26 junio 2014

LOS OBSTINADOS DEFENSORES DE LOS DERECHOS HUMANOS


Fueron acusados de traidores, vende patrias y agentes del marxismo internacional, sin embargo siempre respondieron con la verdad. Fueron bendecidos por todos los credos y apoyados por una formidable solidaridad internacional, sin embargo, en su país, Chile, dormían con temor y se sobresaltaban ante cada rechinar de neumáticos en las noches de toque de queda. Aprendieron a conocerse y a quererse en la tarea, sin embargo, no compartieron sus historias.

Se reunieron el 25 de junio de 2014 -simbólicamente cuarenta años después que cayeran en manos de la dictadura uno de los mejores de ellos, el doctor Carlos Lorca y su enlace, Carolina Wiff, recordados por un par de velas que alguien respetuosamente encendió-, en asamblea constitutiva de una asociación de quienes trabajaron en el Comité pro Paz y la Vicaría de la Solidaridad, para dejar huella de su memoria, la memoria personal, en muchos casos hasta entonces reservada, de los obstinados defensores de los derechos humanos.

Como personas respetuosas, se organizaron conforme a la ley, firmaron actas, escogieron a sus siete dirigentes, escucharon testimonios, oraron en silencio y brindaron. 

Brindaron por esa amistad que, entre ellos se forjó a la inversa de lo habitual, primero se quisieron en la titánica tarea de defender (se) de servicios de seguridad implacables y después -ahora- se comienzan a conocer, a decirse en su cara que fueron valientes, que salvaron muchas vidas, que sin sus acciones y testimonios personales e íntimos la historia de este país y sus dolores no está completa.

Se reunieron al atardecer en el Centro Cultural Estación Mapocho, un espacio que nació en los albores de la recuperación de la democracia, heredando su vocación solidaria, acogiendo a cuantos actos de recolección de ayuda para damnificados por catástrofes - en Haití, el Sudeste asiático o Chile- fuesen necesarios. 

Allí estaban en su casa porque afortunadamente, gracias a su labor pionera, la defensa de los derechos humanos es hoy parte de la cultura. Y sus obstinados defensores, parte noble de nuestro patrimonio nacional, carne de homenajes que aún, como sociedad, debemos.

Y créanme que ellos no los piden ni esperan, sólo quieren ocupar un lugar para seguir la senda que hace cuarenta años se impregnó a fuego en sus débiles cuerpos, ignorantes de la magnitud de la catástrofe que se avecindaba sobre Chile. Luego, cuando llegó la conciencia, no había marcha atrás y se arroparon dándose fuerzas en los cantos comunes durante la hora de almuerzo en las oficinas de la calle Santa Mónica y el respaldo del obispo luterano Helmut Frenz, del rabino Ángel Kreiman, del obispo católico Fernando Ariztía, del cardenal Raúl Silva...

Ellos, varias decenas de mujeres y hombres sobre cincuenta años (y uno sobre los 80), nos han vuelto a dar una lección: en la defensa de los derechos humanos no caben claudicaciones ni excepciones.

Aunque no es suficiente, es justo reiterarlo: gracias compañeras y compañeros del Comité y la "Vica". 

2 comentarios:

  1. Mi recuerdo agradecido va para Charles Harper, principal motor del apoyo al trabajo solidario por parte del Consejo Mundial de Iglesias. Chuck vive al sur de Francia, retirado, visitado con frecuencia por sus hijos y rodeado de sus numerosas amistades.

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