2003, Francia -un icono de la presencia estatal en cultura- aprobó una ley de Mecenazgo, asociaciones y fundaciones para estimular las donaciones privadas a las artes. Perú la discutió hace pocos meses y Bolivia ha recibido un principio de propuesta de sus actuales autoridades culturales en esta misma línea, tal como ha sido reseñado en este blog. Proverbiales han sido los casos de Brasil y Colombia en este mismo sentido.
En nuestro país, luego de una columna del ministro Luciano Cruz Coke, del domingo 26 de junio, anunciando el envío de las modificaciones tan anunciadas, comenzaron a conocerse las primeras reacciones al respecto. Algunos eventuales beneficiarios con el cambio, estiman que el cine y el patrimonio serán los más favorecidos. El Mercurio editorializó el 30 de junio señalando:"al permitirse que personas naturales puedan donar con cargo al impuesto a la herencia se agrega una fuente adicional de financiamiento a la cultura que en otros países ha probado ser significativa: grandes museos, bibliotecas públicas y salas de arte y teatro han obtenido por esta vía inestimables recursos. Y, al sumar como potenciales donatarios a las pequeñas y medianas empresas de giro cultural -tales como productoras de cine, de artes visuales, de música o de patrimonio-, siempre que sus proyectos sean aprobados por el Comité de Donaciones Culturales, se fortalece desde la base la institucionalidad cultural". Desde Talca, Pedro Sierra opina que "esta ley es muy importante ya que entrega recursos frescos a las entidades de las artes que son necesarias para generar más cultura buena calidad".

Como está dicho, el 4 de julio, La Tercera editorializa señalando "para que un eventual mal uso no lleve en el futuro a un nuevo retroceso, es deseable que se contemplen mecanismos de transparencia para que quienes sean beneficiarios de estos aportes entreguen información fidedigna sobre sus actividades y sobre quién es responsable por que ellas respondan a los fines previstos. En definitiva, esa transparencia y sanciones a quienes infrinjan la ley serán los mejores controles al buen uso de los beneficios tributarios".
Nuestros parlamentarios están prontos a recibir una propuesta pensada, consensuada en muchos aspectos y abierta a recibir su irreemplazable aporte, tal como se hacía en esa sede que inicia esta nota.


La antigua forma de legislar o, tal vez, simplemente, LA forma de hacerlo.


Quizás el mejor homenaje a su Bicentenario sea que legisladores y legislados avancemos a lo que el país espera: buenas leyes para Chile y sus mayorías.


No es tan difícil. Y lo hemos logrado muchas veces en estos 200 años.

01 julio 2011

EL MODELO EN LA BOTELLA




Una botella de vodka –ruso- y varios vasitos pequeños, adornaban la mesa desde la cuál Gabriel Matthey y sus compañeros expondrían el modelo Ingeniero de relación del Estado con las Artes, sistematizado por Chartrand[*]. Era la clase postrera del curso de Políticas Culturales del Magister en Gestión Cultural y correspondía entregar su disertación al último grupo. La pasión con que, en pleno siglo XXI, esos estudiantes expusieron aquellas características del modelo ruso –autoritario y poco participativo- practicado por zares y soviets les hizo acreedores de una buena nota y merecedores del trago de vodka con que –parodiando a Pedro el Grande que promovió la cultura con similar incentivo- celebramos el fin del curso.
El “detalle” perteneció a Gabriel, gran domador de amplitudes, capaz de abarcar mucho más que de apretar, rasgo que revela, una vez más en su libro “Modelo de Gestión Cultural para Unidades Territoriales de Chile”, publicado en la colección Teoría de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.
Matthey, uno de los primero graduados del Magíster en Gestión Cultural de la misma Facultad hace en él un esfuerzo gigantesco de desarrollar un modelo en tierra baldía, donde hay poco –lo que es casi una exageración, debo decir casi nada- adelanto de conceptos y escasa reflexión práctica. Se propone así un objetivo mayor que pasa por desglosar la que entiende como dinámica cultural del inicial siglo XXI a formular un recetario o manual de consejos para los gestores que actúan en el territorio nacional.
Decía que hay poco desarrollo de conceptos y se nota. Matthey escabulle esa limitación esgrimiendo algunas definiciones, por naturaleza pobres, mezcladas con afirmaciones notablemente acertadas como “existe una correspondencia directa entre el proyecto de desarrollo cultural y el espacio arquitectónico que lo cobije” (p.46). Más adelante se afirma en experiencias recogidas para recomendar, por ejemplo, a las Corporaciones sin fines de lucro por sobre las Fundaciones de similar característica (p.59); para manifestarse partidario de las “marchas blancas” previamente a echar a andar un centro cultural, para sugerir con énfasis la necesidad de escabullir las condicionantes políticas que suelen venir de autoridades elegidas como los alcaldes (p.57), para usar metaforones como los dos brazos acogedores que caractericen a un centro cultural con obviedades como la necesaria participación comunitaria y la consecuente accesibilidad del espacio (p.47).
Sin duda, Matthey es un pionero y su publicación lo deja en evidencia, así como queda a la vista la necesidad de que las universidades profundicen en la investigación vinculada a la gestión cultural y las políticas culturales. Desafortunadamente, muchas casas de estudios se preocupan más (y peor) en crear diplomados o postitulos de dudosa categoría y escasa duración, algunos de los cuales abortan al primer intento por falta de matrículas.
Por lo mismo, es loable el esfuerzo de Matthey, la acogida que tuvo en la Colección Teoría de la Universidad de Chile y la preocupación de esta revista Resonancias de la Pontificia Universidad Católica por darlo a conocer. Pero no es más que el inicio, en un vaso pequeño, que debe tragarse rápido para pasar al siguiente y compartirlo con una comunidad de gestores culturales cada vez mayor a la que muy pronto no le va a bastar con un trago así de inicial.
No olvidemos que Pedro el Grande usó el vodka para atraer a los hombres de San Petersburgo, mientras a las mujeres ofrecía un tazón de café para que conocieran por primera vez un museo. Más tarde, los zares construyeron esa maravilla que es L’Hermitage (en la foto), poseedor de tres millones de piezas. Mientras sus sucesores comunistas convirtieron muchas estaciones del Metro moscovita en el museo del pueblo.
Y todo comenzó con un vaso de vodka. Sólo bastaría que el aperitivo que nos ofrece Matthey transite por similar destino y tengamos pronto grandes museos y un metro cultural.
Aunque estemos sólo en el inicio del comienzo.


Reseña de la obra de Gabriel Matthey "MODELO DE GESTIÓN CULTURAL para unidades territoriales de Chile", Colección Teoría 25, Facultad de Artes, Universidad de Chile, publicada en  RESONANCIAS del Instituto de Música de la  la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Católica de Chile 28, mayo 2011.
[*] Publicado en "The Arm's Length Principle & The Arts: An International Perspective - Past, Present & Future", in Who's to Pay? for the Arts: The International Search for Models of Support, M.C. Cummings Jr & J. Mark Davidson Schuster (eds.), American Council for the Arts, NYC, 1989.